VALIDACIÓN DE UNA ESCALA BREVE DEINDIVIDUALISMO-COLECTIVISMO

VALIDATION OF A BRIEF SCALE OF INDIVIDUALISM-COLLECTIVISM

Paola Eunice Diaz Rivera
Universidad Nacional Autónoma de México, México
Rolando Diaz Loving
Universidad Nacional Autónoma de México, México
Ilse Gonzalez Rivera
Universidad Nacional Autónoma de México, México

VALIDACIÓN DE UNA ESCALA BREVE DEINDIVIDUALISMO-COLECTIVISMO

Psicología Iberoamericana, vol. 25, núm. 1, pp. 30-40, 2017

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Recepción: 28 Marzo 2016

Aprobación: 23 Octubre 2016

Resumen: El síndrome cultural individualismo-colectivismo ha sido muy utilizado en psicología para comparar los valores humanos, los cuales pueden estar centrados en uno mismo o en los demás. Se ha sugerido que hay muchos tipos diferentes de individualismo y colectivismo, por lo que se añaden los ejes de verticalidad y horizontalidad como principales matices que hacen que este síndrome varíe de una cultura a otra. El objetivo del presente estudio fue validar la escala de individualismo-colectivismo desarrollada por Triandis y Gelfand (1998) con sus respectivos ejes de horizontalidad y verticalidad. El instrumento ha sido útil en otros contextos culturales, por lo que resulta relevante su adaptación a la población mexicana para comparar con los resultados obtenidos en otras regiones. Asimismo, el instrumento presenta la ventaja de ser breve. Los resultados muestran que la escala tiene indicadores adecuados de validez de constructo, confiabilidad y relevancia, ya que permite comparaciones transculturales.

Palabras clave: individualismo-colectivismo, cultura, valores, psicología cultural.

Abstract: The individualism-collectivism cultural syndrome has been widely employed in psychology for comparing human values, which can be centered on oneself or on others. It has been suggested that there are many different types of individualism and collectivism, reason for which the axes of verticality and horizontality are added as the main nuances that make this syndrome vary from culture to culture. The object of this study was to validate the individualism-collectivism scale developed by Triandis and Gelfand (1998) with their respective horizontality and verticality axes. The instrument has proven useful in other cultural contexts, the reason that its adaptation to the Mexican people is useful for comparison against results obtained in other regions. Moreover, the instrument’s brevity is an advantage. Results show that the scale has adequate construct, reliability and relevance indicators as it allows for transcultural comparisons.

Keywords: individualism-collectivism, culture, values, cultural psychology.

El ser humano se organiza en grupos porque le ha resultado adaptativo (Wilson, 1980). Sin el grupo, al individuo le sería difícil realizar muchas de las actividades que necesita para sobrevivir. Tan importante es pertenecer que se ha encontrado que el dolor de ser excluido del grupo tiene bases neuronales similares al dolor físico (Eisenberger, Lieberman & Williams, 2003). Sin embargo, conforme las sociedades alcanzan bienestar y estabilidad los individuos pueden disminuir la importancia que le dan a los grupos. Por el contrario, cuando las sociedades enfrentan vicisitudes (como crisis económicas) el grupo puede volverse más importante. El individualismo-colectivismo es el constructo que refleja la interdependencia de un individuo con respecto a su grupo. Se define como el grado en el que las personas otorgan más peso a sus propios sentimientos, creencias y metas (e. g., individualismo) o, por el contrario, muestran más solidaridad y preocupación por los de su grupo (e. g., colectivismo) (Hui, 1988).

El individualismo-colectivismo ha dominado la investigación transcultural y es el constructo más aplicado para explicar y predecir diferencias culturales (e. g., Oyserman, Coon & Kemmelmeier, 2002; Kagitcibasi, 1997; Hofstede & Hofstede, 2001). En las culturas en donde predomina el colectivismo (principalmente Asia y África) el “yo” se define como un aspecto del colectivo, y las metas personales se subordinan a las metas del grupo (Triandis, 1996). En las culturas individualistas el “yo” se define como independiente y autónomo del colectivo; por lo tanto, las metas personales son más importantes. Se calcula el costo y el beneficio de una relación y cuando el costo excede el beneficio la relación se abandona. Esto sucede en especial en Estados Unidos y Europa (Hui & Triandis, 1986; Triandis, 1990; Triandis et al., 1986; Triandis, Bontempo, Villareal, Asai & Lucca, 1988).

