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La conversión estoica como movimiento del alma y la paideía filosófica como forma de conversión
La conversión estoica como movimiento del alma y la paideía filosófica como forma de conversión
Ágora. Estudos Clássicos em debate, núm. 19, pp. 147-160, 2017
Universidade de Aveiro
Resumen: La Estoa antigua ha concebido la educación filosófica como un proceso que va del vicio a la virtud; la conversión, por el contrario, no puede explicarse en términos de un progreso gradual ya que sobreviene abruptamente. El presente trabajo tiene como pro-pósito analizar una serie de dificultades terminológico-conceptuales referidas al concepto de conversión como un cambio de tipo psicológico. Evaluaré las posibles articulaciones que tal noción puede establecer con el ámbito de la educación filosófica; ofreceré, en tal sentido, una interpretación de la paideía como forma de conversión.
Palabras clave: conversión, Estoa, alma, paideía.
Abstract: Ancient Stoa conceived philosophical education as a process which led from vice to virtue. Conversion, on the contrary, cannot be explained as an ongoing process, since it emerges abruptly. This article intends to analyse some terminological and conceptual difficulties involving the concept of conversion understood as psychological change. We will suggest the possible links that might be established between this notion and the sphere of philosophical education and we will provide an interpretation of paideia as a form of conversion.
Keywords: conversion, Stoa, paideia.
Resumo: A Estoa antiga concebeu a educação filosófica como um processo que vai do vício à virtude; a conversão, pelo contrário, não se pode explicar em termos de um processo gradual, já que surge abruptamente. Este trabalho tem como propósito analisar uma série de dificuldades terminológico-conceptuais referidas ao conceito de conversão como uma mudança de tipo psicológico. Avaliarei as possíveis articulações que tal noção pode esta-belecer com o âmbito da educação filosófica; oferecerei, em tal sentido, uma interpretação da paideia como forma de conversão.
Palavras-chave: conversão, Estoa, alma, paideia.
Résumé: La Stoa antique a conçu l’éducation philosophique comme un processus qui va du vice à la vertu ; la conversion, au contraire, ne peut pas être expliquée en fonction d’un processus progressif, puisqu’elle surgit abruptement. Ce travail a pour but d’analyser une série de difficultés terminologiques et conceptuelles concernant le concept de conversion, vu comme un changement de type psychologique. Nous évaluerons les éventuelles articulations que cette notion peut établir avec le domaine de l’éducation psychologique ; dans ce sens, nous offrirons une interprétation de la paideia en tant que forme de conversion.
Mots clés: conversion, Stoa, âme, paideia.
La conversión estoica como movimiento del alma y la paideía filosófica como forma de conversión
I. La conversión como movimiento del alma
El concepto de conversión (en tanto adquisición de la virtud) se articula, desde la perspectiva estoica, con el ámbito de la educación filosófica; en particular, con las nociones de progreso y proficiente (prokóptontes; proficiens). Analizaré, en este caso, una serie de dificultades terminológico-conceptuales que tales articulaciones suponen.
