I. Categorías para conceptualizar la conflictividad
La clase mutilada. Un debate con las visiones reduccionistas de la clase obrera y su concepción de los movimientos de masas
La clase mutilada. Un debate con las visiones reduccionistas de la clase obrera y su concepción de los movimientos de masas
Theomai, núm. 35, pp. 86-104, 2017
Red Internacional de Estudios sobre Sociedad, Naturaleza y Desarrollo
Número 35 (primer semestre 2017) - number 35 (first semester 2017)

Introducción
Desde los años setenta, distintas corrientes teóricas han buscado definir sujetos sociales ubicados, a su juicio, por fuera de la clase obrera pero dentro de los sectores populares. Muchas de estas corrientes han tenido su origen en Latinoamérica o en otras regiones periféricas. Es el caso de las noción de masa marginal, promovida por sociólogos argentinos; la noción de “sectores populares”, concebida en principio por la historiografía hindú; y la teorización respecto a sectores informales, que tiene su origen en un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre África. En forma más reciente, Marcel Van der Linden promueve un entendimiento del mundo del trabajo como una esfera mucho más amplia que la de los miembros de la clase obrera, fundado en lo que él presenta como una historia global del trabajo, con una mirada no centrada en el mundo occidental, sino integradora de las realidades sociales del tercer mundo (Linden y Lucassen, 1999). En la medida que las transformaciones económicas y el creciente desempleo terminan por afectar también a los países centrales, de igual modo aparecen teorías similares que buscan identificar sectores por fuera de la clase obrera tradicional en el marco de la sociedad europea o norteamericana, tal el caso de la noción de precariado.
En este artículo analizamos la trayectoria conceptual de estas teorías y cuestionamos lo que todas ellas comparten: una concepción reduccionista de la clase obrera que les impide comprender que aquellos grupos que señalen como externos a la clase, en realidad pertenecen a la misma. Como consecuencia, la clase obrera que estas teorías imaginan aparece como un sujeto al que le han amputado la mayoría de sus miembros (jóvenes, migrantes, mujeres, trabajadores rurales, desocupados u ocupados no formalmente registrados), dejando solo la figura convencional del obrero manufacturero de la época de posguerra. Contraponemos esta visión con el -a nuestro juicio más rico y abarcador- análisis de la clase obrera desplegado por Marx y Engels.
Por último, examinamos cómo estos desplazamientos teóricos obstruyen la comprensión de la dinámica de luchas contemporáneas e, incluso, inciden en forma negativa en la orientación práctica de las mismas. Es nuestra tesis que la ciencia social debiera poder mostrar la esencia unitaria de la clase obrera frente a las manifestaciones de sus distintas diferencias superficiales. Por el contrario, las teorías analizadas reifican estas diferencias, hasta considerarlas demarcatorias de un sujeto distinto y opuesto a la clase obrera y se tornan así en un obstáculo epistemológico a la unidad de acción de la clase obrera. En ese sentido, consideramos que uno de los aspectos en los que las luchas contemporáneas se diferencian de las luchas del proceso revolucionario de la década del sesenta y setenta es la forma en que los intelectuales las han conceptualizado. Esta conceptualización ha tenido profundas consecuencias para el desarrollo de esas mismas luchas, por lo que resulta relevante su estudio.
La ortodoxia de los antiortodoxos
Los cuestionamientos formulados a la noción de clase social en las últimas décadas, en particular al concepto de clase obrera, son muy numerosos. Sin embargo, todos comparten una visión limitada de lo que la clase obrera es. Esta concepción tiene como rasgo principal su carácter ahistórico. Por lo general, se asume una definición de clase obrera asociada al obrero occidental de la segunda posguerra: el trabajador industrial de empleo permanente con condiciones laborales reguladas en términos jurídicos. Pero parece desconocerse que estas pautas no han sido las predominantes en la historia del capitalismo, sino que fueron el resultado de la luchas de clases. Una población mermada por la guerra que exige mayores derechos laborales en un contexto de avance del comunismo a nivel mundial dio como resultado condiciones laborales más favorables. Al modificarse este contexto, la burguesía atacó estas condiciones: cambio tecnológico e incorporación de nuevos contingentes obreros por la vía de la relocalización permitieron recrear una sobrepoblación relativa3 suficientemente numerosa como para modificar las relaciones de fuerza entre las clases. Este proceso se vio favorecido también por la derrota política de la clase obrera en los años setenta, que en América Latina fue seguido por la instauración de regímenes dictatoriales. Esta derrota de la clase obrera fue lo suficientemente profunda como para afectar no solo a sus organizaciones y condiciones materiales, sino también para operar en el plano ideológico. En este sentido, se observa un retroceso del marxismo y un avance del posmodernismo, incluido el pasaje de intelectuales de una posición a otra.
Tras la derrota política de los setenta, era previsible un retroceso de la conciencia obrera y un menor grado de autoidentificación de los miembros de la clase obrera como pertenecientes a la misma, así como la emergencia de identidades alternativas promovidas desde instituciones estatales o patronales. Los autores posmodernos se aprontaron a interpretar estos cambios en las percepciones de los individuos como transformaciones estructurales de los grupos sociales. En este marco, criterios subjetivos de la pertenencia de clase redujeron el universo de la clase obrera a los sectores proletarios conscientes de tal adscripción. Otro elemento común a estas visiones es un enfoque individualista: mientras que el marxismo entiende la explotación como una relación entre clases (es el conjunto de la burguesía quien explota al conjunto de la clase obrera) enfoques alternativos en boga tienden a partir del individuo y definen su pertenencia a la clase obrera en función de si este sujeto individual es explotado o no por un burgués. Desde este punto de partida metodológico entienden a personas que pertenecen a diferentes fracciones de la sobrepoblación relativa como personas externas a la clase obrera. En síntesis, ausencia de perspectiva histórica, subjetivismo e individualismo metodológico son los rasgos de las teorías que en forma total o parcial amputan a la clase obrera.
Desocupados, excluidos, informales, precarios
Si bien el desempleo es una realidad cotidiana para el obrero desde los inicios del capitalismo, quienes tienen como única referencia histórica la etapa de posguerra con su tendencia al pleno empleo tienden a considerar los niveles actuales de desocupación como inauditos. En este marco se desarrollaron las teorías de la “exclusión” en Europa, así como las teorías de la marginalidad en América Latina.
La teoría de la exclusión social de la cual Robert Castel es un referente destacado cobra impulso en los noventa. Castel diagnostica una crisis de la sociedad salarial y da forma a un modelo teórico con tres tipos de cohesión social: integración, vulnerabilidad y exclusión. La primera correspondería a una situación de empleo estable y abundancia de soportes relacionales, mientras que la segunda estaría caracterizada por su ausencia. En la zona de la vulnerabilidad ambas variables son precarias (Castel, 2009). Esta visión presenta un análisis de relaciones entre individuos y no entre clases, lo que lo lleva a considerar que los supernumerarios no serían explotados. Por lo tanto, los desocupados no formarían parte de la clase obrera. De igual modo, Rosanvallon sostiene que los “excluidos” no forman en absoluto una clase objetiva porque carecen de una posición en el proceso de producción (Rosanvallon, 2007).
