Apuntes para una historia posmodernista.

Notes for a postmodernist history

Francisco Pérez Piñón
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Guillermo Hernández Orozco
Universidad Autónoma de Chihuahua, México
Jesús Trujillo Holguín
Universidad Autónoma de Chihuahua, México

Apuntes para una historia posmodernista.

Espacio Abierto, vol. 25, núm. 4, pp. 255-266, 2016

Universidad del Zulia

Recepción: 01/02/2016

Aprobación: 22/05/2016

Resumen: Se inicia el escrito haciendo las remembranzas de Clío, la diosa inspiradora de los historiadores que se encuentran a la búsqueda de la verdad en las narrativas de los acontecimientos del pasado, metódicos en el cuidado y acercamiento a las fuentes; se rescata también a Calíope, musa de la poesía épica y la elocuencia, para hacer el comparativo con la historia del tiempo presente, vista desde las perspectivas posmodernistas y acercándonos al giro lingüístico de la historia. Se aborda el fenómeno denominado posmodernista percibido desde el campo de la historia, apoyados en el teórico Keith Jenkins para iluminar la vía a seguir por los historiadores en el siglo XXI; se cuestionan las metanarrativas al término del siglo XX y en cierta manera se toma partido ante la necesidad de recuperar el camino en el que se ha estancado la disciplina de la historia, al centrarse en el estudio del pasado muy lejano, necesario, pero en detrimento y descuido de las interpretaciones de las sociedades del tiempo presente. La necesidad de rescatar el lugar de la historia en la producción del conocimiento útil y activo, como obligación que nos lleve a pensar y reflexionar los acontecimientos globales y regionales propiciará las críticas necesarias desde la academia en relación a los sucesos reales. Pensar históricamente, tanto por los productores del conocimiento histórico como por los usuarios de los medios educacionales, para encontrar el sentido, lo humano a la manera de Paul Ricoeur, es el corolario del presente escrito.

Palabras clave: Historia posmodernista, pensar históricamente, metanarrativas, paradigmas historiográficos.

Abstract: The writing starts, making the memories of Clio, the goddess inspiring historians found in the search for truth in the narratives of past events, care and methodical approach to sources; it also rescues Calliope, muse of epic poetry and eloquence, to make the comparison with the history of the present, postmodernist view perspectives and approaching the linguistic turn of history. The phenomenon called postmodernist seen since the fields of history, supported by the theoretical Keith Jenkins to illuminate the way forward in the twenty-first century is discussed; metanarratives are questioned at the end of the twentieth century and somehow match against the need to recover the way in which jammed the discipline of history, focusing on the study of the very distant past, necessary, but to the detriment and neglect of the interpretations of the societies of the present. The need to rescue the place of history in the production of useful and active knowledge, as an obligation that leads us to think and reflect global and regional events to promote the necessary diatribes from the academy to the actual events. Think historically, therefore the producers of historical knowledge as users of educational means, to find sense in the manner of Paul Ricoeur, as a corollary of this writing.

Keywords: Postmodernist history, think historically, meta-narratives, historical paradigms.

Introducción

Clío, la musa inspiradora de los historiadores y de la poesía heroica, llevó al pedestal de héroes a personajes de carne y hueso y edificó naciones desde la antigüedad a nuestros días mediante el rescate de los rasgos de la cultura identitaria, no ha dejado de tener la relación con Calíope (Rivero, 2013) quien en la mitología griega, es la musa de la poesía épica y la elocuencia (la representación de las acciones legendarias, expresadas en un lenguaje bien fabricado para su convencimiento) y dicho acercamiento nunca se ha perdido, toma auge de nueva cuenta en este siglo y desde mediados del siglo XX, con el movimiento cultural denominado Posmodernismo, visión desde la cual se concibe a la producción del conocimiento de la historia como una pura textualidad ubicándola en las tendencias del giro lingüístico, como resultado de las interpretaciones de los vestigios del pasado ya que éste no existe como entidad física, lo único por lo que se le conoce es por las capas y capas de interpretaciones que han dejado los historiadores (Jenkins, 2006) que de él se hacen a través de los hallazgos, de los rastros que nos dejaron los ancestros; este movimiento denominado posmodernista ha sido considerado como pensamiento débil (Moradiellos, 2009) por la razones interpretativas de que reduce la historia a los giros lingüísticos, a la buena elocuencia para adornar los acontecimientos socio-históricos.

