El contexto y la experimentación del deseo sexual en jóvenes: diferencias entre hombres y mujeres

The context around and experimenting with sexual desires: differences between men and women

Alejandra Echeverría-Lozano
Universidad Nacional Autónoma de México , México
Gabina Villagrán Vázquez
Universidad Nacional Autónoma de México, México

El contexto y la experimentación del deseo sexual en jóvenes: diferencias entre hombres y mujeres

Psicología Iberoamericana, vol. 24, núm. 1, pp. 19-29, 2016

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Recepción: 24 Abril 2015

Aprobación: 01 Octubre 2015

Resumen: El objetivo del presente estudio fue explorar la influencia del contexto social (escuela, familia, pares, religión, medios de comunicación) en relación con la forma en que jóvenes mexicanos, hombres y mujeres, experimentan y perciben el deseo sexual y la postura que expresan ante éste. Dada la perspectiva metodológica de esta investigación, los participantes que colaboraron fueron 4 hombres y 6 mujeres de 18 a 22 años de edad, estudiantes de bachillerato y licenciatura de la ciudad de México que respondieron a una entrevista semi-estructurada. Con base en la literatura se propone que el deseo sexual debe ser abordado como una experiencia subjetiva de tal forma que para analizar la información se utilizó como herramienta metodológica cualitativa los relatos de vida. Por medio de esta herramienta, se obtuvieron datos acerca de cómo el contexto proyecta mandatos ante la vivencia y subjetividad de su propio deseo sexual. Los resultados obtenidos refieren manifestaciones distintas para cada sexo en función de su género y del contexto.

Palabras clave: Deseo sexual, Jóvenes, Género, Sexualidad, Cuerpo.

Abstract: The aim of this study was to explore the influence of social context (school, family, peers, religion, media) in connection with how young Mexican men and women experience and perceive sexual desire and their attitudes toward it. Given this research paper’s methodological perspective, participants included four young men and six young women, between 18 and 22 years old, studying at high school and university in Mexico City, and who replied to a semi-structured interview. Relevant literature suggests that sexual desire should be considered as a subjective experience so that, in order to analyze information, life stories were used as a qualitative methodological tool. By using this qualitative instrument, data were obtained about how context projects mandates about the experience and subjectivity of their own sexual desire. The results display a range of manifestations between men and women depending on their gender and the context.

Keywords: Sexual desire, Young People, Gender, Sexuality, Body.

El deseo sexual, tema de gran interés desde hace tiempo, ha sido cuestionado y dirigido legal, social y religiosamente. Si bien el deseo sexual forma parte importante en nuestro desarrollo, es en la adolescencia donde se manifiesta con mayor intensidad (Bejar, 2006, Kaplan, 1996) y donde para algunos autores (Levine, 1988, 1992 y Bowlby, 1969; Frijda y Mesquita, 1994; Gómez Zapiain, 1995) la búsqueda del amor y el descubrimiento del sexo son parte fundamental. Para Gómez Zapiain (1995) el reconocimiento preciso de lo que pasa en el cuerpo de los adolescentes envuelve de forma ineludible a la conducta sexual y con ella, el deseo (impulso, pulsión) sexual (genital, carnal) como componente básico. Para el autor, la conducta sexual en el adolescente no puede reducirse sólo a la aparición y desarrollo de los comportamientos sexuales en esta etapa, sino al modo de integrarse en el mundo en tanto que hombre o mujer y a los procesos implicados en ello. La posibilidad de interpretación e integración, aunque puede ser mediada por variables individuales, está en gran medida influida por el discurso social.

La manera en que el deseo sexual es vivido por los adolescentes dentro del despertar de su sexualidad ha dado lugar a una serie de reflexiones en torno al papel que el género juega en esta configuración como una construcción simbólica que estereotipa, reglamenta y condiciona la conducta, tanto objetiva como subjetiva, de los individuos. Y es mediante esta construcción de género que la sociedad clasifica, nombra y produce las ideas dominantes de lo que deben ser y cómo deben actuar hombres y mujeres; por tanto, es hablar de feminidad y masculinidad (Caricote, 2006).

