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Prácticas espirituales: ritual, armonización y círculos de la palabra, una propuesta curricular desde la educación propia*
Spiritual Practices: Ritual, Harmonization and Circles of the Word - A Curriculum Proposal for Indigenous Education
Prácticas espirituales: ritual, armonización y círculos de la palabra, una propuesta curricular desde la educación propia*
Revista Latinoamericana de Estudios Educativos (Colombia), vol. 19, núm. 1, pp. 33-52, 2023
Universidad de Caldas

Recepción: 06 Agosto 2021
Aprobación: 31 Enero 2022
Resumen: For indigenous communities, one of the pillars of their own education is spirituality, understood as the harmonious human-nature relationship that is currently fractured and oriented towards only religious or only indigenous tendencies, ignoring its true inclusive, non-discriminatory value. Consequently, it is necessary to understand the configured meanings of spiritual practices: ritual, harmonization and circles of the word, to reconfigure the curricular frameworks of educational institutions. This qualitative research reflects on the importance of articulating spirituality to the teaching and learning process, and its main objectives are to characterize, identify and reconfigure spiritual practices as a proposal for self-education with a participatory action research (PAR) approach. It is contrasted with authors and the voices of the researcher and those investigated; where this category emerges: “the warp of spirituality, weaving education.” It is concluded that spirituality advocates all life processes and must be managed transversally in educational and curricular terms.
Palabras clave: espiritualidad, ritual, armonización, círculo de la palabra, educación propia, currículo.
Abstract: Indigenous communities consider spirituality a cornerstone of their educational philosophy. It is perceived as a harmonious relationship between humans and nature, currently fragmented and often oriented solely towards religious or indigenous perspectives, neglecting its inherent inclusive and non-discriminatory value. Consequently, there is a need to comprehend the nuanced meanings of spiritual practices —ritual, harmonization and circles of the word —to overhaul the curricular structures of educational institutions. This qualitative research underscores the significance of integrating spirituality into the teaching and learning process. The primary objectives include characterizing, identifying, and reconfiguring spiritual practices as a proposal for self-education, utilizing a Participatory Action Research (PAR) approach. The study engages with various authors and incorporates the voices of the researcher and participants, highlighting a key emergent category: "the warp of spirituality, weaving education." The research concludes that spirituality is integral to all life processes and must be transversally integrated into educational and curricular contexts..
Keywords: spirituality, ritual, harmonization, word circle, own education, curriculum.
Introducción
Por el saber de nuestros ancestros transitaban una variedad de rituales de acuerdo con su cosmogonía y cosmovisión del mundo, sin embargo, al encontrarse con la cultura española empezaron a adoptar prácticas religiosas provenientes del catolicismo, debido a la influencia que ejercía la iglesia católica sobre las culturas ancestrales, las cuales se vieron obligadas a abandonar sus prácticas espirituales por considerarlas sacralizadas. Esto sucede entre los años 1900 y 1960 y nos encontramos con que la educación de los pueblos indígenas se llevaba a cabo bajo la tutela de la iglesia o en escuelas oficiales, en las cuales se aplicaba un currículo que desconocía la cultura de los grupos étnicos y en la mayoría de los casos se les impedía incluso hablar en lengua indígena; lo anterior produjo en los indígenas la necesidad de luchar por una educación que no desconociera su cultura, tradición, usos y costumbres; entre ellos los rituales de armonización y círculo de la palabra.
Del mismo modo, una de las tantas pérdidas fue el componente espiritual, a través de la historia se ha evidenciado gran la influencia de la iglesia católica, lo que ha llevado a la sociedad a confundir los conceptos de religiosidad y espiritualidad. Entonces, la educación propia surge como una forma de reconocer, valorar y preservar la cultura, el territorio, la unidad y la identidad; mediados por una fuerza y energía espiritual que se convierte en el motor de lo tangible e intangible, de lo interno y externo. Una educación propia que parte de los saberes ancestrales y los conjuga con los saberes universales, del contexto a lo global, de lo sencillo a lo complejo, de lo cercano a lo lejano. De ahí, que se pueda decir que la educación propia no es una educación etnicista que desconoce el conocimiento universal y el mundo global, como tradicionalmente se han criticado las escuelas propuestas por el movimiento indígena (Cortes et al., 1989, citados en González-Terreros, 2012).
En consecuencia, la escuela indígena y sus maestros líderes proponen una serie de movilizaciones en torno a los proyectos educativos que inicia con el proyecto educativo bilingüe intercultural (PEBI), el cual nace de la necesidad de transformar los ámbitos educativos que venían intensificando la pérdida cultural y física de los pueblos indígenas, a causa del accionar de las escuelas al ser radicalmente católicas (Trujillo y Gómez, 2016), que propone una serie de movimientos de orden pedagógico, didáctico y hasta curricular que ven en las prácticas y discursos ancestrales una posibilidad para formar desde el territorio, la palabra y el ser y saber espiritual de los pueblos indígenas.
