Resumen: La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos (CNMyMyLH) organizada en 1938 bajo dirección del historiador Ricardo Levene, fue la primera estructura administrativa surgida en la Argentina con el objeto de delinear políticas públicas de fiscalización sobre bienes muebles e inmuebles de interés histórico. El presente artículo explora los diferentes modos de intervención de esta institución en la organización de los museos históricos instalados en el edificio donde funcionaba el antiguo Cabildo de Salta. La primera parte del texto reconstruye el proceso por el cual, en los años anteriores a la constitución de la CNMyMyLH, el edificio fue declarado monumento histórico nacional con el propósito de instalar un museo, dotándolo de los discursos y representaciones sobre el pasado que circulaban entre los historiadores y publicistas. La segunda parte analiza de qué manera entre 1938 y 1945, la CNMyMyLH pasó a administrar el monumento, lo restauró y propició la instalación del Museo Histórico Colonial y de Bellas Artes dependiente de la Provincia de Salta. Finalmente, se examinan los años en los cuáles se organizó el Museo Histórico del Norte con sede en el mismo edificio, inaugurado en 1949 bajo supervisión nacional. Palabras claves Cabildo – monumento- museos históricos – Salta – historiadores BETWEEN NATION AND PROVINCE. THE HISTORICAL MUSEUM ORGANIZATION IN SALTA DURING THE DECADE OF 1930 Y 1940.
Palabras clave:CabildoCabildo,monumentomonumento,museos históricosmuseos históricos,SaltaSalta,historiadores historiadores .
Abstract: The National Commission of Museums and of Monuments and Historical Places (CNMyMyLH), organized in 1938 under the direction of historian Ricardo Levene, was the first administrative structure emerged in Argentina in order to define public control policies on goods and properties of historic interest. This article explores the different forms of intervention of this institution in the historical museum organization situated in the building where the old Cabildo of Salta was established. The first part of the text reconstructs the process by which in the years previous to the constitution of CNMyMyLH, the building was declared National Historic Monument for creating a museum, which kept the discourse and representations about the past that circulated among the historians and advertisers. The second part analyses how between 1938 and 1945, the CNMyMyLH began to administrate the monument, restored it and supported the establishment of the Colonial Historical Museum and Fine Arts dependent on the Province of Salta. Finally, it examines the period in which the Historical Museum of the North, placed in the same building, was organized. It was inaugurated in 1949 under national supervision.
Keywords: Cabildo, monument, historical museum, Salta , historians.
Articulos
ENTRE NACIÓN Y PROVINCIA. LA ORGANIZACIÓN DE MUSEOS HISTÓRICOS EN SALTA DURANTE LAS DÉCADAS DE 1930 Y 1940
Recepción: 12/09/14
Aprobación: 30/09/15
En el ámbito académico internacional existe abundante literatura sobre la intervención de los historiadores en la producción, circulación y apropiación de relatos y representaciones del pasado desde espacios mucho más amplios que aquellos vinculados a la formación académica y la producción historiográfica. En Argentina el interés por los agentes que participan en la construcción y reformulación de la memoria ha estimulado la producción de estudios renovadores dedicados básicamente al período 1970-1983; pero los muy variados ámbitos que en los años anteriores suscitaron representaciones del pasado apelando a la preservación del conjunto de objetos, sitios y monumentos considerados de significación histórica, constituye un campo de estudios casi virgen[1].
Dentro de las instituciones estatales con capacidad para operar sobre la historia y la memoria se incluye la primera estructura administrativa surgida en la Argentina con el objeto de delinear políticas públicas de intervención sobre un conjunto específico de bienes muebles e inmuebles de interés histórico: se trata de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos (CNMyMyLH) organizada en 1938 y puesta bajo dependencia del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación. Desde su organización y hasta el año 1946, esta entidad fue presidida por Ricardo Levene - uno de los mayores exponentes del campo historiográfico y cultural a nivel nacional- y su primera comisión directiva reunió a más de una docena de hombres con experiencias diversas dentro del espacio cultural: algunos se habían iniciado como coleccionistas, publicistas, historiadores o directores de museos mientras otros eran abogados, arquitectos, dirigían archivos, bibliotecas e institutos donde desarrollaban sus actividades los historiadores con mayor grado de profesionalización. A ellos se sumaron los directores de los museos históricos que dependían de la CNMyMyLH[2] y los delegados provinciales que desde 1939 se incorporaron de manera paulatina: se trataba de intelectuales que comenzaban a afianzarse en la acumulación de capital social y simbólico a través de su inserción en estructuras formales del campo cultural y que en muchos casos actuaban como operadores culturales, intermediarios, mediadores y articuladores de discursos, lenguajes y relaciones de diverso tipo, dedicados a recuperar episodios históricos y hombres olvidados de los pasados provinciales[3]. Lo que unía a este grupo heterogéneo de individuos ligados de manera diversa a la estructura administrativa de la CNMyMyLH era, por un lado, sus vinculaciones con el quehacer historiográfico y la cultura histórica; por otro, sus experiencias directas o indirectas en la función pública en el ámbito local, nacional o provincial.
Las diferentes denominaciones que fue adoptando la CNMyMyLH a lo largo de los años[4] sugiere problematizar sobre lo que sus integrantes esperaban de ella en el marco de la institucionalización de un espacio específico vinculado a la preservación de bienes de interés histórico del cual aún se tiene escaso conocimiento empírico. De hecho, la reconstrucción del conjunto de actividades desplegadas por la institución tanto en Buenos Aires como en el interior del país, es aún una deuda pendiente de la historiografía.
El presente artículo explora los diferentes modos de intervención de la CNMyMyLH en la organización de los museos históricos instalados en el edificio capitular salteño durante la década de 1940. En primer lugar, se reconstruye el proceso en el cual, en los años anteriores a la constitución de la Comisión, el edificio fue declarado monumento histórico nacional con el objeto de instalar un museo, dotándolo de los discursos y representaciones sobre el pasado que circulaban entre los historiadores. En segundo lugar, se analiza el período 1938-1945, cuando la CNMyMyLH pasó a administrar el monumento, lo restauró y propició la instalación del Museo Histórico Colonial y de Bellas Artes dependiente de la Provincia de Salta. Finalmente, se examinan los años en los cuáles se organizó el Museo Histórico del Norte con sede en el mismo edificio capitular, inaugurado en 1949 bajo supervisión nacional.