Los estudios sobre el problema de la sobrepoblación relativa en Argentina empezaron a extenderse a partir de la década del sesenta, en un contexto de incremento del desempleo y expansión de las villas miseria. Esta población que habitaba los márgenes sociales fue el objeto de estudio de concepciones culturalistas que asociaban el problema a un momento coyuntural dentro del proceso de modernización (Germani, 1980). En oposición a estas interpretaciones, surge el “Proyecto de la Marginalidad”, de matriz marxista.4 Sus integrantes partían de la concepción marxista de sobrepoblación relativa y procuraron examinar su desarrollo en los países dependientes en la fase monopolista del capital, asumiendo que, en esa fase, no toda la sobrepoblación relativa integraría el ejército industrial de reserva. Esta porción excedentaria no cumpliría ninguna función para el capital, ni siquiera las funciones habitualmente asignadas a la sobrepoblación relativa, como la de ejercer presión en favor de la caída de los salarios. Tampoco consideraban plausible la reinserción productiva de estas capas marginales. Los defensores de esta tesis identifican tres tipos de marginalidad. El primero, campesinos que combinan agricultura de subsistencia con trabajo asalariado. Consideran que el capitalismo, lejos de avanzar sobre esta forma de producción de subsistencia la recrea al emplearla como un motor para la acumulación. El segundo tipo de marginalidad se refiere a los migrantes urbanos que se insertan en “ocupaciones refugio”, en tanto no lograrían una venta estable de su fuerza de trabajo. El tercero, remite a la fuerza de trabajo previamente integrada que queda cesante en forma permanente o solo accede a empleos intermitentes, o en ocupaciones que subutilizarían su nivel previo de capacitación.
Posteriormente, José Nun reelabora el concepto y realiza una distinción entre el ejército industrial de reserva y la masa marginal, que refuerza la diferenciación entre ambas (Nun, 1969; 1999; 2003). Sobre esta base, Laclau considera que Marx recortó del universo de los pobres un sector acotado, el proletariado, al que le asignaría un rol histórico fundamental. Por eso enfatiza la existencia en los textos de Marx del binomio clase obrera/lumpen proletariado. Según él, Marx incorporaría a este último grupo a todos aquellos sectores bajos de la sociedad que no tienen una inserción clara en el proceso productivo.5
El debate del proyecto de marginalidad dejó como saldo un elevado número de estudios teóricos, no acompañados con la deseable investigación empírica. El desarrollo de la sobrepoblación relativa a niveles superiores a los requeridos por el capital para cumplir con su función de ejército industrial de reserva, es un evento plausible en términos teóricos, pero que debe constarse en forma empírica en cada caso específico. Una dificultad que aquí se presenta es que es necesario que estos estudios superen la mera fotografía sociológica y que puedan caracterizar el movimiento de esta población en el mediano plazo. En este punto, un revés para los defensores de la tesis de masa marginal proviene de los estudios de Marshall.
En los ochenta, la autora critica a la concepción desarrollada por Nun a partir de una investigación empírica, en la que demuestra que fracciones obreras que el equipo de Nun consideraba pertenecientes a la masa marginal eran reabsorbidas por el mercado de trabajo en épocas de expansión (Marshall, 1981). Es decir, lo que en el corto plazo se caracterizó como masa marginal, no lo era cuando se contemplaba el mediano plazo.
Una noción alternativa a la de masa marginal es la de informalidad, que comienza a difundirse en los años setenta.
El informe sobre Kenya (OIT, 1972) advirtió la escasa presencia de trabajadores asalariados y de empresarios, distinguiendo varios sectores de actividades económicas (en las calles, pequeños talleres domiciliarios con trabajadores familiares no remunerados, artesanos por cuenta propia y pequeños comercios sin obreros que no cumplimentaban con las normativas reglamentarias). Sobre la base de estas conclusiones, la OIT difunde su concepción del sector informal urbano. Según Neffa (1985), esta noción pone su eje en los trabajadores pobres “que no son vistos como marginales sino que forman parte del aparato productivo y cumplen ciertas funciones”. Los informales serían concebidos como el producto del capitalismo periférico. Para sobrevivir se desempeñarían de manera precaria en microemprendimientos o generarían autoempleo. Para la OIT el sector informal estaría compuesto por “los ocupados en empresas pequeñas no modernas, los independientes con exclusión de los profesionales universitarios, trabajadores por cuenta propia, patrones y empleados de pequeños establecimientos y los que desarrollan tareas (remuneradas) en el servicio doméstico” (Programa Regional del Empleo para América Latina y el Caribe - PREALC, 1976).
En el marco de la 90° Conferencia Internacional del Trabajo de 2002, la OIT suplantó el concepto de “sector informal” por el de “economía informal”. Tokman (2004) señala que la “nueva definición de la OIT implica que al universo acotado por la concepción anterior de sector informal, que incluye a los trabajadores y propietarios de microempresas, servicio doméstico y trabajadores por cuenta propia, hay que sumar los trabajadores sin protección, independientemente de si están en grandes, medianas o pequeñas empresas, para obtener lo que se ha llamado la economía informal”.
En América Latina, la vertiente estructuralista o “neo marxista”, desarrollada por Castells, Portes y Benton, considera a la informalidad como una característica necesaria del capitalismo para hacer posible la reducción de costos laborales (Portes y Benton, 1987; Castells, Portes y Benton, 1989; Portes, 1995). Las actividades propias del sector informal serían legítimas, pero se desarrollarían de manera ilegal (trabajo no registrado, en negro, empleo precario). A su vez, las unidades económicas informales no serían totalmente autónomas, sino que se articularían de manera subordinada con las actividades formales del sector moderno. Desde esta perspectiva, los trabajadores por cuenta propia serían, en realidad, empleados encubiertos de las empresas que proporcionan las mercancías.6 No obstante, los autores advierten que los trabajadores de la economía informal no quedarían integrados al sector moderno, con lo cual serían “desocupados encubiertos” o “disfrazados”. Castells y Portes (1989) hablan de una “economía informal” y no de “trabajadores informales” puesto que según sostienen, no sería una condición individual sino un proceso de generación de ingresos no regulado por las instituciones.7
Asociado, pero diferenciado al concepto de informalidad, aparece el de precariedad. La OIT reconoce su carácter multifacético, aunque enumera una serie de elementos comunes a todo trabajo precario. En primer lugar, el trabajo precario sería un “medio utilizado por los empleadores para trasladar riesgos y responsabilidades a los trabajadores” (Oficina de Actividades para los Trabajadores, 2011: 5). En segundo lugar, presentaría diferente cobertura legal y distintos niveles de incertidumbre respecto de la situación laboral (casos de contratos por tiempo determinado o contratos de temporada). Tercero, no mostraría una total claridad respecto de la figura del empleador (casos de tercerización, falsos autónomos). Por último, existiría un acceso limitado o nulo por parte de los trabajadores a los derechos sindicales. Esta posición ya se encontraba en el estudio de Neffa (op. cit.), quien también distingue entre precario legal e ilegal. Según este autor, sería posible la existencia de trabajo precario dentro del conjunto de trabajadores registrados, ya que pone el eje en la estabilidad del trabajo. Así, un trabajador registrado contratado por tiempo determinado sería un trabajador precario sin violar ningún tipo de ley.
