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Ciencias Sociales 103-104: 11-22, 2004 (I-II)
INTRODUCCIÓN
Este artículo versa sobre el trabajo de
Raymond Aron en relación con la Historia y la
conciencia histórica. Se fundamenta en el
análisis de dos de sus obras:
Introducción a la
filosofía de la Historia,
escrita en 1946, y
Di-
mensiones de la conciencia histórica,
escrita
en 1962.
La posición del autor se analiza a partir
de cinco conceptos fundamentales discutidos a
lo largo de las obras consultadas. Se inicia cla-
rificando el concepto de Historia que es aborda-
do por Aron en relación con el de ciencia natu-
ral. Se delimita el objeto de estudio de la
Historia y su método. Además, se aborda la re-
flexión sobre el determinismo histórico y el
sentido de la Historia.
Por otra parte, se procura encontrar ele-
mentos que constituyan orientaciones para el
presente, a la luz de su concepto de libertad
humana y de las esperanzas para la construc-
ción del cambio social que se deriva de sus
planteamientos. Esto es posible dada la posi-
ción de Aron, la cual puede definirse como una
posición de fe en las posibilidades humanas, la
que se sustenta en la acción precedida de la re-
flexión y el control de las pasiones humanas.
El documento finaliza con un intento de
reflexión sobre la filosofía de la Historia y su
HISTORIA Y CONCIENCIA HISTÓRICA EN RAYMOND ARON
Olimpia López Avendaño
RESUMEN
Este artículo versa sobre la posición de Raymond Aron en torno a la visión positivista
de la historia. También sobre la importancia de una filosofía de la historia para inten-
tar la búsqueda de una síntesis global de la misma, todo ello en contraposición con las
posiciones deterministas tanto utópicas como fatalistas.
PALABRAS CLAVE:
*
FILOSOFÍA DE LA HISTORIA
*
HISTORICISMO
*
CIENCIA Y
CONCIENCIA HISTÓRICA
*
DETERMINISMO Y SENTIDO DE LA HISTORIA
*
ABSTRACT
This article relates Raymond Aron’s position regarding the positivistic scope of history.
It also treats about the importance of a philosophy of history, so as to attempt the
search of a global synthesis of history itself, all these in contrast with the deterministic
positions including not only those utopian but also those fatalistic as well.
KEY WORDS:
*
PHILOSOPHY OF HISTORY
*
HISTORICISM
*
SCIENCE AND HISTORIC
CONSCIENCE
*
DETERMINISM AND SENSE OF HISTORY
*
LAS BASES CULTURALES DE LA POLÍT
I
CA
EN AMÉR
I
CA LAT
I
NA
12
Olimpia López Avendaño
carencia e importancia para el presente. Lo
mismo que la delimitación de algunas de las
características que debe poseer para que se le
reconozca validez en un contexto donde la His-
toria universal reclama ser la que ofrezca reco-
mendaciones axiológicas orientadoras de la vi-
da humana.
LA CIENCIA Y LA CONCIENCIA HISTÓRICA
EN RAYMOND ARON
Antes de analizar la posición de Ray-
mond Aron en relación con la ciencia y la con-
ciencia histórica, conviene recordar los ele-
mentos que caracterizan el movimiento
filosófico denominado historicismo, así como
las tendencias que se han dado en el seno de es-
te movimiento. Se ubica como historicista toda
posición filosófica que se interese por el proble-
ma de la Historia, como ciencia, y la validez de
los instrumentos que permiten obtener este sa-
ber. Se inicia con los trabajos de Dilthey y cul-
mina con los de Weber, los cuales representan
los principales aportes a esta tendencia.
El historicismo plantea que el objeto del
conocimiento histórico es diferente al de las
ciencias naturales, lo mismo que los instrumen-
tos que se utilizan para obtenerlo. En la ciencia
histórica, lo fundamental es la comprensión de
los hechos. Como consecuencia, esto conduce al
problema de los valores. Weber es quien más
aportes realiza en esta línea, al señalar que el co-
nocimiento de la realidad cultural es siempre un
conocimiento desde un punto de vista particu-
lar. El investigador realiza una selección de ca-
rácter subjetivo al investigar; sin embargo, esto
no invalida la objetividad del trabajo científico,
pues lo que persigue con ello es enfrentar los
elementos causales de los hechos, los cuales se
deberán tratar con rigurosidad. Así, la objetivi-
dad y cientificidad conciernen a la técnica de los
medios y no a la valoración de los objetivos.
Aunque la unidad de la posición histori-
cista se encuentra en el conocimiento históri-
co, sus fines y sus métodos, existen diversas po-
siciones en relación con estos últimos. Los
autores explican de manera diferente los diver-
sos elementos, por lo que no puede hablarse de
un movimiento homogéneo.
En el marco de la crítica al historicismo,
están los que pretenden reducir las explicacio-
nes históricas al procedimiento propio de las
ciencias naturales. Los del Círculo de Viena,
por ejemplo, consideran que la explicación his-
tórica es una explicación causal en el sentido
clásico, en que la verificación de los aconteci-
mientos se deriva de reglas generales. De ahí
que la explicación histórica sea vista como una
explicación imperfecta.
Por otra parte, están quienes definen y
tratan de clarificar la naturaleza de los instru-
mentos que utilizan, sobre todo empleando el
concepto de Weber de posibilidad objetiva.
Ellos niegan que el conocimiento histórico ten-
ga por objeto la totalidad absoluta y se recurre
a la noción de posibilidad retrospectiva para la
explicación histórica (Abagnano, 1973). En esta
línea se ubica Raymond Aron.
El abordaje de las ideas de Aron se pre-
sentará en el siguiente orden: Historia y filoso-
fía de la Historia, el objeto de estudio de la
ciencia histórica, el método en Historia, el de-
terminismo histórico, el sentido de la historia.
1.