La elección del caso salteño se sustenta en la posibilidad de indagar las prácticas y formas de intervención de individuos e instituciones en torno a un mismo tipo de proyecto cultural en tres períodos claramente diferenciados: los años previos a la organización de la CNMyMyLH durante los cuales se ideó un museo en el edificio capitular; la etapa en la cual la Comisión bajo dirección de Levene restauró el inmueble e inauguró el primer museo; finalmente el período en el cual el historiador renunció a la institución, coincidente con la formación del Museo Histórico del Norte que permanece hasta la actualidad[5].
El conjunto de fuentes documentales que sustenta la investigación está integrado por documentos editados de carácter institucional. Un primer grupo se compone de folletos e impresos publicados por los museos históricos de Salta durante la década de 1950 y 1960 a lo que se suma la prensa local de época. Un segundo grupo está constituido por las boletines anuales de la CNMyMyLH editados entre 1939 y 1950 cuya riqueza es múltiple: reproducen documentos oficiales sobre la organización de los museos salteños; contienen relatos construidos por agentes vinculados a ellos - memorias e informes enviados por los directores de museos en Salta, por lo delegados provinciales de la CNMyMyLH y por el presidente de la entidad a sus superiores-; finalmente, al menos hasta el año 1947, las publicaciones contienen la transcripción de las actas de las reuniones mensuales de la CNMyMyLH donde se discutieron cuestiones vinculadas a los museos. El corpus de documentos brinda entonces un panorama amplio sobre la organización de los museos de Salta enfatizando en las prácticas y decisiones adoptadas desde Buenos Aires, pero incluyendo también el complejo entramado de acciones y voluntades desplegadas en el ámbito local.
La pretensión o renuencia de sostener las interpretaciones historiográficas que hacían de la Revolución de Mayo el origen de la nación mediante la conservación de los edificios en donde habían sucedido los principales acontecimientos políticos, merece aún ser problematizado desde perspectivas interdisciplinarias que centren su atención en el proceso de construcción de la noción de patrimonio[6]. Sabemos que mientras la mayor parte de las construcciones habían sido demolidas, en 1918 se restauró el inmueble del antiguo Cabildo de la Villa de Luján transformándose en sede del Museo Histórico y Colonial de la Provincia de Buenos Aires[7]: el objetivo en este caso era destacar la “tradición colonial” de la ciudad y de la Provincia y enfatizar la participación del Cabildo en el proceso revolucionario iniciado en Buenos Aires. La propuesta cultural promovida por políticos e historiadores comenzaba así a dotar de materialidad una concepción de la nación que sin desplazar a la anterior que focalizaba en los sucesos de mayo, ponía el eje en la tradición hispánica y católica cristalizada en algunos espacios provinciales. De hecho, desde 1923 esta idea fue divulgada por el historiador y director del Museo, Enrique Udaondo, a través de múltiples dispositivos visuales entre los cuales los desfiles y fiestas populares donde se teatralizaba la vida en los tiempos de la colonia, fueron componentes centrales[8]. En este marco, el edificio del Cabildo y sede del Museo Colonial instalado en el casco histórico frente a la iglesia, se constituía en escenario privilegiado para mostrar que la nación preexistía a Mayo y a Buenos Aires.
En este clima de ideas que involucraba también a los estudiosos de la historia[9], se discutió y aprobó un proyecto de ley para declarar “monumento nacional” al edificio del Cabildo porteño. Entre 1932 y 1933, ante la posibilidad de que fuera demolido para levantar en su terreno una construcción moderna como sede de la intendencia de Buenos Aires, el diputado Carlos Alberto Pueyrredón[10] presentó el proyecto que suscitó el apoyo de la opinión pública, de los historiadores, de los directores de museos y hasta del propio Presidente de la Nación: el texto proponía restaurarlo y convertirlo en sede de un museo histórico evocativo de la Revolución de Mayo que conservara los restos materiales de los episodios consagrados como “fundadores” de la nación. El senador salteño Carlos Serrey defendió la idea argumentando sobre la “honda crisis moral” que soportaba la humanidad y la sociedad argentina y exponiendo las razones por las cuáles la recuperación del edificio debía transformarse en instrumento para la defensa de tradiciones que suponía amenazadas[11]. El proyecto se transformó en ley; pero, aunque la instalación del museo no fue implementada en lo inmediato, sentó precedentes.
En efecto, a mediados de 1934 Serrey presentó un proyecto de ley estableciendo “monumento nacional” al edificio salteño tomando como antecedente la declaratoria de la construcción porteña. Las políticas estatales de modernización territorial, la transformación de los espacios en lugares de ocio y de turismo, la ampliación de las redes camineras y la visibilidad de los monumentos y lugares turísticos salteños en los relatos publicados en la prensa porteña, propiciaban la iniciativa[12]. Además, el “momento político” parecía adecuado: al entusiasmo local generado por la decisión del Papa Pio XI de elevar a la ciudad de Salta a la categoría de Arquidiócesis[13], se sumaba el viaje del Presidente Agustín P. Justo a la provincia programado para julio.
La presentación del proyecto sumaba prestigio personal a Serrey, reconocido en su provincia por su trayectoria como legislador, católico ferviente y escritor de temas históricos evocativos de la acción benéfica de la iglesia durante la conquista. El senador sabía que recibiría el apoyo de las familias de la élite política y cultural salteña que, como él, ostentaban con orgullo el haber participado del proceso independentista. Uno de los miembros más representativos de este sector de la sociedad era Robustiano Patrón Costas - quizás uno de los hombres más fuertes de la política argentina de la primera mitad del siglo XX- con quien Serrey tenía una profundad amistad. También el político, jurista e intelectual Carlos Ibarguren Uriburu, de reconocida actuación en el ámbito académico e historiográfico nacional; el senador y ex gobernador de Salta Ricardo Solá, y el abogado y político Atilio Cornejo, quienes retomaban el ideario de Bernardo Frías haciendo de Güemes el paradigma de la salteñidad[14]. En estos relatos, la tradición católica proveniente de la conquista, los cabildos como instituciones primigenias en los orígenes de la nación y las familias salteñas descendientes de los protagonistas del proceso revolucionario, se transformaban en “fuentes de tradición” de la historia local que Serrey proponía visibilizar mediante la recuperación del edificio capitular. A su vez, el colaborador en la redacción del proyecto de ley había sido el secretario privado de Serrey, Carlos Gregorio Romero Sosa[15], a quien veremos interactuar años después, junto a Solá y Cornejo, con la CNMyMyLH.
