Dossier: Antropología, conflicto y resistencia. La labor antropológica en tiempos convulsos
ENTRE COMPROMISO Y DISTANCIAMIENTO: REFLEXIONES DESDE EL ESTUDIO DEL MOVIMIENTO INDÍGENA COMUNITARIO DE CHERÁN
BETWEEN INVOLVEMENT AND DETACHMENT: REFLECTIONS FROM THE STUDY OF THE INDIGENOUS COMMUNITY MOVEMENT OF CHERÁN
ENTRE COMPROMISO Y DISTANCIAMIENTO: REFLEXIONES DESDE EL ESTUDIO DEL MOVIMIENTO INDÍGENA COMUNITARIO DE CHERÁN
Andes, vol. 34, núm. 1, pp. 126-161, 2023
Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 11/07/2022
Aprobación: 23/02/2023
Resumen: El propósito de este artículo es realizar una reflexión sobre el cambio de una mirada centrada en el compromiso hacia una orientación vinculada con el distanciamiento a través de mi experiencia en las investigaciones que realicé en maestría y doctorado, ambas sobre el movimiento indígena comunitario de Cherán. Para llevar a cabo esta reflexión, utilizo como marco analítico las nociones de compromiso y distanciamiento propuestas por el sociólogo alemán Norbert Elias. En estas nociones se ubica la orientación general para enmarcar el cambio desde un enfoque con predominio en el compromiso hacia uno centrado en el predominio del distanciamiento.
Palabras clave: Norbert Elias, antropología militante, compromiso y distanciamiento, movimiento indígena, Cherán.
Abstract: The purpose of this article is to reflect on the shift of a view focused on involvement to an orientation linked to detachment through my experience in the research I carried out in my master's and doctoral programs, both on the indigenous community movement of Cherán. To carry out this reflection, I use, as an analytical framework, the notions of involvement and detachment proposed by the German sociologist Norbert Elias. These notions provide the general orientation for framing the shift from a predominantly involvement approach to one centered on the predominance of detachment.
Keywords: Norbert Elias, militant anthropology, involvement and detachment, indigenous movement, Cherán.
Introducción
En Cherán[2], el Partido de la Revolución Democrática (PRD) dominó la política local por 18 años hasta 2007, cuando una escisión interna favoreció al Partido Revolucionario Institucional (PRI) en las elecciones. Esto causó fracturas comunitarias y permitió la entrada de una célula de la delincuencia organizada, que realizó todo tipo de actividades ilegales, incluyendo la tala del bosque. Esta actividad se exacerbó hacia el 2010, afectando a los sectores campesinos y ganaderos. En el marco de la devastación del bosque, varios grupos intentaron detenerla y, en 2011, un pequeño grupo detuvo a los talamontes y el proceso de cohesión comunitaria comenzó con el cierre de las entradas de la localidad. En días posteriores, los habitantes resguardaron las esquinas del área habitacional, formando "Las Fogatas". A pesar de la fragmentación política y social, los habitantes de Cherán emprendieron un movimiento contra la tala ilegal y la delincuencia organizada.
El movimiento indígena comunitario de Cherán, Michoacán atrajo a un sinnúmero de estudiantes de una amplia gama de las ciencias sociales e investigadores de distintas disciplinas de la academia nacional e internacional. Entre los estudios de licenciatura, maestría y doctorado, desde 2011 a la fecha se han producido una serie ininterrumpida de exploraciones centradas en diversos ejes, tales como: territorio, defensa del bosque, producción y empresas comunitarias[3]; gobierno comunitario, relaciones de poder e historia política[4]; derecho, democracia liberal y comunitaria[5]; movimiento indígena local[6]; jóvenes, medios de comunicación y educación[7]; relaciones de género, participación político comunitaria de las mujeres y revaloración de la vida[8], entre otros.
Dentro de este extenso conjunto de investigaciones, se pueden identificar diversas posturas políticas, ideológicas y académicas, ya sean manifiestas o implícitas, que se ubican en lo que Norbert Elias describe como el continuo entre compromiso y distanciamiento. Por lo tanto, los estudios enunciados sobre el movimiento indígena de Cherán se ubican en algún punto de este continuo entre una actitud política e ideológica comprometida y una posición que ejerce un distanciamiento con los ideales del movimiento indígena comunitario. A continuación, presentaré citas textuales de una selección estratégica de los 24 estudios mencionados en la bibliografía, con el fin de ilustrar cómo se expresan estas posiciones, principalmente entre el polo del compromiso y el polo del distanciamiento.
En el contexto de los estudios que manifiestan abiertamente una postura política comprometida, se pueden identificar expresiones como:
No sólo pretende ser un estudio interdisciplinario de nuestra actual forma de organización sociopolítica, donde además como se verá más a detalle en el capítulo tercero el derecho juega un papel fundamental, sino que también es expresión de mi propia posición política respecto a ello[9].
Asimismo, es posible ubicar manifestaciones de la utilidad de las investigaciones con respecto a la lucha social, en las que se plasma directamente el compromiso político con la transformación de la realidad estudiada. Un ejemplo de ello es el siguiente:
Me di cuenta que podría hacer una labor hacia el pueblo de Cherán a partir del conocimiento antropológico y mi experiencia como activista, siempre vinculando la praxis social y el compromiso, partiendo desde la premisa de que la investigación sí puede estar al servicio de las luchas sociales y formar parte de estos procesos –un asunto de revalorización epistemológica-[10].
En una expresión declaración similar: “la academia es una vía para incidir en el contexto mexicano, en búsqueda de una justicia que aún se encuentra en deuda” [11]. En mi tesis de maestría, también manifiesto un compromiso implícito con el movimiento de la siguiente forma: “A la resistencia del pueblo de Cherán ‘Ni un paso atrás’”[12]. Las referencias anteriores representan cualitativamente casos ejemplares de la presencia, abierta o encubierta, de un compromiso con el movimiento indígena comunitario de Cherán.
En otro extremo, es posible ubicar investigaciones que, directa o indirectamente, dan cuenta un distanciamiento con visiones comprometidas política o ideológicamente con el movimiento. Una manera de enunciar de forma velada una posición distanciada es la siguiente:
Los visitantes suelen estar convencidos que visitrán una “comunidad autónoma y en resistencia”, una “lucha viva y digna”, de un pueblo que se levantó para hacer frente al crimen organizado que saqueaba sus bosques, sus lugares sagrados y su principal forma de reproducción social, porque se ha dicho hasta el cansancio (en la prensa y en discursos de los líderes del movimiento, ahora gobierno de usos y costumbres) que Cherán es una comunidad indígena que vive de sus bosques. Este mismo discurso es reproducido de forma casi idéntica por estudiantes […] aunque también académicos y periodistas[13].
En diferentes apartados de la investigación, la autora ejerce una crítica constante sobre el movimiento, así como de la forma de gobierno producto del mismo. En el caso de la cita anterior, la expresión apunta a mostrar la reproducción de un discurso comunitario por parte de quienes visitan la comunidad como académicos, periodistas y estudiantes. En este sentido, este tipo de investigaciones se ubican en un polo opuesto al compromiso político.
En el continuo entre compromiso y distanciamiento en las investigaciones sobre el movimiento indígena comunitario de Cherán, se pueden observar dos tendencias opuestas. Por otro lado, posiciones que revelan una inclinación hacia el predominio del compromiso político. Por otro lado, posturas en las que se advierte una actitud distanciada. Estas orientaciones se enmarcan en un debate histórico en las ciencias sociales centrado en la tensión entre las dicotomías subjetivismo-objetivismo; racionalidad-emocionalidad; e ideología-ciencia, principalmente. Rosalva Aída Hernández Castillo señala que esta discusión parece repetirse periódicamente en las ciencias sociales[14].
El propósito de este artículo es reflexionar sobre el cambio de una mirada centrada en el compromiso hacia una orientación vinculada con el distanciamiento a través de mi experiencia en las investigaciones que realicé en el marco de la Maestría en Ciencias Sociales en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede México y en el Doctorado en Ciencia Social con especialidad en Sociología en El Colegio de México, ambas sobre el movimiento indígena comunitario de Cherán. Para llevar a cabo esta reflexión, retomo las nociones de compromiso y distanciamiento propuestas por el sociólogo alemán Norbert Elias. Estas nociones constituyen la orientación general para enmarcar la transformación desde un balance del predominio del compromiso en la investigación de maestría hacia uno centrado en el predominio del distanciamiento en el estudio de doctorado.
