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ACTITUD HACIA LA VEJEZ: ESTUDIO COMPARATIVO EN MUJERES MEXIQUENSES
ATTITUDE TO OLD AGE: COMPARATIVE STUDY AMONG WOMEN FROM THE STATE OF MEXICO
ACTITUD HACIA LA VEJEZ: ESTUDIO COMPARATIVO EN MUJERES MEXIQUENSES
Psicología Iberoamericana, vol. 25, núm. 2, pp. 44-52, 2017
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México
Recepción: 19 Septiembre 2016
Aprobación: 07 Noviembre 2016
Resumen: En los últimos años el envejecimiento demográfico ha ido en aumento, lo cual es causado por la disminución de la fecundidad y mortalidad, originando un aumento en la esperanza de vida, motivo por el cual existe un mayor nú- mero de personas con edades más avanzadas en comparación con grupos de edades más jóvenes. Durante el enveje- cimiento se presentan diversos cambios tanto físicos como psicológicos; aunado a esto se encuentran todas aquellas actitudes por parte de la población siendo positivas o negativas, sin embargo, la imagen del adulto mayor es percibida con muy pocos rasgos positivos, siendo etiquetado como un miembro disfuncional de la vida activa y productiva. Se contó con la participación de 71 mujeres que asistieron al Centro de Salud Urbano del Instituto de Salud del Estado de México (isem), se utilizó la Escala de Actitud hacia la Vejez. Tanto en la muestra general como en los grupos de edad se observó una media que marca hacia la neutralidad, no se encontró diferencia estadísticamente significativa en la comparación de medias, el grupo de mujeres de 20 a 30 años indicaron una actitud neutra, mientras el grupo de mayor edad presenta una actitud favorable hacia la vejez.
Palabras clave: actitud, vejez, mujeres.
Abstract: In recent years, the population’s age has increased as a result of decreasing fertility and mortality rates. This result lead to longer life expectancies and more elderly people compared to groups of younger people. As people age they undergo various physical and psychological changes, added to all of the positive and negative attitudes found among the population: very few positive aspects are associated with the image of the elderly, who are labeled as dysfunctional members of an active and productive society. This study involved the participation of 71 women using the services of a state-run health center in the State of Mexico (Centro de Salud Urbano del Instituto de Salud del Estado de México, isem), and an Aging Attitude Scale was used. Both in the general sample and in the age groups, the average tended toward neutrality, and no statistically significant difference was found in the comparison of averages; the group of 20 to 30-year-old women indicated a neutral attitude, while the more elderly group showed a more favorable attitude toward aging.
Keywords: attitude, aging, women.
Introducción
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (Llanes, 2015; oms, 2015) en la actualidad se vive un proceso de envejecimiento demográfico a nivel mundial dado que las enfermedades infectocontagiosas han disminuido, reflejadas en la disminución de la tasa de mortalidad y el aumento considerable en la esperanza de vida (Miró & Carmen, 2003; Tuirán, 1999). Se estima que a nivel mundial 8% de la población tiene una edad mayor a 65 años, proyectando que en 20 años este porcentaje aumente 20% (Ward, Parikh, & Workman, 2011).
Por su parte, la oms (2015) ha señalado que para 2050 la población mayor a 65 años se duplicará. Sin embargo, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cepal, 2000) pronostica que para su región este número llegará antes de 2030, lo que representará 16.7% de la población.
El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (desa, 2014) de las Naciones Unidas, reporta que la esperanza de vida en el mundo varía según el país o la región. Sólo 76 de los 201 países contemplados alcanzan una esperanza de vida superior a los 75 años. A escala mundial se estima que en los países con ingresos altos la esperanza de vida masculina y femenina oscila entre 75.8 y 82 años respectivamente, mientras que en los países de ingresos bajos la relación por sexo es de 60.2 y 63.1 años (oms, 2014).