El proyecto fue discutido en el Congreso el 3 de julio de 1934. Su autor lo defendió reafirmando la concepción de nación que ubicaba su centro simbólico en 1810 y 1816 pero destacando también los elementos de aquella tradición nacional hispano-católica representada según él, por el edificio salteño: recordaba que los dos edificios que “personificaban” las dos grandes fechas de la historia eran la Casa Histórica de Tucumán y el Cabildo de Buenos Aires, por entonces abandonado a su suerte; pero también incluía el edificio capitular de su provincia, por su arquitectura colonial y por haber sido “el teatro de todo el desarrollo histórico del Norte”, desde el siglo XVI hasta las campañas por la Independencia[16].
La propuesta autorizaba al gobierno provincial a expropiar el edificio para conservar su arquitectura e instalar un museo histórico, social y artístico. Conociendo el museo con sede en el edificio capitular de Luján[17] y habiendo defendido el proyecto de organizar uno en el monumento porteño, la idea de Serrey no parecía original. Sin embargo, es altamente probable que ella se apoyara también en una antigua propuesta local de organizar un Museo Histórico, Colonial y de Bellas Artes dependiente del gobierno de la Provincia de Salta, que comenzó a constituirse hacia 1928 en un edificio muy cercano al Cabildo, pero que luego del Golpe de Estado de 1930 quedó interrumpida[18].
Por otro lado, el texto del proyecto proponía que, ante la imposibilidad financiera del gobierno provincial, la nación transfiriera $ 300.000 para expropiar el edificio, lo cual impuso las primeras resistencias. La primera provino de la Comisión de Negocios Constitucionales -quien sugirió bajar la cifra a $ 200.000- y la segunda del cuerpo de senadores quienes discutieron largamente los motivos por los cuáles se involucraba a la provincia si el monumento sería “nacional”. En medio de la confusión reinante, un senador santafesino propuso que el monumento fuera “provincial” y que la nación se permitiera retirar su “auxilio” monetario, pero ello significaba desestimar la importancia de los hechos históricos que según Serrey involucraban a la nación y que en realidad dotaban de legitimidad a la transferencia del dinero[19]. Considerando la ausencia de legislación nacional, la expropiación de edificios públicos entre jurisdicciones era un tema de resolución compleja. Para saldar la discusión optaron por eliminar las referencias - que mucho suponían obvias- sobre los aportantes del dinero: dentro del recinto se votó que fuera la Nación quien expropiara el edificio – y no el gobierno salteño como proponía Serrey-, pero a los efectos prácticos, la solución no hacía más que paralizar las obras. En efecto el senador debió esperar hasta principios de 1937 para que su proyecto comenzara a tomar un cauce definido: el artículo 170 de la Ley 12.345 sobre presupuesto de gastos de la administración nacional sancionada en enero de 1937, declaró monumento nacional al edificio del Cabildo de Salta y autorizó al Poder Ejecutivo a expropiarlo con destino a museo histórico social y artístico invirtiendo la suma acordada en 1934[20]. Aunque no se mencionaba la incumbencia del gobierno provincial en el futuro instituto como lo había querido Serrey, la ley establecía que la Nación aportaría el dinero para ponerlo en marcha.
El proyecto prometía concretarse en un contexto cultural propicio. Por un lado, la revalorización de la herencia hispana suscitada en el marco del impacto social y político que provocó en la Argentina el inicio de la Guerra Civil Española (1936-1939), le daba buena acogida. Por otro, adquirían entidad institucional las asociaciones dedicadas a los estudios históricos locales: recordemos que en junio de 1937 el primer Arzobispo de Salta Roberto J. Tavella, fundó el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta con una clara impronta religiosa compartida y aceptada por todos sus miembros, incluido Serrey[21]. Pero por ese entonces, la mayor parte de los referentes de la cultura histórica local todavía no habían consolidado vínculos formales con la corporación de historiadores nucleados en la Junta de Historia y Numismática Americana (JHNA) presidida desde Buenos Aires por Ricardo Levene y el referente de esta institución en la provincia norteña era el abogado e historiador Juan Carlos García Santillán[22].
En marzo de 1938, varios de los historiadores y hombres de la cultura involucrados en la gestación de prácticas e ideas vinculadas a la organización de museos históricos, se asociaron para participar de manera activa en la CNMyMyLH bajo dirección de Levene; entre ellos estaba Enrique Udaondo que dirigía el Museo Histórico y Colonial de la Provincia de Buenos Aires con sede en el edificio capitular de Luján[23]. Hacia mediados de ese año, los miembros de la flamante institución aceptaron el mandato del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de transformar el edificio capitular porteño en sede de un museo evocativo de los sucesos de mayo. Parecía ser que la cercanía de Levene con los funcionarios del gobierno nacional y su autoridad paralela sobre la Academia Nacional de la Historia y la CNMyMyLH, comenzaba a establecer cierta coherencia entre los discursos historiográficos, el culto cívico que el Estado consagraba a la Revolución de Mayo y la preservación de los espacios vinculados de manera directa con los acontecimientos “fundacionales” de la Nación. No era un detalle menor.
Organizada la CNMyMyLH, el arquitecto adscripto a la entidad Mario Buschiazzo viajó a Salta y Jujuy para entrevistarse con los funcionarios del gobierno y diseñar el plan de acción previsto en el interior del país: lo primera era relevar el estado de los monumentos y considerar posibles interlocutores dentro de los referentes culturales locales[24]. Explotando el dinamismo existente en Salta, a mediados de 1939 Levene designó delegado provincial al presidente del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos Gerardo Solá y a su secretario Miguel Ángel Vergara, quienes de inmediato deberían enviar a Buenos Aires inventario e informes sobre monumentos y lugares de interés histórico de la provincia[25]. La elección de Vergara no era un detalle menor ya que por ese entonces era uno de los hombres más destacados del Arzobispado de Salta[26], junto a Tavella.
