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UNA APROXIMACIÓN A LA FIGURA, ROL Y SUPERVIVENCIA DEL SANTIGUADOR EN LA POBLACIÓN TRADICIONAL DE JAYANCA (PERÚ)
AN APPROACH TO THE FIGURE, ROLE AND SURVIVAL OF THE SANTIGUADOR IN THE TRADITIONAL POPULATION OF JAYANCA (PERÚ)
UNA APROXIMACIÓN A LA FIGURA, ROL Y SUPERVIVENCIA DEL SANTIGUADOR EN LA POBLACIÓN TRADICIONAL DE JAYANCA (PERÚ)
Andes, vol. 34, núm. 1, pp. 255-287, 2023
Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Recepción: 23/03/2022
Aprobación: 24/04/2022
Resumen:
La presente investigación explora la figura y rol del santiguador, en la población tradicional de Jayanca, departamento de Lambayeque-Perú. Se busca aproximarnos y entender las particularidades que lo caracterizan, el rol que cumple en la dinámica social de la población tradicional, su ritual de sanación, su asociación con la religiosidad popular y los factores y causas que han permitido que su figura y su práctica inicien un proceso de repliegue. La investigación se basa principalmente en el testimonio de don Augusto Bustamante Coico (santiguador del distrito de Jayanca) y datos recolectados en entrevistas a santiguadores de la Región Lambayeque-Perú y pobladores del distrio en mención. Se concluye que la figura del santiguador está fuertemente asociada a su devoción por las prácticas católico-cristianas, expresadas en lo público y lo privado, permitiéndole ser reconocido por su comunidad; también, desempeña un rol de atención en primeros auxilios en el tratamiento y/o curación de males/enfermedades y su figura está asociada a elementos afrodescendientes manifestados en los seudónimos utilizados para nombrarles. Cabe señalar que, la dinámica de los factores socio-económicos, religiosos y médicos tecnológicos, es decir, la presencia de empresas agro-exportadoras y población migrante, de grupos religiosos no católicos, y el avance en la cobertura de la medicina moderna y especialistas médicos, han alterado de manera significativa a la población tradicional de Jayanca, y, por ende, la figura y rol del santiguador.
Palabras clave: Especialista ritual, prácticas tradicionales de sanación, etnografía, enfermedad popular, proceso de repliegue..
Abstract: The current research explores the figure and the role of the santiguador at Jayanca’s traditional population in Lambayeque Region in Peru. The research seeks an approximation on the understanding of the particularities of santiguador's features, its role in the social dynamic of Jayanca’s traditional population, its ritual of healing, its relationship with popular religiosity and factors and causes that had made its figure and practice to begin a process of survival. This research is based primarily in the testimony of Augusto Bustamante Coico (santiguador of Jayanca district) and data collected in santiguadores from Lambayeque Region. The research concludes that the figure of a santiguador is strongly related to its devotion to catholic-Christian practices, which are expressed in the public and private spheres of life, allowing the santiguador being recognized by its own community. Besides, the santiguador carries out a role on giving first aid in the treatment or healing of illness, and its figure is related to elements from Afro offspring population. It is important to mention that the socio-economic, religious, and medical-technological dynamics—i.e., agro-export companies and migrant population, non-Catholic religious groups and modern medicine and medical specialists—have changed in a significant way the traditional population of Jayanca and therefore the figure and role of santiguador.
Keywords: Ritual specialist, traditional healing practices, ethnography, folk illness, fallback process.
En memoria a doña Rosa Ramos Ramírez,
en donde esté, cure y santigüe.
Introducción
La palabra Santiguador proviene del verbo transitivo “santiguar”, término a la vez procedente de sanctificāre, palabra latina tardía que significa santificar. Según la Real Academia Española 'santificar' es “hacer la señal de la cruz desde la frente al pecho y desde el hombro izquierdo al derecho, invocando a la Santísima Trinidad”[1] o la acción de hacer cruces diciendo ciertas oraciones sobre alguien/algo o una acción ocurrida para causar miedo, sorpresa o admiración[2].
La imagen o figura del santiguador, al igual que la imagen de las “brujas, los curanderos, saludadores, y con ellos, los rezados y ensalmos”[3], nace de la mezcla cultural de las prácticas curanderiles autóctonas de los aborígenes americanos, los sistemas terapéuticos de los esclavos traídos del África, los colonos españoles/portugueses y las prácticas religiosa-populares del Cristianismo Católico.
El descubrimiento del Nuevo Mundo ocasionó la creación de nuevas rutas comerciales durante el siglo XV y XVI; tomando gran protagonismo los puertos españoles, que cumplieron el rol de enclaves comerciales y puntos de convergencia complejos para el intercambio de prácticas culturales, conductas e ideas. Esta complejidad de influencias culturales diversas llegó a los nuevos territorios conquistados de la corona española a través de las migraciones europeas y el tráfico de esclavos traídos del África, mezclándose con las prácticas locales de las sociedades autóctonas del área del Caribe, el área Andina (norte, centro y sur) y las Filipinas.
La llegada de esclavos africanos al área Andina Central, en grupos reducidos y en especial a la costa norte peruana, fue una solución 'inmediata', aunque no efectiva a la continua escasez de mano de obra en las haciendas o fincas, reemplazando a los mitayos[4], cuyo número empezó a descender debido al exceso de trabajo, enfermedades y/o huidas[5]. Estos grupos de esclavos convivieron con poblaciones indígenas cercanas, creando lazos culturales que han perdurado hasta la actualidad.
La práctica de santiguar, entonces, adopta una simbiosis de las creencias, las simbologías y los patrones culturales andinos[6]. No obstante, debido a los fenómenos sociales, económicos e ideológicos (globalización, cambio de las actividades económicas familiares, llegada de grupos evangélicos, las migraciones del campo a la ciudad, entre otros) se ha iniciado la transformación, integración, repliegue o desaparición de muchas de estas prácticas culturales, siendo una de ellas la de los santiguadores.
El santiguador -o también llamado curioso[7]- es un especialista ritual, el cual, desde una perspectiva popular, es una clase de curandero, cuyo rol en la sociedad está ligado a la religiosidad popular. Por lo tanto, es un actor social que, con el paso de los años, tanto él como sus prácticas sanatorias, han sufrido modificaciones o reconfiguraciones en la cotidianidad y dinámica social de las poblaciones tradicionales. Estas se deben a cinco factores: 1.- El cambio de la dinámica económica de los pobladores causado por la llegada de las empresas agro-exportadoras; 2.- las migraciones de pobladores de la zona andina y la selva hacia la costa; 3.- la diversificación de prácticas religiosas y de sanación; 4.- promovida por la falta de oferta y demanda de la iglesia católica y el crecimiento y el avance de las iglesias evangélicas; y 5.- el avance del desarrollo científico en relación a la ciencia biomédica y el acceso a un seguro integral de salud estatal. Por tal motivo, esta investigación se desarrolló desde el enfoque etnográfico el cual “constituye una concepción y práctica de conocimiento que busca comprender los fenómenos sociales desde la perspectiva de sus miembros (entendidos como “actores”, “agentes” o “sujetos sociales”)”[8].