Para cumplir con el objetivo planteado, parto de una aproximación a las nociones de compromiso y distanciamiento en la obra de Norbert Elias. Enseguida, presento un breve análisis de las antropologías colaborativas, militantes y activistas. Posteriormente, realizo un recuento del movimiento indígena comunitario de Cherán para contextualizar los principales hitos de este proceso, que sirve de base para la comprensión de la sección final, en la que expongo una exploración desde mi experiencia del cambio entre compromiso y distanciamiento en mis investigaciones anteriormente citadas.
Una aproximación a las nociones de compromiso y distanciamiento
La extensa obra del sociólogo alemán Norbert Elias[15] abarca una amplia gama de temáticas que combinan el desarrollo teórico conceptual con el trabajo empírico. En el transcurso de las últimas décadas, la sociología impulsada por Elias ha transitado, parcialmente, de una condición subalterna a formar parte del repertorio sociológico principal[16]. En términos generales,
Norbert Elias es conocido principalmente por sus trabajos histórico-sociológicos, centrados en Europa, sobre el proceso de la civilización, la formación del Estado, la transformación de los modales, los impulsos y la estructura de la personalidad y otros temas afines que se han convertido en su marca registrada[17].
En su obra magna El proceso de la civilización. Investigaciones sociogéneticas y psicogenéticas explora un análisis de larga duración con respecto a la interdependencia de las transformaciones de la personalidad de los individuos y los cambios estructurales en las sociedades europeas. La tesis central de esa obra se dirige a mostrar cómo en el proceso de formación del Estado, propulsado por el aumento de las diferenciaciones funcionales, la especialización y el monopolio de la violencia legítima vinculado con la pacificación del espacio público, los individuos desarrollaron formas de autocontrol que en menor medida dependen de coacciones externas.
Con respecto a la sociología del conocimiento, Elias examina cuestiones epistemológicas relacionadas con dualismos que han atravesado la historia moderna del pensamiento filosófico europeo, como lo son: sujeto-objeto, hombre-naturaleza, objetividad-subjetividad, racionalidad-irracionalidad, entre otros. Para el sociólogo nacido en Breslau, todos estos pares de opuestos representan falsas dicotomías que conducen a debates infructíferos en términos de una aproximación a la construcción de un conocimiento científico. Por ello, para superar la dualidad objetividad-subjetividad imbricada en la producción de conocimiento en las ciencias sociales, Elias propone una formulación que denomina compromiso y distanciamiento.
En principio, es importante subrayar que en la sociología eliasiana los conceptos adquieren un carácter gradual que atiende a equilibrios relacionales, por lo tanto, estos carecen de una naturaleza absoluta, al igual que los tipos ideales de Max Weber, es imposible encontrarlos en forma pura en la realidad empírica[18]. Todos los conceptos que enarbola Elias son de grado entre equilibrios relacionales. La formulación de compromiso y distanciamiento atiende al mismo fundamento. En términos de Elias: “estos términos no remiten a dos grupos separados de hechos psíquicos; utilizados en un sentido absoluto son, en el mejor de los casos, conceptos limítrofes”[19]. Por lo tanto, entre ambos extremos se forma un equilibrio cambiante y continuo. En referencia a la producción de conocimiento científico, compromiso y distanciamiento se encuentran mezclados en diferentes grados, formando diversos equilibrios.
En la obra de Elias, la noción de compromiso aparece vinculada con términos como: “ideas e ideales preconcebidos”; “postulados dogmáticos”; “pasiones”; “supuestos apriorísticos”; “ideales sociales y políticos preconcebidos y fuertemente arraigados”; así también con “sentimientos y fantasías”[20]. Es concebida como una actitud centrada en el sujeto que produce el conocimiento más que en el objeto de ese conocimiento, en tanto que, “designa la implicación afectiva, moral e ideológica del investigador en el conocimiento que produce”[21]. Un aspecto central para la reflexión que enarbolo posteriormente, se ubica en el ámbito ideológico político, puesto que, el compromiso designa la disposición emotivo-valorativa presente en todo investigador para implicarse con los seres humanos, así como con los ideales e ideologías de las poblaciones que estudia.
Por otra parte, para Elias la noción de distanciamiento se vincula con expresiones como: “menor compromiso emocional”; “dominio de uno mismo”, “dominio de emociones”; “dominio de sobre sus propias pasiones en su percepción de los acontecimientos”; “operación mental para apartarse como participante de la sociedad” y; “operación que se encuentra en la base toda labor científica”[22]. Distanciamiento dispone operaciones del sujeto centradas en el objeto y relacionadas con la disminución de la implicación afectiva, emotiva e ideológica con las personas que forman parte de la investigación. Asimismo, Marta Nuñez Sarmiento propone interpretarlo como la habilidad para realizar una separación analítica y reflexiva entre los ideales e ideologías de las poblaciones estudiadas con las que el mismo investigador puede coincidir[23]. En opinión de Elias, una actitud de distanciamiento supone “una combinación de reflexión y observación sistemática”[24] que sitúa en segundo plano los deseos propios del investigador sobre el curso de los procesos sociales que analiza y abre la posibilidad de construir un conocimiento relativamente más ajustado a la realidad[25].
Como se enunció párrafos arriba, para Norbert Elias los polos de compromiso-distanciamiento juegan un papel central en la construcción del conocimiento y por ende en nuestra relación con la realidad como científicos sociales. Ambos aspectos pueden ser difícilmente separados y excluyentes, por lo que, se entiende que son nociones interdependientes que ejercen un equilibrio que tiende algunas veces más a un lado que hacia el otro. No se manifiestan de forma absoluta en la investigación, sino que forman diferentes arreglos: a mayor distanciamiento menor compromiso y viceversa. Por lo tanto, es importante tener en mente, que en el quehacer cotidiano de todo investigador ambas nociones están presentes. En ningún caso es posible mantener una posición absoluta con respecto a una u otra.
Para dar cuenta de cómo se mezcla el compromiso y el distanciamiento en el proceso de construcción de conocimiento, Elias propuso la formulación del compromiso secundario. Por medio de esta, plantea una configuración diacrónica que parte, en primer lugar, de comprometerse de forma directa en lo que se estudia; a continuación ejercer un distanciamiento reflexivo racional. Por último, practicar un compromiso secundario como resultado de la combinación de conocimientos comprometidos, pero, sobre todo, conocimientos no comprometidos. El fin último del compromiso secundario es aportar soluciones a problemas sociales sin que la ideología sobre estos sea un componente preponderante. En este proceso destaca la idea del compromiso como un elemento inicial para comprender la realidad social, como lo argumenta Elias:
Pues, si bien para estudiar la estructura de una molécula no hace falta saber qué se sentiría si se fuese uno de sus átomos, para comprender las funciones de grupos humanos es necesario conocer desde dentro cómo experimentan los seres humanos los grupos de los que forman parte y los que les son ajenos; y esto no puede conocerse sin participación activa y compromiso[26].
Por lo tanto, el compromiso como experiencia directa del investigador con el mundo que estudia, es una condición necesaria para la construcción del conocimiento científico. Incluso, Elias alentaba a sus estudiantes a investigar en campos en los que estuvieran implicados, el caso emblemático es el de Eric Dunning, jugador universitario de fútbol a quien Elias impulsó a escribir su tesis de maestría sobre este mismo deporte[27]. A continuación, durante el mismo proceso de investigación, Elias estimulaba a sus estudiantes a que establecieran el máximo de distanciamiento con sus ideales, emociones, ideologías, valores y sentimientos sobre el objeto de estudio para poder alcanzar una mayor congruencia con los hallazgos realizados. Por último, los invitaba a practicar el “compromiso secundario” con el fin de encontrar soluciones a problemáticas sociales derivadas de estudios puntuales.
