Dossier

Recepción: 05 Julio 2021
Aprobación: 25 Octubre 2021
DOI: https://doi.org/10.48102/ribet.18.34.2022.102
Resumen: A la luz de la encíclica Fratelli tutti (2020), del papa Francisco, y en nuestro contexto mexicano y latinoamericano, en este artículo nos fijamos en siete realidades importantes del México actual, que constituyen sendas “concavidades”, esto es, negaciones de la dignidad y de la fraternidad humana: 1) la desigualdad socioeconómica, 2) la violencia, 3) la marginación de pueblos indígenas, 4) el maltrato a las mujeres, 5) la corrupción política, empresarial y ciudadana, 6) la cerrazón al diálogo y 7) la alarma ecológica. La encíclica Fratelli tutti hace varias llamadas a la esperanza que en México pueden sintetizarse en cuatro: 1) el fin de toda marginación humana, 2) la construcción del nosotros mediante el diálogo, 3) la superación de la baja autoestima, y 4) la cultura de la paz en el marco de la ecología integral. El pozo de lo inhumano en México es profundo; no obstante, cuanto mayor sea el pozo en el que se ve ahogada la humanidad en México, mayor será también su esperanza.
Palabras clave: Violencia en México, Fratelli tutti, papa Francisco, desigualdad, diálogo social, alarma ecológica, esperanza.
Abstract: In light of Pope Francis’ encyclical Fratelli tutti (2020) and in our Mexican and Latin American context, this article reflects on seven important realities Mexico is facing nowadays, which constitute individual “concavities”, that is, the denial of human dignity and fraternity: 1) the socio-economic inequality, 2) the violence, 3) the marginalization of indigenous people, 4) the abuse on women, 5) the political, economic and civil corruption, 6) closing the door on dialogue and, 7) the ecological and environmental alarm. The Fratelli tutti encyclical calls on different hope that in Mexico can be synthesized in these four: 1) the end to all human marginalization, 2) the construction of an “us” through dialogue, 3) the overcoming of low self-esteem and, 4) a culture of peace in an environment of integral ecology. The well that is inhumanity in Mexico is deep; however, the deeper the well in which humanity is drowning, the greater is its hope.
Keywords: Violence in Mexico, Fratelli tutti, Pope Francis, inequality, social dialogue, ecological alarm, hope..
1. La crisis de fraternidad en México
México es un país que contiene realidades humanas, culturales y naturales extraordinarias, pero desafortunadamente vive al mismo tiempo tragedias de enorme magnitud que hunden sus raíces en una historia de siglos, aun cuando algunas de sus manifestaciones sean relativamente recientes, concretamente de las dos últimas décadas.1 No pudiendo analizar aquí las causas históricas profundas de esas tragedias humanas, vamos a presentar algunas de esas realidades en su manifestación actual, con la intención de establecer un diálogo hermenéutico entre ellas y la reciente encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti (ft) —3 de octubre de 2020—, de tal manera que la lectura mexicana de la encíclica —al menos, una de ellas, porque obviamente hay más de una— nos permita fijarnos en la crisis de fraternidad que sufrimos hoy en este gran país, pero también nos haga escuchar la llamada a la esperanza que late en el texto del papa Francisco.
Nos vamos a fijar aquí en siete realidades importantes del México actual:1) desigualdad socioeconómica, 2) violencia, 3) marginación de pueblos indígenas, 4) maltrato a las mujeres, 5) corrupción política, empresarial y ciudadana, 6) cerrazón al diálogo y 7) alarma ecológica. Algunas de las afirmaciones que aquí haremos sobre México pueden ser extrapoladas a otros países de América Latina, como, por ejemplo, Guatemala, El Salvador, Colombia o Brasil, entre otros. Nuestra mirada será mexicana, pero al mismo tiempo tendremos en cuenta nuestro contexto latinoamericano, así como el universo global, sin los cuales sería imposible entender México hoy.
