REESTRUCTURACIÓN DE LAS CIENCIAS SOCIALES: HACIA UN NUEVO PARADIGMA
REESTRUCTURACIÓN DE LAS CIENCIAS SOCIALES: HACIA UN NUEVO PARADIGMA
Espacio Abierto, vol. 28, núm. 4, pp. 214-229, 2019
Universidad del Zulia

NOTA DEL EDITOR.
Pablo González Casanova nació en 1922 en la ciudad de Toluca, Estado de México. Concluyó la licenciatura en Sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1943 e ingresó a su Instituto de Investigaciones Sociales en calidad de investigador científico, y luego se incorporó como becario a una revolucionaria iniciativa en la educación superior: la Maestría en Ciencias Históricas, proyecto conjunto de la UNAM, la Escuela Nacional de Antropología y El Colegio de México; allí se graduó con Magna Cum Laude en 1947. En 1950, se doctoró en sociología en la Sorbona de París.
Dirigió, desde 1957 a 1965, la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales, que modernizó con un programa de formación de profesores, promoviendo la salida de sus egresados a las instituciones de prestigio mundial para incorporarlos posteriormente- y fomentando la presencia de intelectuales reconocidos internacionalmente, quienes dictaron conferencias y dieron cursos a profesores y alumnos. Fue, además, en ese periodo Director del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales CLACSO, que tenía su sede en Santiago de Chile (1959-1965).
Entre 1966 y 1970 dirigió el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM donde comenzó una etapa caracterizada por la apertura de nuevos campos de investigación, orientados fundamentalmente hacia la problemática social y política contemporánea, así como hacia América Latina. En esas instituciones la sociología y la ciencia política fueron sustituyendo a la etno-antropología y al derecho, como los ejes analíticos de la investigación social; en ellas, profesionalizó sus funciones.
Fue rector de la UNAM (1970-1972); allí hace frente a la acrecentada demanda de educación superior, fruto de una sociedad en crecimiento y en constante diferenciación. Convencido que la conducción académica debe estar basada en la autoridad intelectual: hasta hoy es el único que ha renunciado al sueldo vitalicio de rector y siguió vinculado a su labor en seminarios de postgrado y en la promoción de la investigación entre los jóvenes. Siendo en años posteriores director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEI- ICH).
También llegó a ocupar el puesto de presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología ALAS de 1969 a 1972, y de 1983 a 1985. Y fue profesor de varias universidades prestigiosas, como profesor de la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales FLACSO en 1977 y profesor de la Universidad de Cambridge, en 1981 a 1982.
En la primera etapa de su obra intelectual, iniciada desde muy joven, González Casanova desarrolla trabajos históricos de las ideas y de la cultura bajo la influencia de los grandes maestros hispanos de esa época en México: Gaos, Medina Echeverría. Esta época es la de textos como “El misoneísmo y la modernidad cristiana en el siglo XVII” (1948); “Sátira anónima del siglo XVIII” (1953); “Una utopía de América” (1953); “La ideología americana sobre Inversiones extranjeras” (1955) y “La literatura perseguida en la crisis de la Colonia” (1956). Su formación sociológica se expresa claramente a partir del trabajo “Estudios de técnica social” (1958), para culminar en 1965 con la primer gran obra sociológica del México contemporáneo, “La democracia en México”, en la cual convergen la experiencia de libertad creativa del ensayo, propia de su primera formación, con la sistematización informativa y la formalización de la sociología clásica, adquirida en Francia.
En la segunda etapa González Casanova volverá a la reflexión teórica en un ir y venir de la abstracción a la realidad: el análisis de la situación social es también la reflexión de los recursos teórico-metodológicos con los que cuentan las disciplinas para reconstruirla y dar respuesta a los problemas centrales de la realidad de cada tiempo. De este periodo son las obras: “Las categorías del desarrollo económico y la investigación en ciencias sociales” y “La sociología de la explotación” que generó la necesidad de visualizar la dimensión continental y de problematizar las concepciones centrales que formaban el nudo del debate sobre la condición del continente latinoamericano. Las dos grandes cosmovisiones sobre América Latina condensa- ron su propuesta en una categoría central: la primera, la de desarrollo, categoría que englobaba el proyecto de la CEPAL para dar salida al llamado atraso de América Latina, y la segunda, la de dependencia, categoría a partir de la cual se explicaba la condición del atraso en una visión genético-estructural. La contribución de González Casanova al doble debate tendrá una doble vía: la de la reflexión teórica y la de la reconstrucción histórica. De este momento son los libros: “Sociología del desarrollo latinoamericano” (1970) y “América Latina en los años treinta” (1977), ambos de carácter colectivo y coordinados por él.
A partir de estas dos últimas obras inicia una nueva etapa en su carrera intelectual latinoamericana: la de promotor de la cultura social e histórica de los pensadores latinoamericanos en el exilio. Representante de una tradición mexicana que concibe al país como espacio de libertad para los perseguidos por sus ideas en el mundo, abrirá las páginas de los libros, que formaban sus proyectos, a fin de dejar en ellos el testimonio de pluralidad ideológica y teórica, la de los intelectuales latinoamericanos. Fruto de esta coordinación son: “No intervención, autodeterminación y democracia en América Latina” (1983); “Cultura y creación intelectual en América Latina” (1984); “Hegemonía y creación intelectual en América Latina” (1984); “Hegemonía del pueblo y la lucha centroamericana” (1984); “Historia del movimiento obrero en América Latina”, 4 tomos (1984-1985); “Historia política de los campesinos latinoamericanos”, 4 tomos (1984-1985). La autoridad como latinoamericanista lo llevará a continuar la coordinación de proyectos de estudio sobre la región, que hacia mediados de los años 80 inicia su tránsito a la democratización. Los nuevos trabajos son: “Los militares y la política en América Latina” (1988) y “El Estado en América Latina: teoría y práctica” (1998).
