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Producción territorial de un nuevo barrio en la ciudad. Surgimiento y trayectorias de un barrio chino en San José, Costa Rica
Territorial production of a new neighborhood in the city. Emergence and trajectories of a Chinatown in San José, Costa Rica
Revista de Ciencias Sociales (Cr), vol. IV, núm. 174, pp. 111-128, 2021
Universidad de Costa Rica

Artículos



Recepción: 25 Marzo 2021

Aprobación: 12 Marzo 2022

Resumen: En el año 2012, se inauguró en la ciudad de San José, Costa Rica, un paseo peatonal que llevó como nombre “Barrio Chino”. En este artículo se realiza un análisis de la producción territorial de este proyecto como un instrumento de poder resultado de procesos globales y promotor de una política del espacio urbano. Para el logro de este objetivo, se realizó una investigación documental y trabajo de campo. El estudio presenta una crítica a la forma cómo fue concebido, justificado y ejecutado este proyecto por parte del gobierno local; asimismo describe sus trayectorias y formas de adaptación. Se concluye caracterizando al Barrio Chino como un instrumento de poder utilizado para el logro de un proyecto político y económico local.

Palabras clave: ciudad, ESPACIO URBANO, PODER POLÍTICO, CONFLICTO URBANO, GOBERNABILIDAD.

Abstract: In 2012, a pedestrian promenade named “Chinatown” was inaugurated in the city of San José, Costa Rica. In this article presents an analysis of the territorial production of this project as an instrument of power resulting from global processes and promoter of an urban space policy. To achieve this objective, a documentary research and field work was carried out. The study presents a critique of the way in which this project was conceived, justified and executed by the local government; and describes their trajectories and forms of adaptation. It concludes by characterizing the Chinatown as an instrument of power used to achieve a local political and economic project.

Keywords: city, URBAN SPACE, POLITICAL POWER, URBAN CONFLICT, GOVERNANCE.

Introducción

El 05 de diciembre del año 2012, la Municipalidad de San José inauguró un Barrio Chino en la ciudad. Este proyecto se enmarca dentro de las acciones del gobierno local tendientes a la regeneración y el repoblamiento de San José. Pero, a la vez, representa una marca territorial de acuerdos político-económicos de Costa Rica con China. Estos dos hechos caracterizan la producción de este territorio urbano como resultado de una interacción entre procesos en una escala global (expansión de la influencia geopolítica de China en Centroamérica) y urbana (ejecución de un proyecto oficial de producción territorial).

La producción de un territorio comprende el ejercicio de una serie de estrategias y acciones que establecen lógicas específicas en el espacio, acorde a un proyecto político e ideológico de ciertos actores. Este proceso conduce a la apropiación y el control de un espacio por parte de un actor, lo cual se logra por medio de una institución de usos, objetos y símbolos, que, a su vez, generan una representación del territorio. En este contexto, la territorialización remite al proceso mediante el cual actores van constituyendo territorios (Haesbaert, 2011).

Este tipo de producción en la ciudad va dejando marcas territoriales, por ejemplo, con infraestructura o usos del territorio; pero, también, por medio de la construcción de imágenes o discursos que moldean simbólicamente al mismo. Con estos elementos cada actor va delimitando y utilizando un espacio que construye funcionalmente para sus fines. Incorporar la perspectiva territorial dentro de los estudios urbanos, permite darle un tipo de rugosidad al estudio de las transformaciones urbanas y contribuye al comprender las relaciones de poder que se entretejen en la producción de espacio.

Este trabajo parte considerando al territorio en su multiplicidad, lo cual permite ampliar nuestro horizonte interpretativo, al enfocar la atención en las distintas relaciones –en acuerdo o en oposición– que producen territorios. Asimismo, este marco de entendimiento contribuirá a comprender el movimiento de desestructuración y estructuración territorial constante, así como los modos de producción multi-escalar. A lo anterior se suma que todo proyecto urbano, ya sea que surja desde actores públicos o privados, se enmarca dentro de una política del espacio, la cual pretende adecuar, ocupar, usar o administrar la ciudad de acuerdo con sus intereses (Lefebvre, 1976). Por tanto, ninguna iniciativa territorial es fortuita, sino más bien, congrega intencionalidades.

Bajo este contexto, se toma como caso de estudio la creación de un Barrio Chino en la ciudad de San José, para comprender su constitución y sus relaciones con procesos ejecutados en otras escalas geográficas. Así, el objetivo de este artículo es analizar la producción del territorio del caso de estudio y su interacción con recomposiciones geopolíticas y un movimiento de revalorización de San José. Para ello, se establece el origen y la justificación del Barrio Chino, la desterritorialización ejercida y las características en su evolución, los cuales permitirán plantear el argumento de que el territorio se posiciona como un instrumento de poder.

El trabajo fue realizado mediante una revisión de documentos oficiales de la Municipalidad de San José sobre el Barrio Chino, una recopilación de noticias de periódicos acerca del proyecto y estudio de investigaciones especializadas, así como el uso de información de entrevistas semi-estructuradas realizadas durante el año 2012. Esto se complementó con una observación no participante ejecutada periódicamente desde los años 2012 al 2020, lo cual permitió comprobar las trayectorias que ha seguido el territorio y sus dinámicas urbanas. Asimismo, este artículo se enmarca dentro de un estudio mayor, el cual desarrolló una lectura del urbanismo incentivado por el gobierno local de San José hacia los distritos Carmen, Catedral, Hospital y Merced, del cantón San José. En este sentido, este artículo aporta con un entendimiento sobre como la producción territorial representa un instrumento de poder central que expresa y materializa proyectos políticos, lo cual se pondrá en diálogo con lo ocurrido en otras latitudes de América Latina.

