Libros

![]() | Isaac LÓPEZ. Biblioteca Guaruguaja, Colección Pliegos del mar. Mérida, Venezuela.. 2020. Mérida, Venezuela. Colección Pliegos del mar.. Vol. 2.pp. |
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De memorias y nostalgias. Nuevas crónicas de Coro y Paraguaná
La lectura de un libro comienza con la apreciación de su diseño, con la percepción de su textura y de su olor. Sólo después los ojos se vacían en el texto, y si este nos atrapa, los ojos rodarán indetenibles hasta encontrarse con el escollo del punto y final. Esto lo pienso luego de abrir y visualizar en la pantalla, el libro de ese prolífico historiador venezolano, falconiano de Paraguaná, para más señas, que es Isaac López. Claro, por ser un libro digital no puedo percibir su textura táctil, pero sí la visual; ni puedo percibir el olor de su tinta, pero sí lo imagino, pues ese olor permanece inalterable en el recuerdo de los lectores migrantes digitales.
Hay esmero en el diseño gráfico de este libro, desde la selección de la fotografía de la cubierta hasta el color de las fuentes y las formas de las tramas que separan cada capítulo o que sirven de fondo para algunas fotografías. Este es un libro rico en imágenes fotográficas. Todos los textos están acompañados, mínimo, por una instantánea y esto nos permite realizar una doble lectura. Primero la del texto y luego la lectura de la fotografía, que no solo apoya al primero, sino que, muchas veces, extiende la narrativa al ofrecer detalles visuales difíciles de replicar con las palabras. Estas imágenes, a las que nos acerca la obra de Isaac López, abarcan fotografías del paisaje desértico de la península (realizadas por el propio autor del libro), fotografías de casas (incluyendo aquí las casas de hatos, las iglesias y espacios domésticos), fotografías de personajes (unas antiguas y otras de más reciente data, pertenecientes a diversos coleccionistas) y fotos que tienen como objetivo artesanías, tradiciones, manifestaciones e imágenes religiosas.
La lectura de los textos de esta obra puede plantearse como un viaje por una geografía de pueblos con sonoros topónimos, indígenas en su mayoría. Da gusto leer todas aquellas palabras porque se sienten como un canto de voces ancestrales: Moruy, Jadacaquiva, Baraived, Adaure Tumaruse,Tacuato, Adícora, Dabadubare, Barabara, Siraba, Misaray, Maquigua, Quitaire. Pero también están esos pueblos que tomaron sus nombres de la lengua que nos legaron los ancestros españoles: Buena Vista, Pueblo Nuevo, El Hato, El Vínculo.
Este recorrido que emprendemos, sobre todo por la geografía peninsular del estado Falcón, a través de las vías que Isaac López nos traza, no solo nos permite conocer los lugares, su historia y sus héroes, sino también a personajes sencillos, pero que no por eso dejan de ser emblemáticos. Más bien son ese tipo de personajes que prestan sus latidos para que esos pueblos se mantengan vivos, mantengan vivas sus creencias y costumbres, tal es el caso de Julián García, un personaje que “no cree en la tristeza”, a pesar de padecer por el olvido al que la lluvia somete la tierra que cultiva.
En esta recopilación de escritos hay un empeño en reivindicar a personajes cuyos nombres el tiempo ha ido asordinando o pudiera hacerlo, tal es el caso del maestro Israel Wever, novopoblano impulsor de nobles proyectos; Florentino Tremont, promotor cultural y del amor por su tierra; Blanca Morón de Irausquín, la maestra de Moruy; Benito de los Reyes y María de los Santos Coello con su amor contrariado, rescatado del Archivo General de la Nación. Por nombrar solo algunos de los personajes que trajinan por estas páginas.
