Reseñas

Hernández, Carlos. (2022). La civilización fracasada. Crítica política desde Ignacio Ellacuría al capitalismo. UCA Editores

Gerardo Monterrosa Cubías
Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur, México

Hernández, Carlos. (2022). La civilización fracasada. Crítica política desde Ignacio Ellacuría al capitalismo. UCA Editores

Anuario de Estudios Centroamericanos, vol. 50, pp. 1-9, 2024

Universidad de Costa Rica

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Hernández Carlos. La civilización fracasada. Crítica política desde Ignacio Ellacuría al capitalismo. 2022. UCA Editores. 216pp.

Recepción: 14 Diciembre 2023

Aprobación: 18 Diciembre 2023

Introducción

El pensamiento de Ignacio Ellacuría continúa vigente treinta años después de aquella fatídica madrugada del 16 de noviembre de 1989.1 Para comprobarlo basta escribir su nombre en un buscador de la internet. En Google Académico, por citar un ejemplo, aparece que María José Camacho defendió una tesis acerca de su planteamiento ético en el Tecnológico de Monterrey (Camacho, 2022), que José Coupeau se basó en sus reflexiones teológicas para elaborar un artículo (Coupeau, 2022) y que Marcela Brito hizo lo propio al examinar la politicidad de la filosofía del jesuita (Brito, 2023). Diversos factores explican el interés por las ideas de este sacerdote que hizo de El Salvador su patria adoptiva: el diálogo que entabló con pensadores como Hegel y Marx, la audacia de su teología política, la originalidad de su filosofía y, desde luego, la respuesta que le brindó a los problemas económicos, políticos y sociales que le tocó vivir en el último cuarto del siglo pasado.

Los tres primeros factores definen a todos los hombres y las mujeres que han marcado la historia del pensamiento occidental, pero el último es exclusivo de unos pocos, en especial de Ellacuría. El jesuita no fue un intelectual de escritorio ni se alejó del mundanal ruido para dedicarse a sus escritos, sino que permaneció al frente de la UCA, en medio de las amenazas y las balas, platicando con los actores del drama que vivía El Salvador en la década de 1980 para encontrar una salida negociada al conflicto armado. De ahí surgieron sus planteamientos filosóficos y teológicos, de una lectura atenta de la realidad en la cual hubo espacio para las utopías. Ellacuría desarrolló en sus obras la dimensión negativa y crítica de la filosofía (esa que tanto admiró de la figura de Sócrates), pero también una sistemática y constructiva. En sus escritos académicos y en los que redactaba para los programas radiales, apareció siempre un carácter deontológico que llevaba implícito una crítica. Una realidad imaginada que, por su escandalosa distancia de la coyuntura, exigía cambios radicales y urgentes.

Este principio, asumido como hipótesis de trabajo, es el que desarrolló Hernández en el libro que reseño. De ahí partió para estudiar la utopía forjada por Ellacuría: “la civilización de la pobreza”, que contrapuso a la del capitalismo. De esta forma, el autor nos muestra otro aspecto del quehacer intelectual del jesuita. Explica las pautas que estableció para historizar las ideas, para hacer evidente que las teorizaciones responden a un contexto sociopolítico y a unas vivencias personales determinadas. El trabajo de Hernández, lejos de las cavilaciones exclusivas para eruditos, constituye una herramienta idónea para aproximarse al pensamiento de Ellacuría. Su lectura permite examinar con mayores elementos de juicio aquellos escritos en los que se abordan a secas sus reflexiones filosóficas. Es una obra tejida desde las ciencias sociales que incluye aportes de la disciplina histórica, la teoría política y en la que se emplea una metodología propia de la antropología: las historias de vida. Todo para ilustrar el contexto político y la experiencia que dieron forma a la utopía de Ellacuría.

El libro consta de cuatro capítulos. En el primero se explican las causas del estallido de la violencia política en El Salvador a través de un estudio de las décadas que antecedieron a la de 1980; en el segundo es elaborada una reflexión teórica sobre la democracia y el Estado en Centroamérica; en el tercero se da cuenta de Ellacuría como actor político y, finalmente, en el último capítulo, es analizada la utopía del jesuita, la civilización de la pobreza, con una pregunta rectora: ¿se trata de una apología a la pobreza? A continuación, en búsqueda de una reseña ordenada, expondré tres aspectos de esta obra: su carácter didáctico, la historización de algunos conceptos y el abordaje de la civilización de la pobreza.

