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Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal
Facultad de Educación. UNED
ISSN: 1139-613X
Educación XX1. 18.1, 2015, pp. 303-324
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Goikoetxea Iraola, E.; Martínez Pereña, N. (2015). Los beneficios de la lectura compartida de
libros: breve revisión.
Educación XX1,
18(1), 303-324. doi: 10.5944/educXX1.18.1.12334
Goikoetxea Iraola, E.; Martínez Pereña, N. (2015). The benefits of shared book reading: a brief
review.
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18(1), 303-324. doi: 10.5944/educXX1.18.1.12334
RESUMEN
La lectura compartida de libros infantiles ilustrados se refiere a la lectura
en voz alta que hace un adulto en compañía de un niño, generalmente prelec-
tor. Esta actividad es una de las prácticas que se tiene en cuenta en los estu-
dios sociológicos y económicos sobre inversión parental y logro educativo. El
propósito de este trabajo es revisar los beneficios de la lectura compartida y
describir las posibles razones que explican estos beneficios. La investigación
realizada con niños de diferente clase social y nivel de desarrollo del lenguaje
ha demostrado que la lectura compartida tiene importantes efectos directos
en el desarrollo del lenguaje oral y el conocimiento de lo impreso, e indirectos
en la alfabetización temprana y el aprendizaje de la lectura. Se presentan los
principales modelos de interacción durante la lectura: la lectura dialógica y la
lectura con énfasis en lo impreso. También se analizan las características de
la lectura compartida que mejor explican su beneficio tales como el hecho de
tratarse de una actividad rutinaria, el rico vocabulario de los libros, el estilo
de interacción entre el adulto y el niño, la experiencia emocional que genera
y la exposición al texto escrito. Finalmente, se discuten algunas implicacio-
nes educativas incluyendo orientaciones acerca de la frecuencia de la lectura
compartida, la edad de inicio, las características de los libros, la función del
entrenamiento y los modelos de interacción entre el adulto y el niño para el
óptimo desarrollo de esta actividad tan valiosa en la alfabetización temprana
y el posterior rendimiento y hábito lector.
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LOS BENEFICIOS DE LA LECTURA COMPARTIDA
DE LIBROS: BREVE REVISIÓN
(THE BENEFITS OF SHARED BOOK READING: A BRIEF REVIEW)
Edurne Goikoetxea Iraola y Naroa Martínez Pereña
Universidad de Deusto
DOI: 10.5944/educXX1.18.1.12334
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PALABRAS CLAVE
Lectura, rendimiento lector, comprensión lectora, tiempo libre, adquisición
del lenguaje.
ABSTRACT
The shared reading of illustrated children’s books refers to when an adult
reads aloud to a child, usually a pre-reader. This activity is one of the child-
rearing practices considered in sociological and economic studies on paren-
tal investment and educational achievement. The purpose of this study is to
review the benefits of shared reading and describe possible reasons for these
benefits. The research carried out with children of different social classes and
language development levels has shown that shared reading has important di-
rect effects on the development of oral language and familiarity with written
language, and indirect effects on pre-literacy and learning to read. The main
models for interaction during shared reading are presented: dialogic reading
and reading written material with emphasis. The study also analyzes the cha-
racteristics of shared reading that best explain its benefits, such as the fact
that it is a routine activity, the rich vocabulary of the books, the style of inte-
raction between the adult and the child, the emotional experience it produces
and the exposure to written text. Finally, some educational implications are
discussed, including orientations about the frequency of the shared reading,
the age of initiation, the characteristics of the books, the role of practice, and
models of interaction between the adult and the child for the optimum use of
this valuable activity for children’s linguistic development in pre-literacy and
later reading achievement.
KEY WORDS
Reading, reading achievement, reading comprehension leisure time, language
acquisition.
INTRODUCCIÓN
Aprender a leer es una destreza decisiva para el progreso de un niño a
lo largo de la vida. Estudios recientes que examinan datos longitudinales de
más de veinte mil niños canadienses, estadounidenses e ingleses, encuen-
tran que las destrezas matemáticas y lectoras con las que un niño entra a la
escuela, evaluadas en preescolar o en primero de primaria, predicen mejor
el futuro rendimiento en matemáticas, en lectura y la repetición de curso,
que variables como la atención, las habilidades sociales y los problemas so-
cioemocionales (Claessens, Duncan y Engel, 2009; Duncan
et al
., 2007). La-
mentablemente no todos los niños aprenden a leer correctamente y menos
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aún se convierten en lectores por placer con una apropiada comprensión
para su edad. Países con índices de desarrollo humano considerados muy
altos como los Estados Unidos de América, España o Chile (Malik, 2013) tie-
nen un elevado porcentaje de niños con pobre rendimiento en lectura y un
escaso número de niños con muy buen desempeño. En el año 2012, cerca de
un 20% de niños norteamericanos, un 20% de niños españoles y algo más de
un 30% de niños chilenos de 4.º de primaria no alcanzaba un nivel básico de
competencia lectora En cambio, tan solo un 8% de niños norteamericanos,
un 6% de niños españoles y un escaso 1% de niños chilenos mostraron un
nivel alto de rendimiento lector (OECD, 2013).
