Reseña

Comunidades emocionales. Afectividades y acción colectiva en organizaciones sociales comunitarias de base en Bogotá (Libro)

Comunidades Emocionais. Afetividades é ação coletiva em organizações sociais comunitárias de base em Bogota

Emotional Communities: Affectivities and Collective Action in grassroots social organizations in Bogotá

Adriana Dallos Osorio
Pontificia Universidad Javeriana, Colombia
Luis Miguel Peña Hernández
Pontificia Universidad Javeriana, Colombia

Comunidades emocionales. Afectividades y acción colectiva en organizaciones sociales comunitarias de base en Bogotá (Libro)

Nómadas, vol. 57, 16, 2023

Universidad Central

AUTORA: Diana Carolina Peláez Rodríguez

EDITORIAL: Corporación Universitaria Minuto de Dios

CIUDAD: Bogotá

AÑO: 2020

NÚMERO DE PÁGINAS: 230

DISPONIBLE PARA DESCARGA: aquí

El libro recoge parte del trabajo realizado en el grupo de investigación del Cen tro de Educación para el Desarrollo (CED) de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, durante los años 2015 a 2017. Este trabajo busca comprender la dimensión colectiva y social de las emociones, así como su función política en el agenciamiento y la experiencia ética y estética de las organizaciones sociales parti cipantes. En esta reseña se destacan los aportes conceptuales de Peláez, al abordar los fenómenos socioculturales desde el giro afectivo, y se escribe como homenaje a una compañera que hoy brilla en nuestra memoria.

El libro se estructura en cuatro capítulos que van desde la fundamentación conceptual, pasando por la explicación y la ejemplificación de una propuesta me todológica innovadora, hasta presentar los hallazgos que permiten densificar el concepto de comunidades emocionales y dejar abiertos nuevos puentes o caminos de análisis más que darlos por concluidos.

El estudio se sitúa en sectores periféricos en con flicto de Bogotá, donde las dinámicas asociativas y la acción colectiva de seis organizaciones comunitarias permiten comprender "la función social y política de los procesos corpoemocionales" (p. 32) y la manera en que estos estructuran las matrices socioculturales emo cionales propias de las organizaciones, deviniendo en comunidades emocionales.

Peláez nos aclara que este no es un estudio sobre las emociones, sino desde las emociones, por lo cual la in vestigación apuesta por comprender cómo actúan las emociones en contextos específicos, su motivación, su rol en la generación de procesos identitarios y su capa cidad de transformación social.

Desde este lugar, y dando forma a uno de los grandes aportes de la autora, en la noción de procesos corpoemocionales, se destacan los aportes de Sarah Ah med sobre las economías afectivas y su comprensión de las emociones como circulantes, maneras de hacer mundo, apegos y fijaciones que nos conectan con otros cuerpos, nos dan forma, nos ubican, nos (con)mueven. Los procesos corpoemocionales hablan de las continuida des, las discontinuidades, las fijaciones y los rechazos de la experiencia de vivir; "afectan y son afectados por los objetos que actúan en la interacción" (p. 69); son estructurados en y estructurantes de la matriz cultural emocional en las relaciones sociales, matriz mediante la cual se comprenden los códigos de conducta, los va lores, las solidaridades y las sanciones propias de las comunidades.

Para comprender la dimensión social y política de las emociones, Peláez recurre a la noción de marcos de acción colectiva, señalando que los afectos1 se entienden como reacciones corporales que afectan y son afectadas por el entorno, como prácticas sociales que se inscriben en una suerte de cultura afectiva. El valor contextuado y colectivo de las emociones permite dar cuenta de su movilización y su direccionamiento hacia los otros, a quienes dotan de significados particulares dentro de las relaciones sociales. De esta forma, se ubica, iden tifica y nombra el mundo social, construyendo unos paquetes culturales (citando a Gamson) o esquemas de interpretación a partir de los cuales las agrupaciones pueden alinear sus intereses, expectativas y propósitos, facilitando con ello la identificación colectiva, el forta lecimiento de lazos y la legitimación de sus apuestas.

Para el abordaje teórico, la autora recurre al con cepto de comunidades emocionales, el cual aborda a partir de las propuestas de Bárbara Rosenwein, Myriam Jimeno, Victoria Camps y Michel Maffesoli. Por una parte, las comunidades emocionales corresponden a una adhesión de los individuos a los sistemas emocionales que, dentro del contexto, responden a los intereses y los valores del grupo (siguiendo a Rosenwein). En com plemento de lo anterior, resulta pertinente el carácter moral que proponen Jimeno y Camps como la base del vínculo social, donde destacan la dimensión ética del reconocimiento del daño moral compartido que movi liza la acción y el interés de transformación; así mismo, esa capacidad de sentirse afectado favorece la reacción afectiva ante la vulneración de los principios morales básicos y la constitución de una comunidad que actúa en consecuencia con el juicio sobre lo que se considera está bien o mal. Finalmente, siguiendo a Maffesoli, se destaca la necesidad de pensar siempre las emociones ancladas al espacio.