El artículo se organiza en seis secciones. Luego de la introducción, se exponen algunas condiciones de posibilidad, en distintas escalas, que permitieron la producción territorial del Barrio Chino. La tercera y cuarta sección se centran en analizar el surgimiento y las trayectorias que ha seguido la territorialización del caso de estudio. Mientras que la sección quinta, hace una interpretación del territorio como un instrumento de poder en el marco de la implementación de este proyecto urbano. Se cierra con algunas conclusiones que caracterizan el accionar ejecutado en esta producción territorial.

Condiciones de posibilidad para el barrio chino de San José: una mirada multi-escalar

Los procesos y los hechos que se expresan a una escala local tienen una correlación, en sus causas o en sus implicaciones, con otras escalas geográficas. Lo anterior señala que un proyecto de producción territorial está lejos de poder ser entendido de un modo aislado, por tanto, es necesario tender puentes analíticos con situaciones que se despliegan antes, durante o después de la territorialización que se esté analizando. Esta forma de abordaje brinda un carácter dinámico a la interpretación y contribuye a posicionar el argumento de que el territorio es una producción en constante mutación.

Un territorio se encuentra articulado y cobra un sentido espacio-temporal por una interacción específica entre actores, usos y símbolos que contribuyen a una apropiación y control del espacio. Asimismo, este engranaje se encuentra inmerso y es impulsado por proyectos políticos y económicos que proyectan hacia los espacios una configuración particular. Lo anterior es mutuamente producido a partir de estrategias que posicionan lógicas territoriales, las cuales tienen representaciones que contribuyen a impulsarlas.

En esta sección se describe, de un modo general, la interrelación entre procesos desplegados en diversas escalas, los cuales permitieron la formulación y el surgimiento de un Barrio Chino en San José, Costa Rica. Por tanto, la interpretación parte de la pregunta ¿qué relación tiene la producción territorial de un barrio chino con procesos en otras escalas? Esto pretende dibujar una “cartografía” analítica básica que permita leer el caso de estudio como algo más que un simple proyecto desplegado en una ciudad centroamericana.

Primera posibilidad: entre geopolítica y relaciones diplomático-comerciales

La geopolítica en el siglo xxi ha experimentado cierto dinamismo. Esto ha desencadenado territorializaciones diversas a escala nacional y local, lo cual se encuentra interrelacionado y es dependiente con trayectorias históricas, políticas y económicas en las que se encuentra inserto cada territorio. Lo anterior señala que un mismo proceso geopolítico está lejos de tener las mismas expresiones a escala planetaria, contrariamente, estos procesos desencadenan, más bien, un mosaico de materializaciones territoriales que buscan alcanzar distintos objetivos de acuerdo con el sitio donde se desarrollan.

Las primeras dos décadas del siglo xxi representan un periodo de reconstitución de las fuerzas globales, antecedido por la disolución del bloque soviético a finales de la década de 1980 y el inicio de los años 1990. En este escenario, una de sus características ha sido la expansión de la influencia económica y política de China en el mundo. Dicho proyecto genera fricciones territoriales entre Estados Unidos y China por los dominios regionales del mundo, así como su consecuente control y apropiación de espacios locales, por ejemplo, alrededor de recursos naturales o fuerza de trabajo, pero, también, por un reconocimiento internacional de cada hegemonía.

En este contexto se ha experimentado una avanzada de la influencia China en la región de dominio inmediato de Estados Unidos: América Latina. Esto ha sucedido sin la existencia de un conflicto bélico entre las dos potencias, sino más bien, a través de un marco de establecimiento de relaciones comerciales. Lo anterior se puede interpretar como un tipo de conquista económica que tienen intenciones cautelosas y se aleja de una disputa abierta con la hegemonía político-militar de Estados Unidos en la región (Ghotme y Ripoll, 2016).

La globalización neoliberal se ha caracterizado por tejer relaciones comerciales internacionales a través del ejercicio de tratados de libre comercio entre países desarrollados y subdesarrollados. Lo anterior se oferta como una estrategia para articular a economías vulnerables con circuitos económicos globales, privilegiando el libre comercio como una supuesta vía para obtener riquezas. En este contexto, Estados Unidos y China han establecido con países de América Latina acuerdos comerciales o tratados de libre comercio como un modo para asegurarse mercados, extraer mano de obra o naturaleza.

A nivel general, el dominio económico estadounidense en Latinoamérica tiene una larga tradición, la cual empezó a extenderse durante el siglo xix y el siglo xx. De modo contrario, China fijó sus intereses comerciales con mayor preponderancia en esta región a inicios del siglo xxi, relacionado con un objetivo de afianzar su hegemonía, pero, además, con un interés de obtener recursos (materias primas) y mercados para sostener su producción (Daza, 2016; Giordano y Ortiz de Mendívil, 2019). Por ejemplo, si se considera al conjunto del mercado asiático, China acapara los valores más altos de importaciones y exportaciones desde y hacia América Latina (Giordano y Ortiz de Mendívil, 2019). Además, Brasil, Chile y Perú, tres de las economías más grandes de la región, desde el año 2013, tienen como principal socio comercial a China, viéndose desplazado Estados Unidos (Ghotme y Ripoll, 2016).

