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Migraciones en África Occidental: continuidades y rupturas a través del estudio de caso de los sistemas coloniales francés y portugués
Migrations in West Africa: Continuities and Ruptures through the Case Study of the French and Portuguese Colonial Systems
Papeles de Población, vol. 32, núm. 121, pp. 95-123, 2026
Universidad Autónoma del Estado de México

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Recepción: 20 Agosto 2024

Aprobación: 06 Marzo 2025

Publicación: 02 Diciembre 2025

Resumen: Las migraciones entre África Occidental y Europa están influenciadas por el legado del colonialismo. Tanto Francia como Portugal dejaron huellas profundas en las regiones que colonizaron, creando vínculos históricos y económicos que persisten hasta la actualidad. Cabo Verde y Senegal son dos casos ilustrativos, ya que ambos tienen una larga historia de emigración hacia Europa, especialmente hacia Portugal y Francia. Desde principios del siglo XXI, la Unión Europea ha implementado medidas más restrictivas con la entrada de migrantes, lo que ha llevado a muchos africanos a seguir rutas migratorias irregulares hacia Canarias. Senegal destaca como uno de los principales países de salida, mientras que Cabo Verde ejerce de centinela de la frontera externalizada y eventual destino para algunas embarcaciones perdidas en el mar.

Palabras clave: África Occidental, colonialismo, migraciones internacionales, Covid-19, Pacto sobre Migración y Asilo.

Abstract: The migrations between West Africa and Europe are influenced by the legacy of colonialism. Both France and Portugal left deep marks in the regions they colonized, creating historical and economic ties that persist to this day. Cape Verde and Senegal are two illustrative cases, as both have a long history of emigration to Europe, especially to Portugal and France. Since the early 21st century, the European Union has implemented more restrictive measures on migrant entry, leading many Africans to follow irregular migration routes to the Canary Islands. Senegal stands out as one of the main countries of departure, while Cape Verde acts as a sentinel of the externalized border and eventual destination for some boats lost at sea.

Keywords: West Africa, colonialism, international migration, Covid-19, Pact on Migration and Asylum.

Introducción

Los movimientos migratorios han sido una constante en la historia de la humanidad, alcanzando a partir de la Segunda Guerra Mundial su máximo esplendor, lo que llevó a Castles y Miller a calificar al siglo XX como “la edad de las migraciones” (Castles y Miller, 2009). Según la Teoría de los Sistemas de Migración, para comprender la elección del destino del migrante es necesario investigar los dos extremos del flujo migratorio y analizar los vínculos económicos, culturales, políticos, etc. entre el país emisor y el receptor (Kritz, Lim y Zlotnik, 1992). En el continente africano, los actuales flujos migratorios están claramente influidos por su pasado colonial. Las migraciones intrarregionales se vieron facilitadas tras la celebración de la Conferencia de Berlín (1884-1885), que institucionalizó el desarrollo de la colonización del continente africano y transformó los modelos de organización geoespacial, favoreciendo la libre circulación de personas dentro del área de cada potencia colonizadora, como ocurrió en el África Occidental francesa1 y en el imperio colonial portugués en África2(Jiménez, 2021).

La influencia de la colonización en los flujos migratorios de las excolonias ha sido estudiada por multitud de investigadores. Para el caso de África, Flahaux y De Haas (2016) analizan las migraciones del continente entre 1960 y 2010, destacando que la descolonización y la formación de nuevos estados independientes llevaron a la imposición de barreras al libre movimiento, aumentando el nacionalismo y las tensiones entre estados. El resultado fue una disminución de la migración intracontinental, excepto en África Occidental. Desde finales de la década de 1980, hubo una aceleración y diversificación de la salida de migrantes de África hacia Europa, América del Norte, el Golfo y Asia, impulsada por las restricciones de visado y otras políticas de inmigración de los países europeos tradicionales. Contradiciendo la idea convencional de que la migración está impulsada por la pobreza y la violencia, estos autores argumentan que el aumento de la emigración africana está más relacionado con procesos de desarrollo y transformación social que han aumentado las capacidades y aspiraciones de los africanos para migrar. En términos generales, los países africanos con un mayor nivel de desarrollo, como los del Magreb o la costa de África Occidental, suelen presentar una mayor intensidad de migración hacia otros continentes. En contraste, los países más pobres, especialmente aquellos sin salida al mar en el África subsahariana, muestran en general niveles más bajos de emigración, predominando la migración de corta distancia hacia países vecinos (Flahaux y De Haas, 2016). Esto parece apoyar la teoría de la transición migratoria (De Haas, 2010; Skeldon, 2012; Zelinsky, 1971), la cual postula que el desarrollo económico y la transformación social asociada al mismo coinciden con un incremento en los niveles y la extensión geográfica de la emigración.

Bakewell y De Haas (2007) analizaron las continuidades y los cambios en las migraciones africanas. Estos investigadores sostienen que las políticas coloniales han dejado legados que continúan afectando las dinámicas migratorias africanas y afirman que las excolonias francesas y portuguesas mantienen vínculos migratorios significativos con sus antiguas metrópolis. Según estos autores, hasta la década de 1980, la migración de estudiantes y trabajadores de África Occidental hacia países industrializados fue limitada y se desarrolló principalmente dentro de las antiguas esferas coloniales de influencia francesa e inglesa. A diferencia del norte de África, la migración fuera del continente se mantuvo reducida, con excepción de los trabajadores de Cabo Verde, que emigraban a Portugal y Países Bajos, y los provenientes de la cuenca del río Senegal, que se dirigían a Francia. Desde finales de la década de 1980, la migración hacia Europa y América del Norte aumentó y se diversificó, destacando los flujos desde Nigeria, Ghana y Senegal. Este fenómeno ha incluido tanto la emigración de trabajadores altamente cualificados —como profesionales de la salud que se dirigen al Reino Unido, Estados Unidos y países del Golfo—, como la de migrantes con menor nivel de cualificación, muchos de los cuales se desplazan de manera irregular y encuentran empleo en sectores informales de la economía, especialmente en el sur de Europa. Estos autores también indican que las crecientes restricciones migratorias en Europa no han reducido la emigración, sino que han contribuido a su carácter más irregular y a un aumento en los costos del proceso migratorio. Como resultado, se ha incrementado la vulnerabilidad de los migrantes a la explotación y la trata de personas, siendo particularmente preocupante el tráfico de mujeres jóvenes forzadas a ejercer la prostitución en Europa (Bakewell y De Haas, 2007).

