
Resumen: Este artículo está basado en el trabajo de campo etnográfico que llevo realizando entre 2011-2018. A partir del análisis de una celebración ritual, el Inti Raymi (la fiesta del sol) llevada a cabo en Madrid, por migrantes andinos (de Bolivia, Ecuador y Perú, principalmente) pretendo poner de manifiesto la complejidad del encuentro cultural y el desafío que supone para la gestión de la diversidad cultural en una ciudad como Madrid. El análisis de esta celebración en el espacio público madrileño, en el emblemático Parque del Buen Retiro, me proporciona una oportunidad para mostrar las formas en las que hombres y mujeres migrantes andinos, luchan por conquistar su derecho a construir la ciudad y por ser reconocidos como “ciudadanos con derechos” en una sociedad que se considera a sí misma “moderna y desarrollada”. Pero considero, dando un paso más, que esas luchas por la ciudadanía trascienden la agenda de lucha por los derechos de la sociedad civil para inscribirse en un ámbito otro que discute la naturaleza de la globalización neoliberal y la enfrenta con los derechos “no modernos” de la naturaleza, de la Pachamama.
Palabras clave: Inti Raymi (El festival del Sol), Inmigrates andinos, Espacios públicos en Madrid, Madre Tierra (Pachamama).
Abstract: This article is based on Ethnographic fieldwork that was carried out between 2011-2018. On the basis of the analysis of the traditional celebration called Inti Raymi (Festival of the Sun) performed in Madrid by Andean migrants (from Bolivia, Ecuador and Peru, mainly) I seek to express the complexity of this cultural event and the challenges that are involved in the management of cultural diversity in a city such as Madrid. The exploration of this celebration in the public space of Madrid, in the emblematic Retiro Park, provides an opportunity to show the ways in which male and female Andean immigrants, struggle to win their rights to participate in the building the city and be recognized as “equal citizens” in a society which considers itself “modern and advanced”. However, I believe, going a step further, that these efforts by the citizens transcend the agenda of the fight for equal rights of a civilized society and enter another realm involving the nature of neoliberal globalization and its confrontation with the “non-modern” rights of Nature, that of Mother Earth.
Keywords: Inti Raymi (The Sun festival), Andean immigrants, public space in Madrid, Mother Earth (Pachamama).
Introducción
30. Puede resultar paradójico, dada la deriva de los gobiernos ecuatoriano y boliviano hacia una estrategia de desarrollo extractivista, que se sume a la “toma de La Plaza”, pero consideramos que es un ingrediente más que produce la condición de abigarramientos de estas sociedades.
En esta oportunidad quiero abordar la celebración ritual del Inti Raymi en Madrid, como una expresión de las prácticas trasnacionales realizadas por colectivos andinos migrantes.
La celebración del Inti Raymi en Madrid traslada a una capital europea una práctica de origen prehispánico que vinculada a la centralidad ritual de Inti (sol) en las culturas andinas, adquirió un grado de institucionalización muy elaborada en Cuzco, el “ombligo del mundo”(1) durante el incanato (2). En el periodo colonial, con la eliminación de las prácticas ceremoniales prehispánicas y su reconversión en prácticas religiosas católicas, imposición de la temporalidad cristiana y europea, esta celebración ritual fue prohibida y retomada por las poblaciones andinas como formas de resistencia y reclamación. Los inti raymis concluyen con la reivindicativa “toma de la plaza”, una práctica recurrente en el periodo colonial y que en la actualidad se mantiene, al menos en algunos lugares como Otavalo.
El Inti raymi por lo tanto es una celebración ritual que articula una densidad de planos simbólicos que responden al palimpsesto de situaciones históricas por las que han atravesado las poblaciones andinas. Mi idea es que la globalización está produciendo una nueva situación que se superpone en este palimpsesto. Esta consideración me permite plantear una serie de lecturas diferentes de la ceremonia ritual del Inti Raymi cuando atendemos a la articulación de distintos elementos y niveles.
Por un lado, el Inti Raymi crea un espacio para el encuentro de migrantes andinos (de distintos países y nacionalidad indígenas, con una matriz histórica común) que refuerza, como una comunidad cara a cara, su identidad y sentido de pertenencia a un colectivo común andino, frente a la sociedad más amplia (3) excluyente o selectiva incluyente; por otro lado, contribuye a dar visibilidad a esta población y a enfrentar estereotipos con los que estos migrantes son construidos no sólo por las poblaciones autóctonas, sino también por las instituciones. En un tercer nivel, los migrantes andinos participan en el Inti Raymi como miembros de estos países, representados por sus embajadas. En Ecuador y Bolivia, y de manera menos significativa en Perú, en los últimos años se han dado transformaciones políticas sustantivas que ha dado como resultado un nuevo pacto entre ciudadanos nacionales (incluyendo a los migrantes en el exterior) y el Estado nacional, recogido en nuevas constituciones (de Ecuador y Bolivia) que por primera vez en la historia recogen, como consecuencia de las luchas indígenas del siglo XX el carácter plurinacional de estos países. Estos cambios han activado y modificado el papel de las embajadas de estos países andinos, especialmente en el reconocimiento de la diversidad de las expresiones de las distintas nacionalidades (4) y en la defensa de los derechos de los migrantes. Ha surgido una nueva política exterior en estos países, desde un enfoque crítico con la historia de la colonización de América, y que busca una relación más horizontal y sin complejos con la “madre patria”, algo que se registra en la participación de los representantes de las embajadas en la ceremonia ritual del Inti Raymi. Por último, considero las sociedades andinas como sociedades abigarradas (Zavaleta, 1977; Rivera, 2015) como resultado de los efectos no armonizables de la sucesión de procesos históricos que han vivido, y donde se han sumado las migraciones internacionales en las últimas décadas en la era de la globalización. Es parte de una sociedad abigarrada la que participa en la ceremonia del Inti Raymi.