Triandis (1995) especifica que los cuatro rasgos que conforman al constructo son: a) la definición del “yo”, que puede hacer énfasis en los aspectos personales o colectivos (Markus & Kitayama, 1991); b) las metas personales, que pueden priorizar los intereses del endogrupo o viceversa; las personas de culturas individualistas pueden tener metas diferentes a las del grupo, en tanto que en culturas colectivistas por lo general se tienen metas compatibles con las del grupo (Miller, 1994); c) el énfasis en las relaciones o en la racionalidad; las relaciones del individuo con el grupo pueden involucrar intercambios racionales (de costo-beneficio) o con preocupaciones socioemocionales (Schwartz, 1990); y d) la importancia de las normas y la actitudes como determinantes de la conducta social. En las culturas individualistas las actitudes son más importantes que las normas, mientras que en las culturas colectivistas se le da más peso a las normas (Kim, Triandis, Kâğitçibaşi, Choi & Yoon, 1994).

El individualismo-colectivismo tiene repercusiones palpables en los individuos y en el funcionamiento de las sociedades. Unos y otros se definen a sí mismos de forma diferente: las personas de contextos culturales individualistas, como Australia, Gran Bretaña o Canadá, se describen a sí mismos con adjetivos que reflejan sus características inherentes (e. g. alto, delgado); mientras que la gente de contextos colectivistas como India, Puerto Rico y Asia del Este tiene una mayor tendencia a describirse indicando roles y pertenencias a un grupo (e. g. madre, hermana) (Heine, 2008). La gente de contextos colectivistas (e. g. asiáticos del este) también suelen percibirse muy similares a sus amigos y muy diferentes a las personas que están fuera de su grupo de pertenencia, mientras que personas de contextos individualistas (e. g. estadounidenses) se ven diferentes a sí mismos de todos los demás, sin importar si son de su propio grupo o no (Iyengar, Lepper & Ross, 1999).

También hay indicios que sugieren que la forma en la que individualistas y colectivistas se comunican e interpretan las emociones es diferente. En un estudio, mientras los japoneses atienden más el tono en el que se dice algo (e. g. triste) que el significado literal de lo que se comunica, los estadounidenses parecen hacerlo al revés (Kitayama & Ishii, 2002). Además de que los japoneses tienen mayores dificultades al dejar un mensaje en una contestadora porque no reciben la retroalimentación no verbal que está presente en una conversación telefónica (Miyamoto & Schwarz, 2006). En adición a esto, cuando se pide a japoneses y a estadounidenses que juzguen si alguien está feliz en un contexto donde todos los demás no están felices, los japoneses dirán con mayor frecuencia que no está feliz, mientras que el estadounidense dirá que sí (Masuda et al., 2008). Lo anterior muestra que la felicidad tiene un significado diferente para colectivistas e individualistas, y por tanto consideran medios diferentes para alcanzarla. En contextos de interdependencia (e. g. colectivistas) es más importante mantener relaciones cercanas y armoniosas con los demás para ser feliz, en tanto que en contextos de independencia (e. g. individualistas) son más importantes los logros personales y mantener la autoestima alta (Kitayama, Mesquita & Karasawa, 2006).

La forma en la que los colectivistas interpretan las emociones y cómo conceptualizan la felicidad podría llevar a deducir que también se conforman (o se alinean) con más facilidad ante los otros. De forma contraria a lo esperado, distintos individuos de sociedades colectivistas puestos a prueba en el experimento clásico de Asch han resultado ser menos conformistas que las personas de sociedades individualistas. Al parecer muestran menor conformidad porque el grupo en ese momento es de extraños, aunque cuando se trata de gente de su grupo parecen mostrar más conformidad que los individualistas (Frager, 1970). Lo anterior nos lleva a ver que la interdependencia no se muestra hacia cualquier individuo en los contextos colectivistas, sino a un grupo privilegiado (Heine, 2010).

