En Foco
Asimetrías culturales: la comunidad en la cultura de pandemia
Cultural asymmetries: the community in the culture of pandemia
Asimetrías culturales: la comunidad en la cultura de pandemia
Espacio Abierto, vol. 29, núm. 4, pp. 230-245, 2020
Universidad del Zulia

Recepción: 22 Julio 2020
Aprobación: 13 Septiembre 2020
Resumen: Este trabajo surge con la idea de presentar las condiciones sociales y humanas (tomando como caso a México) de lo que podría denominarse como una cultura de pandemia o contingencia, entendida como un proceso de desorden que genera sucesos que cambian las dinámicas de los procesos sociales de la convivencia desde el momento mismo en que la humanidad se adapta a un problema de salud que puede extinguir o poner en peligro a la especie. Bajo este espectro de pensamiento surgen preguntas: ¿A través de la presencia del virus como experiencia existencial, el sentimiento de comunidad se rompe, o tiene una inercia que le permite a la comunidad sobreponerse ante un momento específico de incertidumbre? ¿Cómo se ha mantenido la vida en comunidad? ¿Qué ha venido a pasar en el orden social con la presencia de este virus y el orden que provoca una pandemia desde el aislamiento social?
Palabras clave: Cultura de pandemia, Comunidad, Contingencia, Proceso Social, Cuidado de sí.
Abstract: This work arises with the idea of presenting the social and human conditions (taking Mexico as a case) of what could be called a pandemic or contingency culture, understood as a process of disorder that generates events that change the dynamics of social processes of coexistence from the moment that humanity adapts to a health problem that can extinguish or endanger the species. Under this spectrum of thought questions arise: Through the presence of the virus as an existential experience, does the feeling of community break, or does it have an inertia that allows the community to overcome a specific moment of uncertainty? How has community life been maintained? What has happened in the social order with the presence of this virus and the order that a pandemic causes from social isolation?
Keywords: Pandemic culture, Community, Contingency, Social Process, Self-care.
INTRODUCCIÓN
Pensar o repensar un fenómeno que se presenta de manera silenciosa, azarosa e impensable que se analiza desde el instante mismo del acontecimiento y que nace de manera natural y no bajo las condiciones sociales del devenir histórico de la humanidad, es algo muy complejo que genera nuevos retos a las ciencias sociales para estar al orden de las circunstancias que se presentan. ¿Quién se iba a imaginar que estaríamos hablando en estos tiempos contemporáneos sobre pandemias? La situación vertiginosa en que se manifestó la Pandemia por COVID-19, nos incita a pensar a los investigadores sobre un problema que estamos viviendo y tiene muchas aristas para su comprensión. Está condición incita que incita a reflexiones epistemológicas porque en el momento de realizar la comprensión del problema de un objeto y las condiciones del sujeto en el instante mismo en que se genera un problema de condiciones ajenas al objeto o sujeto mismo; también afecta metodológicamente desde el ámbito antropológico porque no se puede realizar propiamente un trabajo de campo directo que permita al investigador actuar de manera participante o directa con los actores culturales mismos.
Esta situación hace difícil acercarse a un problema de salud de manera científicamente coherente como el trabajo de Alain Corbin en su libro El perfume y el miasma que hace un recorrido histórico sobre problemas de salud en el siglo XVII y XIX. A diferencia de un análisis e investigación sustentada en fuentes documentales, los datos cualitativos, vivenciales y los fragmentos aislados de información virtual que se presentan en internet o redes sociales son los recursos de obtención de información desde el tiempo mismo del problema. Así el análisis de la pandemia se complementa con la experiencia directa y vivida del investigador.
Metodológicamente los datos que se van integrando día a día (por ser un fenómeno que se presenta en el instante como un problema potencial) y se enarbolan en un discurso de conocimiento del fenómeno, que se produce desde lo cotidiano, porque el investigador se ve obligando a entender desde una sana distancia o condiciones sanitarias las posibilidades humanas del problema social de la pandemia. Las condiciones de la distancia, generan nuevas dinámicas para realizar una investigación sobre una realidad social de esta índole, por lo que invita a repensar el quehacer de las ciencias sociales en momentos como éste, y vale la pena reconocer el trabajo ante las nuevas condiciones que nos acercan a un fenómeno sociobiológico que se presenta de manera inesperada con un alto nivel de complejidad, como son las pandemias.
La información recopilada en la forma de retazos fragmentados, son fractales de la realidad que no rechaza en modo alguno la sistematización de la información que se basa en una lógica difusa ante una nueva experiencia. La fractalidad no niega la veracidad de los acontecimientos que se obtienen de manera aleatoria y desencadenada en la producción de este saber, porque son las acciones que llegan descontextualizadas, desordenas, y aún así, son los elementos permiten entender cómo la humanidad se está adaptando, viviendo y experimentando sus angustias, desesperaciones o ideas. Ahí que desde una visión evolutiva, es estar en el momento mismo de un proceso que puede aniquilar a la especie humana, y nos permite estar en un tiempo especial para experimentar desde la experiencia la vida social y cultural en un proceso pandémico, que en un tiempo era ajeno a todo pensamiento de análisis porque antes de la presencia del COVID-19, las pandemias sólo se vislumbraba en la ciencia ficción, en películas y series con tintes futuristas, y obviamente, en las películas de zombies.
