Dossier

Peronismo, kirchnerismo y más allá: veinte años de estrategias políticas en Argentina (2003-2023)

Peronism, Kirchnerism and beyond: twenty years of political strategies in Argentina (2003-2023)

Martin Retamozo
Universidad Nacional de La Plata, Argentina
Lucía Trujillo Salazar
Universidad Nacional Arturo Jauretche, Argentina

Peronismo, kirchnerismo y más allá: veinte años de estrategias políticas en Argentina (2003-2023)

Reflexión Política, vol. 26, no. 53, pp. 163-178, 2024

Universidad Autónoma de Bucaramanga

Received: 21 November 2023

Accepted: 11 March 2024

Resumen: Este artículo examina las diversas estrategias políticas empleadas por el peronismo desde su llegada al poder en 2003 con Néstor Kirchner hasta la derrota en las elecciones presidenciales de 2023 en Argentina. El análisis revela cómo las estrategias denominadas transversalidad, Concertación Plural, Partido Justicialista, Unidos y Organizados, Unidad Ciudadana, Frente de Todos, y Unión por la Patria, se corresponden con distintas formas de acción en los escenarios políticos fundamentales para la democracia, tales como la representación política, el sistema político y las relaciones entre los actores en diversas etapas del ciclo político y económico.

Palabras clave: Argentina, Kirchnerismo, Peronismo, sistema político, política.

Abstract: This article examines the diverse political strategies employed by Peronism from its rise to power in 2003 with Néstor Kirchner until the defeat in the 2023 presidential elections in Argentina. The analysis reveals how the strategies labeled as "Transversalidad," "concertación Plural "Partido Justicialista" "Unidos y Organizados" "Unidad Ciudadana" "Frente de Todos," and "Union por la Patria" correspond to different forms of action in fundamental political scenarios for democracy, such as political representation, the political system, and relationships among actors in various stages of the political and economic cycle.

Keywords: Argentina, Kirchnerism, Peronism, political system, politics.

Introducción

Que veinte años no es nada Que febril la mirada Errante en las sombras, te busca y te nombra ("Volver" Carlos Gardel/Afredo Lepera)

La crisis de diciembre de 2001 que terminó con la renuncia de Fernando de la Rúa y, días más tarde, el fin de del régimen de Convertibilidad1, constituyó el epifenómeno de un momento de dislocación en lo económico, lo social y lo político, y abrió un escenario incierto. El agotamiento del régimen social de acumulación y sus patrones distributivos se articularon con una crisis de representación y un auge de demandas movilizadas bajo distintas modalidades de acción colectiva. La devaluación asimétrica propuesta por el presidente interino Eduardo Duhalde en enero de 2002 abrió una etapa de post-convertibilidad e instaló matrices para un nuevo modelo de acumulación y distribución, así como programas sociales para la contención social (como el Plan Jefes y Jefas de Hogar Desocupado). Sin embargo, la precaria gobernabilidad obtenida por Duhalde se desmoronó luego de que dos manifestantes2 fueran asesinados en el marco de una protesta y el presidente interino se viera forzado al adelanto de las elecciones presidenciales.

Los comicios de marzo de 2003 constituyeron un desafío crucial para el sistema político y su pretensión de restituir el vínculo representativo dañado. En esa contienda la cantidad de los votos positivos y la baja abstención, en contraste con las legislativas de 2001, fueron una muestra de la eficacia del sistema político para procesar la contingencia mediante el dispositivo electoral. El resultado de las elecciones, sin embargo, marcó una dispersión de preferencias entre candidatos provenientes de las dos fuerzas políticas tradicionales: el peronismo y el radicalismo (los cinco candidatos con mayor cantidad de votos provenían de ellas). El sistema electoral preveía una segunda vuelta entre los candidatos más votados, Carlos Menem y Néstor Kirchner, ambos peronistas y que habían obtenido el 24,45% y el 22,25% de los votos, respectivamente. Ante la negativa de Menem de participar del balotaje, debido a su alto índice de rechazo, Néstor Kirchner se consagró presidente y asumió el cargo el 25 de mayo de 2003. El presidente electo tenía un escaso capital político propio, ya que si bien Kirchner era gobernador de una provincia, arrastraba un nivel de desconocimiento alto y fue la alianza con Eduardo Duhalde la condición de posibilidad de su elección (lo que constituye la estrategia cero). Sin embargo, a partir de esta situación se constituyó un actor central para el sistema político argentino: el kirchnerismo.

Este artículo reconstruye las siete estrategias políticas desplegadas por el kirchnerismo en las coyunturas electorales, desde la asunción de Néstor Kirchner como presidente en el 2003 hasta las elecciones presidenciales de 2023. El estudio analiza las distintas estrategias que denominamos transversalidad, Concertación Plural, Partido Justicialista, Unidos y Organizados, Unidad Ciudadana, Frente de Todos, y Unión por la Patria para mostrar las condiciones de posibilidad de estas, los efectos en la configuración de la fuerza política y la resultante electoral. Consideramos la estrategia como el corolario de la interacción de actores que coordinan sus acciones en pos de fines que pueden ser múltiples y simultáneos. Ahora bien, la estrategia no se agota en la elección de un actor racional maximizador, sino que implica el contexto, los recursos y la coordinación de organizaciones políticas, movimientos sociales, sindicatos y colectivos movilizados, además de articular expectativas y acciones micropolíticas en redes sociales.

Sin embargo, en la conformación de la estrategia no todos los actores tienen el mismo poder al tomar decisiones que la moldean. El lugar de los liderazgos y los recursos (materiales y simbólicos) puestos en juego tienen un lugar explicativo clave (Luna, et al. 2021). Para abordar esta cuestión llamaremos táctica dominante a la práctica del actor con mayor poder y recursos para influir en la configuración de la estrategia como resultado. Hay que tener en cuenta que no siempre existe un único escenario para la acción. Como argumentó Tsebelis (1990), los juegos anidados suponen que existen múltiples arenas que hay que contemplar para analizar las decisiones políticas, y que los resultados (o las expectativas) sobre unas influyen en las otras y son importantes para un análisis integral. En nuestro caso, por ejemplo, conviven múltiples objetivos, tales como el desempeño electoral, la representación política, las disputas internas en el peronismo y el ordenamiento del sistema político, entre otros. Cada una de estas arenas tiene una serie de reglas (formales o informales), las cuales se ponen también en tensión en cada reactualización como han destacado las corrientes pragmatistas (Cefaï, 2012). Las reglas de cada una de las arenas, especialmente cuando están institucionalizadas -como es el desarrollo de los comicios- es un aspecto también relevante en el resultado.

La transversalidad como construcción postelectoral o "de la necesidad virtud"

"El movimiento se demuestra andando" Carlitos Balá

La estrategia 0 del futuro kirchnerismo implicó una alianza con el presidente interino Eduardo Duhalde, cuya influencia en la provincia de Buenos Aires -cuantitativamente casi el 40% del electorado- y la posición dominante al frente del Ejecutivo que logró estabilizarse -aunque precariamente- a la salida de la Convertibilidad, le posibilitaron fungir elector clave. Sin embargo, desde su asunción, Kirchner buscó nuevos horizontes para restituir la autoridad presidencial y desde allí coordinar una estrategia de transversalidad para lo que llamamos "devenir kirchnerismo". En su primera alocución como presidente lo exponía con claridad

La Argentina contemporánea se deberá reconocer y refundar en la integración de equipos y grupos orgánicos, con capacidad para la convocatoria transversal, el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes." (...) "Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios. (Alberto Fernández, Discurso de asunción del 25 de mayo de 2003 ante la Asamblea Legislativa)

Ahora bien, en términos políticos, el desafío de Néstor Kirchner incluía la búsqueda de consolidar la recuperación de la legitimidad de lazo representativo, tanto presidencial como del sistema político en su conjunto que habían sido puestos en cuestión en el ciclo de protestas que desembocó en el 2001 (Cané, 2021). A su vez, dotar de legitimidad postelectoral a la figura presidencial, luego de arribar siendo segundo en las elecciones generales y con algo más del 20% de los votos, tanto en el nivel de la opinión pública como de articulación de sectores organizados (partidos, sindicatos, movimientos sociales, organizaciones de derechos humanos, etc.) (Muñoz y Retamozo, 2008).

