Dossier

Leyendo Fratelli tutti desde Europa

Reading Fratelli tutti from Europe

Ildefonso Camacho, S.J.*
Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola Andalucía,, España

Leyendo Fratelli tutti desde Europa

Revista Iberoamericana de Teología, vol. XVIII, núm. 34, pp. 81-103, 2022

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Revista Iberoamericana de Teología es una publicación semestral editada por el Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, A. C., Ciudad de México. Prol. Paseo de la Reforma 880, Col. Lomas de Santa Fe, Álvaro Obregón, C.P. 01219, Tel. 55 59 50 40 00, ext. 7007 y 7352, ribet@ibero.mx, revistas.ibero.mx/ribet. Editor responsable: Ángel F. Méndez Montoya. Responsable del diseño web y actualizaciones: Débora Roberta Sánchez Guajardo. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo de Título No. 04-2016-050912461800-102 ISSN 1870-316X Licitud de título No. 13344, Licitud de Contenido No. 10917, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación.

Recepción: 05 Julio 2021

Aprobación: 25 Octubre 2021

Resumen: La encíclica Fratelli tutti puede leerse desde el contraste entre un mundo cerrado (la realidad que vivimos) y un mundo abierto (la propuesta alternativa); y esta contraposición nos conduce a otra que corre paralela a la anterior, donde está la tesis central de la encíclica: individualismo frente a fraternidad. Leída desde Europa, tres puntos destacan por encima de otros: ante todo, la encíclica es una invitación a reflexionar, de manera crítica pero constructiva, sobre las estructuras económicas y políticas de organización de la sociedad; pero además la encíclica nos invita a reflexionar sobre la fraternidad vivida “en la distancia corta”, y esto se ha hecho más relevante en el contexto de la pandemia y de las distintas modalidades de confinamiento a que nos hemos visto sometidos; por último, en sociedades tan seculares como las europeas merece la pena una reflexión sobre la propuesta de fraternidad, cómo relacionarla con la tradición cristiana y cómo traducirla a un lenguaje laico.

Palabras clave: Fraternidad, individualismo, Fratelli tutti, papa Francisco, Europa, populismo, liberalismo, mejor política, ciudadanía.

Abstract: The encyclical Fratelli tutti can be read from the contrast between a closed world (the reality we live through) and an open world (the alternative proposal), and this contraposition leads us to another, which runs parallel to the former one, in which lies the central thesis of the encyclical: individualismvis-à-vis fraternity. Read from Europe, three points stand out above others: first of all, the encyclical is an invitation to reflect, in a critical but constructive way, on the economic and political structures of organization of the society; but besides, the encyclical invites us to reflect on the fraternity lived “at the short distance”, and this has become more relevant in the context of the pandemic and of the distinct modalities of confinement to which we have seen ourselves forced; lastly, in such secular societies as the European ones, it is worth while reflecting on the proposal of fraternity, how to relate it with the Christian tradition and how to translate it into a lay language.

Keywords: Fraternity, individualism, Fratelli tutti, Pope Francis, Europe, populism, liberalism, better politics, citizenship.

Se nos ha pedido una lectura de Fratelli tutti (ft) desde Europa. Quizás nuestra lectura del texto pontificio no podría hacerse sino desde el lugar y el contexto cultural en que lo hemos recibido y trabajado. No está mal reconocerlo desde el principio para no hacer de nuestra lectura un absoluto, como si fuera la única posible.

Pero hacerlo “desde Europa” puede parecer a algunos demasiado pretencioso porque Europa es una realidad muy compleja. No es solamente un espacio geográfico extenso y de límites no siempre precisos; sus pueblos atesoran además una tradición de muchos siglos, que se ha proyectado de distintas maneras sobre gran parte del planeta. Pues bien, es esta tradición la que encarna su identidad, aunque no sirva para identificar al cien por cien a todos los pueblos que ocupan su territorio. Con esta imprecisión nos referimos a “Europa”, pero también con la conciencia de que esa historia secular del continente es un buen lugar desde el cual leer Fratelli tutti, entrar en diálogo con el texto pontificio y dejarse interpelar por él.

¿Cómo hacer esta lectura? Podríamos realizarla intentando identificar los grandes problemas y las preocupaciones de este momento en el continente europeo para buscar luego respuestas en la encíclica de Francisco. No obstante, la vamos a hacer con otro enfoque: dejando, como hemos dicho, que sea el texto mismo el que nos interpele y nos aporte elementos para enriquecer nuestra identidad europea y nuestro compromiso por su futuro.

1. Dos observaciones a nuestra lectura de Fratelli tutti

Nuestra primera observación puede resultar hasta superflua: Fratelli tutti no es una encíclica sobre la pandemia de la Covid-19, pero su redacción concluyó en los meses más duros de confinamiento. Francisco, siempre tan atento a la realidad concreta e inmediata, no pudo eludir una referencia a lo que estaba ocurriendo.

Lo hace en varios momentos de la encíclica, pero especialmente en un largo pasaje del primer capítulo donde describe la situación de nuestro mundo (“Las sombras de un mundo cerrado”), en un proceso de regresión desandando aquel camino de una progresiva integración que había iniciado tras la Segunda Guerra Mundial. Estamos inmersos en un camino sin norte (“sin un proyecto para todos”, ft, 15; “sin un rumbo común”, ft, 29). La pandemia, a la que alude en este marco (ft, 32-36), no es más que un escenario donde estas tendencias disgregadoras quedan de manifiesto. Porque la pandemia nos ha hecho conscientes de que navegamos todos en una misma barca; pero ha vuelto a mostrar las consecuencias de nuestra forma de gestionar la economía (reducir “costos humanos”) y de nuestra forma de vivirnos como “señores absolutos de la propia vida y de todo lo que existe” (ft, 34). De la pandemia brota una llamada insistente a “repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia” (ft 33), una llamada que desemboca finalmente en recuperar dosis de fraternidad, reconociendo que “nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros” (ft, 35). Fraternidad y pandemia están, pues, en una estrecha relación. No hay que forzar los textos para convencerse de ello.

