Dossier

Conflictos y armonía: análisis comparativo de la encíclica Fratelli tutti y de las políticas sociales en China*

Conflicts and Harmony: Comparative Analysis of the Encyclical Fratelli tutti and Social Policies in China

Thierry Meynard, S.J.**
Universidad Sun Yat-sen, China

Conflictos y armonía: análisis comparativo de la encíclica Fratelli tutti y de las políticas sociales en China*

Revista Iberoamericana de Teología, vol. XVIII, núm. 34, pp. 123-138, 2022

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Revista Iberoamericana de Teología es una publicación semestral editada por el Departamento de Ciencias Religiosas de la Universidad Iberoamericana, A. C., Ciudad de México. Prol. Paseo de la Reforma 880, Col. Lomas de Santa Fe, Álvaro Obregón, C.P. 01219, Tel. 55 59 50 40 00, ext. 7007 y 7352, ribet@ibero.mx, revistas.ibero.mx/ribet. Editor responsable: Ángel F. Méndez Montoya. Responsable del diseño web y actualizaciones: Débora Roberta Sánchez Guajardo. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo de Título No. 04-2016-050912461800-102 ISSN 1870-316X Licitud de título No. 13344, Licitud de Contenido No. 10917, ambos otorgados por la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas de la Secretaría de Gobernación.

Recepción: 05 Julio 2021

Aprobación: 25 Octubre 2021

Resumen: Entre los diversos discursos examinados en la encíclica Fratelli tutti (2020) del papa Francisco, se dedican largos análisis al liberalismo económico y al populismo político, pero la palabra comunismo no aparece. La razón de esta ausencia proviene quizás de la dificultad que supone definir este término; no obstante, en China se suele reivindicar el comunismo. Entonces, podemos preguntarnos cómo ubicar el comunismo en el binomio liberalismo-populismo abordado en la encíclica. Tal vez esta nos ayude a identificar los límites y los logros del comunismo chino y nos oriente para superar algunos de los problemas actuales. La encíclica, de hecho, habla de conflictos que deben resolverse sin cesar para tender a una mayor armonía entre los hombres, lo cual ofrece a la China de hoy un camino para asumir el desafío de la diferencia en la búsqueda de la armonía.

Palabras clave: Fratelli tutti, papa Francisco, comunismo, armonía, China.

Abstract: Among the different discourses examined by Fratelli tutti (2020), by Pope Francis, there are long analyses devoted to economic liberalism and political populism. However, the word communism does not appear. Does the reason of this absence come from a too great difficulty in defining the term? But communism is often called upon by China. We can therefore ask how to relate it within the diptych of liberalism–populism discussed in the encyclical. Perhaps the encyclical allows to indicate the limits and successes of Chinese communism and to show the direction to overcome the present obstacles. Indeed, the encyclical talks about conflicts to solve incessantly to reach a greater harmony among mankind, and it offers China today a way to address the challenge of the play of differences in its quest for harmony.

Keywords: Fratelli tutti, Pope Francis, communism, harmony, China.

1. Introducción

La iniciativa del profesor José Sols Lucia de reunir reflexiones procedentes de diversos continentes hace patente la invitación a una fraternidad universal, lo que constituye claramente el horizonte de la encíclica Fratelli tutti (2020), del papa Francisco (ft). Es sabido que China ocupa un lugar destacado en esa fraternidad, dado que constituye el 18% de la población mundial, y también debido al papel cada vez más destacado que este país tiene en la escena internacional, algo que suscita en los observadores internacionales admiración y al mismo tiempo inquietud.

La encíclica del papa Francisco comienza con una evocación a Francisco de Asís, subrayando en particular el significado del encuentro del santo con el sultán Malik-el-Kamil. La actitud de san Francisco, explica el Papa, “invita a evitar toda forma de agresión o contienda” (ft, 3); aconseja no caer en disputas sobre conceptos para imponer una doctrina; sólo desea comunicar el amor de Dios sin afán de dominio; y sueña con la armonía entre todos los hombres, de los que él se siente servidor. Francisco de Asís estaba situado ante el mundo musulmán. Su época dista de ser la nuestra y, sin embargo, la oposición entre un cierto mundo occidental y China es un signo de falta de armonía entre los hombres de hoy. Por activa y por pasiva, los medios de comunicación social nos hablan de tensión, de oposición y de conflictos en los terrenos de lo diplomático, lo económico y lo militar, algo que a menudo contribuye a la división entre chinos y occidentales con posturas mutuamente agresivas.

