Desarrollo y conflictividad socio-territorial en Patagonia
La Patagonia sur como espacio global para la expansión del capital transnacional
La Patagonia sur como espacio global para la expansión del capital transnacional
Theomai, núm. 34, pp. 139-151, 2016
Red Internacional de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo

Introducción
El espacio de la Patagonia Sur se caracteriza por estar atravesado mayormente de Norte a Sur por la Cordillera de los Andes, que une a Argentina y Chile pero diferencia a los sectores oriental y occidental hasta el Estrecho de Magallanes, donde este cordón gira hacia el Este en dirección al Atlántico y de este modo distingue dos sectores, Norte y Sur. En todos estos tramos el espacio cordillerano es un espacio de interacción, lugar de pasaje donde con excepción de los dos campos de hielos continentales, en el resto se trata de valles orientados en sentido EsteOeste. En el sector occidental, apretado contra la Cordillera, se distinguen tres tramos, uno en el Norte, perteneciente a las actuales regiones de los Lagos y el Norte de la de Aysén, uno central que se extiende sobre el océano Pacífico hasta el Cabo de Hornos donde los fiordos y el paisaje insular condicionan el poblamiento e incluso el pasaje, que obligadamente se realiza por vía marítima y un espacio al Sur, compartido con Argentina, correspondiente al espacio de área magallánica, en torno al estrecho. En el sector oriental predomina el clima árido con variantes, que se extiende desde las estribaciones de la Cordillera, hasta la costa del océano Atlántico, mientras que el lado occidental presenta también con pocas variantes un clima húmedo y con grandes precipitaciones.
Las características descriptas condicionan el acceso a grandes porciones de este espacio geográfico e introducen asimetrías no solamente en superficie apropiada por cada estado nacional sino también en términos de accesibilidad ya que se ven altamente beneficiados el lado oriental, mayormente argentino, apoyado sobre el Atlántico, el estrecho de Magallanes perteneciente a Chile y la Isla de Tierra del Fuego compartida entre los dos países. Con excepción de la Cordillera de los Andes, desde donde fluyen los ríos hacia los dos océanos, el recurso más escaso del conjunto de la región es el agua, mientras que los pastizales en espacios esteparios y de meseta, con más de un siglo de sobrepastoreo y con escasas excepciones se encuentran muy degradados y los bosques nativos en la cordillera y en espacios insulares solo se mantienen en el lado por las dificultades de acceso. Recursos mineros metalíferos como el oro, la plata o el cobre, entre otros, así como energéticos como el uranio o los hidrocarburos, se distribuyen de manera despareja en el subsuelo del conjunto de la región, a ambos lados de la cordillera y hasta las costas de los océanos.
La Patagonia Sur es una región binacional compartida entre Argentina y Chile. Cuenta con una superficie total de 746,954 km². El sector chileno, con 240.527 km², comprende las regiones XI de Aysén y XII de Magallanes y la Provincia de Palena perteneciente a la X Región de Los Lagos, mientras que en el lado argentino, con 490.380 km², la integran las provincias de Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico sur2. Una apretada presentación del área de estudio en términos demográficos muestra una situación también asimétrica, con dinámicas mucho más fuertes en el sector argentino que en el chileno. De acuerdo a los censos nacionales de Argentina (2010) y Chile (2012) cuenta con un total de 1.163.679 habitantes y una densidad de 1,56 hab/km². El lado chileno, con 249.603 habitantes en 2012 presenta una superficie, población y densidades más bajas que su par argentino3. Su densidad era en ese año de 1,04 hab/km² y la variación intercensal 2002-2012 de 3,01%. El sector argentino cuenta con una población de 910.277 habitantes y densidad de 1,86 hab/km² en 2010, con una variación intercensal del 27,9 %. De acuerdo a estimaciones de variación poblacional, en 2015 contaría con tan solo cinco ciudades con más de cien mil habitantes: Comodoro Rivadavia, Punta Arenas, Río Gallegos, Puerto Madryn y Trelew y solo la primera superaría los doscientos mil (INE, 2012, INDEC, 2010).
La producción del espacio en Patagonia Sur
En la actualidad se asiste al declive de la hegemonía de los Estados Unidos de América y se identifican al menos dos tendencias contrapuestas: una caracterizada por intentos de relevo por otras potencias, algunas de las cuales por primera vez no occidentales como China y la orientación eventualmente hacia un escenario multipolar, dominado por clases capitalistas de características a su vez nacionales y globales y aumento de tensiones geopolíticas en torno al acceso a recursos naturales: la otra, que cobra cada vez más presencia, de la conversión de instancias transnacionales como el FMI, la OMC, el Banco Mundial e incluso la Organización de las Naciones Unidas, entre otros, en espacios para la toma de decisiones, un Estado transnacional en formación y también la formación de un bloque histórico global, hegemonizado por una clase capitalista global. El resultado de estos procesos en los territorios, siguiendo el enfoque expuesto, propuesto por William Robinson y que constituye la hipótesis general y que fundamenta el título del presente trabajo, es que la Patagonia Sur se está constituyendo en espacio global para la acumulación del capital transnacional (Robinson, W. 2013).