Una segunda observación preliminar: Fratelli tutti es mucho más que una encíclica sobre un tema de importancia indiscutible. El propio papa Francisco la presenta como una síntesis de sus preocupaciones principales:

Las cuestiones relacionadas con la fraternidad y la amistad social han estado siempre entre mis preocupaciones. Durante los últimos años me he referido a ellas reiteradas veces y en diversos lugares. Quise recoger en esta encíclica muchas de esas intervenciones situándolas en un contexto más amplio de reflexión (ft, 5).

Este deseo de sistematizar otras intervenciones suyas más dispersas sobre un tema que considera axial es una invitación para que nos preguntemos por los ejes que articulan Fratelli tutti.

2. Una síntesis de Fratelli tutti[1]

El papa Francisco es aficionado a subrayar los contrastes. Y Fratelli tutti puede leerse desde el contraste entre un mundo cerrado (la realidad que vivimos) y un mundo abierto (la propuesta alternativa). Esta contraposición nos conduce a otra que corre paralela a la anterior, donde está la tesis central de la encíclica: individualismo frente a fraternidad.

No hay que entender el individualismo solo a nivel personal o de grupo reducido, sino en referencia a todo grupo que tiende a cerrarse sobre sí mismo y que vive todo en competencia con los otros (el Papa incluye aquí a los nacionalismos cerrados). A su vez, tampoco hay que entender la fraternidad solo en referencia al más cercano, sino eliminando todas las fronteras: una fraternidad que quiere ser universal.

Francisco usa como ícono de referencia el buen samaritano de la parábola evangélica (Lc 10,25-37), destacando la apertura al extraño. Esta inspiración evangélica puede sorprender en un texto que está dirigido a la humanidad entera. No obstante, este texto cristiano, que nos abre a entender lo que es el amor misericordioso de Dios, admite también una lectura secular, referida a la igualdad de todos los seres humanos y a los derechos en que se concreta esa igualdad. Es fraternidad universal entre todos los humanos, independiente de la condición, pueblo o raza de unos y otros, que se concreta en distintos ámbitos de actuación:

  1. · En la sociedad civil son innumerables las iniciativas que surgen de ayuda, que muestran una fraternidad viva y espontánea, y que son un motivo de esperanza.

    · A nivel político, Fratelli tutti habla de la mejor política, siempre amenazada por el liberalismo y el populismo, formas distintas de la mentalidad individualista.

    · La fraternidad se abre además al diálogo, y el diálogo, si se da con las condiciones requeridas, ayuda a construir fraternidad.

    · Y no puede faltar el aporte de las religiones, precisamente desde su función de hacer presente al Dios que está por encima de todos, en medio de un mundo crecientemente secular.

El resumen remite a lo que decíamos al principio: avanzar desde un mundo cerrado hacia un mundo abierto, construido sobre la fraternidad universal sin exclusiones.

3. Fratelli tutti en la Doctrina social de la Iglesia

En los documentos de la Doctrina social de la Iglesia importa no solo lo que se dice sobre temas concretos, sociales normalmente, sino además desde dónde lo dice. Y en eso la Iglesia ha hecho un largo recorrido en este último siglo y medio que conviene recordar.

En los primeros documentos se razonaba por lo general recurriendo a la ley natural y al derecho natural. Había tras esto un contraste llamativo. Por una parte, en un mundo donde la secularización no había entrado todavía de lleno, la Iglesia se sentía con una autoridad doctrinal y práctica que concretaba en directrices para el comportamiento humano y para la organización de la sociedad. Y por otra, la conciencia de una secularización incipiente llevaba a buscar como recurso un discurso no explícitamente religioso, sino basado en principios naturales y en la pura racionalidad humana.

Una de las tareas más arduas que ha tenido que asumir la Iglesia a lo largo del siglo xx ha sido la de reencontrar su sitio en una sociedad que ya no le reconoce aquella autoridad de otros tiempos. Y eso lo ha hecho, de una forma más explícita y sistemática, a partir del Concilio Vaticano ii. En ese momento la Iglesia hace un enorme esfuerzo de actualización, obstaculizado por resistencias intraeclesiales, pero contemplado esperanzadamente desde otros ambientes laicos de la sociedad. Es un esfuerzo que tiende a encontrar nuevas formas de presencia, más expresamente confesionales y, al mismo tiempo, más respetuosas con la diversidad cultural y religiosa del mundo. Acepta que ya no se le reconozca aquella autoridad última en cuestiones morales, pero aspira a que se le acepte el derecho a ocupar un espacio equivalente al de toda agrupación social y a ejercer desde ahí su influencia sobre la sociedad renunciando a cualquier mecanismo de imposición.

En resumen, cuando las sociedades son menos cristianas (o religiosas), la Iglesia opta por manifestarse más inequívocamente desde su identidad creyente. Ahora bien, tiene que aprender a hacerlo ofreciendo a Dios y su mensaje, no como algo impuesto, sino como posibilidad; no como una evidencia, sino como un horizonte; no como un corsé que atenaza al ser humano y lo limita imponiéndole su ley, sino como una vía que se ofrece para que el ser humano avance hacia su plenitud. Dios no niega al hombre, sino que lo potencia.

Este cambio, que está en la base de la verdadera evangelización y de la misión de la Iglesia tal como es concebida hoy, tiene su reflejo en los documentos de la Doctrina social de la Iglesia, que empiezan a prestar más atención a la reflexión teológica para fundar y dar contenido a sus propuestas sociales.

4. Fratelli tutti y Europa

Decíamos al comienzo que queríamos hacer una lectura desde Europa de la encíclica sobre la fraternidad universal. Esa lectura tendría tres puntos de referencia:

· En primer lugar, lo más obvio: Fratelli tutti es una invitación a reflexionar, de manera crítica pero constructiva, sobre las estructuras económicas y políticas de organización de la sociedad.

· Pero Fratelli tutti es además una invitación a reflexionar sobre la fraternidad vivida “en la distancia corta”, y esto se ha hecho más relevante en el contexto de la pandemia de la Covid-19 y de las distintas modalidades de confinamiento a que nos hemos visto sometidos.

· Por último, en sociedades tan seculares como las europeas merece la pena una reflexión sobre la propuesta de fraternidad y su relación con la tradición cristiana.

