ECONOMÍA DEL CUIDADO: UNA EXPERSIÓN SUSTANTIVA DE LA ECONOMÍA
ECONOMÍA DEL CUIDADO: UNA EXPERSIÓN SUSTANTIVA DE LA ECONOMÍA
Scripta Ethnologica, vol. XXXIX, pp. 87-106, 2017
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Resumen: El objetivo de este artículo es analizar cómo la economía del cuidado constituye una expresión sustantiva de la economía. Este ejercicio se construye como una mirada alternativa de la visión heterodoxa de la economía, cuyo bagaje teórico-conceptual permite visualizar a las lógicas y mecanismos de integración que aportan a la satisfacción de necesidades de atención sin recurrir al dinero. La economía del cuidado muestra la visión de conjunto que rechaza la reducción de los procesos económi- cos en la lógica del mercado y el mecanismo de intercambio. La visión sustantiva de la economía permite identificar y diferenciar la presencia de las otras lógicas: la redistributiva y recíproca; que se concatenan con la de inter- cambio. La interpretación parte de la teoría de las necesidades humanas como objetivo de la actividad económica.
Abstract: The aim of this paper is to analysis care economy as substantive economy expression. This exercise is propouse as an alternative view of heterodox economics, whose theoretical and conceptual background exposes the logics and integration mechanisms that contribute to tend needs, without appeal to money. The care economy exposes overview that rejects to reduction of the economic processes in the logic of the market and the mechanism of exchange. The substantive economy allows to differentiate other logics: redistribution and reciprocity; which are concatenated with the exchange. The interpretation starts from the theory of human needs as an objective of economic activity.
Keywords: Care Economy, Substantive Economy, Human Needs..
Introducción. Apuntes para el reconocimiento de las economías empíricas.
En las últimas décadas, América Latina ha enfrentado transiciones que provocan escenarios de incertidumbre, inestabilidad y complejidad tanto de carácter político como social, cultural y económico (Sader, 2008). En respuesta a la situación de crisis, desde diversos cuerpos de conocimiento como la economía, la sociología o la antropología, se han buscado posibles respuestas y/o métodos que alcancen a comprender y, posteriormente, atender las necesidades de sociedades, regiones o territorios cada vez más complejos; que experimentan procesos globales continuamente cambiantes y se caracterizan por ser expresiones de diversas realidades.
Algunas interpretaciones redundan en la tradición teórica de la economía o del pensamiento neoclásico, que reducen las respuestas a modelos de crecimiento económico: fomentar la riqueza monetaria, como única forma de satisfacer las necesidades de reproducción social; el credo economicista neoliberal, que establece ideales utópicos de economías boyantes y distantes de las realidades que se intentan contrastar. Esto provoca una lectura no más que remota pero definida desde y hacia un discurso de carácter hegemónico, moderno y neoliberal (Ornelas, 2014;Fernández, 2008).
Desde estas posturas se perpetúa la visión de alcanzar condiciones locales, territoriales y de mercado que las catapulten a ser sociedades capitalistas y liberales, con acceso irrestricto a los bienes en el mercado. En otras palabras, son versiones modernas que considera como principal desafío de las sociedades y sus territorios el encontrar la ruta para dejar atrás su tardía llegada a la luz de la modernidad (Touraine, 1994) y a la era del desarrollo (Ornelas, 2014).
Impulsan en todo momento un modelo civilizatorio basado en la mecanización y especialización de sociedades enteras, la dependencia del dinero para la satisfacción de las necesidades, el individualismo y la competencia, bajo la premisa indiscutida de la auto-regulación del mercado en condiciones de competencia perfecta, como lo propuso en su momento Von Hayek (1944). La economía, desde estás posturas, continúa siendo la disciplina que Max-Neef y Smith han catalogado como “un mecanismo para proteger la estructura de clases de la sociedad” (2011:47) Aquella ley que justifica la división de las sociedades entre “los pobres sin poder y los ricos poderosos” (Max-Neef y Smith, 2011:48).
En sentido contrario surgen lecturas que aspiran a ser distintas y que postulan la posibilidad de modelos alternativos, “otros mundos posibles”. Se proponen dar voz a la diversidad de lógicas de carácter “alternativo”. Retoman el alegato de la antropología económica sustantivista (Godelier, 1976) en cuanto a la existencia de diferentes lógicas económicas y retoman la definición sustantiva de la economía como formas de relación entre los seres humanos entre sí y con la naturaleza para satisfacer las necesidades humanas (Polanyi, 2009). Frente al pensamiento único oponen la diversidad articulada desde un paradigma distinto.
En la actualidad resaltan como propuestas la del “buen vivir”, originaria del mundo Andino, e incorporada en las constituciones de Bolivia y Ecuador, que prioriza la diversidad y la complementariedad frente a la competencia. A diferencia del modelo heterodoxo no aspira al crecimiento sino a la reproducción social, en ese sentido, no pretende al aumento de las exportaciones o la tasa de inversión, sino producir lo necesario para vivir bien que incluye la valoración del “tiempo disponible para el esparcimiento, los rituales y las relaciones sociales priorizando la satisfacción de las necesidades [humanas] nomateriales” (Collin, 2012).
Desde el campo de los movimientos sociales vinculados a la teología de la liberación, la propuesta de la “Economía Social y Solidaria” (Coraggio, 2012) pretende traducir a términos teóricos la consigna del Foro Social Mundial: “otros mundos son posibles”. Critica a la visión clásica de la economía, en primer término por su carácter excluyente de buena parte de los seres humanos y, en segundo lugar, por su insensibilidad frente al deterioro de los ecosistemas. La economía solidaria apuesta a: “[…] autonomizar y liberar la potencia y creatividad de los trabajadores como productores asociados, la valoración de las culturas de identidades populares, el reconocimiento de los saberes prácticos y el reencastramiento de los saberes científicos como parte inseparable de las capacidades del trabajo en creciente control de las bases de la vida de las mayorías” (Coraggio, 2011:39).