La creciente preocupación suscitada por este panorama en el albor del
siglo XXI ha reavivado la importancia de la investigación sobre cómo mejo-
rar el rendimiento lector y hábito de la lectura por placer. Sendos estudios
de metaanálisis de la última década hacen hincapié en la relación entre el
desempeño en pruebas que exigen habilidades de alfabetización temprana
en niños de preescolar y su posterior logro en lectura (Mol y Bus, 2011;
National Center for Family Literacy, 2008). Por alfabetización temprana o
emergente nos referimos al conjunto de capacidades (por ejemplo, lenguaje
oral, conocimiento de lo impreso, conocimiento fonológico, conocimiento
del alfabeto y escritura de letras) que son precursoras del aprendizaje de la
lectura y la escritura, y cuyo desarrollo ocurre en la edad preescolar (Whi-
tehurst y Lonigan, 1998).
Según los estudios citados arriba, una de las prácticas que más inciden
en la alfabetización temprana y en el posterior rendimiento y hábito lector
es la lectura compartida, esto es, la lectura en voz alta que un adulto realiza
en compañía de un niño generalmente prelector. Se trata de una práctica
que espontáneamente, y en algunos casos rutinariamente, realizan muchos
adultos con los niños, en el propio hogar o más tarde en la escuela, em-
pleando libros usualmente narrativos con ilustraciones.
El objetivo de este trabajo es revisar los beneficios de la lectura com-
partida, algunas razones que explican estos beneficios y las estrategias que
mejoran su eficacia según la investigación.
LOS BENEFICIOS DE LA LECTURA COMPARTIDA
Efectos en el lenguaje oral
Los primeros estudios sobre los efectos de la lectura compartida, la
mayoría de naturaleza descriptiva, comenzaron en la década de 1970 rela-
cionando la exposición a la lectura compartida de libros con su principal be-
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neficio: el desarrollo de las destrezas de lenguaje oral (p. ej., Chomsky, 1972;
Ninio, 1983). Aunque existen muchos términos diferentes para referirse a
las destrezas de lenguaje oral, la investigación en este área ha incluido gene-
ralmente el vocabulario (receptivo y expresivo), el conocimiento sintáctico
y semántico y las destrezas narrativas (describir y narrar una situación;
NICHD, Early Child Care Research Network, 2005).
En esta primera época, muchas investigaciones se realizaron en el con-
texto familiar y exploraron la interacción entre el adulto y el niño durante la
lectura de libros para encontrar las estrategias de los adultos que explican los
efectos en el desarrollo lingüístico de los niños (Bus y van IJzendoorn, 1988;
Ninio, 1980, 1983; Ninio y Bruner, 1978; Wheeler, 1983). Paralelamente, Hol-
daway (1979, 1982) llevó a cabo experiencias y algunos estudios sobre la
lectura compartida de libros de gran tamaño (los llamados «big books» en
inglés) en el contexto escolar. El trabajo de Holdaway se inició alrededor de
1967 en Nueva Zelanda con un grupo de profesores que desarrollaron pro-
cedimientos docentes así como técnicas y estrategias de lectura temprana.
Pero no fue hasta el pionero estudio de Whitehurst
et al.
(1988) cuando
se pone a prueba la relación causal entre la lectura compartida y el desa-
rrollo del lenguaje. En este estudio experimental realizado con padres de
niños de dos años, se encuentra que la práctica regular de leer libros a niños
da lugar a beneficios en el desarrollo del lenguaje oral (medido este con
pruebas estandarizadas), especialmente, en la adquisición de vocabulario
receptivo. Whitehurst y su equipo crearon un modelo de lectura compar-
tida llamado «lectura dialógica» utilizando técnicas interactivas tales como
hacer preguntas (p. ej., realizar preguntas abiertas al niño), dar feedback
(p. ej., repetir lo que el niño dice ampliando y corrigiendo el contenido, elo-
giar) y ajustar la conversación al nivel de desarrollo del niño (p. ej., ayudar al
niño en las respuestas ofreciendo modelos, seguir sus intereses). Los efectos
de la lectura dialógica se mantuvieron hasta nueve meses más tarde con una
capacitación directa a los padres de menos de 1 hora en un programa de 4
semanas de duración.
