ARTÍCULOS

Complejidad en el concepto de comunidad en estudios académicos en ciencias sociales: reflexiones y desafíos

Lucas Uribe Lopera
Universidad de la Salle, Colombia
Sebastian Alejandro González Montero
Universidad de la Salle, Colombia
Stefano Vinaccia Alpi
Universidad del Sinu Elias Bechara Zainum, Colombia
Tomás Montoya
Universidad Pontificia Bolivariana, Colombia

Complejidad en el concepto de comunidad en estudios académicos en ciencias sociales: reflexiones y desafíos

Revista de Ciencias Sociales (Cr), vol. II, núm. 184, 2024

Universidad de Costa Rica

Recepción: 10 Septiembre 2023

Aprobación: 05 Julio 2024

Resumen: El concepto de comunidad es ampliamente utilizado en las ciencias sociales, pero su uso polisémico y general puede limitar la comprensión de realidades sociales complejas. Este artículo presenta una reflexión sobre el concepto de comunidad a partir de un análisis sistemático de su uso en la literatura académica de 2022. Se priorizaron 2430 artículos académicos y se analizaron 7 categorías conceptuales donde se evidencia una diversidad de enfoques y perspectivas, pero también una falta de claridad conceptual y una falta de atención a la simetría de los actores humanos y no humanos en la construcción de comunidades.

Palabras clave: comunidad, concepto, estudio social, artículo, investigación.

Abstract: The concept of community is widely used in the social sciences, but its polysemic and general use can limit the understanding of complex social realities. This article presents a reflection on the concept of community based on a systematic analysis of its use in the academic literature of 2022. It shows a diversity of approaches and perspectives, but also a lack of conceptual clarity and a lack of attention to the symmetry of human and non-human actors in community building.

Keywords: community, conceptualization, social studies, article, research.

INTRODUCCIÓN

La comprensión del concepto de comunidad es fundamental para entender la sociedad contemporánea, ya que las comunidades representan la forma más básica de organización social. ¿Pero realmente se entiende qué es la comunidad cuando se habla de ella? ¿Cuándo se usa este concepto se refiere a algo en específico o, más bien, a una serie de definiciones que se usan de manera sinonímica? ¿Estas formas de aprehensión y utilización de esta noción realmente permiten entender la sociedad que se busca estudiar, aprender, intervenir, transformar?

Durante el año 2022, su concepción ha sido objeto de estudio en diversas disciplinas de las ciencias sociales. Sin embargo, su utilización lejos de presentar una regularidad conceptual, evidencia diversos usos y formas que lo han llevado a una construcción polisémica de su utilización. Esto abre un panorama de comprensión demasiado amplio que puede dar lugar a malentendidos y confusiones en el diálogo interdisciplinario. Es esencial prestar atención al contexto en el que se utiliza el término y considerar las formas que puede entenderse para evitar errores y fomentar una comprensión clara y precisa de este, con una interpretación que permita enfocar eficazmente los esfuerzos de científicos e investigadores sociales.

Desde una perspectiva crítica de sociología fundamentada en la teoría del actor red (Callon, 1986; Latour, 2008; Law y Singleton, 2013), se busca entender la comunidad como un acontecimiento de interacciones multi agenciadas. Este enfoque brinda la posibilidad de entender los colectivos desde una visión real de aquello que permite o limita la comprensión tradicional de lo social, cuya base funcional se interpreta como la comunidad. En este contexto de pensamiento se hace fundamental tener claridad del estado actual del concepto y, sobre todo, su polisemia. Es crucial comprender que la afirmación de la comunidad ya no se presenta solo como una reunión de individuos sino también como una forma de comprensión ontológica de las formas de interrelacionamiento desde el agenciamiento múltiple de los diferentes actores.

El objetivo de este texto es presentar una revisión sistemática del concepto comunidad en artículos de investigación durante al año 2022, con el fin de entender cómo esta concepción se desenvuelve en las discusiones de la academia y qué implicaciones tiene esta expresión en las formas de acercarse a un objeto de estudio. Por este motivo, se propone una revisión tomando como referencia la Scoping Reviews (Peters et al., 2015).

