LA MEDICINA TRADICIONAL KILIWA
LA MEDICINA TRADICIONAL KILIWA
Mitológicas, vol. XXXII, pp. 76-88, 2017
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Resumen:
Este artículo tiene como objetivo dialogar sobre la medicina tradicional kiliwa, comunidad ubicada en Ensenada, Baja California, México, a partir de los hallazgos obtenidos en campo de donde destaca que la práctica de la medicina tradicional kiliwa se encuentra mediada por la iglesia cristiana. La medicina tradicional en México ha estado a merced de situaciones económicas, políticas y culturales que datan desde los procesos de colonización que experimentaron los pueblos nativos; no es casualidad que a la fecha se tengan marcadas distinciones entre medicina institucionalizada y medicina tradicional. Si bien en la época contemporánea el acceso a la salud está apoyado medianamente por el Estado, las prácticas tradicionales de medicina kiliwa se siguen practicando, lo que nos habla de un resurgimiento, así como de la intersección de sistemas de creencias en el quehacer de la sanación.
Abstract: The objective of this article is to discuss traditional kiliwa medicine, a community located in Ensenada, Baja California, Mexico, based on the findings obtained in the field, where the practice of traditional kiliwa medicine is mediated by the Christian church. Traditional medicine in Mexico has been at the mercy of economic, political and cultural situations that date from the processes of colonization experienced by native peoples; It is no coincidence that to date there are marked distinctions between institutionalized medicine and traditional medicine. Although access to health in the contemporary era is moderately supported by the State, traditional practices of kiliwa medicine are still practiced, which speaks of a resurgence, as well as of the intersection of belief systems in the work of societ healing.
Keywords: Kiliwas, traditional medicine, Baja California, Yumanos, belief systems.
“ PIYÍN TEEY É ÑIAAY YIOT O’ Meltí, Dios-Coyote-Luna Meltí é – ja’la’ – maykuyak Creó el mundo ‘maatm teñiee ñie’met los caminos, los animales, los hombres uña’ a’, tukuipaay e’m, kumeey e’m repartió entre ellos pamím et yaay juwaa jooy los lugares donde debían vivir pamioot ábel puwaa cháu jaa A pesar de todo, reinaba la oscuridad Kuñeem yiot, maat puñi’yu cháu mat Y peleaban entre sí…”
Fragmento del mito de la creación Kiliwa.
Introducción
Muchas son las prácticas tradicionales de las comunidades nativas de Baja California que han desaparecido gradualmente al paso del tiempo por distintas circunstancias. Una de las comunidades más afectada por esta situación es la Kiliwa, ubicada en la ciudad de Ensenada, Baja California, México. Este artículo se desprende del trabajo de campo realizado en la comunidad Kiliwa en abril de 2017 y tiene como objetivo mostrar las características que configuran la medicina tradicional kiliwa en el contexto de desaparición de dicha comunidad. Desde el enfoque de la memoria, la práctica de la medicina tradicional y los discursos que giran en torno a ella. La aproximación fue de tipo etnográfico estableciendo el dialogo principalmente con la médica tradicional Teresa Haros y su madre, la señora Leonor Farlow. El artículo está organizado por una pequeña descripción sobre la comunidad, la organización social, el entorno kiliwa, la medicina tradicional y notas finales.
Kiliwas: pobladores de la Sierra de San Pedro Mártir.
De las cuatro comunidades yumanas que se encuentran en Baja California, se reconoce al grupo Kiliwa como la primera tribu de cazadores- recolectores en habitar la península. La situación demográfica kiliwa es un asunto crucial, pues mientras que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestra un registro de aproximadamente 190 personas, Comisión Nacional Para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) un aproximado de cien y la propia comunidad dice que hay muchos más; lo cierto es que solo quedan cuatro hablantes de la lengua kiliwa (1), por lo que se puede inferir la potencial extinción cultural.
Algunos textos de carácter arqueológico expresan que hay evidencia del grupo desde aproximadamente el año 2500 a.C. aunque no es extraño que la precisión en cuanto a fechas, incluso en información en general, varíe según las fuentes consultadas.
