La evolución del campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en Venezuela: notas de memoria

The evolution of the field of Social Studies of Science and Technology in Venezuela: notes from memory.

Hebe Vessuri
Universidad Nacional Autónoma de México, México

La evolución del campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en Venezuela: notas de memoria

Espacio Abierto, vol. 25, núm. 3, pp. 241-250, 2016

Universidad del Zulia

Recepción: 25/06/16

Aprobación: 17/07/16

Resumen: Testimonio de la memoria, subjetivo, parcial, inevitablemente sesgado. Como todo campo del conocimiento, la delimitación de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología o estudios CTS obedeció a intenciones de separación, de autonomización de una esfera de reflexión respecto de otros campos vecinos. En estas notas se esboza el desarrollo del contexto internacional de los estudios sociales de la ciencia en la primera y segunda mitad del siglo XX hasta los años 70s y los desarrollos iniciales del campo de estudio en Venezuela. Se pasa breve revista de la evolución de los temas y perspectivas teóricas y concluyo con un breve epílogo.

Palabras clave: Estudios sociales de la ciencia, sociología de la ciencia, Venezuela.

Abstract: Testimony based on personal, subjective, partial, inevitably biased, memory. As every field of knowledge, the delimitation of the social studies of science and technology or STS studies obeyed to intentions of separation, autonomization of a sphere of reflection relative to neighbouring fields. In these notes I roughly sketch the development of the international context of the social studies of science in the first and second halves of the 20th century until the 1970s and the early growth of the field in Venezuela. I briefly review the evolution of the themes and theoretical perspectives and conclude with a brief epilogue.

Keywords: Social studies of science, sociology of science, Venezuela.

Acepté la amable invitación de la revista Espacio Abierto como una excusa para escribir no una nota de investigación historiográfica sino más bien un testimonio de la memoria, subjetiva, inevitablemente parcial, que espero aporte algún interés a historiadores o curiosos del pasado de una faceta de la actividad intelectual en Venezuela.1 Como todo campo del conocimiento, la delimitación de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología o estudios CTS obedece a intenciones de separación, de autonomización de una esfera de reflexión respecto de otros campos vecinos. Los autores pioneros de la sociología del conocimiento, como Karl Mannheim (Ideología y utopía, 1929) y de la sociología de la ciencia como Robert K. Merton (Ciencia, Tecnología y Sociedad en Inglaterra en el siglo XVII, 1938) pusieron a la ciencia y el conocimiento científico en el centro de su atención. Merton, en particular, considerado uno de los padres fundadores de la sociología moderna, construyó también una tradición académica, principalmente en los Estados Unidos, entre los años 1940s y 1950s, en torno al grado especial de orden que encontró en la ciencia, el notable consenso característico de las ciencias naturales y el conjunto, a su juicio admirable, de compromisos morales que distinguían a la comunidad científica frente a otras instituciones sociales. Según él lo que explicaba el desarrollo de la ciencia en la sociedad en Gran Bretaña en el siglo XVII no era el método científico o el conocimiento científico, sino la dinámica y la posición social de una empresa científica, ella misma concebida como una caja negra. También quería explicar los patrones cambiantes de interés en diferentes áreas problemas o disciplinas CyT (es decir, los cambios en gran escala de los focos de interés científico).

Merton era sociólogo tout court. Sin embargo, su aporte a la comprensión del fenómeno de la ciencia fue prolífico en sus efectos, pues inspiró a varias generaciones de investigadores sociales que continuaron elaborando la propuesta mertoniana o quienes buscaron otras formas diferentes de abordar la ciencia y el conocimiento científico, construyendo paulatinamente el campo de reflexión que hoy nos convoca. Así es como en los años de la posguerra se encuentra a un conjunto de autores en la filosofía y la historia de la ciencia que repensaron el campo intelectual.

En los 1960s, Thomas S. Kuhn escribió un libro que tendría un impacto insospechado en la filosofía, historia y sociología de la ciencia del medio siglo siguiente, La estructura de las revoluciones científicas.2 Su libro venía a liberar a la academia de una concepción de la ciencia“positivista” u“objetivista,” que privilegiaba a las ciencias“duras” a costa de otros departamentos universitarios. Kuhn mostraba que inclusive las ciencias naturales más rigurosas se constituían como comunidades y tradiciones que periódicamente se veían sometidas a luchas ideológicas. Sorprendentemente, lo hizo de manera tal que los propios científicos naturales no lo encontraron controversial; de hecho lo aceptaron como algo de sentido común. Los humanistas y científicos sociales rápidamente adhirieron a las ideas de Kuhn y declararon que ellos también eran productores serios de conocimiento que trabajaban en base a paradigmas. La historia convencional de la recepción de la obra de Kuhn hace referencia a un efecto saludable, que contribuyó a un clima de pluralismo convirtiéndose ella misma en un paradigma de investigación.