HISTORIA Y FILOSOFÍA DE LA HISTORIA
1. 1. SENTIDO LATO Y ESTRICTO DE HISTORIA
El concepto de Historia puede entender-
se en sentido lato o en sentido estricto. En sen-
tido estricto, es la ciencia del pasado humano.
En sentido lato, estudia el devenir de la tierra,
del cielo, de las especies y de la civilización. Pe-
ro si se asume el sentido lato, ¿cabría hablar de
una historia? ¿Es posible plantear una conti-
nuidad entre el devenir cósmico y el humano?
Para Aron ambas definen la realidad del tiem-
po, pero solo la reiteración consciente del pasa-
do permite definir la historicidad auténtica. Pa-
ra el autor, es elevándose a la totalidad como se
descubre la esencia del devenir humano y solo
la especie humana está empeñada en esa aven-
tura. Así, “lo decisivo en el concepto de historia
no es la hipótesis de un orden total, sino la
conciencia del pasado y la voluntad de definirse
en función de él (Aron, 1946, p. 10). De este
modo, Aron asume un concepto en sentido es-
tricto de la Historia.
13
Historia y conciencia histórica en Raymond Aron
1. 2. LA HISTORIA COMO DEVENIR
Para Aron, la Historia es el universo con-
creto en su devenir, constituidos por azares,
coincidencias y acontecimientos que escapan a
la razón. El hombre tiene una historia porque
deviene a través del tiempo, porque edifica
obras que le sobreviven, porque recoge los mo-
mentos del pasado. De ahí el que conciba la
historicidad auténtica como definida por la rei-
teración consciente del pasado.
Historia es la aprehensión retrospectiva
de un devenir humano, a la vez social y espiri-
tual. El historiador debe pasar a través de la di-
versidad de las obras para alcanzar la unidad
evidente y quizás inapreciable de la existencia
humana. Sin embargo, la Historia no es una
duplicación de lo que ha sido, sino una restau-
ración creadora. El pasado es por esencia inaca-
bado y su restauración implica renovación. Ca-
da época escoge un pasado, transfigura la
herencia que ha recibido dándole otro porvenir
y prestándole otra significación. De este modo,
la historicidad tiene tres exigencias: recoger
una herencia, tender hacia un porvenir ignora-
do, situarse en un movimiento que rebasa los
individuos. Aron expresa con claridad su con-
cepto de Historia cuando señala que “nada hay
más acá o más allá del devenir: la humanidad
confunde con su historia, el individuo con su
duración” (Aron, 1946, p. 546).
1.3. LA HISTORIA COMO RECONSTRUCCIÓN RELATIVA
La ambición del historiador —indica
Aron— es poder reconstruir la realidad, saber
cómo han ocurrido los hechos históricos y qué
los originó; por ello es “la reconstitución por y
para los vivos de la vida de los muertos” (Aron,
1962, p. 14). Partiendo de la ficción, del mito y
de la leyenda, el historiador se abre camino ha-
cia la realidad pura que es su objetivo. El traba-
jo histórico es abundante y se ha dado como re-
sultado una acumulación de conocimiento
imposible de dominar por un solo científico,
por lo que ha surgido la especialización.
Desde la Filosofía, el trabajo histórico ha
debido enfrentar la crítica en dos sentidos. Por
una parte, la posición de Nietzsche y por otra la
de los kantianos (Dilthey, Rickert, Simmel y
Weber). Para Nietzsche, la Historia no es un
fin en sí misma, sino que con ella se busca el
enriquecimiento humano o una lección. Plan-
teaba dos tipos de historiadores, los que se li-
mitan a reunir los materiales y los que le dan
significados. Desde su perspectiva, la primera
posición es funesta porque el hecho en bruto
es impensable.
Los análisis kantianos restauran la uni-
dad y señalan que la reconstrucción histórica
no es una reproducción pura y simple. El espí-
ritu interviene y elabora un mundo inteligible a
partir del dato bruto. Ninguna ciencia retiene
nunca todo lo real, cada una tiene una modali-
dad propia de selección tendiente a destacar lo
que merece ser explicado o aquello que sirve
para explicar lo que merece serlo. La crítica
kantiana ha respondido a la cuestión utilizando
el término de valor. En la acepción de Weber,
un valor es lo que nos interesa o constituye
nuestro centro de interés. Así se plantea que los
acontecimientos que retiene el historiador son
aquellos que se refieren a valores afirmados por
los autores o por los espectadores de la Histo-
ria. Las cuestiones que el presente plantea al
pasado dirigen la selección histórica. La selec-
ción histórica es válida para los que aceptan el
sistema de referencia y en ese sentido no es
universalmente válida. Sin embargo, a pesar de
la selección valorativa inherente al trabajo his-
tórico, su validez no disminuye porque, una vez
realizada la selección, las respuestas dependen
de la realidad. Es posible hablar de una univer-
salidad hipotética, validez universal que se
construye a partir de una decisión libre. La ver-
dad de la ciencia se subordina a la verdad del
sistema de valores. De aquí surge un relativis-
mo que no es destructor de la ciencia, sino el
reconocimiento de que no existen reconstruc-
ciones que puedan reclamar validez universal.
1.4. LOS LÍMITES DEL RELATIVISMO
De acuerdo con Aron, no es posible una
dialéctica que lleve a la superación del relativis-
mo, pero sí es posible señalar sus límites. Los
siguientes elementos permiten cumplir con es-
te cometido:
14
Olimpia López Avendaño
G
El rigor de los métodos por medio de los
cuales establecen los hechos.
G
La imparcialidad del erudito mientras desci-
fra los textos o interpreta testimonios.
G
Las relaciones que se establezcan a partir
de ciertos datos deben desprenderse de la
realidad.
G
La relación causal entre un acontecimiento
y sus antecedentes, una vez valorada la res-
ponsabilidad propia de cada uno de estos,
mediante cálculos retrospectivos de proba-
bilidad, entraña incertidumbre, pero no re-
latividad.
