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Diáspora transnacional de comunidades entre menonitas de México y Brasil
Revista mexicana de sociología, vol.. 80, núm. 4, 2018
Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM

Artículos


Recepción: 06 Abril 2017

Aprobación: 13 Diciembre 2017

Resumen: Los menonitas son un grupo étnico-religioso que surgió en el siglo XVI, derivado del anabaptismo. Desde su origen han tenido diferentes etapas migratorias por Europa. En el siglo XX, un grupo de menonitas llegó de Canadá a México y otro salió de Alemania con rumbo a la región sur de Brasil. Los menonitas migrantes nacidos en países como Brasil y México han construido una narrativa que les permite edificar diferentes identidades, sobreponerse al destierro europeo y ser prósperos, lo que los ubica en una condición de diáspora debido a la dispersión mundial.

Palabras clave: diáspora transnacional, menonitas, México-Brasil, narrativas.

Abstract: Mennonites are an ethnic-religious group that rose out of the Anabaptists in the 16th century. Since their inception, they undergone various migratory stages throughout Europe. In the 20th century, one group of Mennonites migrated from Canada to Mexico and another left Germany for Southern Brazil. Immigrant Mennonites born in countries such as Brazil and Mexico have built a narrative that allows them to create different identities, overcome their exile from Europe and become prosperous, which has made them a diaspora, since they are scattered throughout the world.

Key words: transnational diaspora, Mennonites, Mexico-Brazil, narratives.

Aplicar el concepto de diáspora en colonias menonitas resulta interesante, debido a la movilidad migratoria con la que se ha forjado la historia de ese grupo étnico-religioso. Ello le ha permitido sistematizar gran parte de sus conocimientos agrícolas y pecuarios, así como robustecer el sistema de organización y la divulgación de su religión. En este artículo se busca comprender cómo las colonias menonitas han logrado desarrollar mecanismos para convivir con distintas culturas, sin que ello les afecte de manera profunda en el estilo de vida; tampoco importan la nacionalidad, los países, las regiones ni los continentes donde se asienten.

El tema de la diáspora menonita en el mundo se ha estudiado desde el punto de vista sociocultural, como grupo étnico y religioso. Sin embargo, es importante recuperar narrativas de cómo esos migrantes han logrado fincar asentamientos y colonias de éxito económico. Hacer esto permitirá analizar el discurso identitario y, con ello, comprender la cohesión que mantienen las colonias menonitas como colectivo y la transmisión de valores y tradiciones a través del tiempo.

Para ello se revisarán dos casos, uno ubicado en el norte de México y otro en el sur de Brasil. A pesar de que los puntos de migración fueron diferentes, los tiempos los ubican en situaciones similares. Los migrantes debieron adaptarse a los cambios, aunque ahora en la parte latinoamericana.

Por lo tanto, es necesario hacer una revisión de la forma en que se crearon los asentamientos menonitas en México y Brasil, dos países latinoamericanos que a principios del siglo XX apoyaron la migración gracias a una política de apertura a ciudadanos de origen europeo (Suárez, 2005). En ambos casos, la significación de este estudio se encuentra en el punto donde la tradición religiosa logró mantener la unidad entre los miembros de la comunidad y consolidó ambos proyectos, aunque por separado.

Toda esa construcción narrativa es la que está en el interés de los autores, con los objetivos de comprender acciones, situaciones, personajes y lugares que reconstruyen el actuar de sus antepasados y justifican las decisiones que, ahora, son respetadas por las jóvenes generaciones.

La información que se muestra es la que se ha recopilado a través de biblio-hemerografía, así como de datos obtenidos en diferentes colonias de menonitas en México, como algunas de Chihuahua (2012) y Quintana Roo (2013), y entrevistas realizadas durante una estancia en la colonia de Witmarsum, Palmeira, Brasil, en 2014. En esta última se aplicaron entrevistas a quienes recuerdan su salida de Rusia (cuando eran niños y adolescentes) hasta la llegada, el asentamiento en Santa Catarina y el posterior cambio a Witmarsum, en el municipio de Palmeira, al sur de Brasil. Las preguntas que se hicieron fueron similares a las de otros proyectos de investigación con las colonias menonitas en México.1

Para cumplir los objetivos, el presente texto se compone de cuatro apartados. El primero de ellos expondrá la discusión que se tiene sobre la diáspora y la necesidad por continuar y ampliar la discusión con ejemplos no sólo de tipo político o de seguridad nacional, sino más vinculados con una perspectiva de corte sociocultural. Posteriormente se pasará a la exposición sobre la situación de los menonitas en Brasil y México, para comprender la configuración de los migrantes desde finales del siglo XIX, como una diáspora migratoria europea y, posteriormente, la llegada de los menonitas a América Latina. En el tercer apartado se mostrarán las situaciones de los colonos, en las que se puede observar la estructura narrativa identitaria, que se maneja de forma similar entre los colonos menonitas; es decir, a partir de la transformación de su entorno, el trabajo, las mercancías, la religión y el sentido de comunidad. Por último, se añaden algunos apuntes para continuar la reflexión sobre lo que ocurre en ambos países.

La diáspora. Trasnacionalidad y translocalidad

Con base en la literatura revisada, el concepto de diáspora, que proviene del griego y se refiere a dispersión, se ha involucrado de manera combinada con otros conceptos como la translocalidad o la transnacionalidad (Novick, 2008; Sheffer, 2013). Estos son conceptos que pueden entenderse mejor bajo el esquema global en el que actualmente se encuentra la dinámica mundial, donde diferentes grupos sociales realizan amplios y profundos desplazamientos poblacionales desde varios puntos geográficos.

Según Gabriel Sheffer (2013), la diáspora puede explicarse mediante cuatro factores. El primero es la disponibilidad de medios de transporte, pues se abren opciones de intercambio marítimo, desarrollo de carreteras y vías rápidas tanto para automotores públicos como privados. Hay que añadir la integración de redes de comunicación vía telecomunicaciones; así se superaron los límites geográficos de los diferentes países, a pesar de las políticas antimigratorias que algunas naciones pudieran imponer para protección de sus fronteras. El segundo factor es la integración que se ha formado en este contexto de globalización, que se generó a partir de las economías y las zonas fronterizas como parte de “un cuerpo internacional” (Sheffer, 2013: 228). El tercer factor tiene un tinte más individual, pues responde a las decisiones propias del emigrante. Éste tiene la intención de mejorar su estilo de vida, por lo que busca algún país destino. Dejar el lugar de origen para conseguir un mejor futuro puede implicar un sentido de esperanza y hasta optimismo por el cambio, pues insertarse en una nueva sociedad y en una nueva cultura no es tarea fácil, en especial si no se cuenta con una red de apoyo que ayude a integrarse en la sociedad receptora. El cuarto factor es la persuasión; propiamente, elementos individuales de oportunidad invitan a hacer la migración y, dado el contexto global, las implicaciones son positivas en su mayoría. Cuando se ha identificado un lugar donde existen posibilidades de alcanzar las aspiraciones, es posible hallar la persuasión necesaria para emprender el desplazamiento territorial.