Esta integración de los saberes propios con los universales, justifica el sincretismo religioso y espiritual que hoy se demuestra en los territorios indígenas, donde podemos visualizar diferentes prácticas espirituales que comparten en un mismo contexto. Las prácticas espirituales como los rituales, armonizaciones, círculos de la palabra, pagamentos, oraciones, rezos, peregrinaciones, meditaciones, entre otras, no solo se observan en el ambiente comunitario o familiar, también se hacen visibles en campo escolar.
No obstante, hablar de espiritualidad no es lo mismo que hablar de religión, pues no hay religión sin espiritualidad, pero sí hay espiritualidad sin religión, el hecho de ser espiritual no quiere decir que se debe estar identificado con dogmas o creencias religiosas. Sin embargo, las creencias religiosas se deben respetar en todos los espacios y uno de ellos es la escuela, puesto que la educación es el pilar fundamental de la sociedad que permite la pervivencia de la cultura, Jacques Maritain (como se citó en Gutiérrez, 2015) afirma, “La espiritualidad es la esencia de la educación. No se puede medir ni cuantificar, pero funda la acción educativa.”
Transformación desde la educación propia, horizonte curricular
Uno de los objetivos de la educación propia es orientar la religión desde la espiritualidad, sin afectar las creencias religiosas que profesen la comunidad educativa y la comunidad en general. Es una espiritualidad ligada a conservar y mantener la armonía del hombre consigo mismo, con los otros y con la madre tierra, que genere paz interior y práctica de valores, hacia el buen vivir y vivir bien. Vivir la espiritualidad desde esta perspectiva permite que la educación propia se convierta en una lucha por transformar las imposiciones curriculares, los textos y los modelos pedagógicos tradicionales fundados en la subalternización; se pretende desarrollar propuestas integrales que surjan del diálogo con las comunidades educativas y los gobiernos propios, con el fin de garantizar el disfrute de sus proyectos de vida y establecer acciones diferentes a las orientadas por el eurocentrismo y las fuerzas dominantes que desconocen lo ancestral, incluyendo en este aspecto la lengua, los usos y costumbres, la cosmogonía, los saberes y conocimiento, y el respeto por la madre tierra que les orienta el camino del buen vivir, vivir bien (Trejos et al., 2017).
Para las culturas indígenas, conservar el equilibrio armónico humanos-naturaleza siempre ha sido prioridad, porque es la espiritualidad la que permite ver el territorio como un espacio sagrado donde surge, evoluciona y trasciende la vida, por tal motivo, en la educación propia, la espiritualidad se convierte en el pilar fundamental para garantizar la pervivencia como pueblo indígena, su historia y la posibilidad de futuro. Además, la espiritualidad va a permitir el buen vivir y vivir bien, mediado por la armonía intercultural.
Por consiguiente, se requiere la educación para la diversidad como posibilidad con currículos emancipadores, que desde el saber propio definan pertinencias, aperturas y resultados; en tal sentido, la educación propia hoy emprende el camino del reconocimiento a la diferencia, la diversidad, a las formas de pensar, sentir y actuar que tienen las comunidades indígenas, una lucha para que las propuestas educativas se fundamenten en la sabiduría ancestral, el conocimiento y conservación de lo propio, con metodologías y estrategias didácticas emancipadores (Trejos et al., 2017).
De la espiritualidad el reto
La interpretación de la espiritualidad desde lo indígena posee para el occidente cultural un velo de misterio que lo oscurece a la vista de espacios sociales como arte, la estética y la educación y la enseñanza; sin embargo, para la cultura indígena, la espiritualidad hace parte de su origen, cosmogonía y cosmovisión; es la base que sustenta el plan de vida de los pueblos indígenas. La espiritualidad se convierte en un misterio donde cada quien visualiza en ella su existencia, evolución y trascendencia. Así mismo, Zambrano (2019) expresó, en un foro de pedagogía, que la enseñanza es un misterio, donde se conjugan varios elementos que van determinando un modo de educar. Decir que la enseñanza es un misterio, es subrayar que muchas veces lo que se enseña, no necesariamente puede ser lo que se aprende. Se puede enseñar a sumar, pero enseñar la vida es complejo, ya que cada estudiante va realizando y construyendo su proyecto de vida.
Este misterio se ve reflejado desde los tres planteamientos filosóficos que orientan la educación propia:
1. “Todos enseñamos y todos aprendemos.