4.1. Las verdaderas dimensiones de lo económico

Ya antes de ser Papa, Francisco mostraba un interés significativo en los problemas económicos que afectan a nuestro mundo. Lo hacía entonces y lo sigue haciendo ahora como pontífice con un espíritu crítico muy acusado, que no siempre ha sido bien recibido ni adecuadamente entendido.

Al comienzo de esta encíclica muestra Francisco su sorpresa: tras la Segunda Guerra Mundial se pusieron en marcha procesos de integración, por ejemplo, en Europa; hoy se advierten los movimientos contrarios y las sociedades vuelven a cerrar puertas y a aislarse; en contraste, son los mercados los únicos que se abren (ft, 11-12).

No es Fratelli tutti el texto de Francisco donde las reflexiones económicas encuentran más espacio, pero hay datos significativos. “El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal” (ft, 168). La afirmación principal parece pertinente, y nadie estaría dispuesto a negarla en principio. El debate comenzará cuando hagamos uso de ella para analizar lo que ocurre en la realidad. Ahora bien, este análisis requiere recurrir a otros textos de Francisco donde ha desarrollado más su pensamiento sobre el mercado, sus funciones y sus límites.

Francisco critica el mercado por algunos efectos que produce en su funcionamiento: por ejemplo, genera desigualdad y exclusión. Su denuncia de “una economía de la exclusión” que alimenta “una cultura de descarte” son de las páginas más citadas de Evangelii gaudium (eg), su primer gran documento, al que se reconoce un carácter programático (eg, 53). Este “descarte” tiene múltiples expresiones (ft, 18-21). En su encíclica Laudato si’ (ls), repetirá esta idea aplicándola a la resolución de la crisis financiera de 2008, al deterioro medioambiental y a los problemas del hambre y la miseria (ls, 109). No es posible, pues, admitir la “autonomía absoluta de los mercados” (eg, 204).

Si de los efectos pasamos a las causas, Francisco denuncia la absolutización de la riqueza, la “nueva idolatría del dinero” (eg, 55-56), que todo lo confía a la lógica del beneficio económico. Lo expresa claramente a propósito de la protección ambiental, destacando que la lógica del rédito no se adecua a los ritmos de la naturaleza, ni es capaz de considerar la biodiversidad sino como recursos humanos susceptibles de ser explotados: “Una vez más, conviene evitar una concepción mágica del mercado, que tiende a pensar que los problemas se resuelven solo con el crecimiento de los beneficios de las empresas o de los individuos” (ls, 190).

No obstante, lo grave de esta confianza en el mercado es que se olvida dela primacía del ser humano. Ese es el gran error antropológico de nuestro tiempo: que los seres humanos han sido reducidos a instrumentos al servicio de los resultados económicos. Tendría que ocurrir exactamente lo contrario: la economía debería estar al servicio de las personas, de su desarrollo integral (eg, 55).

Si la centralidad de la persona humana es clave en Evangelii gaudium y en Laudato si’ y sirve para orientar la organización de la sociedad y las relaciones con el medioambiente, Fratelli tutti da un paso más invocando la fraternidad. Ahora bien, la fraternidad no es una propuesta piadosa, sino que tiene su raíz última en la dignidad humana, en la igualdad de todos los seres humanos que de ella deriva y en la promoción de los derechos humanos para todos sin excepción. La economía y el mercado tienen que estar al servicio de esto, y no servirse de las personas para alimentar una lógica que produce desigualdades, descartes, enriquecimientos desmesurados y miserias intolerables.

… si se acepta el gran principio de los derechos que brotan del solo hecho de poseer la inalienable dignidad humana, es posible aceptar el desafío de soñar y pensar en otra humanidad. Es posible anhelar un planeta que asegure tierra, techo y trabajo para todos (ft, 127).

En conclusión, no se trata de eliminar el mercado, sino de ponerlo en su sitio, en el sitio que le corresponde al servicio de la persona y su desarrollo. Esto plantea no pocos desafíos al mundo de hoy y, concretamente, a Europa.

Es cierto que el equilibrio entre libertad de mercado e intervención del Estado es siempre difícil y nunca se alcanza de forma estable y definitiva. En 1980 se inició una etapa en que la balanza se inclinó hacia el mercado, precisamente en aquellos países donde el modelo de Estado social había ido más lejos, sobre todo en la Europa continental. Esta dinámica obedeció al contexto exterior: globalización y apertura de los mercados, que imponían su ley a través de una competencia cada vez más implacable. Pero hubo también factores internos que debilitaron al Estado social: una excesiva separación entre lo privado y lo público con una sociedad cada vez más refugiada en los intereses particulares de sus miembros y menos dispuesta a colaborar con los poderes públicos para hacer posibles los objetivos que esa misma sociedad les reclamaba. A esto se añadió el desmoronamiento de los regímenes colectivistas europeos y el giro hacia modelos opuestos. El resurgir del liberalismo alentó todos estos movimientos y se alimentó de los mismos.

En este escenario es preciso referirse a la construcción europea, a sus orígenes y primeros pasos, y a su evolución posterior. Nadie puede minusvalorar el impulso inicial que la alentó, entre el sueño de una Europa unida tras siglos de guerras y el realismo de los pequeños pasos que vayan creando una solidaridad de hecho. Así se avanzó desde lo económico (la inicial Comunidad Económica Europea, constituida por el Tratado de Roma en 1957) hacia lo social y lo político, hasta llegar a la Unión Europea (1991), un proyecto no solo de liberalización de mercados, sino de auténtica integración social y política. Esto supuso arbitrar fórmulas para conjugar la soberanía de los Estados en modelos de soberanía compartida que, en último término, suponían alguna renuncia a la misma soberanía. Es cierto que ese poder soberano de los Estados estaba siendo limitada de hecho por los mercados globales, pero ahora se trataba de cauces institucionalizados que legitimaban esa limitación. Era un modelo no diseñado de antemano, sino que se iría configurando de acuerdo con los pasos que en cada momento fuera realista dar.

