SECCIÓN MONOGRÁFICA
Recepción: 26 Abril 2021
Recibido del documento revisado: 27 Mayo 2021
Aprobación: 11 Julio 2022
DOI: https://doi.org/10.37511/tesis.v17n2a8
RESUMEN: Antecedentes: En los últimos años se ha incrementado el uso de intervenciones psicológicas digitales o mediadas por tecnología, sin embargo, existe evidencia de que las actitudes de los terapeutas podría ser un factor que influye para incorporarlas en la práctica clínica. Objetivo: Explorar las actitudes de los psicólogos en formación y profesionistas en psicología ante las intervenciones mediadas por dispositivos digitales, así como identificar los factores que influyen en dichas actitudes. Método: El estudio incluyó dos fases, la primera, consistió en la adaptación del protocolo CATAS al contexto mexicano, mediante la evaluación de la validez de contenido (utilizando el método de validación por jueces) que se realizó con el cálculo de la estimación del Índice de Acuerdo entre Jueces-IA y el Coeficiente V de Aiken-V; en la segunda se realizó la aplicación del protocolo a una muestra total de 147 participantes (estudiantes y profesores de psicología). Resultados: Los jueces reportaron que el protocolo obtuvo una adecuada validez de contenido (IA = 96.54%, V = 0.97 p<.001) y fiabilidad para las escalas que lo componen; CATAS total (α = .76), CFS (α = .83) y EBPAS-Apertura (α = .86). Los participantes mostraron actitudes positivas hacia las intervenciones digitales; este tipo de actitudes se asoció con la facilidad de acceso tecnológico, familiaridad con la tecnología (escala CFS), disposición para utilizar nuevos tratamientos (escala EBPAS-Apertura), años de experiencia, ser profesor, un mayor grado académico y con la orientación teórica cognitivo-conductual y sistémica. Conclusiones: Los hallazgos permitirán generar acciones para modificar las barreras que dificultan el uso de las tecnologías en la práctica clínica.
Palabras clave: Actitudes, telesalud, intervenciones psicológicas digitales, encuesta.
ABSTRACT: Background: In recent years, the use of digital or technology-mediated psychological interventions has increased, however, there is evidence that the attitudes of therapists could be a factor that influences their incorporation into clinical practice. Objective: To explore the attitudes of psychologists in training and professionals in psychology towards interventions mediated by digital devices, as well as to identify the factors that influence these attitudes. Method: The study included two phases, the first consisted of the adaptation of the CATAS protocol to the Mexican context, through the evaluation of content validity (using the validation method by judges) that was carried out with the calculation of the estimate of the Index of Agreement between Judges-IA and the Coefficient V of Aiken-V; in the second, the protocol was applied to a total sample of 147 participants (psychology students and professors). Results: The judges reported that the protocol obtained adequate content validity (IA = 96.54%, V = 0.97 p<.001) and reliability for the scales that compose it; Total CATAS (α = .76), CFS (α = .83) and EBPAS-Openness (α = .86). Participants showed positive attitudes towards digital interventions, this type of attitude was associated with ease of technological access, familiarity with technology (CFS scale), willingness to use new treatments (EBPAS-Openness scale), years of experience, being a teacher, a higher academic degree and with a cognitive-behavioral and systemic theoretical orientation. Conclusions: The findings will allow generating actions to modify the barriers that hinder the use of technologies in clinical practice.
Keywords: Attitudes, Telehealth, Digital Psychologists, Survey.
Introducción
Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) se han incorporado al campo de la psicología clínica y de la salud permitiendo el desarrollo de programas de Telepsicología (Varker, Brand, Ward, Terhaag & Phelps, 2019). De acuerdo con la American Psychological Association (APA) (2013) la telepsicología se orienta a la prestación de servicios psicológicos a través de las telecomunicaciones, para la atención, transmisión, comunicación o procesamiento de la información (Committee on National Security Systems, 2010); estos recursos tecnológicos pueden incluir las aplicaciones móviles, terapia por teléfono, videoconferencias, programas de tratamiento basados en texto por internet, redes sociales o los videojuegos como complementos de la terapia (Varker et al., 2019) así como la realidad virtual (Santoro, 2022). Estos servicios se han diseñado y desarrollado para ser implementados de forma sincrónica (intervenciones dirigidas por un psicoterapeuta a través de videoconferencia o texto en tiempo real) y asincrónica (intervenciones autodirigidas o automatizadas a través de internet, programas de computadora o aplicaciones, por correo electrónico, y no son en tiempo real) (Santoro, 2022; Varker et al., 2019).
La teleterapia forma parte de las intervenciones de Telesalud que han mostrado eficacia en la atención de problemas emocionales en diversas poblaciones (Abrams, 2020). A este tipo de intervenciones también se le conoce como terapias digitales (Santoro, 2022) y existen revisiones sistemáticas que han documentado su eficacia en el abordaje de la depresión (Luo et al., 2020), ansiedad, trastorno de estrés postraumático, uso y abuso de sustancias (Philippe et al., 2022), trastornos de adaptación, prevención del suicidio juvenil, cambios de comportamiento de salud (De Witte, Joris, Van Assche & Van Daele, 2021); en especial, durante la pandemia COVID-19 fueron útiles para la atención al personal sanitario (formal e informal) reduciendo el impacto emocional y propiciando aspectos positivos (Bertuzzi et al., 2021; Zace et al., 2021).