Entendemos a esta acumulación en un doble sentido, por un lado la acumulación en términos de extracción y apropiación de excedentes del trabajo de los pueblos en los procesos de aprovechamiento de los recursos de sus territorios, por el otro, de intensa acumulación de capital fijo en el marco de procesos de ajuste espacial en porciones del territorio, ajustando y remodelando el espacio mediante construcción de infraestructuras, equipamientos y políticas públicas territoriales en general a efectos de proveer las condiciones de producción para el despliegue y realización de los mencionados procesos de extracción y apropiación de excedentes, de explotación de los territorios.
En la producción social de estos espacios globales de acumulación se pueden identificar asimismo procesos de desarrollo geográfico desigual y combinado, tal como estudia y precisan Neil Smith y James O´Connor, recuperando los aportes originales de León Trotsky y discutiendo distintos aportes posteriores (Smith, N. 1988; O´Connor, J 1991). El primero de los citados agrega por su parte que la producción del espacio por el capital implica la producción de escalas e identifica al menos tres: la escala local, micro-regional, urbana, la escala nacional y la escala global. Esta producción de escala, en el sentido citado, no es una herramienta de análisis sino un mecanismo inherente a los procesos de producción del espacio y de desarrollo desigual y combinado en el capitalismo, incluso en los momentos de crisis. Robinson (2013) efectúa parte de su crítica a la corriente de la economía-mundo de Wallerstein y Arrgihi, entre otros, argumentando que el recurso a la escala nacional como unidad de análisis de los sistemas mundo es a la vez un impedimento para la comprensión de procesos globales y lleva a entender al Estado como una estructura permanente, a-histórica4.
En la historia de la producción social del espacio patagónico sur se distinguen tres periodos y momentos clave, de intensa acumulación de capital transnacional y que condicionaron las trayectorias de los territorios. En este trabajo nos ocuparemos fundamentalmente de dos momentos, el primero, que se extiende entre 1875 y 1930, el segundo desde 1990 hasta la actualidad. Se trata de dos fases de la historia regional donde la Patagonia Sur estará fuertemente integrada, de manera subordinada, a circuitos de acumulación globales. En primer lugar el textil, hegemonizado por el capitalismo industrial británico, en segundo el periodo de actual, donde en un escenario parejo de aun más intensa integración subordinada a dinámicas globales en el marco de la expansión del extractivismo, se da una diversificación en función del tipo de recursos, pesqueros, minero energéticos e incluso el turismo. Entre ambos periodos se distingue un tramo donde se rompe parcialmente la integración de la región transfronteriza con el proceso de diferenciación, incorporación e integración efectiva a los respectivos estados y mercados nacionales.
En los apartados que siguen se exponen en primer lugar los rasgos que caracterizan a los dos momentos descriptos en la Patagonia Sur. Se profundiza luego el análisis en la Provincia de Santa Cruz y a escalas micro-regionales y locales en lo que hace al despliegue y apropiación de territorios por parte de los sectores dominantes, los procesos de ajuste espacial en términos normativos, jurisdiccionales y de obras públicas que tienden a modelar el territorio a efectos de asegurarse el control y la provisión de condiciones de producción, algunas de las contradicciones desatadas por estos propios procesos y los conflictos y resistencias resultantes desde las sociedades locales y los trabajadores.
En las dos fases identificadas como de integración subordinada al espacio global, la economía, la política y la vida social en su conjunto serán dominadas por una clase capitalista globalizada. En un primer periodo de origen parcialmente regional y local, fuertemente vinculada con una economía mundial en un incipiente proceso de globalización, en el marco de un escenario que transitará un momento de Inglaterra como potencia global, hegemónica e indiscutida a un periodo de crisis de esta hegemonía y disputas por su sucesión. En el segundo esta clase será definitivamente externa a la región y aunque cuente con algunos exponentes locales y nacionales, será fundamentalmente de carácter global y subordinada, en un proceso con final abierto.
La integración por el circuito textil
La región magallánica comenzó a ser explorada por las potencias europeas desde los primeros tiempos de la colonia cuando en la búsqueda del pasaje entre los océanos Atlántico y Pacífico Magallanes descubre el estrecho que lleva su nombre. Desde esos tiempos varios intentos de asentar colonos europeos fracasaron, de modo que recién se fundarán los primeros poblados a mediados del Siglo XIX, en la carrera por el control de la región y el asegurar la soberanía entablada entre Argentina, Chile y potencias europeas, fundamentalmente Inglaterra.