No obstante, este proceso de integración se simultaneó con el proceso de ampliación, desde los seis miembros fundadores hasta los 28 a que se llegó en 2013 o los actuales 27 (tras la salida del Reino Unido). La ampliación estuvo siempre animada por la idea de construir una Europa unida, eso sí, sobre bases innegociables: libertad económica y democracia. Los acontecimientos de 1989 aceleraron la ampliación, llegando a una Unión Europea demasiado diversa y compleja, que ha sido escenario de tensiones crecientes, donde los intereses poco conciliables de los miembros están poniendo en crisis el proyecto inicial y cuestionando los valores que lo impulsaron y legitimaron.

Estos valores conectan con el humanismo, que Europa cultivó valiéndose de la tradición cristiana. El Papa lo recordó en dos intervenciones que ha dirigido a los líderes europeos.[3]Su mensaje se centra en recordar cómo en el centro del proyecto europeo está la confianza en el ser humano, en cuanto persona dotada de una dignidad trascendente. Es cierto que el mundo ha dejado de ser “eurocéntrico”, pero Europa tiene que renovar su esperanza, discernir los “caminos de esperanza” (ft, 54): y eso implica reforzar la centralidad del ser humano, cultivar la solidaridad como antídoto contra los modernos populismos, no encerrarse en el miedo de las falsas seguridades, invertir en el desarrollo y la paz, abrirse al futuro.

4.2. La democracia, bajo la amenaza del desencanto

El modelo que hemos contemplado en el apartado anterior conjuga una organización económica basada en la libertad con un marco político que pretende encauzar esa libertad según los intereses generales. Este equilibrio tiene que buscarse dentro de cada Estado y en el conjunto de la Unión Europea.

Fratelli tutti dedica más atención a la política que a la economía con una apuesta muy clara por la “mejor política” frente a las amenazas que recibe desde el liberalismo y el populismo.[4] A ello dedica Fratelli tutti todo un capítulo, el quinto. Las grandes líneas que lo articulan, resumidas a continuación, interpelan a la realidad política de nuestro continente europeo.

1) Las críticas a los populismos y a los liberalismos tienen un punto de contacto: ambos coinciden en su desprecio a los débiles. Los primeros “los utilizan demagógicamente para sus fines”; los segundos los ponen “al servicio de los intereses económicos de los poderosos” (ft 155).

2) La política es criticada también cuando está tan pendiente de la “caída en las encuestas” (ft, 188) o cuando se reduce a apariencia, marketing o maquillaje mediático. Por este camino solo se siembra “división, enemistad y un escepticismo desolador incapaz de apelar a un proyecto común” (ft, 197).

3) En positivo, “la buena política busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social” (ft, 182). Es una visión de la política orientada por el principio de subsidiariedad (ft, 175), que no contrapone lo político y lo social, lo público y lo privado, sino que promueve la colaboración de todos los niveles de estructuración de la sociedad.

4) Esta visión de la sociedad, organizada a distintos niveles, conecta con el verdadero sentido de pueblo, un término cuya legitimidad Francisco reivindica frente a su desfiguración a manos de los populismos cuando lo instrumentalizan políticamente o lo someten a objetivos inmediatistas (ft, 159-160). Para Francisco, pueblo es una “categoría mítica” como expresión de “una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales” (ft, 158), que se opone al individualismo, de efectos tanto más nocivos cuanto más desiguales son las sociedades.

5) Resulta de todo ello una realidad que Francisco gusta visualizar con la figura del poliedro. En efecto, el poliedro “tiene muchas facetas, muchísimos lados, pero todos formando una unidad cargada de matices, ya que el todo es superior a la parte” (ft, 215; eg, 237). Se representa así “una sociedad donde las diferencias conviven complementándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente”, donde “nadie es inservible, nadie es prescindible” (ft, 215). Para ello hay que oponerse a los fanatismos, las lógicas cerradas y la fragmentación social y cultural, que proliferan entre nosotros, y dar el primer paso para que resuenen las distintas voces (ft, 191).

6) En estas sociedades poliédricas, el político ha de pensar en “el bien común a largo plazo” (ft, 178), porque él “es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país” (ft, 188). Esta mirada de largo alcance tiene que aceptar que los grandes éxitos a veces no son posibles, y que esos grandes objetivos solo se alcanzan parcialmente (ft, 195). Ahí radica la nobleza de “ser capaz de desatar procesos cuyos frutos serán recogidos por otros, con la esperanza puesta en las fuerzas secretas del bien que se siembra” (ft, 196).

7) Hay que buscar la inspiración última de la política en la fraternidad: “reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías sociales” (ft, 180). Se trata de una verdadera caridad política que “supone haber desarrollado un sentido social que supera toda mentalidad individualista” (ft, 182). Esta caridad es mucho más que sentimentalismo subjetivo (ft, 184); incluye actos dirigidos directamente a personas y a pueblos, pero también iniciativas que mueven a crear instituciones más sanas, regulaciones más justas, estructuras más solidarias (ft, 186). Esta caridad incluye siempre un amor preferencial por los últimos, desde una mirada que lleva a percibir la dignidad del otro también en los pobres, “respetados en su estilo propio y en su cultura, y por lo tanto verdaderamente integrados en la sociedad” (ft, 187). Ese es el camino para una globalización de los derechos humanos más básicos (ft, 189).

8) Para terminar añadimos una afirmación no siempre bien recibida en ambientes marcados por ese “escepticismo desolador” respecto a la política: “la política no debe someterse a la economía, y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia” (ft, 177). Todo lo que precede en este apretado resumen no descalifica a la economía, sino que ayuda a comprender el valor insustituible de la política: establecer el marco en que las actividades económicas deben desarrollarse garantizando su fin último, suministrar a todos los bienes y servicios que precisan para su desarrollo humano integral.

Este resumen de la propuesta de Francisco sobre la “mejor política” interpela a la Europa que puso las bases históricas del Estado de derecho, de los derechos humanos y de la democracia, pero que hoy se encuentra sumida en ese “escepticismo desolador” (ft, 197). Este panorama político es altamente preocupante porque está encerrado en un peligroso círculo vicioso: a mayor deterioro del mundo político, mayor escepticismo y desinterés por parte de la sociedad, y este a su vez facilita el deterioro. Círculo vicioso grave porque la política no se arregla desde dentro, sino desde fuera, desde la sociedad.

