IMPACTO DE UNA POSIBLE DEPRECIACION DEL PESO MEXICANO EN LAS IMPORTACIONES MEXICANAS DE OLEAGINOSAS
Impact of a possible depreciation of mexican peso on mexican imports of oilseeds
IMPACTO DE UNA POSIBLE DEPRECIACION DEL PESO MEXICANO EN LAS IMPORTACIONES MEXICANAS DE OLEAGINOSAS
Revista Mexicana de Agronegocios, vol. 44, pp. 208-220, 2019
Sociedad Mexicana de Administración Agropecuaria A.C.
Recepción: 13 Octubre 2018
Aprobación: 06 Mayo 2019
Resumen: En México la producción de oleaginosas es una actividad económicamente importante ya que, durante el 2016 aportó el 0.6% al Producto Interno Bruto (PIB) agrícola nacional. En cuanto a superficie sembrada en el 2014 representó el 4.0% de la superficie agrícola del país con 891,943.2 hectáreas, aportando un valor por su producción de $14,806,998.0. Tómese en cuenta que las semillas oleaginosas son la principal materia prima para las industrias de aceites comestibles, jabones y pastas de oleaginosas. En el presente artículo se estimaron las elasticidades de la demanda, marshallianas y hicksianas, para cinco oleaginosas con la intención de obtener algún indicio de las posibles repercusiones en las importaciones de estos productos ante una depreciación del peso mexicano frente al dólar, empleando, para ello, un modelo de Sistema de Demanda Casi Ideal (AIDS) con el propósito de vislumbrar el posible impacto según a las elasticidades precio y gasto, compensadas y no compensadas. De acuerdo con los resultados de las elasticidades precios propias, el algodón (ε = -0.18), la copra (ε = -0.15), el cártamo (ε = -0.75), y el girasol (ε = -0.21) revelaron tener una demanda inelástica, mientras que la demanda de soya resultó ser elástica (ε = -1.21). Además, las elasticidades precio cruzadas mostraron que el cártamo (εxy = 0.01) y el girasol (εxy = 0.06) se comportan como sustitutos de la soya.
Palabras clave: oleaginosas, elasticidad, modelo AIDS, depreciación.
Abstract: In Mexico, the production of oilseeds is an important economic activity. During 2016 it contributed with 0.6% from GDP of national agriculture. In terms of surface sown in 2014, it represented 4% of the country's agricultural area with 891,943.2 hectares, contributing with a production value of $14, 806,998.0. Take in account that oilseeds are the main raw material for the edible oils industries, soaps and oilseeds pastes.In this work, for five oilseeds, the marshallian and hicksian elasticities of demand were estimated with the intention of glimpsing a possible effect of a depreciation of the Mexican peso against the dollar. For that, it was used a model of Almost Ideal Demand System (AIDS) to analyze the spending of oilseeds through of price and expenditure elasticities, both compensated and not compensated ones. According to the results of own price elasticities, cotton (ε = -0.18), copra (ε = -0.15), safflower (ε = -0.75), and sunflower (ε = -0.21) revealed have inelastic demands, while soybean demand was elastic (ε = -1.21). In addition, cross-price elasticity coefficients showed that safflower (εxy = 0.01 ) and sunflower (εxy = 0.06) behave as substitutes for soybeans.
Keywords: oleaginous, elasticity, AIDS model, depreciation.
INTRODUCCIÓN
Enmarcado en el desarrollo económico, el papel de la agricultura ha sido diferente en cada etapa de la historia de México, así como en la de otros países y se ha venido transformando de acuerdo con los cambios y con los procesos económicos globales. En particular, en el desarrollo económico de México, la agricultura ha sido un eje económicamente importante ya que, con independencia de cuál haya sido el momento de la historia nacional, la agricultura mexicana ha poseído un carácter multifuncional. Lo que significa que, no sólo produce alimentos para una creciente población y suministra materias primas para el funcionamiento y desarrollo del sector industrial, sino que es proveedora de empleos para una parte importante de la población y además genera excedentes exportables los cuales son fuente abundante de divisas que vienen a fortalecer el desarrollo económico general del país (Calva, 1999).