En el caso de los países hispanohablantes, la esperanza de vida también ha aumentado. España tuvo un resultado de 80 y 85.6 años (ine, 2015a), la población chilena registró 76.5 y 81.7 años (ine, 2015b), y en el caso específico de la población mexicana la esperanza de vida para el año 2020 será de 73.7 años y 78.4 de acuerdo con el Consejo Nacional de la Población (Conapo, 2014), lo que permite a su vez estimar que para 2050 la población mexicana con una edad de 65 o más será representada por casi 28.7 millones (Conapo, 2011). Esta diferencia en la esperanza de vida influye para que exista un mayor número de mujeres con respecto al de hombres (Hernández, López, & Velarde, 2013), modificando la estructura poblacional, ya que actualmente por cada 100 hombres mayores de 85 años existen 135 mujeres (inegi, 2013).
Al hablar sobre vejez se debe considerar una variación muy amplia de dicho concepto (dependiendo del lugar y de sus costumbres). No existe una clara distinción entre los términos referidos comúnmente para usar las expresiones de viejo, anciano, longevo o senecto, ya que todos estos términos se manejan como sinónimos. Sin embargo, el término “adulto mayor” ha sido el más empleado dentro de las reuniones académicas internacionales realizadas en México y el mundo (Zetina Lozano, 1999).
El aumento de la población adulto mayor conlleva ciertas dificultades, especialmente aquellas relacionadas con la imagen y expectativas sobre la vejez, cómo se valora e integra dentro de la sociedad, la manera en la que experimentan esta etapa y cómo las generaciones jóvenes visualizan su vejez (Arnold-Cathalifaud, Thumala, Urquiza, & Ojeda, 2007).
Así, la vejez y envejecimiento son temas llenos de mitos y estereotipos, los cuales son falsos conceptos que actúan como cliché en el acercamiento al estudio del adulto mayor (Carbajo Vélez, 2009). Estas actitudes hacia dicho grupo son creadas por la población, presentados por elementos de valor para la predicción de conductas por sus sentimientos manifestados (Sampén Celis, Varela Pinedo, Díaz Vélez, Tello Rodríguez, & Ortiz Saavedra, 2012).
Las actitudes pueden ser tanto positivas como negativas. Las primeras consideran al adulto mayor como sabio, lleno de experiencias, merecedor de respeto y con una buena posición social. Mientras que en las segundas se destaca la vejez como un estado lleno de deficiencias (Carbajo Vélez, 2009), siendo las actitudes negativas las que aportan consecuencias nocivas a los adultos mayores (Sampén Celis et al., 2012), condicionalmente estas actitudes desfavorables están asociadas con enfermedades físicas, síntomas depresivos y un deterioro en la salud (Lai & Tong, 2012). Por lo que sufren todas aquellas asperezas de la discriminación, dadas sus condiciones de debilidad y dependencia (Pachano & Alvarez, 2006). Wilkinson y Ferraro (2002), así como De Miguel Negredo y Castalleno Fuentes (2010), indicaron que las imágenes inexactas que se tengan de los ancianos pueden llevar a desencadenar consecuencias negativas o perjudiciales.
Para referirse exclusivamente a las actitudes negativas y comportamientos dirigidos hacia las personas mayores surgió el término de ageism, que en un sentido amplio es considerado como “estereotipo, prejuicio o discriminación” (De Miguel Negredo & Castalleno Fuentes, 2010). En todas estas opiniones participa una actitud negativa hacia el anciano. El estereotipo que la acompaña se considera una creencia generalizada, dirigida hacia los atributos de este grupo que puede generar un prejuicio (Vicente, Diáz, & Vega, 1999)
Lamentablemente, dentro de un gran número de países desarrollados la imagen del adulto mayor está definida principalmente por características negativas, tanto físicas como sociales, etiquetándola como una edad de deterioro, con pérdidas físicas, psicológicas y sociales (Carbajo Vélez, 2009). Otros consideran a los ancianos como improductivos, frágiles y vulnerables, los cuales presentan disminución de sus capacidades para realizar sus actividades diarias (Sampén Celis et al., 2012). Estos detalles refuerzan la imagen de las personas mayores como una carga para la sociedad (Doherty, Mitchell, & O’Neill, 2011), motivo que los orilla a ser etiquetados como miembros disfuncionales de la vida activa y productiva (Zetina Lozano, 1999). Los estudios dirigidos a la vejez y envejecimiento son de suma importancia debido a la repercusión en la conducta, así como en su salud tanto física como psicológica (De Miguel & Castellano, 2012). En Chile, Arnold-Cathalifaud et al. (2007) encontraron que los jóvenes manifestaron mayor predominio en imágenes negativas hacia la vejez al observar que los estereotipos condicionan a los ancianos a aceptar “una realidad” sobre prejuicios que finalmente llegan a adoptar.