1.1. Desigualdad socioeconómica
México presenta uno de los índices de desigualdad más elevados del continente y del mundo. Familias muy ricas y grandes grupos económicos internacionales surgidos en México conviven en la misma geografía con 52 millones de pobres, de un total de 126 millones de habitantes, esto es, aproximadamente el 40% de la población. Esa desigualdad es antigua y se ha mantenido en el tiempo a pesar de los grandes acontecimientos políticos que ha vivido el país en los últimos dos siglos. Buena parte de la clase media, que es importante, parece estar más preocupada por emular a los ricos que por querer sacar a los pobres de su pobreza. Comparando los años 2008 y 2018, vemos que en 2008 el nivel de pobreza en México alcanzaba a 49.5 millones de personas (44.4% de la población), mientras que en 2018 había ascendido a 52.4 millones de personas (41.9%); en 2008 estaban en situación de pobreza extrema 12.3 millones de personas (11%) y en 2018,9.3 millones de personas (7.4%); en 2008 la población vulnerable por ingresos era de 5.2 millones de personas (4.7%) y de 8.6 millones en 2018 (6.9%); la población vulnerable por carencias sociales era de 36.0 millones de personas en 2008 (32.3%) y de 8.6 millones en 2018 (6.9%). En cambio, en la zona alta de la estrecha pirámide social, tenemos que en 2008 la población que no era ni pobre ni vulnerable alcanzaba los 20.9 millones de personas (18.7%), mientras que en 2018 llegaba a los 27.4 millones (21.9%),lo que incluye a la clase media relativamente acomodada, la clase media alta y la clase alta.2 En síntesis, de cada 10 mexicanos casi la mitad vive en la pobreza (y de ellos, uno en pobreza extrema), tres son socialmente vulnerables, y solo dos viven con mayor o menor confort.
Estos datos resultan abrumadores. Sin duda, México es uno de los países con mayor desigualdad del mundo, pero, mutatis mutandis, estos porcentajes corresponden a no pocos países latinoamericanos, africanos y asiáticos. Así, en el Informe de Oxfam de enero de 2020, justo antes de la pandemia de la Covid, se afirma lo siguiente:
La desigualdad económica está fuera de control. En 2019, los 2,153 mil millonarios que hay en el mundo poseían más riqueza que 4,600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África. Estos ejemplos de riqueza extrema conviven con un enorme nivel de pobreza. Según las estimaciones más recientes del Banco Mundial, prácticamente la mitad de la población mundial vive con menos de 5.50 dólares al día, mientras que el ritmo de reducción de la pobreza ha caído a la mitad desde 2013.3
En otras palabras, algo menos del 0.00003% de la población mundial tenía en 2019 la misma riqueza que prácticamente el 60%. Volviendo a México, ni por parte de gobiernos “neoliberales” ni por parte de gobiernos “progresistas” se han llevado a cabo políticas que disminuyan esta desigualdad socioeconómica descomunal. Unos se suceden a otros, los años van pasando, y la realidad sigue siendo la misma, con tendencia a empeorar en algunos índices. De hecho, se están alcanzando cotas de desigualdad que no se veían desde 1935, cuando alrededor del 75% del ingreso nacional correspondía a los ingresos por capital, mientras que el restante 25% se repartía entre la población trabajadora.4 En la gran obra de Thomas Piketty, El capital en el siglo xxi,5 el economista francés muestra que se está dando un aumento de la desigualdad en el mundo debido a una caída en la participación del trabajo en el ingreso nacional y a su consecuente aumento proporcional del capital. El Informe Oxfam de 2015 muestra esa misma tendencia en México.6 Con ligeras variaciones de un año a otro, en términos de desarrollo humano, México ocupa el lugar 74 del mundo, lo que debería comportar que ocupara un lugar semejante en términos de igual dad; sin embargo, ocupa el 121 de un total de 138 países.7
1.2. Violencia
La violencia ha alcanzado en la última década unos índices nunca vistos en México fuera de periodos bélicos. Estamos prácticamente en 100 homicidios al día, lo que hace de México uno de los países no en guerra más violentos del mundo, tal vez el más violento. Sin duda, toda violencia es horrible; sin embargo, algunos tipos de violencia son especialmente deplorables, y en México los tenemos y en abundancia. En 2019 hubo en México 35,588 víctimas mortales, lo que supuso una media de 97.5 homicidios al día.8 Para que nos hagamos una idea de la monstruosidad de estas cifras, si las comparamos con España, vemos que en este país y en ese mismo año fueron asesinadas 332 personas, esto es, un promedio de 0.9 al día,9 por lo que la violencia en México sería 100 veces mayor que en España. Sin duda, España es un país más pequeño que México: tiene 47 millones de habitantes. Aun con ese correctivo, la diferencia seguiría siendo abismal: la población mexicana es 2.7 veces mayor que la española; por ello, si multiplicamos los 332 homicidios anuales en España por 2.7, nos da 896, lo que significaría que la violencia en México es 40 veces mayor que en España. En realidad, la diferencia es aún mayor, porque en México los miles de secuestrados y desaparecidos no son contabilizados como homicidios aun cuando todo el mundo sepa que ya están muertos, porque mientras no aparezca el cadáver, técnicamente no hay homicidio. Obviamente, podemos concretar aún más. Por ejemplo, en ese mismo año, 2019, hubo en México 983 feminicidios, de un total de 2,822 mujeres víctimas de homicidio doloso.10 No obstante, estos datos ya nos dan una idea clara del grado extremo de violencia en México, lo que constituye una violación cotidiana de la fraternidad.