Adicionalmente, como un resultado del aumento secular de la productividad, frecuentemente el sector agrícola se constituye también en el más importante proveedor de mano de obra para otros sectores tales como el industrial y los servicios. Este aprovisionamiento de mano de obra se ha constituido, regularmente, en una transferencia neta de valor ya que los trabajadores que la agricultura cede a los otros sectores económicos tienen una amplia disposición a trabajar a cambio de salarios exiguos.
Así mismo, ha quedado manifiesto que la agricultura debe tener un crecimiento sostenible basado en un incremento de la productividad del trabajo agrícola, para lo cual es necesario un aumento considerable de inversión en el sector rural ya que de lo contrario la agricultura no podría cumplir cabalmente con sus múltiples funciones y la contribución histórica que provee al desarrollo del sector industrial sólo podría llevarse a cabo a expensas del deterioro del nivel de vida de la población rural, lo cual generaría más pobreza y afectaría al desarrollo económico de México en el largo plazo. En concordancia con lo anterior, la agricultura debe ser vista como un sector estratégico para impulsar el desarrollo rural y disminuir la pobreza en México, para lo cual es necesario atender los retos que plantea la problemática del sector agropecuario mexicano.
Al respecto, entre los principales problemas que afectan a dicho sector económico se encuentran la falta de competitividad atribuible a la lentitud del proceso de innovación y a la carencia de nuevas tecnologías apropiadas a las características de las parcelas agrícolas y al poder adquisitivo de las unidades de producción, ya que la tecnología existente es insuficiente haciéndose necesario democratizar el proceso de su difusión pues no está al alcance de los productores agrícolas de escasos recursos financieros y por ello su impacto en el crecimiento sectorial y general es de carácter eventual y muy reducido.
La falta de financiamiento, el cual es uno de los problemas más importantes de la agricultura, frecuentemente ha repercutido en magros resultados obtenidos, los cuales al ser compartidos con los otros sectores económicos y sociales manifiestan una contribución agrícola prácticamente marginal. Además de lo anterior, en muchos productos agrícolas (semillas y harinas oleaginosas, arroz, trigo, etc.) los bajos precios reales, tradicionalmente recibidos como remuneración por los productores rurales (OCDE-FAO, 2010), aunados a altos costos de producción generados principalmente por el aumento de los costos de los insumos (OCDE-FAO, 2011), con frecuencia han conducido a que en muchos casos las actividades del sector no hayan sido rentables orillando a los productores a abandonar sus cultivos y a buscar otros medios para conseguir su supervivencia.
Al respecto, Gómez (2016) resalta que, en México, la agricultura es una de las actividades económicas de mayor importancia por varias razones, entre ellas están: a) el número de empleos, ya que genera cerca del 13.0% del empleo nacional (Banco Mundial, 2018) pues según este autor, entre 6 y 7 millones de trabajadores se encuentra trabajando en la agricultura, b) abastece de alimentos a millones de personas que se encuentran inmersos en otros sectores no productivos. En adición, durante el 2016, el PIB total nacional fue de 17,020,559 millones de pesos a precios del 2013, en el cual la agricultura tuvo una aportación del 3.4% (INEGI, 2017).
El sector agrícola en México comprende aproximadamente 750 cultivos de los cuales destacan por su importancia económica y porque se incluyen en la canasta básica del mexicano las oleaginosas, además
del maíz, frijol, trigo, avena forrajera, arroz, sorgo, caña de azúcar, café, cacao, aguacate, jitomate, manzanas y cítricos (SAGARPA, 2016).
Por su parte, el subsector de las oleaginosas aportó el 0.6% del PIB agrícola nacional en el año 2016. Este subsector se caracteriza por ser fuente de materia prima para la industria de la transformación y en específico para la producción de aceites, jabones y pastas vegetales para uso en la fabricación de productos destinados a la alimentación humana y para la elaboración de alimentos destinados a la ganadería.
Sin embargo, a pesar de que desde antaño y en especial a partir del año 2007, el gobierno mexicano y los dirigentes de la asociación nacional de la industria aceitera y jabonera, han venido promoviendo el apoyo a los cultivos de oleaginosas, la producción no ha sido suficiente para cubrir los requerimientos de la industria aceitera resultando que por ejemplo, durante el 2016 se cubrió únicamente el 3.6% de los requerimientos de semilla para producir el aceite de canola que se consume en México, 7.5% en el caso del girasol, el 16.9% en el de la soya y 50.5% del cártamo (SAGARPA, 2016).
