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¿Comemos lo que sentimos? Validación y adaptación cultural de una escala de alimentación emocional en una muestra mexicana

Do we eat according to how we feel? Validation and cultural adaptation of an emotional eating scale in a Mexican sample

Marcoantonio Villanueva Bustamante
Universidad Nacional Autónoma de México, México
Sofía Rivera Aragón
Universidad Nacional Autónoma de México, México

¿Comemos lo que sentimos? Validación y adaptación cultural de una escala de alimentación emocional en una muestra mexicana

Psicología Iberoamericana, vol. 33, núm. 1, e331806, 2025

Universidad Iberoamericana, Ciudad de México

Recepción: 21 Noviembre 2024

Aprobación: 29 Enero 2025

Resumen: La alimentación emocional (ae) es la alteración de la conducta alimentaria en respuesta a emociones negativas. Aunque su abordaje se ha enfocado en los elementos negativos, se propuso que las situaciones y las emociones positivas también influyen en la conducta alimentaria. No obstante, la evidencia de este tipo es escasa, posiblemente debido a la falta de instrumentos que evalúen ambos elementos. Así, este estudio tuvo como objetivo validar el Cuestionario de Apetito Emocional en una muestra mexicana. Se aplicó un proceso de validación cultural que incluyó la adaptación de reactivos, validación por acuerdo entre jueces, Análisis Factorial Exploratorio (afe) y Análisis Factorial Confirmatorio (afc). Se emplearon dos muestras independientes de 513 y 405 personas para cada análisis, que en conjunto poseen un rango de edad entre los 20 y 50 años (M = 29.79; D.E. = 9.85); el 59.7% reportó ser mujer y el 39.8% hombre, y cinco personas no indicaron el sexo. El afe proporciona una estructura de cuatro factores, con adecuadas propiedades psicométricas (V.E.= 61%; ω = .809), que es confirmada por el afc [χ² (111) = 180.80, p ≤ .001; cfi = 0.963, tli = 0.955, rmsea = .040 y srmr = 0.06].

Palabras clave: alimentación emocional, emaq, emociones negativas, emociones positivas, validación.

Abstract: Emotional eating (ea) alters eating behaviour in response to negative emotions. Although the approach to ea has focused on its harmful aspects, it has been proposed that positive situations and emotions also influence eating behaviour. However, evidence of this kind is scarce, possibly due to the lack of instruments that assess both elements. Therefore, the present study aimed to validate the Emotional Appetite Questionnaire in a Mexican sample. A cultural validation process that included item adaptation, validation through inter-rater agreement, Exploratory Factor Analysis (efa), and Confirmatory Factor Analysis (cfa) was conducted. Two independent samples of 513 and 405 individuals were utilised for each analysis, resulting in an age range of 20 to 50 years (M = 29.79; S.D. = 9.85), with 59.7% identifying as women and 39.8% as men; five individuals did not disclose their sex. The efa revealed a four-factor structure with adequate psychometric properties (V.E. = 61%; ω = .809), which is confirmed by the cfa [χ² (111) = 180.80, p ≤ .001; cfi = 0.963, tli = 0.955, rmsea = .040 and srmr = 0.06].

Keywords: emotional eating, emaq, negative emotions, positive emotions, validation.

Introducción

La prevalencia de obesidad ha incrementado de tal modo que en algunos reportes se sugiere clasificarla como una pandemia (Caballero, 2019; Campos-Nonato et al., 2023; Secretaría de Salud, 2016). En el caso particular de México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) informó que para 2021 la prevalencia de sobrepeso y obesidad era del 74.5% en población adulta (Shamah-Levy et al., 2021), mientras que para 2022 esta cifra alcanzó el 81.0% (Campos-Nonato et al., 2023). Tomando en cuenta tales antecedentes resulta evidente que es necesario redoblar esfuerzos para hacerle frente a esta condición. Las posibles consecuencias para la salud hacen que esta condición sea un problema para la salud pública (Abdelaal et al., 2017; Arteaga, 2012; Bomberg et al., 2017). Uno de los fenómenos asociados a la prevalencia de la obesidad es la alimentación emocional (ae), definida como el consumo excesivo de alimentos, especialmente poco nutritivos, en respuesta a la experimentación de emociones o situaciones negativas (Lindeman & Stark, 2001; Nolan et al., 2010; van Strien, 2018).