En contraparte, es importante reconocer que desde la vivencia misma y directa de la contingencia es sugestivo ver cómo se generan las acciones y dinámicas sociales ante una cultura de pandemia o contingencia. Esta reflexión es crucial porque de esta forma este fenómeno de la pandemia lleva a preguntas como éstas: ¿qué hace la gente y cómo piensa en momentos de contingencia?, ¿es un problema temporal o una continuidad a un nuevo proceso de vida, o tan sólo es una fractura más del desorden que da continuidad y forma a una lógica cultural? ¿podremos vislumbrar cómo será el mundo social después de la pandemia? ¿cómo será el regreso a la normalidad y qué tan normal será? y cabe a bien preguntar todavía más a profundidad, ¿sí a través de la presencia del virus como experiencia existencial, el sentimiento de comunidad se rompe, o tiene una inercia que le permite a la comunidad sobreponerse ante un momento especifico de incertidumbre?, ¿cómo se ha mantenido la vida en comunidad y qué efectos sociales ha tenido en los individuos?, ¿ha valido la pena la presencia de un pandemia para fortalecer o comprender nuestro sentimiento ético como humanidad, o nos hemos alejado de nuestra condición gregaria en beneficio de lo personal sobre lo colectivo?, ¿qué se está transformando en el orden social con la presencia de este virus y el orden que provoca una pandemia desde el aislamiento social?
Acontecimientos en incertidumbre
Estas reflexiones son relevantes porque las acciones que en un futuro podrán ayudarnos a comprender, aún más, los procesos sociales ante un suceso como el que estamos viviendo actualmente, porque, Hay que aprender a enfrentar la incertidumbre puesto que vivimos una época cambiante donde los valores son ambivalentes, donde todo está ligado. (Morin, 2004). Y debemos aprender a reconocer los sucesos para comprenderlos procesos que surgen de esos suceso intempestivos de incertidumbre.
Esta estructura de pensamiento se da bajo las disposición de las mismas leyes del universo que configura la idea de un contexto complejo ya que: “La epistemología de la complejidad supone, pues, una interacción entre seres humanos (unos con otros) y entre seres humanos y medio ambiente (contexto), interacción sin la cual resulta imposible comprender nuestro lugar y nuestro papel en el universo.” (Morin, 2004) Por lo que la pandemia como la humanidad son partes de los algoritmos mismos del universo, fluyen bajo a las condiciones de éste último, por lo que debe considerarse que entre azares, discontinuidades, rupturas, fracciones, fricciones y fracturas se dan las codificaciones de las fracciones de las geometrías asimétricas que se dispersan de forma disyuntivas en las continuidades que fluyen constantemente, para generar las formas, figuras y texturas de los algoritmos que dan forma y figura a éste vasto universo en constante expansión. De igual manera el ser humano se fragmenta en el flujo de su devenir en el universo, tal y como se expresa en las lecturas de las cartas del tarot, cuando se revuelven la carta del loco es el representante del ser humano. Es una carta que puede colocares en cualquier lugar de la lectura, y en ese sentido fluye entre torres, carrozas, magos, emperatrices, visita al diablo y dialoga con la muerte, besa a la luna para llegar a su último arcano que es el universo mismo. De manera similar a la carta del loco, la humanidad lleva fluyendo en el planeta aproximadamente hace veinticinco millones de años en el que se dio la presencia de los primeros homínidos.
A través de ese tiempo, desde el origen de los primeros antepasados de la humanidad han ido mutando, adaptándose, seleccionado para apaciguar su incertidumbre existencial concibiendo en su abstracción el orden de las la realidad para inventar con su propio devenir un mundo que no ha querido ser ese mundo, y desde estas condiciones llenas de posibilidades la humanidad se incorpora a las mismas estructuras del desorden universal, e incluso, es viable afirmar que ha nacido de las catástrofes porque hace 65 millones de años un meteorito cayó en la tierra y acabo con los dinosaurios permitiendo dar el origen a nuestros primeros antepasados evolutivos. Sumado a ello, la humanidad ha sobrevivido a dos guerras mundiales, se han vivido holocaustos, bombas atómicas, devastaciones naturales, etc., y aun así, la humanidad sigue sobreviviendo y adaptándose inacabadamente. Sin embargo, la sociedad contemporánea se preocupa por la especie humana por un virus que se convierte en pandemia y que no es la primera vez que la humanidad se enfrenta a una de ellas. Muchas pandemias han amenazado la preexistencia de la especie. Recordemos que en el año 541, el Imperio bizantino vivió la peste de Justianano. A mediados del siglo XIV se combatió la peste negra. La viruela enel siglo XVIII. La gripe española en 1918. El virus de la gripe A (H2N2) en 1957. La variación del virus de la gripe A (H3N2) en 1968. Virus de Inmunodeficiencia Adquirida, gripe porcina (Gripe H1N19) del año 2009, poliovirus2014, el ébola de 2014, zika en 2016 y el ébola en 2018. Por lo menos son esas las pandemias que reconocemos, seguramente han existido más en el pasado y no fueron registradas, pero en su caso, todo se fue resolviendo de manera natural y la especie fue adaptándose y mejorando su sistema inmunológico. Con el paso del tiempo el conocimiento humano sobre la enfermedad devinieron en la creación de las vacunas y las ciencias médicas y la tecnología fueron floreciendo, la humanidad de forma artificial fue haciéndose inmune a los seres patógenos que atentan contra su vida y desde entonces hemos estado tranquilos y confiados en las resoluciones médicas debido a que, como sostiene Rodríguez:
El discurso médico presentado como un meta-saber, una “no-ideología” por su carácter aséptico, de neutralidad afectivo-valorativa y, por lo tanto, libre de todo contexto, se convierte en el producto más acabado de la racionalidad instrumental en los predios del cuerpo y la subjetividad… y en un halo de esperanza, la humanidad imagina que pronto la ciencia encontrará la vacuna que la salvará. Y los médicos se postran prometeamente ante la encomienda que le ha dado la gente (2016: 2)
Antes de la pandemia del COVID-19, nuestras preocupaciones mundiales eran múltiples y versaban sobre: el calentamiento global, en los programas de desarrollo sostenible de la ONU y la construcción de un muro. Australia acababa de sufrir un ecocidio con un incendió que apago con la existencia de algunas especies animales y causo la conmoción mundial. Se plactiba de los problemas y reivindicaciones de los éxodos migratorios. Se presentó la condición para vivir una tercera guerra mundial. En México se planteaba la cuarta transformación. Las manifestaciones feministas generaban controversias. Existía la preocupación de la NASA por el fin del mundo por la presencia de un meteorito que se acercaba hacia el planeta y acabar con ella, afortunadamente no atino. Hay quienes en el mundo de las conexiones de los códigos de las Teorías de la Conspiración planteaba que los iluminattis estaban moviendo los hilos del mundo con oscuras intenciones para instaurar otro orden mundial. Se cuestionaba que si en el hangar 51 hay extraterrestres y si el monstruo del lago Ness realmente existe.