La encíclica subraya que el mundo necesita urgentemente desarmarse de la violencia y rebajar el miedo. Al poner por encima de todo la visión de una fraternidad común que aúne a todos los seres humanos, san Francisco de Asís propone precisamente una orientación salvífica (ft, 6). Conflicto y armonía, dos temas presentes en la encíclica Fratelli tutti, lo están también, y mucho, en China, como, sin duda alguna, también en otras muchas regiones del mundo. Los caminos y los medios para evitar el conflicto y establecer la armonía varían enormemente. Tal vez sería más exacto afirmar que la gestión de los conflictos parece ser susceptible de múltiples interpretaciones, de tal modo que los conflictos, adecuadamente abordados, pueden servir para avanzar hacia la armonía deseada. En la actualidad (2021), China apuesta por este planteamiento: no hay armonía sin un tratamiento fructífero de ciertos conflictos. El discurso político del gobierno chino apoya y justifica oficialmente aquellas medidas prácticas que se presentan como un progreso hacia una sociedad en armonía.

2. La propuesta china, entre el liberalismo económico y el populismo político

El papa Francisco rechaza enérgicamente tanto el liberalismo económico (ley del mercado) como el político (democracia populista), que ve animados sobre todo por lógicas de interés financiero, el primero, y de conservación del poder, el segundo. La encíclica reclama un modo distinto de reflexión política, centrado en la protección de los más débiles y respetuoso de las aspiraciones de los pueblos.

Aun cuando la encíclica no mencione la postura china acerca de estos temas ―por razones no explicitadas en el texto, que seguramente tienen que ver con el retroceso del comunismo a nivel mundial―, no es difícil encontrar puntos comunes entre el texto pontificio y el discurso chino. En efecto, el Papa no niega en ningún momento la necesidad de que haya Estados nacionales suficientemente fuertes y al mismo tiempo responsables de aquello que deben administrar. El gobierno chino actúa con valentía, constancia y autoridad porque se siente responsable de la administración de su país. Reconoce que utiliza a veces políticas de fuerza, que afirma son necesarias. Al revés del populismo, que a menudo cae en políticas sociales populares pero superficiales, el estado chino es capaz de adoptar medidas a largo plazo para el interés del país. A diferencia de las democracias occidentales, sacudidas y rotas por interminables confrontaciones políticas, el partido comunista tiene una visión a largo plazo y tiene la capacidad de imponerla. El régimen autoritario de China asegura una gran estabilidad, necesaria para el largo plazo, mientras que otros regímenes tienen una visión cortoplacista que no va más allá de las siguientes elecciones.

Otro punto de convergencia entre la visión del Papa y la del gobierno chino es la idea de la primacía de lo político sobre lo económico. La estabilidad de un país reposa sobre una sana visión política que dirija y ordene los engranajes económicos (ft, 177 y 179). En este sentido, el Papa dedica párrafos destacados a la idea de que la propiedad privada no puede dejar de ignorar su función social (ft 118-120). Esta era la posición de la teología escolástica, retomada en diversos textos del magisterio católico, una postura qua ha sido reafirmada una vez más por la encíclica Laudato si’ (ls) (2015), del papa Francisco, en la que leemos que “la tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada” (ls, 93).

