Editorial
Investigación postpandemia
Post Pandemic Research
Investigación postpandemia
Psicología Iberoamericana, vol. 31, núm. 1, e311526, 2023
Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Ahora que las calles están de nuevo llenas y que los cubrebocas tapan los drenajes de muchas ciudades del mundo, ahora que otra vez podemos subirnos al metro o ir al cine, ahora que sólo en los hospitales nos acordamos de qué incómodo era el cubrebocas, ahora que sólo nuestros más creativos estudiantes faltan a clase por COVID-19, puede ser la hora de evaluar nuestros actos como profesionales, científicos y editores.
Desde luego, todos queríamos “volver a la normalidad”. Cualquier cosa parecía mejor que quedarse en casa, pero ahora también es momento de cuestionarnos si la normalidad era suficientemente buena como para volver a ella.
La pandemia cambió casi cada aspecto de la vida de casi cada persona humana. El trabajo, la educación y el entretenimiento fueron puestos a prueba y se parcharon, más que adaptaron, a las prisas. La investigación y publicación, como actividades profundamente humanas, no fueron la excepción. Junto con aquéllos que, honestamente, estaban tratando de luchar contra el problema con conocimientos, en muchas disciplinas, como la psicología, una buena proporción de investigadores se convirtieron de la noche a la mañana en expertos en “coronavirus” (como le decíamos al principio) y confiaron en que la moda les iba a ayudar a publicar algo rápidamente; además, casi todos, excepto el personal de salud, parecíamos tener algo de tiempo extra en nuestras manos.
En todos los países, culturas, disciplinas, metodologías y revistas científicas, un gran número de artículos enarbolaban “COVID-19” en sus títulos, aunque su contenido no contribuyera a la solución en ninguna manera. La prisa por publicar y ser publicado echó a andar la versión académica de la infodemia, y el antiguo “publicas o pereces” se convirtió en “COVID-19: publícalo antes de que te dé”. Es imposible saber si las revistas conservaron sus estándares y prácticas de revisión por pares o si también se adaptaron al oportunismo.
Es verdad, y debemos reconocerlo, que la pandemia reveló una gran variedad de problemas y que algunos de ellos nos caen en las manos como profesionales de la salud mental. Durante el encierro, con su colección de retos, la resiliencia en salud psíquica llamó la atención de todos, junto con las amenazas del aislamiento social y la inevitable reforma del equilibrio trabajo/vida. También fuimos desafiados por la sobrecarga de problemas psicológicos y nuestra incapacidad de ayudar a la gente a manejar la infodemia en forma productiva.
Esta Revista hizo su contribución y llamamos la atención de la comunidad científica al estigma que recibe la salud mental en nuestro país. El tema del bienestar psicológico y emocional, así como nuestra necesidad de monitorearlo regularmente, lo cual había permanecido oculto en nuestros hogares, trabajos, escuelas y vida diaria, por fin salieron a la luz. Muchos otros motivos nos recordaron que era menester sacar a la psicología del consultorio privado hacia la comunidad en general.
Sin embargo, sería cándido imaginarse que nuestros problemas antiguos desaparecerían sólo porque dejamos de escribir acerca de ellos. ¿Qué sucedió con lo que considerábamos importante en marzo de 2020? Es evidente que teníamos un problema nuevo en las manos y que teníamos buenas razones para aplazar nuestras reuniones con los anteriores, pero nos tenemos que preguntar si nos estábamos dedicando a resolver el nuevo desafío o si nos queríamos aprovechar de él. ¿Contribuimos a resolver los conflictos psicosociales de la pandemia o sólo nos lanzamos sobre el tema de moda para sacar una publicación rápida? Es posible que la contingencia sanitaria nos tomara desprevenidos porque no habíamos estado haciendo completa nuestra tarea científica. Esto solamente prueba que las publicaciones científicas, con sus fundamentos y prioridades, también están bajo la influencia de fuerzas económicas y sociales, tanto como cualquier otra actividad humana. La ciencia de hoy es evidentemente una construcción social que responde a presiones, modas y al cambio de los tiempos. Las divulgaciones durante la temporada de confinamiento revelaron que nuestra ciencia es cultural, porque también puede ser gremial, endogámica y colonialista.
¿Qué podemos aprender de la pandemia? Como raza humana, descubrimos que no estamos en buenas manos y que los ricos y poderosos ponen su ganancia por encima del bienestar de las personas y usan la tecnología para ocultarlo. Aunque no sea noticia. Supimos que, así como los doctores y enfermeras no eran inmunes al virus, la ciencia y sus publicaciones no son inmunes a las modas y presiones y que también estamos bajo fuerzas y poderes que no tienen nada que ver con el conocimiento, la verdad y esas cosas con las que juega la ciencia. Caímos en la moda, y eso únicamente nos mostró que no somos los científicos objetivos y desapegados que decíamos que éramos.
Aun así, además de una nueva lista de problemas y otra de los viejos, también tenemos un repertorio nuevo de recursos, habilidades y aprendizajes. Aprendimos que nos podemos cuidar unos a otros mejor que lo que nos habían dicho. También confirmamos que podemos extender nuestra esfera de ayuda con la telepsicología junto con la educación y la socialización. Encontramos mayor satisfacción laboral por el trabajo remoto y, con éste, más vida de familia y menos tráfico.
La investigación postpandémica implica enfrentar nuevos temas y no hacer como que dejamos a los anteriores en la historia. Podemos cerrar filas y aprender todo lo que podamos como comunidad científica cooperativa o esperar a la próxima moda para saltar sobre el nuevo tema. Nosotros, los científicos, vemos a la ciencia como la forma de conocimiento que se eleva sobre las demás. Sí, nuestro oficio es el conocimiento, pero no nos caería mal un poco de sabiduría.