En este sentido para Toro-Alfonso (2007) mientras el sexo es una condición biológica “natural”, el género es una construcción cultural que se expresa en los valores, normas, instituciones, creencias, usos y costumbres en torno al rol sexual femenino o masculino que presenta una cultura y que la sociedad utiliza como el referente principal para la formación del cuerpo. Desde el nacimiento, la sociedad establece los parámetros de la construcción del cuerpo sexuado: el proceso de socialización de los hijos e hijas dentro del núcleo familiar, la comunicación que se establece entre los miembros, la forma en que se dicen las cosas, la manera en que se demuestran los sentimientos, el clima de comprensión y confianza entre ellos, etc., (Carrasco, 2010). En tanto la sexualidad es nombrada (o silenciada), resulta el lenguaje un medio idóneo para conocer cómo hombres y mujeres construyen la realidad que describen. Al respecto, Lagarde (1996) menciona cómo el lenguaje es un código genético cultural que transmite valores, mandatos y realidades. El lenguaje sexista establece la norma al crear además el lenguaje emocional que transita en los cuerpos genéricos y “naturaliza” la desigualdad de género.

Los mandatos de género originados dentro del contexto alimentan al orden social, se traducen en roles desiguales donde el papel asignado a hombres y mujeres tiene un lugar, ciertas emociones permitidas y determinadas sensaciones prohibidas. Así, hombres y mujeres hemos de cumplir con aquellos estereotipos, roles que nos colocan en el lugar asignado desde el nacimiento; como los colores de nuestras vestimentas, juegos, juguetes, chistes, dichos, cuentos, películas. De igual manera, dichos mandatos alimentan todo aquello que no es nombrado pero sí actuado y que representa y establece, en el orden simbólico, lo que se espera de hombres y mujeres incluso de manera más rígida en el área sexual (Tena, 2012).

De las mujeres es esperado el cuidado del otro, la sensibilidad, el amor, la fragilidad, la sumisión y los valores de la feminidad hechos para sostener los lazos familiares, donde se configuran nuestros vínculos emocionales y el cuidado de nuestra salud (sexual y reproductiva) y se deja de lado el placer, el gozo del propio cuerpo y la responsabilidad de éste (Lamas, 1986). La representación social de la sexualidad de la mujer, en la que todavía predomina la idea de la virginidad o el silencio en torno al sexo, coloca a las jóvenes en situaciones de alta vulnerabilidad no sólo frente a la percepción de riesgo ante las ITS sino también en gran medida a la inseguridad emocional ante los juicios. De los hombres se espera la fuerza, el control, la respuesta adecuada; el goce es el lugar para que crezca su masculinidad y su virilidad. La representación social de una sexualidad masculina activa, poseedora del conocimiento perpetúa situaciones de riesgo dado que dificulta la obtención de asesoramiento acerca de los riesgos en torno al VIH y otras ITS, así como una adecuada configuración de vínculos emocionales. Estas desigualdades entre hombres y mujeres han condicionado la manera en que se obtiene o tiene acceso a información (formal o informal) con respecto a su salud sexual y re-productiva y por ende, en la toma de decisiones al respecto (Caricote, 2006).

Con base en lo anterior se puede observar que, a través de la historia del deseo sexual con respecto a la vivencia de la sexualidad y en específico del deseo sexual en los adolescentes, existen una serie de factores que han propiciado una falta de reconocimiento del propio cuerpo y de las sensaciones que de éste surgen, donde el contexto (familia, pares, medios de comunicación, religión, etc.) ha contribuido en la manera de experimentarlo ya sea de manera positiva o negativa. La importancia de revisar la influencia que tiene el contexto en la experimentación del deseo (Weeks, 1995) nos permite conocer cómo es que las y los jóvenes dan significado a las sensaciones que experimentan y cómo puede influir en la manera en que se responsabilizan de su salud sexual y reproductiva o bien pueden ponerlos en riesgo ante la adquisición de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados.