METODOLOGÍA

Se plantearon, en primer lugar, tres preguntas que fueron el eje articulador del proceso de búsqueda, filtración, categorización y posterior análisis del uso conceptual de la comunidad:

  1. 1. ¿De qué manera se utiliza el concepto de comunidad en los artículos académicos en ciencias sociales durante el 2022?
  2. 2. ¿En qué contextos investigativos y disciplinares es utilizado?
  3. 3. ¿Qué consecuencias, aportes o limitaciones tiene el uso polisémico del concepto de comunidad?

Estas preguntas permitieron la reflexión sobre si el supuesto de una polisemia es eficiente al momento de enfrentarse a un objeto de estudio específico o si, más bien, es un uso discursivo que no aporta a los acercamientos de las agrupaciones sociales o a su intervención.

Luego de definir las preguntas rectoras se diseñaron los criterios de búsqueda para tamizar los productos académicos que se utilizaron como insumo para el análisis. Se decidió trabajar con SCOPUS como base de datos de referencia, reconociendo ser la más utilizada dentro del contexto inmediato de la investigación.

El primer criterio de búsqueda fue artículos que presenten “community” en título; esta búsqueda resultó en 449278 productos académicos. Una vez finalizada se realizó un proceso de filtro desde el rango de tiempo planteado, año 2022. Luego se planteó que fueran solo artículos en su estado final de publicación, así como aquellos en inglés con posibilidad de acceso completo. Finalmente, se determinó un filtro solo para documentos categorizados dentro de Estudios Sociales, descartando adicionalmente dos investigaciones por ausencia de la información requerida para su análisis quedando así 2430 artículos que se usaron como insumo para la realización de la revisión.

Según la observación de estos artículos, se crearon siete categorías para clasificar el uso del concepto, estas se identificaron buscando los elementos comunes de su uso y así organizar y analizar los datos recopilados de los artículos seleccionados. Esta información se sistematizó en una matriz de acceso y se procedió a realizar un estudio desde la observación del concepto en los artículos específicos de las mismas categorías; finalmente, se concluyó enmarcando la polisemia del concepto y las implicaciones que este presenta.

RESULTADOS

1. COMUNIDAD ENTENDIDA COMO COLECTIVIDAD

Esta categoría hace referencia a un grupo de personas que comparten una cualidad común y se representó con un 32,9% de los artículos (804 hallazgos). Esta acepción del concepto es utilizada en muchos campos, pero se encontró que en los de la salud (90 registros) y la educación (62 registros), es los cuales se presenta principalmente en ejercicios de análisis e intervención. Además, 104 registros se refieren a comunidades de información, entendidas como los grupos que comparten espacios en Internet y “comunidades virtuales” donde consumen o crean contenido referente a un tema específico o a una plataforma en particular.

Lo anterior se evidenció en el siguiente artículo, en el cual se mencionó la necesidad de vincular a los diferentes agentes para el éxito en la gestión de la salud, entre quienes se identifica a la comunidad: “La participación de los consumidores y las comunidades es un imperativo político y de financiación” (Ayton et al., 2022). Al referirse a la comunidad se hizo de una manera abstracta, general, donde se agrupa a un colectivo de personas, pero no se delimita qué se entiende por comunidad, qué requisitos tiene, quiénes participan en ella, qué características específicas las agrupa y qué hace que sean, o no, parte de esa agrupación.

En ese artículo dicho término apareció de esta manera en varias ocasiones, refiriéndose a la comunidad como un grupo de personas que tiene beneficios dentro de un sistema de salud que desarrolla las investigaciones médicas, o que sin cuyo involucramiento se hace imposible una priorización y toma de decisiones que permitan una gestión adecuada de la salud. En este no se caracterizó quiénes o qué es lo que hace a “la comunidad”, incluso se encontró que el concepto se utiliza indistintamente con el de “usuario”, usándose como una diada al referirse al público objetivo del sistema de salud: “Uno de los principios de la ICC es involucrar los usuarios y la comunidad en el diseño y desarrollo de la investigación” (Ayton et al., 2022, p. 2).

