ESTILOS DE AMOR EN HOMBRES Y MUJERES, PREDICTORES DE CULPA EN LA RELACIÓN DE PAREJA

STYLES OF LOVE IN MEN AND WOMEN, PREDICTORS OF GUILT IN A RELATIONSHIP BETWEEN A COUPLE

Elizabeth Alvarez Ramirez
Universidad Pedagógica Nacional, México
Miriam Wendolyn Barajas Marquez
Universidad Iberoamericana, México
Mirna Garcia Mendez
unam, México

ESTILOS DE AMOR EN HOMBRES Y MUJERES, PREDICTORES DE CULPA EN LA RELACIÓN DE PAREJA

Psicología Iberoamericana, vol. 25, núm. 1, pp. 49-57, 2017

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Recepción: 03 Enero 2016

Aprobación: 11 Octubre 2016

Resumen: El objetivo consistió en analizar los estilos de amor que predicen la culpa en hombres y mujeres en una relación de pareja. Se obtuvo una muestra no probabilística intencional con un rango de edad de 21 a 55 años, 271 hombres (m=39.6 de= 9.3) y 283 mujeres (m=38.9 de=9.2). Se aplicó la Escala de Estilos de Amor (Ojeda-García, 1998) y el Inventario Multidimensional de Culpa en la Relación de Pareja (Álvarez Ramírez, García Méndez & Rivera Aragón, 2014). En los hombres, estilos negativos como Manía y Ludus incrementan la ansiedad, el remordimiento, el chantaje/manipulación y la compensación; el amor amistoso disminuye la ansiedad y el chantaje, mientras que el amor erótico es el que mejor predice la reparación del daño. Por su parte, en las mujeres el amor amistoso es el mejor predictor de la reparación del daño y atenúa lo negativo; Pragma, Ágape y Eros favorecen la experiencia de culpa, la manía y el chantaje.

Palabras clave: culpa, relación, ansiedad, compromiso, interacción de pareja.

Abstract: The objective consists of analyzing the styles of love that predict guilt in men and women that form part of a couple. An intentional non probability sample was obtained among people ranging in age from 21 to 55, comprised of 271 men (m= 39.6 de=9.3) and 283 women (m=38.9 de=9.2). The Styles of Love scale (Ojeda, 1998) was applied, as was the Multidimensional Guilt Inventory of Couple Relationships (Alvarez Ramírez, García Méndez & Rivera Aragón, 2014). Among men, negative styles of love Such as Mania and Ludus increase anxiety, remorse, emotional blackmail/manipulation, and compensation; friendship love lowers anxiety and emotional blackmail, while erotic love is the best predictor of damage redress. In women, friendship love is the best predictor of damage redress and attenuates the negative; Pragma, Agape and Eros favor experiencing guilt and emotional blackmail mania.

Keywords: guilt, relationship, anxiety, commitment, couple interaction.

El estudio de la culpa tiene una trayectoria importante. Desde los años sesenta múltiples teóricos manifestaron su interés por tratar de explicar esta compleja emoción, así como sus componentes y alcances; Mosher (1966) la describía como una expectativa generalizada para automediar el castigo por la violación de alguna norma moral preestablecida, esto es, se anticipa la violación o fallo y se internalizan los estándares de la conducta adecuada. Por su parte, Hoffman (2002) define la culpa como una emoción que tiene su origen en la empatía con el dolor ajeno. Más tarde, Frijda (1994) la refiere como una emoción negativa asociada con la creencia de haber dañado a otra persona.

Asimismo, Baumeister, Stillwell y Heartherton (1994) propusieron que la culpa tiene un carácter en esencia privado, que tiene que ver con la propia conciencia y normas personales, debido a los efectos que tiene sobre el control y la reparación de la propia conducta. Esto sugiere que existe una relación positiva entre la tendencia a sentir empatía hacia los otros y el experimentar culpa, pues ésta genera una preocupación sobre los efectos de nuestras conductas en los demás (Tangney, 1992; Tangney, 1995). Además, favorece el camino constructivo, la responsabilidad y la reproducción de conductas conciliadoras como disculparse, reparar el daño o la restitución simbólica (Tangney & Fischer, 1995).