Atendiendo a estos niveles, las categorías centrales que necesitamos utilizar en el análisis e interpretación del Inti Raymi se han desplazado de la condición “migratoria”, a la de ciudadanos nacionales desplazados, a miembros de una sociedad abigarrada cuya historia atraviesa periodos históricos que se hunden en una historia mucho más larga que el encuentro entre dos mundos en el siglo XVI. Los marcos de referencia del culturalismo y la economía política antropológica nos serán útiles para enfocar este análisis. Pero, necesitamos ir más allá de ambos marcos de referencia: abordar una manera compleja de estar en el mundo que parte de la práctica de una temporalidad diferente y no moderna, de una concepción ontológica otra de las relaciones entre los humanos, los no humanos y la naturaleza (Escobar, 2014). La celebración de Inti Raymi se produce entre el 21 y 24 de junio, fechas que representan el solsticio de invierno en el hemisferio sur. Esta fecha es de suma importancia para las comunidades andinas en cuanto a la espiritualidad ya que se considera que es el momento en donde comienza un nuevo ciclo de la tierra y de las personas. Es así como la celebración del Inti Raymi en Madrid inscribe una temporalidad otra (la temporalidad de la naturaleza y del sur) en el tiempo moderno del norte, con su lógica hegemónica: monocultural y homogenizante.
Algunas cuestiones metodológicas
La antropología sociocultural ha tratado las celebraciones rituales como expresiones del lenguaje simbólico de las creencias de los grupos humanos que incluyen lo sobrenatural (desde lo divino a lo trascendental) en un espacio y tiempo concretos realizado por un conjunto de personas que mantienen intereses y creencias en común. Salazar (2014) nos recuerda que el ritual tiene la importancia de la función participativa que señaló Durkheim (1982). La participación en los rituales genera energía social, una efervescencia colectiva, a la vez que contribuye a crear, consolidar o ratificar la conciencia de los miembros de un colectivo de pertenecer a un grupo. Lo que interesa a Salazar del ritual es su poder comunicativo por sí mismo: “la capacidad del ritual de trasmitir determinados significados, de hacer creíbles determinadas cosas, de hacer creíble lo irracional […] lo irracional no es lo falso sino lo extraordinario, lo que contradice la idea de realidad que utilizamos en nuestra vida cotidiana” (Salazar, 2014:226). Las celebraciones, ya tengan forma de fiesta o ritual, como acto simbólico tiene la capacidad de condensar y entretejer en un solo momento las costumbres (nuevas y antiguas), las tradiciones, las creencias y prácticas culturales con sus expresiones espirituales, religiosas e identitarias. Las expresiones artísticas (músicas, danzas, cantos) de los miembros de ese grupo o comunidad de personas que comparten la experiencia de la celebración convierten el ritual en la fiesta. Este es, sin duda, el caso del Inti Raymi en su celebración en Madrid.
Las comunidades migrantes andinas en España se han visto invisibilizadas por un lado y/o percibidas cuando son vistas, como problemáticas, a partir de la aplicación de estereotipos (5) a sus prácticas culturales como migrantes -comer en los parques públicos alimentos no regulados, ensuciarlo, jugar juegos (como ejemplo el ecuavoley) donde “monopolizan” estos espacios en la competición con otros colectivos en el uso de estos, etc.-. En la celebración del Inti Raymi en espacios públicos estos migrantes andinos se hacen visibles de una manera diferente: actuando como colectivo ocupan dicho espacio, lo toman con sus cuerpos investidos con sus trajes coloridos, y performados, le dan vida, otro tipo de vida, con sus movimientos rituales y sus danzas, ancladas en sus creencias y formas de ver y habitar el mundo. Los cuerpos de los participantes y sus rostros expresivos denotan esa vida que se escapa a las categorías habituales mediante las que habitualmente se les describe y analiza. Al ocupar el espacio público de esta otra manera le dotan de nuevos significados y contribuyen a la producción de un espacio público ampliado.
Estoy interesada en utilizar la fotografía como una técnica para comprender etnográficamente las celebraciones rituales. La vitalidad de la ceremonia y lo que la rodea puede ser registrada, en nuestro trabajo de campo, en nuestra aproximación etnográfica, en las fotografías. Al utilizar la fotografía como una herramienta etnográfica en este particular ámbito antropológico lo que me interesa no es la discusión recurrente sobre la prioridad de la fotografía o de la escritura, sino explorar la relación “armónica” entre ambas para abordar estas celebraciones. Según Ardévol (2001:34):“La introducción de la imagen en la disciplina supone otra forma de tratar la información sobre los aspectos sociales y culturales que queremos estudiar. Cómo decía Sol Worth, no es necesario pensar qué es más importante si la palabra o la imagen, sino descubrir nuevas formas de utilizar la imagen y la palabra.” Por lo tanto, la fotografía permite incorporar esa otra mirada que escapa y a la vez alimenta la escritura, enriqueciendo así el proceso y los resultados del trabajo etnográfico.
El carácter comunitario y colectivo de celebraciones, como el Inti Raymi, realizadas en espacios públicos, la dimensión vital y performativa que los participantes le dan, no sólo como inmigrantes, sino sobre todo como miembros de comunidades étnicas diferenciadas, nos permite interrogarnos sobre las representaciones que dichas comunidades seleccionan sobre sí mismas (auto-representaciones) para mostrarse públicamente -exhibiéndose, vistiéndose con determinados trajes, bailando determinadas danzas, comiendo determinados alimentos y tomando determinadas bebidas- y comunicarse con el exterior, compartiendo de alguna manera “aquí y ahora”, prácticas culturales y creencias que parecen remitir a un mundo que es de “allá” y quizás de otro tiempo.
Las fotografías capturadas en las celebraciones dan cuenta y son un fiel testimonio de los hechos que se producen, de los actos o actuaciones realizadas, permiten capturar los colores y desvelar su significado en la producción de la vida, culturalmente significada, que se desarrolla en el espacio físico y a la vez trascendente, como veremos, de la celebración. Las imágenes hablan de un presente, pero en el futuro hablarán del pasado y por lo tanto son una ventana para la percepción y análisis de las transformaciones y cambios de la historia. Mediante estas imágenes de lo visible, de lo que todos podemos ver, se nos abren también puertas para seguir indagando y explorar lo que no podemos ver. Lo que se nos muestra en las imágenes nos invita a indagar (6), a preguntarnos acerca de lo que hay en sus márgenes (los límites de la imagen), las realidades que están detrás de lo que se ve, en lo que queda tras las sombras o indagar sobres las ausencias.