La ae ha sido conceptualizada como un estilo de afrontamiento desadaptativo que puede conducir al desarrollo de variadas condiciones negativas para la salud (Güner & Aydın, 2022; Raspopow et al., 2013; Young & Limbers, 2017), entre las que sobresale el aumento en la probabilidad de desarrollar sobrepeso y obesidad (Frayn & Knäuper, 2018; Konttinen, 2020). Del mismo modo, la ae puede convertirse en una barrera para la adherencia a tratamientos orientados a la pérdida y el mantenimiento del peso (Annesi et al., 2016; Braden et al., 2016; Canetti et al., 2009; Risica et al., 2021; Teixeira et al., 2010), así como el desarrollo de trastornos de la conducta alimenticia (tca) como trastornos por atracón o bulimia nerviosa (Martin et al., 2016; Reichenberger et al., 2020; Ricca et al., 2012; Turton et al., 2017). En consecuencia, estudiar los elementos de la ae y su relación con otros fenómenos enriquecerá el estudio del sobrepeso y la obesidad, y favorecerá el desarrollo de estrategias de intervención eficaces para reducir su prevalencia; no obstante, previo a este paso es necesario contar con herramientas de medición adecuadas.

Medición de la alimentación emocional

La medición y posterior evaluación de la ae se ha realizado principalmente a través de escalas de autorreporte; al nivel internacional sobresalen dos alternativas. La primera es el Cuestionario Holandés del Comportamiento Alimenticio (debq, por sus siglas en inglés) (van Strien et al., 1986), compuesto por 33 ítems agrupados en tres factores: alimentación restrictiva (por ejemplo, “Cuando has engordado ¿comes menos de los habitual?” y “¿Comes deliberadamente alimentos que adelgazan?”), alimentación emocional (por ejemplo, “¿Tienes el deseo de comer cuando estás irritado(a)?” y “¿Tienes el deseo de comer cuando te sientes solo?”) y alimentación externa (por ejemplo, “Si la comida huele y se ve bien, ¿comes más de lo usual?” y “Si tienes algo delicioso para comer, ¿lo comes de inmediato?”). La segunda alternativa es la Escala de Alimentación Emocional (ees, por sus siglas en inglés) (Arnow et al. 1995), que se compone de 25 reactivos a modo de emociones que promueven el deseo de comer (por ejemplo, irritado(a), furioso(a), aburrido(a) o triste), los cuales se agrupan en tres factores: ira/frustración, ansiedad y depresión. Ambas escalas cuentan con una vasta cantidad de evidencia de sus propiedades psicométricas y validez adecuada, que se presentan de manera consistente a través de diversos estudios (Bozan et al., 2011; Cebolla et al., 2014; Frayn & Knäuper, 2018; Schneider et al., 2012; Tanofsky-Kraff et al., 2007; van Strien et al., 2012; Waller & Osman, 1998; Wong et al., 2020).

En el caso particular de México, se ha detectado el uso de otros instrumentos de medición diferentes al debq y el ees para el estudio de la ae. En primer lugar, se encuentra el Cuestionario sobre la Conducta Alimentaria Relacionada con las Emociones y el Estrés (eades, por sus siglas en inglés) (Lazarevich et al., 2015), que se encuentra compuesto de 40 reactivos agrupados en tres factores: autoeficacia en las emociones y el estrés relacionados con la alimentación(por ejemplo, “Me consuelo con la comida”); autoconfianza en la emoción y el estrés relacionado con la alimentación (por ejemplo, “Considero que puedo controlar mi alimentación cuando me siento triste”) y evaluación de recursos y habilidad de afrontamiento(por ejemplo, “Tengo control sobre mis emociones”). La escala total presenta un adecuando índice de consistencia interna (α = .91), de manera similar a sus factores (F.1 α = .867; F. 2 α = .839; F.3 α =.906), y presenta correlaciones significativas con el índice de masa corporal (imc). La segunda propuesta mexicana es la Escala de Alimentación Emocional (eae) (Rojas Ramírez & García-Méndez, 2017), compuesta de 36 reactivos agrupados en cinco factores: emoción (por ejemplo, Si tengo un mal día compro algo de comida para sentirme mejor”); familia (por ejemplo, “La hora de la comida es sagrada”); indiferencia (por ejemplo, “Me preocupo poco por mi alimentación”); cultura (por ejemplo, ”Como más de lo normal cuando asisto a reuniones con los amigos”) y efecto del alimento (por ejemplo, “Después de comer mi estado de ánimo cambia”). La consistencia interna de la escala total es adecuada (α = .94), mientras que los factores presentaron valores de .48 a .96. Finalmente, una opción más es el Cuestionario de los Tres Factores de Alimentación (tfeq, por sus siglas en inglés) (Vázquez-Velázquez et al., 2022; Wrzecionkowska & Rivera Aragón, 2021), compuesto de 16 reactivos agrupados en tres factores: comer sin control (por ejemplo, Siempre tengo suficiente hambre como para comer en cualquier momento”); alimentación emocional (por ejemplo, “Cuando me siento solo, me consuelo a mí mismo con comida”) y restricción cognitiva (por ejemplo, “No como algunos alimentos porque me hacen engordar”). El instrumento cuenta con un adecuado índice de consistencia interna (α = .82) y explica el 50% de la varianza.