Las poblaciones tradicionales “son aquellas que presentan una mayor dependencia de los recursos naturales en los territorios donde viven, manteniendo con ellos vínculos de naturaleza económica, social y simbólica”[9]. Los pueblos del norte del Perú, como el distrito de Jayanca, no son la excepción. A pesar que, el estilo de vida tradicional ha sido reemplazado en su mayoría por lo moderno- lo urbano (efecto de la globalización); y los fuertes cambios socio-económicos acelerados producto de las actividades económicas no tradicionales, generados principalmente por la presencia de empresas agro-exportadoras e industriales. Aún, las poblaciones mantienen sus dinámicas económicas tradicionales, y, en menor medida, las prácticas asociadas a la recurrencia de los especialistas rituales y a la medicina tradicional, lo cual ha provocado un estado de resistencia frente a los cambios de origen económico, social y educativo[10].
Este artículo nació como parte de una investigación llevada a cabo, entre los meses de julio y septiembre del 2019, sobre los especialistas rituales de las poblaciones tradicionales de la costa norte de los Andes Centrales. Nuestra área de estudio es el distrito de Jayanca, provincia de Lambayeque, departamento de Lambayeque-Perú, mostrando especial interés en la figura del santiguador, personaje característico en el ideario popular de esta población. Jayanca fue el principal pueblo indígena perteneciente al cacicazgo de Xayanca[11] y estuvo asentado en las faldas del cerro Zurita[12]. Fue elevado a categoría de ciudad el 7 de noviembre de 1955. Esta investigación es una aproximación al entendimiento y rol del santiguador, a través de una perspectiva etnográfica. Un avance que muestra los primeros resultados de un trabajo mucho más amplio y profundo sobre especialistas rituales y las prácticas tradicionales de sanación en la costa norte del área andina de Perú.

Muestra de la investigación y metodología de campo
En Jayanca, tras indagar sobre pobladores dedicados a la actividad de santiguar, iniciamos como punto de aproximación, una entrevista a Augusto Bustamante Coico (varón de 89 años de edad, en el momento que se realizó la entrevista). Se le comunicó el trabajo a realizar y aceptó, bajo consentimiento informado, la publicación de los resultados. Nos comentó el fallecimiento de todos los santiguadores conocidos por él. Por tal motivo, debido a que, la muestra era relevante, se decidió entrevistar a santiguadores residentes fuera de la jurisdicción del distrito de Jayanca con el fin de aproximarnos y entender de una manera más clara y profunda el personaje, sus prácticas de sanación tradicional, el ritual de santiguar, su rol en la sociedad y las características del proceso de repliegue de esta actividad, para cotejarla con la información obtenida en el área de interés: el distrito de Jayanca. Para ello se entrevistó a dos santiguadoras: doña Rosa Ramos Ramírez de 72 años, y a la señora Mirian Cabrera Ramos de 51 años, ambas guardan una relación consanguínea de madre e hija. Ellas viven en el distrito de Chiclayo-Lambayeque, pero por motivos de salud, doña Rosa ya no ejerce esta actividad.
Para comprender con mayor claridad se consultó otras fuentes: se entrevistó a seis pobladores del distrito de Jayanca (cuatro adultos, mayores de 50 años; y dos jóvenes de 34 y 24 años) quienes habían sido santiguados y/o habían llevado y acompañado a algún familiar durante el ritual con el fin de entender las causas del por qué recurrir a esta práctica tradicional de sanación y la falta de requerimiento de la misma (desuso, perdida y extinción); además utilizamos la base de datos de los censos 1993, 2007 y 2017 del Instituto Nacional de Estadística e Informática del Perú (INEI), con el fin de cruzar la información estadística de las variables relacionadas a la migración de personas, actividad económica, población afiliada a seguros de salud (SIS- Seguro Integral de Salud y EsSalud – Seguro Social de Salud) y religión que se profesa, en la jurisdicción del distrito de Jayanca.
La recolección de datos durante la fase de campo fue mediante la entrevista dirigida y etnográfica. Ello permitió desarrollar de manera correcta la relación informante-investigador, logrando conseguir amplia y compleja información para situar en un contexto determinado la investigación, alcanzando materializar los objetivos trazados. Los datos se recogieron bajo la siguiente forma de registro: escritos (notas de campo), imágenes (fotografía y video) y audio. Propiciando un registro detallado, sistemático y cuidadoso de la información durante el trabajo de campo.
¿Quién es el santiguador?
El santiguador es un especialista ritual o un experto en el manejo de elementos rituales asociado a la religiosidad popular; relacionado a la sanación o tratamiento de dolencias, males o enfermedades[13]. Cumple la función de mediador “…dentro del proceso ritual de sanación durante el que se diagnostica el mal dolencia…”, siendo un operador ritual que [letras en negrita del autor] “…administra la cura correspondiente a través del santiguado, el tratamiento mágico-empírico y/o el tratamiento físico-empírico y correspondiente”[14]. La administración de la cura -por parte del santiguador- se da a través de la realización de la señal de la cruz (por medio de masajes, de la acción de limpia o del santiguado), mientras repite rezos y oraciones.
Por ello, el santiguador es un tipo de curandero menor o llamado también “curioso”, palabra con la cual se hace referencia a las personas que curan con rituales y/o saberes medicinales locales; en otras palabras, a los especialistas rituales o especialistas en medicina tradicional. Esta denominación se le otorga dado que, en el contexto de los Andes Centrales, específicamente en el norte del Perú, existe la presencia del Curandero o Maestro curandero, considerado un especialista ritual de mayor rango.
Enfermedades culturales que cura o trata el santiguador
El santiguador cura y/o trata males denominados síndromes culturales (culture bound syndrome), enfermedades populares (folk illness) o sociales, males o dolencias comunes, por la bibliografía especializada. Para el área andina existen varias tipologías de los síndromes o enfermedades culturales, sociales o populares, entre ellas: 1.- Polia [15], las clasifica en dos tipos: a) enfermedades de origen-mágico, y b) enfermedades de origen no-mágico. 2.- Chiappe, Lemlij y Millones [16], las clasifica en dos tipos: a) enfermedades de daño, y b) enfermedades de Dios. 3.- Delgado Sumar[17], las califica en tres tipos: a) de origen sobrenatural, b) de origen natural, y c) de origen humano. 4.- Valdivia[18], las califica en seis tipos: a) síndromes relacionados con las fuerzas sobre naturales que sustraen o “roban el alma” del paciente, b) Síndromes en relación con las almas de personas fallecidas, c) síndromes ocasionados por la acción de personas de la comunidad social, d) síndromes debidos al influjo de elemento del ambiente físico, e) síndromes ocasionados por una situación conflictiva, y f) síndromes proyectivos.
