Nuevas líneas de investigación desde la sociología: la seguridad y la defensa, las fuerzas armadas y los militares en los escenarios de incertidumbre.
New lines of research from Sociology: Security and defense, armed forces and military in the uncertainty scenarios.
Nuevas líneas de investigación desde la sociología: la seguridad y la defensa, las fuerzas armadas y los militares en los escenarios de incertidumbre.
Espacio Abierto, vol. 25, núm. 3, pp. 251-261, 2016
Universidad del Zulia
Recepción: 24/06/16
Aprobación: 17 Junio 2016
Resumen: El final de la Guerra Fría exigió a las fuerzas armadas redactar una nueva doctrina con la que hacer frente a las exigencias de la inseguridad asimétrica. Tuvo que adaptar la estructura de la organización a las reducciones de personal y presupuestos. El militar se ha tenido que plantear el sentido de su profesión en una sociedad que ve alejarse la probabilidad de una guerra convencional. El argumento institución vs ocupación y su adaptación posterior perdió capacidad explicativa. La propuesta de fuerza policial se aproxima a la realidad sociológica de las nuevas fuerzas armadas. Hay que dar un paso más pues la profesión está cambiando de manera apresurada. Las relaciones cívico-militares, la civilinización de los militares, el auto reclutamiento y la endogamia militar, el poder político de las fuerzas armadas en la sociedad han dejado de ser objetos de las investigaciones de la sociología militar. En España el cambio global coincidió con la solución del problema militar. Las Fuerzas Armadas dejaron de ser el poder fáctico de los primeros años de la transición política. La convergencia de las dos fuerzas del cambio supone para la sociología militar, que ha perdido su protagonismo mediático, centrar el interés de la investigación en los problemas internos de la estructura de la organización militar y el sentido que tiene la profesión militar.
Palabras clave: Sociología Militar, fuerzas armadas, escenarios de incertidumbre, investigación.
Abstract: The end of the cold war demanded the armed forces to write a new doctrine with which to face the demands of asymmetric insecurity. He had to adapt the structure of the Organization to staff and budget reductions. The military has had to consider the meaning of their profession in a society that sees out the probability of a conventional war. The institution vs. occupation argument and its subsequent adaptation lost explanatory understanding. The proposal of police force is approaching the sociological reality of the new armed forces. We must take a step more because the profession is changing hastily. Civil-military relations, the civilinizacion of the military the recruitment and military inbreeding, the political power of the armed forces in society are no longer objects of research of military sociology. In Spain the global change coincided with the military problem solution. The armed forces are no longer the factual power of the first years of the political transition. The convergence of the two forces of change means for Sociology military, who has lost his media prominence, focus the research interest in the internal problems of the structure of the military organization and the meaning of the military profession.
Keywords: Sociology military, armed forces, scenarios of uncertainty, research.
Aunque sea tópico hay que reconocer que el final del Muro de Berlín y las consecuencias geopolíticas que siguieron dieron lugar al comienzo de un nuevo ciclo en la Historia. Los atentados del 11 de septiembre consolidaron los tiempos de incertidumbre que se alargan hasta el presente y se proyectan sobre el futuro. Entre esas dos fechas no se produjo el esperado Fin de la Historia (Fukuyama, 1992). Ocurrió todo lo contario. Surgió El Recomienzo de la Historia (Daherendorf, 2006). Los desvaríos y la desintegración que vivió el mundo en los comienzos del siglo XX, narrados en El Mundo de Ayer (Zweig, 2001) volvieron a aparecer en los primeros años del siglo XXI. Los tiempos de ahora y los que siguen son tiempos de incertidumbres, de sombras, también de luces que no se pueden negar. Las dudas geopolíticas coinciden con el desconcierto económico provocado por la crisis que cuesta dejar atrás. Es lógico que el ciudadano dude pues su sistema de referencia muestra ambivalencias y excentricidades que no terminan de desvanecerse. Los militares no son una excepción.