Entre otras propuestas se encuentra la de “economía plural” (Wanderley et, al., 2015) que enfatiza en cuanto a la particularidad de las construcciones sociales: su “perspectiva teórica y metodológica plural permite comprender la economía como parte de la sociedad y profundizar el rol de la política y de las relaciones de poder en la configuración de las economías contemporáneas” (Wanderley, 2015:27). Algunas naciones latinoamericanas pretenden incorporar estas propuestas a sus modelos de desarrollo, tal como Brasil con la secretaria de economía solidaria, o como propuestas incorporadas a la constitución como en los casos de Ecuador desde 2008 y de Bolivia desde 2009. En otras regiones el esfuerzo se ha traducido en movimientos sociales y proyectado en espacios mayormente culturales que acompañan la tarea de legitimar su coherencia, su viabilidad, su práctica e incluso su institucionalidad (Wanderley, 2015).
Cabe aclarar que el cambio de mirada, común a estas y otras propuestas, no constituye una posición especulativa sino que parte del análisis de otras sociedades desde la antropología; de reconocer que hay otras formas de mirar la realidad que aún persisten. (Polanyi K, Arensber y Pearson, 2014;Max-Neef y Smith, 2011). Si bien la alteridad se reconoce desde los orígenes de la antropología la diferencia radica en que, en vez de observarlas como primitivos o estadios anteriores o del desarrollo evolutivo de la humanidad, hoy se observan como alternativas ante la crisis civilizatorio y la posibilidad del colapso.
La crítica teoría tampoco es nueva, desde principios del siglo XIX, Jean Charles Léonard De Sismondi expresó estar en contra de la mirada ortodoxa dominante de la economía. Consideraba que habría que cuidar a la sociedad de la peligrosa utopía que representaba la teoría del equilibrio automático, cuyo establecimiento a largo plazo era posible a partir del sufrimiento humano. Propuso un sistema de intervención gubernamental, de la misma forma que lo haría John Maynard Keynes décadas después en 1936. En la cual se restaurará el equilibrio de oferta y demanda por una posible saturación del mercado. “Su meta, y quizá también la de Keynes, era proteger a las clases trabajadoras de caer en la miseria” (Maxx-Neef y Smith, 2011:48).
Si bien no es posible ofrecer una respuesta coherente y justificada del porqué la economía dejo atrás propuestas como la de Sismondi, o bien las seleccionó parcialmente como ocurrió con Aristóteles. Es posible pensar que las miradas alternativas y sobre todo no hegemónicas de la economía tienen un común denominador; han partido de reconocer distintos elementos coyunturales y culturales y, de manera central, se puede llegar a considerar, sin intentar reducir la diversidad de enfoques, que cada una de estas alternativas son producto de una visión ampliada y sustantiva de la economía.
Como común denominador a estas miradas, maneras y expresiones alternativas de pensar los procesos económicos, resalta la propuesta de economía sustantiva que parte de la obra de Karl Polanyi. La visión sustantiva se entiende como las expresiones de “una economía consciente, accesible en sus principios para ser entendida globalmente” (Polanyi, 2014a:25). Este enfoque permite la aprehensión de “los elementos últimos del proceso, a la vez natural y social que constituye la economía” los cuales son: “1) las necesidades humanas, 2) el sufrimiento de los hombres en el trabajo, 3) los medios de producción, es decir, los recursos naturales, las máquinas y otros útiles, las reservas de alimentos o de recursos naturales y, finalmente, el medio de producción más importantes, la mano de obra” (Polanyi, 2014a:26). El papel de la economía desde esta mirada, es entonces atender a las necesidades humanas a través de los diversos medios de producción, con especial énfasis en tratar de minimizar “el sufrimiento humano en el trabajo” (Polanyi, 2014a:26). Acciones que permiten señalar el papel trascendental de la economía en la reproducción social.
Algunos autores consideran que el primer paso para establecer una vinculación clara y viable entre modelos económicos y las relaciones, redes y estructuras sociales, es a través de ensayar los “modos de producción, distribución, circulación y consumo” desde visiones alternas. Como por ejemplo dejar atrás la aprehensión de las necesidades humanas en tanto simples capacidades de consumo y condecorar, nuevamente, su carácter central para cualquier orientación o modelo económico (Max-Neef y Smith, 2011), con el objetivo de devolver el carácter integral a las necesidades humanas (Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, 1986). Y su condición de ser atendidas de formas diferentes y en diversos espacios, como la economía de los cuidados. En esta línea se profundiza más adelante en este artículo
Se trata entonces de apreciar a la economía como un hecho social a partir de considerar sus expresiones empíricas y sustantivas. Es decir, tener en cuenta el “relieve de motivaciones y patrones generadores de orden que, de formas combinadas, configuran las prácticas económicas de las colectividades sociales” (Wanderley, 2015:17). Cambiar la mirada como una posible vía para articular respuestas afines a los fuertes desajustes de carácter estructural, que acompañan la necesidad que todas las sociedades tienen de “institucionalizar sus procesos económicos de forma que produzcan y reproduzcan las condiciones materiales [y no matertiales] para el sustento de la vida, tanto humana como de la naturaleza externa” (Coraggio, 2013:03). Reconoce que la economía es parte de un proceso territorial, histórico, social y cultural que dificulta su lectura unicamente a través de modelos econométricos.