A partir de la pandemia COVID-19 se incrementó el uso de la telepsicología, pues, de acuerdo con Sammons, VandenBos y Martin (2020), el 29% de una muestra de terapeutas reportó que antes del COVID-19 solo había usado la telepsicología en algún momento, pero después del inicio de la pandemia, el 83% informó que la usaba casi exclusivamente, aunque, la gran mayoría de quienes no utilizaban la telepsicología en el momento de la encuesta (73%) informaron su intención de hacerlo en un futuro. En concordancia, Sampaio, Haro, De Sousa, Melo y Hoffman (2021) reportaron que el 61% de la muestra antes de la pandemia no utilizaba la telepsicología, mientras que durante la pandemia el 98% ya la utilizaba con sus pacientes. Asimismo, Rettinger, Klupper, Werner y Putz (2021), encontraron que, debido al confinamiento, las actitudes de los terapeutas hacia las intervenciones digitales habían cambiado (cambió mucho: 36,6%, cambió un poco: 38,2%, no cambió nada: 6,8%, apenas cambió: 18,5%).
No obstante, aun cuando ha aumentado el uso de la telepsicología, existen terapeutas que presentan actitudes negativas ante su uso, lo que limita la probabilidad de utilizarla en la práctica profesional, como señalan Mendes-Santos, Weiderpass, Santana y Andersson (2020), los psicólogos con actitudes más negativas tienen menos probabilidad de utilizar este tipo de intervenciones que aquellos que tienen actitudes más positivas, aunque, se ha identificado que algunas variables sociodemográficas, profesionales y técnicas pueden influir en dichas actitudes. De modo que, las actitudes positivas ante las intervenciones digitales se han asociado con un mayor acceso tecnológico, familiaridad con la tecnología y disposición para utilizar nuevos tratamientos (Bautista, 2020; Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013), así como con un mayor grado de conocimientos, capacitación adecuada y la experiencia previa (Cipolletta & Mocellin, 2018; Mendes-Santos et al., 2020). A su vez, esta experiencia previa se ha asociado con mayor edad (psicólogos de entre 41 y 60 años), años de experiencia profesional y el lugar de trabajo (laborar en servicios de atención gubernamental, práctica privada o clínicas comunitarias) (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013; Mendes-Santos et al., 2020). Asimismo, se ha identificado que el enfoque u orientación teórica del terapeuta se relaciona con las actitudes, siendo el enfoque cognitivo conductual y sistémico los que han mostrado actitudes más positivas que otros enfoques, como el psicodinámico/análitico o el existencial (Bautista, 2020; Becker, 2012; Békés & Aafjes-van Doorn, 2020; Perle et al., 2013). De este modo, no se cuenta con suficiente evidencia sobre la asociación de las actitudes con las variables sociodemográficas de los terapeutas (edad, sexo y orientación teórica), tal vez influido por la diversidad de muestras de regiones geográficas (Bautista, 2020; Becker, 2012; Békés & Aafjes-van Doorn, 2020; Cipolletta & Mocellin, 2018; Glueckauf et al., 2018; Perle et al., 2013), por lo cual es necesario considerar el contexto cultural al estudiar las actitudes de los terapeutas ante las intervenciones digitales. Ante ello, es fundamental explorar y conocer las actitudes que presentan los psicólogos en formación sobre las intervenciones digitales, toda vez que podría favorecer o limitar su utilización en su futura actividad profesional. Eventualmente, se requiere emprender acciones en la formación de los futuros psicólogos para fomentar el conocimiento sobre las intervenciones digitales, dado que una posible causa de la poca difusión y uso es la falta de conocimiento (Entenberg et al., 2019), ya que, estos temas no son contemplados en los contenidos curriculares de los programas de estudios universitarios y la formación en el área es incipiente (Distefano, Cataldo, Mongelo, Mesurado & Lamas, 2018).