En este contexto muy general se originó una nueva condición aritmética en la forma de un virus. El nacimiento de esta fórmula de producto natural hizo estremecer el algoritmo natural y social que configura al ser humano para desordenar su existencia y retornarlo a la incertidumbre de su hedónica postura de creerse un ser superior de la cadena evolutiva, y quitar las dimensiones de un nihilismo del mundo postmoderno sustentado en un“…alejamiento de las ideologías políticas, del hundimiento de las normas tradicionales, del culto del presente y de la promoción del hedonismo individual.” (Charles, 2014), haciendo que la metáfora de la muerte del sujeto se volviera una realidad. Así a finales del 2019 este fantasma de formula y algoritmo propio conocido como Covid-19 se posicionó como parte de la geometría de la biológica humana hasta asfixiarlo y cambio las orientaciones de su vida. Desde oriente, específicamente en el país de China inicia su recorrido este algoritmo llamado COVID-19. Llega Europa. Italia y España se destacan en contagios en los primeros meses del año 2020.
En el mundo “mundano” no sabía si realmente el virus del COVID-19 era una realidad, un mito o una quimera. Muchas personas especulaban y pensaban que el surgimiento del virus era un arma biológica para acabar y diezmar a la población bajo los intereses de las potencias mundiales, ya que, los teóricos y seguidores de la conspiración afirmaban que realmente era una bomba biológica elaborada por Estados Unidos como una venganza para acabar con China; otros decían que era al revés, que era una bomba biológica hecha en China para acabar con Estados Unidos; otros más pensaban que fue un ataque biológico planeado para diezmar a la población mundial. Éstas no fueron las únicas especulaciones del algoritmo recién descubierto. En otro momento la humanidad quería sangre y venganza, así una parte de la humanidad dirigió su vista hacia los pobres murciélagos porque salió el rumor de que éstos animales fueron los causantes de la trasmisión de la enfermedad, y al final se convirtió en un chivo expiatorio. En el mundo de la religiosidad y la magia se pensaba en el castigo divino, y nostradamus y el fin del mundo maya cobraron relevancia como explicación del destino humano. En las noticias buscaron a especialistas del conocimiento esotérico para esclarecer el resultado a través de predicciones. Muchas de estas especulaciones, predicciones y la búsqueda de chivos expiatorios impidieron en principio que los individuos actuaran en comunidad, con la responsabilidad del cuidado de sí y el cuidado hacia los demás y salían a las calles sin seguir las normas para evitar y transmitir el contagio del virus. Las reglas del cuidado consistían en una sana distancia, usar cubrebocas y lavarse las manos continuamente.
La ruptura de las simetrías existenciales
El virus rompió las simetrías existenciales del tiempo cotidiano, permitiendo la posibilidad de genera una pregunta más, ¿Qué es lo que nos ha dejado la presencia de este virus a la humanidad? En principio, no salir a las calles, dejando como único recurso espacial a los balcones y ventanas para compartir los sentires de las angustias de la incertidumbre y del desconcierto del futuro desde el encierro. La angustia se mitigaba desde esos reductos espaciales de los hogares para comunicar con gritos y canciones con el fin de alcanzar las caricias y rememorar las compañías perdidas. Sin salir de casa, ya no puede haber contacto, implicando que en estos espacios (balcones y ventanas) brindarán las condiciones de reencontrarse con la sociedad, tal es el caso de una persona de origen española que realizó un performance en su balcón para entretener a sus vecinos ¿y qué paso? El Estado lo multo con seiscientos euros, lo que demuestra que el Estado a nivel mundial no ha sido capacitado, o no ha tenido la capacidad para atender las necesidades sociales de la población que necesita vivir en y dentro de la colectividad. No se percató que el aspecto sanitario y de salud no solamente es aspecto o espectro que corresponde a lo biológico y a la enfermedad, sino que también existe una enfermedad social desde el encierro que buscaba la necesidad social de convivir, de mantener a los miembros de la población en un contacto de manera directa, esto incluye acercamientos, caricias, miradas, por lo que al reducirse los espacios de convivencia en un confinamiento familiar, no quedaba otro recurso que verse por las ventanas, por los balcones para poder compartir algo del aliento social en los inicios de un proceso de adaptación de lo que será una nueva forma de normalidad.