Todo cambio radical produce pesimismo. El pasado se desvanece con rapidez y el vacío no se compensa con la misma velocidad. Ese espacio de nadie es ocupado por el oportunismo que se impone ante la falta de reflexión, coherencia y decisión frente a lo nuevo. Los cambios son evidentes en términos macro. En lo micro, en la vida cotidiana las situaciones de incertidumbre se muestran con igual contundencia. Se mantienen las dudas entre la continuidad y el cambio. Mientras tanto y en la parte que interesa aquí, sigue siendo válido el comentario de José Cadalso (Cadalso, 1789) cuando se refería al debate generacional entre militares que vivían en otro cambio de ciclo, el que surgió de la sociedad ilustrada: “Son lo que fuimos, y serán lo que somos”. Idea que sintetiza la esencia del dilema en el que se encuentra una organización de carácter institucional como son las fuerzas armadas.
La seguridad y la defensa, las fuerzas armadas y los militares no son ajenos a esta situación pues son protagonistas de los cambios que viven y los que van a vivir. Planteo esta situación en el cambio de ciclo que se produce en las sociedades avanzadas y en las que avanzan hacia la modernidad. Una situación que no es fácil para entenderla y tampoco para responder con precisión. Se trata de una inevitable y positiva gestión de la crisis (Martínez Paricio, 2009, 2012, 2013). Positiva en cuanto es consecuencia de la tendencia que marcha en el sentido de la modernidad. Los Estados Mayores, los gestores políticos que coordinan la política de seguridad y defensa, los analistas y la opinión pública tienen que reconocer que el papel de lo militar en la sociedad actual ya no es igual al papel que mantenía al final del ciclo antiguo. Ciclo antiguo que se cerró entre las dos fechas señaladas.
Gestión de la crisis que se presenta en planos diferentes como resultado de los cambios que se producen dentro y fuera de la organización militar. A las misiones tradicionales de las fuerzas armadas hay que añadir las que se reconocen como nuevas misiones, que no son tan novedosas cuando se repasa la historia militar. Además de cumplir con los mandatos constitucionales se suman los compromisos adquiridos como apoyo a las misiones encomendadas por organismos regionales o internacionales. Se aleja el enfrentamiento de un soldado contra otro soldado. El enemigo actual se diluye en la sociedad que garantiza su libertad de acción. Garantías que se respetan a quien se propone destruirla. Escenarios de incertidumbre que son asimétricos por esta razón. Resulta poco probable la confrontación entre ejércitos. El conflicto se produce dentro de la propia sociedad que da lugar a una nueva asimetría. Están cambiando los escenarios del combate. El campo de batalla supera los espacios convencionales y aparece otro que resulta intangible: el ciberespacio.
Las fuerzas armadas tienen el compromiso de mantener la continuidad de lo que es su esencia: administrar la violencia legítima del Estado. Y tiene que mantener esa tradición institucional al tiempo que se adapta necesariamente a los cambios. La idea no es nueva. Cumplir este doble mandato no siempre ha sido fácil.
La política de seguridad y defensa, las fuerzas armadas y los militares tienen que mantener su compromiso con la sociedad nacional y con la sociedad la internacional. Tienen que cumplir con las obligaciones que le impone el compromiso con su bandera, al tiempo que garantiza las obligaciones que asumen sus gobiernos en el nuevo escenario internacional.
¿Con qué doctrina se actúa en este escenario donde a lo conocido se suma la incertidumbre que impone lo nuevo? ¿Cómo se adapta la organización militar que responde a las exigencias del combate que la mayoría de los militares estudiaron en sus academias a otra organización caracterizada por la acción conjunta e integrada? ¿Qué sentido tiene la milicia para unos oficiales, suboficiales y soldados motivados por razones muy diferentes a la hora de ingresar en las filas militares? ¿Cómo percibe y se integra la nueva milicia en la sociedad? ¿Qué posición ocupa lo militar en la opinión de los ciudadanos y en las relaciones con una sociedad que ve alejarse el conflicto armado? ¿Con qué recursos materiales y humanos se hace frente a este escenario excéntrico donde aumentan las necesidades de la nueva inseguridad mientras las políticas públicas señalan objetivos reclamados por los ciudadanos que quieren rentabilizar los dividendos de la paz? ¿Cómo hacer frente a la incertidumbre y cómo hacerlo con la reducción de recursos tanto humanos, como económicos? ¿Cómo se justifica el sacrificio que se exige a los militares y a sus familias cuando se participa en misiones internacionales?