Por su parte, De Miguel Negredo y Castalleno Fuentes (2010) midieron la percepción del envejecimiento y la vejez en población adulto mayor sin encontrar diferencia integraren para los aspectos positivos; sin embargo, la muestra de mujeres estudiada puntuó más alto en los factores negativos. Su conclusión fue que las mujeres tienen una perspectiva negativa de los ancianos más alta en comparación con los hombres. Posteriormente, en 2011 estos mismos investigadores encontraron que los adultos mayores no se percatan de ningún tipo de discriminación de parte del resto de la población. Consecutivamente, en 2012 De Miguel Negredo y Castalleno Fuentes corroboraron que no hay diferencia por sexo en las actitudes hacia la vejez y envejecimiento por parte de los adultos mayores, además de encontrar que manifiestan tener sentimientos favorables hacia la vejez y envejecimiento. Dejaron de lado al cliché de que en la vejez predominan los sentimientos negativos como la pasividad, tristeza o inutilidad.
Con respecto a los estudiantes universitarios, se ha encontrado que existen diferencias por género. En el caso de las mujeres, el envejecimiento es considerada una experiencia negativa. De igual forma refieren ansiedad acerca de su propio envejecimiento en comparación con los hombres, por lo que es relevante que dentro de la construcción social sobre género, edad y belleza influye la percepción que se tenga acerca de la vejez (Barret & Cantwell, 2007; Cerquera Córdoba, De la Fuente, Prada, Marín, & Rubio, 2011).
Retomando el estereotipo de la mujer adulta (Cerquera Córdoba et al., 2011) para población española y colombiana, reportaron que la mujer adulta es considerada generosa, serena, dulce, sabia, comprensiva y más prudente al conducir. Pero que también presenta deterioro en su salud, disminución del interés sexual, menor actividad, deterioro de la memoria y actitudes infantiles. Un aspecto relevante fue que la muestra de colombianos de 31 a 60 años percibe a la mujer adulta como inválida, menos autónoma y con mayor deterioro físico. Sin embargo, concluyen que, si bien existen estereotipos definidos respecto al envejecimiento y a la mujer adulta mayor, se requiere de más estudios que permitan mayor claridad sobre esta etapa.
Por tal motivo es indispensable y de interés identificar las actitudes que presentan las mujeres con respecto al proceso de envejecimiento en las diferentes etapas de su vida. Gracias al aumento de la esperanza de vida, generaciones posteriores convivirán con una generación más numerosa de adultos mayores, siendo una mezcla completamente distinta entre sí, que formará el con- junto biológico, social y económico de “viejos” (Schirrmacher, 2005). Será además un aporte a la investigación que permitirá generar programas de intervención.
MÉTODO
Participantes
La muestra fue no probabilística de tipo intencional, representada por 71 mujeres que asistieron a un Centro de Salud Urbano del Instituto de Salud del Estado de México (isem) ubicado en la zona X del Estado de México. Las participantes fueron ubicadas en tres grupos (dependiendo de la edad que presentaban al momento de la aplicación): 18 participantes (25.35%) entre 20 y 30 años, 32 participantes (45.07%) entre 31 y 40 años y 21 participantes (29.57%) entre 41 y 52 años.