La importancia de la forma

El libro titulado La civilización fracasada, resultado de la investigación que Hernández llevó a cabo de 2014 hasta 2018, es ameno y claro debido a su carácter didáctico. Aquí se aplica a la perfección lo que suele decirse cuando un autor o una autora es amable con sus lectores: los lleva de la mano, les explica con detenimiento los puntos clave o más difíciles y rechaza cualquier pedantería intelectual. No cabe duda de que toda obra es fruto de las vivencias de quien la concibió, y en el caso de Hernández esto se comprueba en cada línea. Su labor como docente se pone de manifiesto cuando aborda, por ejemplo, los conceptos de democracia y Estado, a través de los análisis de especialistas como Robert Dahl y John Dunn, al revisar la historia salvadoreña del siglo pasado en el primer capítulo y al explicar la utopía de Ellacuría con distintos ejemplos.

Quienes han leído los escritos filosóficos de Ellacuría saben bien que es un pensador complejo y difícil de entender, un autor que exige de sus lectores conocimientos previos de la historia de la filosofía y el manejo de neologismos ideados por Zubiri. El mismo Ellacuría advirtió que toda persona que quisiera adentrarse en el terreno de la filosofía necesitaba una preparación técnica para captar las cavilaciones de los hombres y mujeres que suelen tenerse por los más inteligentes (Ellacuría, 2001a). Ahora bien, si se aplica esta advertencia al propio Ellacuría, puede decirse que Hernández hace accesible su pensamiento.

Cada escritor define a su público con las palabras que utiliza y Hernández, en este sentido, ofrece una obra introductoria que servirá en las aulas por su precisión y claridad, pero también como ejemplo de creatividad analítica. En este libro los planteamientos de Ellacuría sirven para interpretar la historia reciente de El Salvador, ejercicio que corrobora su vigencia.

Respuestas nuevas a problemas nuevos

Hernández efectuó en su investigación una operación doble y complementaria. Por una parte, explicó la historización de los conceptos postulada por Ellacuría, que contiene una dimensión utópica, y, por otra, aplicó este método a la historia reciente de El Salvador. Por ello, el libro ofrece elementos de juicio para estudiar también el estallido del conflicto armado en ese país centroamericano. El pensamiento del jesuita sirve para examinar los discursos ideologizados que los funcionarios salvadoreños expresaron durante el siglo pasado. Su criticidad es usada para mostrar lo que sucede cuando los conceptos son vaciados de su significado.

En este renglón, Hernández resaltó el discurso de Rodolfo Cordón, presidente interino que abrió paso a la era del Partido de Conciliación Nacional (PCN). En 1962, éste exaltó la vocación democrática del pueblo salvadoreño, la cual se puso de manifiesto, desde su óptica, en la jornada electoral celebrada en ese año. Empero, Cordón pasó por alto en su intervención las circunstancias que propiciaron este evento. Meses antes, un grupo de militares ejecutó un golpe de Estado y luego promulgaron una Constitución solo para que uno de los complotados compitiera por la silla presidencial. De hecho, cuando el coronel Julio A. Rivera se disponía a participar de unos comicios que eran puro trámite, pues todos los candidatos de la oposición abandonaron la contienda, la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS) decidió no dejar solo al coronel. Presentarían su candidato.

Por aquellos días, muchos rumores circularon en San Salvador. Se habló, por ejemplo, del retorno al país de Arturo Romero, principal opositor del general Maximiliano Hernández Martínez en la década de 1940. Pero en la fecha indicada para la presentación del candidato, los capitalinos se llevaron una sorpresa. Víctor Valle relató que los organizadores del desfile consiguieron un burro en San Antonio Abad, le colocaron un uniforme militar y lo subieron en una carroza. “Lo llevaron a la Plaza Libertad y provocaron las carcajadas de la población que se congregó en el lugar. Me acuerdo de que el desfile empezaba con una manta que decía: este burro es coronel, este coronel es burro” (Valle, 2021). El objetivo de los estudiantes era denunciar con jocosidad la farsa electoral que el oficialismo había montado.

La puntada anterior ilustra el ingenio y la osadía de los estudiantes de los años sesenta, pero también, como punto medular, la desvinculación de los discursos de los personeros con la realidad del país. Hacia allá apunta la historización de los conceptos que propuso Ellacuría. En concreto, a analizar los conceptos políticos que constituyen la base de legitimación de una sociedad, aquellos que se presentan y proclaman con un significado normativo. Como explicó José Manuel Romero, “la historización consiste en comprobar si un determinado concepto o derecho proclamado como efectivo político e institucionalmente se está realizando en verdad en una determinada situación sociohistórica” (Romero, 2016, p. 55).