La influencia colonial en las migraciones de África occidental también fue analizada por Verdugo (2022). Esta investigadora indica que, hasta la década de 1970, la mayoría de los migrantes de Mali, Senegal y Burkina Faso optaban por Francia como destino principal, mientras que los procedentes de Nigeria y Ghana preferían dirigirse al Reino Unido. Aunque Francia seguía siendo el principal destino europeo para los migrantes de África Occidental en 2010, desde la década de 1990 se evidenció un aumento en la migración hacia los Estados Unidos de América y el sur de Europa, en particular hacia Italia y España. La expansión económica de estos países europeos, junto con su cercanía geográfica y regulaciones migratorias más flexibles, facilitaron la llegada de inmigrantes subsaharianos a estos países. En 2010, España se consolidó como el principal destino fuera del continente africano para los migrantes de Burkina Faso y Gambia, mientras que Estados Unidos se convirtió en el destino preferido para los nigerianos y liberianos. Por su parte, Italia pasó a ser la segunda opción para los migrantes de Costa de Marfil, mientras que España ocupó esa posición para quienes provenían de Guinea Conakry, Guinea Bissau, Mali, Mauritania y Senegal (Verdugo, 2022).

En las últimas décadas, los movimientos migratorios desde África Occidental han experimentado importantes transformaciones, caracterizándose por una diversificación en sus destinos y rutas. Si bien Europa ha sido históricamente el principal receptor, el endurecimiento de las políticas migratorias europeas ha contribuido a la reorientación de los flujos hacia América Latina y América del Norte (Navarro, 2024). Durante la pandemia del Covid-19, entre 2020 y 2022, se documentó un aumento significativo en el número de migrantes africanos en tránsito por el Darién,3 alcanzando un total de 17,121 personas, lo que evidencia la persistencia de estos flujos incluso en contextos de crisis globales. Estas tendencias sugieren que las migraciones africanas no responden únicamente a políticas restrictivas en Europa, sino a un entramado de factores globales que continúan configurando las rutas y destinos de la movilidad humana.

Los objetivos de este artículo son analizar la influencia del colonialismo europeo en las migraciones de África Occidental —centrándonos en dos países de distinta tradición colonial, Cabo Verde y Senegal—, evaluar el impacto de las políticas migratorias europeas y explorar los efectos de la pandemia del Covid-19 en las migraciones de esta región. En concreto, se examina cómo los sistemas coloniales francés y portugués han dejado huellas en los patrones migratorios de la región, investigando cómo estos dos países, con diferentes historias coloniales, han vivido y respondido a las migraciones internacionales. Además, se pretende analizar cómo las medidas restrictivas de la política migratoria de la Unión Europea han afectado a las rutas y a las dinámicas migratorias desde África Occidental hacia Europa, y cómo la crisis sanitaria y económica ha influido en los flujos migratorios y en las condiciones de vida de los migrantes.

Impacto del colonialismo francés y portugués en los flujos migratorios de África Occidental

Durante la colonización, las políticas diferenciales de inversión de Francia en África Occidental agravaron las disparidades regionales: las zonas costeras, con un clima más propicio para la agricultura y más accesibles a los mercados europeos, se especializaron en cultivos de exportación (café, cacao, etc.) en los que se empleaban trabajadores procedentes de las zonas interiores donde las inversiones eran prácticamente nulas (Ndiaye y Robin, 2010). En la primera mitad del siglo XX, Ghana fue el primer país receptor de migrantes de la región, ocupando Costa de Marfil la segunda posición. Tras la descolonización del África Occidental francófona, los flujos migratorios del periodo colonial siguieron siendo los predominantes. Según Zachariah y Condé (1981), en el año 1975 Costa de Marfil era el país con mayor poder de atracción de las migraciones intrarregionales de África Occidental,4 con un total de 1.4 millones de extranjeros residiendo en su territorio, concentrando 51 por ciento del total de inmigrantes de la región; al igual que en la época colonial, los principales extranjeros eran burkineses y malienses. El segundo puesto en cuanto a la recepción de inmigrantes lo detentaba Ghana, con un total de 562 mil extranjeros, lo que suponía 20 por ciento del total de los inmigrantes de la región, siendo las principales procedencias Togo y Burkina Faso. Senegal ocupaba la tercera posición, con un total de 355 mil extranjeros, 13 por ciento del contingente de inmigrantes de la región, siendo los principales colectivos los procedentes de Guinea Conakry y Gambia (Zachariah y Condé, 1981).5

Por su parte, el sistema colonial portugués se sirvió de mano de obra esclava hasta su abolición en 1869, y posteriormente utilizó trabajo forzado en sus territorios, lo que fue posible gracias al Estatuto del Indigenato,6 que estuvo en vigor en la práctica hasta el final del colonialismo portugués en 1974 (Gorjão, 2016). En el siglo XIX, el Estado colonial puso en marcha diversas estrategias de movilidad en su interior, destacando el papel del archipiélago caboverdiano como proveedor de mano de obra para diversos destinos y puestos en las restantes colonias. Según el análisis de Fikes (2000, 2006), el poder colonial se sirvió específicamente de la isla de Santiago7 de Cabo Verde para reclutar mano de obra para las plantaciones coloniales de Saõ Tomé y Príncipe y, en menor medida, Angola. La gestión diferenciada de los flujos migratorios con origen en el archipiélago convirtió a los habitantes de Santiago en el grupo mayoritario que fue llevado a destinos africanos, siendo tratados como “indígenas”, algo que no ocurrió de la misma manera con los habitantes de las otras islas, quienes migraron en mucha menor medida y bajo otras lógicas que no eran ni raciales ni contaminadas por ideas del indigenismo (Fikes, 2006) a destinos más promisores.

La institucionalización de esta corriente migratoria forzosa, apoyada por numerosas crisis de sequía y hambre en el archipiélago desde el último cuarto del siglo XIX, sustituyó a la mano de obra esclava en plena expansión de los cultivos extensivos de cacao y café en estas islas ecuatoriales (Nascimento, 2008), que representaron una importante afluencia de riqueza a un imperio en proceso de decadencia (Fikes, 2006). Este flujo coexistió con la migración de un pequeño grupo de élite letrada impulsada por el propio Estado para ocupar cargos intermedios en la administración colonial en los restantes países. En paralelo, miles de migrantes abandonaron el archipiélago con destino a la costa este de los Estados Unidos de América, a pesar de los esfuerzos de Portugal por impedirlo mediante la promulgación de leyes restrictivas que intentaban direccionar la salida de población hacia otras colonias portuguesas en África. Este destino, al que los pioneros llegaron a finales del siglo XVIII, fue el principal de la migración económica hasta la década de 1920, en la que las leyes restrictivas norteamericanas hicieron reorientar los flujos hacia países del sur del continente, en especial Argentina y Brasil (Batalha y Carling, 2008). La emigración caboverdiana a Europa solo comenzó en la década de 1960, destacando destinos como Países Bajos, Francia, Italia y Portugal, que a finales de esta década inició una política de incentivo a la inmigración de la isla de Santiago para reemplazar los miles de trabajadores portugueses que se encontraban emigrados en Francia o en la Guerra Colonial (Batalha, 2008).