El desarrollo teórico de Elias con respecto a los diversos equilibrios entre compromiso y distanciamiento constituye un punto de partida. En la actualidad, sociólogos adscritos a la corriente eliasiana han desarrollado diferentes formas de equilibrio entre compromiso y distanciamiento. Entre estos estudiosos se encuentra Richard Kilminister quien acuñó la noción de compromiso distanciado[28]. Esta propuesta indica que, a través de un ejercicio de distanciamiento primario, el investigador practica un alejamiento de las emociones e ideales relacionados con el objeto de estudio. Después de establecer este distanciamiento, cabe la posibilidad de incorporar el compromiso vinculado al goce que representa la investigación y con inclinación a una visión más ajustada con la realidad[29]. En esta propuesta existe un predominio del distanciamiento con una pausa en el compromiso, para ser incorporado en forma secundaria como un elemento constitutivo del proceso de producción del conocimiento y que, para el investigador, involucra
Una transformación de sus implicaciones emocionales y evaluativas, de modo que ya no están conformadas sólo por intereses y preocupaciones personales y comunitarios, sino también por el horizonte ampliado de los intereses y preocupaciones de la humanidad en su conjunto, como resultado directo de una comprensión más desprendida de sí mismos y del mundo”[30].
Cómo es posible advertir, esta formulación sobre el equilibrio entre compromiso y distanciamiento es discordante con la estructura diacrónica propuesta por Norbert Elias. Kilminister plantea, a diferencia de Elias, que la primera instancia se localiza en distanciamiento, a continuación se realiza un desvío en el compromiso como elemento secundario, pero siempre manteniendo en primer plano una visión desapasionada. Las valoraciones personales y comunitarias están ubicadas en segundo plano para dar paso a preocupaciones universales. En este sentido, existe un compromiso de segundo orden que se relaciona con la humanidad en su conjunto como resultado de un ejercicio previo de distanciamiento.
En las formulaciones expuestas existe una mezcla entre compromiso y distanciamiento, con predominio del segundo sobre el primero. En los diferentes equilibrios es innegable la presencia de emociones, sentimientos, valoraciones políticas, pasiones y presupuestos apriorísticos. Empero, la idea central es que, en las combinaciones de estas dos nociones, predomine una actitud distanciada, cognoscitiva y crítica sobre el compromiso ideológico o político de quien investiga sin desdibujar la experiencia que comporta la implicación del investigador en el mundo social que estudia. Como alternativa a la dicotomía subjetividad-objetividad, la formulación del equilibrio entre compromiso y distanciamiento sirve para comprender cómo estos componentes son constitutivos en la construcción del conocimiento científico, principalmente en ciencias sociales, y pueden servir como un insumo para pensar el desarrollo heterogéneo de las propuestas que ponen en primer plano el compromiso militante sobre el distanciamiento analítico-racional.
Un acercamiento a las antropologías militantes, colaborativas y comprometidas
En esta sección, examino brevemente las distintas propuestas de investigación que enfatizan el compromiso del investigador por encima del distanciamiento analítico, reflexivo y racional. Aunque me enfoco en propuestas relacionadas con la antropología social, estas no son exclusivas de esta disciplina, sino que se han extendido al conjunto de las ciencias sociales y han hundido raíces en orientaciones metodológicas, principalmente cualitativas.
En la década de 1940, surgió la investigación-acción como respuesta a la brecha entre la investigación académica y la práctica social[31]. La perspectiva de la investigación-acción sostiene que los estudios deben contener utilidad práctica para la resolución de problemas sociales de las poblaciones, comunidades u organizaciones estudiadas. Por lo tanto, cuestiona la neutralidad y objetividad de las ciencias sociales e impulsa una práctica colaborativa y participativa de la investigación social, buscando acoplar la teoría y la práctica para resolver problemáticas sociales de diversa índole.
Hacia finales de la década de 1960 e inicios de 1970, en medio de un contexto sociopolítico particular en América Latina, principalmente marcado por la emergencia y expansión de la militarización del Estado en nexo con los movimientos revolucionarios[32], aparece el documento Por la liberación del indígena (Declaración de Barbados), actualmente conocido como la Primera Declaración de Barbados.Este escrito es producto de la reflexión colectiva desarrollada en el Simposio sobre la Fricción Interétnica en América del Sur en 1971. La importancia de esta declaración radica en que sentó las bases para que los antropólogos trabajaran en colaboración con los pueblos y comunidades estudiados, promoviendo la defensa de sus derechos. Además, subrayó la necesidad de establecer una práctica antropológica reflexiva, así como la responsabilidad de los antropólogos para analizar críticamente las implicaciones políticas y éticas de sus investigaciones. Sin duda, este documento fue fundamental en la transformación de la antropología en nuestro continente.
En esta reunión, uno de los principales elementos discutidos fue la impronta colonialista de la antropología. Esta situación se expresa principalmente en la sección denominada La responsabilidad de la antropología. Este apartado pone en tela de juicio el papel de los antropólogos en relación con el Estado, es decir, el rol del indigenismo como agente central del colonialismo interno. Un punto central para la aproximación que presento, fue el cuestionamiento del “cientificismo” de la actividad académica como forma de suprimir la responsabilidad que conlleva la producción de conocimiento sobre los pueblos indígenas en el continente. Por aquella época, en un paralelismo con la objetividad de las ciencias naturales, el “cientificismo académico” dominaba el conjunto de las ciencias sociales pretendiendo desdibujar la obligación política del investigador con las poblaciones estudiadas. Debido a este razonamiento, los firmantes plantearon que los antropólogos asumieran un rol preponderante como agentes de cambio, principalmente como libertadores de las poblaciones indígenas y cesaran de concebirlas únicamente como objetos de estudio. Lo enunciaron de la siguiente manera: “La Antropología que hoy se requiere en Latinoamérica no es aquella que toma a las poblaciones indígenas como meros objetos de estudio, sino la que los ve como pueblos colonizados y se compromete en su lucha de liberación”[33].
El grupo de antropólogos que participó en la Declaración de Barbados impulsó el viraje de la balanza de equilibrio entre compromiso y distanciamiento hacia el predominio del primero de los polos sobre el segundo. Antes de la década de 1970, los académicos en ciencias sociales “consideraban poco aceptable asumir su posición política (aunque ésta se filtraba en su trabajo), pues se pensaba que el interés personal debía quedar al margen de su investigación”[34]. Este tipo de postulados cambian en el transcurso de las décadas posteriores. Si antes de los años setenta del siglo XX los científicos sociales en diversas latitudes de la geografía mundial-principalmente desde la antropología - marginaban ideales e ideologías políticas de su trabajo de investigación, en las siguientes décadas los asumen como una tarea intrínseca del quehacer académico.
En años posteriores, un pasaje emblemático de esta discusión lo encontramos en el debate que aconteció a propósito del número especial de 1995 de la revista Current Anthropology titulado Objectivity and Militancy: a debate. En esta publicación la polémica principal se entabló entre el texto de Roy D'Andrade intitulado “Moral models in Anthropology” y “The Primacy of the Ethical: Propositions for a Militant Anthropology” de Nancy Scheper-Huges.
D’Andreade argumenta que la subjetividad del antropólogo debe ser minimizada para lograr una comprensión objetiva -basada en datos- sobre las poblaciones estudiadas. En el texto de D’Andrade es factible ubicar una ferviente defensa de la antropología centrada en una actitud orientada hacia un modelo objetivo que desplaza a un “modelo moral del mundo”[35]. El sentido que D’Andrade otorga a la noción de objetividad se refiere “únicamente al grado en que un relato ofrece información sobre el objeto que se describe”[36], en cambio, el propósito de un modelo moral “es identificar lo que es bueno y lo que es malo, asignar elogios y culpas, y también explicar cómo las cosas que no son buenas o malas en sí mismas llegan a serlo”[37]. El modelo moral clasifica la descripción de la realidad empírica en términos dicotómicos de bueno y malo. Para este modelo, todo aquello que se relacione con cuestiones de opresión, por ejemplo, encuentra una valoración subjetiva por parte del investigador que lo conduce a condenar los hechos en esta dualidad. Roy D'Andrade se inclina hacia un predominio del distanciamiento sobre el compromiso político que comporta el modelo moral del mundo, aboga por un acercamiento racional, reflexivo y distanciado con los hechos que se estudian.