La estrategia de la "transversalidad" consistió, por un lado, en la progresiva incorporación de cuadros ligados a la tradición nacional-popular que habían quedado marginados de la representación del Partido Justicialista (Torre, 2004; Vázquez, 2014), así como de los movimientos sociales (Retamozo, 2011)3. Por otro lado, articular referentes emergentes de la centro-izquierda proveniente de diferentes experiencias políticas como el Frente País Solidario (FREPASO) en el caso de Aníbal Ibarra e incluso Hermes Binner del Partido Socialista o Luis Juez en Córdoba (De Lucca, 2014).

La estrategia jugó en tres arenas. En la primera, procuró fortalecer las opciones afines en las contiendas electorales ya pautadas para el primer año de gobierno electoral (en un calendario electoral cargado de desafíos) como Aníbal Ibarra como jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires (que derrotó a Mauricio Macri) y a Felipe Solá que obtuvo la gobernación de la provincia de Buenos Aires (Cheresky, 2004). El proceso electoral del 2003 fortaleció a la fuerza presidencial tanto por la acumulación de capital político como de poder instituido, ya que obtuvo mayoría en ambas cámaras (Montero y Vicent, 2013, Schuttemberg, 2014)4. Esto implicó, en segundo lugar, un reordenamiento del campo político con la consolidación del polo de centro izquierda (representado por Kirchner y sus aliados) y la vacancia de un polo hacia la derecha del espectro político (Retamozo y Schuttenberg, 2016).

En tercer lugar, luego de esta fase, la transversalidad pasó de una etapa de alianzas a la articulación de un espacio. El "Primer Encuentro de la Militancia" realizado en Parque Norte el 11 de marzo de 2004 puede considerarse uno de los hitos fundacionales de un espacio "kirchnerista" capaz de hegemonizar el peronismo5. Montero y Vicent (2013) argumentan que en cierto modo esto marca el fin de la estrategia de la transversalidad y el devenir de un "peronismo impuro". El movimiento, no obstante, puede considerarse bifronte en tanto buscaba, por un lado, la reconstrucción de un polo peronista, ubicado hacia la izquierda en el espectro ideológico en relación a sus predecesores y, por otro, instaurar condiciones en el campo político para la emergencia de nuevas formas de representación del espacio no-peronista ubicado en la centro-derecha (Alessandro, 2005; Rocca Rivarola 2008; Retamozo y Schuttemberg, 2016).

El propio Partido Justicialista se convirtió en el locus de una disputa por su centralidad como instrumento electoral, pero fundamentalmente como una referencia de la conducción del movimiento peronista. En este escenario se agudizaron las tensiones entre el nuevo espacio en el poder y el encabezado por Eduardo Duhalde. No obstante, como ocurrirá en otros momentos, la correlación de fuerzas al interior del movimiento no se dirimió dentro de la institucionalidad partidaria, sino en elecciones abiertas, esa fue la función de las elecciones legislativas de 2005, especialmente en la contienda por la senaduría de la provincia de Buenos Aires. El kirchnerismo fue capaz de configurar un espacio de representación nacional-popular, de carácter movimientista en el que se articularon dirigentes y organizaciones provenientes del peronismo, sectores de la centro-izquierda, del sindicalismo y los movimientos sociales6.

Las elecciones de 2005 evidencian el clímax de la fase en el que el kirchnerismo jugó una estrategia transversal y fragmentada que incluía jugar una carta de "peronismo kirchnerista" en la provincia de Buenos Aires, a la vez que diseñar diferentes acuerdos partidarios y extrapartidarios en los distritos subnacionales. El enfrentamiento principal tuvo como escenario la provincia de Buenos Aires, la estrategia implicó un discurso de transversalidad y alianzas con intendentes peronistas del conurbano que aportaron territorialidad y recursos (Calvo, 2005), lo que para algunos autores como Murillo y Levitsky (2008) indica el abandono del proyecto transversal. Si bien el Partido Justicialista, como estructura, acompañó la candidatura de Chiche Duhalde, el movimiento nacional optó por la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner (KFK) y el resultado electoral asentó un duro golpe al "duhaldismo" como principal referente del peronismo. El desempeño electoral puso en cuestión la eficacia de la institucionalidad y la organicidad partidaria ("los fierros del partido") para definir las elecciones y mostró que el kirchnerismo podía prescindir del sello partidario en tanto articulara potencial electoral (como traducción de su capital político), alianzas locales y recursos de poder por el ejercicio del gobierno.

Los niveles de aprobación presidencial altos, la victoria sobre los adversarios dentro del movimiento peronista y una primera fase centrípeta que articuló marginados y establecidos en el campo nacional y popular marcaron la construcción política del gobierno de Néstor Kirchner. De cara a las elecciones presidenciales de 2007, el entonces presidente afirmaba que

(l)a transversalidad fue una denominación periodística. Es un término que podría funcionar en un sistema de partidos que están funcionando. En la Argentina, todos sabemos que la reconstrucción de los partidos políticos va a llevar un tiempo largo. Entonces, la construcción del espacio se debe hacer en base a ideas superadoras que seguramente provendrán de hombres y mujeres de distintos partidos. (Néstor Kirchner, en Wainfeld, Moreno y Cibeira 2006).

Así sintetizaba el movimiento estratégico hacia la "concertación plural".

I. La Concertación Plural de lo efímero: eficacia electoral y ruptura

El gobierno nacional encabezado por Néstor Kirchner llegó a las elecciones de 2007 fortalecido. La gestión podía mostrar una mejora en los indicadores sociales, una restituida gobernabilidad, una fortaleza de la legitimidad presidencial. Además, con una consolidación del poder propio al interior del peronismo, por la victoria sobre Eduardo Duhalde en las elecciones de 2005 y en la gestión por el reemplazo del ministro de economía Roberto Lavagna (Panigo y Chena, 2011).

A partir de allí, la fuerza gobernante diseñó la estrategia de la Concertación Plural tanto como táctica electoral para revalidar el mandato como intento de reconfigurar el sistema político en torno a dos polos o coaliciones. Para Rodríguez (2014), este dispositivo buscó superar el clivaje histórico en torno a la dicotomía peronismo-antiperonismo en un contexto de fragmentación de los partidos nacionales (Calvo y Escolar, 2005). En este marco, Kirchner promovió alianzas políticas con referentes subnacionales, particularmente de la Unión Cívica Radical (Bonvecchi y Giraudy, 2007; Lesgart, 2007).

El presidente Néstor Kirchner, explicitaba así su estrategia

"Estamos construyendo un espacio político. Algunos hablan de concertación, otros de construcción amplia, otros de vocación frentista. (...) hay que construir una concertación -un frente, un espacio- absolutamente amplia, que le dé pluralidad y la posibilidad de generar un espacio superador para cualificar definitivamente la construcción de una alternativa estratégica en la Argentina." (Néstor Kirchner, Página/12 27/5/2006).

En este contexto, el Frente Para la Victoria/ Partido Justicialista llevó como fórmula presidencial a Cristina Fernández de Kirchner acompañada por Julio C. Cobos, gobernador de la provincia de Mendoza por la Unión Cívica Radical. En este sentido, la reconfiguración del campo político tenía como actores a los partidos tradicionales y, a su vez, una renovación al interior de estos. Esto conllevó una táctica subordinada ligada a la institucionalización del liderazgo partidario. La centralidad del Partido Justicialista como instrumento del movimiento nacional y popular generó tensiones con algunos aliados de partidos menores y con los movimientos sociales que se habían acercado al kirchnerismo7. Luego de la victoria en las elecciones de 2007 en la que la fórmula del FPV-PJ se impuso con el 45.28% de los votos, duplicando a la segunda fuerza, Néstor Kirchner inició gestiones tendientes a una normalización del Partido Justicialista, incluyendo a sectores como los de Roberto Lavagna que también habían competido con aliados de la UCR8.