Con el Museo Histórico del Cabildo y la Revolución de Mayo inaugurado en Buenos Aires y próxima a sancionarse la ley de creación de la CNMyMyLH, durante 1940 la entidad puso en práctica su Plan de Restauración de Monumentos Históricos en el interior del país, que incluía al edificio capitular de Salta[27]. El 29 de noviembre de 1940 el monumento pasó a ser administrado por la CNMyMyLH y Buschiazzo viajó a la ciudad norteña para un primer informe técnico del inmueble. Allí se enteró que la Asociación Amigos del Arte, las “personas cultas de Salta” y el Arzobispo Tavella, planeaban una exposición de objetos de arte para las fiestas tradicionales de septiembre del año próximo[28].
Mientras Buschiazzo dirigía las obras, en la CNMyMyLH acaparaban expectativas sobre los beneficios de inaugurar el edificio capitular. Prevenido por el arquitecto sobre la exposición planeada por los salteños y aun sabiendo que la restauración definitiva demoraría un tiempo prolongado, en abril de 1942 Levene propuso a sus colegas que la apertura al público constituiría un “acto de trascendencia” que debía llevarse a cabo en septiembre, en el marco de las celebraciones por el 350° aniversario de la llegada a Salta de la imagen del “Jesús del Milagro” (sic)[29]. Advertido sobre la asistencia del Presidente provisional Ramón Castillo, seguramente imaginaba repetir el ritual del 25 de mayo del año anterior en Buenos Aires, cuando Castillo – en carácter de Vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo- visitó el edifico del Cabildo porteño recién restaurado y entonó el himno nacional en el balcón, frente a la Plaza de Mayo. De este modo, Levene convenció a los demás miembros de la CNMyMyLH de sumarse a la organización de una exposición histórico-artística de carácter regional bajo dirección de Atilio Cornejo, a quien proponía como delegado de la entidad en el Cabildo de Salta[30].
Cornejo aceptó el ofrecimiento y se dedicó al trabajo encomendado. Recibió el apoyo de la Asociación Amigos del Arte y de Carlos Gregorio Romero Sosa, quien luego de redactar el texto que había transformado el edificio capitular en monumento nacional, se había ganado el respecto de Levene y continuaba comprometido con la iniciativa de instalar un museo histórico local[31]. También de los referentes de la iglesia local como Vergara, que además de ser delegado de la CNMyMyLH en Salta, desde mediados de ese año pasó a integrar la primera Comisión Directiva de la Junta de Historia Eclesiástica Argentina[32] que tenía una misión similar a la CNMMyLH: cooperar en la conservación y la valoración de los monumentos y objetos artísticos religiosos.
A principios de agosto, Cornejo pidió postergar la inauguración dado que la restauración no concluía, pero Levene se negó rotundamente argumentando que debía celebrarse “con un acto público de gran significación” como lo había sido el de Buenos Aires. Ante su empeño, Buschiazzo propuso habilitar la exposición en uno de sus salones ya terminados y durante agosto y los primeros días de septiembre, Cornejo mantuvo comunicación fluida con Levene ultimando detalles[33].
En la ciudad de Salta las expectativas eran altas no tanto por la exhibición histórica sino porque se trataba de un programa de actos multitudinarios de varios días en el marco de celebraciones religiosas a las que asistirían las autoridades políticas de la nación y de la provincia[34]. El programa de festejos se inició el lunes 14 de septiembre con referencias a la tradición católica y a la participación de las familias tradicionales de Salta en los acontecimientos de la historia nacional: luego del “apoteósico” recibimiento de Castillo, por la noche se realizó una función cinematográfica al aire libre en la Plaza Güemes con la proyección de dibujos, noticieros y la película “El cura gaucho” en un contexto en el cual las distintas representaciones sobre el pasado iban incluyendo al gaucho como actor protagónico en la construcción de la nación[35]. A la misma hora, en el edificio del Cabildo ubicado en la plaza principal, se abría al público la Exposición Regional Histórico- Artística promovida por Levene.
El historiador había sacado provecho a la visita presidencial a Salta; pero no era el único: con propósitos similares, el miércoles 16, luego de la peregrinación, se inauguró el Primer Congreso de Cultura Hispano Americana con la presencia de las “fuerzas vivas” de Salta, el Presidente, el Ministro de Relaciones Exteriores, el Embajador de España en la Argentina y la comitiva del Centro Acción Española. En este clima la propuesta incentivada por Levene era trascendente. La restauración de un sector del edificio capitular visibilizó las similitudes arquitectónicas y espirituales de Salta y Castilla que según los diarios locales derivaba de la perenne estirpe cristina e hispánica. Además, fortaleció la idea de la peculiar personalidad salteña que no se parecía a las ciudades modernas y se distinguía en cambio por las casas “genuinamente coloniales” y “el espíritu religioso”[36].
La exposición instalada puertas adentro del edificio permaneció abierta durante trece días y aunque quedó opacada por el abigarrado programa de festejos[37], pareció cumplir con el objetivo principal de la elite cultural salteña: constituirse en el paso previo para la instalación del Museo Colonial, Histórico y Arqueológico de Salta. Así lo manifestaba Atilio Cornejo a Levene el mismo día de clausurada la muestra: mientras sugería no confiar solo en las donaciones que pudieran obtenerse ni en el débil erario de la provincia, proponía “afrontar de lleno el carácter nacional” del futuro museo poniéndolo bajo dependencia de la CNMyMyLH[38]. Satisfecho con la realización de la exhibición, su intención era crear de inmediato un compromiso de colaboración entre nación y provincia: según su criterio, la primera debería aportar el material existente en los museos dependientes de la Inspección Nacional de Escuelas mientras hiciera “propaganda” desde los Ministerios; la segunda en cambio contribuiría con los objetos del museo provincial, de los museos escolares, del archivo y de otras dependencias mientras impulsara el desarrollo turístico de la provincia. Convencido por la propuesta, a fines de 1942 Levene ilustró a sus superiores sobre las “prácticas patrióticas” promovidas por la entidad que presidía y afirmó su decisión de que el Cabildo se constituiría en sede del Archivo General de la Provincia y de un museo histórico. En cuanto a Atilio Cornejo y Romero Sosa, la organización de la exposición les trajo aparejado el acrecentamiento de sus capitales sociales y culturales mediante el reconocimiento a su labor por parte de los historiadores porteños[39]. Finalmente, la Sociedad Amigos del Arte que había aportado la idea primigenia de organizar la muestra, consideró que la CNMyMyLH que ahora administraba el monumento debía ceder algunos locales para el funcionamiento de la entidad.