De mismo modo, en otra investigación con el mismo número de citaciones, se estableció una relación entre la educación de una “comunidad local” respecto a la sostenibilidad en línea con los objetivos 2030 y su impacto en las formas de hacer turismo a “comunidades rurales”. En este contexto, el concepto de comunidad apareció de diversas maneras, tanto como un espacio simbólico de aprendizaje, como una macroestructura que puede presentar problemas y con la que se deben establecer acuerdos para la educación si se busca alcanzar los objetivos de desarrollo, es decir, las personas que viajan a los espacios rurales que se entienden como agentes que pueden ser educados, animados a participar, con una acción específica (un festival comunitario), entre otras. En 70 veces que se mencionó la comunidad no hay una especificación acerca de qué es o quiénes son la comunidad, solo una serie de formulaciones que la ponen de manifiesto como una realidad, una posibilidad o un supra sujeto al que se le puede intervenir para que sea educado o se comporte de una u otra manera (Chen et al., 2022).

Algo similar ocurre cuando se hizo referencia a las comunidades virtuales o de transferencia de información, donde el concepto es utilizado de manera abierta y sin ningún tipo de caracterización; se forma parte de una comunidad cuando se participa en cierta plataforma o red social (Peterson-Salahuddin, 2022) o cuando se usa cierto servicio —hotelería, por ejemplo— dentro de la web (Shin y Perdue, 2022). Esta noción de comunidad toma algo homogéneo como una unidad que participa de espacios virtuales, en donde aparecen influenciadores que movilizan a los colectivos (Kelly et al., 2022), o el caso de los trolls que entorpecen el flujo de la información (Dineva y Breitsohl, 2022) e, incluso, se proponen modelos de análisis sociopolítico del grupo que participa en estos espacios categorizándoles como “comunidades feudales” o “dictatoriales” (Schneider, 2022).

Adicionalmente, se incluye en esta categoría el uso nominal del concepto en los nombres de algunas instituciones internacionales que muestran alianzas económicas y políticas; por ejemplo, la comunidad de países del este africano (Murdoch et al., 2022), o la comunidad europea (Marian et al., 2022); de igual manera, nominaciones administrativas como las comunidades autónomas (Cordero et al., 2022). Las instituciones no solo se refieren a organizaciones gubernamentales diplomáticas, se presentan también en un enfoque local, en sinonimia con lo público como: universidades comunitarias (Chen Musgrove et al., 2022), huertas comunitarias (Ponstingel, 2022), comunidades energéticas (Bielig et al., 2022), entre otros. Esta utilización del concepto muestra las mismas características mencionadas anteriormente, no especifica quiénes o qué hace a las comunidades, aun así, se les entregan características como cualidad de acción colectiva o de desarrollo (Belete et al., 2022).

La comunidad como un concepto de colectividad se presentó como una herramienta de síntesis de lenguaje que puede ser utilizado de diversas maneras sin tener que especificar directamente a qué se refiere; a un grupo de personas que atienden a un sistema, un grupo particular de personas en un lugar específico que puede ser educado en un énfasis determinado para evitar situaciones problemáticas con otras colectividades, o el grupo de personas que participa en una red de flujo de información que puede ser potenciada para que logre objetivos deseados, transformada de alguna manera o analizada como una realidad homogénea y concreta. En esta categoría, “comunidad” fue utilizada como una herramienta de discurso que permite, desde su polisemia, una multiplicidad de usos para referirse a cualquier grupo o encuentro entre ellos.