Guy Standing (2013) considera que los trabajadores precarios constituyen una clase e intenta escribir su historia. No solo toma una concepción errónea del concepto de clase, ya que no parte de las relaciones sociales de producción, sino que además se basa en una serie de preconceptos muy difundidos entre aquellos que critican el concepto de clase obrera. Lo diferencia del “viejo” corazón del proletariado (dependiente del trabajo de masas y del salario, no propietarios de medios de producción y con trabajo estable), el “salariado” (básicamente empleados estatales), trabajadores independientes con altos salarios, los desempleados y el lumpen proletariado. Standing sostiene que la caída en el precariado no obedece a situaciones individuales sino estructurales. El precariado sería una clase distinta de la clase obrera porque tendría relaciones de producción y de distribución específicas, que se contraponen con la situación de proletarización, a la que entiende como la adaptación a un empleo estable y asalariado. Un primer problema consiste en esta asociación. La pertenencia de clase responde a la posición que los individuos ocupan en la producción en términos de propiedad de los medios de producción. En este sentido, un segundo problema es que el autor entiende relaciones de producción como sinónimo de condiciones de trabajo. En relación con esto, lo distintivo del precariado sería que está conformado por personas con un nivel educativo superior al que exigiría su trabajo, a la vez que este presenta condiciones de inseguridad, inestabilidad o es fluctuante. En cuanto a las relaciones de distribución, el precariado recibiría casi todos sus ingresos exclusivamente del salario, no gozaría de beneficios no salariales de empresa ni de los regulados por el Estado. Además, tendría menos derechos civiles, sociales, culturales, políticos y económicos. Sin embargo, todo esto no se contradice con una posible pertenencia a la clase obrera.
Aun tomando su definición de relaciones de producción, un elevado nivel educativo no se contradice con un empleo que requiera menores calificaciones. Standing no comprende que la fuerza de trabajo está sometida a las reglas del mercado que afectan a otras mercancías. Los jóvenes calificados que se emplean en tareas que demandan menos conocimiento tienen una mercancía que no pueden realizar en el mercado. Esto se debe al proceso de descalificación del, trabajo ya reseñado por Marx y Harry Braverman (1984).8 A la vez, el carácter inestable, inseguro y fluctuante también fue señalado por Marx como una característica propia de la capa estancada de la sobrepoblación relativa.
Standing afirma que el precariado presenta relaciones de distribución desfavorables respecto del proletariado. El problema aquí, que muestra de una falta más general, es la ausencia de la historia como elemento de análisis. El autor toma como clase obrera solo a los obreros de un determinado momento histórico (los de los altos salarios, empleo estable, que reciben un salario indirecto del Estado y las empresas), cuando las relaciones de fuerza eran más favorables a la clase y se conquistaron derechos. Es decir, un momento en el que se logró imponer un límite a la explotación y se elevó el valor de la fuerza de trabajo. Si tomásemos las definiciones de Standing, ni siquiera los obreros descriptos por Marx en El capital podrían formar parte del proletariado.
Las condiciones laborales del precariado, sus ingresos y su relación con el Estado, los distinguiría del proletariado, que Standing define como los obreros manuales, con empleo estable y que gozan de los beneficios de la ciudadanía y del salario indirecto, que contaban con una formación asociada al oficio. Estas características darían al precariado una conciencia específica, asociada a la pérdida y la relativa privación. Por lo tanto, para el autor, enmarcar a estos dos grupos (junto a otros) dentro de la clase obrera enmascara distintas realidades materiales y por lo tanto distintos intereses. Se trataría de una clase en formación que estaría compuesta por tres grupos: aquellos que vienen de experiencias familiares proletarias, pero que se encuentran ya fuera de ellas; los migrantes y minorías étnicas, que han empeorado sus condiciones de trabajo y de vida; trabajadores altamente calificados, que han frustrado su expectativa de progreso en base a la educación. Esta última es, según Standing, la capa más progresiva. Aquí pueden distinguirse claramente dos grupos: las primeras dos fracciones, proletarias, cuyas condiciones de trabajo y de vida se han degradado; la tercer fracción, que más preocupa a Standing, pequeña burguesía en vías de proletarización, cuyos deseos de ascenso social se ven frustrados.
Es proletario quien carece de medios de producción y de vida y, por ende, se ve forzado a vender su fuerza de trabajo para subsistir. Ciertas calificaciones en el pasado podían funcionar como medio de vida al permitir el ejercicio independiente de profesiones liberales. Hoy el proceso de concentración y centralización operado también en el sector de servicios hace que esas mismas calificaciones dejen de funcionar como un medio de vida y, por lo tanto, no pueden emplearse como base de un desarrollo pequeño burgués. En muchos casos tampoco logran valorizarse en el mercado laboral y el joven obrero que aspiraba a tener un desarrollo pequeño burgués debe conformarse con una ocupación obrera poco calificada. Standing cree que este es el sector más progresivo de lo que él denomina precariado. Muchas de las particularidades que le atribuye en realidad son rémoras del origen pequeño burgués de esta fracción de reciente proletarización y no un rasgo inmanente a su supuesta original condición de clase.
Ligada de alguna manera a las teorías de la “informalidad” pero más volcada hacia el análisis histórico se encuentra la propuesta de la “historia global del trabajo” que intenta responder a una supuesta crisis de la historia del trabajo.9 Marcel van der Linden, principal promotor de esta corriente, señala que un síntoma de esta crisis sería el fracaso de las teorías marxistas y weberianas al explicar las situaciones presentes en el tercer mundo (Linden y Lucassen, 1999). La Historia Global del Trabajo buscaría superar esta deficiencia por la vía de construir una historia no eurocéntrica ni nacionalista que no extrapole a otros períodos y lugares categorías creadas para Europa en un período histórico determinado. El período de análisis de esta línea de investigación se retrotrae mucho más temprano que la revolución industrial. De hecho, no se brinda una definición precisa del límite histórico en el cual la Historia Global del Trabajo tendría su origen.