Por otro lado, Scheper-Hughes argumenta que la antropología es una disciplina subjetiva en la que el investigador es un actor político en el campo de estudio. Ella señala que es importante reconocer que la antropología no puede ser neutral y que el antropólogo ejerce influencia sobre las poblaciones que estudia. Nancy Scheper-Hughes realiza un diagnóstico acerca de la forma en que la antropología ha comprendido su labor frente a quienes analiza. Entre sus conclusiones establece que esta disciplina ha estado impregnada de un halo conservador que carece de compromiso político de denuncia frente a los avatares que enfrentan los oprimidos. Por tal motivo, convoca a la práctica de una antropología políticamente comprometida con los sujetos de estudio, una antropología “como campo de acción, campo de fuerza o lugar de lucha”[38]. En la posición de Scheper-Hughes el rol del antropólogo es el de un agente comprometido con los actores de la realidad empírica que estudia
Como acompañante, está en la voz activa, y posiciona al antropólogo dentro de los acontecimientos humanos como un ser receptivo, reflexivo y moralmente comprometido, que ‘tomará partido` y emitirá juicios, aunque esto contradice el no compromiso antropológico con la ética o la política[39].
La propuesta Sheper-Huges plantea la necesidad de que el antropólogo se involucre activamente con la realidad social estudiada y conduce posicionar en primer plano la militancia, el activismo y el compromiso político como elementos intrínsecos del quehacer del investigador social. Invita a una práctica antropológica reflexiva con las implicaciones políticas y éticas del proceso de investigación y de sus resultados. En términos de las nociones de compromiso y distanciamiento, considero que la posición políticamente activa que asume el investigador en la propuesta de Sheper-Huges, puede disminuir la capacidad de cuestionar críticamente las prácticas sociales de las poblaciones de estudio en favor de tomar partido por sus causas. Una actitud políticamente comprometida puede conducir a mostrar una imagen monolítica que destaque únicamente los aspectos benévolos de las poblaciones que se estudian y margine datos que puedan contradecir esa visión.
En el momento que nos encontramos, segunda década del siglo XXI, existe un conjunto de corrientes académicas que entienden la militancia, el activismo o el compromiso político como formas intrínsecas del quehacer antropológico. Términos como antropología comprometida[40], etnografía colaborativa[41]o antropología militante[42] dan cuenta de formas heterogéneas en las que el investigador social se implica en diversos grados con los sujetos de estudio e implican poner el acento en la generación de resultados que sean igualmente benéficos para ambos[43]. Todas representan una tendencia hacia el polo del compromiso. Aun cuando, sus fronteras son porosas, es posible hacer una mínima diferenciación.
En términos metodológicos, la orientación colaborativa implica trabajar conjuntamente con las poblaciones o grupos de estudio para llevar adelante la investigación. La antropología colaborativa se basa en la idea de que la investigación no debe realizarse sobre las comunidades, sino en colaboración con ellas. El objetivo central es que los sujetos de estudio colaboren activamente en todo el proceso de investigación, desde la formulación del problema hasta la publicación de resultados. Esta postura plantea una simetría entre el investigador y las comunidades de estudio para la generación mutua de conocimiento. En ella, el informante adquiere el papel de coteorizador y de coproductor textual, es concebido enteramente como un agente activo –y no meramente pasivo- en la edificación de conocimiento.
Por otra parte, en términos de compromiso, las investigaciones colaborativas pretenden entablar
Un compromiso con personas reales, con comunidades en dinámicas permanentes de vida y de sobrevivencia. El compromiso al que nos referimos busca sin ambigüedad alguna la construcción de alternativas transformadoras que nos involucran donde hacemos énfasis en las maneras de interactuar y dialogar con la gente que está involucrada con nuestras investigaciones, de acudir a las memorias de nuestros pueblos, de comprometerse ética y políticamente desde el hacer investigativo y/o del activismo político[44].
Más allá del ámbito metodológico de la coproducción de conocimiento, la investigación colaborativa contiene una visión transformadora de la realidad social con base en un compromiso y activismo político con las comunidades de estudio, los investigadores trabajan con estas para desarrollar proyectos que respondan a sus necesidades y prioridades, inclusive por encima de la investigación misma. En este sentido, colocan en primer plano las necesidades de las poblaciones:
Se trata de asumir el posicionamiento que implica priorizar a los consultores y a la comunidad estudiada por encima de la etnografía […]implica necesariamente colaborar en la medida de lo posible con aquello que nuestros interlocutores nos demandan, más allá de los fines estrictamente académicos[45].
Desde la perspectiva de la formulación eliasiana sobre compromiso y distanciamiento, considero que el hecho de que esta forma de investigación implique una estrecha colaboración con las comunidades, puede constituir un obstáculo para la autonomía del investigador. En este sentido, en aras de contribuir con la producción de alternativas transformadoras, es posible que presiones heterónomas conduzcan a que se exagere la perspectiva y el conocimiento propio de las comunidades de estudio.
La antropología militante o activista comparte una matriz metodológica con la antropología colaborativa en relación con el papel activo de los sujetos de estudio en todo el proceso de construcción de conocimiento. De la misma forma, coinciden en el sentido de utilidad práctica de las investigaciones para las organizaciones, comunidades o grupos con quienes se investiga. Finalmente, empatan la idea de que el compromiso ético-político es un eje transversal de la investigación.
Sin embargo, a diferencia de la investigación colaborativa, en las investigaciones militantes o activistas el grado de compromiso político del investigador es más profundo, puesto que, en primera instancia, son las convicciones políticas las que guían los objetivos de la investigación, tal como lo plantea Charles Hales en su invitación a formular investigaciones activistas: “la práctica de la investigación activista nos pide que identifiquemos nuestras convicciones ético-políticas más profundas y que dejemos que sean ellas las que guíen la formulación de nuestros objetivos de investigación”[46]. Por lo tanto, la ideología e ideales políticos forman el centro de la propuesta, mientras que en la investigación colaborativa este centro está constituido por la cooperación o colaboración con las poblaciones de estudio. Asimismo, la investigación militante o activista fomenta que los investigadores militen en las organizaciones que estudian, a fin de obtener una mayor profundidad y acceso a la información[47].
Con relación a la producción de información extensa planteada por la investigación militante o activista, resulta paradójico que si este conocimiento puede perjudicar a la organización, comunidad, movimiento político o grupo social tenga que silenciarse. Es decir, si en el proceso de investigación se producen datos que causen daño a los objetivos de las organizaciones, deben quedar al margen de las publicaciones académicas. La promesa de la investigación militante o activista de que “tiene el potencial de producir mejores resultados: un conocimiento empírico más profundo y exhaustivo del problema en cuestión, así como una comprensión teórica que de otro modo sería difícil de alcanzar”[48] es eclipsada por el compromiso político del investigador al velar la publicación de información perjudicial para la organización, como lo relatan Agustina Cinto y Licia María Lilli “Ahora bien, formar parte de la organización posibilitó acceder a instancias y documentación interna que presentaron el dilema, sobre qué información (y cuál no) es plausible de ser registrada y que, a la vez, sea base de construcción de un dato científico”[49].
El compromiso político militante o activista del investigador se antepone a la producción académica. Esta situación genera un velo, un sesgo militante que impide la construcción de un conocimiento relativamente más ajustado a la realidad, pero ajustado a la implicación política ideológica del investigador que encuentra sintonía con las poblaciones de estudio. Considero que esta es una de las principales limitaciones de la investigación militante o activista, puesto que, la producción de conocimiento académico está filtrada por la posición militante del investigador.
Breve descripción del movimiento indígena comunitario de Cherán
En Cherán, el Partido de la Revolución Democrática, tuvo una influencia dominante en la política local durante 18 años hasta 2007, cuando una división interna favoreció al Partido Revolucionario Institucional (PRI) para ganar las elecciones de ese mismo año. La fractura política del PRD condujo a la fragmentación de los grupos en diferentes facciones, provocando tensiones comunitarias que posteriormente fueron aprovechadas por una célula de la delincuencia organizada para cometer actos ilícitos en la comunidad.