Un primer momento clave será la instalación de la gobernación marítima de Malvinas poco antes del inicio de las luchas independentistas, permanencia que aseguró posteriormente el naciente estado argentino hasta la ocupación por Inglaterra en 1833. Diez años después se funda la colonia penal de Fuerte Bulnes y enseguida la ciudad de Punta Arenas, sobre el estrecho de Magallanes. En este período, luego de una fase de acumulación que en la región será en parte originaria a partir de la fundación de Punta Arenas y su rol de puerto obligado en el cruce del estrecho para abastecimiento de agua y alimentos, la extracción de oro y el cobro de rescates de barcos naufragados en el estrecho de Magallanes, se producirá una primera diferenciación social entre los primeros colonos, de origen criollo y una naciente burguesía comercial inmigrante, procedente de Europa (Rodríguez, M 2003).
El despliegue de las dinámicas asociadas al circuito de acumulación textil se inicia en 1843 con la llegada de los primeros rebaños de ovinos a las Islas Malvinas. Desde esos momentos se exportaba a Inglaterra la totalidad de la lana extraída. En 1865 la creciente burguesía magallánica introducirá las primeras cabezas de ganado en el estrecho. Luego de los primeros años donde los establecimientos ganaderos ocuparán todo el litoral y en la medida que se concretaría la concesión del total de las tierras accesibles en el sector chileno, en 1887 se comenzarán a instalar en el Sur del Territorio de Santa Cruz. Se estructura de este modo una región autárquica, transfronteriza, con Punta Arenas como capital económica y sede lugar de toma de decisiones sobre los destinos de los territorios.
Los espacios interiores eran poco conocidos y fueron varias las partidas de exploradores chilenos, argentinos y extranjeros en algunos casos al servicio de las dos naciones sudamericanas. En el camino del despojo, el genocidio y desplazamiento de poblaciones Tehuelche, Selknam y otros pueblos que habitaban la región, los exploradores se apropiaron también de su amplio y profundo conocimiento del territorio, que enseguida será negado cuando en el apuro por entregar tierras el espacio se dividirá en parcelas cuadradas, de similares superficies y sin tener en cuenta accidentes de terreno o el acceso a aguadas. El escaso conocimiento de los ecosistemas y de los recursos existentes repercutirá posteriormente sobre la sustentabilidad de la actividad, afectada por el sobrepastoreo y la desertificación.
A inicios del siglo pasado, más de dos décadas después de introducido el ganado ovino, el territorio estaba completamente estructurado para asegurar el pleno funcionamiento de los eslabones más bajos pero esenciales del circuito textil.
En términos jurisdiccionales el carácter transfronterizo era sustentado indirectamente ya que la indefinición del límite internacional no tuvo mayor influencia. El “Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación entre la República de Chile y la Confederación de Argentina” de 1856, firmado entre los presidentes Montt de Chile y Urquiza, de la Confederación Argentina, establecía el régimen de “Cordillera libre”, que permitía la libre circulación de personas y mercancías, separando de este modo las necesidades de expansión del capital de las disputas territoriales y la resolución de la soberanía efectiva sobre los territorios (Bandieri, 2011)
Fomentado por la burguesía regional instalada en Punta Arenas y los gobiernos nacionales, al genocidio de pobladores originarios le siguió la proletarización de colonos provenientes del Norte de Argentina y mayormente de Chile y la llegada de nuevos pobladores de origen europeo, atraídos por las posibilidades de trabajo en el circuito textil y en la creciente industria frigorífica, inicialmente complementaria a la lanera pero que tendrá su despegue con la implantación de frigoríficos desde los primeros años de la década de 1910. La atracción de migrantes chilenos y europeos y la transculturación de pobladores originarios, sedentarizados e integrados al mercado de trabajo proveyeron mano de obra necesaria para el trabajo rural. Sectores medios, empleados en casas comerciales o pequeños comerciantes así como miembros de las burocracias de los gobiernos territorianos completarán el cuadro.
Para ese entonces las primeras casas comerciales, siguiendo procesos de fusión y concentración se habían convertido en grandes compañías comerciales, exportadoras de lana y carne, que dominaban la totalidad de las actividades de la región, desde el Sur de Tierra del Fuego hasta el Sur del Territorio Nacional de Chubut por el Este y los espacios al Sur de la Isla de Chiloé en el Oeste, con representaciones y casas comerciales en Buenos Aires, Valparaíso y Londres.
En la transformación de la economía mundo europea y occidental en economía mundial, el capitalismo produjo el escalamiento ampliando su espacio su dominio al conjunto del planeta (Smith. N. 1988). Parte de este escalamiento implicó asimismo procesos de reestructuración de espacios y regiones geográficamente periféricas mediante ajustes espaciales más o menos violentos.
Algunas de las características que definen a los espacios globales para la acumulación de capital se reflejan en el carácter transnacional y transfronterizo de la configuración de un territorio conformado como espacio integrado de manera subordinada, en un proyecto piloteado por la burguesía regional también fuertemente integrada a la economía mundial, apoyado por los gobiernos chilenos y argentinos. La potencia hegemónica del momento será incluso sobre la cual recaerán las tareas de arbitraje en diferendos limítrofes y en la definición de trazados de las fronteras en la región.