Al respecto, según el USDA (2016), México es el tercer importador mundial de oleaginosas, siendo la soya el producto que más se importa de las oleaginosas. La cuestión es complicada, una situación de dependencia en las importaciones de insumos agrícolas no es sostenible a largo plazo (Sistema Producto Oleaginosas, 2016), en especial teniendo como expectativa eventual una posible depreciación del peso mexicano, tan frecuentes en las economías abiertas como es el caso de la mexicana.
REVISION DE LITERATURA
Evolución del sector productor de semillas oleaginosas en México
La producción de las principales semillas oleaginosas: soya, cártamo, algodón, copra y girasol, representaron para el 2014 el 66.0% de la producción de oleaginosas de México, durante ese año el algodón aportó cerca del 35.0% al total nacional de la producción de oleaginosas, la soya aportó el 16.0%, la copra el 8.3%, el cártamo aproximadamente el 6.0% y el girasol menos del 1.0% (SIACON-SAGARPA, 2018), si bien, desde la década de los 90´s la producción de semillas oleaginosas mostró un ligero crecimiento ya que en 1990 la producción fue de 1,658,492.0 toneladas, mientras que en el 2014 ésta alcanzó 1, 838,227.0 toneladas implicando una tasa de crecimiento de apenas el 0.4%.
Además, a través del programa nacional de producción de oleaginosas, a partir del año 2007 el comité Sistema Producto Oleaginosas ha promovido el cultivo de estas semillas con el objetivo de fomentar la producción nacional y disminuir las importaciones de estos productos. Por ello, la producción de algodón y girasol mostraron una tendencia creciente. En particular la producción de girasol tuvo un crecimiento significativo a partir del 2009 pasando de 331.5 a 16,558.9 toneladas en el 2014, mientras que en los casos del cártamo y la copra su producción se mantiene relativamente constante (SIACON-SAGARPA, 2018).
Según la fuente citada en el párrafo anterior, el volumen de producción de los cincos productos de la canasta analizada en este artículo, no fue suficiente para abastecer el consumo nacional durante el 2009 pues dicha producción cubrió tan sólo cerca del 16.5% de la demanda nacional, mientras que en el 2014 alcanzó un 34.0% de abastecimiento de la demanda. La insuficiente producción de estos cultivos refleja la problemática que se enfrenta la industria (aceites, pasta, jabones, alimentos para ganado), pues no se alcanza a satisfacer la demanda de oleaginosas. Del consumo total entre un 95.0 y 98.0% es requerido para las industrias (Figura 1).

Dentro de esta problemática resalta el hecho de que la soya es la semilla oleaginosa más demandada por la industria de aceites comestibles y la producción nacional de soya únicamente abastece entre un 3.0 y 10.0% del requerimiento industrial (SIAP, 2018), obligando a cubrir el resto del consumo con importaciones.
El sector agropecuario, la depreciación y los términos de intercambio
En la evolución de las variables que influyen en el desarrollo de los sectores económicos, el comportamiento de los indicadores que refieren las relaciones económicas entre distintos países del orbe se destaca por su importancia las tasas de intercambio, en específico las que están relacionadas con la razón cambiaria en la cual los precios de los productos comerciables (exportados e importados), determinan la relación real de intercambio. Este término es utilizado para medir la evolución relativa de los precios de las exportaciones y de las importaciones de una economía. En ese sentido, la teoría del deterioro de la relación de intercambio sugiere el detrimento permanente del intercambio de las exportaciones primarias de los países en desarrollo frente a sus importaciones de manufacturas desde los países desarrollados (Prebisch, 1986), de mantenerse constante los volúmenes exportados, la capacidad de compra de los bienes importados por una economía, se vería disminuidos en el largo plazo.
En particular en el caso de México que es un importador neto, un deterioro de los términos de intercambio, ceteris paribus, se relaciona con una depreciación del peso mexicano. Al respecto, en las últimas tres décadas México se ha enfrentado a un deterioro de las relaciones de intercambio, es decir, el valor de las exportaciones ha disminuido con respecto al valor de las importaciones, lo cual indica que el precio de las importaciones aumentó más que el de las exportaciones, de modo que pasó de tener un índice de términos netos de intercambio de 300.0% en 1980 a 98.0% en el 2016, en donde se observa una tendencia negativa en las relaciones de intercambio (Banco Mundial, 2018).