La violencia extrema no es patrimonio exclusivo de México. Azota también con fuerza otros países del subcontinente, como es el caso de Brasil, Colombia —a pesar del proceso de paz iniciado por el gobierno y las farc—, Venezuela, El Salvador o Guatemala, entre otros. Si consideramos el conjunto del continente, no podemos olvidar a Estados Unidos, un país que convive con la violencia, tal como expone muy bien el documental Bowling for Columbine (2002), de Michael Moore.
1.3. Marginación de pueblos indígenas
A pesar de que el movimiento zapatista de los años noventa del siglo pasado puso la realidad de los pueblos indígenas —u originarios— en el mapa de la realidad mexicana, no obstante, casi 30 años después de aquella sublevación y 200 después de la independencia del país estas comunidades siguen estando marginadas. Su realidad es incierta, dado que tienen culturas y costumbres ancestrales y al mismo tiempo no pueden ni quieren que dar al margen de la globalización, que tiende a hablar en un solo idioma y a expresarse en un solo universo cultural.
En el territorio mexicano habitan 68 pueblos indígenas, cada uno hablante de una lengua originaria propia, las cuales se organizan en11 familias lingüísticas y se derivan en 364 variantes dialectales. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi), 25.7 millones de personas, es decir el 21.5% de la población, se auto adscribe como indígena. Mientras tanto,12 millones de habitantes (10.1% de la población) señalaron vivir en hogares indígenas. También, el 6.5% de la población nacional se encuentra registrada como hablante de una lengua indígena, representando a 7.4 millones de personas.
Las comunidades originarias continúan siendo las más vulnerables ante la situación de desigualdad, pues de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el 69.5% de la población indígena, 8.4 millones de personas, experimenta una situación de pobreza, y el 27.9%, 3.4 millones de personas, de pobreza extrema. Además, el 43% de los hablantes de alguna lengua indígena no concluyeron la educación primaria, mientras que el 55.2% se desempeña en trabajos manuales de baja calificación.11
Como vemos, la diversidad es enorme —68 culturas con sus respectivos idiomas, a lo que hay que añadir los centenares de dialectos—, a pesar de que porcentualmente estemos hablando de una minoría (21.5% de la población), y eso juntando todas las culturas en un solo paquete demográfico, dado que, si miramos el porcentaje de cada cultura por separado, el resultado es que apenas son visibles en el mapa sociológico del país. La realidad indígena mexicana expresa uno de los grandes retos de este siglo xxi a nivel global: la articulación de lo particular con lo universal. No se trata de una opción binaria —o lo uno o lo otro—, puesto que en ese caso toparíamos con dos posibles absurdos: 1) afirmar solo lo indígena, desconectando a cada pueblo de los demás, del resto del país y del mundo; o bien 2) apostar solo por la globalización, con su idioma prácticamente único, el inglés, y perder una diversidad humana extraordinaria, lo que supondría un empobrecimiento antropológico y cultural sin precedente en la historia. Sin caer en ninguno de estos dos errores, resulta sumamente complicado ver cómo se puede articular la tradición occidental universa lista —de la mano de su Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y de su estructuración en naciones con un Estado democrático, social y de Derecho— con esas numerosas y diversas culturas antiquísimas. Estamos aquí ante un problema cultural de gran magnitud, que solo se podrá abordar con muchas horas de diálogo, pero también estamos ante un drama socioeconómico enorme, dado que los indígenas están de facto y desde hace siglos en la zona inferior de la pirámide social.12
1.4. Maltrato a las mujeres
México tiene una tradición machista muy enraizada que va más allá del simple reparto de roles por sexo, propio de las sociedades primitivas y antiguas.13 En muchos lugares y en muchos hogares hay un marcado desprecio de la mujer que le lleva a esta a sufrir todo tipo de vejaciones, maltratos, e incluso secuestro, torturas, asesinato y desaparición. Los feminicidios—asesinato a una mujer por el hecho de ser mujer, ya sea adulta o adolescente— siguen estando en cotas muy altas. Ya hemos mostrado más arriba algunos datos estadísticos al respecto. Completémoslos ahora.