2. El territorio nuestro mayor pedagogo.
3. La flexibilidad en la vida posibilita aprendizajes”.
(Modelo Pedagógico del Pueblo Embera de Caldas. Educación y calidad. p. 47)
Otras aperturas espirituales, antecedentes
La espiritualidad, vista desde esta perspectiva, permite que las instituciones educativas la vinculen dentro del quehacer pedagógico, ya que se convierte en la urdimbre donde se tejen relaciones armónicas consigo mismo, con la comunidad educativa, con la comunidad en general y con la Madre Tierra; se presentan desde lo anterior algunas aperturas desde la educación; acá veremos cómo lo ajeno, lo cercano, lo ajeno y lo propio se conjugan en la escuela.
Néstor López (como se citó en Ress, 2011), en su investigación: “Espiritualidad escolar en la Institución Educativa Distrital Los Tejares”, describe la existencia de una realidad espiritual en sus componentes subjetivos, intersubjetivos e institucionales. Propone entre otros, que la espiritualidad escolar implica la educación de la interioridad (la relación con Dios, los sentimientos, las sensaciones); la interrelación (los valores, la vida, el respeto) y la influencia del entorno cultural (la globalización, la religión). La espiritualidad escolar también indica, que el desarrollo de la formación espiritual permite la formación integral, transforma las relaciones, da apertura a la trascendencia y enraizar de un modo nuevo en la cultura. La espiritualidad es expresión de la humanidad y los procesos de la realización humana es uno de sus referentes. La realidad es el principal referente para la espiritualidad (p. 9).
La educación como práctica espiritual, entendida desde lo anterior, define aperturas a otras visiones del ser y el hacer y esta no se limita a la interiorización y prácticas de saberes académicos, además de estos se definen como elementos de importancia la impronta de valores espirituales y otras comprensiones del mundo. Dado lo anterior, se define como eje central de la educación desde la espiritualidad la palabra, que transmite saberes, enseñanzas y posibilidades de recordar lo propio, entender el mundo, preservar al saber del mayor, desde interacciones que no se superponen entre sí. Según Raimon Panikkar (como se citó en Tamayo, 2018) “En la interculturalidad no hay absorción de una cultura por otra, pero tampoco independencia, sino correlación”. Esto justifica que la espiritualidad no debe estar enfocada desde ningún credo religioso, para que no haya esa absorción de la una por la otra. Por el contrario, la espiritualidad debe fortalecer procesos de interculturalidad y diversidad, para que sea una espiritualidad incluyente de armonía humanos-naturaleza.
Se concibe desde lo anterior a la espiritualidad como el espacio de aula busca formar estudiantes reflexivos, autónomos, responsables de sus decisiones y sus deberes; que valoren y encuentren sentido a la vida, que controlen sus emociones; en fin, estudiantes que conserven el equilibrio armónico consigo mismo, con los demás y la madre tierra; pues, no hay que olvidar que nos encontramos en un mundo de constantes cambios donde también es necesario realizar cambios espirituales a partir de los valores, la reflexión y la meditación, los cuales se dan a través de prácticas espirituales como el ritual, la armonización y los círculos de la palabra.
Es importante reconocer la importancia de la paz interior, la observación y el contacto con la naturaleza dentro de la espiritualidad que se vivencia desde la educación propia. Además, la espiritualidad no debe ser punto de desencuentro entre los actores de la comunidad educativa; sino que, por el contrario, debe ser el punto de encuentro hacia la interculturalidad, la inclusión y el fortalecimiento de la identidad desde el proceso formativo del estudiante.
En consecuencia, podemos decir que la urdimbre de la espiritualidad está conformada por hilos de colores que son cada uno de esos sentidos configurados de las prácticas espirituales ritual, armonización y círculo de la palabra, como la base para reconfigurar la trama de la malla curricular.
Espíritu metodológico
Este texto surge de la necesidad y el interés de una comunidad educativa que busca comprender puntos de vista, referencias y sentidos, generando procesos de actuación de las mismas personas involucradas y así propiciar transformaciones individuales y colectivas desde el campo familiar, escolar y comunitario, por esto se toma lo propuesto por Fals Borda (como se citó en Ocampo, 2009), donde expresa que la metodología de la investigación-acción participante se aplica para ayudar a producir cambios radicales en la sociedad. Es un compromiso con la sociedad al hacer la investigación y entrar a los problemas para crear conciencia de cambio. Por tal motivo, los datos se hallaron a través de la palabra hablada y escrita, la observación de experiencias y vivencias, donde se tuvo en cuenta las voces de los estudiantes, padres de familia, docentes, la rectora, los médicos tradicionales y consejeros espirituales, con el propósito de comprender los sentidos configurados de las prácticas espirituales: ritual, armonización y círculo de la palabra, y presentarlos en una malla curricular para los grados sexto y séptimo como una propuesta desde la educación propia.