Estos cuatro factores que identifica Scheffer están íntimamente unidos y permiten a las diásporas el fortalecimiento y la ampliación de sus vínculos, si se consideran las múltiples tecnologías de comunicación, pues ello ayuda a que los pioneros de las diásporas intercambien perspectivas con aquellos que aún se mantienen en el lugar de origen y que comience un puente para impulsar el flujo de personas cada vez más extendido, ya que no sólo incluirá a miembros de la familia, también a amigos.

Sin embargo, es necesario hacer una distinción entre los diversos tipos de diásporas, pues tres factores mencionados anteriormente (medios de comunicación, integración del contexto global y toma de decisiones) se relacionan con una acción individual, pero el cuarto factor es la dispersión cultural y religiosa de nivel transnacional, pues puede considerarse, a partir de la compactación del grupo, el colectivo o hasta la comunidad, ya que son bloques humanos que se han marcado una meta y en conjunto trabajarán por ella. Las comunidades que se mantienen en unidad son las que pueden mantener con mayor firmeza y claridad el nivel organizacional del propio grupo.

Es decir, se trata de colectivos que, al salir de su lugar de origen, se ubicarán en una nueva residencia y no necesariamente deben ser parte activa de la comunidad receptora. La organización interna puede ser tan autosuficiente que sólo por cuestiones administrativas o comerciales tienen que interactuar con los residentes locales. La distancia con la comunidad receptora será no sólo por cuestiones de seguridad para los miembros de la diáspora, sino también por contener una mezcla intercultural.

En ese sentido, desde un punto de vista político, los problemas con los migrantes son casos extremos que pueden ser considerados como una amenaza a la seguridad nacional (Arendt, 2010). Sin embargo, a partir del concepto de diáspora se permite comprender más aristas de los desplazamientos humanos, ya que implica considerar los contextos local, regional, estatal, nacional y hasta transnacional, los cuales son poco estudiados, y es necesario abrir la discusión en cuanto al tema, pues las diásporas tienen lugar desde tiempos antiguos.

Aclarado lo anterior, se puede ubicar la subcategoría de diásporas etno-nacionales, en algunos casos etno-nacional-religiosas. Los miembros poseen los mismos orígenes étnicos, nacionales y religiosos; residen en forma permanente en los países receptores y se han integrado a aquella región, aunque no están totalmente asimilados ni se consideran miembros de aquellas sociedades.

En el caso que nos ocupa, los menonitas son una cuestión etno-religiosa, ya que tienen como característica evitar la adscripción a una nacionalidad en particular, pues esto fue el motivo, en mucho tiempo, por el que se generaron las persecuciones y expulsiones que los han llevado a desplazarse por diversas partes del mundo.

Actualmente, una de las actividades que más se promueven en colonias menonitas, con una buena economía local, es la misión, que se apega a los principios básicos de su religión. Esto es, brindar ayuda a otros por medio de fundaciones u organizaciones civiles, pero también promover su iglesia. Con ello queda fincado también, según sus líderes eclesiales, el valor de la solidaridad interna que deben mantener los menonitas como grupo étnico. Desarrollan diferentes formas de relacionarse con el mundo actual, por lo cual es común que existan comunidades eclesiales que se mantienen como “conservadoras” o “tradicionales”, mientras que otras pueden ser llamadas “progresistas” o “abiertas”.

El transnacionalismo

En palabras de Mirko Marzadro (2009), diáspora y transnacionalismo pueden considerarse hallazgos desde una visión sociológica. Ambos conceptos suponen el análisis de las migraciones, pero con la diferencia de sugerir no sólo la investigación de contextos, sino revisar la construcción de relaciones entre dos o más territorios y sociedades; es decir, comprender la situación en la que viven aquellos sujetos o grupos y explicar los contextos que impulsaron la partida de ciertos territorios y el arribo a otros.

El poner al centro de la atención las localidades donde acontecen prácticas transnacionales y reconstruir su historia permite identificar las oportunidades y construcciones políticas, económicas, sociales y culturales que facilitan la formación y la reproducción de la población migrante y del territorio migratorio (Marzadro, 2009: 39).

De esta forma, los estudios sobre migraciones internacionales tienen ante sí una oportunidad para revisar los campos de investigación en los que se han desarrollado, ya que no es suficiente hacer planteamientos que revisen causas, procesos, lugares o modelos y estrategias de migración, o enfocarse sólo en las transformaciones sociales que se registran en el entorno del país o la región que acogió a los migrantes.

Las diásporas implican movimientos de sujetos o grupos humanos que mantienen su identidad, cultura e idioma, de manera general, y en la actualidad son procesos más complejos que a su vez son posibles por el mismo entorno global, en el que la importancia de las redes y las estrategias para el desplazamiento son cada vez más dinámicas. Las migraciones no sólo son pendulares o de una sola trayectoria; ahora son más dispersas y diversas e incluso puede afirmarse que son multidireccionales; más complejas y eficientes, debido en buena medida a los medios de comunicación, en los que la presencia de las redes sociales permite articulaciones para el contacto e intercambio de información sobre lugares donde vivir, rutas que seguir o contactos que establecer. Así, se puede pensar en rebasar las diferencias geográficas, culturales e incluso las económicas.

Por ejemplo, a los primeros asentamientos de menonitas que se registraron en el estado de Chihuahua, México, en 1922, siguieron otros a fines de la década de 1950, al norte de esa misma entidad. Así, continuaron en más estados del país, como Durango, Zacatecas y, más recientemente, a Campeche y Quintana Roo. En 1967, se desplazaron al sur del continente, rumbo a Paraguay, Bolivia y Argentina (Löwen-Sahr y Heindrich, 2016).