A partir de la crisis del petróleo de 1973 se deteriora la relación real de intercambio de los países de África Occidental, ya que sus economías estaban basadas en monocultivos de exportación. En la década de 1980, la crisis económica y la puesta en marcha de programas de ajuste estructural reducen el poder de atracción de migrantes de algunos de los tradicionales países receptores de África Occidental. Los datos de la encuesta Réseau Migrations et Urbanisation en Afrique de l’Ouest (REMUAO),8 donde se analizan los flujos migratorios internacionales de siete países de África Occidental para el periodo 1988-1992, lo confirman. Efectivamente, Costa de Marfil sigue ocupando el primer puesto en la recepción de inmigrantes de la región, aunque se observa una reducción del número de llegadas (697 mil). Por lo que respecta a Senegal, las llegadas se cifran en 151 mil y las salidas en 246 mil, dejando de ser un país de inmigración para convertirse en un país de emigración, dirigiéndose los senegaleses mayoritariamente fuera del continente africano. Los datos de la encuesta REMUAO también indican que la mayoría de las migraciones eran intrarregionales (casi 90 por ciento), mientras que Europa ocupaba un destino muy marginal (con menos de cinco por ciento) (CERPOD, 1995). Sin embargo, el continuo deterioro de la situación económica de los países de la región y de las regiones vecinas canalizará, lenta pero progresivamente, los flujos migratorios de África Occidental hacia destinos fuera del continente, fundamentalmente hacia Europa (Verdugo, 2022), y en las últimas décadas -pero con menor importancia cuantitativa- hacia América Latina y América del Norte (Navarro, 2024).

En el caso portugués, a la crisis del petróleo se unió la descolonización tardía (1974-75), que provocó un pequeño flujo hacia Portugal de personas refugiadas procedentes de los conflictos en Angola y Mozambique, así como la repatriación de medio millón de migrantes de la metrópolis que residían en los destinos coloniales (Costa, 2001). En Cabo Verde se produjo el mayor éxodo migratorio de su historia (Carreira, 1983), destacando la antigua metrópolis como destino principal, a pesar de jugar en paralelo un papel de puente hacia otros destinos, como Francia y Países Bajos. La apertura de una embajada de los Estados Unidos de América en Praia en 1983 posibilitó una nueva corriente migratoria regular, que vino a revitalizar el más antiguo destino de la emigración caboverdiana (Halter, 2008). Los destinos africanos apenas tuvieron importancia en esta fase, más allá de la permanencia de varias decenas de miles de migrantes coloniales y sus descendientes en São Tomé. Por lo tanto, en la experiencia migratoria caboverdiana, los destinos internacionales, fuesen forzosos o espontáneos, han sido siempre una de sus características definitorias.

Aunque la influencia de las antiguas metrópolis sigue siendo un factor de atracción de migrantes de las excolonias, la firma del Acuerdo de Schengen en 1985 por Francia, Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo endureció las condiciones de entrada en estos países e impulsó el desvío de los flujos migratorios hacia el sur de Europa, donde la legislación en materia de extranjería resultaba más flexible. Posteriormente, la firma del Acuerdo de Schengen por parte de España (en 1995) e Italia (en 1997) dificultó la entrada de los migrantes en Europa por vías legales, aumentando las irregulares. En el siguiente epígrafe se analiza la influencia de la política migratoria europea en los flujos migratorios del último cuarto de siglo.

Influencia de la política migratoria europea en las migraciones de África Occidental

En el marco de las políticas migratorias europeas, Cabo Verde y Senegal han sido objetivos privilegiados, especialmente desde la “crisis de los cayucos” a mediados de la primera década de 2000. Como resultado de la presión policial en la zona del Estrecho de Gibraltar surgió una nueva ruta migratoria irregular hacia Canarias, mucho más peligrosa que la anterior, que colocó a Mauritania y Senegal como principales países de salida. Cabo Verde se convirtió en destino eventual para algunas embarcaciones que se perdían en el mar, convirtiéndose en un punto de tránsito crucial en esta ruta hacia Europa (Marcelino, 2013), no participando los migrantes caboverdianos en estos flujos irregulares. En este contexto, la política europea de externalización de fronteras llevó a una intensificación de las relaciones con diversos estados de África Occidental en la década de 2000, en un intento por frenar los flujos migratorios clandestinos hacia Europa (Valentim, 2011).

La política migratoria española experimentó una transformación significativa en este momento, enfocándose en África como un eje central (Pinyol, 2007), lo que llevó a una reorientación sin precedentes de las prioridades de la política exterior hacia este continente (Asín, 2008). A raíz de la Conferencia Euroafricana sobre Migración y Desarrollo, que tuvo lugar en Rabat en 2006, se consolidó un nuevo enfoque basado en Acuerdos de Cooperación Migratoria con países africanos, y se implementó el Plan África (2006-2009) (Gobierno de España, 2006). Este plan abarcaba dos áreas principales: por un lado, la cooperación para el desarrollo, y por otro, la cooperación en asuntos migratorios, centrada especialmente en el control de fronteras y las repatriaciones. En el ámbito del desarrollo, el Plan priorizaba la formación de empresas conjuntas y la participación de compañías españolas en el sector energético, como Repsol-YPF, en naciones como Angola, Gabón, Guinea y Nigeria. Además, se daba prioridad a la renegociación de acuerdos pesqueros en países como Namibia, Mozambique y Sudáfrica, donde algunas multinacionales españolas, como Pescanova, ya mantenían intereses en la industria pesquera. Por lo que respecta a la cooperación en asuntos migratorios, el Plan África situó a Cabo Verde en una posición de centinela de las políticas migratorias ultraperiféricas de la Unión Europea (Marcelino, 2013) debido a la existencia de una frontera marítima con Canarias, con numerosas actuaciones de FRONTEX (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) en sus aguas, por las que desde inicios del siglo XXI pasan muchas embarcaciones clandestinas que intentan llegar a Canarias. España se situó como principal mentor del endurecimiento de las leyes migratorias del archipiélago para los migrantes de otros países africanos, incluyendo la repatriación de los interceptados (Valentim, 2011).

Como se ha destacado en varios estudios, el Plan África se centró en países y sectores que ofrecían un mayor potencial y atractivo para los empresarios españoles, sin considerar adecuadamente su impacto en el desarrollo de las naciones africanas (Alberdi y Bidaurratzaga, 2008). En términos generales, la ayuda al desarrollo ha sido empleada como una herramienta de negociación en el control migratorio, en lugar de ser utilizada como un medio efectivo para reducir los flujos migratorios al abordar sus causas subyacentes. Esto genera un riesgo de desviar la finalidad principal de la ayuda al desarrollo (Gabrielli, 2012). Según Mundt, las subvenciones que la Unión Europea concede a su flota agudizan el problema de la sobrepesca (Mundt, 2012). Este investigador enfatiza el problema de la pesca no declarada y no regulada, y pone sobre la mesa la inconsistencia de que la Unión Europea conceda ayuda financiera a los países en desarrollo, mientras que a través de estos acuerdos perjudica la actividad pesquera artesanal, poniendo en riesgo alimentario a las poblaciones locales, que además de depender de la pesca como fuente de sustento, también dependen del pescado como fuente de proteínas.9

La crisis del coronavirus ha sido aprovechada para iniciar una reforma en la política migratoria europea, acordándose en febrero de 2024 en el Parlamento Europeo el Pacto sobre Migración y Asilo, tras tres años de negociaciones. Este pacto fue adoptado oficialmente por el Consejo de la Unión Europea el 14 de mayo de 2024 (Consejo de la Unión Europea, 2024), dando continuidad al control de fronteras como mecanismo para limitar los accesos y facilitar los retornos. Aspectos tradicionales de la política de inmigración y asilo europea —como la cooperación con países terceros— quedaron supeditados a la colaboración en el control fronterizo o en acuerdos de readmisión, relegándose a un segundo plano cuestiones tan importantes como la integración e inclusión de la población inmigrante o el desarrollo de vías legales de acceso al territorio europeo (Pinyol, 2020).