Al santiguador se le asocia, por lo general, a la curación del mal de ojo y del susto (los más controvertidos y estudiados por excelencia); aunque también, cura o trata el chucaque y el mal de aire, y en algunos casos, la punzada.
Enfermedades de origen mágico o de daño: Mal de ojo u ojeado
Denominado, también, ojeakasha (espina de ojo -en su traducción literal del idioma quechua lambayecano o norteño y hablado por las poblaciones de Inkahuasi, Kañaris y Salas del departamento de Lambayeque-Perú). Es una enfermedad cultural de origen mágico, que afecta por lo general a bebés y niños, y animales, y en menor medida a plantas y personas mayores. Es producido por personas consideradas de sangre o mirada fuerte y/o tienen una fuerte empatía o cariño hacia alguna persona, animal o planta, generando dolor de cabeza, vómitos, náuseas, diarrea, pérdida de sueño, entre otros, perturbando la salud del individuo. En el caso de los animales, en especial aves y plantas, estás pueden morir o marchitarse, o el fruto puede no madurar y caer de la planta.
El mal de ojo se cura con el santiguado, ritual de sanación que caracteriza al santiguador. Este consiste en mover su mano y su brazo más diestro en forma de cruz, mientras se repiten oraciones en series. Si el mal de ojo es persistente o fuerte, se atribuye a la debilidad del individuo, por ser de corta edad o por haberse acostumbrado a que lo ojeen[19]. El santiguador puede santiguar utilizando una vela, una piedra alumbre, tijeras, aguja, cuchillo, y en algunos casos, un asta de venado. Cabe señalar que, los chamanes o curanderos santiguan con patas y astas de venado, y en algunos casos, con espadas. Durante el santiguado, el santiguador tiene ciertos síntomas; entre ellos: el bostezar, eructar, lagrimear y/o cansancio con el brazo que santigua. Esto se va a intensificar dependiendo de la gravedad del ojeo.
También, para curar el mal de ojo, se utiliza el ritual de la limpia, que por lo general se realiza con huevo, vela o piedra alumbre. Cabe señalar, que, en el caso de usar huevo, luego de la limpia, se quiebra y se vierte en un vaso de vidrio o cristal llenado a la mitad con agua, lo cual permite ver el tipo de mal que aqueja al paciente; y si es, mal de ojo, este se manifestará emitiendo burbujas que suben y se observaría “una telita bien finita como si la clara del huevo se hubiera empezado a cocinar…”[20].
Susto
Llamado, también, manchakusha en el idioma quechua lambayecano o norteño por los pueblos de Inkahuasi, Kañaris y Salas del departamento de Lambayeque-Perú. Esta enfermedad de origen mágico puede ser ocasionada por un animal o espíritu. Al igual que el mal de ojo, el susto es una enfermedad popular presente en la poblaciones autóctonas -antes de la llegada de los europeos[21]-y mestizas del área americana[22].
Los síntomas de este mal son la falta de sueño, pérdida del apetito, depresión, pérdida de peso, aparición de desgano (pérdida de fuerza), decaimiento. Los grupos originarios u autóctonos lo asocian con la pérdida del alma o que el alma ha salido del cuerpo debido a un contacto con algo sobrenatural o una acción natural. Por ejemplo, si una impresión ha perturbado la tranquilidad del individuo, es mediante la ejecución de rituales por parte de los especialistas de sanación que esta regresa o encuentra su camino al cuerpo. Es importante señalar que, el susto es considerado un daño o un tipo de este.
El susto, como mal, afecta a cualquier ser humano, ya sea infante o anciano. Este puede ser tratado por el santiguador, al igual que el limpiador, la partera y/o el curandero[23]. Se cura a través del ritual de 1.- la limpia, para lo cual se emplea papel periódico, hojas de la totora[24], una vela o cuy; 2.- uso de bebidas como infusiones [toronjil (Melissa officinalis), sauco (Sambucus peruviana), apio (Apium graveolens), perejil (Petroselinum crispum), manzanilla (Matricaria recutita), entre otras]; 3.- En la sierra sur del Perú, sobre todo en Huánuco, se realiza el baño de tierra[25]; 4.- frotar el cuerpo del enfermo con diversos tipos de flores (llamado en la sierra sur shogpi); 5.- Aplicar rezos y masajes al cuerpo del enfermo; entre otros.
En el caso de que el daño sea leve, el santiguador puede curar al individuo enfermo en dos o tres sesiones rituales; si este mal no puede ser curado o en primera instancia es diagnosticado por el santiguador y determinado como grave, se recurre al chamán o curandero/a.
Enfermedades de origen no-mágico o de Dios: Chucaque
Es una enfermedad cultural de origen no-mágico y de origen psicológico, con tratamiento o cura ritual. Es causado por una contracción muscular, que, por lo general, genera dolores en la cabeza o el vientre/estómago. Puede ser ocasionado por una situación embarazosa o una impresión desagradable[26] generando en el individuo angustia, bochorno o malestar[27]. También, puede originarse por descansar o dormir en mala postura.
Este mal afecta, tanto a infantes, adolescentes y adultos, y se manifiesta a través de fiebres, malestar focalizado (zona afectada) o general. El tratamiento o cura del chucaque puede realizarse de tres formas diferentes: 1.- Uso de medicina natural, para lo cual, el santiguador realiza oraciones en voz baja, mientras el enfermo ingiere una infusión preparada por él. En el caso de las poblaciones quechua-hablantes de Lambayeque, comúnmente, se suele utilizar las semillas molidas del Charachango .Couepia guianensis). 2.- Masajes, aplicados sobre la zona afectada para generar la circulación óptima por los tejidos musculares y la relajación de los mismos; si el dolor es en la cabeza, se enrolla una pequeña porción de cabello a la vez y se jala cuidadosamente, para resolver la contracción muscular; si el dolor es en el abdomen o la espalda, se realiza el masaje hasta que el dolor sea atenuado o desaparezca. La señal de desaparición de la contracción o del dolor, muchas veces, culmina con un sonido denominado “flojera”, ocasionado por el movimiento con cierta fuerza y postura entre dos huesos unidos por una articulación. 3.- La frotación con huevo o vela realizada, se realiza sobre la zona afectada, donde el santiguador usa estos objetos para absorber el mal o la energía, sanando o tratando al enfermo. Cuando el chucaque es persistente (fuerte o muy fuerte), es denominado “chucaque sonso”[28], el cual es tratado en dos o tres sesiones de masajes.