Esta insistencia en el bien común encuentra eco en el ideal comunista de una sociedad orientada al beneficio del conjunto de la población. Entre 1980 y 2015, a pesar de algunas dudas y de ciertas medidas contradictorias, el gobierno de Beijing se mostró inclinado a favorecer a las empresas privadas y a separar la gestión económica de la misión del partido, lo que hizo posible que China pasara a formar parte de la Organización Mundial de Comercio (omc), de la que es miembro desde 2001. Se pensó entonces que el país daba pasos de gigante hacia una economía y un modelo de gestión liberal. No obstante, en 2015, Xi Jinping, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China, decidió establecer de manera progresiva un nuevo equilibrio entre el sector público y el privado. En este nuevo modelo, se invita a que las empresas estatales se modernicen y a que, con el apoyo del gobierno, entren a competir con las grandes multinacionales del mundo. El proyecto Yidai Yilu (en español, “un cinturón, una carretera”; en inglés, “one belt, one road”), puesto en marcha en 2014, es un claro ejemplo de la ambición gubernamental encaminada a promover que las empresas estatales operen más allá de las fronteras nacionales, algo que ya están haciendo en 60 países. Sin duda, las empresas estatales deben generar beneficios, pero no es su único objetivo; sirven al bien público, están al servicio del conjunto de la sociedad. La política de liberalización de la economía, confirmada en reiteradas ocasiones, no supone de ninguna manera la progresiva adopción del sistema capitalista denominado occidental. Ciertos sectores de gran importancia, como pueden ser las finanzas, la seguridad social, el transporte, las comunicaciones, la salud o la educación permanecen ―y se insiste en que permanecerán en el futuro― bajo la responsabilidad directa del gobierno. Si el sector privado quiere sobrevivir, debe absolutamente aceptar las directivas del partido. Los problemas que ha tenido recientemente el multimillonario Jack Ma, fundador de la exitosa empresa Alibaba, muestran que el gobierno chino no está dispuesto a tolerar un grado tal de independencia del sector privado que lleve a situaciones de monopolio en detrimento del sector público.

El modelo chino hace eco también de la importancia que concede el Papa a las instituciones internacionales y a los acuerdos multilaterales que garantizan, mejor que los bilaterales, la protección de los estados débiles (ft, 174). De hecho, el liberalismo está interesado en la libre circulación de capitales y mercancías en una lógica puramente económica, mientras que, por su parte, el populismo tiende a defender los intereses nacionales sin preocuparse por los grandes retos planetarios. En cambio, China, apoyándose en su antigua civilización, su demografía y su peso político y económico, va más allá de intereses nacionales y abraza una visión amplia de la comunidad de naciones.

Por todo ello, vemos que China presenta un modelo alternativo al liberalismo y al populismo que coincide con puntos importantes de la encíclica, como, por ejemplo, la necesidad de un Estado fuerte que lleve a cabo políticas a largo plazo, o la importancia del bien común, entre otros. Veamos ahora cómo el discurso oficial chino aborda el tema de la armonía.

3. La armonía promovida por China en la actualidad

En 2006, el xvi Congreso del Partido Comunista de China puso la noción de armonía al mismo nivel de importancia que el establecimiento del socialismo. Lo uno no podía realizarse sin lo otro, se dijo, pero se subrayó el deseo de que China llegase a ser una sociedad en armonía.[1] No cabe duda de que se trata de una doctrina vaga, acerca de la cual cuesta encontrar explicaciones precisas en la enorme cantidad de artículos y discursos; sin embargo, es una doctrina ambiciosa que pretende resolver los problemas morales que produce el liberalismo económico.

Al llegar Xi Jinping al poder en 2013, implementó su visión, tal como ya había hecho décadas atrás Mao Zedong. El denominado “pensamiento Xi Jinping” consiste en “el modelo chino de socialismo para la nueva era” (新时代中国特色社会主义思想). La definición no hace alusión al concepto de armonía; sin embargo, la primera de las ocho “clarificaciones” (mingque 明确) incluye una referencia al “socialismo bello y armonioso” (和谐美丽的社会主义). Además, la novena de las 14 “resoluciones firmes” (jianchi 坚持) hace una alusión interesante a la búsqueda de una armonía vital entre el hombre y la naturaleza (坚持人与自然和谐共生).

La armonía en construcción pasa a ser de manera clara una responsabilidad que, para poder ser implementada, requiere de una aceptación sin paliativos del liderazgo del Partido Comunista, a su vez unificado bajo la bandera del pensamiento de su maestro Xi Jinping. Ya no se considera la separación de responsabilidades entre partido e instancias gubernamentales. Al contrario, se pide que todos los agentes, ya sean el ejército, los medios de comunicación o los engranajes económicos y culturales, sigan al partido, el único guía autorizado, garante de una vida armoniosa en la sociedad china. Así, en las universidades, el secretario del partido se ha convertido en la primera autoridad, mientras que años atrás había sido relegado a ser la segunda tras el rector. El 19 de abril de 2021, en la universidad Tsinghua, Xi Jinping justificó este nuevo equilibrio de poderes al declarar que la universidad tiene por misión formar personas aptas para contribuir al desarrollo del socialismo.[2]

Con este fin, la armonía se diseña mediante múltiples procedimientos que delimitan y trazan la ruta a seguir. La campaña contra la corrupción, lanzada en 2012 y todavía vigente hoy, muestra su eficiencia a través del enorme trabajo de la comisión central de la inspección disciplinar durante las inspecciones llevadas a cabo en agencias gubernamentales de las provincias, en empresas, en universidades y allí donde haya funcionarios.

