Resumen: El presente trabajo aspira resaltar los elementos asociados a los testimonios de viaje a partir de un análisis histórico de la película venezolana Aire Libre, del director venezolano Luis Armando Roche. Así, reconociendo la importancia del género de los viajeros en la historiografía venezolana, se busca destacar la imagen de Alexander von Humboldt y Aime Bompland en su recorrido por Venezuela (1799-1800); hombres ilustrados, cuya búsqueda de riqueza no se centraba en el oro, sino en el conocimiento. En consecuencia, el lector puede advertir la relación entre los diálogos y las imágenes con los aspectos geohistóricos, político-económicos y socioculturales de la Venezuela colonial, asociados a elementos históricos dentro del contexto de una producción audiovisual.
Palabras clave:Cine venezolanoCine venezolano, historia historia, arte arte, viajeros viajeros, filmografía filmografía.
Abstract: This paper intends to highlight the elements associated with the testimonies of trip from a historical analysis of the Venezuelan Film Free Air, the venezuelan director Luis Armando Roche. So, in recognizing the importance of the gender of the travellers in the Venezuelan historiography, it aims to highlight the image of Alexander von Humboldt and Aime Bompland in its tour of Venezuela (1799-1800); men illustrated, whose pursuit of wealth is not focused on the gold, but in the knowledge. As a result, the reader can see the relationship between dialogues and images with the geohistorical, political-economic and social cultural aspects of colonial Venezuela, associated with historical elements within the context of audiovisual production.
Keywords: Venezuelan cinema, history, art, travelers, filmography.
Humboldt y Bompland entre la Historia y el arte de la ilusión:Análisis histórico de la película venezolana Aire Libre (1996)
Humboldt and Bompland between History and art of illusion: Historical analysis of the Venezuelan film outdoors (1996)
Recepción: 01 Octubre 2016
Aprobación: 01 Diciembre 2016
Haciendo progresar el conocimiento del
Universo servimos a la Humanidad,
y
el hombre tiene tanta necesidad de conocimientos como de pan…
Fuente: Humboldt
(Guión del film)
Podeis esperar más riqueza y orgullo de vuestra cultura que de
vuestras minas de oro…
Fuente: Bompland
(Guión del film)
Un siglo después de la llegada del viajero y polímata alemán Alexander von Humboldt y el naturalista, médico y botánico francés Aime Bompland a Venezuela (1799), el país experimentaba el arribo notable de una novedad técnica y artística denominada cine. El 11 de julio de 1896 se realiza la primera función cinematográfica en Maracaibo y un año después se proyectan las dos películas pioneras del cine venezolano,1 dando origen a una cultura fílmica que se desarrollaría a lo largo del siglo XX.2 Una centuria más tarde, el 12 de febrero de 1997, se exhibía en las salas cinematográficas del país una película que mostraba la importancia de ambos hechos históricos, en una simbiosis que destacaba, a nuestro modo de ver, la relación entre historia, arte e ilusión: Aire Libre. Un film de Luís Armando Roche3 que recoge, desde el punto de vista audiovisual, los orígenes de un ciclo de narrativas naturalistas y relatos de viajes por la tierra de Bolívar.
Protagnizada por el francés Christian Vadim (Humboldt), el canadiense Roy Dupuis (Bompland), las actuaciones de los venezolanos Carlos Cruz, Dimas González, Dora Mazzone y el español Armando Gota, la película Aire Libre narra las exploraciones de Humboldt y Bompland en Venezuela, refiriendo la costa americana, la exuberancia del paisaje y los aspectos demográficos de esa parte del continente. A modo de remembranza, intenta describir la histórica visita del barón Alexander von Humboldt a la Venezuela de finales del siglo XVIII y principios del XIX (Imagen 1), intentando dejar en el espectador una reflexión profunda sobre la realidad presente en las provincias hispanoamericanas que más tarde darían forma al país.4 Un acontecimiento que marca, sin duda, un hito en el contexto del género de los viajeros,5 toda vez que permite valorar la importancia de los testimonios de viaje en América, fundamentalmente, aquellos realizados bajo la influencia humboldtiana a lo largo de la centuria decimonónica.