La división postelectoral del 2007 hizo eco en la elección de la autoridad agraria. El grupo conocido como “Pueblo Unido de Cherán” logró el triunfo en las elecciones asamblearias para renovar las autoridades de Bienes Comunales. Por un tiempo, las autoridades agrarias y civiles coexistieron como gobiernos alternos, cada uno organizando eventos comunitarios, cursos de verano y desfiles conmemorativos[50]. En un proceso paralelo a la fragmentación política, una célula de la delincuencia organizada de la región se infiltró en el territorio de la comunidad para llevar a cabo actividades ilegales como venta de drogas, cobros de piso, levantones, secuestros y tala ilegal del bosque. Durante los cinco años comprendidos entre 2006 y 2011, esta organización criminal mantuvo relaciones con una serie de actores locales que resultaron en la devastación del bosque[51].
Hacia el año 2010, la tala ilegal del bosque aumentó drásticamente, lo que resultó en camiones que transportaban madera circulando en el área residencial de la comunidad durante todo el día y la noche. La presencia de la organización criminal se hizo evidente en diversos aspectos de la vida cotidiana, convirtiéndose en un elemento regular del paisaje de la población. Los sectores agrícolas y ganaderos se vieron afectados debido a que sus actividades se desarrollaban en las áreas boscosas, mientras que aquellos que se beneficiaron con el flujo de efectivo generado por las diversas actividades ilegales fueron los de venta de bebidas alcohólicas y alimentos.
En el marco de la devastación del bosque, tanto la comunidad como las autoridades del Comisariado de Bienes Comunales tomaron medidas para intentar frenarla. Algunos habitantes contrataron máquinas pesadas para bloquear las rutas de extracción de la madera ilegal, mientras que otras acciones fueron lideradas por diferentes grupos de la población[52]. Sin embargo, el ambiente en ese momento estaba marcado por la fragmentación política y desintegración social, hasta que los acontecimientos del 15 de abril del 2011 transformaron parcialmente este estado de relaciones.
En la madrugada de ese día, un pequeño grupo compuesto por hombres, mujeres y jóvenes, en la proximidad de la capilla de “El Calvario”, detuvieron a talamontes foráneos que descendían del cerro con vehículos cargados con madera ilegal. Posteriormente, el grupo armado de la célula de la delincuencia organizada intentó rescatarlos sin éxito. Este evento desencadenó un proceso gradual de cohesión comunitaria, que resultó en los habitantes de Cherán cerrando las entradas principales a la localidad, erigiendo barricadas en ellas.
En los siguientes días, los habitantes de Cherán se unieron para proteger las calles y esquinas de la localidad. Estas agrupaciones, conocidas como “Las Fogatas” funcionaron como un sistema de vigilancia y seguridad en el área habitacional. Los vecinos se reunían en torno a fogones (estufas de leña) en el espacio público. La población realizó construcciones improvisadas en estos lugares para abrigarse del frío, la lluvia y los elementos del clima propio de la meseta purépecha. Durante los primeros meses del movimiento, estos espacios se convirtieron en foros de representación, discusión y toma de decisiones. Sin embargo, también hubo conflictos entre los vecinos y asimetrías de poder con respecto a la toma de decisiones. En un censo realizado por Martínez Anaya en el año 2011 se contabilizaron 189 Fogatas [53].
Durante aproximadamente tres meses, los habitantes de Cherán instauraron un estado de sitio autoimpuesto, lo que resultó en la interrupción de la mayoría de las actividades socioeconómicas cotidianas. Durante ese tiempo, la vida social de la comunidad se centró en “Las Fogatas”. En estos espacios, los habitantes realizaron acciones de organización política, recepción de víveres, vigilancia, ayuda mutua, compra de armas y direccionamiento del movimiento indígena comunitario.
En pleno proceso de protección comunitaria y, ante la puesta en marcha del proceso de elección municipal, un grupo de habitantes decidió impulsar la elección de autoridades a través de sus propios sistemas normativos, sin la participación de partidos políticos. El 26 de agosto del 2011, este grupo presentó en el Instituto Electoral de Michoacán (IEM) un documento firmado por 1942 personas solicitando este derecho. El 31 de agosto, se presentó un nuevo documento en la presidencia del IEM en el que se hacía constar el acuerdo alcanzado en una asamblea general de la comunidad de decidir el nombramiento de sus autoridades y solicitar al IEM que respetara y respaldara dicho acuerdo[54]. Sin embargo, el 9 de septiembre, el Consejo General del IEM decidió por unanimidad que carecía de atribuciones para resolver sobre la celebración de elecciones bajo el principio de “usos y costumbres”[55]. Ante esta determinación, un grupo de líderes avalado por las asambleas comunitarias promovió un juicio para la Protección de los Derechos Político-Electorales del Ciudadano ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
El 2 de noviembre el TEPJF emitió un fallo histórico en su favor, otorgándoles el derecho de realizar una elección basada en sistemas normativos propios, así como la creación de un gobierno propio desvinculado de la disposición que establece el Art. 115 constitucional[56]. La autoridad electa se denominó Concejo Mayor de Gobierno Comunal que es un “órgano de consejería y vigilancia de las diferentes áreas del gobierno comunal [...] está integrado por doce concejeros, que coordinan sus funciones entre sí y con las diferentes áreas de este sistema de gobierno propio”[57].
La estructura de gobierno está representada por cuatro círculos concéntricos. Estos simbolizan los diferentes consejos operativos que están proporcionalmente integrados por habitantes de los cuatro barrios de la comunidad. En lugar de elegir a una planilla como en un ayuntamiento, convencional todos los puestos son designados en asambleas barriales. Además, se implementó un sistema complejo de toma de decisiones basado en las asambleas de cada barrio.
Equilibrio entre compromiso y distanciamiento: reflexiones a partir de mis investigaciones de posgrado
En esta sección expongo mi reflexión sobre el proceso de cambio en el balance entre compromiso y distanciamiento con base en mi experiencia en la elaboración de dos investigaciones de posgrado en Cherán. En ambas realicé trabajo de campo etnográfico en la comunidad. En la primera, el trabajo de campo duró alrededor de un mes, con diversas estancias aún menos prolongadas de cinco días. En la segunda, el trabajo de campo se prolongó por aproximadamente un año.
En agosto de 2013 llegué a Cherán. Mi interés por estudiar el caso del movimiento indígena comunitario surgió a partir de una exploración por la comprensión del ejercicio del poder político en gobiernos indígenas locales que son producto de una lucha indígena. Para llevar a cabo el trabajo de campo, conté con la mediación del Dr. Orlando Aragón Andrade, un académico militante, quien me presentó a un integrante del Concejo Mayor de Gobierno Comunal. A través de este contacto, en la primera visita al terreno, esta persona me presentó con los demás integrantes del Concejo Mayor, quienes aprobaron la realización del estudio, giraron un oficio para efectuar entrevistas etnográficas y observación directa.
Como parte del proceso de investigación, antes de realizar la primera visita a Cherán, revisé diversas fuentes periodísticas para conocer los sucesos relevantes que llevaron a la comunidad a los talamontes foráneos el 15 de abril del 2011 y, posteriormente, establecer un gobierno basado en sistemas normativos internos. En esta inspección, llamó mi atención la forma de tratamiento de la información por parte de medios de comunicación autodenominados alternativos, así como de diversos actores sociales involucrados en Cherán. En relación con la primera, en aquel momento noté una exaltación exacerbada de los acontecimientos del 15 de abril, así como de la organización que posteriormente emergió, especialmente de las autonombradas Fogatas. Me llamó la atención que las notas periodísticas reportaban que fue un grupo de mujeres solitarias las que detuvieron a los taladores ilegales de madera e igualmente, estas notas, daban cuenta de una cohesión comunitaria sin la expresión de conflictos sociales. Este panorama se evidenció con algunas variaciones en las entrevistas etnográficas y la observación in situ.
La investigación de maestría estuvo orientada a comprender cómo los acontecimientos del 15 de abril en Cherán marcan un punto de inflexión en las relaciones de fuerza en el campo político comunitario que posibilitan la instauración de un gobierno indígena en resistencia. Da cuenta, de cómo en esta forma de gobierno emergente el ejercicio del poder político atiende a un esquema con base en principios y mecanismos colectivos, centrados en la asamblea general como máximo órgano de gobierno. Estas condiciones en la comunidad permiten el ejercicio de un poder político en el que todos sus miembros participan en igualdad de condiciones.