Desde entonces se han sumado otros estudios experimentales que
muestran los beneficios de la lectura compartida, ya de forma tradicional
(el adulto lee en voz alta un libro al niño) ya de forma dialógica (el adulto
lee en voz alta y dialoga con el niño durante la lectura) en el desarrollo del
lenguaje, específicamente, en el aumento del vocabulario receptivo y ex-
presivo (Biemiller y Boote, 2006; Penno, Wilkinson y Moore, 2002; Reese y
Cox, 1999; Sénéchal, 1997; Wasik y Bond, 2001; véase Borzone, 2005 para
un estudio cuasi-experimental en español). Asimismo existen metaanálisis
que respaldan el efecto de la lectura compartida en el desarrollo lingüístico.
El metaanálisis del National Center for Family Literacy (2008) que revisa
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19 estudios realizados entre 1970 y 2000, concluye que el mayor impacto
de esta práctica se observa en el lenguaje oral. El metaanálisis de Mol y Bus
(2011) que incluye 99 estudios realizados entre 1994 y 2009, concluye que
la exposición a la lectura en niños prelectores se asocia moderadamente al
lenguaje oral y a los conocimientos básicos de lectura.
La lectura compartida es considerada, por tanto, una de las activi-
dades más importantes que los adultos pueden realizar con niños en edad
preescolar por los beneficios que tiene en el desarrollo del lenguaje. Este
resultado es de enorme interés si se tiene en cuenta que la investigación
ha demostrado que el lenguaje oral es, como hemos dicho ya, un compo-
nente clave de la alfabetización temprana que, a su vez, está fuertemente
relacionado con la sensibilidad fonológica en niños de infantil (Storch y
Whitehurst, 2002), la decodificación (Catts, Fey, Zhang y Tomblin, 1999)
y la comprensión lectora (Cunningham y Stanovich, 1997; Kendeou, van
den Broek, White y Lynch, 2009). Además, la lectura compartida durante
la etapa preescolar parece crucial porque ya desde la edad de preescolar
aparecen diferencias notables en el tamaño del vocabulario (Weizman y
Snow, 2001) que permanecen en el tiempo (Kendeou
et al
., 2009; Storch y
Whitehurst, 2002).
Efectos en el conocimiento de lo impreso
La investigación sobre la lectura compartida también ha mostrado be-
neficios en lo que se ha llamado «conocimiento de lo impreso». Este término
hace referencia al conjunto de conocimientos tempranos o emergentes que
puede desarrollar un niño prelector sobre las formas y funciones del len-
guaje escrito tales como la organización de un texto (p. ej., dirección de la
escritura de izquierda a derecha, de arriba abajo y de adelante hacia atrás,
orden por frases, párrafos, hojas), nociones básicas sobre la escritura (p. ej.,
identificación de la letra, identificación de la palabra), interés por el lenguaje
escrito y por los elementos que integran un libro (p. ej., autor, portada, tí-
tulo; véase Justice, Kaderavek, Fan, Sofka y Hunt, 2009).
El interés por examinar el impacto de la lectura compartida en el co-
nocimiento de lo impreso surge del estudio pionero de Bus y Van Jzendoorn
(1988) donde se muestra la relación entre la interacción madre-niño durante
la lectura compartida y las habilidades tempranas relacionadas con el len-
guaje escrito. A raíz de este trabajo se creó un modelo particular en la lec-
tura compartida caracterizada por utilizar estrategias interactivas verbales
y no verbales para aumentar la atención e interés en los niños sobre cómo
se organiza un texto, qué función tiene lo impreso, los nombres y las carac-
terísticas de las letras, y el concepto de palabra.
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Posteriormente, estudios experimentales sobre la lectura compartida
focalizada en lo impreso han confirmado su beneficio mostrando ganancias
en el conocimiento de lo escrito, el conocimiento del alfabeto y en la habi-
lidad para conocer y escribir palabras con respecto al grupo de preescola-
res que experimentaban un estilo de lectura tradicional no centrada en lo
impreso (Justice y Ezell, 2000; Justice
et al
., 2009; véase Justice, McGinty,
Piasta, Kaderavek y Fan, 2010 para un programa de conocimiento de lo im-
preso) y a largo plazo en la comprensión lectora (Piasta, Justice, McGinty y
Kaderavek, 2012; What Work Clearinghouse, 2012). De nuevo, hay sendos
metaanálisis, tanto el del National Center for Family Literacy (2008) como
el de Mol y Bus (2011), que respaldan el efecto de la lectura compartida en
el conocimiento de lo impreso en niños de preescolar. Por último, la impor-
tancia del conocimiento de lo impreso ha sido examinada en un concluyente
estudio longitudinal de seis años de duración revelando la relación entre el
nivel de conocimiento de lo impreso en los años de preescolar y el posterior
logro en lectura en 4.º de primaria (Storch y Whitehurst, 2002).