Son preguntas que marcan la gestión de la crisis a la que se enfrentan las fuerzas armadas de las sociedades modernas, avanzadas. Son preguntas a las que hay que encontrar respuestas más allá de los cuarteles. No se pueden contestar desde la autonomía militar. Las instituciones civiles, los líderes de opinión, los analistas deben participar en la investigación y en el debate. Encontrar en estos momentos el ADN de la profesión militar no resulta fácil. Se debe convocar a militares y civiles pues los dos viven y son parte de la misma sociedad. Cuando se actúa de esta manera se consolida una segunda derivada de la idea anterior. Las fuerzas armadas son y forman parte del Estado, pero no son el Estado. De esta manera se reduce, incluso se elimina el sentido de la autonomía militar que existió en su momento. Aumenta la confianza entre civiles y militares, variable básica en la sociedad moderna. El político escucha al militar como profesional que de esta manera comprende las decisiones políticas que le imponen y por eso mismo las acepta como propias.
El modelo dicotómico de Institución versus Ocupación de (Moskos, 1981) no encuentra solución a las dudas que plantean las fuerzas armadas de hoy. Ya se sabe que poco más tarde tuvo que replantearse el modelo explicativo para acercarlo a la realidad. Reconoció que la profesión militar es algo más que una profesión (Moskos, Wood, 1989). En la anticipación de Morris Janowitz cuando propuso en 1960 el modelo policial para las fuerzas armadas del futuro las líneas de análisis se aproximan a la realidad de estos tiempos (Janowitz, 1990). Por mi parte considero sin mayor originalidad en la propuesta que las fuerzas armadas constituyen y deben considerarse como una organización institucional compleja. Las líneas de trabajo que se plantean a partir de esta propuesta quedan reflejadas en las preguntas anteriores y en las que siguen. Es el plan de trabajo que nos espera.
Las fuerzas armadas siguen manteniendo valores institucionales que le son propios. No se trata de las normas pretendidamente específicas de la institución militar como la disciplina, el reconocimiento de la autoridad otorgada, o la obediencia jerárquica sin posibilidad de discutir las órdenes recibidas. Los que hasta hace poco se consideraban (de manea simple y apresurada) rasgos exclusivos de la institución militar ya no se diferencian de lo que se exige en la mayoría de las organizaciones y profesiones. Las fuerzas armadas asumen valores, comportamientos, pautas de gestión y estructuras propias de las organizaciones civiles caracterizadas por su eficiencia. Se cumple la hipótesis de Janowitz cuando anticipaba la convergencia entre las instituciones civiles y las militares. Un ejemplo del cambio en una organización institucional compleja, de carácter civil es el que tuvo que realizar IBM en unas fechas que coincidieron con el final del mundo bipolar (Gerstner, 2004).
Frente a lo conocido se incorpora lo nuevo, lo que tiene que ver con la ciberseguridad y los vehículos aéreos no tripulados, por señalar las últimas incorporaciones a los sistemas de armas. Dos incorporaciones que exigen tener en cuenta nuevos y complejos problemas. Los que se plantean al incorporar hackers (por lo general expertos civiles muy jóvenes) en las unidades militares especializadas, el control de la información sensible que se mueve alrededor de la seguridad y la defensa nacional, los conocimientos requeridos para la formación de los pilotos de los aviones no tripulados, las condiciones psicológicas y éticas que supone la nueva forma de combatir, su impacto en los grupos de opinión pública, el vacío que se produce en los convenios internacionales o en el Derecho Internacional al comprobar las consecuencias colaterales del uso militar de estos medios.