G
El relativismo histórico se supera cuando
reconoce que es un punto de vista y que
pueden existir otros. Por consiguiente, el
historiador se pone en disposición de reco-
nocer la perspectiva de otros.
Para Aron la diversidad de perspectiva no
es un problema, ya que la existencia humana
vivida es rica en significaciones y en los mis-
mos fecundos equívocos que el conocimiento
histórico. El historiador no puede dar una úni-
ca interpretación de las sociedades o épocas,
porque tal significación única no ha existido ja-
más en la tierra ni en el cielo de ahí el que el
redescubrimiento incesante del pasado expresa
un diálogo que durará tanto como la misma
humanidad que define la esencia de la historia.
No es posible, por lo tanto, plantear una inter-
pretación de la Historia única y con validez
universal.
1.5. HISTORIA Y FILOSOFÍA
Detrás de toda interpretación histórica y
selección de hechos o unidades de análisis, sub-
yace una cierta filosofía del historiador. Cuando
el historiador pretende una historia universal o
historia comparada de las civilizaciones, ¿de
dónde infiere los principios de unificación?
Dos ejemplos se pueden analizar según el au-
tor, desprender de la realidad las unidades
(Spengler), o captar la verdad del pasado dedu-
ciéndola de una filosofía total del hombre (He-
gel). Otra posibilidad es la posición de los plu-
ralistas, quienes no reconocen ni conjuntos ni
significados en la Historia. Historia, sin unidad
sin objeto, con unidades parciales, esa es la filo-
sofía del pluralismo, no hay conjunto ni signifi-
cado del todo. El existencialismo deja privado
al hombre del orden natural e histórico, lo deja
solo y desnudo frente a un destino misterioso.
En la historia universal, el historiador
pretende leer en la misma realidad las grandes
líneas del devenir, pero no pretende explícita-
mente alcanzar la verdad del hombre como la
Filosofía de la historia.
Aron finaliza esta reflexión y señala que
la ausencia de una filosofía de la historia es ca-
racterística del presente. Ya no se puede creer
en los dioses ilusorios del progreso y de la his-
toria, al aceptar la lentitud de una exploración
inacabada por esencia. Pero, a pesar de todo, el
hombre no se resigna a no pensar y a no querer
un porvenir, porque es “necesario comprender
la historia para pensar el destino del hombre”
(Aron, 1946, p. 13).
2.
EL OBJETO DE ESTUDIO DE LA HISTORIA
El objeto de estudio de la Historia no
existe como una realidad histórica antes de la
ciencia que simplemente convenga reproducir,
sino que surge de la conciencia histórica. Surge
de la necesidad de conocer el pasado para la
comprensión de lo actual. La conciencia históri-
ca, aunque es privilegio de los individuos, se
forma en el grupo del que adquiere su acervo
cultural. El conocimiento histórico no tiene por
objeto una colección arbitraria de hechos, sino,
más bien, de conjuntos articulados, inteligibles.
De este modo, es posible analizar acontecimien-
tos grandes o pequeños, desde conjuntos de
conductas humanas delimitados en el tiempo y
en el espacio hasta unidades de nivel más alto,
menos nítidas e inteligibles retrospectivamente.
Analiza también realidades de tipo especial co-
mo, por ejemplo, el Estado, que no son tangi-
bles, pero es imposible pensar una sociedad sin
ellos. También las naciones o las clases, y las or-
ganizaciones políticas. Las ciencias sociales cap-
tan o analizan conjuntos parciales en un sector
objeto de su conocimiento, pero la ciencia his-
tórica busca ir más allá de eso.
Parte del procedimiento implica el con-
cepto de eficacia, que permite establecer qué
15
Historia y conciencia histórica en Raymond Aron
hechos son históricos. Así, se consideran histó-
ricos los hechos que han ejercido una acción
sobre la sucesión del devenir. El objeto históri-
co lo construye la perspectiva del historiador,
de ahí que esté orientado por una filosofía.
La conciencia histórica es típica de Occi-
dente y de ahí se ha difundido al resto de la hu-
manidad. De modo que se está transformando
en conciencia de la humanidad del siglo
XX
.
3.
EL MÉTODO DE LA HISTORIA
En relación con el método para la inves-
tigación en la ciencia histórica Aron plantea la
reconstitución de conjuntos por inferencias,
inducción y deducción a partir de documentos,
medallas entre otros, que permiten establecer
los hechos. Por inferencias se interpreta global-
mente a la humanidad. Se aporta imágenes vá-
lidas, no definitivas.
La Historia, al ser aprehensión retros-
pectiva de un devenir humano, implica la com-
prensión en el sentido weberiano, pero el acon-
tecimiento humano, tal como se verifica en las
conciencias es inaccesible. La verdad se ve ame-
nazada por la disolución del objeto o por la in-
tervención del observador en la reconstitución.
La racionalidad retrospectiva consiste en
sustituir el devenir de la conciencia con un en-
cadenamiento de motivos, de modo que el con-
junto sea inteligible. La comprensión tiene lí-
mites, la calidad moral, por ejemplo, está más
allá de los motivos y de los móviles. La libertad
y la totalidad más acá de la dispersión. Los he-
chos humanos equívocos e inagotables se pres-
tan a que se les tome de muchas maneras.
Por este procedimiento, el historiador
responde a las siguientes interrogantes: ¿cómo
han vivido los individuos?; es decir, establece la
identidad y diversidad humana. ¿Cómo y por qué
sucedieron los hechos?, preguntándose por las
causalidades, necesidades y los accidentes. ¿Có-
mo y qué características presentan las unidades
históricas?; es decir, el origen y la consistencia
de los conjuntos. ¿Cómo y cuáles esquemas de
cambio ha seguido la historia?, ¿qué sentido, di-
rección o significación puede asignársele?