Bajo este escenario, en América Latina comenzaron a firmarse Tratados de Libre Comercio (tlc) entre países de la región y la República Popular de China. Costa Rica ocupó el tercer país de la región que firmó, en el año 2011, un tlc con China (Ministerios de Comercio Exterior de Costa Rica [comex], s.f), luego de haberse acordado uno con Chile (2006) y otro con Perú (2009) (Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura [iica], 2009). El tlc Costa Rica-China tiene como antecedente el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países en el año 2007 (Salas, 2009; Murillo, 2011). Este hecho provocó una ruptura de relaciones diplomáticas entre Costa Rica y Taiwán, dejando atrás un historial de cooperación bilateral entre ambos Estados, por ejemplo, en el campo de la seguridad o con donaciones de capital para la construcción de infraestructura o atención de emergencias ante desastres (Salas, 2009). Este hecho, además, representa una estrategia ejecutada por este país asiático para reafirmar ante el mundo la existencia de una “única China”. Lo anterior ha tenido como fin desconocer la soberanía de Taiwán como un Estado independiente, para lo cual se han ejercido presiones en distintos países para que desconozcan dicha soberanía, tal como fue ejecutado por Costa Rica.

Por su parte, el ambiente político costarricense recibió dicho establecimiento de relaciones diplomáticas como un logro del país en relaciones internacionales. Así fue expuesto por Rodrigo Arias Sánchez, Ministro de la Presidencia en la Administración Arias Sánchez (2006-2010), quien catalogó este hito como un paso para enmendar errores del pasado de Costa Rica en política exterior (Arias, 2009). A su vez, catalogó este acuerdo como una de las mayores estrategias gestadas por un país centroamericano en apertura política y comercial (Arias, 2009; Ruiz, 2009).

El establecimiento de relaciones diplomáticas propició la ejecución de donaciones de capital y asistencia técnica hacia Costa Rica por parte de China. Entre ello se obtuvo la construcción del Estadio Nacional de Costa Rica y el Barrio Chino en San José, pero, también, hubo donaciones de nuevos carros para la policía y dinero para la atención de emergencias por fenómenos naturales (Arias, 2009). Murillo (2011) definió este proceder como “balas de plata”, ya que representan un medio de validación ante la opinión pública del país y una estrategia para comunicar las ventajas que se pueden obtener con la profundización de relaciones político-económicas. En total, se menciona que las donaciones ascendieron, en esos primeros años, a unos usd 130 millones (Murillo, 2011).

Tal como se mencionó, toda producción territorial forma parte de proyectos políticos y económicos que lo enmarcan y le dan ciertas particularidades. De este modo, el Barrio Chino de San José, del modo como fue gestado, no puede leerse separado del contexto geopolítico citado, ya que el mismo brindó, al menos, la condición presupuestaria para su ejecución. En este sentido, este caso representa una territorialización imbricada en un proceso geopolítico que contribuyó a canalizar una estrategia para su ejecución.

Segunda posibilidad: un proyecto territorial para San José

La ciudad San José experimentó un proceso de desvalorización simbólica de sus condiciones urbanas a partir de la década de 1980. Esto estuvo influenciado por una urbanización periférica de la ciudad que llevó a consolidar un territorio metropolitano, conduciendo a una disminución de la relevancia de San José como un sitio para la inversión de capital (Araya, 2010; Pérez, 1998). A raíz de esta realidad, a mediados de la década de 1990, las autoridades políticas empezaron a gestar un proyecto territorial que pretendía valorizar simbólicamente a San José, con el objetivo de alcanzar una competitividad económica y atraer nuevas inversiones a la ciudad, así como también más turismo (Municipalidad de San José, 1994).

Una de las primeras acciones que se llevaron a cabo a partir del año 1995, fue la peatonalización de varias vías de la ciudad, transformando su uso vehicular a uno peatonal. Esto inició en una sección de la Avenida Central, extendiéndose paulatinamente sobre esta misma avenida, así como en otras calles de la ciudad. Asimismo, se planificó una intervención selectiva de áreas de San José, principalmente aquellas que eran consideradas como en decadencia, por ejemplo: alrededores de la Estación de Ferrocarriles al Pacífico y los barrios San Cayetano, Cristo Rey, Cuba, Pitahaya y México (Municipalidad de San José, 1994).

Este proyecto territorial fue fortalecido y profundizado con los años a través de la canalización de trabajo y energías para concretar un ambiente propicio para los negocios inmobiliarios. Así, a inicios del siglo xxi se conformó un grupo político-técnico de trabajo que congregó a actores públicos y privados, con la intención de diseñar y poner en práctica una estrategia para la regeneración urbana y el repoblamiento de San José, bajo el impulso de una valorización de la ciudad (Secretaría Técnica del Plan Nacional de Desarrollo Urbano [stpndu], 2004).

En las discusiones de este grupo de trabajo y en un informe emitido en el año 2004, se plantearon, entre otras cosas, nuevamente áreas de intervención hacia las cuales se proyectaron acciones para un cambio de su realidad urbana. En este caso, se delimitó un área alrededor del Paseo de los Estudiantes-Barrio Soledad, el cual interesa para contextualizar al futuro Barrio Chino (stpndu, 2004). Asimismo, en ese mismo año se oficializó este proyecto de transformación territorial, mediante el Decreto Ejecutivo N.° 31730-mideplan-mivah (Ministra de Planificación Nacional y Política Económica y el Ministro de Vivienda y Asentamientos Humanos, 3 de febrero de 2004), el cual creó el “Programa de Regeneración y Repoblamiento de San José”.

Este Programa ha servido como una condición de posibilidad para la territorialización de una serie de proyectos en la ciudad. Por ejemplo, nuevas torres habitacionales en altura, una terminal de autobuses, la invención de un centro histórico o la creación de una marca ciudad. Cada una de estas acciones tiene un fin en común: generar las condiciones urbanas para hacer atractiva a San José para las inversiones, así como la captación de turistas y nuevos residentes.

La producción territorial del Barrio Chino se encuentra inmersa dentro del proyecto político y económico que se ha querido gestar en San José a partir de la década de 1990. Por tanto, el surgimiento de un Barrio Chino no solo se entiende como una expresión de una donación de capital por parte del gobierno de la República Popular de China, sino también, como una expansión de una territorialización a escala local.