Mal de aire
También conocido como Aire Wayra, en el idioma quechua lambayecano o norteño por los poblados de Inkahuasi, Kañaris y Salas del departamento de Lambayeque-Perú. Es una enfermedad o síndrome cultural de origen natural ocasionado por el influjo de elementos del medio ambiente, muy común en el área andina; o también, por los cambios repentinos de temperatura corporal[29]. Para el hombre del Ande, las fuerzas de la naturaleza son entes vivos que juegan un rol activo en el medio geográfico y del hombre siendo parte de su cosmovisión. Por lo tanto, el aire en su ente vivo, poseedor de poder y voluntad, puede ser contaminado[30] y/o alterado. Cabe señalar que, esta connotación sobre el aire o viento tienen un fuerte arraigo y significado aún en la sierra y Amazonía del Perú, existiendo o concibiéndose distintos tipos de afectaciones dependiendo el tipo de “aire o viento” (su origen), la forma como entra al cuerpo del individuo, y la sintomatología o nosología que se manifiesta en el enfermo.
Este mal puede afectar a bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos o ancianos; y para su curación o tratamiento, el individuo enfermo debe consumir infusiones de la hierba luisa y la hoja de coca, la cual se coloca sobre la sien del enfermo. Además, esta se puede mezclar con grasa animal, moliendo y mezclando las hojas para formar un ungüento[31]. También, se utiliza las hojas de papel periódico, enrollándolas para posteriormente prenderles fuego, colocando el periódico cerca a la parte afectada. Es decir, en la cabeza, oído o estómago, generando un cambio de temperatura que permite curar el mal y aliviar el dolor del enfermo.
Religiosidad popular y el santiguador
La religiosidad de los pueblos indígenas andinos contemporáneos es
constituida por una compleja interacción teológica entre los elementos
originales y los cristianizados desde fenómenos e ideologías
históricamente producidas, tales como imposición, interpenetración,
extirpación, sincretismo, resistencia y reinvención[32]
Por lo tanto, la religiosidad popular es parte del carácter de los pueblos tradicionales; y las poblaciones del norte del Perú no son la excepción.
La religiosidad popular está asociada con las prácticas católicas, actividades y expresiones (festivas y colectivas) que derivan de la institución eclesiástica. Dicho en otras palabras, propiciadas por la comunidad con motivo de celebraciones religiosas, como, por ejemplo: las peregrinaciones, las fiestas patronales, la adoración o el culto a imágenes y santos del imaginario y liturgia católica, así como en otros festejos cotidianos (bodas, bautismos, confirmaciones, entre otras)[33].
Lo que visibiliza y asocia a este especialista ritual es su devoción hacia la liturgia católica, su participación activa dentro de su comunidad de fe y la veneración de los santos e imágenes, siendo considerados como sus ayudas o protectores. En algunos casos, el santiguador ejerce la mayordomía o es parte de la organización de las actividades tanto religiosas como festivas (planificación y administración como parte del comité) dando notoriedad a su figura. Por ello, desde su función dentro de estas actividades y su participación como fiel feligrés exterioriza su fe ante su comunidad. Los rituales y celebraciones que acompañan estas expresiones de fe están cargadas de una serie de símbolos y signos, entre ellos la cruz, del cual recibe su nombre, y, al cual los pobladores -en especial- lo asocian con lo católico. En conclusión, es a través de estas actividades que el santiguador se visibiliza ante el pueblo como hombre devoto y de fe.
Proceso del santiguado: Práctica y Ritual
Las características de la práctica y el ritual del santiguador varían de elementos intrínsecos y complementarios dependiendo de quién “le ha enseñado o ha transmitido” el oficio. Por ejemplo, si el santiguador ha heredado o ha aprendido la práctica de una persona dedicada al curanderismo, durante la sesión de santiguación puede identificar la zona donde se padece la dolencia con sólo sostener el brazo y tocar la zona de la muñeca del paciente. Además, luego del ritual, a veces, el santiguador realiza la limpia al enfermo[34]. Si ha heredado la práctica de un “adivino” o “sorteador” el santiguador después del ritual puede ver quién hizo el daño o lo que le depara el futuro al afectado; si ha heredado la práctica de un naturista luego del ritual, por lo general, le recomienda o prepara alguna “pócima” hecha de plantas medicinales[35]. En otras palabras, el santiguador realiza algunas prácticas del “personaje” de quién ha aprendido, aunque, este puede ser realizado con un patrón distinto del utilizado por el especialista ritual que lo enseñó.
También, algunos santiguadores atienden a perros, gatos, aves, etc., que han sido afectados por el “mal de ojo”, pero en la muestra del área de Jayanca no hemos hallado o identificado esta práctica. Sin embrago, las personas entrevistadas en esta investigación, nos confirmaron lo antes mencionado.
El ritual, los rezos y la sanación a través de la santiguación
En este acápite describiremos el ritual de santiguación que da el nombre a este especialista ritual y que está asociado a la curación del “mal del ojo” y el “susto”; no obstante, es necesario precisar que, los santiguadores también curan y/o tratan otros males como el “mal del aire”, y realizan prácticas como, por ejemplo, la aplicación de masajes en la cabeza, espalda y vientre para curar las dolencias ocasionadas por el “chucaque”.
El santiguador antes de iniciar el ritual de santiguación lava sus manos en señal de purificación e higiene. Luego reconoce el tipo de mal que aqueja a la persona (mal de ojo, el chucaque o el susto). Algunos santiguadores, pueden identificar la parte afectada del cuerpo del individuo enfermo tocando la articulación que une el antebrazo y la mano, es decir los huesos cúbito y radio al carpo, que comúnmente se conoce como la “muñeca”.
El acto de santiguar tiene un orden de rezos y un número de repeticiones. El ritual inicia cuando el santiguador se persigna “en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo”. Luego se posiciona frente al individuo enfermo y empieza con una serie de oraciones, siendo la primera de ellas el Padre Nuestro, simultáneamente realiza la señal de la cruz con los dedos, la cual ejecuta juntando el pulgar con el índice, este último con su falange distal y medial hacia adelante y empieza con el movimiento de su mano y brazo de arriba (cabeza) hacia abajo (pecho), de izquierda a derecha; estos movimientos se realizan durante todo el ritual. Luego del Padre Nuestro sigue el Ave María, y después el Credo, haciendo un intervalo para realizar una oración personal en la cual se menciona el nombre del individuo enfermo (niño/a, adolescente, joven, adulto o anciano/a) y se ruega a Dios que le quite el mal que le aqueja y lo sane. Estos rezos se realizan en voz baja y siempre con devoción y respeto. Luego de terminar la primera secuencia de rezos esta se repite en un total de dos a tres veces más, durando en su totalidad, el ritual, quince minutos aproximadamente.
