Semestre

La hermenéutica de lo ausente, la novedad y un mundo adverso

Hermeneutics of the absent, the newness and an adverse world

Norma Rodríguez Vázquez
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Arturo Rico Bovio
Universidad Autónoma de Chihuahua, México

La hermenéutica de lo ausente, la novedad y un mundo adverso

Espacio Abierto, vol. 25, núm. 2, pp. 101-121, 2016

Universidad del Zulia

Recepción: 08112015

Aprobación: 27012016

Resumen: Las palabras se convierten en los fragmentos que componen un fenómeno en su totalidad; en la originalidad que los caracteriza cada palabra a veces ha sido responsable de ciertas acciones que actúan en detrimento de la dignidad humana. El mundo actual presenta diversos fenómenos sociales que atraen la atención por su impacto en las formas de vida de los sujetos. Algunos adquieren como característica principal la adversidad convertida en lo cotidiano. Partiendo del supuesto de que los grupos sociales somos reflejo de nuestros propios esquemas educativos, nos preguntamos ¿Podemos incidir desde la educación para propiciar una transformación hacia mejores sistemas de relaciones? Nuestra propuesta mantiene como eje principal el análisis desde la hermenéutica de lo ausente -hacia el fenómeno novedad y adversidad- cuando esta última es propiciada por la primera, así como las posibilidades de transformar la realidad a partir de la comprensión que emana desde la interpretación de las categorías principales de la hermenéutica de lo ausente: lenguaje, silencio, gesto y huella, llevando al plano de lo visible lo que en un fenómeno determinado como el binomio compuesto por -novedad y adversidad- ha sido invisibilizado por intereses. Consideramos la importancia de rescatar lo que en el pasado significó beneficio para los seres humanos y ha sido llevado al olvido. Se plantean ejemplos de aplicación de la hermenéutica de lo ausente para visibilizar y de ahí partir hacia la posibilidad de transformar pensando que cada fragmento adquiere la importancia que permite encontrar en él la visión del mundo.

Palabras clave: Hermenéutica, ausencia, invisibilidad, novedad, adversidad.

Abstract: The words turn into fragments that compose a phenomenon in its totality; in the originality that characterizes them each Word has been sometimes responsible for certain actions that are detrimental to human dignity. Nowadays world presents different social phenomena that attract attention by its impact in the fellow’s lifestyle. Some acquire as principal feature adversity turned into quotidian. Starting off the assumption that the social groups are reflection of our own educational schemes, we ask ourselves, can we influence from education to propitiate a transformation to better relationship systems? Our approach holds as its principal axis, the analysis of the hermeneutics of the absent –towards the phenomenon, newness and adversity- when the last one is propitiated by the first, as the possibilities of transform the reality, starting from the comprehension that emanates of the interpretation of the main categories of the hermeneutics of the absent: language, silence, gesture and trace, taking to the scope of the visible, what in a phenomenon determined as the binomial composed of its newness and adversity has been invisibilized by interests. We consider the importance of rescue what in the past meant a benefit for the humans and has been forgotten. Some examples of hermeneutics of the absent enforcements have been proposed to make visible and from there walk to the possibility of transform the culture, thinking that every single fragment acquires the importance that allows us to find in it the world’s vision.

Keywords: Hermeneutics, absent, invisible, newness, adversity.

La interpretación puede representar un buen punto de partida para internarse por los senderos de los problemas sociales de este siglo XXI. Una realidad que se sitúa en la carrera por presentar las novedades que surgen cada vez con una mayor fuerza en nuestra sociedad, como constructos edificados en el ámbito del proclamado progreso. Las novedades son presentadas como un factor de desarrollo social en la construcción de un mundo ideal para el sujeto y los grupos e instituciones que expresan la interacción entre los seres humanos.

El mundo real nos presenta también la otra cara de lo novedoso, la paradoja de que la adversidad emane de lo presentado como nuevo, porque no repara en consecuencias distintas al buen funcionamiento de esos grupos sociales. Surge desde allí la pregunta: ¿La novedad se ha convertido en piedra angular para la construcción de la adversidad? Hoy en día pareciera -o por lo menos se difunde la idea- de que todo lo que representa y habla de novedad fuera lo mejor. Se maneja que lo nuevo siempre se mantendrá a la vanguardia del bienestar social, olvidando que lo vivido en otros momentos históricos propició que el ser humano se mantuviera y conviviera en armonía con la naturaleza. Es importante entonces rescatar lo que ha quedado atrás como algo desechado, inservible, esto desde el planteamiento de la importancia que adquieren en la investigación las subjetividades acogidas por la tradición comprensiva.

Así las cosas, plantearíamos la posibilidad de interpretar la relación existente pero pocas veces dilucidada entre la novedad y la adversidad, es decir, pensar que en ocasiones lo novedoso propicia condiciones de adversidad a los sujetos de un determinado grupo social. Esto significa que habremos de mirar esta relación como el pretexto que des-cubra los factores invisibilizados en su interior y que causan la adversidad, para ello requerimos herramientas que arrojen los resultados que podrían significar un camino alternativo y convertirse en el hilo conductor hacia la comprensión de fenómenos sociales que forman parte de la cultura creada en la que pareciera que sólo lo nuevo adquiere significados de avance y no de posibilidades de dañar al ser humano cuando no es capaz de detener la carrera de una técnica que mientras presenta formas nuevas que supuestamente mejoran las condiciones de vida de los sujetos, se deja de mirar que evoluciona a la par de formas de destrucción, como señalan algunos pensadores de nuestro tiempo como el argentino Ricardo Forster y el español Reyes Mate.

Enfatiza el vacío de una cultura que ha roto todos los límites como resultado de la quimera desmesurada del imperio de la técnica; de una cultura que se ha ido constituyendo cada vez más de cara al mercado, verdadero territorio desde el cual todo parece cobrar significación; lógica que despliega consecuentemente la apoteosis de lo nuevo asumido como fundamento de una sociedad que ha perdido sus huellas y que prefiere lanzarse velozmente hacia el futuro. (Forster, 1991: 162).

La realidad de la cultura creada en la sociedad actual tiene que ver con escalas de valores que han sido construidos en base a los avances tecnológicos como baluarte de una mejor sociedad, olvidando que al ponderar sólo lo nuevo se crea ese vaciamiento en los sistemas de relaciones ajenos a la fraternidad. Es decir, al pensar que sólo lo nuevo tiene algún valor, se tiende a vaciar el contenido de lo que ya no representa novedad -desde el olvido- así que cuando un grupo social se preocupa en primer y único término por los valores nuevos, tiende a olvidar lo que ha sido creado y además apoyado para el beneficio de los sistemas de relaciones en los grupos sociales. La técnica novedosa en ocasiones obnubila la creatividad en aras de una razón que pretende controlar los fenómenos.

Lo que realmente importa es la moda, o la tendencia, aun cuando implica la posibilidad de llevarnos a la adversidad. Un ejemplo de ello es la sustitución del ser humano por la máquina, pues se pierde el contacto de cercanía entre los sujetos y con ello la fraternidad como valor social pues adquiere mayor valor la máquina que el ser humano. Es allí donde se rebasa la mesura y se avanza hacia el significado de un utilitarismo de mercado. Una sociedad fundada en valores de mercado olvida con facilidad su pasado.