Aunque la restauración total del edificio capitular estaba lejos de concluirse, entre abril y mayo de 1943 la CNMyMyLH tomó dos resoluciones de importancia respecto del inmueble: aceptó ceder espacios a la Sociedad Amigos del Arte y decidió instalar “un Museo Histórico y Colonial” que según sugerencia de Cornejo a Levene, sería dirigido por su amigo y colaborador Romero Sosa[40]. Aunque los salteños celebraron la iniciativa, ella estaba lejos de ser informada al Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación de la cual dependía la CNMyMyLH.
El Golpe de Estado del 4 de junio y la asunción de Pedro P. Ramírez tres días después, no afectó las gestiones de instalación del futuro museo: desde Buenos Aires la CNMyMyLH continuó tramitando con los funcionarios de jurisdicción nacional y provincial para acelerar las obras de restauración del edificio[41].
Hacia finales de 1943 entonces, había un nutrido grupo de interesados en que se instalara un museo en Salta pero la cuestión radicaba en el tipo de representación histórica que emanaría de él. Los salteños imaginaban uno que representara la cultura e identidad provincial, que recogiera la tradición colonial expresada desde el edificio capitular y enfatizara la intervención local en el proceso independentista. Desde Buenos Aires, Levene impulsaba en cambio un “Museo Regional del Norte” que excediera la frontera salteña y pusiera el eje en la región que durante el siglo XVIII había comprendido la Gobernación Intendencia de Salta del Tucumán[42]. La diferencia de criterios no era menor y se puso de manifiesto en la elección de las fechas que unos y otros proponían para inaugurar el edificio, lo que involucraba también la agenda presidencial: el Interventor General de la Provincia estimaba hacerlo el 20 de febrero de 1944, aniversario de la Batalla de Salta, dado que luego de esa victoria Belgrano habría colocado la bandera Argentina por primera vez en los balcones del edificio capitular; Levene proponía el 16 de abril porque el Cabildo se relacionaba más con la fundación de la ciudad[43], destacando de esa manera la funcionalidad de la institución en el siglo XVI, en un período previo a la existencia de la Argentina.
El museo finalmente no se inauguró en febrero, pero las causas no fueron el desacuerdo historiográfico: además de la convulsionada situación política[44], la CNMyMyLH debía resolver aún cuestiones administrativas que no eran detalles menores. La Subcomisión Museos dictaminó que la ley de presupuesto de 1937 no especificaba si el museo debía ser nacional o provincial lo que indicaba que Romero Sosa había sido nombrado director de un museo oficialmente no creado. También informó que “respondiendo a las aspiraciones del pueblo de Salta”, el vocal Rómulo Zabala había propuesto que el instituto tuviera carácter provincial “bajo superintendencia de la CNMyMyLH”. En marzo la Subcomisión de Monumentos aprobó esta moción[45], pero en abril la Subcomisión de Reglamento y Hacienda dio a conocer la opinión del asesor legar del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la Nación que consideraba que el museo debería tener carácter nacional y no provincial. El problema radicaba en la nación no contaba con fondos para establecer el “museo regional”, por lo tanto, se autorizaba a la CNMyMyLH a acordar con la provincia el establecimiento de un museo que quedaría a su cargo de manera provisoria[46].
Al menos en las esferas burocráticas todo parecía encaminarse; pero un altercado entre el designado director Romero Sosa y el Ministerio de Instrucción Pública culminó en el revocamiento del cargo del salteño. A pesar de estas desavenencias, el Ministerio accedió a ceder algunos locales del edificio para la instalación del museo histórico provincial. Levene propuso que fueran los de la planta alta ya restaurados mientras coordinaba con el Ministro la fecha para su inauguración[47]. Los meses tentativos eran octubre o noviembre, pero el acto debió postergarse nuevamente: además de la paralización de las obras, muchas personas dispuestas a efectuar donaciones para el museo habían cambiado de parecer, seguramente debido a la destitución de Romero Sosa. Desentendiéndose de estos problemas, desde Buenos Aires los historiadores continuaron con la búsqueda de alternativas proponiendo que en las instalaciones dependientes de la CNMyMyLH funcionara más de un museo[48].
Finalmente, hacia principios de 1945 las obras de restauración a cargo de la Dirección de Obras Públicas de la Nación y la instalación del museo estaban próximas a concretarse. El 28 de marzo el Ministerio de Gobierno, Justicia e Instrucción Pública de la Intervención Federal oficializó la creación del Museo Colonial, Histórico y de Bellas Artes de la Provincia de Salta fijándose su inauguración el 16 de abril, aniversario de la fundación de la ciudad de Salta, como había propuesto Levene. El decreto establecía que funcionaría en el edificio del Cabildo cedido por la CNMyMyLH y nombraba a las personas que estarían a su cargo: como director Rafael P. Sosa, y como secretario y funcionario técnico, el director destituido meses antes, Carlos Gregorio Romero Sosa[49].
En cuanto a sus características, la intervención de los funcionarios provinciales había jugado a favor ya que según el decreto el Museo centralizaría “todo cuanto atañe a la historia colonial patria y a la tradición de la provincia de Salta[50]. Pero no había referencias a las partidas presupuestarias que lo solventarían. Para la formación de sus colecciones se reunirían cuadros, objeto de carácter histórico y otras expresiones artísticas existentes en las reparticiones públicas de la provincia y se arbitraría los medios adecuados para adquirir los que existiesen fuera de ellas. Los mecanismos eran los mismos para poner en funcionamiento museos de otras orientaciones disciplinares sin afectar las arcas del Estado[51]. Un nuevo museo histórico se había creado, aunque las iniciativas no estaban a la altura de las expectativas de Levene, quien seguía argumentando en favor de un Museo Histórico Social Regional de dependencia nacional[52]. Pero hasta tanto no se contarán con los fondos necesarios, la CNMyMyLH debía capitalizar la actividad.