La causalidad histórica se determina me-
diante juicios que versan sobre los hechos. La
causa es el agente que produce el efecto, es el
antecedente constante. Los críticos de tenden-
cia sociológica consideran que la lógica debe
trascender a la metafísica, por ello se debe bus-
car los antecedentes, y los datos que remiten a
la explicación.
El historiador no toma todos los antece-
dentes porque no los agotaría; por eso encade-
na su relato según la lógica de las intenciones,
móviles o motivos que cree encontrar en los
actores. Analiza las intenciones para compren-
der las decisiones, para descubrir en ellas las
causas. Sin embargo, tiene claro que ni un ac-
to, o individuo, puede ser la causa de un acon-
tecimiento. Estos son multicausales.
Las causas pueden ser naturales como el
medio y la raza, por ejemplo. La naturaleza es
un factor que influye en la existencia, pero no
como causa inevitable. También sociales, ya
que la interrelación individuo-sociedad es in-
discutible. Sin embargo, ninguno de esos facto-
res ha probado ser siempre determinante en re-
lación con la historia, aunque pueda influir en
una u otra forma.
Las relaciones causales son relaciones
dispersas, no se organizan en sistemas, no se
explican una por otra, como en las leyes de la
física. La comprensión remedia esa insuficien-
cia al hacer inteligibles las regularidades y reu-
nirlas conceptualmente. En este sentido, Weber
plantea la utilización de sistemas conceptuales,
los tipos ideales, los que limitan la rigurosidad
de los resultados, pero amplían las posibilida-
des de la comparación. Eso sí, ningún sistema
conceptual puede considerarse que es el legíti-
mo, porque todos traducen interrogantes de los
seres vivos y exponen aspectos del orden social.
De acuerdo con Aron, la definición de la
ciencia mediante la causalidad tiene carácter
problemático y paradójico. En ciertas discipli-
nas, la descripción o la comprensión importan
más que las necesidades. Pero en todas, la
construcción conceptual precede o acompaña a
la investigación causal. En ningún caso es sufi-
ciente esta última.
La causalidad puede ser de diversos ti-
pos: la causalidad adecuada que es coyuntural,
la causalidad accidental, la causalidad inicial,
que puede referirse a un acontecimiento o a
una persona. La causalidad que provoca desvío
16
Olimpia López Avendaño
en los acontecimientos históricos. La causali-
dad que se refiere a la responsabilidad que se-
ñala la persona causante de un hecho. Este tipo
de responsabilidad no es de tipo moral.
Respecto a las unidades históricas, el
historiador se ve obligado a realizar periodiza-
ciones según criterios y alcances mediante he-
chos y datos.
La definición de los esquemas de cambio
implica una filosofía de la historia. Ha habido
diversas perspectivas de interpretación, los ci-
clos que los griegos interpretaban en las suce-
siones de los gobiernos, o el eterno retorno de
Nietzsche. El progreso del positivismo que con-
duce a descubrir lo que tiene sentido. O el fin
claro al que conduce la historia que visualiza-
ban Hegel y Marx. El historiador no tiene que
escoger entre estas perspectivas, pero sí saber
la relación entre su interpretación del cambio y
la filosofía.
Por otra parte, el historiador puede rela-
cionar el conjunto estudiado con un valor que
se considera decisivo para la dinámica de la his-
toria. Tal es el caso de la teología de la historia
que ve en la salvación este valor. O bien al esti-
lo de Spengler y Toynbee, ve las articulaciones
de los conjuntos. Sin embargo, en relación con
el porvenir, la incertidumbre depende de:
… los límites de nuestro saber demos-
trable y de la complejidad de lo real: la
incertidumbre del sentido depende de lo
inacabado del diálogo entablado por los
hombres con Dios, ausente o presente
(Aron, 1962, p. 69).
4.
EL DETERMINISMO HISTÓRICO
La existencia de leyes históricas es un te-
ma controversial. De acuerdo con la lógica po-
sitiva, la existencia de leyes no puede cuestio-
narse, pues causa y ley se conciben como
inseparables para el conocimiento científico. La
causa se entiende como el antecedente cons-
tante, y toda relación causal implica una ley.
Si el determinismo macroscópico fuera
real, en la opinión de Aron, al hombre no le
quedaría más que cumplir un decreto trascen-
dental. Había una ley de la evolución, la que
arrastraría a los hombres hacia un porvenir co-
nocido y fatal.
Los hechos históricos parecen no estar
determinados, sino, más bien, ocurren por ini-
ciativas individuales y azares; es decir, de he-
chos en apariencia extraña a toda regla. Gene-
ralmente, el sociólogo asume el determinismo
para poder encontrarlo en los hechos sociales.
Para Aron el problema fundamental de
esta discusión se centra en el mal uso del con-
cepto de ley. Si se entiende por ley toda suce-
sión regular de dos términos, entonces se ob-
serva en la historia humana los retornos. Sin
embargo, el devenir, único e irreversible, por
definición no admite leyes. El devenir no se re-
produce, al menos que se piense que lo dirige
un poder superior que fija las reglas a las cuales
debe obedecer el movimiento total.
A pesar de que es evidente que las insti-
tuciones, las ideas, nacen, crecen y mueren,
ninguna ley parece fijar la rapidez de tales
transformaciones. La reproducción de ciclos a
nivel macro no ha sido demostrada. Se cree re-
conocerlos en lapsos determinados, pero no a
través de la Historia. También se les puede ad-
mitir en aspectos como la economía, la pobla-
ción, pero no en los aspectos culturales. Para
poder aceptar una dirección dirigida por leyes
en la historia, haría falta una regularidad, una
continuidad, que excluyera los accidentes so-
ciales. No se puede plantear un fin en la histo-
ria sin creer en la Providencia.
Para aceptar la astucia de la
razón
hege-
liana, señala Aron, hay que aceptar que los
acontecimientos históricos trascendentes a los
individuos, no fueron voluntad de nadie. Las
pasiones particulares están subordinadas a las
pasiones comunes, las conductas de cada cual
al fin asignado a todas. Los hombres son sacri-
ficados a fines que los rebasan.