En el último lustro, varios elementos han operado como factores de expulsión en las migraciones de África Occidental hacia Europa. En el siguiente epígrafe se analizan dos de ellos: la crisis económico-sanitaria del Covid-19 y la inestabilidad político-social en varios países de esta región africana.

Impacto del Covid-19 en las migraciones de África Occidental

El 11 de marzo del 2020 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia del Covid-19. Una de las primeras medidas adoptadas por los diferentes países para reducir los contagios fue restringir la movilidad de la población, tanto a nivel interno como internacional. Esta restricción fue mucho más severa en los países desarrollados y provocó una importante disminución del número de llegadas de migrantes internacionales. Según datos de la estadística International Migration Statistics de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),10 en 2019 se registraron ocho millones de entradas de migrantes en los países de la OCDE, mientras que en 2020 el número fue de cinco millones. Lógicamente, las restricciones a la movilidad repercutieron negativamente en la recepción de remesas y divisas del turismo recibidas en los países del Sur, agravando la situación de pobreza de sus habitantes y, al mismo tiempo, aumentando las motivaciones económicas para emigrar en un momento en el que los países del Norte cerraban sus fronteras internacionales.

Con las restricciones a la movilidad implementadas durante la pandemia del Covid-19, se observó un aumento significativo de migrantes procedentes de Senegal y de otros países de África Occidental que intentaban llegar a Europa a través de las Islas Canarias (Figura 1), pasando a ser la ruta Atlántica más concurrida que la del Mediterráneo occidental. Al igual que en la crisis de 2006, entre estos flujos irregulares no se encuentran migrantes caboverdianos, que durante las dos primeras décadas del siglo XXI accedieron de forma regular a territorio español (Oca, 2013), siendo uno de los destinos en boga en esta fase.


Figura 1:
Número de migrantes que entraron irregularmente en España según lugar de entrada
Fuente: E.P. a partir de datos del Ministerio del Interior (Gobierno de España).

El auge de las llegadas de migrantes irregulares a Canarias es el resultado de diferentes factores, como el cierre de las rutas terrestres hacia Libia y Argelia. De esta forma, las medidas restrictivas para controlar la propagación del virus afectaron a las dinámicas migratorias de África Occidental, incrementando el uso de la ruta Atlántica hacia Canarias a pesar de su peligrosidad. De hecho, la crisis sanitaria reconfiguró los patrones migratorios, transformando las Islas Canarias en uno de los principales puntos de entrada a Europa (Bird, 2022). Según datos del Ministerio del Interior del Gobierno de España,11 en 2020 se contabilizaron 23,023 llegadas irregulares a las Islas Canarias, un incremento de 757 por ciento en comparación con 2019, cuando se registraron 2,687 llegadas. En 2023 las llegadas a Canarias casi alcanzaron las 40 mil, y en 2024 se superaron las 46 mil, la mayoría en embarcaciones procedentes de Mauritania que arriban a las islas occidentales de Canarias, la ruta marítima más mortífera entre África y Europa (UNHCR, 2024).

La pandemia desencadenó una crisis económica que afectó a todos los países, aunque su repercusión ha sido muy dispar, como también lo ha sido la capacidad de respuesta para paliar sus efectos negativos e iniciar la recuperación económica. En el caso de África Occidental, según Koffi, Sanogo, Sib y Diouf (2020), tres vulnerabilidades socioeconómicas repercutieron negativamente en la capacidad de los países de la región para hacer frente a las perturbaciones económicas. En primer lugar, la alta concentración de exportaciones aumenta el riesgo de que un shock en el mercado de estos bienes afecte negativamente a toda la economía, y en siete de los quince países de La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO), un solo tipo de producto representa más de 60 por ciento de las exportaciones totales. Cabo Verde es un caso representativo, ya que presenta una elevada concentración de sus exportaciones en un número muy reducido de productos, lo que le afectó negativamente tras el estallido de la crisis: según datos del Banco Mundial,12 de 2019 a 2020 en Cabo Verde las exportaciones se redujeron 58.6 por ciento.

La segunda vulnerabilidad es el espectacular peso de la economía informal, siendo la proporción de empleos vulnerables en el empleo total de los países de la CEDEAO de 75 por ciento, según estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). A título indicativo, la economía informal representa 35 por ciento en Cabo Verde y 65 por ciento en Senegal, lo que colocó a amplios contingentes de la población en situación de gran fragilidad y, al mismo tiempo, tornó ineficaces las medidas restrictivas que se pusieron en marcha para luchar contra el Covid-19.

Por último, la tercera vulnerabilidad es la reducida capacidad de los países de la CEDEAO para movilizar recursos que financien la emergencia sanitaria, el deterioro de los medios de subsistencia de las poblaciones más vulnerables, la depresión de ciertos sectores de actividad y la dificultad para la reactivación de la actividad económica en general. A pesar de que Cabo Verde y Senegal son los países de la CEDEAO con el porcentaje más alto de ingresos públicos con relación al Producto Interno Bruto (PIB) (21 y 16 por ciento, respectivamente), estos recursos resultaron insuficientes para cubrir los costos de la emergencia sanitaria e impulsar una recuperación económica adecuada.

Además de estas vulnerabilidades, tanto en Cabo Verde como en Senegal la importancia del turismo en sus economías también operó como un factor de vulnerabilidad: del año 2019 a 2020 en Senegal los ingresos por turismo internacional pasaron de 170 a 50 millones de dólares, una reducción de 70 por ciento, y en Cabo Verde de 80 a 50 millones de dólares, casi 40 por ciento, según la Organización Mundial del Turismo (UNWTO, por sus siglas en inglés).13 Sin embargo, las remesas no retrocedieron, sino que aumentaron de 2019 a 2020 en Senegal de 2,526 a 2,607 millones de dólares y en Cabo Verde de 215 a 234 millones de dólares, mostrando su relevancia en la supervivencia y la conciencia solidaria de los migrantes hacia sus familias en origen.14 En Senegal la economía también se ha visto afectada por el cambio climático, que ha influido negativamente sobre la producción agrícola y pesquera. Además, los recursos pesqueros también se han visto reducidos por la sobrepesca que han ejercido los barcos industriales extranjeros, principalmente españoles (Verdugo y Villasante, 2012). De hecho, España mantiene la principal flota en los caladeros de África Occidental, ingresando en el año 2020 un total de 160 millones de euros en esa zona, 58 por ciento del total extraído por la Unión Europea (Enríquez, 2022).