Afortunadamente, está habiendo una fuerte reacción en la sociedad mexicana a esta secular marginación de la mujer. Por doquier surgen grupos feministas que reivindican —no siempre con acierto, todo hay que decir lo— un papel distinto para la mujer en México. Es obvio que algo está cambiando, y de manera acelerada. Sin embargo, las estadísticas de violencia hacia la mujer, así como el machismo habitual, siguen siendo muy graves. Hemos dicho que esos grupos “no siempre presentan con acierto” sus reivindicaciones porque no es excepcional ver cómo algunos de ellos no tienen inconveniente en aplastar los derechos humanos de otros colectivos con tal de defender los derechos de la mujer, algo a todas luces inaceptable.
Los datos obtenidos a 30 de abril de 2020 en el Centro Nacional de Información del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, perteneciente a la Secretaría de Seguridad Pública, muestran que se cometieron 411 feminicidios en México en 2015, 604 en 2016, 741 en 2017, 891 en 2018 y 983 en 2019 […]. En ese mismo periodo, las mujeres víctimas de homicidio doloso fueron 1,735 en 2015, 2,191 en 2016, 2,536 en 2017, 2,770 en 2018 y 2,822 en 2019 […]. Solo en el estado de Sinaloa fueron víctimas del tráfico de menores 44 niñas en 2015, 115 en 2016, 99 en 2017, 16 en 2018 y 12 en 2019. El número de mujeres víctimas de la trata de personas en todo el país fue de 689 en 2015, 594 en 2016, 380 en 2017, 361 en 2018 y 389 en 2019 […]. Las mujeres que sufrieron cualquier tipo de violencia familiar fueron126,816 en 2015, 153,581 en 2016, 169,579 en 2017, 180,187 en 2018 y 204,128 en 2019 […]. La violencia a la mujer en México no es mayoritaria; de hecho, mueren muchos más varones que mujeres: ajustes de cuentas, violencia entre bandas, tiroteos. No obstante, la indefensión en la que se encuentra la mujer tanto en el hogar, como en la calle, como en el lugar de trabajo, hace que sea una víctima especialmente vulnerable, sobre todo si tenemos en cuenta el machismo que impera en las comisarías de policía, donde la denunciante a menudo se siente ultrajada y humillada.14
1.5. Corrupción política, empresarial y ciudadana
La corrupción está muy enraizada en el imaginario colectivo y en las costumbres de México, desde los pequeños detalles del “págueme en cash, no por transferencia bancaria”— para que el fisco no tenga constancia de la operación, y así no tenga uno que pagar impuestos— hasta la alta corrupción que afecta a grandes empresas, policía, ejército y políticos. Es un país con doble rasero, el oficial (muy sofisticado) y el real (muy simple). Por razones obvias, no resulta fácil medir la corrupción. Sí tenemos datos acerca de la percepción que la población mexicana tiene de este fenómeno.
Si bien en las entidades federativas de la República Mexicana las percepciones varían, no hay estado que muestre buenas calificaciones. La entidad federativa con mayor percepción de corrupción es la Ciudad de México, donde 95.1% de sus habitantes consideran que las prácticas de corrupción son muy frecuentes o frecuentes, casi 10 puntos porcentuales por encima de la media nacional, que es de 88.8%.15
Un 89% de la población mexicana considera que la corrupción en su país es “frecuente” o “muy frecuente”.16 Estamos, por tanto, ante un fenómeno muy generalizado, que afecta no solo a políticos, sino también a empresarios, policías, militares e incluso al mundo del deporte.
1.6. Cerrazón al diálogo
En México hay un grave problema de convivencia. En diversos debates políticos, culturales y morales se tiende a la polarización —solo hay dos posiciones, a favor o en contra de algo, cuando en realidad el pensamiento humano es mucho más matizado y diverso—, a no dialogar con los de la otra postura, a descalificarlos e incluso a humillarlos públicamente, así como a “bombardear los puentes” (ft, 201). En particular, sufre este problema buena parte de la comunidad universitaria. La universidad es —debería ser— el espacio por excelencia para el análisis riguroso de la realidad, allí donde, sin miedos ni dogmatismos —ya sean estos “de derecha” o “de izquierda”—, docentes, investigadores y estudiantes pudieran analizar con rigor, exhaustividad y espíritu crítico tanto la realidad como los discursos ideológicos acerca de ella. Lejos de esto, no son pocos los directivos que conciben la universidad como un espacio desde el cual inyectar su ideología en la sociedad, de tal modo que al que trate de cuestionar ese método se le “decapita” de un modo u otro “por estar en la oposición”. Con sus mentes perezosas, que solo abarcan simples categorías dicotómicas, no entienden qué es una universidad. Por ello, son muchos los docentes e investigadores de universidades mexicanas que se autocensuran para no ser quemados en la “hoguera de las brujas”.
