EL IMPACTO MODERNIDAD EN UNA FAMILIA TSOTSIL DE LOS ALTOS DE CHIAPAS: UN ANÁLISIS DESDE LA LÓGICA CAMPESINA
EL IMPACTO MODERNIDAD EN UNA FAMILIA TSOTSIL DE LOS ALTOS DE CHIAPAS: UN ANÁLISIS DESDE LA LÓGICA CAMPESINA
Scripta Ethnologica, vol. XXXIX, pp. 131-142, 2017
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Resumen:
Hoy en día, un 60% de la población en Chiapas sigue viviendo en el medio rural. En la zona de Los Altos, la población— en su mayoría indígena tsotsil y tseltal—, reproducen la lógica campesina y el sistema de milpa. Sin embargo, al estar inmersos en un sistema neoliberal y capitalista, que los empobrece cada vez más y cuando la milpa ya no es suficiente para subsistir, es necesario optar por una estrategia de pluriactividad— mezclar trabajo asalariado con el trabajo en el campo de autoconsumo— como adaptación a un sistema de consumidores. Partiendo desde la lógica campesina se analiza cómo el tener una milpa, árboles y animales para el autoconsumo, brinda una salida de auxilio al sistema en el que se ven inmersos. Ya que si se dependiera solamente del trabajo asalariado se verían más afectados y empobrecidos, porque de la milpa no se saca dinero, pero sí comida.
Abstract: Today, 60% of the population in Chiapas continues living in rural areas. In the Highlands of Chi- apas, the population—mostly Tsotsil and Tseltal indigenous people—maintain a farmer logic and a milpa system. However, being immersed in a neoliberal and capitalist system, which impoverishes them more and more, and when the milpa is no longer enough to survive, it is necessary to opt for a strategy of pluriactivity— mixing wage labor with work in the farm for self-consumption— as an adaptation to the system of consumerism. On the basis of the farmer´s logic, it is analyzed how having a milpa, trees and animals for self-consumption, provides a way out of the system in which they are immersed. In conclusion, if they depended only on wage labor, they would be more affected and impoverished, because from the milpa you may not earn money, but you get the food you need.
Keywords: pluriactiviy, farmer’s logic, milpa sysyem, tsotsiles, Highlands of Chiapas, neoliberalism, capitalism.
Antecedentes
Antonio se levanta de lunes a sábado, a las 5 de la mañana, para llegar a su trabajo en la cabecera del municipio de Huixtán, en Los Altos de Chiapas. Lleva casi tres años trabajando de chofer en el ayuntamiento, donde recibe un sueldo insignificante pero que es necesario para los gastos para mantener su familia. Viven en tierra ejidal y en total tienen tres pequeños terrenos para cultivar. Tienen una milpa (1), donde cultivan maíz, calabaza, algunos chiles, frijoles, y donde también crecen diversas plantas que utilizan para remedios curativos como la malva. A pesar de tener milpa, algunos animales pequeños como pollos, cerdos y chivos y diversos árboles frutales; la familia de Antonio se ve inmersa en un sistema que requiere de dinero para muchos de los gastos. Donde cada vez más es necesario del dinero para subsistir, no solamente por los productos de cocina, de limpieza y de siembra que son necesarios comprar, sino porque el sustento principal de la familia, la milpa, ya no es suficiente. En el presente ensayo analizaré la situación de una familia campesina pluriactiva de Los Altos Chiapas, con los cuales tuve la oportunidad de hacer trabajo de campo. Los datos aquí mencionados se recopilaron en el periodo del mes de junio a julio y posteriormente del 27 de septiembre al 3 de octubre del 2016.