Finalmente, el ritmo de vida también tiene una influencia cultural. Las culturas individualistas no sólo hacen un énfasis en el “yo” sino también en el logro, por encima de la afiliación. El énfasis en el logro, por lo general, estimula la mentalidad de “el tiempo es dinero”, que deriva en la urgencia de que cada momento es valioso. Por el contrario, en algunas culturas colectivistas, la urgencia del tiempo es vista con hostilidad (e. g. el pueblo Cabilio, o Kabyle, es una sociedad colectivista de Argelia que desprecia apresurarse en cualquier asunto social, ya que consideran que es una falta de decoro combinada con ambición diabólica, por lo que llaman al reloj “molino del diablo”). El ritmo de vida se refleja en múltiples aspectos de la vida cotidiana; por ejemplo, cuando Robert Levine observó la rapidez de la velocidad al caminar (durante la hora pico matinal), la eficacia de una oficina de correos y la exactitud de 15 diferentes relojes de banco seleccionados al azar en el centro de diferentes ciudades, encontró que entre mayor fuera el bienestar económico de un país y mayor su grado de industrialización, más rápido era el ritmo de vida de ese lugar. Si se suma lo anterior al hallazgo de que los países individualistas suelen tener economías más sanas, se puede comprender por qué los países con crisis económicas se inclinan hacia el colectivismo: cuando otros recursos escasean, las relaciones sociales son un recurso importante para la consecución de objetivos (Levine, 2006).

LA IMPORTANCIA DE LOS SINDROMES CULTURALES

En la psicología ha resultado común que cuando se postula una teoría se le recibe como universal. Esto es porque un sesgo humano común consiste en creer que los demás ven al mundo de la forma en la que nosotros lo vemos. Una conducta descontextualizada puede parecernos incluso “loca” (Wagner, Kello & Howarth, 2015). Sin embargo, como propone Triandis (1995), hay una distancia entre la psicología contemporánea (que suele provenir de Occidente) y la psicología autóctona (propia de cada región); y sólo al integrar ambas se puede hablar de una psicología universal. Para cubrir la distancia entre la psicología contemporánea y la psicología autóctona son necesarios constructos que indiquen cómo un fenómeno cambia de una psicología a otra (Triandis, 1993, 1995). Los síndromes culturales han sido los constructos que han acortado la brecha entre ambas psicologías. Se les ha definido como un patrón de actitudes compartidas, creencias, actitudes, categorizaciones, autodefiniciones, normas, definiciones de roles y valores que se organizan en torno a un tema (Triandis, 1993, 1994, 1995). El individualismocolectivismo ha sido el síndrome cultural más utilizado en todo el mundo para comparar los valores humanos (que pueden estar centrados en uno mismo o en los demás) (e. g., Oyserman, Coon & Kemmelmeier, 2002).

MODELOS DEL INDIVIDUALISMOCOLECTIVISMO

Hay tres modelos para abordar el individualismo-colectivismo, los que han suscitado más investigación hasta la fecha. El primero fue propuesto por Hofstede (1984), en conjunto con su investigación sobre valores en 40 países diferentes. Él considera al individualismo como una dimensión de dos polos, donde en un lado está la valoración de la independencia emocional y la autonomía con respecto a cualquier grupo y organización. La ausencia de individualismo supondría una dependencia emocional del resto de las personas y un sentimiento de “nosotros”. El segundo modelo es propuesto por Schwartz (1990), quien tiene su principal foco de atención en los valores, los que define como metas transituacionales que varían en importancia y que sirven como principios guía en la vida de las personas. Para él, hay valores que pueden ser de naturaleza sólo individualista o colectivista, pero también es posible encontrar valores que sirvan a ambos intereses.

La tercera postura fue propuesta en inicio por Triandis et al. (1986), quienes exponen una visión bipolar del individualismo-colectivismo, donde un individuo puede sostener una u otra, pero no ambas. El individualismo se caracteriza por valores como autoconfianza, competición, distancia emocional de los endogrupos y hedonismo; mientras que el colectivismo se conforma de valores como interdependencia, integridad familiar y sociabilidad. A nivel social, las culturas individualistas tienden a valorar la autonomía y la independencia emocional del individuo en sus grupos sociales, en tanto que las culturas colectivistas valoran la tradición heredada y la dependencia emocional entre los miembros del grupo (Gómez Jiménez & Martínez Sánchez, 2000). Más adelante el mismo Triandis (1995) propone que el individualismo y el colectivismo son constructos politéticos, es decir que una cultura en particular puede no poseer todos los rasgos para ser clasificada como colectivista o individualista, pero tender más a una que a otra. Esta especificación permite concebir que si bien el individualismo-colectivismo se delimita en principio por cuatro atributos, puede ser definido también por otras características adicionales para comprender mejor qué tipo de cultura se estudia.