Aunque las escalas previamente descritas son herramientas adecuadas para la medición y la evaluación de la ae, poseen algunos elementos que pueden ser considerados como limitaciones. En primer lugar, el debq y la ees evalúan únicamente las emociones que alteran la conducta alimenticia; en este sentido Nolan et al. (2010) describe que ciertas situaciones también pueden modificar la conducta alimenticia. Si bien el resto de las escalas incluye reactivos que describen situaciones en las que se modifica la conducta alimenticia, aborda únicamente elementos negativos de la alimentación. Esto es relevante al considerar la evidencia del rol de las emociones positivas en la ae, aunque esta es relativamente escasa.

El trabajo de Macht et al. (2004) es pionero en el abordaje de la ae positiva, al concluir que la ingesta de alimentos en presencia de emociones positivas es igual de frecuente que ante emociones negativas. Estudios posteriores como los metaanálisis de Cardi et al. (2015) y Devonport et al. (2019) describen que los estados emocionales, ya sean naturales o provocados, favorecen un incremento en la ingesta de alimentos; incluso, algunos de los trabajos incluidos afirman que el consumo es mayor cuando las emociones son positivas en lugar de negativas. Uno de los estudios más recientes determinó que la etapa del desarrollo influye en la ae y los alimentos consumidos a causa de esta; así, durante la infancia las emociones positivas favorecen la ingesta de snacks, mientras que en la adultez son las emociones negativas (Moss et al., 2021). Finalmente, el trabajo de Tchanturia et al. (2015) describe que la influencia de las emociones positivas en la conducta alimenticia es tal que estas pueden convertirse en un factor protector ante el desarrollo de un tca. La evidencia previamente descrita obliga a replantearse la operacionalización de la ae, y dejar de medir únicamente las emociones negativas, así como abordar situaciones y emociones positivas. Así, el Cuestionario de Apetito Emocional (emaq, por sus siglas en inglés) (Geliebter & Aversa, 2003; Nolan et al., 2010) surge como una alternativa que pueda superar estas limitantes.

El emaq se compone de 22 reactivos con nueve opciones de respuesta que incluyen Mucho Menos, Lo Mismo y Mucho Más eincluye las opciones No aplica y No sé. Dichos reactivos se agrupan en cuatro factores: emociones negativas (α = .78), que incluye reactivos como aburrido(a), enojado(a) o triste; emociones positivas (α = .75), con reactivos como relajado(a), juguetón(a) o entusiasmado(a); situaciones negativas (α = .65) con reactivos como “En comparación con lo usual, ¿usted come?”: “Cuando estoy bajo presión” “Después de una acalorada discusión” y finalmente situaciones positivas (α = .57), que incluyen reactivos como “En comparación con lo usual, ¿usted come?”: “Cuando me siento enamorado” “Después de recibir buenas noticias”.

Desde que el emaq fue desarrollado por Geliebter y Aversa (2003) y consolidado por Nolan et al. (2010) ha sido traducido y adaptado a múltiples idiomas como el turco (Demirel et al., 2014), el francés (Bourdier et al., 2017) y el portugués (Martins et al., 2023; Sabry et al., 2020). Estos trabajos constatan de manera consistente sus propiedades psicométricas adecuadas y proveen evidencias de validez, tales como, relaciones significativas con el imc, con los factores del debq (Bourdier et al., 2017; Nolan et al., 2010) y con el Composite International Diagnostic Interview (cidi), instrumento para evaluar el riesgo de padecer bulimia nerviosa o anorexia (Bourdier et al., 2017).

El presente estudio

Con base en los antecedentes expuestos, queda en evidencia que la relación de la ae con el sobrepeso y la obesidad, además de algunos trastornos alimenticios, la convierten en un elemento clave a considerar en el abordaje del sobrepeso, la obesidad y sus derivados. Así, el emaq es una alternativa que pudiera superar las limitaciones de instrumentos como el debq el eades, el tfeq o la eae. No obstante, trabajos como el de Díaz-Loving (2025) describen que previo a la aplicación de un instrumento de medición a una muestra nueva, este debe atravesar un proceso de adaptación cultural para asegurar que los resultados sean válidos y libres de errores de medición a causa de la traducción. Así, el presente estudio tiene como objetivo desarrollar la adaptación y la validación cultural del emaq en una muestra mexicana.

