Trabajo y migraciones postcoloniales en la agricultura capitalista global
Presentacion: Trabajo y migraciones postcoloniales en la agricultura capitalista global

La relación entre trabajo, raza y migraciones se ha vuelto fundamental en la agricultura capitalista contemporánea a nivel global. La intersección entre raza, pertenencia nacional y género determina las jerarquías laborales y las relaciones entre trabajo y capital en todos los contextos productivos, si bien a nivel local existen algunas diferencias marcadas por determinantes históricos, coloniales y laborales.
El aumento de los movimientos migratorios, las luchas de los migrantes y las políticas racistas de los estados y otras agencias supranacionales en el mundo postcolonial demuestran que las relaciones coloniales no han desaparecido, sino que se han reorganizado de diferente manera, articulando las herencias de las situaciones coloniales, y poniendo de relieve que el principio de la colonialidad del poder sigue siendo central también más allá de las colonias. Esta reorganización de las relaciones coloniales en el periodo postcolonial se hace evidente, de manera particular, en las relaciones de producción en las que los migrantes son protagonistas como fuerza de trabajo.
El caso de la agricultura es particularmente relevante puesto que los migrantes nacionales e internacionales se han convertido, en diferentes áreas geográficas, en la fuerza de trabajo central de este sector productivo. Los ejemplos son muchos y se manifiestan en todos los continentes. El caso paradigmático es, claramente, el estadounidense, y más particularmente, el californiano, donde la migración mexicana ha sido determinante desde el principio de su desarrollo al comienzo de los años 30 y, después, con el programa Bracero (Calavita, 1992). El incremento de la fuerza de trabajo asalariada de origen extranjero en toda la agricultura europea es fácilmente observable, puesto que los migrantes representan casi la mitad de la mano de obra externa a las familias campesinas (Avallone, 2014), como sucede de igual manera en Nueva Zelanda, Israel y otros países (Molinero y Avallone, 2016). Al mismo tiempo se observa la inserción de la mano de obra migrante interna en otros contextos nacionales, como, por ejemplo, en las agriculturas de México y Argentina, que tienen una composición étnica muy precisa, caracterizada por el predominio de grupos etno-raciales inferiorizados tanto por las sociedades como por las políticas locales.
En estos contextos, las empresas agrarias y todas las cadenas de valor globales buscan continuamente mano de obra dócil y barata para vencer la competencia y, a nivel sistémico, permitir la producción barata de comida que, como explica la teoría de la ecología-mundo (Moore 2015), es fundamental para garantizar la tasa de acumulación y permitir la supervivencia del capitalismo. Raza, género y políticas de control y selección de las migraciones juegan un papel fundamental en la definición de este tipo de mano de obra, determinándola como fuerza de trabajo débil o, más específicamente, debilitada.
El objetivo de este monográfico, propuesto en la revista Theomai, es el de visibilizar y profundizar la relación entre trabajo, raza y migraciones, a través del reconocimiento de la herencia de las relaciones coloniales y de la colonialidad del poder como principios de organización y gobierno de las relaciones de producción en la agricultura capitalista contemporánea. Esto no significa que se deba olvidar también que los nacionales no migrantes se encuentran muchas veces en las mismas condiciones de trabajo que los propios migrantes. Ya W.E.B. Du Bois recordaba que la política de peonaje en el Sur rural de Estados Unidos a principios del siglo XX “[había] sido reforzad[a] por un sistema de estatus y administración que se aplica[ba] a todo el trabajo rural, blanco y negro, y que produc[ía] un cuerpo de legislación positivamente increíble en sus aspectos reaccionarios y medievales” (Du Bois, 1912: 81). Esto significa poner en evidencia como los y las migrantes se pueden encontrar más fácilmente en relaciones de poder desventajosas pues son insertados e insertadas en relaciones influenciadas por la herencia colonial y la colonialidad del poder.
Los artículos propuestos en este monográfico están orientados a visibilizar este tipo de relaciones, concentrándose en el estudio de determinadas áreas o cadenas productivas y en el análisis de encuadramiento teórico del fenómeno. Se han elegido artículos en diferentes idiomas para evidenciar tanto la necesidad de interrelacionar más áreas culturales entre sí como de visibilizar el hecho de que no existe necesariamente un idioma central predominante sobre el resto.
Al mismo tiempo, los artículos se focalizan en diferentes áreas geográficas y enfoques teóricos y metodológicos. Los de Carla Panico, Francesco Caruso y Nick Dines se han concentrado en el caso europeo, profundizando sus análisis sobre las áreas agrícolas del Sur Europa. Lucio Castracani ha analizado el caso de Canadá. Yoan Molinero y Gennaro Avallone han propuesto un análisis comparativo, estudiando, en el primer caso, la situación argentina e italiana, y, en el segundo, la inserción de los migrantes en algunos contextos a través de una mirada más transnacional que comparativa.
Todos los artículos que aquí se presentan, giran en torno a un eje común: la relevancia que tienen tanto la raza como la herencia colonial en la construcción de la fuerza de trabajo agrícola contemporánea. En síntesis, los análisis que componen este número reflejan como la agricultura capitalista depende cada vez más de una amalgama de relaciones políticas, simbólicas y culturales construidas a lo largo de la modernidad y que siguen activas actualizándose constantemente en el mundo postcolonial.