Para esta tarea, nuevamente las contribuciones de Karl Polanyi pueden aportar elementos de orientación teórica y metodológica que visibilicen en los procesos económicos su expresión sustantiva. Es decir, la “forma en que la economía adquiere unidad y estabilidad (…) por la interdependencia y la regularidad de sus partes”. Su propuesta analítica “reivindica la economía como estructuras empíricas de organización de la producción, circulación, financiamiento y consumo en el sentido que se sostienen sobre prácticas, marcos cognitivos, reglas formales e informales que operan a través de relaciones sociales personales e impersonales” (Wanderley, 2015:17). Este planteamiento se apoya ontológicamente en el reconocimiento de que “el concepto de ‘económico’ referido a actividades humanas es una mezcla de dos significados que tiene raíces interdependientes” (Polanyi, 2014b:187). Estos dos significados son “el real y el formal”.
Cada uno, señala Polanyi, no tiene nada en común. El primero tiene “su origen en los hechos empíricos” y se deriva de “la dependencia en que se encuentra el hombre con la naturaleza y a sus semejantes para conseguir el sustento”. El segundo es “la lógica”, y se refiere a la “elección entre los usos diferentes de los medios, dada la insuficiencia de estos medios, es decir, a la lección entre utilización alternativa de recursos escasos” (2014c:187). Esta apuesta por identificar los dos significados es el trasfondo central de la perspectiva sustantiva de la economía. Permite entender cómo esta mirada es ajena a la construcción tradicional de lo económico. Su significado en las ciencias sociales solo se ha desarrollado en el significado formal de manera errada, dado que fusionaron ambos términos en uno y este fue “el formal” (Polanyi, 2014c). Ejemplo de ello es la supuesta relación entre la subsistencia y la escasez.
La economía sustantiva apuesta por privilegiar al significado real de lo económico, que metodológicamente se traduce en considerar a las formas de integración: reciprocidad, redistribución e intercambio por ser las expresiones empíricas de las “interrelaciones personales” (Polanyi, 2014c:188). Para luego entonces pensar de forma crítica en las lógicas, las cuales se han establecido en espacios del mercado, el Estado y la sociedad, y que se definen como el reflejo de los “agregados de las formas respectivas de conducta individual” y que expresan el significado formal de lo económico. Tanto las formas de integración, como las lógicas se manifiestan y concurren de manera simultánea, lo que imposibilita privilegiar a una como la dominante (Polanyi, 2014c).
La actividad económica o economía sustantiva, orientada a la atención de necesidades, ha predominado en la historia humana combinada en grados variables con los mercados. En la actualidad la proporción se ha invertido. Sobresale y es de mayor atracción la lógica del intercambio y beneficio mercantil, la mercantilización de la vida (Castelló, 2009), a pesar de las consecuencias adversas que el modelo ha traído sobre las condiciones de vida y sobre el ecosistema, que prueba la necedad del modelo civilizatorio anclado en la modernidad (Touraine, 1994).
El análisis empírico de las economías observables, señala Polanyi, parte de pensar en la frecuencia de una conducta, es decir de las formas de integración, para luego entonces mirar de forma crítica la lógica de integración a la cual se consuma, en lugar de presuponer a priori que se trata de una “elección que deriva de insuficiencia de medios” (2014c:190). Un espacio en el que persisten lógicas diferentes de las del mercado es el cuidado de la vida humana, o la economía de los cuidados, donde existe una interacción entre el humano y su entorno que da lugar a un suministro continuo de medios materiales e inmateriales para la atención de las necesidades de quienes por su edad, o condición, no pueden valerse por sí mismos.
Como espacio que opera por fuera de las leyes del mercado provoca diversos diálogos, como es el caso del debate actual detrás de la economía de los cuidados (Pérez, 2004;Rodríguez, 2005 y 2007; Martín, 2008; Faur, 2009; Carrasco, et, al., 2011; Minteguiaga y Ubasart, 2014). La economía de los cuidados constituye una temática que difícilmente puede ser entendida desde una visión neoclásica de la economía y del trabajo; éste reducido a su versión abstracta como trabajo asalariado. Al pretender interpretarla desde el significado formal de lo económico genera tensiones teórico-conceptuales y prácticas. Al mismo tiempo compone un espacio fértil para el análisis pues evidencia la posibilidad de la imbricación de lógicas distintas.
Es en esta categoría analítica donde se ha logrado y se puede privilegiar la atención tanto en la “subsistencia, como el bienestar y el desarrollo integral” de la vida humana en un mismo nivel (López et, al., 2015:09). Es decir, la economía de los cuidados conforma un escenario de investigación que puede llegar a constituir un ejemplo de cómo traducir el significado “real de lo económico”. De hecho, algunos trabajos comienzan a reconocer las lógicas que participan en la provisión de cuidados en los espacios domésticos, los mercados, el Estado y las organizaciones sin fines de lucro. En ese sentido, algunas autoras catalogan al tema como el diamante del cuidado (López et, al., 2015).
Antes de profundizar más sobre el abordaje de la economía de los cuidados desde el sustantivismo, se hace necesario mencionar que la mirada sustantiva de la economía de los cuidados aún no es del todo dominante debido, en parte, a la tradición del feminismo anglosajón, la cual antepone objetivos operativos al estudio de tema. Como por ejemplo: 1) el considerar como objetivo final de los cuidados el establecimiento de regímenes de bienestar equitativos y de igualdad de condiciones entre los géneros y las generaciones, además de traducirse como un derecho social; 2) el señalar las tensiones que producen los cuidados en la dinámica cotidiana de los hogares y elementos que perpetúan la violencia de género y 3) el tener en cuenta que los cuidados no siempre resultan positivos, gratificantes y constructivos, es decir, tienen un carácter ambivalente (Pérez, 2006; Minteguiaga y Ubasart, 2014;Pautassi, Arcidiácono y Straschnoy, 2014; Villamedina, 2014). En el siguiente apartado se presentan las genealogías del conocimiento detrás de una categoría de reciente creación que, a pesar de su trascendencia en las últimas décadas, todavía requiere ampliar su mirada.