Paralela a la obra latinoamericana, el trabajo de González Casanova tendrá tres matrices esenciales durante la década de los ochenta. La primera continúa la reflexión teórica en esta línea; se encuentra en los trabajos: “La nueva metafísica y el socialismo” (1984) y (1977). La otra área de la investigación realizada en la última década abordó los estudios de coyuntura que respondían a las necesidades del presente y a la contribución del debate sobre la nación. Entre estos temas destacan “Los trabajos de México hoy” (1979), “Las elecciones en México: evolución y perspectiva” (1985), “México ante la crisis”, 2 tomos (1985-1986). Pero esta reflexión sobre los procesos políticos y sociales más importantes se hizo extensiva a la reflexión sobre estos mismos fenómenos en las entidades federativas, iniciándose un proyecto aún vigente en 1991 sobre las entidades federativas. Fruto de este esfuerzo son las obras colectivas: “Elecciones de 1985 en las entidades federativas” (1989), “Primer Informe sobre la democracia; México 1988” (1988) y el “Segundo informe sobre la democracia: México el 6 de julio de 1988” (1990). Este conjunto de trabajos colectivos significó una reflexión sobre la relación entre Estado-partidos y sistema político en la historia de México, reflexión que cristaliza en su libro, “El Estado y los partidos políticos en México” (1991).
La tercera área de su investigación en los ochenta se centra en el estudio de los actores sociales y políticos, su interacción y su historia. En esta línea de análisis se encuentran la dirección de la obra colectiva de 17 volúmenes: “La clase obrera en la historia de México” (1980), colección que convoca al conjunto más importante de especialistas en el tema, y de la cual él es autor de un tomo En el primer Gobierno Constitucional (1917-1920), Volumen VI (1980). A mediados de la década la reflexión requiere la superación de los estudios acerca de la relación entre la clase obrera y el Estado, pues este modelo estaba ya en crisis y el debate giraba en torno a la internacionalización del país y su incorporación a acuerdos con USA y Canadá, la que cambiaría sustantivamente las formas de reproducción social de los trabajadores mexicanos; González Casanova promueve una obra colectiva de cinco tomos para analizar el tema: “El Obrero Mexicano” (1985).
Sus preocupaciones se desplazaron, después del fraude electoral de 1988, hacia lo que llamó “la democracias de los de abajo”, referida a la construcción de las organizaciones del pueblo y a partir de ellas la concreción de la democracia en el gobierno y el Estado. En el entendido que no se deben repetir experiencias de gobiernos y estados populistas que, por no haber impuesto la democracia en las organizaciones de la sociedad civil y el pueblo pobre, acabaron en el autoritarismo y la corrupción. Como queda planteado en su artículo en el libro compilado en 1997 sobre el tema, su agenda de estudio e investigación se movió de los partidos y el Estado, hacia la emergencia popular.
Más tarde, a partir de la reflexión sobre la construcción del conocimiento, basado en su propia experiencia académica, llega a plantear que no es posible seguir pensando la naturaleza, la vida y la humanidad, sin tomar en cuenta a las ciencias de la complejidad y las tecnociencias. Por tanto es obligatorio el trabajo interdisciplinar de científicos y la necesidad de trabajar en equipos multidisciplinarios. Es la preocupación que González Casanova presenta en el libro de 2005 que recoge su inquietud de los diez años anteriores: “Las nuevas ciencias y las humanidades. De la academia a la política”.
Como concluye Torres Guillen: “En el esfuerzo de pensar México y el mundo, su pensamiento político y social, no sólo lo dirige a los trabajadores y los pobres de todo el mundo, también lo dirige a quienes en las actuales coyunturas políticas mundiales han revivido la esperanza de un mundo sin capitalismo: los jóvenes. Dirige su pensamiento a crear redes de colectivos para defender el planeta del capitalismo corporativo. Insiste sin cansancio que para lograr la liberación de los pueblos es necesario estudiar con seriedad las ciencias y las humanidades. También advierte que cualquier solución a los problemas de la humanidad será imposible, si se acepta como natural el sistema de dominación y acumulación capitalista que actualmente impera”.
La publicación del artículo que sigue es el homenaje de ESPACIO ABIERTO al pensador latinoamericano universal, cuya palabra tuvimos el privilegio de escuchar en junio de 1993 en Caracas a propósito del conferimiento del Doctorado Honoris Causa de la UCV, en octubre de 1995 en Ciudad de México en la apertura del XX Congreso de ALAS y en julio de 1997 en la Colonia Tovar en las reuniones del Seminario Internacional: “La Herencia Sociológica de Amé- rica Latina y el Futuro de las Ciencias Sociales” patrocinado por la Asociación Internacional de Sociología ISA.
ARS.
REESTRUCTURACIÒN DE LAS CIENCIAS SOCIALES: HACIA UN NUEVO PARADIGMA.
Pablo González Casanova
Ciudad de México, 1998
La actual reestructuración de conceptos en ciencias y en humanidades plantea algunos problemas de congruencia y rigor, que no son meros ejercicios académicos. La inconsecuencia con los mismos y el no profundizar o precisar las implicaciones que tienen no se limitan ni a la vida académica, ni a los conceptos: de hecho afectan gravemente la acción política en tanto no abandona uno lo trillado a pesar de que por momentos se dé cuenta de que hay algo “nuevo”.
Atender “lo nuevo” no sólo permitirá una mejor comprensión del mundo en que vivimos sino una mejor construcción de alternativas y una lucha más eficaz para alcanzar objetivos. Concretamente me refiero a los problemas que cada vez se mencionan más en el mundo académico y político, mientras muchas fuerzas dominantes o emergentes siguen pensando como en el pasado.
En efecto, cada vez es más frecuente oír hablar de sistemas en partes organizados y en parte erráticos (lo que corresponde al nuevo concepto de caos que incluye la organización). Se oye hablar también de sistemas complejos, en gran parte articulados; con comportamientos lineales limitados y comportamientos no lineales envolventes. Se oye hablar de sistemas cercanos al equilibrio, amenazados de turbulencias y con posibles bifurcaciones de tendencias en lo que se llega a imponer una que no esté predeterminada y sobre la que no cabe hacer predicciones en términos probables, aunque se pueda contribuir a su cauce en términos de construcción de alternativas.
El problema consiste en que tras afirmar que esos fenómenos son los que más ayudan a describir, predecir, explicar y construir el mundo, volvemos con el mayor desenfado a planteamientos en los que oponemos tajantemente el orden al caos; en lo que buscamos el equilibrio neoclásico; o en los que pensamos en términos de un sistema de estructuras predominante- mente desarticulados, no organizadas, y en los que privilegiamos las perspectivas y proyectos lineales hasta cuando razonamos a la manera “dialéctica”, hecho éste que se manifiesta con la persistencia de los espirales ascendentes que regresan al mismo punto de partida aunque a niveles siempre superiores.