En referencia a la relevancia de las tasas de intercambio, en este trabajo se han considerado como más trascendentes las que están relacionadas con la razón cambiaria. Al respecto, según Carrillo (1989), teóricamente, el tipo de cambio juega un papel importante en las relaciones comerciales entre países, lo cual supone que el tipo de cambio es una variable decisiva en el comportamiento de las magnitudes del
comercio exterior que actúa modificando los precios relativos de los bienes y servicios. En general, las importaciones de productos mexicanos se contraen ante una depreciación del peso con respecto el dólar.
En este sentido, conviene tener presente que la depreciación es la pérdida de valor de una moneda (el peso mexicano) frente a otra (el dólar, en este caso). El debilitamiento del peso repercute directamente en la economía de México debido a que nuestro país es un importador neto y al fortalecerse el dólar se encarecerán las importaciones. Así, el sector agropecuario se ve afectado por la depreciación del peso porque, dicho acontecimiento, eleva los costos de producción a causa del encarecimiento de los insumos (fertilizantes, semillas y agroquímicos) para la producción que se han de importar.
Además de que por el incremento de los costos de producción el sector pierde competitividad, quedándose rezagado frente a otros mercados similares. Por lo tanto, el aumento del precio del dólar tiene efectos negativos para las empresas que compran en el extranjero diversos insumos (materia prima, maquinaria, servicios) porque se refleja en el aumento de los costos de producción, que se trasladan a los consumidores finales aumentado el precio de venta del bien final (Morales et al., 2016).
Precisamente, las industrias aceiteras debido a la dependencia del comercio exterior se enfrentan a un problema de aumento en los costos de producción, a consecuencia del aumento del tipo de cambio, uno de cuyos efectos es que se encarecen las importaciones y tarde que temprano un aumento en el costo de la materia prima provocará un aumento en el precio final. Según datos publicados en el Banco de México, a partir del 2014, el precio del peso en términos del dólar cayó, es decir, se tuvo que dar más pesos por un dólar. El tipo de cambio para ese mismo año casi alcanzó $15.0 por dólar, mientras que para noviembre del 2016 el tipo de cambio cerró en $20.6. No obstante, la información más reciente indica que a principios del presente año dicho indicador se encontraba entre los $18.0 y los $19.0 por dólar (BANXICO, 2017).
En términos generales, en las últimas décadas el tipo de cambio pesos por dólar ha mostrado una tendencia creciente: hay que dar más pesos por un dólar. Dicha tasa de cambio pasó de 6.4 en 1995 a 18.9 en fechas más recientes.
Este hecho no afecta a todos los sectores por igual, por ejemplo, para los exportadores una depreciación provoca que sus bienes sean más baratos en el extranjero, por lo cual se incrementa la demanda de bienes mexicanos en el extranjero. La contraparte ocurre en el lado de los importadores, debido a que al alza de tipo de cambio los bienes importados se encarecen disminuyendo la cantidad de bienes que se compran en el exterior.
Lo anterior permite constatar los efectos señalados anteriormente en un estudio realizado por Varella y Urciaga (2002), quienes estudiaron la relación entre el tipo de cambio y los precios de las importaciones mexicanas a través de un enfoque de sustitución intertemporal, analizando datos mensuales para el periodo de 1985-2000 y concluyendo que una depreciación esperada del peso mexicano se asocia con el aumento en el precio relativo de los bienes importados.
En este artículo se emplea un modelo de Sistema de Demanda Casi Ideal (AIDS) con el objetivo de estimar las elasticidades precio propias de la demanda () de semilla de algodón, cártamo, copra, soya y girasol. De acuerdo con la teoría económica las elasticidades Marshallianas (elasticidad precio-propia de la demanda) deben ser negativas y se cree que el análisis de las elasticidades de la demanda que se obtuvieron permite percibir un posible efecto de la depreciación de la moneda mexicana dado que una depreciación del peso encarece las importaciones.
Téngase en cuenta que México, se encuentra entre los principales países importadores de oleaginosas. Esto implica que, si la demanda de los bienes seleccionados es inelástica, significa que un incremento porcentual en el precio de oleaginosas provocará que la demanda se contraiga en un porcentaje menor de lo que representó el incremento porcentual en el precio, provocando un incremento en el valor de las importaciones. En cambio, si la demanda es elástica, un incremento del 1.0% en el precio provocará que la cantidad demanda disminuya en más del 1.0%.