Economía del cuidado: una categoría en construcción
Las rutas teórico-conceptuales seguidas para observar y analizar las prácticas de cuidado responden y parten, en mayor medida, de los esquemas proporcionados por la teoría económica neoclásica. A pesar de ser la teoría feminista y la perspectiva de género, traducidas en la economía política feminista, los cuerpos de conocimiento que en mayor medida han aportado la construcción y el análisis de esta temática (Rodríguez, 2005,2007 y 2015), no se ha dejado atrás la estigmatización del uso de tiempo y la unilateralización al individuo respecto al trabajo (Boltvinik, 2005). Esto se puede notar, muy a pesar del alto grado de reflexión ycarácter crítico, en la conceptualización del trabajo no remunerado, ya sea el trabajo doméstico y/o el trabajo de cuidado (Gómez, 2008; Budlender y Brathaug, 2008; Carrasco et, al., 2011).
Si bien se rescata cómo el feminismo se ha esforzado en demostrar el papel central de estos trabajos en la reproducción social que han corrido a cargo de las mujeres (Pérez, 2004, 2012), ésta teoría aún no ha logrado desnaturalizar los imaginarios sobre el trabajo asalariado que siguen siendo hegemónicos. Lo que ha ocasionado la invisibilización de todas las formas de trabajo que no son asalariadas (Collin, 2014).
La economía de los cuidados se ha alejado de una comprensión del significado “real” de lo económico y a su vez de su carácter sustantivo. Ocasionado, hasta el momento, no más que la perpetuación y “la separación de lo económico con lo social” (Boltvinik, 2013). Ejemplo de ello son las repetidas reflexiones en el discurso feminista sobre la valoración monetaria del trabajo doméstico y el trabajo de cuidado por parte del Estado (Gómez, 2008; Budlender y Brathaug, 2008). El reclamo de pago por los cuidados, o de la existencia de instituciones públicas que se hagan cargo de los mismos, soslaya la valoración cultural de estos trabajos, donde opera más la reciprocidad que el intercambio, tanto en la conciliación familia y trabajo cómo en la revaloración de los imaginarios que orientan a las subjetividades y por consecuente a la construcción de las identidades de género.
Desde una perspectiva sustantiva de la economía se requiere revisar la “división social y técnica del trabajo” (Boltvinik, 2005) para desmitificar la tendencia a considerar como trabajo sólo aquel que es remunerado. Pensar concretamente en las necesidades humanas, y claro, en las prácticas de cuidado como el proceso que media su atención. Uno de los obstáculos que representaría este reto metodológico es dar un paso más al ya difundido en cuanto a las diferencias de género y clase que acompañan el uso del tiempo (García y Pacheco, 2014). Si bien se ha señalado acertadamente cómo en su mayoría el uso de tiempo se acompaña de la desigualdad social y de género, poco se ha ocupado en mostrar cómo éste, en especial en zonas urbanas y sociedades de mercado, se ha centrado y reducido a realizar actividades para acceder y/o adquirir a través de un intercambio monetario los objetos y bienes para atender las necesidades. Si bien las diversas investigaciones sobre la temática son por si mismas un gran aporte, poco han observado que gran parte de la persistencia de estas problemáticas en la centralidad y distinción entre lo remunerado y no remunerado, es por sí misma la percepción cultural de lo que se define como trabajo (Collin, 2014).
Antes de entrar en detalle sobre cómo establecer una metodología para el abordaje de “las actividades que se realizan y las relaciones que se entablan para satisfacer las necesidades materiales y emocionales de niños y adultos dependientes” (Daly y Lewis, 2000, citados en Esquivel, 2011:13). Lo cual hasta el momento se entiende como el “conjunto de trabajos y actividades que regeneran cotidiana y generacionalmente el bienestar físico y emocional de las personas” (Coello y Pérez, 2013:21). Cabría establecer algunos antecedentes que han llevado a la economía de los cuidados y el cuidado, propiamente ejes de reflexión y discusión, como parte de una agenda política y ahora expresión sustantiva de la economía en tanto un ejemplo de entender mejor los procesos de desarrollo en las regiones, a nivel local y global.
Como tal, la economía de los cuidados obedece a una serie de exploraciones desde diversas disciplinas, si bien destaca la teoría feminista y el enfoque de género. Estas orientaciones teoréticas desde hace más de veinte años se han posicionado como eje de discusión y representan un papel central en los estudios de Ciencias Sociales. En especial por la discusión del trabajo no remunerado, el trabajo doméstico, el trabajo reproductivo y ahora la atención en el trabajo de cuidado (Esquivel, 2011). No por ello deben descartarse otros antecedentes teóricos y conceptuales arropados en cuerpos de conocimiento como la antropología, la sociología y la economía.
Por ejemplo habría que señalar cómo, desde la antropología social, las investigaciones sobre estrategias y pautas culturales de reproducción social, así como las redes de parentesco, son pasible de ser destacados como antecedentes de la economía de los cuidados. En especial los debates detrás del trabajo reproductivo y sus diferencias con el trabajo productivo, construidas por los modelos ideológicos y económicos dominantes desde el siglo XIX y XX, como el capitalismo y la modernidad (Harris, 2004).
Por parte de la sociología destacan los estudios sobre estrategias de reproducción social (Bourdieu, 2011), redes mundiales de cuidado (Pedone, 2006), maternidad a distancia (Parella, 2007), conciliación de trabajo y familia, trabajo y derechos laborales (Arriagada y Aranda, 2004), regímenes de bienestar y políticas sociales (Esping- Andersen, 1990; Arriagada, 2007), estrategias de supervivencia (Arteaga, 2007;Montoya, 2017); que en común señalan, de manera indirecta, cómo la reproducción social no solo obedece a lógicas de mercado.