Así, no pensamos en “optimizaciones evolutivas” no lineales en “estrategias” de auto-optimización, en “optimización de selecciones y valores de selección”, en “estrategias de aprendizaje”, que incluyen los legados del pasado y que permitan una acción eficaz en los procesos de auto- reproducción y creación.
Las transformaciones tecnocientíficas ocurridas no sólo dejan de registrarse en sus nuevos significados sino en las implicaciones que tienen para antiguos conceptos, tendencias y estructuras que subsisten y se redefinen en los nuevos conjuntos.
Nuestras formas tradicionales de pensar no están en todo descalificadas: hay realidades en las que el orden se enfrenta al desorden y viceversa; otras que se aproximan al equilibrio; mu- chas que se hallan desarticuladas y no organizadas; hay tendencias lineales significativas con desviaciones mínimas en su comportamiento probable se dan turbulencias sin bifurcaciones significativas. Es más, en lo que se refiere a la dialéctica del sistema dominante, “la ley del sistema” que descubrió Marx sigue siendo válida. No sólo constituye una necesidad histórica insoslayable como forma de acumulación sino una “restricción lateral” con efectos “no deseados” y que hasta cuando se quieren impedir –algo que no siempre ocurre- aparecen como efectos “terciarios” y “secundarios”.
En todo caso, si los nuevos descubrimientos y técnicas deben ser atendidos, su presencia no acaba con todos los conocimientos “antiguos”. Unos y otros ameritan nuestra atención y deben ser cernidos, articulados, des-cubiertos en sus articulaciones.
Es más, todo proceso de formación científica retiene y redefine los conceptos anteriores, los reestructura y los acota. Si en los nuevos conceptos o realidades busca las formaciones que ayuden a comprenderlos, con los nuevos conceptos también reestructura y define a los anteriores y sobre todo busca controlar el rango de su validez y alcance. Acometer esas tareas, con la mayor consecuencia y precisión, es tanto más importante cuanto vivimos la tan traída y llevada crisis de paradigmas.
Si por paradigma entendemos “una forma de plantear y resolver problemas” la crisis de hoy abarca tanto los principales paradigmas de la investigación científica como los principales paradigmas de la acción política. A la crisis del estructural-funcionalismo y de la filosofía empirista se añade la crisis del liberalismo, de la socialdemocracia, del comunismo, del nacionalismo-revolucionario y del neoliberalismo.
Al mismo tiempo, los paradigmas científicos y políticos emergentes todavía presentan muchos conceptos difusos y desarticulados. Las más positivas aportaciones de la filosofía “posmoderna” frecuentemente se plantean separadas de las no menos importantes que corresponden al “constructivismo”, y unas y otras no alcanzan para construir el nuevo paradigma de la investigación o modo de plantear y resolver problemas, ni alcanzarán para ese propósito mientras no se articulen entre sí, y también con el paradigma alternativo emergente político-social de una democracia universal, postulado éste que planteamos por ahora en forma axiomática.
La articulación de paradigmas mediante algunos de sus elementos fundamentales habrá de vincular el nuevo análisis de sistemas al análisis clásico, incluso al marxista. Supondrá, en general. Unir la reflexión posmoderna a las reflexiones y acciones modernas subyacentes y a las situaciones concretas del país en que vivimos, y de la región del mundo en que pensamos y luchamos.
Pero para eso será necesario plantear qué tipo de investigación privilegiar de los tres que pueden ayudarnos. En efecto, existe la investigación orientada por la teoría, existe la investigación orientada por los resultados empíricos de las investigaciones anteriores y por resultados de la confrontación entre la teoría y la práctica, y existe la investigación orientada por los conceptos en su confrontación con las experiencias de laboratorio y observación, o con la de construcción y lucha. Nosotros pensamos que esta investigación es la más promisoria y la que mejor puede ayudarnos a la reestructuración puntual, discursiva y teórica de las filosofías y teorías posmodernistas y constructivas, así como a la construcción de otra que necesariamente tendrá que subsumir a las anteriores –marxistas, keynesianas- aunque no sea en forma lineal, equilibrada, organizada y articulada, sino en medio de una verdadera “revolución de paradigmas”.
En todo caso, el propósito general de una investigación orientada por conceptos puede tener muchos puntos de partida. Uno de ellos es el que busque la herencia, formación y reestructuración de los conceptos y categorías que América Latina ha formulado y reformulado y que constituyen su aportación a las ciencias sociales de la región y del mundo. Partir de esta perspectiva regional-mundial es reconocer nuestra “posición” de observación, experimentación, construcción y lucha. Corresponde a la necesidad de señalar la posición epistemológica propia, necesidad que hoy se reconoce no sólo en ciencias de la vida sino en ciencias de la materia, y que en nuestro caso se complementa con otra posición importante: la que propone el paradigma político-social alternativo de un mundo más democrático, más libre y menos injusto que para alcanzar sus objetivos sociales ya reestructura sus conceptos científicos y políticos.
La formación de conceptos sociopolíticos desde América Latina
En el estudio de la estructuración y reestructuración de conceptos vamos a descubrir tesis encontradas. El método a emplear va a consistir en destacar las estructuraciones y reestructuraciones que consideremos significativas para un conocimiento orientado a la construcción de un paradigma científico-político útil al “interés general” y a una democracia universal no excluyente. Ese método nos impedirá perdernos en debates sobre fidelidades o infidelidades teóricas, o en otros a la usanza “cientificista” que con el pretexto del fin de las ideologías ocultan su propia ideología.
El propósito es concentrarnos en un trabajo de “acumulación teórica” relacionado con la actual reestructuración de conceptos y con su formación reciente, en función de objetivos o metas teórico-prácticas del paradigma alternativo de una democracia universal o “democracia de todos”. A ese conocimiento “teleonómico” añadiremos el de los contextos en que ocurre.
Las preguntas más significativas que surgen al respecto parecen las siguientes:
• ¿Cuáles son los conceptos aportados por las ciencias sociales que hoy siguen teniendo validez?
• ¿Qué contribución importante hicieron a la teoría?
• ¿Cómo se le debe redefinir y acotar en función de los más recientes descubrimientos sobre sistemas, y de las reestructuaciones que el sistema dominante ha logrado alcanzar o ha logrado imponer, y que de hecho planean la situación de un sistema mundial lejano al equilibrio y con contradicciones cuyo desenlace resulta impredecible y deja a la construcción de alternativas, fractales y atractores en futuro inmediato, más problemático que “enigmático”, más cuestionable que cuestionante?