Mi investigación de maestría se enmarca en una tendencia hacia el predominio del compromiso sobre el distanciamiento. Aunque no me identifico como un militante activo comprometido con los movimientos sociales de los pueblos y comunidades indígenas, adquirí la convicción del “compromiso social” como estudiante de licenciatura en sociología en la Universidad Nacional Autónoma de México. (UNAM). Este compromiso social se puede entender a manera de un acercamiento con los movimientos sociales para, además de estudiarlos, ser una especie de portavoz académico que denuncia los actos de dominación en múltiples planos, entre ellos, la relación de estos pueblos con el Estado. En términos generales, para mi significaba profesar un discurso que plantea una dicotomía moral que coloca a los movimientos sociales en el plano de dominados y al Estado en el papel de dominante, sin cuestionar las diversas formas de ensamblaje entre ambos actores sociales
Como analicé previamente en la segunda sección, las posturas militantes o activistas pueden conducir a silenciar académicamente aspectos incómodos o contradictorios con los ideales e ideología de la población estudiada. En el caso de las investigaciones sobre Cherán, esto puede significar sesgar la información para evitar dañar la imagen del movimiento que los habitantes construyeron para mostrar a diferentes audiencias.
En mi exploración de las investigaciones sobre Cherán en las que se manifiesta explícita o implícitamente un compromiso político, identifico diferentes componentes de la autoimagen del movimiento indígena comunitario que, en términos generales, son compartidas por mi estudio de maestría. Entre ellos ubico: 1) el mito del origen del movimiento; 2) la reproducción de un discurso comunitario que establece una dicotomía entre buenos y malos en aspectos como la devastación del bosque; 3) la expulsión de los partidos políticos y; 4) la representación del régimen asambleario como un modelo de toma de decisiones impecable.
En relación con el mito de origen, se cuenta que la madrugada del 15 de abril, en las inmediaciones de la capilla de El Calvario, un grupo de mujeres solitarias que barrían la calle, espontáneamente enfrentó y detuvo a talamontes que descendían del cerro[58]. La construcción de este discurso constituyó la historia oficial del inicio del movimiento que hasta la actualidad sigue reproduciéndose sin cuestionamiento por diversos académicos militantes comprometidos. Sin embargo, como mencioné en la sección anterior, los acontecimientos de la madrugada del 15 de abril fueron protagonizados por un cúmulo de actores sociales, entre ellos, un grupo de mujeres. Este engrandecimiento de la actuación de las mujeres conduce a desdibujar la participación activa de otros actores sociales en ese momento coyuntural en favor de reforzar el mito de origen que construyeron los habitantes de Cherán.
En cuanto a la dicotomía entre buenos y malos, este aspecto se hace evidente en relación con la devastación del bosque. En Cherán se ha creado una narrativa que explica cómo la tala ilegal se debió a la entrada de actores externos. En la exposición de sus habitantes, existe un discurso que plantea una dualidad entre “los malos” y “los comuneros”. En la exposición de sus habitantes, existe un discurso que plantea una dualidad entre “los malos” y “los comuneros”, donde los primeros son considerados como actores foráneos que formaron parte de la delincuencia organizada que realizó actividades ilícitas en la población. En cambio, desde una perspectiva general, a todos los pobladores de Cherán que comulgan con el gobierno comunitario se les conoce como comuneros. La reproducción de este discurso dicotómico está filtrada en los resultados de la investigación de maestría. En este sentido, carece de un cuestionamiento a las categorías nativas construidas desde la perspectiva de los habitantes de Cherán. Uno de los elementos que considero centrales de la práctica de orientaciones militantes comprometidas, es precisamente la reproducción de los discursos de los protagonistas sin un cuestionamiento sobre cómo son construidos y los fines comunitarios que persiguen. En las investigaciones analizadas sobre el movimiento indígena comunitario de Cherán, generalmente se reproduce este discurso dicotómico sin ponerlo en duda. Una forma de caracterizar este discurso dicotómico es la siguiente: “el referirse a la gente del crimen organizado como “los malos” denota una eticidad ejemplar; entendiendo la eticidad como ese conjunto de caracteres y supuestos éticos que rodean toda la cosmovisión y cosmogonía de los indígenas purhépechas en relación con la vida”[59]. En este sentido, se traslada la autoimagen de los purépechas como agentes con una ética diferenciada de quienes devastaron el bosque. Una dicotomía que se genera en el discurso comunitario que se transfiere transparentemente a la interpretación de los académicos militantes o activistas. Por último, se exime de esta narrativa la participación de habitantes de Cherán en la devastación del bosque, como lo analizo puntualmente en otro texto[60].
La exclusión de los partidos políticos de la arena política local se convirtió en un símbolo del movimiento, y la expresión “expulsamos a los partidos políticos” era una afirmación recurrente en el curso del trabajo de campo. En términos formales, a través de la sentencia de la TEPJF los partidos como instituciones permanentes en búsqueda del voto desaparecieron al transformarse las elecciones comunitarias a sistemas normativos internos.
A pesar de la supuesta expulsión de los partidos políticos, algunos de ellos continúan operando bajo nuevas formas. Sin embargo, lo que resulta relevante, es que, desde la institucionalización del movimiento, los partidistas han sido marginados de la participación política comunitaria, tanto en las elecciones por sistemas normativos internos como en las asambleas comunitarias. Un hecho velado, puesto que desencaja con la imagen de inclusión de la democracia participativa directa construida por académicos militantes o activistas. La idea de expulsar a los partidos políticos empataba con mi orientación ideológica acerca del funcionamiento de la política representativa en general y la democracia directa en particular. Al igual que muchos habitantes de Cherán, sentía desencanto hacia los partidos políticos -y aún lo siento-, por lo que ilustrar cómo funcionaba una democracia comunitaria sin su presencia, era un aspecto importante de mi compromiso con el movimiento.
Este componente estaba ligado al ejercicio del poder político en el régimen asambleario a través de mecanismos colectivos. En este sentido, el discurso preponderante, principalmente edificado desde los líderes políticos del movimiento, mostraba a una totalidad comunitaria que participaba en la toma de decisiones a través de las asambleas de cada barrio, así como de la asamblea general. En repetidas ocasiones se manifestaba que todos participaban en estos espacios deliberativos, creando la imagen de una maquinaria política con piezas dentadas que encajaban simétricamente. Por lo tanto, el ejercicio del poder político atendía a elementos colectivos que diluían los intereses particulares, todo a favor del bien común. Un cuadro político plenamente antagónico con el pasado partidista de Cherán, cómo di cuenta en la sección anterior.
Por otra parte, desde un punto de vista reflexivo y estratégico, los habitantes de la comunidad encontraron en los investigadores una especie de “aliado” en el campo académico para mostrar aquello que era pertinente y benéfico para el movimiento, al igual que aconteció con los periodistas. Florence Rojas Keyser -originaria de Cherán- realiza un excelente relato de esta situación acontecida en el año 2011:
Una noche se anunció en cada una de las fogatas la llegada de un grupo de periodistas y había que mostrar las condiciones que la población estaba viviendo. Cada fogata se organizó una noche antes de la llegada de los reporteros, la primera idea que tuvieron en la fogata 41 fue mostrarse indefensos, con armas rudimentarias y de trabajo: como palas, hachas, piedras y resorteras ante un enemigo que podía atacar en cualquier momento. Otra de las cosas fue colocar el fogón en el que normalmente se preparaba algo para cenar en el centro del cruce de calles, con una tina con nixtamal cocinándose para preparar tortillas y una pequeña olla con frijoles: “¿cómo nos ven los de afuera? Como indios”: por ello había que hacer toda una caracterización de lo que ellos mismos pensaban significaba ser indígena a los ojos de los fuereños: como un grupo de personas pobres, vulnerables y sobre todo sin armas sofisticadas[61].