Mientras el COVID-19 se iba diseminando por el mundo, la población mexicana mira y escucha con expectación a los medios de comunicación el recorrido con la esperanza de que no llegue la pandemia al país. En ese momento se hizo presente en un acto posmoderno de milenarismo y redención, Saxoman y los Casanovas (2020) que imploraba con una canción la presencia del poder de Jesucristo y la expulsión del paraíso humano de ese mal que tiene como figura el virus del COVID-19, cantando así: “En el nombre de Jesucristo/ yo te digo a ti, Coronavirus/ Sal, sal, sal de mi planeta/coronavirus”¹. La esperanza colectiva y la imploración de Saxoman y los Casanovas, no fueron suficientes, el 24 de marzo se decretó la fase 2 con la suspensión de ciertas actividades económicas, y se prohibieron las reuniones sociales de cualquier índole y se solicita el resguardo domiciliario a la población en general. El 30 de marzo se confirman las primeras muertes de mexicanos por COVID-19.
En lo que pasaba todo eso, las reglas de salud como la sana distancia, el uso de cubrebocas y el lavado continuo de las manos eran claras, y no eran difíciles de seguir, sin embargo, las personas en las calles no seguían las indicaciones de la Secretaría de Salud. Muchas pensaban que era un mito, contraviniendo las reglas sanitarias acrecentando el problema mismo del cuidarnos unos a otros.
La pandemia se hizo presente inevitablemente México la población entró en pánico por el efecto imaginario y caótico planteado por los medios de comunicación, que dirigió sus pensamientos hacia un escenario en un apocalíptico, y una preocupación porque se presentaba el fin de la humanidad, cual película de apocalipsis zombi. Estas condiciones dieron vida al resplandor del terror y el miedo que fueron motivados en gran medida por los medios de comunicación que hablaban en las noticias de las catástrofes y holocaustos sociales, humanas y de salud que se vivía en los países que padecían la presencia del virus.
Con la información recibida y estos sentimientos de temor se inicia las primeras reacciones que se reflejaron un imaginario apocalíptico que devinieron en compras de pánico, donde la limpieza escatológica resultó ser más importante que el cuidado de la colectividad, porque lo primero que se agotó en los supermercados fue el papel de baño, se acabaron los cubre bocas y se acabó el alcohol. Estos productos quedaron en pocas manos con poder adquisitivo. Fue sorprendente las acciones tomadas por el temor que se fueron hacia unas condiciones simpáticas, y no bien pensadas para una verdadera subsistencia de la especie. Las personas se fueron con el pánico y afectaron a los demás alejándose del sentimiento de colectividad por los intereses personales. La realidad era que no había la necesidad de esas compras porque existían los productos en inventario y se podía asistir a comprar como siempre.
En contraparte, en la entrada de los supermercados se informaban las reglas de conducirse en el interior del establecimiento que mantenían su compromiso social del cuidado de sí. Adentro las personas no seguían las reglas, eso implicaba que en un momento se perdieran las posibilidades de contar con estos espacios y la posibilidad de salir a adquirir los productos que se necesitaran. En los mercados no se guardaban tampoco las reglas sanitarias. En la calle tampoco. Era vital guardar la distancia porque los cubre bocas ya se habían agotado.
Mientras tanto fuera de las calles, la Secretaría de Salud hablaba a la sociedad que había hospitales destinados a la atención de personas con COVID pero que no existían suficientes ventiladores, y su único reducto real era generar conciencia y responsabilidad social originando un slogan de un proyecto de acción que era “Quédate en casa”. El Director de la Secretaría de Salud incitaba a la población que se lavará las manos durante veinte segundos, dando como indicación para calcular el tiempo cantando las mañanitas. A esta situación se sumaron artistas y surgieron canciones como la cumbia del coronavirus que dice:
Todo mundo esta espantado/Por una enfermedad se llama Coronavirus/Y es de alarma mundial./Se dice que nació en China,/ Varios muertos van por allá/ Hay que estar atentos/Nos tenemos que cuidar (…) Coronavirus, coronavirus/Lávense las manos/Háganlo seguido./Coronavirus, coronavirus/Pónganse las pilas en lugares concurridos.(…)/No se toquen la cara/Evítenlo amigos.(Cumbia, 2020)
Y los Cadetes de Linares con su Corrido el Coronavirus afirmaban:
No te preocupes ya por mí,/Ya tengo mi gel antibaterial/Como el que compraste tú./Sí, lo compre con olor/ Y en mi casa me quedo/Otro litro similar./Ya este virus se mancho/Desde China nos llegó/Y ahora estoy en cuarentena. (…) Quisiera que guardaras tu distancia (2020)
Y en contraparte hubo invitaciones a la fiesta como lo decían Marco Flores y la Banda Jeréz (2020):
A mí me vale el corovirus/Me vale, me vale el coronavirus/Traigan tequila/traigan cerveza/Vamos bailando que no hay tristeza/Con este ritmo no hay estrés./Con la tambora sonando recio/Y con la banda sonando al cien.