El determinismo se inscribe en lo real, lo
construye la ciencia; sin embargo, es parcial, y
no obstante sin límites fijados de antemano.
Aquí el historiador tropieza con cuestiones sali-
das de la teología, pero eso es inevitable para el
hombre. Ciencia y filosofía se confunden.
Pluralidad y totalidad se articulan de di-
ferente manera según los tiempos y las estruc-
turas sociales. La oposición de la pluralidad y
de las unidades complejas es tan decisiva como
17
Historia y conciencia histórica en Raymond Aron
la de los azares y la de las regularidades, la del
devenir y la evolución. Las tres definen la es-
tructura de la historia humana.
La complejidad del mundo histórico res-
ponde a una antropología pluralista. Cada tota-
lidad es la obra imperfecta de una humanidad.
La humanidad entera equivale a una meta si-
tuada en el infinito, la que el filósofo podría
abarcar si la humanidad ya hubiera agotado su
historia.
El individuo se realiza en comunidad, en
sociedad. El hombre es una historia, su historia
individual constituye su yo, pero la historia en-
tera se confunde con la humanidad. La Historia
es libre porque no está inscrita de antemano, ni
determinada como una naturaleza o una fatali-
dad. La Historia es imprevisible así como el
hombre lo es para sí mismo.
La Historia es el devenir de los univer-
sos del espíritu al mismo tiempo que el de las
unidades colectivas. Es el devenir de la cultu-
ra, si entendemos por ello las obras que edifi-
ca la humanidad. La Historia significa que los
universos están siempre vinculados a un ori-
gen parcialmente irracional y que se desplie-
gan en el tiempo.
Cuando el hombre se pregunte por qué
quiere vivir, pone la mira en la totalidad de la
que depende la existencia concreta que lleva,
así como la misión que le asigne a esta.
Aron culmina la reflexión sobre el deter-
minismo histórico y señala la importancia del
presente histórico y del porvenir como la catego-
ría principal para el hombre. El presente históri-
co es el último término de lo que ya no existe,
una marcha hacia lo que será. Aclara que el sen-
tido histórico no debe confundirse con el culto a
la tradición. El individuo debe renovarse para
elegirse a sí mismo. Debe ser capaz de superar
las fatalidades inferiores. Las pasiones con la vo-
luntad, el impulso ciego con la reflexión cons-
ciente, el pensar indefinidamente con la deci-
sión. La libertad vuelve a poner en juego todo
nuevamente y se afirma en la acción.
La libertad no es íntegra. El pasado del
individuo acota el margen dentro del cual juega
su iniciativa personal. La situación histórica fija
las posibilidades de la acción política. Elección y
decisión están parcialmente determinados si se
los refiere a sus antecedentes. Para Aron,
… La existencia humana es dialéctica, es
decir, dramática puesto que actúa en un
mundo incoherente, se compromete a
despecho de la duración, busca una ver-
dad que huye sin más apoyo que una
ciencia fragmentaria y una reflexión for-
mal (Aron, 1946, p. 554).
A pesar de ello, el hombre no puede re-
nunciar a pensar, decidir y actuar; es decir, a
construir y comprender la historia y a formar
parte de ella.
5.
EL SENTIDO DE LA HISTORIA
La reflexión sobre el sentido de la histo-
ria también es un problema de carácter filosófi-
co, en el que se ha planteado diversas perspecti-
vas. Lo que sí es un hecho real en el pensar de
Aron, es que los individuos sienten angustia
por el porvenir la que se basa en las experien-
cias que llevan a pensar en la inestabilidad de la
civilización. ¿De qué depende el sentido de la
historia?, es una pregunta que surge ante las
grandes transformaciones producto de guerras,
revoluciones y el avance científico. ¿Puede pre-
verse el porvenir humano?
Comte, por ejemplo, encontró el sentido
de la historia en el progreso, la ciencia y la ra-
zón serían los elementos que resolverían los
problemas de la humanidad. Para Marx la lucha
de clases al desaparecer como consecuencia del
ascenso del proletariado al poder revoluciona-
rio, conduciría a la sociedad sin clases, sin Es-
tado. El hombre al dominar la naturaleza ob-
tendría la abundancia en beneficio de todos.
Para Hegel, la historia es el desarrollo de la li-
bertad del espíritu absoluto guiado por la
razón
de la Historia. Toynbee ve en la formación de
una iglesia universal el desenlace y fin de toda
civilización y la unificación de la humanidad
mediante una iglesia auténticamente universal.
Para los anteriores autores hay un de-
senlace necesario del devenir y el cumplimien-
to de la voluntad. Sin embargo, Aron señala la
imposibilidad de extrapolar indefinidamente
para establecer el fin de la Historia y su senti-
do. Este aspecto lo justifica por su posición
en relación con la imposibilidad de establecer
18
Olimpia López Avendaño
leyes históricas. Considera que estas filoso-
fías estaban impregnadas de un ciego opti-
mismo que la misma Historia se ha encarga-
do de demostrar.
No obstante, la negación de un sentido
predeterminado de la Historia no es una visión
pesimista en Aron, ya que encuentra que el
querer que la Historia tenga un sentido es invi-
tar a los individuos a
… dominar su naturaleza y hacer razo-
nable el orden de la vida en común. Pre-
tender conocer con anticipación el senti-
do último y los caminos de la salvación
es sustituir unas mitologías históricas al
progreso ingrato del saber y de la acción
(Aron, 1962, p. 39).
Los individuos no pueden renunciar a
pensar —plantea— pues es tan alienante re-
nunciar a buscar cómo imaginar y a haber di-
cho la última palabra.
6.
IDEAS CENTRALES DEL PENSAMIENTO DE ARON
Intentando una síntesis de la posición de
Aron en relación con la Historia, se pueden
destacar los siguientes aspectos:
G
La ciencia histórica no es de la misma natu-
raleza que las ciencias naturales, ni en rela-
ción con el objeto ni con el sujeto que inte-
ractúan en la producción del conocimiento.