Además, en la región de África Occidental ha aumentado la inestabilidad política en los últimos tres años, lo que ha abocado a muchos habitantes a la emigración (Eguegu, 2024; Chamorro, 2024). Desde 2021, en tres países de África Occidental (Burkina Faso, Mali y Níger) el ejército ha tomado el poder mediante golpes de estado. En Senegal se inició un periodo de inestabilidad política y social en 2021, que llegó a su punto álgido el 3 de febrero de 2024, cuando el presidente Macky Sall anunció que las elecciones previstas para el 25 de febrero del 2024 quedaban aplazadas y sin fecha (Mané, 2024). Sin lugar a duda, la convulsión política en la región está incidiendo sobre el aumento de las salidas, sobre todo de forma irregular, debido a las dificultades para obtener un visado y poder hacerlo de forma regulada. Según datos del Ministerio del Interior en 2022 se registraron 31,219 entradas de migrantes irregulares en el territorio español; en 2023 la cifra fue de 56,852 y en 2024 se alcanzaron las 63,970. Desgraciadamente, el aumento de las salidas también se traduce en el aumento de las muertes en el mar. En los últimos 35 años el número de vidas perdidas asciende a 14,109, concentrándose más de 40 por ciento de las víctimas en los tres últimos años: 2021 fue el que acumuló más muertes (2,126) y 2022 ha sido el segundo (1,901) (APDHA, 2023).

Una vez conocidas las tendencias migratorias en la región de África Occidental, se analizará de una forma más detallada en Cabo Verde y Senegal, dos países vecinos con múltiples lazos históricos, con un papel destacado en la política migratoria europea desde comienzos del siglo XXI. Se trata de dos países próximos geográficamente, pero con múltiples diferencias, tanto por su extensión, población, religión u otros aspectos socioeconómicos, como su pasado colonial o sus destinos migratorios. Entre los elementos comunes destacan, además de su pertenencia a la CEDEAO, la importancia de la pesca, el turismo y las remesas para su economía. A través de este estudio de caso se analiza, por una parte, la continuidad de las migraciones coloniales una vez consolidada la independencia de estos países y, por otra parte, el surgimiento de nuevos patrones migratorios en las últimas décadas.

Estudio de caso: Senegal y Cabo Verde

Cabo Verde y Senegal mantienen en las décadas recientes un doble flujo de migración, lo que ha llevado a la consolidación de comunidades migrantes del otro en cada uno de estos países: por un lado, en la actualidad Senegal es uno de los diez principales destinos de la comunidad transnacional caboverdiana (Carvalho, 2010) y, por otro lado, los senegaleses representaban en 2022, 10.9 por ciento de los inmigrantes en Cabo Verde (AAI, 2023).

Cabo Verde fue y sigue siendo un país de emigración, pero en las tres últimas décadas también ha jugado un importante papel como receptor de inmigrantes, que en unos casos se integran el mercado laboral, y en otros utilizan el archipiélago como puente para llegar a su destino final en Europa. En 2022, 58.7 por ciento de la inmigración procedía de países de la CEDEAO (AAI, 2023). El colectivo principal continúa siendo el procedente de Guinea Bissau, país con el que existen fuertes vínculos de movilidad desde el inicio del poblamiento del archipiélago, que según la misma fuente representaba 36.3 por ciento de la inmigración. En contraposición, Senegal fue hasta finales de la década de 1960 un país con un saldo migratorio positivo, pero desde la década de 1990 el número de emigrantes senegaleses con destino Europa se incrementó, registrando desde entonces un saldo migratorio negativo (Verdugo, 2022).

Los datos de la estadística Datosmacro.com de la ONU permiten analizar las salidas migratorias de Senegal y Cabo Verde a lo largo de tres décadas (1990-2020), revelando diversas cuestiones que permiten una comparación entre ambos países. En primer lugar, respecto de la tasa de emigración, presentan valores dispares, situándose en el año 2020 en 4.1 por ciento en Senegal frente a 36.4 por ciento en el archipiélago. Así mismo, su relevancia es desigual en términos absolutos, con cerca de 700 mil senegaleses fuera de su país (Figura 2) frente a cerca de 190 mil migrantes caboverdianos (Figura 3).


Figura 2:
Emigrantes de Senegal por sexo (1990-2020)
Fuente: Naciones Unidas: https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion

En segundo lugar, la emigración senegalesa ha sido y continua a ser fuertemente masculinizada, manteniéndose casi constante a lo largo del periodo, no llegando a suponer en ningún caso menos de 60 por ciento de tasa de masculinización (Figura 2). Esta realidad ha sido investigada por autoras como Vázquez (2014), mostrando su correspondencia con un claro patrón de organización doméstica de los cuidados, según el cual, las nueras permanecen al cuidado de las madres de los migrantes, trabando la migración femenina.


Figura 3:
Emigrantes de Cabo Verde por sexo (1990-2020)
Fuente: Naciones Unidas: https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion

Por el contrario, la emigración caboverdiana se caracteriza por su leve tasa de feminización, ya patente en 1990, que ha oscilado a lo largo del periodo de estudio de 53 a 55 por ciento (Figura 3). Diversas investigaciones han mostrado como, a partir de la denominada “década del reagrupamiento”, en la década de 1980 (Carling, 2004), la presencia de mujeres se ha ido imponiendo, impulsada en gran medida por la demanda del sector feminizado de cuidados en los países del sur de Europa (Oca y Vázquez, 2025).

En tercer lugar, esta fuente estadística permite una aproximación a los destinos migratorios principales de los dos países objeto de este estudio, que pueden permitirnos corroborar o no la huella del colonialismo en su configuración. Por eso, a continuación, nos detendremos en la evolución de las migraciones en cada uno de ellos.

Evolución histórica de la migración senegalesa

En el caso de Senegal, la emigración intercontinental se inició tras la descolonización. Durante el colonialismo, el modelo productivo senegalés, basado en la agricultura, posibilitaba la alternancia entre la actividad temporera en el campo y los meses de trabajo remunerado en la ciudad. Tras la independencia de Senegal en 1960, Francia facilitó la migración laboral de los senegaleses para poder cubrir su déficit de fuerza de trabajo en sectores como el automovilístico o el sector servicios (Wihtol, 1988). Los vínculos socioculturales compartidos, y muy especialmente el idioma común, favorecieron la emigración e integración de los senegaleses en Francia (Fall, 2017). Tras la crisis del petróleo de 1973, desaparece la necesidad de trabajadores extranjeros y se inicia un proceso de restricción de la entrada de migrantes en los países de la Europa comunitaria, que se agudizará tras la firma del Acuerdo de Schengen en 1985. Para salvar estos obstáculos, la estrategia de los senegaleses fue doble: por una parte, durante la década de 1970 utilizaron la reagrupación familiar como mecanismo de entrada en Francia y, por otra parte, a partir de la década de 1990 optaron por la emigración a los países del sur de Europa, fundamentalmente Italia y España, ya que en aquella época estas economías gozaban de un elevado crecimiento económico que necesitaba un número de trabajadores no disponible en sus economías y, además, su legislación en materia de extranjeros no era tan restrictiva como la francesa respecto a la entrada de migrantes en sus territorios (Verdugo, Pereira y Vila, 2019).