Para alcanzar dicho objetivo se realizará la validación del emaq en población mexicana siguiendo las recomendaciones de Cruchinho et al. (2024). Este procedimiento permitirá determinar sus propiedades psicométricas y proveerá de evidencias de validez para su uso en investigaciones posteriores en México. De este modo, el presente estudio posee un diseño transversal con un enfoque cuantitativo (Hernández Sampieri et al., 2014) y un alcance instrumental (Ato et al., 2013). En esta línea y con base en los antecedentes descritos (Bourdier et al., 2017; Demirel et al., 2014; Geliebter & Aversa, 2003; Martins et al., 2023; Nolan et al., 2010; Sabry et al., 2020), se hipotetiza que los resultados del procedimiento proporcionarán una estructura compuesta de cuatro factores: emociones positivas y negativas, así como situaciones positivas y negativas. Siguiendo las recomendaciones de Lloret-Segura et al. (2014) para la ejecución del análisis factorial, y a fin de cumplir con el objetivo del estudio, se emplearon dos muestras independientes: una para realizar el Análisis Factorial Exploratorio (afe) que permita determinar si la estructura del instrumento presenta modificaciones al ser aplicado en una muestra mexicana. Y una segunda muestra para ejecutar el Análisis Factorial Confirmatorio (afc) a fin de confirmar la estructura obtenida en el análisis anterior.

Método

Participantes

Se establecieron tres criterios de inclusión para ambas muestras: 1) ser mexicana(o), 2) residir en México y 3) poseer un rango de edad entre 20 y 50 años; en contraparte, se establecieron dos criterios de eliminación: 1) retirar el consentimiento informado en algún momento del estudio, 2) no completar la batería de instrumentos. La recolección de datos se realizó mediante un muestreo no probabilístico por conveniencia (Hernández Sampieri et al., 2014), a través de una plataforma en línea para la muestra del afe, y de manera presencial para la del afc. Se decidió que el tamaño de la muestra sería como mínimo de 400 participantes, esto con base en las recomendaciones Lloret-Segura et al. (2014) y Kline (2016), quienes describen que esta cifra permite ejecutar el análisis de manera adecuada.

afe

La muestra quedó compuesta de 513 personas, de las cuales, 324 reportaron ser mujeres (63.3%), 186 hombres (36.6%) y tres participantes más prefirieron no responder, y poseen una edad media de 29.24 años (D.E. = 8.77). El 61.4% indicó residir en Ciudad de México (n = 315), el 25.3% en el Estado de México (n = 130), y el 13.3% restante en diferentes estados de la República (n = 68). Con respecto al nivel educativo, 238 reportaron contar con estudios universitarios (46.4%), 196 con bachillerato/preparatoria (38.2), 42 con un posgrado (8.2%), 28 con la secundaria (5.5.%), seis con carrera técnica (1.2%) y tres solo cuentan con primaria (.6%). El nivel socioeconómico fue evaluado mediante el índice amai, indicando así que la mayoría se encuentran en el Nivel C+ (26.9%), el C (25.9%) y A/B (18.5%). Finalmente, se calculó el imc, cuya distribución se visualiza en la Tabla 1.

afc

La muestra quedó compuesta de 405 personas, de las cuales 224 reportaron ser mujeres (55.3%), 179 hombres (44.2%) y dos personas prefirieron no indicar su sexo (.5%), quienes tenían una media de 30.48 años de edad (D.E. = 11.03). Con respecto al nivel educativo, la mayoría cuenta con la licenciatura (n = 224, 55.3%), seguido por el bachillerato/preparatoria (n = 105, 25.9%), secundaria (n= 38, 9.4%), posgrado (n = 27, 8.2%), primaria (n = 4, 1%), carrera trunca (n =3, .7%), dos personas sin estudios y dos no informaron (n = 2, .5%). El estado civil que se presentó en mayor grado fue la soltería (n = 250, 61.7%), en matrimonio (n = 91, 22.5%), en unión libre (n = 40, 9.9%), divorcio (n = 11, 2.7%), viudez (n = 9, 2.2%) y cuatro datos perdidos (n = 4, 1%). Con respecto a su residencia, la mayoría indicó vivir en la Ciudad de México (n = 323, 79.8%), seguido del Estado de México (n = 74, 18.3%), tres a otros estados de la República (.7%) y cinco datos perdidos (1.2%). De igual forma, el nivel socioeconómico fue evaluado mediante el índice amai, e indicó que la mayoría se posiciona en el nivel C+ (n = 100, 24.7%), seguido del C (n = 87, 21.5%), A/B (n = 79, 19.5%), C- (n = 64, 15.8%), D+ (n = 54, 13.3%), D (n = 18, 4.4%) y finalmente E (n = 2, .5%). La composición corporal se evaluó mediante el imc que puede ser visualizado en la Tabla 1.