Se ha informado una serie de barreras que podrían influir en las actitudes de los terapeutas respecto a estas intervenciones digitales, tales como: la dificultad de conectividad a internet y acceso a las computadoras (Jiménez-Molina et al., 2019), la falta de competencias y formación profesional (Rettinger et al., 2021), falta de conocimientos técnicos y clínicos, velocidad insuficiente de la comunicación o cortes en la misma (González-Peña, Torres, Del Barrio & Olmedo, 2017), problemas de confidencialidad/seguridad, aspectos legales/éticos, los requisitos de licencia y falta de reembolso de las compañías de seguro (Glueckauf et al., 2018; Mendes-Santos et al., 2020; Rettinger et al., 2021), percepciones negativas sobre la eficacia (Glueckauf et al., 2018; Rettinger et al., 2021) y limitaciones para la adaptación de los tratamientos (Mendes-Santos et al., 2020). Además, se han observado preocupaciones relacionadas con los pacientes como la dificultad para establecer el rapport/alianza terapéutica (González-Peña et al., 2017), no cubrir las expectativas de los clientes/usuarios, o el rechazo (Rettinger et al., 2021), una baja adherencia o abandono del tratamiento (Meisel, Drury & Perera-Delcourt, 2018; Mendes-Santos et al., 2020), dificultad para comprender conceptos e implementar técnicas de autoayuda, y el analfabetismo digital (Mendes-Santos et al., 2020). En contraste, se han identificado percepciones positivas, como la utilidad para mejorar la alianza terapéutica y la implementación de las técnicas clínicas (Bunge, López, Mandil, Gomar & Borgialli, 2009; Entenberg, Ciliberti, Ruiz, Nishimuta & Bunge, 2019), reducción del estigma (confidencialidad/anonimato) (Meisel et al., 2018), accesibilidad, comodidad, rentabilidad y atención personalizada (Mendes-Santos et al., 2020).
De acuerdo con el conocimiento disponible no existe un instrumento estandarizado que permita medir las actitudes de los terapeutas ante las intervenciones digitales, sin embargo, los instrumentos de medida disponibles tanto en América Latina como en otros países de América del Norte y Europa, no solo evalúan las actitudes, también integran diversas variables que pueden influir en las mismas, como la información sociodemográfica y profesional, conocimientos y usos de la tecnologías y de las intervenciones digitales, capacitación y práctica, experiencias previas (familiaridad con la tecnología), cambios de actitud, ventajas y limitaciones percibidas, entre otros (Cipolletta & Mocellin, 2018; Entenberg et al., 2019; González-Peña et al., 2017; Humer, Stippl, Pieh, Pryss & Probst, 2020; Meisel et al., 2018; Mendes-Santos et al., 2020; Sammons et al., 2020; Sampaio et al., 2021; Rettinger et al., 2021). Un instrumento de medida que aborda las actitudes y su interacción con otras variables es el protocolo CATAS-Encuesta de Actitudes ante las Terapias Asistidas por Computadora, que está disponible en inglés (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013) y traducido al español castellano (Sánchez, 2017). Este protocolo toma como modelo psicológico la “Teoría del Comportamiento Planificado” (Theory of Planned Behavior-TPB) desarrollada por Ajzen en 1985, dicha teoría es una extensión de la “Teoría de la Acción Razonada” propuesta por Fishbein y Ajzen (Ajzen, 1991).
La TBP indica que las actitudes de forma independiente no determinan el comportamiento, sino que lo hacen en interacción con otras variables como la norma subjetiva (expectativas o normas sociales) y el control conductual percibido (factores que facilitan o dificultan la ejecución del comportamiento), a su vez, estas variables predicen las intenciones para llevar a cabo la conducta, y dichas intenciones están determinadas por diversos factores como la edad, el género, el origen étnico, el nivel socioeconómico, nivel de educación, la nacionalidad, la religión, la personalidad, el estado de ánimo, las creencias, actitudes y valores generales, la inteligencia, la pertenencia al grupo, las experiencias pasadas, la exposición a la información, el apoyo social, las habilidades de afrontamiento, etc. (Ajzen, 1991).
Por lo tanto, el propósito del presente estudio es explorar las actitudes de los psicólogos en formación y los profesionistas en psicología ante las intervenciones mediadas por dispositivos digitales, así como, identificar los factores que influyen en dichas actitudes. Así también, se han establecido las siguientes preguntas de investigación: ¿Cuáles son las actitudes que tienen los psicólogos en formación y los profesionistas en psicología ante las intervenciones mediadas por dispositivos digitales? y ¿Cuáles son los factores que influyen en las actitudes positivas o negativas de los psicólogos en formación y los profesionistas en psicología ante las intervenciones mediadas por dispositivos digitales?
Método
Participantes
A través de un muestreo no probabilístico, sujeto-tipo y con el uso de la técnica de encuesta, se obtuvo una muestra total de 154 participantes, sin embargo, 7 fueron descartados, debido a que 3 no aceptaron el consentimiento informado y otros 4 no cumplieron con los criterios establecidos. Por lo tanto, la muestra final fue de 147 participantes: 99 estudiantes (n = 77 modalidad a distancia y n = 22 modalidad presencial) y 48 profesores de psicología (n = 35 modalidad a distancia, n = 4 modalidad presencial y n = 9 Mixto). La mayoría de los participantes fueron mujeres (n = 112, 76.2%), su edad promedio fue de 37.88 (SD = 10.59, rango = 18-69) y el promedio de la experiencia clínica de los profesionales fue de 11.15 (SD = 6.48, rango = 2-25). La tabla 1 proporciona información complementaria sobre las características sociodemográficas y profesionales de la muestra.