En un intento de alcanzar más difusión a la cultura popular principalmente sobre los cuidado y fortalecer el mensaje del cuidado de sí y del “Quédate en casa”, surge por parte del Gobierno Federal la creación de una imagen de una superheroína que lleva como nombre de bautismo Susana Distancia, y no siendo esto suficiente crearon el Escuadrón de la salud COVID 19 con personajes femeninos como: Refugio, Prudencia, Susana Distancia, Esperanza y Aurora. Mientras que en otras partes del país que compartía un ambiente desconcertante y desesperante por el desconocimiento propio de la enfermedad, aparece en el pueblo del Soconusco un letrero que colocó el alcalde con el siguiente decreto: “Por decreto municipal, queda estrictamente prohibido morirse por cronavirus en este municipio.” Y se afirma en una nota periodística que “… la lona ha funcionado porque la gente ha dejado de salir a la cabecera municipal, y que incluso, ha recibido llamadas telefónicas de amigos y extraños para felicitarlo por la medida.” (Infobae, 2020)
En la devastación imaginaria se genera una crisis existencial que desnivelo la razón comunitaria bajo la acción de la supervivencia individual,en la cual, la imposición de la fuerza y la defensa de los intereses personales ante los colectivos se hacían manifiestos bajo el pensamiento aniquilar el mal a cualquier costa, lo que conllevo a alguna parte de la sociedad civil, el atacar a los trabajadores de salud en los que se destaca “…prohibir el uso de transporte, así como agresiones físicas y verbales.” (Castillo, 2020) En los que se incluye bañar en la calle a los miembros del sector salud con cloro con la finalidad de desinfectarlos; en otras partes no dejaban los vecinos de estas personas entrar a sus hogares, e incluso se dio el caso en Oaxaca en donde un funcionario “…Daniel López Regalado, diagnosticado con COVID-19, quién escupió a médicos por no recibir un trato preferencial, razón por la que fue destituido.” (Expansión, 2020) En otros caso similar las autoridades municipales como en el caso de Villa Alta “…se decretó un toque de queda como medida ante el COVID 19. Según los reportes de la prensa local, 10 médicos y enfermeras fueron retenidos por la fuerza…”. Y la respuesta del Subsecretario de Salud Hugo López Gatell fue: “Es alarmante que haya personas que canalicen emociones muy básicas como el miedo y la ira hacia el personal que protege.” (CNN, 2020)Y el Presidente de la Nación pide alto a las agresiones y se refiere a los trabajadores de la salud como: “Son los trabajadores más importantes, héroes, heroínas.” (López, 2020) Y se realizaron algunas acciones como sucedió en la ciudad de México en la que: “El gobierno federal informó que 196 hoteles y moteles en las 16 alcaldías de a Ciudad de México ofrecen alojamiento gratuito para personal médico y de enfermería que atienden pacientes contagiados de la nueva cepa del coronavirus (SARS-CoV-2).”
(Monroy, 2020) pero esto no inmutaba a cierto sector de lapoblación que ponía anuncios en las puertas de la casa de los trabajadores en salud similares a este que pusieron en España:
“Sabemos de tu buena labor en el hospital y se agradece pero debes pensar también en tus vecinos. Aquí hay niños y ancianos hay lugares como el Baratalia donde están alojando a profesionales. Mientras esto dure te pido que lo pienses.”(Mathani, 2020).
Sin embargo, ante los hechos que acontecían por el temor, la sociedad civil también mostró gestos de solidaridad y apoyo, les llevaron desde los balcones cantos y porras a los miembros de salud que se encontraban laborando en los hospitales, algunos sectores de servicios de taxis dieron transporte gratuito y en Tamaulipas: “…el Congreso de Tamaulipas fue reconocido el conductor de taxi Leonel González, quien ofrece transporte gratuito en la entidad para el personal de salud como una medida para destacar su vocación de servicio y dedicación en la atención a enfermos de coronavirus.” (Aristeguinoticias, 2020). En el clamor del temor, la angustia y el desconocimiento, la sociedad vivía la incertidumbre del futuro de este nuevo algoritmo, desordenando socialmente más el proceso, pero la preocupación seguía centrando su atención en los ámbitos de la salud y la enfermedad.
En lo que el Estado se preocupaba por generar conciencia y apaciguar la violencia a los nuevos héroes y heroínas de la nación, las personas se confinaron en sus hogares. Ahí las condiciones convivencia cotidiana se reordenaba en anomalías y desorganización social porque cambio las estructuras del orden de la organización familiar, porque ahora todos los miembros se vieron obligados a convivir en el mismo espacio durante todo el día. Sin las condiciones de los horarios de las actividades cotidianas se perdió la noción del tiempo, los horarios se descontinuaron no se dormía a las mismas horas, se comía a deshoras y en la madrugada, los padres buscaban actividades en internet para entretener a los niños, etc. La familia no sabía qué hacer y como amenizar los días, por lo que en el vació de su vida social y laboral buscaron un contenido imaginando y pensando que hacer para pasar el tiempo y así dar sentido a su existencia en ese mar de entropía e incertidumbre social.
Las personas confinadas en sus espacios íntimos del hogar cambiaron su hábitos como el cuidado de su persona, comenzaron a experimentar con su imagen cortando o decorando su cabello, aprendieron a cocinar cosas nuevas y se hicieron reposteros; dirigieron su visión hacia la creación artística, mejoras al hogar, deportes, las series televisivas de plataformas de Netflixt, Amazon Prime, Claro-video, Fox Premium, etc.