2. LA COMUNIDAD COMO DELIMITACIÓN

En esta categoría se evidenció la utilización del concepto como una herramienta para delimitar una población, buscando en ella una participación dentro de los modelos de investigación o intervención. Esta delimitación se enmarca en un elemento común como base de lo que forma o hace una comunidad donde se le da a un grupo una caracterización homogénea, o sea, se entiende a la comunidad como una unidad con rasgos específicos y que puede estudiarse o intervenir como conjunto. Esta categoría presentó 572 registros, lo que correspondió al 23,5% de la muestra.

Dentro de esta clasificación, el uso más común del concepto se refiere a la ubicación geográfica, con 232 registros. Esto se entiende como una demarcación poblacional que depende de fronteras, lugares o accidentes geográficos. Esta delimitación no se conforma por un número específico de individuos. Dentro de la misma se habló de “una pequeña comunidad norteña de Grecia” (Marmanis et al., 2022) o de la comunidad ubicada en “el este de la provincia de Cabo” (Dube et al.,2022) o una ciudad entera como “la comunidad de Chicago” (Schwarze, 2022); también se puede delimitar por circunstancias particulares de la misma “comunidades remotas en Alaska” (Hahn et al., 2022) Así mismo, se utiliza al demarcar una población por el tipo de espacio en el que habita como es el caso de las comunidades rurales o urbanas (Mihai et al., 2022) o determinadas por accidentes geográficos que son utilizadas por los investigadores como referencia —comunidades costeras—(Dencer-Brown et al., 2022).

Esto muestra que la pertenencia a una comunidad puede darse por una ubicación cartográfica o por otras tipologías de los colectivos, como sus realidades económicas o como es el caso de una “comunidad de bajos recursos” (Rivera y Mejía, 2022), las delimitaciones etarias como en una “comunidad de adultos mayores” o “la comunidad de jóvenes” (Poppe et al., 2022), así como por la lengua en la que se habla (Beaulieu et al., 2022).

Otra de las maneras en que se delimitó un grupo desde la comunidad es el uso de la conformación de estos por vía de elementos identitarios. Esta forma aparecio 268 veces haciendo referencia a colectivos que se conformaron por elementos comunes entre personas que comparten una situación particular: una etnia, una orientación, etc. En esta delimitación no se requiere una acción de estos, pues el ensamblaje depende de aquellas cosas que se presentan como intrínsecas y que forman parte de aquello en un momento determinado.

Esta forma de delimitación aparece de diversas formas: las comunidades circunstanciales con 98 registros, son aquellas donde los grupos se forman a partir de realidades o situaciones concretas, por ejemplo, “comunidad de migrantes en Europa” (Giglitto et al., 2022); es cierto, hay una delimitación geográfica, pero en esta el centro no es el hecho de que los grupos se ubiquen en Europa, sino lo que las conforma como comunidad, es decir, que son migrantes, una situación particular que los ensambla como grupo concreto y que los delimita en línea de las necesidades de la investigación o la intervención.

De similar manera aparece la delimitación cultural o la étnica, que ensambla los grupos por compartir un vínculo de pertenencia a un tipo de población específica: “comunidades negras”(Okoro et al., 2022), “comunidades tribales” (Hussain et al., 2022), o en ocasiones, la unión de varios en un solo grupo poblacional como “comunidades negras, hispánicas y de migrantes” (McFadden et al., 2022). En los ejemplos anteriores se hace de nuevo evidente que es su identidad y no las acciones o la delimitación geográfica lo que los hace parte de esa comunidad. Este parámetro se repite cuando se habla de identidad religiosa (Lloyd y Panagopoulos, 2022) o de identidad de género (Luo et al., 2022).

En esta se puede notar una diferencia en la forma en que se utilizó el concepto de comunidad para delimitar una población cerrada, donde hay muchos elementos exógenos que hacen que sea algo específico, dándole más fuerza a la idea de cohesión que se presenta. Al igual que en la primera categoría, no se le atribuye características específicas que le permitan diferenciarse de otras poblaciones o grupos. En este caso, la comunidad se utilizó como una herramienta de delimitación que ayuda a establecer los límites de la población de interés en el estudio o intervención. Se pueden encontrar diferentes criterios para delimitarla, como la ubicación geográfica, la lengua, la edad, la economía, entre otros, pero en todos los casos, la comunidad es vista como un grupo homogéneo y cerrado, más allá de las características que la definan como tal.