Las aportaciones a las ciencias sociales de la segunda mitad del siglo XX merecen especial atención, aunque hay algunas de etapas anteriores que siguen teniendo un fuerte peso. Las principales aparecen en los siguientes conceptos: 1. Independencia política; 2. Orden; 3. Progreso (y desarrollo); 4. Libertad; 5. Revolución; 6. Marginación; 7. Centro-Periferia (y relación de intercambio); 8. Dependencia (con búsqueda de la independencia económica, social y cultural, o con un nacionalismo superado y el reconocimiento de un capitalismo global); 9. Colonialismo interno; 10. Revolución socialista y moral; 11. Sistemas políticos y sistemas de poder; 12. Sociedad Informal y formalismo autoritario, Sociedad informal neoliberal; 13. Explotación; 14. Pedagogía del oprimido y pedagogía colectiva (lectura de textos y del mundo); 15. Teología de la liberación (respeto a la fe y opción por los pobres); 16. Democracia; 17. Posmodernismo radical y construcción del mundo (lucha y negociación; autonomía y redes). Etnias y sociedad civil. Construcción del poder. “Mandar obedeciendo”. “Todo para todos; para nosotros nada”. Dignidad.
En algunos casos los conceptos han sido formulados hasta volverse paradigmáticos y de uso general en América Latina y en Indoamérica, y hasta en otras regiones del mundo. En otros vinieron de Europa o Norteamérica y fueron redefinidos o enriquecidos en Latinoamérica registrando experiencia de la región que se dieron en aquellos continentes.
Nunca el ir y venir de las ideas y las experiencias fue importante cuando se quedó en puras elucubraciones o modos “europeizantes” y “agringados”, y no alcanzó concreciones que incluyeron también lo universal, desde lo provinciano, étnico, aldeano o nacional.
Fue siempre la articulación del pensar occidental y continental con la vida y los movimientos sociales y étnicos de “nuestra América” lo que contribuyó a la formación y reestructuración de conceptos que sirvieron para entender y cambiar lo global y lo local, o lo nacional. Así cambió la provincia a la que uno pertenecía, la aldea donde uno vivía, la universidad donde uno enseñaba. El cambio desde la etnias fue el más lento y difícil su contribución al conjunto mundial ni siquiera Mariátegui lo logró. Sólo pudo darse cuenta con la junta de los “revolucionarios de los sesenta” a los indios mayas de México, y con el cambio de paradigma revolucionario y el de la resistencia maya en los noventa, con interacción fortísima entre uno y otro.
Los conceptos anteriores a la llamada “sociología profesional” fueron también parte de su contexto. Pero sus reestructuraciones contienen elementos de acumulación teórica que hoy mismo no podemos ignorar: La “Independencia” se concibió originalmente como “política”; la experiencia del neocolonialismo, que apareció en los países formalmente “independientes”, llevó a postular la necesidad de la independencia cultural y económica. El “Orden” se concibió con las formas legales del constitucionalismo que a menudo se quedaron en formas y metas de una sociedad ideal, mientras el orden real era duramente impuesto por el caudillaje y las oligarquías, y ambos se revestían de las formas simbólicas socializadas. El “progreso” se concibió relacionado con la tecnología, la ciencia y la empresa; también con un avance que incluía los proyectos de libertad, igualdad y fraternidad. La difusión de esos valores fue objeto de prácticas y mitos a los que se asociaron los hombres más notables. Una cultura de la falsedad “progresista” y después “desarrollista” acostumbró al “común” a pensar por separado en “el país formal” y “el país real”, o en el “progreso ideal” y en el “progreso real” con las combinaciones de las formas tradicionales de vida y los procesos colonialistas, neocolonialistas, imperialistas y globalizadores más o menos velados. En el pensamiento histórico-político del progreso y el desarrollo, reapareció y reaparece la idea de que se trabaja en un proceso de cambio ascendente. La importancia se dio a la educación, en sus distintos niveles, y a la política de la lengua castellana o nacional fue una de las expresiones más originales e influyentes del concepto de progreso. Otros se asociaron a la expansión y desarrollo real del capitalismo inglés, nativo y norteamericano.
La “libertad”, vinculada al pensamiento y la expresión, apareció como tolerancia obligada o como derecho reconocido. Fue un concepto que se difundió como valor social mucho más que en otras regiones del mundo. Alcanzó formas jurídicas que se convirtieron en objetivos frustra- dos de la mayoría de los movimientos contra los dictadores oligárquicos.
La “Revolución necesaria” se enriqueció con las experiencias de movimientos legales y políticos que no lograba nada, que no cambiaban nada. A ese enriquecimiento universal, se añadió el de los países de origen colonial que fueron descubriendo que “la revolución” no podía ser sólo política sino social, cultural y económica. En la vaga teoría de las revoluciones nacionalistas que se asociaron al marxismo leninismo, México fue pionero e influyente a nivel mundial. Lo es también en el de una revolución democrática y pluriétnica que antepone la construcción del mundo desde la sociedad civil.
No cabe duda de que los conceptos o preconceptos señalados están en el trasfondo de las ciencias sociales que se desarrollaron en América Latina hasta hoy, y en las que destacan algunas aportaciones de alcance internacional. Muchos de ellos contribuyen a precisar fenómenos, metas y medios en situaciones concretas, con actitudes críticas, con experiencias pensadas y repensadas. Se trata de conceptos confirmados o “no desconfirmados” en situaciones y períodos distintos; acotados en espacios varios. Son por eso conceptos y base de redes conceptuales importantes para hablar con un mínimo de rigor y para construir o reestructurar los nuevos conceptos o discursos, que actualmente usamos y elaboramos sin permitirnos libertades que nos lleven a decir con frívola arbitrariedad lo que se nos ocurra, ya sea por moda o por pretensiones supuestamente académicas que no sólo tienden a ocultar el carácter acumulativo de los conceptos anteriores, sino la necesaria estructuración de los conceptos vivos, estructurantes de la reflexión y de la acción. Tener presentes esos conceptos a fines del siglo XX y principios del XXI será útil para poner en su lugar a quienes como sociólogos y economistas, tecnocientíficos o filósofos conservadores pretendan imponer dizque un pensamiento verdaderamente científico y actualizado que ignore la difícil y rica construcción conceptual que ha existido y existe en la región latinoamericana, una parte la cual es universal y ha sido adoptada en la investigación científica que se realiza a nivel mundial.