Estos últimos desplazamientos en ocasiones se deben a que la representación de la iglesia es demasiado conservadora y considera un riesgo estar tan cerca de ciudades, las cuales pueden poner en riesgo el pensamiento religioso. Así, prefieren emigrar, en grupos familiares, a lugares más aislados, pequeños, seguros para sus prácticas productivas y lejos de los medios de comunicación, a los cuales consideran distractores de su estilo de vida.

Actualmente, sin importar su ubicación o tipo de iglesia (conservadora o liberal), todas las colonias mantienen una estrecha vinculación no sólo entre ellas y los puntos de los cuales migraron, sino también con la base eclesial, que se ordena desde el Congreso Mundial Menonita, que tiene sede en Canadá, y que cada año organiza una reunión de carácter internacional en la que revisa su situación y define criterios de acción. A decir de esta organización, tan sólo en América Latina tiene presencia en 26 países, de acuerdo con información de la Mennonite World Conference (<www.mwc-cmm.org>).

La translocalidad

El concepto de translocalidad (Löwen-Sahr y Heindrich, 2016) se muestra relevante en esta investigación para permitir explicar algunos límites rígidos que involucran a los procesos de intercambio y las transferencias culturales, como procesos de formación de redes familiares en diferentes escalas. En el contexto que nos ocupa, las sucesivas migraciones de los menonitas, desde el siglo XVI, los ubican como uno de los primeros grupos en la producción de espacios transnacionales, por lo que puede considerarse que, a partir de la constante experiencia migratoria, los menonitas han construido sus propias translocalidades.

El caso menonita puede considerarse una diáspora no sólo por el sentido étnico y los desplazamientos que ha tenido, sino también porque procura conservar los principios religiosos que le dieron origen y que, a lo largo de los años, le ha permitido proteger su identidad y unidad como comunidad étnica y sin adscripción a una nacionalidad en particular.

Como se mencionó anteriormente, el concepto de translocalidad es relevante para explicar y rebasar los límites de los procesos de intercambio y las transferencias culturales, pues crea, refuerza y dinamiza diferentes redes sociales y culturales en diferentes tipos de comunidades, niveles de producción tecnológica y económica (Sahr, 2000).

Así, reflexionar sobre la situación de los menonitas que se asentaron en México en 1922 y en Brasil a partir de 1930 permite analizar los procesos migratorios y reconstruir los impactos en una localidad en particular. En ambos casos es necesario reflexionar que los vínculos entre los colonos que decidieron no migrar y quienes salieron se mantienen adaptados a los contextos locales, pero desarrollados en niveles globales. De esta manera se refuerzan lazos familiares, los cuales pueden establecerse incluso con ciudades europeas, donde se respeta la adscripción a diferentes iglesias.

En una familia menonita de México, que tiene en promedio de seis a ocho hijos, alguno o algunos de ellos deberán migrar cuando formen su propia familia, pues los padres carecen de las tierras suficientes para cultivar; si viajan a otro estado o país, por lo general lo harán en compañía de otras familias que se encuentren en la misma situación. Antes de hacer el viaje se aseguran de contar con los documentos y objetos necesarios para ese objetivo. La distancia es relativa, pues siempre mantienen comunicación con sus familiares; de ahí que los menonitas de México guarden relación profunda con miembros de Estados Unidos o Canadá, lo mismo que los de Brasil, quienes se relacionan con los europeos.

En este sentido, en la diáspora menonita se ubican diferentes sistematizaciones para la creación de identidad, donde el “otro” es un sujeto que les permite identificarse como diferente, ya que en esa dinámica los menonitas han atravesado por varias naciones sin aceptar ninguna en particular. Pareciera, después de todo, que aceptan desde un principio su diferencia y se asumen como los “otros”, los que son diferentes, y por ello tratan de mantener distancia, y ser diferentes no sólo por su religión, sino también por el estilo de vida.

Así, en términos de convivencia con la sociedad receptora, los menonitas tienen un comportamiento diferenciado en ambos países latinoamericanos y puede decirse que depende, en buena medida, del tipo de iglesia a la que pertenecen sus miembros. En el caso de México, existe una fuerte presencia de iglesias tradicionalistas o conservadoras, las cuales limitan la interacción sociocultural entre menonitas y mestizos. Si bien la convivencia es directa y dinámica en cuestiones económicas, debido a que los menonitas tienen grandes inversiones en el sector agropecuario, no siempre se da una interacción que demuestre una mezcla cultural.

Fue hasta hace poco, no más de 10 años, que comenzó una mayor interacción de menonitas en los negocios del sector servicios, pues hay más contacto entre las poblaciones del oeste de Chihuahua. Ello es resultado de la apertura para la promoción y difusión de su cultura. Por ejemplo, en Ciudad Cuauhtémoc existe el Museo Menonita, así como hoteles, restaurantes y tiendas de alimentos administrados y desarrollados por miembros de esa colonia exclusivamente, lo cual ha impulsado tanto a hombres como mujeres a dominar el español.

Es apenas hasta las jóvenes generaciones que se puede “jugar” con las diferentes nacionalidades. Tanto el gobierno de México como el de Brasil son flexibles en ese sentido, aceptan la doble nacionalidad, y mientras que los colonos mexicanos pueden optar por la canadiense o estadounidense, en Brasil se identifican más con la nacionalidad alemana, debido no sólo a que se habla el idioma como segunda lengua, sino también porque logran establecer vínculos familiares con ciudadanos de ese país.

Si bien ahora puede detectarse esa ventaja de interactuar, en las anteriores generaciones hubo una distancia, que se debió a dos posibles situaciones que por muchos años se convirtieron en una barrera. La primera fue la aceptación del gobierno de Álvaro Obregón para firmar un Privilegium en 1921, mediante el cual se les permitió a los menonitas continuar con sus tradiciones, idioma y cultura, así como exentar a los hombres del servicio militar nacional. Estas prerrogativas sin duda ocasionaron una distancia mayor entre menonitas y chihuahuenses. De esta forma, los menonitas no estaban obligados a acudir a la escuela oficial para comprender a la otra sociedad receptora. Ellos tenían su propio modelo educativo, que sólo abarcaba el nivel básico de seis años. Se estudiaba la Biblia y se enseñaban conocimientos básicos de lectura, escritura y aritmética.

La segunda situación tuvo lugar en el nivel de la comunicación, pues en México poco se promueve el aprendizaje de un segundo idioma. Chihuahua, a pesar de la cercanía con Estados Unidos, no tiene entre sus políticas educativas la enseñanza de un idioma extranjero como el inglés; aunado a ello, a pesar de los casi 100 años de la llegada de los menonitas a esa entidad, tampoco se ha promovido la enseñanza del idioma alemán bajo o pläutdietsch, que es la lengua originaria de los menonitas, como estrategia de reconocimiento a la diversidad cultural que integra a los diferentes municipios de Chihuahua.