Un temprano intento de reconfigurar la filosofía de la ciencia para las condiciones de la ‘ciencia industrializada’ fue el de Jerome Ravetz quien de forma independiente publicó El conocimiento científico y sus problemas sociales, en 1971. Este fue un libro influyente, en mi caso personal determinante, que me ayudó a moverme con fuerza de la epistemología a los aspectos sociales y éticos de la ciencia.

También en los años 60s y 70s grupos de investigadores sociales en Gran Bretaña (Universidad de Sussex, Universidad de Edimburgo) y Francia (varias instituciones de Paris), crearon el consorcio PAREX, de vida efímera, pero que permitió debatir distintos puntos de vista y posicionar la temática como campo intelectual legítimo en ambos contextos nacionales. Entre otras cosas, en los años 70s surgió la Escuela de Edimburgo en el Science Studies Unit, que propuso un enfoque social constructivista y relativista de la sociología del conocimiento científico, donde participaban investigadores como David Bloor, Barry Barnes, David Edge, este último editor de la revista Social Studies of Science.3 En el sur de Inglaterra, desde comienzos de los años de 1960s, en el Science Policy Research Unit se encontraban Christopher Freeman, acompañado por un conjunto de investigadores como Geoff Oldham, Charles Cooper, Michael Gibbons, Marie Jahoda, Mary Kaldor, Ben Martin, Ian Miles, Roy Rothwell y Luc Soete, quienes contribuyeron a desarrollar la temática de las políticas públicas para atender problemas reales, siendo enormemente influyentes en su conjunto en los siguientes 50 años.

En Francia, en L’Ecole de Mines, Michel Callon y Bruno Latour comenzaron a desarrollar una versión del constructivismo con sus enfoques de redes del actor. También en Paris, pero en otro contexto, Jean-Jacques Salomon, después de hacer una carrera en la OCDE como secretario de las primeras Conferencias Ministeriales de Ciencia y Jefe y luego Director de la División de Políticas de la Ciencia y la Tecnología de ese organismo, donde participó en el surgimiento y redacción de importantes documentos fundacionales de la política CyT en el ámbito europeo e internacional, a partir de comienzos de los 70s fue titular de la Cátedra de Tecnología y Sociedad en el Conservatoire des Arts et Métiers.

Dentro de este contexto internacional amplio pero concreto de renovación del pensamiento en estas áreas, en Venezuela se dieron algunos desarrollos convergentes. Por un lado un grupo de investigadores asociados a los primeros años de vida del CONICIT, como Ignacio Avalos y Marcel Antonorsi, habían empezado a hacer análisis estadísticos sobre la ciencia en el país, dirigidos por Olga Gasparini y Dulce Arnao de Uzcátegui. Algunos pasaron un tiempo en SPRU-Sussex como estudiantes o visitantes. Tal es el caso de Carlos Añez, ex secretario ejecutivo del CONICIT durante la gestión de Marcel Roche. El mismo Roche decidió pasar una temporada en SPRU cuando dejó de ser director del CONICIT y allí escribió un hermoso libro: “Rafael Rangel. Ciencia y Política en la Venezuela de principios de siglo.”4

Varios de los venezolanos que se vincularon al SPRU, más tarde se concentraron en el CENDES en Caracas, donde fundaron el Área de Ciencia y Tecnología en 1975, en el marco de un Convenio CENDES-CONICIT que duró diez años, para la formación de recursos humanos de alto nivel en el área, con vistas a proporcionar personal capacitado para el Estado y la sociedad.

