ENTRE LA MOVILIZACIÓN Y LA DESMOVILIZACIÓN POLÍTICA: REFLEXIONES METODOLÓGICAS SOBRE DESIGUALDAD, SUFRIMIENTO Y MOVIMIENTOS SOCIALES1
MOVILIZATION AND POLICY DEMOVILIZATION: METHODOLOGICAL REFLECTION ABOUT INEQUALITY, SUFFERING AND SOCIAL MOVEMENTS
ENTRE LA MOVILIZACIÓN Y LA DESMOVILIZACIÓN POLÍTICA: REFLEXIONES METODOLÓGICAS SOBRE DESIGUALDAD, SUFRIMIENTO Y MOVIMIENTOS SOCIALES1
Revista de Ciencias Sociales (Cr), vol. II, núm. 152, pp. 55-68, 2016
Universidad de Costa Rica
Recepción: 29 Abril 2015
Aprobación: 06 Abril 2016
Resumen: En este artículo se analiza la relación existente entre desigualdad, sufrimiento y movimientos sociales. Para analizar dicha relación, se exponen los hallazgos de algunas investigaciones que se han realizado en este tema. Posteriormente, se analiza el trabajo realizado en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la Universidad de Costa Rica (UCR), con el fin de aportar al estudio de los movimientos sociales.
Palabras clave: DESIGUALDAD, SUFRIMIENTO SOCIAL, MOVIMIENTOS SOCIALES, METODOLOGÍA.
Abstract: This article explores the relation between inequality, social suffering and social movements. To analyze this relation, it explores some researches that shows how has been studied this field of knowledge. Afterwards, this paper examines the work realized in the Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) of the Universidad de Costa Rica, to contribute to the analysis of social movements.
Keywords: INEQUALITY, SOCIAL SUFFERING, SOCIAL MOVEMENTS, METHODOLOGY.
INTRODUCCIÓN
Las reflexiones en torno al tema de la desigualdad pocas veces hacen referencia a las consecuencias políticas que esta tiene en las experiencias de los grupos que la viven. De esta forma, la desigualdad aparece dibujada como un dato en torno al acceso a la educación, a la salud, a la vivienda o una pensión, sin que, necesariamente, esta información hable de las estrategias colectivas que siguen los distintos grupos sociales para enfrentar la vivencia cotidiana de la desigualdad. Así, sin desmerecer la importancia de conocer datos como los señalados, estos pocas veces ayudan a entender cómo la desigualdad produce sufrimiento social y cómo ese sufrimiento puede ser un eje movilizador o desmovilizador en términos políticos. En este artículo se exponen algunas ideas sobre la relación existente entre estos procesos, a fin de discutir las implicaciones que esta reflexión tiene para una línea de análisis en construcción, que ha sido trabajada en el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS)2 de la Universidad de Costa Rica.
Uno de los puntos de partida de este artículo es que las discusiones en torno a la desigualdad, en el marco del Programa Nuevas Formas de Acumulación, Distribución y Desigualdad (PADD) del IIS, no han tocado a profundidad el tema de las consecuencias políticas de estos procesos. En ese sentido, la pregunta general que organiza este artículo refiere a la necesidad de comprender qué hacen los distintos grupos sociales con la desigualdad: ¿la aceptan?, ¿se resignan ante ella?, ¿la sufren?, ¿la rechazan?, o ¿la convierten en enojo, en organización política o en dignidad?
Si bien, este artículo no pretende agotar la discusión, las siguientes son algunas de las preguntas específicas que interesa discutir, considerando la posibilidad de plantear otras iniciativas de investigación a largo plazo ¿Cómo es asumida la experiencia de la desigualdad por los grupos excluidos de nuestra sociedad?, ¿la experiencia de la desigualdad conduce a la movilización política o por el contrario, invita a la desmovilización?, ¿las situaciones en donde persiste un acceso limitado a la educación, a los servicios de salud, a la vivienda, en donde se tiene un trabajo de condiciones precarias o se vive en un ambiente contaminado, permiten la movilización y la organización política, o hacen que estas situaciones sumen a los grupos que las viven en un ambiente de impotencia y resignación?, ¿es la protesta social únicamente un momento de ruptura, que es seguido por un estado en donde la política es relegada a un segundo plano?, ¿cómo es posible la organización en grupos con recursos políticos limitados? Finalmente, ¿cómo se construyen las capacidades organizativas de los grupos sociales afectados por la desigualdad, más allá de los tiempos de la protesta?
Seguidamente se abordan algunas de estas preguntas, revisando investigaciones hechas sobre el tema. Para finalizar con un análisis del trabajo realizado desde el IIS, a partir de los interrogantes.