En el caso de los menonitas de Brasil, aunque no se aceptó ningún tipo de Privilegium como ocurrió en México, también se marcó una distancia, pero más en términos geográficos. Al principio, la primera colonia de menonitas se ubicó en regiones de poco acceso en cuanto a vías de comunicación. Dicha situación les impidió desarrollarse como tenían planeado. Tuvieron que cambiar de ubicación y vivir con relativa lejanía de las grandes ciudades. Una vez reasentados, asumieron las obligaciones indicadas por el gobierno brasileño. En las escuelas de la colonia Witmarsum se les enseñó portugués y alemán; dentro del núcleo familiar se practicó el idioma pläutdiestch, como una forma de estrechar lazos con su grupo étnico, así como blindar su identidad étnico-religiosa.

En ambos casos tienen una constante comunicación con miembros de otras colonias no sólo de la parte latina, sino también con Canadá y Estados Unidos, principalmente mediante la Mennonite World Conference, que cada año celebra sus reuniones para marcar objetivos eclesiales.

Los menonitas como diáspora transnacional

La iglesia menonita comenzó en Europa durante el periodo de la Reforma del siglo XVI, el día 21 de enero de 1525. Los primeros organizadores fueron Conrado Grebel en Suiza y Menno Simons en Holanda. De la Reforma se formaron cuatro grandes líneas de la Iglesia: la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia luterana, la Iglesia reformada conocida como presbiteriana, y los anabaptistas; de estos últimos se derivan los menonitas (Horsch y Bender, 1978).

El comienzo del anabaptismo tuvo lugar con el reformador Zwinglio, de la ciudad de Zurich, Suiza, de 1519 a 1523. A finales de 1523, algunos de sus colegas universitarios, como Conrado Grabel y Félix Mans, sintieron que Zwinglio estaba más concentrado en la aprobación de los senadores de Zurich que en continuar con las directrices de la palabra de Dios. Grabel y sus seguidores insistieron en que Zwinglio llevase adelante el programa original y reflexionara sobre el bautismo de los niños. Ellos querían establecer inmediatamente congregaciones libres de discípulos dedicados, bautizados después de una confesión de fe en Jesús, y que siguieran una nueva vida. Por poco más de un año Grabel intentó persuadir a Zwinglio para lanzar un programa del mismo estilo del libro de Atos. Grabel perdió la paciencia e inició el bautismo de los creyentes (anabaptismo) en enero de 1525, estableciendo así las bases de lo que posteriormente se conocería como iglesia menonita.

El término menonita se derivó del nombre de su fundador, Menno Simons (1496-1561), quien fue un sacerdote católico, pero se unió al grupo de anabaptistas holandeses en 1536. Durante 25 años, dirigió las iglesias dispersas por Alemania y Holanda, orientando al movimiento (Dyck, 1996).

La primera migración de menonitas se registró a mitad del siglo XVI, rumbo a Danzing, Polonia. Allí los menonitas se establecieron. Lograron consolidarse como artesanos y agricultores de trigo, además de fortalecerse como criadores de vacas lecheras y productores de lácteos. Desarrollaron ambas actividades con habilidad y perfección. Con el paso del tiempo el ámbito agropecuario fue la base para el desarrollo de su futuro. Así, construyeron escuelas con enseñanza en el idioma propio, el pläutdietsch.

Los menonitas anabaptistas evangélicos fueron perseguidos y combatidos por causa de su fe en Suiza, Holanda y Alemania. A mediados del siglo XVIi, la zarina Catalina les ofreció tierras en Ucrania. Participaron activamente en el desarrollo agrícola de ese reino (Bautista Flores, Arroyo Arcos y Llera Pacheco, 2014). Durante 150 años, se ampliaron los cultivos a las estepas de Siberia, en los márgenes del río Volga, y los campos de Crimea. En ese periodo fundaron 380 granjas y colonias, con lo que contribuyeron decididamente al desarrollo del continente ruso. Se volvieron agricultores y perfeccionaron los modelos de producción para el cultivo del trigo.

Los menonitas llevaron a Prusia técnicas holandesas y se hicieron de grandes extensiones de tierra y usaron la tecnología drenando el suelo para sacar agua. Igualmente, desarrollaron la agricultura. Una de las características de los grupos menonitas es el ser un pueblo pacifista, por ello, cuando se da la guerra entre Prusia y Suecia, el emperador Federico “El Grande” se molesta con los grupos menonitas, quienes se apartaron de todo conflicto militar y rehuyeron el enlistarse con el ejército para combatir a Suecia y posteriormente para enfrentar a Alemania, Holanda y Francia (Llera Pacheco y Bautista Flores, 2013: 16).

Luego de varios años cayó el imperio zarista. Las cosas cambiaron. Entre los principios de los menonitas, como lo indica la cita, se encuentra el pacifismo. Tienen prohibido promover o participar en cualquier acción violenta en contra de otro ser humano, por lo que evitan entrar en movimientos bélicos. A causa de ello, constantemente se encontraron en la disyuntiva de ser presos y perseguidos o migrantes. Por lo general, es común que elijan ser migrantes.

Al ser obligados a realizar el servicio militar en las tierras europeas, decidieron partir con rumbo a Canadá en 1870. El primer tercio del siglo XX es el periodo en el que se identifican más procesos migratorios de los menonitas. Las causas fueron los constantes ataques y expulsiones de los territorios ocupados. Como consecuencia de las revoluciones rusas (1905 y 1917), la posterior guerra civil, y las colectivizaciones comunistas de Stalin (1920-1930), alrededor de 21 000 menonitas emigraron a Canadá (Ontario, Saskatchewan, Alberta, Columbia Británica). Pero al cabo de algunos años, debido a las diferencias con el gobierno canadiense, decidieron migrar al sur, en busca de seguridad para su grupo. En 1922 arribaron a México luego de largas negociaciones con el entonces presidente Álvaro Obregón.

En esa oleada de cambios geopolíticos también se ubicó la llegada de los menonitas a Brasil y Paraguay. Por último, la Segunda Guerra Mundial causó otras corrientes hacia Canadá y Paraguay (Löwen-Sahr, Sahr, Philippsen y Gomes, 2014).