Las fuerzas armadas van a contar cada vez con menos recursos humanos. Menos recursos y con una motivación diferente para ingresar y permanecer en las fuerzas armadas. Es otra de las conclusiones que son el resultado en esta ocasión de las encuestas aplicadas en las fuerzas armadas de países diferentes. La integración añade problemas cuando se consideran las diferencias por sexo, religión, o cultura de los soldados. A la hora de ingresar unos lo hacen por la atracción intuitiva que supone el haber vivido en un ambiente favorable a todo lo que tiene que ver con la profesión militar. Otros militares lo son por vocación. Hay otras razones para ser militares. En unos casos dicen que son militares para satisfacer intereses coyunturales, resolver sus problemas económicos, adquirir una formación especializada, o para vivir una vida peculiar. Hay alguno que reconoce que no sabe muy bien por qué tomó la decisión de ser militar.
La experiencia demuestra que no resulta fácil integrar recluta tan diversa para alcanzar un objetivo bien definido como el que se le asigna a las fuerzas armadas. De esa peculiar mano de obra ya no interesará tanto su número, como su formación específica y su motivación diferente. Que se pueda y se sepa amoldar esta amalgama de motivos a la razón de las fuerzas armadas es otro reto que afrontan las fuerzas armadas. Aunque se mantienen las direcciones de personal, ya no se gestionan recursos humanos, hay que gestionar conocimientos.
El valor de las organizaciones civiles más eficientes no se mide por el valor contable de sus recursos materiales. Se mide por el valor que tiene su imagen, por el valor de la marca por la que se la conoce. Ese valor intangible es otro aspecto más a tener presente en la gestión del conocimiento en la organización.
El capital más valioso de una organización es el conjunto del capital humano, sumado al capital estructural (lo que sabe hacer y produce la organización) al que se añade el capital asociativo de la organización. Este componente del capital de las organizaciones eficientes supone la vinculación con otras organizaciones con las que se complementan todas entre sí. Las organizaciones complejas no pueden autoabastecerse. Además de no ser rentable, es imposible pretender seguir siendo autónomo en recursos, medios y nuevos conocimientos. Se impone una vez más la especialización. La novedad es que las empresas eficientes se aprovechan de las economías externas que supone trabajar en red. Las fuerzas armadas ya lo hacen cuando se integran en alianzas y organizaciones regionales de carácter militar. Asumen nuevas obligaciones al tiempo que reducen costes al ser compartidos por todos los aliados. De la especialización de unos se aprovechan todos los demás. Es el primer paso que anuncia lo que ya se está produciendo.
Las fuerzas armadas ya se están beneficiando de las economías externas que aporta la vinculación con laboratorios y centros de investigación en las universidades, o en las empresas. El beneficio en el sentido contrario también queda reflejado de manera contundente. Aunque se reconoce el beneficio mutuo siguen los recelos para incorporar los avances en los conocimientos sociales que se producen lejos de los cuarteles. Desde el lado científico, universitario también se encuentran posturas de rechazo a colaborar con las fuerzas armadas. Contar con el apoyo colaborador, incluso crítico (no sumiso) de analistas, medios de comunicación y líderes de opinión resulta fundamental para explicar la complejidad de la seguridad en el escenario internacional. Se explora con cautela los costes y beneficios del trabajo en red.
