En Foco

Recepción: 18 Agosto 2020
Aprobación: 24 Septiembre 2020
Resumen: A más de todas las caracterizaciones médico-científicas, el Covid-19 ha ido configurando un importante campo de significación y ponderación de diversas lógicas de sentido, develadas a través de una intrincada y compleja semiosis, que por razones teórico-argumentales, será definida como de la pandemia, para sistematizar un indispensable medio interpretativo de la dialéctica enunciativa de los tiempos actuales. Desde esta perspectiva se ha considerado conveniente esbozar las aproximaciones teóricas a partir de las nociones de hermeneusis sensible para sistematizar las orientaciones sobre un mecanismo que involucre al sujeto inserto dentro de sus espacios cotidianos. Para ello queda asumida la Ontosemiótica a manera de planteo metodológico que convoca una serie de variables alrededor del sujeto enunciante, e inferir acerca de la configuración patémica, a modo de zona de embrague de lo social, cultural, ideológico y todos aquellos elementos constituyentes de la semiosis de la pandemia. Dentro de las variables a referir, destaca el confinamiento social y la reclusión doméstica que buscan en las redes sociales sus sitios de apertura, aunque paradójicamente, parecieran constituir el gran obituario contemporáneo que constantemente acecha al hombre entre la angustia y la esperanza.
Palabras clave: Epistemología, ontosemiótica, pandemia, reclusión, obituario, esperanza.
Abstract: In addition to all the medical-scientific characterizations, Covid-19 has been configuring an important field of significance and weighting of various logics of meaning that try to account for an intricate and complex semiosis, here defined as the pandemic, to systematize a indispensable means of interpretation of the enunciative dialectic of the present times. From this perspective, I have considered it convenient to outline the theoretical approaches of Gastón Bachelard with respect to the epistemological obstacle and thus to show the argumentation broadening with different views tending to cover elements that contribute to the argumentative strengthening of the unit of analysis. For this, Ontosemiotics is assumed as a theoretical-methodological approach to summon a series of variables around the enunciating subject and infer about the pathemic configuration as a clutch zone of the social, cultured, ideological and all those constituent elements of the semiosis of the pandemic that are part of the referential mainstreaming constituent of enunciative planes. Among the variables to refer to, the social confinement and domestic seclusion that they search for their opening sites on social networks stand out, although paradoxically they seem to constitute a great contemporary obituary that constantly stalks man between anguish and hope.
Keywords: Epistemology, ontosemiotics, pandemic, seclusion, obituary, hope.
El Covid-19 y la configuración de campos semióticos
El objetivo principal de esta propuesta, es analizar el Covid-19 como eje estructurante de campos semióticos inmersos en una dinámica enunciativa, plural, compleja y sincrética, por medio de una hermeneusis sensible, generada a partir del sujeto enunciante; esto es, situándolo a manera de texto, desde donde pueda leerse a través de las colateralidades referenciales, representadas por el enunciado, el contexto y los demás enunciantes a integrarse, una vez iniciado el proceso simbólico en determinada circunstancialidad enunciativa.
En particular, esta hermeneusis sensible responde a un planteamiento ontosemiótico, en el cual, el hecho científico es inferido desde los procesos de subjetivación enunciativa, tras la incorporación de los espacios cotidianos como el lugar natural de la acción comunicativa patemizada, esto es, situarse argumentativamente a través del mundo experencial del sujeto; base y soporte para vivenciar lo enunciado, además de visibilizarlo frente a sí mismo y la audiencia a quien va dirigido. En tal caso, la referencia queda supeditada al mundo interior a desplegarse mediante los procesos de simbolización, quienes, irán acrecentándose por su potencial forma de resignificarse. En cuanto manifestación de una subjetividad hecha trascendencia ante la realidad impuesta por el Covid-19.
Por otra parte la dinámica simbólico-enunciativa alrededor del sujeto y sus diversos desdoblamientos referenciales frente al Covid-19, ubican la acción comunicativa patemizada en un campo de la significación susceptible a ser revisado a través de una constante renovación referencial, generadora de nociones interpretativas de variada índole que otorgan oportunidades de resignificación por intermedio de la aplicación de diversos planteamientos teóricos. Específicamente asumiendo la isotopía de la cotidianidad a razón de principio elemental de los procesos de subjetivación a modo de obstáculo epistemológico y así postular vías argumentales alternativas.
Al respecto es imprescindible señalar los planteamientos de Gastón Bachelard acerca del obstáculo epistemológico (2000) que abre importantes brechas interpretativas a partir de la formación del espíritu científico. Más aún, con la diatriba entre objetividad y subjetividad a modo de mecanismos de interpretación, pues en este caso, la subjetividad trascedente juega un papel fundamental en la construcción de lógicas de sentido, frente a las reticentes posiciones para reconocerla bajo los argumentos de una cientificidad estrictamente cuantitativa, o la sujeción a enmarcamientos estrictamente sociológicos. En palabras de Bachelard: “Todo saber científico ha de ser, en todo momento, reconstruido, nuestras demostraciones epistemológicas no saldrán sino gananciosas si se desarrollan a la altura de los problemas particulares, sin preocuparse de mantener el orden histórico” (2000: 14).
En tal sentido, la isotopía es un recurso de connotación que permite agrupar, a partir de un término base, toda una cadena significante dentro de un campo semiótico delimitado por ciertas y determinadas variables predispuestas para establecer la significación. Asimismo, al asumirla desde la cotidianidad, especificamos ese campo semiótico en torno al sujeto enunciante y sus desdoblamientos sígnico-simbólicos dentro de los espacios de representación inmediatos a él, en los cuales, prevalece la convergencia patémica como el principal soporte de la significación. De esta forma las isotopías de la subjetividad están profundamente ligadas al acuerdo argumental de los enunciantes y su proyección hacia otros órdenes: sociales, políticos, culturales.
Indudablemente la convergencia patémica conduce a convencionalidades colectivas que articulan la argumentabilidad sobre una red de relaciones intra e intersubjetivas que conectan referencialmente, a partir de los mundos primordiales de los enunciantes, inquiridos estos, en función de la reciprocidad asumida mediante la interacción del lenguaje en la conformación de textos a manera de referencia de las realidades intentadas develar a través de ellos. Además, toda acción comunicativa implica una convergencia patémica garante de las posibilidades textuales que fortalezcan el universo simbólico a constituirse dentro de la referencialidad.
De la misma forma las convergencias patémicas instauran en la dialéctica discursiva una noción de efecto referencial dentro de una situación sociohistórica, a través de correspondencias con estados específicos de posicionamiento enunciativo: compasión tristeza, rabia, dolor. Posicionamientos que crean afinidades con interlocutores a través de procesos de subjetivación. Así como también, estas convergencias son detonadas discursivamente de manera implícita o explícita, por palabras descriptoras de estados de ánimo o circunstancialidades emotivas; recursividad que indudablemente conforma los universos patémicos o bases sustanciales del orden enunciativo.
Además de las marcas lexicales-discursivas presentes en un texto, y en función de la perspectiva ontosemiótica¹, la convergencia patémica gira en torno a tres variables fundamentales: la circunstancialidad enunciativa (Covid-19), la reciprocidad referencial en la construcción de universos simbólicos (procesos de subjetivación) y los escenarios enunciativos (redes sociales). Concurrentes todos ellos en un acto profundamente intersubjetivo que transfiere la sensibilidad a los predios del lenguaje a través de los subjetivemas, tanto en sus marcas textuales, como por las experiencias vinculadas al mundo primordial de los sujetos, que a su vez, crea nódulos de significación para ser concatenados por diferentes enunciantes, aun sin compartir el mismo espacio físico-geográfico, pues establece una patemia universalizada, fortalecida por medio de la construcción de una realidad consensuada simbólicamente.