Como se muestra en la trama, para la época el viaje constituía una actividad formativa, toda vez que hacía posible orientar las miradas hacia cosas que convenían “ver y observar” en búsqueda del enriquecimiento intelectual. A pesar de los riesgos, la experiencia que yacía intrínseca en el acto de viajar constituía, como lo había dejado entrever Francis Bacon, una práctica instructiva necesaria y provechosa en la forja del pensamiento humano.6 Así, América, con su exuberancia natural y su diversidad étnica, se mostraba atractiva ante los viajeros ilustrados, toda vez que sus recorridos permitían comprender mejor lo que concebían como “los misterios del Universo”.
En consecuencia, este trabajo busca resaltar los elementos asociados a los testimonios de viaje presentes en Aire Libre como ficción histórica, al tiempo que procura resaltar la presencia de Humboldt y Bompland en Venezuela como figuras viajeras por excelencia; hombres ilustrados cuya búsqueda de riqueza no se centraba en el oro, sino en el conocimiento. De tal manera que el lector podrá advertir la relación entre los diálogos y las imágenes con la importancia de los aspectos geohistóricos, político-económicos y socio-culturales asociados a las narrativas de viaje. Igualmente, podrá apreciar el interés que suscitan los pormenores de un escenario natural y humano en constante proceso de cambio, en el cual entraban en contraste las bases ideológicas del imperio español y el advenimiento de las ideas republicanas. Una época donde la poesía hispanoamericana comenzaba a ver cómo el “aire de la libertad” hacía crujir el viejo roble colonial y se deslizaba sobre la espiga áurea de la emancipación.
Los estudios realizados sobre las figuras de Alexander von Humboldt y Aime Bompland permiten distinguir, entre otras cosas, cómo desde su horizonte científico ambos individuos lograron comprender a plenitud la trascendencia del viaje en la formación del hombre libre.7 La práctica del viaje retaba el espacio-tiempo con inquietud y espíritu de aventura, avanzando sobre tierras ignotas con una evidente aspiración por conocer lo que estaba más allá de los lugares de origen. Había en ellos un deseo incontenible por explorar, reconocer e inventariar el mundo que les había tocado experimentar.
Si bien no fueron los únicos viajeros de su tiempo con estas inquietudes, fueron los encargados de estimular en gran medida las expediciones decimonónicas que dieron cuenta de la realidad de los territorios americanos, analizando el comportamiento de los grupos humanos más allá de las leyendas y las supersticiones, como lo dejan entrever los fotogramas, al tiempo que admiraban la Naturaleza como “fuente de las luces y la garantía de la Razón”8; de esta forma, aportaban nuevos conocimientos al europeo sobre la realidad latente en las tierras de ultramar.
Sin duda, el viaje recreado en el film, aparece como una referencia obligatoria para el estudio de una parte del mundo que incluye la “pequeña Venecia” y que comienza modestamente en Cumaná.9 En su magna obra: Viaje a las regiones equinocciales del nuevo continente (1807), Humboldt evidencia lo visto en sus recorridos por los territorios de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, México y Cuba, demostrando el alcance de los viajes de exploración y su valor para quienes examinaban el orbe en un sentido amplio y taxonómico (Mapa 1). Su ejemplo encabezaría la larga lista de viajeros que recorrieron el suelo americano, en general, y venezolano, en particular, durante el periodo 1799-1899, al asentar para la posteridad la imagen del viajero europeo ilustrado y constituirse en paradigma de la investigación geográfica moderna.10

Si bien el film no recrea el viaje de Humboldt a América desde sus inicios, cabe referir aquí que con el apoyo de la historiografía es posible situar al viajero alemán inicialmente en la ciudad de París en 1798, donde estableció relaciones científicas con los franceses, fundamentalmente con Aimé Bonpland. Francia tenía planificada por aquel entonces una expedición científica a cargo del capitán Nicolas Baudin, la cual se hizo a la mar en 1800. Humboldt tenía la motivación de unirse a este viaje, sin embargo, las circunstancias políticas y bélicas entre ingleses y franceses retrasaron ese proyecto. Sin embargo, el insigne viajero tomó la fragata española Pizarro, capitaneada por Luis Atarjo, y zarpó del puerto de La Coruña (España) el 5 de junio de 1799 ; como lo reseña el diálogo de la película, “con un salvo conducto del rey Carlos IV”. De esa manera, la insigne fragata llegó a la provincia de Cumaná el 16 de julio de aquel año, punto de partida de la secuencia fílmica.11