Desde otro ángulo, Álvarez (1996) hace un análisis de la responsabilidad y el deber vinculados a la culpa; al respecto, menciona que el deber nace de un hecho operativo al que una norma jurídica o moral concede poder de vinculación, en donde el contenido tiene que ver con lo que las normas morales ordenan que se haga u omita. El deber no nace de una norma previa, sino del hecho de saber que, de no comportarse conforme a la voluntad filantrópica del grupo, el individuo será rechazado por éste. De este modo, quien experimenta culpa por realizar una mala acción necesita recuperar la confianza de los demás. Busca ante todo reparar el daño, pero también sufrir un castigo. El sujeto infractor capta esa voluntad y la hace suya, porque desea recuperar su afecto o evitar su desprecio. En este entorno, si el contexto psicológico cambia, la sensibilidad social del sujeto también cambiará; será así posible sentir culpa incluso en aquellas situaciones donde parece que ésta es sólo un concepto convencional, sea o no importante, pues radica en el remordimiento de la conciencia moral, además de que contiene la implicación de elección y responsabilidad, independientemente de que se sea o no consciente de ello (Branden, 1993).

Respecto a las causas de la culpa, es importante señalar que la evaluación del sentimiento de culpa se dirige hacia el exterior a una conducta particular comprometida por el sujeto, es decir, una valoración negativa de una acción particular con autorreproche. Al experimentar esta emoción, el individuo puede tener pensamientos respecto a que quizá debió haber hecho algo más o evitar la conducta que causó el malestar en el otro (Benetti-McQuoid & Bursik, 2005). Por esta razón, diversos teóricos (e. g. Baumeister, Reis & Delespaul, 1995; Etxebarria, 2000) sugieren que la culpa surge de manera habitual por el fallo en el cumplimiento de compromisos, la desgracia ajena, el descuido de asuntos personales, cuando se hace trampa y en situaciones vinculadas a las relaciones interpersonales, como ser agresivo, descuidar las relaciones, traicionar la confianza, engañar a personas cercanas, ser conflictivas, mentir, ser infiel, entre otras.

Respecto a las diferencias en hombres y mujeres, se ha descrito que cuando se reflexiona sobre la propia conducta como causante de un daño a otros, las mujeres tienden a reconocer su falta en mayor medida, mientras que los varones tienden a mentir más (Gonzales, Manning & Haugen, 1992). No obstante, Harvey, Gore, Frank y Batres (1997) identificaron que ante la transgresión de una regla que no conllevaba daños directos a alguna persona, y en situaciones que implicaban defraudar la confianza de alguien, así como el mentir, las mujeres mostraron puntuaciones de culpa más altas.

Asimismo, existe evidencia de que las mujeres experimentan sentimientos de culpa más intensos en los procesos de cambio de valores, más en concreto cuando abandonan diversas normas parentales internalizadas de forma acrítica en la infancia; este dato es importante, pues las contradicciones entre lo que piensan y sienten las mujeres pueden suponer para éstas dificultades añadidas a las que ya de por sí implican este tipo de procesos de cambio (Etxebarria, 1999).

Respecto a la relación entre las emociones experimentadas en la relación de pareja, Valor-Segura, Expósito y Moya (2010) explican que en general los hombres fueron quienes manifestaron sentir más culpa, cuando son ellos los que gritan de forma constante a su pareja. Esto es congruente con lo explicado por Benetti- McQuoid y Bursik (2005), quienes indican que las mujeres tienen mayor tendencia a sentir culpa y vergüenza en comparación con los hombres, aunque éstos manifiestan más rasgos de culpa. Sin embargo, los autores observaron mayor nivel de propensión a la culpa entre ambos roles tradicionales femeninos y masculinos, mientras que un mayor autoconcepto masculino es asociado con una disminución en la propensión a la culpa. Con respecto a la relación de pareja, Horan y Dillow (2009) refieren que las cualidades tradicionales del compromiso, los niveles altos de satisfacción y la ausencia de engaño disminuyen la probabilidad de experimentar culpa por parte de los integrantes de la relación de pareja.