En el libro I de su tratado Discurso ético Posidonio afirma que prueba de que la virtud existe es que los que estaban en torno de Sócrates, Diógenes y Antístenes, progresaron (προκοπῇ) en ella; y que el vicio también existe por el hecho de que es contrario de la virtud. Y que ella, me refiero a la virtud, es enseñable (διδακτήν) lo sostienen no sólo Crisipo en el libro I de su obra Sobre el fin, sino también Cleantes y Posidonio en los tratados Protrépticos y Hecatón. Que es enseñable se hace evidente a partir del hecho de que hay hombres malos que se vuelven buenos (ὅτι δὲ διδακτή ἐστι, δῆλον ἐκ τοῦ γίνεσθαι ἀγαθοὺς ἐκ φαύλων). (DL VII 91, parcialmente en SVF I 567; III 223; LS 61K, trad. Boeri levemente modificada)[2]
La educación filosófica nombra un proceso que va del vicio a la virtud, un camino que genera un cambio de manera gradual; por el contrario, la adqui-sición de la virtud (lejos de ser un paso a paso) sobreviene abruptamente. Si bien un testimonio de Plutarco[3] indica que el proficiente al soñar podría advertir sus progresos en la virtud, el reporte que citaremos a continuación niega tal posibi-lidad. Entiendo al respecto que, desde la perspectiva del convertido (quien súbitamente se ha transformado en sabio), la conversión no puede explicarse en términos de un progreso gradual; esto es, el sabio es incapaz de advertir si, siendo proficiente, ha tenido (o no) percepciones referidas a sus avances:
entonces en filosofía no debemos asumir ni progreso ni ninguna percepción de progreso, si el alma ni deshecha (μεθίησι) ni se purga (ἀποκαθαίρεται) a sí misma de nada de su estupidez (ἀβελτερίας), sino que trata con la maldad absoluta hasta adquirir (λαβεῖν) el bien absoluto y perfecto. En ese caso, el sabio ha cambiado (μεταβαλών) en un momento de la mayor vileza posible (φαυλότητος) a una disposición virtuosa insuperable (ὑπερβολὴν ἀρετῆς διάθεσιν), y ha perdido de repente (ἐξαίφνης) todo el vicio que falló en quitar incluso por más de un tiempo considerable. (Plu., Prof. 75c; SVF III 539; parcialmente en LS 61S, trad. mía)[4]
El verbo metabállo aparece con frecuencia en las fuentes estoicas refi-riendo a transformaciones que se producen en la phúsis[5]; en el caso del testi-monio recientemente citado el participio metabalón se utiliza asimismo para dar cuenta de un proceso psicológico[6], tal utilización permite reforzar la connota-ción psico-física implícita en la adquisición de la sabiduría. Por otra parte, el sustantivo metabolé[7] aparece en la definición crisipea del movimiento (κίνησις) como transformación respecto del lugar, total o parcial (μεταβολὴν κατὰ τόποω ἢ ὅλῳ ἢ μέρει)[8], a partir de la cual podemos suponer que la conversión nombraría una modificación psíquica total en términos de un movimiento. No se trata, por tanto, del arribo al punto extremo del progreso sino de algo completamente nuevo, que inaugura (de repente) un modo de comporta-miento, el cual obedece —en términos generales— a un nuevo modo de vida. Clemente de Alejandría, resignificando (a la luz de la predicación cristiana) uno de los términos ya utilizados por Platón, señala:
Los estoicos afirman que esta conversión hacia las cosas divinas se consigue por medio de un cambio repentino, transformándose el alma en sabiduría. (Clem. Al., Strom., IV, 6; SVF III 221)[9]
El término metastrophé (μεταστροφή) del que hace uso Clemente de Alejandría refiere a la conversión fundamentalmente (y a partir de la presen-cia del preverbio metá-) como un cambio de orientación, donde el alma súbi-tamente se vuelve o retorna —en este caso, a las cosas divinas—. Cabe destacar, al respecto, que entre las acciones que nombra el sustantivo strophé (στροφή; derivado del verbo strépho, στρέφω) se encuentran las de volver, cambiar y girar. El concepto estoico que aparecerá ligado a esta idea será el de epistrophé (ἐπιστροφή), el cual formará parte de varias expresiones utilizadas especial-mente por Epicteto y Marco Aurelio, quienes asignarán a dicha noción un sentido de cambio de orientación, sugiriendo la idea de un retorno a uno mismo; entre tales expresiones, hallamos: Vuelvan a ustedes mismos (ἐπιστέψατε αὐτοί), descubran los preconceptos que poseen[10]; siempre que censures a alguien como desleal o ingrato, vuelve a ti mismo (ἐις ἑαυτὸν ἐπιστρέφου)[11]. La noción de epistrophé, en tanto constituida por la preposición epí, permite enfatizar hacia adónde o sobre qué o quién se dirige la vuelta o el retorno; de manera tal que las expresiones mencionadas pueden interpretarse como una vuelta hacia o sobre sí. Ahora bien, en rigor, el término epistrophé significando la conversión no es registrado como tal en las fuentes estoicas antiguas. Lo que hallo aisladamente es un testimonio de Plutarco en el cual Crisipo, en Sobre la Naturaleza (περὶ Φύσεως) y luego de señalar que hay que abstenerse (ἀφεκτέον) de orinar en un altar o en el pedestal de una divinidad, utiliza el sustantivo epistrophé a fin de aclarar:
pero no hay que tenérselo en cuenta a los perros, los asnos o los niños pequeños si lo hacen, pues no tienen conciencia (ἐπιστροφήν) ni uso de razón (ἐπιλογισμόν) sobre estas cosas. (Plu., SR 1045a; SVF III 754, trad. Campos Daroca-Nava Contreras[12])
Al parecer, la acepción de epistrophé que está en juego no sería tanto la de volver (sobre o hacia), sino la de reflexionar sobre (algo o alguien), la de prestar atención sobre (algo o a alguien), o bien la de posicionar con dete-nimiento —esto es, reflexivamente— la mirada sobre (algo o alguien). Es decir, siguiendo lo que expresa la cita, ni los perros, ni los asnos, ni los niños pequeños pueden atender o poner su mirada (en el sentido de ser concientes de) en la acción de orinar en un altar. Por tanto, la epistrophé men-ciona un tipo de atención sobre algo o alguien que supone no sólo la presencia del lógos, sino también un uso particular del mismo (posibilitado a partir de la madurez del hegemonikón), el cual permite un curso de acción específico. La acción de abstenerse (ἀπέχομαι) indica el establecer cierta distancia o apartamiento respecto del objeto de abstención[13], lo que supone asimismo cierto control respecto de las impresiones recibidas. Esto es, en el plano cogni-tivo la abstención (tal como aparece en el texto referido) expresaría la presen-cia de una impresión impulsiva ante la cual es preciso suspender el juicio, para luego asentir a su contenido proposicional de tipo no es bueno orinar en un altar. Esta conciencia sobre sí es a la que parece referir Crisipo mediante el término epistrophé; de este modo, la epistrophé se aproximaría —aunque esta cercanía no implique una estricta relación de identidad— al sentido de conversión como vuelta sobre sí en tanto implicaría una mirada reflexiva sobre el propio modo de actuar. La acepción de volver, en términos de un cambio (comprendido asimismo como un retorno), permitirá que la epistrophé se corresponda posteriormente —y junto con metánoia[14]— con la palabra latina conversio[15].
El vil no es amante de las palabras (φιλόλογον) ni de la escucha (φιλήκοον), por cuanto desde un principio no está preparado para recibir discursos correctos (τῶν ὀρθῶν λόγων), a causa de su permisiva necedad debida a su perversión, y por el hecho de que ningún vil es convertido (προτετράφθαι) ni convierte (προτρέπειν) hacia la virtud. En efecto, el que convierte a otros debe estar preparado (ἕτοιμον) para filosofar, y el que está preparado para ello se encuentra dispuesto [a la filosofía] sin impedimento alguno; ningún necio (ἀφρόνων), sin embargo, se encuentra en tal disposición. […] Sólo el sabio es capaz de ser convertido y sólo él es capaz de convertir a otro, pero ningún necio. (Stob., Ecl. II 104-105; SVF III 682, trad. Boeri (2004))
El verbo que se utiliza en este caso para nombrar la acción de convertir es protrépo, el cual puede interpretarse (dada la preposición que lo compone) con un sentido de desplazamiento, de cambio de lugar[16]; este verbo puede asimismo significar: exhortar, incitar, persuadir y (en voz media) tornarse o volverse. De este modo, protrépo se articula con un conjunto de acciones referidas especialmente a la esfera del aprendizaje, en tanto la paideía supone un vínculo entre (al menos) dos individuos en el cual uno de ellos (en este caso, el maestro) propone y orienta —mediante las acciones señaladas— un recorrido filosófico a fin de que el alumno logre un cambio psíquico-cogni-tivo[17]. A criterio del estoicismo, para que tal objetivo sea alcanzado el alumno debe guiar sus cursos de acción teniendo como referencia las exhortaciones, incitaciones y persuasiones del maestro, con la finalidad de generar una modificación psíquica rotunda (a saber: un cambio abrupto y decisivo en sus opiniones y creencias). Según el testimonio recientemente citado, el verbo protrépo, significando convertir (a alguien a la filosofía), nombra cierto poder del sabio, ausente en el ignorante. Al respecto, también la derivación de protrépo en el adjetivo protreptikós es registrado por Estobeo cuando define al sabio como exhortativo o persuasivo[18]; este adjetivo aparece asimismo entre los títulos de los libros escritos por algunos representantes de la Estoa traducidos como sobre el exhortar o exhortaciones[19].