Vistas así las cosas, las ganancias materiales tienden a sustituir el reconocimiento de un pasado plagado de valores como los que podrían ser creados en una relación de cercanía, solidaridad, fraternidad, preocupación y ocupación por el otro. El objetivo principal se convierte en la carrera por el uso de lo nuevo, de manera tal que al enfocar la atención de los sujetos hacia las novedades tecnológicas como principio, quedan intersticios no visibles que albergan -el origen de la adversidad- en una cultura preparada para mirar sólo aquello que representa los intereses del mercado desde los espacios convertidos en cotos de poder. Al carecer de la capacidad para identificar los elementos que en las relaciones de poder se han vuelto invisibles y que sólo mediante herramientas que ponderen la subjetividad podrán ser detectados, se piensa en lo novedoso y se abandona un pasado que se convierte en olvido. Por lo anterior, consideramos conveniente abordar la realidad de la novedad y la adversidad algunas veces derivada de ella. El fenómeno de la novedad y la adversidad analizado con una posición que implique una mirada crítica desde la hermenéutica, como un sendero para identificar los elementos que propicien una mayor cercanía con la realidad que venimos planteando; observar las categorías desde subjetividades implícitas en el lenguaje como son los gestos, los silencios, alguna huella, todo ello susceptible de ser interpretado.

Todo esto implica la posibilidad de una transformación de la mirada que tendría que ver con la incorporación de lo nuevo sin evitar lo que enfoca a la adversidad que vivimos pues de alguna manera nos hemos formado en un pensamiento que naturaliza el hecho de que lo novedoso siempre va de la mano con mejores formas de vida, así en la novedad y lo adverso existe una relación indisoluble en que se puede mostrar que la adversidad se deriva de la novedad.

Así entonces, nos encontramos con que desde una preocupación generada por pensar que la adversidad en ocasiones surge de los descubrimientos planteados como lo novedoso sin ser admitida como fuente de adversidad, nos inclinamos por la necesidad de proponer maneras que nos permitan interpretar lo que acontece al interior de fenómenos edificados por la propia cultura de una sociedad, como los derivados de la novedad pues suelen pasar desapercibidos.

Como punto de partida –ya se ha mencionado- pensamos en la hermenéutica, esto nos lleva a la necesidad de analizar algunas de sus diferentes posturas, de tal forma que nos permita elegir la tradición que nos lleve a la interpretación. A la hermenéutica la hemos revisado, como la tradición que posibilita el proceso interpretativo de un determinado contexto, en este caso la novedad como factor de adversidad. El propósito es interpretar desde una hermenéutica diferente, que sea capaz de detectar los factores que se convierten en piedra angular de la adversidad, plantear que al interpretar desde allí se podría estar dando algún paso para estar alertas y vigilantes respecto de la adversidad. Empero, la tradición hermenéutica se ha constituido desde diferentes ángulos interpretativos. Las expectativas creadas para comprender críticamente el fenómeno señalado, tienen que ver con la posibilidad de des-cubrir lo cubierto en los intersticios del propio fenómeno, lo que de adversidad se oculta en la novedad. Una especie de aletehia con todo lo que el término implica desde el propio Martín Heidegger.

La verdad (el “estado de descubierto”) tiene siempre que empezar por serles arrebatada a los entes. Los entes resultan arrancados al “estado de ocultos”. El “estado de descubierto” fáctico en cada caso es siempre, por decirlo así, un robo. (Heidegger, 2002: 243).

Si habremos de internarnos en los senderos de la interpretación hermenéutica es menester pensar en des-cubrir lo que de oculto alberga la adversidad en la novedad, llevando lo oculto a ese “estado de descubierto” propuesto por el autor.

Procede pues hacer una revisión de la tradición hermenéutica. De acuerdo con Gadamer.

La hermenéutica es filosofar porque no puede limitarse a ser el arte de entender las opiniones del otro. La reflexión hermenéutica implica que en toda comprensión de algo o de alguien se produce una autocrítica. El que comprende, no adopta una posición de superioridad, sino que reconoce la necesidad de someter a examen la supuesta verdad propia. (Gadamer, 1998: 117).

Entendemos pues que al filosofar se adquiere el compromiso de establecer que la concebida como “verdad propia” llegará a un punto de autocrítica desde el análisis hermenéutico permitiendo actitudes de equidad que ponderan la existencia del otro; se acude a la crítica como una característica clave de la hermenéutica, con lo cual se abre un abanico que propicia una mayor posibilidad para la interpretación que implica toda comprensión que a su vez supone al sujeto que comprende desde una postura epistemológica, para explicarse el mundo, entenderlo, describirlo, insertarse en él para transformarlo; ha comenzado así a vivir tomando en cuenta la opinión propia y la del otro. Se espera que a partir de allí la actitud del individuo se traduzca en posibilidades de dar continuidad a la investigación desde la alteridad, concebida como la preeminencia por el otro, como una forma de evitar pensar sólo desde el Yo que puede implicar un individualismo, y en todo caso, promover la comprensión desde un Tú como una forma más colectiva de estar en el mundo.

Así también, la hermenéutica ha sido llevada al centro del análisis, entre otros, por el filósofo mexicano Mauricio Beuchot, quien en sus estudios presenta enfoques que pueden aportar luz al tema del olvido, a lo oculto detrás de lo “nuevo”. Esta preocupación guarda tal relevancia, que podría develar factores centrales que propician la adversidad que carga la sociedad del Siglo XXI en sus complejas y problemáticas relaciones humanas, donde priva el individualismo y lo injusto, de modo que conviene examinar qué aporta a ese respecto su propuesta hermenéutica.

En Perfiles esenciales de la hermenéutica Beuchot define a la hermenéutica como el arte de interpretar, tarea que no resulta sencilla, porque implica la gran responsabilidad de propiciar un mayor acercamiento a la realidad. Sus estudios ponen de manifiesto que “la hermenéutica ha sido un fuerte soporte de la investigación desde la Antigüedad, inicialmente planteada como exégesis, cuyo propósito original fue obtener el mayor acercamiento posible a la verdad de las Sagradas Escrituras” (Beuchot, 2011: 16). De modo que la interpretación de textos era tan cuidadosa que cada palabra, cada letra o puntuación, adquiría enorme importancia, porque de no apegarse al significado real podría desvirtuar el propósito de la lectura. Se creó allí una interpretación con rasgos de validez reducidos; se habrían de acatar las interpretaciones de los expertos para tener acceso al sentido auténtico de los textos, sin posibilidad de abrirse a otros aportes.

Siguiendo con los estudios hermenéuticos de Beuchot que han tenido continuidad sobre los que han surgido a través de los siglos y después de los estudios sobre exégesis bíblica, se han venido proponiendo otras formas de desarrollar la interpretación, desde la que valida una sola interpretación conocida como hermenéutica clásica, en la cual la interpretación de un autor persigue determinar con su investigación el sentido preciso del texto o de la realidad. También en Perfiles esenciales de la hermenéutica Mauricio Beuchot la denomina hermenéutica univocista, precisamente por sostener esa validación única. Identifica también otra forma de hermenéutica que designa equivocista, surgida en el romanticismo, misma que otorga validez a todas las interpretaciones posibles. El autor inspirado por Ricoeur y con base en los estudios de Gadamer, principalmente los consignados en Verdad y Método II, plantea la superación de ambas posiciones.

En el texto mencionado de Beuchot despliega sus reflexiones como hermeneuta a la posibilidad de encontrar el equilibrio entre las dos hermenéuticas opuestas. Se trata de encontrar una especie de justo medio entre las interpretaciones univocista y equivocista. Plantea como estrategia central la phrónesis, que consiste en la prudencia como eje principal de la interpretación. Para equilibrar el univocismo con el equivocismo se requiere de una forma interpretativa que conserve la esencia de ambas posiciones. Habría que emplear con prudencia ambas posturas, que vistas críticamente representan tradiciones distintas. Por la dificultad que entraña trabajarlas a la par o mezclarlas, se podría pensar en todo caso, que se trata de una yuxtaposición. Mauricio Beuchot propone en su lugar el surgimiento de una tercera hermenéutica que él denomina hermenéutica analógica, puesto que su base es precisamente la analogía.

