Conflictos, violencia y territorio en el Nordeste de Argentina
Hacía una teoría crítica de la muerte. Líneas para su construcción
Hacía una teoría crítica de la muerte. Líneas para su construcción
Theomai, núm. 34, pp. 56-64, 2016
Red Internacional de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo

Introducción
Este escritoplantea la necesidad de construirun saber sobre la muerte, que dé cuenta de la relación que existe entre el modo en que se dan las condiciones en que acontece, su repercusión en el entramado de relaciones que constituye la sociedad y su vinculación con el sistema de producción que configura un territorio determinado. Partimos desde el supuesto de que el sistema de producción determina el modo que adquieren las relaciones sociales; y que,por lo tanto, dan forma a la vida de los individuos, y también a larealidad en que acontece el fin de la misma.
La reflexión plantea que si la muerte de los sujetos y el modo en que se incorporaala dinámica social tiene relación con el sistema de producción y reproducción de la vida material, entonces, cabe preguntarse cuál es y cómo se da esa relación2. Por lo que la pregunta inicial sería acerca de la especificidad de la muerte en el sistema capitalista, que es el vigente en la actualidad. Es decir, cuáles son los elementos que constituyen el hecho de morir.
Este planteo implica un abordaje poco explorado sobre la muerte, que por otra parte, ha sido una cuestión trabajada por otras disciplinas. Es sin dudas, uno de los temas fundamentales de la filosofía, que la consideró como límite antropológico, horizonte donante de sentido, posibilidad más plena de los hombres, etc. En el siglo XX, con Heidegger,la muerte adquiere su mayor potencia en la reflexión ontológica, ya que queda plegada a la existencia misma del hombre (dasein), a quien define como ser-para-la-muerte (Heidegger, 2006).En casi la totalidad de los casos, estas reflexiones no se han movido de un plano teórico-especulativo, y han buscado realizar afirmaciones de validez universal.
Por otra parte, la antropología también hizo su aporte al tratamiento del tema, abundan los trabajos (diacrónicos y sincrónicos) acerca delas concepciones a través de las cuales diferentes culturas comprendían la muerte, los ritos que la acompañaban y la significación que esto tenía o tiene para los grupos estudiados. En este caso, los trabajos se basaron mayormente en la recolección de datos empíricos, y con alcances limitado al campo de estudio escogido (Duche Pérez, 2012).
Por nuestra parte, el abordaje pretendido tiene que ver con el tratamiento social que recibe la muerte en la sociedad local contemporánea. ¿Qué implica morir en Corrientes, Argentina en la actualidad? Es la pregunta que nos empujó a comenzar la investigación.Responderla nos plantea una serie de dificultades. Una importante es cómo dar cuenta científicamente de un hecho atravesado por tantas variables. El primer paso, la delimitación, nos introduce en el mundo de lo social. Entonces el problema pasa a ser dar una explicación acerca de las implicancias sociales de la muerte. La pregunta por la muerte, se torna un momento de reflexión sociológica, en la medida en que consideraremos “lo social” – léase, el entramado de relaciones entre sujetos que constituye la sociedad – como posibilidad de construir una explicación que contenga las nociones individuales de los procesos.
“… en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia.”(MARX, 2001: [4])
Según Marx la superestructura social está levantada sobre los cimientos creados a partir de las luchas de las distintas facciones sociales, en donde el sistema productivo, posee centralidad, ya que es el modo en que se reproduce materialmente la especie. Basados en esta consideración es que intentaremos responder a nuestra cuestión inicial, entendiendo que así como la reproducción material de la vida está determinada por las características del sistema de producción, así también el modo de comprensión y de asimilación social de la muerte se basaría en el mismo proceso.
Este planteamiento nace de la necesidad de explicar el modo desigual con que es tratada la muerte en diferentes ámbitos; en un intento de describir los procesos de reproducción de inequidades sociales, reflejados en el tratamiento que reciben los sujetos.
1. Intento de explicar la relación muerte-sistema productivo
1. 1. Las condiciones
Creemos que existe una vinculación entre el sistema productivo y el acontecimiento3 denominado morir. Y que esta vinculación puede leerse en una serie de configuraciones sociales que le preceden como condiciones para que aparezca.Cuando hablamos del tratamiento social nos referimos a una serie de acciones a las que es sometido el fenómeno de la muerte; que permite sea procesado socialmente y enarbolado como símbolo.
Recalcamos la calidad de símbolo por un doble motivo. Primero, porque nos permite corrernos de una interpretación biologicista, que resulta insuficiente (Baudrillard, 1993). Segundo, porque nos permite interpretarla en términos de biopolítica, donde cumple un rol de regulación social fundamental. Debido a que, la muerte,lejos de la inacción con la que se la asocia, o la idea de que nos iguala, pareciera que genera una multiplicidad de acontecimientos, que la convierte en un modo más de ejercicio de control de la población.