Por mucho que se describa una imagen nunca será más que una ventana, no podrá trasmitir en su totalidad el sentimiento de las personas allí presentes en las celebraciones, pues como algunos de ellos/ellas mismos afirmaron cuando les preguntaba sobre el significado que para ellos tienen cada una de las celebraciones respondieron “que les embarga una emoción que no se puede describir ni explicar”. No tenían palabras para expresar el sentimiento que les embargaba al estar en ese lugar, en ese momento y en esas circunstancias. También queda la puerta abierta para que los que observan las fotografías puedan darle otra mirada y por lo tanto otra interpretación. La fotografía como expresión artística también puede ser un instrumento de transformación social, una herramienta estética que nos permita conocer al otro, más allá de los estereotipos o tintes étnicos, exóticos, y reconocerle simplemente como un ser humano en un mundo globalizado que se construye en común.
La celebración del Inti Raymi en Madrid. Especificidades del mundo andino
“Despierta la magia del Inti Raymi, la ceremonia con fuerza sagrada. Donde hay ancianos, jóvenes y niños que se juntan […]. Sigo el ritual que purifica mi alma, el patrimonio de nuestros abuelos, es el camino de generaciones donde hay espíritus girando libres […]. “Letra de canción titulada “Ska pa el sol- (Inti Raymi)” (Grupo dos lunas (s/f) (7).
En este apartado presentaré la celebración del Inti Raymi por parte de la población andina en espacios públicos de Madrid, desde el año 2000. Hay que distinguir dos periodos en la realización de la ceremonia ritual. Desde 2000 y hasta 2011, las celebraciones del Inti Raymi se daban principalmente como iniciativas de asociaciones de migrantes. Sólo en 2003, organizada a través de la embajada peruana, el Inti Raymi se realizó, al estilo incaico, en la Puerta del Sol. Desde 2011 la celebración ha entrado en una fase nueva, con la implicación de embajadas y consulados de los países andinos en España y la utilización de espacios públicos emblemáticos, como el Parque del Retiro (2012, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018) y la explanada del Madrid Rio (en 2013).
Las fotografías que utilizo para el análisis proceden de los medios de comunicación, de las redes sociales (fotografía 1), aunque la mayor parte han sido tomadas por mí en el trabajo de campo etnográfico que he realizado como parte de una investigación de tesis doctoral que está en proceso sobre las principales actividades de carácter cultural, desarrolladas a lo largo de estos años 2011 -2018 en el marco de la celebración del Inti Raymi por colectivos migrantes andinos. Esta investigación se ha venido realizando contando con una metodología de observación participativa, en la que a través de la investigación-acción he participado activamente en la preparación de las ceremonias, y he vivido las fiestas del Inti Raymi en compañía de algunos de los actores protagonistas de la ceremonia.

“¡Apoteosis!. Podrá parecer grandilocuente, pero en verdad la realización de la fiesta del Inti Raymi en la emblemática Plaza Mayor de Madrid fue todo un suceso. Organizada por la embajada del Perú en España, con la colaboración del Ayuntamiento, la fiesta no tiene parangón con ninguna de las otras celebraciones llevadas a cabo en la hermosa plaza ubicada en medio del antiguo Centro Histórico de la capital de España. Por allí han pasado festejos de toda naturaleza, pero ninguno como el Inti Raymi que llevó al mero centro de Madrid una verdadera algarabía andina, en la que brillaron con su sonido los pututos, las zampoñas, los sikuris y las voces andinas, acompañando al Inca y su séquito conformado por la Coya, las Vírgenes del Sol y los soldados, vestidos con todas sus galas imperiales, de fina alpaca y emblemas dorados. Nativos españoles y gringos de diversas nacionalidades, turistas de diferentes países del mundo acompañaron con aplausos la gran fiesta andina y presenciaron esa entusiasta demostración peruana que resultó impecable. No faltó por cierto el extremista infiltrado que apareció con su cartel denunciando la represión y el estado de emergencia, que le fue arrebatado inmediatamente. Y de ahí en adelante el propio provocador, seguramente a propina, se dedicó a gozar de la fiesta. Allí estuvo también, en gesto amistoso y hermanador, el grupo de danzas Yairina, del Ecuador, que brindó un lindo espectáculo, haciéndonos ver que en la Plaza no hay fronteras, ni falsas Paquishas.” (Elmore, 10 de julio de 2003).
Inti Raymi: ceremonia de migrantes andinos en Madrid (2000-2011)
Desde el 2000, he podido realizar un registro a nivel virtual (8) (redes sociales, YouTube, medios de comunicación) de la celebración del Inti Raymi en la ciudad de Madrid. En el 2002 y 2003 (fotografía 1) la celebración tuvo una fuerte repercusión mediática y un “apoyo institucional” por parte de la embajada de Perú. La celebración del Inti Raymi en general constituye toda una performance o puesta en escena que está relacionada con las representaciones de lo que se considera central en la celebración de la ceremonia, por parte de los organizadores y participantes que, en su mayoría de las veces, ha estado compuesta por líderes de asociaciones, embajadas y consulados. Una función importante hacia afuera del Inti Raymi es la visibilidad de los migrantes andinos y el reconocimiento de su participación ciudadana. La performance y organización del Inti Raymi en estos años en Madrid se ha diferenciado en función de sus organizadores. En el caso del colectivo peruano, ha sido representado al estilo incaico (fotografías 1 y 2) que se diferencia de las otras formas de representación más ligadas al periodo preincaico, que caracterizan las ceremonias organizadas por ecuatorianos y bolivianos (fotografía 3). En los últimos años la comunidad ecuatoriana realiza una representación más ligada a los pueblos con identidad originaria (como Aymaras, Quechuas y Kichwas (9): Kitu kara, Cayambe, Saraguros (10) y Otavaleños (11) principalmente). La emergencia de las representaciones de las comunidades originarias en las ceremonias se corresponde con el protagonismo de las luchas políticas de estas comunidades en los últimos años por ser reconocidas como nacionalidades (en Bolivia, Ecuador, y en menor medida en Perú). En concreto en el caso de Perú/peruanos (12) con la representación al estilo Cusco-Perú que a su vez rememora la celebración en la época de los incas .