El deterioro de la política en Europa tiene muchas manifestaciones, pero todas pueden resumirse en que la conquista del poder se ha convertido en el fin último a conseguir, para lo que, además, todos los medios están justificados. La lucha por el poder es esencial en la política, lo que es cuestionable es su absolutización, olvidando que el poder conquistado es un instrumento al servicio del bien de la sociedad. Pero interesa, más que este bien (lo que la ética política ha designado como “bien común”), conservar el poder, conquistarlo o reducir el poder del adversario. Es lo que traslucen infinidad de debates políticos, en los que prima, más que hacer propuestas, rechazar las del otro, desacreditarlo.

Este afán de aumentar el poder cuestiona las raíces mismas del Estado de derecho, cuando se orienta a propuestas legislativas que terminan reduciendo la división de poderes. Es el caso de Polonia y Hungría, en sus intentos de control del poder judicial, que ha llegado a activar los procedimientos previstos en la Unión Europea contra iniciativas que amenazan uno de sus pilares esenciales.[5] Y algo semejante parece estar incubándose en España, que ha recibido ya algunas advertencias por parte de la Unión.

Que este deterioro produzca hartazgo y desinterés es comprensible. Ahora bien, tal desinterés viene favorecido además por la tendencia del liberalismo a sobrevalorar lo privado frente a lo público, dando por evidente que la búsqueda de los intereses particulares de personas o grupos termina por beneficiar a todos, porque es humano mostrarse más celoso con lo propio que con lo que es de todos.

Dos consecuencias son destacables en este contexto: la crisis de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevos movimientos de corte populista.[6]

En primer lugar, la crisis de los partidos clásicos tuvo su primera manifestación en Italia, desde 1992, cuando se desintegraron los dos grandes partidos, la Democracia Cristiana y el Partido Comunista. Esa misma tendencia se ha reproducido en otros países, incluso en las democracias más recientes nacidas con el fracaso del socialcomunismo. España no es una excepción. El resultado es la proliferación de nuevos partidos, con alto grado de inestabilidad y escasa identidad ideológica, entre los que la lucha por el poder se hace más enrevesada y consume más energías.

Y en segundo lugar, frente a todo ello, y respondiendo al malestar social generalizado, brotan los movimientos populistas, que se presentan como “alternativa a todo” (con una simplista contraposición entre “ellos”, representantes de todo lo pasado, ya irredimible, y el “nosotros”, personificando la solución para todo).

Responder a este desafío pasa por una revalorización de lo público, aunque las circunstancias poco ayuden a ello, difuminando esta frontera tan tajante entre público y privado: con un mayor protagonismo de la sociedad civil y sus instituciones y un mayor compromiso por los intereses generales de la sociedad. El doble principio de solidaridad y de subsidiariedad tomados en serio.

Europa tiene tarea a la hora de recuperar “la mejor política”, pero tampoco puede ignorar su pasado, donde nacieron y crecieron los grandes ideales de la democracia.

4.3. Europa abierta al mundo: el reto de las migraciones

Hasta ahora hemos mirado a la realidad europea en sí misma. No obstante, Europa forma parte del mundo, y no es despreciable su papel en él. Fratelli tutti se ocupa de la fraternidad universal. Siguiendo el gusto de Francisco por marcar los contrastes, en esta encíclica contrapone un mundo cerrado (que describe en el capítulo 1 como tendencia dominante en las últimas décadas) a un mundo abierto (al que invita a la fraternidad, capítulo 3); pero este mundo abierto requiere un corazón abierto al mundo entero (fraternidad universal, capítulo 4).

El problema de las migraciones es paradigmático de lo que es este mundo abierto, de los problemas que plantea y de las oportunidades que abre. Europa es un continente que está experimentando la presión migratoria y respondiendo a ella más con improvisación que con políticas bien consolidadas y consensuadas.

A Francisco le gusta también ser concreto. Por eso expresa la acción hacia los inmigrantes con cuatro verbos: “acoger, proteger, promover, integrar” (ft, 129). Y los concreta con propuestas detalladas para facilitar la acogida de los que llegan expulsados de sus países (ft, 130), hasta dotarlos de una verdadera ciudadanía que les reconozca efectivamente todos los derechos humanos (ft, 131). Va incluso más allá: propone políticas que favorezcan el desarrollo de los países de proveniencia, como la mejor forma de retener a los emigrantes en su tierra (ft, 132).

Sin embargo, nada de esto es posible sin un corazón abierto, capaz de aceptar al diferente para que siga siendo él mismo (ft, 133-134). Más aún, se trata de pensar como familia humana, más allá de las fronteras que tanto nos dividen y nos enfrentan (ft, 141), incluso poniendo a punto un ordenamiento jurídico, político y económico (ft, 138) para no dejarlo todo a la buena voluntad particular.

Las migraciones son, pues, un exponente bien expresivo tanto de las desigualdades que azotan a los pueblos obligando a muchos a emigrar como de las oportunidades de experimentar lo diferente como fuente de enriquecimiento para todos. Francisco, tan aficionado a los signos, mostró que el drama de las migraciones estaba entre sus grandes preocupaciones con su primer viaje como Papa a la isla mediterránea de Lampedusa (8 julio 2013), donde repitió con insistencia la pregunta “¿dónde está tu hermano?” y dejó acuñada su expresión “globalización de la indiferencia” que nos ha hecho “acostumbrarnos al sufrimiento del otro, que nada tiene que ver con nosotros, ni nos importa, ni nos concierne. Porque la globalización de la indiferencia nos hace ‘innominados’, responsables anónimos y sin rostro”.[7]

Las migraciones descontroladas tienen como apéndice inevitable los campos de refugiados. Francisco visitó el de la isla griega de Lesbos tres años después, en abril de 2016; allí se encontró con los refugiados y rindió homenaje a los muchos muertos en el mar arrojando una corona de flores a las aguas. Esta visita fue “para atraer la atención del mundo ante esta grave crisis humanitaria y para implorar la solución de la misma”; ya entonces recordó la parábola del buen samaritano como una llamada a no perder la esperanza.[8]

No es casualidad que hayan sido Italia y Grecia los destinos de estas dos visitas del papa Francisco: esos países son los puntos más calientes de los flujos de inmigrantes y refugiados, que adquirieron dimensiones alarmantes en 2015 con gente procedente de Oriente Medio, los Balcanes Occidentales, África y Asia del Sur. Unos eran víctimas de conflictos armados, de la violencia étnica o de la represión política; otros huían de la pobreza, de los desastres naturales o de los efectos del cambio climático. Las condiciones en que se efectuaban las travesías, sobre todo marítimas, constituían otra fuente de explotación, ahora a manos de redes internacionales para el tráfico ilegal de inmigrantes.