Ejes del individualismo-colectivismo: horizontalidad y verticalidad

En línea con lo anterior, Triandis (1990, 1995) sugiere que hay muchos tipos diferentes de individualismo y colectivismo: por ejemplo, el individualismo estadounidense es diferente del suizo, y el colectivismo israelí es distinto del coreano. El cuestionamiento inmediato es: ¿cómo medir entonces un constructo que si bien posee semejanzas, tiene sus matices en cada región? Triandis y Gelfand (1998) señalan que la verticalidad (que hace énfasis en las jerarquías) y la horizontalidad (que acentúa la igualdad) son las dos principales características que hacen que el individualismo y el colectivismo varíen de una cultura a otra. Los patrones horizontales asumen que una persona es más o menos como la otra, mientras los verticales sitúan a un individuo como diferente de otro. Al combinar el individualismo y el colectivismo con los ejes horizontal y vertical se obtienen cuatro patrones culturales distintos.

La esencia del patrón colectivista horizontal es la equidad; el individuo ve al self como un aspecto del endogrupo y los miembros del grupo son percibidos como similares entre ellos. En el colectivismo vertical el self es un aspecto del endogrupo, pero dentro de él es diferente; algunos individuos tienen más estatus, la inequidad es aceptada. En el individualismo horizontal el sí mismo es postulado como autónomo, pero el individuo es más o menos igual a los otros. En el individualismo vertical el sí mismo es autónomo pero los individuos se ven diferentes entre ellos, por lo que se espera inequidad (Singelis, Triandis, Bhawuk & Gelfand, 1995). Triandis (1995) sugiere que muchas órdenes monásticas y kibbutz (comunidades agrícolas israelíes) son colectivistas horizontales; India y Grecia son colectivistas verticales; Suiza y Australia son individualistas horizontales, y los Estados Unidos de América y Francia son individualistas verticales. Estos patrones se ven reflejados de forma directa en cómo los individuos reparten los recursos. Por ejemplo, los colectivistas horizontales comparten los recursos con el grupo, mientras que los verticales en general reparten los recursos de acuerdo al estatus y de acuerdo a la contribución de cada miembro; es decir, que entre más contribuyes más recibes. Por lo anterior, se asume que cada tipo de individualismo-colectivismo tiene un gobierno diferente: los colectivistas verticales poseen un gobierno comunista; los individualistas verticales poseen una democracia de mercado; los colectivistas horizontales poseen una vida comunal, mientras que los individualistas horizontales, un socialismo democrático (Fiske, 1992).

El presente instrumento

En el individualismo horizontal, la gente busca ser diferente a otros grupos, tiene mucha confianza en sí misma, pero no está interesada en diferenciarse mucho de otros individuos y tampoco en tener un estatus alto. En contraste, en el individualismo vertical la gente sí está interesada en distinguirse de los otros y adquirir estatus, y lo hacen a través de la competencia individual.

Buscan ser los mejores. En el colectivismo horizontal el individuo se ve similar a los demás, enfatiza metas comunes con los otros, interdependencia y sociabilidad, pero no se somete con facilidad a la autoridad.

En cambio, en el colectivismo vertical la gente acentúa la importancia del endogrupo, está dispuesta a sacrificar sus intereses personales por el bien de éste y apoya competencias del endogrupo con el exogrupo. Los individuos se someten a la autoridad, incluso cuando sus órdenes les resulten en extremo desagradables, si es que éstas benefician al endogrupo (Triandis & Gelfand, 1998). Esta clasificación es el eco de otras propuestas previamente por Fiske (1992), Rokeach (1973) y Singelis et al. (1995), quienes también han examinado variaciones en los patrones culturales.

Por supuesto, el cuestionamiento siguiente es qué tan bien encajan estas clasificaciones con la realidad. Un instrumento de 32 reactivos (8 para cada dimensión) mostró que esta estructura se encuentra en Estados Unidos (Singelis et al., 1995). Más adelante, Triandis y Gelfand (1998) realizaron un estudio con un instrumento inicial de 28 reactivos (7 para cada factor), con ello evidenciaron que en Corea (una cultura no occidental) también se encuentra esta estructura.

En el presente estudio se validó el instrumento utilizado por Triandis y Gelfand (1998) con el propósito de buscar evidencia de que los constructos son útiles para la población mexicana y con el objetivo de contar con una forma breve y útil de medir el individualismo- colectivismo con sus dos ejes adicionales: el horizontal y el vertical.

MÉTODO

Participantes

Se contó con las respuestas voluntarias y anónimas de 285 participantes, de los cuales 43.8% fueron hombres y 56.1% mujeres. Tenían un rango de edad entre los 14 y los 50 años (m=19.99, de=4.38). En cuanto a su escolaridad, la mayor parte de ellos contaba con la preparatoria (46.6%) o con licenciatura (39.8%), el resto tenía estudios de primaria (2.6%), secundaria (9%) o posgrado (1.9%).