La “marginalidad”, o el “marginalismo”, es un concepto que formuló el argentino Gino Germani. Con él registró un hecho muy importante en el desarrollo del neocapitalismo en nuestros países. A la estratificación y movilidad social de los países “industriales” y “modernos”, tan significativas en el desarrollo del neocapitalismo y en las mediaciones que alteran la lucha de clases, se añade en la época “desarrollista” y en los países de la periferia una categoría muy útil para la comprensión de los fenómenos sociales, culturales, políticos y económicos: la de los marginados de los beneficios del desarrollo: Los errores en la interpretación y formulación de esa categoría no le quitan el enorme potencial explicativo con puntos de quiebre innegable entre “los participantes” y “los marginales”.
Otra categoría de alcance y difusión mundial fue la que lanzó Raul Prebisch desde la CEPAL con su concepto “centro periferia”, más tarde enriquecida por Paul Baran para el análisis del “excedente” mundial y su distribución. Esa categoría permitió encontrar un punto de quiebre tanto a nivel mundial como en el interior de las distintas regiones del mundo: hoy se piensa y analiza con razón en términos de centros que tienen periferias y de periferias que tienen centros. La categoría no sólo es comprehensiva de las más antiguas sobre las diferencias entre ciudad y campo, o imperios y colonias, sino de las más recientes sobre las estructuras y relaciones de la globalidad, sus nichos y contextos.
Una categoría también famosa en la sociología mundial fue la de “dependencia”, formulada por el brasileño F. H. Cardoso y el chileno Enzo Faletto. La aportación principal que hicieron con esa categoría (y que subsiste hasta hoy) consistió en revelar las falsas bases teóricas y estructurales de cualquier nacionalismo o lucha por la independencia que ignora el carácter mundial del desarrollo capitalista y los obstáculos estructurales necesarios a que enfrenta el proyecto de construir Estados-nación cada vez más justos e industrializados. La categoría de la “dependencia” marco en el terreno intelectual la crisis del nacionalismo populista del Tercer Mundo. Pero ni las interpretaciones conservadoras y conformistas a que dio lugar ni las más profundas que parecían separadas a partir de planteamientos del marxismo revolucionario, le quitan validez hasta hoy. Sigue vigente su significado principal, que se refiere al sistema-mundo o capitalismo-mundo como un conjunto en el que no podemos dejar de pensar para comprender y actuar en los subconjuntos que lo integran.
El “colonialismo interno” es otra categoría que tiene validez hasta hoy. Habiendo sido sistematizada en América Latina, se aplicó también en numerosas investigaciones de África y Asia, así como de Australia, Estados Unidos, Canadá y la ex Unión Soviética, en ésta, execrada por quienes se decían descendientes de Lenin y practicaban de nuevo -desde los sesenta- relaciones de explotación y dominación con “las nacionalidades”. La validez explicativa del “colonialismo interno” en los fenómenos de discriminación, racismo, parasitismo y expoliación de las etnias conquistadas y reconquistadas es fundamental para un planteamiento alternativo en favor de las “autonomías” personales, familiares y comunales, que no sólo conciernen a las etnias y pueblos sino también a numerosas organizaciones de los gobiernos, las empresas y la sociedad civil.
En los grandes movimientos de la Revolución Cubana y de la Unidad Popular en Chile, los científicos sociales y los intelectuales hicieron contribuciones muy importantes sobre los conceptos de la revolución y la moral, el poder y la política. La Revolución Cubana rompió con los conceptos de un marxismo determinista característico del neoestalinismo y de los planteamientos más conservadores de la dependencia. Estableció fuertes vínculos entre la superación del conformismo, del posibilismo y del aventurerismo mediante planteamientos morales e ideológicos que venían de Martí, y mediante planteamientos políticos e ideológicos relacionados con la articulación renovada de los grupos y las masas, de los focos y las mediaciones de las vanguardias y las bases, que venían de Baliño y Mella. Las articulaciones de la política, la moral y las masas les permitieron utilizar las ideologías, estrategias y tácticas con una flexibilidad que no olvidó los objetivos generales de la independencia, la justicia y la libertad. Los “rebeldes” cubanos representaron un enfrentamiento teórico-práctico al voluntarismo “foquista” que falsamente les atribuyó Debray y al determinismo de los “modos de producción” del radicalismo académico superficial. Sus planteamientos más profundos abrieron el camino de una revolución y una resistencia que se hace con el pueblo y que con él aborda la cuestión nacional y social, así como la estructuración general del poder.
En cuanto a la unidad popular en Chile fue el primer proyecto mundial en que un gobierno electo busca efectivamente construir una democracia socialista. Su legado conceptual más importante es el que permite distinguir claramente entre el poder político y el poder del Estado, éste no sólo con sus aparatos y bases militares, ideológicas y sociales, sino también con un mercado controlado por los intereses dominantes nacionales e internacionales que lo manejan para alentar y desalentar políticas. El concepto de “desestabilización” o el de “gobernabilidad democrática” de un gobierno elegido por el pueblo con un programa de justicia social encuentra en la literatura chilena de la época elementos que no es posible ignorar. Problemas parecidos surgen hoy en los gobiernos municipales y locales que están triunfando por la vía electoral en varias regiones del mundo. Constituyen parte de un proceso de transición a la “democracia de todos” o a la “democracia no excluyente” sobre el que la elaboración teórica del pasado pue- de revelarse muy útil aunque requiera ser notablemente enriquecida.
Otro concepto fundamental que viene del medio académico es el que la socióloga mexicana-chilena Larissa Lomnitz Adler elaboró sobre la “sociedad informal”. Con base en textos y fuentes originales rusas. Lomnitz Adler reformuló la dinámica del “País real”. “País formal” que utilizaron pensadores del siglo XIX como Justo Sierra, y descubrió la dinámica en que operan las contradicciones en cualquier país donde la clase política no sólo dice luchar por la justicia sino haberla alcanzado, y no sólo sostiene semejante tesis en forma autoritaria, o totalitaria, sino que al mismo tiempo participa en procesos de corrupción y acumulación ilegal. Los proyectos de justicia social con recursos escasos, grandes necesidades y prácticas cupulares, populistas y clientelistas generan un mundo informal y real, cuidadosa y cruelmente negado.