Desde entonces, la presión se ha mantenido, poniendo de manifiesto la escasa cohesión de la Unión Europea para reaccionar ante estas avalanchas humanas en busca de refugio y asilo, pero también la falta de solidaridad de algunos países europeos para acoger, sobre todo donde los partidos xenófobos tenían un mayor peso institucional o social.

Los movimientos de población son una expresión más de los desequilibrios de nuestro mundo. Y Europa, que es un continente de más estabilidad y mejor nivel de vida, no puede volver la cara ignorando su responsabilidad o dosificando su solidaridad. Tampoco se puede ignorar la magnitud del problema, que no se resuelve con soluciones simplistas de cierre hermético de fronteras o, en el polo opuesto, de apertura ilimitada. Con la lentitud que tantas veces caracteriza los procesos de la Unión (consecuencia de sus complejos mecanismos para garantizar la democracia interna, pero también de los conflictos de intereses entre sus miembros y de la falta de integración cordial de algunos de estos), se llegó en 2019 a un Nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, que llevaba el ambicioso título de “Un nuevo comienzo para la migración en Europa”. Su objetivo era doble: “Aumentar la confianza mediante procedimientos más eficaces y lograr un nuevo equilibrio entre responsabilidad y solidaridad”.[9]

Las tareas son múltiples y quedan englobadas en ese pacto con la expresión “gestión de las migraciones”. Afectan, en primer lugar, a la acogida y los primeros trámites en los países europeos, que son fronteras de la Unión, pero incluyen, en segundo lugar, el reparto de los acogidos entre los distintos miembros (que es a lo que se aplica el término “solidaridad”).

Para afrontar este enorme reto, se choca con la resistencia de los movimientos xenófobos, incapaces de entender el mensaje de la fraternidad universal, aunque se cuenta con la colaboración de muchas organizaciones civiles, comprometidas en los procesos de acogida e integración, muchas veces en conflicto con la rigidez de las normas legales o con las políticas de los gobiernos. Entre ellas cabe citar el Jesuit Refugee Service (Servicio Jesuita a Refugiados), creado en 1980 por el P. Pedro Arrupe, entonces Superior General de la Compañía de Jesús, para responder a la situación de los refugiados vietnamitas que huían de su país devastado por la guerra. Esta organización trabaja hoy en más de 50 países, 19 de ellos en Europa, con cuatro áreas prioritarias de actuación: educación, medios de vida, reconciliación e incidencia política.[10]

4.4. Cercanía y encuentro

Las lecturas que se hacen de Fratelli tutti acentúan su potencialidad para cuestionar las estructuras socioeconómicas y políticas, lo cual es legítimo y obvio. Ahora bien, quedarse ahí sería empobrecer su lectura. Y más conociendo el deseo de Francisco en todos sus documentos de implicar al lector personalmente, y no solo de darle herramientas para juzgar las estructuras circundantes.

En Fratelli tutti, el ícono de referencia, el buen samaritano, es una invitación a examinar nuestras relaciones personales con el prójimo, para lo cual el Papa recurre a su estilo directo y coloquial; porque la persona humana no llega a desarrollarse como tal sino en el encuentro con el otro, con el otro cercano, que me abre al otro lejano (ft, 87-89). De nuevo aquí deplora Francisco el individualismo que nos envuelve, y que nos lleva a convertirnos en “socios” que comparten intereses comunes, pero no nos hace ni más libres, ni más iguales, menos aún más hermanos (ft, 105).

Las dos categorías centrales ahora son encuentro y diálogo. El valor del encuentro se expresa en contraste con la comunicación digital: paradójicamente una comunicación tan abundante, pero que hace al otro más distante, más objeto. Las relaciones digitales “tienen apariencia de sociabilidad”, son incapaces de construir un nosotros, sirven para “disimular y amplificar el mismo individualismo”; la comunicación humana exige gestos físicos, expresiones del rostro, lenguaje corporal, “y hasta el perfume”, o el temblor de las manos (ft, 43).

Si el encuentro es insustituible, el diálogo permite avanzar en la construcción del nosotros. También lo contrapone Francisco al intercambio de opiniones en las redes sociales, donde no hay más que monólogos paralelos que no comprometen a nadie (ft, 200).

Las sociedades europeas, tan orientadas y organizadas en función del trabajo productivo y la burocracia funcional, se han visto confrontadas a un inesperado confinamiento, primero, seguido luego por un periodo donde se restringe el contacto directo. No entramos en los efectos económicos, tan evidentes y costosos; tan solo subrayamos los efectos psicológicos: la falta de contactos normales nos ha hecho sentir el valor que tenían, al tiempo que hemos tenido la oportunidad de redescubrir y experimentar el valor del hogar y de la familia, al prolongar el tiempo de convivencia en casa. Esta necesidad impuesta ha sido fuente de tensiones y ha hecho aflorar conflictos ocultos, pero también ha sido ocasión para recuperar formas olvidadas de la cultura del encuentro.[11]

La muerte de seres queridos en la soledad cruelmente impuesta de un hospital nos ha hecho añorar la cercanía humana y revisar la tendencia a confiar los ancianos a instituciones donde “estén bien atendidos” descargando de ese peso a las familias. Igualmente hemos descubierto la realidad de las relaciones vecinales, cuando antes no teníamos tiempo de saber quién vivía en nuestra misma escalera… La cercanía directamente experimentada ha desencadenado una solidaridad con el prójimo, con el que hemos podido compartir los agobios de todo tipo derivados de una situación que quebraba de raíz el funcionamiento normal de nuestras sociedades avanzadas y de nuestra vida. Hemos redescubierto aspectos de la realidad que quedaban en la sombra porque el ritmo de vida nos los ocultaba.[12]

Valdrían aquí las reflexiones profundas de Francisco sobre la triada “libertad, igualdad y fraternidad”. El mundo moderno nació enarbolando esa bandera. Y logró importantes conquistas en libertad e igualdad, pero no supo integrar la fraternidad. Redujo la libertad a soledad, y la igualdad a equidad administrada. Ignoró la fraternidad como encuentro, diálogo, descubrimiento de la reciprocidad, espacio para el don y la gratuidad (ft, 103). Europa no debería desechar en el mundo pospandemia estas cosas que tenía tan olvidadas.