Este libro también nos da la oportunidad de acercarnos a dos figuras (necesarias, diría Isaac) para conocer la península: Juan de la Cruz Esteves y Guillermo de León Calles. Al primero lo encontramos en su bodega surtida, allí sonríe, ignorando la cámara, como si acabara de beber Agua en totuma. El reclamo que hace López en el texto es justo: la valoración de la obra de Esteves, la evaluación de “sus aportes al conocimiento de nuestra historia regional”, sin complacencias.
En cuanto a Guillermo de León Calles, ese muchacho que se convirtió en el espíritu memorioso de Punto Fijo, Isaac López nos da a leer una semblanza breve, pero que contiene los momentos medulares de su vida y quehacer cultural.
Así como en esta obra se resaltan, valoran y salvan del olvido a diversos personajes, a otros se les desmitifica, labor necesaria en estos tiempos de construcciones heroicas, como sucedió también en el pasado. Ahí está, verbigracia, Josefa Camejo, personaje de una narrativa heroica, que, a decir de López no consta en ningún “mísero papel que lo compruebe”. Tema polémico este, que debe de provocar un respingo de incredulidad o de malestar en más de uno. Pero el historiador no se expresa con ligereza, hace cuentas, reclama documentación y saca conclusiones. Igual sucede con otro personaje “histórico” mencionado en escuelas y liceos de la región y citado con frecuencia en discursos de políticos y por los mismos habitantes de la comunidad: Judibana. Personaje cuya existencia ya había sido desmentida por el mismísimo Juan de la Cruz Esteves, y que en la actualidad se le representa iconográficamente según los cánones del concurso Miss Venezuela. La ilustración del texto así lo confirma: una miss, sí, protagonista de la telenovela Ka Ína.
No queda excluida de esta desmitificación el héroe epónimo Juan Crisóstomo Falcón, y este fragmento es un ejemplo: “De acuerdo a autores como Aizemberg, González Batista y Bakkum, el azuzador de los disturbios contra los judíos en 1885 fue ese jefe, quien respondió así a la negativa de los comerciantes” (p.128). Asoma Isaac López, en otro texto, que promete ser muy interesante, la posibilidad de realizar un trabajo donde estudie el proceso de “heroización” del Mariscal Falcón.
Este es un libro que lleva el cognomento de crónica, pero no excluye otros géneros como la semblanza, el reportaje o la reseña de libros. En relación con este último, sería oportuno hacer referencia a la reseña del libro Curiana, de Rafael Sánchez, libro icónico de la corianidad, poliantea que en los tiempos de su primera edición fue rechazada por unos y defendida por otros, y que ahora la palabra de Isaac López reivindica.
Otro texto referido a una publicación bibliográfica, pero que va más allá de la reseña, es el titulado Del nombre de Coro, de Luis Alfonso Bueno en el que el autor, apoyándose en documentos de los siglos XVI y XVII, y otras fuentes, confronta la aseveración del jurista y escritor coriano, en su trabajo ¿Coro o Santa Ana de Coro?, de que el nombre Santa Ana es una “añadidura intrascendente” al nombre originario, Coro.
Si bien pareciera que las alusiones a la ciudad de Coro no son tan abundantes, como podría pensarse por el título del libro, los textos donde la capital del estado está presente son de mucha significación, tal es el caso de los dos mencionados anteriormente. Además, como dice el mismo López: “Paraguaná también es Coro”. Claro, lo más seguro es que él haga alusión a Coro como región, porque ese fue el topónimo que unió por siglos a todos los pueblos del actual estado Falcón.
El recorrido guiado por la palabra del historiador Isaac López concluye de manera dolorosa en su lugar de nacimiento y luchas: Pueblo Nuevo de Paraguaná. Desde la primera fila observamos las injusticias y tropelías del poder en los tiempos que corren, pero también somos testigos de la dignidad y solidaridad de una población que se niega a entregar sus derechos. Este texto final es estremecedor, cada línea duele, pero también es un golpe que se devuelve y que hace valer, citando al mismo autor, la savia de los viejos de esa tierra.