Reseñas de libros
MOLINERO, Carme e YSÀS, Pere, De la hegemonía a la autodestrucción: el Partido Comunista de España (1956-1982), Barcelona, Crítica, 2017, 505 pp.
MOLINERO, Carme e YSÀS, Pere, De la hegemonía a la autodestrucción: el Partido Comunista de España (1956-1982), Barcelona, Crítica, 2017, 505 pp.
Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, núm. 16, pp. 285-289, 2017
Universidad de Alicante
| MOLINERO Carme, YSÀS Pere. De la hegemonía a la autodestrucción: el Partido Comunista de España (1956-1982). 2017. Barcelona. Crítica. 505 pp. |
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En 1975, a la muerte el dictador, el Partido Comunista de España era el grupo con mayor número de militantes no solo de la izquierda, sino entre todos los que conformaban en ese momento la oposición al régimen de Franco. Además, exceptuando los partidos a su izquierda, se trataba de una militancia disciplinada y ferviente, con presencia y liderazgo en prácticamente todos los espacios de movilización social del momento. Con estos mimbres muchos soñaron con un PCE convertido en el principal partido de la izquierda una vez conquistadas las libertades. Como sabemos las cosas no fueron así. Los modestos resultados obtenidos en las primeras elecciones democráticas acarrearon la primera gran decepción, un chorro de agua fría para la dirección y un baño de realidad para la militancia. Aquel fracaso, seguido de altibajos y vaivenes, marcó el inicio de un proceso de descomposición que culminaría en 1982 con una profunda crisis a partir de la cual el PCE quedó convertido en una fuerza política marginal. El libro de Carme Molinero y Pere Ysàs estudia ese proceso escudriñando en la trayectoria del partido desde los años cuarenta.
Los autores tratan un tema sobre el que han escrito historiadores, periodistas, políticos y algún que otro politólogo desde puntos de vista diversos algunos de marcada vehemencia y parcialidad. A pesar de lo controvertido del asunto, Molinero e Ysás no entran en debates historiográficos, ni mucho menos en polémicas políticas o mediáticas. De la Hegemonía a la Autodestrucción se fundamenta en una pormenorizada recopilación de datos procedentes de los archivos del partido con los cuales los autores reconstruyen con minuciosidad y rigor la evolución de los hechos. Su intención es presentar un análisis de lo que los comunistas fueron haciendo en cada momento a partir de 1954, una vez formulada la estrategia de superación de la guerra civil. Su principal argumento es que en el acierto de aquel cambio de estrategia en favor del activismo social para restaurar la democracia se puede encontrar también el germen de la futura “autodestrucción” del partido. La estrategia de reconciliación nacional y pactismo convirtió al PCE en el principal partido del antifranquismo. Pero “Hasta tal punto los militantes comunistas se identificaron con la democracia”, argumentan los autores, “que podría afirmarse que llegaron a idealizarla, lo que a la postre facilitó la decepción con la democracia que realmente se consolidó después de 1977, lo que indudablemente generó dificultades en el proceso de adaptación del partido a la nueva realidad, más allá de los resultados electorales” (p. 10).
El libro se divide en dos partes, la primera estudia la trayectoria del partido hasta las elecciones de 1977 y la segunda analiza su complicada adaptación a las condiciones de la democracia y la crisis que le condujo a los márgenes del espectro político español. Siguiendo un orden cronológico cada capítulo analiza el posicionamiento de los comunistas en los momentos clave de la historia de la lucha contra la dictadura franquista. No quiere esto decir que no se traten los asuntos internos del partido, ya fueran debates ideológicos, luchas de poder o su relación con el movimiento comunista internacional, sino que el énfasis se pone en el activismo político y social de la organización.
Los autores sitúan el inicio de la transformación del PCE en la principal fuerza antifranquista en una decisión tomada en 1948 bajo los auspicios de Stalin. A partir de ese momento y, sobre todo de 1954, se abandonó la táctica guerrillera para sustituirla por otra de penetración en aquellos espacios de la sociedad civil donde los comunistas pudieran ejercer una influencia movilizadora. El marco de la estrategia de reconciliación nacional sería propiciado por una renovación de la dirección del partido y de una nueva militancia que empezaría a desplegar un abnegado activismo en el interior. A pesar del fracaso de la Huelga Nacional Pacifica de 1959, por la que el partido pagó un alto precio en sangre y del oscuro episodio de la expulsión de Fernando Claudín, la estrategia de activismo social dio sus frutos en la década de los 60. Los autores documentan con minuciosidad el papel de la nueva militancia comunista en la reconstrucción del movimiento sindical a través de las Comisiones Obreras, así como del surgimiento de un movimiento estudiantil que se jugaría un papel esencial en la lucha contra la dictadura. La formulación de la tesis de la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura acompañada de las críticas al PCUS y a la URSS se observan como pasos que permitieron la consolidación de un partido socialmente abierto. De manera que la organización supo adaptarse a las condiciones de la dinámica sociedad española de los años 70, aun manteniendo intactos los mecanismos leninistas de funcionamiento interno.