Es el presente artículo un acercamiento a la historia que desde una perspectiva es fiel a las fuentes como fundamento de la objetividad y veracidad y a la historia que desde otras perspectivas tiende a las interpretaciones que como escenarios subjetivos intentan rescatar el sentido, el para qué de la existencia humana, pasada y presente.

Posmodernismo e historia

Sin pretender dar una definición del significado del posmodernismo, ante las múltiples acepciones del término, por lo que no puede hablarse de univocidad, lo tomamos en el presente escrito como el movimiento que se ha generado en relación a la crítica del conocimiento fijo, a las verdades establecidas como únicas y a los criterios de la objetividad como insuperable fuente del conocimiento cierto, seguro; lo consideramos para el presente escrito como el movimiento que inaugura nuevos caminos en las indagaciones de lo social, tendencia que rescata los planteamientos en la búsqueda del hombre, lo social y su sentido desde el enfoque inaugurado por Paul Ricoeur (Vergara, 2008), el posicionamiento del ser en el mundo de Heidegger (del Moral, 2001) entre otros postulados que abogan por la ciencias humanas o ciencias del espíritu elevadas a nivel científico por Dilthey (Corona, 2012) en sí, como el rescate de los seres hacedores de su propia historia en las condiciones de existencia que los determinan. Es el posmodernismo, ese movimiento que pone en duda y critica el conocimiento exacto, que no deja lugar a las falsaciones Popperianas ni a los errores que pueden cometerse en los programas investigativos como se ha venido estudiando de los escritos de Lakatos.

Recogiendo las ideas de Jenkins (2006:95) ya citado, un profesor londinense investigador del campo de la historia y uno de los representantes del posmodernismo, el oleaje del turno lingüístico “no hay nada fuera del texto” ya que en él se encuentran todas las referencias reales; ha venido a revitalizar a la producción del conocimiento histórico y a los historiadores, que se han visto acartonados en las fuertes y constantes discusiones relacionadas con la supuesta objetividad del conocimiento y de que la historia se hace, con documentos, con evidencias, no hay otra forma. El gran problema y es por lo que surge la pregunta, cuando los documentos o evidencias no se encuentran o fueron destruidos, que sucede, no hay historia? Se puede considerar la discusión que desde siglos atrás se vine generando, la polémica entre investigadores duros o quienes han sido considerados con esa categoría precisamente por abocarse a las ciencias que permiten las experimentaciones o la aplicación del método científico (ciencias naturales) y los investigadores blandos o los dedicados a las ciencias sociales que responden a distintos métodos para la utilización en la producción del conocimiento, métodos que aceptan las subjetividades o las posiciones de los sujetos que se manifiestan en interpretaciones, resultado de las objetivaciones de los acontecimientos sociales; el dilema hoy en la historia y marcado por este giro lingüístico viene a abonar dentro de este terreno en específico, sin desconocer que las ciencias sociales y en concreto la disciplina historia son ciencias eminentemente subjetivas (puntos de vista de los investigadores partiendo de acontecimientos, datos, documentos, hechos) lo que deriva en investigadores blandos y más blandos; éstos últimos al reducir la historia a mero lenguaje discursivo, el cual se sustenta en otorgar sentido al pasado e idear escenarios de lo que pudo haber sido, lo que nos dejan las enseñanzas y sus adecuaciones a los tiempos posmodernos y por supuesto, en la aceptación del presente como objeto de estudio de la historia lo que deriva en una o varias historias del tiempo presente.