La plataforma de videos de Tic Toc fue un medio recreativo y una posibilidad de tener un salto a la fama. Todas estas acciones eran los remedios caseros posmodernos del ocio para terminar con la enfermedad del tedio del encierro. En los teléfonos celulares la comunicación era de solicitar cuidado a los seres queridos y amigos, y salieron stikers o pegatinas con emojis y personajes con cubre bocas, e incluso imágenes caricaturizada del coronavirus. Los memes se convirtieron rápidamente en el medio de expresión catártica para manifestar y dar cuenta del cómo se estaba pensando y actuando los problemas del encierro y llegaban videos que expresaban la desesperación del encierro como el de “Viejitos en Cuarentena” (Hurtado, 2020) en donde se muestran como las personas de la tercera edad hacían todo lo posible para salir. Gracias a los memes nos dábamos cuenta de lo que pensaban las personas. En ese sentido los espacios comunes ya estaban plenamente reconocidos y había memes y comentarios que afirmaban que los espacios de la casa ya estaban plenamente reconocidas, y decían, solo me palta conocer tal esquina de la casa. Las personas estaban como en el cuento del Aleph de Borges, esperando encontrar ese punto que brindará la posibilidad de ver el Todo desde el interior del hogar. La casa, en específico, el espacio de la computadora se volvió oficina, escuela y medio de interrelación social. El problema era que los espacios de la casa se tenían que compartir y tenían que cambiar su función social, lo cual se generaron otras formas de vincular la vida familiar y vivir a través de la pantalla para vivir con imágenes recreativas en redes sociales y los medios de televisión por paga.
Intentando restablecer el equilibrio emocional
El tedio y las condiciones sociales del hartazgo social que se sentía al observar todo el tiempo el internet, de escuchar lo mismo y de vivir de vacíos que buscan contenidos demostraban la incapacidad de romper las cotidianidades en el pequeño espacio del hogar. Era claro que el Estado demostraba que la vida emocional y social de las personas confinadas no le interesaba, sin embargo si se entendió por algunas personas que se dedican al ámbito artístico. Algunos famosos brindaron conciertos por internet y sus ganancias las donaron para los estudios de la vacuna del COVID-19. Sin embargo, más allá de un negocio de beneficencia, otras personas del ambiente artístico comprendieron el problema con mayor responsabilidad y realizaron eventos al aire libre utilizando las azoteas como el caso de Roberto García, quién durante dos sábados organizó un par de conciertos desde la azotea de su casa y les hizo pasar un buen rato a sus vecinos, para animarlos ante un panorama de desaliento… En ambos conciertos desde su casa, Roberto y su equipo también realizaron un homenaje al personal médico y a las familias que han perdido la vida por esta contingencia, al dedicarles un minuto de silencio. Y él opina que: “Se olvidan de lo que venimos viviendo y eso da un aire de esperanza y alegría. Me llena de bastante gusto; es algo que amo hacer y que me gusta compartir. Uno de los mayores logros que puedo tener es ver a la gente disfrutar y bailar”. (Alejandra: 2020)
En contraparte las fiestas de cualquier índole fueron pospuestas, sin embargo, en el mundo tradicional en un juego contradictorio con la modernidad, hizo gala de ingenio para perpetuar las fiestas en momentos de contingencia como el caso de los seris que su festividad del hantcmaaquiih o año nuevo se organizaron para no dejar pasar la importancia de esta actividad ritual que les brinda identidad:
“Mizael Ortega, uno de los impulsores del reto, explicó que este consiste en tomarse una “selfie” usando la pintura facial que tradicionalmente incluye los colores de la bandera de su pueblo -rojo, blanco y azuly subirla a Facebook etiquetando a más integrantes de la etnia para que hagan lo mismo… El reto se nos ocurrió porque estábamos un poco tristes por la cancelación de las festividades del hantcmaaquiih o año nuevo”, dijo Mizael, “la idea es que el festejo y la unión que tenemos entre nosotros sea por redes sociales porque, por la contingencia, no podemos. Respetamos la sana distancia y la salud es lo primero; aunque no haya fiestas no queríamos que nuestro año nuevo pase así nomás, por eso se inventó el #Challenge Hayeen I paii y esperamos que se haga costumbre todos los años”. (Arellano, 2020).
Así la sociedad civil fue más ingeniosa que el Estado mismo que se preocupaba por llevar esparcimiento y solucionar con proyectos que impactaran en la vida social y emocional de la población y cabe preguntarse si estas condiciones vivenciales en la pandemia pueden ser consideradas como u proceso civilizatorio en sí mismo.
Tan grave fue la situación de la pandemia que llegó tan de golpe que ni siquiera se estaba preparado, ni se sabía si se contaba con las condiciones tecnológicas para brindar clases a distancia. Los trabajadores del sector educativo se preguntaban cómo dar clases a distancia, ¿bajo qué programas? Cada profesor hacía lo que su conocimiento de los medios de tecnología le permitía, entendía y podía hacer para resolver las situaciones. El Estado y las Instituciones Educativas, desde la Secretaría de Educación y las Universidades Públicas pedían evidencias de trabajo a distancia de los profesores con los alumnos en un pequeño lapso de tiempo para justificar su labor institucional. Parecía que pensaban que los profesores eran una especie de Bill Gates o Steve Jobs que sabían manejar los programas tecnológicos. Con estas condiciones se acrecentó la frustración y el desorden en la vida cotidiana, es decir, las instituciones aceleraron los ritmos dela entropía social en la vida cotidiana, en la familia, pero también no se puede negar que este desorden ayudó a fomentar la creatividad, genialidad e imaginación que cada quién tenía para sacar adelante sus materias, pero también encontrar otras formas de comunicarse con los alumnos; cambiar los programas educativos y las formas de evaluar.