En 2018, el número de funcionarios castigados llegó a 621 000. En la primera mitad de 2020, unos 240 000 funcionarios habían sido penalizados.[3] La ong Transparency International afirma que China ha progresado al haberse situado en el puesto 78 de 180 países, mientras que México, por ejemplo, ocupa el 124.[4] Aunque hay fuentes que ponen en duda la veracidad de estos datos, todo apunta a que son fiables, con lo que hacen palpable el hecho de que los métodos duros del gobierno chino pueden llevar a buen puerto.

4. Conflictos sociales y culturales en la China de 2021

Hasta aquí hemos visto las ventajas de un régimen autoritario, en este caso denominado comunista, que afirma trabajar para el bien de la población del país. Los éxitos de China en diversos terrenos como el científico, el económico o incluso el cultural ―recordemos la impresionante inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008― hacen que los chinos tengan sobrados motivos para sentirse orgullosos, gracias a la política llevada a cabo por el gobierno, algo que no puede ser cuestionado, a pesar de las reservas de algunos que apuntan hacia una fragilidad de esa armonía china, que podría romperse en cualquier momento.

No obstante, el desequilibrio campo-ciudad o entre diferentes grupos urbanos no parece que vaya a corregirse pronto. Este fenómeno ya clásico tiene explicación por la pobreza relativa de algunos, y constituye un estímulo para seguir trabajando. Con esperanza, paciencia y tenacidad, todo el mundo puede salir beneficiado, aunque sabemos que nunca se alcanzará una igualdad total, algo que nunca ha existido desde la revolución de 1949, y que no constituye tampoco un objetivo realista.

Ahora bien, la pobreza absoluta es inadmisible para el régimen comunista. Bajo la dirección de Xi Jinping, el partido declaró esta intolerancia al poner en marcha en 2013 un vasto programa denominado FuPin 扶贫 (asistencia a los pobres) a fin de erradicar la pobreza absoluta. Siete años después del inicio de ese programa, 70 millones de chinos superaron la barrera de 1.10 dólares por día, considerado el umbral de la pobreza absoluta según los estándares internacionales.[5]El programa no consiste en dar dinero a las regiones pobres, lo que las reduciría al orden de la asistencia social. La ayuda financiera trata de apoyar iniciativas como, por ejemplo, la compra de productos agrícolas procedentes de regiones rurales destinados a la población urbana. Los pobres pasan a ser actores de su propio desarrollo, lo cual entronca con el consejo del Papa, quien insiste en el hecho de que los pobres, para saciar su hambre, no sean tomados como sujetos pasivos receptores de asistencia, sino como personas responsables (ft, 187-189), idea compartida por buen número de investigadores sociales y llevada a cabo de manera particularmente eficaz en China.

De este modo, la pobreza extrema ha desaparecido de China en proporciones considerables. Sin embargo, eso no ha sido suficiente para reducir clamorosas desigualdades sociales. El coeficiente gini, que mide de 0 a 1 las desigualdades de renta en un país, está todavía demasiado cerca del alarmante 0.50, concretamente 0.46, aproximadamente al nivel de México (0.48).[6] A pesar de todos los cuestionamientos que se le han hecho a este coeficiente, la verdad es que sigue siendo un indicador simple y práctico para hacerse una idea acerca de una realidad compleja. Las generaciones jóvenes suelen ser especialmente sensibles a las desigualdades. Aunque el gobierno mantenga su política de modernización y de extensión del sistema de protección social en terrenos como la salud, la vivienda o la educación, la verdad es que las ventajas de todo ello no llegan del mismo modo a toda la población.

Los emigrantes que dejan el campo para irse a la ciudad en busca de trabajo y de oportunidades no tienen el mismo acceso a la atención médica y a la educación escolar que sí tienen otros grupos sociales. Comprarse un departamento en la ciudad resulta cada vez más caro, lo que comporta endeudamientos de larga duración para las parejas jóvenes. Igualmente, para entrar en buenas universidades, la competencia es feroz y requiere un serio esfuerzo financiero.