MATERIALES Y MÉTODOS
El modelo AIDS y sus Elasticidades
El modelo AIDS (Almost Ideal Demand System) de Deaton y Muellbauer (1980) se deriva a partir de la clase de preferencias PIGLOG (Price Independent Generalized Logarithmic), representado por la función gasto o costo que es el mínimo gasto necesario para obtener un nivel de utilidad específico para un consumidor representativo que es tomador de precios. El modelo AIDS tiene características tanto del Modelo de Rotterdam[4] como del modelo Translog[5] que permiten contrastar las restricciones de asimetría y homogeneidad por medio de restricciones lineales sobre parámetros fijos. El modelo AIDS tiene muchos otros atributos deseables: a) es una aproximación arbitraria de primer orden para cualquier sistema de demanda; b) satisface los axiomas de elección; c) cumple la condición de agregación sobre los consumidores; d) su forma funcional es consistente con los datos del gasto familiar y e) es fácil de estimar (Mdafri y Brorsen, 1993).
El modelo AIDS se define por la siguiente ecuación:
[1]Donde:
es la partipación del bien en el gasto total de la cesta de consumo
son las ordenadas del modelo,
son los precios de los bienes;
son los coeficientes de los precios;
son los coeficientes del gasto;
X es el gasto total de la cesta;
P es el índice de precios Translog, cuyo logaritmo se define como:
[2]Para que este modelo sea consistente con la teoría de la demanda debe cumplir con las restricciones de aditividad, homogeneidad y simetría (Buse, 1994):
[3, 4 y 5]Donde:
son las ordenadas de los modelos;
son los coeficientes del gasto;
son los coeficientes de los precios.
Para ello, Deaton y Muellbauer (1980) proponen sustituir el índice de precios dado por la ecuación (2) por el índice de precios Stone que se define como:
[6]Si *, entonces (1) se convierte en
[7]donde
Para la estimación de las elasticidades precio-propias, precio-cruzadas y elasticidad gasto se siguió a Buse (1994) y Green y Alston (1990), la descripción más detallada se encuentra en Clements et al., (1994). Para obtener la elasticidad gasto () de la demanda se toma la derivada de la ecuación (7) respecto al lnX, obteniéndose
[8]Así mismo, las elasticidades precio-propias () y precio-cruzadas () Marshallianas se obtiene derivando (7) con respecto al ln , es decir,
[9]donde es el delta de Kronecker que toma el valor de uno si i=j y cero en cualquier otro caso.
Por otro lado, las elasticidades precio-propias () y precio-cruzadas () Hicksianas se relacionan con las elasticidades Marshallianas a través de la “ecuación de Slutsky” , dando como resultado:
[10]Especificación del sistema AIDS y obtención de elasticidades
El sistema AIDS estimado para los cinco productos básicos de la industria aceitera está dado por la ecuación (7); sin embargo, por la restricción de aditividad, que da una matriz de varianza-covarianzas singular, fue necesario eliminar una ecuación del sistema suponiendo que los parámetros estimados son los mismos sin importar cual ecuación era omitida (Martínez y Vargas, 2004). Por tanto, el modelo quedó especificado de la siguiente manera:
[11]Los parámetros del sistema (9) se obtuvieron a través del método de regresiones aparentemente no relacionadas (SUR) imponiendo las restricciones de homogeneidad (4) y simetría (5) a través del procedimiento MODEL de SAS (Martínez y Martínez, 2006). Para estimar los parámetros de las elasticidades Marshallianas (), las Hicksianas () y con respecto al gasto () se utilizaron las ecuaciones 8, 9 y 10:
[12]donde y son los estimadores de los parámetros del modelo (11); y es la proporción media del gasto para cada producto de la cesta de consumo.
Para la estimación de los intervalos de confianza de las elasticidades, primero se estimó el error estándar de cada ecuación y posteriormente, se utilizó la ecuación , donde es la elasticidad y es el error estándar. El cálculo del error estándar de las elasticidades requiere que previamente se estime la varianza para lo cual se empleó la siguiente fórmula:
[13]Información utilizada
Para la estimación del modelo AIDS se utilizaron series de datos del Precio Medio Rural (PMR) por tonelada, en el caso de las compras de semillas oleaginosas, ya que es la mejor aproximación al precio que pagan las agroindustrias, las series correspondientes a los precios de las semillas incluidas se obtuvieron del Sistema de Información Agropecuaria y Pesquera (SIAP, 2018) así como los datos del consumo nacional aparente (CNA) expresados en toneladas por año para el periodo de 1985-2013 de cinco oleaginosas: algodón, copra, soya, cártamo y girasol, cultivos que sirven de materia prima para la industria de aceites comestibles.