Esta propuesta metodológica permite una interacción permanente de los involucrados en el proceso de investigación que se lleva a cabo antes, porque es una necesidad, un problema, un interés que surge anterior a la ejecución del proyecto de investigación; durante, porque hay participación activa y directa de todos los involucrados en el proyecto de investigación a través de diferentes instrumentos de indagación que para este caso se emplea la entrevista semiestructurada, el diario de campo y la observación participante; y finalmente, hay una interacción después, porque se dan unas transformaciones y cambios sociales que surgen de la aplicación de unas acciones contempladas en una propuesta de una malla curricular dirigida desde la educación propia.
La población que hizo parte de este proyecto de investigación fue la comunidad educativa, se seleccionó una muestra de representantes de todos los actores: estudiantes, padres de familia, maestros, rectora, sabedores espirituales y médicos tradicionales; así: 8 estudiantes, 7 padres de familia, un docente, un rector, un sabedor espiritual y un médico tradicional; para un total de 19 participantes que representan una población de 83 personas, es de aclarar que se tiene en cuenta los sabedores y los médicos tradicionales porque una política de la educación propia es que todos los que hacen parte de la comunidad desempeñan un papel muy importante en el proceso formativo del estudiante.
La urdimbre de la espiritualidad y la educación
Es importante mencionar que el tema de la espiritualidad ha sido poco estudiado e investigado, motivo por el cual, se hace útil la participación de los comuneros, consejeros espirituales, estudiantes, padres de familia, docentes y sabedores del Resguardo Indígena, con el fin, de compartir conocimientos o saberes en el campo de la espiritualidad que se han adquirido generación en generación. En la educación propia es muy importante el conocimiento del sabedor quién hace posible la pervivencia de los pueblos indígenas, a través de sus enseñanzas, experiencias y saberes, siempre está dispuesto a brindar sus conocimientos siempre en cuando sean de beneficio directo a la comunidad; pues cuando se le invita a participar de procesos de investigación, el sabedor es más cuidadoso en la información que comparte porque en algunos casos es solo para beneficio e interés personal de quien realiza la investigación y en poco o nada beneficia a la comunidad. De ahí, que la información expuesta en este proyecto sea poca por motivos de preservación del pensamiento indígena, ya que son documentos públicos que van a estar expuestos a diferente tipo de lectores.
La espiritualidad y su relación con el currículo
En la siguiente figura se visualiza la relación de la urdimbre de la espiritualidad y la educación, como resultado de los hallazgos, producto de los instrumentos de indagación aplicados.

Nota. Esta gráfica representa la relación que existe entre la espiritualidad y la educación.
elaboración propia.Las prácticas espirituales generan muchos aspectos positivos dentro del proceso formativo de los estudiantes, se logran a través de la reflexión, la observación y el diálogo, los cuales se emplean para darle sentido a la trama o al tejido que se va a crear con la urdimbre, tejido llamado educación.
Debe existir armonía entre la urdimbre y la comunidad educativa; la trama que para el caso de la gráfica está representada en el espiral de la vida y desde el campo de la educación son los diferentes procesos que se dan en la institución educativa que son exitosos. A partir de allí se construye una educación con calidad, que responde a las necesidades, intereses y expectativas de los estudiantes y comunidad educativa en general, a partir de una educación para la diversidad, dada desde un currículo socio crítico.
El tejido de la espiral es muy significativo para la población indígena, porque es un símbolo con muchas connotaciones, tales como, la conexión espiritual, la evolución del universo, así como la relación entre vida y muerte, es la conexión que hay entre el presente y el pasado y también es símbolo de movimiento, no solo material sino de pensamiento, es la unión de fuerzas y energías que hacen posible la vida, el movimiento, la expansión y la transformación. Así mismo, el espiral es la conectividad entre lo tangible y lo intangible, al conectar, integra, es incluyente y ese es uno de los valores que la institución educativa tiene en cuenta para fortalecer la interculturalidad, en un mundo escolar diverso de pensamiento, raza, credo.
Emergencias desde la espiritualidad
La urdimbre de la espiritualidad, tejiendo educación
Existe una fuerte relación entre espiritualidad y educación. La educación se refiere a la formación integral de la persona, que abarca no sólo la dimensión intelectiva sino también la afectiva y espiritual (Irizar et al., 2010). En el proceso de enseñanza y aprendizaje, el ser, el saber y el saber hacer, deben estar mediados por la dimensión afectiva y la dimensión espiritual para una verdadera formación integral del estudiante.
En tal sentido, cabe mencionar a San Ignacio de Loyola y sus ejercicios espirituales desde la pedagogía, entre los que destaco tres: uno, la valoración del ser y el potencial cognitivo de cada uno de los estudiantes; dos, desarrollar el sentido crítico y tres, utilizar estas reflexiones críticas para transformar y mejorar la vida de cada uno. Estos ejercicios nos van a permitir dar sentido a tres saberes que se combinan desde las competencias básicas: el ser, el saber y el saber hacer que se llevan a cabo desde los conocimientos de los ejes curriculares integradores (básica primaria) y áreas del saber (básica secundaria).