La organización militar se ha caracterizado por mantener una estructura jerárquica, vertical, tradicional. Una organización donde se imponían las órdenes tanto en el campo de batalla, como en las empresas tradicionales. Al imponerse el principio de legitimidad basada en la eficacia (hacer más y mejor con menos recursos) se añade otra exigencia de complejidad no menor. La estructura de la organización tiene que ser matricial. El mando tiene que acumular información diversa que en parte la encuentra en la propia organización militar, mientas que el resto debe buscarla fuera. El mando tiene que utilizar conocimientos, recursos materiales y humanos así como habilidades que se encuentran fuera de la organización militar. Es la parte horizontal de la matriz. El mando ya no es el conocedor de todo el proceso que supone dar órdenes. En este tipo de organización el mando se caracteriza por estar dispuesto a buscar lo que le aportan los demás y que le resulta imprescindible para legitimar sus decisiones. En la organización matricial se refuerza, ahora sí, la estructura y solidez del grupo. Al mando se le reconoce de esta manera la doble autoridad: la otorgada por su formación y especialización, y sobre todo por habérsela ganado al contar con la confianza de sus subordinados.
El eje vertical de la organización matricial, sea militar o civil tiene que ver con el carácter ejecutivo de la organización. Supone dar la orden una vez que se tiene toda, o la mayor parte de la información necesaria para garantizar el éxito. El esfuerzo que supone cumplir una orden se compensa, por quien tiene que llevarla a cabo, al comprobar que él ha participado de alguna manera en la decisión que se ha tomado. Todos los que componen la unidad militar, o la unidad de producción se sienten partícipes de las decisiones y del mismo equipo. La unidad se mantiene con el éxito y se refuerza en la adversidad al comprobar que todos salen beneficiados, o protegidos reforzándose así el sentimiento de pertenencia. Nadie quiere ocupar la posición que no le corresponde pues todos se sienten necesarios y valorados por esta razón. Al final, los ideales por abstractos que sean se concretan en realidades medibles. Se impone el grupo primario.
El objeto de la Sociología Militar no es otro que el que propuso Simmel para la Sociología general. Debemos seguir preguntándonos por lo que hacen los hombres y las normas por las que actúan. Hay que encontrar respuestas a lo que hacen y por qué lo hacen por el hecho de participar y formar grupos. Como resultado de la interacción con otros hombres iguales o diferentes. Análisis que debe tener en cuenta tanto la dimensión espacial, como temporal. Todo lo anterior y lo que sigue se plantea bajo este principio simmeliano. Los argumentos de Moskos quedaron para explicar una realidad que dejó de existir.
Cada cual es consecuencia de sus circunstancias. De acuerdo con el proceso de convergencia anticipado por Janowitz y contrastado por la investigación comparada no me resulta incómodo reconocer que la Sociología Militar terminará integrándose en la Sociología de las Profesiones, o en la Sociología de las Organizaciones. Del análisis comparado se obtendrán mayores beneficios científicos en las investigaciones de esta profesión y organización peculiar. Todas las profesiones tienen puntos en común, lo mismo que las organizaciones.
A partir de ese análisis comparado los temas centrales que preocupan a las fuerzas armadas y que son el nuevo objeto de estudio tienen que ver con los aspectos que he considerado como gestión de la crisis. Son las líneas de trabajo que se están desarrollando en estos momentos.
Los aspectos concretos se están investigando tienen que ver con los problemas del reclutamiento del personal que presenta perfiles profesionales y motivaciones diferentes. Su formación y especialización que ya no es exclusivamente militar, razón por la que se busca la colaboración no siempre fácil de universidades e institutos. La promoción del personal militar que no se puede mantener por criterios exclusivos de antigüedad. Hay y habrá cada vez más militares, de distintos rangos, que necesariamente realizarán toda su carrera en las fuerzas armadas, mientras que otros entrarán y saldrán de la organización militar para aportar conocimientos a otras organizaciones y, al tiempo, incorporar al mundo militar lo aprendido en el mundo civil. Hay y habrá que contar con militares bajo contrato que tendrán un tiempo reglado de su permanencia en filas. No se pueden desatender los problemas que supone el regreso a la sociedad una vez terminado el compromiso con las fuerzas armadas.
Dadas las nuevas actividades profesionales las fuerzas armadas tendrán que contar con reservistas especializados y personal civil que prestarán servicio en determinadas unidades militares. El rol y el estatus tan peculiares de este personal añaden nuevos problemas en las relaciones militares y laborales durante su estancia en las fuerzas armadas. La retribución de los militares no se podrá regir por las leyes del mercado. Habrá que considerar la empleabilidad como salario intangible que se sumará (probablemente) al salario real una vez que se esté fuera de la organización militar1.