En 1920 se habían ocupado los mejores campos en el sur o sobre la costa, con menor receptividad pero cerca de los puertos. En numerosos parajes habitados ocasionalmente o de manera permanente, en cruces de caminos, desembocadura de ríos, en bahías y caletas se instalaron almacenes, frigoríficos, bancos, puertos, oficinas de correos, comercios, delegaciones de los gobiernos nacionales, como destacamentos policiales y establecimientos educativos. La circulación entre los distintos puntos de este espacio se realizaba por vía marítima de cabotaje y en los espacios interiores siguiendo las vías fluviales y las rastrilladas tehuelches.
El acondicionamiento del territorio mediante ajustes espaciales ya estaba concluido y las burguesías regionales se encontraban preparadas para nuevas escaladas en la ampliación de esferas de acumulación.
Crisis y desintegración de la región transfronteriza, la integración a los estados nacionales
En la década de 1910, la construcción y habilitación del Canal de Panamá y la Primera Guerra Mundial, poco después, ya en la década de 1920 la baja de los precios de la lana, terminarán en la vuelta progresiva de la región a su posición periférica. El apoyo estatal al desarrollo del mercado interno y las políticas proteccionistas asociadas y la sustitución de importaciones por parte de Argentina y Chile conducirán a la desintegración de la región.
La Patagonia sur sufrirá las consecuencias en dos procesos sucedidos en el mismo lapso temporal. En primer lugar, en los espacios rurales y localidades de toda la región, la creciente organización de la clase obrera, reclamando mejores condiciones de trabajo, se manifestará en un ciclo de huelgas que se extiende entre 1909 y 1922 atravesando fronteras, incorporando desde peones rurales hasta empleados de establecimientos frigoríficos y de las principales casas comerciales y el apoyo de pequeños comerciantes. Estos movimientos desembocarán en la toma de Puerto Natales (Chile) en 1911 por los trabajadores de los frigoríficos y fundamentalmente por las huelgas patagónicas de 1921 y 1922 que culminarán con enfrentamientos armados, la derrota y masacre de los huelguistas en las estancias La Anita en el Sudoeste de Santa Cruz y Jaramillo en el Noreste5. En paralelo el gobierno de Yrigoyen en Argentina comenzaba a enviar topógrafos y otros profesionales para tomar mejor conocimiento del territorio, verificar las dimensiones de los establecimientos y los propietarios, surgiendo las primeras denuncias contra la burguesía regional por acumulación fraudulenta de tierras y el recurso a testaferros. En segundo lugar y fruto tanto de la decadencia de Punta Arenas en su centralidad en las vías de transporte bioceánico como de la “nacionalización” de las políticas nacionales como por la anulación definitiva del régimen de Cordillera Libre, la intensificación de controles y el comienzo del cobro de tarifas aduaneras e impuestos a las importaciones, dejará de tener sentido la transfronterización existente. En la década de 1930 la baja de la demanda de salitre chileno y la crisis mundial golpeará fuertemente al país, las políticas de sustitución de importaciones y el desarrollo del mercado interno se sustentarán con los ingresos por las crecientes exportaciones de cobre. En cambio, el descubrimiento de petróleo en 1907 en Comodoro Rivadavia y el impulso a la actividad extractiva en el lado argentino mantendrá cierta dinámica en la Patagonia Sur, atrayendo nuevos migrantes procedentes del sur del país vecino. El descubrimiento e inicio de la explotación de carbón en Río Turbio dará lugar a similares dinámicas hacia el Sur. Recién en 1960 el inicio de la explotación de gas y petróleo en la Cuenca Magallánica/Austral permitirá la reactivación en las porciones más australes del espacio de estudio.
La cobertura de las condiciones para el despliegue de estas actividades extractivas se dará en tres momentos y espacios diferenciados. En el sector Norte, incluirá desde 1922 la construcción y adecuación de muelles portuarios, nuevas infraestructuras y equipamientos y mejoras de conectividad entre los nacientes campamentos petroleros y la llegada de nuevos contingentes migratorios que se localizarán en estos campamentos y también en las localidades prexistentes, dando lugar a fuertes procesos de ajuste espacial de espacios estructurados previamente en función del circuito textil, hacia las necesidades de la explotación petrolera. En el escenario de estos ajustes debe considerarse incluso el frustrado intento de readecuación de la organización territorial, con la creación de la Zona Militar de Comodoro Rivadavia, verdadera región funcional abarcando la totalidad de los espacios de la Cuenca de San Jorge6. En el Sudoeste del Territorio Nacional de Santa Cruz el desarrollo del circuito del carbón será garantizado por otros procesos de ajuste y readecuación en este caso con la construcción de una verdadera ciudad minero-industrial como será en la década de 1940 Yacimientos Río Turbio, la construcción del ramal ferroviario y nuevos muelles y barrios en Río Gallegos, así como la atracción y radicación de nuevos pobladores que en el caso de los mineros procederá, una vez más, del lado chileno, que ya contaba en ese entonces con tradición minera, o de Norte de la Argentina. Luego de la provincialización de Santa Cruz en 1957, Yacimientos Río Turbio siguió dependiendo del Estado nacional, como un enclave, pero en 1959 la provincia fundará la localidad de 28 de Noviembre en un acto de “geopolítica” interna a efectos de sentar su presencia en el espacio del carbón. En la década de 1960 se descubrirá la cuenca Magallánica/Austral en el Sur de la Región de Magallanes y de la Provincia de Santa Cruz y en el Norte del Territorio Nacional de Tierra del Fuego. La accidentada geografía del sector chileno llevará a la readecuación de la infraestructura portuaria de Punta Arenas, mientras que en el lado argentino las mejores condiciones llevarán a la construcción del gasoducto San Martín para llevar el fluido hacia los espacios más demandantes, en la Región Metropolitana de Buenos Aires y los otros grandes centros urbanos del país.