En todos los casos los pasacalles, la música, la danza y el vestuario están presentes. Algunas veces también se ha acompañado de conferencias y debates, organizados por las embajadas y consulados apoyados por instituciones españolas como la Casa de América, Museo de Antropología, Museo de América entre otras con carácter Internacional como la Secretaria de Cooperación Iberoamericana (SEGIB) invitando a expertas o expertos, académicos, sin contar, sin embargo, con la participación miembros de las asociaciones migrantes que durante más de una década han venido organizando la ceremonia en diversos lugares públicos de la ciudad de Madrid. En algunas ocasiones las celebraciones han incluido exposiciones de fotografías de la escenificación del Inti Raymi en la ciudad de Cusco- Perú.
Esta celebración “Es una fiesta de agradecimiento a la pacha mama por la abundancia. Es el fin de un ciclo y el comienzo de otro. En la fiesta, donde alegría hace su gala, son los colores que emergen de la wiphala (la bandera de los pueblos andinos) y que inunda cada uno de los trajes para la danza, en los instrumentos que marcan el ritmo de la música, en los alimentos que se comparten en la comida, en el color del fuego, todo forma parte del ritual que es guiado por un yachak, yatiri,sabedor.” (Notas del diario de campo, Madrid 2012).
Al ser el Inti Raymi una celebración de carácter ceremonial y a la vez festiva, se organiza siguiendo un “orden” en donde se mezclan en un solo acto, una diversidad de ámbitos, como el social, el político e institucional, en los que participan diferentes actores. Estos actores son considerados claves en la comunidad o en el colectivo y por esta razón es fundamental darles visibilidad e incluirlos en el programa como una manera de reconocer su papel e importancia. Este mismo orden ha estructurado el programa que se ha repetido en las diferentes celebraciones llevadas a cabo estos últimos años siete años (2011–2018) en Madrid. La consideración de los orígenes de la celebración del Inti Raymi, con sus elementos simbólicos y filosóficos de la cosmovisión andina, con sus dimensiones espacio/temporales (relacionadas con el calendario agrícola) juega un papel central a la hora de llevar a cabo dicha celebración. La celebración ha adquirido un carácter global con los procesos migratorios realizándose hoy tanto en los países del sur, como del resto del mundo donde hay presencia de población andina, y especialmente con el protagonismo de la población kichwa –otavaleña. En ciudades de Estados Unidos, Europa, Asia y América del Sur se celebra hoy en Inti Raymi.


La comprensión de esta ceremonia es para mí un desafío, por lo complejo que resulta ser, puesto que, como ritual público, conlleva toda una carga de significados, desigualmente al acceso de los participantes, que entraña una compleja historia, no de un solo pueblo, sino de una diversidad de ellos (aymaras, quechuas y kichwas: otavaleños, saraguros, kitu karas, panzaleos, kayambeños, además de las personas que se consideran mestizas), englobados en tres espacios nacionales (Bolivia, Ecuador y Perú). Por lo tanto, a la hora de hablar de ello, hay que considerar el conjunto de los actores, la diversidad de sus lenguas (aymaras, quechuas, kichwas), y de su vivir y de sentir la celebración.
Desde la perspectiva de las poblaciones andinas migrantes, en cambio, la celebración del Inti Raymi adquiere otras dimensiones. Desde el año 2000 y hasta 2010 aproximadamente, el Inti Raymi, se celebraba, salvo excepciones como en 2003 (13), en espacios públicos periféricos y marginales en Madrid. La ceremonia permitía alimentar un sentido de unidad de un colectivo migrante por nacionalidad y no de unión como andinos, por lo tanto dicha celebración se llevaba a cabo como peruanos o ecuatorianos principalmente atravesado por múltiples experiencias fragmentadas vividas por sus miembros, en función de la diversidad de espacios laborales y residenciales que ocupan. El Inti Raymi celebrado en una fecha única proporcionaba la posibilidad de expresarse a la gente desde unas referencias culturales comunes, revelando la existencia de una comunidad construida más allá de estas diferencias. En este periodo, en la producción de este sentimiento colectivo compartido las asociaciones de migrantes han desempeñado un papel central. Estas asociaciones han sido protagonistas de la organización de estos eventos, tanto en su papel hacia dentro de la población migrante como al actuar de agente mediador con la sociedad de acogida, reforzando con ello su papel articulador entre los dos mundos.
Rituales y espacios públicos: La celebración del Inti Raymi en el Parque del Retiro, Madrid (14). “Todos juntos” (2011-2018)
La institucionalización de la celebración del Inti Raymi
Desde 2011 se ha producido un cambio en la celebración del Inti Raymi. Desde entonces, impulsado por la coordinación de las embajadas (boliviana y ecuatoriana, sobre todo, a las que se ha sumado -pero no siempre- la embajada peruana) y con la colaboración de algunas asociaciones de migrantes de estos países, se ha realizado en espacios públicos centrales de la ciudad de Madrid. En 2012, 2014, 2015, 2016, 2017 y 2018, en el Parque del Retiro; y en 2013, en el Parque del río Manzanares. La celebración se ha modificado en su escala (más grande y con la participación de los tres países y la asistencia de algunas embajadas como invitadas a este acto de manera especial y el apoyo de algunas instituciones españolas) y en su significación: al ocupar espacios públicos centrales de la ciudad se posibilita un nivel de reconocimiento institucional y público que no tenía cuando se celebraba en espacios públicos, sí, pero marginales y periféricos. Este es el resultado de un nuevo papel internacional de los países andinos que han vivido cambios sociopolíticos y culturales muy importantes en la última década, llevando a España, la Madre Patria, a un mayor reconocimiento; además, la crisis económica española que ha afectado muy duramente a las poblaciones migrantes, también a los andinos, ha potenciado una mayor atención de sus embajadas y consulados, por la importancia económica y social de los migrantes.