Los kiliwa están ubicados en el municipio de Ensenada, en el poblado del Valle de la Trinidad, delimitados en lo que se conoce como el Arroyo de León, territorio que forma parte de la Sierra de San Pedro Mártir. No es casualidad que los límites territoriales del grupo se confinen solamente al Arroyo León, pues diversos factores han conllevado a establecerse en su actual ubicación. La migración, el desplazamiento hacia otros poblados, y la falta de trabajo por mencionar solo algunas de las situaciones que ha derivado en la pérdida del territorio.
Desde lo alto de la Sierra de San Pedro Mártir, hasta el cerro del Picacho, los antiguos pobladores kiliwas dominaron las montañas y las adversas condiciones climáticas, espacios a los cuales ya no pueden acceder en el presente, pero que siguen en la memoria de quienes aún pueden evocar y recordar el legado ancestral kiliwa. Por tales circunstancias es posible inferir una pérdida de la cultura kiliwa entendida ésta como una serie de prácticas, saberes, relaciones, costumbres, normas particularizantes que les distinguen de otros grupos; dentro de tal complejo cultural aquí nos enfocamos en la medicina tradicional, se pone la centralidad en los saberes medicinales y las prácticas de la gestión de la salud.


La organización social Kiliwa.
Históricamente las líneas de parentesco han sido patrilineales, presentando alianzas exogámicas, incluso siguen siendo comunes las uniones entre kiliwas Pai Pais y Cucapás. Se tiene registro que los linajes más importantes han sido los Ochurte y los Espinoza; por cuestiones económicas y personales estos dos linajes dejaron de tener descendencia, sin embargo, hay un linaje matrilineal que trabaja por la preservación de la cultura kiliwa: Leonor Farlow Espinoza, quien es heredera tanto del conocimiento ancestral kiliwa, como también es una de cuatro personas que preservan la lengua.
El tipo de organización kiliwa ha estado caracterizado por la figura de un jefe tradicional, hace 17 años estaban representados por un Jefe Supremo, que también hacía las veces de ancianos Kiliwas y apoyado por los habitantes de la comunidad. A la muerte de Cruz, la CDI propuso a Elías Espinoza como Jefe, quien hasta el momento en que se realizó el trabajo de campo, representaba el cargo.
El entorno y los artificios.
Si partimos de que en gran medida la comunidad kiliwa ha decrecido y se ha desplazado, entonces es necesario hablar de los artificios que les conforman en términos de Brigitte Boehm: “el artificio, como tal, es cultura (suele referirse como cultura material); su ejecución es cultura (generalmente llamada tecnología); la conjunción de esfuerzos para lograrlo es cultura (u organización social del trabajo); su estilo es cultura (con variaciones temporales y regionales); su impacto en el ambiente y en el paisaje es cultura (geografía, biología, física humanas), su mensaje es cultura (su representación)”(Bohem, 2001).
Toda la cultura es artificio porque esta intervenida por las prácticas humanas, es decir, no surge naturalmente sino que son sociales y son acuerdos colectivizados que le dan identidad a un grupo.
En ese sentido la tierra es parte de la organización social, pero también como fuente de trabajo, como hogar, como paisaje y como entorno.
Del total de la extensión de territorio que les corresponde, según Comisión Nacional Para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) en el informe denominado “Atlas de los pueblos indígenas” Cruz Ochurte Espinoza logró conseguir 26,910 hectáreas vía dotación ejidal, con fecha 16 de febrero de 1970. Pero en propia voz de Teresa se da a conocer otra realidad:
“No pudimos hacer nada, por eso los han venido bajando; esto ya es propiedad federal, es el ejido el Tepi; pero estas tierras eran de los kiliwas. Para esta parte para arriba hay fincas viejas de barro, las casas que quedaron y sí hay caminos para aquellas casas. Cruz fue el último que hizo la lucha de recuperar esta parte pero no pudo”. (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
No solo esta situación dio como resultado que espacios sagrados se perdieran, también la reforma agraria que se implementó en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), pues expresan que de ser tierras denominadas nacionales, pasaron a ser tierras federales y otras ejidales. Aunado a esto se identifican otras amenazas potenciales: desde hace aproximadamente 3 años, empresas diversas pretenden ubicarse en el entorno por su gran riqueza en yacimientos naturales, la nota del periódico La Jornada “Fuerza Eólica de San Matías SA de CV, Cucapah Develop ment, Clipper Windpower, APA (Asociados Panamericanos) Wind, Intaván y CISA Energía SA de CV (2).”