A ese concepto de “sociedad informal” o “economía informal” Víctor Tockman –argentino- añadió otro que con la misma terminología corresponde a un fenómeno no menos importante de la época del neoliberalismo y que es utilizado por sus políticos. La “economía informal” de Tockman corresponde a un proceso por el cual crece el desempleo, el subempleo y se pasa de fenómeno de marginación del desarrollo a fenómenos de exclusión de quienes ya habían alcanzado derechos y seguridad en el campo del trabajo y los servicios. El elogio de la “economía informal” por algunos economistas y publicistas neoliberales se combina con la utilización de las contradicciones que se dan en el interior de la misma para apoyar a los empresarios paupérrimos y para hacer de ellos una especie de intermediarios en la subcontratación y control de trabajadores informales empobrecidos y extremadamente empobrecidos. También se le utiliza en una nueva política para el manejo de poblaciones informales. Tockman fue uno de los primeros en formular un planteamiento crítico de ese fenómeno. El empobrecimiento y la desparticipación o “exclusión” de los sectores sociales y de los trabajadores manuales que antes se encontraban en el mundo formal de los salarios mínimos, la seguridad social, la educación gratuita y universal, etcétera, parece alcanzar proporciones crecientes, algunas incontrolables o no funcionales al “sistema”.
El concepto de “explotación” queda hoy plenamente confirmado cuando la “pérdida de centralidad de la clase obrera” y la reestructuración de la lucha de clases de la sociedad industrial se han convertido en hechos innegables. El concepto de “explotación” permite analizar la apropiación del excedente por vías salariales, tributarias, comerciales, monetarias, financieras. Es más, permite estudiar modelos histórico-políticos con los que la actual explotación rehace su comportamiento en el conjunto del sistema central y periférico y en los subsistemas del mismo aplicando distintas políticas de mediaciones, represiones y exclusiones sociales, culturales, políticas y económicas. El “principio de distribución” de Polanyi con estratos altos, medios y bajos; el de “participantes” y “marginados”; el de “incluidos” y “excluidos”; el de nichos y redes con “reservaciones” y “zonas de desastre” perfeccionan la modelación de sistemas políticos-sociales y optimizan la toma de decisiones en formas prácticas funcionales a la “ley del sistema” y a la explotación.
En medio de enormes cambios subsiste la relación social de explotación bajo nuevas y viejas formas salariales y tributarias, de trabajo libre y forzado. Al mismo tiempo se reestructuran las transferencias del excedente con los antiguos fenómenos de dominación, depredación, parasitismo, y se reformulan las propias mediaciones políticas, sociales e ideológicas de la cultura tradicional, de la cultura de masas y de la cultura focalizada combinadas con las estructuras de represión y cooptación de individuos y colectividades.
El análisis de las relaciones de explotación-dominación contiene un potencial de investigación a la vez estructural y político superior al de los “modos de producción”, y al mero análisis de la acumulación capitalista: éstos tienden a un determinismo cosificador sólo superable por la historia política y estructural de la relación social de explotación.
La investigación de la explotación global o de la “globalización de la explotación” lleva hoy a descubrir lo nuevo en la dialéctica del “sistema-mundo” y permite pasar de los modelos estructuralistas a los que buscan construir y el sistema, los sub-sistemas y los contextos.
El futuro de la categoría explotación va a acompañar de una manera probable y necesaria a la categoría más conocida y aceptada de “dominación”. En la construcción y lucha por un mundo más libre, justo y democrático las resistencias conservadoras del poder establecido aparecerán claramente vinculadas a las de la explotación y la dominación por el mercado y el Un concepto de difusión mundial es el de la pedagogía del oprimido de Paulo Freire. El arte de enseñar a leer el mundo; el modo para aprender a actuar en el mundo desde la posición en que uno vive, constituye la forma más enriquecedora de la pedagogía universal incluyente del esclavo, del marginado y del excluido: La alfabetización cobró con Freire el carácter de la palabra-acto para la mayoría de la humanidad. Con posterioridad a Freire se han desarrollado conceptos y técnica que corresponden a la educación de colectividades como colectividades, con “árboles del conocimiento colectivo” en que se organizan “talleres de enseñanza-aprendizaje” a cargo de las propias colectividades. En ellos se forjan articulaciones de distintos saberes y haceres.
La teología de la liberación es el máximo esfuerzo de desacralización del poder establecido y sus prácticas de legitimarse con las creencias y la fe de los pueblos. Exige el respeto al dogma. También el derecho de la “opción de los pueblos” por parte de sacerdotes y creyentes. En el terreno de la teología ya la epistemología considera en términos puramente científicos la validez y aplicabilidad de las teorías sociales, incluidas las marxistas. Objeto de fuertes persecuciones por las altas jerarquías eclesiásticas aliadas al poder establecido y a los intereses dominantes, la teología de la liberación ha contado también con fuertes apoyos en gran número de obispos y pastores. Indirectamente ha influido en el conjunto de la iglesia pos-conciliar, que coloca a la religión católica entre las más avanzadas de las religiones universales para la defensa del ecumenismo con respecto a la pluralidad de creencias.
El concepto de “democracia de todos” es muy superior al de las llamadas “democracias populares” y al de las “democracias socialistas” que preconizaron el nacionalismo-revolucionario y el comunismo. Combina la necesidad de participación de los pueblos en la toma de decisiones con una defensa del pluralismo ideológico, cultural, ético, político y religioso, así como con la lucha por distintas formas de autonomía y equilibrios de poderes en las religiones, las culturas y las instituciones. Heredero de la gran tradición del liberalismo decimonónico (vinculada a las luchas nacionales y populares con Juárez y Martí y a los movimientos del nacionalismo antiimperialista, socialista e incluso comunista), el concepto de democracia no excluyente corresponde sobre todo a los planteamientos de la “Nueva izquierda” que surgió después de la Revolución Cubana y en especial a los grandes movimientos estudiantiles y populares del 68. Incluye en sus versiones más avanzadas las innovaciones teóricas y metodológicas de las llamadas “nuevas ciencias” que corresponden al análisis de sistemas autoregulados y complejos.
El planteamiento de un nuevo proyecto histórico de la democracia, no sólo se enriquece con el descubrimiento crítico de la revolución científica de la segunda mitad del siglo XX. También se abre a un nuevo concepto del humanismo en el que lo plural como pluralidad es muy importante. Plantea el problemas de un humanismo hecho de muchos humanismos, pueblos y étnicas; culturas, civilizaciones y creencias. Es más, en su reestructuración conceptual parece influir de manera decisiva lo que podríamos llamar un posmodernismo radical que apunta a una “revolución para la revolución”, esto es a la construcción de un mundo alternativo “hecho de muchos mundos”, y cuyo primer objetivo consiste desde ahora en cambiar a quienes quieren cambiar el mundo para que cultiven un respeto político-moral a la dignidad propia y de los otros que norme conductas con las personas, las instituciones y los pueblos.