El campo en Los Altos de Chiapas
Chiapas es de los Estados con mayor población indígena en el país, donde 27.9% es hablante de una lengua indígena (INEGI 2016). Hoy en día, más de 60% de la población sigue viviendo en el medio rural (García, 2014), sin que las condiciones de producción hayan variado significativamente. La proporción de mano de obra no remunerada evidencia el escaso desarrollo del sector agropecuario: en el 2000, de poco más de 570 mil personas ocupadas en las actividades agropecuarias, silvícolas y pesqueras, 40.6% no recibió ingresos y 43.2% obtuvo menos de un salario mínimo. Asimismo un 83.8% de la población ocupada se encontraba en condiciones de extrema pobreza (García, 2014). De acuerdo con los datos de la CONEVAL (2014), actualmente, en Chiapas, 76.2% se encuentran en situación de pobreza y 31.8% en pobreza extrema (2).
De la tierra en Chiapas, 58% se encuentra en manos de ejidos y comunidades (García, 2014), considerada como propiedad social. De acuerdo con García y Villafuerte (2014:261) la minifundización—tierra de tamaño reducido—es una característica de la propiedad social: 63.4% de los ejidatarios en la entidad poseen menos de diez hectáreas, es decir que se presenta reducida disponibilidad de tierra para los ejidatarios y comuneros. Aunando con esto, el fraccionamiento de la tierra, donde de un universo de sujetos con derecho a tierra parcelada, 45% tiene una parcela, 20% tiene dos, 11.3% cuenta con tres. El promedio de este último estrato es de 6.3 parcelas por ejidatario, parcelas que en regiones como en Los Altos, suman una o dos hectáreas, cuando mucho.
Los habitantes de los Altos de Chiapas son, mayoritariamente, indígenas hablantes de tzotzil y tzeltal (Collier, 1976). Los municipios indios de la región rodean la sede administrativa colonial, San Cristóbal de las Casas, una ciudad mestiza. Los Altos permanecieron “aislados” del resto de México hasta 1950, cuando se extendió la carretera Panamericana desde Tuxtla Gutiérrez hasta San Cristóbal (Holland, 1963). Actualmente, existen 28 municipios de habla tzotzil.
Durante su investigación, William Holland consideraba a los tzotziles como “uno de los grupos menos aculturados y menos asimilados de México” (Holland, 1963:6). Pozas (2012 (1954):22 afirmaba que el contacto entre indígenas y mestizos en Los Altos, ha traído como consecuencia una actitud de resistencia al no aceptar influencias extrañas al grupo. Por el contrario, Collier (1976:32) percibe a la tradición tzotzil como un proceso en marcha, vital y dinámico, que es sensible a las influencias e información externa, por lo tanto, rechaza la explicación de que se mantienen las tradiciones mesoamericanas debido al aislamiento de los pueblos. Afirma que las formas de vida indígena incluyen cosas tan occidentales como no occidentales (Collier, 1976:157). Coincido con Collier al pensar las tradiciones como dinámicas y activas, ya que, los pueblos indígenas no permanecen estáticos. Más bien su situación marginal ante un sistema hegemónico ha provocado una adaptación en la cual los indígenas, al estar en posición de desventaja, adecuan su cultura a la periferia del sistema mayor. Una de las cosas que ha perdurado en Los Altos de Chiapas es el sistema de la milpa y la lógica campesina de autoconsumo que rige a la población, en su mayoría indígena.