Instrumento

Mediante el procedimiento de traducción-retraducción se adaptó el instrumento desarrollado por Triandis y Gelfand (1998) y probado en las poblaciones estadounidense y coreana. El instrumento original contiene 16 reactivos conformados en cuatro factores. El primer factor es de individualismo horizontal (e. g. “Prefiero depender de mí mismo que de otros”); el segundo, de individualismo vertical (e. g. “Es importante para mí hacer el trabajo mejor que los demás”); el tercero, de colectivismo horizontal (e. g. “Me siento bien cuando coopero con los demás”); el cuarto, de colectivismo vertical (e. g. “Las familias deben estar unidas sin importar los sacrificios”). El formato de respuesta utilizado fue tipo likert pictográfico de cinco puntos.

Procedimiento

Se aplicó el instrumento de manera voluntaria en zonas aledañas a escuelas preparatorias de la Ciudad de México. Se aseguró el anonimato y confidencialidad de las respuestas obtenidas.

Resultados

Una vez obtenidos los resultados se siguió el procedimiento para validación de instrumentos de Reyes Lagunes y García Barragán (2008), el cual ha mostrado ser una opción metodológica confiable (e. g. López Suárez, Reyes Lagunes & Uribe Prado, 2011). Para verificar que la cantidad de opciones de respuesta fuera la adecuada, se verificó que la frecuencia de respuesta para cada opción haya sido mayor a cero. Se encontró que así fue para los 16 reactivos de la escala. En cuanto al tipo de distribución (normal vs. sesgada) de cada variable, se encontró que siete de los reactivos tenían una distribución anormal (1, 4, 9, 10, 12, 13 y 16), mientras que los demás mostraron una distribución normal (ver Tabla 1, 1a).

Para saber si todos los reactivos discriminaban entre los que habían obtenido altas puntuaciones en colectivismo e individualismo y los que habían obtenido bajas, se realizaron grupos con altas y bajas puntuaciones en estas dimensiones con base en los percentiles 25 y 75. Después se realizaron pruebas t de Student para muestras independientes. Se encontró que todos los reactivos discriminaron entre los grupos altos y bajos.

Para observar la direccionalidad de los reactivos se realizaron tablas de contingencia entre los grupos altos y bajos y los 16 reactivos. Se verificó que el grupo con puntaje bajo tuviera mayor frecuencia en las opciones de menor valor (e. g. 1 y 2) y ninguna o muy pocas en las de mayor valor (e. g. 4 y 5). Como se puede observar en la Tabla 1, sólo la mitad de los reactivos muestran la direccionalidad que marcaría la teoría.

Con el objetivo de eliminar los reactivos que tuvieran poca relación con los demás y, por ende, disminuyeran la confiabilidad de la subescala, se procedió a calcular la confiabilidad de las subescalas del instrumento mediante el Alpha de Cronbach. Se encontró que ninguno de los reactivos incrementaba el alpha total de la subescala al ser eliminados, por lo que se conservaron todos los reactivos (Tabla 1, 1a).

Tabla 1
Características psicométricas por reactivo
Características
psicométricas por reactivo

Tabla 1 (Cont.)
Características psicométricas por reactivo
Características
psicométricas por reactivo

Para corroborar la validez de constructo del instrumento, se realizó un análisis factorial de componentes principales (ver Tabla 2). Debido a que en ambas subescalas la correlación entre reactivos fue de mediana a baja, se empleó la rotación ortogonal. El análisis arrojó una estructura factorial de cuatro componentes, con indicadores adecuados [kmo=0.629 y Bartlett’s (66)=597.987, p<0.001] con una varianza explicada de 59.920%. El primer factor mide colectivismo horizontal, compuesto por los reactivos 9, 10 y 12 (e. g. “Me siento bien cuando coopero con los demás”); el segundo (reactivos 13, 15 y 14), que habla de colectivismo vertical (e. g. “Las familias deben estar unidas sin importar los sacrificios”); el tercero (reactivos 6, 7 y 8), que tiene ítems de individualismo vertical (e. g. “Ganar es todo”) y el cuarto (reactivos 1, 3 y 4), que contiene reactivos de individualismo horizontal (e. g. “Prefiero depender de mí mismo que de otros”). Del análisis se excluyeron los reactivos 2, 5, 11 y 16 porque tenían cargas factoriales menores a 0.40 y cargaban en factores separados.

