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Plegarias del pueblo muerto: El Aro
Lemy Bran Piedrahita
Lemy Bran Piedrahita
Plegarias del pueblo muerto: El Aro
Reflexión Política, vol. 26, no. 53, pp. 179-181, 2024
Universidad Autónoma de Bucaramanga
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Resumen: Esta reseña tiene como propósito exponer un análisis frente a los elementos relevantes del libro publicado por Pablo Navarrete titulado Plegarias del pueblo muerto: El Aro, de la casa editorial Planeta. En ella se presentan como argumentos medulares las posibilidades que brinda el texto para invocar el espectro de los muertos que dejó la masacre paramilitar de 1997 en el corregimiento de El Aro (Ituango, Antioquia), la dignificación de sus dolientes y cómo devela otras formas de violencia que suelen conectarse en las investigaciones de este tipo de fenómenos. Así, se infiere que el libro increpa a quien lo lee para que asuma una responsabilidad moral en el largo proceso de reparación de las víctimas y sus dolientes.

Palabras clave: Guerra, memoria colectiva, violencia de género, violencia (términos extraídos del Tesauro de la UNESCO).

Abstract: The purpose of this review is to present an analysis of the relevant elements of the book published by Pablo Navarrete entitled "Plegarias del pueblo muerto: El Aro", published by Planeta. The core arguments presented are the possibilities offered by the text to invoke the spectre of the dead left by the paramilitary massacre of 1997 in the village of El Aro (Ituango, Antioquia), the dignity of its mourners, and how it reveals other forms of violence that are usually connected in investigations of this type of phenomena. Thus, it is inferred that the book challenges the reader to assume a moral responsibility in the long process of reparation for the victims and their mourners.

Keywords: War, collective memory, Gender-based violence, violence.

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Reseña

Plegarias del pueblo muerto: El Aro

Lemy Bran Piedrahita
Instituto Tecnológico Metropolitano, Colombia
Reflexión Política, vol. 26, no. 53, pp. 179-181, 2024
Universidad Autónoma de Bucaramanga
Navarrete P.. Plegarias del pueblo muerto: El Aro. 2023. Bogotá. Editorial Planeta

Es vasta la literatura a través de la cual consigue retratarse el infierno (como construcción ficticia). Algunos de sus elementos característicos se posan en Dante Alighieri con su emblemática obra La Divina Comedia, en Johann Wolfgang von Goethe en Fausto, o quizá con Mijaíl Bulgákov en El maestro y Margarita. Sin embargo, bastaría con ser más conscientes de la cantidad de infiernos que ha legado la espiral de violencia paramilitar en Colombia para saber que los reflejos más crudos bien podrían encontrarse en cada vestigio que como espectro retorna del pasado para recordar la barbarie acontecida y el ostracismo al que suelen relegarse las víctimas que dejaron a su paso las distintas incursiones paramilitares en el país.

Entre tantas, una de las que aún genera enorme conmoción sociopolítica y jurídica fue la acontecida entre las montañas del norte antioqueño en octubre de 1997, en el corregimiento de El Aro, del municipio de Ituango. Asesinando a 17 personas, robándose más de 1.000 cabezas de ganado, quemando casas y torturando durante 7 días a los habitantes de este rincón olvidado del país, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU), conocidos como "Mochacabezas" (Vanegas Vásquez, 2014), dejaron un panorama tan desolador que el espectro de sus muertos rompe las fronteras del tiempo y el espacio una y otra vez, reclamando por las vidas despojadas violentamente, en connivencia con instituciones del Estado mismo. Así, Pablo Navarrete consigue a través de su reciente libro Plegarias del pueblo muerto: El Aro, tres acciones clave alrededor de la remembranza sobre la masacre: invoca a sus muertos, dignifica a sus dolientes y, además, recuerda otros tipos de violencia que conectan con las historias de barbarie paramilitar, que constituyen un eje de interés político y jurídico.

El texto invoca a los muertos, cumple el papel de una tabla güija, donde Navarrete (2023) llama por sus nombres, a aquellos cuyas vidas fueron despojadas violentamente por escuadrones paramilitares, sorprendidos en la cotidianidad de sus días, entre plantaciones de frijol o departiendo como cualquier día con los vecinos que sin saber verían por última vez. Las víctimas abandonan su velo de indivisibilidad como mero dato estadístico y se nombran, recordando no sólo la forma fatídica en que fueron asesinados, sino también en qué rincón de El Aro los sorprendió la muerte, como a Ómar de Jesús Cardona, a cuya finca llegaron primero los paramilitares, así como a Iván Gutiérrez, a quien sacaron a las patadas de su fonda en Puerto Escondido.