Este fue el ejercicio que Hernández realizó con algunos acontecimientos de la historia política salvadoreña. Ahí se valió de los análisis de coyuntura elaborados por Ellacuría para revisar la truncada reforma agraria de la década de 1970 —que generó uno de los editoriales más famosos del jesuita: “A sus órdenes mi capital”—y examinar las elecciones de los años ochenta que llevaron a la aprobación de una Carta Magna y a José Napoleón Duarte a la silla presidencial. En los tres casos, la noción de historización de los conceptos explica de manera atinada el incumplimiento de los objetivos enunciados: aliviar la presión social que suscitaba la distribución desigual de la tierra (Orbelin y Volkind, 2023) y detener la espiral de violencia de la década de 1980. Para Ellacuría, la proclamación institucional del bien común se vuelve ideologización cuando se propugna de forma abstracta sin colocar las condiciones materiales para su realización. Y en la democracia, su ausencia provoca un estado de cosas contrario al postulado como normativo (Ellacuría, 2001b).

En este sentido, el libro que reseño contiene pistas sugerentes para estudiar el camino de la democracia en Centroamérica. Hernández analizó en el segundo capítulo esta forma de gobierno, que pasó del desprecio de filósofos como Platón y Aristóteles en la Antigua Grecia a la ponderación de los pensadores modernos con el diseño de la representación, y después, a través de los trabajos de Edelberto Torres Rivas, Sajid Herreras y Jordana Dym, estableció la peculiaridad de la región centroamericana en la materia. “La aceptación e institucionalidad del término democracia no se tradujo inmediatamente —en el siglo XIX— en la creación de mecanismos que buscaran la pluralidad de opciones políticas, la disposición del voto para la dirección del Estado o la consecución de elecciones limpias, transparentes y justas. Más bien optaron por un sistema representativo republicano para evitar un gobierno democrático en el que los individuos, con voto directo, manejasen el poder político” (Dym y Herrera, 2014, p. 104).

¿Invalida esta verificación con saldos rojos a la democracia? ¿Se le debe rechazar por esta razón como forma de gobierno? Nada más alejado del planteamiento de Ellacuría. Como expuso Hernández, el jesuita cuestionó el uso formal y abstracto de algunos conceptos, entre estos el de democracia, pero valoró su contenido de verdad. Por tal razón, en la historización no es refutada la totalidad del mensaje ideologizado porque se perdería la verdad, la justicia y el valor que contienen, sino que se separa y se muestra en la praxis histórica cuál es el modo de convertir en realidad lo que sólo se queda en ideal. Y es ahí, en esa valoración, que aparece la dimensión utópica de los conceptos normativos, tema que nuestro autor analizó en el cuarto capítulo del libro.

Hernández parte en estas hojas de una tesis que me parece acertada: “lo que se pueda desarrollar sobre la teorización del Estado y la democracia desde el pensamiento de Ellacuría pasa por su examen a la luz de la utopía propuesta por él sobre la civilización de la pobreza. Cualquier otro abordaje que pretenda separar el análisis político ellacuriano de su propuesta utópica central será impreciso” (Hernández, 2022, p. 175). Ante esta postura, la explicación de la dimensión utópica se hizo necesaria. El autor abordó entonces sus fuentes, entre las que se encuentran la teología de la liberación y una filosofía que invita a ejercer un pensamiento crítico, y revisó los elementos que Ellacuría propuso para explicar el funcionamiento de las civilizaciones: el motor fundamental y el principio de humanización.

Por medio de estos dos elementos el jesuita dio cuenta de la civilización de la riqueza, la contraparte de su propuesta utópica. A grandes rasgos, en ésta el éxito individual se mide por los recursos materiales ostentados y se definen como modelos de vida positivos aquellos en los que reina la abundancia y el despilfarro. El gran problema de este tipo de civilización es que no cumple con el principio de universalización trazado por el filósofo de Königsberg, Immanuel Kant. “Si el comportamiento y aun el ideal de unos pocos no puede convertirse en un comportamiento y en realidad de la mayor parte de la humanidad (escribió Ellacuría), no puede decirse que ese comportamiento y ese ideal sean morales y, ni siquiera humanos”. Y concluyó con la siguiente reflexión: “En nuestro mundo, el ideal práctico de la civilización occidental no es universalizable, ni siquiera materialmente, por cuanto no hay recursos en la tierra para que todos los países alcancen el mismo nivel de producción y consumo (Ellacuría, 2000, p. 249).