Los efectos de la lectura compartida en niños en desventaja social
y los niños con retraso en el lenguaje
Existen numerosas investigaciones sobre las diferencias entre las cla-
ses sociales en la cantidad y calidad de la exposición al lenguaje hablado,
la posesión de libros en el hogar y la frecuencia con que se realiza la lec-
tura compartida. Hace ya dos décadas, Raz y Bryant (1990) encuentran que
únicamente en palabras oídas, los niños de clase baja tienen la mitad de
exposición (aproximadamente 616 palabras por hora) que los niños de clase
media (1.251 palabras por hora) y menos de la tercera parte que los niños
de clase alta (2.153 palabras por hora). Este mismo estudio muestra que las
diferencias van en aumento durante los dos primeros años de vida (véase
también Weizman y Snow, 2001). En cuanto al número de libros según la
clase social, Neuman (2006) informa de 13 libros por niño en vecindarios
de clase media norteamericanos frente a un solo libro por 300 niños en los
vecindarios de clase baja. Y entre los datos que reúne el libro de Rochstein
(2004) aparece que la cantidad de libros en el hogar predice el rendimiento
académico en muchos países del mundo. En cuanto a la lectura compartida,
un típico niño de clase media puede entrar con unas 1.000 a 1.700 horas de
lectura de libros infantiles, mientras que uno de clase baja entra con ape-
nas 25 horas (Adams, 1990). De hecho, economistas y sociólogos incluyen
la lectura compartida en las investigaciones sobre la inversión parental de
pobres y ricos en la educación de los hijos (Guryan, Hurst y Kearney, 2008).
La situación de pobreza, mucho más compleja que lo resumido arriba
(véase Evans, 2004), está en el origen del por qué los niños de clase baja
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comienzan la escuela con un desarrollo del lenguaje oral debajo o muy por
debajo de sus compañeros de clase media o alta (Walker, Greenwood, Hart y
Carta, 1994), con una temprana aparición de retrasos en el lenguaje (Locke,
Ginsborg y Peers, 2002; NICHD, Early Child Care Research Network, 2005)
y con mayor riesgo de tener dificultades en el aprendizaje de la lectura (Dun-
can y Brooks-Gunn, 2001).
Resulta esperanzador que diversas investigaciones hayan probado la
eficacia de la lectura compartida en niños con desventaja social, mostrando
grandes efectos a corto plazo en el desarrollo del lenguaje (McCormick y
Mason, 1986; Valdez-Menchaca y Whitehurst, 1992; Whitehurst, Arnold
et
al
., 1994; Whitehurst, Zenvenbergen
et al
., 1999). Ahora bien, estos efectos
no parecen mantenerse en el tiempo, por lo que los investigadores sugieren
prolongar las intervenciones (Henning, McIntosh, Arnott y Dodd, 2010).
Otro grupo de niños que puede beneficiarse de la lectura compartida
es el de niños con retraso en el lenguaje ya sea de tipo primario como en
el llamado trastorno específico del lenguaje, o secundario como en el re-
traso mental, el autismo o el trastorno generalizado del desarrollo. Aun-
que mejorar el lenguaje de niños con trastornos, o desaventajados, o meros
aprendices de una segunda lengua, no es tarea fácil y exige intervenciones
cuidadosamente pensadas e implementadas (p. ej., Dockrell, Stuart y King,
2010), la investigación muestra que la lectura compartida puede ser efectiva
(Hudson y Test, 2011, para un estudio de revisión). De hecho programas
para niños con retraso en el lenguaje tan bien fundados en la investigación
como es el Programa Hanen (Pepper y Weitzman, 2007) incorporan la lec-
tura compartida entre las actividades que aconsejan a los padres.
POSIBLES CAUSAS DEL BENEFICIO DE LA LECTURA COMPARTIDA
La revisión de la literatura científica permite inferir algunas causas
que explican el desarrollo del lenguaje oral y el conocimiento de lo impreso
durante la lectura compartida de libros. Revisaremos las que consideramos
con mayor respaldo empírico o racional.