La obra de Humboldt,12 publicada en francés, a la cual se puede acceder libremente en las bibliotecas de todo el mundo, aborda con un gran contenido geográfico, geológico, botánico, zoológico e histórico una parte importante del territorio visitado. En Venezuela, recorre la península de Araya, Cumanacoa y el valle de Caripe, conoce la cueva del Guacharo y el lago Guanoco, entre otras regiones del oriente venezolano. Igualmente, recorre parte de la provincia de Caracas y avanza hacia Guayana en busca del río Orinoco.13
Si bien las expediciones que antecedieron a Humboldt desde el siglo XVI resultan indistintamente importantes, el viaje representado audiovisualmente por Luis Armando Roche, significó la narración más recurrente entre los viajeros y naturalistas del siglo diecinueve, debido a su acreditado carácter y alcance entre la comunidad científica europea.14 Por tal razón, es posible resaltar tres aspectos relevantes de la película que dan cuenta de la trascendencia de este episodio histórico; a saber:
Ambos expedicionarios advierten su condición de hombre libres, trotamundos, expedicionarios y aventureros; quienes a riesgo de su propia vida penetraron el territorio americano para dar cuenta, con un espíritu científico propio del pensamiento racionalista de la época, de la exuberancia natural del paisaje y la realidad de un territorio lleno de contradicciones políticas, económicas, sociales y culturales.
A diferencia de los viajeros que llegaron a Venezuela entre los siglos XVI y XVIII, con la intención de hacer expediciones de carácter diplomático, civil y militar, para Humboldt y Bomplandt la fascinación del viaje fue mucho más apegada a la de La Condamine,15 es decir, se centraba en abordar estudios sobre botánica, zoología, ecología, geografía e historia, así como sobre las particularidades de la sociedad que hacía vida en las regiones equinocciales.
Se muestran los principios filosóficos de ambos expedicionarios y los ideales de hermandad, fraternidad y amistad como valores humanos que traspasan las esferas culturales. Los niveles de tolerancia, inteligencia y dominio de sí que aporta la universalidad del pensamiento. Al tiempo que subrayan las emociones juveniles, la erótica, el sueño y una valoración sobre la vida en su sentido más amplio; susceptible de ser percibidas en las entrañas de América.
En resumen, el film permite “situar” al espectador en los recuerdos de Humboldt y rememorar su periplo por Venezuela. Si bien proyecta escapes románticos y literarios (propios de una producción cinematográfica con fines de lucro), muestra el intricado y precario viaje por Suramérica desde las costas hasta el Casiquiare (Imagen 2).16 Las imágenes refieren una valoración de la investigación con un alto contenido etnográfico, filosófico y geográfico. Como señala Adolf Meyer-Abich: “El viaje de investigación de Humboldt se distingue de todos los viajes científicos hechos antes y después de él por haber tenido una finalidad filosófica y, más exactamente, una finalidad geofilosófica”.17
La película Aire Libre, desde una perspectiva histórica relacionada con el género de los viajeros, muestra al cinéfilo un tipo de narración que es fundamentalmente descriptiva, al asumir permanentemente las ideas de percepción y asombro como una constante a lo largo de la trama, e introduce al espectador en un plano donde prevalece la seducción de los sentidos ante la novedad de los contextos ajenos cargados de incertidumbre. Como se señaló anteriormente, la remembranza de Humboldt en torno al viaje, sitúa a quien observa en un escenario en retrospectiva, ofrece una vista general de los lugares visitados, las condiciones en que se encontraban los parajes donde pernoctaron y los aspectos relacionados con la dimensión humana.
La secuencia incluye infinitud de elementos geo-históricos, político-económicos y socioculturales. Las descripciones del viaje se muestran emotivas y cargadas de lozanía, sobresaliendo la acuciosidad de las mediciones científicas de los viajeros (geográficas, astronómicas, climáticas, botánicas y geológicas) y su preocupación por el saber. Como personajes centrales, los viajeros hacen gala de un conocimiento erudito, propio de su tiempo y demuestran haber leído los trabajos publicados por sus colegas en el campo de las ciencias naturales, físicas y geológicas.
