In memoriam

In memoriam: Stephen Webre, maestro y amigo

Coralia Gutiérrez Álvarez
Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego, México

In memoriam: Stephen Webre, maestro y amigo

Anuario de Estudios Centroamericanos, vol. 50, 1-4, 2024

Universidad de Costa Rica

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Recepción: 06 Febrero 2023

Aprobación: 12 Febrero 2023

Stephen Webre, maestro y amigo…

El pasado 13 de septiembre de 2022 la Academia de Historia de Centroamérica recibió la infausta noticia: Stephen Webre, nuestro colega, compañero y amigo, había pasado a mejor vida. Después de una serie de infortunios de salud y accidentes domésticos, finalmente iniciaba una nueva travesía. Conocido entre nosotros por su papel central en la organización del Congreso Centroamericano de Historia, la reunión más importante de los historiadores de la región, Stephen llegó a América Central, en 1969, siendo un veinteañero, como miembro de la marina de los Estados Unidos.

Al terminar su servicio en la zona del Canal de Panamá, retomó su vocación por los estudios históricos en la Universidad de Tulane, en su natal Louisiana. Fue entonces, como estudiante de posgrado, que llegó a Guatemala y a El Salvador, a mediados de la década de los setenta. Con su doctorado, obtenido también en Tulane, en 1980, bajo la dirección de Ralph Lee Woodward Jr., inició en firme la carrera como colonialista, que lo llevó a ser, en los últimos años, un experto en la historia de Centroamérica y Guatemala, en particular de la vida, instituciones y personajes de la ciudad colonial en el siglo XVII.

Stephen fue un historiador comprometido con el oficio, que dedicó tiempo y recursos considerables al impulso de la historiografía centroamericana, para lo cual se involucró en varios proyectos y se mantuvo durante décadas enseñando la historia colonial (especialmente de Guatemala) y la historia contemporánea de América Latina. Stephen fue un gran maestro, oficio que además disfrutaba. Por más de 30 años, fue un profesor destacado de la Louisiana Tech University, en donde llegó a ser profesor emérito, además de servir en la administración del Departamento de Historia y la Facultad de Artes. La pasión de Stephen por la docencia iba más allá de las aulas universitarias, como lo saben los adultos de Ruston, Homer y otros lugares del norte de Louisiana, con quienes Stephen tenía círculos de lectura, actividad por la cual fue premiado en 2014, por el Fondo de Luisiana para las Humanidades. Entonces, expresó: “Estoy seguro de que hay personas que lo merecen más que yo, pero es bueno ser reconocido por algo que realmente disfruto y en lo que también creo”.

Stephen fue un entusiasta promotor de la historiografía centroamericana. Además de las muchas tesis que dirigió en Louisiana Tech University y de su propias publicaciones (como el clásico La sociedad colonial en Guatemala: estudios regionales y locales, 1989), fue parte del equipo editorial de la revista Mesoamérica (1980), del Boletín de la Asociación para el Fomento de los Estudios Históricos en Centroamérica (1999) y más recientemente de la Enciclopedia de investigación de Oxford para la historia latinoamericana (2019), además de coeditor, por más de una década, de la entrada de Centroamérica en el Handbook of Latin American Studies, editado por la División Hispana de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Stephen creó además El Noticiero Centroamericanista, una gaceta para recoger noticias de interés para los estudiosos de la historia y cultura de los países centroamericanos, como congresos, programa de becas, recursos bibliográficos, archivísticos o electrónicos y otras novedades.

Como especialista de la historia colonial, Stephen fue invitado a participar en muchos eventos en el espacio mesoamericano, pero su principal inspiración para impulsar esa área del conocimiento fue la Mesa de Historia Colonial, dentro del Congreso Centroamericano de Historia. En 1998, con ocasión del cuarto congreso, junto con Elizabeth Fonseca y José Manuel Santos, inició la tradición de la Mesa. Desde entonces, cada dos años, hasta 2021 se mantuvo al frente de su coordinación, junto a otras y otros colegas. En tal tarea, Stephen, puso en juego toda su capacidad organizativa y su siempre buena disposición para contribuir al avance de la historiografía en la región. En ese lapso las ponencias presentadas en la Mesa fueron aumentando rápidamente, hasta superar las dos docenas en 2002 (Panamá) y las casi cuatro una década después (San Cristóbal de las Casas); en 2021, en el XV congreso, organizado por la Universidad de Costa Rica, se presentaron 46 trabajos.

La calidad de las presentaciones en la Mesa Colonial también fue alta, resultado en buena medida de la dedicación de Stephen a preparar la reunión, desde al menos un año antes; él daba por descontada la heterogeneidad de los trabajos, ya que en la convocatoria incluía tanto a estudiantes avanzados y graduados, como a posgraduados e historiadores profesionales. Sin embargo, a base de solicitar un breve adelanto de la ponencia, pidiendo que se señalaran no solo los temas, sino también las metodologías y fuentes a utilizar, generalmente se lograba un buen balance. Igualmente, en el curso de la reunión, se esmeraba en cuidar todos los detalles, de manera que, más allá del buen desarrollo de cada panel, registraba, por ejemplo: quiénes eran y el número de asistentes anotados, y los que también no asistían, además de otros asuntos significativos para llevar el evento de la mejor forma posible hasta el final. Por último, pero muy importante, procuraba un ambiente serio a la vez que cordial y trataba a cada uno de los participantes con el mayor respeto y comedimiento. Sin duda, Stephen sentía gran orgullo al coordinar la Mesa Colonial.

Además de su pulcritud, seriedad y pasión por el oficio de historiar, Stephen se caracterizó por ser una persona apacible y discreta. Aunque recibió más de un reconocimiento, mantuvo su sencillez y fue capaz de valorar los méritos de sus pares y sus no pares. Igualmente, su sensibilidad lo llevó a solidarizarse con los demás, cuando fue necesario. El obituario que escribió a Pancho Fernández, su perro, retrata esas cualidades, además de su sentido del humor.

Como cachorro apareció un día en el portón de la casa manifestando señas de abandono, hambre y frío. Le dimos [Stephen y su esposa Karen] abrigo, comida y cuidado de salud y él nos recompensó con cariño y lealtad hasta el día de su muerte. Su nombre un poco raro lo debió a una telenovela del momento en que uno de los protagonistas era un estafador de la misma apelación que vendía condominios no existentes en Ibiza. No recordamos por qué se nos ocurrió llamarlo así, pero así se volvió y siempre será nuestro Pancho Fernández. ¡Adiós, Panchito! Te extrañamos, chico (el texto apareció en El Noticiero Centroamericanista, en enero de 2007).

Adiós Stephen, los amantes de la historia, la cultura y el arte en Mesoamérica y Louisiana te echaremos de menos. Como dijo el colega chiapaneco Jesús Araujo González, en su saludo de despedida: Descanse en Paz el estimado y muy querido maestro ¡Luz al viajero!

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Acerca de la persona autora: Coralia Gutiérrez Álvarez. Guatemalteca. Doctora en Historia, Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México. Profesora e Investigadora en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades Alfonso Vélez Pliego, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Puebla, México.

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