En el terreno de lo cultural, China posee una gran riqueza de lenguas, escrituras, costumbres y religiones. A pesar de que las minorías étnicas constituyan un porcentaje pequeño de la población, en torno a 8%, el gobierno chino se ha comprometido a promover esta diversidad al reconocer hasta 56 etnias distintas, a fin de responder a las aspiraciones legítimas de las poblaciones locales. En un Estado moderno, esta diversidad está enmarcada y gestionada por un buen número de legislaciones, por lo que se hace necesario lograr un justo equilibrio entre la promoción de las culturas locales y su adecuada inserción en el Estado unido. Sin duda, este equilibrio variará en función de épocas y regiones, pero es necesario constatar que tensiones vividas en regiones como el Tíbet o el Xinjiang han llevado al gobierno a adoptar medidas administrativas y económicas encaminadas a reforzar la identidad nacional, sobre todo en la educación, promoviendo el uso de la lengua común o aplicando medidas más estrictas para los lugares de culto, entre otros ejemplos. Prueba de ello es el hecho de que en los años ochenta del siglo pasado fueron construidas numerosas mezquitas siguiendo el modelo arquitectónico de Arabia Saudí, a veces incluso con financiamiento árabe, mientras que ahora el gobierno está promoviendo un modelo de construcción más acorde con la arquitectura china. Cada vez se controla más la expresión de la diversidad cultural, étnica y religiosa en el espacio público. Cuando las tensiones surgidas por esta política son de carácter débil, el gobierno hace muestra de flexibilidad, pero cuando son de un orden mayor y se perciben como una amenaza para la armonía y la estabilidad social, entonces se intensifica el control administrativo y policial. El gobierno es muy consciente de que una política basada solo en la represión no resolverá la raíz de los conflictos, por lo que prefiere promover una política de acompañamiento basada en el desarrollo económico y en la inversión en infraestructuras públicas que sirvan al bien general, aun cuando a veces no recojan completamente las aspiraciones culturales y religiosas locales.

El gobierno chino quiere ser el único maestro de los asuntos internos del país, y eso rige tanto para Xinjiang, como para el Tíbet, Taiwán o el Mar de la China Meridional, y quiere que su posición quede clara ante los demás países del mundo, lo que no le impide firmar acuerdos internacionales o entrar en relaciones comerciales con otros países. Por lo demás, después de un periodo, concretamente 1980-2009, en el que las potencias occidentales veían a China como un mercado a explotar comercialmente, este país se ha sabido poner a la altura de otros como un agente económico más, competente y exigente. China no quiere imponerse a otros países ni política ni militarmente, pero sí está dispuesta a hacerse respetar por la fuerza militar si alguien osa violar su integridad territorial, incluidos los mares en disputa, o sus proyectos económicos en países en desarrollo o con regímenes a veces ambiguos, cuya cuestionable armonía social China no quiere debatir.

Tanta preocupación del gobierno chino apunta a una fragilidad de la armonía si no se atiende a las demandas de diferentes voces del pueblo. En un párrafo de su encíclica, arremetiendo contra las intolerancias fundamentalistas, el papa Francisco afirma que “es cierto que las diferencias generan conflictos, pero la uniformidad genera asfixia y hace que nos fagocitemos culturalmente” (ft, 191). Tal vez el Papa esté pensando en fenómenos muy presentes en Occidente, que se expresan demonizando al adversario. Lamentablemente, los extremistas de las grandes religiones caen en este defecto. La supremacía cultural que aplasta al otro acaba siendo homicida, primero del otro y finalmente de uno mismo.

5. La armonía como respeto mutuo: el concepto de persona

Las denominadas democracias occidentales no salen indemnes en la investigación acerca del respeto de los derechos humanos en su seno, aun cuando en ellas no se dude en proclamar una gran preocupación acerca de la justicia social para todos. Los acontecimientos ocurridos en Estados Unidos en la primavera de 2020, tras la muerte del ciudadano de raza negra George Floyd, asfixiado por el oficial de policía de raza blanca Derek Chaubi ante una cámara que estaba grabando aquella escena espantosa, ilustran de manera trágica el abismo que hay entre lo que se dice en las declaraciones y lo que ocurre en la realidad. De ahí que el Papa dedique el segundo capítulo de su encíclica a recordar verdades evangélicas: el amor al prójimo, y más concretamente la amistad social. Lo hace con el ejemplo de la famosa parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37), a la que denomina “un extraño en el camino”. Extraño .forastero es aquel hombre situado fuera del contexto familiar; podría proceder incluso de otra región, enfrentada a la nuestra. Sin embargo, ese forastero pasa por una región distinta a la suya, y en el camino encuentra a un hombre gravemente herido que le resulta precisamente extraño. Parecen dos forasteros de regiones distintas, pero en realidad son dos personas que entran en relación por su común humanidad, más de allá de cualquier otra consideración.