El enfoque de la Historia Global del Trabajo se construye en clara discusión con el marxismo. Sin embargo, no se trata de un debate honesto porque las posiciones y escritos del marxismo son o bien desconocidas, o bien tergiversadas deliberadamente. Marcel van der Linden sostiene que la teoría de Marx se construyó exclusivamente sobre el caso clásico de Inglaterra, en particular, la ciudad de Manchester a fines del siglo XIX. Desde su perspectiva, Marx no se habría preocupado por los obreros en posiciones de clase menos definidas, tales como los trabajadores por cuenta propia o formas de trabajo serviles. No obstante, la lectura de El capital muestra un análisis mucho más complejo que atiende a los diversos procesos de proletarización y que analiza una multitud de situaciones transicionales.10 Sus afirmaciones sobre la supuesta negación u omisión en el análisis marxista de los cuentapropistas y otros sectores que no se corresponden con el asalariado típico, muestran que desconocen el desarrollo conceptual de Marx y Engels de la sobrepoblación relativa, así como los estudios actuales fundados en dicha categoría. La mayoría de estos últimos estudios se concentran en zonas geográficas o tipos de trabajos que, según Van der Linden, no son contemplados por la perspectiva marxista.11
La supuesta propuesta superadora de Van der Linden se limita a clasificar las formas de trabajo en dos diadas: pagas o impagas, por una parte; y, por otra parte, autónomas y heterónomas. Según Van der Linden, los estudios tradicionales del trabajo y la clase obrera se han concentrado en las formas de trabajo pagas y heterónomas, puesto que la mayoría de los estudios se habría concentrado en el trabajo asalariado, pese a representar solo una porción geográfica y temporal limitada de la historia del trabajo. Van der Linden considera, además, que las formas que no responden al trabajo asalariado clásico no son necesariamente resabios del precapitalismo y que, por el contrario, son reintroducidas en la modernidad, creciendo en ciertas zonas geográficas, aunque no brinda evidencia de ello. En nuestra opinión, lo más preocupante de la Historia Global del Trabajo es la tendencia a deshistorizar los procesos sociales. Tendencia que aparece tanto por la vía de diluir la importancia de cambios históricos trascendentes como la revolución industrial o la emergencia del capitalismo, como por la mirada superficial del denominado tercer mundo que aparece muchas veces visto como un espacio refractario a toda transformación.
Esta misma tendencia a la deshistorización de las diferencias entre las clases explotadas en los distintos modos de producción se observa en los estudios de lo que se ha denominado “nueva esclavitud”. La nueva esclavitud no implicaría la propiedad de una persona por otra ni estaría asociada al empleo de individuos de una raza determinada. Por el contrario, se trataría de una relación entre individuos donde existe explotación económica, duras condiciones laborales y control de una persona por otra mediante alguna forma de violencia o coerción (Bales y Robbins, 2001; Bales y Soodalter, 2009; Bales, 2012). Como los autores no diferencian entre formas de coacción económica y extraeconómica, desde este marco teórico se torna difícil distinguir entre la existencia de un trabajador con malas condiciones laborales y un esclavo. En forma implícita definen como trabajador al obrero registrado en blanco con derechos laborales y sindicales instituidos en la segunda posguerra. Los obreros que no responden a esos parámetros son equiparados a esclavos. Como consecuencia, dado que el arquetipo de trabajador asalariado libre que ellos proponen solo predomina en un muy acotado plazo de tiempo, concluyen por considerar la historia humana, incluso en el último siglo, como la historia de la esclavitud.12
De esta manera la noción de clase obrera está sometida a un movimiento de pinzas. Por una parte se la recorta, amputando de sí fracciones de la clase obrera bajo la idea de que desocupados, trabajadores informales o precarios no forman parte de la clase obrera. El universo “obrero” así recortado queda diluido en un universo laboral donde otras formas de relaciones serían si no predominantes, al menos igualmente importante.
Asociado a estas caracterizaciones de los trabajadores como no obreros aparecen otros objetivos y métodos de lucha propuestos. Si los trabajadores son considerados esclavos, la respuesta es su liberación o su huida. Los trabajadores del mundo retratados por Van der Linden deberían procurar su autonomía, por ende las mutuales y cooperativas son presentadas como forma de lucha por excelencia, hasta ahora supuestamente desestimada por aproximaciones marxistas que priorizaban los sindicatos y los partidos y sus formas de luchas correspondientes. Por su parte, Castel considera improbable la lucha de los excluidos:
Están atomizados, no pueden albergar otra esperanza que la de ocupar un lugar un poco menos malo en la sociedad actual, y son socialmente inútiles. Es por lo tanto improbable, a pesar de los esfuerzos de grupos militantes minoritarios como el Sindicato de Desempleados, que este conjunto heterogéneo de situaciones señalizadas pueda dar origen a un movimiento social autónomo (Castel, 1997: 446).
Y plantea como horizonte el reparto del trabajo productivo, los ingresos primarios y los ingresos socializados. Pero este reparto no lo piensa bajo la consigna progresiva de reducción de la jornada laboral con mantenimiento de los salarios, sino que entiende esta medida como un “reparto de sacrificios” (Castel, 1997: 463).
Por su parte, Standing cree que el precariado debiera perseguir el salario universal y una representación fuerte de los trabajadores, que se exprese en nuevas formas de asociación colectiva. A la vez, resalta que un punto fuerte del precariado es que rechaza “todas las viejas ideologías políticas predominantes” (Standing, 2014: 15). Este aspecto y su progresividad se expresaría en que mientras el proletario promedio, como sus representantes, aspiraron a establecer el trabajo asalariado a tiempo completo, el miembro promedio del precariado aspira a conseguir un conjunto de actividades laborales enriquecedoras. Es decir, no se trata de conseguir, al menos en el plano sindical, un límite a las condiciones de explotación, sino de trascender en el plano moral.
Sin embargo, estas perspectivas se dan de bruces con la realidad: las cooperativas bajo el capitalismo no son necesariamente el mundo de la autonomía para los obreros (Kabat, 2011).
Las manifestaciones de obreros costureros junto a sus patrones en contra del cierre de sus talleres, mostrando carteles con las consiga “no somos esclavos”, pone en cuestión las previsiones de los teóricos de la moderna esclavitud (Kabat, Desalvo y Egan, en prensa). Por su parte, las movilizaciones, ocupaciones de edificios y huelgas que vienen desarrollando los becarios del CONICET –que bien podrían encuadrarse en el concepto de precariado de Standing– desmienten sus previsiones en relación con la actuación política del sector: se reclaman derechos laborales tradicionales mediante los métodos típicos del movimiento obrero y en activa confluencia con el mismo a partir de la participación en huelgas y manifestaciones más amplias del sector educativo y científico. Además, muchos de los activistas y referentes de esta lucha adhieren a partidos o ideologías que según Standing los jóvenes del precariado descartarían por viejas o tradicionales.