Esto coincidió con mi llegada a Venezuela desde Argentina en 1976, y mi ingreso al CENDES. Me incorporé al Área de Ciencia y Tecnología y empecé a trabajar con Getulio Tirado, Carlos Añez, Jorge Giordani y otros colegas. Como en Argentina había estado investigando sobre las formas de organización de la producción agrícola, comencé a ver cómo se daba la temática en Venezuela, enfatizando ahora el tema del cambio técnico en las distintas formas productivas observadas. Concretamente estudié la experiencia socio-histórica y técnica del proceso de colonización de Turén y de allí pasé a estudiar el conuco como forma de organización de la producción campesina con una tecnología del tipo de roza y quema. Como resultado de conversaciones con varias personas y en particular con Manuel Sadosky, matemático argentino que en esa época estaba exiliado en Venezuela y era profesor del CENDES, el director del CENDES Fernando Travieso, y el coordinador de Investigaciones José Agustín Silva Michelena, me invitaron a armar lo que fue el primer programa de posgrado en Planificación y Política de la Ciencia y la Tecnología en América Latina.

El programa de maestría del CENDES y los cursos de ampliación que también se dictaban aglutinaron a gente proveniente del área científica, tecnológica y social. Este espacio permitió formar a varias cohortes de profesionales e investigadores. Entre otros, allí se formaron investigadores como Arnoldo Pirela, Yolanda Texera, Ana Teresa Gutierrez, Alberto Lovera y José Miguel Cruces. Una influencia fuerte a lo largo de toda la experiencia CENDES fue la de Lourdes Yero, que desde la planificación y el desarrollo fue constantemente una interlocutora y compañera de ruta de quienes tratamos de desarrollar los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en el país. En el IVIC, a su vez, Marcel Roche había creado un pequeño departamento de Estudio de la Ciencia, donde trabajaba con la ayuda de su asistente y discípula Yajaira Freites, y años más tarde, de Irene Plaz Power, quien había hecho su maestría y doctorado en el CENDES. Ambos grupos trabajaron alimentándose mutuamente para ayudar a construir el campo de estudios.

En esos primeros años, decidí que para poder tener un espacio de reflexión e investigación académica en sociología e historia de la ciencia, con alguna especificidad respecto de las urgencias y naturaleza híbrida de la política científica y tecnológica que predominaba en el ámbito público, yo misma tendría que abrir ese espacio como un ámbito compartido, colectivo. Comencé a estimular entre mis colegas y estudiantes la realización de investigaciones, la elaboración de trabajos, la organización de eventos en el marco de las Convenciones Anuales de AsoVAC, donde podíamos tener oportunidad de mezclarnos con investigadores de las ciencias “duras”, de organizar seminarios y simposios en el país y el exterior, y la publicación de libros y artículos de investigación y ya no sólo ni tanto de ensayos ni trabajos divulgativos, como se acostumbraba hasta entonces. Comenzamos así la publicación de una serie de libros en la editorial AsoVAC y más tarde en el Fondo Editorial FINTEC, la Fundación Polar y la editorial del CDCH-UCV. Así se publicaron varios libros en una modalidad colectiva, con la ambición de construir un espacio compartido, que envolviese una comunidad de intereses entre colegas. Empezamos con La ciencia periférica, ciencia y sociedad en Venezuela;5 a él le siguieron en rápida sucesión Ciencia académica en la Venezuela moderna6 y Las instituciones científicas en la historia de la ciencia en Venezuela,7 Luego vinieron otros.8 Se publicaron algunas tesis doctorales y colecciones de trabajos en torno a temas específicos.9 Las principales revistas en las que se empezaron a publicar trabajos del nuevo campo localmente fueron Interciencia, Acta Científica Venezolana y la Revista Venezolana de Ciencias Económicas y Sociales de FACES-UCV.

Progresivamente, se fueron sumando individuos y grupos en el área metropolitana, como el Grupo de Gestión Tecnológica en la Universidad Simón Bolívar, la cátedra de Economía y Gerencia sobre Tecnología y empresas del IESA, y en el interior Humberto Ruiz Calderón en Mérida o colegas del posgrado en Planificación y Gerencia de la Ciencia y la Tecnología en la LUZ que se creó en esos años.10 En distintos momentos investigadores extranjeros participaron en los eventos de las Convenciones de AsoVAC o visitaron al CENDES o al IVIC como Brian Easlea, Jean-Claude Guédon, Roy MacLeod, Edmundo Fuenzalida, Thomas Glick, Michel Callon, David Edge, Jean-Jacques Salomon. Rigas Arvanitis hizo su tesis doctoral en el CENDES aunque la defendió en Francia.11

La evolución de los temas y perspectivas teóricas

Por alrededor de una década hubo una actividad desbordante, con entusiasmo, dinamismo, creatividad, curiosidad, en un ámbito que sirvió para que se formara una buena parte de los investigadores del campo tanto en la Maestría como en el programa de Doctorado que se creó unos años más tarde, en 1980. El CENDES, junto con la AsoVAC y la Fundación Polar, entre otros, fueron los focos del debate de ideas, posturas teóricas, ideológicas y propuestas de acción. Estábamos claros desde el comienzo que no éramos Europa, que nuestra realidad latinoamericana tenía especificidades que debían ser encaradas y analizadas, inclusive con relación a la forma como se implantaban y se desarrollaban las distintas áreas de la ciencia.