4.5. Fraternidad y tradición cristiana

Aunque el cristianismo contribuyó a la construcción de Europa y su cultura, desde la época moderna el continente evolucionó hacia una sociedad laica. Esta evolución ha acarreado no pocos problemas en las relaciones entre la Iglesia católica, instalada desde siglos en el régimen de cristiandad, y esta nueva sociedad que buscaba liberarse de esa tutela. No es momento de entrar en los detalles de ese complejo proceso ni de discutir si es algo exclusivamente europeo o ley recurrente en el progreso de los pueblos. Importa, en cambio, preguntarse cómo el discurso sobre la fraternidad, que trasluce su ascendencia cristiana, puede traducirse al contexto laico.

Esta reflexión debe hacerse con honestidad y audacia: sin ignorar el peso de la tradición cristiana en Europa y las huellas que ha dejado en ella; sin renunciar a una presencia efectiva en una sociedad laica, aunque respetando las exigencias derivadas de ese pluralismo de cosmovisiones, religioso e ideológico.

Como ocurre con otros documentos de Francisco, Fratelli tutti está “abierto al diálogo con todas las personas de buena voluntad” (ft, 6), pero no elude en determinados momentos explicitar la aportación específica del cristianismo. Sin embargo, Francisco no quiere partir de esto último, sino de aquello en que podemos coincidir todos: por eso relaciona frecuentemente la fraternidad con la dignidad humana y con la igualdad de todos los seres humanos (ft, 8, 106, 107, 118), que invita a hacer realidad para todos el concepto de ciudadanía, y de modo concreto para los inmigrantes (ft, 131).[13]

Las referencias más expresas a lo cristiano quedan para el capítulo final. Allí se nos recuerda: “Los creyentes pensamos que, sin una apertura al Padre de todos, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad” (ft, 272). Juan Pablo ii y Benedicto xvi, a quienes se cita en este pasaje, eran mucho más terminantes, llegando a formulaciones que no facilitan el papel de los creyentes en contextos donde abunda el escepticismo religioso, el agnosticismo o el ateísmo.[14]

Esta referencia cristiana es muy nítida en el capítulo segundo, dedicado al buen samaritano. Pero el texto puede leerse también desde una perspectiva no creyente. De todos modos, Francisco no duda en señalar que “si la música del Evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas […] habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer” (ft, 278). Más allá de las ideas, es la sensibilidad cristiana alimentada por el Evangelio la que realmente mueve a los cristianos con una energía propia, sin ignorar compromisos surgidos de otras cosmovisiones y reconociendo las vías que se abren para luchar en colaboración con otros.

No podemos dejar de mencionar aquí el discurso que dio Francisco en la Comece (Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea), en el que abordó el papel de los cristianos en una Europa cada vez más marcada por la pluralidad de culturas y religiones, donde el cristianismo se percibe por muchos como un elemento del pasado, lejano y ajeno.[15] Para ilustrar su reflexión, recurrió Francisco a San Benito y a su Regla, destacando su concepción del hombre, radicalmente diversa a la heredada de Grecia, Roma y los bárbaros. Frente a la diferenciación anterior (civis, miles, servus; ciudadano, soldado, esclavo), la visión cristiana se apoya en dos pilares comunes: la persona (la persona concreta, con rostro, que no se puede reducir a números o estadísticas) y la comunidad (como sentido de pertenencia). Esos dos pilares servirán para construir un edificio cuyos ladrillos se llaman “diálogo, inclusión, solidaridad, desarrollo y paz”.[16] Los cristianos “están llamados a dar nuevamente alma a Europa, a despertar la conciencia, no para ocupar los espacios —esto sería proselitismo—, sino para animar procesos que generen nuevos dinamismos en la sociedad”.[17]

La lectura de este texto, verdaderamente inspirado, tiene que ser un revulsivo para una Iglesia que pierde, no solamente números y relevancia social, sino credibilidad. El reto que asumió el Concilio Vaticano ii, impulsado sobre todo por aquella Iglesia europea todavía pujante, adquiere nueva urgencia hoy, cuando la idea, tan repetida por Francisco, de iniciar procesos, más que ocupar espacios resulta especialmente estimulante.

Referencias

Benedicto xvi. Caritas in veritate, encíclica. Ciudad del Vaticano: Vaticano, 2009.

Biltgen, François. “Realizar actos de amor imperado. Consideraciones sobre Fratelli tutti desde una perspectiva europea”. En Amistad social: claves de lectura de Fratelli tutti, editado por Walter Kasper y George Augustin, 112-117. Santander: Sal Terrae, 2021.

Camacho, Ildefonso. “Encíclica sobre la fraternidad: guía para la lectura”. Proyección 68 (2021): 9-29.

European Commission, “The European Commission’s priorities”, acceso el 5 de junio de 2021, https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024.

Euvé, François y Elena Lasida. “Fratelli tutti”. Études. núm. 4 277 (2020): 69-80.

Flecha Andrés, José-Román. “Amor divino y fraternidad humana. La moral fundamental en la Fratelli tutti”. Estudios Trinitarios, núm. 55 (2021): 95-131.

Francisco. “Discurso a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea presentes en Italia para la celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma” (24 de marzo de 2017).

——. “Discurso a los participantes en la Conferencia ‘Repensando Europa’ organizada por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece) en colaboración con la Secretaría de Estado” (Roma, 28 octubre 2017).

——. “Discurso al Parlamento Europeo” (Estrasburgo, 25 de noviembre de 2014).

——. “Homilía en el Campo de deportes «‘Arena»’ en Lampedusa” (8 de julio de 2013).

——. Evangelii gaudium, exhortación apostólica. Ciudad del Vaticano: Vaticano, 2013.