Asimismo las propias ciencias económicas, independientemente de su lógica orientación, incluyen el tema de los cuidados en investigaciones sobre la canasta básica (Coniglio, 2003), los productos básicos y bienes y servicios (Juárez, 2010), pobreza y desigualdad social (Ariza y Oliveira, 2007;Boltvinik, 2005), disminución de las remuneraciones reales y precarización del empleo asalariado (Solís, 2002); además de subrayar una mirada detallada sobre el deterioro de las condiciones de vida de los hogares, expresan dificultades metodológicas para entender la reproducción social, que supondría vislumbrar el aporte de una mirada ampliada de la economía sustantiva y el paso a la economía del cuidado.
En lo que respecta al feminismo no cabe duda que se le debe reconocer que ha sido la teoría que más ha expuesto la temática de los cuidados y abierto líneas de investigación. Sus aportaciones han permitido trazar los vacíos y tareas por afrontar, propiamente, desde la economía de los cuidados. Algunas de las primeras exploraciones se dieron en temas como: la dominación/sumisión entre géneros y generaciones, el trabajo doméstico, los hogares con jefatura femenina (Acosta, 1995,González, 1999), la maternidad/ paternidad como construcciones histórico- sociales (Palomar, 2005), que en conjunto exponen una crítica entorno a la orientación de estos esquemas familistas y maternalistas del cuidado (Flores y Tena, 2014).
El trabajo de las feministas logró visualizar a la economía de los cuidados y el papel de las mujeres en los mismos, sin aun traducirse en prácticas y modelos culturales renovados, por centrar su atención en el papel que las mujeres han representado a lo largo de toda la historia de la humanidad en la atención desde las necesidades humanas y el cuidado. Este hecho, incluso, ha trascendido en la manera en que las Ciencias Sociales tratan de abordar e interpretar la realidad.
Con el paso del tiempo, el trabajo intermulti y transdisciplinario ha enriquecido a la teoría feminista, permitiendo a las Ciencias Sociales delinear la temática de los estudios de género. A partir de estas exploraciones se han situado investigaciones que han desembocado desde hace al menos dos décadas, en lo que hoy día se viene proponiendo como economía de los cuidados. Asimismo cabe mencionar que la economía, como disciplina, ha trascendido y expresado la apertura hacia una mirada sustantiva que se ha expresado en el primer apartado. Esto ha permitido que una temática como esta, que trata de pensar desde y hacia el cuidado, se arrope desde diversas disciplinas y enfoques.
En consecuencia, más allá de establecer una suerte de resumen histórico, estos antecedentes permiten acotar los límites y las posibilidades de la economía de los cuidados como categoría. De esta manera toda esta serie de trabajos no solo han generado información sobre el trabajo de cuidado, con sus indudables críticas, sino que también permiten dar cuenta, principalmente, sobre cuáles son las estrategias para la generación de nuevos modelos teoréticos de la economía de los cuidados. Esto con el ánimo de no solo trascender, sino ofrecer rutas alternativas y centradas en una versión sustantiva de la economía necesaria para la confusa actualidad.
Economía del cuidado y necesidades humanas
Construir el sentido sustantivo detrás de la economía de los cuidados implica “reconsiderar la Teoría de las Necesidades Humanas” (Collin, 2012). Postura teórica que no se limita a pensar en las llamadas necesidades básicas que las constriñe a observar la obtención de bienes materiales a través del intercambio. Esta teoría fue propuesta por Manfred Max-Neef en colaboración de Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn (1986). Su objetivo fue establecer un método de medición cualitativo que se diferenciara de la forma convencional de evaluar el mundo que se ha reducido en la medición del PIB.
La justificación recae en el hecho indiscutible a saber que todas las personas tienen necesidades humanas “múltiples e interdependientes” (Max-Neef, Elizalde y Hopenhayn, 1986) y que su atención ha sido y es parte del sentido de nuestras vidas, así como la orientación de sociedades enteras en cuanto su organización, sus modos y tipos de relación y producción. Sin embargo, para algunos seres humanos atender sus necesidades se ha vuelto un reto. En especial por la complejidad detrás que esta tarea representa, la cual se establece a partir de una serie de requerimientos establecidos en objetos y relaciones. Estos requisitos se intensifican y cobran diversos significados en relación con la complejidad territorial de los escenarios geográficos donde convergen múltiples factores culturales, sociales, económicos y políticos. De esta forma se entiende cómo el cuidado es la práctica que ha persistido y ha acompañado a la humanidad en la atención de sus necesidades.
El cuidado, entonces, es entendido desde la visión sustantiva como una necesidad y, a su vez, la noción universal del cuidado mismo de la vida humana, para su reproducción. “Una coalescencia indisoluble [entre] una realidad material-natural desnuda con alguna relación socialmente postulada y regulada de los sujetos activos con aquella realidad y entre ellos” (Márkus, 2007:180). Se entiende entonces su papel central con respecto a las otras necesidades. Las cuales se pueden clasificar en cuatro subgrupos: a) necesidades de sobrevivencia; b) necesidades de crecimiento; c) necesidades emocionales y de estima; y d) necesidades cognitivas (Max- Neef, 1993; Collin, 2015).