El instrumento en general tuvo una confiabilidad aceptable α=0.681. En cuanto a las medias obtenidas para cada factor, se encontró que las medias más altas son para colectivismo e individualismo horizontal, al tener medias muy cercanas. Es decir, que esta muestra en particular se identifica más con las dimensiones horizontales que con las verticales.

Finalmente, se realizaron correlaciones producto momento de Pearson entre los diferentes factores del individualismo-colectivismo, encontrando que el colectivismo horizontal tiene una correlación positiva moderada con el colectivismo vertical (r=0.227), al igual que el colectivismo horizontal con el individualismo horizontal (r=117). Esto también contribuye a la idea de que no son dimensiones por completo separadas que puedan presentarse en un mismo individuo.

Tabla 2
Análisis Factorial de Componentes Principales
Análisis
Factorial de Componentes Principales
** p<0.001

En este estudio se buscó validar el instrumento creado por Triandis y Gelfand (1998) de individualismocolectivismo con sus respectivos ejes de horizontalidad y verticalidad. En general, la muestra se identificó mucho más con las dimensiones horizontales, principalmente con el colectivismo horizontal. De acuerdo con los resultados encontrados, el análisis factorial muestra una estructura conforme con la teoría. Lo anterior es evidencia de validez de constructo. En cuanto a la confiabilidad del instrumento, es probable que no se hayan encontrado correlaciones altas entre los reactivos, debido a que se trata de un instrumento breve. Como Cronbach (1990) señala, entre más amplio sea el constructo, más baja es la confiabilidad. Para obtener medidas con confiabilidades más altas se recomienda utilizar el presente instrumento como base y aumentar el número de reactivos.

La Psicología fue desarrollada en su mayoría en Europa y Estados Unidos, países que han sido caracterizados como individualistas. Sin embargo, Occidente consiste en 28% de la humanidad, el resto está en otras partes del mundo (y en otras culturas) (Singelis et al., 1995). Así, la investigación transcultural toma aún más sentido en las culturas colectivistas, de las que se sabe menos. La investigación previa ha conceptualizado al individualismo-colectivismo como bipolar (Hofstede, 1980) o independiente (Triandis, 1995). El presente estudio (hecho en una cultura clasificada como colectivista) muestra evidencia de que el individualismo no es por completo independiente del colectivismo, lo que contribuye a la idea de que las culturas no son puras. Por el contrario, los individuos exhiben cada uno de estos patrones en tiempos y formas diferentes (Singelis & Brown, 1995). Por facilidad se ha postulado que en los países predominan ciertos rasgos (colectivistas o individualistas), como si fueran rasgos perdurables a través de las situaciones e independientes del contexto.

Para comprender mejor cada cultura, un paso puede ser describir los contextos bajo los que un individuo dentro de cada cultura opta por seguir sus propios deseos o inclinarse por los del grupo.

En cualquiera de sus aplicaciones, la evaluación psicológica supone analizar los diferentes comportamientos con la finalidad de explicarlos (Casullo, 1999), lo cual lleva a diversificar las medidas utilizadas. Por lo mismo, continúa resultando importante, para abordar de manera íntegra el constructo de individualismocolectivismo, contar con medidas adicionales a las proporcionadas de manera subjetiva por los participantes.

Recientemente se han probado formas diferentes de aproximarse al individualismo-colectivismo (Fischer et al., 2009). En lugar de pedirle a los participantes que reporten su grado de acuerdo con una declaración, se les pide que reporten las características que tienen la mayoría de los miembros del grupo. Así se capturan las percepciones colectivas y experiencias (e. g. “La mayor parte de la gente disfruta siendo diferente de los otros”). Si bien es una aproximación que está inclinada más a la medición de las normas, lo que podría representar una ventaja, aún se necesita saber qué tan precisas son estas normas percibidas para predecir la conducta y explicar por qué las personas perciben de forma diferente las normas de un mismo grupo.

El individualismo-colectivismo es el síndrome cultural más estudiado cuando se busca acortar la brecha entre la psicología contemporánea y la psicología autóctona. Han sido muchos los intentos por medir este constructo (e. g. Hofstede, 1980), sin embargo, como ocurre con muchas variables psicológicas, ha sido difícil construir un instrumento válido y confiable.