A modo de síntesis, el Barrio Chino de San José representa una marca territorial, material y simbólica, de la expansión de China en la región (escala global); una expresión del inicio de relaciones bilaterales diplomáticas, políticas y económicas entre Costa Rica y China (escala nacional); y una oportunidad local para la extensión de un proyecto de ciudad (escala local). A continuación, se presentará una caracterización alrededor de la formulación y la implementación del Barrio Chino en San José.

Hacia una producción territorial del barrio chino de San José

En el año 2009, el gobierno local de San José, bajo la autoría del Departamento de Desarrollo Económico, Social y Cultural, presentó por primera vez ante la opinión pública el proyecto del Barrio Chino (Rivas, 2009). Esto se estructuró en un documento que reunió una primera conceptualización de esta intervención urbana encaminada hacia la producción de un territorio.

En su planteamiento, este proyecto se justificó a través de una necesidad de reconocer la diversidad cultural dentro de una identidad nacional, lo cual es enmarcado en el principio de que una ciudad competitiva, es aquella que suscita una atracción de personas (Rivas, 2010). En este sentido, se puede interpretar que la diversidad cultural que se quiere reconocer representa un instrumento para la atracción de inversión, turismo y nuevos residentes hacia San José. Por tanto, el Barrio Chino parece constituirse como un territorio cultural mediado por intereses económicos. Esto es afirmado en su formulación, donde se propugna que, entre sus objetivos específicos, están: a) “Crear un espacio de atracción en la ciudad de San José que constituya un punto de interés turístico a nivel nacional”; y b) “Atraer inversionistas a la ciudad de San José” (Rivas, 2010, p. 9).

Lo anterior es interesante contraponerlo con otros casos en la ciudad donde se localizan poblaciones asociadas a ciertas nacionalidades, por ejemplo, dominicana y colombiana. De este modo, con los años, en la ciudad San José se han creado áreas denominadas como “Tierra dominicana” y “Tierra colombiana”, debido a que congregan población y expresiones culturales de estas nacionalidades. Por tanto, si se utilizaran las mismas justificaciones dadas para el caso del Barrio Chino, estas dos áreas deberían de ser reconocidas por el gobierno local dentro de la ciudad, para lo cual podrían dirigir recursos e iniciativas para mejorar sus condiciones urbanas. Pero, de manera contraria, estas son áreas estigmatizadas y buscan, más bien, desplazarse de la ciudad (Avendaño, 2008; Bustos, 2018). Esto señala que la diversidad cultural es reconocida si está mediada por su rentabilidad económica.

Por otra parte, el accionar del gobierno local fue ejecutado en acuerdo con otras autoridades políticas del gobierno central y con representantes del gobierno chino, y no así con las personas que habitaban y comerciaban en esta área de la ciudad. Es decir, reproduce una visión impositiva de acciones hacia el territorio. Esto por las siguientes tres razones:

  1. 1. En el documento oficial de conceptualización del proyecto se planteó que existía una alta probabilidad en su materialización. Lo anterior expresa un proyecto que se oferta como acabado, el cual solo se encuentra a la espera de su realización. Asimismo, en su objetivo general se planteó como una iniciativa acorde a las políticas de repoblamiento y regeneración (Rivas, 2010), y no bajo un interés consensuado democráticamente con las personas del área donde se piensa concretar.

    Esto es confirmado en este mismo documento, donde se señala como entidades u organizaciones directas al proyecto a una serie de departamentos u oficinas del gobierno local, por ejemplo, Gestión Urbana, Servicios Culturales o Turismo; y organizaciones de la comunidad china en Costa Rica, como: representantes del Gobierno de China en Costa Rica, Centro Cultural Chino Costarricense o comerciantes chinos en el sitio (Rivas, 2010). Esto deja por fuera, como sujetos de consulta, a otra población que reside y comercia en el área donde se quiere establecer este proyecto.

    En el año 2012, meses previos a la inauguración del paseo peatonal del Barrio Chino, se realizaron un total de 11 entrevistas semi-estructuradas a comerciantes y residentes nacionales en esta área. La totalidad de personas respondieron que no habían sido consultadas ni informadas sobre la creación del Barrio Chino.

Este proceder evidencia un modo impositivo de gestión del territorio, donde fue la instancia del gobierno local, promovido por el interés de materializar un proyecto político-económico gestado años atrás, la que impone la territorialización de nuevos usos y símbolos en la ciudad. Este hecho llegó a confrontar distintos intereses, ya que las personas que habitaban o comerciaban en este sitio no fueron consideradas en su formulación, provocando un surgimiento de disputas y desterritorializaciones que alejan la concreción de una ciudad democrática.

El Barrio Chino fue delimitado entre Avenida 2 y Avenida 14; Calle 7 y Calle 11. La Calle 9 se planteó como la columna vertebral del barrio, donde se construiría un paseo peatonal que reuniría expresiones de la cultura china en el ornato urbano (Rivas, 2009; Rivas, 2010). Esta proyección está lejos de plantearse en un sitio vacío, sino que se realizó dentro del área de un barrio histórico de la ciudad: Barrio Soledad. Así, el Barrio Chino, en su formulación abarcaría un 53% de los 22 056 metros cuadros que conforman el barrio histórico (figura 1). Este hecho genera una sobre posición de barrios, lo cual puede desencadenar desplazamientos de personas, imaginarios, historias y usos. Asimismo, esta actualización de barrios parece responder al proyecto político-económico del gobierno local de San José, el cual ha sido impulsado por un urbanismo empresarial, y que tiene como objetivo transformar aquellas áreas de la ciudad que no son rentables para la atracción de inversión a la ciudad.


Figura 1
Ubicación del Barrio Soledad, la delimitación original del Barrio Chino y el paseo peatonal construido sobre Calle 9 sur
Elaboración propia.