La analogía es un concepto antiquísimo. La palabra analogía significa en griego un logos que va más arriba, que asciende; y fue traducida por los latinos como proportio. Es la proporción, equilibrio o moderación. Es la que está a la base de la idea griega de virtud, ya que la virtud es el término medio de las acciones, y se ve sobre todo en la prudencia o phrónesis, que es sentido de la proporción, ese encontrar la mediación o moderación que hace virtuosa la acción. Por eso se decía que la prudencia era la puerta hacia las virtudes” (Ruiz, 2011: 12).

La hermenéutica analógica contiene elementos para una interpretación de la realidad basada en la prudencia, que orienta hacia la posibilidad de mirar lo que a simple vista no se encuentra expuesto. Se puede con su concurso detectar la información oculta en fenómenos como la novedad que podría provocar la adversidad que se vive en los tiempos violentos del pasado siglo XX y este Siglo XXI. La violencia podría propiciarse, en buena medida, cuando no se detectan en las interpretaciones de la realidad toda una serie de factores que en su ocultamiento nos llevan a pensar que la modernidad sólo atrae beneficios a la sociedad, cegando la mirada que desnudaría sus efectos de destrucción y naturalizando el hecho de que lo nuevo es mejor precisamente por carecer de una reflexión previa. La existencia de lo novedoso, sobre todo tecnológicamente hablando, es presentado ante la sociedad como algo que se lanza al mercado para favorecerla y al no tener ésta claridad en sus interpretaciones, la propia sociedad asume el discurso instalado desde grupos que ostentan poder sin descubrir que el fondo de las cosas oculta efectos de adversidad.

En el análisis de las tradiciones hermenéuticas nos surge la necesidad de ir al encuentro de una que tomando en cuenta todos los factores posibles, permita descubrir los que no se encuentran a simple vista y pareciera que carecen de importancia, llegamos aquí al planteamiento de la que podría ser denominada “hermenéutica de lo ausente”, pues trata justamente de llevar a la palestra del análisis lo no visto, lo no tomado en cuenta, lo que permanece ausente a la mirada que no profundiza en los laberintos del fenómeno novedad y -su inseparable- la adversidad. Habría que convertir en presencia a la ausencia, está última ha permitido que reine la adversidad sin ser vista y constituirse en el origen de injusticias a determinados grupos sociales.

Hemos permanecido bajo el manto de la indiferencia a lo que podría significar restituir justicia a los hechos que violentan las acciones humanas, algunas propiciadas desde lo novedoso. Por supuesto que no todo lo moderno es barbarie. Se trata de encontrar la manija que equilibre y acomode en su justa dimensión a las acciones del ser humano y mejore su convivencia en sistemas de relaciones armónicos entre los seres humanos y la naturaleza. Esta se encuentra allí, la diferencia es que se le quiere someter a la razón. La interpretación puede aportar elementos de juicio para orientar determinadas formas culturales, a partir de la relevancia que otorgue el hermeneuta al fenómeno interpretado. Se trata en todo caso que los sujetos que forman parte de determinado grupo social, desarrollen capacidades para interpretar los fenómenos sociales y descubran en ellos los factores que determinan un daño y no un beneficio, propiciando así un camino distinto al que sólo cree que se aporta bienestar.

Consideramos por tanto necesario continuar en la búsqueda de la postura hermenéutica que desde la subjetividad alcance a mirar “lo ausente” en un fenómeno social, esos factores convertidos en el soporte de un esquema en el que la novedad apunta hacia la adversidad que ha sido invisivilizada. Es aquí justamente donde la hermenéutica se convierte en un factor principal como aliada del sujeto que habrá de reparar en todos los posibles caminos que orienten a interpretar categorías de compresión como: “lenguaje”, “gesto”, “silencio”, “huella”, que podrían contener en sí la posibilidad de desocultar aspectos de adversidad al ser producto de una educación que hace del olvido su principal escudo.

La modernidad suele estar basada en un proyecto que olvida lo que en el pasado fue de beneficio, pero sobre todo olvida lo que ha causado daño, lo invisibiliza como si no hubiera existido y propone avanzar a partir siempre de lo que es considerado novedad. Una vez considerado esto, hay mucho que hacer: hay que reparar e interpretar desde lo que se consideran pequeños detalles, fragmentos que son llevados al olvido. Se requiere contar con una interpretación que encuentre validez en todos los fragmentos que surjan del proceso interpretativo. De los confines impuestos a un lenguaje que podrían contener una carga valorativa que desvele lo adverso.

El discurso pasa a ser la comunicación que se instala como principal frente de defensa de la novedad, el lenguaje es capaz de inclinar la balanza hacia una tradición u otra, esto es, el posicionamiento en uno u otro lado propicia que la interpretación adquiera matices que al interpretar sean desde una tradición positivista o una tradición comprensiva de apertura y pluralidad con capacidad de mirar las subjetividades que logran imponer un orden que evita la fluidez de lo que representarían intenciones reales en la novedad.

Las categorías implícitas en el lenguaje pueden estar situadas con cierta facilidad dentro de una interpretación unívoca que implica el sometimiento hacia una sola visión o de una interpretación ubicada en una jerga semántica que denota autoritarismo. Tal posibilidad nos aleja de un análisis que contempla todas las aristas sin cerrar ni limitar los factores susceptibles de ser interpretados. Es por eso que interpretar la novedad como adversidad requiere una hermenéutica con suficiente apertura para escudriñar los intersticios que la novedad contiene, se requiere pues analizar el lenguaje como categoría principal, descubrir el sendero que orienta hacia lo ausente en el binomio novedad y adversidad.

El pasado, que en su momento fue también novedad, requiere que de él sea rescatado lo que ha representado o en su momento representó un horizonte de bonhomía para las formas de vida de aquél tiempo, con la posibilidad de vivir de nuevo lo que ha propiciado a los sujetos condiciones para mejores sistemas de relaciones.

Las palabras forman el lenguaje en el pasado y el presente, ahí se puede encontrar al lenguaje como el ser mismo.

Del pasado se ocupa la historia y también la hermenéutica, que no puede conocer el significado de las palabras que maneja más que si se apropia del sentido que esas palabras han ido recibiendo a lo largo del tiempo; la tradición de las palabras es el punto de partida para cualquier nueva interpretación que hoy queramos dar de ellas. (Reyes Mate, 2009: 109).

El sentido que se da a las palabras en un discurso instalado suele quedarse como si no hubiera otras posibilidades de transitar las relaciones humanas, así, cuando la apertura posible se cierra, habrán de surgir nuevas posibilidades sólo visualizadas desde la hermenéutica que mira lo que permanece ausente en el discurso.

Las palabras pueden representar fragmentos que componen un fenómeno en su totalidad. En la originalidad que los caracteriza cada palabra a veces ha sido responsable de ciertas acciones que actúan en detrimento de la dignidad humana. De ahí la importancia de analizar el lenguaje que describe la tradición hermenéutica que se habrá de abordar para el proceso interpretativo. Las palabras, a manera de cicatrices, atraen la atención en un presente que las descubre como la huella dejada que se repite. Cada fragmento adquiere la importancia que permite encontrar en él la visión de la totalidad.

Se arriba así a una propuesta hermenéutica que analiza el pensamiento de Walter Benjamin que gira en torno a interpretar sin limitaciones en sus Tesis sobre la historia. Se busca una vía que contemple de manera amplia las posibilidades de convertir al hermeneuta en ese “trapero” que observa, analiza e interpreta lo que para los convencionalismos de una sociedad son desechos. Desde esta concepción surge la idea de interpretar desde “una hermenéutica de lo ausente” que dé cuenta de los olvidos, de lo no expuesto, lo no escrito, lo invisibilizado, que identifique lo que se encuentra fuera del foco de una mirada simplista -es identificar y comprender lo ausente- que no es inexistente desde la hermenéutica de lo ausente. “La idea es mónada, y eso significa, en pocas palabras, que cada idea contiene la imagen del mundo. Y su exposición tiene como tarea nada menos que trazar en su abreviación esta imagen del mundo.” (Benjamin, 2010: 245).