Por otra parte lo subjetivo trascendente, representa la particularización de la realidad transfigurada en noción argumental de profunda libertad, al estar soportada por una dialéctica subjetivante. Tal es el caso de la representación simbólica del amor y sus múltiples mecanismos de autoreconocimiento del sujeto; el amor diversificado en antagónicas visiones que hacen cada vez más productiva y provechosa su inferencia dentro de los ámbitos de la significación. De esta forma el amor roza las individualidades para mostrar al enunciante trasvasado en sus necesidades subjetivas que indefectiblemente determinan su acción humana; o el amor colectivizado y transferido a las instancias místicas, patrias, ideológicas, para configurar las dimensiones de una aporía cada vez más enriquecedora. Y así podemos pensar en otras isotopías: nostalgia, felicidad, esperanza, realización, para de esta manera reflexionar desde las utopías probables.
Asimismo estas singulares operaciones de constitución simbólica posibilitan la asunción de la realidad en un orden de constante construcción, sujeta a circunstancialidades enunciativas que denotan un carácter polisémico, propiciador de elementos esenciales para deshacer las posiciones interpretativas referidas a una realidad inamovible e incuestionable, una vez que ha sido aplicado un procedimiento científico. De allí las consecuencias de las codificación argumentativas que pretenden formular, por una parte, la bóvedas conceptuales donde son guardadas herméticamente los deslumbramientos de lo real; o por la otra, las argumentaciones animistas centradas solo y específicamente en el sujeto y su vida, sin dejar cabida para el dialectismo existencial.
De esta forma sobresale en este planteamiento el sujeto como ente activo en los procesos interpretativos constituyentes de la dialéctica discursiva-argumental, capaz de reconstruir realidades más allá de las constreñidas visiones de totalidad cuantitativa y blindaje científico que no puede someterse a redimensiones o reinterpretaciones. Así la inclusión de una hermeneusis subjetiva apunta hacia un giro argumental que rompe barreras y homologa fronteras para plantear, desde las dimensiones del sujeto, escenarios de la significación recompuestos mediante los órdenes patémicos generados por la pandemia del Covid-19.
Debido a esto, la hermeneusis sensible posibilita el correlato teórico que cohabita dentro de una filosofía del lenguaje, concurrente en los procesos de subjetivación, a manera de recursos de interpretación, que en el caso particular de este trabajo, puede especificarse desde los planteamientos de Paolo Fabbri alrededor del giro semiótico (2004) con las consideraciones sobre la aplicabilidad de la inferencia cognitiva y lo metafórico, a modo de instrumentación argumental, al:
Juntar de manera eficaz una semiótica cognitiva de la inferencia y una semiótica narrativa de la parábola. Yo creo que la semiótica de nuestro giro será la que pueda adoptar ambas estrategias. Esta hipótesis volverá a dividir las culturas: por un lado la cultura humanista (como lugar de la narración y las metáforas), por otro la cultura científica (como lugar de la inferencia lógica y del conocimiento) (2004: 92)
Acorde con lo planteado por Fabbri, es preciso destacar la consideración sobre una filosofía del lenguaje a razón de mecanismo de reflexión profundamente patémica, que en el caso del Covid-19, cobra una importancia determinante al ir más allá de la corporeidad física para convertirse en una amenaza existencial, de agravio a través de diferentes consecuencias, que acrecientan las nociones de finitud mediante la desaparición del otro y la vulnerabilidad del sujeto en extrema lucha contra la muerte. Ocurre entonces la trasformación del autoreconocimiento más allá de la presencia física para materializarse en los procesos de evocación referencial, en los cuales, la distancia, el temor, la vulnerabilidad e impotencia juegan un papel fundamental al momento de la acción comunicativa
Todas estas consideraciones sobre la valoración del discurso metafórico en los intentos enunciativos por asirse a realidades concretas y reconfortantes, ante la amenaza de la finitud, es evidente en otras ramas del saber, tal es el caso de la antropología filosófica de Paul Ricoeur y sus consideraciones del sujeto en los desdoblamientos narrativos. Propuesta que ha ganado un valioso terreno argumentativo en la construcción de la identidad enunciativa como sostenimiento de criterios sostenidos por la intersubjetividad; identidad que juega un rol por demás importante e imprescindible al momento de construir textos en determinados momentos o circunstancialidades enunciativas. De allí la vigencia de las consideraciones ricoeurianas sobre narratividad-temporalidad:
El mundo desplegado por toda obra narrativa es siempre un mundo temporal. […] el tiempo se hace tiempo humano en cuanto se articula de modo narrativo; a su vez, la narración es significativa en la medida en que describe los rasgos de la experiencia temporal (Ricoeur, 2004: 39)
Con respecto al Covid-19 y la construcción de campos semióticos, esta aludida temporalidad o circunstancialidad espacio-temporal, implica una serie de elementos definitorios al momento del quehacer investigativo, pues ella posibilita la inserción de lo patémico en la base fundacional del conocimiento, que aunado a la cotidianidad, implica el escenario o plano enunciativo adherido a los órdenes intersubjetivos que van a vincular los ejes de la significación con la construcción de lógicas de sentido a través de procesos de subjetivación. De esta manera, la hermeneusis sensible entrelaza experiencias particulares con el sentir colectivo, para crear lugares de encuentro y conciliar angustias; hacer de las distancias: cercanía.
Al respecto es importante resaltar las insistencias discursivas sobre el surgimiento de una ‘nueva normalidad’ con la aparición del Covid-19, cuando en realidad lo que está operando es la construcción de una identidad narrativa en función de las circunstancialidades devenidas del acontecimiento subversor de la realidad, e impulsor de una nueva codificación significante. En todo caso, el acontecimiento irruptor exige renombrar en función de sus influencias referenciales, esa realidad. Pero al mismo tiempo, el enunciante debe crear identidades narrativas como formas de reconocimiento de sí mismo, del acontecimiento y del otro, para conformar la identidad humana, de allí que, la temporalidad se haga profundamente humana, reflexivamente sensible.
En consecuencia, el establecimiento de una ‘nueva normalidad’ pasa por la conformación de nuevos campos enunciativos capaces de contener el Covid-19 como acontecimiento diversificado por las múltiples aristas que van a enriquecer su interpretación, que en este caso particular, está centrado en el sujeto y sus espacios de la cotidianidad, sus escenarios y acciones comunicativas más cercanas. Hecho que justifica la aplicación Ontosemiótica a través de la afectividad-subjetividad para privilegiar el cuadrante sujeto-texto-sujeto-contexto, mediante el tránsito simbólico del texto entre tres ejes fundamentales: individuo, interpretación y conocimiento, enfocado este último alrededor de la sistematización de una vivencia entronizada por actos conscientes e inconscientes del productor de discursos, al intentar conciliar las disímiles variables de significación en una contextualización determinada. Por lo que siempre estamos en presencia de un sujeto enunciante que construye el objeto enunciado plenamente consustanciado con su espacio significante.
De este modo el conocimiento es interpretable a través de un individuo, al mismo tiempo, el individuo es interpretable a partir del conocimiento, ambas posibilidades reproducidas por tres premisas vinculantes del discurso: a) todos los sistemas de signos contribuyen a configurar una realidad, b) el mundo del texto entra en colisión con el mundo real para rehacerlo y c) el mundo del texto tienen una relación consignable con el mundo real. Puesto que todo acotamiento al ser reconfigurado discursivamente es articulado por una polisemia enriquecedora de sus relaciones de significación, innegablemente entreverada a la vivencia y su acción reconfigurante de lógicas de sentido.