Procedimiento
La aplicación de los cuestionarios se realizó de manera individual, conforme los sujetos acudían a consulta. Se les pidió a las mujeres asistentes a la institución su participación en dicha investigación informando el propósito del trabajo. Tras su autorización se procedió con las instrucciones y se resolvieron todas aquellas dudas de los participantes. El tiempo de la aplicación osciló entre 20 y 30 minutos. La forma de analizar los datos se fundamentó en el análisis de comparación a partir de la prueba de análisis de varianza de una vía, el nivel de significancia de ≤.05; así como el factor de Bayes para Anova, empleando el paquete estadístico R comander, versión 2.2-4. Además, se analizaron las medias de los reactivos, y se procedió a evaluar la actitud favorable y desfavorable de acuerdo con las normas del instrumento.
Resultados
Con respecto a la actitud hacia la vejez, ésta obtuvo una media de 2.12, lo que señaló que la muestra en general y por grupo de edad demostró una actitud neutra. Con respecto al análisis de varianza de una vía se calculó el estadístico de Levene (.307 p=n/s), el cual permitió observar que las muestras eran homogéneas, y el Anova resultó no significativo corroborado por el factor de Bayes que fue mayor a 100, o bien una probabilidad menor a 0.01, lo que permitió señalar que no existieron diferencias en la actitud hacia la vejez de acuerdo con la edad (ver tabla 1).

Media y desviación estándar para la muestra general y Anova por grupo de edad para la puntuación de actitud para la muestra en general y cada grupo de edad
Como se puede observar en la tabla 2, el grupo de mujeres de 20 a 30 años arrojó medias que indican una actitud neutra, con respecto a los reactivos de actitud favorable o desfavorable. Mientras que el grupo de mayor edad define más su postura con respecto a esto, implicando una actitud favorable hacia la vejez. Sin embargo, no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos para ambos tipos de actitud, corroborado por el factor de Bayes con probabilidad en el rango de .03 a .01. Además, el estadístico de Levene (.716, p=.492; 1.946 p=.151) fue no significativo para ambas variables, lo que marca varianzas homogéneas.

Anova de actitud hacia la vejez para los tres grupos de edad

Distribución de frecuencias de acuerdo con la elección de respuesta de los sujetos, para los reactivos que indican actitud favorable

Distribución de los sujetos por reactivo para las actitudes desfavorables
Se puede observar en la figura 1 que la frecuencia mayor tendió hacia lo favorable, ya que la mayoría de las mujeres manifestó estar de acuerdo al considerar que el anciano apoya al joven, que gracias a la edad las personas se vuelven más sabias y no tienen inconveniente en compartir su habitación con un anciano. Sólo el reactivo que hace referencia a la capacidad del anciano para desempeñar cargos de mucha responsabilidad y complejidad arrojó una tendencia desfavorable, ya que 30 mujeres dijeron no estar de acuerdo con ello.
Con respecto a los reactivos que indican actitud desfavorable, la mayoría señaló que está en desacuerdo en que los ancianos son egoístas. Un número similar señaló el desacuerdo y el acuerdo por no sacrificarse por el adulto mayor y vivir la propia existencia. Sin embargo, hubo una tendencia al acuerdo en aspectos como la necesidad de proveer una residencia para los ancianos, no estar dispuesto a compartir su habitación, y señalar que exigen mayor cuidado o atención. Con respecto a que el anciano despierta sentimientos de culpa en sus familiares al manifestar sentirse solo y abandonado, no estableció tendencia de respuesta (véase figura 2).