De esta manera, la educación, la espiritualidad y el aprendizaje se complementan, fortaleciendo la diversidad en nuestras instituciones educativas, entendida la diversidad como el respeto por las diferencias para lograr una formación integral de los niños, niñas y jóvenes. Y es que hablar de diversidad es hablar de una urdimbre, donde ese conjunto de hilos de colores, se convierten en los diferentes pensamientos, sentimientos, vivencias y experiencias de los que hacen parte del proceso educativo. De ahí que cuando se habla de la urdimbre de la espiritualidad, estamos haciendo referencia a ese conjunto de sentidos configurados que son tejidos desde sus creencias, usos, costumbres y tradiciones culturales para hacer del entramado de la educación, un tejido que responde a procesos de formación integral e inclusivo mediante las diferentes áreas del saber o desde los diferentes ejes integradores a partir de un currículo sociocrítico y para la diversidad.
Esta urdimbre se debe tejer de manera transversal, Monclus (1999, citado por Velásquez-Sarria, 2009) se refiere a lo transversal, relacionándolo con dos conceptos “cruzar” y “enhebrar”. En el ámbito educativo, la transversalidad se refiere a una estrategia curricular mediante la cual algunos ejes, áreas o conocimientos, son considerados prioritarios en la formación de nuestros estudiantes, permean todo el currículo, es decir, están presentes en todos los programas, proyectos, actividades y planes de estudio contemplados en el proyecto educativo institucional –PEI– de una institución educativa.
La transversalidad curricular implica como lo afirma Fernández (2003): “la utilización de nuevas estrategias, metodologías y necesariamente formas de organización de los contenidos” (p. 5). En tal sentido, la transversalidad supera el currículo asignaturista y permite el abordaje de temas y problemas necesarios en el proceso formativo de todo ser humano.
De esta manera, los participantes de la muestra en este proyecto de investigación, en un 100% expresaron considerar importante que en la institución educativa se transversalice la espiritualidad en una malla curricular para que sirva como estrategia didáctica de los maestros y puedan aplicarse en el proceso educativo y no solo quede como responsabilidad de una de las áreas del saber, en este caso de religión, o en un solo eje curricular para el caso de la primaria, como es “territorio, territorialidad y espiritualidad”, dado que la espiritualidad se vive en todos los espacios y en todos los momentos, desde las diferentes prácticas; en especial destacan el círculo de la palabra como una práctica espiritual que se puede llevar a cabo desde las diferentes áreas, procesos, proyectos y programas educativos, porque es una práctica que parte más de la reflexión, la meditación y el diálogo y conlleva a que el estudiante interiorice, se autoevalúe y genere acciones de cambio y transformación para salir adelante con sus proyectos de vida.
Entre esas consideraciones de los participantes en el proyecto de investigación tenemos:
La espiritualidad no solo la deben de enseñar en religión, porque es un tema que se puede tratar en todas las materias, porque en todas es importante reflexionar, meditar y pensar sobre nuestra forma de ser y actuar, por eso la espiritualidad debe de darse en todas las materias porque en todas necesitamos reflexionar sobre nuestra vida y sobre el mundo en el que estamos viviendo. E58
La espiritualidad la pueden trabajar en todas las materias, en todo lo que hacen en las escuelas porque no les van a hablar de religión, sino que les van a enseñar a pensar bien las cosas para que sepan que están haciendo bien y que están haciendo mal y cambien y sean muchachos de bien y les vaya bien en la vida. EP3
La espiritualidad se debe trabajar en todas las materias porque en todas necesitamos reflexionar sobre nosotros mismos, necesitamos autoevaluarnos, autocontrolarnos para aprender a manejar las emociones. E48
En el colegio la espiritualidad y sus prácticas se pudieran trabajar por medio de todas las áreas, porque en todas podemos sacar tiempo para reflexionar sobre nuestras vidas, sobre la convivencia, la armonía con la naturaleza. Fuera de reflexiones se pueden hacer armonizaciones, ver vídeos de reflexión. E27
La espiritualidad se puede trabajar de manera transversalizada desde las áreas y ejes curriculares. Las prácticas espirituales se pueden trabajar también desde los proyectos y eventos como izadas de bandera, asamblea de padres, asamblea de cabildo, posesión del cabildo, consejo académico, mingas comunitarias… ER1
Con lo expresado, nos podemos dar cuenta del sentido de la espiritualidad, donde ya no existe esa confusión en relación con la religiosidad; ya se vive la espiritualidad como un proceso de autorreflexión, pero no solo de quedarse pensando y meditando, sino también de mirar qué hacer, qué cambiar, qué acciones llevar a cabo, para generar transformaciones en la vida de cada uno, en el contexto, en el mundo que le rodea. Lo más importante es un proceso que no solo es para dirigirlo desde el área de religión o desde el eje de territorio, territorialidad y espiritualidad. Motivo por el cual se debe trabajar de manera transversal, como un tejido de áreas del saber y desde los ejes curriculares integradores.