1.7. Alarma ecológica
Last but not least, tenemos la alarma ecológica. El problema medioambiental es como el gas que se escapa de la cocina durante la noche: no hace ruido, parece que no pasa nada, pero cuando da con una chispa, estalla y entonces salta todo por los aires. El problema ecológico es gravísimo, pero no llama la atención en el día a día. Cuando estalle, ya no habrá solución posible.17 El denominado Segundo Informe de Labores (2019-2020): Medio Ambiente, presentado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del gobierno de México en septiembre de 202018 —sin duda, con un tono político de alabanza de la acción gubernamental en este terreno por el hecho de tratarse de un organismo de la administración— muestra su preocupación por el estado del medio ambiente, y lo concreta en cinco áreas, reformuladas como sendos objetivos:
1) Conservación, protección, restauración y aprovechamiento sustentable de los ecosistemas y su biodiversidad. Durante décadas México siguió un modelo de desarrollo que dejó una profunda huella de deterioro ambiental y social. Se perdieron con ello gran número de superficies de ecosistemas naturales, lo que supuso una considerable degradación ambiental y tuvo un impacto negativo en la calidad de vida de los mexicanos. Concretamente, están en situación de grave amenaza la mitad de las especies de mamíferos, anfibios y reptiles del país.19
2) Fortalecer la acción climática a fin de transitar hacia una economía baja en carbono y una población, ecosistemas, sistemas productivos e infraestructura estratégica resilientes. En el marco general de la constatación científica de que la Tierra ha registrado durante los últimos 50 años un alarmante aumento de 0.85°C, México, desafortunadamente, no constituye una excepción, sino que ha contribuido activamente a esa tendencia. No solo eso: se afirma también que este país es particularmente vulnerable a los impactos del cambio climático. Concretamente, en torno a 68% de la población y a 71% de su pib están expuestos a los efectos negativos directos de este fenómeno.20
3) Promover al agua como pilar de bienestar. El consumo de agua ha aumentado de manera muy importante en México —21% entre 2001 y 2017, y hasta 32.8% en el uso doméstico en el mismo periodo—, una tendencia ecológicamente insostenible con el paso del tiempo, por lo que se hace urgente invertir en la potabilización y con ello minimizar las consecuencias perjudiciales para los ecosistemas naturales y su biodiversidad.21
4) Promoción de un entorno libre de contaminación del agua, el aire y el suelo. Solo en 2016 se emitieron 26 millones de toneladas de contaminantes, de los cuales el 59% fueron de origen antropogénico, lo que provocó una seria contaminación al formar ozono troposférico y emitir carbono negro. Para evitarlo, las políticas públicas, se dice, deberían ser aún más estrictas en las acciones de inspección y vigilancia de lo que algunos denominan ya justicia ambiental.22
5) Finalmente, gobernanza ambiental a través de la participación ciudadana en las decisiones de política pública, asegurando el acceso a la justicia ambiental y promoviendo la educación y cultura ambiental. No basta con promover adecuadas políticas públicas para abordar el tema medioambiental en México, sino que se requiere también un cambio de mentalidad en la población, una cultura nueva, algo, sin duda, complicado pero posible. Esta cultura nueva debe pivotar en torno a la revalorización de lo natural, de tal manera que se modere el consumo y se asuman cambios en los patrones de producción, así como de extracción de recursos naturales. Para alcanzar esa cultura ecológica se necesitará, sin lugar a duda, información, pero también una actitud nueva en la relación hombre-naturaleza.23
En las siete realidades mexicanas que hemos expuesto en esta primera parte de nuestro estudio subyace algo que les da unidad estructural: todas son expresión de una crisis profunda de fraternidad. Esto resulta obvio en las seis primeras —desigualdad socioeconómica, violencia, marginación de pueblos indígenas, maltrato a las mujeres, corrupción, cerrazón al diálogo—, y puede no resultarlo tanto en la séptima y última —alarma ecológica—. Sin embargo, hasta la fecha, la Tierra es el único hogar que tiene la humanidad, por lo que la agresión consciente a ese hogar es la semilla para la destrucción de la humanidad, lo que sí constituye un atentado grave a la fraternidad.