La localización del Barrio Chino está lejos de ser fortuita, sino que se enmarca en un interés por transformar el sur de la ciudad, lo cual fue formulado desde el año 1995, tal como se mencionó. Asimismo, este proceso de intervención empezó a ejecutarse desde el año 2007 con el proyecto “San José Posible”, iniciativa adscrita dentro del Programa de Regeneración y Repoblamiento de San José. En específico, “San José Posible” consistió en un proyecto privado que pretendía intervenir 53 manzanas al sur de la ciudad, de lo cual solo logró materializar un paseo peatonal sobre la Avenida 4, gracias a una donación de capital realizada por la Unión Europea (Ugarte, 2013).

En los primeros meses del año 2012, inició el proceso de intervención material en el territorio para la concreción del Barrio Chino. Con esto comenzó la transformación de una calle vial hacia un paseo peatonal en la Calle 9 sur, impulsado por una donación de, aproximadamente, usd 1 millón por parte del gobierno chino (Rivas, 2010). Este hecho intervino una vía que dinamizaba la actividad comercial del área, ya que a lo largo de unos 400 metros se ubicaban una serie de paradas de autobuses que, por el flujo de personas que generaba, brindaba potenciales clientes a los comercios. Además, esto interfirió en otro hito de la memoria histórica urbana: el Paseo de los Estudiantes. Ambos elementos sumaron otras disconformidades hacia este proyecto, confirmándose un modo de gestión territorial vertical e impositiva que, a su vez, conceptualizó al territorio como un espacio vacío hacia el cual se podía ejercer cualquier acción.

La Calle 9 Sur de San José fue denominada desde el año 1937 como “Paseo de los Estudiantes”. Este nombre representó un homenaje a las y los estudiantes que lucharon contra la dictadura de los hermanos Tinoco (1917-1919) (Bonilla, 16-18 de abril de 2015). Por tanto, la propuesta del paseo peatonal del Barrio Chino sobre esa misma calle suscitó protestas y discusiones en medios de comunicación sobre la pertinencia y la ubicación del proyecto, así como sus aportes en el desplazamiento de la memoria histórica de la ciudad (Jiménez, 20 de junio de 2012; Dehart, 2015; Martínez, 2018a). Por ejemplo, la organización sin fines de lucro, Asociación Costarricense del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (icomos Costa Rica), “...se unió a la lucha junto a otras organizaciones para impedir que este proyecto borrara la memoria histórica del Paseo de los Estudiantes...” (icomos, s. f). A pesar de estas manifestaciones de disconformidad, para ese entonces estaba lejos de existir un ambiente de conmemoración que permitiera mantener vivo el sentido de resistencia que evocaba el nombre de esa calle (Bonilla, 16-18 de abril de 2015).

Este accionar llevó a confrontar dos formas de enunciación y representación del espacio, cada una impulsada por un territorio: 1) Paseo de los Estudiantes: un territorio que rememora un pasado político de lucha contra un régimen dictatorial en Costa Rica, y 2) Barrio Chino: un territorio que evoca un presente político de relaciones diplomáticas entre Costa Rica y China, pero, además, representa la extensión de un tipo de urbanismo en la ciudad. Esto desencadenó un desplazamiento de una identidad territorial por otra, donde es cada vez más común, escuchar en medios de comunicación o en conversaciones, nombrar esta área como Barrio Chino. A pesar de ello, la Comisión Nacional de Nomenclatura de Costa Rica ha proclamado que oficialmente esta calle sigue conservando el nombre de “Paseo de los Estudiantes” (CulturaCR, 26 de septiembre de 2019), pero, es el nombre del Barrio Chino el que se ha constituido en el punto de referencia en el uso cotidiano.

El contexto de construcción de este paseo peatonal propició la aparición de pareceres encontrados hacia el mismo. Por un lado, se encontró la aprobación por parte de autoridades políticas, donde, por ejemplo, el Alcalde de San José, Johnny Araya Monge, señaló que esta obra representa un hito relevante que coloca a San José “…a la altura de grandes ciudades del mundo…” (Semanario Universidad, 16 de febrero de 2012). Pero, por otro lado, algunas personas habitantes o comerciantes de esta área rechazaron y mostraban apatía por lo que estaba ocurriendo en diversas comunicaciones personales. Por ejemplo, Gerardo Ocampo, comerciante del Paseo de los Estudiantes, señaló que dicho proyecto “…no tiene pies ni cabeza…”; Gloria Elizondo, habitante del Barrio Soledad, indicó que el Barrio Chino “…me molesta, no me interesan los chinos, yo no entiendo …en realidad… no tengo nada que opinar…cómo voy a opinar de algo que no debería de existir…”, o Ruth, habitante de este barrio, alegó que este proyecto fue “…un compromiso político con el gobierno de China, regalaron un estadio, ahora quieren un barrio…todo lo que hacen los políticos para quedar bien…”.

Este tipo de reacciones se encuentra exacerbadas por la forma cómo fue concebido y materializado este proyecto en un “...país históricamente anti-chino” (Martínez, 2018a, p. 327). Esto se complementa con los resultados de una encuesta realizada por la empresa Unimer para el periódico La Nación, en la cual se indagó si las personas se encontraban de acuerdo o en desacuerdo con la construcción del Barrio Chino. Sus resultados mostraron que “...un 31,2% respondió que su desacuerdo radica en que el llamado Barrio Chino es una imposición de una cultura” (Arce, 14 de mayo de 2012). Así, este proceder llevó a generar expresiones de rechazo hacia una población, y estuvo lejos de lograr, a primera entrada, un reconocimiento de la diversidad cultural, tal como fue planteado en el año 2009 (Rivas, 2009).