Economía campesina
En su obra fundamental, Chayanov (1966), planteó ideas que resultan esenciales para entender el análisis en curso. De acuerdo con este autor, la economía campesina constituye una forma de producción no capitalista, en la que no es posible determinar la retribución de los factores: capital, trabajo y tierra (Bartra, 1976). En palabras de Bartra (1976:50) “No existe allí ganancia, salario ni renta”; los campesinos constituyen un modo de producción que, aunque subordinado en mayor o menor grado al sistema capitalista, no se rige bajo la misma lógica (Scalerandi, 2010). El paradigma dominante, el del capitalismo agrario, sostiene que el futuro de los campesinos se encuentra sujeto a su capacidad de transformarse en empresarios agrícolas capitalistas o en su transformación en proletarios (Scalerandi, 2010). La necia realidad, no ha confirmado hasta el momento la predicción de Roger Bartra, en cuanto a la extinción de los campesinos y su transformación en proletarios, por el contrario desde que el sistema capitalista, que se rige por la ganancia y la producción de mercancías, domina el planeta, el debate no ha cambiado: existen y co-existen dos modelos de desarrollo rural diferentes, el de la agricultura campesina o familiar y el modelo de agronegocios y agricultura industrial (Scalerandi, 2010:108). La persistencia de la lógica campesina, concede la razón, al otro Bartra, cuando documenta su empecinada persistencia: “Son cerca de tres mil millones de personas ocupadas directamente en la agricultura, que con su trabajo familiar, producen más del 70% de lo que comemos. Son las sociedades rurales nucleadas en torno a estos agricultores. Son los campesinos” (Bartra A., 2014: 17).
Los dos modelos, de acuerdo con Bartra R. (1976:55), se encuentran inmersos en una relación desigual la explotación del trabajo campesino por el capital, estas relaciones de explotación le imprimen una dinámica peculiar al campesinado: en condición subordinada. La esencia de estas relaciones se encuentra constituida por el intercambio desigual, que procede de una diferencia entre la magnitud de valor y el precio de las mercancías (Bartra R., 1976). Es decir, cuando el campesino vende su mercancía a un precio inferior al de su valor. Estos mecanismos de transferencia de valor, menciona Bartra, constituyen las “raíces más profundas de la imposibilidad estructural para la economía campesina de coexistir con el sistema capitalista sin tender a desaparecer y a arruinarse” (Bartra R., 1976:55). El argumento de Bartra solo se sostiene cuando se piensa la producción campesina, desde las categorías de la agricultura comercial, es decir en términos de mercancías. Olvida que, en buena medida, los campesinos no producen mercancías, sino bienes, producen para el autoconsumo, y al evitar el intercambio, no se produce la mencionada pérdida de valor. Los campesinos siguen existiendo, pues producen para su consumo.
El concepto básico que creó Chayanov (1966) para el análisis de la economía campesina remite al equilibrio de consumo- trabajo, es decir, el equilibrio entre la satisfacción de las necesidades familiares y la fatiga generada por trabajar (Bartra, 2014). De acuerdo con Chayanov la producción se detiene en el momento en que se establece un equilibrio entre la satisfacción y la fatiga, o como cuestiona Collin (2016) el esfuerzo que los campesinos invierten en la producción es proporcional a las necesidades de reproducción del grupo doméstico. En opinión de la autora, al colocar como sujeto al esfuerzo, se propicia la consideración de los campesinos como indolentes, cuando en realidad el sujeto de la frase que define la racionalidad del sistema debería ser que el fin que orienta la producción es la satisfacción de las necesidades del grupo doméstico, o la reproducción social. Esto, más adelante, lo veremos como uno de los principales argumentos al momento de defender la racionalidad en la lógica campesina.
Indiscutiblemente, los campesinos poseen, además de este modelo económico de agricultura, una cantidad de saberes tradicionales (Vallejo et al., 2011). Prácticas de resiliencia, diseñadas con cuidado para reducir los riesgos de una actividad que depende de condiciones climáticas incontrolables (Vallejo et al., 2011). A lo largo de los siglos, los campesinos han aprendido a enfrentarse a los imprevistos de la naturaleza. De acuerdo con (Vallejo et al., 2011: 73), los campesinos suelen depender para su subsistencia, también o simultáneamente de prácticas no agrícolas como la agroforestería, la caza, la pesca y el trabajo asalariado que complementan sus necesidades de consumo y cuyo éxito puede ser independiente del de sus cosechas. En su estudio de resiliencia entre campesinos tradicionales y agricultura empresarial en Campeche (Vallejo et al., 2011), demuestran que las consecuencias de los cambios entre el ser humano y su ambiente puede observarse en la estabilidad de los nuevos sistemas de producción. La estabilidad depende y puede medirse a través de su impacto en la adaptabilidad, sustentabilidad y/o vulnerabilidad de los agricultores; con lógica campesina y con lógica capitalista—de chile en la zona caliente de Calakmul. Dentro de sus conclusiones la más sobresaliente es que el sistema tradicional presenta mayor resiliencia, por su flexibilidad de producción, que en el de la agricultura empresarial (Vallejo et al., 2011).