Al revisar los diferentes momentos en los cuales los grupos menonitas han migrado, puede decirse que los desplazamientos tienden a ubicarse en ciclos de estancia, los cuales se explicarán con mayor detalle líneas adelante; se comprenderá que en cada asentamiento menonita se mantiene el sentido colectivo o de comunidad, lo que les permite desarrollar mecanismos para promover el desarrollo agropecuario local como la principal fuente de riqueza. Esto, debido a que han creado un conocimiento sobre la agricultura (principalmente en la producción del trigo) y la ganadería lechera (para la producción de quesos). Se adaptan a los contextos de la vida moderna; trabajan en los lineamientos económicos propios del lugar de residencia e incluso llegan a desarrollar modelos económicos exitosos, como es el caso del corredor industrial en Ciudad Cuauhtémoc y sus manufacturas lácteas en México, así como la Cooperativa Witmarsum, en Brasil, especializada en quesos finos, dedicada a la exportación en el mercado europeo.

Con esa base económica, la organización social y política se sustenta en varias iglesias, las cuales contemplan gradientes distintos en cuanto a las interpretaciones de la Biblia y con ello definen formas de vida, por lo que es posible identificar a los menonitas tradicionalistas, que mantienen restricciones y limitaciones a la vida exterior y al uso de tecnología, con lo cual en ocasiones pueden ser concebidos como una comunidad cerrada. Sin embargo, debe mencionarse que es a partir del rito del bautismo que no sólo se acepta a un miembro en la iglesia, sino que además implica un respaldo de la comunidad al nuevo integrante y éste, a su vez, se compromete con la comunidad, pues a partir de ese momento habrá de dedicar buena parte del tiempo al trabajo en común (Bautista Flores, Sánchez Carlos y Llera Pacheco, 2013).

Un ejemplo muy claro es la selección del jefe de colonia, quien debe atender todas las necesidades y demandas de sus vecinos, hacer gestiones en las instancias que se requieran y tomar decisiones en beneficio de la comunidad. Esta encomienda es derivada del voto directo de los vecinos, por lo que tiene vigencia hasta que se diga lo contrario. No tiene ninguna remuneración, beneficio o compensación, ni está bien visto que se renuncie de forma anticipada o sin motivo.

La llegada de los menonitas a México y Brasil

En este apartado se explicará la forma en la que las colonias de menonitas fueron asentándose en América Latina, y cómo cada una se compone de una serie de diferencias y adaptaciones a los Estados y gobiernos en la región de los países receptores.

El arribo y el Privilegium en México

Los menonitas llegaron a México a través de la compra de tierras en el municipio de Cuauhtémoc, Chihuahua, en 1922, provenientes de Canadá. En aquel país tuvieron diferencias con el gobierno local, debido a que se les solicitó la incorporación del sistema educativo menonita al oficial, así como aceptar el idioma inglés y la participación de los hombres en el servicio militar (Allouette, 2014). Ese fue el detonante para comenzar a explorar otros países. México fue el que mayores oportunidades prometió a los migrantes. Desde entonces a la fecha se han extendido de manera amplia las colonias de menonitas en gran parte del territorio mexicano, así como en otros países de América Latina.

De 1922 a 1925, miles de menonitas migraron de Canadá a México. Se fundaron dos campos generales: Manitoba, con 42 campos numerados del 1 al 42, y Swift Current, conformado por 17 campos ordenados del 101 al 117. La mayoría de los menonitas que migraron pertenecían al grupo denominado Old Colony, parte de la iglesia tradicional. En pocos años, los residentes de Cuauhtémoc en Chihuahua y Patos en Durango adaptaron el paisaje y lo transformaron en pastizal propio de las campiñas canadienses.

En la década de los años cincuenta comenzaron los desplazamientos al noroeste de Chihuahua. Con el pasar del tiempo y el crecimiento de la población, volvieron a necesitar tierras y buscaron nuevas opciones. En 1958 se desplazaron a Belice, por lo económico de las tierras. Al año siguiente, en 1959, de Ciudad Cuauhtémoc salió un grupo de familias para asentarse en la región de Casas Grandes, al noroeste de esa entidad; ahí fundaron la colonia Buenos Aires. En 1962 otro grupo salió de Chihuahua y se unió a sus compañeros de Durango para posteriormente colonizar en Zacatecas (entrevista al señor Abraham Peters, 15 de marzo de 2017).

A causa del constante crecimiento de las colonias en Chihuahua y de la cercanía a las grandes ciudades, un grupo de familias se mudó a Bolivia, pues afirmaron que había más certeza para sus cosechas, debido a la cantidad de agua que baja de los Andes y la libertad que les ofreció aquel gobierno.

De acuerdo con el programa estatal Chihuahua Vive con los Menonitas, implementado desde 2010, Chihuahua tiene alrededor de 50 000 habitantes que practican la religión menonita. Cada familia cuenta con alrededor de cinco miembros. En el noroeste de Chihuahua se calculan unos 7 000 habitantes. Las colonias registradas son: en Ascención: El Sabinal, El Camello, La Salada y La Sombra; en Buenaventura: El Valle, Pestañas, El Llano, Cerro Blanco, Vado de Santa María; en Janos: Buenos Aires, El Cuervo, Las Virginias, Buenavista; y en Nuevo Casas Grandes, El Capulín.

En 2005, un grupo conservador que se encontraba en El Sabinal decidió migrar a Campeche y Quintana Roo, debido a conflictos por la demanda de agua y rechazo a utilizar instalaciones eléctricas en los hogares y las labores agrícolas. Los movimientos migratorios de los menonitas ya no se dan por la oposición a políticas nacionalistas, sino por dos motivos principales. El primero es el riesgo que los ministros de las iglesias conservadoras suponen para su feligresía y su religión, pues los menonitas rechazan la modernidad que implica la globalización, la cual está llena de elementos distractores donde se ocultan el deseo y la acumulación (Bautista Flores, Sánchez Carlos y Llera Pacheco, 2013). Un segundo motivo es la falta de tierras para el cultivo o las actividades agrícolas. En el caso de México, son los conflictos en cuanto a la explotación del líquido, además del uso constante de la tierra por los sembradíos de alto consumo de agua y diseñados bajo el esquema de producción intensiva. Ello ha dañado parte de los suelos para producción agrícola.


Mapa 1
Movimientos migratorios delos menonitas de México

Debido a ello, las jóvenes generaciones deben buscar mejores oportunidades y tratan de asentarse en otros países y regiones que puedan garantizar el desarrollo de sus habilidades agropecuarias. Por eso, familias completas se muestran interesadas en viajar a Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay, por mencionar algunos puntos.