El 16 de abril de 1945 Levene viajó a Salta. En su discurso explicó que la historia del pueblo salteño se identifica con la historia de la nación; pero no vinculaba al Cabildo de la ciudad con la Revolución de Mayo:
Los Cabildos no (…) engendraron la Revolución emancipadora, que brotó como una necesidad histórica y como idea luminosa de la entraña de la vida social, de su intensidad y plenitud y no de una institución circunscripta o de un hombre genial. Pero los Cabildos fueron desde su establecimiento, el armazón rudimentario en torno del cual se formaron los pueblos, el órgano de su autonomía, voces que reclamaban la satisfacción de sus vitales necesidades contra la absorción poderosa de Buenos Aires, expresiones enérgicas del regionalismo y el localismo trocadas con el tiempo en el federalismo, que fue adoptando diferentes formas, desde la descentralización administrativa a la confederación, el caudillismo, la federación pura, la federación mixta, el hecho vertebral de la Historia Argentina hasta nuestros días, que muestra la necesidad de estudiarlo desde sus orígenes, siguiendo el curso de las series históricas[53].
El discurso de Levene asimilaba los Cabildos a la cuna del federalismo. Las palabras del director del Museo provincial que se alojaba en su interior, ponderaban en cambio la función de la institución capitular en “los momentos en que la Patria nacía”:
La adhesión de Salta al pronunciamiento de Mayo, las órdenes para cooperar con Belgrano, en la batalla epónima; los poderes legales que hicieron posible la epopeya del General Güemes y sus gauchos y en serie no interrumpida de actos, la adhesión y contribución de la provincia a todos los acontecimientos esenciales de nuestra historia. Por eso éste Cabildo fue a la par, su corazón y su cerebro[54].
Levene mencionaba la colaboración de las autoridades políticas nacionales para restaurar el monumento; Rafael P. Sosa en cambio, no olvidaba a “los generosos y selectos hijos de Salta” que habían reunido el acervo de un museo concebido desde una identidad claramente provincial.
La inauguración del emprendimiento cultural salteño se concretó mientras Levene alcanzaba la cumbre de su carrera profesional[55], en un contexto de relativo acercamiento entre los hombres de la CNMyMyLH y el gabinete de Edelmiro J. Farrell. Esa proximidad duró poco más que un año: con la asunción de Juan D. Perón a la Presidencia de la Nación y el comienzo de las disputas en torno al campo cultural, Levene y los demás integrantes de la comisión renunciaron a sus cargos quedando inconcluso el proyecto del Museo Histórico-Social y Regional en Salta.
La CNMyMyLH cambió sus autoridades y al diseñar el plan de acción para el año 1947, reflotó la idea de organizar un museo histórico dependiente de la nación en el edificio capitular salteño. Entre enero y mayo de ese año, el director interino confirmo a Ricardo Solá en su cargo de delegado en Salta, pidió autorización al Poder Ejecutivo Nacional para crear el “Museo Histórico del Norte” y nombró a Miguel Ángel Vergara para dirigirlo[56].
Las continuidades parecían ser más visibles que los cambios, pero era solo una apariencia que encubría transformaciones sustanciales en las políticas públicas llevadas a cabo durante el peronismo[57]. Por un lado, el museo regional promovido años antes por Levene había transmutado en Museo Histórico del Norte quitándole dimensión historiográfica pero consolidando al “Norte Argentino” como región apta para el desarrollo del turismo popular[58]. Por otro lado, el impulso que recibió la CNMyMyLH desde mayo de 1948 - cuando dejó de depender del Ministerio de Justica e Instrucción Pública y pasó a la órbita de la recién creada Subsecretaría de Cultura de la Nación (SSCN)- fue notoria y contrastaba con la autonomía de criterios y los escasos fondos públicos invertidos los años previos: al frente de la nueva Subsecretaría fue nombrado Antonio P. Castro, una figura experimentada en la gestión de museos e interesada en revitalizar las iniciativas promovidas por la CNMyMyLH a cargo ahora de Eduardo Acevedo Díaz[59]. Inmediatamente después de la asunción de estos dos hombres, una partida de dinero de la SSCN permitió iniciar la organización primaria del Museo Histórico del Norte comprándose los libros de registros, el mobiliario y los demás elementos indispensables para su puesta en funcionamiento: el 17 de septiembre de 1948 Vergara pudo instalar la dirección del Museo en los locales que le correspondían en el edificio del Cabildo y dar por iniciada la labor de los primeros cuatro empleados de la institución[60].
Las colecciones que comenzó a formar el Museo Histórico del Norte estuvieron orientadas a los objetos de carácter religioso dadas las vinculaciones de su director. También a la arqueología, la cultura indígena, el folclore, la numismática y el ejercicio del periodismo[61]: por un lado, ello reflejaba la diversidad de objetos y colecciones aún no incorporadas al Museo Histórico provincial más dedicado a representar aspectos de la historia política y “patriótica” de Salta; pero también expresaba la difusión y visibilidad que estaban adquiriendo las prácticas de recuperación de elementos folclóricos llevadas a cabo en las provincias del Norte desde las universidades o desde el Instituto Nacional de la Tradición organizado el 20 de diciembre de 1943 bajo dirección de Juan Alfonso Carrizo[62].
El Museo Histórico del Norte fue inaugurado el 14 de agosto de 1949 en un clima de intensa conflictividad local[63]. Probablemente en el marco del recorrido que por esos momentos se llevaba a cabo por el interior del país para “democratizar el acceso a la cultura”[64], las autoridades gubernamentales organizaron un amplio programa de actividades culturales entre las que se incluía la inauguración del museo en Salta. La comitiva estaba encabezada por una delegación de la Comisión Nacional de Cultura presidida por Antonio Castro, el gobernador de la Provincia y varios integrantes de la CNMyMyLH[65]. Además, estaba prevista la presencia de artistas plásticos que inaugurarían una exposición en el Salón del Consejo General de Educación, concertistas de piano que tocarían por la noche en el Cabildo y músicos que ofrecerían un acto folclórico en la Sociedad Española dada la efervescencia que por esos años comenzaba a adquirir el arte, el cuarteto musical y la música popular del norte argentino desarrollado en las “cantinas”[66].