La práctica de santiguar está relacionada a la religiosidad popular y por ende al imaginario católico religioso. Cada santiguador tiene un protector, quien puede ser un santo, una virgen, una cruz o un niño Jesús. Ellos están presentes en sus rezos y oraciones, como también, materializados en pequeñas estatuillas, cuadros, accesorios, entre otros; ubicados en pequeños altares o en cualquier parte de su casa, como por ejemplo, arriba del dintel de la puerta. Los santiguadores conciben que la persona enferma sólo debe creer en Dios, pues es el único que sana[36], viendo la figura de la virgen, los santos, las cruces, entre otros, como intercesores.
Después del Ritual y El saber Medicinal Local
Después del ritual, el santiguador siente cansado el brazo con el que ha santiguado al enfermo.
Entrevistador: ¿Qué sucede después de santiguar al enfermo?
ABC: El brazo
Entrevistador: Pero ¿Sólo el brazo?
ABC: El brazo… si es con el brazo de la izquierda, te duele la izquierda, si es con la derecha, te duele la derecha; como que el brazo se va cayendo, cayendo[37].
El dolor del brazo dura una o dos horas aproximadamente. Para calmar el dolor se utiliza alcohol o alguna pomada que es frotada sobre el brazo para relajar los músculos. El cansancio sentido por el santiguador (según nos explicó el entrevistado), se debe a la energía negativa de la persona enferma, con la cual ha teniendo contacto durante el ritual[38]. Los efectos de sanación a través de la santiguación, según don Augusto, sólo tienen efecto en quién cree puede ser sanado a través de esta práctica y tiene fe en Dios[39].
Algunos santiguadores, después que la persona enferma ha sido sanada, preparan y/o recetan brebajes, que ayudan a restaurar y recuperar el estado físico y mental del individuo. Posteriormente, a modo de prevención para que la persona no vuelva a ser “ojeada”, “asustada”, “avergonzada” o no le aqueje algún otro mal, se le sugiere usar algún amuleto (prenda, collar, pulsera, entre otros). Los amuletos usados en Europa, por ejemplo, aquellos citados por Bienes y Kohl[40], como las pulseras rojas, los escapularios, el ojo turco, etc., son reemplazados, en algunos casos, por los de uso común en el área central de los Andes, los cuales tienen una simbología o connotación en el imaginario del hombre andino, por ejemplo, el calabacito o potito elaborado a base de semillas[41].
El rol del santiguador en la población tradicional de Jayanca
Las poblaciones tradicionales a lo largo de la historia han tenido procesos dinámicos de cambio social-cultural-económico-político, lo cual ha generado sobre todo a partir del XXI que las concepciones sobre su medio circundante (territorio y naturaleza) y simbólico se modifiquen de manera drástica, asumiendo nuevos valores de interpretación e importancia.
Los pueblos de la región Lambayeque en Perú no son la excepción. Sus poblados han compartido y comparten lazos culturales y sociales en común desde periodos bastante tempranos de la historia andina (evidenciados en el registro arqueológico a través de expresiones iconográficas, patrones funerarios, cosmovisión, etc.), como también de los que fueron producto de la imposición, extirpación, sincretismo, resistencia y reinvención de la tradición andina ocasionados por la cristianización, la invasión europea a esta parte del Perú y el comercio de esclavos durante el virreinato. En pocas palabras el mundo andino tuvo un fuerte proceso de occidentalización, donde “la civilización occidental, como toda civilización, se ha desarrollado sobre la base de un sistema de creencias, de una mitología y de un estilo de vida peculiar y fuertemente influenciada por el Cristianismo”[42].
La occidentalización de los Andes agregó elementos a la identidad colectiva de la sociedad andina, sobre todo a raíz de la evangelización de la Iglesia Católica en la época de la colonia, generando una transformación que ocasionó un cambio profundo en la vida religiosa del hombre andino, tanto individual como colectiva, privada y pública. La religiosidad de los Andes encontró similitudes en las prácticas y manifestaciones católicas, donde el hombre andino halló en los santos, vírgenes, cruces y cristos características intrínsecas retratadas de las “Wakas” móviles, los “mallquis”, las procesiones y las peregrinaciones, volviéndose esto un sincretismo cultural que formó y forma parte de la expresión y religiosidad popular de los pueblos[43].
La sanación de dolencias, enfermedades o el evitar sucesos de la vida cotidiana, como accidentes, se exterioriza a través de una de las expresiones más frecuentes: el acto de persignarse, que refleja la creencia asociada a la cruz, símbolo apotropaico más usado por las sociedades occidentales o de fuerte influencia occidental[44]. La sanación relacionada a las prácticas de medicina natural o las artes curanderiles está inmersa en un sincretismo occidental y andino: lo occidental (espadas), el imaginario católico (los santos, ensalmos y rezos) y lo andino (los productos de origen local- San Pedro, Ayahuasca, plantas curativas, alumbre, piedras de diferente origen-alter ego, el cuy, etc.). Entrelazando a ello las costumbres traídas por la población afro. Por tal motivo, dentro de la cultura popular los personajes relacionados a la curación, tanto física como espiritual, jugaron un rol predominante en la dinámica de las sociedades tradicionales. Es allí donde aparece la imagen del maestro curandero o brujo, el yerbatero, el adivino, y el santiguador[45].
Si se realiza una comparación entre el rol y figura del santiguador y el contexto actual, su función en la población tradicional de Jayanca sería o se asemejaría al de una persona que brinda los primeros auxilios; como expresa don Augusto.
Entonces si una persona, ya sea bebé, niño, adolescente, anciano o adulto, presentaba dolor de estómago, de cabeza o alguna dolencia física ocasionada por algún mal no físico, estos recurrían al santiguador en primera instancia, quién curaba la dolencia.
Entrevistador: ¿Qué rol cumplía o cumple el santiguador en el pueblo?
ABC: Él que te atiende rápido cuando tienes dolor, que da los primeros auxilios cuando alguien está enfermo. Como el paramédico o el enfermero [46].
Estereotipos en relación a la figura del Santiguador
De los discursos ofrecidos durante las entrevistas, se ha identificado estereotipos alrededor de la figura del Santiaguador. Es decir, creencias populares que le designan ciertos roles o características a determinado grupo social.[47] Existe la creencia que las personas de color o de tez oscura son más hábiles o tienen más desarrollada la habilidad para sanar. Por citar un ejemplo, en el distrito de Jayanca, algunos santiguadores tuvieron por apelativo los siguientes adjetivos: (la) Negra, (el) Negro, (el) Zambo, (la) Mocarro.