Los autores valoran positivamente las tácticas de ocupación de los espacios de libertad promovidas por Santiago Carrillo, que hicieron posible el acceso de militantes y simpatizantes a los puestos de representación del sindicato vertical. Así como su efecto provechoso en el movimiento estudiantil y en la creación de un nuevo movimiento vecinal que jugaría un papel importante en la lucha contra el franquismo y, posteriormente, en la transición. También observan la celebración del VIII congreso como la consolidación de la estrategia de lucha por las libertades y valoran la formulación de la táctica de pacto para la libertad, que proponía una alianza antifranquista para restaurar las libertades y la apertura de un proceso constituyente. Además del pactismo los autores también analizan los beneficios que conllevó el acercamiento a la filosofía eurocomunista del PCF y, sobre todo, del PCI que se constituyó de manera tácita en el partido modelo para un futuro PCE en democracia. Todos estos aderezos más la propuesta estratégica de avanzar hacia un socialismo en libertad son observados como factores que hicieron al PCE atractivo para una militancia heterogénea y diligente y al partido como un colectivo exento de radicalidad y sectarismo. Los años que transcurrieron hasta la legalización se presentan como un periodo de efervescencia política y movilización social en la que el PCE fue un agente transcendental. Su presencia en los espacios de movilización es sobradamente documentada. Su actividad en el ámbito político se estudia analizando las dificultades que los comunistas tuvieron para articular la amplia alianza de fuerzas opositoras que preconizaban en su formulación de pacto para la libertad. No obstante, el que la legalización del PCE se convirtiera en el principal obstáculo para el avance del proyecto reforma de Adolfo Suárez, se observa como la mejor muestra del protagonismo alcanzado por los comunistas en el tardofranquismo.
La segunda parte del libro analiza el declive del partido con la misma minuciosidad documental. En la vía hacia la autodestrucción los autores se fijan en los movimientos tácticos, en las decisiones y en las prácticas que consideran tuvieron un impacto negativo. Destacan el protagonismo de Carrillo en los Pactos de la Moncloa que no fueron beneficiosos para las clases trabajadoras, las concesiones de contenido simbólico hechas por el mismo personaje al aceptar la bandera bicolor, la monarquía y el abandono del leninismo. Todo ello en un partido cuyo engranaje todavía funcionaba conforme a los principios autoritarios del centralismo democrático, donde las decisiones de los comités superiores, aun pudiendo ser debatidas por la militancia, ésta en última instancia estaba obligada a acatarlas. En contra de lo que han afirmado algunos autores y vienen enfatizando ciertos grupos políticos en años recientes, la investigación de Molinero e Ysàs demuestra que el partido no ralentizó su activismo social después de las elecciones de 1977. La presencia de los comunistas en los movimientos obrero y ciudadano no sólo se mantuvo, sino que se incrementó hasta la debacle de 1982. Los debates en el IX congreso se presentan como ejemplo de esa vitalidad, pero también como expresión de los problemas por venir. El hecho de que casi todas las ponencias fueran enmendadas y de la falta de renovación en la cúpula dirigente son vistos como síntomas de la existencia de un descontento subyacente. La principal línea de actuación aprobada en el congreso que fue propiciar la unidad con los socialistas para consolidar la democracia y avanzar hacia el socialismo resultó ser un fracaso. El aplastante triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 culminó el ciclo del partido hacia la autodestrucción.
El libro de Carme Molinero y Pere Ysás es el estudio más completo, riguroso y objetivo escrito hasta la fecha sobre la historia del PCE durante el franquismo. No obstante, como todo trabajo historiográfico no está exento de contenidos y enfoques criticables. Se puede criticar que los autores fundamenten su análisis de forma casi exclusiva en la documentación política generada por el partido. Hay una excesiva dependencia de las fuentes orgánicas de manera que, lo que el texto gana en rigor lo pierde en brillo. La prosa es árida, en muchas partes de lectura tediosa, tal vez por hallarse más próxima al lenguaje burocrático que al literario. A pesar de lo sugerente de su tesis sobre el desencanto de la militancia, el libro se fundamenta más en el análisis de las líneas políticas que en las experiencias de los militantes. Tal vez no fuera la intención de los autores, pero se echa de menos un uso más provechoso de los métodos de la historia oral. Es cierto que los comunistas construyeron la plataforma de lucha antifranquista mejor organizada, por lo que muchos anti-franquistas se unieron al PCE. ¿Pero cuántos de aquellos militantes eran verdaderos comunistas? Entre aquella militancia ¿Fue la transición de la clandestinidad a la legalidad tan fraternal y exitosa como la pintaban los datos expuestos en el IX congreso? También el uso del concepto de “hegemonía” se me antoja problemático. Hegemonía es la supremacía, el dominio, que un grupo ejerce sobre otro, o en el sentido utilizado por Gramsci la capacidad de un grupo para ejercer dominación cultural. Cabe preguntarse si el PCE de los años 70 era realmente un partido hegemónico en su ámbito, o si esa era una percepción errónea que estaba más en los entendimientos y las voluntades de los propios comunistas que en la realidad. Creo que es en este error de autopercepción donde debemos fijar nuestra atención para entender el fracaso de las expectativas que el PCE se había creado durante los años de su audaz oposición a la dictadura.
Notas de autor