Tabla 1Distribución del imc de la muestra
AFEAFC
Categoría IMCFrecuenciaPorcentajeFrecuenciaPorcentaje
Peso debajo de lo normal367112.7
Peso normal20439.817342.7
Sobrepeso1643213433.1
Obesidad5711.18721.5
Perdidos5210.1--
Total513100405100

Instrumentos

Sección de datos sociodemográficos. Esta incluye preguntas sobre edad, sexo asignado al nacer, género, nivel socioeconómico percibido, nivel educativo, nacionalidad, lugar de residencia, situación laboral, si es beneficiario de un programa social o si recibe un apoyo institucional.

El Cuestionario de Apetito Emocional (Geliebter & Aversa, 2003; Nolan et al., 2010). Se compone de 22 reactivos con nueve opciones de respuesta que incluyen Mucho Menos, Lo Mismo y Mucho Más, así como las opciones de No aplica y No sé. Con base en el estudio de Nolan et al. (2010), estos reactivos se agrupan en cuatro factores, emociones positivas (emaq-pe), emociones negativas (emaq-ne), situaciones positivas (emaq-ps) y situaciones negativas (emaq-ns); por lo tanto, los puntajes altos reflejan mayor alimentación en presencia de emociones y situaciones positivas o negativas.

Procedimiento

Adaptación de reactivos

Los reactivos del emaq fueron traducidos al español y adaptados para su uso en México con el apoyo de un equipo de investigación. Posteriormente, estos fueron traducidos nuevamente al inglés a fin de asegurar que mantenían el sentido original del reactivo. Una vez que se contó con los reactivos traducidos y adaptados al español fueron entregados a jueces expertos en las áreas de la obesidad y la alimentación para realizar el proceso de validación.

Validación por jueces

Se solicitó el apoyo de tres jueces expertos, quienes calificaron el grado en que el contenido de los reactivos evalúa adecuadamente el constructo que pretenden medir. Así, a cada reactivo se le asignó un puntaje mediante un formato de respuesta de tres opciones, donde 1 = no lo evalúa correctamente, 2 = lo evalúa medianamente y 3 = lo evalúa correctamente. Para evaluar el acuerdo entre jueces se empleó el coeficiente de V de Aiken, pues este presenta ventajas tales como la facilidad de su cálculo y la posibilidad de evaluar la validez de contenido de la escala (Robles Pastor, 2018). Adicionalmente, los jueces expertos recomendaron modificar el formato de respuesta, por lo cual se redujeron las opciones de respuesta de nueve a seis casillas.

Una vez que se contó con la escala traducida y adaptada se procedió con la recolección de datos. La invitación fue distribuida en redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, con la intención de tener mayor alcance de la encuesta y así poseer mayor varianza en los datos. Al acceder, los participantes se encontraron con el consentimiento informado que fue previamente aprobado y revisado por el comité de ética del Posgrado de Psicología, de la Universidad Nacional Autónoma de México, Oficio: EP/PMDPSIC/0216/2023.

Plan de análisis

Acuerdo entre jueces

El acuerdo entre jueces se realizó mediante el coeficiente V de Aiken. Así, determinó que aquellos reactivos con un valor igual o superior .80 serían aprobados, los que presentaran valores de .70 a .79, se mantendrían sujetos a modificaciones y los que tuvieran un valor inferior a .70 se eliminarían (Robles Pastor, 2018).

Análisis factorial

Después a la recolección de los datos y previo a cualquier tipo de análisis, se realizó el tratamiento de los datos, que incluyó la detección y la eliminación de casos atípicos mediante la significancia de la distancia de Mahalannobis (Leys et al., 2018), que pudieran influir en el análisis de los datos y sus posteriores resultados y evaluación. Este proceso se realizó en la paquetería estadísticas spss en su versión 25. Asimismo, se evaluó la normalidad multivariada mediante el test de Mardia (Porras Cerron, 2016), y el software de libre acceso Factor Analysis (Lorenzo-Seva & Ferrando, 2006).

El afe se realizó siguiendo las recomendaciones de Lloret-Segura et al. (2014) y Ledesma et al. (2019); así, se utilizó tomando en cuenta la naturaleza ordinal de la escala y se decidió emplear la estimación de mínimos cuadrados no ponderados (uls), rotación oblicua, y estimación de factores a retener mediante el método de análisis paralelo. Este se realizó en Factor Analysis. La evaluación de la fiabilidad de la escala final se llevó a cabo mediante el método de consistencia interna, específicamente, haciendo uso del índice de omega de McDonald (Ventura-León & Caycho-Rodríguez, 2017).