Asimismo, la película permite apreciar un rasgo fundamental del viajero ilustrado: su capacidad de observación. Ante ellos desfilan las costumbres de los pobladores, las tradiciones, los dialectos y los conocimientos propios de los informantes locales como el caso de Pedro Montana (Carlos Cruz), quien le proporciona “conocimientos excepcionales” sobre la fauna y la flora de su tierra (Imagen 3). Igualmente, observan el contraste entre los individuos y grupos humanos que hacían vida en el marco de la estructura colonial de la época. De esta forma, se establecen diálogos en medio de una alternancia con una realidad “Otra” que deja en evidencia, a través de comentarios y juicios, la necesidad que tiene el científico de la época de ser imparcial, tolerante, justo y ante todo un sujeto de “mente abierta” ante la inmensidad del universo.
De tal manera que el territorio de la Capitanía General de Venezuela (Ver mapa 2), se muestra en la pantalla como punto de apoyo para adentrase en las entrañas de un continente lleno de incertidumbres y aun por explorar e inventariar; una experiencia de viaje que sería considerada a la posteridad entre los más notables realizada por viajero alguno, debido a la cantidad de información recogida, analizada y clasificada.

Entre los rasgos susceptibles de examinar en la película Aire Libre resaltan, desde una perspectiva histórica:
Así, el film permite apreciar lo relativo a lo verosímil y lo imaginario, en un juego de imágenes donde se mezclan la historia el arte y la ilusión en una estética cinematográfica homónima a su título. A pesar de la distorsión de la realidad en la simplificación temporal de los acontecimientos, no se obvia el papel que jugó el racionalismo y el empirismo en las observaciones, ni la universalidad del pensamiento de los viajeros en cuestión, sin embargo, deja al espectador la sensación de extrañeza respecto a un mundo “raro”; es decir, distanciado de la civilización, donde la nobleza del indígena era puesta a prueba por la avaricia del español que lo sojuzgaba o de la Iglesia que lo evangelizaba. La película coloca de por medio los análisis de Humboldt y Bompland, su respeto a la cultura indígena y el reconocimiento de su valores ancestrales. En suma, una caracterización de los personajes que no deja de ser intencional por parte del director y que tampoco se desenvuelve de los aspectos míticos de las leyendas negras y doradas que aún pervive a lo largo del continente.
La trama hace evidente que el viaje ha constituido a lo largo de la historia la mejor formar de radiografiar una región. Como se deja ver en los distintos episodios del film, la escenografía muestra aspectos propios de la población, las características de sus habitantes, semblantes relacionados con la vestimenta propia del trópico, los dialectos y las formas discursivas de los lugareños; así como aspectos relacionados con el gobierno, la economía agrícola, ganadera y artesanal de las provincias; la gastronomía, la música, las fiestas y los actos sociales. Es en este orden de ideas donde mayormente sobresale la relación entre historia y cine, la cual capta y estimula una relectura distinta de la literatura de viajes, lo cual es posible evidenciar pasando revista a algunos elementos tales como:
El encuentro entre individuos y culturas.
Los orígenes del sincretismo cultural y el mestizaje como rasgos distintivos de lo americano.
La importancia de las anécdotas o reflexiones tomadas del viaje como experiencias que ponen a prueba la ética, la moral y la integridad de los individuos.
La riqueza de los testimonios de viaje a la hora de evaluar geográfica y culturalmente una región del mundo, considerando los rasgos multifacéticos de los viajantes.
La multidimensionalidad humana que aflora en el transcurso del viaje y termina por descubrir al viajero ante sí mismo y ante el Otro.
En consecuencia, la propuesta audiovisual permite estimar el resguardo de la imagen de Humboldt y Bompland: viajantes que se sitúan entre el heroísmo y el mito. A su paso se entremezcla lo conocido con lo desconocido, se descubre el por qué de su arribo y se les presume como “aves de paso”. El observador disfruta las alegrías y tragedias de los trotamundos y el viaje se hace cada vez menos una aventura que una búsqueda. Las distintas fases del desplazamiento corresponden a un proceso de iniciación, asombro, adaptación, reconocimiento, apropiación y deslinde, donde los viajeros dejan de ser los mismos en cada etapa. Así, el viaje pasa de ser estrictamente exterior, para ser experimentado bajo una mirada introspectiva.