En esos años propusimos la noción de “ciencia periférica” para describir la realidad venezolana y latinoamericana que queríamos explorar. El término sigue siendo controversial hasta la fecha, en que hay una suerte de “revival” de su interés, ahora que los europeos y norteamericanos han descubierto la ciencia que se hace más allá de los confines de Occidente. Nos interesábamos por explicar que en contextos alejados de los centros mundiales de producción y circulación de conocimientos, también había individuos y grupos que se interesaban por producir ese tipo de conocimiento especial que es el científico, pero observábamos que su articulación con los centros mundiales se daba de diferentes maneras. Según los momentos y las posturas ideológicas, podía buscarse una dependencia que a veces llegaba al mimetismo isomórfico o bien observarse situaciones con grados de autonomía relativa, reconociéndose que los problemas de la sociedad a los que se podía aplicar el conocimiento científico y las soluciones técnicas localmente respondían a otras dinámicas y tenían características diferentes de las que componían la agenda científica de los países avanzados.

Algunos investigadores criticaron la noción interpretando “periférico” como significando de más baja calidad, y por ello le contraponían la noción de “excelencia”, argumentando que en la región había ciencia de calidad, que se perdía en la noción de “periférica”. En realidad, con la noción de periferia nosotros no argumentábamos nada sobre la calidad sino que nos referíamos a los rasgos estructurales que definían dinámicas económicas, culturales y políticas, y que de hecho podía haber ciencia de calidad, inclusive “excelente” que se perdía invisibilizada por darse en un contexto periférico. Nos parecía ingenuo pensar que si la ciencia era excelente siempre sería reconocida independientemente de su origen y contexto de realización, porque eso implicaba asumir de manera prejuiciada que si no había reconocimiento era simplemente porque se trataba de una ciencia de mala calidad. Observábamos que de manera similar otros autores de América Latina habían planteado el enfoque de la “dependencia” marcando las “asimetrías” entre nuestra región y los centros mundiales. Que el tema sigue vigente se observa en la frecuencia con que hoy se habla de “desigualdades” y “asimetrías” y de imperativos de justicia y equidad que se plantean como objetivos de desarrollo sostenible para el planeta entero.12

Igualmente, en esa primera etapa nos interesó ver qué significados se le daba y cómo se expresaba la ciencia “académica” que se hacía en las universidades. La propuesta inicial fue indagar cómo se había dado el proceso de institucionalización de la actividad científica en el país, con la especificidad derivada de disciplinas, contextos geográficos y circunstancias históricas, como base para mejor entender el potencial y limitaciones de los desarrollos de las políticas de ciencia y tecnología a aplicarse, en vista de los condicionantes externos y limitantes internos. En el proceso la ciencia y la tecnología se mostraban como factores importantes en las formas como el país se había ido integrando al ámbito internacional. Curiosamente algunos europeos encontraron que algunos argumentos y análisis que realizábamos desde América Latina eran particulares, desconociendo que las narrativas descriptivas de realidades europeas también lo era. La idea de pluralismo cultural todavía no estaba en el aire. De hecho, lo que nos interesaba era mostrar a la ciencia que se hacía en el contexto local como práctica y como cultura, una ciencia empírica más que idealizada para lo cual la microsociología, la historia y la etnografía proporcionaban puntos de contacto robustos con lo real...

Estas inquietudes marcaron la fase inicial de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en el país. Paulatinamente se fueron agregando al interés de estudiar las especificidades nacionales la metáfora de la matriz disciplinaria y los estilos nacionales, las estrategias de visibilización de los científicos naturales y sociales del país y la región en el ámbito internacional, las relacione con el poder político y el poder económico. Se empezó a estudiar la institucionalización de la investigación biomédica, química catalítica, petrolera, botánica, biología, algunas ingenierías, arquitectura. Se estudiaron instituciones científicas variadas y laboratorios en contextos universitarios e industriales.