Racionalidad de la economía campesina
Lo anterior, introduce en el debate sobre la racionalidad de la economía campesina y los saberes mismos de los campesinos. Desde la ortodoxia del paradigma moderno, científico y cartesiano se descalificó a las racionalidades otras por mostrar una dependencia, casi primitiva, con respecto a la naturaleza, que se opone a la modernidad. Supuestamente el hombre moderno necesitaría cada vez menos de aspectos como la biodiversidad y como el conocimiento local sobre el ambiente (Gonzáles-Jácome, 2003). El desarrollo de la ciencia y de la técnica, permitiría autonomizar a los seres humanos con respecto de la naturaleza, la naturaleza aparece en este esquema evolutivo como primitiva, salvaje, mientras la cultura, sin naturaleza, se identifica con la civilización (Ulloa, 2009). Sin embargo, la lógica supuestamente “primitiva” de pueblos campesinos e indígenas, tiene mucha más racionalidad en cuanto al cuidado del medio ambiente. Principalmente porque siguiendo el concepto de Chayanov, los campesinos no explotarán más de lo necesario para su subsistencia (Bartra, 1976). Asimismo, los factores ideológicos-simbólicos constituyen importantes referentes al actuar como reguladores del uso, manejo y explotación que las sociedades campesinas -en varias áreas de México- hacen con el ambiente en el que se encuentran inmersas (Gonzales-Jácome, 2003).
La racionalidad campesina se expresa plenamente en la comunidad de San Gregorio, donde el señor del monte, dueño del monte y del bosque, vigila que la gente no sea ambiciosa y que no talen más de lo normal o que no perturben las cuevas, las cuales están rellenas de oro. Oro que le pertenece a él. Una de las explicaciones de la gente cuando les preguntas por qué dudan de los investigadores extranjeros—aunque sean mexicanos—es que una vez, alguien llevó a un científico caxtlan, es decir mestizo, a la cueva del cerro sagrado de la comunidad y éste se llevó todo el oro del señor del monte (3). Siguiendo la idea de Gonzales-Jácome (2003), estos personajes colectivos son reguladores de la explotación y manejo del ambiente, la lógica campesina racional promueve la protección de estos espacios, simplemente porque otorgan lo necesario para vivir, el agua para beber, los animales para cazar, la tierra para sembrar y la leña para calentarse y construir.
Por consiguiente, cuando se introduce la lógica capitalista, los reguladores no bastan para la protección. A pesar de que exista el señor del monte, y que la familia de Antonio lo respete, hay mucha tala de árboles en los bosques de Huixtán, en el mayor de los casos clandestina. Según relatan, la gente puede vender los árboles de sus terrenos o simplemente grupos madereros entrar a cortar. El paisaje de la zona, tal como la perciben los sujetos, se ha transformado considerablemente en los últimos años, cada vez llueve menos y cada vez hay menos niebla. Esta falta de lluvia repercute directamente en la cosecha de la milpa, lo cual incide sobre su modo de vida. La gente está acostumbrada a recibir fuertes lluvias en los meses de junio y julio, éstas resultan esenciales para el buen crecimiento del maíz en la milpa. Sin embargo, este verano, las lluvias llegaron muy tarde y fueron pocas. Esto repercutió en la cosecha, la cual, me dijeron “será menor en tamaño” (4).