El consumo nacional aparente se calculó como:
[14]Donde:
es la cantidad producida del bien ,
es la cantidad exportada para cada bien
es la cantidad que se importa de cada bien.
La producción se obtuvo de la base de datos del SIAP, las exportaciones y las importaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, 2016) también para el periodo de 1985-2013.
El empleo del precio medio rural en lugar del precio final se justifica asumiendo que el precio al consumidor es igual que el precio al productor más una constante, que es el margen de comercialización. Esto es correcto ya que al ser un sistema homogéneo en precios e ingresos esa diferencia no afecta al resultado (Martínez y Vargas, 2004; Hernández y Martínez, 2003). Más aun, los productos considerados en este análisis son adquiridos por empresas agroindustriales, las cuales, compran grandes volúmenes de semillas, tal como puede ser el caso de las fábricas de aceites y mantecas vegetales y jabones. El ejemplo más común son las mismas empresas que funcionan como monopsonios u oligopsonios influyendo determinantemente en el precio del mercado lo cual conduce, eventualmente, una diferencia estable entre ambos niveles del precio.
Aunado a lo anterior, lo que respalda el uso de esa variable proxy es el argumento de que, según Tomek y Kaiser (2014), el precio al consumidor es una combinación lineal del PMR, donde la diferencia entre el precio que paga el consumidor y el que recibe el productor es un margen de comercialización constante. A lo anterior se suma el hecho de que en el caso específico de las oleaginosas García et al. (2003), indican que el PMR es el precio pagado al productor (oferta primaria), donde el comprador conforma la demanda derivada (consumidor de insumos). Dichos autores definen la demanda derivada como la cantidad de productos agrícolas que son compradas a diferentes precios al productor con la finalidad de producir bienes finales, exhibiendo como ejemplo que la demanda de semillas oleaginosas es una demanda derivada para producir aceites y pastas.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
En el Cuadro 1 se presentan los resultados de los parámetros del modelo AIDS restringido por homogeneidad y simetría, dicho sistema fue estimado empleando el índice Stone. En él se observa que, de acuerdo con los errores estándar, el 60.0% de los coeficientes son significativos al menos al 95.0% de confiabilidad con 21 de 35 parámetros significativos.

Al analizar las elasticidades precios cruzadas se observó un 70.0% de simetría en los signos de los coeficientes obtenidos, lo cual es importante ya que el sistema de demanda debe cumplir precisamente con esa condición, es decir, que los signos de las elasticidades precio cruzadas tengan el mismo signo, por ejemplo, la elasticidad precio cruzada del algodón-copra debe tener el mismo signo de la elasticidad copra-algodón para que sea simétrico, en caso contrario se dice que es asimétrico. Se puede observar claramente que dicha condición sí se cumple en ambos sentidos en los casos de: algodón-copra, soya-girasol y copra-girasol (Cuadro 2); no obstante, las elasticidades que dentro del modelo son las principales son las elasticidades precios propias, así lo sugieren (Mdafri y Brorsen, 1993; Martínez y Vargas, 2004).
El algodón, copra, cártamo y girasol exhiben una demanda inelástica, dado que las elasticidades son negativos y menor que uno en términos absoluto, con valores de: -0.18, -0.14, -0.75 y -0.39 (Cuadro 2) respectivamente, dado el valor de sus elasticidades, implica que ante un cambio en sus respectivos precios del 1%, la cantidad demandada del producto en cuestión se verá afectada en menos del 1%; caso contrario, sucede con la soya, con una elasticidad precio de -1.21, lo cual indica que la demanda de la soya es elástica (elasticidad| >1|), por lo que un aumento del 1% del precio de la soya la cantidad demandada caerá en más del 1% y viceversa.