No son novedosas las discusiones de los investigadores históricos blandos (quienes sustentan la producción científica en criterios de la objetividad que parten del dato o huellas de los acontecimientos y sin éstos no hay historia, los juicios serán responsabilidad del investigador) cercanos a las acepciones del Rankismo y los más blandos, que podemos rastrear su origen en el surgimiento de la Escuela Francesa de los Anales; se creaba una escuela abocada a la resolución del dilema de la ausencia de fuentes, la presencia a partir de entonces de la reconstrucción de los acontecimientos a partir de la historia problema. Se inaugura esta escuela en el año de 1929 y con ello la apertura de romper con el paradigma vigente de Ranke (narrativista), al idear formas, deseos y aspiraciones de conocer en profundidad, las obras de los hombres y mujeres en el tiempo (Bloch, 2012)

El rechazo a los historicismos factuales se aproximó ante las visiones interpretativas de la historia, al hacerse necesario sustituir las narraciones y las descripciones de los hechos aislados por la comprensión en relación a los contextos de ocurrencia, son los tiempos de cambio de la historia relato por la historia problema, por esa historia de los hombres y mujeres en el tiempo para referirse a hombres y mujeres con aspiraciones y voliciones que parten de la vida cotidiana a espacios deseados para vivir mejor.

Las críticas que se han venido dando a la escuela francesa de los annales, han sido entre otras, la manera de institucionalizar la historia, de enmarcarla desde un hacer la reconstrucción de los hechos, más ligada a las formas epistémicas de la construcción del conocimiento y alejarla de las prácticas de quienes hacen la historia, o como lo menciona Jenkins alejarse de la historia con mayúsculas, para derivar hacia la producción del conocimiento académico de la historia con minúsculas. No que el conocimiento académico carezca de valor, aunque en ocasiones se pierde en las formas para la obcecada reconstrucción del pasado, la búsqueda acuciosa del método, el acercamiento a las fuentes, el cuidado aséptico y la atención por el máximo grado del acercamiento a la verdad y no lo verosímil, el no considerar a los acontecimientos y sus personajes como entes vivos, la hace aparecer como separada de la realidad, como si fuera otra, más en el plano de conocerla de forma abstracta y tenerla presente sin sus respectivos cuestionamientos para la aceptación y los rechazos. A manera de ejemplo y sin pretender la univocidad, podemos enunciar las narrativas que hemos tenido de la historia universal, considerada durante años una historia única, total, en donde el desarrollo de los pueblos fueran estos europeos o latinos había sucedido igual. No se desconoce la función ideológica y las visiones que se pretendían, sin embargo, un desarrollo igualitario de sociedades tan disímbolas en las perspectivas culturales hoy en día y gracias a las tendencias criticas del posmodernismo, nos han orillado a un pensamiento distinto, gracias a la reflexión y a las criticas; en Latinoamérica vivimos el esclavismo distinto al ocurrido en los pueblos europeos, producto de las guerras floridas entre los grupos sociales originarios, un feudalismo inexistente con esos castillos y los señores con grandes extensiones de tierras, aunque si las grandes oposiciones entre los distintos grupos sociales que poblaban nuestro continente, más por un control y dominio económico y la defensa de las vidas humanas.

Historia total y posmodernismo

En estos posmodernos días, difícilmente los historiadores se atreven a hablar de una historia que haya tenido un desarrollo único, universal, como lo comenta Karwin Klein en la obra de La Historia Hoy, de Keith Jenkins (2006:161)

en contraste con pequeñas historias que recibían y daban nombres por su cuenta, la gran historia de la historia tiene como objetivo la extinción de los nombres (particularismo). Al final de la gran narración habrá siempre humanidad. De ahí lo posmoderno como política: denunciar las metanarrativas y aplaudir la proliferación de narrativas locales es resistir a la historia universal totalitaria y a la represión política

El posmodernismo es la vía alterna para valorar y rescatar el pasado cercano y el presente, como lo vivencial y original del desarrollo particular de los pueblos subsumidos en sus dialécticas del desarrollo y superación de las contradicciones desde las regiones; los desiderátums de las metanarrativas se convirtieron en los grades mitos y utopías inalcanzables, una de ellas la historia como única, como total, ya que toda historicidad tiene por sustento los sujetos, el tiempo y el espacio.