Bajo esta perspectiva, la realidad confrontada con los universos simbólicos, deriva en formas enunciativas que intentan dar cuenta de ella y de quienes la enuncian; constituyendo este proceso, la convergencia del pensamiento, la acción, la memoria, la tradición y el símbolo para el autoreconocimiento del sujeto, que para Foucault, representa: “la clave de una memoria esencial. Además: la relación entre la reflexividad de sí sobre sí mismo y el conocimiento de la verdad se establece en la forma de la memoria. Uno se conoce para reconocer lo que había conocido” (2001: 423). Entonces, el reconocerse induce a la construcción de gramáticas patémicas que tratan de nombrar bajo la reminiscencia, recordar imaginando, y de esta manera, establecer las conexiones e interdependencias de los imaginarios socioculturales a configurarse alrededor del sujeto enunciante.
Ante tales argumentaciones es necesario recalcar la construcción de imaginarios socioculturales mediante la antagonización entre la conciencia histórica y la conciencia cósmica como formas retributivas de significación a través de las objetividades a crearse mediante los procesos de subjetivación. Proceso que muy bien pudiera catalogarse como semiosis de lo imaginal por su constitución en principio en la conciencia cósmica del sujeto para luego hacerse colectiva, validarse dentro de la conciencia histórica. Teniendo como ejemplo determinante la figuración del mito dentro de la construcción de campos semióticos a colectivizarse y convertirse en paradigmas ductores de la humanidad.
De los anteriores planteamientos puede deducirse la construcción de escenarios de la significación donde conviven las racionalidades entrelazadas a los procesos de subjetivación y soportadas por una semiosis de lo imaginal, a manera de presencia enunciativa del sujeto a través de la inserción del subjetivema² a razón de garante de esa presencia explícita o implícita del enunciante. Particularmente la Ontosemiótica reconoce a ese subjetivema dentro de los mecanismos de embrague para la construcción de imaginarios socioculturales sostenidos por principios empáticos-identitarios que ayudarán al posicionamiento de sujetos, textos y contextos en circunstancialidades determinadas por la ambivalencia argumental de lo objetivo y subjetivo, ideología y utopía, materialidad y espíritu.
Temporalidades humanas y semiosis de la pandemia
Ahora bien, para efectos de este acercamiento y en cuanto delimitación referencial, procedemos a reconocer al Covid-19 dentro de una semiosis de la pandemia, o escenario significante que contiene las claves para intentar develar el entramado isotópico constituido por diferentes aristas, las cuales, proveerán referencialidades para las diferentes concepciones argumentativas a entretejerse al acontecimiento referido y su figuración de campo semiótico. Han implosionando los escenarios enunciativos para crear campos semióticos de profunda relevancia. Con la denominación de semiosis de la pandemia³, la intención se vuelca sobre el lugar de confluencia de un creciente articulado sígnico, construido mediante fusiones simbólicas que construyen disímiles nociones de realidad, y obviamente, a través del lenguaje, el sujeto intenta reconocerse dentro de ellas. Esta semiosis de la pandemia permite además, la vinculación de un presente con otras referencialidades, cuyos contenidos y relaciones dialógicas, guarden patrones similares que permitan establecer las consabidas concatenaciones isotópicas, tal cual están siendo realizadas entre el Covid-19 y la peste española de 1918.
En relación a las fusiones simbólicas, estas permiten a las variables de la significación, hacerse comunes en los tiempos históricos narrados bajo la codificación de la circunstancia enunciativa –en este caso, la pandemia–, e implican la construcción de andamiajes sígnico-simbólicos, en medio de los cuales, cabe destacar para el propósito de este trabajo, la angustia del sujeto frente al quiebre de las certezas científicas, los acechos de la muerte y la destrucción que generan condiciones colectivas más allá de las especificidades particulares de los espacios físico-geográficos, para hacer de las interdefiniciones semióticas, la oportunidad de acercamiento interpretativo alrededor del orden patémico y sus probabilidades de asumir las condiciones argumentales desde el autoreconocimiento del sujeto en sí mismo y el otro.
En tal sentido es necesario recalcar que el articulado sígnico de esta semiosis, hace concurrente la conciencia histórica advertida por sus desdoblamientos en: lo social, político, económico, cultural, ideológico, religioso, y otras tantas configuraciones argumentales que han ido surgiendo en los denominados tiempos de pandemia. E indudablemente, dejan traslucir el sentido y significado de toda semiosis, al intentar ordenar lo acontecido según las relaciones de significación y construcción de lógicas de sentido, pues, la semiosis, al estar sustentada por el lenguaje, posiciona al sujeto enunciante en los escenarios de la significación a través de la dinámica surgida de los procesos conversivos de materia significante en materia significada, para diversificar las diferentes interpretaciones de lo acontecido en sus múltiples refiguraciones.
No obstante, esa conciencia histórica no es capaz de interpretar exhaustivamente el hecho acontecido. Por ello la configuración de una semiosis de la pandemia agrega un sólido elemento reconversivo para incorporar al sujeto enunciante que atribuye especificidades a un objeto significado –Convid-19– por medio de una interacción simbólica mediada por un escenario significante, propulsor de las imágenes a transfigurase en argumento a partir de la dialéctica argumental, que en este caso particular, se basa en el sujeto textualizado, al mismo tiempo, en el texto estructurado por procesos de subjetivación sostenidos por el ya aludido subjetivema ontosemiótico. Pero además de ese poder reconversivo o regenerativo del acontecimiento dentro de la dialéctica discursiva, la semiosis al posicionar sujetos, textos y contextos, crea la certeza no solo argumental, sino existencial.
Entonces la semiosis de la pandemia infiere el dialectismo existencial como vía interpretativa paralela a las concepciones médicas, sociológicas, estadísticas, culturales, que intentan dar cuenta del acontecimiento que actualmente sacude a la humanidad. Interpretado este dialectismo desde la fusión simbólica de la realidad con los acaeceres del sujeto, para intentar narrar esa realidad transferida mediante el desdoblamiento de las unidades discursivas, que permiten analizar los contextos soportados por la hibridez referencial y la multiplicidad yoica, contenidas en diversos planos enunciativos a manera de interpretación. E indefectiblemente el sujeto pasa a ser el centro referencial de la enunciación a ser transversalizada con las diversas nociones identitarias y de posicionamiento en la temporalidad humana, la temporalidad existencial.
Visto desde esta perspectiva, el Covid-19 surge a razón de isotopía subversora de los órdenes establecidos, hace tambalear las certezas e impone una serie de crecientes interrogantes provisorias de inquietudes a transformarse en medios de interpretación, no solo estadístico-referencial, causalidades sociohistóricas, aplicación de políticas gubernamentales o mecanismos de inclusión/exclusión. También enfrenta al sujeto enunciante a un profundo dilema existencial al descentrarlo con su fuerza devastadora e imposibilidades de ser controlado científicamente. E indudablemente esta imposibilidad hace latente la subjetividad antepuesta a cualquier fórmula argumental, porque en ese sentido, los valores subjetivos del mundo íntimo del sujeto enunciante afloran a la dialéctica enunciativa para tratar de encontrar las anheladas respuestas.