Por tal motivo, el objetivo de la presente investigación fue indagar a través del discurso de los jóvenes el reconocimiento y forma de experimentar su propio deseo sexual, y analizar la contribución que los padres, amigos, escuela, religión y medios de comunicación tienen en éste. Así mismo, se hicieron visibles las diferencias percibidas en el trato y los mensajes recibidos vinculados al género y a la edad.

MÉTODO

Se trata de una investigación descriptiva y comprensiva (Denzin y Lincoln, 1994). Considerar la metodología cualitativa como una forma de acercarse al objeto de estudio resulta pertinente, dado que supone una forma sutil de adentrarse en el mundo de los jóvenes y su sexualidad. De acuerdo a Gergen (2007) es a través del lenguaje que construimos nuestro propio conocimiento y realidad, lo que nos lleva a retomar a este autor para indagar sobre la construcción del concepto del deseo sexual que experimentan las y los jóvenes adentro de su propio discurso. Lo anterior lleva a considerar al construccionismo como el referente epistemológico y teórico adecuado para abordar este fenómeno. Asimismo, se retoman las teorías con perspectiva de género como un fundamento y sustento para el análisis de la información en el desarrollo del presente estudio.

Participantes

Para este estudio colaboraron 6 mujeres y 4 hombres de 18 a 22 años, que compartieron su experiencia de cómo han o no, descubierto su deseo sexual, sus vivencias personales y aquellas que experimentan con su entorno. La selección de los participantes se realizó mediante la técnica Bola de nieve (Cornejo, Mendoza y Rojas, 2008). Los criterios que se tomaron para su inclusión en la investigación fue que fueran mayores de 18 años y que vivieran y dependieran económicamente de sus padres, que radiquen en la ciudad de México y que decidieran participar de manera voluntaria en la investigación. El criterio para determinar el número de relatos se inscribe en lo que Isabelle-Bertaux Wiame (1979) propone como paradigma índice, orienta a realizar análisis en profundidad que permita develar más bien las irregularidades que lo recurrente; más los detalles que las miradas globalizadoras; más los quiebres que las continuidades (Sharim, 2005). Desde esta perspectiva se decidió recoger un número suficiente de relatos a modo de hacer viable un estudio en profundidad, pero al mismo tiempo con una cantidad adecuada que permita observar la diversidad de experiencias. Se fijó así un número de 10, con base en las categorías propuestas para la entrevista y la diversidad en términos de respuesta que pudieron enriquecer la investigación.

Instrumento

Se trabajó por medio de entrevistas semiestructuradas a modo de trayectorias de vida (relatos de vida). La reconstrucción de la experiencia biográfica a través del relato permite reconocer, como lo señala Villers (1989, en Pineau, 1992), dos vertientes de la historia. La primera hace referencia a los hechos objetivos y en los que el individuo ha estado inmerso. La segunda, corresponde a la vivencia personal, a la historia interior, al mundo de sensaciones, emociones y representaciones, que implica reconocer la capacidad de autorreflexión del individuo, susceptible de traducirse de acuerdo a los códigos simbólicos de su contexto social. Los relatos de vida, de acuerdo a Cornejo et al. (2008), permitirán ilustrar los procesos de construcción del autoconocimiento del deseo sexual y las relaciones establecidas con el contexto particular en que se encuentren los participantes.

Al inicio del primer encuentro se les proporcionó y solicitó que firmaran la Carta de consentimiento informado, en donde se les aseguró que toda la información recabada es confidencial y anónima para garantizar que no será revelada la identidad del informante sin su previo consentimiento, donde el uso de la información será con fines de investigación y para ser utilizada en propuestas de programas preventivos, así como para la preparación de informes y resúmenes de interés científico; razón por la que se utilizará sólo la inicial del nombre de los participantes. De igual manera se les informó que su participación es voluntaria y que, si por alguna razón no desearan participar en el estudio o quisieran retirarse, podrían manifestarlo en cualquier momento de la entrevista, la que sería interrumpida en ese instante.