Igualmente, en las entrevistas realizadas en el distrito, se pudo constatar una diferenciación en la figura del santiguador, entre personas de tes blanca y personas con tes más oscura. Esta división dicotómica se basa en una distinción entre quienes pueden ejercer o están más aptos para el ejercicio de la sanación y quienes no.
Entrevistador: ¿Por qué una persona de tes clara o blanca no puede ser santiguador?
ABC: Un blanco no. El blanco es malo… Ha causado daño[48].
MBS: La hija de la señora Pola, la negra, ella es santiguadora. Si preguntas a la gente te van a enviar donde los negritos”.
Entrevistador: ¿Por qué?
MBS: Dice la gente que los negritos [afrodescendientes][49] son buenos santiguando[50].
El estereotipo del afrodescendiente, en base a la información recolectada, se asocia al curanderismo y/o a los actos de curación exitosos o efectivos, otorgamiento dado por el poblador de la zona rural y urbana del pueblo de Jayanca. Algo que no ocurre con el estereotipo del mestizo, quien si ejerce labores curanderiles es visto con desconfianza, asociándosele en algunos casos a la charlatanería o falso curanderismo. Caso contrario ocurre con el estereotipo asociado al cholo o indio, observado con confianza y respeto por parte de las personas que recurren a estos curanderos, debido a su asociación con la figura del antepasado/ancestro (grandes maestros curanderos) y al poder que las huacas[51] les otorgan.
Lo expuesto en este acápite demuestra la existencia y desarrollo de esterotipos para caracterizar personajes y grupos sociales. Si bien, estos procesos son complejos, desde una perspectiva sociocultural, podemos sugerir que estos son producto del medio social y de procesos históricos culturales manifestados en el sincretismo cultural existente bajo la forma de reminiscencias. Una primera aproximación a esta generación de estereotipos es la opresión que sufrió el poblador andino durante siglos causada por la dominación española y luego en la época republicana por el hacendado y/o terrateniente, caracterizado como un hombre blanco; y segundo, la contribución africana de los esclavos traídos a esta parte del continente americano, lo que refuerza la tradición afro presente en la figura del santiguador.
Es importante notar que, de acuerdo a Gómez[52], en el siglo XVIII, la población de negros en Jayanca representaba el 11.7% de la población total, porcentaje superior a los pueblos de Mórrope y Chiclayo (pertenecientes al actual departamento de Lambayeque), 0.9% y 7.4%, respectivamente. Ello marca una fuerte presencia de afrodescendientes en algunos sectores del distrito como son los casos de Pueblo Nuevo (ubicado en las afueras o periferia del asentamiento del Jayanca colonial) y El Puente. Además, mucho antes de ser elevado a categoría de distrito y tener su ubicación actual, Jayanca fue el principal pueblo indígena del cacicazgo de Xayanca. Después de la conquista española, pasó a ser un Repartimiento (quizás el más poblado) a finales del siglo XVI, con mil quinientos indios que rendían tributo a la corona española. No obstante, toda esa prosperidad acabó debido a las enfermedades traídas por los españoles, las cuales diezmaron la población indígena en todo su territorio, acabando para siempre con la esplendidez demográfica de este valle[53].
Los rezagos de la conquista ocasionados después del choque entre ambas culturas totalmente distintas, originó el colapso de la estructura social jerarquizada y regida bajo dos principios: reciprocidad y redistribución. Es decir, la violencia y dominación española provocó un traumatismo en los diferentes aspectos de la vida del poblador andino[54]. La disminución demográfica causada por la aparición de enfermedades y la sobre explotación del indígena durante todo el periodo colonial y virreinal, en especial durante los primeros años de la conquista (dominación y violencia). Algunos casos de abusos de las autoridades virreinales (corregidores, encomenderos, jueces y sacerdotes) en el cacicazgo de Jayanca son recopilados de las fuentes escritas por Jorge Zevallos Quiñones[55] y por Enrique Brüning[56].
Durante el inicio de la república (Segunda década del S. XIX) hasta la reforma agraria, Jayanca fue un territorio de tierras fértiles, sobresaliendo por la siembra de la vid y la crianza de toros de lidia, siendo el centro poblado “La Viña” el lugar en el cual se asentó la hacienda del mismo nombre. Durante esos años, la ley era impartida por los terratenientes y se cometieron muchos abusos como el castigo físico, los trabajos forzados y la expropiación de terrenos agrícolas a los campesinos[57]. La idea del dominio y abuso del hombre blanco se representa en la figura del hacendado y/o terrateniente, quienes siguieron ejerciendo prácticas similares al de las autoridades españolas durante el virreinato.
Cabe señalar que, esta sección busca dar una propuesta preliminar de la forma y características de la configuración de la figura del santiguador en la población tradicional de Jayanca; careciéndose aún del desarrollo de investigaciones relacionadas a cómo estas dinámicas de opresión y la presencia africana e indígena en el valle de Jayanca han influenciado en las dinámicas de la población andina y por ende sus relaciones con los procesos de mestizaje y sincretismo para la formación de estereotipos en la figura de los especialistas rituales en esta parte de la costa norte del Perú, especialmente en los pueblos de la provincia de Lambayeque. Lo cual amerita un estudio a profundidad desde una perspectiva histórica y antropológica.
Supervivencia y repliegue del santiguador en la población tradicional de Jayanca
Finalmente, se identifican los factores que han motivado, de alguna manera, el repliegue de la figura del santiguador en la población tradicional de Jayanca. Procesos que han modificado y siguen generando una reestructuración de la dinámica social-económica-religiosa tradicional del distrito en mención. Si bien estos factores no son concluyentes, se proponen como punto de partida para un entendimiento de las dinámicas de repliegue y supervivencia de este especialista ritual en convivencia con otras formas religiosas y modernas de sanación.
Un primer factor a considerar es el desarrollo de nuevas actividades económicas en la zona. A partir del año 2002 en adelante, varias empresas agro-exportadoras extranjeras empezaron a desarrollar sus actividades económicas dentro de la jurisdicción del distrito de Jayanca. Efecto de ello, una gran cantidad de población rural y urbana ha empezado a laborar en ellas; como también se ha evidenciado la apertura de puestos de trabajo relacionados a la operación de maquinaria industrial, ensambladores y conductores de transporte; y trabajadores dedicados a la construcción, edificación, elaboración de productos artesanales, electricidad y las telecomunicaciones. El requerimiento de trabajadores más especializados es motivado, también, por un estable y creciente ingreso económico generado por las oportunidades laborales de estas empresas, la creciente proliferación de negocios debido a la mayor capacidad de adquisición de los pobladores, y la demanda diversificada de servicios por el aumento de migración de población al territorio del distrito; generando un cambio profundo en su estilo de vida tradicional. Aunque, existe un número considerable de pobladores que se dedican a la siembra de sus parcelas agrícolas, crianza de aves de corral y de ganado menor y mayor.