Por ahora, la comunidad se ha de conformar con preservar la extensión de tierra mencionada y enfrentar el proceso legal que demanda la presencia o no de la planta eólica; aunque son pocos los que habitan la comunidad, pues es pertinente destacar que son menos de 50 personas quienes habitan el entorno, se hacen esfuerzos por repoblar las tierras ancestrales. Hay una colonia que se está consolidando y da cuenta de ello, si bien es una colonia pequeña, forma parte del proyecto que ha sido gestionado por parte de las autoridades y de los propios ejidatarios para que los nativos regresen a su territorio ancestral. Bajo la idea del retorno, la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) implementó un programa de construcción de viviendas, el cual proyectó la realización de 24 casas.
Entre la edificación de las casas y la consolidación de la colonia, diversas plantas forman parte el paisaje. Leonor, madre de Teresa, señala: “todavía tenemos varias plantas como: salvia, chamizo colorado, mezquite, obelisco, vara prieta, palmilla, pino bálsamo, pino flojo, pino colorado”. El camino es agreste y rocoso, pues parte del recorrido para llegar a la comunidad ha sido trazado sobre lo que en el algún momento fue el cauce del Arroyo de León, del cual hoy solo quedan las marcas en algunas piedras que encausaron sus aguas y en los pequeños aguajes que brotan incipientes cantidades de agua, la necesaria para poder sobrevivir.

El agua es otro de los artificios de los kiliwa: pese a que es un recurso vital se ha ido perdiendo por diversas causas: los cambios climáticos, la pérdida de las tierras con mayor riqueza en el recurso hídrico, así como la poca organización para mantener limpios los otros aguajes que cuentan con sistema de bombeo; desafortunadamente el descuido por parte de los dos ejidos kiliwas y Tepi ha generado rezagos en las labores de limpieza, propiciando que los tubos se llenen de basura e impidan el flujo del líquido.
Sin agua cualquier condición de vida es complicada. Como resultado de esta crisis la comunidad ha dejado de sembrar y se ha tenido que dedicar a otras actividades a fin de generar una entrada económica, tal es el caso del corte de palmilla y la recolección de miel. Esta última ya casi no es común, pues las abejas han dejado de formar colmenas. Leonor recuerda que:
“Hace mucho tiempo nos mantuvimos con la miel, los enjambres estaban en cuevas en lo alto de los cerros y nos íbamos y la sacábamos, antes sí había mucha miel. Hacía unos quesos de cera y la vendía o lo cambiaban por comida, Todo se acabó, ya no hay abejas.” (Leonor Farlow, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Los factores son muchos, desde cambios climáticos globales, el impacto de las ondas de telefonía celular, la tala indiscriminada en el entorno y los pesticidas que son utilizados en Valle de la Trinidad; ante esta situación, Leonor expresa su dolor e impotencia:
“Algunos trabajan la palmilla, la palmilla está cerca, hay palmilla donde quiera, pero está muy mal, están floreando y así las cortan, no deben de cortar, no hay nadie que les ponga un alto ni digan nada. El ingeniero que anda midiendo para el corte no les dice nada, yo no sé por qué andan cortando… entonces cuál producto va a ver si lo están cortando, no va a haber fruta ni va a haber semilla”. (Leonor Farlow, abril 2017, comunidad Kiliwa)
No solo la palmilla, la miel, la propiedad de la tierra y las diversas prácticas de los Kiliwas deambulan entre la desaparición y el resurgimiento, en especial, la medicina tradicional.


Medicina Tradicional
Si bien la medicina tradicional es representada por Teresa Haros, quien se autodenomina médica tradicional, no es la medicina tradicional un recurso medular para los kiliwas, pues dentro de la comunidad, son pocos los que se apoyan tanto de los conocimientos terapéuticos como de los recursos herbolarios que domina Teresa; ya sea para la prevención o cura de algún malestar o enfermedad. Reconocen que Teresa es portadora y heredera de ciertos saberes, pero estos no impactan de manera contundente en las condiciones de prevención y recuperación de la salud. No es casualidad que éstas condicionen en las que la comunidad asume la práctica de la medicina tradicional representen estas características, pues como lo afirma Silvia Ortiz Echaníz: “muchos conocimientos médicos autóctonos se perdieron en esta contienda al desestructurarse la organización político religiosa de los pueblos aborígenes y al sufrir el menoscabo de la sustentación ideológica con la imposición de una nueva cultura. […] Las prácticas médicas aborígenes fueron prohibidas y perseguidas porque, en la suma de las creencias sobre la salud y las enfermedades, la base de la casualidad sobrenatural y divina enfrentaba las cosmovisiones religiosas de vencedores y vencidos. No obstante, continuaron practicándose clandestinamente, como parte de la resistencia cultural de los pueblos nativos” (Ortiz Echániz, 1999).