En las fotografías 4 y 5 fueron tomadas en la celebración del Inti Raymi 2012, la primera vez que participaban todos juntos los distintos colectivos andinos migrantes. Observamos a dos grupos claramente diferenciados. En estas fotografías trato de seguir la reflexión realizada por Brisset (1999) sobre la importancia de las fotografías tomadas con una perspectiva amplia para captar las relaciones y dinámicas sociales: “Los actores tratan de reflejar emocionalmente a sus personajes, y estos planos cortos gozan de vigor dramático. Pero si tuviese que elegir unas pocas fotos que indicasen la fuerza popular de este ritual, prefiero los planos generales obtenidos con gran angular, que muestran a los actores y elementos simbólicos inmersos en el decorado y a los espectadores dentro de su entorno ecológico. Creo que esta contextualización aporta mayor densidad semántica y ayuda a comprender mejor las claves culturales de este ritual tradicional. Aunque no deje de tratarse de poses, ya que los personajes están escenificando o representando frente al público, pero así es su rol en el ritual, y por lo tanto dichas imágenes fotográficas incorporan la simbología que los actores tratan de comunicar socialmente.” (Brisset, 1999:10).
En la fotografía 4, hombres y mujeres adultos con vestidos occidentales elegantes o formales; en la 5, personas con trajes de colores, donde predomina el rojo, el blanco y el negro. Todos ellos están participando en un mismo acto ritual; todos ellos colocarán sus manos para saludar al sol, acto realizado para recibir su energía; se colocarán alrededor de la mesa ritual que se encuentra en el suelo, en contacto con la tierra y compuesta de frutas que forman el círculo que ocupa el lugar central de la ceremonia del año 2015 (fotografías 6, 7); de pie escucharán las palabras, los maestros originarios de la ceremonia homenajearán a la pachamama (naturaleza) y se deseará un nuevo año lleno de energía y concordia. Bajo las banderas nacionales y también la bandera con los colores del arcoíris -la Whipala- (fotografías 5 y 13), que a los ajenos confunde (15).
El espacio donde se encuentran estas personas está al aire libre y rodeado de naturaleza, con árboles grandes distribuidos en una amplia área en un espacio abierto, público. Se trata del Parque del Retiro. El tiempo de la celebración es de día; la luz natural, la luz del sol, al que se celebra.
El escenario de la ceremonia se organiza espacialmente, distribuyendo a sus protagonistas. Tiene sus prolegómenos vinculados a las autoridades políticas (embajadores y cónsules de los países andinos). Una pareja de presentadores (hombre y mujer, para respetar la dualidad andina) familiariza al público sobre el significado histórico y cultural del Inti Raymi. La dimensión institucional de esta presentación visibiliza la acción diplomática de estos países y legítima sus gobiernos antes sus conciudadanos migrantes. Esta labor de legitimación ha sido muy importante ante los cambios políticos acometidos en los últimos años tanto en Ecuador, como en Bolivia y Perú.
La celebración del Inti Raymi se realiza en un lugar, un parque público, es decir, abierto al uso de todos, si bien naturaleza “pública” está vinculada a un ordenamiento moderno de la separación de lo privado y lo público, del que se determinan ciertos usos, principalmente relacionados con actividades lúdicas, de ocio, etc., y no otros. La ceremonia del Inti Raymi y uso que se corresponde a una determinada visión de lo público, cuyo sustrato tiene como referencia la dimensión moderna y occidentalizada del ordenamiento este tipo de espacios en la ciudad, lo que determina potencialmente sus usos sociales, de ocio, deportivos, culturales y de entretenimiento. Las imágenes recogidas en la fotografía 5, nos hablan de una cultura diferente a la moderna/occidental; las personas del grupo celebran algo que los lleva a vestirse para la ocasión, de manera específica. Para ojos extraños, la representación podría parecer una especie de performance, una puesta en escena, un espectáculo (show), algo extraño y nada común; quizás algo folclórico/cultural relacionado con colectivos peculiares, sacados de su contexto. La escenificación representa otras culturas que parecen habitar un tiempo distinto, que no parece moderno, que tiene algo que ver con el pasado, asociado a otras maneras de entender, de vivir y de estar en el mundo, a través de símbolos que son desconocidos para personas que no pertenecen a este grupo o comunidad.
El Inti Raymi como celebración ritual (16)
En un segundo momento, la performance política, centrada en la actuación de los representantes políticos y de las embajadas, pasa a un segundo plano, para dar protagonismo al acto ritual donde el protagonismo lo tienen otros actores que celebran la renovación del tiempo, y la conexión entre los hombres y las mujeres y la naturaleza, lo que está representado por el saludo al sol, en el que participan todos los presentes (fotografía 5), una audiencia que ha llegado a ser de un millar de personas, entre los participantes que asisten a la celebración y los curiosos que la observan sorprendidos y que acaban participando en ella.
En la celebración del Inti Raymi se ponen de manifiesto diversos elementos simbólicos (17), y artísticos de gran significación histórica y cultural (18) para el mundo andino, como los que podremos ver a continuación a partir de la imagen en formato de fotografía digital y que tiene que ver con danzas, música y trajes con tejidos típicos; pero también con una alta significación espiritual, con la celebración del ritual con la ceremonia del saludo al sol y la ofrenda que incluye comida y otros productos que la madre tierra ha producido. El pututo (caracola de mar), la mesa ritual para la ceremonia, el aya huma, la whipala, la chicha de jora, la hoja de coca, el incienso (copal, el palo santo entre otros), danzas rituales (19). Cada uno de estos elementos simbólicos tiene sus significados, sus origines y su importancia para cada uno y para todos. Después se realizan desfiles y presentaciones de grupos de música y danza de los tres países.