La antigua metrópolis sigue siendo el destino hegemónico para los senegaleses fuera del continente africano, hasta llegar a ostentar la primera posición en el año 2020 (Figura 4).


Figura 4:
Emigrantes de Senegal por destino (1990-2020)
Fuente: Naciones Unidas: https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion

El segundo destino es Gambia, con un número de senegaleses equiparable al de Francia, siendo la explicación la localización geográfica de este pequeño país africano que solo tiene frontera terrestre con Senegal. De hecho, entre 1982 y 1989 se creó la Confederación de Senegambia, una unión política entre Gambia y Senegal con el objetivo de mejorar la cooperación entre estos dos países en áreas como la defensa, la economía y la política exterior. Sin embargo, la unión no logró los resultados esperados y se disolvió en 1989. El tercer destino es Italia, que ha aumentado el número de senegaleses en su territorio de 45 mil en 1990 a 113 mil en 2020. En la cuarta posición se sitúa España, que con apenas tres mil senegaleses en 1990 llega a los 60 mil en 2020, convirtiéndose la senegalesa en la primera nacionalidad de inmigrantes subsaharianos en España. Otra corriente que ha experimentado un crecimiento exponencial en paralelo con la anterior es la que se radica en los Estados Unidos de América, que ha pasado de dos mil a 62 mil en el periodo 1990-2020 (Figura 4).

Las migraciones internas en el espacio francófono en África se mantienen, especialmente con países como Mauritania, Costa de Marfil, Mali o Gabón. Con la excepción de Mauritania, todos los países han incrementado lenta pero progresivamente el número de emigrantes senegaleses. En el caso de Mauritania, tradicionalmente se registraban movimientos pendulares a través del río Senegal desde regiones vecinas entre Senegal y Mali, que podían ser diarios para comerciantes o estacionales para quienes buscaban empleo (Cross, 2013). Mauritania también ha sido un destino para la migración laboral desde otras partes de África Occidental, históricamente vinculada al crecimiento en sectores como la pesca y la minería. Asimismo, el país ha servido como punto de tránsito para migrantes de África Occidental y Central que buscan llegar a Europa, ya sea dirigiéndose directamente a la costa para partir hacia las Islas Canarias o como migrantes en tránsito que buscan empleo informal para financiar la continuación de su viaje hacia Europa.

Evolución histórica de la migración caboverdiana

En Cabo Verde, los procesos migratorios espontáneos en el periodo colonial se iniciaron a finales del siglo XVIII, con destino a la costa oriental de los Estados Unidos de América (Carreira, 1984). La población caboverdiana se convirtió en un recurso colonial, ante la inexistencia de recursos naturales que explotar en el archipiélago, destacando la corriente forzosa a São Tomé y Príncipe, tal y como se indicó anteriormente. A partir del siglo XX también hubo destinos africanos no forzados a países vecinos como Senegal o Gambia, que sirvieron en la mayoría de los casos como puente hacia otros destinos en Europa y América. Una excepción en este caso es la constituida por la comunidad estable de origen caboverdiano radicada en Dakar desde tiempos remotos. De hecho, han existido relaciones entre ambas orillas desde el inicio del poblamiento del archipiélago, ya que parte de la población esclavizada procedía de Senegal. En la década de 1920 esta comunidad se revitalizó notablemente como consecuencia del cierre de fronteras en los Estados Unidos de América (Petrocelli, 2016). Más tarde, el proceso de descolonización de Senegal en la década de 1960 llevó a muchos caboverdianos a Francia, acompañando a las familias para las que trabajaban en Dakar, revitalizando la comunidad caboverdiana en este país europeo, uno de los destinos más importantes en el continente (Batalha y Carling, 2008), donde desde entonces comparten experiencias de vida y trabajo con la emigración senegalesa. Además, en la década de 1970 se inició el “gran éxodo” de la emigración caboverdiana (Carreira, 1983), que se dirigió a Europa, fundamentalmente hacia Portugal, pero también a Países Bajos, Italia y Francia, consolidando importantes nodos de la comunidad transnacional caboverdiana (Góis, 2006).

La descolonización del imperio portugués fue tardía en comparación con el caso francés. Tras una guerra colonial, Portugal inició el proceso descolonizador a seguir a la Revolución de los Claveles en 1974, logrando la República de Cabo Verde su independencia en 1975, bajo un sistema de partido único, situado en el conjunto de países no alineados, que en 1991 se reconfiguró como democracia parlamentaria, ingresando en la economía de mercado. A lo largo de este periodo, la economía del archipiélago ha sido considerada como MIRAB, en referencia al modelo económico desarrollado por Bertrand y Walters (1987), cuyos pilares se basan en la migración, las remesas, la ayuda exterior y la burocracia.

Cabo Verde es uno de los países del mundo que recibe el mayor porcentaje de remesas por habitante. A pesar de ello, la evolución del peso de las remesas en el PIB del país ha experimentado un descenso en las últimas décadas. Según datos del Banco de Cabo Verde, pasó de representar 14.5 por ciento de la PIB en 1990 a 8.7 por ciento en 2007 (Carvalho, 2010). Según la misma fuente, en el periodo entre 1990 y 2008, los países que más contribuyeron a través del envío de remesas fueron Portugal (24 por ciento), Estados Unidos (23 por ciento), Francia (18 por ciento), Países Bajos (13 por ciento) e Italia (siete por ciento).

La diáspora caboverdiana no ha cesado de crecer desde la independencia, tanto en Europa como en los Estados Unidos de América. Paulatinamente, el continente europeo se ha ido consolidando como un destino preferente para los migrantes poscoloniales. Según la estadística Datosmacro.com de la ONU se hace patente la continuidad de la antigua metrópolis como destino principal, que a lo largo del periodo en análisis crece de 33 a 36 por ciento, siendo destino de poco más de un tercio de los emigrantes que abandonan el archipiélago (Figura 5).


Figura 5:
Emigrantes de Cabo Verde por destino (1990-2020)
Fuente: Naciones Unidas: https://datosmacro.expansion.com/demografia/migracion/emigracion

En 2023 Portugal creó una nueva modalidad de visado temporal, específica para los ciudadanos de la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP). Esta modificación llevó a la concesión de 149,174 visados, que supusieron 45.3 por ciento de las nuevas concesiones de títulos de residencia en ese año, en el que la llegada regular de inmigrantes creció 129.9 por ciento respecto al año anterior (AIMA, 2024). Esta migración está claramente liderada por Brasil, seguida de Angola y São Tomé, situándose el colectivo caboverdiano en cuarto lugar, con 6,560 visados emitidos. Según los datos obtenidos etnográficamente en Cabo Verde, esta migración CPLP, que actualiza las relaciones entre países del espacio colonial portugués, ha continuado con fuerza en 2024 y 2025, aunque no existen por el momento datos oficiales sobre la misma.