ENTRE LA MOVILIZACIÓN Y LA DESMOVILIZACIÓN POLÍTICA: LO QUE SEÑALAN OTRAS INVESTIGACIONES
La desigualdad y los procesos de discriminación, exclusión y sufrimiento social que esta conlleva, no siempre se traducen en formas de organización o movilización política. Sin embargo, existen múltiples experiencias que muestran que ante procesos de desigualdad, la organización y la movilización política son posibles. En este sentido, junto con Raúl Zibechi se entiende por movimiento social “la capacidad, individual y colectiva, de modificar el lugar asignado o heredado en una organización social y buscar ampliar sus espacios de expresión” (Zibechi 2006, 127). Es decir, por movimiento social se comprenden las distintas iniciativas de carácter colectivo, sostenidas en el tiempo, que buscan impugnar y revertir un orden social desigual, excluyente y discriminatorio, el cual puede producir sufrimiento social.
Ahora bien, con Kleinman, Das y Lock (1997), por “sufrimiento social” se entiende a aquellas experiencias de dolor que son vistas, sentidas y representadas socialmente, las cuales se encuentran vinculadas al desarrollo de conflictos de carácter político, a procesos relacionados con la violencia en todas sus expresiones, a situaciones vinculadas al desarraigo y la muerte, así como al desarrollo de enfermedades y padecimientos, tanto físicos como mentales, entre otros. Todos estos procesos se encuentran estructurados en función de una distribución desigual de los recursos disponibles para hacerles frente.
Es decir, a pesar de que el sufrimiento social no es experimentado de manera exclusiva por un grupo particular de la sociedad, es posible encontrar mayores experiencias de sufrimiento entre quienes se encuentran “desesperadamente pobres y desprovistos de poder” (Kleinman, Das y Lock 1997, ix; Traducción propia). De acuerdo con estos autores, las distintas representaciones culturales y las memorias en torno al sufrimiento van dando contenido a las diferentes formas de sufrir, las que se expresan tanto individual como colectivamente.
Ahora bien, los distintos actores colectivos no siempre tienen las condiciones subjetivas, organizativas o políticas para llevar a cabo procesos con los que se busque revertir las experiencias cotidianas de desigualdad y sufrimiento. En ese sentido, se reseñan algunas investigaciones que ejemplifican situaciones en donde la desigualdad conlleva o no, a la movilización política.
El sociólogo argentino Javier Auyero ha mostrado en sus investigaciones que no necesariamente las situaciones de empobrecimiento, contaminación ambiental, abandono estatal o violencia social posibilitan la movilización y la organización política para enfrentar estas problemáticas. Así, en el texto Inflamable. Estudio del sufrimiento ambiental, escrito por Auyero y Swistun (2008), los autores plantean la dificultad que existe en comunidades en donde las condiciones de vulnerabilidad parecen haberle dado paso a la inacción política.
Villa Inflamable, lugar en donde se realiza esta investigación, es el nombre con el que se conoce a un lugar en Buenos Aires, Argentina, que se encuentra rodeado por polos petroquímicos, así como ríos contaminados por desechos tóxicos provenientes de uno de los incineradores más grandes del país y un relleno sanitario. A pesar de todas las amenazas existentes, quienes habitan este espacio no necesariamente han podido constituirse como actores políticos, dado que se encuentran acosados por el miedo o por las promesas, tanto privadas como públicas, de una posible reubicación geográfica o de una eventual indemnización3. De acuerdo con los autores, esta experiencia de desmovilización política es una muestra de los distintos mecanismos que dan lugar a la dominación. Al respecto, señalan los autores:
...todo este proceso nos dice sobre las maneras en que funciona la dominación y cómo esta es experimentada por los dominados. Opera mediante el sometimiento al poder de los otros (abogados, jueces, funcionarios) y es experimentada como un tiempo de espera: esperando (en una permanente y rápida sucesión de esperanza y desaliento) que otros tomen decisiones sobre sus vidas y se rindan, en efecto a la autoridad de otros (Auyero y Swistun 2008, 182).
Sin embargo, otra es la situación que se analiza en el caso del estudio publicado bajo el título Vidas beligerantes. Dos mujeres, dos protestas y la búsqueda de reconocimiento (Auyero 2004). En este trabajo, el autor muestra que para que sea posible el posicionamiento de determinadas demandas políticas, la movilización se encuentra antecedida y debe ser acompañada por la búsqueda del reconocimiento de quienes han sido abusados o violentados, al encontrarse inmersos en determinadas relaciones de poder. Es por ello que, al levantar las pancartas con demandas políticas específicas, quienes se unen a una lucha, han ido asumiéndose como grupos excluidos, discriminados y violentados en sus derechos, en las diversas relaciones sociales tejidas a través de su historia, tanto personal como colectiva. De esta manera, las luchas sociales no tienen un vínculo único y exclusivo con las condiciones materiales de vida, dado que también tienen relación con la búsqueda del respeto, el reconocimiento y la dignidad. Esta experiencia se sintetiza en la siguiente transcripción, que da cuenta de un corte de ruta conocido como “La Pueblada”, en Argentina4.