Un caso particular constituyen las medidas tomadas por los dos países en la década de 1970. En primer lugar la conformación del entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego como Área Aduanera Especial y la Promoción industrial en Argentina, instaurada en 1972 y la creación de la Zona Franca de Punta Arenas en 1977, con carácter de zona de importación libre de impuestos, integrada por la región de Magallanes, Aysén y la Provincia de Palena, la totalidad del área comprendida por el sector chileno de la Patagonia, tenían objetivos de atraer la localización de industrias y abaratar la producción para los mercados internos en ambos países. En el sector argentino como consecuencia directa de estas políticas se dará una significativa atracción de industrias en sectores principalmente electrónicos y se concretará el objetivo buscado, en el sector chileno terminará funcionando como gran centro comercial destinado a la venta de productos importados en gran parte destinado al comercio con Argentina. La puesta en marcha de estas políticas, con objetivos similares y en espacios situados lado a lado de las fronteras, coincidirán con el alza de las tensiones por el diferendo del Canal de Beagle que pondrán a la Argentina y Chile al borde de la guerra en 1978, en una situación que solo se normalizaría en 1984.
La formación del espacio global para la expansión del capital
La década de 1970 estuvo signada entre otros procesos por la crisis de los precios del petróleo y final de los treinta años “gloriosos” del capitalismo, que llevarían a su necesaria restructuración, implicando la misma la baja de costos de producción vía exportación de actividades intensivas en energía y mano de obra hacia espacios periféricos y ajustes sobre las condiciones de trabajo en los países centrales. En Asia a fines de esa época se dan las primeras medidas de apertura de China al mercado mundial en paralelo a la retirada de las tropas estadounidenses de Vietnam y lo que podría ser el inicio del declive de la hegemonía de esa potencia imperial (Harvey, D. 2012). En América Latina esos años estuvieron marcados por mayores niveles de conflictividad social, golpes militares, nuevas intervenciones imperialistas de los Estados Unidos de América. A diferencia de la primera fase de integración subordinada a un sistema mundial global asentado en el circuito ovino y todavía hegemonizado por el capitalismo inglés y su transición hacia la hegemonía de los Estados Unidos, este segundo momento, de nueva integración subordinada, no se asentará en una única actividad, aunque en términos generales, por las propias características de la actividad o por las prácticas concretas realizadas, se las puede englobar en torno al concepto de extractivismo.
La integración subordinada por los circuitos de base extractivista
En la Patagonia Sur las prácticas extractivistas se despliegan en diversos frentes donde se destacan por un lado las relacionadas con los recursos no renovables, como los hidrocarburos o la minería y por otro las actividades relacionadas con la explotación de recursos renovables, que se realizan mediante prácticas extractivistas, no renovables y que atentan contra la supervivencia de especies, como sucede con la pesca. Por último, actividades que no se relacionan directamente con la visión clásica del extractivismo como el turismo se realizan con características similares por el recurso al paisaje como principal atractivo de la región, la exclusión de poblaciones y actividades de los paisajes “prístinos” o la extranjerización de tierras en espacios rurales y en las localidades turísticas se asocia a los procesos relacionados con el extractivismo urbano.
En el caso del circuito de los hidrocarburos, en el lado argentino en 1967 se inicia el proceso de desnacionalización y privatización del conjunto de la actividad. Entre 1976 y 2012, en el marco de la desvalorización y privatización en 1992 y como producto de esas mismas políticas se dan procesos paralelos de desestructuración territorial y ampliación de las áreas de extracción. Una nueva etapa pareciera estar desatándose desde 2012 con el comienzo de la extracción de hidrocarburos no convencionales en el Norte de Santa Cruz. En la década del 2000 en el lado chileno se construirá la planta de etanol y en el marco de avances en los procesos de integración regional, el gasoducto que une los yacimientos de Tierra del Fuego con Punta Arenas.
El circuito pesquero también estará presente a ambos lados de la frontera del igual modo que el de los hidrocarburos, pero en este caso con mayor desarrollo del lado chileno fomentado por políticas nacionales permisivas, que llevarán a la expansión de la salmonicultura. En el sector chileno el puerto más importante será Punta Arenas pero la propia actividad llevará a la reactivación, adecuación o construcción de nuevas instalaciones portuarias. En el lado argentino el principal polo será Puerto Deseado y otros puertos en Santa Cruz mientras que en Chubut sucederá de manera similar concentrando la actividad principalmente en Puerto Rawson.