El acto se realiza alrededor de la mesa central, la ceremonia será dirigida por dos parejas (una boliviana y otra ecuatoriana) de hombres y mujeres que representan las nacionalidades andinas como la Kichwa -Kitu kara, Panzaleo del Ecuador y Aymara de Bolivia. El principio de dualidad está muy presente en la cosmovisión andina por lo tanto para la presentación de la celebración los presentadores son un hombre y una mujer como símbolo de la dualidad. La ceremonia ritual se abre con la utilización del pututo (caracola de mar, fotografía 8) mediante el cual un yachak (20) es el encargado de comunicarse con la pachamama y sus elementos. La ceremonia se celebra en aymara y kichwa, así como español; el saludo al sol (fotografía 5,) animado por los maestros de ceremonias, es seguido por el público -incluyendo la delegación de los representantes políticos- y va girando sobre los cuatro puntos cardinales. Después los representantes políticos son animados a compartir el espacio central descalzándose para mantener el contacto directo con la tierra. La simbología subordina todo a la centralidad de la madre naturaleza como sustentadora de la vida de todas las cosas, como condición para la buena vida de los hombres y las mujeres en su diversidad. Los grupos de danza hacen su ingreso al recinto (la toma de la plaza simbólica) con sus trajes típicos, acompañados por los sonidos de las flautas, de los pututos, tambores, gritos y silbidos, acompañados por yachaks (kichwa), yatires (aymaras), sacerdotes (quechuas); todos son considerados amawtas, es decir, filósofos que comprenden y se comunican con el universo.



El aspecto lúdico de las danzas de los grupos ataviados por sus diversos trajes (fotografías 10 y 11) remarca la diversidad no sólo nacional sino de las comunidades originarias, unas y otras componiendo una comunidad de sentimiento, a la que invitan a participar a la amplia audiencia. Las diferencias expresadas en las lenguas, con las que se canta, los trajes de los y las danzantes y las banderas se articulan en un baile común en círculo. Otros elementos remarcan la unidad cultural de la diversidad de los grupos andinos participantes, como el reparto de la hoja de coca (fotografía 13) y la chicha de Jora (fotografía 15), que se comparte con la audiencia amplia, contribuyendo a desmitificar estereotipos, diluir las diferencias sin eliminarlas y ampliar la dimensión de la humanidad al abrirse a la diferencia. Por lo tanto, el Inti Raymi se convierte en ese común denominador de “unión” aquí en Madrid entre los unos y los otros pese a sus diferencias, sus singularidades y diversidad de lugares de procedencia de un mismo territorio.
La ceremonia del Inti Raymi celebradas en Madrid, y otras ciudades, aunque con ciertas diferencias, mantiene los elementos históricos de las celebraciones originales en el Cusco. Esa continuidad simbólica posibilita la conexión de las mujeres y hombres andinos allá donde se encuentren, constituyendo una comunidad andina contemporánea en diálogo con sus ancestros y antepasados. La fiesta se convierte en ese común denominador de unión en el espacio y en el tiempo, de los andinos, a pesar de sus diferencias, sus singularidades y diversidad.


Discusión y consideraciones finales
En esta oportunidad, a partir de la combinación de imágenes fotográficas y descripciones etnográficas referidas a la celebración entre 2011 y 2018 del Inti Raymi en el parque del Retiro de Madrid, he querido abordar un análisis de la complejidad de esta celebración ritual. Para la audiencia curiosa que acude al Parque de Retiro la ceremonia es vista como una curiosidad exótica que se suma al conjunto de expresiones y prácticas culturales del parque, y que le dan su atractivo para el turista y el madrileño ocioso. En efecto, bajo una mirada desde afuera, que podríamos denominar “moderna” (22), la celebración del Inti Raymi puede ser percibida simplemente como la realización de un acto folclórico: lo exótico que representan los migrantes se exhibe, como algo antiguo, como algo que pertenece al pasado, en el marco de un parque público dedicado, en su funcionalidad moderna, principalmente al ocio, a lo lúdico, a disposición del turismo, etc. Desde este punto de vista la celebración del Inti Raymi proporciona color a la ciudad Madrid, que ha sido promocionada por las instituciones y autoridades como un parque temático que atraiga el turismo a una ciudad abierta y cosmopolita. Este tipo de cosmopolitismo necesita de la pluralidad de colores y músicas y el Inti Raymi contribuye a ello. Esta celebración de la pluralidad y el color contrasta con las imágenes de los migrantes, los migrantes sudamericanos y andinos, que representan justamente lo contrario a ese mundo proyectado como imaginario de la ciudad abierta: extranjeros no turistas, sino personas reducidas a su condición de trabajadoras (y por lo tanto no visibles en la ciudad), que en su ocio o descanso hacen un uso doméstico y apropiativo de los parques, y no un uso moderno público de los mismos. Ha sido percibida como problemática y los migrantes se han invisibilizado o representado a través de estereotipos.
Para los organizadores institucionales, embajadas y consulados de los países andinos, se trata, en cambio, de un acto inscrito en su acción política exterior, en busca de la visibilización de la población andina y tratando de revertir los estereotipos que presentan una visión negativa de la población migrante con la presentación de prácticas culturales propias que trasladan la riqueza de sus trajes, de sus músicas, de sus bailes. A la vez, se legitima la acción de las embajadas ante sus emigrados, reforzando sus relaciones, tanto con las asociaciones de inmigrantes andinos, cuyo papel ha sido fundamental en la defensa de los derechos de los migrantes en Madrid como con los migrantes mismos y sus familias. De esta forma, los nuevos gobiernos de los países andinos convierten la cultura en un instrumento de acción política, presentándose ante las instituciones españolas y madrileñas como representantes de sus conciudadanos migrantes, a la vez que legitiman ante estos su gobierno en un momento que viven situaciones dramáticas, por el peso de la crisis económica en sus vidas.
Muchos migrantes y sus familias encuentran en la celebración un espacio de encuentro que sirve para reforzar las relaciones sociales entre conciudadanos y con otras personas andinas, generando un empoderamiento como actores sociales (como migrantes, de Ecuador, Bolivia y Perú, andinos y latinoamericanos), avanzando en una construcción pan-andina, favorecida por la experiencia de las migraciones.