En el nuevo movimiento se defiende aquella reflexión crítica del poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón cuando dijo que “la disyuntiva es reaccionaria”. De una manera casi automática, aunque sujeta a prueba, defiende como necesaria la lógica de la combinación y la conjunción, donde “esto y también esto” superan las viejas dualidades dogmáticas del “esto o0 aquello”.
El cambio inscribe el pensamiento de los pueblos en la nueva revolución científica. Con tales elementos formula el problema de la justicia social como un problema de poder democrático en el control-construcción de la sociedad, el mercado y el Estado. Lejos de regresar a los viejos planteamientos del Welfare State o a los explícitos del socialismo, los subsume dando mayor peso que aquéllos a la organización del poder en la sociedad civil y sus componentes. Aunque las articulaciones entre ese poder democrático de la sociedad civil y el del Estado no son precisas, y menos aún las del movimiento por la democracia de los pueblos y los sistemas de acumulación, explotación y distribución del excedente, el énfasis en la necesidad de una democracia con poder, de un poder con autonomía y de una política con dignidad constituye una importante aportación que tiene una de sus fuentes teórico-prácticas más importantes en el movimiento de los indios mayas del sur de México conocido como Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Su lema: “Para todos todo; nada para nosotros” es como una crítica a las estructuras clientelistas, corporativas y populistas del pasado: hace de la lucha contra nuevos privilegios la clave de un poder que no sea “paternalista” ni “liberal”, “privilegiado”, “ventajoso” o “cómplice”.
Es en este terreno donde un mínimo de rigor exige pensar en los conceptos que corresponden a un conocimiento acumulado, y en los que van más allá de las herencias, sin renunciar a ellas. El rigor para preservar el conocimiento acumulado es tan importante como el que requiere la nueva heurística –o creación de sentido- y la nueva pedagogía. La necesaria vinculación atañe tanto a las ciencias sociales como a los movimientos sociales en cualquier tiempo; pero especialmente hoy con la crisis de los paradigmas sociopolíticos y tecnocientíficos.
Heurística y pedagogía de las ciencias sociales y de los movimientos sociales; la construcción del nuevo paradigma
La crisis de paradigmas, teorías, ideologías y sistemas político-sociales no nos autoriza a pensar con “volubilidad”. Las pequeñas opresiones de los espíritus ingeniosos deber ser enfrentadas.
Los argumentos posmodernistas de tipo nihilista impiden descubrir lo verdaderamente nuevo del posmodernismo. Lo mismo pasa con la falta de rigor al buscar el significado de las “nuevas ciencias” y su sentido más profundo y significativo para el período histórico que vivimos. Buena parte del posmodernismo –sobre todo el conformista-, como buena parte de las nuevas políticas tecnocientíficas, se inscribe efectivamente en la preservación de los intereses particulares. Pero numerosas reflexiones y expresiones del posmodernismo apuntan a problemas y soluciones de un paradigma alternativo. En cuanto a las tecno ciencias, revelan estructuras y funciones efectivas del sistema dominante. No se les puede ignorar: alteran la dialéctica en que vivimos. Alteran el conjunto de la humanidad con una nueva historia en que las organizaciones tienen un peso sin precedente. El “nuevo orden mundial” de Reagan corresponde a un “orden establecido” que se articula a un “desorden establecido”. En él se abren nuevos campos a las leyes históricas de sistemas lejanos al equilibrio y a comportamientos no lineales. En sus centros dominantes preparan las megaorganizaciones autoreguladas y “disipativas” que tratan al resto del mundo como un “contexto”.
El paradigma de un mundo alternativo no se hará sin la comprehensión y el dominio de los nuevos significados globales que captan, expresan y alientan el posmodernismo y las tecno-ciencias. El problema consistirá en descubrir el nuevo sentido del mundo a construir desde el punto de vista de los “intereses generales” y con ellos. Radicará en descubrir el nuevo sentido de la historia construible y el papel que juegan en ella categorías antes inexistentes o menos significativas, como las megaorganizaciones y sus “tecnócratas colectivos”, Consistirá en revelar cómo redefinen al conjunto del mundo y cómo se redefinen en función del nuevo sentido general de la organización del orden y del desorden.
El paradigma de un mundo alternativo investigará y aprovechará las teleonomías “deliberadas” y los “efectos laterales” que el sistema dominante produce y que no pueden impedir, dados los intereses particulares que lo constriñen. Analizará las “contradicciones” como otras contradicciones y como las mismas, acechará las negantropías del sistema dominante, sus posibilidades y sus límites. Sólo así podrá contribuir, desde el dominio del conocimiento científico dominante y del crítico, a la creación de un orden mundial alternativo.
Concretamente el problema consiste en unir el conocimiento científico al humanístico, y en éste el conocimiento político, el moral y el social como claves de una heurística del “interés general” hecho de muchos “intereses generales” cuyas políticas de coincidencias crecientes desconocemos tanto en el interior de nuestras naciones o de una nuestra región como, por supuesto, en lo que se refiere a los proyectos mundiales de una política alternativa, esto es, a la construcción de un mundo hecho de muchas democracias no excluyentes.
El reto consiste en acabar con los nuevos universales metafísicos y en acabar con los nuevos universales metafísicos y no quedarse en la atomización del pensamiento sobre las nuevas categorías. Resulta necesario precisar las estructuraciones más significativas de un proyecto alternativo mundial que supere los conceptos dominantes de “totalidad” en tanto éstos no comprenden las “fragmentaciones” y “exclusiones”, y menos aún las relaciones de dominación ligadas a las relaciones de explotación y parasitarias.
Las Global Sciences que estudian el ecosistema de los “sistemas de sobrevivencia”, así como las medidas de “alcance global” (global reach), no se preguntan sobre las medidas “necesarias” para resolver los problemas humanos que de aplicarse afectarán las relaciones sociales de explotación y a los beneficiarios de las mismas. Los conceptos del “sistema-mundo capitalista” están abiertos a esas preguntas. Nos llevan a plantear los problemas de las desestructuraciones y reestructuraciones de las “declasificaciones” y “reclasificaciones” de las relaciones sociales en el sistema-mundo y en los subsistemas que lo integran. Son fuentes de una problemática fundamental que vincula la heurística y la política de lo incierto a la “ley del sistema” y a la lucha por las mediaciones para construir un mundo más libre y menos desigual con respecto a las diferencias. Pero el enfoque de los intereses generales frente a la explotación (o las explotaciones) aparece mediado por la opresión (o las opresiones) y por un concepto articulador del nuevo paradigma: el de las democracias con todos y para todos.