No basta con la amistad de personas que pertenecen a nuestra sociedad; la auténtica amistad tiende hacia el amor universal, dado que las fronteras geográficas, políticas o culturales no separan a los hombres en categorías cerradas. No tiene sentido defender la humanidad de unos cuando se niega la de otros, tal como muestran con claridad meridiana los diversos genocidios del siglo pasado. El Papa nos invita a realizar un considerable esfuerzo de honestidad moral para acabar de una vez con el desprecio fáctico del otro, en concreto, aquel que sufre pobreza, hambre u otras miserias. No habla en categorías políticas, sino que se dirige a toda persona que afirme querer servir a la humanidad.

Sin embargo, se suele decir que tradicionalmente en China se piensa en el todo antes que en las partes, y que por ello los chinos admiten con facilidad que el bien del grupo o de la sociedad nacional pasa por delante del bien individual. Este cliché no tiene en cuenta facetas importantes de la riqueza cultural china. Por ejemplo, es interesante constatar que uno de los primeros libros que el P. Matteo Ricci ―misionero jesuita italiano―[7] escribió y publicó en chino, en 1595, Tratado sobre la amistad, tuvo mucho éxito entre los chinos ilustrados de su tiempo.[8] Del mismo modo, cualquier historia cultural de China debe detenerse a analizar a filósofos de la categoría de Li Zhi 李贽, quien a inicios del siglo xvii insistía en el valor intrínseco de la persona y situaba la relación de amistad de manera lógica en el primer lugar por rango de importancia, dado que en ella se fundan otras relaciones como las familiares o las de los ciudadanos con el Estado.

Hay que acabar con los estereotipos. Al promover el respeto de la persona, de toda persona, la encíclica Fratellitutti retoma una verdad evangélica que subyace en el corazón mismo de la humanidad; de lo contrario la fe cristiana no podría pretender ser universal. Los modos de expresar esta verdad son diversos, dado que la verdad nunca puede ser encerrada en una sola formulación, sino que va más allá de todas las expresiones conocidas. La cultura china nos hace reflexionar acerca de las expresiones de la verdad de la persona. El actual régimen de Beijing no es ajeno al respeto de la dignidad humana de la persona, pero insiste en su compromiso con el bien común. Sin duda, podemos lamentar que no explicite más ese respeto, dado que el hecho de hacerlo compensaría su autoritarismo y lo haría más sensible a las injusticias ocultas que ponen en peligro su esfuerzo en busca de la estabilidad social y de la participación de China en el escenario mundial. Si en lugar de estar sujeta a fines políticos, la prensa gozara de mayor libertad en China, no cabe duda de que sería mucho más útil. ¿Es realista hablar de un “proyecto para todos”, tal como hace el Papa (ft, 15)? No se niega el derecho a la defensa de los intereses nacionales, pero se trataría de ampliar el horizonte y de dialogar de manera honesta acerca de los medios que se requerirían para ello. La ética del respeto a la persona comporta una visión que no encaja fácilmente en China, como tampoco en otros países.

No obstante, si el gobierno de Beijing quiere saber cómo armonizar la visión del todo con el respeto a cada una de las partes, no tiene más que buscar en la tradición filosófica de su país para encontrar una fuente de inspiración antigua y al mismo tiempo actual. El Libro de las mutaciones (Yijing) expone con detalle las dos nociones del yin y el yang, que no son sustancias ni tampoco esencias fijas o cerradas en ellas mismas. Al contrario, el yin y el yang manifiestan la realidad siempre en transformación, de tal manera que el yin tiende al yang, y este a aquel, en el interior de un círculo que simboliza un movimiento, no un movimiento lineal con un inicio y un fin, sino un flujo constante.[9]La doble noción de yin y yang elimina todo tipo de rigidez, de rigorismo autoritario, de control ideológico, y hace posible percibir el momento presente en evolución hacia lo que parece ser su contrario, pero que no es sino un interminable ajuste continuo y dinámico de la vida.