Ante los momentos de sequía y de falta de agua, los pobladores van a rezar a los cerros cercanos, prenden velas, ofrecen pox (5) y Coca Cola con la esperanza de que regrese la lluvia. La descripción confirma la dependencia con respecto de la naturaleza, y su regulación simbólica a través de lo sagrado. Esta relación ritualizada y sagrada con la naturaleza, contrasta con la racionalidad instrumental (Hinkelammert, 2008), propia de la modernidad, que ve en la naturaleza recursos a ser explotados, y de acuerdo con su lógica cuanto más, mejor. La lógica de la reproducción ampliada del capital, es la de producción de mercancías para su venta en el mercado, y su fin la generación de riqueza, por tanto, cuando más mercancías se lancen al mercado mayor será la ganancia, una producción siempre creciente sin considerar los límites de la naturaleza. Entonces, ¿podríamos dudar de la lógica capitalista, como una lógica racional? Analizando, no solamente los productos que surgen de ella que dañan al cuerpo, sino los medios en los que se obtienen. La tala intensificada e indiscriminada; la contaminación con agroquímicos; la explotación humana para producir productos que cuestan más de 10 veces su valor, y que el trabajador explotado sólo reciba centavos; y por supuesto la disputa por tierra y agua entre las transnacionales y los seres humanos.
Adaptación e inmersión en un sistema dominante
Así como se considera replantear la racionalidad de los modelos de producción, también se requiere re-valorizar los conocimientos campesinos. Desmontando el estereotipo de estancamiento y atraso que los caracteriza en el imaginario colectivo de mucha gente. Los conocimientos locales productivos de la comunidad campesina presentan un carácter funcional, sistemático e innovador, en cuyo proceso lo simbólico y lo ritual se encuentra presente de modo inherente (Días et al., 2009). Actualmente, de acuerdo con Días y compañía (2009:426), el campesino realiza un acoplamiento entre los saberes técnicos modernos y los tradicionales; experimentan no sólo cuando producen para el mercado, lo hacen en su producción para el autoconsumo y por mera curiosidad. En la cultura productiva campesina, existe innovación, creatividad y cambio. La innovación se hace desde los conocimientos tradicionales, por lo que no resultan opuestos. Concuerdo con los autores cuando dicen que “el cambio es necesario en la vida campesina” (Días et al., 2009: 426). No considero que el cambio signifique la desaparición de la economía campesina propuesta por Bartra, al contrario, se encontrarán herramientas para protegerlo y prolongarlo, mientras les resulte útil para su reproducción social. Una de estas herramientas puede ser la pluriactividad, como forma de adaptación.
De acuerdo con Collin (2016) el sistema de la milpa, es guiado por la finalidad de la producción que es: obtener los medios necesarios para la reproducción social o, en otros términos, para la satisfacción de las necesidades sociales de los integrantes del grupo doméstico. Sin embargo, qué pasa cuando esa finalidad de producción no es suficiente, si es imposible obtener los medios necesarios para la reproducción social, o la satisfacción de las necesidades del grupo. Creo que la solución que tienen los campesinos, fuera del sistema de reciprocidad y solidaridad comunal, es entrar en un modo pluriactivo de subsistencia. Regresando a la tesis de Chayanov, el campesino invertirá lo necesario para la satisfacción de sus necesidades -con respecto a la producción en el campo- resultando en tiempo de sobra para otras actividades: rituales, sociales, etc. (Collin, 2016). Hoy en día, el tiempo excedente no necesariamente se encuentra relacionado con el ocio o la ritualidad, sino con el trabajo asalariado. No porque las otras actividades fueran menos importantes, sino porque se encuentran inmersos en un sistema que obliga a tener dinero.