Sin embargo las críticas al paradigma de la historia problema, a pesar del salto que se dio y los avances que se lograron al inicio, surgieron posteriormente las acusaciones, una de ellas, el deslinde con la realidad concreta y su subsunción en las explicaciones teóricas de los acontecimientos, acercándose a las predicciones de las ocurrencias del desarrollo social; lo que nos deja claro que no puede existir una teoría que sirva para siempre y para todo, una teoría que sirve para siempre está condenada al fracaso como lo enuncian los

tiempos posmodernistas. Entre las críticas podemos citar al historiador de corte marxista Joseph Fontana (1992) quien acusaba a la escuela Francesa de Annales de reaccionaria e involucionista por no desarrollar una teoría que fuera la base para la explicación real de los cambios sociales, en sí una forma de no renunciar a la explicación de esa historia con mayúsculas como la divide Jenkins para referirse al desarrollo de la sociedad en vivo en la que intervienen los intercambios materiales y espirituales de los hombres y las mujeres, así como el alejarse de la historia con contenido político, el obsesionamiento y el cuidado de la selección metódica de fuentes en la reconstrucción de los acontecimientos; el haber sido una escuela encerrada en las fronteras de Francia y escasa relación con intelectuales de otras latitudes, se alejó cada vez más del acontecimiento y del sujeto artífice social.

El padre del paradigma del historicismo, Leopoldo Ranke, (Santana, 2005) no hubiera permitido el acercamiento de las musas Clío y Calíope, para él solo era suficiente con la musa de la historia como su inspiradora en la producción de los conocimientos históricos, ya que el apego a las fuentes es la condición por la cual es posible dar cuenta de los hechos del pasado, el acercamiento a las fuentes y su transcripción tal y como nos las heredaron del pasado, así deben de ser narrados, en el caso del relator-historiador, éste debe de adoptar la actitud y la ética de ser neutro, de no contaminar con sus juicios los acontecimientos del pasado, de no imponer sus deseos y aspiraciones de lo que fue o lo que pudieron haber sido las acciones y obras de los sujetos que estuvieron presentes en ese tiempo. Con Ranke adquiere sentido la definición que tenemos en los diccionarios, en donde la historia “es la narración de los hechos del pasado” y ni pensar en que la historia también pueda abocarse al tiempo presente o inmediato como ocurre con las nuevas vertientes que coquetean con la musa Calíope, en donde la elocuencia y el sentido épico de acontecimientos adquieren el brillo para ser llevados a pedestales, en ocasiones producto más de la imaginación y de los desiderátums, según los críticos del giro lingüístico; se conoce que es necesario reconstruir la memoria colectiva de la ocurrencias de los eventos sociales y más en la época del surgimiento del Historicismo, en tiempos en la que se hacía imperioso la creación de los estados nacionales y en donde se requería la conformación de identidades y consentimientos con los surgimientos de las nuevas nacionalidades como las formas de organizaciones novedosas para las regulaciones de la vida en sociedad, no se pone en duda la importancia de un paradigma con esta orientación, aún cuando se haya abocado a las obras de los eruditos, batallas, datos, fechas, personajes y aún a la asepsia del investigador o narrador; el cuestionamiento es, pero que sucedía cuando las fuentes no estaban disponibles, cuando se presentaban los vacíos de las informaciones, era posible aventurar juicios o simplemente podríamos deducir desde los posicionamientos del positivismo comteano de base epistemológica empirista, que si no tenemos el referente de la realidad, no es posible conocer las ocurrencias de los hechos y que al hacerlo no tendrían valor desde las posturas científicas y serían solo fantasías o quimeras de pensar en lo que fue o pudo haber sido por parte de los narrativistas, quedaríamos en el coqueteo con Clío, porque la historia se hace con fuentes y donde no hay fuentes no puede haber historia, un planteamiento duro, pero asumido por este paradigma; en el que no caben los supuestos del imaginario de un historia problema, del lanzamiento de juicios empáticos, el historicismo es a la vez una camisa de fuerza para el investigador, la pureza y la narrativa apegada a las fuentes es la concepción de esta enfoque en su afán de constituir una historia científica, a la usanza de cómo estaba sucediendo con el desarrollo de las disciplinas agrupadas como ciencias naturales o duras como en la actualidad se siguen denominando en las recurrentes discusiones y exposiciones académicas.