2. Llamadas a la esperanza
En la encíclica Fratelli tutti encontramos diversas llamadas cargadas de esperanza que cobran una fuerte significación cuando las escuchamos con espíritu abierto en el contexto de nuestra realidad mexicana, latinoamericana e incluso global. Vamos a sintetizarlas aquí en cuatro: 1) el fin de toda marginación humana, 2) la construcción del nosotros mediante el diálogo, 3) la superación de la baja autoestima, y 4) la cultura de la paz en el marco de la ecología integral.
2.1. El fin de toda marginación humana
México no es una excepción a ese triste fenómeno de la (in)cultura de la cosificación de lo humano y del descarte de cosas y de personas que denuncia el papa Francisco en su encíclica (ft, 24).24 Hay que trabajar por la dignidad de la persona humana en todos sus niveles y realidades, sin excepciones ideológicas, desde lo intrafamiliar hasta lo político, desde antes de nacer la criatura hasta después de haber muerto una persona. No podemos defender la dignidad de la persona humana aquí sí, pero allí no, tal vez porque aquí suena bien, pero allí no tanto. En el marco del proyecto de Ecología Integral promovido por el papa Francisco en su encíclica Laudato si’ se afirma que la defensa de la vida debe ser integral, desde la criatura no nacida hasta la protección de la fauna, la flora, el agua, el suelo y el aire en la Tierra.25
Con su relectura de la Parábola del Buen Samaritano (ft, 5686), el papa invita a la comunidad humana —en nuestro caso, la sociedad mexicana— a que se pregunte quién es su prójimo y qué piensa hacer con él (ft, 80). Nosotros no escogemos al prójimo, sino que él nos sale al encuentro de manera inesperada. Nuestra calidad antropológica y nuestra altura moral se juegan en la respuesta práxica que damos a ese encuentro imprevisto que trastoca nuestros proyectos. Ello supone una actitud de apertura. México necesita abrirse al mundo entero (ft, 128153), y debe hacerlo hacia dentro y hacia fuera. Hacia dentro para descubrir su propia realidad oculta por el juego de intereses económicos, sociales, culturales o ideológicos, y hacia fuera para participar activamente en el rumbo del mundo, y dejar de aspirar a ser una simple fotocopia de su vecino del norte. Hoy en día hay una amplia gama de modos de discriminación humana: se discrimina por el lugar de nacimiento, de residencia o por el hecho de ser mujer (ft, 121). Sin embargo, nadie debe quedar fuera del banquete del Reino de Dios o, en categorías de filosofía política, de la utopía, que no es la irrealidad, sino la realidad auténtica, todavía latente, pero a la que algún día la humanidad dará a la luz, y de ese modo se hará patente. Inauténtico es lo que somos en la actualidad de manera constatable, mientras que auténtico es lo que somos en lo más profundo de nuestro ser, pero todavía no de manera palpable. Ya los teólogos Rudolf Bultmann y Dietrich Bonhoeffer, siguiendo al filósofo Martin Heidegger, hablaban de realidad inauténtica —nuestra existencia curvada sobre nosotros mismos— y de realidad auténtica —nuestra existencia abierta a la alteridad: al otro social y al Otro divino—.
Desafortunadamente, en las sociedades modernas contemporáneas nos hemos acostumbrado a compaginar el hueco discurso de los derechos humanos con marginaciones sociales de todo tipo: religiosas, étnicas, ideológicas, nacionales, sexuales, raciales. En nada contribuyen al bien común dos discursos que abundan en la actualidad, tanto en México, como en América Latina, como en el mundo: el liberal y el populista (ft, 155-169). Ambos tienen en común el desprecio de los débiles.
En primer lugar, las nuevas formas de liberalismo propugnan el egoísmo económico y social como el modus vivendi ideal: “Piensa en ti y en los tuyos y olvídate del resto del mundo”. Como denuncia el papa Francisco, en las visiones liberales individualistas “la sociedad es considerada una mera suma de intereses que coexisten. Hablan de respeto a las libertades, pero sin la raíz de una narrativa común” (ft, 163). Nunca como ahora la humanidad había alcanzado tales niveles de egoísmo, de hedonismo, de consumismo o de indiferencia hacia la naturaleza, a pesar de la creciente conciencia ecológica.