...me atrevería a decir que el mundo social creado en torno del estar en la ruta ofreció tanto a los habitantes como a los piqueteros, durante siete días, gran parte de aquello de lo que carecieron casi totalmente como habitantes de un lugar en peligro: una justificación para existir. Estar en la ruta les permite rescatarse a sí mismos del olvido oficial, les ofrece la posibilidad de salir de la indiferencia (Auyero 2004, 114).
En ese mismo texto, Laura, una de las mujeres entrevistadas por Auyero, que participó en las protestas de “La pueblada”, describió su proceso de involucramiento político en relación directa con su biografía, atravesada por la violencia doméstica y por la descalificación de sus compañeros piqueteros, lo que la llevó a convertirse en la representante de quienes se manifestaron, firmando el acuerdo que puso fin a las protestas: en los piquetes, dice, “me gané el respeto que merezco”. Al firmar el acuerdo con el gobernador “yo estaba firmando contra todas las injusticias, las humillaciones que sufrí en mi vida” (Auyero 2004, 272).
En este mismo sentido, existen textos que documentan experiencias en donde nuevos vínculos han surgido para hacerle frente, de manera colectiva, a la exclusión y a la desigualdad. Por ejemplo, en el texto América Latina: Periferias urbanas, territorios en resistencia, Raúl Zibechi (2008) ha documentado cómo los comedores populares y las organizaciones del Programa de Vaso de Leche en toda la región, han sido un mecanismo no solo para paliar el hambre, sino que han surgido como estrategia contra el aislamiento y la soledad, proceso que este autor denomina como creación de “nuevos vínculos”. Los procesos de construcción de barrios autogestionados produjeron sentido de comunidad, en donde la salud, la vivienda, la educación y el alimento fueron asumidos colectivamente. De esta forma:
...los comedores tienen poco que ver tanto con la caridad o el clientelismo. Ambas cosas, por cierto, existen. Pero personas como Nilda y Nelly tienen muy claro que podrían estar haciendo otras cosas, entre ellas, ocuparse solo de salir adelante ellas como individuos, pero han optado por dedicar buena parte del día a apoyar a los más pobres de sus vecinos (Zibechi 2008, 145).
Con los disímiles resultados expuestos, es fundamental comprender dos procesos que son centrales en el estudio de los movimientos sociales, el primero hace referencia a la temporalidad; por ejemplo, diversos autores como Zibechi (2006), han denunciado las formas en que se entienden los movimientos sociales y los procesos emancipatorios, ya que la mayoría de las veces, estos tienen una lógica temporal distinta a la que se asume que deberían tener5. Esta lógica supera las temporalidades dominantes del mundo de la política tradicional, ancladas en las dinámicas político-partidarias electorales, en donde se pretende encasillar a todas las expresiones políticas6. De allí que la constitución de actores políticos en torno a los procesos de desigualdad, no necesariamente se produce en la inmediatez, sino que se va gestando lentamente, en un tiempo que les pertenece a los distintos actores.
En segundo lugar y directamente relacionado con lo anterior, el posicionamiento público de una demanda no necesariamente desdibuja la relación que esta posee con otras reivindicaciones expresadas a lo largo del tiempo y en alianza con otros grupos. Por ejemplo, Novotny (2000) en el texto Where We Live, Work and Play: Framing, Political Mobilization and Environmentalism in the Environmental Justice Movement, señala que muchas veces se entienden los movimientos sociales como portadores de una única reivindicación, sin comprender que los actores que luchan por demandas relacionadas con temas ambientales, lo hacen porque históricamente han sufrido empobrecimiento económico, discriminación étnica y políticas de desempoderamiento7.
Por esta razón, en una experiencia organizativa resulta fundamental recuperar no solo la lucha central que articula un movimiento, sino que se debe comprender la trama de demandas —hechas públicas de manera colectiva o no— que se involucran en esta organización; así como, las vidas de las personas y los grupos participantes8. Lo anterior, porque persisten tradiciones organizativas que no necesariamente se encuentran registradas en los movimientos cuando se realiza un corte coyuntural para su análisis, pero que sin duda, forman parte de este. Metodológicamente, el reto está en poder reconstruir las historias detrás de las reivindicaciones, tanto como identificar la coexistencia de demandas y las jerarquías de estas, las cuales se hacen explícitas o no son nombradas cuando se estudia determinado movimiento9.