La autora comprende las comunidades emocionales a partir de seis dimensiones: estética, ética, política, es pacial, temporal y sociocultural. La dimensión estética se materializa en prácticas como la danza, conciertos o talleres comunitarios; en expresiones orales, escritas o corporales, y en figuras, colores, olores, sonidos y vi braciones. La dimensión ética implica la construcción conjunta de (re)interpretaciones del mundo, la asigna ción de otros significados y sentidos a las prácticas y las acciones, más proclives a lo grupal y colectivo.

La dimensión política aboga por estimular el sentir común y el estar juntos, busca unos habitus afectivos asociados a la autonomía, el compromiso con los/as otros/as y con el interés público. La dimensión espa cial se juega, por su parte, en los elementos materiales y de lugar que posibilitan las acciones y las prácticas de las organizaciones. La dimensión temporal alude a que existen ritualidades, prácticas y encuentros cons tantes, así como artefactos y objetos que posibilitan transmitir en el tiempo un cierto ethos o aura comu nes que definen la permanencia y la prolongación de las comunidades. La dimensión sociocultural conjuga representaciones de lo individual y lo colectivo; cons truye fronteras simbólicas de inclusión y de exclusión.

Desde estas conceptualizaciones, las investigadoras construyen el camino para la exploración contextualizada de esa suerte de circulaciones afectivas en comunalidad con el espacio y la acción colectiva que pueden observar en las organizaciones que integran el estudio. Para el abordaje metodológico de este proyec to, se presenta la propuesta epistemológica de la triada performativa, la cual se define como un modelo tridi mensional que abarca a los interlocutores (todos los sujetos que interactúan en la investigación), los métodos o técnicas de diseño (narrativa performativa individual y grupal, fotovoz y observación corpoemocional) y el análisis de los procesos corpoemocionales.

La apuesta metodológica está en romper el canon que tradicionalmente ha separado al sujeto investiga dor del objeto investigado, lo que lleva a reconocer que las investigadoras hacen parte de la red de afectividades que se produce en los rituales de interacción y cómo allí se da la conexión intersubjetiva e interobjetiva entre las partes. Es precisamente en estos espacios donde emer gen los efectos materiales de la circulación de afectos y objetos de emoción, promoviendo la observación y la comprensión de los procesos corpoemocionales. Por su parte, la técnica de fotovoz se destaca como el cora zón de la triada performativa. Su relevancia radica en el potencial que tienen las fotografías para hacer explí citos los objetos de emoción, las realidades cotidianas, las prácticas y sus interpretaciones, lo que pone en evi dencia cómo las memorias corpoemocionales tienen un carácter multitemporal y multiespacial.

Adicionalmente al reconocimiento que merece el ingenio de las investigadoras para trascender los alcan ces del abordaje etnográfico tradicional, este desarrollo metodológico tiene un valor importante al permitir, por un lado, la observación, el registro y el análisis de los procesos corpoemocionales, y por otro, el descubrimien to y la comprensión de las matrices socioculturales en que se inscriben las organizaciones como comunidades emocionales.

En sus hallazgos, el libro de Peláez esboza los contextos de violencia, pobreza y opresión en que se encuentran las organizaciones sociales participantes en la investigación, pero con el énfasis puesto en las mane ras en que dichas organizaciones fungen a manera de comunidades emocionales. Otros hallazgos interesantes tienen que ver con la forma en que los espacios pue den ser resignificados desde las acciones colectivas; se explora cómo el ámbito de lo espiritual posibilita la constitución de paquetes culturales que aglutinan a los sujetos y les generan una economía afectiva atracti va. Así mismo, muestra cómo desde el arte y la música, es posible construir marcos de identidad colectiva y de apropiación política de los espacios.

La autora cierra con reflexiones sugerentes y atrac tivas en torno a la posibilidad de construir puentes que logren sobrepasar los abismos de violencia, opresión y desigualdad, que se ciernen hoy en día en el mundo y de manera particular en Colombia. Para ella, las organi zaciones que participaron en la investigación lograron construir comunidades emocionales que pudieron a su vez dar lugar a cambios en las constelaciones afectivas de sus integrantes y estimular habitus afectivos distin tos de los presentes en los contextos de violencias de los que provienen; en últimas, son comunidades que lo graron construir puentes por sobre los abismos y que abrieron nuevos caminos de conocimiento fuertemente enraizados en los afectos y las emociones.

Notes

1 Desde el comienzo del texto, se señala el uso indistinto de afectos y emociones.
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