Posteriormente, se realizó el cfa mediante el enfoque de los modelos de ecuaciones estructurales (sem) (Kline, 2016). La estimación del modelo se efectuó mediante el método de mínimos cuadrados ponderados diagonalmente (dwls) debido a la naturaleza ordinal de los reactivos de la escala (Shi & Maydeu-Olivares, 2020). La evaluación del modelo se realizó siguiendo las recomendaciones de Marsh et al. (2004), es decir, índice de ajuste comparativo (cfi) e índice de Tucker-Lewis (tli) superiores a .95, raíz cuadrada de los residuos de las medidas (rmsea) inferior a .05 y residual cuadrático medio estandarizado (srmr) inferior a .08. Este proceso se llevó a cabo en el software stata en su versión 14.

Evidencias de validez

Se realizó un análisis de correlación entre los factores obtenidos con el imc, posteriormente, se efectuó un análisis de diferencia con respecto a las categorías del imc y los puntajes de cada factor del emaq, empleando el análisis de varianza de una vía (anova One-way); esto a fin de establecer evidencias de validez de constructo (Nunnally, 2013).

Consideraciones éticas

Como ya se mencionó, el protocolo de la investigación fue previamente revisado y aprobado por el comité de ética del Posgrado de Psicología, de la Universidad Nacional Autónoma de México, Oficio: EP/PMDPSIC/0216/2023. Dicho protocolo fue elaborado tomando en consideración los lineamientos del Código Ético del Psicólogo de la Sociedad Mexicana de Psicología (2007).

Resultados

Acuerdo entre jueces

De acuerdo con la evaluación de la V de Aiken, todos los reactivos presentaron valores superiores a .70, por lo que no fue necesario eliminar o modificar alguno. La Tabla 2 detalla los puntajes asignados a cada reactivo por los jueces.

Tabla 2Puntajes asignados a los reactivos por los jueces
Juez 1Juez 2Juez 3V
Triste313.777
Aburrida(o)3331
Segura(o)3331
Enojada(o)3331
Preocupada(o)3331
Feliz3331
Cansada(o)3331
Deprimido(a)3331
Asustada(o)3331
Relajada(o)3331
Juguetón(a)332.888
Solitaria(o)332.888
Entusiasmado(a)3331
Cuando estoy bajo presión3331
Después de una fuerte discusión3331
Después de que alguien cercano a mí sufrió una tragedia3331
Cuando me siento enamorada(o)323.888
Después de terminar una relación323.888
Cuando paso tiempo de ocio3331
Cuando estoy disfrutando una actividad3331
Cuando estoy en una situación social agradable3331
Después de perder dinero o una pertenencia3331

Tratamiento de los datos

AFE

Previo a realizar el análisis se obtuvieron las propiedades psicométricas de la estructura original. De este modo, la escala consta de cinco factores, presenta un coeficiente de consistencia interna satisfactorio (ω = .721) y explica el 41.1% de la varianza, que confirma la necesidad de adaptar y validar el instrumento para su uso en la población mexicana. Con base en los resultados del kmo (.829) y la prueba de esfericidad (test de Bartlett (231) = 3884.1; p = .001) se determinó que fue posible la factorización de la matriz. La estructura obtenida del afe se compuso de 17 reactivos agrupados en cuatro factores: emociones positivas, situaciones positivas, situaciones negativas y emociones negativas; la escala explica el 61% de la varianza y posee un índice de fiabilidad adecuado (ω = .809). En la Tabla 3 se detalla la solución obtenida, así como el índice de consistencia interna de cada uno de los factores obtenidos.

Tabla 3Estructura factorial de la escala de alimentación emocional para población adulta mexicana (emaq-m)
Ítem1234
Entusiasmada(o).773
Feliz.689
Relajada(o).687
Juguetón(a).646
Segura(o).591
Cuando estoy en una situación social agradable.647
Cuando paso tiempo de ocio.600
Cuando me siento enamorada(o).547
Después de recibir buenas noticias.503
Después de una fuerte discusión.811
Después de que alguien cercano a mí sufrió una tragedia.769
Después de perder dinero o una pertenencia.622
Cuando estoy bajo presión.482
Deprimida(o).850
Triste.741
Solitaria(o).631
Preocupada(o).492
ω.778.701.692.745
M14.9513.049.1811.27
D.E.3.533.154.334.41

AFC

La estimación del modelo presentó indicadores de bondad de ajuste inadecuados [χ² (113) = 206.667, p ≤ .001; cfi = 0.951, tli = 0.941, rmsea = .046 [I.C. 90% .036 - .056] y srmr = 0.071]. Por eso, fue necesario realizar una reespecificación del modelo. De este modo, los índices de modificación sugirieron la inclusión de dos covarianzas: una entre los reactivos ae_e4 y ae_e1 (deprimida(o) y triste, respectivamente), y otra entre ae_e9 y ae_e5 (solitaria(o) y preocupada(o), respectivamente). De esta forma se obtuvo un modelo que presenta indicadores de bondad de ajuste adecuados [χ² (111) = 180.801, p ≤ .001; cfi = 0.963, tli = 0.955, rmsea = .040 [I.C. 90% .029 - .050] y srmr = 0.066]; dicho modelo se puede observar en la Figura 1. Cuenta con un índice de fiabilidad adecuado (ω = .794), y con índices similares para cada uno de los factores (emociones positivas, ω = .761; emociones negativas ω = .752; situaciones positivas ω = .735; situaciones negativas ω = .747).