Según la misma fuente, en 2023 residían en Portugal un total de 48,885 personas de origen caboverdiano, de las cuales 51.4 por ciento eran mujeres. Cabo Verde ocupaba el tercer puesto en el ranking de nacionalidades más importantes, con 4.7 por ciento, por detrás de Brasil (35.3 por ciento) y Angola (5.3 por ciento), ambos con relaciones coloniales con el país de destino. La segunda posición en el ranking de países de destino ha variado a lo largo de este espacio temporal, estando inicialmente ocupada por Francia, que a partir del cambio de siglo fue sobrepasada por los Estados Unidos de América, que mantiene esta posición hasta el fin del periodo, suponiendo en torno a 20 por ciento, con pequeñas oscilaciones. Este destino, pionero para la emigración caboverdiana, se ha mantenido a lo largo de dos siglos, con sucesivas fases evolutivas.

En cuanto a los destinos europeos, excluyendo Portugal, a lo largo de estas tres décadas se han mantenido tres comunidades existentes desde la década de 1960, aunque algunas han ido perdiendo peso y otras ganándolo en relación al conjunto. Según Datosmacro.com, la que más ha crecido en el periodo analizado es la de Francia, que acogía algo menos de 14 por ciento de los migrantes en 2020, seguida de los Países Bajos, que continúa siendo uno de los destinos principales, acogiendo a 6.4 por ciento de los migrantes en Europa. Se mantiene Italia, que ha ido perdiendo relevancia en el conjunto de destinos, pasando de algo más de siete por ciento en 1990 a poco más de tres por ciento al final del periodo. Por el contrario, otros destinos en el continente se encuentran entre las diez primeras posiciones del ranking, con crecimiento relevante a lo largo del periodo, como es el caso de España (Oca, 2013), que pasa de 1.4 a 3.2 por ciento. Luxemburgo, uno de los destinos más “pequeños” a lo largo del periodo, multiplicó por cinco sus efectivos entre 2015 y 2020, mostrándose como uno de los destinos más atractivos en los últimos años para la migración caboverdiana a Europa.

Mención especial merecen tres destinos que compartieron con las islas su pasado colonial y pertenencia al imperio portugués, situados entre los diez primeros. São Tomé y Príncipe ha ido perdiendo relevancia, mostrándose cada vez más como un residuo de la fase colonial, acogiendo en 2020 poco más de mil individuos. Por el contrario, Angola y Mozambique estuvieron cerca de triplicar sus efectivos a lo largo de la etapa en análisis, mostrando una clara tendencia de crecimiento, más acentuada en el primer caso. Se evidencia en este caso una continuidad en las relaciones establecidas en el pasado colonial (Figura 5).

Conclusiones

Durante el periodo colonial, Francia y Portugal establecieron importantes imperios coloniales en África Occidental, ejerciendo su dominio sobre vastas regiones y poblaciones, y este legado colonial dejó una profunda huella en la estructura social y económica de la región, influyendo en las migraciones tanto internas como internacionales. La colonización francesa, por ejemplo, estableció vínculos estrechos entre Francia y sus colonias africanas, lo que facilitó la migración de mano de obra desde África Occidental hacia Francia, especialmente durante los periodos de posguerra y descolonización. Este flujo migratorio ha sido un factor importante en la configuración de la diáspora africana en Europa y en la dinámica social y económica tanto de los países de origen como de destino. La colonización portuguesa también tuvo un impacto significativo en las migraciones de África Occidental, con la esclavitud y el comercio transatlántico de personas como una característica central de su dominio colonial desde el siglo XV. Esta historia de esclavitud y diáspora africana ha dejado una herencia profunda en la región, influyendo en las migraciones contemporáneas tanto dentro como fuera del continente. Cabo Verde, antigua colonia portuguesa, ha sido un punto de partida y destino para migrantes, con una comunidad transnacional extendida en Europa, América del Norte y otros países africanos.

La comparación entre las migraciones de dos países pertenecientes a distintos sistemas coloniales en la región de África Occidental corrobora la relevancia de los lazos coloniales en la experiencia migratoria, tanto antes como después del fin del colonialismo. En el caso senegalés, las migraciones intercontinentales dentro de la región son norma hasta la década de 1970, momento en que comienza la emigración a Europa, que tiene como destino principal la antigua metrópolis. En el caso de Cabo Verde, se observa la relevancia de los flujos migratorios conducidos por el Estado colonial a otros destinos africanos que coexistieron con una emigración económica espontánea hacia América del Norte; posteriormente, a partir de la década de 1970, se inició el gran éxodo, consolidándose Europa como el nuevo destino intercontinental, ocupando la antigua metrópolis el lugar de asentamiento principal. La pertenencia de Senegal y Cabo Verde a la CEDEAO ha propiciado una cierta migración entre ambos en las décadas recientes, aunque parece que los factores coloniales continúan explicando la escasa atracción que ambos países tienen mutuamente como destino migratorio.

Con el inicio del siglo XXI, un nuevo factor se ha consolidado como determinante en las migraciones desde ambos países: las políticas migratorias de la Unión Europea, que restringen enormemente la llegada de migrantes del continente africano, practicando un exhaustivo control de fronteras, de forma directa o externalizada. En este contexto, mientras Senegal se ha convertido en uno de los principales puntos de fuga del continente en la ruta hacia Canarias, Cabo Verde juega el papel de centinela de la Unión Europea en sus aguas, deportando a los migrantes que consiguen sobrevivir a la travesía hasta el archipiélago.15

La pandemia del Covid-19 ha alterado significativamente las dinámicas migratorias en África Occidental, con un impacto particular en la relación entre la región y Europa. Las restricciones de viaje impuestas para contener la propagación del virus han interrumpido los flujos migratorios hacia Europa desde países de África Occidental. Los cierres de fronteras y la suspensión de vuelos han dificultado la migración laboral, el comercio transfronterizo y el movimiento de personas en busca de refugio o mejores oportunidades económicas en los países europeos. Además, la crisis económica derivada de la pandemia ha exacerbado las condiciones de vulnerabilidad de las comunidades en África Occidental, lo que ha llevado a un aumento en los desplazamientos internos y hacia Europa. La búsqueda desesperada de medios de subsistencia ha llevado a algunos a arriesgar sus vidas en peligrosos viajes migratorios hacia Europa, a pesar de las dificultades y los riesgos adicionales asociados con la pandemia. La respuesta europea a la llegada cada vez mayor de migrantes ha sido reformar la política migratoria de una forma continuista, priorizando el control de fronteras para limitar los accesos y facilitar los retornos. En paralelo, la necesidad de mano de obra de países del sur de Europa, caso de Portugal, ha llevado a una facilitación de la migración de los habitantes de las antiguas colonias, que ha aumentado exponencialmente la llegada de migrantes de estos países en el periodo pos-covid.