Para la aplicación del instrumento de medición se establecieron como criterios de inclusión: ser estudiante o profesor de psicología del Sistema de Universidad Abierta y Educación a Distancia (SUAyED) de la Universidad Nacional Autónoma de México o del sistema escolarizado de nivel superior universitario; en el caso de los profesores se consideró ser psicólogo recibido/contar con título/cédula profesional, y ejercer en la práctica clínica o de la salud. Para los criterios de exclusión se consideró que los participantes no cumplieran con los requisitos establecidos.

Diseño
La presente investigación fue de tipo cuantitativa (no experimental), con un alcance exploratorio-correlacional, adoptando un diseño de tipo transversal mediante la técnica por encuesta (Hernández, Fernández & Baptista, 2014).
Para el propósito de este estudio se exploraron las actitudes ante los programas de terapias digitales y su relación con otras variables como la edad, sexo, grado académico, lugar principal de trabajo, años de experiencia, conocimiento y uso de los programas de terapias digitales, acceso y familiaridad con la tecnología, y la disposición para utilizar nuevos tratamientos. Las variables fueron conceptualizadas de acuerdo al protocolo “CATAS” (Becker & Jensen-Doss, 2013) que retoma el modelo TPB (Ajzen, 1985). El modelo se adecuó a las características de este estudio, considerando como control conductual percibido a la disponibilidad de acceso al equipo tecnológico y la capacidad percibida para utilizar la tecnología, tanto las habilidades y conocimientos informáticos necesarios (Becker & Jensen-Doss, 2013); la norma subjetiva comprende la presión social/laboral/profesional percibida y la motivación para cubrir estas expectativas (Ajzen, 1991) para usar o no las tecnologías; y las actitudes hacen referencia a la disposición del profesional para utilizar las TICs en la práctica clínica.
Instrumentos
Se utilizó el protocolo de la Encuesta de Acceso y Actitudes hacia las Terapias Asistidas por Computadora “CATAS” (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013). El protocolo ha sido traducido de forma simple al español castellano (Sánchez, 2017) y ha sido adaptado en este estudio al contexto mexicano mediante el método de validación por jueces, el cual permitió calcular el Índice de Acuerdo entre Jueces-IA y el Coeficiente V de Aiken-V del instrumento. Para ello, 10 expertos en psicología clínica y de la salud evaluaron el contenido de la encuesta CATAS. Los criterios de evaluación fueron: 1) pertinencia (el ítem mide algún aspecto relacionado con las actitudes hacia las terapias asistidas por dispositivos digitales); 2) redacción (el reactivo se expresa correctamente, en términos lingüísticos); 3) lenguaje (el reactivo utiliza palabras apropiadas para la población mexicana de estudio) y 4) validez teórica (el grado en el que el reactivo mide lo que con él se quiere medir). Con las observaciones y comentarios de los jueces se realizaron ajustes al protocolo. El protocolo estimó un grado de validez de contenido bueno; un Índice de Acuerdo entre Jueces (IA = 96.54%,) y un Coeficiente V de Aiken (V = 0.97 p < .001); el valor de IA fue confirmado mediante la tabla de valores establecida en Escurra-Mayaute (1988), mientras que el valor y el nivel de significación estadística (p) del Coeficiente V de Aiken fue verificado en las tablas establecidas en Aiken (1985) y Escurra-Mayaute (1988). Asimismo, el protocolo obtuvo una fiabilidad aceptable para las escalas que lo componen; CATAS (α = .76), subescala de comodidad (α = .67) y subescala de eficacia (α = .73); CFS (α = .83); EBPAS-Apertura (α = .86) (Bautista, 2020).
El protocolo contiene un apartado que recoge información sociodemográfica, académica y profesional: edad, sexo, grado máximo de estudios y conocimiento sobre los programas de terapia digitales; asimismo, integra las siguientes escalas:
Cuestionario de Actitudes hacia la Terapia Asistida por Computadora (CATAS). Contiene ocho ítems que integran las subescalas de comodidad/eficacia, y evalúan cómo las personas pueden sentirse cuando usan tratamientos psicológicos asistidos por dispositivos digitales.
Cuestionario sobre el uso de los dispositivos digitales (TCAAS). Se compone de cinco preguntas que exploran la frecuencia y el uso de los dispositivos digitales.
Escala de Familiaridad con la Computadora (CFS). Contiene siete ítems que evalúan la forma en que puede sentirse el terapeuta al utilizar dispositivos digitales. Los elementos de esta escala fueron adaptados de los ítems de la Escala de Fluidez Web-Email (CEW-Fluency Scale; Bunz, 2004) y de la Escala de Ansiedad con el Ordenador (Heinssen, Glass & Knight, 1987).
Escala de Acceso Tecnológico (TTCAAS). Contiene cinco preguntas que recogen información profesional clínica y sobre el acceso tecnológico.
Escala de Actitudes ante la Práctica Basada en la Evidencia (EBPAS-Apertura), desarrollada por Aarons (2004), contiene cuatro ítems que evalúan la disposición del terapeuta para utilizar nuevos tipos de terapia (especialmente basadas en evidencia empírica).