Utilizar instrumentos creados en específico en una región provee la ventaja de ser culturalmente relevantes, sin embargo, el utilizar medidas que se empleen a nivel internacional permite hacer comparaciones con otras regiones, lo cual a la larga posibilita hacer abstracciones más generales sobre las variables psicológicas. Por lo anterior, optar por instrumentos que permitan hacer comparaciones entre culturas puede resultar en una aportación para la construcción de una psicología general. Con el presente instrumento es posible hacer tales comparaciones.

REFERENCIAS

Casullo, M. M. (1999). La evaluación psicológica: Modelos, técnicas y contexto sociocultural. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica, 1(1), 97-113.

Cronbach, L. J. (1990). Essentials of psychological testing. New York, NY, US: Harper & Row.

Eisenberger, N. I., Lieberman, M. D., & Williams, K. D. (2003). Does rejection hurt? An fMRI study of social exclusion. Science, 302(5643), 290-292. https://doi.org/10.1126/science.1089134

Fischer, R., Ferreira, M. C., Assmar, E., Redford, P. et al. (2009). Individualism-collectivism as descriptive norms development of a subjective norm approach to culture measurement. Journal of Cross-Cultural Psychology, 40(2), 187-213. https://doi.org/10.1177%2F0022022109332738

Fiske, A. (1992). Four elementary forms of sociality: Framework for a unified theory of social relations. Psychological Review, 99(4), 689-723. http://dx.doi.org/10.1037/0033-295X.99.4.689

Frager, R. (1970). Conformity and anticonformity in Japan. Journal of Personality and Social Psychology, 15(3), 203-210. http://dx.doi.org/10.1037/h0029434

Gómez Jiménez, A., & Martínez Sánchez E. (2000). Implicaciones del modelo de valores de Schwartz para el estudio del individualismo y el colectivismo. Discusión de algunos datos obtenidos en muestras españolas. Revista de Psicología General y Aplicada, 53(2), 279-301.

Heine, S. J. (2010) Cultural psychology. En S. T. Fiske, D. T. Gilbert & L. Gardner (Eds.), Handbook of social psychology (pp. 1423-1464). Nueva York, NY, US: John Wiley & Sons.

Heine, S. J. (2008). Cultural psychology. Nueva York, NY, US: W. W. Norton.

Hofstede, G. (1980). Culture and organizations. International Studies of Management & Organization, 10(4), 15-41. https://doi.org/10.1080/00208825.1980.11656300

Hofstede, G. (1984). The cultural relativity of the quality of life concept. Academy of Management Review, 9(3), 389-398. https://doi.org/10.5465/amr.1984.4279653

Hofstede, G. H., & Hofstede, G. (2001). Culture’s consequences: Comparing values, behaviors, institutions and organizations across nations. Thousand Oaks, CA, US: Sage Publications.

Hui, C. H. (1988). Measurement of individualism-collectivism. Journal of Research in Personality, 22(1), 17-36. https://doi.org/10.1016/0092-6566(88)90022-0

Hui, C. H., & Triandis, H. C. (1986). Individualism-collectivism: A study of cross-cultural researchers. Journal of Cross-Cultural Psychology, 17(2), 225-248. https://doi.org/10.1177%2F0022002186017002006

Iyengar, S. S., Lepper, M. R. & Ross, L. (1999). Independence from whom? Interdependence with whom? Cultural perspectives on ingroups versus outgroups. En D. Miller & D. Prentice (Eds.), Culture divides: Understanding and overcoming group conflict (pp. 273- 301). Nueva York, NY, US: Sage Publications.

Kagitcibasi, C. (1997). Individualism and collectivism. En J. W. Berry, Y. H. Poortinga, J. Pandey, M. H. Segall, Ç. K. (Eds.), Handbook of cross-cultural psychology (pp. 1-49). Needham Heights, MA, US: Allyn & Bacon.

Kim, U. E., Triandis, H. C., Kâğitçibaşi, Ç. E., Choi, S. C. E., & Yoon, G. E. (1994). Individualism and collectivism: Theory, method, and applications. Thousand Oaks, CA, US: Sage Publications.

Kitayama, S., & Ishii, K. (2002). Word and voice: Spontaneous attention to emotional utterances in two languages. Cognition & Emotion, 16(1), 29-59. https://doi.org/10.1080/0269993943000121

Kitayama, S., Mesquita, B., & Karasawa, M. (2006). Cultural affordances and emotional experience: socially engaging and disengaging emotions in Japan and the United States. Journal of Personality and Social Psychology, 91(5), 890-903. http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.91.5.890

Levine, R. (2006). Una geografía del tiempo. Buenos Aires, Argentina. Siglo XXI Editores.