En este artículo se ha analizado como históricamente la estructura económica y social impuesta por Francia y Portugal en sus antiguas colonias ha desempeñado un papel fundamental en la configuración de los patrones migratorios en África Occidental. Estas dinámicas, que se remontan a la época colonial, han perdurado en el tiempo, influidas por factores económicos, políticos y sociales. Desde inicios del siglo XXI, los movimientos migratorios en la región han estado sujetos a múltiples transformaciones debido a diversos acontecimientos y políticas globales. Entre estos factores, destaca la externalización del control de fronteras por parte de la Unión Europea, que ha endurecido las restricciones para quienes buscan llegar a territorio europeo. Asimismo, la pandemia de Covid-19 tuvo un impacto significativo, afectando tanto la movilidad de las personas como las condiciones económicas en los países de origen y tránsito. Además, la creciente inestabilidad política en varias naciones de África Occidental ha intensificado la migración forzada, obligando a muchas personas a desplazarse dentro de la región o a buscar nuevas rutas hacia otras partes del mundo. En este contexto, los flujos migratorios en África Occidental continúan evolucionando, marcados por una compleja interacción entre colonialismo, políticas internacionales, crisis sanitarias y desafíos sociopolíticos en la región.

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Notas

1 Formaban parte del imperio colonial francés en África Occidental Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea, Mali, Mauritania, Níger, Senegal y Togo.
2 El imperio colonial portugués en África estaba formado por Angola, Mozambique, São Tomé e Príncipe, Cabo Verde y Guinea Bissau, situándose los dos últimos en África Occidental.
3 El Tapón del Darién es una región selvática entre Panamá y Colombia que se caracteriza por su compleja topografía. Históricamente, el Darién ha sido considerado la barrera natural entre América Central y América del Sur.
4 Zachariah y Condé elaboraron una matriz de migraciones entre nueve países de África Occidental utilizando los censos de población del año 1975. Los países son: Burkina Faso, Costa de Marfil, Gambia, Ghana, Liberia, Mali, Senegal, Sierra Leona y Togo.
5 Guinea Bissau no se incluye en la investigación de Zachariah y Condé, pero a partir de datos de la Direction de la Statistique de Senegal estos autores indican que en el año 1971 el contingente de extranjeros más numeroso en Senegal era el procedente de Guinea Bissau (74 mil), ocupando Guinea Conakry la segunda posición (56 mil) (Zachariah y Condé, 1981).
6 El Estatuto del Indigenato hace referencia a diversas leyes que regían en los territorios coloniales y dividían a sus habitantes en indígenas, civilizados y blancos, imponiendo una serie de deberes a los primeros, entre las que destacaba el trabajo forzado, no teniendo ningún tipo de derecho civil o político.
7 La población de esta isla se asoció con una imagen de negritud e incultura (frente a las restantes, consideradas mestizas), de la que se sirvió el imperio para organizar los flujos migratorios forzados (Fikes, 2006).
8 Los países incluidos son: Burkina Faso, Costa de Marfil, Guinea Conakry, Mali, Mauritania, Níger y Senegal. Los principales resultados de la encuesta fueron publicados por el Centre d’Etudes et de Recherche sur la Population pour le Développement (CERPOD, 1995).
9 En este mundo globalizado, algunos pescadores caboverdianos abandonan la pesca artesanal en las aguas de su país para acabar incorporándose a la flota española (concretamente, la flota gallega del puerto de Burela), formando parte de las tripulaciones que, gracias a estos acuerdos de pesca, operan en las aguas del archipiélago, donde se dedican a la captura de pez espada (Oca, 2019). Esta pesca ha sido denunciada repetidamente por la captura ilegal de tiburones para el mercado de las aletas. Los tiburones son el depredador natural de estas aguas, y empujan los bancos de peces más pequeños hasta la costa, por lo que su pesca provoca escasez de peces en las aguas en las que faenan las embarcaciones artesanales, que se han visto obligadas a buscar sustento cada vez más lejos. En el caso del flujo migratorio que une la isla caboverdiana de Santiago con localidades de la costa gallega, estos acuerdos pesqueros se convirtieron al mismo tiempo en un poderoso factor de expulsión y atracción de las familias caboverdianas que obtienen su sustento del mar (Oca, 2019).
10 OCDE: International Migration Statistics (database). https://doi.org/10.1787/data-00342-en
11 Ministerio del Interior: Balances e informes. https://www.interior.gob.es/opencms/es/prensa/balances-e-informes/
12 Banco Mundial: Databank. https://datos.bancomundial.org/
13 UNWTO: The UNWTO Tourism Data Dashboard. Recuperado de https://www.unwto.org/tourism-data/global-and-regional-tourism-performance
14 The Global Economy. https://es.theglobaleconomy.com/
15 Como sucedió recientemente en el caso de dos embarcaciones que arribaron a las costas de la isla de São Vicente en los primeros días de marzo de 2024. La primera de ellas con cinco supervivientes y cinco cadáveres, de un total de 65 migrantes que habían iniciado la travesía; la segunda con 11 migrantes a bordo. Los supervivientes, con origen en Mali, Mauritania y Senegal, fueron repatriados pocos días después (https://www.voaportugues.com/a/cabo-verde-deporta-migrantes-encontrados-em-pirogas-que-deram-%C3%A0-costa-do-arquip%C3%A9lago/7534245.html)

Notas de autor

Rosa María Verdugo Matés Es Profesora Contratada Doctora en la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y miembro del grupo de investigación Análisis Territorial (ANTE) de la USC. Desde el año 2002 centra sus investigaciones en la temática de las migraciones. Entre las últimas publicaciones en este ámbito destaca el artículo “Las migraciones internacionales entre 1990 y 2010. Análisis de África occidental a partir de las estadísticas (2022)”, publicado en la revista Estudios de Asia y África; la coordinación del libro Les migrations subsahariennes: un aperçu de l'Afrique de l'Ouest et de la Galice (2022), publicado por la USC; y la comunicación “Health and Political Crisis in West Africa: Implications for Migration from Senegal” defendida en 3rd International Gorilla Conference (Kampala, 2024).
Luzia Oca González Es Doctora en Antropología Social por la Universidad de Santiago de Compostela (2013). Profesora ayudante doctora en la Universidad de Santiago de Compostela desde 2022; anteriormente (2004/2022) fue Profesora Auxiliar en la Universidade de Trás-os-Montes e Alto Douro, en Portugal. Investigadora integrada en el IDEGA (USC). Autora de diversos trabajos de investigación y publicaciones centrados en las migraciones, las relaciones de género y la intervención social, a partir de su extenso trabajo etnográfico en Galicia y Cabo Verde. Tiene amplia experiencia en intervención social, destacando su trabajo con la comunidad caboverdiana de Burela (Galicia), y con las mujeres de las comunidades de origen en Cabo Verde, donde colaboró en la planificación y ejecución de proyectos de cooperación al desarrollo, mediante métodos participativos, con enfoque en el empoderamiento.

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