La producción territorial del Barrio Chino en San José articuló una serie de acciones que iban a empezar a transformar usos, propiciar la colocación de símbolos materiales y generar representaciones del espacio. Algunos de estos elementos, serán tratados en la siguiente sección.

En el documento oficial de conceptualización del proyecto se planteó que existía una alta probabilidad en su materialización. Lo anterior expresa un proyecto que se oferta como acabado, el cual solo se encuentra a la espera de su realización. Asimismo, en su objetivo general se planteó como una iniciativa acorde a las políticas de repoblamiento y regeneración (Rivas, 2010), y no bajo un interés consensuado democráticamente con las personas del área donde se piensa concretar.

Esto es confirmado en este mismo documento, donde se señala como entidades u organizaciones directas al proyecto a una serie de departamentos u oficinas del gobierno local, por ejemplo, Gestión Urbana, Servicios Culturales o Turismo; y organizaciones de la comunidad china en Costa Rica, como: representantes del Gobierno de China en Costa Rica, Centro Cultural Chino Costarricense o comerciantes chinos en el sitio (Rivas, 2010). Esto deja por fuera, como sujetos de consulta, a otra población que reside y comercia en el área donde se quiere establecer este proyecto.

En el año 2012, meses previos a la inauguración del paseo peatonal del Barrio Chino, se realizaron un total de 11 entrevistas semi-estructuradas a comerciantes y residentes nacionales en esta área. La totalidad de personas respondieron que no habían sido consultadas ni informadas sobre la creación del Barrio Chino.

El barrio que... ¿Echó raíces?

Con la inauguración del Barrio Chino de San José se plasmaron una serie de marcas materiales en la ciudad que contribuyeron a ejercer una apropiación y un control del espacio. Con ello, se colocaron una serie de objetos que enuncian la constitución de un nuevo territorio, por ejemplo, un arco estilo chino en su entrada, un paseo peatonal de colores alusivos a China, faroles estilo orientales o una estatua de dragón y de Confucio (figura 2). Estos elementos fueron elementos colocados en el espacio público, llevando a delimitar un territorio que va a articular una dinámica urbana particular en función al nuevo uso que se impuso en esta área. Asimismo, esto representa una acción importante para el establecimiento de una nueva territorialidad en la ciudad.


Figura 2
Elementos decorativos alusivos a la cultura china sobre la Calle 9 sur, San José Costa Rica: arco chino, estatua de Confucio y faroles.
Elaboración propia. Acervo fotográfico personal.

La producción territorial de este barrio ha tenido distintos ritmos y expresiones en su implementación. En el contexto de construcción del paseo peatonal se experimentó una concentración de trabajo, energía y recursos por parte del gobierno local, pero, posteriormente, su participación bajó de intensidad, dejando que las dinámicas locales adquirieran su propia realidad. La aparición del paseo peatonal llevó al cierre de la vía vehicular y a la relocalización de paradas de autobuses que se ubicaban sobre ella, lo cual desencadenó una disminución en el flujo de personas. Esto es un tanto contradictorio, ya que el nuevo paseo peatonal debería de procurar flujos peatonales, pero no fue así, en parte, debido a que no conecta puntos de alta concurrencia de personas. Esta es una realidad que con los años se ha venido modificando, por ejemplo, al año 2022 se observa un mayor flujo de personas caminando por el paseo peatonal o visitando las tiendas localizadas en este espacio.

La etapa de construcción del paseo peatonal llevó a una disminución de ventas estimada de hasta un 90% de los valores registrados antes de su implementación (El Periódico cr, 28 de febrero de 2012). Esta situación se mantuvo similar luego de su inauguración, así, en el año 2017, comerciantes radicados en esta Calle 9, señalaron que este proyecto urbano no fue exitoso en la atracción de personas (Herrera, 30 de junio de 2016; Otey, 29 de mayo de 2017). Entre otras cosas, esto llevó a que comercios históricos en este sitio se desplazaran o cerraran sus puertas. Asimismo, se empezó a gestar un proceso de presión por acceso a tierra, donde comerciantes entrevistados señalaron que, con la aparición del Barrio Chino, han llegado también varias personas con ofertas para la compra de propiedades.

Entre el año 2012 y el 2022, se ha podido presenciar la llegada de nuevas tiendas y restaurantes orientales al Barrio Chino, junto a comercios de otra índole. Además, se han remodelado algunas edificaciones para dar lugar a nuevos establecimientos comerciales o habitacionales. Pero esto convive aun con una aparición constante de rótulos de “se alquila” o “se vende”, en predios ubicados sobre el paseo peatonal (figura 3).


Figura 3
Ejemplos de edificaciones en alquiler, casas en venta, predios en abandono y otros en construcción sobre el paseo peatonal de la Calle 9 sur, San José, Costa Rica
Elaboración propia. Acervo fotográfico personal.

Otro de los eventos que acompañaron la aparición del Barrio Chino, fueron recurrentes inundaciones, sobretodo en época lluviosa (Cerdas, 17 de septiembre de 2013; Ramírez, 28 de septiembre de 2015; Repretel, 22 de mayo de 2018). Esto ha afectado la dinámica comercial en el área y ha ocasionado algunas pérdidas materiales en los locales presentes alrededor de la Calle 9 sur. Asimismo, el gobierno local ha tenido que invertir, al menos, 1800 millones de colones en obras que disminuyan el riesgo de inundación (Telenoticias, 26 de febrero de 2018).