——. Fratelli tutti, encíclica. Ciudad del Vaticano: Vaticano, 2020.

——. Laudato si’, encíclica. Ciudad del Vaticano: Vaticano, 2015.

——. Visita al campo de refugiados de Moria, Lesbos (16 de abril de 2016).

Kasper, Walter. “Fratelli tutti: Introducción y encuadre”, en Amistad social: claves de lectura de Fratelli tutti. Editado por Walter Kasper y George Augustin, 13-34. Santander: Sal Terrae, 2021.

Krakovski, Roman. “La svolta ‘illiberale’ della democracia in Ungheria e Polonia”. Aggiornamenti Sociali, núm. 72 (2021): 319-326.

Martínez, Julio. “Fratelli tutti interpela a Europa”. Estudios Eclesiásticos 96 (2021): 267-273.

——. “Tiempos recios, tiempos de gracia: la Iglesia ante la pandemia”. Estudios Eclesiásticos 96 (2021): 193-220.

Nugnes, Armando. “Fraternità: una proposta ‘cristiana’ per il mondo. Fratelli tutti e la questione dello specifico cristiano della fraternità”. Rasegna di Teologia 62 (2021): 29-44.

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Spadaro, Antonio. “Fratelli tutti. Una guida alla lettura”. Civiltà Cattolica, núm. 171 (2020): 105-119.

Notas

* El P. Ildefonso Camacho, jesuita, es profesor jubilado de Pensamiento Social Cristiano y de Moral Social, Política y Económica en la Facultad de Teología de la Universidad Loyola Andalucía, en Granada, España. Doctor en Teología y Licenciado en Filosofía y en Ciencias Económicas. Entre sus publicaciones: Doctrina Social de la Iglesia. Una aproximación histórica (1998); La Doctrina Social de la Iglesia como instrumento esencial para la nueva evangelización (2002) (coautor) y Ética y responsabilidad empresarial (2013).
[1] Cf. Antonio Spadaro, “Fratelli tutti. Una guida alla lettura”, Civiltà Cattolica 171 (2020): 105-119; Ildefonso Camacho, “Encíclica sobre la fraternidad: guía para la lectura”, Proyección 68 (2021): 9-29; José-Román Flecha Andrés, “Amor divino y fraternidad humana. La moral fundamental en la Fratelli tutti”, Estudios Trinitarios 55 (2021): 95-131; Walter Kasper, “Fratelli tutti: Introducción y encuadre”, en Amistad social: claves de lectura de Fratelli tutti, ed. Walter Kasper y George Augustin (Santander: Sal Terrae, 2021), 13-34.
[2] “Europa no se hará de golpe, con una construcción de conjunto: se hará por las realizaciones conjuntas que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Estas fueron las palabras, tantas veces recordadas, de Robert Schuman ante el Parlamento francés el 9 de mayo de 1950, justificando los primeros pasos que culminarían en la creación de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero). Cf. François Biltgen, “Realizar actos de amor imperado. Consideraciones sobre Fratelli tutti desde una perspectiva europea”, en Amistad social…, 112-117.
[3] Francisco, “Discurso al Parlamento Europeo” (Estrasburgo, 25 de noviembre de 2014); id., “Discurso a los Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea presentes en Italia para la celebración del 60 aniversario del Tratado de Roma” (24 de marzo de 2017).
[4] Cf. Emilce Cuda, “Propuesta de la mejor política en la encíclica Fratelli tutti”, en este mismo dossier.
[5] Roman Krakovski, “La svolta “illiberale” della democracia in Ungheria e Polonia”, Aggiornamenti Sociali, núm. 72 (2021): 319-326.
[6] Julio Martínez, “Fratelli tutti interpela a Europa”, Estudios Eclesiásticos, núm. 96 (2021): 267-273.
[7] Francisco, “Homilía en el Campo de deportes ‘Arena’ en Lampedusa” (8 de julio de 2013).
[8] Francisco, Visita al campo de refugiados de Moria, Lesbos (16 de abril de 2016).
[9] Cf. European Commission, “The European Commission’s priorities”, acceso el 5 de junio de 2021, https://ec.europa.eu/info/strategy/priorities-2019-2024.
[10] Cf. “Servicio Jesuita a Refugiados”, acceso el 5 de junio de 2021, https://jrs.net/es/home. En España funciona el Servicio Jesuita de Migrantes, que se ocupa sobre todo de la acogida e integración a partir de su actividad en los Centros de Internamiento de Extranjeros (cie). Cf. Servicio Jesuita a Migrantes, “Informe cie 2020, ‘Razón jurídica y sinrazón política’”, acceso el 5 de junio de 2021, https://sjme.org/2021/06/04/informe-cie-2020-razon-juridica-y-sinrazon-politica.
[11] Sobre la cultura del encuentro, cf. François Euvé y Elena Lasida, “Fratelli tutti”, Études, núm. 4277 (2020): 69-80.
[12] Cf. Julio Martínez. “Tiempos recios, tiempos de gracia: la Iglesia ante la pandemia”, Estudios Eclesiásticos, núm. 96 (2021): 193-220.
[13] Armando Nugnes, “Fraternità: una proposta ‘cristiana’ per il mondo. Fratelli tutti e la questione dello specifico cristiano della fraternità”, Rasegna di Teologia, núm. 62 (2021): 29-44.
[14] “Esta fraternidad, ¿podrán lograrla alguna vez los hombres por sí solos? La sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una convivencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad. Esta nace de una vocación trascendente de Dios Padre, el primero que nos ha amado, y que nos ha enseñado mediante el Hijo lo que es la caridad fraterna” (Benedicto xvi, encíclica Caritas in veritate, núm. 19). Más claro aún: “Sin Dios, el hombre no sabe adónde ir ni tampoco logra entender quién es” (Benedicto xvi, encíclica Caritas in veritate, núm. 78).
[15] Francisco. “Discurso a los participantes en la Conferencia ‘Repensando Europa’, organizada por la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Comunidad Europea (Comece) en colaboración con la Secretaría de Estado” (Roma, 28 octubre 2017).
[16] Francisco. “Discurso a los participantes en la Conferencia...”.
[17] Francisco. “Discurso a los participantes en la Conferencia...”.
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