Una actividad rutinaria y repetitiva
Una de las estrategias que usan los niños en la adquisición del len-
guaje es repetir en una situación dada lo que otros han dicho en la misma
situación. Esta estrategia se ve muy beneficiada por la rutina y la repeti-
ción (Snow y Goldfield, 1983). Así, las actividades que son predecibles y se
repiten facilitan el aprendizaje temprano de vocabulario, de expresiones y
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ayudan a desarrollar generalizaciones. En este sentido, la actividad de leer
un libro es muy fácil de identificar para el niño porque se trata siempre de
mirar algo en la página de un libro, con independencia de cambios en el
momento o lugar. Si le agregamos que los adultos adoptan expresiones que
repiten una y otra vez (p. ej., «mira aquí», «qué es esto»; véase Ninio y Bru-
ner, 1978) no es de extrañar que las expresiones del adulto sean en gran me-
dida predecibles y recurrentes. Además de la repetición de expresiones, son
habituales las lecturas repetidas de un mismo libro, especialmente cuando
agradan mucho al niño. Biemeller y Boote (2006) confirmaron que las ma-
yores ganancias en el aumento del significado de palabras conocidas eran
las lecturas repetidas al menos cuatro veces en edad infantil y dos veces en
primer grado de primaria.
Aunque muchas de las actividades que realizan los niños en sus prime-
ros años de vida están bien definidas, son estructuradas y se repiten (comer,
asearse, jugar), pocas son comparables a la lectura de libros como rutina para
adquirir vocabulario pues el lenguaje es el elemento central de la actividad.
El rico vocabulario de los libros
La lectura de libros infantiles es una actividad muy poderosa para ad-
quirir vocabulario, incluso más que las conversaciones con adultos y el vi-
sionado de la televisión, debido a la multitud de palabras de uso frecuente
que contiene, pero más especialmente, debido a la riqueza de palabras infre-
cuentes. Los libros de literatura infantil contienen tres veces más palabras
de baja frecuencia (y los de preescolar dos veces más) que conversaciones de
la misma extensión entre niños y adultos e incluso que conversaciones entre
adultos, así como una complejidad gramatical superior al lenguaje de las
conversaciones y los programas de televisión (Hayes, 1988; Hayes y Ahrens,
1988). Además, las ilustraciones, muchas de ellas en forma de dibujos, son
también un vehículo importante para la enseñanza de vocabulario al repre-
sentar objetos reales en solo dos dimensiones y con trazos que acentúan las
características típicas del objeto (Moerk, 1985). Esto permite etiquetar objetos
y acciones representados en las ilustraciones que corresponden a la realidad y
que a veces ni siquiera están en el texto, ni en el ambiente que rodea al niño.
La interacción entre el adulto y el niño
La investigación muestra que la lectura de libros es una situación en la
que el adulto se inclina de manera natural a facilitar al niño el aprendizaje
de vocabulario haciendo preguntas sobre imágenes, explicando palabras di-
fíciles y eventos de la historia, así como realizando comentarios informativos
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sobre las respuestas de los niños durante el intercambio (Ninio y Bruner,
1978). Se diría que se trata de una situación óptima para suscitar la atención
compartida o conjunta tan importante en el aprendizaje del lenguaje (Car-
penter, Nagell, y Tomasello, 1998). Los estudios sobre la interacción entre
adulto y niño mientras leen muestran que existen al menos dos tipos de inte-
racciones: el habla inmediata y el habla no inmediata o extratextual (Dickin-
son, De Temple, Hirschler y Smith, 1992). El habla inmediata ocurre cuando
el adulto realiza comentarios acerca del aquí y el ahora hablando del texto
leído o de los dibujos en el libro (p. ej., «¡Mira, es un árbol!», «¿son manza-
nas o peras?»). El habla no inmediata se refiere a comentarios relacionados
con experiencias personales, preguntas de conocimiento general, inferencias
y predicciones (p. ej., «los truenos le habrán asustado ¿qué crees que ocu-
rrirá ahora?»). Este segundo tipo de habla suele referirse a información no
visible en el texto ni en las ilustraciones. A pesar de que el habla inmediata
sea más habitual que el habla extratextual en las conversaciones naturales
durante la lectura de cuentos (únicamente alrededor del 11% a 18% del dis-
curso del adulto; De Temple, 2001), la interacción extratextual entre adulto y
niño en la lectura compartida favorece el desarrollo del lenguaje por incluir
información más abstracta que el habla inmediata (Zucker, Cabell, Justice,
Pentimonti y Kaderavek, 2013). Al incluir información abstracta también se
incluyen expresiones más detalladas y explícitas por medio de un lenguaje
más complejo que el empleado en el etiquetado y en las preguntas cerradas.