DISCUSIÓN
A nivel mundial la población sufre un aumento en el envejecimiento de sus integrantes (cepal, 2015; desa, 2014; Miró & Carmen, 2003; oms, 2015; Tuirán, 1999) siendo en su mayoría mujeres (Conapo, 2011, 2014; ine, 2015a; inegi, 2013; Hernández, et al., 2013; oms, 2014), razón por la cual la investigación sobre el envejecimiento se convierte en un punto central e inclusive puede percibirse como un problema de política pública (Cerquera Córdoba et al., 2011). No basta con atender la vejez, sino generar las condiciones necesarias para que esta población tenga una mejor calidad de vida.
Por lo que este estudio que ha sido realizado con mujeres considerando que tienen una mayor esperanza de vida, pero que las exigencias sociales demuestran que existen tanto actitudes favorables como desfavorables, o positivas y negativas (Carbajo Veléz, 2009; Lai & Tong, 2012; Pachano & Alvarez, 2006; Sampen Celis et al., 2012), coincidiendo con estudios internacionales (Arnold-Cathalifaud et al., 2007; Barret & Cantwell, 2007; Castellano Fuentes & De Miguel, 2011; Cerquera Córdoba et al., 2011; De Miguel Negredo & Castalleno Fuentes, 2010, 2012) realizados en diferentes poblaciones y grupos de edad.
Con respecto a la comparación por grupos de edad y pese a que no se encontraron diferencias estadísticamente significativas para las actitudes en su totalidad y por favorables o desfavorables, es posible observar cómo para el grupo de mayor edad dicha actitud se convierte en favorable mientras el grupo más joven tiene actitudes menos favorables y más desfavorables, lo que coincide con la investigación realizada por Arnold-Cathalifaud et al. (2007) y Zetina Lozano (1999). El resultado permite hipotetizar que entre más se acerca la mujer a la vejez, mayor será su actitud positiva hacia ésta, contrario a lo que han encontrado Cerquera Córdoba et al. (2011).
Entre las actitudes que se encontraron como favorables y en las cuales las mujeres estuvieron de acuerdo son que el anciano ayuda al joven; se le considera fuente de sabiduría, y compartirían habitación con el anciano, coincidiendo con lo expuesto por Carbajo Vélez (2009) y por De Miguel Negredo y Castalleno Fuentes (2012). Sin embargo, poder desempeñar cargos complejos obtuvo respuestas de des- acuerdo, coincidiendo con lo reportado por Sampén Celis et al. (2012) y Zetina Lozano (1999). Este resultado hace pensar que si bien el anciano puede tener aspectos positivos en su persona, en su mayoría no se le considera capacitado para realizar actividades complejas.
Adicionalmente, desde el punto de vista de las mujeres se considera al anciano incapaz de desempeñarse laboralmente. Este aspecto puede corroborarse por la cultura de la eterna juventud, donde lo que vale laboralmente es ser joven. Coincide así con la perspectiva negativa que las mujeres tienen sobre la vejez de acuerdo con Barret y Cantwell (2007) y Castellano Fuentes y De Miguel Negredo (2011). Además, muestra una tendencia hacia concluir que el adulto mayor es una carga para la sociedad (Doherty et al., 2011).
Con respecto a los aspectos de actitud desfavorable se observó que el anciano no es considerado una persona egoísta, lo que resulta ser una actitud favorable, viéndolo como una persona capaz de compartir. Aunque existieron dos reactivos que no permitieron observar una tendencia de actitud: 1. no sacrificarse por el adulto mayor y 2. no atender al anciano genera sentimientos de culpa. Se sugiere investigar más estos aspectos, ya que no es posible establecer un resultado desfavorable o favorable por parte de las mujeres. Sería pertinente observar si esta tendencia se modificaría en el caso de los varones o estaría relacionada con otras variables culturales. Algunos estudios (Arnold-Cathalifaud et al., 2007; Barret & Cantwell, 2007; De Miguel Negredo & Castalleno Fuentes, 2010, 2012) han enfatizado que las mujeres tienen una percepción o actitud más negativa hacia la vejez, lo que podría deberse a la falta de oportunidades y formas de vida que se tiene y corresponden a su género, lo cual ya había sido señalado por De Miguel Negredo y Castalleno Fuentes (2010, 2012). Valdría la pena retomar este tipo de variables en un estudio posterior.