Implica el tránsito hacia mundos primordiales para guarecerse provisoriamente en estamentos como la fe, la solidaridad y la esperanza. Impelencia de una consciencia fundamentalmente cósmica para apuntar hacia el paraíso perdido y recurrentemente añorado, insistentemente delineado por la afectividad-subjetividad y su potencialidad de recurso apelativo para intentar reconfigurar el presente enunciativo, una manera particular de fabular para resarcir angustias y alentar influjos vivificantes de las huellas del pasado por medio de la nostalgia de la época desplazada violentamente. En este caso envuelta en los hálitos de una ‘normalidad’ arrancada de la manera más abrupta, y, distendida entre el pasado extraviado en las mareas de la pandemia y el futuro por construir, que inevitablemente evocan la ayuda divina para proseguir el tránsito terreno.
Sobre este aspecto es importante detenerse un tanto sobre la consideración de la nostalgia de la época desplazada que crea bases para la añoranza argumental. Porque acá la referencia a la nostalgia desborda la usual caracterización de enfermedad o las consideraciones greimasianas de su jerarquización de acuerdo a las transformaciones tímicas del sujeto. Sino más bien, a partir de las consideraciones de la nostalgia a manera de constructo sensible o metáfora de la corporeidad sensible, que sirve de instrumento de goce y trascendencia del individuo al recurrir sobre un acontecimiento sometido a los procesos de recordación desde la esencia existencial.
Este soporte sobre la añoranza hace de la semiosis de la pandemia un trasvasamiento de ejes significantes que sobreponen la acción patémica y los procesos subjetivantes del discurso a los principales elementos constitutivos de éste, al diseñar sus estructuras desde donde el sujeto trasciende de lo humano por anhelar la libertad en medio de la tragedia, esa tragedia que implica el replantearse las formas de habitar el mundo, reconocerse dentro de un tiempo fundamentalmente existencial. Así los hechos profundamente causales, y en su mayoría sostenidos por explicaciones racio-objetivistas, son permeados por la incausalidad por siempre presente en la evolución de la humanidad: el reconocimiento de instancias extracorpóreas –transtextuales– que conforman asideros tan ciertos como la desesperación misma.
Este afloramiento de los mundos íntimos del sujeto posibilita la preeminencia de lo intersubjetivo a razón de punto de partida de toda construcción de sentido y representación fundada en lo simbólico o conciencia cósmica que apelará a la resignificación de la realidad a partir del sujeto mismo, y así, por ejemplo, el estamento religioso de la conciencia histórica y las verticalidades del poder, darán paso al encuentro con el mito y su esencial representada por la deidad y la subjetividad trascedente que sirve de base patémica para los reencuentros con las certezas asediadas por la pandemia del Covid-19. Por demás, elemento homologante de la codificación sostenida por la semiosis de la pandemia y su estrecha vinculación con el dialectismo existencial.
Además de los descentramientos de este sujeto en cuanto a las certezas, la semiosis de la pandemia indica un movimiento de distanciamiento social hacia lugares del confinamiento, al provocar la migración de los espacios públicos a los íntimos y aislarse, lo que taxativamente significa una reclusión, prisionero en su propia morada, lo cual potencia nuevas admisiones de sentido acerca de la cotidianidad y sus lugares de referencia. Porque atenidos a la acepción del término confinamiento de la RAE: “Pena por la que se obliga al condenado a vivir temporalmente, en libertad, en un lugar distinto al de su domicilio”. Paradójicamente, esta definición calza perfectamente con los actuales momentos y los efectos extranjerizantes de los sujetos en sus espacios más que cotidianos, domésticos.
La noción de extranjería enunciativa es importante recalcarla porque aporta valiosos indicios para la noción de descentramiento del sujeto y la consiguiente búsqueda de mecanismos de reinserción dentro de las dinámicas simbólicas, para intentar crear alternativas en torno a la ‘normalidad’ resignificada por efectos del Covid-19. Ahora los diversos medios de comunicación formulan etiquetas referentes a las actividades supeditadas a los efectos del virus; por ejemplo: “el amor en tiempos de Covid-19” es una que circula profusamente por las redes sociales para abrir ‘hilos’ sobre el tema a ser abordado desde lo místico hasta lo erótico, pero siempre el amor y su vinculación con la posibilidad de suturar rupturas o superar carencias.
Más adelante, volveremos a las redes sociales para puntualizar la acechanza de la muerte y las formas simbólicas a surgir para tratar de conjurar la finitud de la vida. En este momento quisiera significar mediante la isotopía del amor la transversalización referencial que permite la coalición de tiempos históricos, pero también la de historia y ficción para apuntalar alternativas ante la realidad asediada por la pandemia, en este caso específico, aludir a la emblemática novela del nobel colombiano, Gabriel García Márquez: “El amor en tiempos del cólera”, para precisar relaciones legitimantes de la realidad con la ficción y viceversa, con base en un dialectismo existencial que crea espacios reparadores para conjurar la afrenta y agresión del medio exterior.
Precisado por esta argumentación, el amor de consideración muy individual pasa a convertirse en isotopía cultural o espacio de normatización del sujeto y sus acaeceres sujetos a una resignificación de la normalidad, ya no proveniente del referente histórico convencionalizado, sino de un constructo imaginal que indudablemente reinterpreta el acontecimiento que toca muy de cerca al escritor de la novela, pero por efecto de los procesos de subjetivación posibilita el asumir ese acontecimiento imaginal con base en una argumentación profundamente patemizada.
Ciertamente los sujetos confinados por la pandemia difícilmente se reconocen en sus espacios comunes, pues viven entre el temor al contagio y el constante deseo de interactuar socialmente, a pesar de las advertencias gubernamentales o de la batería publicitaria desplegada por diferentes medios para tratar de reivindicar simbólicamente la casa y su refiguración como morada que guarnece frente al peligro y el acecho de la enfermedad. El resurgimiento de esa notación de resguardo evidencia la conversión isotópica de un eje temático crucial para el logro de los objetivos trazados, en cuanto a la prevención de la enfermedad.
Quizá la casa ante el vértigo de las sociedades actuales y en presencia del Covid-19, era simplemente el lugar de descanso luego de las jornadas laborales e interacciones en los espacios públicos, y, los espacios domésticos, especie de paréntesis en medio del mundo de la oficina, los centros comerciales o la escuela. Mientras las circunstancialidades de la vida diaria insistían más en la exterioridad como puntos centrales de la acción humana; ahora la casa debe ser redescubierta en toda su red simbólica para sentirse habitante pleno de esos escenarios, recordemos con Bachelard, que ella es
Sin duda alguna, un ser privilegiado, siempre y cuando se considere la casa a la vez en su unidad y su complejidad, tratando de integrar todos sus valores particulares en un valor fundamental. La casa nos brindará a un tiempo imágenes dispersas y un cuerpo de imágenes (1993: 33)
De alguna manera en la interacción simbólica de la casa con los enunciantes ocurre un proceso de humanización-objetualización para destacar los espacios del centramiento y de legación sensible para la apropiación de escenarios mediante su incorporándose a la vida afectiva, circunscribiéndose a otras esferas profundamente patémicas por la categorización afectivo-espacial, de posesión, al mismo tiempo de disposición hacia esos espacios, que a raíz del confinamiento social producto del Covid-19 son redescubiertos, resignificados a partir de la necesidad de protección y resguardo.
Por las consideraciones anteriores, la casa contiene los valores esenciales de la temporalidad humana, diversificados por los espacios interiores o formas de generación de sentido y significado, soportado por la transversalización referencial, que consustancia todo un orden simbólico que la lleva a corporeizarse y asumir instancias de anatomía semiótica, para reforzar la corporeización de los acontecimientos, con la figuración de imágenes patemizadas⁴. En este sentido surge una corporeidad simbólica para servir de interpretante de las relaciones del sujeto enunciante con sus entornos más íntimos y sentidos, en los cuales, las redes sociales cumplen un rol fundamental a razón de ventanas siempre dispuestas a la interacción y el encuentro con el otro a pesar de las distancias.