El desarrollo económico motivado por la llegada de estas empresas, ha generado un segundo factor, la migración de un número considerable de migrantes de la zona andina y, en menor cantidad, de la selva; lo cual incorporado a la nueva fuente de ingresos económicos producto de la oferta de trabajo de las empresas agro-exportadoras ha provocado un cambio en la dinámica social y económica, aunque no en su totalidad. Con respecto a ello, Bienes y Kohl[58], sostienen que, la migración puede dar paso a dos procesos: 1. repliegue o 2. integración. En el primero, el santiguador y sus prácticas de medicina popular se dejan de practicar o es practicado solo por algunas personas, y/o en algunos lugares más remotos al centro urbano. Segundo, esta práctica también puede ser “integrada”, a través de relaciones familiares o amicales, siendo incluida o adoptada en rituales o ceremonias religiosas traída por los migrantes o nuevos grupos sociales.
Jayanca presenta uno de los índices más altos de población migrante en la provincia de Lambayeque. Esto ha ocasionado que la comunidad poco a poco sufra cambios sustanciales en su estructura social. De acuerdo a INICAM (2007), Jayanca a nivel de población en el año 2003, inicia un proceso de recuperación de su volumen poblacional debido al desplazamiento de la población motivado por las nuevas oportunidades de desarrollo brindadas en el distrito[59]. En el Censo del año 2007 (INEI), igualmente, un 11.3% se traslada hacia el distrito en un periodo de cinco años; y en el Censo del año 2017, un 9% de personas se había trasladado al distrito en el mismo lapso de tiempo.

A pesar de estos cambios marcados en la dinámica socio-económica y la fuerte dinámica poblacional derivada de esta, la población tradicional del pueblo de Jayanca se ha visto afectada de manera sustancial en su estructura debido al ingreso de nuevos actores sociales y económicos. Cambiando el estilo de vida tradicional que incluye el repliegue de la medicina tradicional/natural y la recurrencia a los especialistas rituales para ser sanados, entre ellos el santiguador. Un mayor ingreso económico y la estabilidad laboral ha permitido a los pobladores optar por asistir a centros de salud estatales o privados y el tener la capacidad de adquisición de medicamentos. Esto sin mermar, valga la aclaración, los elementos sobrenaturales asociados con la sanación.
Un tercer factor es el aspecto religioso ligado al advenimiento de la modernidad. Una de las características de la población peruana es la manifestación de una gran devoción al imaginario de los santos[60] y, por ende, a la fe católica como práctica heredada, pero con menor compromiso en la práctica. Si bien el Perú, es un país de mayoría católica, la feligresía está en un proceso de decrecimiento, según el último censo 2017. Como menciona Marzal, el 'catolicismo popular' “es la religión de las grandes mayorías del pueblo”. Sin embargo, su feligresía tiene “un escaso cultivo religioso, por falta de mayor atención de la Iglesia institucional o porque dichas mayorías no buscan más atención religiosa”[61].
En este sentido, el advenimiento de la modernidad y su crítica a la religión es una de las causas a la reformulación, en cierta forma, de la concepción y comprensión que se tiene sobre la trascendencia, lo que nos rodea, y el cosmos; generando un nuevo orden en la relación hombre-Dios[62]. El proceso de modernización de la población jayancana, ha ocasionado que ciertas prácticas arraigadas a la religiosidad popular poco a poco se adapten a nuevas formas de expresiones religiosas, como por ejemplo los sacramentos del bautismo y el matrimonio que en un principio
jugaban un papel esencial en el tejido social, [y] permitían alianzas entre clanes...Sacramentos con los cuales se crean vínculos familiares cuyo peso es hasta más fuerte que los vínculos de sangre” [letras en negrita del autor][63]“entre compadres (vínculos entre padres y padrinos) y entre cuñados (concuñados también)[64].
De la misma forma, aunque el número de personas no pertenecientes a alguna confesión religiosa es mínimo, este porcentaje sigue en crecimiento en el distrito (Gráfico N°1). Dando cuenta de una mayor diversidad en la composición religiosa del distrito y un abandono de la fe católica.
Un hecho resaltante en este aspecto es la pérdida de feligreses y de la práctica sacramentaria por parte de la Iglesia Católica, debido a la “falta de oferta, oferta inadecuada y la falta de demanda”[65], en contraposición a un avance de las iglesias y feligresías evangélicas, quienes ven las prácticas de sanación desde una perspectiva de “lo pasado es malo”,[66] que en muchos casos ocasionan que prácticas tradicionales de sanación no sean requeridas, heredades y practicadas por generaciones más jóvenes. Esta premisa se confirmó en la entrevista realizada a Don Augusto Bustamante, quién nos explicó que sus nietos no heredaron la práctica de santiguar debido a que ellos profesan la fe evangélica. Según los datos estadísticos, la población evangélica de Jayanca se ha incrementado, pasando de ser el 5.9% en el censo de 1993 (INEI) a 15.5%, en el censo del año 2017 (INEI).

No obstante, esto no implica un total abandono del imaginario católico. Por citar un ejemplo, existe también una recurrencia de algunos pobladores de creencia católica, quienes en su búsqueda de sanación para algún familiar o ser querido, acuden a pastores evangélicos o los templos donde estos ministran. Esta búsqueda de sanidad se evidenció en el marco de la presente investigación, en la cual, los padres o familiares de algunos niños y/o bebés que presentaban cólicos, falta de sueño, dolor de cabeza u oído -cuya enfermedad se asocia al mal de ojo, susto o chucaque-, recurrieron al pastor evangélico o este, al observar la situación, ofreció ayudarlos, atendiendo al enfermo a través del proceso de oración.
Es interesante notar que, ante la ausencia de algún especialista ritual, el pastor evangélico asume y realiza esta función; y las personas optan y/o aceptan este tipo práctica siendo o no siendo evangélicos y debido al estado del individuo enfermo. Es bajo esta situación que el pastor evangélico, en algunos casos, asume, sustituye o reemplaza la figura y rol del santiguador. Esto daría cuenta de las nuevas dinámicas en las prácticas religiosas del distrito, donde un nuevo actor religioso surge, y al igual que el santiguador, utiliza la oración como medio de sanación. Diversificando prácticas rituales que persisten y siguen vigentes por su importancia en el ideario social y cultural del distrito. En ese aspecto, la siguiente entrevista realizada como parte de la presente investigación comprueba dicho proceso.