Piedra (2018), quien realiza una investigación titulada “Espiritualidad y educación en la sociedad del conocimiento”, concluye diciendo que:
La necesidad del desarrollo y fortalecimiento de la dimensión espiritual en la educación responde al momento de crisis que atraviesa el planeta, es un llamado a superar las visiones en las que se atienden únicamente las necesidades materiales y físicas que han dado por resultado conductas depredadoras en detrimento del otro y del planeta mismo. (p. 8)
Es así como surge la propuesta de reconfigurar la malla curricular de la institución educativa y poder evidenciar ese tejido de la espiritualidad articulado en las áreas del saber y a los ejes curriculares integradores. Estos ajustes al currículo están avalados por la misma normatividad especial, donde se dice que:
El currículo de la etnoeducación se fundamenta en la territorialidad, la autonomía, la lengua, la concepción de vida de cada pueblo, su historia e identidad según sus usos y costumbres. Su diseño o construcción será el producto de la investigación en donde participen la comunidad en general, la comunidad educativa en particular, sus autoridades y organizaciones tradicionales. (Decreto 804, Artículos 14 y 15).
El círculo de la palabra como apertura pedagógica
Es una categoría que emerge con facilidad de los instrumentos de indagación, dado que se hizo visible en los instrumentos aplicados y en los diarios de campo, donde se observó el agrado, el valor y la importancia que los participantes de las prácticas espirituales le dieron al círculo de la palabra, vista como una práctica que lleva a la reflexión crítica, a meditar, a pensar sobre el pasado, el presente y el futuro. Una práctica que se puede dar desde cualquier espacio y no requiere de una persona especializada en el campo de la espiritualidad.
El círculo de la palabra es una práctica espiritual donde se abren espacios de participación y diálogo, de autorreflexión, donde se comparte el pensar y el sentir, pero con respeto por las diferencias y libertades de pensamiento y comunicación, el objetivo primordial es tomar conciencia del ser para propiciar cambios a través de acciones que generan transformaciones positivas por un bien individual y colectivo. Así mismo, se puede dar en todos los espacios que existen en el territorio; antiguamente en las familias, era tradicional reunirse alrededor del fogón a contar historias, dar consejos, planear el devenir de la familia y la comunidad; pero infortunadamente, hoy esta práctica se ha perdido en los hogares por la intervención de los medios de comunicación y otras tecnologías.
Las apreciaciones recopiladas en los instrumentos de indagación dan a conocer que es importante implementar en las escuelas, el círculo de la palabra como una práctica pedagógica que despierta la reflexión crítica en los procesos de enseñanza y aprendizaje que se traducen en una transformación social a partir del desarrollo de capacidades y habilidades para interpretar e interactuar en contextos diversos. Desde la educación propia, las prácticas pedagógicas deben cumplir con unas condiciones como son: conocimiento del contexto, coherencia entre la acción y la palabra, la pregunta como generadora de aprendizaje, el diálogo de saberes desde una perspectiva intercultural, la reflexión constante, el reconocimiento de saberes.
Es así como podemos decir que el círculo de la palabra, sí puede ser una práctica pedagógica porque desde la educación propia, dado que en el círculo de la palabra se parte de un conocimiento empírico o un conocimiento del contexto, hasta llegar a los conocimientos universales si es del caso, además se parte de preguntas que invitan a los participantes a reflexionar, a tomar conciencia de sí mismo, respetando las diferencias de pensamiento que se dan desde un contexto intercultural y diverso, donde lo ideal no es quedarse en la palabra; lo ideal es que la palabra vaya de la mano de la acción para generar cambios y transformaciones sociales.
Edgar Morin (1999) afirma que hay que enseñar a hacer frente a los riesgos, a lo inesperado, a lo incierto. Hay que fomentar mentalidades abiertas, flexibilidad de pensamiento, tolerancia ante los cambios y la capacidad de aceptar las novedades, pero sin olvidar la importancia de desarrollar la capacidad de contribuir a la innovación y al proceso de cambio. En este sentido, los participantes del proyecto de investigación de las prácticas espirituales consideran:
Me gusta más el círculo de la palabra porque el círculo de la palabra es una práctica espiritual muy buena porque se puede hacer en cualquier momento de la clase además la podemos hacer en la casa donde podemos reflexionar sobre nosotros mismos, sobre lo que estamos haciendo y lo que nos hace falta. Es una práctica muy agradable de podernos ver y escucharnos todos porque así aprendemos más y participamos con más confianza. E48.