Evidencias de validez

Se establecieron correlaciones entre los factores de la emaq-m y el imc para obtener evidencias de validez convergente, y posteriormente establecer regresiones entre estas variables y así obtener evidencias de validez predictiva (Nunnally, 2013). En la Tabla 4 se visualizan las correlaciones entre los factores y el imc.

Tabla 4Correlación de Pearson entre los factores de la emaq-m para cada muestra con el imc
AFE
12345
1. Emociones positivas-
2. Situaciones positivas.338**-
3. Situaciones negativas-.120**.117**-
4. Emociones negativas-.318**-.008.402**-
5. IMC-.052.029.124**.171**-
AFC
678910
6. Emociones positivas-
7. Situaciones positivas.390**-
8. Situaciones negativas.096.451**-
9. Emociones negativas-.106*.176**.442**-
10. IMC-.081-.007.104*120*-

El análisis de diferencia mostró diferencias significativas en los factores del emaq-m y el imc. Cabe mencionar que la prueba de homogeneidad de varianza indicó el incumplimiento de esta, por lo que se optó por emplear la prueba post hoc de Games-Howell (Pardo & San Martín, 2010, p. 267). Así, con respecto a la muestra de afe se presentaron diferencias significativas para los factores emociones positivas (F (3, 454) = 4.814, p = .003, f = .622, 1-β = 1.0), de acuerdo con la prueba post hoc (I-J = 1.98, p > .016), las diferencias se encuentran entre las personas con sobrepeso (M = 15.34, D.E. = 3.31) y obesidad (M = 13.36, D.E. = 4.05). El factor situaciones positivas no mostró efectos significativos (F (3, 456) = .233 p = .874, f = .120, 1-β = .56). Las emociones negativas muestran efectos significativos (F (3, 451) = 6.537, p < .001, f = .888, 1-β = 1.0), que de acuerdo con la prueba post hoc se presentan diferencias entre las personas con bajo peso (M = 9.32, D.E. = 3.81), sobrepeso (M = 11.82, D.E. = 4.08) (I-J = -2.49, p = .001) y obesidad (M = 12.82, D.E. = 4.69) (I-J = -2.49, p = .001). Con respecto a las situaciones negativas también se encontraron diferencias significativas (F (3, 456) = 2.911, p = .034, f = .587, 1-β = 1.0), aunque la prueba post hoc no logró determinar entre qué grupos se presentan las diferencias significativas. Por otra parte, el análisis con la muestra del afc indicó que únicamente en el factor de situaciones negativas (F (3, 456) = 2.699, p = .046, f = .131, 1-β = .57), de acuerdo con la prueba post hoc (I-J = -.687, p = .033), se encuentran diferencias entre las personas con bajo peso (M = 2.18, D.E.= .662) y obesidad (M = 2.86, D.E. = .91). Finalmente, el análisis de regresión indicó que para ambas muestras solo las emociones negativas predicen significativamente el imc (afe: β = .135, p = .009; afc: β = .120, p = .015).

Discusión

El presente estudio tuvo como objetivo proveer de una herramienta que permita evaluar la ae negativa y positiva. Así, a partir de un proceso de validación culturalmente pertinente se obtuvo la versión del Cuestionario de Apetito Emocional para población mexicana (emaq-m). La solución obtenida mantiene la estructura de cuatro factores (emociones positivas, emociones negativas, situaciones positivas y situaciones negativas), con adecuadas propiedades psicométricas y con evidencias de validez predictiva con el imc. Y es parcialmente consistente con la solución de Nolan et al. (2010), pues cuenta con una menor cantidad de reactivo.

El primer factor se refiere a las emociones positivas y resulta ser enteramente consistente con el estudio de Nolan et al. (2010), ya que posee los mismos reactivos que en el estudio original. Como su nombre lo indica, se compone de reactivos que aluden a las emociones positivas que provocan la alteración de la conducta alimentaria. El siguiente factor es nombrado situaciones positivas, y es casi idéntico al de Nolan et al. (2010), pues únicamente se eliminó un reactivo: “Cuando estoy en una situación social agradable”. Una posible explicación es que, considerando que la mayor parte de la muestra son estudiantes universitarios, las situaciones agradables no se caracterizan por la comida si no por otras actividades; sin embargo, es necesario indagar más para comprender la razón de este suceso.