Ahora bien, en el caso particular de la producción de agroquímicos, Mukherjee (2010), en su investigación sobre el desastre ambiental en Bhopal10, ha señalado que la vulnerabilidad de los trabajadores y de los pobladores en situaciones como la sucedida en la India, se encuentra relacionada con la pobreza, el analfabetismo, la insalubridad, el hacinamiento, la construcción de sus viviendas y la total dependencia hacia el Estado para reducir su exposición al riesgo. Estos procesos también han sido señalados en las distintas investigaciones sobre la exposición de las mujeres a los agroquímicos a nivel mundial (Jacobs y Dinham 2003).
De esta manera, en un caso de extrema vulnerabilidad, como lo ejemplifica lo vivido en Bhopal, al problema de la existencia de riesgos asociados a la planta productora de agroquímicos, se aunó la definición oficial de estos riesgos ofrecida por parte de tecnócratas, ejecutivos corporativos, oficiales del gobierno, científicos y planificadores de seguridad, por lo que quienes habitaban en Bhopal nunca mostraron hostilidad o cuestionaron las medidas existentes en la planta productora de agroquímicos. Adicionalmente, la distribución de publicidad falsa respecto a las medidas de seguridad en la planta contribuyó a que la desconfianza disminuyera, lo que fomentó la desmovilización.
Otro escenario surge cuando a la situación desigual se le suman procesos de estigmatización política y represión, en donde entran a jugar otros actores sociales, como los medios de comunicación y los cuerpos policiales, en estrecha relación con el Estado. En este caso, como muestran distintos estudios realizados en la región, la norma ha sido la ausencia o la limitación de mecanismos para contrarrestar las voces hegemónicas que hacen un llamado al “desarrollo”, al “bienestar general” o al “bien común”, opacando con esta estrategia las demandas planteadas por quienes sufren las consecuencias de la desigualdad en el ambiente y en sus propios cuerpos.
Este es el caso de las organizaciones que surgen en oposición a la minería metalífera en el caso argentino (Svampa y Antonelli 2009) y en el caso guatemalteco (Yagenova y García 2009), así como en la lucha de los educadores mexicanos en busca de mejores condiciones para la educación y para sus estudiantes (Rovira 2013). Frente a esta perspectiva, destacan las nuevas estrategias comunicacionales por parte de quienes poseen los recursos técnicos para hacerlo, estrategia que Rovira (2013) llama “las alternativas” ante la omisión mediática. Sin embargo, es claro que estos mecanismos no se encuentran al alcance de todos los grupos sociales11.
En síntesis, esta discusión permite señalar que no todos los actores, ni todas las coyunturas políticas son propicias para llevar a cabo iniciativas que intenten romper con la desigualdad como experiencia de vida. Quedan pendientes muchos trabajos e investigaciones que se podrían citar, pero se utilizan estas referencias para nombrar algunas de las tesis centrales en este estudio.
Con la finalidad de situar esta discusión en relación con el trabajo realizado sobre acciones colectivas y movimientos sociales en el IIS, seguidamente se discuten las implicaciones metodológicas de este trabajo, a partir de distintas unidades de análisis.
EL TRABAJO REALIZADO EN EL IIS: DISTINTAS LECTURAS
Considerando los aspectos señalados, se plantean una serie de lecturas desde las cuales se ha realizado el trabajo sobre movimientos sociales en el IIS, indagando en la posibilidad de acceder a la relación entre desigualdad, sufrimiento y movilización, así como valorar, desde una perspectiva metodológica, las unidades de análisis con las que se han realizado estos trabajos.
La primera de estas lecturas refiere a la realizada desde la acción colectiva de protesta; la segunda remite a las experiencias de vida vinculadas a un movimiento social, la tercera hace una aproximación desde las experiencias de vida en las cuales escasean los recursos políticos y se profundizan los procesos de discriminación y estigmatización; finalmente, se pone en discusión una lectura que acompaña el proceso de construcción colectiva del Programa Nuevas Formas de Acumulación, Distribución y Desigualdad (padd).
LECTURAS DESDE LA ACCIÓN COLECTIVA DE PROTESTA
Una primera lectura que permite el acercamiento a la relación discutida refiere a visualizar la desigualdad y su relación con la movilización política desde unidades de análisis como lo son: la acción colectiva de protesta o el ciclo de acción colectiva. La primera hace referencia a una manifestación pública de una demanda o reivindicación, mientras que la segunda es la expresión coyuntural de una serie de acciones colectivas en la búsqueda del posicionamiento público de una determinada demanda (Mora 2008b). Valga señalar que no necesariamente la acción o el ciclo de acción colectiva se encuentran vinculados a un movimiento social.
Esta lectura permite registrar las distintas expresiones que estas acciones pueden tener en diversos temas, en los cuales se destaca una aproximación a los procesos de negociación, que constituyen en sí mismos un tipo particular de acción colectiva. El trabajo realizado en el marco de esta primera lectura ha tenido como fuentes fundamentales las de carácter periodístico12.