Este planteamiento puede ser interpretado como uno de los objetivos del kirchnerismo en lo referente a la reestructuración del campo político y del sistema de partidos (Cheresky, 2004; Rocca Rivarola, 2012). En esta visión, el Partido Justicialista (PJ) debía constituirse como el núcleo de orientación centro-izquierda, reservando un espacio de centro-derecha para una alianza de facciones del peronismo y el radicalismo liderada por el empresario Mauricio Macri (quien había sido electo jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires en ese año). En este sentido, el propósito no se limitó únicamente a la restauración de una fuerza política, sino a configurar un polo ideológico con capacidad de ejercer influencia en la totalidad del sistema político, definiendo fronteras con otros espacios, especialmente hacia el centro-derecha. (Rodríguez, 2012).

El conflicto desencadenado en marzo de 2008 a raíz de la implementación de la resolución 125 del ministro Martín Lousteau, que modificaba el régimen de retenciones sobre las exportaciones agrícolas, principalmente la soja, en un contexto de alza internacional de los precios de los commodities, representó un parte aguas en la política argentina. Denominado "campo-gobierno", este enfrentamiento tuvo al menos tres repercusiones en la estrategia política del kirchnerismo; en primer lugar, propició la configuración de un nuevo escenario simbólico en disputa, dando lugar a la formación de colectivos de identificación intensos. Tanto el "nosotros" como el "ellos" (encarnados en "Gobierno-Campo") se convirtieron en puntos de referencia identitaria, estructurando de forma binaria el espacio de reconocimiento (Cantamutto, 2017). La performatividad identitaria de este conflicto se manifestó en ambos lados: el kirchnerismo reactivó sentidos de lo nacional-popular en su discurso, mientras que la oposición encontró mayor unidad de acción (una suerte de "Concertación Plural opositora") y un antagonismo funcional a los efectos identitarios. Por primera vez desde mayo de 2003, surgieron actores políticos abiertamente contrarios al gobierno con capacidad de movilización social y articulación política institucional, lo cual se fue consolidando a medida que el conflicto tomaba un curso entre la acción colectiva de protesta (cortes de ruta) y elaboración parlamentaria opositora.

En segundo lugar, el conflicto impactó en la configuración de las alianzas que sostenían la "Concertación Plural" oficialista, no solo debido al voto "no-positivo" del vicepresidente Julio C. Cobos, sino también por el alejamiento de otros sectores que solían ser considerados como parte del gobierno o aliados circunstanciales, especialmente en las áreas geográficas afectadas por el conflicto (Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos). Los espacios de representación política en el campo opositor encontraron nuevas condiciones de posibilidad para la acción.

El tercer efecto fue la visibilización de actores que se manifestaron en el escenario político, como los grupos económicos mediáticos y las organizaciones patronales rurales, en particular la histórica Sociedad Rural Argentina, a la que se sumaron sectores de clases medias urbanas que encontraron en las redes sociales un nuevo espacio de participación política, en consonancia con acciones de protesta como bloqueo de rutas. Estas nuevas formas de expresión e involucramiento político evidenciaron la creciente importancia de la articulación entre medios de comunicación y las redes sociales para el debate público y la acción colectiva opositora tanto en el campo de la movilización de protesta como la convergencia institucional, especialmente en ámbitos parlamentarios.

II. De vuelta a la doctrina: Partido Justicialista como locus

El conflicto por la distribución de la renta entre sectores agropecuarios y el gobierno nacional provocó la rápida desarticulación de la Concertación Plural. La coyuntura aceleró la estrategia Kirchner de obtener formalmente la conducción del Partido Justicialista como locus de poder para evitar la proliferación de "salidas" en un contexto marcado por una merma en la popularidad del gobierno y la crisis internacional de 2008 (Tagina, 2011). El partido había permanecido acéfalo entre 2004 y 2005, y desde ese año bajo intervención judicial. El congreso normalizador designó una nueva conducción partidaria compuesta por actores de representación instituida (los gobernadores de Buenos Aires, Chaco, Entre Ríos, Salta, San Juan, Mendoza, Catamarca y Jujuy), el Secretario General de la Confederación General del Trabajo (CGT), y la incorporación de secretarías para sectores juveniles y provenientes de los movimientos sociales (dos sectores emergentes de los últimos años).

La estrategia de fortalecimiento partidario se tradujo en una táctica electoral para enfrentar los comicios legislativos de 2009, cuyas perspectivas no eran las mejores para el gobierno nacional. Conocida como "candidaturas testimoniales" se incluyeron como cabezas de listas a funcionarios del ejecutivo nacional, provincial y municipal como expresión del acompañamiento de dirigentes a la lista oficialista (Brudman, 2010)9. Esta táctica defensiva buscó comprometer en la campaña electoral a referentes territoriales y, de este modo, evitar la salida hacia otras opciones electorales. Esto, aunque quizás logró contener la sangría, no impidió una derrota en la provincia de Buenos Aires, donde la lista la encabezó el propio Néstor Kirchner, y una merma en el desempeño electoral en todo el país (Tagina, 2011:138).

La coyuntura de 2008 es clave en el "devenir kirchnerismo". En efecto, si bien la estrategia electoral se estructuró con la centralidad del Partido Justicialista, el conflicto generó una multitud movimientista que, identificadas con el gobierno nacional, promovieron heterogéneas formas de participación y experiencias políticas. La expansión de colectivos no obedeció a una sola lógica, ni se verificó en un solo campo, sino que puso en evidencia la pluralidad de dispositivos que encontraron al gobierno nacional como referente (dimensión representativa) y un antagonismo con poderes económicos y mediáticos. El discurso en clave nacional, popular y democrático, más allá de enunciadores privilegiados, tramitó las polifonías y se nutrió de una producción social de sentidos generadas por diferentes colectivos (programas de televisión como 6,7,810, grupos de intelectuales como Carta Abierta11, movimientos sociales y organizaciones de derechos humanos).

III. "Lo nacional, lo popular y lo democrático" como estrategia

La deriva del conflicto y la derrota electoral de 2009 puso en una situación crítica a la fuerza gobernante que perdió mayoría en la cámara de diputados, así como apoyo en la opinión pública (Catterberg y Palanza, 2012). En este contexto, el kirchnerimo operó sobre el terreno abierto por el conflicto y lo hizo condición de posibilidad de una reemergencia. Así se inició la etapa que algunos autores identificaron como "radicalización progresista" (Varesi, 2011), "exacerbación nacional-popular" (Svampa, 2011) y "reperonización" (Rocca Rivarola, 2015), caracterizada por un conjunto de medidas de distribución y de reconocimiento orientadas a la expansión de derechos (Aboy Carlés, 2014).

Estas políticas abordaron diferentes dimensiones, desde reformas orientadas a la transparencia como la Ley 26.571 que reguló las campañas electorales y el sistema de elecciones (Piana y Boeza, 2013), hasta la promoción de una Ley de "Servicios de Comunicación Audiovisual" (la Ley 26.522 de octubre de 2009) y se orientaron a reinstituir condiciones de legitimidad procesando demandas. Entre las medidas distributivas más relevantes pueden mencionarse la creación de la Asignación Universal por Hijo como el "Programa Ingreso Social con trabajo" que motorizó un plan de cooperativas denominado "Argentina Trabaja". La sanción de La Ley 26.425 de estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP) permitió generar políticas de atención a los adultos mayores e inclusión previsional. Estas políticas aportaron legitimidad a partir de la reparación.

Las medidas socio-económicas lograron un cambio en la tendencia sobre la popularidad del gobierno nacional, lo legitimaron en el marco de una politización del espacio público (Catterberg y Palanza, 2012; Anunzziata 2014). En este sentido, pueden interpretarse acontecimientos político-culturales como los festejos del Bicentenario (González, 2015) que aportaron elementos de lo nacional-popular para la articulación discursiva kirchnerista: y políticas como las del "matrimonio igualitario" que permitió la unión entre personas del mismo género (Hiller, 2010). Las políticas de distribución se articularon con políticas de reconocimiento.