El acercamiento a los acontecimientos pasados y presentes requiere para realizar su reconstrucción, de la memoria individual y colectiva (Ricoeur, 1999), entendida ésta como la capacidad mental de recordar, con el fin de reestructurar la realidad que ya se convierte en pasado debido a su ocurrencia y es distinto cuando esta memoria está vinculada a los acontecimientos; ilustrémoslo con un ejemplo: no es la misma capacidad de la memoria de recordar acontecimientos como el holocausto para quienes son judíos y sufrieron pérdidas de consanguíneos, no existe la misma capacidad nemotécnica ni serán las mismas interpretaciones de quien solo se acercan con fines de conocimiento histórico; pareciera lo segundo ser más desinteresado y superficial, con menor carga subjetiva, a diferencia del sentido que le otorgará la memoria que de alguna medida forma parte del acontecimiento.

El olvido o los olvidos es importante mencionarlo, están presentes en la disciplina histórica a la hora de las narrativas y de las interpretaciones, por lo que nos interesa dejar claro, no serán las mismas empatías de quien guarda estrecha relación con los acontecimientos. Parafraseando a Ricoeur, citado por Hartog (2011) el olvido tiene que ver con las patologías de la memoria para recordar, sea esta colectiva o individual, y por otro lado los olvidos necesarios que conscientemente se realizan con el fin de ocultar lo que no es conveniente, lo que causa vergüenza, los olvidos que se quiere desaparezcan; por lo tanto, qué es la historia? como se narra en el párrafo anterior, pareciera que esta disciplina está plagada de inconsistencias, de veracidades, de ficciones, a lo que podemos aportar que nos encontramos con una disciplina que depende eminentemente de subjetividades, postulados que no tienen cabida en un paradigma Rankeno, en donde la reconstrucción de los hechos debe de ser fidedigna para no cambiar el rumbo de la historia, la objetividad ante todo y como criterio de verdad.

Ante la pretendida objetividad para la reconstrucción de los acontecimientos pasados, ¿es posible llevarla a ultranza? No será que estamos desconociendo que la recuperación de los hechos lo hacen personas de carne y hueso, personas que sienten piensan y actúan y que son parte de un contexto y determinados por él, personas que se acercan a los acontecimientos dependiendo de su interés, de sus deseos por asignarle sentido, mismo que depende del grado de compenetración entre el sujeto y el objeto en este caso social, cómo desentenderse de las ideas y acciones de los hombres y mujeres, es posible no ser empático, no es loable su rescate para que no queden en el olvido, para volver a vivirlos y tratar de entender hacia donde se encaminaban; no importa la posición de quienes nos hacen las historias (Sánchez e Izquierdo, 2008) su posicionamiento de clase y su participación social, sus herencias culturales particulares.

El giro o turno lingüístico del posmodernismo como los historiadores lo han venido aceptando y otros rechazando, implica retomar las consideraciones interpretadas como equivocadas en los tiempos del sofismo (escepticismo, reativismo y subjetivismo) debido a la tradición cultural occidental que aceptó las tendencias del orden lógico de la naturaleza, del cosmos unificado siguiendo la tradición de la cultura griega y negando siempre las demás culturas, mismas que hoy en día reclaman su lugar en la sociedad y que se han visto sus participaciones a través de acciones directas de los países musulmanes o mahometanos.

Los postulados sofistas vienen a ser de gran ayuda para la deconstrucción de los conocimientos históricos que hoy en día tenemos y la oportunidad para la construcción de nuevos, apegados a las distintas realidades, no a una única realidad; en relación al escepticismo y ante la necesidad hoy en día de dudar de las verdades absolutas y unívocas en este campo de lo social; entendemos que el mundo es caótico y es el hombre quien le da forma y a medida que avanza en sus interpretaciones de las múltiples realidades, continúa abonando a la producción del conocimiento de la social.