Eso es solo relativismo, podemos objetar, pero en realidad no lo es. Más bien es una visión realista de la tensión que nos lleva hacia la plenitud jamás lograda del todo y siempre deseada. Para no ser agresivo, el pensamiento oficial chino sigue la doctrina del yin y el yang, atenta a las mutaciones. Estas adoptan características distintas en función de las condiciones del país y de la sociedad que manifiestan en sus particularidades la dinámica de la vida animada por el valor supremo de la persona. Sin nombrar explícitamente a China, la encíclica Fratelli tutti hace recomendaciones dirigidas a todos los países, gobiernos y pueblos. El Papa no quiere interferir en asuntos internos de las naciones, sean del tipo que sean, sino que aporta orientaciones universales que brotan del corazón de la esperanza evangélica.

6. Conclusión

El comunismo practicado hoy en China muestra ser un sistema muy eficaz que da resultados sorprendentes tanto en lo microsocial como en lo macroeconómico. El ejemplo chino demuestra la eficacia de una buena dosis de autoritarismo a fin de asegurar la armonía en la sociedad, si atendemos a las encuestas de satisfacción entre la población china. Los gobiernos que se dicen democráticos, según el modelo occidental, no logran tales resultados. Ni el liberalismo económico ni el populismo político alcanzan estas cotas de satisfacción social.

Ahora bien, ¿qué pasa con las tensiones que llevan a conflictos en el seno de la sociedad? No parece que China haya encontrado hasta la fecha un método satisfactorio para resolverlos de manera que todas las partes sean respetadas, incluso teniendo en cuenta el hecho de que la tradición cultural china desde antiguo sitúa las identidades personales, individuales, pero también las del Estado o de la nación, en la perspectiva de una visión dinámica de lo real.

No se percibe la armonía como un lago de aguas tranquilas, dado que entonces el agua estaría muerta, como la de un pantano bloqueado por una presa. Al contrario, lo que se propone en China es gestionar el movimiento, por supuesto, sin haber dado con una fórmula mágica ni tampoco con un milagro, pero con una incuestionable atención a lo real, siempre animada por la fuerza vital del intercambio dinámico contenido en el yin y el yang.

Los chinos de mediana edad de nuestro tiempo han vivido fuertes cambios que han transformado su país y su sociedad. Sin embargo, las transformaciones materiales, por muy valiosas que sean, no bastan para animar suficientemente la vitalidad de la sociedad civil. Faltan en China espacios sociales que den a los ciudadanos la posibilidad de dialogar libremente entre ellos. La encíclica del papa Francisco recuerda esta necesidad a fin de que los hombres persigan un desarrollo integral de la persona en beneficio de todos.

Conducido con honestidad, el diálogo social aleja el miedo de ver cómo crece un agente económico o político que podría acabar siendo un adversario a largo plazo. El Papa invita al diálogo entre ciudadanos y entre pueblos. Recuerda con simplicidad la necesidad vital del respeto mutuo con exigencia de honestidad y con el riesgo que conlleva la esperanza.

Tras su llegada a China, el cristianismo promovió un personalismo auténtico que permitió a muchos chinos encontrar su identidad más profunda en su relación con Cristo a través de la mediación de las comunidades cristianas. El atractivo del cristianismo entre los jóvenes es incuestionable, como lo prueba el desarrollo considerable de las “family churches” 家庭教会 (iglesias domésticas), un desarrollo paradójicamente promovido por la ideología estrecha del país.[10]Así como la sociedad de consumo no satisface en Occidente los deseos profundos de las personas, así tampoco la ideología comunista logra saciar la búsqueda espiritual de la juventud china, por lo que tanto en China como en Occidente el mensaje cristiano conserva toda su fuerza.

“China oscurece, pero hay una claridad que encontrar; búsquenla”, escribía el filósofo francés del siglo xvii, Blaise Pascal.[11] Esto sigue siendo cierto hoy, lo que no quiere decir que debamos cerrar los ojos ante los límites ―incluso ante los peligros posibles― de sus métodos autoritarios, pero tampoco que sea legítimo rechazarlos sin miramientos. En el diálogo social de todos con todos por el bien de todos, los chinos ocupan un lugar, así como también tienen una responsabilidad hacia las personas, debido a que son un actor indiscutible en el camino hacia una fraternidad universal y, al mismo tiempo, plural.