Es importante reflexionar sobre las posibilidades analíticas de esta perspectiva, debido a que la protesta es solo un momento de un proceso político, por lo cual es posible que posterior a esta no surja nada en términos de seguimiento de las demandas o en relación a la construcción de capacidades organizativas. Al mismo tiempo, los actores colectivos involucrados en una acción pueden incorporarse a procesos de negociación en donde otras dinámicas de la cultura política impiden el reconocimiento de las reivindicaciones que movilizan.
En ese sentido, tal y como se ha realizado este trabajo en el IIS, una de las principales limitaciones de esta primera lectura refiere a la imposibilidad de dar seguimiento a lo que sucede después de la protesta. En primer lugar, porque las fuentes disponibles no siempre reportan lo que ocurre después de estas acciones, por lo cual es necesario recurrir a otras fuentes de información. En segundo lugar, porque es posible que después de la protesta no pase nada13. Adicionalmente, en términos de la relación esbozada (desigualdad, sufrimiento y movimientos sociales) las fuentes periodísticas son insuficientes para dar cuenta de este vínculo, debido a que pocas veces los medios de comunicación retratan otras voces que no sean las suyas, con sus formas hegemónicas de entender las conflictividades y sus interpretaciones — también hegemónicas— , en torno a cómo se deberían resolver los conflictos.
LECTURAS DESDE LAS EXPERIENCIAS DE VIDA VINCULADAS A MOVIMIENTOS SOCIALES
Una segunda lectura define la desigualdad a partir de las experiencias de vida de quienes participan en distintas formas organizativas como estrategias para enfrentar esta desigualdad. Acá el trabajo metodológico es de otra naturaleza, dado que no se trata de manera exclusiva de reconstruir la acción de protesta de manera aislada y mediante fuentes periodísticas, sino que lo que se busca es comprender la trama biográfica y política en donde esas acciones adquieren sentido.
En este caso, las experiencias de vida se convierten en una red de relaciones que indican bajo qué circunstancias una persona decide vincularse a una forma organizativa o un grupo decide asumir una lucha determinada, así como, las formas y los tiempos en los que estos procesos se llevan a cabo.
En esta lectura, la recurrencia a la memoria de las luchas es fundamental, puesto que el recuerdo se convierte en una forma de vida sobre la cual los actores elaboran subjetivamente el significado de lo que fue su participación y su actual accionar14.
En este sentido, es importante señalar que a partir del proceso de realización de las entrevistas se evidenció que las historias de vida se encuentran trazadas por las distintas experiencias políticas de las personas. Si bien, las entrevistas se encontraban dirigidas a la recolección de la memoria de la protesta de un determinado grupo o persona en un momento político específico, era notorio que la experiencia política no podía reducirse a la movilización analizada y por ende, siempre era necesario reconstruir la protesta desde otras motivaciones, movilizaciones y experiencias, tejidas en las vivencias de las personas y en sus biografías organizativas y políticas15. Incluso, las referencias a distintos familiares (madre, padre, tíos, tías, hermanos, hermanas) y a las amistades que habían participado en luchas específicas, se convertían en elementos centrales del estímulo para la movilización política.
Este segundo acercamiento se ha realizado fundamentalmente a partir de entrevistas —aunque no de manera exclusiva— , con hombres vinculados a organizaciones laborales y no laborales relacionados con distintos procesos políticos. El trabajo realizado con estas personas, integrantes, voceros o representantes de sus organizaciones, ha marcado la necesidad de escuchar a las mujeres en los procesos políticos trabajados, dado que ha sido posible observar elementos de la organización política que se encontraban atravesados por el machismo, el autoritarismo, el abuso de poder y una distribución desigual de las tareas, basadas en criterios de género. Es decir, muchas de las mujeres involucradas en estas organizaciones terminaban asumiendo, además de las labores políticas, las labores de logística vinculadas a la alimentación y el cuido de las organizaciones, lo que significaba una fuente de dolor, que en ocasiones se vivía de manera silenciosa.
LECTURAS DESDE LAS EXPERIENCIAS DE VIDA EN DONDE LOS RECURSOS POLÍTICOS SON LIMITADOS Y PREDOMINAN LOS PROCESOS DE ESTIGMATIZACIÓN POLÍTICA
Ahora bien, una tercera lectura directamente relacionada con la anterior refiere a la indagación en torno a movimientos sociales en donde los recursos políticos son limitados y los procesos de estigmatización política se profundizan. A partir del trabajo con organizaciones formales, citado anteriormente, se ha podido constatar las diferencias que existen cuando el trabajo se realiza con organizaciones que no están inscritas en la formalidad, que no poseen tantos recursos políticos (como el acceso a instalaciones físicas, remuneraciones o financiamiento, a la construcción de redes y vínculos, a la información o a la posibilidad de inscribir formalmente a las organizaciones) y en donde las dificultades de construcción de capacidades políticas y organizativas se profundizan. No es casual que este tipo de organizaciones de carácter no formal, tengan un mayor número de mujeres involucradas, ya que en muchas ocasiones, los hombres poseen mayores posibilidades de acceso a los puestos en las organizaciones políticas de carácter formal16.