Entre las páginas surgen también los espectros de las muertes de Olcris Fail Díaz, agricultor que en compañía de José fue sorprendido en el puente de La Guamera y por no portar papeles para identificarse frente a los paramilitares fue asesinado vilmente. Carlos Enrique Jaramillo, quien pescando en compañía de su hermano fue asesinado por confesar la típica profesión ejercida por la mayoría de los habitantes del campo colombiano: ser un "todero"1 (en palabras de Navarrete, dedicarse a lo que resultase). Wilmar Restrepo Torres, que a sus escasos 14 años no se cansó de suplicar por su vida, quizá por la certeza de todo lo que aún le faltaba por vivir. Es indescriptible el dolor que genera leer cómo él "Prometió parar de llorar. Juró ser un niño juicioso. Les dijo que la Virgen les agradecería con largos años de vida si lo dejaban irse del punto de enfrentamiento a los brazos de su mamá" (Navarrete, 2023, p. 65), o Elvia Rosa Areiza, empleada doméstica de la casa cural y a quien los paramilitares luego de interrogar en el parque del corregimiento "llevaron a un salón conexo a la iglesia, la torturaron y la asesinaron" (Navarrete, 2023, p. 149).

Además, el libro "dignifica a los dolientes", pues a partir de las narraciones recopiladas sobre aquellos que sobrevivieron a la masacre se reconstruye y conmemora la vida despojada, los sueños arrebatados y las voces acalladas. Entre los relatos, los archivos disponibles y las experiencias vividas por el autor al lado de los testigos que aún le hacen frente a una violencia de la que fueron víctimas por acción de agentes paraestatales y omisión del Estado, el libro exhorta el llanto postergado, pues en el momento de la masacre lo que las mujeres intentaban expresar respecto al horror y el dolor fue violentamente silenciado: "no podemos llorar. Calladitas, entremos a la iglesia que nos matan a todos si nos ven llorando" (Navarrete, 2023, p. 192).

Finalmente, el libro refleja también "otras formas de violencia" que suelen conectarse detrás de la violencia paramilitar (sin que sea la única, valga aclarar), en este caso referida por el autor a través de su experiencia personal, delatando el asedio del cual son víctimas no sólo periodistas críticos, sino también líderes sociales e investigadores académicos cuando emprenden una búsqueda profunda sobre cuestiones que resultan incómodas dentro del statu quo. Navarrete se sirve del texto para hacer catarsis por la vulneración de su integridad en la medida en que avanzó con las pesquisas plasmadas en el libro, una historia que se entrelaza además con la de aquellos que quisieron apoyarlo en su búsqueda para denudar las voces que aún claman audibilidad y visibilidad desde 1997. El autor consigue invocar los espectros de las víctimas, aquellos despojados de sus vidas y sorprendidos por una muerte que, como de costumbre en el país se ensaña contra poblaciones marginadas, quienes a través de Plegarias del pueblo muerto: El Aro, consiguen recordarle a un país de memoria temporal que aún desde las tumbas los muertos claman justicia.

Sus dolientes esperan una reparación del Estado con lo que su visión antropológica implica: una reparación de toda la ciudadanía para no permitir que actos barbáricos queden sólo entre los libros de quienes se arriesgan como Navarrete a prestarse como vínculo para invocar los nombres y recuerdos de aquellas y aquellos que un grupo paramilitar despojó de la vida violentamente, pero que, entre el clamor de sus dolientes, fracturan las fronteras del tiempo y el espacio. Bien refirió Rithy Panh (citado por Gómez Vélez, 2021): "Hay muchas cosas que un hombre desearía no ver ni conocer. Y si las viera, le sería mejor morir. Pero si alguno de nosotros las ve o las conoce debe vivir para contarlas" (p. 89). El libro, sin duda, increpa a quien lo lee para que asuma mínimamente una responsabilidad moral en el largo proceso de reparación de las víctimas y sus dolientes.

Supplementary material
Referencias
Gómez Vélez, A. (2021). Memorias del suelo. Escrituras del desastre y contestación de la tierra en La imagen perdida de Rithy Panh. En: Salas Guerra, M.C. (Ed.), Arte, imagen y experiencia. Perspectivas estéticas. Universidad Nacional de Colombia.
Navarrete, P. (2023). Plegarias del pueblo muerto: El Aro. Editorial Planeta.
Vanegas Vásquez, O.K. (2014). Héroes vagabundos: memoria narrativa de la guerra colombiana. La Palabra, (25), 43-56. doi: https://doi.org/10.19053/01218530.2868
Notes
Notes
1 Apelo a esta expresión, huelga decir, para referir la expresión coloquial que empleamos en Colombia para hacer referencia a aquellas personas que se dedican a todo tipo de oficio. La Real Academia Española de la Lengua tiene una definición semejante que puede ser consultada en: https://dle.rae.es/todero
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