II. La paideía filosófica como forma de conversión
Aunque la traducción de protrépo por convertir puede resultar algo ana-crónica (respecto del fuerte sentido religioso —cristiano— que tomará poste-riormente este término), la expresión sólo el sabio es capaz de ser convertido (προτετράφθαι) permite enfatizar que se trata de un cambio rotundo, dado que la disposición virtuosa es concebida por el estoicismo como un modo de vida, y el volverse sabio implica el inicio de una vida completamente nueva. De igual modo, afirmar que sólo él es capaz de convertir (προτρέπειν) a otro permite, por un lado, ubicar al sophós como la figura paidética por excelencia; por otro lado, interpretar la paideía como una forma de conversión[20]. Esta última interpretación tiene resonancias platónicas: en República los términos que nombran la conversión filosófica indican volver o hacer girar (στρέφειν) el alma, de las tinieblas a la luz de la idea de Bien[21]. La educación consiste, en este caso, en el arte de dirigir (περιαγωγή) metódicamente el alma hacia el Bien; haciendo un uso metafórico de la visión, Platón aclara que no se trata de darle visión a unos ojos ciegos sino de corregir (διαμεχανάομαι) la mirada[22]. La conversión estoica (siendo consecuente con la teoría que niega la existencia extramental de los universales) no pone en juego la noción de Bien en tanto idea —lo que supondría un ordenamiento de tipo trascendente— y, en cambio, nombra un acontecimiento que tiene lugar en un plano inma-nente[23]. No obstante, resuena la propuesta platónica cuando la Estoa refiere a una transformación del alma en la cual está implícito un cambio de dirección de la mirada: la conversión indica un giro del alma sobre sí a fin de que el lógos individual y el Lógos universal se identifiquen.
También consideran que una [persona] en un primer momento se vuelve sabia sin advertirlo (Γίνεσθαι δὲ καὶ διαλεληθότα τινὰ σοφόν), pues no apetece (ὀρεγό-μενόν) nada ni quiere someter a consideración [ninguna] de las cosas que son especí-ficas en la esfera del querer (τῷ βούλεσθαι εἰδικῶν), por cuanto lo que es necesario (χρή) no se hace presente al que es capaz de discernir (κρίνοντι). Y tales distinciones se darán no sólo en el caso de la prudencia (φρονήσεως) sino también en el de las demás habilidades técnicas[24]. (Stob., Ecl. II 113; SVF III 540, trad. Boeri (2004))
Quien se vuelve sabio deja de apetecer; es decir, el texto de Estobeo destaca que el sabio carece de apetito, y abandona asimismo el poner en consi-deración las elecciones vinculadas con el querer[25], en tanto no vacila en actuar (a saber: asiente, no asiente o suspende el asentimiento) y lo hace sistemática-mente de modo virtuoso. El testimonio citado afirma lo que es necesario no se hace presente al que es capaz de discernir; vale decir, lo necesario no aparece como una opción a quien es capaz de elegir (donde la acción de discernir supone un criterio de verdad; en este caso, la disposición psíquica del sabio)[26], porque lo necesario coincide con el actuar del sabio. En otras palabras, el sabio elige actuar conforme a lo dispuesto por el destino, eliminando así la posibilidad de conflicto alguno entre su querer y el querer del Lógos (universal y divino)[27]; el proficiente, en cambio, es incapaz de actuar en todo los casos conforme con su naturaleza y, por ende, puede contradecir el querer del Lógos.