El campo sufrió un proceso de desagrarización, no tanto por la desaparición de la actividad agropecuaria, sino por el impresionante crecimiento de los ingresos no agrícolas en los hogares rurales (Grammont, 2006). Se produjo una nueva combinación de actividades agropecuarias con actividades no agropecuarias, esencialmente asalariadas, esto se le conoce como pluriactividad (Grammont, 2006). En el caso del presente ensayo, se refiere a la actividad asalariada, que, en conjunto con el campo proporciona lo necesario para que una familia pueda vivir. La pluriactividad es una estrategia de diversificación de las actividades del hogar para mejorar sus ingresos y, con ello, se supone que entre mayor diversificación mayor probabilidad de salir de la pobreza (Grammont, 2006). Sobre todo, porque, en diversas situaciones, la milpa no es suficiente y porque están sujetos a la necesidad de comprar productos de limpieza, cocina y siembra.
En la cocina de Araceli, esposa de Antonio, hay tres cosas que nunca van a faltar: sal, maíz y Coca Cola. A pesar de que mucha de su producción para autoconsumo sale de la milpa, de los animales y de los árboles frutales que se encuentran alrededor de su casa, también, hay productos que requieren comprar. Necesidades de consumidor, creadas por el capitalismo, de productos como la sal, el aceite, pan, la harina de MASECA, algunas verduras -por ejemplo, compran las papas de San Juan Chamula porque en San Gregorio no se dan-, y por supuesto la Coca Cola. De vez en cuando compran mole empaquetado y pasta para hacer sopas.
Los campesinos deben producir suficientes raciones calóricas para la subsistencia de la familia, igualmente, para cubrir las necesidades de siembra del año siguiente y la alimentación del ganado (Scalerandi, 2010). Si la milpa no da, están obligados a comprar maíz de la SEDESOL, el cual me dijeron, además de que es transgénico, cada costal tiene un costo de $250. El consumo de estos costales, de acuerdo a los datos proporcionados en la comunidad, es de un costal por semana. Igualmente afirmaron que cuando la milpa no da suficiente para el año, generalmente se termina a mediados de septiembre, así que todavía faltarían de 2 a 3 meses para la siguiente cosecha. Esto significa de 8 a 12 semanas en consumo de maíz de la SEDESOL: el costo total de eso sería de $2,000 a $3,000 pesos. Además, la medida de un costal por semana no incluye la alimentación de los animales, si se desea darles de comer es necesario comprar más.
De lo micro a lo macro
Consecuentemente, creo que en gran escala, esta inmersión en un sistema de compradores y desaventajados, México transita hacia una mayor dependencia alimentaria debido a las dificultades y crisis productivas agrícolas provocadas por el nulo apoyo al campo (Guzmán, 2015). Las políticas neoliberales que ha tomado el gobierno han sido para beneficiar a los mismos de siempre. De esta forma el gasto del sector agropecuario ha disminuido en los últimos años. De 5.6% del total programable que se le destinó en 2006, en 2012 y en 2013, sólo se invirtió 3%, lo que afectó en particular a los pequeños productores, en contraste con el impulso dado a la comercialización dirigida por grandes corporaciones como Cargill y Archer Daniels Midland (Guzmán, 2015). Las consecuencias se reflejan en el aumento de la importación de algunos alimentos básicos, como el maíz, del que 25% del consumo nacional se compra en el extranjero (Guzmán, 2015).
De acuerdo con Guzmán (2015) los campesinos son pieza clave para la autosuficiencia alimentaria y por, lo tanto para la soberanía nacional. La falta de apoyo en la agricultura campesina implica, en México, la dependencia alimentaria, lo cual conlleva a una dependencia política y dificulta la soberanía. Sin embargo, del total de subsidios de todos los programas rurales en el periodo 1994-2009, 10.7% se destina al estado de Sinaloa, que cuenta apenas con 1.8% de unidades de producción, mientras que el estado de Oaxaca, por ejemplo, que abarca el 9% de las unidades de producción del total nacional, es beneficiado sólo con 3.8% de los subsidios (Guzmán, 2015). México continúa dando apoyos que se canalizan a los grandes productores y a estimular el comercio mundial dejando a los pequeños productores en mayor desventaja ante el mercado nacional.