En otro escrito (Pinilla, 2014), he argumentado que este proceso conlleva una revitalización social y política, mediante el cual la “comunidad andina migrante” se empodera, visibilizándose como una comunidad específica ante la sociedad madrileña en un esfuerzo por lograr su reconocimiento como agentes sociales activos que habitando la ciudad participan en su construcción. La utilización del concepto de revitalización (23) permite iluminar procesos de emergencia cultural y étnica. El Inti Raymi puede verse aquí como un ritual que pone de manifiesto la existencia de los migrantes, los visibiliza, fuerza a su reconocimiento y con ello evidencian su aspiración a contribuir a su producción de la ciudad. Podemos considerarlo un ritual que contribuye la lucha por el derecho a una ciudad cosmopolita, cosmopolita en un sentido diferente, retomando el sentido que Santos (2005) le da al “cosmopolitismo desde abajo”.


Para muchas mujeres y hombres, participantes ecuatorianos, bolivianos y peruanos, y para los que canalizan la celebración, sin embargo, el ritual tiene otras significaciones que han ido ganando centralidad en la celebración del Inti Raymi en los últimos años; me refiero a la dimensión cultural, más específicamente de la espiritualidad. Considerar esta dimensión exige otro nivel de interpretación y poner atención a aspectos que no se dejan ver fácilmente, y a los que necesitamos como antropólogas acceder con una mirada más cercana, e incluso desde dentro. Ello exige tener en cuenta no sólo la dimensión espacial, sino también el tiempo, las temporalidades otras de las cosmovisiones andinas. Podemos acceder a esas temporalidades desde la escucha profunda y la práctica de una mirada próxima (tan dentro como nos sea posible). Lejos de ser un acto folclórico que rescribe las prácticas culturales andinas, de antaño, el ritual ceremonial constituye un acto de significación cultural plena y densa que conecta pasado, presente y futuro que no están conectados por un hilo temporal, sino por la propia vida.
En efecto, para los andinos el mundo es una totalidad viva. Según esta cosmología el hombre tiene un alma, una fuerza de vida, y también lo tienen todas las plantas, animales y montañas, etc., y siendo los hombres y las mujeres parte de la naturaleza misma, no la dominan, ni pueden pretender dominarla. El Inti Raymi celebra, no el comienzo de año, sino la renovación de la vida, entendiendo que todos los seres inter-existen necesariamente junto a los otros, porque ninguno puede vivir sin sus relaciones con los demás, en lo que conocemos como ontologías relacionales (Blaser y De la Cadena, 2009) (24).
La cosmovisión andina conlleva otra temporalidad ligada al tiempo de la naturaleza, donde el pasado lejos de haber pasado, está bien vivo, y viviéndolo, a través de la ceremonia ritual, las gentes andinas actúan como protagonistas en la construcción no sólo del presente sino también del futuro.
El “presente” en el mundo vivo andino se re-crea, se re-nueva, por digestión del “pasado”. En los Andes no hay una distinción tajante y dicotómica entre “pasado” y “futuro” porque el “presente” -que no es nuestro presente efímero, sino mucho más amplio- los contiene a ambos. El futuro se construye mirando hacia el pasado, porque el pasado está delante, no detrás.




La renovación del presente se hace entonces a través del diálogo con aquellas personas, principalmente los sabios, los chamanes, las abuelas y los abuelos, que son un puente a un conocimiento que se está perdiendo y está perdiendo su centralidad en la conformación de la vida de la gente. También con los espacios de vida, que conectan con la Madre Naturaleza, como son los sueños y la espiritualidad tan ligada a ella. En este sentido, ceremonias como el Inti Raymi constituyen parte de una lucha por reconocer los derechos de la Naturaleza e inscribir los otros órdenes, como el de la ciudad, a ellos.
No se trata sin embargo de una vuelta al pasado, ni se trata de un esfuerzo romántico, por mucho que así se caractericen sus prácticas culturales.
Esta complejidad escapa a nuestras categorías producidas desde una ontología occidental y moderna que ordena el pasado del presente y del futuro en una secuencia lineal, se trata de algo impensable.
En el contexto de la globalización (25), tanto como se dio en contextos históricos anteriores las poblaciones andinas, las nacionalidades andinas, son conscientes de que existe desconocimiento, falta de interés a nivel europeo y en la mismas “sociedades” iberoamericanas de los principales elementos culturales en relación con el mundo indígena, como los idiomas, el orden social y cultural y lo más importante su cosmovisión que se manifiesta en relación cotidiana con la pachamama (naturaleza) y la allpa mama (madre tierra). La memoria de los procesos históricos vividos en la época de la colonia donde los indígenas fueron casi obligados al abandono y renuncia de sus prácticas culturales, especialmente en relación con la “religión autóctona-tradicional”. Se les obligó a asumir otras religiones que no comprendían y por lo tanto que les eran ajenas, contradictorias a su realidad y su forma de ver el mundo. Se les ofrecía un paraíso que nada tenía que ver con su cosmovisión y que, por lo tanto, se convirtió en un infierno (Drange, 1997:214).
Este memorial de agravios se completó con la marginación de los pueblos indígenas y afrodescendientes en la construcción de los estados modernos republicanos. Esta memoria se ha trasmitido de generación en generación: “En Sudamérica se occidentalizó la cultura o blanqueó; todos querían ser españoles, por ser considerada fuerte o superior. “Lanka”, no sirve, así se les consideraba a los indígenas. En la región andina no hay religión, hay espiritualidad (26)”.