Tan interesante fue este proceso que durante las clases virtuales se generaron otras formas de ver otros espacios íntimos de los hogares de los profesores y de los alumnos. Algunos estudiantes conocedores de los programas de conferencias a distancia ponían protectores de pantalla que los colocaba en otros lugares como la casa de Bob Esponja o de comics. En otras ocasiones las pantallas permitieron entrar a otras intimidades que fueron grabados y registrados, en los que se observa a una profesora dando clase virtual, y en eso, aparece el marido en calzones; en otro caso registrado, se observa que en la casa de un profesor pasa su esposa detrás de él en ropa interior, e incluso un periodista que sentado se observaba vestido de traje pero al caérsele la cámara estaba en calzones ¿Por qué sucedía esto? Porque la modernidad no pudo cumplir culturalmente y socialmente con sus expectativas de progreso. El incumplimiento civilizatorio de la modernidad hizo a las personas percatarse que su conocimiento de las tecnologías era nulo en un momento de importancia vital para su uso. No se tenía la costumbre del uso de las cámaras, por lo que ha habido poco a poco que irse acostumbrando al uso de la tecnología, pero también nos dimos cuenta que andar en casa en ropa interior es más común de lo que podríamos pensar. Tampoco se sabía cómo apagar los micrófonos en los que se dieron distintos acontecimientos, desde alumnos y profesores que despotricaban contra su opuesto, o que decir de aquellos alumnos que tuvieron relaciones sexuales cuando tanto profesor y compañeros escuchaban todo.
Nuevamente surge la pregunta ¿Por qué acontecía esto? Porque no teníamos el conocimiento tecnológico, y no todo mundo tenía la infraestructura tecnológica necesaria, afectando en muchos sentidos las formas de comunicarse porque a veces la imagen de la persona que hablaba se pasmaba, no se escuchaba lo que se decía, en momentos se pixeleaba la imagen o se cortaba la comunicación por falta de señal. Estas acciones han ido cambiando las condiciones de vivir en comunidad.
La encrucijada a este problema de comunicación virtual ha sido difícil, ya que las formas de expresar, de saludar, de entender nuestro mundo comunitario ha ido cambiado porque todo vínculo social se da a través de una pantalla. Las relaciones han iniciado una nueva forma de normalidad. La vida fuera de la imagen, del mundo de las pantallas, las relaciones sociales interpersonales fuera de casa se hicieron triviales, a distancia y sustentada en la sospecha. Las palabras con el cubre bocas se perdían y la comunicación se había convertido en forma visual. Se ha ido perdiendo el contacto humano fuera del entorno familiar perdiendo la condición que nos integra cotidianamente como sociedad. Salir de casa es hacer todo a distancia y en tiempo corto para regresar al hogar cambiando las relaciones sociales y la percepción de la realidad. Esto hace complejo el proceso de vida en una pandemia, porque ahora sí se puede afirmar que la postmodernidad llegó gracias al fenómeno de la pandemia. La postmodernidad de la cultura era un juego, porque ya viéndolo desde este sentido, ahora sí vivimos socialmente en la pantalla, ahora sí hacemos comunidad real en la imagen.
Las redes sociales dejaron de ser espacios para enviar mensajes, dar denuncias o anuncios, ahora la imagen del ordenador ya es una interacción directa en donde en un solo monitor hay ochenta personas reunidas. Así la pantalla se vuelve versátil y nos permite comunicar en masa una serie de ideas al mismo tiempo y en tiempo real. El problema es saber si realmente se está siendo escuchado, saber si realmente se está observando la presencia de la persona. Esto a nivel educativo genera problemas interesantes en base a preguntas de cómo democratizar la educación en un ambiente virtual desequilibrado en el uso, conocimiento y en el tener las herramientas tecnológicas adecuadas para los profesores para impartir sus clases. Es interesante mencionar que antes de la pandemia se motivaba el uso de la tecnología para la educación ¿Pero qué pasa? Ahora es cuando la tecnología para la educación es una realidad nos percatamos que no cuenta con una pedagogía realmente para los entornos virtuales, porque una cosa es el uso de la tecnología en el aprendizaje y otra muy distinta es realizar aprendizajes con la tecnología, y deja otra pregunta, ¿Cómo debe ser el proceso de enseñar en modo virtual? Y ello lleva otras cuestiones que se vinculan con los sentimientos ¿Cuáles serán los sentimiento y las emociones de los alumnos a través de las pantallas?, ¿Cómo una nueva generación de alumnos se van a conocer entre sí para generar nexos que se vinculen y brinden experiencias futuras necesarias para la convivencia futura?, ¿Cómo van a entrar en contacto? Se está pensando si se quiere de manera apocalíptica, pero es un proceso que no sabemos cuánto va a durar. Nos pueden informar que se puede salir, pero a los meses puede haber otro rebrote, e incluso se ha afirmado que esto va a durar varios años. La pregunta es precisamente ¿Cómo vamos a generar estas situaciónes en momento de contingencia?