#Quédate en casa, #la escuela en casa, #yo me quedó en casa; representan particulares etiquetas de una semiosis de la pandemia, mediante la contextualización de códigos específicos para ilustrar el tránsito simbólico a sucederse mediante la dinámica enunciativa convergida en imaginario sociocultural, donde puedan reencontrarse la conciencia histórica y la conciencia cósmica con la territorialidad del sujeto advenido por el orden simbólico o su capacidad de narrar la realidad, además de reconocerse a través de ella. Al mismo momento de advertir la trascendencia de su figuración enunciativa que pueda guiarlo por los caminos del conocimiento con la ayuda de formas espirituales detentadoras de la esencia del hombre.
Evidentemente la misma etiquetación del confinamiento, produce ya a nivel discursivo, una acción predicativa que hace pensar en la apertura de espacios adheridos a la ‘normalidad’ pre-pandemia o punto de conferimiento de los antecedentes referenciales, evidentemente determinantes en la circulación simbólica del sujeto dentro de los espacios de la significación. Pero al mismo tiempo son parte de la concienciación del confinamiento o estado actual de la carencia –acontecimientoque induce a la creación de mecanismos resignificantes para superar la necesidad a partir de diferentes perspectivas enunciativas, todas ellas, centradas en el sujeto acechado por las circunstancias exteriores.
Reconocido de este modo la dialéctica enunciativa de la ‘nueva normalidad’ del Covid-19, la semiosis de la pandemia involucra un campo semiótico configurado por un sujeto transfigurado en texto, diversificado por el poder alegórico del orden simbólico; a decir de Castoriadis:
Sea un sujeto que vive una escena en lo imaginario, se entrega a un ensueño o dobla fantásticamente una escena vivida. La escena consiste en <<imágenes>> en el sentido más amplio del término. Estas imágenes están hechas del mismo material del que pueden hacerse los símbolos; ¿son símbolos? En la conciencia explícita del sujeto no; no están ahí por otra cosa, son <<vividas>> por ellas mismas (1983: 246)
En este doblarse/desdoblarse está significada la conciencia semiótica devenida de la interacción del sujeto con el objeto enunciado, o conciencia significante mediante la cual es posible reordenar la realidad. Precisamente esto está evidenciado en la semiosis de la pandemia, al hacer ambivalentes los lugares de la enunciación, especificados por: una realidad presente, la añorada y los puntos neutrales para la conciliación de las pérdidas y carencias, que propenden hacia la estabilización sígnico-simbólica por medio de la aceptación de lo modificado como punto de resguardo y reconversión de las certezas. Evidencia por demás contundente de los tránsitos del sujeto enmarcado en imágenes hacia escenarios enunciativos caracterizados por los procesos de subjetivación-alegorización.
De esta forma, la realidad presente o acontecimiento base de la semiosis de la pandemia, es el centro de generación referencial a diversificarse gracias al acotamiento simbólico por parte de la realidad añorada o principio sostenedor de todo el goce nostálgico⁵ del sujeto enunciante, para producir la transterritorialidad o convergencia dentro de lo divergente de una ‘normalidad’ del pasado y las circunstancias enunciativas del presente que buscan reacomodarse en función de una nueva sistematización de lo cotidiano. En este caso específico, reiteramos el papel preponderantemente de los medios de comunicación, una de las ventanas a consolidarse en la constitución de la semiosis de la pandemia y los espacios del confinamiento.
Ante estas circunstancias el sujeto enunciante puede volver a vivenciar los momentos circunscritos a las del mundo de la ‘normalidad’, pues este parece detenido en las programaciones de los medios de comunicación, más aún, en los mensajes publicitarios que siguen alentando el consumo y el desplazamiento enunciativo de los sujetos, quienes vuelven a sus espacios de natural confinamiento frente a las influencias ideológico-mercantilistas, que a pesar de la ‘normalidad’ previa a la pandemia, siempre los han habitado al ser sencillamente ciegos instrumentos de consumo. Esta dinámica enunciativa hace ver el distanciamiento social bajo una metafórica mirada de cercanía, cercanía que apela a las redes intersubjetivas para forjar testimonios profundamente patémicos y de allí lograr sus fines y propósitos.
Paradojalmente la distancia está traducida en cercanía contenida más allá del estamento físico-geográfico para hacerse presencia virtual e incidencia metafórica donde lo afectivo-subjetivo reacomoda, reacondiciona esferas y espacios significantes, para fundar espacios del reconocimiento, lugares para habitar bajo la égida de nuevas instancias simbólicas o semiosis de la pandemia que está estructurada por la concatenación isotópica que permite la consolidación de lo antagónico:
De las “formas simbólicas” no puede detenerse nunca a describir separadamente cada una de ellas en su estructura espiritual particular y en sus medios específicos de expresión, sino que una de sus tareas principales consiste en determinar la relación recíprocas de dichas formas, relación que resulta tanto de su correspondencia como de su oposición, tanto de su atracción como de su repulsa (Cassirer, 1975: 179)
Lo anteriormente referido consolida la figuración de campos semióticos interactuantes e indiferenciados que llegan a constituir bloques de materia significante que gracias a la estructura espiritual considerada por Cassirer en la cita anterior, es interpretada desde la Ontosemiótica, al agregar al cuadrante propuesto en párrafos anteriores, la afectividad-sensibilidad a manera de argumento de consolidación interpretativa, para poder enunciarlo bajo la siguiente perspectiva: Ser sensible, objeto sensibilizado, ser sensible, escenario sensibilizante. Circunstancia teórica en la cual la semiosis de la periferia encauza sus propósitos hacia una semiótica patémica que privilegia la corporeidad y el deseo en los principios básicos de su figuración simbólica.
Específicamente la sensibilidad y sus recorridos por los diferentes planos enunciativos aludidos, produce la certificación patémica del enunciado mediante la figuración de los subjetivemas como vías de apropiación de la realidad acontecida, en función de la experiencia del sujeto y su reafirmación en la del otro, cuya reafirmación propicia la fortaleza argumental básicamente empírica pero profundamente interaccionante, al límite de convertirse en una certeza determinante para interpretar la realidad, tal es el caso de los diversos planos de la cotidianidad desde donde el sujeto se corporeiza en las redes sociales. para afianzar sus intenciones de sentar presencia en medio de la pandemia del Covid-19.
Ya no se trata de simple exhibición a través de un avatar, ahora estamos en presencia de una necesidad subjetiva de reafirmación corpórea asumida a partir de los espacios domésticos, con la predisposición al placer, el goce y el disfrute; sea éste sexual, culinario o de manifestación artística. Pero siempre constituyendo nuevos campos enunciativos para referir el acontecimiento irruptor –Covid-19–; crear los elementos para su reconcomiendo en los espacios narrativos. Esto es, dentro de la temporalidad humana.
Bajo el reconcomiendo de la temporalidad humana, se une el cuerpo y el deseo a las concatenaciones isotópicas, para develar la circulación intersubjetiva y la configuración de una lógica subjetivada, que hoy intentan interpretar los tiempos de pandemia a través de las redes sociales. Que en el caso del confinamiento, revela la existencia de un sujeto virtual transtextualizado por los órdenes metafóricos de la ensoñación frente a la carencia y la pérdida de los espacios de la ‘normalidad’. Es más, el sujeto virtual media entre la realidad y el sujeto amenazado por el acontecimiento, posibilita escenarios de la reconversión sígnico-patémica para crear puntos de encuentro y conciliación.