Metanarrativas y Posmodernismo

Donde Calíope gana terreno es con las críticas que se le realizan a las metanarrativas a partir de los enfoques posmodernistas como lo menciona Lyotard en su obra Missive on universal history, donde refuta las ideas de organizar el mundo en torno a una idea de historia universal y para ello cuestiona a la vez las ideas de la razón de Descartes y de Kant al asumir que las ideas de la emancipación según Jenkins (2006:140)

…se enmarcan de diferentes maneras, dependiendo de lo que llamamos las

filosofías de la historia, las grandes narrativas que intentan organizar esa masa de acontecimientos: la narrativa cristiana de la redención del pecado original por medio del amor; la narrativa Aufklarer de la emancipación de la ignorancia y la servidumbre por el conocimiento y el igualitarismo; la narrativa especulativa de la realización de la idea universal por la dialéctica de los concreto; la narrativa marxista de la emancipación de la explotación y la alienación por la socialización del trabajo; la narrativa capitalista de la emancipación de la pobreza por el desarrollo tecnoindustrial. Entre esas narrativas hay bases para el litigio e incluso para el diférend. Pero en todas ellas, los datos surgidos de los acontecimientos son situados en el curso de la historia cuyo fin, aún cuando quede fuera del alcance, es llamado la libertad universal, la realización de toda la humanidad.

La idea de una historia universal en estos posmodernos tiempos no está acorde al grado de desarrollo teórico crítico de las sociedades actuales, se cuestiona la historia como si fuera única y poder nombrarla universal, dejando de lado los desarrollos de culturas no igualitarias sumándolas a las hegemónicas, las metanarrativas y sus cuestionamientos han venido a dar la vuelta a lo que se creía ocurriría, pero no fue así, al parecer los teóricos del Renacimiento y posteriormente el empuje en el siglo XVIII, con los Ilustrados, se quedaron con visiones cortas del desarrollo de la humanidad y hoy en día en el primer cuarto de este siglo XXI los estamos padeciendo. El humanismo ideado como forma cultural humana y socializadora a nivel universal se perdió al grado de que hoy dos culturas dividen el mundo occidental y el oriental, un nuevo humanismo es el que se requiere, el renacentista se ha agotado como modelo socio-cultural. Las narrativas del cristianismo y su afán de constituirse en la a religión universal, con el fin de la salvación de las almas, el supuesto de otra vida no mundana y el alcance del paraíso por quienes realicen los actos buenos que se dictan en los mandamientos de la ley de dios, no podemos negarlo han sido fuertemente criticados y lo que en principio constituyó una iglesia hegemónica, hoy en crisis, debido a sus desmanes por clérigos que no han escapado a los placeres mundanos, como los acontecimientos de abusos sexuales, las acumulaciones e inversiones de capital en área muy poco humanas y la lucha que se sostiene a nivel ideológico entre las religiones cristianas y no cristianas. La salvación de las almas, requiere cada vez más de distintos planteamientos para su aceptación entre las poblaciones y aún más para su devoción.

El progreso de las sociedades gracias a la utilización de las técnicas modernas y la puesta del sujeto en el centro del ecosistema ha derivado en la explotación extrema de los recursos naturales, recursos necesarios para la vida y el progreso, no ha sido el ideado para la sociedad. Los imperativos racionales Cartesianos y Kantianos tienden a ser repensados, el sujeto solo lo será en relación a los demás y el imperativo filosófico del tú debes, sólo es posible de lo que se debe hacer considerando a los demás.