No es posible, por tanto, asumir la perspec-
tiva positivista que busca causalidad, regula-
ridades, leyes y determinismos que permi-
tan predecir el fin y sentido de la Historia.
No es posible una historia puramente cau-
sal, ya que las decisiones voluntarias inter-
vienen en la construcción de los términos,
la interpretación de los conjuntos, lo mismo
que el azar y las irregularidades. El conoci-
miento histórico implica una filosofía y la
historia universal una filosofía de la histo-
ria. No es posible una historia puramente
causal ya que las decisiones voluntarias in-
tervienen en la construcción de los térmi-
nos, la interpretación de los conjuntos, lo
mismo que el azar y las irregularidades. El
conocimiento histórico implica una filosofía
y la historia universal una filosofía de la his-
toria.
G
La objetividad en Historia no consiste en la
validez universal de sus postulados. Al reco-
nocer la dimensión subjetiva que introduce
el historiador en la construcción del objeto
y en la selección que realiza, la rigurosidad
del método y su posición en el tratamiento
de los datos garantiza la validez del conoci-
miento que produzca. Los límites de la obje-
tividad radican en la aceptación de la relati-
vidad de sus conclusiones.
G
La Historia es posible porque existe la con-
ciencia histórica; sin embargo, esta no se
desenvuelve según un ritmo de acumula-
ción en términos evolutivos, sino que cada
sociedad vuelve a escribir la Historia, a re-
pensarla y en ello radica su renovación.
G
Desde el punto de vista epistemológico, se
acepta la construcción del hecho a partir de
los datos y huellas de todo tipo que la humani-
dad deja en su producción cultural. Se reco-
noce el valor de la comprensión y de la inter-
vención del valor presente en el investigador
en términos weberianos. El objeto histórico se
diluye sin la intervención del historiador, ya
que no existe como algo tangible.
G
La libertad, la decisión, el control de las pa-
siones permiten a los individuos repensar la
Historia y a la luz del pasado enrumbar el
porvenir. El presente histórico es el mo-
mento clave que posibilita tales decisiones.
Sin embargo, las pasiones humanas más
que la racionalidad estarán presentes en las
acciones de los individuos.
7.
CONSIDERACIONES FINALES
7. 1. CIENCIA HISTÓRICA-CIENCIA NATURAL
La discusión central en la obra de Aron
consiste en rebatir la validez de asimilar la
ciencia histórica con las ciencias naturales. De
ahí el que busque demostrar las características
19
Historia y conciencia histórica en Raymond Aron
del objeto de estudio de la Historia y su vínculo
estrecho con el investigador, el que crea al ob-
jeto pensándolo, construyéndolo conceptual-
mente a partir de los restos culturales dejados
por la humanidad. Construcción que se en-
cuentra ligada estrechamente a la ideología del
investigador, sus preferencias y lo que conside-
ra importante guía las selecciones que realice.
… La totalidad histórica no existe en sí,
sino para nosotros. Nosotros la compo-
nemos con fragmentos recogidos y orga-
nizados retrospectivamente por la uni-
dad de nuestro interés o la unidad que
prestamos a las épocas y a las culturas
(1946, p. 479).
Precisamente esa es la razón principal
por la que algunos restan validez científica al
conocimiento histórico y por la que otros pre-
tenden hacer historia con los procedimientos de
las ciencias naturales. La búsqueda de leyes que
se deriven de causalidades y regularidades es la
aspiración de este tipo de científico social que
persiste aún hoy día. Los científicos de esta lí-
nea consideraban que el historiador debía reco-
ger todos los hechos objetivamente sin elegir
entre ellos ya que constituían la materia misma
de la historia. Tenían una fe absoluta en el ca-
rácter objetivo y científico de su método basado
en la crítica externa e interna de los testimonios
escritos. En contraposición al positivismo, el
historicismo llamó la atención sobre las falacias
del positivismo y el reconocimiento de que el
historiador era incapaz de desprenderse de sus
valores, su afectividad en suma su subjetividad.
En algún momento, la pretensión de los histo-
riadores fue lograr una síntesis entre ambas po-
siciones, lo que condujo más bien a una yuxta-
posición que llevó a pensar en dos frases en el
proceso histórico: aceptar las reglas positivistas
para recoger y criticar el material documental y
la intuición y el marco valorativo del investiga-
dor en la interpretación (Cardoso, 1975, p. 13).
En la actualidad, según este autor, los
historiadores persiguen una síntesis global de
la historia. Además, esta historia universal se
pretende como la única síntesis posible de las
otras ciencias humanas. Pretenden así, la for-
mulación de leyes históricas, pero con una
validez restringida a determinado marco espa-
cial y temporal. Esto, porque al cambiar el sis-
tema social cambian también las condiciones
para la definición de leyes. Así que la Historia,
más que leyes, lo que establece son proposicio-
nes de tipo estadístico, enunciados generales
que se aplican a un conjunto de fenómenos o
procesos, pero solo en el sentido de una proba-
bilidad, no con carácter de necesidad.
Por otra parte, los universalistas consi-
deran que por tener que develar constantemen-
te movimientos de conciencia, el historiador
puede poseer claves que le muestren las perma-
nencias funcionales a través del universo de so-
ciedades y culturas. Así, puede saber algo del
por qué y del cómo de la conducta humana, y
de aquello que conviene al hombre. Así, la His-
toria podrá ofrecer al humanista una orienta-
ción axiológica construida desde la Historia y
los hechos humanos (Pérez, 1963).
Observamos pues, la validez de la posi-
ción de Aron para la ciencia histórica actual, lo
mismo puede decirse en relación con la causa-
lidad y la determinación. No es posible tomar
en cuenta todos los hechos que pudieran haber
influido en la complejidad de la trama históri-
ca. Así, la
New Economy History
utiliza en el
presente la técnica de la hipótesis alternativa
que se fundamenta en los estudios comparati-
vos utilizando los tipos ideales de Max Weber.