Bibliografía

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Meynard, Thierry y Michel Chambon. “Vie per l’Aggiornamento della Chiesa Cattolica Cinese”, 75-86. En La Chiesa in Cina: un Futuro da scrivere. Roma: Civiltà Cattolica, 2019.

Pascal, Blaise. “De la vraie religion”. En Discours sur la Religion et sur quelques autres sujets qui ont été trouvés après sa mort parmi ses papiers. Editado por Emmanuel Martineau. París: Fayard / Armand Colin, 1992.

Ricci, Matteo. Sobre la amistad, editado por Timothy Billings. Bilbao: Mensajero, 2013. En francés: Traité de l’amitié, traducción de Philippe Che. Ermenonville: Noé, 2006. En inglés: On Friendship, traducción de Timothy Billings. Nueva York: Columbia University Press, 2009.

Shi Yu, In Data. “China’s fight against corruption in poverty alleviation”, 9 de agosto de 2020. China Global Television Network. Acceso el 21 de abril de 2021. https://news.cgtn.com/news/2020-08-09/In-data.

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Meynard, Thierry. “El P. Matteo Ricci y el debate interreligioso de los ritos chinos”, Revista Iberoamericana de Teología i, no. 33 (2021).: 11-27.

Notas

* Este artículo fue traducido del original en francés por José Sols Lucia.
** El P. Thierry Meynard, jesuita francés, es catedrático de Filosofía Occidental en la Universidad Sun Yat-sen de Guangzhou, China. Licenciado en Filosofía y Teología por el Centro Sèvres de París y la Facultad de Teología San Roberto Belarmino de Taipéi, obtuvo el doctorado en Filosofía China en la Universidad de Pekín. Entre sus obras destacan La filosofía moral de Confucio, por Michele Ruggieri, SJ (Madrid: Mensajero, 2018), Confucius Sinarum Philosophus (1687): The First Translation of the Confucian Classics (Roma: IHSI, 2011), The Religious Philosophy of Liang Shuming (Boston: Brill, 2011).
[1] “Comité Central del Partido Comunista sobre el establecimiento del socialismo y de una sociedad armoniosa” 中共中央关于构建社会主义和谐社会, XVI Congreso, documento núm. 19, 2016, acceso el 21 de abril de 2021, http://www.gov.cn/gongbao/content/2006.
[2] Agencia China Nueva, 19 de abril de 2021, acceso el 21 de abril de 2021, https://baijiahao.baidu.com.
[3] Shi Yu, In Data: “China’s fight against corruption in poverty alleviation”, 9 de agosto de 2020, China Global Television Network, acceso el 21 de abril de 2021, https://news.cgtn.com/news/2020-08-09/In-data.
[4] Transparency International, acceso el 21 de abril de 2021, https://www.transparency.org/en.
[5] China’s Poverty Reduction Online, acceso el 21 de abril de 2021, http://p.china.org.cn/index.htm.
[6] Statista, 2021, acceso el 21 de abril de 2021, https://www.statista.com/statistics.
[7] Thierry Meynard, “El P. Matteo Ricci y el debate interreligioso de los ritos chinos”, Revista Iberoamericana de Teología xvii,núm. 33 (2021): 11-27.
[8] Matteo Ricci, Sobre la amistad, editado por Timothy Billings (Bilbao: Mensajero, 2013); en francés: Traitéde l’amitié, traducción de Philippe Che (Ermenonville: Noé, 2006); en inglés: On Friendship, traducción de Timothy Billings (Nueva York: Columbia University Press, 2009).
[9] Anne Cheng, Histoire de la philosophie chinoise (París: Seuil, 1997), 254-275.
[10] Thierry Meynard y Michel Chambon, “Vie per l’Aggiornamento della Chiesa Cattolica Cinese”, en La Chiesa in Cina: un Futuro da scrivere (Roma: Civiltà Cattolica, 2019), 75-86.
[11] Blaise Pascal, “De la vraie religion”, Discours sur la religion et sur quelques autres sujets qui ont été trouvés après sa mort parmi ses papiers, editado por Emmanuel Martineau (Paris: Fayard - Armand Colin, 1992), 89.
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