Su atención demanda de una serie de elementos. ara identificar cuáles son estos elementos, es necesario entender la diferencia entre las necesidades y sus satisfactores (Max-Neef, 1993). En esa tarea se crean dos maneras de identificarlos. Una, la tradicional proveniente de la visión de la economía neoclásica, donde los satisfactorios se reconocen como bienes y servicios. La otra, la alternativa o no hegemónica, se articula desde una visión de la economía sustantiva donde se reconocen a estos satisfactores como objetos y relaciones. Por ejemplo, las necesidades de sobrevivencia se atienden con objetos y relaciones que permiten la alimentación, el refugio y la seguridad. Las necesidades de crecimiento se atienden con objetos y relaciones que permiten los logros, la autorrealización y la trascendencia. Las necesidades emocionales y de estima, se atienden como objetos y relaciones que permiten el brindar y recibir afecto, amor y/o establecer relaciones de amistad. Por último, las necesidades cognitivas se atienden con objetos y relaciones que permiten el saber, el entender y el conocer.
En este sentido, el cuidado no es una relación ínterpersonal (Esquivel, 2011) sino interdependiente y asimétrica donde los dos agentes; el sujeto que brinda los cuidados y quien los recibe. No es estricto sino diferenciado. Es decir, cuando se piensa al cuidado desde la teoría de las necesidades humanas y una visión sustantiva de la economía, quienes brindan y quienes reciben intercambian la posición de ser quién da y quién recibe. De este modo, por ejemplo, quien atiende una necesidad puede ver atendida la misma u otra de sus necesidades. Imaginemos, por ejemplo, la sonrisa de una niña en muestra de agradecimiento por el alimento brindado por su padre. El sujeto atiende la necesidad de sobre vivencia y ve atendida su necesidad emocional y de estima.
Asimismo, desde esta lectura se debe señalar cómo la localización territorial de los objetos y las relaciones que permiten atender las necesidades humanas, articulan una suerte de organización social del cuidado (López Elsa et al., 2015). En consecuencia, la obtención o creación de objetos y el fomento u obtención de relaciones, se localizan en lógicas de integración y son posibles por el empleo, articulación y la conjunción de los mecanismos de integración.
Por lo que respecta a las lógicas y su relación con el cuidado, éstas se entienden entonces como los agregados de las formas respectivas de conducta individual que legitiman la localización de los objetos y relaciones que permiten atender las necesidades humanas (Polanyi, 2001:194). Polanyi propone la existencia de tres formas de articulación que se traducen a la economía de los cuidados como: a) la lógica del mercado: donde los cuidados son un servicio y a la vez producto que se adquiere a través de un ejercicio de oferta y demanda; b) la lógica del Estado, donde se transfieren los cuidados al sector público como parte de derechos y ciudadanía y c) la lógica social y doméstica: donde los cuidados mayormente se resuelven en contextos de identidad colectiva y solidaridad, y se observan en los hogares, redes de parentesco etc.
Arribar aestaslógicases posible, a partir de emplear las formas de integración. Lo cual desde la economía de los cuidados se define como las interrelaciones personales de carácter interdependiente que posibilitan la compra, obtención o recepción de objetos y relaciones a partir de diversas estrategias, acciones y trabajos de producción, reproducción y/o distribución entre espacios privados, públicos y/o domésticos. Nuevamente encontramos tres formas de integración: i) la reciprocidad, “la cual supone movimientos entre puntos correlativos de agrupaciones simétricas” que posibilitan las estrategias, acciones o tareas que se resuelven en contextos de identidad colectiva y solidaridad. ii) la forma redistributiva, “que consiste en movimientos de apropiaciones en dirección a un centro primero y, posteriormente, desde este centro hacia fuera otra vez”, constituyendo así las estrategias, acciones o tareas las cuales a través de regímenes de bienestar permiten el acceso a prestaciones o programas de asistencia social y iii) la de intercambio y beneficio mercantil que considera a los movimientos recíprocos como “los que realizan los sujetos en un sistema de mercado” de tal modo que parte de un ejercicio de oferta y demanda (Polanyi, 2014c).

Identificar cada forma de integración y las lógicas a las que pretenden arribar, permite entender la complejidad detrás del cuidado. En el siguiente “Cuadro 1. Economía del cuidado y necesidades: una mirada sustantiva”, se aspira a desarrollar una síntesis de esta propuesta teórica conceptual respecto al cuidado.
En suma, enmarcar cada uno de los mecanismos de integración, y las lógicas donde se localizan los objetos y relaciones, permite establecer bases teóricas y metodológicas de la categoría de la economía de los cuidados. De este modo, es un tanto posible analizar y comprender cómo se atienden en gran medida las necesidades humanas, en razón de diferentes contextos sociales y/o culturales. Propiciando una mirada crítica desde y hacia los cuidados bajo los siguientes escenarios de discusión, que si bien otros trabajos ya han delimitado al respecto, hace falta profundizar en lo siguiente: 1) identificar la dimensión material (tareas tangibles) e inmaterial (relativo al bienestar emocional) de los cuidados y cómo estas se interrelacionan con las formas y las lógicas de integración; 2) comprender y exponer las condiciones y en tanto las posibles consecuencias en un futuro inmediato, ante el hecho que señala cómo la corresponsabilidad de los cuidados, sea por parte de las familias o el estado en las economías globalizadas, en este momento, se encuentra regulado por los mercados; y 3) fomentar la estructuración metodológica.
Reflexiones finales
La economía de los cuidados como una categoría explicativa, analítica y reflexiva, visibiliza y conceptualiza a los cuidados como actividades productivas, reproductivas y distributivas de la vida humana que hasta el momento son ocultadas en los métodos tradicionales, en especial de la ciencia económica neoliberal, por ser actividades no mercantilizadas. De este modo se señala la importancia de los cuidados para la reproducción social. Para continuar fortaleciendo a esta categoría es necesario perpetuar la visión sustantiva de la economía que se define como el “proceso instituido de interacción entre el hombre y su entorno, cuyo resultado es un continuo abastecimiento de medios materiales e [inmateriales para atender] las necesidades” (Polanyi, 2014a:14). El tema de cómo proporcionar los cuidados cobra relevancia en todas las sociedades, pues responde a una necesidad humana y las necesidades humanas son universales. Esto evidencia como no habrá una sola forma de atender las necesidades de cuidado y por consecuencia entender que “en la sociedad humana no hay un único determinante. Las garantías institucionales de la libertad personal son compatibles con cualquier sistema económico […] Quien es un liberal económico está ciego respecto a este hecho” (Polanyi, 2014e:340).