El personal de las fuerzas armadas en la nueva organización se caracteriza por su movilidad lo que supone un problema añadido en cuanto a su conciliación con la vida personal y familiar. El entorno familiar es una variable interviniente que cobra mayor peso en la calidad, satisfacción o rechazo de los militares con su trabajo. Más todavía cuando esa familia presenta formas novedosas en su composición o en la relación entre sus miembros. La incorporación de la mujer en las fuerzas armadas es un derecho difícil de no aceptar. Ahora bien, ¿la mujer es en primer lugar militar, o se impone la condición de mujer a la de militar? Si además es madre, su situación se complica para cumplir con sus obligaciones profesionales. Las misiones internacionales añaden otro problema de carácter legal pues las leyes nacionales no son de aplicación directa fuera del territorio donde se han promulgado.
La militar es algo más que una profesión, pero aunque sea una profesión peculiar no deja de ser una profesión. Al militar se le reconoce su condición de ciudadano en uniforme pero se le niega en la mayoría de los países parte de los derechos civiles que se les reconoce al resto de los ciudadanos. No tienen derecho a la huelga, a manifestarse, o a asociarse para defender las condiciones y calidad del trabajo, o la vida cotidiana en las unidades. La organización militar no podrá dejar de atender este déficit democrático. En unos casos reconociendo el derecho de asociación, incluso de sindicación para garantizar todo lo que tiene que ver con los aspectos sociales y de calidad en trabajo, nunca con la actividad estrictamente militar, o crear dentro de la estructura de la organización un departamento donde se gestionen y encuentren solución a estos problemas. Se puede ver el proceso que se ha seguido en España en el trabajo realizado por la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) (Gómez Rosa, 2015)
En España los estudios, las reflexiones y los debates sobre lo militar han estado y siguen estando condicionados por un pasado histórico que en términos demográficos resulta lejano para la mayoría de la población. Sin embargo para una parte significativa de líderes de opinión, analistas, e historiadores interesados se mantiene la imagen de unas Fuerzas Armadas y de unos militares que siguen siendo vistos como los herederos del franquismo. El análisis lo plantean como si la Historia se hubiera parado en el tiempo que interesa y sin tener en cuenta los cambios que se han producido en las Fuerzas Armadas.
Solucionado el problema militar en España el desinterés sobre estos temas es palpable. De la Sociología se ha pasado a la reflexión sobre la seguridad y la defensa desde la teoría y metodología propia de las Relaciones Internacionales.
En el análisis de las instituciones no caben los planteamientos adanistas. Para estos peculiares analistas lo que incomoda por no encajar en su imaginario no existe. La Historia debe comenzar cuando interesa a quien pretende volver a escribirla en su provecho. A las instituciones no se las puede aplicar el principio de la hora cero2. Las convenciones cambian, las tradiciones se mantienen. Las instituciones evolucionan de manera cíclica, nunca de manera lineal. Deben ser explicadas a lo largo del tiempo lo que supone que en esa historia larga aparecerán miserias y grandezas. Hay que entender lo uno y lo otro. No hacerlo así es no hacer ciencia.