Sin duda, alrededor de las figuras de Humboldt y Bomplant comienzan a figurar imágenes caballerescas que regularmente dan paso al sujeto “justo” que enfrenta la realidad con amplitud de miras; adoptando comportamientos propios de los aldeanos pero sin que pierda su condición de observador. Es decir, sin olvidar cómo la fiebre de los descubrimientos y la fascinación de lo maravilloso no son motivo para sucumbir a lo sobrenatural.
La película también permite advertir cómo el aporte dado por Humboldt a los estudios geográficos de Venezuela se pierde de vista; y como inspiró el reconocimiento del territorio y alentó con firmeza a quienes tuvieran la capacidad intelectual y física para explorar a profundad el territorio americano.
El filme venezolano, sitúa a Humboldt y Bompland en America, un continente aun desconocido, al tiempo que hace consciente las condiciones políticas y socioculturales de los habitantes, legando una concepción unitaria del mundo en su diversidad fenoménica. Evidentemente, este hecho determinó el interés de otros expedicionarios. Ante los cuadros de la naturaleza, mostrados en sus publicaciones y exposiciones, muchos se sintieron atraídos a conocer el caleidoscopio geográfico y sociocultural del trópico; a estudiar sus bondades y miserias. Como señala José Ángel Rodríguez:
El viajero más famoso que ha visitado Venezuela es Alexander von Humboldt. Su recorrido científico expuesto en su obra Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, se convirtió en fuente de consulta e inspiración para otros viajeros que, por razones diversas, recorrieron el país a lo largo del siglo XIX. En efecto, no fueron pocos los visitantes decimonónicos – alemanes y de otras nacionalidades – que suman alrededor de doscientas personas entre científicos, comerciantes, militares, dibujantes y pintores, que tomaron la obra de Humboldt como una referencia para enfrentar los nuevos paisajes que tenían como objetivo visitar, situación que se prolongaría de igual manera en buena parte del siglo XX y que llega incluso hasta nuestros días. Hubo, de esta manera, viajeros que vinieron a observar lo que ya el sabio alemán había visto con anterioridad, destacando los prodigios de la naturaleza venezolana, tan to por vía de la escritura como con la pintura y la fotografía.18
Claro está, antes de que Humboldt y Bompland llegaran a tierras hoy venezolanas, existían relaciones, descripciones, historias y cartografías elaboradas por viajeros, exploradores, comerciantes, oficiales y cronistas. Sin embargo, como se puede apreciar en Aire Libre, es Alexander von Humboldt quien impregna con su espíritu científico la información recabada en su estancia en la entonces Capitanía General de Venezuela. Como escribiera Pascual Venegas Filardo:
En América y en Venezuela se había estudiado la ciencia de la naturaleza. En cronistas de Indias que hablan acerca de nuestro país, en los primeros libros en los cuales hallamos una concepción sistemática de lo nuestro como en la obra de Joseph Luis de Cisneros, viajero anónimo pero hombre a quien debemos llamar i lustre por el valor conceptual de muchas de sus expresiones y por su alto don de observación, ya se nos señalan aspectos de la naturaleza venezolana y se nos entregan al respecto rudimento de geografía aplicada. Pero habría de venir Alejandro de Humboldt a nuestra tierra, para darnos una hermosa visión de ella, para sembrar de inquietudes las iniciativas de nuestros estudios del siglo XIX, y para abrir derroteros a Vargas, a Fermín Toro, a Arístides Rojas, A Adolfo Ernst, a Agustín Codazzi, de lo que había de mirarse y estudiarse, clasificarse y sistematizarse dentro del espléndido panorama de la flora y fauna, de la minería, de la geología, de la hidráulica, de nuestro país.19
Si se evalúa la experiencia humboldtiana como la obra que generó más admiración en su tiempo e impulsó un gran movimiento de exploradores, pintores, naturalistas, botánicos e ingenieros militares, entre otros, puede hacerse una idea de su importancia. Tómese por caso el trabajo de figuras centrales de la geografía venezolana y colombiana como Agustín Codazzi (1783-1859). En carta enviada a este militar italiano en 1841, Humboldt expresó:
Dulce es para mí haber vivido bastante para ver terminada una empresa vasta, que, ilustrando el nombre del coronel Codazzi, contribuye a la gloria del gobierno que ha tenido la sabiduría de protegerle. Lo que yo intenté hacer en viaje rápido, estableciendo un conjunto de posiciones astronómicas e hipsométricas para Venezuela y la Nueva Granada, ha hallado, señor, por las nobles investigaciones de U., una confirmación y desarrollo que exceden a mis esperanzas.20
Como elemento a resaltar dentro de la secuencia fílmica, más allá de las enfermedades y las penurias de la travesía, la Naturaleza se muestra pródiga, destacándose los ríos caudalosos, la vegetación exuberante, la fauna exótica, el clima, las selvas vírgenes y las características de una población estratificada, resultante de un proceso de mestizaje complejo.