Valga señalar que el trabajo realizado en torno al movimiento de extrabajadores y extrabajadoras bananeras afectadas por el nemagón se enmarca en esta lectura17, y la experiencia de realizar el trabajo de campo con esta población ha permitido acceder a una visión distinta respecto a la vivencia y al enfrentamiento de la desigualdad en estos espacios. Asimismo, se puede observar cómo se entrecruza no solo el plano reivindicativo, sino también, la lucha por el reconocimiento, el respeto y la dignidad, debido a que la ausencia de mecanismos para hacerse escuchar ha puesto trabas adicionales a la expresión política y a la satisfacción de las demandas (Auyero 2004 y Schlosberg 2007). Por esta razón, este tipo de movimientos se inserta en lógicas en donde las disputas por la construcción de la memoria se hacen evidentes.
Es posible señalar que los procesos represivos y criminalizadores se presentan con más fuerza ante este tipo de grupos, de manera tal, que las condiciones de vulnerabilidad a las que se encuentran sometidos son frecuentes en estos escenarios, aunado a la escasez de recursos políticos para denunciar y exigir la reivindicación de sus derechos o la construcción de alianzas que permitan estas denuncias. En este sentido, es uno de los lugares en donde la investigación social puede hacer un aporte significativo para posicionar las demandas de estos grupos y apoyar la construcción de la memoria de las luchas y los movimientos sociales del país.
En relación con lo anterior, es fundamental elaborar un conjunto de herramientas que permitan apoyar este proceso investigativo durante el trabajo de campo. Entre estas se encuentra la fórmula de consentimiento informado, a fin de que permita construir una relación de respeto con quienes participan en la investigación y resguardar la confidencialidad de la información, asimismo, se debe elaborar con un lenguaje claro, sencillo y detallado. Igualmente, es importante elaborar un formulario de compromiso ético con las y los estudiantes involucrados en el proceso de transcripción de las entrevistas en este tipo de proyectos.
Otro punto relevante corresponden a las formas de exponer y difundir los resultados de investigación, los cuales generalmente se presentan como artículos de revista, capítulos de libros y ponencias; no obstante, no son accesibles para las personas con las que se ha trabajado. Esto representa un reto que debe ser asumido con mayor interés desde la investigación18.
LECTURAS DESDE LAS DISCUSIONES DEL PADD
Ahora bien, ¿qué le puede aportar un enfoque como este al Programa Nuevas Formas de Acumulación, Distribución y Desigualdad (PADD)? Los proyectos señalados anteriormente (Mora 2011a y Mora 2014b) han estado inscritos en el PADD, en donde se ha participado del proceso de formación e intercambio sostenido durante los últimos cinco años y se han realizado una serie de actividades conjuntas entre los investigadores del programa.
En particular, en el marco de las Jornadas de Reflexión de la Facultad de Ciencias Sociales de la UCR, realizadas en el año 2013, se presentó la ponencia titulada “Agroquímicos y sufrimiento ambiental: reflexiones desde las ciencias sociales” (Mora 2014a), en donde se hizo referencia a los posibles aportes para el PADD de un tema como el abordado en el proyecto inscrito en aquel momento. Si bien, la discusión sostenida en dicha ponencia hacía referencia a las consecuencias de los procesos productivos vinculados a la producción bananera, en los argumentos expuestos se reflexionaba en torno a cuáles discusiones podrían aportar a los intercambios realizados en el PADD, a partir de la investigación. De esta reflexión, interesa resaltar los siguientes aspectos:
Finalmente, una reflexión en la cual se unen líneas e intereses de investigación del PADD, se relaciona con la pregunta de cómo sentar responsabilidades respecto a las acciones y consecuencias del accionar de las empresas nacionales o transnacionales en los procesos de acumulación que causan sufrimiento social21. En diversas ocasiones, la idea de justicia se queda anclada en aspectos relacionados con sentar precedentes judiciales a la violación de derechos de los grupos afectados por los procesos de acumulación, sin que necesariamente se haga justicia. De esta manera, se quedan sin reparar los daños hechos al ambiente, a la salud y a las relaciones familiares y sociales de quienes se ven afectados por estos procesos. En este sentido, ha representado un eje poco explorado para el PADD, por lo cual requiere de un mayor estudio y análisis, con la finalidad de entender las posibilidades de nuevas formas de movilización.