Ontosemióticamente podemos hablar de la fundación de una ciudadanía virtual que vincula el sujeto amenazado con la realidad circunscrita a las posibilidades de la cotidianidad, no solo vistas desde la conciencia histórica; sino también entrelazada por el orden simbólico-metafórico de la conciencia cósmica y sus redes significantes soportadas por la fe y la esperanza, no sólo bajo la referencia mística, aunque esta sea la prevaleciente en estos momentos, sino con la reafirmación del sujeto por medio de la virtualidad como espacio del resguardo, el reencuentro y las posibilidades de manifestarse desde la esencia patémica amenazada por la propagación del Covid-19.
De esta forma, en la virtualidad el sujeto queda reafirmado por la esencia discursiva de la cotidianidad, pues al ubicarse en los espacios domésticos, enuncia apoyándose en las instancias más sentidas para corresponderse con un otro que también habita ese espacio de la inmediatez, donde lo corpóreo es holograma de profunda significación para traducir al sujeto en su imperiosa necesidad de metaforizar los mundos pretendidos, añorados y anhelados. Allí precisamente las redes sociales comienzan a impregnarse de un imprescindible e interesante dialectismo existencial transfigurado en mecanismo generador de dialécticas discursivas.
Bajo esta óptica las redes sociales han pasado a configurar un extenso y sincrético tamiz óntico o espacio de la corporeización simbólica de quien enuncia, evidenciado por la semiosis de la pandemia, al revelar la enunciación sostenida por el mundo del sujeto y el mundo de las cosas para alegorizar los nuevos espacios a habitar, más allá de la realidad proveedora de los insumos significantes apegados al orden estrictamente cognitivo, y así descubrir los principios enunciativos de la esfera patémica encarnada por una necesidad subjetiva que reconforte y aliente.
Los principios enunciativos de la esfera patémica están representados por una sensibilidad reflexiva, punto de encuentro del sujeto con sus circunstancias enunciativas desde la conciencia semiótica, o punto develador de la trascendencia del sujeto enunciante transfigurado en cuerpo simbólico, que va más allá de la convencional iconografía de las redes sociales, porque allí lo explícito debe dar paso a lo implícito contenido en las diversas estructuras simbólico-enunciativas para dar cuenta de un mismo acontecimiento: el Covid-19. Es por ello que las redes sociales han pasado a ser rutas de la esperanza para el encuentro virtual que antecede al ansiado reencuentro físico.
Allí son múltiples las intenciones disuasivas para ralentizar el acontecimiento y hacer más llevaderas las acechanzas anunciadas por las cifras oficiales de infectados, recuperados y fallecidos, siempre signadas por el desconcierto ante la presunción de falseamiento de los datos por parte de los organismos oficiales o gubernamentales. Es la incertidumbre frente a una amenaza no corporeizada y sujeta a múltiples representaciones, de origen incierto al no comprobarse si fue creado o surgió espontáneamente de la naturaleza a consecuencia de su creciente deterioro.
Aun no surge la esperada noticia de una vacuna o antídoto que devuelva a la población mundial a una ‘normalidad’ condicionada por tan horrorosa imprevisibilidad que ha sacudido a todos por igual, asomando fundados indicios con respecto a la fragilidad de la raza humana, acrecentando las brechas de desigualdad entre centros y periferias, países desarrollados y no desarrollados, poblaciones vulnerables que estrepitosamente son lanzadas por un abismo social que no pareciera tener fin. Todo lo apuntado y otras variables, obligan a insistir por una nueva normalidad que permita habitar nuevamente los espacios añorados, estar de vuelta en los espacios públicos para sentir el acicalamiento del orden colectivo que nos rescate de las islas del confinamiento.
He allí la funcionabilidad de la semiosis de la pandemia al promover la diversificación de las relaciones de significación y ampliar las posibilidades para replantear lógicas de sentido, al destacar al humano-ser conjurando las acechanzas de la pandemia por medio de la parodia y la ironía. Innumerables memes hacen de la amenaza una mirada revertida al corporeizarlo de distintas maneras, ir constituyendo un cuerpo plural que permita la anatomía semiótica, en la cual todos se vean reflejados no solo en la correlación orgánica, sino por la concatenación simbólica que evidencie las alternativas yoicas de los mundos primordiales que siempre van a coincidir en las manifestaciones afectivo-subjetivas, que en los momentos de reflexión subjetivada, pasan a configurar las esferas de la trascendencia.
Todo ello hace viable y justificable la creación de la esfera yoica imaginaria para hacer real un cuerpo simbólico que como David desafíe a Goliat, donde la honda está materializada por el discurso de lo imaginal, ejercido a manera de principio fundamental de la potencialidad creadora y conversión de las relaciones significantes, en mecanismos de subjetivación metafórica para el establecimiento de una paridad semiótica de la experiencia individual, en construcción colectiva legitimada por las tensiones y distensiones culturales como los grandes escenarios de la resignificación.
Sobre estos principios, la vida constituye una hermeneusis sensible, mientras la sensibilidad, un método de interpretación soportado por el sentir, tal cual es definido por Xavier Zubiri:
El sentir, en cuanto sentir, es realidad real. […] El sentir, como realidad, es la patencia “real” de algo. En su virtud, podemos decir que el sentir es ser de veras, esto es, el sentir es la primaria realidad de la verdad (1987: 74).
Por lo que la conciencia semiótica estará contenida en ese sentir transfigurado por la corporeidad simbólica, esa que en la semiosis de la pandemia, hace de la subjetividad el principio enunciativo para disponer del lenguaje como una instalación del sujeto dentro de su identidad narrativa, mediada por el autoreconocimiento y el reconocimiento en el otro ,con la ayuda de vínculos intersubjetivos, que crean caminos alternativos de significación frente a la violencia del Covid-19 y sus devastadoras consecuencias. Caminos representados por constructos imaginales conducentes a la reinserción del sujeto en los campos semióticos portadores de una nueva ‘normalidad’ fundada por la esperanza de vida, y con ella, las posibilidades del reencuentro.
Sobre esta referencia son vaticinados cambios en la acción humana y devenires de la humanidad, todos los caminos parecen conducir a la subjetividad reflexiva a manera de principio fundante de textos que sirvan de testimonio aleccionador, una vez superada la crisis. Espejos latentes de la fragilidad humana y las consecuencias de las equivocadas prácticas gubernamentales en los diferentes campos que garanticen servicios equitativos para toda la población sin distingos de ninguna índole. Pareciera ser que el principio de esperanza surgiro, está sostenido por los pilares de la afectividad-subjetividad y las probabilidades de transfigurarse en elemento fiduciario de la acción humana.
Frente a la circunstancialidad enunciativa del Covid-19, la práctica discursiva está enraizada en el lenguaje de los símbolos que permite resignificar los acontecimientos bajo la creación de estructuras de sentido reconfigurantes de una semiosis de la pandemia, desdoblada a su vez, en sujeto, texto y contexto, para proponer la configuración de diversos planos de interpretación o formas de cohabitación de diferentes elementos analogizados por medio de la praxis discursiva-interpretativa, para ir más allá de la lógica de la identidad, e interrogarse en las instancias narrativas del texto, quien sujeto a la argumentabilidad, deja de ser un simple objeto físico para proyectarse como un entramado de significaciones en constante construcción por intermedio de lógicas de sentido establecidas con los diversos posicionamientos que ofrecen la alternancia referencial y la fusión simbólica.