López Suárez, A. D., Reyes Lagunes, I., & Uribe Prado, J. F. (2011). Generation and psychometric validation of a Goal-Intention Scale. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación Psicológica, 1(31), 133-155

Markus, H. R., & Kitayama, S. (1991). Culture and the self: Implications for cognition, emotion, and motivation. Psychological Review, 98(2), 224-253. http://dx.doi.org/10.1037/0033-295X.98.2.224

Masuda, T., Ellsworth, P. C., Mesquita, B., Leu, J., Tanida, S., & Van de Veerdonk, E. (2008). Placing the face in context: Cultural differences in the perception of facial emotion. Journal of Personality and Social Psychology, 94(3), 365-381. http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.94.3.365

Miller, J. G. (1994). Cultural diversity in the morality of caring: Individually oriented versus duty-based interpersonal moral codes. Cross-Cultural Research, 28(1), 3-39. https://doi.org/10.1177%2F106939719402800101

Miyamoto, Y., & Schwarz, N. (2006). When conveying a message may hurt the relationship: Cultural differences in the difficulty of using and answering machine. Journal of Experimental Social Psychology, 42(4), 540-547. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2005.09.001

Oyserman, D., Coon, H. M., & Kemmelmeier, M. (2002). Rethinking individualism and collectivism: Evaluation of theoretical assumptions and meta-analyses. Psychological Bulletin, 128(1), 3-72. http://dx.doi.org/10.1037/0033-2909.128.1.3

Reyes Lagunes, I., & García Barragán, L. F. (2008). Procedimiento de validación psicométrica culturalmente relevante: Un ejemplo. En La Psicología Social en México, xii (pp. 625-630). México: Amepso.

Rokeach, M. (1973). The nature of human values. Nueva York, NY, US: Free Press.

Schwartz, S. H. (1990). Individualism-collectivism critique and proposed refinements. Journal of Cross-Cultural psychology, 21(2), 139-157. https://doi.org/10.1177%2F0022022190212001

Singelis, T. M., & Brown, W. J. (1995). Culture, self, and collectivist communication: Linking culture to individual behavior. Human Communication Research, 21(3), 354-389. https://doi.org/10.1111/j.1468-2958.1995.tb00351.x

Singelis, T. M., Triandis, H. C., Bhawuk, D. P., & Gelfand, M. J. (1995). Horizontal and vertical dimensions of individualism and collectivism: A theoretical and measurement refinement. Cross-Cultural Research, 29(3), 240-275. https://doi.org/10.1177%2F106939719502900302

Triandis, H. C., Bontempo, R., Betancourt, H., Bond, M. et al. (1986). The measurement of ethic aspects of individualism and collectivism across cultures. Australian Journal of Psychology, 38(3), 257-267. https://doi.org/10.1080/00049538608259013

Triandis, H. C., Bontempo, R., Villareal, M. J., Asai, M., & Lucca, N. (1988). Individualism and collectivism: Cross-cultural perspectives on self-ingroup relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 54(2), 323-338. http://dx.doi.org/10.1037/0022-3514.54.2.323

Triandis, H. C. (1990). Cross-cultural studies of individualism and collectivism. En J. Berman (Ed.), Nebraska Symposium on Motivation, 1989 (pp. 41-133). Lincoln, NE, US: University of Nebraska Press.

Triandis, H. C. (1993). Collectivism and individualism as cultural syndromes. Cross-cultural research, 27(3-4), 155-180. https://doi.org/10.1177%2F106939719302700301

Triandis, H. C. (1994). Culture and social behavior. Nueva York, NY, US: McGraw-Hill.

Triandis, H. C. (1995). Individualism and collectivism. Boulder, CO, US: Westview Press.

Triandis, H. C. (1996). The psychological measurement of cultural syndromes. American Psychologist, 51(4), 407-415.

Triandis, H. C., & Gelfand, M. J. (1998). Converging measurement of horizontal and vertical individualism and collectivism. Journal of Personality and Social Psychology, 74(1), 118-128.

Wagner, W., Kello, K., & Howarth, C. (2015). “Are they crazy?” Social representations, conformism, and behavior. Journal of Cross-Cultural Psychology, 46(10), 1295-1297. https://doi.org/10.1177%2F0022022115600269

Wilson, E. O. (1980). Sociobiología: La nueva síntesis. Barcelona, España: Omega

HTML generado a partir de XML-JATS4R por