Cada fragmento visualizado en un acontecimiento, podría constituirse en la mónada que nos lleve de la singularidad a la generalidad. De ahí la posibilidad de pensar en una transformación de cultura desde otras formas de educación en las que se encuentre presente la hermenéutica de lo ausente. Que luego del análisis arroja como objeto principal de la interpretación al lenguaje, que con sus diferentes acepciones dará la pauta para arribar a las ausencias que contiene desde la concepción del lenguaje como “el ser” que se manifiesta sin confines, la educación habrá de incorporar los elementos para que los sujetos desarrollen en el proceso habilidades hermenéuticas que conllevan una mirada diferente a la de una simplicidad que pasma.

El análisis del lenguaje requiere de una hermenéutica que posibilite la experiencia de fragmentación del fenómeno. Es decir, considerar cada fragmento por pequeño que sea como la representación de la totalidad. Que se revise cada palabra que será abordada en el proceso, a fin de crear todo tipo de posibilidades que orienten hacia una interpretación en la que el hermeneuta convierta lo que sobra o pareciera no existir, en elemento de importancia como colaborador en la estructura de la novedad como adversidad. Que aflore la realidad que ha sido ocultada e invisibilizada por los intereses dominantes, que han creado todo tipo de artilugios para inhabilitar la fuerza potencial del pasado que guarda el origen de la adversidad. “Porque la imagen verdadera del pasado es una imagen que amenaza con desaparecer con todo presente que no se reconozca aludido en ella” (Benjamin, 2008: 39).

El pasado se manifiesta en el presente con cosas que ocurrieron y fueron adversas para los sujetos, a quienes se les tradujeron en injusticias. Como si se viviera un eterno retorno, esas injusticias siguen ocurriendo pero los hechos que se repiten son admitidos como si fueran nuevos porque se fincan en un proyecto de olvido que sigue otorgando sustento a lo injusto. La hermenéutica de lo ausente provee insumos para dar cuenta de eso ausente, de eso injusto que se repite como si no hubiera ocurrido antes y pudiera reflexionarse como experiencia.

De aquí se espera que al interpretar los hechos surjan posibilidades de ir al encuentro de situaciones más justas desde el rescate de lo que en el pasado fue injusto y sea denunciado para evitar esa repetición de adversidad.

Todo presente ha tenido un pasado que ha de tomarse en cuenta en su totalidad para comprenderlo. Más aún, habría que verlo como parte del presente, reconocer que existe una historia a la que hay que darle movimiento para traer a la existencia tanto las cosas visibles como las que fueron invisibilizadas. Se trata de una forma de dar movilidad a los hechos que han quedado estáticos, que llegan al presente desde una historia sin movimiento considerada como información única, que deja de lado la narración de lo vivido por parte de los sujetos que no fueron contemplados en ella.

Una historia con movilidad implica contemplar a todos quienes participaron en los hechos, la historia generalmente centra su atención en quienes son personajes relevantes para quienes la cuentan, esto la convierte en inmóvil -sólo cuentan quienes han sido predeterminados para tal efecto- son producto de visiones únicas. Un ejemplo podrían ser las batallas épicas de algún país, en las que la historia rescata la actuación de quienes fueron concebidos como triunfadores -son los visibles- por otro lado se encuentran quienes han sido invisibilizados, es allí donde surgen los personajes que permanecen en la sombra y podrían emanar desde una hermenéutica de lo ausente; quienes participaron y se convirtieron en víctimas, quienes han permanecido en la ausencia con los dolores adquiridos a cuestas, ellos también fueron parte, tuvieron esperanza o desesperanza, alegría o tristeza, sin embargo, no son visibles en la historia y se hacen presentes en las injusticias actuales.

Las interpretaciones son pensadas generalmente desde lo que está allí, a la vista; pero ¿qué pasa con lo que no es visible y que también está allí? El giro propuesto sugiere recoger las cosas que por ser fragmentos de un acontecimiento, no representan ninguna importancia para quien interpreta dentro de la tradición hermenéutica clásica que otorga validez a visiones únicas. Un gesto, por ejemplo, que aporta elementos de comprensión a la proyección del sujeto que realmente es. Una palabra, convertida en la herramienta que violenta la integridad del individuo. Un silencio, consecuencia de lo que ha sido acallado por la novedad y no permite al sujeto más alternativa que el refugio de la ausencia. Ahí permanecen los que se han quedado sin voz, ahí se escucha el silencio que interpela. Una huella, que permanece sin ninguna intención, como el rastro que conduce al origen de la adversidad, es la ausencia misma. La emoción mostrada, consciente o inconscientemente, en las diferentes formas de comunicar con el lenguaje. Un objeto guardado o perdido en el tiempo, un sueño no cumplido, forman parte de la dimensión de lo ausente, de lo acogido por la oscuridad. Cumple así su función interpretativa el hermeneuta que des-cubre lo ausente, lo invisibilizado, que adquiere vitalidad desde una hermenéutica de lo ausente.

En las Tesis sobre la historia Benjamin propone que a la hisoria bien contada no se le debe escapar nada. Habla de integrar los pequeños fragmentos olvidados que significan recorrer espacios, calles, lugares, que parecen gritar verdades que fueron sofocadas, olvidadas, convertidas en ausentes. Benjamin propone una interpretación hermenéutica que dista de la tradicional; en sus recorridos por la ciudad, con esa mirada profunda que le caracterizó, observa detalles que develan una realidad con rastros, huellas que podrían ser el hilo conductor hacia eso que permanece ausente y que espera ser reconocido.

Jeroglífico que el caminante busca descifrar, espacio donde se mezclan realidad y ficción y donde la escritura va encontrando su ritmo, sus temas, haciéndose cargo de las oscuridades que encierra el paisaje urbano, de sus infinitos vericuetos y de sus fantasmagóricas siluetas que la atraviesan confusamente en múltiples direcciones. Quizá de allí nazca esa inaudita necesidad de perderse en calles laberínticas que pueden esconder sorprendentes secretos o revelarnos la trama escurridiza del futuro, no en las formas esplendorosas que adquiere en los monumentos ejemplares del presente, sino en sus ruinas, en sus rincones olvidados y en sus desechos, allí donde lo “moderno” vuelve su otro rostro. (Forster, 2009: 78).

Des-cubrir, quitar lo que la novedad cubre implica analizar los paisajes cotidianos, urbanos y no urbanos, allí se podría encontrar algún rastro que vincula a la novedad con la adversidad. Buscar en los “desechos” lo que en el pasado ha quedado suspendido como fracaso y se repite. Ricardo Forster nos habla de una interpretación con capacidad de ir al encuentro de lo ausente, que despliega formas interpretativas donde lo importante es lo que no ha tenido reconocimiento, aquello que se podría considerar inservible. De lo que se trata es de constituir una subjetividad que solamente será posible desde un pensamiento crítico, que arrope los significados que no han querido ser mirados por quienes legitiman únicamente lo que les representa novedad y que se ocupan de negar la posibilidad de que la novedad encubra las caras de la adversidad. Muchas veces ese lenguaje oculta el sufrimiento, sobre todo cuando los hechos forman parte de un proyecto de olvido.

Arribamos por esta vía a una hermenéutica de lo ausente, cuyo sustento encuentra asidero en la producción filosófica de Walter Benjamin, quien considera la importancia de vestigios y fragmentos olvidados que se encuentran contenidos en los fenómenos a interpretar, en nuestro caso los de la estrecha relación entre los acontecimientos emanados de la novedad como adversidad.

La -hermenéutica de lo ausente- se conforma con la articulación de todos los pequeños y grandes fragmentos volcados desde el hecho interpretativo que recupera visibilidad y da existencia a lo ausente. Como ocurre con las novedades tecnológicas, en las que deben ser ponderados sus efectos colaterales invisibilizados.