Una experiencia emocional
La lectura compartida tiene el potencial de conectar emocionalmente
a los niños con las experiencias de los personajes, especialmente cuando el
adulto tiene una estrecha relación con el niño y logra asociar experiencias
del niño con eventos de la historia (véase Bus, 2003). Los aprendizajes que
conectan con las emociones parecen aumentar la implicación, la motivación
y un uso del lenguaje más detallado, preciso y coherente por parte del niño
(Liwag y Stein, 1995). Además, los apoyos no verbales durante la lectura de
libros como la entonación, las pausas, los gestos y el contacto visual, pro-
veen información sobre emociones que facilita la comprensión y enganche
con la historia (De Temple, 2001) y con ello el aprendizaje del lenguaje.
La exposición al texto escrito
Parece evidente que la lectura compartida sea una las causas del au-
mento del conocimiento de lo impreso en los niños preescolares. Leer a un
niño es una de las rutinas más importantes en la primera infancia, si no la
única, en la que se tiene contacto directo con lo impreso. Si bien es cierto
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que existe un aprendizaje informal del conocimiento del lenguaje escrito (a
través del contacto con carteles, juegos o puzles de letras, fichas de ejerci-
cios, etc.), no existe ninguna otra actividad comparable que acerque a un
niño a la forma y funciones del lenguaje escrito (p. ej, organización del texto,
partes de un libro, identificación de letras y palabras).
IMPLICACIONES EDUCATIVAS
La lectura compartida de libros puede practicarse de forma natural
y espontánea, sin embargo es útil conocer algunos factores que parecen
aumentar su efecto beneficioso en el desarrollo del lenguaje y en el cono-
cimiento de lo impreso. Los factores que aparecen mencionados en este
apartado han sido elegidos porque cuentan con algún grado de respaldo de
la investigación.
Frecuencia de la lectura compartida
Una recomendación general basada en la investigación es realizar una
práctica frecuente de la lectura compartida. Los estudios de metaanálisis
que han relacionado frecuencia con beneficios muestran que la frecuencia
de la lectura compartida es un predictor (explica el 8% de la varianza) del
desarrollo del lenguaje (Bus, van IJzendoorn y Pellegrini, 1995). Sin em-
bargo, no hay apenas investigación sobre cuál es la frecuencia ideal. Un
estudio con niños de 3 a 5 años todavía no escolarizados encontró que la
lectura compartida realizada tres o más veces por semana da lugar a dife-
rencias significativas en medidas de alfabetización temprana en compara-
ción con una frecuencia de dos o menos veces por semana (Nord, Lennon,
Liu y Chandler, 2000). De Temple (2001) informa de que la lectura diaria en
el hogar con niños de 3 años (junto a un mayor número de libros propios y
mayor uso de bibliotecas y de librerías) estuvo asociada a mayores ganan-
cias en medidas de lenguaje y de alfabetización temprana a los 5 años, que
la lectura esporádica o inexistente. En la escuela, Dickinson (2001) aconseja
leer de forma compartida tres veces al día, durante 45 minutos en total, con
niños en jornada escolar completa y una a dos veces al día, durante 10 mi-
nutos por vez, con niños en jornada de medio día. En cuanto al impacto de
la repetición de la lectura de un mismo libro en el aprendizaje de vocabula-
rio, Biemeller y Boote (2006) concluyen que los preescolares se benefician
mucho de las repeticiones, en comparación con niños de primero y segundo
de primaria para quienes el efecto es más débil (este estudio comparó dos
versus cuatro repeticiones).
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Edad de inicio
Nuevamente, la recomendación que cabe hacer basada en la investiga-
ción es general, esta es, realizar la lectura compartida con un niño cuanto
antes mejor. Pocos estudios han examinado específicamente a qué edad de
inicio se obtienen mayores beneficios de la práctica de la lectura compartida
y los pocos estudios que existen son estudios descriptivos, por tanto, débiles
para establecer una relación causal. En uno de estos estudios realizado con
una muestra de niños de dos años y sus madres, Debaryshe (1993) encuen-
tra que la edad de inicio de la lectura compartida fue la variable que mejor
predijo el desarrollo del lenguaje en comparación con otras variables como
los ingresos económicos de la familia, la educación de la madre, o el tiempo
de lectura semanal. Un reciente estudio de Raikes
et al
. (2006) con niños
de 14, 24 y 36 meses de edad, muestra que la lectura compartida realizada
entre los 14 meses y los 24 meses de edad tuvo un efecto de «bola de nieve»:
la lectura compartida da lugar a un aprendizaje temprano de vocabulario y
este aprendizaje, a su vez, da lugar a más lectura y más vocabulario. Y tam-
bién en la etapa preverbal, Bus y van IJzerdoorn (1997) observan cambios
en el comportamiento de bebés de entre 44 a 63 semanas con los libros de
lectura (p. ej., un bebé de 46 semanas explora un libro poniéndolo en su
boca, mordiéndolo, «comiéndoselo», mientras que uno de 60 semanas hace
sonidos y gestos acordes a una ilustración). Hay pues un crecimiento en el
entendimiento de las características simbólicas de los cuentos ilustrados
desde el primer año de vida. Estos datos coinciden con que es alrededor de
los 12 meses cuando la gran mayoría de niños logra la atención conjunta y
la comprensión de la conducta intencional de sus cuidadores, tan decisivos
para aprender el lenguaje (Tomasello, 1999). Por tanto, aunque no se pueda
precisar cuál es la edad ideal de comienzo, pareciera que leer a bebés de
meses puede ser una práctica potente de estimulación del lenguaje. Esto
es importante saberlo a la hora de alentar a los adultos en la práctica de
la lectura compartida, pues leer a niños tan pequeños resulta en ocasiones
difícil porque exige del adulto esfuerzo para mantener la atención del niño.