La travesía a Brasil

De acuerdo con datos recopilados y con entrevistas a los pocos ancianos que aún viven en la colonia Witmarsum en Palmeira, Brasil (Klassen, 1995), los primeros menonitas llegaron a Brasil en el siglo XVI, como parte de una invasión comandada por Maurício de Nassau, quien se estableció en Pernanbuco. Entre ellos se encontraban Abraham Essau, agrónomo; Isaak Kaufmann, criador de ganado, y David Spielmann, técnico de molinos. Estos menonitas intentaron convencer a De Nassau para sacar a más perseguidos alemanes y holandeses. Sin embargo, en 1654 fueron desterrados todos los europeos, incluidos los menonitas (entrevista a Egon Phillipsen, 17 de julio de 2017, Witmarsum).

En 1914, cuando comenzó la Primera Guerra Mundial, los menonitas de Rusia eran una comunidad de 100 000 personas, distribuida desde el sur de Rusia hasta Turquía, Siberia y el río Amor, en la frontera con China. Con la revolución bolchevique de 1917 comenzaron las persecuciones. Quienes se negaron a salir fueron condenados a morir en Siberia, y otros fueron trasladados a los campos de concentración rusos. Los que pudieron se fugaron, ante la persecución religiosa y social.

Se les exigía la adopción de la nacionalidad rusa, el manejo del idioma local y el pago de impuestos por las propiedades adquiridas. Incluso se les acusó de no haber pagado las tierras cuando llegaron la primera vez por invitación de la zarina Catalina La Grande (Llera Pacheco y Bautista Flores, 2013). De Rusia (lo que ahora es Ucrania) pudieron salir debido a las gestiones diplomáticas con el gobierno alemán, quien los auxilió en el traslado, pero con la condición de firmar, por anticipado, el rechazo a la nacionalidad germana, tanto para ellos como para sus descendientes. Una vez aceptada la condición, se procedió a la estancia temporal en territorio alemán, para luego continuar su camino con rumbo a la región sur de Brasil.

Alrededor de 6 000 personas recibieron asilo por parte del gobierno alemán, lo que incluyó ayuda, transporte y hospedaje en barracas militares mientras se decidía el destino de los migrantes (Sahr, 2000). A pesar de que el gobierno brasileño aún no aseguraba la recepción de los menonitas, finalmente se acordó no firmar ningún tipo de Privilegium y se les ofreció un área de asentamiento en una zona montañosa, muy diferente a lo que estaban acostumbrados en la campiña rusa. Por si fuera poco, la ley de migración impedía la llegada de personas enfermas. Ello retrasó algunas semanas más el desembarco en Brasil, pues muchos colonos habían desmejorado en salud desde su salida en Rusia y luego su estancia en Alemania (Klassen, 1995). En 1930 comenzó el viaje del puerto de Hamburgo, Alemania, a Santa Catarina, Brasil.

Las construcciones narrativas

En las narrativas se pueden ubicar elementos de cohesión en el interior de la comunidad y acciones que fueron superadas por los antepasados. Compartir esas narrativas con generaciones más jóvenes no sólo es propiamente transmitir un suceso de manera constante, sino también explicar diversos acontecimientos para que las siguientes generaciones comprendan los contextos en los cuales sucedieron y cómo fueron superados.

Este tipo de construcciones narrativas fortalece la identidad entre los miembros de la comunidad (Galgani, 2009), con base en etapas que se ordenan, aunque no necesariamente se cuentan en el orden en que ocurrieron, y que requieren mantener una relación entre los que son miembros de la comunidad y los externos u “otros”, quienes por lo regular deberán desempeñar algún tipo de rol, ya sea positivo o negativo.

La “narratividad” permite que […] sean tomados en cuenta, y adecuadamente comprendidos, casos de vivencias históricas particulares, pluralidad de historias que las diferentes culturas y subculturas se dicen a sí mismas para saber lo que son. Historias que explican y conocen las particularidades de los individuos que comparten comunidades de origen, desarrollo o destino. El contar historias, narrar, se convierte, por ello, en un desafío a otros modos de referir la realidad de los seres humanos en condiciones específicas (Sánchez Benítez, 2011: 74).

Las narrativas (Sánchez Martínez, 2010) que los menonitas han construido en la etapa correspondiente a la migración en México y Brasil aún se mantienen de viva voz de las personas que llegaron, cuando niños, a ser parte de los primeros colonizadores. En ambos casos, los migrantes tienen una forma narrativa que les permite hablar sobre su pasado y reconstruir no sólo la identidad a partir de la comunidad, sino también aglutinar su herencia migrante y sin nacionalidad como un beneficio que les permite asentarse en nuevas tierras, donde lo importante es describir de dónde son y no cuál es su nacionalidad; es una manera de mantener sus tradiciones (la religión y el idioma), sus actividades económicas y sus formas de organización, entre las que se encuentra el trabajo en colectivo.

Tanto en México como en Brasil, la expulsión de los menonitas fue, principalmente, debido a la presión por parte de las autoridades de gobierno para que se asumiera la nacionalidad local. En el caso de México, se envió una comisión de colonos para conocer las opciones de un asentamiento. De esa forma, se logró negociar beneficios y firmar un Privilegium. El asentamiento en México fue resultado de una gestión en que la comunidad tuvo la opción de elegir, pues se entiende que también visitaron otros países. En el caso de Brasil, fue prácticamente una decisión política acordada entre dos gobiernos, no hubo oportunidad de revisar o consensar con la comunidad y, por supuesto, no se ofreció ningún tipo de privilegio.

Para analizar las narrativas, se clasificarán con base en un narrador, quien puede considerarse la fuente misma de información; se ubican al menos cuatro momentos. Éstos se identificaron a partir de la revisión de los textos en documentos impresos y en las propias entrevistas realizadas, por separado aunque con un mismo cuestionario, en México y Brasil.