La metanarrativa de una sociedad más igualitaria, también se quedó en el camino y al término del siglo XX, pareciera que los regímenes que tuvieron su sustento en las ideas socializantes de la producción, distribución y consumo de forma social y llegar a la sociedad igualitaria no ocurrió y esto lo comprendemos por la caída de los países socialistas del este en el año de 1989, agrupados en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y lo que ocasionó la discusión fuerte de Francisc Fukuyama (Pérez, 2013) al plantear el fin de la historia y con ello el surgimiento de nuevas interpretaciones, como el deslizamiento de los países socialistas hacia las economías de mercado, dejando entrever que sólo existe después de ese año una sola vía, la del capitalismo como sistema aglutinador, pero, la discusión iniciaba y ha ido mucho más lejos con la globalización ante la cual han de rendirse todos los países de las economías débiles, economías emergentes y las vapuleadas economías de corte socialista, rendirse ante los países de las economías hegemónicas, lo que aún no ocurre ante la dignidad de los pueblos y de su cultura. Si es el fin de la historia es seguro que entonces será el fin de los historiadores.

Cerramos los comentarios con la cita siguiente de Kerwin Klein, en Jenkins (2006: 141) “...lo posmoderno como política: denunciar las metanarrativas y aplaudir la proliferación de narrativas locales es resistir a la historia universal totalitaria y a la represión política”

Los ideales de libertad para los individuos como las novedades impulsadas desde el renacimiento en el siglo XV en Europa, al romper el aislacionismo por el empuje del comercio y ante la necesidad de satisfacer las necesidades de nuevos productos para su comercialización, dieron con el descubrimiento de un nuevo mundo, lo que ocasionó el choque entre las culturas del nuevo y viejo mundo; por supuesto el dominio de una sobre la otra. Posteriormente los ideólogos del siglo XVIII, los ilustrados, que con el fin de perfeccionar los lazos de la libertad propugnaron por un sistema de asociación de los individuos que no estuviera sujeto a las decisiones de los cambios de humor de los gobernantes, hacían falta los instrumentos o marcos legales para regir la vida individual y social, los adelantos fueron en relación a la idealización de los Estados Parlamentarios y Republicanos que reflejaran la división de poderes y abonaron por la fórmula trinitaria de del ejecutivo, legislativo y judicial de los cuales ninguno aglutinara y sujetara al otro; los resultados, tener estados más democráticos en oposición a los autocráticos, monárquicos y despóticos que habían subsistido como entidad del poder, en bien de la libertad hoy en día aun con esas fórmulas democráticas de poder y de convivencias sociales, la ausencia de libertades está presente, el secuestro de libertades por parte de las agrupaciones conocidas a nivel mundial como partidos políticos son acontecimientos presentes en las sociedades posmodernas. A una distancia temporal de manera sucinta podemos mencionar de las dos conflagraciones bélicas, que rompieron con las ideas racionalistas del bien social y el respeto entre los pueblos; la paz perpetua propuesta por Kant, no obtuvo los resultados esperados y entonces, es cuando vale la pena cuestionarnos, cuál será el papel de los historiadores en el siglo XXI, en esta época posmodernista, debemos continuar con escarbar y revivir el pasado o como lo afirma Certeau, (Dosse, 2009)

“…invitaba a no conformarse con restituir el pasado tal como fue, sino a reconstruirlo, a reconfigurarlo a su manera en una dialógica articulada a partir de lo irremediable separación entre el presente y el pasado. No se trataba de que ese mundo antiguo y pasado se moviera. Ese mundo ya no se movía lo removíamos” ( p. 25)

Con esta cita, nos queda claro que la transcripción de los hechos ya no es lo más importante sino que se pasa a una siguiente fase a la de la reconstrucción, el armar un rompecabezas del pasado, el cual nunca lo es, en el sentido de que éste se reconfigura con las categorías del presente, es un diálogo que se establece del presente con el pasado, con las finalidades de revivirlo, porque el pasado es algo muerto, un cadáver el cual se remueve mediante las interpretaciones de los investigadores, pero estas interpretaciones que se hacen desde el presente, tienen obligadamente que plantearse en el terreno actual, el cual por un lado no debe dejar de abocarse a lo sucedido como una forma de recuperar la memoria histórica y las aspiraciones de los individuos; por el otro no dejar pasar la posibilidad de incidir en el presente y nos referimos al presente más actual, no quedarnos en un pasado tan lejano, al grado de parecer ante nuestros educandos, en el caso de los académicos que laboran en el área de la historiografía, como investigadores o docentes de esta disciplina, sea cualquier nivel educativo, como recolectores de cositas antiguas, curiosidades a la manera de los anticuarios.