En el Cuadro 2 se muestran las elasticidades con respecto al gasto. Dentro de la cesta de consumo, el algodón ( y la copra ( se comportan como bienes básicos o de primera necesidad, el cártamo también es un bien básico ( de acuerdo al modelo, aunque estadísticamente no es significativo; la soya es considerado un bien superior ( y el girasol es un bien inferior ( , dado que el girasol es una de las semillas que sirve como materia prima para la industria aceitera (aceites comestible), los aceites que se obtienen del girasol son unos de los más barato en México, el cual es demandado por la población con ingresos bajo-medio, que al aumentar su ingreso (capacidad de gasto), los sustituye por un aceite de mejor calidad, por ejemplo aceite de soya.
En virtud de que no se detectaron estudios donde se analice la elasticidad de la demanda de oleaginosas con respecto al del gasto, no resulta posible contrastar los resultados obtenidos por otros estudios. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la elasticidad con respecto al gasto es afectada por los patrones de alimentación de una determinada población, que puede hacer variar las estimaciones dependiendo del tipo de sociedad.

Las elasticidades precios propias compensadas presentan un comportamiento diferente al observado en las elasticidades no compensadas en cuanto a magnitud se refiere, sin embargo, el signo es el mismo, en ambos casos son negativos. Las elasticidades precio propias compensadas son menor que 1 (Cuadro 3), lo cual refleja una demanda inelástica del algodón, copra, girasol y soya.
La discrepancia entre la magnitud de las elasticidades Marshallianas y Hicksianas, se debe a que las Marshallianas incorporan tanto el efecto ingreso como el efecto sustitución, mientras que las Hicksianas solo refleja los efectos sustitución, dejando a un lado el del ingreso (Nicholson, 2005).
En el Cuadro 4, se presentan los intervalos de confianza para las elasticidades propias compensadas, no compensadas y con respecto al gasto, la importancia de los intervalos de confianza radica en que los resultados de los modelos estimados pueden diferir del valor real debido a las fluctuaciones de las estadísticas empleadas en el modelo (Gujarati y Porter, 2010) y por tanto suponen cierto grado de incertidumbre. Por ello, se requiere determinar un intervalo que permita estimar entre que valores está el valor real de las elasticidades con un determinado margen de error de o lo que es lo mismo con una confiabilidad de 1- .

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
El modelo obtenido deja de manifiesto que los parámetros estimados pueden ser utilizados en el 60% de los casos ya que la magnitud de los errores estándar indica una significancia mayor al 95%. Los demás parámetros podrían contener algún indicio de las relaciones de cada factor con la demanda de las oleaginosas, pero con menor certeza.
En general las oleaginosas examinadas muestran la existencia de demandas inelásticas a excepción de la soya. En particular esta última resultó ser un bien superior, mientras que el cártamo, la copra y el algodón aparecen como bienes de básicos y el girasol siendo un bien de primera necesidad.
Considerando el valor de las elasticidades cruzadas el girasol y la soya resultaron ser bienes sustitutos entre sí. En la industria aceitera mexicana ambos bienes son utilizados para la producción de aceites vegetales porque contienen proteínas, lípidos o grasas vegetales e hidratos de carbonos.
El hecho de que el 80% de las oleaginosas analizadas presenten demandas inelásticas implica que una depreciación del peso mexicano elevaría el precio de dichas semillas al tiempo que la caída proporcional de la cantidad demanda será menor ocasionando un aumento en el gasto de las industrias que las emplean como materia prima principal que es el caso de las empresas de las industrias aceiteras y jaboneras, así como de las fábricas de alimentos balanceados para uso ganadero.
Dado los elevados porcentajes de materias primas consumidas por dichas industrias, proveídos con insumos provenientes del extranjero, se prevé que en ese escenario se presentaría un aumento de considerable magnitud en los costos de las importaciones de cártamo, algodón, girasol y copra principalmente. Por otra parte, si bien un incremento en el precio de la soya ocasionaría una disminución más que proporcional en las compras de soya proveniente del mercado internacional eso no significa que sería una cuestión exenta de problemas puesto que hay empresas que sólo procesan esa única semilla, las cuales se verían en serios problemas de liquidez y rentabilidad.
Por ello, parece conveniente la realización de un análisis sobre la elasticidad de la demanda de importaciones y un estudio particular de los efectos microeconómico a nivel de unidad industrial sobre el efecto de la depreciación en las finanzas de cada empresa y sobre el sector de las oleaginosas, considerando datos a más largo plazo.
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Notas
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