El formato de respuesta de las preguntas del protocolo fue de tipo abierto, opción múltiple (elección única) o escalas tipo Likert.
Procedimiento
La fase inicial del estudio consistió en la evaluación de la validez de contenido del protocolo “CATAS”, para ello, 10 expertos en el área evaluaron cada ítem del protocolo. Posteriormente, se aplicó el protocolo a los participantes, para ello, se contactó a los estudiantes de psicología mediante las redes sociales (se compartió la invitación en grupos específicos de Facebook y WhatsApp), y en el caso de los profesionistas en psicología se contactaron mediante correo electrónico institucional. El protocolo se transcribió en formato digital mediante la plataforma Formularios de Google y se compartió el enlace web acompañado de una breve explicación sobre el estudio. Antes de responder el protocolo, los participantes leyeron un consentimiento informado (adjunto al formulario digital) en donde se especificaron las características del estudio, y en el cual, los participantes autorizaron su participación voluntaria. El estudio no implicó ningún riesgo para el participante, asimismo, no se recabaron datos personales sensibles (solo se recolectó la dirección de correo electrónico para identificar y evitar respuestas duplicadas). La evaluación se realizó en los meses de diciembre de 2019 y febrero del 2020.
Análisis de resultados
Para el análisis de datos se utilizó el programa estadístico SPSS. El primer análisis consistió en evaluar la validez de contenido del protocolo “CATAS”, para ello, mediante el método de validación por jueces se estimó el Índice de Acuerdo entre Jueces (IA) y el Coeficiente V de Aiken (V) para los criterios de evaluación establecidos (por Ítem y Global): pertinencia, redacción, lenguaje y validez teórica. Asimismo, con las respuestas obtenidas de la aplicación del protocolo se estimó la confiabilidad de las escalas CATAS (Eficacia/Comodidad), CFS y EBPAS-Apertura. Aunado, se calcularon los estadísticos descriptivos (porcentaje, media y desviación estándar) y los coeficientes de correlación (Pearson-r y Spearman-rs). La aplicación de estos coeficientes se utilizó de acuerdo con los siguientes supuestos para análisis paramétrico y no paramétrico: a) Coeficiente de Pearson: distribución normal y medición de variables intervalar (continuo), y, b) Coeficiente de Spearman: distribución no normal (diferencia entre el número de sujetos por grupo) y medición de variables nominal y ordinal. Las correlaciones se interpretaron de acuerdo a su dirección y magnitud, entendiendo, que estas pueden variar de -1.00 (correlación negativa; A mayor X, menor Y, o viceversa) a + 1.00 (correlación positiva; A mayor X, mayor Y, o a menor X menor Y), y, mientras más se acerquen a -1 o 1 más fuerte es la correlación, además de considerar que la correlación es significativa si p es menor que 0.01 o 0.05 (Hernández et al., 2014); de acuerdo con el modelo establecido por Cohen (1988), la fuerza de las correlaciones se puede considerar pequeña (.20), mediana (.50) o grande (.80).
Resultados
Propiedades psicométricas del protocolo “CATAS”
El protocolo “CATAS” obtuvo un grado de validez de contenido bueno (IA = 96.54%;V = 0.97 p < .001) para los criterios establecidos: pertinencia, redacción, lenguaje y validez teórica. Así, las escalas del protocolo refirieron una fiabilidad aceptable: CATAS (α = .76), CATAS/Comodidad (α = .67) y CATAS/Eficacia (α = .73); CFS (α = .83); EBPAS-Apertura (α = .86).
Conocimiento sobre programas de terapia digitales
En la tabla 2 se puede observar que la mayoría de los encuestados (n = 83, 56.5%) reportaron haber visto algún programa de terapia digital, mientras que una minoría refirió utilizarlos (n = 50, 34%). Estos datos reflejan el bajo conocimiento que tienen los participantes sobre los tratamientos digitales, siendo mayor el desconocimiento en los estudiantes que en los profesionistas, aun cuando existe una desproporción entre las muestras.

Escala sobre el uso los dispositivos digitales
En la tabla 3 se puede observar que la mayoría de los participantes llevan varios años utilizando los dispositivos digitales y han asistido a diversas clases o seminarios sobre las TICs, esto refleja que tienen conocimiento y capacitación sobre el uso de los mismos. Así, acceden con frecuencia (varias veces al día) a las TICs en casa/consultorio. Aunque, la mayoría de los participantes (n = 125, 85%) refirió utilizar estos recursos digitales como herramientas de apoyo (actividades complementarias) para la labor profesional en la práctica clínica, tales como; agendar citas, escribir notas de los casos clínicos, revisar y enviar correos electrónicos a los pacientes, llevar expedientes clínicos, aplicar y obtener resultados de las evaluaciones. No obstante, solo un bajo porcentaje (n = 13, 8.8%) de este número de participantes (n = 125, 85%) señaló utilizar estos recursos como herramienta principal con el paciente (Ej. generar adherencia y relación terapéutica). Aunado, otro grupo de participantes (n = 22, 15%) utiliza los dispositivos digitales para otras actividades diferentes (no especificadas).

