EDITORIAL
CIENCIA Y LA PANDEMIA COVID-19
SCIENCE AND THE COVID-19 PANDEMIC
CIÊNCIA E A PANDEMIA COVID-19
CIENCIA Y LA PANDEMIA COVID-19
Interciencia, vol. 45, núm. 3, pp. 121-123, 2020
Asociación Interciencia
CIENCIA Y LA PANDEMIA COVID-19
Nadie conoce el alcance de la pandemia que ha desatado el novel coronavirus SARS-CoV-2. Muy posiblemente nos hallamos frente a lo que será reconocido como una de las peores pestes sufridas por la humanidad. El desconocimiento del número de personas infectadas debido a la explosiva tasa de contaminación y el alto número de casos asintomáticos refuerzan la necesidad e importancia de entender lo que está sucediendo, desde el nivel molecular hasta el nivel de la sociedad toda.
La circulación de informaciones falsas en los medios informativos y redes sociales se ha hecho patente y no ayuda. De ellos son ejemplos claros los supuestos datos sobre la estacionalidad de la virulencia y la duración de la inmunidad que se adquiere, dos características enteramente desconocidas de esta nueva enfermedad infecciosa, así como las opiniones infundadas acerca de posibles tratamientos.
La llave al camino hacia la solución está en la ciencia. No está en el cielo ni en la política. El desarrollo de vacunas capaces de promover la generación de anticuerpos efectivos, el uso de anticuerpos recuperados de enfermos curados y/o personas contaminadas pero asintomáticas y su administración a pacientes necesitados, la utilización de drogas antivirales, inmunoglobulinas u otros medicamentos, todos requieren de estudios meticulosos previos. Estos últimos son la única manera de llegar a conocer su efectividad en el tratamiento del COVID-19. Pero también la política juega un papel que, en un momento dado, puede ser fundamental: la ignorancia y el poder pueden limitar o, por el contrario, expandir el alcance de la pandemia y los destrozos que ella produce en la población.
Al tiempo que charlatanes seudocientíficos proclaman la existencia de remedios milagrosos, líderes importantes asumen posturas increíblemente primitivas y peligrosas al ser escuchados, o lanzan propuestas carentes de toda base real, pero que influyen poderosamente en la visión que la sociedad tiene acerca de lo que está ocurriendo y de sus posibles consecuencias. También ha quedado demostrado que, en casi todo el mundo -por no decir en el mundo entero- los sistemas de salud existentes son insuficientes para afrontar situaciones extremas como la actual y, sobre todo, incapaces de coordinar asertivamente y cooperar efectivamente entre sus partes y con los de otros países.
La pandemia lleva a una crisis social al crear una mayor diferencia entre desposeídos y poderosos. Aunque el virus no reconoce entre ellos, las pruebas se aplican primero a los personajes importantes, relegando a los más humildes. Las opciones de tratamiento y recuperación son muy diferentes. Pero por otra parte, habrá posiblemente cambios sociales positivos, tales como mejoras de los sistemas de salud y reconocimiento social a quienes hayan colaborado con la superación de la situación, así como mayor cooperación internacional, hermandad y espíritu comunitario, entre otros.
Se ha llegado a proponer el establecimiento de un fondo global y se aplauden las acciones concertadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las que deben abarcar a todas las naciones como única forma de eliminar el prefijo ‘pan’. Los recursos requeridos para la investigación, siempre difíciles de conseguir, tienden a fluir con mayor facilidad, al menos en los países del primer mundo. Está por verse si en nuestros países ocurre algo parecido, pero por ahora una combinación de orgullo y tristeza es lo que proporciona conocer acerca del involucramiento de científicos latinoamericanos en la lucha contra virus como el CoV-2, trabajando en laboratorios del primer mundo en lugar de poder hacerlo desde sus países.
Dos lecciones de esta pandemia: nos afecta a todos y necesitamos más ciencia. Tal y como se dice que Galileo Galilei contestó al tribunal al ser condenado, no nos queda sino decir que nuestro planeta sigue girando, con nosotros encima.
SCIENCE AND THE COVID-19 PANDEMIC
Nobody knows the reach of the pandemic that has been triggered by the SARS-CoV-2 coronavirus. Very likely we are facing what will be known as one of the worst pests suffered by mankind. The lack of knowledge about the number of infected persons due to the explosive character of the contamination rate and the large number of asymptomatic cases emphasize the need and importance of understanding what is taking place, from the molecular level to the whole of society.
The circulation of false information in the media and social networks has become obvious and does not help. Clear examples of that are the alleged data on virulence seasonality and on the duration of the acquired immunity, two entirely unknown characteristics of this new infectious disease, as well as the baseless opinions about possible treatments.
The key to the road to the solution is science. It is not in heavens nor in politics. The development of vaccines capable of generating effective antibodies, the use of antibodies recovered from healed patients and/or contaminated but asymptomatic people and its administration to patients in need, the utilization of antiviral drugs, immunoglobulins and other medications, all require meticulous previous studies. The latter are the only manner to be able to know their efficacy in the treatment of COVD-19. But politics also play a role that at a given moment can be fundamental: ignorance and power can limit, or on the contrary, expand the reach of the pandemic and the damage that it produces to the population.