Nos enfrentamos a un palimpsesto del presente, construido sobre las múltiples capas de pasado no digerido, que surgen, como diría Rivera (2015:295) como “furia acumulada”, y también como un bricolaje barroco y subversivo. Escuchemos la furia acumulada en palabras de un hombre origen boliviano de unos 40 años en la celebración del Inti Raymi en el Parque del Retiro 2012:
“ ¡Esta es la verdadera descolonización, porque en el centro de España hemos hecho nuestra ceremonia! Esto es descolonización! ¿Me entiendes?, me quedo con eso. Más de 500 años y aquí hemos hecho lo que hemos querido y ya está. Y en presencia de ellos, y además sus representantes (de las instituciones del Ayuntamiento y de la Comunidad de Madrid) estaban. Es mi cultura también, Yo también formo parte de eso. Antes no teníamos claro el asunto porque teníamos una mentalidad colonizada, pensábamos de otra manera, pensábamos de no sé qué, de no se cuentos, hemos roto esquemas”.
La ceremonia ritual del Inti Raymi, constituye una puesta en escena de una comunidad cara a cara de las mujeres y hombres andinos, de todas las edades, compartiendo un espacio y una sociabilidad -migrante y laboral, pero también festiva y ritual- cuyas lógicas y sentidos prácticos conectan el presente con las raíces de un pasado muy remoto. A través de técnicas del cuerpo, encarnadas en la música y los bailes, pero también en la comida y el uso de la coca que conllevan saberes milenarios, reafirman una comunidad de sentido, compartiendo códigos simbólicos, narrativas y estéticas que rigen la sociabilidad de la mayor parte de ellos. Una comunidad de sentido que con múltiples movimientos contradictorios hacia todos lados y hacia adelante y hacia atrás generan a partir de una energía, una especie de delirio colectivo, un movimiento de empuje hacia adelante para ocupar el lugar, para tomarlo, históricamente para tomar la plaza. “Están llegando ya los grupos, los diferentes grupos de danza y música de Bolivia y del Ecuador por los cuatro suyos. Ustedes van a ver que en los cuatro suyos (para referirse a los cuatro espacios en desde donde emergen los grupos de danza en la ceremonia del parque del retiro) norte, sur, este y oeste van a llegar a sus espaldas o de frente los cuatro grupos con la danza para hacer una toma simbólica de la plaza”. (Retrasmite un representante de la embajada del Ecuador el 24 de junio, 2016).
“Tomarse la plaza” es la expresión andina que han utilizado a lo largo de la historia los pueblos y naciones originarios de reivindicación social, espiritual y política (27) en el Inti Raymi o como también se le conoce como el Hatun Puncha (28).
La toma de La Plaza que se realiza simbólicamente en las comunidades tiene varios significados. Según Lenin Alvear, director del Museo de Las Culturas de Cotacachi. “Es un símbolo de acción social, para poder determinar la vigencia del pensamiento, el ‘kawsay’ y la cultura de los ‘runas’. Ese es uno de los principios de la toma de La Plaza, determinar que están vivos”. “Ahí, señala, bajo lo que hoy es el Parque Central, la iglesia, el pretil, está enterrada toda una historia de lucha, de resistencia y emancipación de los pueblos, que se revive con cada celebración. Este apoderamiento, como un proceso social y simbólico, tiene muchos matices. Una de las dimensiones es la política. “La toma tiene que hacerse en el centro, donde está el núcleo del poder local, es decir el poder político, religioso y económico. Tomarse este espacio significa políticamente irrumpir para decir y evidenciar que los ‘runas’ de este territorio están presentes”.
Un segundo sentido es espiritual y constituye la esencia de este accionar. El espacio que se toma es una huaca antigua, un antiguo lugar cargado de espiritualidad (29). Según se dice en los tiempos de los Karas fue un lugar de montículos que se construyeron para el levantamiento del pueblo Cotacachi, “Por lo tanto, señala Lenin Alvear, venir a tomarse este espacio significa espiritualmente venir a visitar, a estar en contacto y en agrado con los espíritus de nuestros antepasados”.
Estos dos sentidos tienen congruencia para generar un proceso cultural importante. La toma de La Plaza inicia en la época de la colonia, con el primer levantamiento indígena de Cotacachi, para mostrar la inconformidad con el daño de los colonizadores a su cultura, y la vitalidad de conocimientos, la sabiduría de un pueblo antiguo ubicado en este territorio. En la actualidad, la toma de La Plaza en los días de Hatun Puncha se hace de una forma diferente, porque llegan todas las comunidades motivadas por ese mismo sentir de fuerza, de perseverancia de su vivencia y cultura, para luchar para apoderase de este espacio. “El venir al lugar es decir ‘estamos aquí’, es mostrar que nadie es más ni menos, que ante el poder político, religioso, no somos inferiores”, manifestó Rodrigo Cabascango, del pueblo Kichwa Cotacachi.(…) Los enfrentamientos entre las comunidades altas y bajas, a pesar de estar unidos por la misma cultura, son comunes en estos días, pues existe la creencia de que el derramar sangre es necesario como una forma de agradecimiento a la Pacha Mama por lo ofrecido durante el año. Se toman el espacio, celebran unidos bajo sus creencias, bajo la fortaleza de su identidad, para demostrar su ‘kawsay’ y su energía y conexión con sus raíces y ancestros. (CFDA)”. (La Hora/ Noticias Imbabura (martes, 21 de junio de 2016).
La ocupación del Parque del Retiro es la toma de la plaza, del centro mismo de la ciudad que es la capital de España, la forma en que los andinos existen, que están aquí, la lucha por su reconocimiento como un pueblo vivo con sus conocimientos, sus visiones del mundo, sus maneras de habitarlo. Los pueblos indígenas sienten el mundo como la suma de muchas partes complementarias que se necesitan unas a otras, en el todo está relacionado, todo se complementa, todo deber ser recíproco. Existe una justicia cósmica. Todos debemos retribuir, dar y devolver a la tierra, al cielo, a los hermanos animales y plantas, a las montañas, a los ríos, a nuestros hermanos, a nuestros dioses y a nosotros mismos.
Sobre ese mundo como antes sobre las huacas, el proyecto moderno construye sus ciudades, como Madrid, abiertas compitiendo en el mundo global por atraer, como condición para su reproducción, el flujo de mercancías, capitales, y los seres humanos que lo protagonizan, y se cierra a la vida, a las personas migrantes, como las personas andinas y los mundos que representan (30).
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Notas