Cabe señalar que aún dentro de las relaciones de pareja existen diferencias entre hombres y mujeres con respecto a la culpa, como ejemplo se encuentra la manifestación del componente de la sensibilidad interpersonal, que ha sido reportado como más común en las mujeres, lo cual apoya la idea de que existen pocos niveles de culpa en los hombres, hecho que puede afectar las relaciones interpersonales, ya que al no haber reflexión, autocorrección y reparación del daño quizá no habrá una adecuada solución de los conflictos existentes dentro de la relación, lo que puede llevar a experimentar mayores niveles de culpa (Hoffman, 2002).

Con la intención de recuperar la sensación de bienestar en la interacción se recurre a diversas conductas para reparar el daño y compensar el malestar causado, a fin de mejorar las relaciones (Etxebarria, Pascual & Conejero, 2010; Hoffman, 2002), por lo que lo ideal sería que los miembros de la relación mostraran empatía y preocupación por el bienestar del otro, para así favorecer un ambiente afectuoso y empático que mantenga y fortalezca los vínculos amorosos.

Es así que, en este entorno, resulta importante hablar de los estilos o formas que tienen los miembros de la relación de expresar su amor por el otro, pues de éste podría depender el nivel de empatía que existe hacia el otro para lograr que su interacción sea exitosa o no.

La Teoría de los estilos de amor sostiene que las distintas formas de demostrar amor varían en función de factores tales como la edad, las características del compañero actual, la duración de la relación y factores situacionales únicos de cada pareja (Lee, 1977). Durante el proceso de socialización se aprende el significado de enamorarse, cuáles sentimientos son adecuados, quién es apropiado para enamorarse y qué características son correctas en el otro; por su parte, bajo la aprobación de los roles tradicionales establecidos se aprende cómo debe ser la relación (asimétrica o igualitaria) y, de forma indiscutible, se implantan los mitos culturales sobre el amor (Duque, 2006). A través de su teoría, John Lee (1973) sostiene que existen varias ideologías en las formas de amar, o “estilos de amor”, definidas como una filosofía de expresión personal y única de amor, basadas teóricamente en las características del individuo y su historia de vida a lo largo del tiempo. A través de una recolección de información por medio de entrevistas, Lee propuso una tipología de estilos de amor primarios (Eros, Storge y Ludus), y de la combinación de estos surgieron tres secundarios (Manía, Pragma y Ágape).

El estilo de amor Eros, o amor pasional, es caracterizado por un inicio súbito, intenso compromiso hacia el amante, gran atracción física y sexual, una pasión irresistible, sentimientos intensos e incontrolables hacia la persona deseada, ansiedad y malestar en su ausencia, así como pensamientos obsesivos y rumiación hacia ésta (Yela, 2000). El Storge, o amor amistoso, es sólido y estable, se caracteriza por un compromiso durable que se desarrolla de forma lenta y prudente, con base en la intimidad, la amistad, el cariño y el compañerismo.

Ludus es un tipo de amor con poca implicación emocional y sin expectativas futuras, centrado en el “aquí y ahora”; este estilo de amor no tiene características físicas preferidas, sino que gusta de todo tipo de compañero (Yela, 2000). Pragma, o amor racional, surge como resultado de la combinación entre los estilos primarios Ludus y Storge; este es un amor basado en la búsqueda de una pareja compatible y conveniente antes que en ideales románticos y emociones fuertes, es un amor planeado y planeador que se fundamenta en la proyección tanto de la elección de pareja como de la dinámica en dicha relación (Hendrick & Hendrick, 1986). Manía es resultado de la combinación entre Eros y Ludus; este estilo posee una ideología que se fundamenta en ser demandante con la pareja, desconfiar de ella y celarla de manera frecuente, es un amor obsesivo, con fuerte dependencia, celos intensos, posesividad y ambivalencia que no confía en la sinceridad y el compromiso de la pareja (Ojeda, 1998; Yela, 2000). Por último, el estilo de amor Ágape surge de la combinación amor se caracteriza más por ser idealista que por la sexualidad o la sensualidad; el amante ágape es altruista y abnegado, de renuncia absoluta hacia su pareja y no demandante, por lo que se preocupa en exclusiva por el bienestar de ésta y antepone las necesidades e intereses del otro a los suyos, el amante ágape adula el ideal del autosacrificio cristiano y es algunas veces inconsistente con las expectativas culturales (Yela, 2000).