Aron plantea la validez de este procedimiento
en la ciencia histórica. En lo general, su pensa-
miento resulta vigente en las posiciones asumi-
das por la ciencia histórica actual. Sin embar-
go, habría que recordar a los historiadores que
pretenden que la historia sea “reconocida como
la única ciencia a la vez global y dinámica de
las sociedades, por lo tanto como la única sín-
tesis posible de las otras ciencias humanas” (Vi-
llar en Cardoso, 1975, p. 34), que tras de los
elementos subjetivos que acompañan siempre
al científico y que se aceptan como válidos, se
encuentra una concepción filosófica consciente
o inconsciente, coherente o en retazos. De ahí
que Aron señalara los límites entre la historia
universal y la filosofía de la historia, indicando:
… cuando el historiador escribe una his-
toria universal y, por consiguiente tam-
bién se enfrentan con el conjunto, tienden
20
Olimpia López Avendaño
a no trascender los hechos, se esfuerza
en extraer de la misma materia las gran-
des líneas de su relato, no pretende fijar
la verdad de la evolución humana, sino
simplemente la realidad del devenir
(1962, p. 19).
¿Podría pensarse que historia universal y
filosofía de la historia compiten por el mismo
objeto de estudio?
En apoyo a la posición de Aron en rela-
ción con los aspectos metodológicos de las
ciencias naturales e históricas, puede apuntarse
el valor que la teoría neutralista de la evolución
humana, formulada por Motoo Kimura en la
década de los sesentas, asigna al azar, a los fe-
nómenos aleatorios. Aunque la genética de po-
blaciones puede verse como una disciplina his-
tórica y aunque el
ADN
de los organismos
vivientes constituyen verdaderos registros his-
tóricos, la explicación de tales variaciones tam-
bién son susceptibles de interpretación y de va-
loración científica. Hoy en día, la Antropología
y la Sociología son dos ciencias auxiliares de las
que se vale la Biología para la explicación cau-
sal de la evolución de las poblaciones.
Podemos decir que las fronteras entre
los procedimientos entre ciencias naturales y
sociales parecen debilitarse para ser sustituidas
por la interrelación teórica y metodológica.
7.2. EL FUTURO A PARTIR DEL PASADO
Y DESDE EL PRESENTE HISTÓRICO
Otro aspecto importante de destacar en
la obra de Aron es la visualización y orientación
del futuro a partir del presente histórico, dina-
mizado por la libertad y la decisión humana. La
posibilidad humana de intervenir en la dinámi-
ca de la historia viene a sustituir las oposicio-
nes deterministas ya sean utópicas o fatalistas.
El siglo
XIX
en el pensar de Aron repre-
senta un momento cumbre en la historia de la
humanidad porque se dan eventos de gran en-
vergadura por sus repercusiones en la vida de
los hombres. El desarrollo científico y tecnoló-
gico que conduce por una parte al desarrollo
del conocimiento en todos los campos del saber
y la revolución industrial, como consecuencia
de tal producción, llevó al hombre a sentirse ca-
paz de dominar a la naturaleza. Diversas posicio-
nes filosóficas vieron en este estado de cosas las
posibilidades para la construcción de una socie-
dad más justa, la idea de progreso del pensa-
miento capitalista, la sociedad sin clases del
marxismo, constituyeron posiciones antagónicas
que apenas recientemente parece llegar a su fin.
El determinismo marxista que vio en el proleta-
riado a la clase privilegiada que sería el motor
que conduciría a las sociedades hacia el socialis-
mo, la vida de la abundancia, la justicia y la erra-
dicación de la explotación del hombre por el
hombre, ha visto la sucesión del dogmatismo, la
represión, el totalitarismo y la insatisfacción de
necesidades materiales y espirituales.
Las sociedades capitalistas desarrolladas,
enfatizando en la individualidad y la libertad,
han tenido éxito en la producción material,
más no así en la distribución de la riqueza pro-
ducto de los excedentes del trabajo humano.
En ambos tipos de sociedades, pero sobre todo
en esta última, se han utilizado los avances de
los medios de comunicación y de la tecnología
en general para influir en las construcciones de
las significaciones humanas sobre el mundo,
sus necesidades, sus deseos y aspiraciones, sus
visiones de mundo. El hombre ha sido alineado
por la saturación de información tendenciosa y
un ritmo de vida vertiginoso que limita las po-
sibilidades de una retrospección interior, y de
la reflexión en general. La vida parece no tener
más sentido que la adquisición de bienes mate-
riales y la competencia en todos los campos.
Sin embargo, los eventos de los últimos
tiempos en el nivel político han permitido com-
prender que ningún régimen político es perfec-
to, ni puede verse como posibilidad humana de
la construcción de un reino de justicia y de paz
en la tierra. Aunque aún quedan quienes sue-
ñan, según principios de fe, que el marxismo
podía conducir a la construcción del reino de
Dios en la tierra. Este parece ser el momento
idóneo para la erradicación de los dogmatismos
de todo tipo.
Por otra parte, sociedades rezagadas ante
el progreso utilizan medios de producción de
tipo primitivo, o de escasa y pobre tecnología.
Asimismo, los bienes culturales parecen estar
tan mal distribuidos como los materiales.
21
Historia y conciencia histórica en Raymond Aron
Además, como consecuencia de la pro-
ducción industrial, la naturaleza muestra gra-
dos de destrucción alarmantes, aguas y aires
contaminados, deforestación extrema, lluvia
ácida, temperatura ambiental en aumento, es-
pecies amenazadas, capa de ozono disminuida,
son problemas que hoy debe enfrentar la hu-
manidad entera. La vida en el planeta está ame-
nazada, y el problema es planetario.