Escala de acceso tecnológico
En la tabla 4 se puede observar que la mayoría de los participantes tienen una orientación teórica Cognitivo Conductual (n = 65, 44.2%) y utilizan intervenciones manualizadas “a veces” (n = 75, 51%) o “siempre” (n = 49, 33.3%). Asimismo, el total de los participantes ha mostrado una gran facilidad de acceso a la tecnología en el trabajo (M = 4.3, SD = 1.1), siendo la “computadora de escritorio/portátil e internet” a quienes la mayoría tiene acceso (n = 138, 93.9%) aunque, en menor medida otro porcentaje considerable (n = 130, 88.4%) tiene acceso a otras tecnologías comunes (Ej. lector de libros, tabletas, equipos de audio y video, webcam, pantallas, software multimedia digital, etc.).

Escala CATAS (Comodidad y Eficacia), Escala CFS y EBPAS-Apertura
En la tabla 5 se identifica que los participantes están muy familiarizados con el uso de los dispositivos digitales (CFS), siendo los profesionales (M = 4.6, SD = 0.9) quienes mostraron ligeramente mayor comodidad y familiaridad con las tecnologías en comparación con los estudiantes (M = 4.4, SD = 0.9). Así también, los profesores (M = 4.0, SD = 1.1) son quienes mostraron actitudes más positivas sobre las intervenciones digitales (CATAS) que los estudiantes (M = 3.6, SD = 1.1), tanto en la percepción de comodidad y de eficacia. Aunado, los estudiantes (M=3.13, SD = 1.01) y profesores (M = 3.10, SD = 1.19) mostraron actitudes de neutralidad ante la disposición para utilizar nuevos tratamientos psicológicos (EBPAS/Apertura), especialmente, aquellos tratamientos basados en evidencia empírica.


Variables asociadas con las actitudes ante las intervenciones digitales
En la tabla 6 se observa que el puntaje total CATAS se asoció positivamente con los años de experiencia clínica (r = .23 p < 0.01), acceso a la tecnología en el trabajo/casa (r = .20 p < 0.05), y con las escalas CFS (r = .17 p < 0.05) y EBPAS/Apertura (r = .27 p < 0.01). Aunque, CATAS Comodidad se asoció con más años de experiencia clínica (r = .35 p < 0.01) y con mayor facilidad de acceso a la tecnología casa/trabajo (r = .21 p < 0.01); y CATAS Eficacia se asoció con las escala CFS (r = .17 p < 0.05) y EBPAS/Apertura (r = .34 p < 0.01). La edad no mostró relación alguna con las actitudes.

Asimismo, en la tabla 7 se observa que el puntaje total CATAS se asoció de forma positiva con un mayor grado académico (rs = .27 p < 0.01), específicamente, se asoció con CATAS Comodidad (rs = .36 p < 0.01). En concordancia, los estudiantes se asociaron de forma negativa (rs = -.36 p < 0.01) con CATAS (Comodidad y Eficacia); mientras que los profesores mostraron una asociación positiva (rs = .28 p < 0.01) con el puntaje total CATAS, principalmente, se asoció CATAS Comodidad (rs = .41 p < 0.01). La orientación teórica Cognitivo Conductual se asoció de forma positiva (rs = .23 p < 0.01) con el puntaje total CATAS, especialmente, con CATAS Eficacia (rs = .24 p < 0.01). El enfoque sistémico se asoció de forma positiva (rs = .19 p < 0.05) con el puntaje total CATAS, específicamente, se asoció con CATAS Comodidad (rs = .20 p < 0.05). El enfoque humanista-existencial se asoció de forma negativa con el puntaje total CATAS (rs = -.18 p < 0.05), principalmente, con CATAS Eficacia (rs = -.20 p < 0.05). Otras posturas teóricas (prácticas narrativas, histórico cultural, enfoque integral, complejidad y transdisciplina, ecléctica, psicología corporal, interconductismo y cognoscitivista) se asociaron de forma negativa con CATAS Eficacia (rs = -.22 p < 0.01), así también, los estudiantes que no refirieron “Ninguna postura teórica” se asociaron de forma negativa con el puntaje total CATAS (rs = -.19 p < 0.05), especialmente, con CATAS Comodidad (rs = -.29 p < 0.01).
Aunado, se analizó la asociación entre el conocimiento sobre los tratamientos digitalizados y las actitudes; para evaluar el conocimiento se utilizaron las preguntas que exploraban si los participantes habían visto o utilizado alguno de estos programas digitales. Se identificó una asociación negativa (rs = -.29 p < 0.01) entre el conocimiento y el puntaje total CATAS (Comodidad y Eficacia). El enfoque conductista y psicoanálisis/psicodinámico, el sexo y el lugar de trabajo no mostraron asociaciones significativas con las actitudes (CATAS Comodidad y Eficacia).