Respecto a todas las lecturas presentadas con anterioridad, es importante plantear la discusión en torno a los aportes que desde la literatura y la fotografía se puede dar a los proyectos de investigación. De esta manera, en el texto en proceso de revisión, titulado “Las consecuencias del ʻoro verdeʼ. Sufrimiento ambiental y el movimiento de las trabajadoras y los trabajadores bananeros afectados por el nemagón”, se ha tratado de utilizar distintas referencias de la literatura sobre las bananeras, como documentos a partir de los cuales discutir en torno a los imaginarios sobre las formas organizativas de los trabajadores de este tipo de plantaciones (Mora 2016b). En estos procesos de investigación, la literatura permite visualizar la historia de las interpretaciones hegemónicas y contrahegemónicas sobre estos temas, así como las sensibilidades y las posibilidades de rupturas que se encarnan en personajes particulares.
Por su parte, en la ponencia titulada “Luchas por el derecho a la salud y represión política en Costa Rica: reflexiones sobre el 8 de noviembre de 2012”, presentada en el Coloquio Individuo y Violencia del 2014, organizado por la Escuela de Filosofía de la UCR, se expuso un análisis de la protesta social, a partir del uso de fotografías, en las marchas convocadas para la defensa de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), durante el año 2012. La fotografía puede aportar a los trabajos en torno a la protesta una mirada etnográfica que evidencie los aspectos organizativos, simbólicos y estéticos que se encuentran en esta, y que en ocasiones no es posible registrar mediante fuentes de carácter secundario.
NUEVOS EJES DE ESTUDIO
Como señala Javier Auyero, las fuentes orales tienen otro tipo de credibilidad: su importancia reside no tanto en su “adhesión a los hechos sino más bien en su desapego respecto de ellos, en la medida en que emergen la imaginación, el simbolismo, el deseo” (2004, 250). Estas fuentes tienen un valor fundamental para el análisis político, dado que permiten comprender las formas que asume la desigualdad, el sufrimiento y la memoria que se va configurando. Por esta razón, a partir del trabajo realizado, es de interés profundizar en la investigación que se posiciona en la tercera lectura planteada, la que remite a las experiencias de vida en donde los recursos políticos son limitados y predominan los procesos de estigmatización política.
El trabajo con mujeres, en un nuevo proceso de investigación que se encuentra actualmente en ejecución, ha permitido visualizar cómo ellas se han incorporado en los espacios y en el accionar de los movimientos sociales. Dado que en las investigaciones previas, han sido preponderantes las entrevistas y los intercambios con hombres que participan en organizaciones sindicales, estudiantiles y otro tipo de organizaciones no formales, es fundamental escuchar las voces de las mujeres y reconstruir las formas en las que estas interpretan los procesos políticos.
Estas mujeres han hecho referencia a los obstáculos para participar en condiciones igualitarias, así como, han hablado de las dificultades para que sus propuestas y demandas sean tomadas en consideración dentro de las organizaciones, sin que por esto hayan dejado de “inventar” estrategias para posicionarse en el mundo de la política. En este sentido, es central trabajar en procesos de investigación en donde las mujeres forman parte central de las organizaciones, por lo cual, se enuncian dos situaciones que permitirían fortalecer esta línea de investigación en futuros proyectos.
En el año 2012, se realizó una huelga en el Hospital San Francisco de Asís, ubicado en Grecia, en la provincia de Alajuela. Si bien la realización de esta huelga mostró que el personal de salud contaba con oportunidades políticas favorables para reclamar por el recorte de presupuesto, apelando a las y los vecinos para que se opusieran a la reducción de guardias médicas y otros “pluses salariales”, fueron las mujeres quienes se movilizaron para que la huelga tuviera un correlato en las calles. Ellas organizaron marchas y vigilias en defensa del derecho a la salud, en el contexto de la llamada crisis de la CCSS.
En estas acciones participaron mujeres de Grecia, Atenas, Palmares y San Ramón, entre otros lugares de Occidente, muchas de las cuales vivieron la represión política del 8 de noviembre de 2012, frente a la CCSS en San José. La participación política de las mujeres en defensa del derecho a la salud, en el marco de la crisis institucional de la CCSS, sería una de las iniciativas de investigación para el futuro, justamente por la centralidad que tiene su participación en estos procesos. Algunas de las preguntas que surgen son las siguientes: ¿cómo se organizaron las mujeres en la defensa del derecho a la salud ante la huelga del Hospital San Francisco de Asís?, ¿con qué recursos políticos contaron estas mujeres para plantear sus demandas, previendo un acceso limitado a los servicios de salud?, ¿cuáles fueron los resultados de esta lucha? y ¿se construyeron nuevas capacidades organizativas a partir de los resultados de esta experiencia?