En la dinámica de pareja, Leon, Parra, Cheng y Flores (1995) reportaron que las diferencias entre hombres y mujeres son mínimas: ambos tienden a adoptar más los estilos erótico y altruista, y sus actitudes ante el amor eran parecidas, aunque consideraron que las similitudes en estos estilos de amor podrían estar influenciadas por pertenecer a una misma ideología y cultura. Más tarde, Zubieta, Deschamps y Vera (2001) reportaron que los hombres tienen mayor tendencia a los estilos de amor amistoso y altruista, esto es, se muestran más comprometidos y apoyan a su pareja de manera desinteresada.

Por su parte, Ogletree (2010) explicó que las mujeres prefieren un estilo de amor pragmático, pues observó que se interesan en ser más organizadas para gastar, por lo que prefieren los anillos menos costosos y una boda pequeña con menos complicaciones, lo que las define como mujeres prácticas a favor de los gastos de bodas igualitarios. Estos cambios encontraron coincidencia en 2013 por Bouquet, quien identificó que los estilos que más refieren los hombres en la actualidad son erótico, altruista y práctico, pues explica que son ellos quienes tienen mayor interés en los aspectos físicos, así como en experimentar gran pasión y entrega por su pareja. Lo anterior permite concluir que el estilo amoroso de una persona no se mantiene estable, sino que varía a lo largo de su vida y de sus diferentes relaciones amorosas.

En este sentido, Greenberg y Goldman (2008) mencionan que los sistemas emocionales juegan un papel fundamental en los roles de la relación, ya que son las vías primarias sobre las cuales las personas se comunican, encuentran confort, seguridad y soporte para su identidad. Al estar en esta situación de confort, hombres y mujeres suelen manifestar similares estilos de amor, es decir, son más eróticos, entregados, buenos compañeros, buscan beneficios para ambos integrantes de la relación, son incondicionales, rechazan el amor lúdico, no les interesa la falta de seriedad en las relaciones y se muestran indiferentes hacia el estilo maniaco, o sea que son poco obsesivos, celosos y posesivos (Ferrer, Bosch, Navarro, Ramis & García, 2008). Estos autores explican que se ha roto el mito que establecía que la mujer siempre ofrece más de sí misma a su pareja; sin embargo, en este momento los hombres son los que creen que el amor se debe entregar de manera ilimitada, desinteresada e incondicional. En este sentido, se puede hablar de que los componentes del amor, con base en los estilos de amor y las diferencias de género, muestran una gran coincidencia en que hombres y mujeres consideran que el amor romántico tiene que ver con el altruismo, el pensamiento positivo, la empatía y la satisfacción emocional, y que esto provee a la relación de herramientas para mantener una relación estable (De Munck, Korotayev & Khaltourina, 2009).

En conclusión, el amor puede estar asociado no sólo con sentimientos positivos sino también negativos, esto aunado a la experiencia personal del individuo y a los estilos que las personas tienen para manifestar el amor a su compañero. En este sentido, las personas que tienen un estilo apasionado tendrán una relación basada en afecto positivo; por el contrario, el posesivo predice afecto negativo, ya que son estilos que incluyen celos, falta de confianza, posesividad y sentimientos de culpa. Por lo anterior, el objetivo de este estudio fue analizar los estilos de amor que predicen la experiencia de la culpa en hombres y mujeres que tienen una relación de pareja.

METODO

Participantes

Se trabajó con un muestreo no probabilístico intencional de 526 personas con un rango de edad de 21 a 55 años, 271 hombres (m=39.6 de=9.3) y 283 mujeres (m=38.9 de=9.2) que radican en la Ciudad de México; en general se manifestó que tenían dos hijos y al momento de la investigación todos se encontraban en una relación de pareja de al menos un año.

Instrumentos



Inventario de los estilos de amor

Fuente: (Ojeda-García, 1998).