Durante este período, la gestación de una fuerza política propia adquirió una importancia crucial, destacándose la centralidad ineludible que se otorgó a la "juventud" en el discurso kirchnerista (Larrondo, 2013) y en la configuración de movimientos juveniles como actores dentro del ecosistema peronista. Como bien señala Vázquez (2013), la incorporación de la juventud fue fomentada y avalada por los adultos que la reconocían como la "vanguardia" del proyecto político. Esta posición prominente se consolidó con el progresivo protagonismo de "La Cámpora" en la estructura del kirchnerismo, una suerte de primus inter pares en el campo de la juventud peronista.12

El 27 de octubre de 2010 falleció repentinamente Néstor Kirchner y su muerte produjo la apertura de un tiempo excepcional. En efecto, un sector importante de la población se vio interpelado por el nacimiento de una figura mítica capaz de galvanizar imaginarios, ofrecer horizontes de interpretación (sobre el pasado, el presente y el futuro) y ser superficie de inscripción identitaria. La presencia espectral reconfiguré condiciones de la acción política, tanto para Cristina Fernández de Kirchner como de otros actores del campo político y de la opinión pública (Barbosa y Barros, 2013; Catterberg y Palanza, 2012). Otra forma de ver que lo personal es político.

En un contexto favorecido, además por la recuperación económica y de fragmentación de la oposición, las elecciones presidenciales de 2011 arrojaron un resultado que fortaleció el liderazgo de CFK, quien obtuvo el 54,11% de los votos (la mayor cantidad desde la vuelta de la democracia para una primera vuelta). El triunfo electoral abrió un período que algunos autores llamaron "tercer kirchnerismo" (Barbosa y Barros, 2013; Kulfas, 2014) que enfrentaba un contexto socioeconómico signado por desafíos estructurales para la gestión (alta inflación, restricción externa, problemas en la balanza comercial y el déficit energético13). Ahora bien, la centralidad de la figura de CFK generó tensiones con aliados del proceso anterior como la Confederación General del Trabajo y otros actores peronistas no-kirchneristas que se vieron relegados en la fase electoral y los arreglos de gestión. La necesidad de consolidar una "fuerza propia" se plasmó en una estrategia centrípeta en torno a la presidenta.

El 27 de abril de 2012 las organizaciones más cercanas a la líder realizaron un acto en el estadio de Vélez Sárfield. La fecha elegida tiene tanta importancia como la fecha descartada (el 11 de marzo). Mientras la segunda es una fecha propia de la liturgia peronista, el triunfo de Héctor J. Cámpora en 1973 luego de 18 años de proscripción del movimiento nacional, el 27 de abril evoca las elecciones que llevaron a Néstor Kirchner a la presidencia. La propia CFK dejaba clara su elección frente a la propuesta de las organizaciones de realizarlo en marzo

¿por qué no hacerlo el 27 de abril cuando comenzamos nosotros mismos a construir a partir de nuestras convicciones históricas, de nuestros principios políticos una historia que estamos escribiendo nosotros mismo y que jamás permitiremos que la vuelvan a escribir desde afuera o desde intereses contrarios a los de la patria?. (Discurso de CFK en Velez, 27/4/12).

El acto estuvo motorizado por organizaciones como la Corriente Nacional de la Militancia, La Cámpora, el Movimiento Evita, El Frente Transversal Nacional y Popular, entre otras, que se convocaron bajo la consigna "Unidos y Organizados". La fisonomía evidenciaba una primacía de movilización de organizaciones identificadas con el kirchnerismo por sobre la estructura territorial y sindical del Partido Justicialista, el "nosotros mismos" del discurso es claramente un guiño a la nueva fase. El desplazamiento de una efeméride del peronismo setentista hacia una fecha bautismal del kirchnerismo puede leerse como el intento de fortalecer una identidad particular (Cantamutto, 2017). No obstante, la tensión entre esa identidad particular y la tradición peronista permanece en elementos de la liturgia, así como las mismas denominaciones de las organizaciones convocantes que hacen alusión a Héctor J. Cámpora o Eva Perón. Incluso la consigna de "Unidos y Organizados" es una especie de actualización doctrinaria del "Unidos o Dominados" enunciado por Juan Perón.

Los múltiples espacios "kirchneristas", especialmente juveniles, surgidos luego del 2008 encontraron en "Unidos y Organizados" un lugar de coordinación en el que La Cámpora adquiría un rol preponderante. La consolidación del liderazgo de CFK se articuló con una expansión horizontal de organizaciones sociales, culturales y juveniles y una articulación vertical en torno al liderazgo y ciertas mediaciones orgánicas. Este doble juego de movilización horizontal y descentrada, por un lado, y centralidad jerárquica en la toma de decisiones (sin mediación institucional para estas) es una característica del dispositivo kirchnerista.

Las elecciones legislativas de 2013 presentaron un nuevo desafío para el kirchnerismo. Por un lado, en lo económico, un contexto poco favorable debido a la restricción externa y la dinámica inflacionaria, en lo político la pérdida de aliados clave (como el sindicalismo). Por otro lado, una movilización opositora que encontró en los "carcerolazos" (Gómez, 2013) un repertorio de acción eficaz y ampliado por el sistema mediático opositor. La ruptura en la fuerza gobernante fue capitalizada por Sergio Massa, ex jefe de jefe de Gabinete de CFK, y articuló a sectores peronistas descontentos, actores empresariales y políticos de la oposición.

El exitoso desempeño electoral del Frente Renovador de Massa en las elecciones de 2013 abonó la tesis de un final de ciclo para el kirchnerismo, lo que produjo la salida del espacio de dirigentes del peronismo que abierta o solapadamente se incorporaron a la estrategia alternativa (Tegina, 2014). Mientras tanto, la derrota en la provincia de Buenos Aires, una reducción de votos a nivel nacional y la imposibilidad de una re-elección para la presidenta pusieron en dilemas a la fuerza gobernante. Ante el resultado de los comicios se evidenció un cambio de objetivos enfocados en la estabilización económica, el control de la dinámica inflacionaria y la atención a ciertas demandas ciudadanas (García Delgado, 2014).

IV. Elecciones 2015. "Sin candidatos en el Frente"

De cara a las elecciones de 2015 y sin candidatos con potencialidad en el entorno kirchnerista, fueron varios sectores peronistas los que promovieron candidaturas para la presidencia. Por un lado, el gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli con buena llegada a sus pares del resto del país y recelos en los sectores del kirchnerismo; por otro, Sergio Uribarri (gobernador de Entre Ríos), Florencio Randazzo, (ministro del interior y transporte) y Jorge Taiana (ex-canciller) impulsado por movimientos sociales. La estrategia electoral se tornó difusa, con cruces entre los precandidatos, dilaciones y una idea que intentó minimizar la importancia de los nombres propios en la estrategia electoral con la consigna "el candidato es el proyecto" (Anunzziatta, 2016; Van Rey, 2016). Con candidaturas poco instaladas Taiana y Uribarri declinaron sus pretensiones y la contienda parecía encaminarse a una compulsa entre Scioli y Randazzo. No obstante, la inclusión de Carlos Zannini, uno de los funcionarios más cercanos a CFK, en la fórmula con Daniel Scioli fue interpretada como un apoyo indirecto al gobernador y motivó la declinación de Randazzo mediante una carta pública.

La definición de candidaturas tuvo otro mecanismo de resolución en la provincia de Buenos Aires, donde se enfrentaron en las primarias dos listas competitivas. Una encabezada por Julián Domínguez (ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación), secundado por Fernando Espinoza, el intendente de la localidad más importante de la provincia (La Matanza), y la otra integrada por Aníbal Fernández (ex Jefe de Gabinete) y Martín Sabatella. Este último dúo resultó triunfador en las primarias pero fue derrotado por María Eugenia Vidal, lo que constituyó el primer revés electoral en el principal bastión del peronismo luego de casi 3 décadas.

En las elecciones generales para presidente realizadas el 25 de octubre de 2015, Daniel Scioli -el candidato del FPV/PJ- fue el más votado con el 37,08%, mientras que Mauricio Macri encabezando Cambiemos (la alianza conformada principalmente por el PRO y la UCR)) obtuvo el 34,15%; por su parte, Sergio Massa del Frente Renovador alcanzó el 21,39%. En la segunda vuelta, realizada el 22 de noviembre, el candidato de la derecha se impuso con el 51,34 % contra el 48,66% del Frente para la Victoria. El primer ciclo kirchnerista, luego de 12 años, llegaba a su fin en su dimensión gubernamental.