Plantear –como los zapatistas de México- una revolución que se avoque a la organización de la sociedad civil “sin la toma del poder” –y plantear el proyecto en plural y en las sociedades civiles a nivel mundial- abre el paso a una problemática de conflictos y negociaciones, de revoluciones y evoluciones. Esa problemática obliga a reorganizar los conceptos en lo que no existía “antes”, la idea directriz de una democracia universal no excluyente, de una democracia unida en la diversidad. Los muchos problemas a que apunta esa novedad político-epistemológica ameritan un conocimiento de especialistas y de colectividades. Exigen la profundización y difusión de una nueva heurística – en el sentido en que Richard Rorty la define como un “discurso anormal” (que se sale del discurrir acostumbrado y repara en los fenómenos de creación buscando “el sentido de lo que está pasando” y construyendo ese sentido entre “imprevisible” (Rorry, 1979, p. 316).
La difusión de esta heurística tendrá necesariamente un carácter interactivo, intercomunicativo, en el que el diálogo creador y universal ayudará a los procesos de aprendizaje y enseñanza, de descubrimientos y “conversión”, con fuertes y cada vez más profundos contactos entre lo que hace ahora se ha distinguido como cultura de especialistas y cultura general.
Las ciencias sociales, como heurística y pedagogía de pequeños grupos y de grandes poblaciones, habrán de plantear los problemas de la intercomunicación como construcción del proyecto central y plural de las democracias con todos y por todos, y a través de ella planteará los problemas del “para todos” tan difíciles de resolver en sociedades autoritarias y excluyentes; pero herederas de muchas luchas libertarias con símbolos y prácticas de cohesión plenamente utilizables. ¿Qué enseñar? ¿A quiénes? ¿Cómo? ¿Con qué y con quiénes? ¿Con qué centro?
¿Con qué énfasis? ¿Con qué precisión? ¿Con qué relación del conocimiento y la personalidad, del carácter, la voluntad, la esperanza, la dignidad? ¿En qué formas de freno a la exclusión, de luchas por la libertad, por las autonomías? ¿Con qué dominio de la relación entre el conocer, el poder y el deber? ¿Con qué prácticas de las palabras-acto, de los discursos-acto en que se juntan conocimiento, poder y dignidad? ¿Cómo y qué recordar de la historia? ¿Qué variaciones alcanzar entre el saber de lo general y lo específico? ¿Cómo unir lo nomotético y lo idiomático, lo particular y lo general? ¿Cómo perder el miedo a enseñar a todos la cultura “superior” cien- tífica y humanística? ¿Cómo alcanzar la necesaria vinculación entre las ciencias y la literatura? ¿Cómo alcanzar la necesaria vinculación entre las ciencias y humanísticas? ¿Cómo alcanzar la necesaria vinculación entre las ciencias y la literatura, entre la política, la historia y la acción? ¿Cómo juntar la inteligencia y el carácter en condiciones de incertidumbre?
La pedagogía de las ciencias sociales y de los movimientos sociales que darán forma a un mundo alternativo tendrá que desestructurar y reestructurar sus conceptos acerca de: 1. Las estructuras, 2. Las teorías, 3. Las mediaciones, 4. Los líderes y las negociaciones, 5. Las funciones, 6. Las estrategias, 7. Las alternativas, 8. Las variaciones de lo posible y lo necesario, de las leyes y de las necesidades histórico-sistemáticas como obstáculos y caminos a la construcción de un mundo alternativo, 9. Los discursos-actos para la construcción. No sólo deberá plantear- se el problema de la generalización en ciencias sino el de la generalización de las ciencias.
Como ha observado Paulo César Alves (1997) de la Universidad de Bahía, las teorías “tradicionales” están sometidas a una crítica interna que permite incorporar nuevas modalidades teóricas y empíricas para estudiar en qué medida la pérdida de centralidad del sujeto de una creación teórico-social implica la composición-recomposición de sujetos que establezcan nuevos puentes entre ellos y los diferentes estratos, entre sus conciencias y sus objetividades. Al respecto Alves destaca algunos problemas metodológicos útiles para redactar un intertexto. Entre ellos se encuentra la necesidad de distinguir entre los métodos que corresponden a los procesos de producción (latu sensu) y los que corresponden a las actuaciones en que la “producción” o los actos de producción se dan. Esta distinción se hace tanto más necesaria cuanto que la nueva teoría del casos confirma la existencia de mundo en el que el caos precede y sucede a la organización y a la construcción en formas que no pueden identificarse por meras analogías, y que requieren en el mundo histórico-político la articulación de los métodos cuantitativos y cualitativos, y la del conocimiento instrumental o interactivo en un encuentro de los conceptos fundamentales de las ciencias y las humanidades que vienen del estructural-funcionalismo y del materialismo histórico, ambos rebasados como sistemas o paradigmas por una realidad y un paradigma los que se acercan de una manera importante –y también incompleta- el constructivismo y el posmodernismo radicales. El nuevo paradigma de las ciencias sociales habrá de subsumir el marxismo-leninismo y el estructural-funcionalismo, el posmodernismo radical y las “nuevas ciencias”. Lo hará en torno a las memorias concretas de los pueblos, políticas e intelectuales, y mirando hacia un porvenir de democracia universal que devuelva a las palabras su sentido.
La problemática y la pedagogía más prometedoras para la construcción de un mundo alternativo, requieren buscar los conceptos fundamentales de las teorías heredadas y actuales para insertarlos en el concepto que parece orientar la comprehensión y la acción de una sociedad hecha de muchas sociedades; una democracia de todos, no excluyente, hecha de muchas diferencias y simparías. Con la utopía y el camino, es el problema a investigar y transmitir.
Bibliografía.
Alves, P. C. (1997) Dilemas e dasafios das Ciencias Socias no Brasil, Trabajo presentado en el Seminario La Herencia Sociológicas y el Futuro de las Ciencias Sociales, 7-11 de julio, Colonia Tovas, Venezuela.
Rorty, R. (1979) La filosofía y el espejo de la naturaleza, Madrid: Cátedra, 1989