Al igual que en 1945, en el acto de inauguración del museo hablaron el Presidente de la CNMyMyLH y el director de la institución. Pero los hombres eran otros y el contexto político había cambiado. Acevedo Díaz destacó la misión de la flamante SSCN y de la CNMyMyLH que dirigía, recordó el 21 de abril de 1947 cuando el Presidente Juan D. Perón autorizó la fundación del Museo, y el mes de mayo de 1948 cuando la SSCN incluyó las partidas de dinero para su funcionamiento[67]. Subrayó luego que el Museo Histórico del Norte se inauguraba en los días dedicados a la memoria de San Martín, una figura por entonces consagrada en el imaginario nacional como “Padre de la Patria”, indiscutida por los más amplios y diversos sectores sociales, políticos y culturales. Retomando ideas previas sobre la reescritura del pasado local en clave nacional, refirió al año 1817 cuando “el pueblo de Salta y su adalid, el General Güemes, abroquelaron a nuestra Argentina librándola del invasor” y vinculaba este hecho con el cruce de los Andes ideado para forjar el destino de una América independiente y una “Argentina libre”. Pero en el discurso del funcionario, Salta era también la tierra de la conquista, de las raíces indígenas, del mestizaje y de los gauchos:
Salta es la del señorío de la conquista; la de los valles de Juan de Calchaquí; la de río de juramento, la de la preclara gente de la guerra gaucha – niños, mujeres y hombres-; la tierra que vio ondular por primera vez nuestra bandera en un campo de batalla, el solar de insignes varones, Salta, cuya gracias remeda la de sus mujeres y que es uno de los regazos de la acendrada tradición del país.[68]
Salta reflejaba el legado cultural y espiritual de los conquistadores hispanos en la formación de la nacionalidad, un legado que según las apropiaciones de los propagandistas del peronismo, había transformado a los sectores populares, al indio, al gaucho, a las mujeres y los niños en cristianos dignos[69]. Finalmente, en un discurso destinado a interpelar a la elite salteña, Acevedo Díaz llamaba a que las “reliquias de Salta” salieran del ámbito familiar y fueran entregadas al Museo:
Un museo es un nivelador de cultura. Todo lo que contribuye a formar la voz común, la emoción común, debe ser objeto de coparticipación. De esta manera se ensamblan espiritualmente los pueblos, su modo de ser, de sentir, de pensar (…) Es propio de los que son cultos practicar el altruismo, generoso sentimiento de hacer algo en favor de los otros para elevarlos en su perfeccionamiento. Yo sé que Salta ha sabido guardar. Cuando se tiene una historia de proeza y de cultura, la devoción viene en pos. Hago el llamado para que éste Museo sea el más valioso del país. El patriotismo de los salteños debe responder[70].
A su turno, el director del Museo Miguel Ángel Vergara, destacó el impulso cultural del Gobierno de la Nación, la “acción entusiasta y efectiva, tesonera y talentosa” del Subsecretario de Cultura y la “preocupación” del Presidente de la CNMyMyLH[71]. Pero el mayor reconocimiento era para quienes habían aportado los objetos “guardados con inteligencia y amor por instituciones y personas de vieja raíz salteña”. Y por supuesto en su carácter de representante de la Iglesia Católica, enfatizó en la acción de los Gobernadores, Alcaldes y Regidores que durante los siglos de “conquista y colonización cimentaron la grandeza y la cultura de esta tierra”. Esa “grandeza” se reflejaba “en la reliquia más bella del Norte Argentino” que era nada más y nada menos que la sede del museo que dirigía.
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En 1950 el edificio donde había funcionado el antiguo Cabildo de Salta contenía dos museos históricos; el primero bajo jurisdicción de la provincia y el segundo de la nación[72]. En la organización de ambos institutos y en el proceso previo de declaratoria del edificio como monumento, se vieron involucrados de manera directa o indirecta un conglomerado muy diverso de agentes, desde funcionarios de gobierno, hasta historiadores y hombres de la cultura que interactuaban en el ámbito nacional y/o local. Cabe por lo tanto señalar al menos dos niveles de actuación, una más vinculada a la organización formal y administrativa de las instituciones y otra si se quiere más ligada a la producción, circulación y apropiación de relatos y representaciones del pasado que emanaron de ellas.
En cuanto a la primera cuestión, se pudo comprobar que al igual que sucedía con los museos orientados a otras disciplinas, los impulsores de los museos históricos de Salta guiaron sus acciones por experiencias previas reconocidas como exitosas o bien promovieron proyectos culturales olvidados reapropiándolos y dotándolos de nuevos significados según el contexto político, con el objeto de obtener prestigio y reconocimiento personal entre sus pares o sus superiores. Para materializar sus propuestas en estas condiciones de imprecisión y ambigüedad, recurrieron al capital político y social disponible en función de los cargos que desempeñaban en las distintas estructuras y dependencias del Estado. También, apelaron a la capacidad de los funcionarios públicos de amoldarse a situaciones y requerimientos originalmente no previstos, como por ejemplo la posibilidad de “pedir auxilio” a la nación o la provincia según consideraran conveniente. En este marco, la tensión entre nación y provincia se vio cristalizada en el debate del Congreso desarrollado bajo argumentos tales como la “significación histórica nacional” del inmueble. Por otro lado, si bien la organización del Museo Histórico Colonial y de Bellas Artes de la provincia derivó del interés que despertó la iniciativa en el seno de la CNMyMyLH y de las negociaciones entre sus actores más representativos y los diferentes elencos del gobierno nacional y provincial, estás prácticas se cimentaron en la fertilidad del campo historiográfico local institucionalizado previamente. No es un detalle menor que Levene incorporara como delegados provinciales a los fundadores del Instituto San Felipe y Santiago dirigido por eclesiásticos y que de allí surgieran los colaboradores para organizar luego exposiciones y museos. Es evidente que durante la gestión de Levene al frente de la CNMyMyLH se dieron los pasos decisivos para la organización primaria de los museos históricos salteños dado que instalado el primero bajo jurisdicción provincial, el segundo de dependencia nacional ya había sido ideado. Sin embargo, la inauguración del Museo Histórico del Norte en 1949, ya alejado Levene de la Comisión, refleja que tampoco la concreción de estos proyectos había quedado sujeta a su voluntad sino que, por el contrario, intervinieron aspectos complejos que incluían también las estrategias y decisiones políticas de los administradores del Estado.