De ninguna manera pretendemos con ello generar relaciones causa-efecto sobre la situación actual de la medicina kiliwa y las condiciones sociales y políticas de los nativos, pero sí vale la pena situar el contexto actual de la situación demográfica y territorial que caracteriza a la comunidad como situaciones que circundan el desarrollo de la medicina tradicional kiliwa y los saberes que giran en torno a ella.
La medicina tradicional está constituida por una serie de oralidades que han sido heredadas generacionalmente bajo una dimensión matrilineal. Teresa representa el último eslabón de ese conocimiento local heredado y trabaja fuera de la comunidad para exponerlo y preservarlo.
Por su parte, Everardo Garduño menciona que en “el caso de los grupos yumanos, el rol tradicionalmente adjudicado a la mujer al interior de estos grupos se ha visto radicalmente trasformado por la ausencia masculina como resultado de un creciente fenómeno de migración. Hoy en día, en la cultura Yumana la mujer representa no solo el elemento más evidente de la distintivita cultural, por ser la principal portadora del conocimiento sobre herbolaria, cerámica, cestería y oralidad tradicional, sino por haberse constituido en el más importante agente de interlocución en la sociedad dominante y las instituciones oficiales.” (Garduño, 2015).
Ejemplo de ello es el sentido que le da Teresa a la experiencia de ejercer y desarrollar estos saberes:
“Mi experiencia sobre la medicina tradicional ha sido algo súper esencial para mí, podríamos decir que fantástico y de bendición, porque para nosotros la medicina tradicional no la puede recibir cualquier persona, no la puede trabajar cualquier persona y me siento pues orgullosamente porque viene siendo algo hereditario que pasa de nuestros viejos, de los adultos, fui escogida y me han dejado su sabiduría.” (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Como son pocos los trabajos de documentación que a la fecha se tienen sobre los kiliwas, la oralidad y la memoria ejercen un papel importante para preservar muchas de las prácticas de los nativos. En este sentido, el ejercicio memorístico que Teresa y Leonor llevan a cabo, logran recrear hechos y situaciones que evocan las diversas prácticas kiliwas, un ejercicio necesario para mantener y preservar lo que el tiempo en ocasiones olvida y transforma; en este sentido, Ana Ramos en su artículo “Perspectivas antropológicas sobre la memoria en contextos de diversidad y desigualdad” expresa que “entendemos la memoria como la práctica social de “traer el pasado al presente”.En esta misma revisión, Connerton reorienta su trabajo hacia las maneras en que las memorias de los grupos son acordadas y sostenidas a través del tiempo. Para este autor, y en la misma dirección que Halbwachs: “la memoria es la vivencia y conocimiento del presente en relación con nuestro pasado. Las imágenes que conforman nuestras memorias vehiculizan sus propias relaciones y asociaciones con eventos, objetos y emociones del pasado.” (Ramos, 2011) Sobre este ejercicio Teresa narra desde el recuerdo las primeras aproximaciones que tuvo con los saberes sobre la medicina kiliwa:
“Yo desde muy chica siempre he sido muy intrusa , cuando me gusta algo no necesito que me hablen, ahí estoy nada más sin decir nada, viendo nada más y cuando menos se lo esperan hago las cosas y así estuve por años, por años haciéndolo trabajándolo en la misma familia nada más (…). Yo empecé de niña con mi abuela, mi abuela se enfermaba o algo y a veces le daba medicinas, plantas, mi mamá o la familia. A partir de los conocimientos que ya empezaba a tener. Empecé primeramente sobando, la primera vez que inicié fue con la compostura del pie. Era una señora que la habían operado, el médico le había dicho que iba a quedar mal, que siempre iba a renguear. Entonces llega a mí y me dice, fíjate que me duele esto y le dije: ah! ¿me dejas arreglártelo? Y me dice pues sí y este me doy cuenta que trae los nervios, tendones doblados, hechos bola y pega el grito y se baja y pisa el suelo y me dice: ¡Sí sabes! y ¿por qué no lo haces? Esa fue una de las palabras que me dijo mi tía: ¡Tú siempre sabes pero no lo quieres hacer! Y dije: bueno tú ya me lo confirmaste y tengo que trabajarlo y ese fue el motivo de que empecé a trabajar. Heredé este conocimiento de mi tía, era partera, trabajaba la medicina tradicional, sobaba. A partir de que ella falleció me dijo pues que ya se había acabo su tiempo y que seguía yo y a partir de ahí para acá es que inicie a trabajar. Te puedo decir que tengo poco trabajándolo abiertamente al público, te puedo decir que no lo quería hacer, hasta que hubiera permiso de quien lo hacía, de mi tía.” (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Dentro de este ejercicio de sanación hace alusión sobre un discernimiento, que define como “al ver a una persona tienes el diferimiento de lo que está pasando, de lo que está viviendo en esa enfermedad y puedes discernirlo de donde viene; tanto si es hereditario, si es una enfermedad crónica que llegó, cositas así lo puedes detectar. Hay una conexión entre Maykuyak que es el “dios de lo alto”, quien te da el discernimiento y nosotros. Con estar platicando con la persona tú te das cuenta de la magnitud del problema que la persona trae.” (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