Una segunda iniciativa se relaciona con el manejo de desechos sólidos en nuestro país, así como, la creación territorial y simbólica de espacios sociales en los que se consideraba que se podía depositar la basura generada en el Área Metropolitana: Río Azul, de La Unión de Cartago, La Carpio y El Huaso de Aserrí, ambos en San José. En estos tres lugares en donde se ha depositado la basura, no sin la oposición de los vecinos y distintos grupos comunales, de los que escasean los trabajos comparativos. El abordaje de este tema sería otro de los intereses de análisis a futuro, inserto en la tercera lectura de análisis descrita anteriormente: ¿qué tienen en común estas tres experiencias?, ¿cómo se vivencia la experiencia de la desigualdad y el sufrimiento en estos espacios?, ¿cuáles han sido las características de las luchas de oposición realizadas en estos lugares?, ¿con qué recursos organizativos empezó y terminó la oposición a dichos botaderos de basura? y finalmente, ¿qué papel jugaron las mujeres en esas luchas?
Este tipo de movilizaciones colectivas son frecuentemente estigmatizadas en los medios de comunicación, haciendo que las aproximaciones al sufrimiento que vivieron o continúan viviendo estos grupos sean entendidas como parte de procesos de “entretenimiento mediático cultural” (Kleinman y Kleinman 1997), en donde se sanciona la reivindicación de los derechos, con lo cual se promueve y profundiza la estigmatización y la represión política de quienes plantean demandas de este tipo, sin que se reconozcan como legítimas manifestaciones en contra de los procesos de desigualdad y exclusión.
Con estas iniciativas se podría dar un aporte a la tercera lectura planteada anteriormente, en donde las personas y los colectivos —no de manera exclusiva los resultados cuantitativos— hablen sobre la desigualdad y las experiencias de un sufrimiento que resulta movilizador. Construir una línea de análisis de movimientos sociales desde este lugar aportaría a las discusiones en torno a las memorias de la desigualdad y de las resistencias, lo que resulta fundamental articular desde un instituto dedicado a la investigación social.
REFLEXIONES FINALES
En este artículo se han posicionado una serie de preguntas en torno a la relación existente entre desigualdad, sufrimiento y movimientos sociales. Para ello, se ha planteado una discusión que no pretende agotar la reflexión sobre estas preguntas, por el contrario, estas interrogantes constituyen una orientación para eventuales procesos de investigación.
La teoría y los casos presentados muestran que no todas las situaciones cotidianas de desigualdad son suficientes para el surgimiento de una organización colectiva que busque luchar contra esta condición. Por esta razón, resulta imposible identificar una única conjugación de factores que expliquen por qué en ocasiones se concreta la movilización y en otras no. En ese sentido, para responder a la pregunta respecto a las condiciones que posibilitan la movilización o la desmovilización política, es necesario llevar a cabo un tipo de investigación comparativa que permita indagar las características que hacen posibles ambos procesos. No obstante, como se indicó, la búsqueda del reconocimiento social constituye una motivación subjetiva fundamental para emprender acciones que permitan reparar una situación que se entiende injusta.
En este artículo, se han planteado reflexiones en torno a tres lecturas metodológicas, con distintas unidades de análisis, que han orientado el trabajo realizado en el IIS en torno a acciones colectivas y movimientos sociales. En cuanto a las posibilidades de sostener en el tiempo formas organizativas contra la desigualdad y la exclusión —aspecto formulado en la pregunta de si es la protesta social solo un momento que irrumpe en la indiferencia o el malestar no movilizador— es importante señalar que el trabajo con la primera lectura de análisis se ha hecho a partir de fuentes de carácter secundario, por lo cual, no es posible dar seguimiento a esta reflexión debido al carácter de estas fuentes. No obstante, la recurrente y en ocasiones cíclica aparición de demandas insatisfechas en el espacio público permiten señalar que es probable que no todo se agote en el momento de la protesta y que por el contrario, estas expresiones culturales de la protesta pueden dar cuenta de escenarios políticos marcados por la aparición de mecanismos de seguimiento a las reivindicaciones no satisfechas.
Ahora bien, tanto la segunda como la tercera lectura de análisis planteadas podrían dar cuenta de biografías políticas, individuales y colectivas, que potencien formas organizativas para impugnar procesos de desigualdad social, no solo como un momento aislado, sino como una práctica articulada a la vida social. En ese sentido, estas perspectivas de análisis permitirían dar seguimiento a aquellas tramas biográficas, individuales y colectivas, en las cuales la lucha articula formas de vida que impugnan órdenes sociales estigmatizadores, desiguales y excluyentes, en donde pueden desaparecer las formas organizativas asumidas en un momento determinado, pero no necesariamente las capacidades construidas y las fuerzas para continuar luchando.
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Notas