Ante esta dificultad es que presentó Ellacuría su utopía concreta: la civilización de la pobreza. “En esta, el motor fundamental ya no es acumular hasta alcanzar el mayor exceso posible. Lejos de eso, se busca construir todo un ordenamiento humano en distintos ámbitos de la vida que tenga como fundamento esencial la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos y su realización personal y comunitaria” (Hernández, 2022, p. 142). Varios puntos de esta propuesta son tratados y discutidos por Hernández en el libro. Y en sus líneas el lector encuentra elementos de juicio para emprender estudios en el terreno de la ecología política y otros en lo que se analiza la coyuntura. Con miles de refugiados que huyen de sus países por la violencia, la marginación y los efectos del cambio climático.Ante esta dificultad es que presentó Ellacuría su utopía concreta: la civilización de la pobreza. “En esta, el motor fundamental ya no es acumular hasta alcanzar el mayor exceso posible. Lejos de eso, se busca construir todo un ordenamiento humano en distintos ámbitos de la vida que tenga como fundamento esencial la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos y su realización personal y comunitaria”.

En síntesis, considero que el libro de Hernández brinda herramientas para evaluar de manera crítica la historia de El Salvador y del mundo actual. Nos recuerda la importancia del pensamiento socrático y la energía que tiene la filosofía cuando ilumina el sendero recorrido. Muestra la relación que existe entre la obra de un pensador y el contexto que la suscitó. Pone de manifiesto la efectividad de Ellacuría como actor político y las razones por las cuales sus planteamientos siguen inspirando trabajos de diferente tipo.

Referencias

Brito, M. (2023). Politicidad de la filosofía en Ignacio Ellacuría: algunas claves para repensar la política. Res Publica. Revista de Historia de las Ideas Políticas, 26(1), 1-23. https://doi.org/10.5209/rpub.81318

Camacho, M. J. (2022). Ética y realidad histórica: una propuesta desde el pensamiento de Ignacio Ellacuría (Tesis de doctorado). Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. https://repositorio.tec.mx/handle/11285/648510

Coupeau, J. C. (2022). Una ciudad en lo alto: espiritualidad y ciudad en los Escritos teológicos de Ignacio Ellacuría. Theologica Xaveriana, 72, 1-26. https://doi.org/10.11144/javeriana.tx72.caecet

Dym, Jornada y Herrera, Sajid. (2014). Estado. En J. Dym y S. Herrera (Coords.), Centroamérica durante las revoluciones atlánticas: el vocabulario político, 1750-1850 (pp. 113-126). Instituto Especializado de Educación Superior para la Formación Diplomática.

Ellacuría, Ignacio. (2000). [1989]. Utopía y profetismo desde América Latina. Un ensayo concreto de soteriología histórica. En Escritos teológicos (pp. 233-293). UCA Editores.

Ellacuría, Ignacio. (2001a). [1976]. Filosofía ¿para qué? En Escritos filosóficos (pp. 115128). UCA Editores.

Ellacuría, Ignacio. (2001b). [1978]. Historización del bien común y de los derechos humanos en una sociedad dividida. En Escritos filosóficos (pp. 207-217). UCA Editores.

Orbelin, Matías y Volkind, Pablo. (2023). Radiografía del campesinado salvadoreño al momento del Primer Congreso Nacional de Reforma Agraria (1970). Revista de la Red de Intercátedras de Historia de América Latina Contemporánea, 10(19), 66-85. https://revistas.unc.edu.ar/index.php/RIHALC/article/view/43250

Romero, José Manuel. (2016). La historización como crítica inmanente de la ideología en Ignacio Ellacuría. Revista de Estudios Centroamericanos, 71(744), 51-66. https://doi.org/10.51378/eca.v71i744.3153

Valle, Víctor. (2021). Siembra de vientos. El Salvador 1960-1969. Editorial Universitaria.

Notas

1 Ese día, soldados del ejército salvadoreño entraron al campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, UCA, donde asesinaron a Ellacuría junto a cinco sacerdotes jesuitas más y dos de sus colaboradoras: Elba y Celina Ramos.

Información adicional

Gerardo Monterrosa Cubías: Salvadoreño. Doctor en Ciencias Sociales y Humanísticas por el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica, CESMECA-UNICAH. Investigador en el Centro de Investigaciones Multidisciplinarias sobre Chiapas y la Frontera Sur de la Universidad Nacional Autónoma de México, CIMSUR-UNAM.

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