La clase obrera y los movimientos de masas13
Así como la dimensión de la clase obrera, y su existencia misma, son cuestionadas por quienes defienden algunas de estas conceptualizaciones que hemos analizado arriba, su accionar es también negado por muchos autores que teorizan sobre los “movimientos sociales.” Bajo distintas justificaciones teóricas, se ha argumentado que los movimientos de masas no debían ser analizados en términos de clases sociales.14 Por su influencia sobre parte de estos movimientos y por su particular trayectoria nos detendremos en la fundamentación articulada por Laclau.
En sus primeros trabajos, Laclau define al pueblo y la clase como los dos polos constitutivos del discurso político. Pero, para Laclau, las clases solo existen como fuerzas hegemónicas en tanto logran articular las interpelaciones populares a su propio discurso. Laclau considera que la clase media está en expansión y que, por lo tanto, era necesario que los partidos obreros incluyeran progresivamente cada vez más demandas democráticas populares, capaces de interpelar a esos sectores medios. Por eso, para Laclau, el populismo no es una expresión de atraso, sino que es el momento en el cual el poder articulatorio de esa clase se impone hegemónicamente sobre el resto de la sociedad. Hasta este momento, Laclau sostiene la existencia de una dialéctica entre pueblo y clases: las clases no pueden afirmar su hegemonía sin articular el pueblo a su discurso, y la forma de hacerlo será el populismo.
Laclau plantea la necesidad de la clase obrera de constituirse en clase hegemónica por la vía de articular demandas más amplias mediante movimientos populares, pero esa hegemonía no aparece en su pensamiento como el resultado de una disputa, sino más bien que se lograría a través de la incorporación de las consignas de otras fracciones de clase dentro del programa obrero. Ante esto, cabe la pregunta: ¿la inclusión de demandas de cuño pequeño burgués permite de por sí el desarrollo de la hegemonía obrera, o resulta en el movimiento contrario, a saber, la dirección pequeño burguesa o burguesa de movimientos de base obrera? En la medida en que Laclau mantenía en esta etapa la necesidad de radicalizar esas demandas democrático populares hasta tornarlas intolerables al sistema, se mantiene aún una ambigüedad en este punto.
Pero unas décadas después, en La razón populista, Laclau ya no reconoce la existencia de clases sociales ni les asigna valor alguno en la construcción política. La clase deja de ser el principio articulador de los discursos y debe, por ello, ser remplazada por mecanismos del orden lingüístico o psicológico. Naturalmente, este cambio en su visión de la estructura social y la negación de la existencia de clases sociales conduce a Laclau a un enfrentamiento directo con el marxismo. Esta teoría no solo le resulta inútil, sino autoritaria. Como señalamos, tomando la noción de “masa marginal” de Nun, Laclau cree que la clase obrera sería un actor meramente sectorial, mientras que el pueblo sería un sujeto superador históricamente negado por el marxismo – que incluirá estas “masas marginales”. Para el viejo Laclau, la economía ya no posee ningún tipo de jerarquía frente a otros niveles de la vida social y no determina, entonces, quiénes pueden ser los sujetos históricos portadores del cambio social. Una línea de argumentación secundaria, claramente un síntoma del contexto de derrota política en el cual Laclau piensa los problemas, es que cree que la resistencia a la venta de la fuerza de trabajo es algo que puede o no surgir y que, por lo tanto, el antagonismo no es inherente a las relaciones de producción (Laclau, op. cit.: 188). Evidentemente, esto está escrito en un contexto de pasividad política de la clase obrera que puede hacer creer a Laclau en la posibilidad de la inexistencia –más allá de una breve coyuntura en términos históricos– de conflictos abiertos entre capital y trabajo. Laclau insiste: no hay puntos de ruptura que puedan establecerse a priori. Pero, contradictoriamente, cree poder asegurar que serán los marginales, los fuera de sistema, el lumpen proletariado, quienes irrumpan en los discursos políticos. A su juicio, el capital globalizado generaría una miríada de puntos de ruptura. Por ello, aboga por una política radical que debiera fundarse en la búsqueda de la confluencia de todos estos sectores.
A su vez, para Laclau, no hay luchas más importantes que otras; todas son inmanentemente políticas per se. En los sesenta, el énfasis en las políticas populares democráticas se justificaba por el supuesto peso creciente de los sectores medios. Ahora, se pretende justificar lo mismo bajo la idea de que la globalización generará demandas cada vez más numerosas y heterogéneas. Aun así, la preocupación por los sectores medios no desaparece. Las manifestaciones concretas a las que alude como parte de la respuesta al capitalismo globalizado son protagonizadas por sectores de pequeña burguesía en vías de proletarización. Caracterización que es, por supuesto, ajena a Laclau, quien intenta abstraerse de la pertenencia de clase de los sujetos políticos.
Laclau parte a nivel metodológico de una perspectiva individualista. El primer eslabón de su construcción son las demandas (que pueden ser individuales). A su juicio, en sí mismas todas las demandas son iguales. Ninguna es más progresiva, radical o reaccionaria que otra. Lo que transforma a una demanda democrática en una demanda popular es, en primer lugar, su no resolución/asimilación por el sistema y su posterior incorporación a una cadena equivalencial de demandas igualmente insatisfechas por el régimen.
Los grupos sociales se conforman a partir de la articulación de demandas en lo que él llama cadenas equivalenciales. Pero así como las demandas en sí mismas no tienen un contenido per se progresivo, tampoco estas equivalencias de demandas y grupos sociales conformados en base a ellas tienen una identidad definida.
Los grupos sociales se conformarían en torno a conjuntos de demandas que no tienen por qué tener nada que las una a priori. Si cada demanda en sí misma no tiene una identidad precisa, no son conservadoras ni radicales en sí, no existe una base objetiva sobre la cual se conforme el conglomerado de demandas. Esta unidad tiene que conformarse desde afuera a partir de su nominación (ídem: 151). En principio, las demandas no tienen entre sí nada más en común que el no haber sido satisfechas: “las demandas no comparten nada positivo, solo el hecho de que todas ellas permanecen insatisfechas” (ídem: 125).
Cuando dos demandas aparecen dentro de un mismo discurso esto no se debe a ningún factor estructural. Si los individuos llegaran en algún caso, a considerar la existencia de otro tipo de relación entre sus diferentes demandas y crear algún tipo de identidad común en torno a ella esto sería un mero espejismo:
trabajadores que viven en un determinado barrio, que trabajan en empleos comparables, que tienen un acceso similar a bienes de consumo, cultura, recreación, etcétera, pueden tener la ilusión de que a pesar de la heterogeneidad de sus demandas en varias esferas, todas ellas son demandas del mismo grupo, y que existe un vínculo natural o esencial entre ellas (ídem: 286. Las cursivas son nuestras).