El 9 de diciembre de 2015 ante una multitud congregada en la Plaza de Mayo, CFK pronunció su último discurso como presidenta. Luego de repasar logros de gobierno y la coyuntura, la líder peronista adelantó claves de la construcción política por venir, basada en la ciudadanía empoderada.

cuando cada uno de ustedes, cada uno de esos 42 millones de argentinos sienta que aquellos en los que confió y depositó su voto, lo traicionaron, tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida, que esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derecho (Discurso de CFK del 9 de diciembre en Plaza de Mayo).

En este sentido, puede observarse una forma de representación ("Y sepan que siempre voy a estar junto a ustedes", (Onofrio, 2016)) y la exacerbación de la autonomía cuando otros lazos representativos se ven afectados. Una forma de construir un pueblo colectivo en referencia a los derechos, un agente de ciudadanía en cuanto a formas de participación y un referente más como representación.

V. Hacia la Unidad Ciudadana: 2016-2017

El 13 de abril de 2016, luego de comparecer ante los tribunales federales de Comodoro Py, CFK habló frente a un nutrido número de seguidores y les agradeció la "bienvenida". En efecto, un nuevo ciclo comenzaba a vislumbrarse con un kirchnerismo por primera vez en la oposición.

Y les propongo esencialmente conformar un gran frente ciudadano. Un frente ciudadano en el cual no se le pregunte a nadie a quién votó, ni de qué partido es, ni en qué sindicato está, o si es trabajador informal, o formal, jubilado, no jubilado, si paga ganancias o no paga ganancias, que no se le pregunte nada de eso (...) ese frente patriótico que debe estar integrado por ciudadanos sin afiliación, agrupados en ONGs, asociaciones sociales, religiosas, de cualquier tipo. (Discurso de CFK en Tribunales de Comodoro Py, 13/4/16).

(L)a única organización de la que formé parte fue del Poder Ejecutivo Nacional como su titular, elegida democráticamente por la voluntad de los argentinos en dos oportunidades consecutivas, primero con el 46% de los votos, y luego con el 54%. Ah sí, también les dije que formo parte de otra organización: el Partido Justicialista." (Discurso de CFK en Tribunales de Comodoro Py, 13/4/16).

Esto pone en evidencia un cambio de la relación entre ciudadanos y la esfera de representación política, dejando atrás el rol preponderante de las organizaciones. En contraste a la estrategia de Unidos y Organizados, que perseguía la consolidación de las intermediaciones, se apostó por la ciudadanización del movimiento. En un contexto lejano del horizonte electoral, el empoderamiento ciudadano se presenta como una estrategia de acumulación y reservorio de la representación política de CFK. Esto no implica un abandono de las organizaciones de mediación clásica (partidos, sindicatos y movimientos sociales), sino una subordinación de estas a formas de participación más descentralizadas. El debate sobre la estrategia de acumulación en el campo nacional y popular en el inicio del gobierno de Mauricio Macri quedó instalado. En un acto convocado por movimientos sociales en un teatro porteño, CFK expresó

(M)i intención en el día de hoy era dirigirme a todos ustedes para convocarlos a una construcción y a una organización que tiene que ver con la conformación de un Frente Ciudadano. Algunos compañeros, entre ellos algunos muy cercanos a mí, me dicen ¿por qué ciudadano? Cierto, suena por ahí. algunos sectores ¿tal vez sea liberal? No, al concepto, no, no es liberal. Ser ciudadano es fundamentalmente poder ejercer la libertad de qué vida se quiere tener, y para poder ejercer la libertad de qué vida se quiere tener, tenés que tener un trabajo que te permita vivir dignamente, proporcionarte una vivienda, estudio para tus hijos y mínimamente vacaciones una vez al año (Discurso de CFK en el teatro Ateneo 20/4/16)

En este sentido, opera un vínculo entre demandas clásicas (trabajo, educación, vivienda, vacaciones) tramitadas por el peronismo, y una gramática ciudadana en la defensa de esos derechos para convertirlos en demandas. No obstante, el horizonte se constituyó en una nueva construcción superadora del peronismo, capaz de sintetizar experiencias diversas y configurar una nueva forma organizativa como resultado de ese proceso tal como lo enunció en esa ocasión: "los peronistas que no somos los únicos que hemos contribuido a la construcción de este proyecto, tenemos que entenderlo, aceptarlo, porque es además. está en nuestro origen" (Discurso de CFK en el teatro Ateneo 20/4/16)

A medida que transcurrió el tiempo y los comicios de medio término se acercaban, la estrategia electoral adquirió centralidad. La estrategia de Unidad Ciudadana fue primero construir un polo claramente opositor y con expectativas electorales por fuera del Partido Justicialista con CFK como candidata a senadora y, desde allí, atraer figuras y organizaciones, ya sea por afinidad ideológica o cálculo electoral. La táctica electoral incluyó la frustrada incorporación de Florencio Randazzo (como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires) quien finalmente se presentó por el Partido Justicialista encabezando la lista de senadores nacionales por ese distrito14. Si bien la candidatura de CFK se materializó por fuera de la estructura partidaria peronista, los candidatos más visibles provenían de una indiscutible filiación peronista, como Jorge Taiana (militante histórico del peronismo e hijo del médico personal de Perón), el abogado laboralista de la CGT, Héctor Recalde, el exgobernador Daniel Scioli y el intendente del municipio más grande el país, Fernando Espinoza.

El resultado fue una derrota victoriosa. En efecto, si bien Unidad Ciudadana obtuvo el 37.25% de los votos, contra el 41.38% de la alianza de derecha, quedó en evidencia el indiscutible liderazgo de CFK en el espacio opositor y resolvió la interna peronista, ya que el candidato del Frente Renovador, Sergio Massa, obtuvo el 11.32%, y Florencio Randazzo-candidato oficial del Partido Justicialista- obtuvo nada más que el 5.31%, lo que constituyó la peor elección de la historia. En su intervención a poco de conocerse las tendencias definitivas, Cristina Fernández de Kirchner expresó:

Unidad Ciudadana ha venido para quedarse. Seremos la base, no la totalidad, de la construcción alternativa a este gobierno. Sabemos que el voto recibido es fundacional, una semilla de esperanza que vamos a regar todos los días (...). Aquí no se termina nada. Aquí empieza todo. Mañana empieza el trabajo de Unidad Ciudadana. (Discurso de CFK en Aresenal de Sarandí, 22/10/2017).

Con el desempeño electoral las correlaciones de fuerzas al interior del espacio peronista quedó definida y alejada la tesis del "fin del kirchnerismo" como actor central de ese campo.

VI. El Frente de Todos: coalición movimientista

"Los muchachos peronistas Todos unidos triunfaremos" Marcha Peronista.

El triunfo electoral de 2017 por parte de la coalición de derecha gobernante aceleró el ritmo de reformas regresivas (como la previsional), agudizó ciertos conflictos en un contexto, especialmente a partir de 2018, de profundización de la crisis económica. Esto generó una tarea subterránea de recomposición de la trama política por parte de CFK que subordinó la tarea de construcción del movimiento ciudadano a una estrategia centrada en la superestructura política. A partir de su lugar como locus de representación ciudadana y su capital político, CFK convocó a diferentes dirigentes políticos a un espacio de unidad, sin definir su candidatura ni avalar empresas electorales. El sábado 18 de mayo de 2019 anunció en un video viralizado en redes sociales haberle pedido a Alberto Fernández que encabezara la fórmula presidencial con ella como candidata a la vicepresidencia. Alberto Fernández, ex jefe de Gabinete durante parte de los gobiernos kirchneristas, había marcado importantes diferencias y operado como jefe de campaña de Sergio Massa en las elecciones presidenciales de 2015 y de Florencio Randazzo en 2017 con abiertas críticas a la expresidenta.