Bibliografía
Acosta F. 1995 “Participación femenina, estrategias familiares de vida y jefatura femenina de hogar: los problemas de la jefatura declarada”, en Estudios Demográficos y Urbanos, 30, 545-568.
Ariza M. y Oliveira O. 2007 “Familia, pobreza y desigualdad social en América Latina: una mirada comparativa”, en Estudios Demográficos y Urbanos, 22(1), 9-42.
Arteaga C. 2007 “Pobreza y estrategias familiares. Debates y reflexiones”, en Revista MAD, 17, 144-164.
Arriagada I. 2007 “Transformaciones familiares y políticas de bienestar en América Latina”, en Irma Arriagada (coord.) Familias y políticas públicas en América Latina: Una historia de desencuentros. Chile CEPAL/Fondo de Población de las Naciones Unidas.
Arriagada I. y Aranda V., (comp.). 2004 Cambio de las familias en el marco de las transformaciones globales: necesidad de políticas públicas eficaces. Santiago: ONU/CEPAL/ Fondo de Población de las Naciones Unidas.
Boltvinik J. 2005 Ampliar la mirada. Un nuevo enfoque de la pobreza y el florecimiento humano. (Tesis nivel doctoral) México: CIESAS, Guadalajara.
2013 “Para reformar la reforma social neoliberal (que ha fracasado) y fundar un auténtico Estado de Bienestar en México”, en Estado y comunes. Revista de políticas y problemas públicos. 1. 59-94.
Bourdieu, P. 2011 Las Estrategias de la Reproducción social. Buenos Aires: Siglo XXI. Budlender D. y Brathaug A.
2008 “Cómo valorar el trabajo no remunerado”, en Organización Panamericana de la Salud (edit), La Economía Invisible y las desigualdades mundialización del trabajo reproductivo. El caso español”, en Revista de Economía Crítica, 7, 74- 94
Chayanov, A. 1974 La organización de la unidad económica campesina. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión.
Coello R. y Pérez A. 2013 Cómo trabajar la economía de los cuidados en la cooperación para el desarrollo. Sevilla, España: Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo.
Collin, L. 2012 “El buen vivir como lógica y cambio de paradigma”, en Alter. III (6). 11- 31.
2013 Economía solidaria: local y diversa. México: El Colegio de Tlaxcala/CAEA.
Coniglio A. 2003 “Informe sobre la canasta básica de alimentos. En la ciudad de Rosario y algunas localidades cercanas”, en Invenio, 6(10), 59-63.
Coraggio, J.L. 2013 “La presencia de la Economía Social y Solidaria y su institucionalización en América Latina”, en Umbrales, 26, 83-114.
2011 Economía Social y Solidaria. El trabajo antes que el capital. Quito: ABYA-YALA y FLACSO, Ecuador.
2012 “Karl Polanyi y la otra economía en América Latina”, en Textos escogidos. Karl Polanyi. Clacso (edits.). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO.
(s/f) Para pensar las nuevas economías: conceptos y experiencias en América Latina. Trabajo presentado en el proyecto Democracias en Revolución, Revoluciones en Democracia del Instituto de Altos Estudios Nacionales. Ecuador.
Esping-Andersen, G. 1990 The Three Worlds of Welfare Capitalism. New Jersey: Princeton University Press.
Esquivel V. 2011 La Economía del Cuidado en América Latina: poniendo a los cuidados en el centro de la agenda. Panamá: PNUD.
Faur, E. 2009 Organización social del cuidado infantil en la ciudad de Buenos Aires: el rol de las instituciones públicas y privadas, 2005 – 2008. (Tesis de Doctorado) Buenos Aires, Argentina: FLACSO.
Fernández R. 2008 “Desarrollo regional-local y nueva colonealidad del poder”, en Raúl Jiménez (coord.) El Desarrollo hoy en América Latina. México: El Colegio de Tlaxcala, A.C.
Findiling L. y López E. (coords.) 2015 De Cuidados y Cuidadoras. Acciones Públicas y Privadas. Buenos Aires: Editorial, Biblos.
Flores R. y Tena O. 2014 “Maternalismo y discursos feministas latinoamericanos sobre el trabajo de cuidados: un tejido en tensión”, en Íconos. Revista de Ciencias Sociales, 50, (18), 27-42.
García B. y Pacheco E. (coords.) 2014 Uso del tiempo y trabajo no remunerado en México. México: El Colegio de México, ONU-Mujeres, Inmujeres
Godelier M. 1976 Antropología y Economía. Barcelona, España: Anagrama.
Gómez E. 2008 “La valoración del trabajo no remunerado: una estrategia clave para la política de igualdad de género”, en Organización Panamericana de la Salud (edit.) La Economía Invisible y las desigualdades de género. La importancia de medir y valorar el trabajo no remunerado. Estados Unidos: OPS.
Gonzalez M. 1999 Divergencias del modelo tradicional: Hogares de jefatura femenina en América Latina. México: CIESAS
Harris M. 2004 Teorías sobre la cultura en la era posmoderna. Barcelona, España: Editorial Crítica.
Juarez L. 2010 “Poder monopólico alimentario y deterioro salarial”, en Revista Trabajadores, 77, 29-32.