Uhhh, eso ocurrió hace tiempo, cuando venía de camino llevando ganado de mi tierra Chadín a Chota, y llegó la noche y nos quedamos en una posada. En la noche, escuchamos a un niño que lloraba, y sus padres buscaron quién lo cure. Lloraba y lloraba, y no se callaba la criaturita. Entonces, había un señor que era evangélico, que iba de pueblo en pueblo predicando la palabra de Dios. Los papás de la criaturita le pidieron que si lo podía curar. Él (predicador) oró y óro, y la criaturita quedó dormida. Él lo curó… En esos momentos, no había quién lo rece o santigüe (lo cure), y los papás del enfermito fueron donde el señor para que lo curara[67].
El proceso de modernización, visto de este modo, no se produce con la desaparición de la creencia en la fe cristiana católica [a pesar que la práctica sacramental católica es adquirida por defecto, es decir, por prácticas heredadas o prácticas sociales][68] y tampoco implica que el ser humano deje de creer. Al contrario, la creencia simplemente cambia de “dirección” en su constante día a día y en las experiencias que pueda tener una persona, para la cual su fe, creencias y cosmovisión de la vida va a variar debido a diferentes factores y circunstancias, como la presencia de nuevos actores religiosos y la proliferación de grupos evangélicos o comunidades de fe en situaciones donde un familiar enferma. Ello puede entenderse también como una secularización diferente donde “…el encanto presente en las tierras y pueblos latinoamericanos tiene su propio carácter”[69] y persiste en una diversificación en base a las experiencias de vida. Haciendo alusión a Manuel Marzal[70], la creencia de las personas hacia Dios, las formas como estos la manifiestan y entienden el mundo son realizadas en base a sus circustancias vividas, adoptando nuevas formas en una continuidad entre lo mágico-religioso y lo moderno.
En ese sentido, un último factor a considerar es la adaptación de los pobladores de Jayanca a los cambios generados por el acceso a la tecnología informativa y los cambios socio-económicos motivados por la presencia de empresas agro-exportadoras que les han permitido un mayor acceso a servicios de salud. El avance del desarrollo científico en las ciencias biomédicas, el acceso a un seguro médico estatal (EsSalud y SIS) y a una atención médica integral y con mejor calidad, a lo largo de estas últimas dos décadas, ha generado que la población rural y urbana tenga acceso a medicamentos y a una atención especializada. En el caso de Jayanca, el funcionamiento de dos centros de salud en el distrito han provisto a la población de servicios de prevención de enfermedades, primeros auxilios y promoción de la salud. El acceso a un seguro se ha incrementado, de un 57.9% en el año 2007 a 82.5% en el año 2017; desplazando o complementando de una u otra forma las prácticas tradicionales de sanación relacionadas a la de medicina natural y espiritual.

En tal sentido, la figura y práctica del santiguador puede ser reemplazada o complementada por la medicina moderna, sin desaparecer del todo una visión encantada de la realidad (gráfico 2). En este escenario, el rol del santiguador confluye con la ciencia médica, donde la modernidad no niega a la cultura previa[71], sino que se forma una identidad individual/grupal, donde los valores sociales y religiosos cambian o se transforman asumiendo nuevos valores. Es decir, procesos de sincretismo cultural donde se usa lo moderno desde la convicción de que lo sobrenatural influye en los procesos de sanación modernos. Esto en una dinámica donde lo moderno y tradicional conviven en las prácticas religiosas y creencias, en base a una nueva concepción, valoración y comprensión de la vida comunitaria donde los valores y principios sobre los sacramentos religiosos y los procedimientos médicos se entrelazan. Así por ejemplo, en una entrevista se menciona lo siguiente:
MBS: “Mi mamá calló mal de salud y con mi familia oramos para que los médicos puedan curarla”.
Entrevistador: ¿Usted cree en la medicina moderna?
MBS: Sí creemos, pero Dios usa la medicina para sanar a las personas[72].
Comentario Final
El personaje del santiguador llegó al área andina desde el continente europeo, como una figura formada a la cual se le adhirieron particularidades del mundo indígena (post-invasión europea) y la población afrodescendiente. Este especialista ritual, a través de su práctica y ritual de sanación guarda una fuerte relación con la imagen de la trinidad cristiana, los santos, vírgenes y cruces, siendo una persona devota a la fe católica y sus rezos y ensalmos constituidos por el imaginario religioso cristiano. En la población de Jayanca, su particularidad radica en que este ha desarrollo ciertos estereotipos asociados con el proceso histórico cultural desde la colonia que asignan este rol a poblaciones afrodescendientes.
Con respecto al proceso de repligue/supervivencia del santiguador en la población tradicional de Jayanca, esta ha variado por diveros factores sociales, económicos, culturales y religiosos. Siendo en ciertos casos complementada o reemplazada por nuevos actores sociales y religiosos, como por ejemplo, el pastor evangélico o profesionales de la medicina moderna. Si bien, el mayor acceso a los procedimientos y atención médica moderna y la conversión religiosa a otras creencias religiosas de confesión evangélica, proponen un repliegue o supervivencia de esta figura. Este proceso da cuenta de la complejidad de los procesos de modernización y sincretismo, donde lo moderno y tradicional convive, se transforma y se adhiere a la práctica de nuevos actores y nuevas dinámicas sumadas a las prácticas rituales y de sanación de las poblaciones tradicionales.
Por tal motivo, esta investigación abre la posibilidad de aproximarnos a entender la práctica y rol del santiguador en una población tradicional que actualmente vive nuevas dinámicas sociales y económicas que han convertido al distrito de Jayanca en un foco de desarrollo económico. Esto nos ayuda a entender y aproximarnos a la supervivencia o repliegue de esta práctica cultural, la cual puede mantener o adoptar nuevas formas traídas por las poblaciones foráneas al distrito. No obstante, sobre la integración de la práctica del santiguador a nuevas formas de sanación, el artículo deja abierta la posibilidad a nuevas investigaciones para responder a esta pregunta. Ello, debido al constante flujo migratorio del distrito tanto de poblaciones de la sierra y selva del Perú, y migración extranjera venezolana, así como propuestas de investigación que aborden el problema desde un enfoque histórico y antropológico.
Desde una perspectiva etnográfica, lo que proponemos es un avance que muestra las primeras conclusiones de un estudio más amplio y profundo sobre poblaciones afrodescendientes, especialistas rituales, religiosidad popular y prácticas tradicionales de sanación en la costa norte del área andina de Perú, aún muy presentes en la actualidad y que requieren un mayor estudio por parte de las ciencias sociales. Todo ello, desde un intento por revalorizar, preservar y dar cuenta de los conocimientos ancestrales y autóctonos de nuestras poblaciones tradicionales y su inmersión en la modernidad, en donde figuras como el santiguador aún persisten y sobreviven a pesar de sus embates.
Notas