Esto produjo un ordenamiento en las candidaturas cercanas al kirchnerismo y el "Frente de Todos" -finalmente el nombre elegido- se consolidó cuando el "Frente Renovador" aceptó integrarlo con su referente Sergio Massa como primer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires. La conformación del "Frente de Todos" como polo opositor al gobierno de derecha atrajo también a organizaciones y referentes de la centro-izquierda, muchos de los cuales se habían mostrado reticentes a las estrategias del kirchnerismo en el primer ciclo, tales como Proyecto Sur de Pino Solanas; el Partido del Trabajo y del Pueblo-Partido Comunista Revolucionario; el Frente Patria Grande; el Partido por la Cultura, la Educación y el Trabajo de Hugo Moyano (ligado a la CGT), y Unidad Popular de Víctor De Gennaro (ligado a la CTA), entre otros. .1

El Frente de Todos puede considerarse una coalición movimientista, debido a sus características las categorías politológicas fallan al comprender su dinámica, más allá de reparar en la dificultad de traducir la eficacia de coaliciones electorales en gobiernos estables (Mainwaring y Shugart, 1997; Albala, 2021). En este sentido, no es una mera coalición de partidos, aunque electoralmente se inscriba un frente de partidos, y se pierde su esencia si se le piensa con esa lógica. En efecto, los principales dirigentes (Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa y Alberto Fernández) se inscriben en una identidad y una tradición peronista, y no dependen de estructuras organizativas instituidas (un "partido" en el sentido estricto). En torno a este núcleo se amalgaman un conjunto de partidos, organizaciones territoriales, movimientos sociales, agrupaciones estudiantiles bajo una gramática movimientista que le otorga una organicidad inorgánica. Por lo tanto, no estamos frente a una coalición en términos clásicos, ya que existe una matriz política común, una tradición y una identidad que se reactualiza. No obstante, es cierto que es inédita esta conformación del peronismo como fuerza política, ya que no existe una conducción en el movimiento nacional, ni encarnada en un líder ni en un espacio de toma de decisiones.

En la campaña electoral del Frente de Todos, CFK optó por una táctica de intervenciones selectivas y, fundamentalmente, actos de presentación de su libro Sinceramente (Ariza, March, & Spatola 2021), algo que la sustrajo de la centralidad en el debate de campaña afectando la posibilidad de polarización con su figura y a la vez ayudó a consolidar un voto intenso (Secul Giusti, 2019; Reina, 2019). Las elecciones de 2019 arrojaron un resultado favorable a la coalición opositora. El Frente de Todos obtuvo un triunfo en primera vuelta ante Mauricio Macri que buscaba su reelección. Con el 48,24%, Alberto Fernández lograba llegar a la presidencia y CFK a la vicepresidencia de la Nación, mientras que la coalición de derecha Juntos por el Cambio obtuvo 40,28%.

La estrategia se mostró exitosa en términos electorales, los principales dirigentes asumieron cargo de relevancia, la presidencia de la Nación para Alberto Fernández, la presidencia de la Cámara de Senadores para Cristina Fernández de Kirchner (en tanto vicepresidenta) y la presidencia de la Cámara de Diputados para Sergio Massa, además de la gobernación de la provincia de Buenos Aires para Axel Kiciloff, y la jefatura del bloque de diputados para Máximo Kirchner. Sin embargo, el gobierno asumido en diciembre de 2019 tuvo en marzo de 2020 la sorpresa mundial de la pandemia del COVID-19 y se trastocaron todas sus condiciones de posibilidad.

En efecto, al endeudamiento externo que legó la administración de Mauricio Macri, especialmente luego del mega-préstamo que obtuvo del FMI de alrededor de 57 mil millones de dólares, la precaria situación social por el aumento de la desocupación, la pobreza y la desigualdad entre 2015 y 2019, se sumó primero la pandemia, luego la guerra entre Ucrania y Rusia, y la mayor sequía en décadas durante los años 2020 y 2021. No obstante, estas situaciones de contexto adverso, la fuerza gobernante también sufrió tensiones internas, especialmente entre el presiente Alberto Fernández y la vicepresidenta CFK. Controversias en torno a la negociación de la deuda y la implementación de políticas públicas debilitaron a la coalición que no encontró formas organizativas para tramitar las diferencias perspectivas sobre el tratamiento de los asuntos públicos (Oliveros y Vommaro, 2021; Muñoz, 2023).

La estrategia electoral para las elecciones intermedias del año 2021 quedó en manos del presidente de la Nación, quien asumió la presidencia del Partido Justicialista el 22 de marzo de 2021. Las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) se realizaron el 12 de septiembre (aún en un contexto de distanciamiento social por la pandemia) y se puso en juego la mitad de las bancas de diputados y un tercio de las bancas de senadores. El resultado indicó un mejor desempeño de la alianza opositora que obtuvo 41,5% a nivel nacional contra el 32,5% del Frente de Todos. Fue particularmente significativo el resultado en la provincia de Buenos Aires donde Juntos por el Cambio consiguió el 37% de los votos, superando al Frente de Todos que obtuvo un 33% con la candidatura de Victoria Tolosa Paz, una persona muy ligada al presidente Alberto Fernández.

El resultado electoral generó una crisis en la fuerza gobernante. La fuerte crítica de Cristina Fernández de Kirchner mediante una carta pública cuestionando el rumbo del gobierno nacional y solicitando cambios en la política económica evidenció el malestar interno. Ante esta situación sucedieron cambios en varios ministerios y la activación de algunos mecanismos orientados a sostener los ingresos (aumento del salario mínimo y de asignaciones familiares). En las elecciones generales el peronismo mejoró su desempeño electoral, revirtió la derrota en algunos distritos aunque en la sumatoria la ventaja de la oposición se mantuvo. Los resultados electorales implicaron la pérdida de bancas y, en consecuencia, una debilidad para el gobierno en la arena legislativa. En cierto modo este proceso de reacomodación interna desembocó, meses después, en la asunción de Sergio Massa como ministro de Economía en julio de 2022.

VII. Unión por la Patria

El 14 de junio de 2023, fecha límite para el registro de alianzas para participar en las elecciones presidenciales de ese año, se inscribió "Unión por la Patria", denominación del espacio que llevaría a Sergio Massa como candidato a la presidencia de la Nación, el gobernador Axel Kiciloff como aspirante a la reelección en la provincia de Buenos Aires y Eduardo de Pedro como candidato a senador por el principal distrito. La dinámica política y la conformación de las listas pusieron en evidencia cierta subordinación de la influencia del presidente Fernández (a pesar de su rol como presidente del Partido Justicialista) a la estrategia de "unidad" propuesta por CFK y Sergio Massa. La unidad en la mayoría de los distritos electorales y la candidatura del militante social Juan Grabois (con escasas chances electorales) como contrincante de Massa permitió una estrategia de contención de votos en un contexto socioeconómico adverso y con una merma en la opinión positiva de toda la administración Fernández.

La estrategia electoral tuvo al candidato y ministro en el centro de la escena, por un lado con medidas económicas tendientes a contrarrestar los efectos de la inflación en el poder adquisitivo y, por otro, con un discurso de convocatoria a la "unidad nacional" con un bajo nivel de intensidad antagónica más allá de mantener un contra-destinatario. La decisión de invisibilizar la figura del presidente Alberto Fernández y la vicepresidente Cristina Fernández respondió a dos razones convergentes: desplazar la evaluación del gobierno nacional como clivaje electoral, así como evitar una polarización con la figura de la vicepresidenta y el kirchnerismo. La estrategia encontró una variante en la provincia de Buenos Aires en donde la figura del gobernador y su gestión mantenían niveles de popularidad que se verificaron electoralmente en los comicios.

En las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), la fórmula anarco-capitalista encabezada por Javier Milei y Victoria Villarroel obtuvo el 29.86%, mientras que Juntos por el Cambio el 28% (Patricia Bullrich 16.81% y Horacio Rodríguez Larreta 11.19%), y Unión por la Patria 27.28% (Sergio Massa 21.43% y Juan Grabois 5.85%). También pasaron a la segunda vuelta, aunque con magros desempeños, el gobernador de Córdoba Juan Schiaretti con el 3.71% de los votos y el Frente de Izquierda que obtuvo 2.61%. Mientras que en las elecciones generales el candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa, obtuvo (36.68%), seguido por Javier Milei (29.98%) y en tercer lugar, Patricia Bullrich (23.83%). Más lejos quedaron Juan Schiaretti con 6.78%, y Myriam Bregman del Frente de Izquierda con el 2.70%. Esto implicó el paso a la segunda vuelta de los candidatos de Unión por la Patria y de La Libertad Avanza. En el principal distrito electoral, la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kiciloff obtuvo la reelección con casi un 45% de los votos, y en las listas a legisladores nacionales ingresaron figuras cercanas a la vicepresidenta como Eduardo De Pedro, Juliana Di Tulio (senadores) y Máximo Kirchner (encabezando en diputados).