La tarea que debemos asumir es el des-cubrimiento de esos factores ausentes contenidos en ellas: el lenguaje hablado, gesticulado, el silencio, la huella que contienen en sí las posibilidades de arribar a la interpretación que pone en evidencia los costos de la novedad en el corto y el largo plazo, la manera en que son afectados los grupos marginados, que han quedado relegados entre las cifras no significativas de un presunto progreso que algún día podría alcanzar a todos los sectores sociales. Esta promesa se convierte, como lo dice Benjamin en sus Tesis sobre la historia, “en ese futuro que no llega, en la eterna espera” de una generación a otra a través de los siglos. Encontrar las categorías invisibilizadas, olvidadas, llevadas al plano de lo ausente, sería la función del hermeneuta de lo ausente. En materia del binomio novedad y adversidad se trata de traer al presente ese pasado que en los pliegues del olvido oculta la injusticia.

“En cada época es preciso hacer nuevamente el intento de arrancar la tradición de manos del conformismo, que está siempre a punto de someterla.” (Benjamin, 2008: 40).

El pensamiento benjaminiano nos brinda la posibilidad de andar caminos diferentes a la tradición que hace encajonar el pensamiento. Se habrá de trabajar hermenéuticamente en la construcción de formas interpretativas acordes a la necesidad de mirar el todo, de constituirlo teóricamente y de dar brillo a la opacidad de lo que se encuentra ausente en el discurso común, en el que las reformas sociales planteadas desde los grupos de gobierno son también ejemplo de una propuesta “nueva”, para –supuestamente- alcanzar un mejor nivel de vida de los ciudadanos que componen un determinado grupo.

Veamos unos ejemplos de aplicación de la hermenéutica de lo ausente que emanan de la realidad. El discurso del actual gobierno mexicano versa en torno a la necesidad de reformar las leyes contenidas en la constitución con el propósito de mejorar de manera estructural las condiciones de vida de los sujetos y de la colectividad. No obstante, la realidad es otra. Las condiciones de vida para los sectores de bajos recursos se convierten en un atentado contra la seguridad social (economía, medicina, educación) en los que el Estado mexicano deja cada vez más en manos de los sujetos la solución a sus problemas pero sin los recursos pertinentes. De esta forma el discurso emana en torno a las reformas que convertirían al país en uno de primera línea, que brindaría a la población un mejor nivel de vida. Habría que revisar la realidad en que vivimos allí se encuentran hechos de una realidad que puede ser sometida al escudriño de la interpretación hermenéutica desde esas ausencias contenidas en el lenguaje. Es decir, el discurso llegado a los grupos sociales omite cuestiones esenciales que conllevan situaciones de injusticia que pueden emerger desde la hermenéutica de lo ausente.

Entre los ejemplos de reformas implementadas encontramos una principalísima como es la educativa, donde priva en el interior de los intersticios creados la opacidad que no expone y sí oculta una de sus consecuencias: un feroz individualismo, en el que las políticas públicas colocan a los sujetos, alejados de valores que abandonan y olvidan en las instituciones educativas las metas que desde la fraternidad acogía a los sujetos y eran considerados -en el discurso- como lo realmente importante más incluso que los intereses económicos. De este modo se enfatizó (de manera oculta) una cultura que no construye fraternidad y que sin un proceso hermenéutico desde la ausencia difícilmente podría ser valorado en su dimensión.

La supuesta novedad se nos presenta como una reforma que no es tal, centra la problemática donde no está. Por ejemplo, se propone evaluar a los maestros con un mecanismo que no refleja la práctica de los mismos, como si fuera un problema único mientras se deja de lado la verdadera cuestión consistente en un Estado que desde su estructura y políticas públicas no atiende las necesidades de una educación cuyos factores de atraso relevantes se encuentran en él mismo. Podríamos hablar ahí de un rezago educativo cuyos altos índices se centran en la población económica y socialmente más desprotegida. Se instalan entonces discursos que dan cuenta de la -gran novedad- que representan una serie de programas educativos que al ser analizados arrojan un alto contenido de formas educativas conductistas, mientras el gobierno sostiene que es algo novedoso con enfoques constructivistas.

Aquí la hermenéutica de lo ausente logra desentrañar en el discurso la parte que no resulta expuesta. Un sistema educativo que debiera atender los intereses para mejores formas de vida de los ciudadanos y sin embargo centra la problemática en el maestro que sólo es sometido a una evaluación ajena a las reales prácticas educativas, deteriorando aún más la ya debilitada estructura educativa convirtiéndose en adversidad para los que viven en la marginación social, pues esas medidas no abonan al mejoramiento de la educación.

Así el discurso gubernamental expuesto como ejemplo, hace uso de todo un aparato de poder que avasalla a los ciudadanos que terminan por aceptar o por lo menos por no cuestionar de manera colectiva las reformas que atentan contra la condición de ciudadano haciendo uso de mecanismos como el existente en los medios de comunicación que se han convertido en un tentáculo de control para legitimar ese discurso que oculta la realidad.

En cambio expone uno que guarda en su interior el cuidado de los intereses que desde la dominación presentan la novedad.

Los acontecimientos surgidos desde lo “nuevo” presentan sujetos avasallados por una novedad que les significa adversidad, pero que no la miran como tal. El propósito de dar seguimiento a esta serie de ejemplos, es dar cuenta de lo que una buena parte de la realidad permanece en sombras, acogido a lo presentado como nuevo y mejor, donde el proceso de aplicación de la hermenéutica de lo ausente podría orientar al encuentro con lo que ha sido invisibilizado por intereses creados en la realidad vivida desde la sociedad mexicana y la posibilidad de aplicación en cualquier otro lugar, en otras sociedades.

Citemos otro caso en el que la hermenéutica de lo ausente sigue encontrando terreno fértil para su despliegue. La propuesta de una reforma energética en México, considerado uno de los principales explotadores de petróleo, consistente en modernizar las instalaciones petroleras para un mejor servicio a los mexicanos desde la inversión privada. Lo cierto es que los ciudadanos pagamos por los combustibles indispensables en la vida cotidiana los costos más altos, “gozando” de los salarios más bajos respecto a otros países. El discurso sobre los supuestos beneficios que la reforma brindará al ciudadano común es difundido desde los medios de comunicación -al servicio de clases privilegiadas- invisibilizando los efectos colaterales que sufrirá la población y el ecosistema mexicano, efectos que podrían ser motivo del análisis que apunte a su transformación para beneficios reales de los ciudadanos, dar cuenta de su existencia, interpretar y a la postre intentar la transformación de ese corte que ha sufrido la realidad para presentarla proclive a determinados intereses en detrimento de otros.

Así la hermenéutica de lo ausente podría desvelar en su proceso a la novedad presentada como reforma pero convertida en adversidad que limita las posibilidades de mejores niveles de vida para las clases sociales que viven en la pobreza, que son una mayoría absoluta respecto de los ciudadanos que disponen de las riquezas mal distribuidas. Por supuesto que la desigualdad social no radica únicamente en esa mala distribución, si las desigualdades económicas son injustas, también lo es la limitación para el desarrollo de las capacidades de los sujetos socialmente afectados. Esta dualidad entre “progreso” buscado y marginación real puede ser vista desde un proceso hermenéutico que identifica lo invisibilizado, aunque se encuentre diseminada en pequeños fragmentos distribuidos a lo largo y ancho de la realidad social.

Pensar que al momento de la interpretación hermenéutica los acontecimientos no están compuestos en unidades sino en fragmentos, expone la necesidad de analizar cada uno de ellos. Así, (Reyes Mate, 2009: 82) expone que desde los fragmentos más pequeños que componen un acontecimiento, haciendo uso de la sensibilidad hermenéutica, pueden llegar a hacerse visibles otros elementos que habían sido ignorados; analiza por ejemplo el papel de los cronistas que son una parte importante en el proceso de interpretar, a propósito de los medios de comunicación.