De esta manera, para Laclau, la conciencia de clase se muestra como una falsa conciencia.15 Los individuos y sus demandas no tienen nada en común, por eso los colectivos sociales requieren de un líder populista que en su discurso articule las demandas construyendo un sujeto social donde solo había individuos y demandas dispersas e insatisfechas.16
La lucha de clase al interior de los movimientos de masas
Si se abandona por un lado el prejuicio de que los movimientos de masas no pueden entenderse a partir de un análisis de las clases sociales y, por otro, la caricatura de clase obrera que representa como proletario solo al trabajador industrial que responde al arquetipo occidental de la segunda posguerra, podrá entenderse que la clase obrera es el núcleo de los denominados movimientos sociales. En algunos casos llegan a constituir su componente excluyente, tal el caso del movimiento de desocupados. En otros casos estos movimientos expresan una confluencia o alianza de distintas clases y fracciones de clase, donde la clase obrera juega un rol central. Tal es el caso de los denominados movimientos campesinos. En los mismos confluye un vasto número de obreros (eso son los campesinos sin tierras, o aquellos que teniendo tierras las utilizan solo como medio de vivienda obteniendo sus ingresos fundamentalmente de su venta de fuerza de trabajo en relaciones asalariadas temporales o permanentes) con sectores de pequeña burguesía y, en menor medida, de burguesía.17 Lo mismo ocurre en movimientos vinculados a comunidades migrantes (como las protestas contra el cierre de talleres de confección del año 2006) y aquellos vinculados con demandas de género (el movimiento gestado bajo la consigna Ni una menos, por ejemplo).
Bajo la conceptualización de movimientos de masas o movimientos populares los autores marxistas han abordado estos fenómenos. Tanto Mao, Marx o Gramsci han indicado la necesidad de que la clase obrera luche por hegemonizar y dirigir estos movimientos frente a las otras clases que pudieran participar de los mismos.
Por ejemplo, Gramsci emplea la noción de sectores subalternos como un concepto que remplaza a la clase obrera. No concibe los grupos subalternos como una masa como una alianza política entre clases subalternas. Por ello, en forma explícita, Gramsci señala las disputas hegemónicas que están todo el tiempo presentes dentro de estos grupos subalternos (Gramsci, 2000: 189). Un análisis similar realizan Lenin y Mao.
Mao alude, al igual que Lenin, a los conflictos de clase en el seno del pueblo. Particularmente, señala tres ejes de enfrentamiento: entre la clase obrera y los campesinos, entre la clase obrera y los intelectuales y entre la clase obrera y la burguesía nacional. A lo que se suman las contradicciones al interior de cada una de estas clases (Tse-Tung, 1957).18 Es decir, en este sentido Mao no se aparta ni de Marx ni de Lenin quienes habían sostenido esta concepción. Lejos de ser el pueblo una anatema dentro de la teoría marxista, a la cual el maoísmo escaparía, la noción de pueblo como alianza de clases oprimidas es una constante en los principales referentes del marxismo y el análisis de Mao, en este sentido, no se aparta del marco teórico marxista-leninista. El marxismo recurre a la noción de pueblo para expresar la alianza de distintas clases oprimidas y recalca el desarrollo de la lucha de clases en el seno del pueblo y la necesidad de que la clase obrera dirija esa alianza bajo un programa revolucionario.
De igual modo, Lenin habla de pueblo, pero como sustituto de la noción de clase. En todo momento aclara que el pueblo tiene distintos componentes (el proletariado y el campesinado, principalmente, pero también los pobres o capas semiproletarias de la ciudad, artesanos, etc.).19 También plantea que Marx unifica en la categoría de pueblo dos elementos, pero no creyendo en la “unidad” del pueblo, sino mostrando la lucha de clases dentro de su seno (Lenin, 1969: 126).20 Por eso, alerta a no desestimar la importancia de las capas populares, pero a buscar la organización independiente del proletariado debido al carácter pequeño burgués y los intereses democráticos de gran parte de esa masa.
En el seno de los movimientos de masa se desarrolla en forma cotidiana una lucha por su programa y su dirección. Los teóricos de los “movimientos sociales” contribuyen al desarrollo de esa lucha. Al negar la existencia de las clases o su utilidad para el estudio de estos movimientos, favorecen que las fracciones pequeño burguesas hegemonicen los reclamos, presentando sus problemas y sus soluciones como las más convenientes al conjunto del arco popular movilizado. Es el caso de los movimientos de inmigrantes dirigidos por la burguesía paisana, que logra colocar como eje del movimiento las demandas de leyes laborales específicas para el sector que flexibilicen las pautas nacionales, es un claro ejemplo.
Los teóricos de los movimientos sociales también contribuyen en la disputa interna al defender cómo el máximo logro de los movimientos sociales es la existencia de criterios y prácticas organizativas diferentes de los de los partidos y sindicatos (Svampa y Pereyra, 2003). En ese sentido, estos teóricos se pronuncian a favor de los métodos impulsados por las orientaciones más cercanas a la pequeña burguesía debilitando otras opciones. Es llamativo que muchas veces se cite a Rosa Luxemburgo un referente de esta concepción (Gambina, homogénea sino Loureiro, Campione y Rajlan, 2005; Loureiro, 2008). Es cierto que ella estudió las acciones que las masas desarrollaron en forma independiente del partido y los sindicatos durante el proceso de la revolución rusa de 1905. Pero no deducía de esto que dichas organizaciones fueran prescindibles, sino que existía una dialéctica entre estos elementos de organización y la acción espontánea de la clase. No es necesario esperar a que las organizaciones estén desarrolladas a la perfección para poder actuar; en determinadas coyunturas la acción espontánea puede preceder a la organización y acelerarla (Luxemburgo, 2015). De esto surge que la acción desarrollada sin organizaciones no debe interpretarse como el certificado de muerte de los “viejos organismos” de la clase obrera, sino que puede actuar como el caldo de cultivo para su futuro desarrollo.
Conclusiones
Una particularidad de muchos de los movimientos de masas actuales es que el pensamiento dominante los atribuye a capas populares externas a la clase obrera, cuando en realidad son nutridos por fracciones de esta misma clase. Esto es posible porque la clase obrera se encuentra sumamente fragmentada. Por otra parte, en el terreno ideológico no ha podido remontar todavía las consecuencias de la derrota del proceso político de la década del setenta. En este sentido, se dificulta la toma de consciencia de clase en un contexto político social que reniega hasta de la existencia de dicho sujeto social. Otro factor que ralentiza la toma de conciencia obrera es la reciente proletarización de muchos de los sectores movilizados. Algunos de ellos transitaron desde la pequeña burguesía sin escalas a la fracción sobrante para el capital de la clase obrera. Tanto lo reciente de su proletarización como el hecho de no haber pasado por la fracción en activo de la clase obrera, sino haber pasado en forma directa a integrar su reserva, vuelven más difícil un auto reconocimiento como parte de la clase obrera. Empeora el cuadro el hecho de que la mayoría de los intelectuales que estudian el fenómeno nieguen la condición obrera de estos sujetos e identifiquen como lo más valioso de su aporte político las pautas de acción más cercanas a su antigua inscripción de clase, como las orientaciones reformistademocráticas o los métodos horizontalistas-autonomistas.