Siguiendo con las actitudes desfavorables, las mujeres manifestaron que los ancianos deberían vivir con personas de su propia edad en residenciales, por lo que no estarían de acuerdo con compartir su habitación con ellos, ya que señalan que exigen mayor cuidado y atención. Se corrobora que el anciano es visto como una carga, con una implicación emocional, social y económica (Carbajo Vélez, 2009; Doherty et al., 2011; Vicente et al., 1999). Este aspecto se convierte en preocupante, ya que la esperanza de vida y aumento de la población adulto mayor —sobre todo las mujeres— en América Latina para 2030 y a nivel mundial para el 2050 (oms, 2015) tendrá repercusiones no sólo a nivel económico sino social.
Un aspecto que vale la pena resaltar es que las mujeres tanto en las actitudes favorables como desfavorables estuvieron de acuerdo con no tener inconveniente en compartir su habitación con una persona anciana y no compartir su habitación con una persona anciana. Este resultado es contradictorio y se convierte en un punto para estudiar. Como lo han expuesto algunos autores en sus investigaciones (Carbajo Vélez, 2009; Doherty et al., 2011; Vicente et al., 1999), la vejez está marcada por una serie de contradicciones, mitos y estereotipos que permitirán predecir el comportamiento hacia este grupo. Se puede observar que los resultados no son más que la marcada y prolongada confusión respecto a este grupo, pues no se puede evitar señalar que la vejez vendrá con un deterioro de ciertos aspectos físicos, que tornarán en enfermedades tanto físicas como mentales, afectando aún más la psique de quien vive esta etapa, pero también de quien convive con esta etapa. Pareciera que cada vez que se habla de vejez las primeras imágenes evocadas son negativas, y a pesar de que se llegan a expresar actitudes positivas hacia los adultos mayores se evitan situaciones relacionadas con su cuidado e interacción.
Es importante e imperante el estudio de los adultos mayores, no sólo para conocer las actitudes sobre esta etapa, sino para erradicar expectativas falsas como la eterna juventud, que recae en las mujeres (Barrett & Cantwell, 2007) y la cual podría ser uno de los aspectos que contribuye a pensar en la vejez como un aspecto negativo, eliminando todo lo que el adulto mayor pudiera hacer para contribuir con la sociedad. Por ello es menester reconocer y aceptar socialmente la existencia de un deterioro físico, que permita a la vez situar al adulto mayor no como un ser asociado a enfermedades físicas y mentales (Lai & Tong, 2012; Pachano & Alvarez, 2006) o un ser lleno de deficiencias (Carbajo Vélez, 2009), sino como una persona que, si bien requiere atención y cuidado, no está incapacitado, pues cuenta con experiencia, sabiduría y debería tener una alta jerarquía social. Como lo han expresado Sampén Celis et al. (2012) pensar, sentir y actuar de manera negativa hacia el adulto mayor tendrá consecuencias negativas hacia él y la sociedad.
Pensar en generar programas de intervención de reeducación no sólo para las personas que rodean al adulto mayor sino para el mismo adulto mayor permitirá aceptar la etapa por la que se vive. De esa manera se podría asumir como una etapa de sabiduría pero también de culminación, donde lo que resta es disfrutar, lo cual permitiría vivir en armonía y con ello aumentar la calidad de vida pese a los deterioros, enfermedades o cuidados que se pudieran necesitar.
El estudio de las actitudes hacia el adulto mayor, se convierte en un aspecto fundamental para generar estrategias de cambio hacia este grupo de la población y también por parte del propio grupo, ya que no sólo es importante la forma en que actúa el resto de la población sino también cómo piensan, sienten y actúan ellos para consigo mismos con respecto a esta etapa de la vida (Arnold-Cathalifaud et al., 2007). Por lo que este estudio que ha sido realizado con mujeres considerando que
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