Tanto los periodistas como los investigadores militantes o activistas fueron un medio para presentar a la comunidad nacional e internacional la imagen que los habitantes de Cherán querían que se conociera sobre los acontecimientos históricos de su pueblo. La vocación militante o activista de los académicos empataba con los deseos comunitarios de mostrar la autoimagen del movimiento de Cherán. Uno y otro hacen parte de la misma orientación ideológica. El compromiso político, explícito e implícito, condujo a que la figura del investigador se asentara como una especie de aliado. Como señalé anteriormente, en este tipo de enfoques el investigador juega un rol estratégico más allá de la producción de conocimiento. En este caso, el académico asume la tarea de presentar ante su público la imagen que el movimiento desea transmitir. Como lo plantea Rojas Keyser[62], la imagen de un pueblo indígena pobre e indefenso. En su papel de acompañante y activista, el investigador toma partido y se convierte en portavoz de la ideología e ideales del movimiento. Esto puede conducir a que se excluyan datos que puedan dañar la presentación del movimiento ante la comunidad académica y presentar de forma selectiva la información por razones de simpatía o compromiso político de los investigadores, contribuye a profundizar el sesgo militante. De la misma manera, la promesa de la antropología militante de un acercamiento penetrante a la información para la investigación, se desdibuja al priorizar el compromiso político. En el caso de Cherán, esto implica situar en segundo plano la variedad de actores con motivaciones y objetivos diferentes, para presentar una imagen monolítica o estereotipada. Por lo tanto, siguiendo a Norbert Elias este tipo de orientaciones confunden la construcción de enunciados sobre una visión más ajustada a la realidad y de enunciados sobre ideales e ideología[63]. Considero que se antepone la construcción de enunciados más centrados en la subjetividad de quienes investigan y menos ajustados al objeto que se analiza.
En este contexto, vinculado con esta figura emergente del investigador en Cherán, comprendí que apartarse del compromiso con el movimiento significaba también “perjudicar la causa” y dar “armas al enemigo”. En este aspecto, reproduje la autoimagen del movimiento indígena comunitario construida a través de la narrativa de los líderes comunitarios del movimiento, evitando el cuestionamiento de aspectos discordantes con esta edificación, dibujando la representación de una comunidad simétrica, principalmente en relación con el ejercicio del poder político y la toma de decisiones por medio de asambleas comunitarias. En ese marco, este compromiso con el movimiento también resultó en la creación de una narrativa que empata con la versión oficial de la historia. Toda esta serie de elementos epistemológicos vinculados a la práctica de investigación fueron objeto de mis reflexiones durante el trabajo de campo etnográfico para el estudio de doctorado.
Del compromiso implícito al distanciamiento develado
Mi propósito en la tesis doctoral fue profundizar en el análisis de las dinámicas de poder en la toma de decisiones en las asambleas barriales en el gobierno indígena de Cherán. Para este estudio me planteé un acercamiento microscópico a las interacciones cara a cara que acontecen en las deliberaciones asamblearias. El objetivo fue examinar cómo y quiénes toman las decisiones en los espacios asamblearios. El resultado principal de la investigación fue que el proceso de descentralización de las deliberaciones a través de las asambleas barriales semanales[64] condujo -paradójicamente- a una centralización de las oportunidades de poder en un grupo reducido de hombres y mujeres que poseen una serie de recursos significativos que amplían sus posibilidades de influir en el direccionamiento de la toma de las deliberaciones asamblearias[65].
Al observar retrospectivamente mi tesis de doctorado, un esquema que se asemeja al proceso de investigación que resultó en una inclinación hacia el distanciamiento son las propuestas de compromiso secundario de Norbert Elias analizado en el apartado inicial. En primer lugar, el compromiso directo con la realidad estudiada a través de la experiencia de inmersión etnográfica. En ella, inicialmente estuvieron presentes mis inclinaciones políticas e ideológicas con el movimiento, así como todo tipo de ideas e ideales preconcebidos y emociones a flor de piel debido al contacto cotidiano directo con la población de Cherán. Posteriormente, a medida que avanzaba el trabajo de campo y recopilaba información discordante con la imagen idealizada del movimiento a través de la serie de instrumentos y operaciones metodológicas que describiré posteriormente, el sentimiento de compromiso político e ideológico comenzó a tomar un lugar secundario. Finalmente, el ejercicio de un distanciamiento racional, tanto acompañado de los datos construidos sobre el escritorio con la información obtenida en campo, como de una suerte de vigilancia epistemológica, así como de un proceso reflexivo sobre el papel del sociólogo frente al estudio de la realidad social.
El quehacer etnográfico implica un compromiso emocional con los grupos humanos con quienes se tiene un contacto directo, cotidiano y prolongado. Los elementos personales, emotivos e ideológicos que el etnógrafo arrastra consigo están presentes en todas las observaciones y conversaciones que sostiene en campo con las poblaciones que estudia. Además, como mencioné líneas arriba, personalmente comparto ideológicamente con el movimiento indígena comunitario de Cherán ciertos aspectos, como la idea de una democracia participativa directa y comicios comunitarios exentos de la participación formal de partidos políticos. Sin embargo, a medida que avanzaba mi proceso de inmersión etnográfica, surgieron cuestionamientos sobre los aspectos fundamentales de la identidad construida por el movimiento. Me refiero en específico a aquellos discutidos en la sección inmediata anterior.
A diferencia de mi estudio de maestría, los hallazgos de mi investigación doctoral cuestionan la autoimagen del movimiento indígena comunitario de Cherán. El cambio de una actitud de compromiso a una de distanciamiento fue un elemento central. Esta alteración fue el resultado de una combinación de un proceso reflexivo, analítico y autoevaluación en conjunto con la información obtenida durante el trabajo de campo etnográfico. Por medio del desarrollo de este método, las discrepancias entre la autoimagen del movimiento indígena comunitario y las prácticas cotidianas[66], entre lo que se dice que se hace y lo que realmente se hace, surgieron gradualmente. Como praxis de investigación, la etnografía contribuye a establecer diferenciaciones entre lo que la gente dice; lo que la gente hace; lo que la gente debería de hacer[67]; lo que la gente dice que hace; y cómo lo hace[68].
Metodológicamente, opté por dos estrategias en campo para la recolección de información que, a la postre, contribuyeron para configurar una visión más completa y balanceada de las relaciones de poder en la comunidad. La primera se vinculó con evitar el sesgo del líder. En las investigaciones cualitativas, las muestras de individuos a entrevistar son designadas deliberadamente por el científico social[69]. En este sentido, una de las recomendaciones para generar muestras cualitativas es que las entrevistas se concentren en quienes tienen el mejor conocimiento del tema central de nuestro interés[70], para el caso de la investigación doctoral se relacionaba con individuos que estuvieran en posiciones políticas clave o que directamente trabajaran en la estructura de gobierno comunal participando activamente en el proceso del régimen asambleario. No obstante, como se mostró en la cita de Florence Keyser en la comunidad existe un alto grado de reflexividad de los líderes comunitarios, por lo tanto, llevar a cabo únicamente entrevistas etnográficas con este subconjunto de la población, conducía a incidir en lo que Howard Becker expone cómo el sesgo del líder:
Si recurrimos a los líderes de las organizaciones y comunidades para tener la última palabra sobre lo que está ocurriendo dejaremos fuera cosas que esas personas consideran poco importantes […] las instituciones siempre muestran su cara más atractiva en público. Quienes las dirigen, al ser responsables por sus actitudes y reputaciones, siempre mienten un poco; suavizan las asperezas, ocultan problemas[71].
Con el fin de evitar este sesgo y asegurar una variedad de perspectivas que incluyera tanto las voces de los líderes comunitarios como personas por fuera de este círculo, en el trabajo de campo se llevó a cabo la construcción de una muestra heterogénea que maximizara la varianza de posiciones en la estructura política de la comunidad.
Por otra parte, en las interacciones cotidianas sobre el terreno construí vínculos a diferentes niveles que coadyuvan a penetrar en el fenómeno estudiado. Sin embargo, en cierto momento es imprescindible ejercer un grado de distanciamiento hacia los diversos puntos de vista, pues en el quehacer etnográfico “no se trata de saber quién tiene la razón”[72] (Elias y Scotson, 2016: 37), qué grupo político es el “bueno” y quienes “traicionaron” a la comunidad, elementos de distinciones morales que constantemente se encuentran presentes en los discursos de las poblaciones estudiadas en cualquier tipo de movimientos sociales. En cambio, las contradicciones ubicadas tanto en el ámbito discursivo como práctico, contribuyen mostrar la complejidad de la sociodinámica de un contexto determinado, y no únicamente a dar cuenta “transparentemente” de la forma en que los individuos los interpretan cotidianamente. Entonces, el cuestionamiento sobre la transparencia del discurso de los individuos entrevistados en conjunto con una muestra heterogénea de los mismos, fueron elementos metodológicos que me permitieron representar una realidad desigual en términos de participación política en las asambleas barriales, de la indiferencia política de un extenso sector de la comunidad en cuanto a los asuntos de gobierno, así como de la exclusión y estigmatización de los simpatizantes de los partidos políticos.