Comienza pensando en un cronista poco habitual, es decir, de uno que no sólo levanta acta de las decisiones mayoritarias, de las grandes gestas y de los próceres de la historia, sino también de la letra pequeña, de los detalles que pasan desapercibidos, de aquellos aspectos que han quedado olvidados o relegados por la luminosidad de lo más llamativo. Este cronista nos hace de guía en una catedral medieval y nos invita a visitar no sólo la admirable fábrica que perdura a lo largo de los siglos, sino también las chozas de los campesinos, albañiles o carpinteros que viven en esclavitud y de los que ya nadie se acuerda. (Reyes Mate, 2009: 82).

La historia de manera general expone Las condiciones de vida de quienes han sido partícipes de los logros relevantes que representan a los triunfadores, sin embargo, olvida a los que permanecen en la opacidad, los no recordados, éstos forman parte de los factores invisibilizados y ausentes que pueden adquirir presencia desde la capacidad crítica de la hermenéutica de lo ausente. Esta forma de interpretar tiene que ver con una mirada profunda. La tarea es considerar importantes -factores que no se encuentran en el área de lo visible-. Se propone un proceso hermenéutico que podría resultar más justo al interpretar todas las aristas posibles de un fenómeno determinado como novedad. Al no omitir propicia que sean tomados en cuenta hasta los detalles que podrían parecer poco importantes, quizá allí se encuentre la piedra angular de un fenómeno determinado y un acto de justicia al mirar los que no han sido tomados en cuenta perpetuando así lo injusto.

El proceso interpretativo posicionado en la hermenéutica de lo ausente, mantiene un enfoque hacia el rescate del pasado, de los hechos que en su momento fueron acontecimientos plagados de injusticias y en el presente son repetidos propiciando constantemente que la adversidad sea allegada a los sujetos. En el pasado encontramos elementos ocultos contenidos en acontecimientos que en su tiempo fueron presentados como novedad, utilizados como armas para destruir. De nuevo los adelantos tecnológicos, la novedad como factor de adversidad. Un ejemplo que da cuenta de lo que venimos diciendo, tiene que ver con el relieve que ha de tener lo sucedido durante la hegemonía nazi en Alemania y al que el mundo se acercó muy poco y lo dejó operar por varios lustros hasta quedar naturalizado en la sociedad alemana y algunos de sus aliados. Así de esa época podemos hacer la pregunta: ¿Cómo olvidar eventos de barbarie como Auschwitz? Allí los avances tecnológicos terminaron actuando a la inversa, en pro de la destrucción del propio ser humano, en lugar de su mejora como propalan quienes consideran que la tecnología sólo retribuye beneficio humano.

Auschwitz fue construido, cadáver sobre cadáver, ceniza sobre ceniza, para convertirse en el rostro del terror, de la muerte en masa, organizada y tecnificada. […] “sin odio”, gracias a un sistema planificado de producción industrial de muerte, un engranaje creado por una minoría de arquitectos del crimen, puesto en práctica por una masa de ejecutores a veces afanosos” (Cohen, 2010: 22).

Se puede observar que en esos hechos fueron invisibilizadas las verdaderas intenciones de la aplicación de la tecnología, el crimen fue convertido en industria, se impidió totalmente a los individuos el desarrollo de las capacidades que pudieran haber evitado la barbarie. Desde ahí se puede observar que lo novedoso en la industria se tradujo en adversidad, en el genocidio que se repite en el mundo.

¿Qué cosas permanecieron ocultas hasta ese momento? ¿Cómo fue posible que tantos seres humanos se prestaran para ejecutar acciones de barbarie que hasta hoy no encuentran explicación? ¿Qué fue lo que permaneció ausente en un lenguaje (el ser mismo de ese tiempo) y en las acciones? Podría tratarse de un lenguaje que no describe lo real, que aparece como el disfraz de quienes ejercieron la dominación que oculta y se convierte en el instrumento que acaba por completo con la dignidad humana, de modo que se considera de extrema importancia develar lo ausente en los acontecimientos que hoy vuelven una vez más a generar violencia y que quizá podrían encontrar solución en la educación, en una educación concebida de otro modo, incorporando procesos interpretativos que desde la subjetividad des-cubran lo invisibilizado y por lo tanto genere condiciones para conocer lo que probablemente se constituya en el origen de lo injusto, con construcción de mejores sistemas de relaciones que consideren como eje central la fraternidad.

La hermenéutica de lo ausente podría representar una alternativa que desde la interpretación de lo no visible provoque que surja en cada sujeto -la necesidad de mirar lo oculto- en el lenguaje, en las acciones y desde ahí encontrar mejores alternativas para dar solución a las problemáticas que se han enquistado -y desde esta hermenéutica permanezcan como injusticias. La comunicación a lo largo de la historia en los grupos sociales ha sido un factor para instalar la voluntad de unos individuos sobre otros desde el lenguaje.

Que Hitler, Goebbels y Himmler hablaran alemán no fue mera casualidad. El nazismo vino a encontrar en el idioma alemán exactamente lo que necesitaba para articular su salvajismo. Hitler escuchaba en su lengua vernácula la historia latente, la confusión y el trance hipnótico. Se zambulló acertadamente en la espesura del idioma, en el interior de aquellas zonas de tiniebla y algarabía que constituyen la infancia del habla articulada y que existieron antes de que las palabras maduraran bajo el tacto del intelecto. Oía en el idioma alemán otra música que la de Goethe, Heine y Mann; una cadencia áspera, una jerigonza mitad niebla y mitad obscenidad. Y en vez de alejarse con náusea y escepticismo, el pueblo alemán se hizo eco colectivo de la jacaranda de aquel sujeto. El idioma se convirtió en un bramido compensado por un millón de gargantas y botas implacables […]. Lo impensable fue escrito, clasificado y archivado. (Forster, 2011: 19).

El lenguaje que aprende el sujeto en la niñez tendrá influencia en la barbarie o estados de fraternidad que viva en la adultez, su uso muestra lo que cada uno es. La educación mantiene un vínculo y una responsabilidad con lo que el lenguaje implica. Quizá si los sujetos provocadores del holocausto hubieran tenido la oportunidad de vivir en contextos de un manejo de lenguaje fraterno, las cosas podrían haber tomado otro cause. La transmisión del lenguaje de una generación a otra implica la reproducción de esquemas que ya han sido establecidos, esto conlleva responsabilidad de las generaciones que anteceden a otra, generalmente pensando que las nuevas generaciones debieran actuar igual, es decir, encontrar los mismos significados en el lenguaje. El lenguaje no es un medio más que el hombre utiliza para comunicarse con el mundo. No es un tercer instrumento al lado del signo y la herramienta que pertenecen también a la definición esencial del hombre.

El lenguaje no es un medio ni una herramienta. Porque la herramienta implica esencialmente que dominamos su uso, es decir, la tomamos en la mano y la dejamos una vez que ha ejecutado su servicio. […] El conocimiento de nosotros mismos y del mundo implica siempre el lenguaje, el nuestro propio. (Gadamer, 1998: 147-8).

Al analizar las consecuencias de la comunicación debiéramos entender que hay una amplia responsabilidad en los adultos de una generación que influyen en el habla de las siguientes. Si el lenguaje es el conocimiento de nosotros mismos, estamos allí en lo dicho somos lo dicho. La cultura creada en el lenguaje determina la formación de los sujetos, de tal manera que al usar un lenguaje violento en los grupos sociales se manifiesta en sujetos violentos. Forster enfatiza que “no hay lenguaje inocente” (Forster, 2011: 19). siempre guarda algo tras de sí. Cuando llega el intelecto, podría ser tarde para modificar conductas formadas en la violencia.