Se realizaron en promedio por participante dos entrevistas de cerca de 1hr 15min cada encuentro, las cuales se basaron en una guía de entrevista con los indicadores subjetivos (obtenidos a través del discurso de los participantes) y objetivos (que se obtuvieron por medio de una ficha de identificación) considerados para la investigación. Los indicadores para las entrevistas semi-estructuradas a modo de trayectorias de vida se presentan a continuación (Cuadro 1).

Cuadro 1
Guía de entrevista
Guía de entrevista

Procedimiento

Una vez que los y las jóvenes aceptaron participar, acordamos la primera cita para realizar la entrevista e informarles acerca de la importancia de que sea grabada para su posterior transcripción y solicitar su consentimiento. En esta primera reunión se establecieron las reglas de colaboración, los horarios y tiempos de los encuentros.

RESULTADOS

El análisis de la información se realizó a través de la propuesta metodológica de Sharim (2005), misma que realiza una reconstrucción del relato al retomar los aspectos más relevantes para su análisis e interpretación, tanto para una visión de caso en profundidad como para una mirada transversal de todos los relatos. Se codificaron una lista de temáticas elaborada a partir de los relatos de vida realizados. Las temáticas fueron las siguientes: Deseo sexual, creencias, satisfacción del deseo sexual y contexto. Para el presente estudio se consideraron con mayor importancia aquellas relacionadas de manera directa al contexto; la influencia de padres, amigos, escuela, religión, información en medios y aquella información que los/as participantes compartían y/o transmitían a sus familiares. Los resultados obtenidos se presentan en el Cuadro 2 (para las mujeres) y Cuadro 3 (para los hombres).

Cuadro 2
Información proporcionada para las temáticas de deseo sexual, creencias, satisfacción del deseo sexual y contexto de las mujeres
Información proporcionada para las temáticas de deseo sexual, creencias,
satisfacción del deseo sexual y contexto de las mujeres

Cuadro 3
Información proporcionada para las temáticas de deseo sexual, creencias, satisfacción del deseo sexual y contexto de los hombres
Información proporcionada para las temáticas de deseo sexual, creencias, satisfacción
del deseo sexual y contexto de los hombres

Con base en el análisis realizado, los resultados sugieren que sigue existiendo una desigualdad en la forma en que hombres y mujeres experimentan el deseo sexual, desde lo corporal, lo cognitivo (influenciado en gran medida por el contexto) y en la manera en que a partir de éste se relacionan con ellos/as mismas y su entorno. De manera general, el cuerpo y el deseo sexual de los jóvenes se constituye como construcción social vinculada a los discursos que se establecen en las prácticas sociales de género donde la expresión de lo femenino para ellas será lo natural, donde el amor, el cuidado de éste, los sentimientos, lo emocional es lo esperado (ver Cuadro 2); mientras que en el caso de los jóvenes varones (ver Cuadro 3) se espera una adecuada respuesta sexual, sin titubeos, fuerte y decidida (Faur, 2005).

El rubro que explora las creencias acerca de que eso que se experimenta en el cuerpo, llamado deseo sexual, es digno de sentirse, depende en gran medida del contexto en que nos formamos y las creencias religiosas con las que fuimos educados, primero en el seno familiar y más adelante en un contexto educativo que puede no compartir dicha ideología. Como lo menciona Butler (2002) la corporalización del deseo es un fenómeno cultural y es en el contexto de la cultura que asumimos el cuerpo, de esa misma forma y por la en-tramada relación con la cultura es que hacemos nuestro cuerpo. Podemos observar cómo existen candados, si no para informarse de las consecuencias de un sexo sin protección, sí para sentir, para conocer sobre el placer, en especial para las mujeres.