Por otra parte, ante la poca visitación que ha generado el Barrio Chino, el gobierno local ha tenido que formular y desarrollar una serie de actividades en el espacio público. Con ello se ejecutaron acciones para disciplinar y llenar de rendimiento al territorio que fue instaurado en este espacio. De este modo, se han implementado, por ejemplo, las siguientes actividades: conciertos, una feria de “chocolates y copos”, creación de un paseo o festival gastronómico inspirado en la experiencia ejecutada en Barrio Escalante, montaje de una galería de arte al aire libre, puesta en marcha de una feria gastronómica española, italiana, peruana o mexicana, celebración del día de los muertos, feria del tamal, Food fest, así como la celebración de años nuevos chinos (Solano, 9 de septiembre de 2016; Herrera, 30 de junio de 2016; Mora, 13 de octubre de 2016; Castro, 21 de abril de 2018; González, 26 de abril de 2019; Rodríguez, 26 de enero de 2021).

Lo anterior es una muestra de la trayectoria que ha seguido la producción de este territorio. En este sentido, se puede afirmar que la territorialización del Barrio Chino se ha constituido en un tipo de palimpsesto territorial que ha mezclado distintas expresiones culturales promovidas por un actor dominante (gobierno local) para lograr rendimientos económicos. Estos elementos caracterizan una identidad territorial que fue impuesta y no gestada desde quienes habitaban el territorio.

La Municipalidad de San José señala que las actividades citadas se enmarcan dentro de un plan que desarrolla el ayuntamiento para generar una reactivación económica del Paseo de los Estudiantes (Solano, 9 de setiembre de 2016). Este proceder remite a considerar que este proyecto no ha logrado alcanzar el éxito esperado, y ahora, más bien, intentan recobrar un dinamismo comercial que el área ya tenía antes de la instauración del Barrio Chino. Aunado a lo anterior, comerciantes de esta calle mencionaron que las actividades que se han generado tampoco han logrado mejorar las ventas, debido a que las personas llegan a consumir los productos ofertados en los eventos y no los ofrecidos por las tiendas de esta área (Solano, 9 de setiembre de 2016).

De este modo, la territorialización del Barrio Chino ha tejido raíces poco profundas, y su evolución ha estado marcada por una incertidumbre comercial entre quienes se encuentran asentados sobre esta calle. Parece que el principal logro que ha tenido esta producción territorial es la de generar una nueva identidad hacia este espacio, al generar un desplazamiento de los nombres Paseo de los Estudiantes y Barrio Soledad, así como al posicionar al Barrio Chino como la nueva realidad (territorio) en esta área.

Producción territorial como instrumento de poder: roles del barrio chino

Al año 2022, el Barrio Chino cuenta con diez años de haber sido inaugurado. En este tiempo, este espacio ha experimentado dinámicas urbanas variadas que van desde la aparición o demolición de edificaciones hasta la ejecución de actividades culturales promovidas por el gobierno local. Mirar su evolución, a través de constantes recorridos mensuales, es constatar que este fue un proyecto anunciado con grandilocuencia, pero que, en su ejecución, ha mostrado distintos ritmos y obstáculos en el establecimiento de nuevas dinámicas urbanas ligadas a una población-cultura china. Por ejemplo, la idea de un barrio, como una delimitación que abarca un área mayor a una calle, no se ha logrado concretar. Lo anterior, quizás, solo fue un instrumento de poder mediante lo cual se anunció ante la opinión pública este proyecto, pero que, en realidad, no interesaba materializar. Esto quedó registrado en una declaración dada por Rafael Arias, asesor de la Municipalidad de San José, quien afirmó en una entrevista para el periódico La Extra que “...nunca hubo intenciones de concentrar un barrio chino, la idea era una calle temática” (La Extra, 03 de julio de 2014).

Además de que el Barrio Chino fue un proyecto que nunca se hizo barrio; también representó una iniciativa que se utilizó como una justificación cultural para lograr la intervención de la ciudad en camino de fortalecer y extender un proyecto del gobierno local para atraer inversiones y turismo hacia San José. En este sentido, Dehart (2015) mencionó que, a pocos meses de la inauguración de este barrio, la mayor cantidad de tiendas están lejos de mostrar expresiones de la cultura china (Dehart, 2015). De modo complementario, Martínez (2018a) indicó que las promesas emitidas por el gobierno local han estado lejos de cumplirse, entre ellas: la reivindicación de la cultura china, el incremento de la dinámica comercial o el turismo (Martínez, 2018a). Esto lleva a plantear una interrogante sobre el peso que tuvo el Barrio Chino como un medio para canalizar recursos económicos que permitieran extender la materialización de un proyecto de ciudad, y no así gestar un verdadero reconocimiento cultural a la población china en Costa Rica.

Los avatares vividos en la producción territorial del Barrio Chino llevan a particularizar este accionar como uno que utiliza al espacio como un mero receptáculo de proyectos formulados en esferas alejadas a su área de implementación. Esto posiciona a este accionar como un instrumento de poder, el cual es utilizado para crear condiciones materiales y simbólicas para la reproducción de una política del espacio que, en este caso, asigna a las dinámicas del mercado la labor de establecer las trayectorias que seguirá el territorio.

La territorialización en estudio se diferencia de otras por no surgir de relaciones gestadas en el territorio, sino, más bien, por ser incubada desde arriba y haber surgido de manera espontánea (Martínez, 2018a). Este accionar del gobierno local reproduce una visión tradicional y hegemónica del territorio, donde el Estado, en todas sus escalas, asume el pleno y absoluto derecho de realizar proyectos en el espacio sin necesidad de consulta previa. Este hecho niega o invisibiliza las territorialidades de las personas que habitan los lugares, generando desplazamiento simbólicos o materiales, pero, además, genera disconformidades y disputas.

El gobierno local de San José, dentro de su giro neoliberal implementado desde mediados de la década de 1990, ha particularizado su modo de gestión como uno empresarialista. El caso de estudio describe una expresión concreta de cómo la producción territorial de un barrio cultural se constituye en un instrumento de poder para afianzar un urbanismo neoliberal que tiende a crear un ambiente propicio para los negocios empresariales en la ciudad.