Unida a lo anterior, la sofisticada tecno-
logía armamentista ha hecho viable la posibili-
dad de la desaparición de la vida en el planeta.
Aunque resulte paradójico, ante este panorama
apocalíptico, la tecnología y la ciencia hacen
posible la esperanza de una vida más larga y sa-
na y la solución de la mayoría de los problemas
que se han mencionado. El problema radica en
las pasiones humanas, en el ansia de poder, el
egoísmo y la apatía.
Estamos ante un momento histórico de
grandes y profundas contradicciones, con todos
los recursos y con ausencia de decisiones tras-
cendentes.
A la globalización de los problemas eco-
lógicos, se une la globalización de las relacio-
nes comerciales que caracterizan la economía
del presente. La solidaridad internacional y la
configuración de bloques en términos econó-
micos parece ser lo deseable para enfrentar las
demandas del intercambio y de la división in-
ternacional de trabajo.
Lo anterior conduce a reflexionar sobre
la posición que Aron sostenía en 1962 cuando
señalaba que el dominio de los recursos natura-
les permitía que los hombres dejaran de tirani-
zarse entre sí y veía el advenimiento de una
historia universal. Señalaba que “nunca tuvie-
ron los hombres tantos motivos para no matar-
se entre sí. Nunca tuvieron tantos motivos para
sentirse asociados en una única e idéntica em-
presa” (p. 198). Sin embargo, también expresa-
ba su duda en relación con el carácter pacífico
que podría tener la historia universal visualiza-
da. Sobre todo por la irracionalidad que parece
caracterizar las acciones humanas, aunque se-
pamos que el individuo es racional.
La ciencia desmitificada es una herra-
mienta de gran valor en el presente, pero la au-
sencia de una filosofía de la historia orientado-
ra parece ser la gran ausente. Aron reclama su
ausencia, y a fines de 1992 el reclamo se con-
vierte en un grito de angustia ante el temor por
el futuro a que conducen el pasado y el presen-
te vividos.
Pero, ante la angustia, el pensamiento de
Aron plantea el reto de la libertad y la decisión
humana.
7.3.
CAMBIO SOCIAL Y FILOSOFÍA DE LA HISTORIA
El conocimiento sociológico ha permiti-
do entender que la sociedad se construye y se
reproduce. Las perspectivas del mundo en gran
medida son producto de la interacción con el
medio. Los medios de transmisión ideológica
de gran poder en el presente utilizan estos
principios con muy buenos resultados. El ser
humano al adquirir conciencia de su posición
en el cosmos, en la sociedad o en su medio más
cercano, es capaz de decidir si se pliega o se re-
bela ante el estado de cosas. También es posible
influir sobre las posiciones de los demás; las
personalidades carismáticas, analizadas por
Weber, explican el poder que algunas personas
han tenido en la historia de la humanidad.
En estos elementos se encuentra el ger-
men del cambio que impide que la sociedad sea
una cárcel que determina sin remedio al indivi-
duo. Como buen sociólogo, Aron hace uso de
las teorías que posibilitan el cambio, y las in-
corpora en una reflexión sobre el sentido de la
historia para rebatir el determinismo humano.
A fines del siglo
XX
, los cambios nos ale-
jan cada vez más de las posibilidades de hacer
uso de la libertad en forma consciente, en mo-
mentos en que es cada vez más urgente. De
aquí el valor y la pertinencia de las ideas del au-
tor. De aquí la necesidad de una reflexión filo-
sófica que posibilite la solución de los grandes
problemas del presente. De aquí la necesidad de
una educación como instrumento influyente en
la construcción de las perspectivas de mundo
fundamentada en posiciones filosóficas claras
sobre la humanidad, su presente, su futuro.
Sin embargo, Mandelbaum (1963) pre-
senta como crítica a las filosofías de la Historia
el que hayan estado formuladas a partir de un
provincianismo cultural. Esto condujo a los fi-
lósofos de la Historia a desechar como poco
22
Olimpia López Avendaño
trascendente para el significado de la Historia
los elementos de otras culturas que no pudie-
ron absorber a la luz de la propia. Además, el
pluralismo cultural de las sociedades se diluye
en el concepto abstracto de humanidad.
Por otra parte, considera que los princi-
pios interpretativos de los filósofos de la Histo-
ria no deben ser antojadizos. Deben mostrar
que su principio interpretativo se confirma en
la misma forma en que otros describen el pasa-
do. Para cualquier filosofía de la Historia, indi-
ca Mandelbaum
:
… la prueba de contraste reside mera-
mente en que su relato del pasado no re-
sulte groseramente inexacto, sino en que
concuerde, en sentido positivo, con los
patrones que los historiadores establez-
can, en orden a lo que pueda estimarse
como una visión panorámica y penetran-
te de la historia humana (1963, p. 53).
Así, la Filosofía de la Historia no renun-
ciaría a la base empírica en virtud de lo cual
encontrarían validez.
Refiriéndose al provincialismo cultural,
el autor considera inevitable el que la Filosofía
de la Historia incurra en ese error, si se funda-
menta sobre cierta visión del pasado. Sin em-
bargo, cree posible el que se construya a partir
de los principios generales interpretativos que
posteriormente puedan mostrar su aplicabili-
dad a los eventos históricos en todos los puntos
de la historia humana. Estos principios deben
poder tener aplicación universal a la vida del
individuo en sociedad, y deben poder captar la
dinámica política, social y moral del presente.
Desde luego que esta posición introduce
a la Filosofía de la Historia en un cuestiona-
miento sobre su validez, similar al que se ha
sometido a la Historia. La discusión de cuáles
deben ser las características que deben tener
una filosofía de la historia para tener validez,
queda abierta, mas no así su necesidad.
BIBLIOGRAFÍA
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Tomo
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Pérez, Juan. “Nuestra universalidad y el magiste-
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Revista de la Universidad
de Madrid,
Vol.
XII
, nro. 45. Madrid, 1963.
Olimpia Lopez Avedaño
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