Continúan vigentes ciertas creencias alrededor de ciertos momentos en la vida de hombres y mujeres durante su crecimiento (la 1ª vez o la iniciación sexual, en el caso de los hombres la masturbación) que marcan un momento cultural importante, como sigue siendo en la mayoría de los casos el cuidado de la virginidad y del himen en nuestra cultura mexicana y que influyen en la vivencia de la sexualidad (Amuchastegui, 2001; Faur, 2005). Estas creencias impulsadas desde el contexto que rodean a los y las jóvenes tienen un papel importante en la construcción del propio deseo sexual, así como la relación que construyen con ellos mismos, su cuerpo y las relaciones con los demás.

En cuanto a la satisfacción del deseo sexual, quienes se han permitido el cuestionamiento a la práctica de la masturbación (por encima de los mandatos sociales) consideran la posibilidad de ejercerla y por medio de ella, conocer más acerca de su propio placer. La relación diferenciada que hombres y mujeres mantienen con su cuerpo ha influido en la forma de experimentar este tipo de prácticas sexuales, una práctica común en los hombres en comparación con las mujeres y ante la que ellas muestran curiosidad o bien rechazo por considerarse una cuestión masculina. Sin embargo, se hace evidente esta saludable curiosidad acerca de lo que pasa en las prácticas sexuales del otro; cómo vivencian el placer pone al descubierto la desigualdad también en la educación recibida desde el seno familiar y la casi nula libertad para hablar del tema en otros foros, ya sean, escolares, religiosos o incluso con el mismo grupo de amigos/as.

En relación al contexto se puede observar que los padres y familiares cercanos a las/os jóvenes juegan un papel fundamental al mantener vigentes los mandatos sociales vinculados al género. Se observa que si bien la familia en algunos casos representa una buena fuente de seguridad y tiene un efecto determinante en el cuidado de su salud sexual y reproductiva (Thompson, 1990; Andrade et al. 2006; Gómez, 2008; Moreno et al. 2010, Robles et al. 2010), por desgracia en la mayoría de los casos se presenta como un espacio donde los prejuicios, por un lado, oprimen los derechos sexuales de las jóvenes, promueven los prejuicios sobre aquellas mujeres que exploran su cuerpo con libertad y se hacen cargo de su propio placer y, por otro lado, confunden al fomentar en los hombres las diferencias de este trato y brindarles mayores beneficios que a las mujeres en cuanto a horarios, además de festejar la exploración corporal por encima del valor dado a la expresión de las emociones y la importancia que también puede tener el vincularse afectiva y respetuosamente con la pareja (Andrade, 2002; Igra y Irwin,1996; Lamborn et al. 1991; Palacios, 2005, Palacios y Andrade, 2006). Se observa también una diferencia en el trato, brindado a mujeres en las pláticas extenuantes sobre la manera correcta en que una chica decente debe comportarse, al considerar una virtud –por encima del propio placer y el autoconocimiento del cuerpo– la vinculación afectiva, el cuidado hacia los otros y la expresión emocional.