La elección presidencial se definió el 19 de noviembre de 2023 cuando el candidato de Unión por la Patria fue derrotado por Javier Milei de La Libertad Avanza que obtuvo el 55.69% de los votos válidos. En un contexto marcado por una alta inflación que en los meses previos a las elecciones superó el 10% mensual de promedio y una persistente caída en el poder adquisitivo de las mayorías, el voto por el cambio se impuso a la promesa de una mejora en la situación social y unidad nacional en manos del, por entonces, ministro de economía y candidato de Unión por la Patria, Sergio Massa. Nuevamente, como en el 2015, el peronismo fue derrotado en un balotaje.

VIII. Conclusiones: de tácticas y estrategias

Al asumir la presidencia, producto de la estrategia 0 de alianza con el presidente interino Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner se vio confrontado con una serie de desafíos que se desenvolvieron en diversos ámbitos. Por un lado, se presentaba la tarea de establecer una referencia propia, cuyo poder irradiara desde el ejecutivo y se solidificara tanto en el ámbito de la movilización social como en el poder legislativo, además de fortalecer la capacidad del gobierno para asegurar la gobernabilidad. Por otro lado, se encomendó la misión de reconfigurar el sistema político argentino, el cual había sido afectado por la crisis del 2001, en un contexto de transformación de las identidades políticas tradicionales.

La investidura de un "presidente inesperado" (Natanson, 2004), desprovisto de un capital político propio que operó en los intersticios de la dislocación política, propició condiciones para las nuevas coordenadas para la acción política. El devenir kirchnerismo, como resultado de una sinergia entre la reelaboración singular de la tradición peronista y la perspectiva de la renovación, enfrentó coyunturas dilemáticas para la definición de estrategias que lo tuvieron como actor central durante 20 años.

La primera estrategia, la transversalidad, que como vimos incluye un conjunto de tácticas, buscó operar en un doble escenario: consolidar poder institucional, por un lado, y configurar fuerza propia al articular un nuevo sujeto político e incidir en el sistema de representación al consolidar un espacio de centro-izquierda, por otro. El kirchnerismo, desde el espacio peronista, pudo articular con movimientos sociales, referentes intermedios, organizaciones partidarias y de derechos humanos, algo que le otorgó densidad política y contribuyó a la gobernabilidad. La otra cara de la transversalidad fue el germen de la estrategia siguiente, la alianza con elites partidarias subnacionales funcionales a la construcción de poder electoral. En el plano identitario operó un marco simbólico nacional-popular (Svampa, 2011; Perez y Natalucci, 2012, Schuttenberg, 2014), mientras que en la arena electoral el marco de alianzas se amplió como coalición progresista.

La victoria electoral sobre el peronismo duhaldista en 2005 abrió una nueva etapa e implicó una estrategia que dominó las elecciones de 2007. Si la transversalidad se proponía agrupar a organizaciones surgidas en los años noventa, cuadros dirigentes e intermedios que se habían quedado "huérfanos" de liderazgos (y de partidos), la "Concertación Plural" buscó una alianza fundamentalmente superestructural con élites subnacionales con representación consolidada pero sin capacidad de acción nacional. Ahora bien, esto no implica que una estrategia se reemplace por otra, ya que lo que cambia es la arena privilegiada del juego político. Es más, la Concertación no se puede comprender sin la transversalidad que funcionó, primero, como estrategia para disputar la conducción del movimiento nacional peronista, configurar hegemonía allí y sentar umbrales de acción política. En este sentido, la estrategia de la Concertación Plural buscó sobre determinar con el clivaje izquierda/derecha el campo político argentino y cumplir la anhelada utopía ditelliana. De esta manera, una coalición de centro-izquierda encabezada por el kirchnerismo pero nutrida de otras expresiones progresistas generaba el espacio para una alternativa de centro-derecha en el cual Mauricio Macri emergía como una figura aglutinadora. Las dos "novedades" de la crisis del 2001 marcarían el ritmo político de los siguientes veinte años.

No obstante, la dinámica de lo imprevisto y la productividad del conflicto reactivaron una tradición nacional y popular sedimentada, que encontró en el kirchnerismo una superficie de reinscripción. Este proceso tiene otra temporalidad que el electoral. De allí se comprende la táctica electoral de las elecciones 2009 de las "candidaturas testimoniales" orientadas a evitar salidas de dirigentes con poder institucional dentro del Partido Justicialista. Aunque esto no evitó la derrota electoral, la ola nacional-popular que se había activado en uno de los polos movilizados en 2008, las políticas de distribución y de reconocimiento, una mejora económica y la muerte de Néstor Kirchner fueron factores que condensaron capital político en la figura de CFK. Esto produjo una estrategia de "cristinismo" en donde la presidenta ocupó un centro decisional y de representación plasmado en una amplia victoria electoral en 2011.

El intento de organizar la fuerza propia quedó plasmada en la estrategia de "Unidos y Organizados" en 2012, cuya característica combinaba rasgos de liderazgo fuerte con promoción de organizaciones de base, mediadas por una especie de movilización a la vez participante, activa y delegativa con gramáticas identitarias posperonistas. En las elecciones legislativas de 2013 se puso en evidencia la fragmentación de estrategias a nivel nacional y, en el principal distrito electoral, la derrota del candidato por el oficialismo Martín Isaurralde por el exjefe de gabinete Sergio Massa, reflotó la idea de "fin del kirchnerismo". Para las presidenciales de 2015, sin candidato propio, la candidatura de Daniel Scioli, secundado por un cuadro de conducción del kirchnerismo como Carlos Zanini fue acompañada sin demasiado énfasis y concluyó en una derrota electoral en el balotaje contra Mauricio Macri, aunque por escaso margen.

El kirchnerismo arribó a un terreno desconocido (la oposición a nivel nacional y provincial) y tramitó su relación con la estructura partidaria peronista a partir de la potencia del liderazgo de CFK. En su primera aparición pública como expresidenta, luego de declarar en tribunales, dijo:

le contesté que la única organización de la que formé parte fue del Poder Ejecutivo Nacional como su titular, elegida democráticamente por la voluntad de los argentinos en dos oportunidades consecutivas, primero con el 46% de los votos, y luego con el 54%. Ah sí, también les dije que formo parte de otra organización: el Partido Justicialista. (Discurso de CFK en los Tribunales de Comodoro Py 13/4/2016).

Se pone así en evidencia los locus de coordinación: el ejecutivo, el partido y el liderazgo, requerían una reconfiguración en el nuevo contexto. El llamado a un "frente ciudadano" se plasmó en "Unidad Ciudadana" como instrumento electoral. A diferencia del "Frente para la Victoria" que fue la herramienta de acumulación transversal y luego el núcleo de una "Concertación", Unidad Ciudadana buscó jugar en dos arenas. Por un lado, tramitar el descontento sin referencias identitarias fuertes explícitas, sino como afecciones a la ciudadanía social, pero por otro, ubicaba a CFK como una referente implícita en la objeción al accionar del gobierno de Mauricio Macri. En este sentido, presentó novedades como forma de construcción tanto por la representación centrada en la figura de CFK, como por el bajo nivel de organización y la referencia a la ciudadanía sobre la gramática plebeya.

La estrategia le permitió a CFK ubicarse como la referente central del campo opositor, derrotar a los otros candidatos del campo peronista (Sergio Massa y Florencio Randazzo) y convertir el "Instituto Patria"15 en un espacio aglutinador, epicentro del "Frente de Todos" que enfrentó a "Juntos por el Cambio" en un contexto de deterioro socioeconómico (especialmente a partir de 2018). El diseño de una estrategia electoral articulada que le permitió a la fórmula Fernández-Fernández ganar en la primera vuelta contrastó con las tensiones en el ejercicio del poder en un contexto adverso por la pandemia, la guerra y factores climáticos que afectaron económicamente. La derrota del oficialismo en las elecciones de medio término culminaron, luego de cerradas las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con la asunción de Sergio Massa como ministro de economía que concentró decisiones ejecutivas en un escenario signado por la escasez de reservas y espirales inflacionarios.