En 1964 se creó el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) dependiente del Estado Mayor Central. El objetivo fundacional fue desarrollar el concepto de defensa nacional. En el decreto que reguló su creación se planteó este concepto como necesidad de los tiempos de la Guerra Fría. Se propuso y se consiguió integrar a civiles y militares en la reflexión de manera conjunta para alcanzar ese objetivo de carácter nacional. Al tiempo que se producía esa reflexión se obtuvieron otros beneficios como fue eliminar los recelos y las cautelas que mantenían civiles y militares. A partir de su creación el CESEDEN ha visto aumentar sus competencias en la organización y formación militar, a la vez que se han multiplicado los vínculos con centros semejantes de los ejércitos de países aliados, universidades, institutos de investigación y empresas tanto nacionales como del extranjero. Los resultados en forma de cursos específicamente militares, investigaciones aplicadas, seminarios, cursos de altos estudios y de especialización para representantes de la administración civil, diputados, universitarios, periodistas especializados, consolidación de grupos de investigación, publicaciones pueden verse en la página del Centro ( http://www.defensa.gob.es/ceseden/ ), o en la publicación que resume los cincuenta años de vida (CESEDEN, 2014). En la página del Centro se pueden consultar en línea una larga lista de publicaciones que son el resultado del trabajo de investigación formado por investigadores civiles y militares. Se deben consultar otras fuentes. El Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (IUGM), vinculado a la Universidad Nacional de Educación a Distancia, o las que aporta el centro de pensamiento Real Instituto Elcano ( http://www.realinstitutoelcano.org/ ). Todos estos centros incorporan un listado amplio e importante de enlaces donde se puede ampliar las fuentes de información.
Desde muy pronto el CESEDEN firmó un convenio de colaboración con las dos universidades de Madrid, Complutense y Politécnica para investigar de manera conjunta sobre materias sociales y técnicas de interés común. Destaco dos resultados de la relación entre el CESEDEN y la Complutense en los que he tenido la satisfacción de participar en su origen y consolidación. En 1998 se creó la Cátedra Almirante Juan de Borbón de Estudios de Seguridad y Defensa, y en curso 2014-15 se impartió por primera vez el máster Política de Defensa y Seguridad Internacional.
En la Cátedra se han impartido 20 asignaturas de distintas materias todas ellas relacionadas con la defensa que se han integrado en los planes de estudios de las facultades de la Complutense. Son asignaturas que los alumnos deben aprobar con el fin de obtener su titulación académica. El número de alumnos que han participado en la Cátedra es superior a los 15.000. La actividad docente corresponde a los profesores titulares de las asignaturas contando con el apoyo de más de 1.600 militares que aportan su conocimiento especializado. Los alumnos visitan centros y dependencias militares como parte práctica de la docencia. El Ministerio de Defensa premió las actividades docentes de la Cátedra. El Haut Patronage du Conseil Européen recompensó a la Cátedra con el Prix Européen Civisme. Sécurité et Défense por su labor docente e investigadora mantenida a lo largo de los años.
La reforma de la enseñanza militar que se planteó en España (2007) ha supuesto la integración de los estudios militares de formación y especialización en el sistema universitario nacional que a la vez tiene reconocimiento en el Espacio Europeo de Educación Superior (Modelo Bolonia). Los alumnos de las academias militares tras cinco cursos académicos reciben además de su nombramiento como oficiales de las Fuerzas Armadas una titulación universitaria que equivale a la condición de graduados (anteriormente licenciados). Los oficiales que se forman para ser destinados como oficiales de Estado Mayor deben cursar desde el curso 2014-2015 el máster que imparten profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense. Tanto en la Academias, como en el Curso de Estado Mayor se imparte la asignatura de Sociología de la Defensa de la que soy el titular. En el máster estudian durante un intenso cuso académico y se titulan los alumnos oficiales españoles, así como de las fuerzas armadas de países OTAN y países aliados, inspectores del Cuerpo Nacional de Policía y diplomáticos.
Desde el lado asociativo de los profesionales que se dedican a la Sociología existe dentro de la Federación Española de Sociología, así como en alguna de las asociaciones regionales, en concreto la Castellano Manchega, grupos de trabajos especializados en el estudio de los temas que tienen que ver con la seguridad y la defensa.
Dentro de la estructura de la organización militar se han creado centros de investigación sociológica que analizan los problemas sociales que propone el mando. Utilizan información generalmente reservada que en ocasiones se publican, o se facilita con reservas a los investigadores. Es una investigación interna en la que algunos profesores universitarios, entre los que me encuentro, son llamados a colaborar.
Referencias
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Notas