Asimismo, estos elementos emergieron constantemente en las entrevistas etnográficas y en las pláticas informales que sostuve con diferentes sectores de la comunidad. Algunas de estas personas, aunque abanderaban el movimiento comunitario, igualmente producían un discurso crítico acerca del mismo. Inclusive, algunos de ellos me alentaron para mostrar esta realidad sociopolítica desde una postura diferente a la convencional. En el mismo sentido, en diversas asambleas barriales en las que estuve presente, algunos de los asistentes cuestionaban la imagen idealizada y romántica sobre estos espacios políticos de la comunidad. En una ocasión una persona dijo “los medios dicen que aquí todos participamos, pero no es cierto, solo miren, la asamblea está vacía”. Un ejemplo que muestra la discordancia con la autoimagen del movimiento que durante algunos años se había construido.
Ante ello me cuestiona sobre si, algunos habitantes de Cherán ponían en duda esa imagen que se había construido sobre el movimiento y su gobierno comunal, ¿por qué no aparecían representadas en el común de investigaciones que se habían realizado?, ¿por qué se seguía representando la autoimagen del movimiento indígena comunitario?, ¿los investigadores no estábamos logrando captar esta diversidad crítica de los mismos habitantes o la excluimos de los resultados de sus investigaciones, puesto que nuestro compromiso político-ideológico nos conducía a seguir manteniendo una imagen romántica del movimiento indígena comunitario?
En conjunto con la orientación de Norbert Elias, la reflexión sobre la tarea de la sociología como ciencia social, tal como la plantea Pierre Bourdieu en su reflexión sobre el oficio de sociólogo[73], fue fundamental para ejercer un distanciamiento ideológico con el movimiento desde una postura académica. En adición, una fuente importante de reflexión fue ¿Para qué sirve realmente un sociólogo? En la que Francois Dubet manifiesta que “no está confirmado que la sociología mejore las sociedades, pero sí que éstas serían peores de lo que son si la sociología no les devolviese la imagen de ellas mismas más o menos verosímil y, en la mayor parte de los casos una imagen bastante poco complaciente”[74]. En esta misma línea de pensamiento, un referente significativo fue El espíritu sociológico Bernard Lahire que enuncia que la sociología combate el sostenimiento de cualquier ilusión sobre el mundo social[75]. Esta premisa coincide con la idea de Norbert Elias (2011) acerca de la tarea central de la sociología como una ciencia cazadora de mitos, los sociólogos
se esfuerzan por sustituir imágenes de secuencias factuales, mitos, creencias y especulaciones metafísicas no comprobables sobre la base de la observación de hechos por teorías […] esta caza de mitos, el desenmascaramiento del hecho de que las grandes mitificaciones son insostenibles si se les contrasta con los datos de la realidad[76].
Todos estos razonamientos acerca del papel de sociólogo -y en general del científico social- en relación con los datos que mostraban una realidad compleja del movimiento condujeron a establecer un distanciamiento con visiones apasionadas, comprometidas ideológicamente con los movimientos indígenas, así como también de propuestas militantes que, como “formas de investigación que por compromiso entienden la noble e inequívoca visión de decir y escribir todo lo necesario para confirmar y reafirmar que los malos son malos y los buenos son buenos”[77]. Por lo tanto, los resultados mí investigación dan cuentan de matices, tensiones y conflictos en las relaciones de poder inscritas en el régimen asambleario en Cherán, que mantienen una distancia con descripciones ajustadas a ideales e ideologías comprometidas y militantes, para dar paso a una imagen más completa y balanceada de las relaciones de poder inscritas en el régimen asambleario.
En suma, el proceso de compromiso secundario abarcó una serie de etapas y operaciones que reflejan -retrospectivamente- un cambio del predominio del compromiso hacia el predominio del distanciamiento. Además, el relegar el compromiso a un segundo plano, me permitió no velar información recolectada en campo, incluso si esta contradecía la imagen idealizada del movimiento indígena comunitario. En mi opinión, este proceso permitió mostrar una imagen más realista de las relaciones de poder presentes en el régimen asambleario del gobierno comunal.
A modo de conclusión
La discusión sobre el compromiso y el distanciamiento en la construcción del conocimiento ha sido un tema recurrente en las ciencias sociales. Sin embargo, en la actualidad este debate es especialmente relevante debido a la proliferación de orientaciones comprometidas, activistas y militantes, principalmente en antropología social, pero que han penetrado en las ciencias sociales. En términos generales, en América Latina se ha observado una marcada tendencia hacia estas posiciones académicas desde la década de los cuarenta del siglo XX, cada vez es más frecuente encontrar investigaciones que ponen el énfasis en el compromiso por sobre el distanciamiento. Una muestra reciente de esta condición es la abundancia de investigaciones sobre el movimiento indígena en Cherán, en la que, a pesar de encontrar casos que recorren el continuo entre compromiso y distanciamiento, es evidente que existen ejemplos de investigadores que se comprometen política e ideológicamente con los objetivos del movimiento.
Los estudios de grado o posgrado que implícita o explícitamente manifiesta una postura militante o activista pueden caer en el sesgo militante, lo que significa que pueden omitir información que contradice la autoimagen del movimiento, en favor de mantener un compromiso político e ideológico. Basándome en mi propia experiencia de investigación, es posible advertir que las investigaciones comprometidas con el movimiento indígena comunitario de Cherán tienden a enfatizar el compromiso y situar en un segundo plano el distanciamiento. Estas versiones de una ciencia políticamente comprometida a menudo reflejan lealtades y pasiones políticas de los investigadores, lo que se traduce en juicios de valor y presupuestos que enmascaran una versión más equilibrada sobre el microcosmos comunitario que estudian. En el transcurso de estos años, los académicos militantes comprometidos han contribuido a la difusión de la autoimagen del movimiento con un reducido cuestionamiento.
Con respecto a mis investigaciones que son objeto de reflexión, la disposición ideológica implícita en la tesis de maestría da cuenta de cómo el compromiso con el movimiento indígena comunitario contribuye a mermar la presentación de una visión balanceada sobre el objeto de estudio. Si bien los datos contenidos en el resultado de la investigación no son erróneos ni mucho menos descalifican la investigación, reflejan una orientación donde el compromiso domina sobre el distanciamiento. Por otra parte, en el marco de mi investigación de doctorado, el tránsito entre una visión más centrada en el compromiso a una orientación más apegada al distanciamiento implicó situar mis creencias e ideales políticos en un segundo plano. En retrospectiva, esta transformación no se planificó de antemano, sino que fue el resultado de diversos factores que se ensamblaron a lo largo del proceso de investigación en un esquema que se asemeja a la formulación de compromiso distanciado de Norbert Elias. En esta línea, los ideales e ideología compartidos con el movimiento indígena comunitario de Cherán, no se desvanecieron por completo, sino que adquirieron una posición secundaria con respecto al distanciamiento reflexivo racional.
En definitiva, en toda forma de construcción de conocimiento está implicado un balance entre compromiso y distanciamiento. El reto para toda investigación es encontrar un equilibrio entre el compromiso político e ideológico con las poblaciones estudiadas y una actitud de distancia crítica, para dar cuenta de una visión más balanceada y completa de la realidad social estudiada. Una actitud demasiado distanciada del investigador puede carecer de profundidad en la comprensión del punto de vista de los actores estudiados. Por otra parte, un enfoque excesivamente comprometido puede generar una representación estereotipada que se ajuste más a los deseos e ideales de los investigadores y de las organizaciones, comunidades, movimientos políticos o grupos estudiados, que a la producción de un conocimiento que retrata tanto las características positivas como negativas encontradas en el proceso de investigación.
Notas
Quirós, Julieta, 2014, Ob. Cit., p. 63.