En el proceso de construcción de la identidad sexual (en específico del deseo sexual) influye de manera directa la familia (Gómez, 2008) la comunicación entre madres y padres e hijo/as resulta indispensable en esta etapa de la vida, como lo menciona Resneck-Sannes (1991), ya que juega un papel primordial en la seguridad adquirida hacia el propio cuerpo y en relación con los otros. Existe un hueco importante en la información tanto afectiva (Pick de Weiss, Diaz-Loving, Andrade y Atkin, 1988) como sobre métodos anticonceptivos e ITS que los padres poseen y transmiten (en los casos que existe mayor comunicación) a los hijos; no existe actualización al respecto. Se encontró una mayor comunicación de madres hacia hijas –5 de 6 casos– en comparación con los jóvenes donde ésta se encuentra escasamente en manos de los padres o bien de los hermanos mayores o amigos con mayor experiencia y en donde la información ya se encuentra deformada; el acercamiento de las madres hacia los hijos varones es menos frecuente en comparación con la observada de parte de los padres hacia las hijas. Al respecto, las chicas que tienen mayor comunicación con la madre y cercanía al menos eventual con el padre o alguna figura paterna sustituta fueron aquellas que mostraron mayor empoderamiento, están construyendo una mayor seguridad y respeto en relación a su cuerpo (en el cuidado físico y en el placer sexual) y cuidan de manera efectiva su salud sexual, emocional y reproductiva (Thompson, 1990; Moreno et al. 2010), independientemente de que su vida sexual haya iniciado o no. En este sentido, el haber iniciado una vida sexual no determina la identificación y la forma en que se vive el deseo sexual, sino el contexto en que se encuentran inmersos tanto hombres como mujeres.

En cuanto a los mensajes recibidos de los medios de comunicación (internet, redes sociales, comerciales de televisión, películas, etc.) se presentan como una influencia poderosa en la forma en la que los/as jóvenes construyen su deseo sexual que, si bien de inicio se aceptan como verdaderos, crean confusión y ahora son cuestionados al no ser congruentes con las experiencias vividas en la actualidad en torno a su sexualidad; los estereotipos en relación al cuerpo, el uso de éste, y las expresiones emocionales esperadas para hombres y mujeres (Whatley, 1990) van tornándose obsoletos.

Dentro del contexto, la religión continúa dirigiendo el comportamiento sexual y el rumbo que toma la construcción del deseo sexual (Moral de la Rubia, 2010; Negrin, 2002, en Toro –Alfonso, 2007). Las/os jóvenes que practican de manera activa algún tipo de religión o bien la familia considera a ésta como una guía para el comportamiento diario, viven su sexualidad a partir de las normas y creencias internalizadas que los llevan a autorregularse sexualmente. En el caso específico de 2 de los jóvenes entrevistados (un hombre y una mujer) podemos observar cómo limita la experimentación sexual y confunde al generar que la experimentación de su deseo sexual sea vivida con culpas y remordimientos; se da mayor valor a la virginidad, condena el placer, la masturbación y aquellas prácticas donde lo esperado para hombres y mujeres no sea acatado firmemente. Si la conducta sexual no se desarrolla de acuerdo a las expectativas de los preceptos religiosos para cada cual se presenta el castigo y la estigmatización. Como parte del contexto, la escuela representa un espacio de importante adquisición de conocimiento claro y detallado sobre sexualidad. La educación sexual recibida en la escuela para todas/os las/os jóvenes entrevistados resulta insuficiente, con grandes huecos; a pesar de la información sobre métodos anticonceptivos (en especial el uso de condón) y enfermedades de transmisión sexual que sí han recibido, ésta no contribuyen a integrar de manera satisfactoria aquellos elementos que los/as ayuden para vivir de manera responsable, protegida y satisfactoria su sexualidad.

DISCUSIÓN

Nuestros contextos sociales y familiares han cambiado y seguirán cambiando a gran velocidad. La postura crítica que manifiestan las/os jóvenes nos brinda la oportunidad como profesionistas de vislumbrar otro tipo de educación sexual acorde a las necesidades y demandas reales desde su propia voz.

A pesar de que las actitudes, normas subjetivas y autoeficacia sean variables relacionadas al uso de condón (Ajzen, 1991; García y Barragán, 2001; Barcena y Robles, 2010) y la intención del uso de éste sea un buen predictor para el uso del mismo (Fishbein, 1990, 2000; Grimley y Prochaska, 1997; Robles y Díaz Loving, 2008) los jóvenes mencionan la importancia y la necesidad de incluir en su educación sexual el tema del placer, el reconocimiento del cuerpo y sus sensaciones, la masturbación, la develación de mitos y prejuicios, así como la necesidad de una guía o acompañamiento en temas que implican las relaciones de pareja y el amor. Si bien, no existe de manera clara la propuesta de crear espacios políticos para abrir esta discusión, se observa una exigencia de derecho al placer y a no ser despreciadas/os o desechadas/os por experimentar sus deseos.