En cuanto a la segunda cuestión, pudimos ver que la preservación del edificio capitular suscitó diferentes representaciones que habían circulado en las décadas previas entre agentes diversos vinculados al ámbito de la política y la cultura: en primer lugar proveyó de materialidad a una concepción de la nación que sin desplazar a aquella que focalizaba en los sucesos de Mayo - y que desde 1939 contaba con el edificio del Cabildo porteño declarado monumento y sede de un museo- ponía el eje en la tradición hispana y católica cristalizada en algunas ciudades de provincia, como por ejemplo Luján y Salta. A diferencia de la ciudad bonaerense, las iniciativas sobre instalación de museos en la provincia del Norte no parecen haber estado vinculadas de manera orgánica con las doctrinas nacionalistas que proliferaban en la Argentina por esos años, pero operaron sobre una sociedad profundamente conservadora y católica que les dio cabida. Los acontecimientos de septiembre de 1942 que de alguna manera se convirtieron en el puntapié inicial para la organización de los futuros museos, dan cuenta de ello.
Por otro lado, la CNMyMyLH bajo dirección de Levene contribuyó a visibilizar representaciones sobre el pasado y problemas historiográficos que adquirieron dimensión material al interior del edificio capitular salteño: si la nación restauraba y administraba la totalidad del monumento, la provincia instalaba el museo que la nación no podía costear, por ejemplo. Pero mientras que para Levene el edificio-monumento engendraba el símbolo de la división administrativa regional propia del período histórico colonial anterior a la existencia de la nación, para los salteños el Museo Histórico, Colonial y de Bellas Artes era el ícono representativo de la participación provincial en la historia patria. Durante la gestión peronista y con Levene ausente de la CNMyMyLH, las colecciones del Museo Histórico del Norte suscitaron representaciones más amplias e inclusivas que enfatizaban en la tradición patricia pero también en la raigambre indígena, mestiza, popular y católica de la cultura salteña. En este marco, los aspectos del pasado que por diferentes motivos los objetos no evidenciaban, fueron resaltados por los funcionarios, que en el acto de 1949 delinearon aunque de manera discursiva la trilogía San Martín-Güemes-Perón.
Agradezco los comentarios y sugerencias recibidas por los integrantes del Grupo de Trabajo “Historia Argentina del Siglo XX” que se desarrollada bajo dirección de Alejandro Cattaruzza en el Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani” (CONICET/ Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires). También a la Sra. María Esther Ríos, Directora del Museo Histórico del Norte, al personal de la Biblioteca “Mons. Miguel Ángel Vergara” y a la Sra. Teresita del Milagro Gutiérrez por responder a mis inquietudes, evacuar dudas e intentar poner a disposición material de difícil acceso a la consulta. Finalmente, un agradecimiento especial al Prof. Rubén Torrente quien está llevando a cabo la digitalización de los boletines de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos y Lugares Históricos que se encuentran en la biblioteca de la institución, poniendo estos materiales a disposición de los investigadores.
http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.5550/pr.5550.pdf [consulta: 14/7/2014].
Sobre organización y modos de funcionamiento del Museo Histórico Nacional en su proceso formativo ver Malosetti Costa, Laura, “¿Verdad o belleza? Pintura, fotografía, memoria, historia”, en Crítica cultural, N° 4, vol. 2, 2009, pp. 111-123 [en línea]
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http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/29088/Documento_completo__.pdf?sequence=1 [consulta: 14/7/2014]. También Blasco, María Elida, “De objetos a ‘patrimonio moral de la nación’: prácticas asociadas al funcionamiento de los museos históricos en la Argentina de las décadas de 1920 y 1930”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos, 2012, [en línea] http://nuevomundo.revues.org/64679 [consulta: 12/7/2014]
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http://www.lahoradesalta.com.ar/2012/10/10/homenaje-al-gral-d-manuel-por-los-200-anos-de-su-actuacion-en-el-norte-argentino/ [consulta: 10/7/2014].
Este Instituto integró a los miembros de la antigua Sociedad Amigos de la Historia y a la Unión Salteña que hacia 1937 contaba con una Sección Historia y una Junta de Estudios Históricos. Futuras investigaciones deberían explorar las prácticas de estas asociaciones previas, que tuvieron actuación destacada en el entramado de la vida cultural salteña desde la década de 1910. Al respecto Alonso, Ricardo N. y Caro Figueroa, Gregorio, “La ‘Unión Salteña, el Grupo Salta y un proyecto inconcluso”, en Iruya.com, 8 de abril de 2006; [en línea] http://www.iruya.com/iruyart/articulos/historia-tradicion/222-unialte.html [consulta: 10/7/2014]. Información reproducida en Gutiérrez, Teresita del Milagro, Los orígenes de la museología salteña, [ponencia], en IV Encuentro Latinoamericano de Bibliotecarios, Archivistas y Museólogos, 1-3 octubre de 2012, Biblioteca Nacional, CABA. Agradezco a la autora en el envío de la ponencia.
http://www.portaldesalta.gov.ar/vergara.htm [consulta 27/8/2014]
http://turismo.salta.gov.ar/images/uploads/2circuito_pedestre.pdf [consulta: 8/7/2014].
http://www.bnm.me.gov.ar/ebooks/reader/reader.php?mon=5&dir=09041095&num_img=09041095>
[consulta: 10/7/2014]
http://www.lasc.umd.edu/Publications/WorkingPapers/NewLASCSeries/WP20(FlaviaFiorucci).pdf
[consulta: 10/7/2014]