Desde su creación, la FAO, La Organización de las Naciones Unidas para La Agricultura y la Alimentación, ha tenido como preocupación central abatir el hambre y prevenir las crisis alimentarias a escala mundial mediante el mejoramiento de la agricultura, la ganadería y la pesca (González, 2007). Este organismo ha ganado una legitimidad que le ha permitido actuar globalmente y acordar con los gobiernos nacionales acciones específicas para el mejoramiento del sistema agrícola y alimentario mundial (González, 2007). Por medio de una revalorización del conocimiento científico como herramienta fundamental para plantear iniciativas que permitieran mejorar la producción alimentaria y la nutrición, justificaron las propuestas que llevaron a estandarizar ciertas prácticas y políticas a escala mundial (González, 2007).
Todo en el nombre del desarrollo. Tal como aclara Arturo Escobar (2011), el desarrollo es un proyecto tanto económico como capitalista, imperial, y cultural. Cultural, porque subordina las demás culturas y conocimientos, las cuales se pretender transformar bajo principios occidentales y capitalistas. El desarrollo, así como el capitalismo, privilegia el conocimiento económico, la explotación de recursos naturales, la lógica del mercado y la búsqueda de satisfacción material e individual, por sobre cualquier otra meta (Escobar, 2011). Esta mentalidad se intensificó con la globalización (Collin, 2014), mentalidad irracional, disfrazada de buenas intenciones y de beneficios a unos cuantos.
Conclusiones
Como podemos observar, estar inmersos en una relación prácticamente abusiva con el sistema capitalista es inevitable en el mundo globalizado y neoliberal en el que vivimos. Para los campesinos, que siguen una lógica campesina de autoconsumo (Bartra, 1976), esta relación supone una serie de desventajas reflejadas a través de su necesidad de comprar productos industriales y del impacto ambiental que se genera en lo local.
El caso de San Gregorio es uno de muchos en esta historia de desventajas. El neoliberalismo provoca que las empresas busquen la tala de árboles de los bosques y la apropiación de tierras y agua potable. El capitalismo los sumerge en una lógica que cada vez los empobrece más, obligándolos a comprar productos necesarios en su día a día. Productos que varían desde la cocina y la alimentación, la higiene personal, y para la siembra misma, como fertilizantes y pesticidas.
Prefiero visualizarlo como una reacción en cadena multifactorial. La presencia de la tala indiscriminada en la comunidad, provoca un impacto ecológico en la zona, resultando en menos proporción de lluvias en los meses claves para la cosecha. Esto, provoca que la cosecha “no se de bien” y que se terminen antes los granos de maíz. En consecuencia, la familia debe buscar la solución en la pluriactividad, generando ingresos monetarios en un trabajo asalariado, pero al mismo tiempo buscando un ingreso alimentario en la milpa de su casa (Collin, s/f). Agregando a esto, si la cosecha de la milpa no es suficiente, los campesinos se ven forzados a comprar maíz transgénico de la SEDESOL, implicando un fuerte gasto familiar. Indudablemente, la milpa funge como un alivio al momento de estar inmersos en un sistema neoliberal y capitalista, ya que si la familia dependiera totalmente del trabajo asalariado no podrían subsistir ni alimentarse como lo hacen ahora.
El pensamiento campesino en San Gregorio resultó ser mucho más racional, tal como lo presentan autores como Collin (s/f); Gonzáles-Jácome (2003) y Días, et al. (2009)
Ahí, la prioridad la tiene la tierra y el trabajo en ella. Hablando con la gente de la comunidad, me compartieron que, para ellos, el pobre es el que no tiene dinero y tierras. Araceli, la madre de familia, me dijo, hablando de sí misma “No tenemos dinero, y tenemos poca tierra”. Sin embargo, me dijo “El pobre es el que no trabaja la tierra, porque puedes no tener dinero, pero si no trabajas la milpa no tienes comida”
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Notas