La estrategia de "Unión por la Patria" permitió contener a los diferentes actores del ecosistema peronista (gobernadores, intendentes, sindicatos, movimientos sociales) y armonizar las tensiones de los referentes del espacio para encolumnarse detrás de la candidatura del ministro Sergio Massa. En un contexto socioeconómico adverso, la estrategia subsumió el "kirchnerismo" como identidad política en una amalgama capaz de sustraer el antagonismo con esa identidad. El llamado a la "Unidad Nacional" prometía procesar la diferencia y logró un significativo apoyo de actores de la sociedad civil, artistas, organismos de derechos humanos y sindicatos. En cierto modo el llamado a la Unidad Nacional como horizonte propone una articulación superadora de las estrategias de la "transversalidad" y la "concertación plural" al ofrecer un marco de contención a la pluralidad del sistema. Sin embargo, la crisis de representación y la precaria situación económica -marcada por la incertidumbre en torno a la dinámica inflacionaria, las restricciones a la compra de dólares y el deterioro de los ingresos-fueron condiciones para que Javier Milei -con el apoyo explícito del principal partido de derecha en las figuras del expresidente Mauricio Macri y la excandidata Patricia Bullrich- se impusiera en las elecciones presidenciales. Por primera vez un mandatario auto identificado como liberal-libertario anarcocapitalista es investido como presidente de la Nación Argentina.

El peronismo, derrotado a nivel nacional, se ubica como la principal fuerza opositora gobernando ocho provincias, entre ellas, la de Buenos Aires que implica el 40% del padrón electoral, además de ser la primera minoría en ambas cámaras. Este poder institucional y el poder de movilización encuentran desafíos en un nuevo contexto que deberán ser tramitados sin una hegemonía de la fuerza política particular (el kirchnerismo) que fue el actor central de las estrategias desde 2003 y que fue perdiendo presencia en la definición táctica luego de haber ungido a Alberto Fernández en 2019.

El proceso político articula pasado con presente y lo conjuga en gerundio, por lo tanto, es un proceso dado-dándose permanente. No obstante, los resultados electorales performan un escenario de cambio en el campo político por las fuerzas que los habitan y los clivajes que los configuran. Luego de un cambio profundo en el escenario con la asunción de Javier Milei, queda abierto un proceso en el que el peronismo tendrá que atender tanto su crisis de representación hacia los sectores que lo configuraron como un sujeto popular y reconstruir el instrumento político para intervenir en los escenarios electorales por venir. Tal vez el peronismo pueda hacer suyas las palabras de Mario Benedetti (2004:282)

"mi estrategia es que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto por fin me necesites"

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Notes

1 La Ley de Convertibilidad de 1991 establecía una paridad entre la moneda argentina y el dólar. A partir de 1992 quedó establecida la equivalencia entre 1 peso y 1 dólar
2 Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados en un hecho conocido como la masacre de puente Pueyrredón cuando participaban de un reclamo por el aumento de los programas sociales destinados a personas con problemas de empleo. (MTD, 2003).
3 El proceso no fue inmediato ni lineal. En una nota periodística dedicada a la relación entre movimientos sociales y el kirchnerismo, los referentes definían posiciones: "No somos kirchneristas, no somos parte del Gobierno ni del kirchnerismo" decía Emilio Pérsico, referente del por entonces Movimiento de Trabajadores Desocupados Evita (MTD-Evita) en una nota con Laura Vales en el diario Página 12 el 3 de agosto de 2003. En la misma nota Luis D elia afirmaba "Mientras el presidente siga así, somos kirchneristas". Por su parte "Aclare que no somos kirchneristas", puntualiza, "ni antikirchneristas tampoco" pedía Gabriel Fernández del MTD Resistir y Vencer. (Laura Vales, 3 de agosto de 2003, Página/12). Con el paso del tiempo la mayoría de los referentes se integraron como funcionarios del gobierno en distintos ámbitos estatales
4 La negociación con las elites subnacionales implicó un incremento de la representación legislativa propia del kirchnerismo, éste, a cambio, cedió representación en ámbitos locales.
5 La prensa lo registraba del siguiente modo "el kirchnerismo dará el primer paso para la conformación de una única estructura electoral que compita en todas las provincias del país" (Piqué, M Página/12. 11/3/2004). https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-32530-2004-03-11.html
6 Un conjunto de organizaciones avalaron la declaración "La Hora de los Pueblos" (20/6/2004) y el 26 de julio emitieron una declaración de apoyo a Néstor Kirchner que fue promovida por el MTD Evita, la FTV, Barrios de Pie y el Movimiento Barrial Octubres. A estos pronunciamientos le siguieron la "Declaración política del Frente de Organizaciones Populares" (20/9/2004) y después la "Declaración de la Mesa Coordinadora Para un Proyecto Nacional" (27/9/2004) firmada por Miguel Bonasso (PRD), Luis D'elia (FTV), Jorge Ceballos (Barrios de Pie), Edgardo Depetri (FTNyP), Emilio Pérsico (MTD Evita), Marcelo Koening (MP 20) y Gastón Harispe (Movimiento Octubres), entre otros. El 12 de octubre de 2004, en un acto en el estadio Luna Park, las organizaciones transversales pusieron públicamente en escena su aparición como conjunto (Página/12, 13/10/04). Hacia finales del año 2004 estas organizaciones constituyeron el Frente Patria Para Todos en cuyo congreso fundacional participó el secretario general de la presidencia Oscar Parrilli, una clara señal del aval de Néstor Kirchner al armado.
7 Aliados provenientes del peronismo, como el Movimiento Evita, se plegaron a la estrategia de institucionalidad partidaria, mientras que otros dirigentes como Luis Delia (FTV) y Edgardo de Petris (FTNyP) comprendieron su necesidad. Por su parte, "Libres del Sur" anticipó su desacuerdo que se profundizaría con una salida deíespacio un año más tarde (Gadin, 2010; Schuttenberg, 2011).
8 El diario La Nación informó un conjunto de reuniones para "reorganizar el PJ" (la Nación 15/1/2008) que desembocó en un con el ex ministro y ex candidato presidencial Ricardo Lavagna. A principios de febrero Kirchner afirmó "Con el doctor Lavagna coincidimos en la necesidad de reorganizar al justicialismo como un partido de centro progresista, respetando la diversidad interna y dando espacio a las distintas expresiones partidarias" (Clarín 3/02/2008).
9 Según Piana y Boeza (2013), en la provincia de Buenos Aires, además del gobernador Daniel Scioli y el Jefe de Gabinete Sergio Massa, 45 jefes comunales integraron las listas.
10 Un programa en la TV pública (6 en el 7 las 8) que sometía a crítica al sistema de medios de comunicación enfrentado al gobierno; al respecto ver (Cécere, 2012) y (Covalesky Dias, 2016).
11 Un colectivo de intelectuales identificados con el kirchnerismo (Retamozo, 2012).
12 La convocatoria "La juventud le habla a Néstor, Néstor le habla a la juventud" el 14/09/2010, realizado en el Luna Park y del que participaron distintos espacios juveniles como La Cámpora, Juventud Peronista, la JP Evita, la JP Descamisados, la JP Peronismo Militante y la Juventud Sindical Peronista es una muestra de la importancia de este actor. (Flax, 2015).
13 En esta clave pueden interpretarse medidas como la devaluación y la restricción a la compra de divisas extranjeras hasta la nacionalización de YPF.
14 Tiempo Argentino. (24/6/2017). Cristina Kirchner se reunió con Florencio Randazzo. Tiempo Argentino. URL: https://www.tiempoar.c/o/m.ar/politica/crisüna-kirchner-se-reumo-con-florenrio-randazzo/
15 Luego de abandonar la presidencia de la Nación, CFK promovió el "Instituto Patria" como espacio de acumulación, referencia y formación de cuadros.

Cómo citar este artículo:

Retamozo, M, & Trujillo, L. (2024) Peronismo, kirchnerismo y más allá: veinte años de estrategias políticas en Argentina (2003-2023). Reflexión Política 26 (53), pp 163-178. doi: https://doi.org/10.29375/01240781.4836
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