Paralelamente, la tradición de la política científica creció influenciada en parte por los estudios en SPRU-Sussex. El libro de Marcel Antonorsi e Ignacio Avalos, La planificación ilusoria: ensayo sobre la experiencia venezolana en política científica y tecnológica,13 fue una propuesta renovadora y desmitificadora, que tuvo impacto latinoamericano.

En esos años, la principal preocupación en economía y gestión de la innovación estuvo en el estudio de la firma, y en la búsqueda de innovadores y firmas innovadoras, especialmente bajo el enfoque del aprendizaje tecnológico y el carácter de innovador adaptativo del empresario latinoamericano desarrollado por el argentino Jorge Katz. Sin embargo, el equipo de Conducta Empresarial ante el Hecho Tecnológico del CENDES, liderado por Arnoldo Pirela y Rafael Rengifo, introdujo la novedad de los estudios sectoriales sobre grandes muestras de empresas que se desarrollaron en varios puntos de la región. La revista Espacios. Revista Venezolana de Gestión Tecnológica, editada por Renato Valdivieso, ayudó al crecimiento desde esa tradición de trabajo. Carlota Pérez, tal vez la especialista venezolana más internacionalmente reconocida en el estudio del impacto social y económico del cambio tecnológico en las condiciones históricamente cambiantes del crecimiento, el desarrollo y la competitividad, fue una referencia a lo largo del tiempo y una interlocutora receptiva de los pares locales.

El dinamismo que adquirió en esos años el campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología, se reflejó en el hecho de que Venezuela participara como país organizador de algunos de los eventos iniciales de ESOCITE (el segundo, en 1996), ALTEC (1991, el tercero) y que participara en una iniciativa del IDRC del Canadá y la Universidad de las Naciones Unidas sobre Prospectiva Tecnológica para América Latina, liderado por el geólogo Amílcar Herrera.

En lo que en lo personal fue para mí una segunda fase del desarrollo del campo en Venezuela, a mi regreso de Brasil donde ayudé a organizar el programa de posgrado de Política Científica y Tecnológica de la UNICAMP entre 1987 y comienzos de 1991, ingresé al IVIC a invitación de Marcel Roche, y en 1992 el Director del IVIC me propuso crear el posgrado de Estudios Sociales de la Ciencia en esa institución. En esa etapa en los años de 1990 y primera década del nuevo milenio se formó un nuevo conjunto de investigadores. Figuras de distinto cuño comenzaron a hacer aportaciones de otros tipos, entre ellos Luis Marcano puede ser reconocido como un promotor, empresario universitario y político con relevantes vínculos con ALTEC al igual que Renato Valdivieso.

Seguramente el más destacado fue Alexis Mercado, quien había comenzado su formación como investigador en el campo en el CENDES cuando todavía estudiaba Química en la Facultad de Ciencias de la UCV, y luego hizo una brillante maestría en la Universidad de Campinas. A su regreso al país decidió hacer su doctorado en el IVIC buscando el espacio y libertad de investigación apropiados para el tema que quería desarrollar, comparando las experiencias de desarrollo de la industria química en Brasil y Venezuela.14 Como docente del CENDES luego creó en esa institución, junto con Arnoldo Pirela y Pablo Testa, la Maestría para los Estudios de Política y Gestión de la Innovación Tecnológica, intentando recuperar y ampliar el espacio de investigación que inicialmente había tenido su nicho en el CENDES.15

Epílogo

El país prácticamente ha desaparecido de la escena internacional y el campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología sufren de mengua como sucede con la investigación científica y la educación superior en general. Sin embargo, los grupos luchan por sobrevivir. Son encomiables los esfuerzos de investigadoras de LUZ (Matilde Flores, Belinda Colina y otras), el CENDES continúa activo, en la USB (sigue activa entre otros María Antonia Cervilla), en el IVIC hay jóvenes como María Sonsiré López Cadenas que tratan de hacer el puente entre el pasado y el presente con calidad, en la UCLA investigadoras como Concetta Espósito, FUNINDES.

En la próxima fase podemos prever una fertilización cruzada con nuevas tendencias y propuestas que continuamente se producen en lo teórico y conceptual y empíricamente a través de los estudios de casos. Es conveniente, sin embargo, no caer superficialmente en la aplicación burda de paquetes de métodos de teoría canónica actualmente en oferta ni en el abuso de la cantidad creciente de estudios de casos siempre abiertos a la famosa crítica de la antropología que en cierto momento de su historia hizo Edmund Leach, caracterizándola como un “coleccionar mariposas.”16 Está claro que no se trata sólo de una cuestión epistemológica sino también de política disciplinaria.