El primero de ellos es: a) La expulsión de la colonia, que se refiere a un periodo en el que prácticamente se da por concluida la residencia, debido a que cambian los términos de la estancia y hay nuevas demandas por parte del gobierno. En ambos casos los menonitas son presionados para que se homologuen con la sociedad en su conjunto (primera tensión). Los menonitas, por su parte, también se sienten vulnerables, pues deberán abandonar mucho de su historia y bienes (segunda tensión). Ante la resistencia de la autoridad por asumir el nuevo contrato, los menonitas admiten que dejar la colonia es lo mejor (tercera tensión). El segundo momento es: b) La colonización, el viaje de salida para asentarse en un nuevo territorio donde deberán construir de nuevo la colonia, distribuir los terrenos entre el número de familias migrantes, asignar gestiones, así como reordenar la estructura económica basada en las actividades agropecuarias, es tarea de todos en la comunidad; se asumen compromisos, aunque ello no obliga a que todos los respeten completamente. El tercer momento es: c) El asentamiento (aspiraciones y oportunidades); tratar de asentar de nuevo la estructura socioeconómica de los menonitas es clave para lograr su supervivencia; por lo general, si en un periodo corto de entre 10 y 15 años no se consigue la prosperidad para la comunidad en general, se toman las decisiones pertinentes para buscar nuevos territorios donde puedan tener mayores oportunidades. El cuarto momento es: d) Consolidación de la colonia; superado el mediano plazo con buenos rendimientos, empleo estable y proyectos para el futuro, la colonia se asienta realizando lo que mejor puede ofrecer con el trabajo diario y bajo el esquema de cooperativas: la transformación de sus productos agropecuarios y la incursión en el sector servicios.

Estos cuatro elementos que se encontraron, de acuerdo con la narratología, mantienen el orden de los sucesos dado el tiempo de la historia (ab ovo),2 ya que incluyen un pasado, un presente y un futuro. El punto del clímax donde se ubica la toma de decisiones derivada de una crisis. Dado el espacio del texto, se brindará mayor importancia a la narrativa de la colonia de Witmarsum, que se asentó en Brasil, pues presenta mayores tensiones y muestra la estructura organizativa y un ala liberal de la iglesia.

Como se mencionó en el apartado anterior, a los menonitas asentados en territorio ruso se les exigía la adopción de esa nacionalidad, el manejo del idioma y el pago de impuestos por las propiedades adquiridas. Esto forma parte del primer momento, que es la expulsión de la colonia.

El segundo momento es la colonización. El primer lugar donde se asentaron fue el Valle de Krauel, al oeste del municipio de Ibirama, en el municipio de Santa Catarina. Se formaron cuatro colonias: Stolz Plateau (en lo alto de la sierra), Gnadental, Waldheim y Witmarsum (en el río Krauel). Una vez asentados en la selva de Brasil, las oportunidades para un desarrollo económico y social para la expansión de la colonia eran poco probables. Esta fue la razón que motivó a los habitantes a buscar otras tierras donde pudiesen fundar una nueva colonia. Se pretendían territorios tipo campiña.

El tercer momento (aspiraciones y oportunidades) se identificó a mediados de la década de los años cincuenta. Los miembros de la colonia evaluaron las condiciones en las que vivían, y al concluir que no eran las mejores para el desarrollo y el crecimiento de la comunidad, decidieron buscar otras opciones. Requerían un lugar donde pudieran realizar sus actividades agrícolas y ganaderas, no muy alejado de la ciudad, para poder comunicarse y entablar actividades económicas, pero sí lo suficientemente apartado para mantener la distancia de las ciudades y de grupos ajenos a su comunidad.

Encontraron la Hacienda Cancela, propiedad de Roberto Glasser, con un área de 9 266 hectáreas, a 70 kilómetros al oeste de Curitiba, en una región llamada Campos Gerais. Cerca de ahí se ubicaban la carretera federal y las líneas del tren (Veiga Lópes, 2001).

Según se relata en los textos, las nuevas tierras estaban integradas por planicies onduladas y, con base en opiniones de expertos, “con el cuidado y atención necesaria a la tierra, ésta sería propicia para las actividades que requerían los miembros de la colonia, debido a que era un amplio pastizal verde con abundante agua” (Veiga Lopes, 2001: 5). La hacienda se localizaba a una altura de 1 000 metros sobre el nivel del mar, con un clima templado y muy agradable para los menonitas.

La Hacienda Cancela parecía cubrir bien los objetivos de compra de los menonitas; sin embargo, no era una decisión fácil. Las tierras, a pesar de ser baratas (menos de la mitad del precio de las tierras en Rio Grande do Sul), estaban por encima del alcance de la colonia. Además, se necesitaba disolver la colonia ya existente, es decir, vender la cooperativa con todos los inmuebles, y cada colono debía hacer lo mismo en Krauel.

Para pagar el valor de la hacienda, los colonos aportaron dinero de su bolsillo y pidieron un crédito de 60 000 dólares a la Mennonite World Conference. Así, los menonitas adquirieron 7 617 hectáreas; con el tiempo, hicieron lo propio con otras 3 388 hectáreas (Associaçao Menonita Beneficente, 2013).

Este fragmento de la historia de los menonitas asentados en Brasil es un claro ejemplo de cómo el trabajo, la toma de decisiones y la estructura organizacional desplazada en diferentes países son parte de las estrategias que tienden a usar los miembros de las colonias menonitas, que se mantienen bajo un esquema eclesial que les permite estar comunicados.

De acuerdo con entrevistas realizadas con colonos de Witmarsum, Brasil (entrevista con la señora Siebert, 16 de junio de 2014), los ancianos recuerdan el traslado del primer asentamientos al actual (de Santa Catarina a Palmeira). Así, puede ubicarse el cuarto momento, la consolidación de la colonia, pues son las personas de la tercera edad quienes recuerdan y reconstruyen el pasado, recuperan sus vivencias y explican lo que tienen ahora. Cuando las condiciones en Santa Catarina eran por demás adversas, decidieron migrar al municipio de Palmeira y fundar en 1951 lo que ahora es la colonia Witmarsum, un lugar al que han hecho prosperar en poco más de 50 años.

Actualmente, la colonia de Witmarsum, con sus menos de 2 000 habitantes, no sólo es un fuerte productor de lácteos y quesos finos que son exportados a Europa, sino que también se empieza a mostrar como un centro turístico y de servicios vacacionales, a partir del uso de elementos culturales muy vinculados con la cultura germana (entrevista con Ewald Warketing, 17 de junio de 2014).

Es evidente que la comunicación y el apoyo no sólo se buscan entre los miembros de la localidad, sino también con miembros de otros países y de organismos internacionales, como la Mennonite World Conference. Así, queda más evidente la forma de operar en conjunto y con apego a criterios locales-globales, con base en una red de ayuda y apoyo, propio del apostolado entre los menonitas, y que refuerza la idea de diáspora étnico-religiosa. A manera de resumen puede observarse el cuadro 1, en la siguiente página, donde se muestra la forma casi paralela de movimiento, asentamiento y crecimiento de las colonias en México y Brasil.