Consta de 24 reactivos distribuidos en 6 factores, con Alphas de Cronbach que van de 0.81 a 0.94 y una varianza de 51.4%. El inventario evalúa los seis estilos de amor propuestos por Lee (1973): Amistoso (Storge), Erótico (Eros), Práctico (Pragma), Lúdico (Ludus), Altruista (Ágape) y Maniaco (Manía).



Inventario multidimensional de culpa en la relación de pareja (Alvarez Ramírez, García Méndez & Rivera Aragón, 2014).

Consta de cinco subescalas que miden la culpa en la relación de pareja. Significado, con cuatro factores que explican 51.45% de la varianza, con un Alpha de Cronbach de 0.842. La subescala Causas, con dos factores que explican 63.13% de la varianza y un Alpha de 0.947.

La subescala Consecuencias, con tres factores que explican 58.91% de la varianza y un Alpha de Cronbach de 0.861. La subescala Revaloración, con tres factores que explican 60.63% de la varianza y un Alpha de Cronbach de 0.828. Por último, la subescala Efectos de la culpa, que consta de 23 reactivos agrupados en tres factores: reparación del daño, chantaje-manipulación y compensación, los que explican 52.66% de la varianza con un Alpha de Cronbach de 0.807

Procedimiento

De manera inicial se informó sobre los fines de la investigación, así como los criterios de confidencialidad y privacidad de los datos proporcionados, y a quien aceptó participar se le entregaron los inventarios y se le explicaron las instrucciones de llenado. Esto se realizó en diversos centros de trabajo y hogares de la Ciudad de México. El análisis de datos se efectuó en el programa estadístico spss 21.

Resultados

Se realizaron análisis de regresión lineal paso a paso con la intención de identificar si los diferentes estilos de amor son predictores de las dimensiones en que es representada la culpa. En el caso de los hombres (ver Tabla 1) se puede observar como principales predictores el amor maniaco, amistoso, lúdico y práctico; el maniaco es el que tiene mayor frecuencia de aparición.

Respecto a los efectos más importantes, en primer lugar se identifica que el amor erótico predice de forma significativa la reparación del daño, el amor lúdico favorece el uso del chantaje y la manipulación al tratar de resolver la situación de culpa y, por último, expresar un amor maniaco favorece la ansiedad por sentir que se ha trasgredido alguna norma y dañado a la pareja.

El resto de los estilos predicen de forma significativa las dimensiones de la culpa, pero sus efectos son más bajos. El amor altruista sólo predice la compensación, es decir, que para resarcir el daño causado se recurre a regalos a la pareja.

Tabla 1
Modelos de regresión paso a paso para cada uno de los factores de la culpa en hombres
Modelos de
regresión paso a paso para cada uno de los factores de la culpa en hombres
*p< 0.05, **p< 0.001

En el caso de las mujeres el estilo de amor que aparece con mayor frecuencia es el práctico; asimismo, el amor altruista aparece más que en los modelos de los hombres.

Los efectos directos más importantes se establecieron entre el estilo de amor amistoso y la reparación del daño; en segundo lugar, el amor maniaco favorece el uso del chantaje y la manipulación para dejar de sentir culpa; en tercero, el amor práctico favorece la preocupación empática y las mujeres con estilo amistoso experimentan mayor ansiedad cuando sienten que han causado daño a su pareja. Hay que resaltar que las mujeres con un estilo altruista también suelen recurrir a la compensación a través de regalos o actividades para resarcir el daño.

Tabla 2
Modelos de regresión paso a paso para cada uno de los factores de la culpa en hombres
Modelos de
regresión paso a paso para cada uno de los factores de la culpa en hombres
*p<0.05, **p<0.001

DISCUSION

Los estilos de amor, al ser la forma en que las personas expresan lo que sienten por el otro, resultan un elemento de suma importancia en la dinámica de la relación.

Como lo explica Lee (1977), están relacionados con factores como la personalidad propia y la del compañero, además de factores situacionales de la pareja actual; estas circunstancias pueden potenciar o desfavorecer condiciones positivas o negativas en la dinámica de pareja.

Por ejemplo, la culpa, que es una emoción experimentada como resultado de sentirse responsable del malestar o el daño causado a la pareja (Álvarez Ramírez, García Méndez & Rivera Aragón, 2014).