Desde finales de los 70s se demarcó un campo que buscó estabilizarse con respetabilidad académica e institucionalización con sus recursos concomitantes. La evolución histórica reciente trajo desafíos variados golpeando la estabilidad del campo científico en general. Pero el mundo sigue andando. Y si bien se escuchan pocas voces a favor de la importancia de expandir los registros conceptuales y empíricos o de experimentar con nuevos recursos, parece importante que éstos se desarrollen. Sería interesante ver qué ha resultado de los estudios hechos en ambientes institucionales donde, por elección o necesidad, la investigación cobró forma a partir de encuentros estrechos con otras preocupaciones, demandas y oportunidades, lejos de los centros del campo en l’Ecole des Mines, Cornell, Harvard o Campinas. Por supuesto, esto implica riesgos de pérdida de calidad y de achatamiento de diferencias importantes. Pero al mismo tiempo abre un potencial inventivo de nuevas formas híbridas conceptuales-empíricas. Los estudios sociales de la ciencia y la tecnología en Venezuela todavía tienen mucho que dar y mucho que aprender.

Notas

1 Como la revista ha estipulado un límite de páginas, he tenido que dejar muchos nombres fuera.
2 Publicado en Chicago University Press en 1962. 1ra edición en español, Fondo de Cultura Económica, México, 1971.
3 Edge vino a Venezuela como invitado especial en 1996 para participar en la segunda reunión de ESOCITE que organizamos en Caracas, junto con Jean-Jacques Salomon y Pnina Abir-Am.
4 1era.Edición, Monte Ávila, Caracas, 1973.
5 Editado por E. Díaz, Y. Texera y H. Vessuri y publicado por Monte Ávila, Caracas, 1983.
6 Editado por H. Vessuri y publicado por Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, Caracas, 1984.
7 Editado por H. Vessuri y publicado por Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, 1987.
8 Por ejemplo, Yajaira Freites y Yolanda Texera (editoras) Tiempos de cambio. La ciencia en Venezuela 1936-1948. Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, 1992. Hebe Vessuri (compiladora) La Academia va al mercado. Relaciones de científicos académicos con clientes externos. Fondo Editorial Fintec, Caracas, 1995.
9 7 Pirela, Arnoldo (ed.) Cultura empresarial en Venezuela: la industria química y petroquímica. Fundación Polar. Caracas, 1996. Plaz Power, Irene, La informática en la sociedad venezolana: ¿Símbolo de desarrollo? Viejas reflexiones sobre una nueva tecnología. CDCH-UCV, Caracas, 1993. Yolanda Texera, La exploración botánica en Venezuela (1756-1950). Fondo Editorial Acta Científica Venezolana, Caracas, 1991. Ana Teresa Gutiérrez, Tiempos de guerra y paz. Arnaldo Gabaldón y la investigacieon sobre Malaria en Venezuela, CENDES, Caracas. Alberto Lovera, Del Banco Obrero a la UCV: buscando un lugar para la innovación de la construcción: los orígenes del Instituto Experimental de la Construcción (IDEC), CENDES.
10 Concetta Esposito de Díaz, por ejemplo, que se integró desde temprano a la Universidad Lisandro Alvarado desde el CENDES, ahora es una de las principales promotoras de ALTEC. Incluso ALTEV Venezuela ya va por su cuarta edición este año en San Cristóbal.
11 Entre sus publicaciones en Venezuela está La relación incierta. Ciencia aplicada y desarrollo en Venezuela. Fondo Editorial Fintec, Caracas, 1996.
12 Para un resumen de los Objetivos del Desarrollo Sostenible en la agenda 2030 de las Naciones Unidas, véase Vessuri, H. 2016, Policy Brief, UNESCO-CILAC, Montevideo.
13 Publicado en Editorial Ateneo de Caracas, 1980.
14 Su tesis doctoral fue eventualmente publicada como Aprendizaje tecnológico y desarrollo socioinstitucional: la industria química y petroquímica en Brasil y Venezuela. CENDES/Fundación Polar, Caracas,
15 Un libro colectivo interesante de esos años es el editado por Arnoldo Pirela, Venezuela: El desafío de innovar. Fundación Polar, Caracas, 2003
16 Leach, Edmund. Rethinking Anthropology. London, Athlone Press. 1961.
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