Ante esto es interesante interrogarse si realmente alcanzamos la ética real de la que presume la humanidad de cuidarnos corresponsablemente y de que somos superiores porque somos humanos y no animales. Pero ¿Qué pasa? Llega un bicho, desordena nuestra realidad, la cambia, entonces ¿cómo se demuestra la colectividad bajo estas condiciones?, ¿cómo se demuestra la ética? Y al final ¿qué sucedió? Estas preguntas son pertinentes porque hay que considerar que vivir en comunidad, incluso en los márgenes de los tiempos contemporáneos, tiene sustento en una responsabilidad social y en la solidaridad que tienen entre sí los miembros de un grupo humano, en la cual experimentan piensan y actúan desde sus propias circunstancias y desde su propio mundo para concertar su condición de ser, porque el fin último de vivir en comunidad es vivir socialmente a través de una lógica del bien comúnque justifica la razón de ser de los individuos y su deber ser en la vida en sociedad. La vida en comunidad desde esta lógica del bien común, conlleva en consecuencia una gran responsabilidad y reciprocidad entre los miembros que integran el campo social en el que se desenvuelven, porque el individuo para sobrevivir y vivir armónicamente con los miembros de su grupo, debe tener un estrecho contacto con la colectividad o comunidad en la que vive, por lo tanto, el individuo no puede olvidares del resto de la humanidad que lo rodea porque con él comparte un vínculo común, y sí llegara a negar la presencia del Otro que forma parte de la misma colectividad, sería negar las condiciones de pertenencia que da sustento a la identidad y a la presencia de ese yo que actúa en beneficio de la comunidad, esto es el cuidado del otro como cuidado de sí. Con lo expuesto se podría comprender que el simple hecho de pertenecer a una sociedad es conocerse, pensarse y reflexionarse desde el interior del grupo al que se pertenece, ningún miembro queda excluido de su realidad social, ni de su lugar y participación en la sociedad. Estas condiciones hacen erguir a la identidad como una ética social que debe imperar entre los miembros del grupo o la sociedad para configurar el pensamiento de su realidad social para el beneficio del grupo y mantener así, su sobrevivencia, reproducción y continuidad; esta ética social de la identidad se transforma en un discurso que incita a los miembros del grupo social a reflexionar sobre la condición social en la que se vive para gestar eso que llamamos comunidad, o el cuidado de sí en colectividad.
Reflexiones finales
En conclusión, la comunidad se revistió de individualidades y de imágenes de pantalla, se ha generado otra forma de ver, vivir y experimentar la comunidad y la colectividad. Es ahí donde debemos pensar cuando se observa a la cultura de pandemia para preguntarnos ¿sí realmente las asimetrías sociales afectan a la vida de los pueblos humanos? porque las asimetrías sociales y sus implicaciones en la vida social de los pueblos humanos hacen explícito y recuerdan que vivir en comunidad no es vivir en un mundo humanamente trascendente, perfecto o utópico, sino que el grado de incertidumbre de las asimetrías sociales indican que vivir en comunidad es también solucionar sus propios problemas para dirigir o redirigir la realidad social en el marco formal de un orden propio del mundo social en la que se genera el conflicto. La reconfiguración social ante el conflicto ayuda a los miembros a reconocerse entre sí, pero también a pensarse, cuestionarse o autoreflexionarse dentro de un orden social determinado, es decir el desorden forma parte de la realidad cultural y forma parte de la concepción de la vida, como es el caso de la envidia el cual puede ser considerado como una anomalía o contradicción del sistema comunitario que atenta al orden de la lógica del bien común porque: “La envidia, sentimiento personal, individual, también está ligada a comportamientos colectivos, entre los que resulta notable la incapacidad de los miembros de un grupo para trabajar en forma solidaria.” (GOUY-GILBERT 1995, pp. 23), sin embargo, la envidia como acto excluyente de la vida comunitaria no es excluyente del orden social imperante ya que se ha demostrado que: “… los intercambios sociales, en cuyo seno se encuentra la envidia, son limitados y obedecen a una regla muy simple: en realidad todo sucede como si fuera necesario que la envidia se provocará a fin de que su desaparición al compartirse los bienes.” (GOUY-Gilbert 1995,22) El ejemplo anterior demuestra que la cultura establece algunas estrategias que ayudan a orientar y recuperar esa la lógica del bien común que sustenta la concepción imaginaria de la Comunidad utópica del bien vivir en tiempos de desorden, de esa manera se puede utilizar como ejemplo de caso de la envidia para preguntar: ¿cómo vamos a vivir en sociedad ante una pandemia?, ¿cómo vamos a reconstruir los lazos sociales y pensar en una comunidad utópica del bien común en la que todos podamos convivir y sentirnos de manera directa y presencial?
Realmente no todo ha sido tan malo. Hemos aprendido a sobrevivir, a mejorar nuestras formas de ser en un momento dado. El COVID-19 ha permitido la posibilidad de percatarnos de la importancia del amor y demostrarlo de otra manera y de no estar ausente en la fortificación de un vínculo social, porque se ha estado entendiendo que hay que vivir de otra manera y actuar en consecuencia, ya que se está aprendiendo otras formas de vivir en sociedad. La pandemia ha enseñado a la humanidad que puede ser creativo, que puede vivir en soledad pensando siempre en la colectividad teniendo como eje principal de un bienestar social. De esa forma la realidad con sus conflictos sociales desde el aislamiento tiende a pensar formas para controlar el desorden imperante para trastocar ese orden social que mejore la situación actual y generar una nueva forma de civilidad, ya que el conflicto social de la pandemia está estrechamente unido a la realidad social de un presente y la idea de una comunidad utópica del buen vivir en comunidad y busca desde las condiciones del presente , una añoranza con el pasado y mira al futuro buscando una forma para realiza un buen devenir humano. El mayor problema es no comprender esta situación, porque si se pierde el compromiso y responsabilidad del cuidado de sí para la colectividad, no será el COVID-19 sino la misma cultura que nos ha permitido sobrevivir y evolucionar como especie la que aniquilará a la especie humana.
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Notas