Los movimientos de masas siempre han albergado en su seno enfrentamientos sociales por su hegemonía, que se desplegaron también en el terreno teórico. Lenin y Mao se atrevieron a plantear la necesidad de hegemonía proletaria en el marco de movimientos populares donde la clase obrera era minoritaria. Hoy una clase obrera mayoritaria, pero fragmentada, es mutilada por un pensamiento social que le niega el reconocimiento de todas sus fracciones y la convoca a seguir los métodos y el programa de la pequeña burguesía. A algunas de sus capas más sumergidas se les adjudica una entidad propia y un programa de miseria (algunas horas de trabajo merced a su reparto o trabajo inestable, pero creativo y enriquecedor). La clase que puede conseguirlo todo, es desmembrada y se le ofrecen como utopías lejanas, migajas de la riqueza social que ella misma produce. Superar esta situación exige la reconstrucción de la unidad de la clase obrera y el análisis crítico de las elaboraciones teóricas que, en forma consciente o inconsciente, atentan contra ese desarrollo.
Bibliografía
ARN, Jack: “Pathway to the periphery: Urbanization, creation of a relative surplus population, and political outcomes in Manila, Philippines” in Urban Anthropology and Studies of Cultural Systems and World Economic Development. USA, The Institute, Inc., 1995, pp. 189-228.
_______“Third world urbanization and the creation of a relative surplus population: A history of Accra, Ghana to 1980”, in Review Fernand Braudel Center. New York, Binghamton University, 1996. pp. 413-443.
BALES, Kevin: Disposable People: New Slavery in the Global Economy. Berkeley, University of California Press, 2012.
_______ROBBINS, Peter: “No one shall be held in slavery or servitude: a critical analysis of international slavery conventions”, en Human Rights Review. San Francisco, San Francisco Estate University, 2001. Volúmen 2, número 2, pp. 18–45.
______SOODALTER, Ron: The Slave Next Door: Human Trafficking and Slavery in America Today. Berkeley, University of California Press, 2010.
BRAVERMAN, Harry: Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en el siglo XX. México, Editorial Nuestro Tiempo, 1984.
BURGMANN, Verity: “The Strange Death of Labour History”, in Bede Nairn and Labor History. Sydney, Pluto Press, 1991, pp. 69-81.
CARROLL MOODY, J.; KESSLER-HARRIS, A. (Edit.): Perspectives on American Labor History – The Problems of Synthesis. DeKalb, IL, Northern Illinois University Press, 1989.
CASTEL, Robert: “De la exclusión como estado a la vulnerabilidad como proceso”, en Revista Archipiélago. Madrid, Editorial Archipiélago, 1995. Número 21, pp. 27-36.
_______La metamorfosis de la cuestión social. Una crónica del salariado. Buenos Aires, Ed. Paidós, 1997.
_______"La protección social en una sociedad de semejantes" en Revista CS. Cali, Colombia, Universidad ICESI, 2001. Número 1, pp. 13-40.
DARITY, William: “The managerial class and surplus population”, in Society. USA, 1983. No. 21, vol 1, pp. 54-62.
DEDECCA, Claudio Salvadori: “O desemprego e o seu diagnóstico no Brasil hoje”, en: Revista de Economía Política. São Paulo, Editora 34, 1998. Volumen 18, número 1 (69), pp. 69-119.
_______BALTAR, Paulo Eduardo de A.: “Mercado de trabalho e informalidade nos anos 90”, en Estudos Econômicos. São Paulo, Universidade de São Paulo, 1998. Vol. 27.
DE SOUSA SANTOS, Boaventura. "Los nuevos movimientos sociales" en revista Osal. Buenos Aires, CLACSO, 2001. Nro. 5, pp. 177-188.
FRANCES, Rae y SCATES, Bruce: “Is Labour History Dead?” en Australian Historical Studies. Routledge, 1993. Nro. 100, pp. 470-481.
GAMBINA, Julio; RAJLAN, Beatriz; CAMPIONE, Daniel: “Rosa Luxemburgo: un debate sobre el socialismo con 100 años de experiencia” en GAMBINA, Julio et al.: Pensamiento por el socialismo. América Latina en el siglo XXI. Buenos Aires, FISyP, 2005.
GERMANI, Gino: El concepto de marginalidad. Buenos Aires, Ed. Nueva Visión, 1980.
GRAMSCI, Antonio. Cuadernos de la cárcel. México, Editorial Era, 2000. Volumen 6.
HART, Keith: “Informal income opportunities and urban government in Ghana”, in Journal of Modern African Studies. Cambridge, Cambridge University Press, 1973. No. 11.
HUMPHRIES, Jane: “The ‘Emancipation’ of women in the 1970s and 1980s: From the latent to the floating”, in Capital & Class. Nottingham University, UK, 1983. No.7, vol. 2, pp. 6-28.
IRVING, Terry (Edit.): Challenges to Labour History. Sydney, University of New South Wales Press, 1994.
KABAT, Marina: "Argentinian Worker-Taken Factories: Trajectories of Workers’ control under the economic crisis" en AZZELLINI, D. y NESS, I.: Ours to master and to own. Workers’ control from the commune to the present. Chicago, Haymarket Books, 2011.
_______"En el nombre del pueblo. Populismo, socialismo y peronismo en la obra de Ernesto Laclau", en Razón y Revolución. Buenos Aires, Ediciones ryr, 2014a. Número 26
_______“From structural breakage to political reintegration of the working class: relative surplus population layers in Argentina and their involvement in the piquetero movement”, en Capital and Class. David Bailey Editor, University of Birmingham, UK, 2014b. Vol 38, Issue 2.
_______DESALVO, Agustina; EGAN, Julia: “The Tip of the Iceberg Media Coverage of “Slave Labor” in Argentina” in Latinamerican Perspectives. en prensa.
KUUMBA, M. B.: “A cross-cultural race/class/gender critique of contemporary population policy: The impact of globalization”, in Sociological Forum, Springer Netherlands, 1999. No. 3, vol. 14, pp. 447-463.
LI, Tania: “To make live or let die? Rural dispossession and the protection of surplus populations”, in Antipode. Antipode Foundation Ltd, 2010. No. 41, sup. 1, pp. 66-93.
LYNCH, Michael, J., GROVES, W. B., & LIZOTTE, A.: “The rate of surplus value and crime. A theoretical and empirical examination of Marxian economic theory and criminology”, in Crime, Law and Social Change. Springer Netherlands, 1994. No. 21, Is. 1, pp. 15-48.