“La muerte no debe ser entendida jamás como el suceso real de un sujeto o de un cuerpo, sino como una forma –eventualmente la de la relación social– en la que se pierde la determinación del sujeto y del valor.” (Baudrillard, 1993: 9)
Un punto importante en el análisis son las condiciones en que se da la muerte de los sujetos. Partimos de la base de que nadie se muere “naturalmente”, de que la muerte es un hecho social ya que acontece a partir del entramado de relaciones sociales que constituían al sujeto y que estas se modifican o desaparecen. Para Baudrillard, esta relación social es una forma eventual que adquiere la muerte, sin embargo, en nuestro abordaje es la fundamental, debido a que es ella quien define el acontecimiento como tal.
Lo que intentamos al considerar de este modo a la muerte, es el afán de poder explicar los procesos en que ésta aparece naturalizada, como lo normal, cuando lo que esconden son una serie de condiciones que la han hecho darse, muchas veces inhumanas. Es la base para poder entender ciertos procesos, como por ejemplo los genocidios. A los cuales no es posible entenderlos sin tener en cuenta la variante productiva que determinaba el territorio en los que tienen lugar. Con esto no se quiere decir que el genocidio sólo es posible en el capitalismo, lo que se afirma es que está ligado a él, que cuando está presente le da ciertas especificidades. Un ejemplo de esto es la instrumentación de la muerte como manera de resolución de los conflictos surgidos a partir de las transformaciones ocasionadas por la introducción del proceso capitalista de producción en un nuevo territorio.
El exterminio de poblaciones comenzó a ser cada vez más la lógica natural de los modos de resolución y recuperación de las crisis económicas y sociales desencadenadas por la expansión creciente a escala mundial de las relaciones sociales capitalistas, resueltas (¡?) – todas ellas – desde la perspectiva, hegemonía y dominio impuestos por el uso de la violencia de los sectores propietarios más concentrados y monopolistas del capitalismo. (Marín, 2007: 38)
1. 2. Las clases sociales
Entendemos que se puede establecer la relación entre el sistema productivo y el acontecimiento muerte, considerando las distintas clases sociales que componen lo social en el sistema capitalista4. Cuando hablamos de clases sociales, las usamos en su acepción marxiana (Marx, 1991), es decir como fracciones que se constituyen a partir de la lucha entre sí.
Cuando hablamos de lucha de clases, estamos refiriendo a una forma, un método, un dispositivo de conocimiento y transformación de la realidad y comprensión de los momentos históricos, cuya característica consiste en avanzar más allá de las investigaciones reducidas a un campo disciplinario; asumiendo que la única constante en el desarrollo de las sociedades es el cambio y los conflictos son constitutivos de su existencia. (Rozé, 2015: 9-10)
Pensamos que la interrupción de la vida para cada clase no representa lo mismo, puesto que lo que está en juego, es la capacidad de producción de cada sujeto, a partir de la prioridad del cuerpo para la reproducción material en la clase proletaria.
En este sentido, la muerte puede pensarse como la imposibilidad de poder reproducirse materialmente, porque el cuerpo ya no puede ser empleado como elemento de trabajo. Por lo que la muerte física no es la definición prioritaria, sino el símbolo, de la verdadera muerte, que es la extinción de la utilidad del cuerpo del obrero. Es esa pérdida de la determinación del sujeto y del valor, de la que hablaba Baudrillard, que en definitiva es una relación creada por el sistema de producción. Si esto es así, y si la comprensión relativa de la muerte, está asociada a las necesidades del sistema productivo, cabe preguntarnos a cuáles, cómo se da y en qué consiste el proceso de formación de la valoración acerca de la muerte.
Una interpretación posible es que el tratamiento de la muerte de los individuos es diferencial, de acuerdo a la clase social de la que provienen y obedece a los componentes ideológicos que configuran el ordenamiento social. Esta afirmación se evidencia en los conflictos que emergen cuando algo amenaza con modificar dicha organización, cuando los modos de gobierno han sido insuficientes, y se produce un exceso (Murillo, 2008), ante lo cual se constituyen fracciones que se disputan la “verdad” acerca de los cuerpos de los muertos (causas, modos, cantidad, consecuencia, necesidad, etc.), otorgándoles a éstos un valor simbólico. El caso de los Desaparecidos de la última dictadura cívico-militar, es emblemático. Más recientemente, Susana Murillo (2008) estudia las víctimas del incendio del establecimiento República de Cromañón, que dejó 194 muertos. Con otros matices, también puede ser considerada en este sentido, los reclamos de “seguridad”, tras la muerte de Axel Blumberg. En todos ellos, la lucha es por la construcción acerca del discurso de verdad que haga aparecer a la muerte como algo determinado, pero que en realidad es resultado de la oposición de distintas formaciones sociales.