At the same time as pseudo-scientific charlatans proclaim the existence of miraculous remedies, important leaders assume incredibly primitive and dangerous postures when they are listened to, or they launch proposals lacking any real base, but which strongly influence the vision that society has about what is taking place and the possible consequences. It has also been demonstrated that in almost the whole world -not to say the whole world- the existing health systems are insufficient to tackle extreme situations such as the present one and, above all, are incapable of assertively coordinating and effectively coordinating among its components and with those in other countries.
The pandemic leads to a social crisis in producing a larger difference between the needy and the powerful. Although the virus does not recognize amongst them, tests are applied first to the important personalities, ostracizing the poor. Treatment and recovery options become very different. But, on the other hand, there will possibly be positive social changes as well, such as improvements in the health systems and social recognition to those who collaborated in overcoming the situation, as well as an increased international cooperation, brotherhood and community spirit, among others.
The establishment of a global fund has been proposed and there is wide applause for the actions set in place by the World Health Organization (WHO), which should encompass all nations as the only way to eliminate the prefix ‘pan’. The resources required for research, always difficult to obtain, tend to flow with more ease, at least in the first world countries. It remains to be seen if something similar occurs in our countries, but up to now what we get is a combination of pride and sadness from knowing about the involvement of Latin American scientists in the fight against viruses such as CoV-2, working in first world laboratories instead of doing it from their countries.
Two lessons from this pandemic: it affects all of us and we need more science. As the story goes that Galileo Galilei answered the court when he was condemned, we cannot but say that our planet keeps rotating, with us on top.
CIÊNCIA E A PANDEMIA COVID-19
Ninguém conhece o alcance da pandemia que tem desatado o novel Coronavírus SARS-CoV-2. Certamente nos encontramos diante do que será reconhecido como uma das piores pestes sofridas pela humanidade. O desconhecimento do número de pessoas infectadas devido à explosiva taxa de contaminação e o elevado número de casos assintomáticos reforçam a necessidade e importância de entender o que está acontecendo, desde o nível molecular até o nível da sociedade toda.
A circulação de informações falsas nos meios informativos e redes sociais tornou-se visível e em nada ajuda. Exemplo claros disto são os supostos dados sobre a sazonalidade da virulência e duração da imunidade adquirida, duas características inteiramente desconhecidas de esta nova doença infecciosa, assim como as opiniões infundadas em relação a possíveis tratamentos.
A chave do caminho para a solução está na ciência. Não está no céu ou na política. O desenvolvimento de vacinas capazes de promover a geração de anticorpos efetivos, o uso de anticorpos recuperados de enfermos curados e/ou pessoas contaminadas, mas assintomáticas e sua administração em pacientes necessitados, a utilização de drogas antivirais, imunoglobulinas ou outros medicamentos, todos requerem de meticulosos estudos prévios. Estes últimos são a única forma para chegar a conhecer sua efetividade no tratamento do COVID-19. No entanto, a política também desempenha um papel que em certo momento pode ser fundamental: a ignorância e o poder podem limitar ou, pelo contrário, expandir o alcance da pandemia e os destroços que ela produz na população.
Enquanto charlatães pseudocientíficos proclamam a existência de remédios milagrosos, líderes importantes assumem posturas incrivelmente primitivas e perigosas ao serem ouvidos, ou lançam propostas sem base real nenhuma, mas que influenciam poderosamente a visão que a sociedade tem em relação ao que está acontecendo e suas possíveis consequências. Também ficou demonstrado que, em quase todo o mundo ‘para não dizer o mundo inteiro’ os sistemas de saúde existentes são insuficientes para afrontar situações extremas como a atual e, sobre tudo, incapazes de coordenar assertivamente e cooperar efetivamente entre suas instituições e com as dos outros países.
A pandemia leva a uma crise social ao criar maior diferença entre os despossuídos e os poderosos. Embora o vírus não reconhece entre eles, as provas são aplicadas primeiro a pessoas importantes, prejudicando aos mais carentes. As opções de tratamento e recuperação são muito diferentes. No entanto, haverá possivelmente mudanças sociais positivas, tais como melhoras dos sistemas de saúde e reconhecimento social para aqueles que tenham colaborado com a superação da situação, assim como maior cooperação internacional, irmandade e espírito comunitário, entre outros.
Foi proposto o estabelecimento de um fundo global e são bem-vindas as ações acordadas pela Organização Mundial da Saúde (OMS), que devem abranger todas as nações como única maneira de eliminar o prefixo ‘pan’. Os recursos requeridos para a investigação, sempre difíceis de conseguir, tendem a fluir com maior facilidade, pelo menos nos países do primeiro mundo. Resta ver se acontece algo parecido em nossos países, mas por enquanto uma mistura de orgulho e tristeza é proporcionada por saber do envolvimento de científicos latino-americanos na luta contra vírus como o CoV-2, trabalhando em laboratórios do primeiro mundo e não poder fazê-lo em seus próprios países.
Duas lições desta pandemia: nos afeta a todos e precisamos mais ciência. Tal como referenciado a Galileu Galilei quem respondeu ao ser condenado pela corte, não resta mais do que dizer que nosso planeta continua girando, conosco nele.