Las redes sociales: el gran obituario contemporáneo
Uno de los rasgos característicos de la evolución de las sociedades ha sido el tratamiento de la muerte. A través de ella, el hombre intenta descifrar claves ineludibles para interpretarse e interpretar diversas y controvertidas circunstancialidades. Al principio, conmemorándola con grandes monumentos y rituales, para luego encubrirla con las iconografías funerarias modernas, al aspirar minimizar su fuerza cuestionadora de la supremacía humana en relación con el fin natural de la existencia. Con la aparición y propagación del Covid-19, las redes sociales se han transformado en el gran obituario contemporáneo significado por diferentes analogías que evidencian la desaparición no sólo física, sino fundamentalmente, espiritual del sujeto acorralado por el distanciamiento social y enfrentado a sus propios temores.
Ahora más que nunca el sujeto requiere de estructuras reconciliadoras suscritas por la fe y presencia de la deidad para abrir horizontes paralelos a la ciencia que lucha denodadamente para encontrar las vías más expeditas para frenar los efectos devastadores de la pandemia del Covid-19, que fuerza al sujeto a buscar mecanismos de resistencia al confinamiento dentro de la contingencia social; estructuras materiales y simbólicas para lograr modificar la situación planteada por medio de la superposición de planos enunciativos que van desde la publicación de cadenas de oración, hasta el humor desacralizador de la gravedad de la situación.
De allí que las redes sociales representen diversas dimensiones enunciativas, entre ellas: la expresión comunicativa ideal en medio de la pandemia, una forma de vencer la atmósfera de censura a establecerse en torno a ella, el fortalecimiento de aparentes falacias argumentativas a adquirir nociones de certeza en medio de polémicas incertidumbres, la creación de fake news para la consecuente desinformación y manipulación de contenidos; aplicaciones discursivas que indudablemente tienen su soporte en las consabidas prácticas del rumor.
Ahora bien, en tiempos del Covid-19 asumamos la muerte a razón de isotopía de acercamiento argumental estrechamente vinculada a la salud, el sexo, lo culinario y las alternativas salariales de la población, sin menoscabo a otras que por naturaleza sígnico-simbólica van a gravitar alrededor de la isotopía base. Todo ello para significar la antagónica conversión de las redes sociales en un implícito obituario que va más allá del balance estadístico del número de fallecidos, e inquirir en la recurrencia colectiva del descentramiento del sujeto con respecto a la construcción de su vida según la perspectiva afectivo-subjetiva.
En tal sentido el sujeto implícito en las redes sociales y manifestado por medio de la virtualidad, lucha contra la disolución sígnico-simbólica con que lo acecha el Covid-19 a manera de ente de ruptura discursiva, cuyas normas inmanentes desplazan al sujeto de su figuración trascendental. Aún más, sobrepasa hasta los sentidos de referencia originarios para postular un sujeto devenido de la institucionalización social: el sujeto enfermo y padeciente a consecuencia de un enigmático virus que irrumpe la ‘normalidad’ para crear el caos y la desesperación, acercando al sujeto a las dimensiones de finitud que lo excluyen de la continuidad histórica.
Hasta aquí el sujeto transversalizado por las circunstancias sociohistóricas busca redimirse más allá de la sujeción y subordinación a las reglas del poder, los sistemas del saber y los condicionamientos sociales que lo gobiernan, para configurarse en entidad simbólica, capaz de potenciarlo mediante el dialectismo existencial, al convertirlo en instancia espacio-temporal o plano enunciativo que supera la crasa figuración literal, para referirlo en función de la intermediación discursiva y las estructuras de la experiencia o mundos primordiales, a manera de pluralidades significantes.
Ahora más que nunca, el sujeto requiere de estructuras reconciliadoras suscritas por la fe y presencia de la deidad, que abran horizontes paralelos a la ciencia en su lucha por encontrar las vías más expeditas para frenar los efectos devastadores de la pandemia del Covid-19, que fuerza al sujeto a buscar mecanismos de resistencia al confinamiento dentro de la contingencia social; estructuras materiales y simbólicas para lograr modificar la situación planteada, por medio de la superposición de planos enunciativos, que van desde la publicación de cadenas de oración, hasta el humor desacralizador de la gravedad de la situación.
Así es común encontrarse en las redes sociales la devoción a la deidad y sus diversos mecanismos intercesores en medio de un amplísimo rango de significación, donde la presencia divina no es mera casualidad, pues es tan originaria como la vida misma. Paralelamente constituye una concienciación alrededor de la bondad divina. Es muy frecuente encontrarse con mensajes alusivos a ello: “Si estás leyendo este mensaje en la tranquilidad de tu casa y no en la habitación de un hospital, es porque Dios está contigo protegiéndote”, para descartar el azar y concretar la acción implícita con la presencia divina al potenciar la refencialidad discursiva bajo la triangulación simbólica de la muerte, la vida y la salvación legada por el influjo divino y la creación de escenarios que desbordan el tiempo presente para constituir una identidad narrativa a partir de una vuelta a los espacios del eterno retorno donde residen las temporalidades humanas.
Esta discontinuidad referencial logra ser reencauzada por la presencia de la deidad e instalación en espacios más allá de la dimensión terrena, para asumir la trascendencia en función de la conciencia para habitar una ciudadanía mística, embragada por múltiples consideraciones que han acompañado a la humanidad por todos los tiempos y espacios, fundamentalmente asumidos según las connotaciones de la bondad del padre creador, que en momentos cuando las circunstancias acechan, adquiere visos de una magnanimidad única y determinante.
Por otra parte la gran amenaza del Covid-19 se cierne sobre el cuerpo, el gran centro de la enunciación para anularlo física y simbólicamente, hasta el extremo de llegar a desarraigarlo de los rituales funerarios como formas simbólicas de hacer más comprensible ese tránsito de la vida hacia la muerte, aún más, reiterando el establecimiento de codificaciones consagratorias de las dimensiones arquetípicas de la humanidad configuradas por lo sagrado y lo terreno. Asimismo la ritualidad funeraria reafirma las posibilidades de supervivencia y afianzamiento del sujeto a la vida, la solidaridad con sus semejantes y la creación de espacios de la significación devenidos por los procesos de recordación e instauración de ejes temáticos homologados por el dialectismo existencial.
Con la afrenta del Covid-19, la enfermedad además de dolencia física pasa a ser sinónimo de soledad, de desconexión del enfermo con su entorno mediante un decreto lapidario de muerte. Para que surja otro aislamiento, mucho más cruel que el ‘normal’ a cumplir en casa, la soledad contigua a la muerte sin posibilidad de despedirse del otro que espera impenitente del otro lado de los espacios del contagio. De allí la propuesta de dotar a los enfermos de Covid-19 de dispositivos para que puedan estar en contacto con sus familiares, y en todo caso, despedirse ante la inevitable aparición de la muerte.
Sin lugar a dudas estamos en presencia del encuentro de los sujetos con la mediación de la virtualidad, o punto de encuentro transversalizado por lo simbólico, que ofrece posibilidades de contemplarse en la supervivencia reiterada por el situar el cuerpo dentro de los espacios domésticos, en momentos al natural, en otros bajo el artificio del maquillaje o las prendas de vestir que irrumpen la cotidianidad íntima para mostrarse a través de las redes sociales; “Hoy me vestí de gala para sentirme más viva que nunca”, escribía una mujer al pie de una foto donde se mostraba en todo su esplendor; vestida para la vida en medio de la acechanza de la muerte y reafirmarse en ella misma con profunda proyección hacia el otro.