Otra actividad que se despliega a ambos lados de la frontera pero en este caso con creciente integración es la del circuito del turismo. Asociado a la valorización paisajística de los parques nacionales, desde inicios de la década de 1990 surge el turismo con su principal polo en El Calafate y su progresiva expansión hacia el Norte (RN 40) en dirección de El Chaltén y más recientemente hacia Chile, entre Río Turbio y Puerto Natales. Desde esta actividad se promueve y acentúa la integración entre Argentina y Chile, con la mejora de accesibilidades entre localidades y de acceso a áreas protegidas. La pregunta que surge del análisis de iniciativas crecientes de compra de tierras por parte de extranjeros, sobre todo en los últimos años, es si estamos frente a nuevos desarrollos de una actividad económica como es el turismo o si se trata de fenómenos de extranjerización de la tierra no vinculados al turismo, que funcionan como residencia temporal de algunos de los más ricos del planeta o en otros casos como espacios de apropiación de territorios y constitución de espacios de reserva de “recursos” forestales, agua, minerales, etc y hasta de especulación inmobiliaria rural. Son necesarias nuevas investigaciones sobre estas dinámicas en marcha fundamentalmente en espacios cordilleranos, para su comprensión en los casos conocidos y la identificación y caracterización de fenómenos similares que puedan estar ocurriendo en otros espacios e inclusive del lado chileno. Investigadores del país trasandino avanzan en estas líneas desde hace algunos años (Núñez, A y Aliste, E. 2016).
Una de las actividades más dinámicas de la región es la minería metalífera, que se realiza principalmente del lado argentino, en el sector de la Meseta central en la Provincia de Santa Cruz, y en la XI Región de Aysén en el sector chileno, en espacios cercanos a la frontera. Existen otros espacios donde se ha detectado existencia de importantes yacimientos, sobre el espacio cordillerano del lado argentino. Por el momento en estas áreas no se realiza ninguna actividad aunque es permanente la presencia de equipos de exploración. En esta actividad, estudios recientes identifican dos etapas, una primera etapa que se extiende entre 1990 y 2003 caracterizada por la adecuación de los marcos normativos, la intensificación de la exploración y el inicio de las primeras exploraciones y obras como el caso de Cerro Vanguardia en Santa Cruz desde 1997. La segunda etapa, entre 2004 y 2010, será del auge de la megaminería metalífera en el marco del “consenso de los commodities” (Basualdo, F, Barrera, M y Basualdo E 2013). Existiría una tercera etapa posterior a 2011 caracterizada por el declive de la actividad por baja de los precios internacionales. Esta actividad, en la que desde 2007 el destino del mineral metalífero, principalmente de oro y plata como reserva de valor supera a los destinos relacionados con su valor de uso concreto, se caracteriza por una burbuja de los commodities que no estaría llegando a estallar pero lleva a la desinversión, la rebaja de costos, despido de trabajadores y crecientes casos de contaminación.
Tanto la extracción de hidrocarburos como en la minería metalífera se caracterizan por ocasionar un conjunto de efectos negativos que supera con creces lo positivo que podría arrojar cualquier cálculo de costo beneficio y van desde el incumplimiento de expectativas de poblaciones locales y migrantes que llegan en búsqueda de oportunidades de trabajo, inflación local en precios de alquileres y bienes de consumo, sobreuso de equipamientos e infraestructuras públicas urbanas, particularmente en el sistema vial, profundamente deteriorado por el paso de camiones sobrecargados, sobre uso o directamente apropiación de recursos hídricos, privando del acceso al agua en cantidad y calidad a poblaciones enteras en la zona del Golfo San Jorge.
Por último, en espacios urbanos la especulación inmobiliaria, la apropiación por concesión, venta o entrega directa de valores de uso colectivo por los “desarrolladores” y la extrema mercantilización del suelo y la vivienda, la búsqueda de ampliación de la renta y su disputa entre constructoras, grandes propietarios de tierras y el estado asumen todas las características que las definen como típicos casos de extractivismo urbano (Svampa, M y Viale, E, 2014). En la Patagonia sur los casos más extremos de esta prácticas se dan en localidades que tienen como base al sector hidrocarburífero y minero, como es el caso de Comodoro Rivadavia, Caleta Olivia, San Julián, Río Gallegos o Río Grande, llegando al punto que entre 2001 y 2010 los índices de Necesidades Básicas Insatisfechas, que cuenta con el acceso a la vivienda y la calidad de sus materiales entre las variables que los componen, refleja un retroceso solamente en las provincias de Santa Cruz y Tierra del Fuego, a diferencia de las restantes provincias argentinas y de la media nacional que reflejan significativos progresos (Schweitzer, A 2014).