Mientras no despojemos a la sexualidad de tantos significados y no legitimemos colectivamente la búsqueda de placer, será difícil erradicar la desigualdad y los riesgos sobre la salud que estas culturas sexuales implican (Amuchástegui, 2005).

Los cuestionamientos que las jóvenes hacen de forma directa a los mandatos sociales (en muchas ocasiones a raíz de ver las consecuencias de no vivir la sexualidad de manera abierta de forma personal o en casos cercanos como el de las propias madres, tías o mujeres cercanas) hace evidente el proceso por medio del que han transitado de situaciones de opresión de sus cuerpos y discriminación por parte de sus parejas y de su contexto inmediato, en donde se hallaban en situaciones de desigualdad, hacia una conciencia donde está presente el derecho a vivir con plenitud su sexualidad, decidir sobre ellas, responsabilizarse de su deseo sexual y, en consecuencia, satisfacerlo (Esteban, Medina y Tavora, 2005; Marcuse, 1965, en Silva y Barrientos, 2008).

En este proceso, son visibles las acciones encaminadas a dejar a un lado los mandatos sociales sobre como deben comportarse y vivir la sexualidad las mujeres (Tena, 2012) y por otro, tratar de vivir sin culpa ni remordimientos la manera en que decidan satisfacer su deseo sexual y el cuidado de su salud sexual y reproductiva, en tanto al uso de métodos anticonceptivos se refiere y búsqueda de información al respecto. La masturbación femenina se vuelve un tema de su propio cuerpo, una posibilidad de explorar y satisfacer su propio deseo sexual y deja de ser una práctica predominantemente masculina. Este empoderamiento que se hace visible en las jóvenes mujeres genera movimiento al tratar de transmitir a amigas, primas o hermanas/os la información y conciencia que ellas han obtenido, así como en el trato que manifiestan y piden de sus parejas. Vale la pena mencionar que este empoderamiento sucede en las entrevistadas sin que dependa de si han o no iniciado su vida sexual. Este movimiento hacia la conciencia brinda información relevante acerca de cómo debemos generar nuevas estrategias de prevención y contenidos de información que con detalle comparten todos los jóvenes entrevistados (hombres y mujeres). La conciencia hacia este cambio de paradigmas donde la educación sexual sea equitativa para hombres y mujeres es también manifestada por la mayoría de los jóvenes hombres entrevistados, dado que perciben al igual que las jóvenes mujeres una diferencia explícita en el trato y mensajes recibidos (tanto en el seno familiar, la escuela, los amigos/as, los espacios religiosos e incluso en los medios de comunicación) sobre el deseo sexual, vinculada si no en forma directa a la edad, sí al género.

Resulta relevante que a partir de la crítica que las/os jóvenes hacen a los mandatos sociales de género surgen interesantes propuestas para una educación sexual acorde a sus experiencias y necesidades inmediatas. Una educación sexual que considere la importancia que tienen el uso de anticonceptivos para prevenir ITS y embarazos no deseados pero también donde el placer sea un tema a tratar libre de desigualdades, alejado de papeles sexuales rígidos y estereotipados; donde el conocimiento de sus cuerpos, emociones y sentimientos de manera responsable permita formar jóvenes y adultos eróticamente sanos que disfruten con plenitud y en forma responsable de una salud sexual dentro de la equidad de género.

Por último, una de las limitaciones del presente estudio es la cantidad de participantes y las características sociodemográficas revisadas, por lo que un estudio con una variedad de las mismas podría ser pertinente para obtener una mirada más amplia sobre el tema.

REFERENCIAS

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