La práctica espiritual que más me gusta es el círculo de la palabra porque no necesita que lo haga los médicos tradicionales y cualquier persona lo puede hacer en cualquier lugar con los amigos, los compañeros o con la familia y la comunidad. Es muy bueno meditar, pensar, reflexionar y dar aportes para todos poder cambiar primero por dentro y luego por fuera con los demás, así todos tenemos paz interior y somos más felices. E58
La práctica espiritual que más me gusta es el círculo de la palabra porque allí podemos hablar de cualquier tema y reflexionamos además todos nos vemos la cara, opinamos y sacamos todo lo que sentimos y nuestras opiniones que sirven para aprender cosas nuevas o pueden ser consejos para nuestra vida diaria. E79
La práctica espiritual que más me gusta es la del círculo de la palabra porque nos podemos reunir varias personas para dar ideas, para opinar sobre algún tema, porque lo podemos hacer en cualquier lugar donde podamos estar tranquilos y todos en armonía para reflexionar sobre algo o sobre algún vídeo que hayamos visto. E89
Desde lo anterior se evidencia que la práctica espiritual que más les gusta a los estudiantes es el círculo de la palabra, esto se evidencia en los registros de los diarios de campo, en donde se observaba a los estudiantes interesados, se organizaban y participaban con alegría, atención, respeto por la opinión del otro, disponibilidad, buena actitud y ante todo una autorreflexión, dando aportes muy personales, pero significativos para llevarlos a la práctica. Además, eran diálogos muy enriquecedores en saberes propios y universales, en donde se construían tejidos diversos e interculturales generadores de futuros cambios y transformaciones.
Conclusiones y aperturas curriculares desde la espiritualidad, apertura de las prácticas espirituales
La espiritualidad ha sido poco estudiada desde el campo educativo, esto se evidencia en el estado del arte realizado para esta investigación, motivo por el cual fue necesario recurrir a algunos referentes que no están comprendidos dentro del rango adecuado para sustentar una investigación; se han realizado investigaciones más desde el campo dela salud donde se ha demostrado cómo la espiritualidad influye en el proceso neuronal de las personas, así lo dan a conocer los trabajos de Danah Zohar e Ian Marshall (1997, citados en Piedra-Hernández, 2018) quienes van más allá, al descubrir que las prácticas espirituales generan oscilaciones en las ondas electromagnéticas que se reproducen sobre las neuronas, vinculando el concepto de espiritualidad con inteligencia, al tiempo que insisten en demostrar que la inteligencia espiritual es la inteligencia primordial, pues constituye la base fundamental para el efectivo funcionamiento del cociente intelectual.
A partir de los hallazgos de la investigación fue posible identificar que la comunidad educativa posee una diversidad de comprensiones acerca de los sentidos de la espiritualidad y sus prácticas (ritual, armonización y círculo de la palabra), esto se hace visible en la diversidad de respuestas emitidas en instrumentos de indagación. También se pudo evidenciar que a medida que la comunidad educativa participó de los rituales, armonizaciones y círculos de la palabra, la actitud de aceptación y valoración fueron positivas, los participantes reflejaban en sus palabras y rostros, una actitud corporal y gestual de alegría y gusto por participar de dichas prácticas espirituales, en especial de los círculos de la palabra.
Es necesario destacar que en la medida en que se realizaron rituales, armonizaciones y círculos de la palabra, la comunidad educativa empieza a caracterizar las prácticas espirituales de una manera más amplia e incluyente, vistas más desde la relación armónica humanos-naturaleza que desde la religión o desde lo indígena; es una espiritualidad que responde más a procesos de interculturalidad, donde la espiritualidad como parte de la cultura no se impone una espiritualidad desde lo religioso o lo indígena, es una espiritualidad que se complementa entre una cultura y otra; tal como lo dice Panikkar (como se citó en Tamayo, 2018): “En la interculturalidad no hay absorción de una cultura por otra, pero tampoco independencia, sino correlación”.
La espiritualidad dentro de la cosmovisión y cosmogonía Embera es un pilar fundamental porque es considerada como la base para seguir conservando el legado cultural y la pervivencia como pueblo indígena y gracias a esa relación intrínseca que existe entre espiritualidad y territorio es que se genera la armonía entre humanos-naturaleza.
Desde la educación propia, la espiritualidad la caracterizan como la fuerza energética que se encuentra en el interior de cada ser, y es a través de las prácticas espirituales que se permite tomar conciencia del ser, para saber quiénes somos, qué hacemos y para donde vamos; que se parte de un conocimiento del yo interior, para no perder el rumbo, el horizonte de la vida y abandonar fácilmente el proyecto de vida.