Del propietario ausentista a la extranjerización
Con el inicio del Siglo XX, la apertura del Canal de Panamá y el estallido de la Primera guerra mundial, que preanuncian el declive del poder económico de Punta Arenas y del circuito ovino ya descripto en apartados anteriores, la burguesía regional adoptará dos estrategias paralelas, por una parte la división de los capitales creando un conglomerado chileno y otro argentino, por otra parte, el traslado de su residencia a Valparaíso y principalmente a Buenos Aires, desapareciendo de este modo cualquier atisbo de los sectores que fueran dominantes durante casi medio siglo. La administración de las propiedades y casas comerciales quedará a cargo de empleados jerárquicos y gerentes. El problema del acceso a la propiedad rural recién sería resuelto en la década de 1970, pero de todos modos las características principales de la concentración de la tierra en grandes propiedades se mantendrán hasta la actualidad condicionando de manera significativa las posibilidades de radicación de nuevas actividades en espacios rurales. Otros condicionantes, también surgidos en la década de 1940 serán los derivados de la desertificación por sobrepastoreo, los bajos precios internacionales de la lana, la ausencia de tecnificación y dependencia prácticamente total del rendimiento de las pasturas naturales, la baja de la rentabilidad y el progresivo endeudamiento de los productores, con el consecuente abandono de campos. Distintas investigaciones coinciden en la existencia de tres tipos de productores rurales: una gran cantidad de pequeños productores, con baja rentabilidad y sin capacidad de introducir innovaciones ni acceso a crédito, un sector de medianos productores con márgenes mayores y que incorporan tecnología y planifican la producción y un muy escaso número de grandes propietarios que además se vinculan directamente y sin intermediarios con el mercado global (Bona, A 2000). Con excepción de los mejores campos, en el Sur de Santa Cruz, Magallanes y Tierra del Fuego, en el resto del espacio patagónico sur los mismos sectores que produjeron el desierto de hombres, con el genocidio, desplazamiento y aculturación forzada de pueblos originarios, dejarán un nuevo desierto, en este caso de condiciones naturales para la producción agropecuaria, sustentando indirectamente el discurso y las políticas para implantación del extractivismo en otros sectores.
La modalidad de territorialización de las primeras actividades extractivas establecidas en Patagonia Sur, ligadas a la extracción de gas y petróleo, iniciada en 1907 el entonces Territorio Nacional de Chubut, y a la minería de carbón en Santa Cruz en 1946, fue de economías de enclave, aunque ya en la década de 1940 producto del descubrimiento y habilitación de nuevos pozos se extendía sobre buena parte del Norte de Santa Cruz. Algo similar ocurrirá en la cuenca Magallanes / Austral desde la década de 1960. En la medida que desde esa misma década se inició el largo proceso de privatización, culminado en la década de 1990, la presencia de capitales nacionales y públicos dará paso a la explotación por empresas transnacionales como Repsol-YPF, British Petroleum o Total, entre otras. En el sector pesquero la autora distingue dos etapas, la primera con mayor presencia de empresas de capitales nacionales y posteriormente transnacionales. El turismo pareciera ser el único sector donde todavía priman capitales nacionales, en las empresas de servicios receptivos, que por su parte son fuertemente dependientes de la oferta del destino en mercados internacionales. En cambio, en lo que hace a la minería metalífera, se trata en todos los casos de capitales transnacionales. En síntesis: con excepción de la ganadería tradicional, que no alcanza a ser proveedora en mercados internacionales y tal vez el turismo, la totalidad de las actividades económicas se encuentran en manos y controladas por capitales transnacionales.
El Estado al servicio (y dependiente) del capital transnacional
De acuerdo a la descripción realizada en torno a las actividades y los sectores sociales dominantes en la Patagonia Sur, puede concluirse que el despliegue del modelo neoliberal a la par que extractivo exportador vino a la par de mayores niveles de extranjerización de bienes comunes y expropiación de valores de uso colectivo por capitales transnacionales. También, derivado de este modelo, se identifican procesos de desarrollo desigual y que existen espacios “dejados de lado” por las actividades dinámicas. La imposición del modelo exigió por su parte la conformación de una burocracia estatal, crecientemente separada de la sociedad civil y subordinada a dictados de organismos transnacionales.
La burguesía “regional” reubicada desde hace más de un siglo en Buenos Aires y cada vez más desdibujada y en general integrada y subordinada a la naciente burguesía transnacional, será socia en los procesos de ocupación del Estado, que pasará a ser el principal instrumento de reformas de políticas económicas y en general hacia los territorios. Esta “ocupación” de los estados se escala hacia los gobiernos provinciales en Argentina y regionales en Chile, principalmente desde mediados de la década de 1980 y principalmente y de manera más acelerada en la década posterior en el marco de las privatizaciones, la transferencia de funciones hacia las provincias y la reforma de la Constitución. Esta “ocupación” se dará no sin conflictos entre sectores de las burguesías nacionales y regionales y otros integrados a las dinámicas globales. Se escala también hacia el espacio global integrándose de manera subordinada en un bloque histórico global en formación, hegemonizado por una oligarquía financiera mundial.