Los hallazgos de este trabajo contribuyen a reforzar una línea de investigación en América Latina que ha comprobado que este modo de gestión ha venido ejecutando acciones de patrimonialización en centros históricos como una vía para revalorizar las áreas centrales, desencadenando procesos de gentrificación que producen una expulsión de personas e imaginarios (Vergara y Casellas, 2016). Asimismo, ha contribuido con la ejecución de grandes proyectos urbanos que son realizados en antiguos predios industriales en las ciudades, llevando a generar nuevos usos que tienden a una elitización de la ciudad (Cuenya y Corral, 2011; Martínez, 2018b). Por otra parte, una de las estrategias implementadas por los modos de gestión empresarial de la ciudad, son discursos de vaciamiento simbólico del área a intervenir, ya sea mediante una supuesta enunciación como una zona decadente, deteriorada o como lugares sin personas (González, 2020).

El caso del Barrio Chino de San José contribuye a entender otros medios de materialización de un empresarialismo urbano. En este caso, se concluye que ha estado lejos de ejecutarse un proceso de gentrificación, pero si, una desterritorialización de personas e imaginarios en y hacia un área de la ciudad. Tampoco este proyecto desarrolló una elitización de esta área, pero si un tipo de segregación temática que llevó a despertar sentimientos y expresiones de xenofobia hacia la población oriental. Asimismo, los procedimientos realizados por la Municipalidad propiciaron un tipo de vaciamiento del espacio, lo que contribuyó a diseñar un proyecto de intervención que ignoró a las personas que habitaban y comerciaban en la zona.

La producción territorial se logra materializar por medio de discursos, imágenes, significados y materialidades, tendientes a la consecución de ciertos fines, en este caso de estudio, un territorio destino turístico y comercial. Araya (2007), refiriéndose al caso de San José, mencionó que las:

Elites urbanas que dominan el escenario josefino, están más preocupadas por transmitir y distribuir imaginarios que funcionen como mecanismos de integración simbólica entre la política económica neoliberal y San José, y menos en repensar y reimaginar el desarrollo urbano en dirección de una menor desigualdad y una vida digna para todos y todas las personas que habitan en esta área o que dependen de ella. (Araya, 2007, p. 128).

Conclusiones

El sentido global del territorio lleva a considerar las acciones locales como producto y (re)productoras de dinámicas desarrolladas en otras escalas (Massey, 2004). De esta manera, el caso del Barrio Chino ha representado una marca territorial del inicio de relaciones diplomáticas y comerciales entre Costa Rica y la República Popular de China. Asimismo, se constituyó en una oportunidad para extender un proyecto de ciudad dirigido hacia la atracción de inversiones y turismo a San José. En otras palabras, la producción territorial del Barrio Chino está lejos de entenderse de un modo aislado, sino más bien, tiene que comprenderse como una territorialización que se explica por el desarrollo de los dos procesos descritos.

La producción del Barrio Chino representa un proceso inacabado, lo cual se debe al hecho de que toda territorialización se encuentra constantemente reconstituyéndose y adaptándose de acuerdo con la coyuntura y las relaciones de poder imperantes. Aun así, se puede afirmar que han sido territorializados, al menos, los siguientes aspectos: 1) un nombre; 2) un hito o referencia en la ciudad; 3) materialidades en el espacio público: arco chino, estatua de Confucio, alguna decoración sobre el espacio público y un paseo peatonal; y 4) una dinámica comercial fluctuante, la cual se vio afectada por el cierre de la vía vehicular sobre la Calle 9 sur.

De modo complementario, a continuación, se presenta una caracterización general de la territorialización del Barrio Chino dentro de las dinámicas urbanas de San José:

  • Permitió la creación de una huella material en la ciudad que refleja relaciones diplomáticas y comerciales entre Costa Rica y la República Popular de China.

    Canalizó recursos económicos para la concreción de un proyecto de ciudad neoliberal para la atracción de inversiones y turismo, el cual se ha articulado a través del Programa de Regeneración y Repoblamiento de San José.

    Utilizó funcionalmente el reconocimiento de la diversidad cultural como un medio para alcanzar una rentabilidad y competitividad económica.

    Facultó un tipo de formulación parcializada del Barrio Chino, reflejo de un modo de gestión urbana vertical e impositiva, la cual tuvo una nula preocupación en comunicar o integrar en el diseño y en la ejecución del proyecto a la población residente o comerciante del área intervenida.

    Ejecutó un desplazamiento de hitos y barrios históricos en la ciudad, los cuales no estaban siendo rentables dentro de las nuevas lógicas de gestión urbana.

    Estableció objetos en el espacio público que llevaron a delimitar, apropiar y controlar esta área.

    Activó un modo de gestión urbana por parte del municipio tendiente a crear un ambiente adecuado para el desarrollo de negocios empresariales, hacia lo cual canalizó energías, trabajo y recursos.

Por último, las formas de ejecución del proyecto del Barrio Chino brindan lecciones para desarrollar otros modos de gestión urbana que fortalezcan una democracia y propicien la creación de una ciudad inclusiva. Dentro de ello, se posiciona el valor de la discusión y la voz colectiva, así como la creación de proyectos participativos, lo cual representa un medio para acercarse a satisfacer las necesidades reales, los deseos y los anhelos de las personas que habitan los territorios y no de quienes los administran.

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Notas

1 Este artículo forma parte de los resultados de investigación del proyecto B8346 Regeneración y repoblamiento de San José: una mirada crítica a su territorialización entre los años 2004 y 2017. Instituto de Investigaciones Sociales, Vicerrectoría de Investigación, Universidad de Costa Rica.


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