Es así como las prácticas espirituales: ritual, armonización y círculo de la palabra van a generar una fuerza vital asociada a una mayor calidad de vida, necesaria para mantener el equilibrio armónico humanos-naturaleza. Donde se describe el ritual como una ceremonia sagrada para eventos muy especiales y los cuales deben de ser liderados por médicos o sabedores espirituales, motivo por el cual no es muy común en las instituciones educativas; las armonizaciones son rituales más sencillos y pueden ser liderados por personas que se caracterizan por ser muy reflexivos y los cuales se recomiendan realizar antes de iniciar cualquier actividad o jornada de trabajo, con el fin de equilibrar las energías de las personas y los espacios, como dice la sabedora espiritual Silvia Ortiz, “La armonización es una armonía que se teje entre el silencio, la palabra y el hecho”.
Entre el ser, el saber y saber hacer, el círculo de la palabra es muy útil para cualquier campo educativo, puesto que se convierte en una estrategia pedagógica de crecimiento espiritual para mejorar la convivencia; es una práctica que lleva a la reflexión profunda, a una reflexión crítica siempre en miras a tomar conciencia partiendo del ser para buscar sentido y a valorar la vida, siempre conservando la relación armónica del hombre consigo mismo, con los otros y con la madre tierra. El círculo de la palabra se convierte en una estrategia para que la tradición oral perviva en el tiempo y el espacio. Aquí se hace visible “todos enseñamos y todos aprendemos”, planteamiento filosófico de la educación propia. En el círculo, todos somos iguales, no hay nadie delante no hay nadie detrás, nadie está por encima y nadie está por debajo (Dudo, 2014).
Las prácticas espirituales: ritual, armonización y círculo de la palabra se convierten en herramientas importantes para desarrollar la personalidad de una manera integral, mediada por los valores que le permiten a la persona autocontrolarse y manejar las emociones para enfrentar adecuadamente los diferentes cambios personales y sociales. De acuerdo con Quesada y Gómez (2017, citados en Vásquez-Barragán, 2018) la espiritualidad es entendida como un sistema de valores y creencias, no necesariamente religiosas, en el que se pueden ver incluidas tanto las personas antirreligiosas, como aquellas que sí lo son, aunque no se sientan ligados a una tradición específica (p. 3).
Esto nos lleva a reflexionar sobre lo planteado por Irizar et al. (2010, como se citó en Flores, 2017, p. 22) “sin el desarrollo de la dimensión espiritual, la educación es incompleta”, ya que la espiritualidad aboga todos los procesos de la vida y por tanto, es necesario desarrollar y fortalecer la dimensión espiritual desde el proceso educativo, no desde una área en específico, sino de manera transversal. El planeta enfrenta una crisis que no depende de un dogma religioso, enfrenta una crisis de necesidades materiales y espirituales que se pueden evidenciar en una pérdida de valores, del sentido de la vida, donde muchos niños y jóvenes pierden las ganas de vivir y esto lo demuestran las conductas suicidas, la depresión, el aumento de consumo de sustancias psicoactivas; en fin, hay una pérdida, distanciamiento y desánimo por cumplir con sus proyectos de vida, incluyendo el detrimento del otro y la relación armónica con la madre tierra.
Finalmente, podemos decir que es importante integrar al proceso educativo, prácticas espirituales como el ritual, la armonización y el círculo de la palabra, ya que son prácticas que llevan a la reflexión crítica, al diálogo de saberes desde una perspectiva intercultural, donde se tiene en cuenta el ser, el saber y el hacer para generar transformaciones individuales y colectivas. Pues, es una espiritualidad, que no está dirigida desde ningún credo religioso, tal como lo dice Torralba (2014), en el campo de la educación se hace importante que el estudiante maneje la espiritualidad sin dogmas ni fanatismo, sin banalidad, sin sectarismo y otros más que son graves y atañan al mundo actual; esto es una clara consecuencia de un déficit de inteligencia espiritual. Una persona espiritual tiene la capacidad de analizar con profundidad lo que ocurre en su vida y en la vida de los otros. Este pensamiento reafirma que la espiritualidad hace parte de la urdimbre para tejer armonía consigo mismo, los demás y la madre tierra.
Estas conclusiones se cierran con dos frases muy significativas en el tejido de la espiritualidad como es [1]“Acepta que eres guiado y protegido por el universo, la madre tierra y los ancestros”.
Hoy en día nos preocupamos más por las cosas materiales, olvidando lo espiritual y tal como lo dice Irizar, González y Noguera ¿quién es el hombre, quién debería ser y qué necesita para alcanzar su deber-ser? Ser feliz.
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Notas
Información adicional
Cómo citar: Zamora, M. J. y Cano, S. (2023). Prácticas espirituales: ritual, armonización y círculos de la palabra, una propuesta curricular desde la educación propia. Revista Latinoamericana de Estudios Educativos, 19(1), 33-52. https://doi.org/10.17151/ rlee.2023.19.1.3