Discusión
La presente investigación tuvo como objetivo explorar las actitudes de los profesionistas y psicólogos en formación ante los tratamientos psicológicos digitales, así como, identificar los factores que influyen en dichas actitudes. Sin embargo, debido a la poca literatura que existe sobre el tema en América Latina (Bunge et al., 2009; Entenberg et al., 2019; Mendes-Santos et al., 2020) no se cuenta con instrumentos estandarizados que permitan medir el constructo en población mexicana, y los instrumentos disponibles corresponden a regiones geográficas de América del Norte y Europa, aunque, si bien, han sido desarrollados para propósitos de las investigaciones (tipo Ad Hoc), estos comprenden dominios como: información demográfica y profesional, el uso de la tecnología digital, conocimientos, capacitación y práctica, satisfacción de los pacientes, ventajas y limitaciones (barreras, preocupaciones o necesidades) percibidas, así como experiencia previa y actitudes ante la teleterapia (Békés & Aafjes-van Doorn, 2020; Cipolletta & Mocellin, 2018; Glueckauf et al., 2018; González-Peña et al., 2017; Humer et al., 2020; Meisel et al., 2018; Mendes-Santos et al., 2020; Perle et al., 2013; Rettinger et al., 2021; Sammons et al., 2020; Sampaio et al., 2021). Por consiguiente, fue necesario realizar la adaptación transcultural al contexto mexicano del protocolo “CATAS” (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013; Sánchez, 2017) que ha reportado un grado de validez de contenido bueno y una fiabilidad aceptable para las escalas que lo componen (Bautista, 2020; Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013), aunque, se sugiere que el protocolo sea aplicado a una muestra de mayor tamaño y principalmente, con psicólogos clínicos/sanitarios o en contextos de formación clínica, con la finalidad de continuar estudiando sus propiedades psicométricas (confiabilidad y validez).
Los hallazgos encontrados refieren que la mayoría de los participantes cuentan con habilidades y conocimientos sobre las TICs (familiaridad con la tecnología) dado que se han capacitado, llevan varios años utilizándolas y acceden con una alta frecuencia en el trabajo/casa/consultorio (facilidad de acceso tecnológico). Esto refleja el incremento en el uso de las tecnologías y el internet que ha habido en América Latina (Jiménez-Molina et al., 2019). En concordancia, se identificó que las actitudes positivas se asociaron con la facilidad de acceso tecnológico, familiaridad con los dispositivos digitales (CFS), y la disposición para utilizar nuevos tratamientos (EBPAS-Apertura) (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013). Pese a ello, solo una minoría de participantes utiliza estos recursos en terapia con el paciente, ya que, la mayoría refirió usarlos para realizar actividades de apoyo o complementarias para la práctica clínica (Distefano et al., 2018; Entenberg et al., 2019; Mendes-Santos et al., 2020). Sin embargo, es necesario tener en cuenta que este estudio se realizó previo a la pandemia COVID-19, y fue a partir de la pandemia que se ha reportado un incremento en el uso de la telepsicología para atender los problemas de salud mental (Sammons et al., 2020; Sampaio et al., 2021); por consiguiente, se ha visto un cambio de actitud para utilizar estas intervenciones digitales (Rettinger et al., 2021).
En este sentido, se identificó que existe un bajo conocimiento de las intervenciones digitales, esto resulta ser una limitante, dada la asociación negativa que se observó entre conocimiento y las actitudes, lo que sugiere que entre mayor es el desconocimiento sobre las intervenciones digitales, se presentan actitudes negativas para su uso; de esta forma, tal como han señalado algunos autores, los psicólogos que tienen mayor conocimiento y capacitación especializada en el área, tienen mayor probabilidad de utilizarlas (experiencia previa) (Békés & Aafjes-van Doorn, 2020; Cipolletta & Mocellin, 2018). De hecho, las actitudes más positivas se han asociado con una mayor predisposición para recomendar las intervenciones digitales a los pacientes (Mendes-Santos et al., 2020). Así mismo, el bajo conocimiento y el uso de las intervenciones digitales fue mayor en los estudiantes que en los profesores, hallazgo corroborado con las asociaciones negativas de los estudiantes y las asociaciones positivas de los profesores con respecto a las actitudes ante estos tratamientos.
En esta misma línea, se identificó una asociación entre las actitudes positivas y algunas variables profesionales como los años de experiencia clínica, el grado académico y la orientación teórica. Particularmente, se encontró que los participantes con enfoque Cognitivo Conductual y Sistémico mostraron actitudes positivas ante intervenciones digitales (Becker, 2012; Békés & Aafjes-van Doorn, 2020; Perle et al., 2013), en comparación con el enfoque humanista existencial, otras posturas teóricas o ninguna postura teórica que se asociaron con percepciones negativas en las dimensiones de comodidad o eficacia ante estas intervenciones digitales. Cabe decir que aquellos participantes que se definieron sin ninguna postura teórica fueron en su mayoría los psicólogos en formación, que aún no tienen mucho conocimiento sobre las mismas, esto pudo limitar la interpretación de los resultados al no tener claro si en este grupo, las actitudes negativas son influidas por la orientación teórica, lo que sí fue mostrado es que el desconocimiento que tienen los estudiantes sobre las intervenciones digitales favorece las actitudes negativas sobre estos tratamientos; por lo cual, sería necesario que durante la formación de los futuros psicólogos se integre información y formación sobre las modalidades de intervención digitales emergentes, ya que son escasos los programas formales que lo incluyen en sus materias curriculares (Distefano et al., 2018).