Por otra parte, si la conversión es definida como un movimiento del alma, éste supondrá un proceso causal que, como tal, tendrá causas ante-cedentes[28]. No obstante, varios de los testimonios que he citado indican que dicha transformación es súbita y que sucede sin que el convertido la advierta; de este modo, la conversión expresaría (en términos causales) cierto misterio o enigma. Al respecto, creo que lo misterioso o enigmático de la conversión reside en que el convertido desconoce la causa antecedente[29]; lo abrupto del cambio estaría indicando, en consecuencia, que dicha causa permanece oculta para el (recientemente devenido) sabio. Esto es, el sabio no puede dar cuenta de su conversión en términos argumentativos dado que no es capaz de identificar mediante qué proceso causal se ha convertido; en esa dirección parece estar orientado el testimonio de Plutarco cuando afirma que no hay percepción posible respecto del progreso. En líneas similares, podrían ubicarse las palabras de Séneca, quien establece diversos grados de progreso, y señala, refiriendo en primer lugar a quienes aún no tienen la sabiduría, pero ya se ubicaron en sus cercanías:
Ya se encuentran allí, de donde no hay resbalón hacia atrás. Esto, no obstante, no es todavía claro para ellos, lo que recuerdo que te escribí en una carta: ‘no saben que saben’ (scire se nesciunt). (Ep., 75, 9, trad. Boeri (2004))
Este desconocimiento del sabio negaría —en última instancia— la posibi-lidad de hacer del camino hacia la sabiduría (a saber: del progreso) una práctica homogénea. Es decir, eliminaría la opción de establecer una cierta cadena causal cuyo resultado sea, en todos los casos, la adquisición de la sabi-duría; supongamos: siempre que haga a, obtendré b, que me conducirá a c. Sin embargo, y a pesar del desconocimiento de la causa antecedente, sólo una única causa será necesaria y suficiente para que el efecto (i. e., la conversión) suceda: la disposición psíquica del sabio, que opera como causa principal; si la conversión nombra un cambio (regreso) sobre sí, este sí lo constituye la dis-posición psíquica del sabio. Asimismo, si la paideía puede ser interpretada como forma de conversión, este cambio rotundo requerirá de la presencia de un otro, quien —y aquí se refuerza la metafísica determinista— asumirá la función de mediador causal entre las disposiciones psíquicas de dóxa y epistéme. El sabio-educador se insertará, mediante el ejercicio exhortativo (el cual da lugar a que sucedan los cambios graduales en el proficiente), en la cadena causal que tendrá por efecto la conversión del (nuevo) sabio. No obstante, este cambio rotundo sucederá si y sólo si la disposición psíquica del sabio actúa como causa principal del mismo.
III. Consideraciones finales
La conversión a la sabiduría (o la adquisición de una disposición psí-quica virtuosa) sobreviene de manera abrupta, y dicho cambio es nombrado mediante los siguientes términos: el participio metabalón da cuenta de un cambio de tipo psicológico; el sustantivo metabolé nombra un cambio psicoló-gico en términos de movimiento; el sustantivo metastrophé refiere a un cambio de orientación del alma (volver o retornar); y el concepto de epistrophé implica una mirada reflexiva sobre el propio modo de actuar. Asimismo, el verbo protrépo denomina la acción de convertir señalando un desplazamiento; también puede significar exhortar, incitar, persuadir y tornar(se) o volver(se). En efecto, las acepciones de protrépo por convertir y exhortar permiten: i) enfa-tizar que la adquisición de la sabiduría constituye un cambio rotundo, un nuevo modo de vida; ii) ubicar el sophós (a saber: quien convierte) como la figura paidética por excelencia; iii) interpretar la paideía como una forma de conversión. Ahora bien, que la paideía constituya una forma de conversión no implica que la misma pueda definirse como una práctica homogénea, dado que, desde una perspectiva causal, el convertido no es capaz de dar cuenta de su conversión en términos argumentativos (causales). En suma, aunque la persuasión del maestro forme parte (necesaria) de la cadena causal que tiene por efecto la conversión, el recientemente devenido sabio desconoce qué causa antecedente intervino en la misma.
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Notas