LACLAU, Ernesto. La razón populista. Buenos Aires y México, FCE, 2005.
LENIN, Vladimir: Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1969. Tomos 2, 8, 9 y 10
LOUREIRO, Isabel: “Rosa Luxemburg e os movimentos sociais contemporâneos: o caso do MST”, Crítica Marxista, São Paulo, Ed. Revan, 2008. Vol. 1, nro. 26, pp. 105-116.
LUXEMBURGO, Rosa: Espontaneidad y acción. Debates sobre la huelga de masas, la revolución y el partido (con textos de Vandervelde, Lenin, Lukács, Stalin y Trotsky). Buenos Aires, Ediciones ryr, 2015.
MARSHALL, Adriana: El mercado de trabajo en el capitalismo periférico. El caso de Argentina. México, Cuadernos del Pispal-El Colegio de México, 1981.
MARX, Karl: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política [Grundisse] 1857-1858. Madrid, Siglo XXI Editores, 1989.
MCINTYRE, Michael: “Race, surplus population and the Marxist theory of imperialism”, in Antipode. Antipode Foundation Ltd, 2011. No. 43, is. 5.
_______& NAST, H. J.: “Bio (necro) polis: Marx, Surplus Populations, and the Spatial Dialectics of Reproduction and ‘Race’”, in Antipode. Antipode Foundation Ltd, 2011. No. 43, is. 5.
MUÑOZ, Roberto: "Organizaciones campesinas en la provincia de Chaco, Argentina. Una aproximación a su composición social a partir de sus acciones de protesta: el caso de la unión campesina de chaco (UCC), 2002-2011" en E-l@tina. Revista electrónica de estudios latinoamericanos, Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, 2016. Vol. 14, nro. 55, pp. 23-43.
NEFFA, Julio César: “Reflexiones acerca del empleo precario”, Anales de la Asociación Argentina de Economía Política. XX Reunión Anual, Mendoza, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Nacional de Cuyo, 1985.
NEILSON, David: “Formal and real subordination and the contemporary proletariat: Re-coupling Marxist class theory and labour-process analysis”, in Capital & Class. David Bailey Editor, University of Birmingham, UK, 2007. No. 91.
________“Sobrepoblación y la teoría marxista de clase”, en Razón y Revolución. nº 19, Buenos Aires, 2009.
______and THOMAS Stubbs: “Theory and empirical application Relative surplus population and uneven development in the neoliberal era”, in: Capital & Class. David Bailey Editor, University of Birmingham, UK, 2011. No. 35.
NUN, José: “Superpoblación relativa, ejército industrial de reserva y masa marginal”, en Revista Latinoamericana de Sociología. Buenos Aires, 1969. Vol. V, nro. 2.
______“El futuro del empleo y la tesis de la masa marginal”, en Desarrollo Económico – Revista de Ciencias Sociales. Buenos Aires, IDES, 1999. Vol. 38, nro.152, pp. 985-1004.
______Marginalidad y exclusión social. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.
OFFE, Claus: “Los nuevos movimientos sociales cuestionan los límites de la política institucional”, en Partidos políticos y nuevos movimientos sociales. Madrid, Editorial Sistema, 1992.
TOURAINE, Alain: “Los movimientos sociales: ¿objeto particular, o problema central del análisis sociológico?” en El regreso del actor. Buenos Aires, EUDEBA, 1987.
______"Los movimientos sociales" en Revista colombiana de sociología. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 2006. Vol. 3, número 27, pp. 255-278.
OFICINA DE ACTIVIDADES PARA LOS TRABAJADORES: Políticas y Regulaciones Para Luchar Contra el Empleo Precario. Suiza, Organización Internacional del Trabajo, 2011.
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO: Employment, incomes and equality. A strategy for increasing productive employment in Kenya. Ginebra, Organización Internacional del Trabajo, 1972.
PORTES, Alejandro: En torno a la informalidad: Ensayos sobre teoría y medición de la economía no regulada. México, M.A. Porrúa, FLACSO, 1995.
_______BENTON, Lauren: “Desarrollo industrial y absorción laboral: una reinterpretación”, en Revista de Estudios Sociológicos. México, El Colegio de México, enero-abril de 1987. Vol. 5, nro. 13.
_____CASTELLS, Manuel; BENTON, Lauren (eds.) The Informal Economy: Studies in Advanced and Less Developed Countries. Baltimore, John Hopkins University Press, 1989.
PREALC: El problema del empleo en América Latina. Situación, perspectivas y políticas. Santiago, Ed. PREALC, 1976.
ROSANVALLON, Pierre: La nueva cuestión social. Repensar el estado providencia. Buenos Aires, Ed. Manantial, 2007.
SARTELLI, Eduardo; KABAT, Marina: “Where did Braverman go wrong? A Marxist response to the politicist critiques”, Cadernos EBAPE.BR. Rio de Janeiro, Fundação Getulio Vargas, Escola Brasileira de Administração Pública e de Empresas, 2014. Vol. 12, n. 4, pp. 829 a 850. Disponible en https://goo.gl/dWJ9lp.
_______y KABAT, Marina: “Peasants, migrants and self-employed workers: the masks that veil class affiliation in Latin America: The Argentine case” en Michael WAYNE y Deirdre O'NEILL: Considering Class: Theory, Culture and Media in the 21st Century. Londres, Brill, 2017.
STANDING, Guy: El precariado. Una nueva clase social. Barcelona, Pasado y Presente, 2013.
_______“Por qué el precariado no es un «concepto espurio»”. Revista Sociología del Trabajo. Madrid, Siglo XXI editores, 2014. Número 82. Disponible en https://goo.gl/Y7IRRe.
SVAMPA, Maristella; PEREYRA, Sebastián: Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las organizaciones piqueteras. Buenos Aires, Biblos, 2003.
TOKMAN, Víctor: Una voz en el camino. Empleo y equidad en América Latina: 40 años de Búsqueda. Santiago, FCE, 2004.
TSE-TUNG, Mao: “On the correct handling of contradictions among the people”, en Selected works. Peking, Foreign Languages Press, (1957) 1965. Vol. V.
VAN DER LINDEN, Marcel (Edit.): The End of Labour History? Cambridge, Cambridge University Press, 1993.
_______LUCASSEN, Jan: Prolegomena for a Global Labour History. Amsterdam, IISH, 1999.
WELSKOPP, Thomas: “Von der verhinderten Heldengeschichte des Proletariats zur vergleichenden Sozialgeschichte der Arbeiterschaft” in: Zeitschrift für Sozialgeschichte. 1999 des 20. und 21. Jahrhunderts, (3/1993), S. 34-53.
YOUNG, Kate: “The creation of a relative surplus population: a case study from Mexico”, in Women and Development: Sexual Division of Labor in Rural Societies. New York, Praeger, 1982, pp. 149-177.
Notas