Vemos entonces, desde la teoría generada por filósofos como Benjamin, estudiosos de la interpretación, de qué manera la hermenéutica puede develar factores que parecieran carecer de importancia en este tipo de fenómenos. Así se difunde la idea de que los descubrimientos tecnológicos serán factor determinante para una mejor sociedad, quedando en la sombra, en el ocultamiento, el aspecto medular de las intenciones reales. La novedad es presentada como si su único propósito fuera construir una mejor sociedad. Lo que oculta esas reales intensiones es un mito, el del progreso como un pilar medular de esta modernidad que vivimos. Habrá quien piense que las teorías emanadas del pensamiento de estos filósofos aluden a formas interpretativas que carecen de un correlato real, sin embargo hay un campo semántico que avala la interpretación hermenéutica desde la subjetividad de los fenómenos.

En nuestro tiempo la interpretación de la realidad se transmite verticalmente entre sujetos, acabando con la posibilidad de generar interpretaciones propias. Esto desde los esquemas de autoritarismo en los que se busca someter la voluntad de unos seres humanos a otros, utilizando en muchos de los casos los espacios educativos desde el aprendizaje conducido. Se uniformiza el lenguaje, es decir, se difunden ideas que tienen que ver con un interés de mercado desde un discurso mediático que promueve la creencia de que todo lo novedoso significa “progreso”, de que el ser humano estará cada vez mejor si se inclina por vivir de una manera acorde a lo que se le presenta como “nuevo”, propiciando en algunos casos con los adelantos científicos la destrucción de recursos naturales y el exterminio de los mismos individuos. Se han ejemplificado casos como los de las guerras que de alguna manera encuentra justificación en un discurso que alude a la defensa de los ciudadanos. Walter Benjamin opone al progreso su concepción de barbarie en sus Tesis sobre la Historia, y hace ver a los supuestos emancipadores de conciencia que en realidad juegan en la misma pista que los conservadores, y por lo tanto, su propuesta de transformación de la realidad no se materializa. “No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” nos dice en la Tesis VII. Una lógica dialéctica que sólo la hermenéutica de lo ausente puede colocar en su justa dimensión.

Al ponderar la novedad, el olvido juega como factor de orden principal en el apogeo de lo nuevo y sus oscuridades, sombras que se han creado por permanecer en lo ausente; se crea la sensación de que lo pasado, precisamente por formar parte del pasado, no importa, no incide en las vidas actuales. Se podría pasar de largo sin mirar lo que la novedad lapida, sin dar oportunidad de apreciar los intersticios de una subjetividad que permanece latente tratando de des-cubrir lo que se oculta, las intenciones de quienes promueven el olvido del pasado y hacen uso de un discurso que aleja de la realidad; un discurso que se instala y se convierte en cotidiano. Todo esto crea la posibilidad de mantener manipulada una realidad que no propicia la reflexión entre los sujetos, que solamente acata esquemas preestablecidos, sobre todo en lo que ha provocado y sembrado daño y se ha convertido en situaciones de adversidad.

Se retoma el ejemplo de las consecuencias de efectos letales de las guerras que terminan industrializando la muerte con adelantos tecnológicos novedosos, opuestos a lo que la naturaleza muestra y nos ofrece. Lo que puede ser analizado desde las posibilidades de la hermenéutica de lo ausente, que con su recorrido aporta elementos que apuntan a una interpretación de esa dialéctica que no se reduzca un fenómeno determinado, por el contrario, podría conducir a reflexiones orientadas a la transformación de la adversidad tarea que atañe plenamente a los grupos sociales, empezando por la consciencia de que el hecho existe.

Estas reflexiones podrían fungir como ejemplos de que la hermenéutica de lo ausente puede convertirse en el conducto que enfoca la mirada hacia pequeños y grandes acontecimientos para des-cubrir lo que ha permanecido ausente en situaciones tan dramáticas como la destrucción del ser humano que puede mirarse desde diferentes aristas, desde un proceso hermenéutico de interpretación como el que proponemos, existen fenómenos naturales que provocan daños que podrían ser menores si tuviéramos conciencia de ellos. Otro ejemplo que mana de esta visión es el cuidado y responsabilidad que debemos a nuestro planeta. A la par se da otro tipo de destrucción que tiene que ver con el mencionado “progreso tecnológico”, con la fabricación de armas que exterminan a millones de seres humanos, desde la supuesta carrera indetenible del “progreso”.

El filósofo francés Jean Pierre Dupuy comenta sobre el pensamiento de Iván Illich y Günther Anders, lo siguiente:

Illich al igual que Anders, pero con otras palabras el autor de Némesis Médica, ponía en el centro de su análisis de la alienación del hombre en la sociedad industrial la “invisibilidad del mal”. A ese mal le dio el nombre de “contraproductividad” y pienso que no habría dudado en hacer suyo el siguiente señalamiento de Anders: “No es absolutamente lo mismo ser impotentes o mortales como criaturas de un dios o de la naturaleza o serlo por nuestros propios actos. (Dupuy, 2007: 33).

El enfoque del análisis de Illich y Anders tiene que ver con el planteamiento de cosas existentes pero invisibilizadas que venimos planteando y que a simple vista parecieran no existir. Tal es el caso de lo que ellos denominan “el mal” como factores que destruyen al ser humano y que al permanecer ocultos detrás de los avances tecnológicos parecieran no existir pues son considerados parte del “progreso” como es el caso de la fabricación de armas. “El mal”, desde una hermenéutica que lo contemple aun estando ausente, puede llegar a hacerse visible. Ponen al centro del debate las profundas diferencias entre la destrucción por factores naturales y la causada intencionalmente por el ser humano, según propósitos que pasan a formar parte de esos intersticios, ocultos o no, que invisibilizan las realidades que provocan adversidad.

Se observa así una realidad adversa, causada por la novedad de los descubrimientos tecnológicos, producto de una razón instrumental. Realidad agazapada que se oculta tras el ropaje de crear mejores condiciones de vida con lo “nuevo”. Requerimos por tanto de una mirada crítica que nos lleve al análisis de ¿quiénes y qué somos como sociedad? ¿Qué hace falta para ser conscientes del momento que vivimos? Lo oculto amenaza cada vez más las condiciones de vida en las que lo que pareciera más sencillo, como el disponer de los recursos naturales indispensables para la vida, del agua y del aire puro, se convierten en una posibilidad que se aleja cada vez más, que alejamos de nosotros en aras de vivir en la novedad, modernizando con infraestructuras como las creadas en la modernización de ciudades que acaban con flora y fauna u otro tipo de actividades que se nos presentan como producto de una modernización pero que terminan revirtiéndose al ser humano pues contaminan y acaban con esos recursos naturales. En síntesis, se propicia la alienación del ser desde las ideas que se nos han instalado de que se trata de condiciones de vida mejores, cuando en el fondo edifican situaciones de adversidad. Los discursos son allegados a los grupos sociales con tal frecuencia y por diferentes medios como los de comunicación, escuela, gobierno. Lo que permite que queden instalados sin mayor reflexión y sean aceptados sin crítica como obra de un progreso que, ya señalamos es un mito que se torna como un acontecimiento natural que debemos aceptar sin cuestionamiento alguno. Se instituyen sistemas de relaciones en los que prevalece el imperio del poder de algunos seres humanos sobre otros, procurado por todas las vías incluso la destrucción y exterminio de seres humanos con formas sofisticadas y novedosas.

Al analizar los acontecimientos y las teorías pertinentes para interpretar la época actual, hemos optado por una mirada crítica. Una hermenéutica con capacidad de encontrar y llevar a la superficie lo que se encuentra oculto, lo que pareciera no existir en una realidad que se ha convertido en adversa, puesto que ignoramos que el llamado “progreso” se construye a menudo sobre la destrucción.