En el contexto de la relación de pareja el amor es importante, pues es la base en la que la mayoría de las parejas sustentan su unión; sin embargo, existen algunos estilos que pueden generar situaciones conflictivas o de desencanto que lleven a los miembros a experimentar sensaciones de culpa. Los resultados de este estudio proveen evidencia de ello. En primer lugar se refuerzan los hallazgos respecto a las diferencias entre hombres y mujeres; en la literatura se menciona que en la actualidad las mujeres tienen un estilo más práctico (Ogletree, 2010), sin embargo en esta muestra se observó que el estilo amistoso tuvo mayor frecuencia de aparición. En el caso de los hombres, que se han referido como más eróticos y altruistas, aquí se identificó que entre más maniacos y amistosos son, hay mayor experiencia de culpa.

De las dimensiones de la culpa, la que obtuvo mayor puntuación de predicción fue la reparación del daño para hombres y mujeres; sin embargo, para ellos el estilo que lo favorece es el erótico, y para las mujeres, el amistoso.

Se dice que para las mujeres es más importante basar su relación en una interacción de compañerismo y apoyo incondicional, lo que favorece que al resarcir el daño busquen en principio el bienestar psicológico y emocional de su pareja; los hombres, a su vez, mostraron que al ser más eróticos y buscar el acercamiento físico con su pareja incrementará su interés en reparar el daño que causan a ésta, lo que coincide con lo expuesto por Etxebarria, Pascual y Conejero (2010).

En el caso de los hombres, al ser menos comprometidos en la relación o tener más de una pareja utilizarán más el chantaje al intentar resolver alguna situación que les haga sentir culpa y de este modo liberarse de este malestar; por el contrario, para que esto suceda en las mujeres debe existir un estilo manía, donde ella se comporte de manera persecutoria, sea celosa y dependiente.

Esto coincide con lo propuesto por Álvarez (1996), quien propone que si no existe una autoatribución de la responsabilidad por el daño, no se experimentara culpa, lo que sugiere que el malestar del otro se resuelva a través de hacerlo sentir culpable de su propio daño o aminorar el problema.

Para finalizar, los datos muestran lo dinámicas y complejas que son las relaciones de pareja y resaltan la importancia de favorecer los aspectos positivos para que éstas sean más estables. En congruencia con algunos teóricos (e. g. Baumeister, Reis & Delespaul, 1995; Etxebarria, Pascual & Conejero, 2010; Hoffman, 2002; Tangney, 1992, 1995; Tangney & Fischer, 1995), los resultados muestran que la culpa es una emoción que se experimenta con frecuencia en las relaciones interpersonales, y se considera negativa por los efectos desagradables que causa en las personas, como ansiedad, tristeza, preocupación, entre otras. Sin embargo, algunos autores también mencionan que al intentar resolver ese estado emocional desagradable por lo regular se recurre a la autorreflexión y a la atribución de la propia responsabilidad para poder resarcir el daño, a través de estrategias dirigidas a hacer sentir mejor a la pareja, hacerla sentir amada y comprendida, y que es importante su bienestar, por lo que cumple con una función conciliadora pues permite la mejora de las relaciones.

En conclusión, los datos obtenidos ofrecen información relevante sobre cómo se relacionan dos variables que forman parte de la dinámica de la relación de pareja, aunque opuestas. Se corrobora que los estilos de amor positivos favorecen la relación y en este caso disminuyen la posibilidad de sentir culpa o de resolverlo de una manera afectuosa y positiva; por su parte, los estilos negativos llevarán a experimentar mayor culpa y utilizar estrategias que generen más malestar y menos armonía en los miembros de la relación al intentar liberarse de esta experiencia. Esto ya había sido documentado en 2014 por Álvarez Ramírez, García Méndez y Rivera Aragón. La información existente sobre la culpa en el entorno de la pareja es escasa, por lo que es importante seguir realizando más estudios al respecto. No obstante, se considera adecuado tomar en cuenta otras variables que puedan intervenir a la hora de establecer las predicciones, tales como la edad, el tiempo de relación, el lugar de origen y de residencia; e incluso el tipo de relación; esto enriquecerá la información al respecto y permitirá la generalización de resultados.

REFERENCIAS

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