En nuestro estudio, la edad, el sexo y el lugar de trabajo principal no mostraron asociaciones significativas con las actitudes, lo cual coincide con lo informado por Cipolletta y Mocellin (2018), aunque, algunos estudios previos han reportado que la edad y el lugar de trabajo pueden influir en las actitudes de los terapeutas ante las intervenciones digitales (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013; Mendes-Santos et al., 2020; Perle et al., 2013). Por lo tanto, para estudios futuros se requiere continuar explorando la asociación entre las actitudes y las variables sociodemográficas y profesionales, pues como menciona Glueckauf et al. (2018), los estudios realizados sobre las actitudes ante las intervenciones digitales se han realizado en diversidad de muestras en regiones del mundo, lo que permite sugerir que ante este tema se debe considerar las barreras contextuales.
Una limitación que es importante señalar es la distribución no normativa de la muestra, la mayoría de las participantes fueron mujeres, estudiantes y con un enfoque teórico Cognitivo Conductual, lo que impidió que se establecieran comparaciones entre las submuestras por dimensión estudiada. Asimismo, para futuras investigaciones se sugiere explorar muestras que se encuentren mayormente inmersas en el ámbito clínico/sanitario, debido a que en nuestro estudio, la muestra pertenecía al ámbito académico, lo que dificulta generalizar los resultados a una población clínica o sanitaria. Es importante considerar que algunas preguntas del protocolo no se adecuaron del todo a los participantes del estudiantado, esto no permite delimitar con mayor precisión algunas características profesionales en los estudiantes, como la experiencia clínica, el lugar de trabajo, el enfoque teórico y el uso de las tecnologías en la práctica profesional. En suma, se considera pertinente que para investigaciones posteriores se explore de forma más amplia los conocimientos y las habilidades con las que cuentan los profesionales para el uso de estos programas digitales. También, se sugiere realizar comparaciones entre las actitudes de los profesionales con diferentes enfoques teóricos y área de especialidad (Becker, 2012; Becker & Jensen-Doss, 2013; Entenberg et al., 2019).
Conclusiones
Finalmente, el estudio permitió identificar que la mayoría de los participantes están familiarizados con las tecnologías, tienen gran facilidad de acceso tecnológico y una alta frecuencia de uso, y la mayoría cuenta con computadora de escritorio/portátil e internet; sin embargo, informaron tener un desconocimiento sobre las intervenciones digitales, siendo mayor en los estudiantes que en los profesores. Asimismo, las actitudes positivas ante los tratamientos digitalizados se asociaron con la facilidad de acceso tecnológico, disposición para utilizar nuevos tratamientos (EBPAS-Apertura), familiaridad con los dispositivos digitales (CFS), la orientación teórica cognitivo conductual y sistémico, años de experiencia, un mayor grado académico y con los profesionistas. Mientras que las actitudes negativas se asociaron con los estudiantes, bajo conocimiento y uso de las intervenciones digitales, así como, el enfoque humanista existencial, otras posturas teóricas o ninguna postura teórica. Las variables edad, el sexo, y lugar de trabajo principal no mostraron asociaciones significativas con las actitudes. Asimismo, el estudio ha permitido adaptar transculturalmente al contexto mexicano el protocolo “CATAS”, mismo, que ha obtenido una adecuada validez de contenido y confiabilidad en las escalas que lo componen, que, junto con la correlación entre las escalas (CATAS, CFS y EBPAS/Apertura) y las actitudes han proporcionado apoyo para la validez de constructo del protocolo. En conjunto, pese a las diversas limitaciones en el estudio se destaca su alcance exploratorio, que ha permitido un análisis inicial sobre una temática que no se ha abordado en el contexto cultural mexicano.
Los hallazgos permiten tener un panorama más amplio sobre las variables que pueden influir en las actitudes de los profesionistas en psicología y los psicólogos en formación para adoptar estas intervenciones digitales, a partir de ello, se pueden generar acciones que ayuden modificar estas barreras que limitan el uso de estos tratamientos para abordar problemáticas de salud mental, principalmente, surge la necesidad de proporcionar mayor información y capacitación sobre estas herramientas (tanto en aspectos técnicos como éticos/legales), mayor difusión e integración de estos recursos en la formación profesional de los futuros psicólogos, así mismo, generar espacios de trabajo que cuenten con la infraestructura necesaria para implementar estas intervenciones digitales.
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Notas