Al igual, los llamados nudes o packs hacen traslucir a Eros contrapuesto a Tánatos, para reafirmar la vida por intermedio del deseo en franca oposición a la subjetivación del sufrimiento, propuesta por la práctica religiosa o el dolor puramente orgánico de la objetivación científica, puesto que:
El erotismo aunque es del sujeto, no le pertenece. Siempre, para sentir y vivir la sensualidad, hace falta otro por lo menos, no importa si es fantaseando o se encuentra, como se dice, en cuerpo y alma. La referencia necesaria a otro es indispensable puesto que el sujeto por sí solo únicamente encuentra el vacío sin-sentido de la ausencia del otro que se le revierte como falta en ser propia, es necesaria pues la palabra o el gesto del otro para que el sujeto tenga un asidero donde el decir tenga como consecuencia la producción de una significación (Aguirre y Vega, 1979: 169).
El estamento corpóreo permite la convergencia de la razón y la pasión en la concienciación del deseo y el placer, al representar una posición discursiva profundamente eficaz para la normatización de la vida erótica dentro de los planos de la cotidianidad, por demás, privilegiados por la mirada u operación semiótica iniciática, que permite hacer atribuciones sobre aquel cuerpo transgresor del orden divino y de todos los órdenes constituidos bajo la convencionalidad social, para construir un orden simbólico alternativo que permite un proceso de resignificación producido por la interrelación de un sujeto erotizante y un objeto erotizado. Creando sus propios espacios de la significación de una sensibilidad que indudablemente apunta hacia la trascendencia del sujeto.
Vamos entonces al encuentro de otro vehículo de la trascendencia radicado fuera de la corporeidad mística y acendrado en la erotización del objeto, impulsada por la triangulación simbólica de una imagen de lo real, su conversión erótica y el surgimiento de la imagen erotizada para servir de transferencia enunciativa entre el acontecimiento, la corporeidad física y los tiempos plenamente definidos, a ser desbordados por una construcción de sentido y disolución temporal, que permita la subversión de la conciencia histórica y la consecuente aparición de la legitimación en el placer y la satisfacción. Un modo de sobreponer al poder de la muerte con la celebración de la vida en las instancias cotidianas.
Posicionados en las esferas del placer y la satisfacción, el cuerpo representando el centro enunciativo por excelencia, conjura por las redes sociales las acechanzas de la muerte proferidas por la pandemia del Covid-19, al reafirmarse en manifestaciones culinarias y convertir la combinatoria de determinados ingredientes e insumos en apetitosos y coloridos platos a ‘compartir’ gráficamente; celebrar la vida apostada en la normalidad intentada recuperar a través de esas acciones. Logrando así una red intersubjetiva que desborda el simple momento de la alusión mediática para abrir posibilidades de materialización de en imaginarios socioculturales, al engrosar sus ejes de referencialidad en otros espacios enunciativos. Tal cual acontece en los actuales momentos con los miles de venezolanos obligados a emigrar y que desde otras latitudes están aferrados a sus mundos primordiales a manera de mecanismos de supervivencia.
En tal sentido la exposición de un emblemático producto culinario representado por el tequeño, hace convalidar una serie de procesos de subjetivación, para desmarcarlo de la simple atribución alimentaria y trasladarlo hacia una identidad nacional patemizada. Hoy día mestizado por los efectos colonizadores de este producto en otros espacios geográficos. Otra cara de la trascendencia del sujeto adherido a sus mundos primordiales, aflorados con profundamente preeminencia ante las circunstancias actuales impuestas por la pandemia del Covid-19.
De por sí, el hecho de que todas estas isotopías estén enmarcadas alrededor de una base sociohistórica, implica su justa consideración para evaluar, reflexionar y proponer argiumentaciones, no solo a partir del punto de vista patémico del sujeto, sino también en función de las contextualidades diversificadas por las relaciones de poder, principios ideológicos, intereses políticos-partidistas, económico-mercantilistas, religiosos, que derivan en la inclusión/exclusión de la población en cuanto a las bonanzas de los Estados, o las penurias mismas, confrontadas con las circunstancias afrontadas, pero por siempre caracterizadas por la desigualdad e inequidad.
Estas situaciones por lo general, caricaturizadas por las redes sociales, para desmontarla de forma transpuesta de las estructuras enunciativas representantes de la hegemonía del poder, al mismo tiempo de servir de denuncia frente a las arbitrariedades cometidas en nombre de la solución a la crisis originada por la pandemia del Covid-19, que cada vez más descentran al sujeto de las reales oportunidades de supervivencia. Creándose con las redes sociales planos enunciativos que permiten debatir según diferentes perspectivas el eje temático de los actuales tiempos: el Covid-19.
Por lo que realizar esta interpretación soportada por diferentes núcleos temáticos, posibilita la oportunidad de discernir los planos enunciativos a converger alrededor de la referencia propuesta. Todo ello vinculado a las dimensiones del imaginario sociocultural concebido desde la hermeneusis sensible, para inferir fundamentalmente en lo simbólico-patémico o campo enunciativo revelador de isotopías religiosas, políticas, ideológicas o de sobreseimiento discursivo para enfrentar la desgarradora situación planteada a través de mecanismos esperanzadores.
No obstante, soportadas por los antagonismos complementarios, las redes sociales concurren a un obituario ceñido a una muerte real y latente que acecha al sujeto recluido en sus espacios de confinamiento, conmovido por el acelerado crecimiento del número de infectados, fallecidos y el constante aumento del riesgo de contraer el Covid-19. Son las marcas de la finitud y el asedio de las circunstancias tan implosivas como las consecuencias que arrollan la humanidad. Pero al mismo tiempo, afincados en los espacios de la semiosis de la pandemia, surgen otros espacios de la significación que conducen a la reconfiguración sígnico –simbólica, por medio de los cuales, puede atribuirse la trascendencia interpretada a modo de autoreconocimiento y proyección en el otro para la figuración del sujeto plural que busca su identidad narrativa.
Ahora se trata de una identidad narrativa pluralizada por la acción humana, articulada a partir los espacios de la cotidianidad, donde los confinamientos físico-geográficos son superados bajo la cadencia de estructuras simbólicas que reflectan al ser compelido en su esencia primordial, asido a sus espacios domésticos, fluctuando entre las acechanzas de la pandemia y las esperanzas por su superación y restitución de una ‘normalidad’ por siempre imaginal o guía permanente de los anhelos de ayer, hoy y los de los tiempos futuros.
En síntesis, el Covid-19 transferido a las dimensiones enunciativas en función de lo afectivo-subjetivo, representa la multiplicidad de los cambiantes procesos de resignificación donde el lenguaje y su capacidad de regeneración referencial hacen posible la dinamia textual. De esta forma la hermeneusis sensible permite el discernimiento de espacios y tiempos dentro de la cadena de significaciones y sentidos, en la cual la transversalidad referencial-subjetiva sirve de anclaje del sujeto transfigurado en discurso potenciado por la construcción/constitución de configuraciones imaginales, que van más allá de la expresa literalidad, para convertirse en evidencia del tránsito indagatorio a través del orden simbólico.
Al contener ese tránsito la revelación de lógicas causales sustentadas por la relación tríadica de: sujeto-texto-contexto, surgen las potencialidades patémicas y los procesos de subjetivación, como mecanismos para formular alternativas argumentales vinculadas a las relaciones intersubjetivas de lo discursivo-representacional, que hace coincidir los planos enunciativos en función de lo literal y lo figurado, a manera de relaciones de significación orientadas bajo un determinado propósito de investigación. Ontosemióticamente, estaremos hablando de convergencias espacio-temporales reveladas a través de la consustancialidad referencial y la fusión simbólica; dos formas de articular lógicas de sentido y de la significación.
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Notas