Remover el pasado implica, revivir los acontecimientos ante la imposibilidad de llegar a conocer la ocurrencia tal como sucedió, precisamente porque el grado de observación de la que se parte, si se fue testigo del acontecimiento tenemos que ser conscientes de la dificultad de acercarnos a ellos a través de las huellas o de las interpretaciones de otros investigadores, es necesario reflexionar que ya se tiene entonces un sentido un por qué y el para qué, sentido que aporta las visiones y sentir de los historiadores, según Jenkins (2006) “…el pensamiento posmoderno ha provisto todos los recursos intelectuales que necesitamos ahora para pensar en formas orientadas hacia el futuro, emancipatorias y democratizantes” (p. 14); es aquí en donde el terreno le corresponde a la diosa Calíope, para el caso de la analogía referida al inicio del escrito, sin embargo, cuáles son esos caminos que nos conducen hacia la emancipación ante las categorías, consideradas ya arbitrarias de los tiempos renacentistas o modernistas, no hay más vías que, el pensar históricamente, utilizar la reflexión para llegar a los escepticismos, los relativismos de las verdades históricas y el subjetivismo de las interpretaciones referidas a la historia académica (historia con minúsculas) o a la historia en su desarrollo social en vivo (Historia con mayúsculas)

…en el enfoque interpretativo de la historia del tiempo pasado nuestro objeto de estudio (hombres, mujeres y medio natural humanizado) está evidentemente en el pasado, pero nosotros estamos en el presente, y estos presentes están preñados de futuros. El historiador no puede escribir con rigor la historia al margen del tiempo vivido y de su fluir permanente (Historia a Debate, 2011)

Asignamos categorías del presente y organizamos con ellas el pasado y en ocasiones, se conoce más de él en este presente que en el propio momento vivido por los hombres de carne y hueso y tampoco se deben dejar al escape, el dilucidar escenarios futuros y de compromiso social con los grupos marginados del ostracismo económico, político, social y cultural; la historia debe servir a la construcción de una mejor sociedad.

A manera de Conclusiones

Clío y Calíope siempre estarán en constante interacción, en donde la primera diosa representa a la historia narrativa, a los historiadores que siguen con fidelidad las fuentes, lo objetivo, para la reconstrucción de los acontecimientos y Calíope más ligada a la historia problema ante la ausencia de ellas y valiéndose de las interpretaciones y las subjetividades de los historiadores; de la historia que nos hacen los historiadores.

El posmodernismo en el campo de la historia, ha venido a dar un impulso a una disciplina que encasillada en lo académico ha descuidado los acontecimientos en vivo de la sociedad en sus desarrollos dialécticos.

Obligadamente la historia en el siglo XXI, ya no puede ser la disciplina académica, encargada de las narrativas del pasado en exclusiva, sino que tiene que considerar nuevos paradigmas posmodernistas que se aboquen también a la historia del tiempo presente.

Los historiadores deben de salir a la defensa de esta disciplina sin menoscabo de mencionar que su valor radica precisamente en que es una ciencia subjetiva plagada de interpretaciones, lo que revitaliza las acciones pasadas y presentes.

Considerar la Interdisciplinariedad, de la que mucho se escribe y escucha en los espacios académicos, como la forma idónea de llegar a profundidad en el estudio de los objetos socio-históricos a investigar.

En este siglo XXI, se requieren nuevas metanarrativas en un afán de encontrar el sentido a la sociedad, mismas que no deben de despegarse del bienestar social para quienes habitamos en este mundo terrenal.

Antes de que los vaticinios del Fin de la Historia de Francis Fukuyama puedan alcanzarnos, debemos reflexionar también, que si esto ocurre vendrá el Fin de los Historiadores, si no nos preocupamos por que esta disciplina produzca conocimientos útiles y problematice los acontecimientos pasados y del presente de las sociedades en constante movimiento y de lo educativo, al acercarnos al enseñar y aprender a pensar históricamente en el siglo XXI.

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