Los dos estados nacionales así como los provinciales y regionales se pondrán de este modo al servicio del capital transnacional a efectos de atender las demandas de este bloque en ascenso, lo que incluye la adecuación del espacio. Esta adecuación pasa por la reestructuración del territorio en sus diversas escalas mediante procesos de ajuste espacial con acumulación intensiva de capital y su fijación al espacio a efectos de permitir mayores niveles de explotación de la naturaleza y el trabajo y compensar de este modo las tendencias a la baja de la tasa de ganancia, propias del capitalismo histórico. Pasa también por procesos de ajuste espacial con acumulación intensiva de capital y su fijación al espacio y avances en las fronteras de expansión del capital, donde los procesos de ajuste espacial alcanzan mayores magnitudes y se reactivan o emergen espacios sociales de resistencia. Se adecuan los regímenes jurídicos y regulatorios en materia ambiental y laboral, se modifican o crean nuevos organismos y nuevas jurisdicciones “especiales”, se fomenta la radicación de nuevas actividades casi sin ningún resultado positivo en la Patagonia, mediante los regímenes de frontera. El fomento de la radicación mediante baja de impuestos, beneficios, subsidios y se planifican y construyen nuevas infraestructuras y equipamientos, condiciones necesarias para la puesta en producción de actividades.
Como consecuencia de las primeras consecuencias negativas de la aplicación de las mencionadas políticas estallan conflictos distributivos localizados y generales, no solamente en términos ambientales sino sobre todo sociales, económicos y políticos.
Reflexiones finales
Las tendencias mundiales actuales en el marco de la crisis de sobre-acumulación ponen en cuestión las posibilidades de consolidar la hegemonía del bloque transnacional y arriesga llevar al mundo hacia profundas transformaciones.
Ningún escenario posible está exento de contradicciones entre fracciones regionales, nacionales y globales de la misma clase capitalista que resisten o fomentan estas tendencias. Tampoco se trata de procesos que no acentúen la depredación de cada vez más amplios territorios y la creciente explotación de la naturaleza, de las condiciones de reproducción social en general y del trabajo, tanto en el marco de ajustes espaciales que desplazan y despojan poblaciones como en los procesos extractivos y la expropiatorios de estas condiciones, por lo que es de esperar y ya hay evidencias de agudización de resistencias y luchas por la defensa del territorio y la vida.
El escalamiento de los análisis que permite formular estos escenarios es poco acompañado por el escalamiento de las resistencias y la defensa de la vida en el planeta, por lo que por el momento cualquiera sea el escenario, se asiste a una ofensiva del capitalismo global frente a resistencias aisladas, dispersas, locales, donde no termina de resolverse la superación de la antinomia entre el autonomismo de los movimientos de defensa de los territorios, las luchas sectoriales encabezadas por centrales y organizaciones sindicales que en algunos casos se presentan con algún grado de coordinación internacional y el atraso en la conformación de instancias políticas partidarias globales, que permitan articular el proceso en su conjunto.
Desde al menos el año 2014 en la Provincia de Santa Cruz recobran actualidad grandes proyectos como el de la construcción de las represas sobre el río Santa Cruz y terminación de la usina carboeléctrica de Río Turbio. En el caso de las represas, exige el endeudamiento con capitales transnacionales chinos. En 2016 ante la falta de fondos para pagar salarios el gobierno provincial conforma un fideicomiso junto a la Cámara Minera de Santa Cruz que promete aportar fondos para financiar parte del presupuesto, incluyendo el pago parcial de salarios de empleados públicos, gastos no recurrentes y obras públicas. La minería, la construcción de las represas y la extracción de hidrocarburos presionan sobre espacios rurales por el acceso al agua y en espacios urbanos, asociados también a turismo y los especuladores inmobiliarios, por el acceso al suelo y la vivienda.
En suma y como una de las reflexiones que resultan del análisis realizado, se verifica la hipótesis de pre-existencia, en historia y geografía la Patagonia Sur, de rasgos significativos que luego serán determinantes en la formación de espacios globales para la acumulación de capital transnacional, proceso que ocurrió entre la última década del siglo pasado y la primera del presente siglo, y que se acentúa aun más en la actual coyuntura.
La re-emergencia de movimientos sociales por el agua en calidad y cantidad en la franja Norte de Santa Cruz, contra la contaminación y el saqueo en diversas localidades y contra las represas, junto a movimientos de la XI Región chilena configuran un primer conglomerado de movilizaciones, organización y luchas locales y que se escalan hacia la región Patagónica y los espacios nacionales dependiendo del proceso de que se trate. En cambio, son muy escasas sino nulas las iniciativas y organización de inquilinos y la población en general por el acceso al suelo urbano y si se da alguna lucha, en principio sería de carácter aislado. En paralelo a lo anterior, en el plano sindical se registra un aumento de la conflictividad, marcado en la Provincia de Santa Cruz por el resurgimiento de la Mesa de Unidad Sindical. Ninguno de estos tres movimientos actúa de manera articulada con otros movimientos por lo cual las resistencias nacen débiles y aisladas y se hace más difícil cualquier tipo de organización y coordinación.
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Notas