Y, en segundo lugar, los populismos —tanto los de “derecha” como los de “izquierda”— dicen al pueblo lo que este quiere escuchar, pero no se preocupan en absoluto por su malestar, mucho menos por ir a la raíz histórica de este. El populismo pervierte el concepto de pueblo —o su variante posmoderna, la gente—, necesario para la promoción del bien común, y no constituye sino “la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad” (ft, 159). El líder populista no promueve la autonomía del pueblo, esto es, el hecho de que la gente pueda conducir su propia historia liberadora, sino que genera insanas dependencias mediante un inmediatismo que no lleva a ningún sitio (ft, 161).26
En México tenemos ambos discursos —el liberal y el populista—, y deberíamos desmantelarlos con valentía y con lucidez. Para sobrevivir, ambos se retroalimentan y nos hacen creer que o estás con uno o estás con el otro, sin embargo, ambos son clónicos en su manipulación de lo humano. Frente a todas estas formas de marginación y de cosificación de la persona, y frente a la errónea idea de que es legítimo que las minorías sean discriminadas, hay que apostar por el concepto de plena ciudadanía. Hablar de minorías —justificando su inevitable discriminación— “trae consigo las semillas de sentirse aislado e inferior; prepara el terreno para la hostilidad y la discordia y quita los logros y los derechos religiosos y civiles de algunos ciudadanos al discriminarlos” (ft, 131). En la plena ciudadanía hay lugar para la diversidad, pero no está justificada la discriminación de ninguna minoría.
2.2. La construcción del nosotros mediante el diálogo
Es imperativo trabajar en todos los niveles de lo social, lo económico, lo político, lo cultural y lo eclesial para alcanzar el sentido de fraternidad universal y de amistad social, expresiones que aparecen en el subtítulo de la encíclica y que recorren todo el texto. Ello supone dar mucha importancia a lo local, a lo propio, a la proximidad física, al diálogo sincero, a la acogida del otro cercano, pero sin perder de vista el horizonte de lo global, al sabernos habitantes de una casa común (ft, 142153). Hay que hablar también de amor universal (ft, 85; 99113), de amor social (ft, 183) e incluso de amor político (ft, 180197). Salvo en momentos puntuales de catástrofes colectivas, en los que brota una fuerte solidaridad en la sociedad mexicana, habitualmente este país no se percibe a sí mismo como sujeto unitario, sino como un mercado de intereses diversos y contrapuestos, don de cada agente intenta sacar la mejor tajada posible. Por ello, en alguna ocasión los alumnos de mi universidad me dijeron en clase: “Los mexicanos solo nos unimos cuando tenemos un enemigo común”. Obviamente, no vamos a buscar un enemigo común para unir al país. Eso es lo que pretenden hacer en otras latitudes algunos nacionalismos, y sería “pan para hoy, hambre para mañana”. Lo que hay que hacer es trabajar por una cultura del diálogo (ft, 198224), más en concreto, una cultura del encuentro (ft, 215 217), a todos los niveles, empezando por las bases, lo que Ignacio Ellacuría denominaba diálogo nacional, y culminando con un diálogo en la cumbre.27
El hecho de dar importancia a lo local y a lo global lleva al Papa a hablar de un indigenismo abierto (ft, 148): la afirmación de la propia cultura no debe llevar a una cerrazón ante otras, mucho menos a un desprecio de ellas, algo que lamentablemente olvidan los apóstoles del autodenominado giro decolonial.28
Necesitamos tomar conciencia de que somos nosotros y no solo una suma de yoes individualistas e interesados —ya sean estos individuales, familiares, corporativos, sociales o políticos—, y de que vivimos en una casa común: nosotros, los mexicanos; nosotros, la humanidad; nuestra casa común, el planeta Tierra. Ello supone un importante cambio en el imaginario colectivo que va de lo antropológico y moral a los medios de comunicación social, pasando por la educación y la política. Necesitamos un proyecto común, tanto en México como en el mundo (ft, 17), que acabe con el cisma entre el individuo y la comunidad humana (ft, 31), y con la (in)cultura del “sálvese quien pueda” y del “todos contra todos” (ft, 36). En ese proyecto, la comunidad no puede ser solo virtual, sino cercana y física (ft, 43). Hay que trabajar en los valores comunitarios, a nivel local, nacional y global (ft, 152).
Por ello, hay que poner bombas —por supuesto, en sentido figurado, no literal— a los muros de cristal que dividen la sociedad en ricos y pobres, varones y mujeres, progresistas y conservadores, urbanitas y campesinos, occidentales e indígenas, blancos y morenos, inmigrantes y autóctonos, Norte y Sur, Occidente y Oriente (ft, 27). En nuestra diversidad, todos somos miembros de un solo cuerpo, México, de un solo cuerpo, la humanidad (ft, 100, 280). Ello supone poner en práctica la escucha del otro (ft, 48), lo que a su vez requiere pasar de la (in)cultura de la sucesión de monólogos en las redes sociales con sus patéticos “likes” a una actitud de apertura sincera al que es distinto de mí. Supone también acabar con el relativismo moral y apostar por una defensa decidida del bien y de la verdad (ft, 113, 206), no una idea de bien o de verdad que uno impone a otro, sino aquella que surge del diálogo fraterno entre ambos.