Hay dos análisis necesarios que hacer en este lugar. Primero acerca de los procesos que configuran la especificidad de la muerte en el sistema capitalista. Y segundo, cuál es la comprensión que de ese hecho sostienen los sujetos que la integran. Estos análisis están presentes en los dos momentos a los que nos referimos más arriba (el del acontecimiento de la muerte, y el de su procesamiento social). Esta consideración pretende explicar el fenómeno en cuestión a través de su gestación en el mundo material: el sistema naturaleza-producción, donde se producen las condiciones de vida y el conjunto de ideas y acciones que se sustentan en ella, la matriz generativa que regula la relación entre lo visible y lo no visible, entre lo imaginable y lo no imaginable, así como los cambios producidos en esta relación (Žižek, 2005: 7).
2. Necesidad de categorizar la muerte
Aparece como primordial la necesidad de categorizar la muerte. Ubicarla en un lugar que nos permita decir (científicamente) algo sobre ella. En este sentido, un trabajo a tener en cuenta es el que refleja Marín en Los Hechos Armados (2007), donde explica la situación de la Argentina en el periodo 1973-1976 como una guerra civil, a partir de la clasificación del estado de los cuerpos, tras los enfrentamientos de las fuerzas armadas en conflicto. De este modo, el estado del cuerpo adquiere relevancia como categoría. En nuestro caso, el modo de darse la muerte puede ser un indicador.
Una mirada exploratoria al campo, puede llevarnos a intentar una primera división:
a. Muertes evitables: aquellas que de haberse aplicado la tecnología disponible en el territorio en que se produjo, no hubiera tenido lugar. En esta categoría entrarían las que aludimos más arriba, a las que se les suele clasificar como accidentales.
b. Muertes no evitables: serían todas aquellas que responden a causas biológicas irreversibles por el estado de la ciencia y la técnica disponible en el territorio en que se produce. Por ejemplo, las relacionadas con algunas enfermedades, la vejez, etc.5
Las que por lo general movilizan a la población son las muertes evitables, es decir, aquellas que acontecen en situaciones que comúnmente se reconocen como accidentales. Si a éstas las clasificamos según el modo en que son incorporadas a la dinámica social, podemos dividirlas en dos grandes grupos: las que generan algún tipo de reclamo y las que no lo hacen.
Algunos procesos que han desencadenado algún tipo de protesta, ya fueron estudiados e interpretados. Si bien, no es específicamente el mismo abordaje, constituye un antecedente fuerte en esta línea, los trabajos de Murillo (2008, 2009) que sostienen que existen códigos inmanentes, anónimos y forzosos que recorren una cultura. Y que es en la posibilidad de hacerlos emerger del anonimato, y tornarlos legibles, en donde estriba, alguna posibilidad de sentar las bases para procesos de transformación social.
Es decir que ante la muerte, la sociedad o la procesa de una manera prefigurada en esos códigos inmanentes que la recorren, o se ve desbordada y da lugar a un conflicto que requiere nuevos modos de reorganización, de colonización (Murillo, 2008). La pregunta es qué elementos son los que permiten dicho procesamiento, y cuáles provocan ese exceso. Nuestra hipótesis de trabajo es que esas características que no permiten que las muertes sean procesadas de un modo normal, tienen que ver con ciertas normas, costumbres o modos de vivir, que por lo general se suelen englobar bajo el rótulo de “culturales”, pero que en realidad responden a un tipo de “hacer” demandado por el sistema de producción vigente en nuestra sociedad.
Cuando la cualidad de las condiciones en que se produce la muerte es el carácter de “evitable”, en ocasiones se produce en el conjunto de la población una reacción, una ecuación insoslayable que ya no puede ser procesada institucionalmente (Murillo, 2008). Y que por lo tanto requiere una canalización. Es como si provocaran una especie de exceso, que la población no puede soportar, y que es necesario sea colonizado (Murillo, 2008), es decir reorganizado o reubicado de tal manera que permita continuar. Murillo habla de la colonización del dolor. Ante la impotencia generada por la muerte en determinadas circunstancias, se recurre a reagruparlo bajo alguna consigna, de manera tal que permita transformar la sensación individual en un reclamo colectivo.Así emergen conflictos en formas variadas, por lo general de reclamos por la aclaración del hecho, pedidos de justicia, solicitudes de indemnizaciones económicas, etc.