Características de los libros
Algunas de las recomendaciones basadas en la investigación para la
selección de libros destinados a niños en edad preescolar son, en primer
lugar, la utilización de libros ilustrados con letras grandes y pocas palabras
por página (What Works Clearinghouse, 2007). La segunda recomendación
es que exista relación entre el texto y las ilustraciones para apoyar el apren-
dizaje concreto de esta edad y visualizar objetos y experiencias que el niño
nunca ha visto o vivido (Cohen, 1998), así como la utilización de libros de
gran tamaño, especialmente cuando la lectura compartida se realiza con un
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grupo de niños, ya que son más visibles que los libros de tamaño normal y
facilitan la interacción, p. ej., preguntando acerca de los dibujos y visuali-
zando el texto (Adams, 1990).
Agentes (padres, maestros) y entrenamiento
Los estudios de metaanálisis no han encontrado hasta el momento
diferencias en la eficacia de la lectura compartida (esto es, en el desarrollo
del lenguaje) realizada por familiares o por profesores, ni tampoco diferen-
cias en la eficacia de estos agentes cuando reciben entre una y tres horas de
entrenamiento para realizar la lectura compartida (National Center for Fa-
mily Literacy, 2008). En cuanto al modo de entrenamiento, puede recibirse
tanto de manera directa como a través de vídeo, una oferta rentable y efec-
tiva que permite mayor difusión (Arnold, Loningan, Whitehurst y Epstein,
1994). Recientemente existe una medida estandarizada que puede ser de
gran utilidad para la evaluación de la calidad de la lectura compartida en
clase (Pentimonti
et al
., 2012).
Interacción entre el adulto y el niño
Aunque la lectura compartida con un estilo tradicional o no-interactivo
da lugar a mejoras en la adquisición de vocabulario, numerosos estudios de-
muestran que la lectura interactiva (que incluye etiquetar, señalar, pregun-
tar, participar en diálogos mientras se lee) es más efectiva en el aprendizaje
de palabras nuevas (Blewitt, Rump, Shealy y Cook, 2009).
Entre los modelos más destacados para realizar la lectura compartida
de un modo interactivo encontramos los ya mencionados: la lectura dialó-
gica y la lectura con énfasis en lo impreso.
La lectura dialógica se caracteriza por utilizar distintas estrategias in-
teractivas tales como (a) hacer preguntas abiertas que estimulen el lenguaje,
(b) seguir preguntando cuando el niño responde para que añada más infor-
mación, (c) repetir lo que el niño dice ampliando el contenido, ayudar al niño
ofreciendo modelos de respuesta e indicando lo que es correcto, (d) elogiar y
dar feed-back, (e) seguir los intereses del niño animándole a hablar y (f) di-
vertirse con una actitud distendida (Whitehurst
et al
., 1988; véase un vídeo en
español que modela estas estrategias en Martínez y Goikoetxea, 2011). Esta
práctica tiene efectos positivos en el desarrollo del lenguaje.
El modelo de lectura con énfasis (Justice
et al
., 2010). Es sabido que
durante la lectura de cuentos los niños parecen prestar poca atención a lo
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escrito, de hecho, solo el 6% de sus fijaciones visuales se centran en lo im-
preso y solo durante el 4% del tiempo total de la lectura de un libro (Justice,
Pullen y Pence, 2008). Por su parte, los adultos de forma natural rara vez
hacen comentarios acerca del texto escrito, ni padres (Justice y Ezell, 2000),
ni tampoco maestros, quienes, según un reciente estudio, realizan aproxi-
madamente 10 referencias a lo impreso en una sesión de lectura ordinaria
de 10 minutos (Zucker, Justice y Piasta, 2009). Para que la lectura compar-
tida en lo impreso que se orienta a que el adulto haga referencias a lo escrito
por medio de estrategias verbales y no verbales que dirigen la atención del
niño al texto para reconocer la forma y funciones del lenguaje escrito (p. ej.,
función del lenguaje escrito, organización de un texto, conocimiento de las
letras, el concepto de palabra), así como para establecer relaciones con el
lenguaje oral, sea causa del aumento del conocimiento de lo impreso, es
preciso adoptar un enfoque de lectura centrado en este aspecto.