En la estela del estudio que el Parlamento de la Religiones del Mundo encargó al teólogo Hans Küng, el Papa defiende que las religiones tienen mucho que aportar a la fraternidad en el mundo.29 México es uno de los países con mayor diversidad cultural y religiosa, un patrimonio que, bien aprovechado, no puede sino constituir una base sólida para la fraternidad nacional y global.
2.3. Superación de la baja autoestima
México debe aprender a quererse como país. Más allá del apego a la bandera y otros símbolos nacionales, se da aquí en general una baja autoestima, que lleva a un maltrato interior —el ser humano tiene una insana tendencia a agredir lo que desprecia—30 y a un complejo de inferioridad en el ámbito internacional, en particular en su relación con Estados Unidos (ft, 5152). Ahora bien, de nada sirve hundirse en el engaño del “todo está mal”, “nadie puede arreglarlo”, porque sume a la sociedad en el desencanto y la sitúa en el umbral de una dictadura invisible de los intereses ocultos (ft, 75).
México debería escuchar hoy las palabras exhortativas de Jesús al paralítico, “¡Levántate y anda!” (Mc 2,112), a fin de que esta sociedad se incorpore tanto de su letargo histórico estructural como de su reciente sacudida coyuntural producida por la pandemia de la Covid.31 Para ello todos deben despertar de su sueño infantil (“el gobierno debería hacer algo”) y adoptar una actitud de adultos (ft, 77), responsable ante lo real.
2.4. Cultura de la paz en el marco de la ecología integral
La violencia y la cultura que la acompaña han impregnado todos los órdenes de la vida en México, por lo que se hace necesario que la cultura de la paz, del reencuentro, del perdón y de la reconciliación, que el Papa propone en su encíclica, penetre también en todos los niveles de esta sociedad (ft, 225270).32 En la vida humana, lo auténticamente importante requiere tiempo. La cultura de la paz no es una excepción. Se siembra hoy la semilla de la paz, y se recogerán sus frutos dentro de varias décadas. Será muy triste que haya violencia durante el tiempo de espera, pero vale la pena intentarlo. Así como la cultura de la violencia impregna todos los órdenes de la vida en México, así también la cultura de la paz debe ser sembrada en todos los rincones de la vida mexicana, sin excepción: en la educación, en la familia, en los medios de comunicación, en las iglesias y otros centros de culto, en las empresas, en centros culturales y sociales, en la política, en la cultura.33 El pnuma (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente; en inglés: unep – United Nations Environment Programme) insiste en la importancia de actuar a través de todo tipo de agentes, tal como afirma en el noveno y último capítulo de su informe Making Peace with Nature.34 Se trata de un proyecto integral que abarca todo lo humano —incluida la relación del hombre con la Tierra— y que el Papa ya había expuesto en su encíclica Laudato si’ sobre Ecología Integral (2015). Ese proyecto se concreta ahora en una llamada a la fraternidad universal y a la amistad social.
3. Conclusiones
A la luz de la encíclica Fratelli tutti (2020), del papa Francisco, y en nuestro contexto mexicano y latinoamericano, nos hemos fijado en siete realidades importantes del México actual, que constituyen sendas “concavidades”, esto es, negaciones de la dignidad y de la fraternidad humana: 1) la desigualdad socioeconómica, 2) la violencia, 3) la marginación de pueblos indígenas, 4) el maltrato a las mujeres, 5) la corrupción política, empresarial y ciudadana, 6) la cerrazón al diálogo y 7) la alarma ecológica. La suma de estas siete realidades, más alguna otra que nos hemos dejado en el tintero, hacen de México uno de los países más desiguales y violentos del mundo, fuera de los que están en conflicto bélico. La encíclica Fratelli tutti hace varias llamadas a la esperanza que, en México, afirmamos, pueden sintetizarse en cuatro: 1) el fin de toda marginación humana, 2) la construcción del nosotros mediante el diálogo, 3) la superación de la baja autoestima, y 4) la cultura de la paz en el marco de la ecología integral. No cabe duda de que el pozo de lo inhumano en México es profundo, y de que llenarlo de humanidad va a llevar décadas. No obstante, siguiendo las palabras de SanPablo (“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, Rm 5,20), podemos afirmar que cuanto mayor sea el pozo en el que se ve ahogada la humanidad en México, mayor será también su esperanza. Y no hay motor más poderoso en la historia que la esperanza.
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Notas