En la mirada que el director adjudica a Humboldt y Bompland, existe un permanente interés por estudiar el cosmos. En consecuencia, el trópico se prefigura como una fuente inagotable de experiencias, novedades y representaciones, donde era posible demonstrar desde la pasividad de las costas, la inmensidad de los llanos, hasta la magnificencia de las cumbres heladas, la existencia de un modelo trizonal (zona el agricultura, zona de pastos y zona de bosques) que situaba los estadios de la humanidad y que encontraba en Venezuela su máxima expresión (Imagen 5).21
La película admite imaginar cómo la expedición de Humboldt y Bompland a América trajo al continente un importante material científico y los más modernos instrumentos de medición de la época (Imágenes 6 y 7). Las obras escritas que viajaban en sus alforjas permitieron redescubrir el “Nuevo Mundo”, especialmente entre los europeos residentes en América. 22 Efectivamente, su imagen de viajero ilustrado lo ubica como un defensor del enciclopedismo francés y el cientificismo alemán en territorio venezolano, permitiendo conocer el mundo como un todo, es decir, lo natural en relación con lo social, dando luces a los hombres que llevaron a cabo los proyectos políticos posteriores a su expedición. Como lo refleja el film, promovió la investigación científica y racionalista con denodada filantropía, planteando una “nueva visión” del mundo.
De tal manera, el cine, como la industria por excelencia en la elaboración de ilusiones audiovisuales, que sitúa al espectador en medio de un conjunto de percepciones y emociones intencionales, nos aproxima a través de Aire Libre a reconocer, más allá de las peripecias y la erótica, una historia intelectual, cargada de humanismo y veneración por la libertad. Muestra el valor del pensamiento como una virtud universal para el hombre y exalta el viaje como una actividad inherente al ser humano, sujeto y objeto de la Historia.
Al cierre de este análisis, resulta importante precisar que la práctica del viaje, entendido como un reto al espacio-tiempo con inquietud y espíritu de aventura, avanzando sobre tierras ignoradas con el deseo de conocer lo que se encuentra más allá de los lugares de origen; significó para ambos expedicionarios la concreción de un ardoroso deseo por explorar, reconocer e inventariar el mundo. La secuencia fílmica permite prever, en sus diversos planos, elementos geohistóricos, político-económicos y socio-culturales sui generis; propios de la Venezuela de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
En la película se pueden apreciar descripciones emotivas y cargadas de lozanía, matizadas por mediciones científicas que exploran cualitativa y cuantitativamente la realidad geográfica, astronómica, climática, biológica y geológica de esta parte del mundo. En sí, la película admite imaginar cómo la expedición de Humboldt y Bompland a América inventarió en parte el continente y dotó a la posteridad de la imagen del viajero ilustrado por excelencia. De tal manera, el cine, esa maravillosa industria de la ilusión audiovisual, nos aproxima a través de Aire Libre a reconocer una historia intelectual, cargada de humanismo y veneración por la libertad, al tiempo que muestra el valor del viaje como una constante en el devenir del hombre en sociedad.