Lévi-Strauss, C. 1956 “La familia”, en Claude Lévi- Strauss, C., Spiro, M. y Gough, K., (edits) Polémica sobre el Origen y la Universalidad de la Familia. Barcelona: Anagrama.
Márkus G. 2007 “Sobre la posibilidad de una teoría crítica”, en Desacatos, 23, 179-200.
Martín M. 2008 El care un debate abierto: de las políticas de tiempos al social care, Disponible en: http://www.upo.es/congresos/export/sites/congresos/economiafeminista/documentos/Area2/Maria_Teresa_Martin_Palomo.pdf
Max-Neef M., y Smith P. 2011 La economía desenmascarada. Del poder y la codicia a la compasión y el bien común. Buenos Aires: Icaria, Editorial.
Max-Neef M., A. Elizalde y M. Hopenhayn 1986 Desarrollo a escala humana: una opción para el futuro. Santiago: Biblioteca CF+S
Minteguiaga A. y Ubasart G. 2014 “Menos mercado, igual familia. Bienestar y cuidados en el Ecuador de la Revolución Ciudadana”, en Íconos. Revista de Ciencias Sociales, 50, (18), 77-96
Montoya M. 2017 Los hogares en la crisis: trabajo y condiciones de vida en México, 2008- 2010. Ciudad de México UNAM/II/CEPAL
Ornelas J. 2014 “Reflexiones sobre la teoría del Desarrollo”, en Jaime Ornelas, Hernández C. y Castillo I. (coords.) El Desarrollo. Crítica a las concepciones dominantes. Tlaxcala, México: Universidad Autónoma de Tlaxcala- Ediciones “E y C”
Pautassi L. 2010 “Cuidado y derechos: La nueva cuestión social», en Sonia Montaño y Calderón M, Coral (coord.)El cuidado en acción. Entre el derecho y el trabajo. Argentina: CEPAL, UNIFEM, AECID.
Pautassi L., Ardcidiácono y Straschnoy 2014 “Condicionando el cuidado. La Asignación Universal por hijo para la protección en Argentina”, en Íconos. Revista de Ciencias Sociales. 50(18).
Palomar V. 2005 “Maternidad: Historia y Cultura”, en La Ventana. Revista de estudios de género. 22, 35-67.
Parella, S. 2007 “Los vínculos afectivos y de cuidados en las Familias Transnacionales Migrantes ecuatorianas y peruanas en España”, en Migraciones Internacionales. 4(2), 151-188.
Pedone, C. 2006 “Los cambios familiares y educativos en los actuales contextos migratorios ecuatorianos: una perspectiva transatlántica”, en Athena Digital. 10, 154-172.
Pérez, A. 2004 “Estrategias feministas de deconstrucción del objeto de estudio de la economía”, en Foro Interno, 4, 87–117.
2012 “Crisis multidimensional y sostenible de la vida”, en Investigaciones feministas. 1, 29-53.
Polanyi, K. 2014a. “Nuevas consideraciones sobre nuestra teoría y nuestra práctica”, en Karl Polanyi Los límites del mercado. Reflexiones sobre economía, antropología y democracia. Madrid: Capitán Swing.
2014b. “Intercambio sin mercado en tiempos de Hammurabi”, en Karl Polanyi Los límites del mercado. Reflexiones sobre economía, antropología y democracia. Madrid: Capitán Swing.
2014c. “La economía como actividad institucionalizada”, en Karl Polanyi Los límites del mercado. Reflexiones sobre economía, antropología y democracia. Madrid: Capitán Swing.
2014d. “La redistribución: la esfera del Estado en el Dahomey del siglo XVIII”, en Karl Polanyi Los límites del mercado. Reflexiones sobre economía, antropología y democracia. Madrid: Capitán Swing.
2014e. “Nuestra obsoleta mentalidad de mercado”, en Karl Polanyi Los límites del mercado. Reflexiones sobre economía, antropología y democracia. Madrid: Capitán Swing.
Rendón T. 2003 Trabajo de hombres y trabajo de mujeres en el México del siglo XX. México: PUEG/CRIM/UNAM
Rodríguez, C. 2005 Economía del cuidado y política económica: Una aproximación a sus interrelaciones, Santiago de Chile: CEPAL.
2007 “Economía del cuidado, equidad de género y nuevo orden económico internacional”, en Del sur hacia el norte: Economía política del orden internacional emergente. Buenos Aires: CLACSO
2015 “Economía feminista y economía del cuidado”, en Nueva Sociedad. 256. 30-44.
Sader E. 2008 “La crisis hegemónica en América Latina”, en Raúl Jiménez, et. al., (coords.) El Desarrollo hoy en América Latina. Tlaxcala: El Colegio de Tlaxcala, A.C.
Solís A. 2002 El movimiento sindical pintado de magenta: Productividad, sexismo y neocorporativismo. México: Ítaca. Touraine, A.
1994 Crítica de la modernidad (Primera reimpresión). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica de Argentina, S.A.
Villamediana V. 2014 “Representaciones del cuidado infantil como problema de políticas públicas en el Estado ecuatoriano: ambivalencias y cambios potenciales”, en Íconos. Revista de Ciencias Sociales, 50(18), 97-110
Von Hayek. 1944 Camino de servidumbre. España: Unión Editorial.
Wanderley F. 2015 Desafíos teóricos y políticos de la economía social y solidaria. Lecturas desde América Latina. La Paz: CIDES-UMSA.
Wanderley, F.; F. Sostres e I. Farah 2015 “Antecedentes, procesos y características de la experiencia boliviana”, en Fernanda Wanderley (coord.) La economía solidaría en la economía plural. Discursos, prácticas y resultados en Bolivia. La Paz, Bolivia: CIDES-UMSA.