Finalmente, es importante destacar que la lectura compartida es una
actividad social, de relación, donde la dimensión afectiva cobra especial
importancia. Aunque menos explorada que los aspectos cognitivos y lin-
güísticos de la lectura compartida, la evidencia sugiere que un clima afec-
tivo-emocional cálido y sensible a las señales del niño durante la lectura,
aumenta en el niño la atención al texto, la cooperación con el adulto y el
entusiasmo por leer (Landry
et al
., 2012).
CONCLUSIONES
Existe abundante investigación para defender y avalar los efectos be-
neficiosos de la lectura compartida. Esta actividad tan natural en el hogar y
en la escuela parece decisiva en el desarrollo del lenguaje y ayuda también
a adquirir conocimiento de lo impreso. Y, no menos importante, la lectura
compartida es considerada como parte del continuo de experiencias de lec-
tura en el tiempo libre que influye en el futuro gusto por la lectura (Mol y
Bus, 2011). El lenguaje y el conocimiento de lo impreso junto con el cono-
cimiento fonológico y el conocimiento de letras forman parte de la alfabe-
tización emergente, una destreza compleja que decide cómo aprende a leer
un niño y, a largo plazo, su futuro rendimiento lector y académico.
Tanto por los beneficios probados de la lectura compartida como por
la reducida importancia que se viene concediendo al desarrollo del lenguaje
en la edad preescolar en países como España y algunos de Latinoamérica,
parece recomendable prestar atención a difundir los beneficios de la lectura
compartida y a extender su práctica.
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Concluimos también señalando la necesidad de investigar las lagunas
de conocimiento relativas a la práctica y los efectos de la lectura compartida,
ya mencionadas en este trabajo. Por ejemplo, la investigación no siempre ha
tenido acuerdo sobre qué medidas considerar como indicadores de la alfa-
betización temprana, por lo que no ha logrado informar sobre el impacto de
la lectura compartida en destrezas tan importantes como el conocimiento
fonológico, ni tampoco en otras variables clave como la memoria o la moti-
vación (National Center for Family Literacy, 2008).
En resumen, las investigaciones realizadas hasta hoy permiten afirmar
el beneficio de la lectura compartida en el desarrollo del lenguaje oral y el
conocimiento de lo impreso lo que posiblemente esté en la cadena causal
que facilite el aprendizaje de la lectura, la comprensión lectora y, en defini-
tiva, el rendimiento académico y la práctica de la lectura por placer. Sería
deseable hacer esfuerzos por extender esta práctica educativa a todos los
niños, en especial a los prelectores y a los que por su procedencia socio-
cultural o por sus características individuales están en desventaja ante el
aprendizaje del lenguaje hablado y escrito.
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LIBROS
:
BREVE
REVISIÓN
Facultad de Educación. UNED
Educación XX1. 18.1, 2015, pp. 303-324
PERFIL ACADÉMICO Y PROFESIONAL DE LOS AUTORES
Edurne Goikoetxea Iraola, Profesora titular de la Facultad de Psicolo-
gía y Educación de la Universidad de Deusto. Trabaja en el grupo de investi-
gación «Aprendizaje de la lectura, la escritura y la matemática» de la misma
universidad. Actualmente investiga sobre intervenciones eficaces para niños
mayores con muy bajo rendimiento lector y sobre la historia de las dificul-
tades de aprendizaje.
Naroa Martínez Pereña, Licenciada en Psicopedagogía e investigadora
del grupo de investigación «Aprendizaje de la lectura, la escritura y la mate-
mática» de la Universidad de Deusto. Actualmente realiza su tesis doctoral
sobre el aprendizaje de la letras y del conocimiento fonológico como de-
terminantes del inicio lector y colabora en estudios sobre la alfabetización
temprana.
Dirección de los autores:
Departamento de Fundamentos y Métodos
de la Psicología
Facultad de Psicología y Educación
Universidad de Deusto
Av. de las Universidades, 24
48007 Bilbao
E-mail: egoikoetxea@deusto.es,
naroa.martinez@deusto.es
Fecha Recepción del Artículo: 13. Junio. 2012
Fecha Modificación Artículo: 19. Noviembre. 2012
Fecha Aceptación del Artículo: 27. Febrero. 2013
Fecha de Revisión para publicación: 15. Mayo. 2014
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