Queda al parecer la necesidad de explicar aquellos que son vaciados de su carga conflictiva y aparecen como normales, naturales o necesarios, según el marco desde el cual se lo interprete. Las condiciones en que se da la muerte en estos casos es desprovista de las características de negligencia o criminalidad, es decir de la responsabilidad que le caben a quienes las provocaron. Y se da paso a asignarle la categoría de “accidente”. El asociar el hecho a esta palabra, supone el ocultamiento de toda una serie de acciones y posibles reacciones que son negadas. Uno de los caminos a desandar es el que nos lleve a comprender cómo se produce ese despojo, cuáles son los mecanismos que operaron a nivel social, que permiten la asignación de esta cualidad al hecho.
3. Posibilidad de dar cuenta de procesos concretos
A partir de esto, se perfilan varios modos para plantear el diseño de la investigación. Uno es analizar un caso concreto, y determinar en qué medida es posible aplicarle estas consideraciones iniciales. Éste fue el esquema que nos trazamos inicialmente, cuando intentamos analizarla muerte de ocho obreros de la construcción en la ciudad de Corrientes. Creemos que puede convertirse en un observable capaz de poner de manifiesto esos procesos a los que nos referimos más arriba.
El hecho se produjo el 22 de marzo del 2012, cuando se desplomó una obra en construcción en el centro de la ciudad de Corrientes; ocho obreros perdieron la vida y cinco quedaron gravemente heridos. Tras esto, los familiares de las víctimas denunciaron a la empresa constructora por irregularidades en la planificación de la obra y al Municipio por falta de fiscalización de la misma. Sin embargo, todo fue sistemáticamente ocultado y no produjo ni social, ni política, ni jurídicamente algún tipo de reacción significativa.
El esquema metodológico trazado es el seguimiento de los procesos que han configurado las condiciones para que aparezcan esas muertes. Mirados a través del análisis de la repercusión mediática de la muerte de los obreros, el tratamiento judicial de la causa y lo que han dicho y hecho las personas involucradas en el derrumbe (responsables civiles de la obra, funcionarios gubernamentales, gremios de la construcción y familiares de las victimas).Por otro lado, aparece el examen del tratamiento judicial, que tiene lugar tras la muerte, lo que nos permitiría reconstruir las ideas básicas del acontecimiento que se ha hecho la sociedad en general. Buscando no apartarnos de un conocimiento acerca de la realidad material en la que nos movemos, sobre un tema acerca del cual se ha especulado mucho.
“…seamos absolutamente empíricos y no nos apartemos del hecho material; el cuerpo de los sujetos, e investiguemos las trayectorias de esos cuerpos, cuándo, dónde, cómo, hasta esclarecer en cada caso su situación, las responsabilidades, los hechos, los momentos.” (Marín, citado por Rozé, Inédito)
Si aceptamos la distinción entre evitables y no evitables, y buscamos los responsables de las del primer tipo, las podemosadjudicar a algunas de las formaciones que intervienen en la determinación de las condiciones de la muerte de los sujetos. Podemos pensar en el Estado, las corporaciones, la sociedad en general. Entones podríamos determinar, por ejemplo, que la muerte de los obreros a las que aludimos más arriba, es evitable y que la responsabilidad cae sobre el Estado a causa de la ineficacia del cumplimiento de las supervisiones necesarias. Y al cruzar con la responsabilidad que le cabe a la empresa constructora, sería posible determinar qué tipo de relaciones se formaron entre el Estado y esa empresa.
Sin embargo, este modo encarar la cuestión parece ser también un punto de llegada, para el cual no estamos lo suficientemente equipados. Por lo que el primer paso para la construcción de una teoría crítica o sociología de la muerte, tiene que ser la elaboración de un marco conceptual general que dé cuenta de los modos de darse la muerte en nuestra sociedad.
4. Líneas Finales. Sobre nuestras expectativas
Si aceptamos lo mencionado hasta aquí, creemos que son válidas las esperanzas de que la investigación propuesta pueda llevarnos, por un lado, a distinguir los componentes ideológicos que operan en una sociedad de referenciay el modo en que estos se comportan. Y, por el otro, al considerar el nivel de conflictividad alcanzado, podemos aproximarnos a percibir el grado de concientización y movilización de los grupos sociales involucrados. Es decir, hacer emerger del anonimato, y tornar legibles esos códigos inmanentes, anónimos y forzosos que dan forma a nuestra sociedad y que configuran nuestro hacer cotidiano.
Pero estas consideraciones son solo expectativas, ideas de lo que podemos ir haciendo y una carta de intención que cuenta los caminos que recorreremos. Por ahora, el objetivo de este trabajo fue comentar en donde nos estamos parando para mirar la muerte, cuál es el camino que estamos siguiendo; y creemos haberlo cumplido.
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Notas