Cuadro 1
Comparativo de la diáspora menonita México-Brasil

Se hace mucho hincapié en que la decisión de cambiar por un mejor futuro fue colectiva y principalmente pensando en las generaciones por venir, las cuales, se esperaría, tendrán un mejor estilo de vida. Es decir, se realza el esfuerzo de los pioneros por las generaciones más jóvenes, que tendrán acceso a mejores condiciones profesionales y económicas.

En la región sur de Brasil se encuentran otros grupos culturales también de origen europeo, como rusos, polacos, ucranianos, alemanes y holandeses. Con ellos, los menonitas mantienen lazos y comparten constructos culturales que les han permitido asimilarse sin problemas a la región e incluso al país. Contrariamente a lo que en otras migraciones ha ocurrido, en este caso particular sí aceptan la nacionalidad, y sin problema la mayoría se asumen como brasileños, pues no sólo hablan el idioma local, sino que han integrado esa cultura a la propia.

En México, los asentamientos de europeos son poco comunes, por lo que puede explicarse la distancia que hay con la sociedad receptora; de ahí que sea importante esta identidad que los menonitas expresan, pues se han mantenido rodeados de la presencia mexicana. Incluso se han desplazado por diferentes estados de la República y mantienen clara su identidad religiosa y cultural. No fue sino hasta hace un par de décadas que se comenzó a describir y analizar esta situación con mayor frecuencia. Aun hoy, próximos a celebrarse los 100 años de la llegada de este grupo a territorio mexicano, existen quien los denominan extranjeros o limitan sus derechos como mexicanos, a causa de su condición étnica y religiosa.

Conclusiones

Como se ha observado a lo largo de este texto, los miembros de las colonias menonitas tienen tras de sí una amplia trayectoria migratoria, que les permite crecer y desarrollarse con amplitud por el mundo. En cada una de las ciudades o regiones en las que se asientan no sólo marca una diferencia por mostrar su estilo de vida, sino que deja un punto de comunicación para encontrarse con otros miembros, ya sea de su comunidad o ajena a ella.

Si pensamos en un marco global, cada ciudad donde han existido colonias menonitas puede pensarse como un nodo que será, posiblemente, un punto para fortalecer y ampliar la red de convivencia, de intercambios o de encuentros lo que les permita mantenerse como una diáspora transnacional. Es necesario considerar a los menonitas no sólo como un grupo de exploradores del mundo, sino también como un colectivo progresista de seres humanos que supera fronteras, se establece, crece, se desarrolla y, al sentirse amenazado, migra de nuevo. Esta migración no es para abandonar y olvidar sino, contrariamente a lo que algunos suponen, para continuar ampliando la red, pues así como hay quien migra a otra colonia, también hay quien se queda y resiste para continuar, sin perder contacto con quienes decidieron salir.

Brasil y México son colonizaciones exitosas; aunque una es más pequeña que la otra, las dos son colonias consolidadas y con alto impacto en la economía local, debido a las alianzas que han logrado establecer con base en la producción de materia prima agrícola y la consecuente transformación a la industria para llevarla al mercado. En estos casos vale mencionar que la producción de quesos es una de las mayores alternativas que tienen para generar riqueza y desarrollo económico para sus colonias.

Es importante la cuestión de la narratividad como eje cohesionador entre los habitantes, ya que en ella no sólo se cuenta su historia o su devenir, también se exhibe el porvenir, pues existe la exaltación del grupo y no del individuo; se muestran las acciones sobre las situaciones y, mejor aún, se manifiestan los éxitos sobre las penurias que constantemente han superado.

Los grupos menonitas también pueden incluirse bajo el concepto de rebelión al poder y de resistencia para mantenerse distanciados, aunque con una actitud abierta y flexible para lograr conciliar lo mejor de sí mismos con lo mejor de “lo otro”, ya que por siglos han mantenido principios y valores y aún hoy, como diáspora transnacional, sin importar nacionalismos, mantienen su vigencia y su identidad.

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Materiales etnográficos (diarios de campo y entrevistas)

Diarios de campo: mayo de 2012 (Chihuahua, México). Diciembre de 2013 (Quintana Roo, México). De mayo a julio de 2014 (Witmarsum, Palmeira, Brasil).

Entrevista con Abraham Peters, cronista de la comunidad menonita en Ciudad Cuauhtémoc, en Campo 4, colonia Manitoba, 14 de marzo de 2017, Chihuahua, México.

Entrevista con la señora Siebert, migrante de origen ruso, pionera menonita en asentamiento de Santa Catarina, 16 de junio de 2014. Palmeira, Brasil.

Entrevista con Ewald Warketing, líder de la colonia Witmarsum y presidente de la Cooperativa Witmarsum, 19 de junio de 2014, Palmeira, Brasil.

Entrevista con Heinz Egon Phillipsen, representante de la colonia Witmarsum, 17 de julio de 2014, Palmeira, Brasil.

Mapa de la República Mexicana [en línea]. Disponible en <http://paraimprimir.org/mapa-de-la-republica-mexicana-con-nombres-para-imprimir/>.

Notas

1 Con la intención de brindar mayores detalles sobre la estrategia metodológica utilizada en estos periodos de trabajo de campo, se debe indicar que las entrevistas fueron semi-estructuradas, con preguntas abiertas y acordadas con los entrevistados. En México, las entrevistas se realizaron principalmente a los jefes de colonia, pues son quienes, por lo general, tienen mayor apertura para hablar con otras personas. Cuentan con un manejo fluido de español e inglés. De esa forma, las entrevistas se aplicaron dentro de las colonias y se estructuraron con tres indicadores principales: a) Causas de la migración, b) Organización para la migración y c) Asentamiento de los migrantes y desarrollo de las colonias. Para el caso de Brasil, la mayoría de las personas de ese entonces habían fallecido o hablaban ruso. Por ello se decidió preguntar al jefe de colonia y a representantes civiles. Entre los criterios para levantar los registros etnográficos y aplicar las entrevistas estuvo que los individuos explicaran de manera directa las causas, las repercusiones, los efectos y los beneficios de la migración.
2 Expresión del latín que se traduce “desde el huevo”. En términos de narrativa clásica significa que se da en tiempo cronológico, es lineal y siempre se cuenta hacia delante; cabe decir que puede haber flashbacks.


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