“Hasta cierto punto se maneja como un don, en si se da cuando, cuando traes el don, se da por sí solo, empiezas a tener conocimiento que no sabes de donde, empiezas tener conocimiento, ora sí que los grandes. Los viejos que se me han ido ellos me calificaban y me decían: ¡no es que tú sabes!, ¡es que tú vas a poder!, ¡es que tú lo traes!, y de esa manera fue que me fueron involucrando más y más y aparte es algo que me gusta, que disfruto hacerlo, el anhelo de conocer más.” (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Parte de ese conocimiento dialoga con una lógica cristiana, que la misma Teresa enuncia como su particular forma de sanar a partir de lo que dios le ha entregado. En ocasiones reconoce que es un don entregado por Maykuyak, en otras un discernimiento que trabaja de acuerdo a los saberes heredados por la tía Margarita y mediados también por la religión cristiana que profesa. Y en su propia voz lo enuncia de la siguiente forma:
“Yo en mi caminar que he tenido, he andado entre brujos en lo que tú me digas, mi trabajo que yo tengo ahorita y muchos me dicen Tere si tú tienes el poder por qué no lo trabajas, es que yo no tengo el poder, dios me da discernimiento es algo muy diferente, una cosa es que dios te de discernimiento y otra cosa es que manejes la brujería y yo cuando empecé a trabajar esto era mi temor, porque yo sé trabajar los dos lados”. (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)

En ese mismo tenor, Teresa comenta que ella solo practica la medicina tradicional, que ella no hace limpias, sabe de todo pero que no piensa ejercerlo. Menciona que desde que estudia la biblia (3) se ha alejado de muchas prácticas porque son muy fuertes y van en contra de dios. Recuerda que en este mundo hay dios y diablo y que hacer limpias y trabajar con las fuerzas es muy desgastante, motivo suficiente para alejarse y que no volver a practicarlo. Respecto a los conocimientos que tiene sobre curar al cuerpo con limpias, expresa que prefiere olvidar o algún día escribir esos saberes, porque insiste, que eso a ella no le corresponde:
“Yo hay algo que siempre les decía oiga usted no hace limpias, pues no, no, oiga y como la limpia, no es que yo no la limpio, solo dios la puede limpiar.” (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
La enfermedad para los kiliwas está presente como una noción que deambula entre el bien y el mal. De manera ancestral la enfermedad estaba relaciona con el equilibro y con las estaciones del año. En voz de Teresa:
“Nosotros tenemos… hay golpes o torceduras que las podemos detectar porque se hacen por frialdad si es alguna torcedura que fue en tiempo de invierno y esta frio el lugar, el área de la piel, o el hueso se siente frio. Igual si la torcedura fue en verano, se hace una inflamación muy rara, muy chistosa (…) Nosotros tenemos que trabajar todo el tiempo con las estaciones del año, hay cosas que se tienen sobar y no sales de la casa, por el frío que vas a agarrar. También para la recolecta de las plantas, la luna, el disecado. Todo es un engrane, un conjunto tanto desde la persona como lo que nosotros vamos rejuntando, recolectando”. (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Aunque también está relacionada con el sistema de creencias cristiano, Leonor, madre de Teresa, lo explica:
“Dios no te puso un dolor de cabeza, tu naciste perfecta, nada te puso, nada, pero hay un enemigo contra nosotros que es el satanás, él es el que muchas veces avienta sus dardos, porque nosotros abrimos la puerta, nosotros somos culpables, no hacemos lo que el mandamiento del señor, nadie es perfecto, todos somos pecadores, pero tenemos que hacer la lucha para ser mejores (…). El diablo nos enferma, hay un camino muy ancho dice la biblia por dónde van muchos y hay un camino más angosto por donde entran muy pocos y su fuiste cristiana tú y ya andas mal y ya… entonces el diablo se mete porque el lugar ya está vacio”. (Teresa Haros, abril 2017, comunidad Kiliwa)
Sin embargo en esta relación entre salud y medicina tradicional, algunos de los habitantes de Ejido Tribu Kiliwas enfrentan problemas de salud como obesidad y problemas con corazón, presión alta, circulación.