El tercer factor aborda las situaciones negativas y de manera similar al anterior se eliminó únicamente un reactivo, “Después de terminar una relación”. Una posible explicación a este suceso es que después de una ruptura es habitual que el apetito se reduzca o incluso que se pierda en su totalidad (Billorou & Arana, 2015). Finalmente, el último factor es emociones negativas y es el que más modificaciones presentó, pues se eliminaron tres de los siete reactivos originales (aburrida(o), enojada(o) y asustada(o)). Es posible que estén asociados a ciertas creencias de la cultura mexicana, la cual menciona que cuando se está enojado o asustado hay ciertos alimentos que se deben evitar (por ejemplo, es malo comer aguacate si se está enojado). Estudios posteriores deberán emplear un enfoque diferente para poder dar una explicación a este suceso.

Por otra parte, con respecto al análisis de correlación solo los factores de emociones y situaciones negativas, se relacionan significativamente con el imc. Estos resultados son parcialmente confirmados por los posteriores análisis de regresión, pues solo las emociones negativas predicen significativamente a este indicador de la composición corporal. Asimismo, indican que en términos de ae, solo las emociones negativas favorecen la prevalencia de sobrepeso u obesidad, resultados que son consistentes con estudios previos (Frayn & Knäuper, 2018; Konttinen, 2020). Los resultados de la prueba anova confirman que las personas con un imc más alto son las mismas que tienen puntajes más altos en los factores de ae negativa; no obstante, llama la atención que en el factor de emociones positivas las personas con sobrepeso son las que tienen un imc más alto en comparación con las personas con obesidad, sugiriendo la presencia de una relación no lineal. En este sentido, y con respecto a la ausencia de asociaciones significativas entre la ae positiva y el imc, se pueden proponer algunas explicaciones tentativas. La evidencia en torno a la influencia de las emociones positivas en la conducta alimentaria se refiere únicamente a cómo incrementa la ingesta de alimentos en presencia de estas emociones, pero no aborda la manera en se relaciona con la composición corporal. En este sentido, Reichenberger et al. (2020) describen que, aunque las emociones positivas provocan un consumo excesivo de alimentos, dicha ingesta no repercute en la acumulación de grasa o aumento del peso de los individuos. Es posible que esto se deba a la ausencia de ciertas respuestas fisiológicas que caracterizan a los estados emocionales negativos, pero no a las emociones positivas, tales como la segregación de cortisol que favorece la acumulación de células adiposas y la desensibilización a la leptina (Tomiyama, 2014).

Con base en los resultados y la evidencia revisada, es posible asumir que, aunque las emociones positivas alteran la conducta alimentaria, al no tener repercusiones en la composición corporal podría ser considerado como un fenómeno independiente de la ae, tal como mencionan Frayn y Knäuper (2018). En este sentido, es necesario desarrollar mayor evidencia que permita consolidar el papel que desempeñan las emociones positivas en la alimentación, siendo este trabajo una primera aproximación en el país.

En este estudio se abordan las fortalezas y las limitantes. Como fortaleza se puede mencionar el proceso de validación cultural al que fue sometido el emaq, pues debido a los pasos que involucra este procedimiento se obtuvo una herramienta adecuada para su uso en muestras mexicanas. En contraparte, la muestra puede ser considerada la limitante del estudio, pues como esta fue obtenida mediante un procedimiento no probabilístico no es posible generalizar los resultados obtenidos. En consecuencia, futuros estudios deberán superar esta limitante al aplicar la escala obtenida en muestras con otras características, y así poder confirmar o refutar los resultados y determinar si es posible afirmar que esta escala es válida para su uso en población mexicana.

Conclusiones

La alimentación emocional es un factor de riesgo para el desarrollo de sobrepeso u obesidad. Conocer su prevalencia en la población mexicana, así como la manera en que se relaciona con otras variables, permitirá desarrollar estrategias de intervención que aborden esta problemática de manera integral. El emaq-m beneficiará la investigación al permitir la operacionalización de dicho fenómeno, pues es una herramienta de fácil aplicación y con adecuadas evidencias de validez, tratando los aspectos negativos, pero también los positivos.

Agradecimientos

Agradecimientos al Programa de Becas Posdoctorales de la Dirección General de Asuntos del Personal Académico, de la Universidad Nacional Autónoma de México por brindar el financiamiento para la realización de este trabajo.

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Información adicional

Conflicto de intereses: Los autores del manuscrito declaran que no existe conflicto de intereses en el desarrollo de este trabajo.

Información adicional

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