¿Qué papel podría jugar en todo esto el hermenéuta de lo ausente? Le corresponde usar la hermenéutica como una herramienta para exponer o traer a la superficie los hechos que son el soporte y que parecieran no estar, o que permanecen encima y fueron invisibilizados. Hay en esta tarea una función ética (Ricoeur, 2009), porque aborda situaciones que deberían ser parte de las principales preocupaciones de la sociedad actual en los tiempos de violencia y adversidad del presente. Pareciera que el valor principal de la vida no es pensado como primordial y por tanto la violencia se genera con un mayor ímpetu, como si no nos diéramos cuenta de su irrecuperabilidad. Al des-cubrir lo que en los acontecimientos ha permanecido cubiertos, la hermenéutica de lo ausente actúa desde una función que -muestra- no demuestra lo invisibilizado, esto permite que el hermeneuta legitime la acción de emerger lo que podría llevar a una mayor comprensión de algún fenómeno social para transformarlo.

La tradición hermenéutica, como horizonte de sentido, puede constituirse primero en el trasiego hacia el encuentro: hacernos conscientes de que las acciones humanas en algunos casos implican un ocultamiento de situaciones en las que se vende la idea de que todo se encuentra en un estado de búsqueda del bienestar para cada individuo, y segundo que en ese hecho existen elementos que permanecen ocultos, invisibilizados y que parecieran no existir, intenciones escondidas bajo el cobijo de un discurso que se mantiene alejado de la realidad (ausente), aunque se le presente como lo contrario, como un discurso que exalta la realización personal.

Resumamos: habremos de rescatar del pasado acciones que quedaron olvidadas, ocultas detrás de lo novedoso, que han propiciado hostilidad y adversidad en el mundo actual, un cúmulo de injusticias que permanecen sin ser reparadas. Repensemos la historia, una historia que desde el acto hermenéutico aflore lo oculto, lo que permanece así porque de esta manera favorece a los intereses con poder, de modo que:

Dice Benjamin en sus Tesis sobre la historia que la encomienda de la historia que no se precia de ser ciencia pero sí una historia materialista, es que nada se pierda. Si nos atenemos a que nada se pierde, la propuesta y acciones que hay que desplegar en la historia consiste en visualizar lo que de barbarie existe en cada “avance” o “progreso”. Hasta hoy solemos sólo mirar hacia delante sin reparar en el daño que el puro progreso, el simple progreso ocasiona. La historia guarda como joyas preciosas esos trazos que nos muestra la forma como ya otros sucumbieron al curso de los tiempos pensando que les llegaría el bien y en realidad los acabó el mal. Una historia que lo cuente todo, repara en el daño, no sólo en lo que resultó victorioso. Es decir, la historia hasta ahora nos la han contado con menos de la mitad de los datos. Le hace falta lo demás, que es la ruina que necesitamos rescatar para que tenga lugar la justicia.

Interpretar el pasado significa de entrada, cuestionar la autoridad del presente dado. Éste no es, en efecto, el ombligo del mundo, el punto de vista que debe dominar la lectura del pasado. […] hay un presente-posible y un pasado-oculto. La presencia del pasado oculto. El acto de sacar a la luz el sentido oculto del pasado es un acto de libertad: salva el sentido y salva el presente. Este presente, iluminado no con su propia luz, sino con la que le viene del pasado, cristaliza en imágenes, que se pueden llamar dialécticas. Representan un hallazgo salvífico para la humanidad. (Reyes, 2009: 110).

La interpretación desde la hermenéutica de lo ausente podría significar la diferencia entre mirar y no mirar lo que permanece oculto, descubrir las imágenes que nos llegan del pasado y su relación dialéctica con el presente. Genera sentido donde pareciera no existir. En lo que en el pasado se manifestó como destrucción desde los avances tecnológicos, ahora mira el presente como un peligro siempre latente que repite los actos de violencia e injusticia, de exterminio de seres humanos y tomar conciencia de que mientras no sea mirado será como si no existiera, seguirá cumpliendo su cometido de proteger acciones de injusticia, soterradas por intereses muy vivos que buscan darles continuidad y hacerlos parte de lo ausente en el acontecimiento, dónde lo ausente carece de sentido, la hermenéutica de lo ausente se lo da, al visibilizar lo que ha sido invisibilizado, tomando así la importancia que parecía no existir.

Podría ser esta visión hermenéutica la encargada de llevar luz a la oscuridad del pasado, con el firme propósito de develar las marañas formadas en torno a la realidad que propician injusticias, olvidos, ausencias, invisibilizadas en un mundo inundado de modernidad, de novedad, de engaños. Debemos aprender a recorrer esos intersticios que guardan en su deconstrucción hermenéutica los pequeños fragmentos que podrían representar a la totalidad. Encontrar la forma de darle vida a los acontecimientos que la historia ha petrificado, que conforman un pasado destinado al olvido y por ende a la repetición de injusticias, rescatar una historia iluminada por una nueva luz desde el presente.

Benjamin quiere precisar cómo tiene que habérselas con el pasado el historiador de su escuela Ese pasado, empieza diciendo, no está ahí petrificado, en espera de que el historiador de turno lo analice. Es un pasado que se mueve velozmente. Conocerlo es fijar una imagen de él, asunto nada fácil, ya que sólo hay un instante en que su aparición se cruza con nuestra mirada. Hasta ahora sólo la hermenéutica habla del pasado en términos parecidos. Pero ésta lo podía hacer porque se dedicaba a leer textos. Y ya se sabe que para interpretar un texto es necesaria la complicidad entre texto y lector. […] se trata de una imagen única, insustituible, del pasado que se desvanece con cada instante presente que no es capaz de reconocerse en ella. (Reyes Mate, 2009: 108)

El historiador benjaminiano construye una historia que incluye lo no contado, lo no escrito, las entre líneas. Surge desde el análisis y la mirada del hermeneuta que deberá permanecer alerta a cualquier señal en los fragmentos que indique la posibilidad de encontrar en ellos el rastro, la huella conductora al origen. Al pensar en torno a un pasado que se mueve con velocidad, se tendrán que identificar esas señales en el momento de su aparición. La interpretación desde una hermenéutica de lo ausente implica la atención al todo y a cada uno de sus fragmentos.

Nos parece importante sugerir que la tradición hermenéutica puede convertirse en el cristal a través del cual se recupere lo que permanece ausente en cualquier proyecto que se presente como novedad, como sinónimo de progreso. Deconstruyendo un hecho para convertir cada fragmento en la mónada que será la representación de la realidad en las categorías principales: lenguaje, silencio, gesto, huella. La meta sería fortalecer nuestra capacidad para detectar los acontecimientos o fenómenos olvidados.

Debemos pensarnos no ajenos al pasado, a la posibilidad de andar caminos diferentes a la tradición que limita nuestro pensamiento. Habremos de trabajar hermenéuticamente en la construcción de formas interpretativas acordes a la necesidad de mirar el todo, de constituirlo teóricamente y de dar brillo a la opacidad de lo que se encuentra invisibilizado, ausente en el discurso común de la novedad. Estamos convencidos de que este camino para la interpretación de los hechos que asumen, como la Historia, una estructura narrativa, tiene la agudeza crítica y el sentido ético que están urgiendo para enfrentar el contexto de violencia en que nos encontramos inmersos, porque permite un mirar distinto de los acontecimientos que realmente nos enfrenta con los factores responsables de la desigualdad social y de la destrucción del ambiente natural.

Así, nuestra propuesta se centra en esas ausencias que en el acontecimiento son la piedra angular, y se encuentran en los intersticios del lenguaje. Que pueden ser identificadas y llevadas a la conciencia desde una -hermenéutica de lo ausente- para ofrecer la posibilidad de una transformación de la cultura, que mantiene el poder de unos individuos sobre otros.

Referencias

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Dupuy, J. P. (2007). Günter Anders, el filósofo de la era atómica. Conspiratio 13, 36-47.

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Ricoeur, P. (2009). Ética y cultura. Buenos Aires: Prometeo.

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