Conclusión
Los que han vivido más tiempo en Arroyo de León consideran que muchas de sus afecciones se deben a que por años bebieron agua del Arroyo, lo que les provocó diversos padecimientos como problemas con la vesícula, toroides, pérdida de la dentadura, por mencionar algunos.
Teresa es la médica tradicional de la comunidad, aunque el trabajo que ella realiza tiene mayor impacto fuera de tierra kiliwa. Es decir, son los externos quienes acuden a ella, dentro de la comunidad saben que tiene conocimientos sobre diversos métodos y usos medicinales.
Desde una visión ancestral el cuerpo se enferma porque hay un desequilibrio con el entorno pero también, desde una visión cristiana, enferma porque está presente la maldad.
La llegada de la iglesia cristiana ha sido un factor determinante que ha impactado en las formas en que la comunidad se está reconfigurando.
Hay un conocimiento originario medicinal que está mediado por la iglesia cristiana, lo que impacta en sesgar las prácticas culturales originarias. La lógica cristiana se impone ante la lógica tradicional de la medicina kiliwa.
La medicina tradicional se configura como un proceso de revitalización de la propia cultura kiliwa.
Muchas de las creencias y tradiciones ahora permanecen en la memoria de unos pocos kiliwas. Como las tradiciones fúnebres, los cantos, algunos tejidos, incluso procesos en la preparación de algunos alimentos. No solo la lengua lucha contra el olvido, sino la propia memoria de la memoria kiliwa lucha para prevalecer vigente, por lo menos, en la oralidad de los futuros kiliwas.
Bibliografía
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Boehm, B. 2001 “EL Lago de Chapala: Su Ribera Norte. Un ensayo de lectura del paisaje cultural”. Relaciones. Estudios de Historia y Sociedad, XXII (Invierno): [Fecha de consulta: 23 de abril de 2018] Disponible en: http://www.redalyc.orgarticulo.oa?id=13708503
Garduño, E. 2015 Pueblos indígenas de México en el siglo XXI. Los Yumanos. Comisión nacional para el desarrollo de los pueblos indígenas.
Cruz Aguirre, J. 2015 Industria eólica, el despejo indígena. En: http://jornadabc.mx/tijuana/2308-2015/industria-eolicael-despojo-indigenas
Ortiz Echániz, S. 1999 La medicina tradicional en el Norte de México. México, D. F. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1999.
Hiriart, P. 1980 Los kiliwas, raza destinada a la extinción, por el despojo de su tierra http://www.proceso.com.mx/129653/los-kiliwas-raza-destinada-a-laextincion-por-el-despojo-de-su-tierra
Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana 2009 Medicina tradicional mexicana de los Pueblos Indígenas de México. En: http://www.medicinatradicionalmexicana.unam.mx/pueblos.php?v=p&t=kumiai&l=2
Ramos A. 2011 “Alteridades”. Perspectivas antropológicas sobre la memoria en contextos de diversidad y desigualdad 21 (42): págs. 131-148.
Fuentes, D. 2012 Kiliwas, una comunidad que ha sobrevivido por siglos. Pero está por desaparecer. En: http://www.ensenada.net/noticias/nota.php?id=24790
Notas