3. LA COMUNIDAD COMO ELEMENTO METODOLÓGICO

Se refiere a la vinculación de la población o grupo específico que se estudia o se interviene en la modelación, diseño o implementación de los proyectos, estudios o investigaciones. Se encontraron dentro de esta delimitación 307 artículos, lo que representó un 20,7% de la muestra.

Entre las distintas metodologías se destacaron la de base comunitaria u orientada a la comunidad (160 registros), la cual tiene su origen en el “desarrollo con base comunitaria” (Mtapuri et al., 2022), esto es la implementación de modelos participativos de grupos específicos en acciones determinadas (Rocha et al., 2022) o la creación de espacios físicos (Shin et al., 2022), así como clúster o emprendimientos potenciados por las personas de un colectivo (Steenbergen et al., 2022). La palabra clave para entender la forma de utilización del concepto en estas metodologías es participación, que se entiende cuando un grupo contribuye en la consecución de los objetivos del estudio o la intervención; en esta especificación, las de personas que participan de la comunidad determinada tienen claridad en quienes son, pero no acerca de qué los hace ser, es decir, la comunidad en este sentido puede entenderse como público objetivo o como sujetos de intervención, ya que la categorización de la misma se presupone desde la línea del investigador o interventor.

El campo de educación es el que mencionó en mayor medida las metodologías que utilizan el concepto de comunidad. En este se identificaron varios modelos metodológicos, pero resaltan las comunidades de aprendizaje, de investigación, de conocimiento y de práctica. Todas las anteriores comparten el elemento de la participación, pero en cada una hay una acción distintiva se convierte en el foco de esta participación; es a partir de las acciones de los grupos que las investigaciones o intervenciones cumplen sus objetivos. Estas metodologías tienen en común la intención de ayudar a orientar el diseño y la facilitación de aprendizajes significativos (Wertz, 2022), esto a partir de la acción participativa de agentes en los grupos e implementación de las acciones de intervención o investigación, ya sean estudiantes, docentes, administradores de centros educativos, familias o lo que los artículos denominan la comunidad, concepto que es tan amplio refiriéndose a todos los actores educativos o a la población específica que se interviene (escuela, sistema educativo, ciudad). Estos elementos se especifican, pero no hay caracterización específica acercas de quién o qué es la comunidad.

4. COMUNIDAD COMO ACTOR COLECTIVO

En las categorías anteriores se ha visto la utilización de la comunidad como una forma de enmarcación dada por una necesidad de investigación o por alguna cualidad específica de la población demarcada. En esta categoría se encontró una forma de caracterización que depende no de sus cualidades ni de las necesidades que tenga el observador o la observadora para enfocar o delimitar una población, sino de las acciones concretas de las personas que forman parte del grupo, las cuales incluyen tanto lo que tienen común como la necesidad de los agentes de observación.

Se habla de manifestaciones particulares en formas de acción concretas de sujetos que se colectivizan y masifican en un grupo, generando una relación individuo-acción-colectivo que entiende la actividad realizada como una acción no de individuos agrupados sino de una comunidad. En esta categoría se ubicaron 270 registros, lo que representa un 11,1% de la muestra.

Se encontraron dos formas de acción en los artículos priorizados. La primera es la agremiación técnica, profesional o de conocimiento, esta se muestra en la idea de que una comunidad se conforma en el momento en que varios comparten una técnica, un saber o una práctica específica, a saber, hay entonces “comunidades de compostaje en Nueva York” (Morrow y Davies, 2022) formadas por todos aquellos que, profesional o voluntariamente, compostan residuos en una ciudad, siendo esta acción suficiente para conformarse como comunidad. Este mismo principio funciona con las agremiaciones profesionales, “comunidad de trabajadores de la salud” (Famuyiro et al., 2022) conformada por todos aquellos que ejercen una profesión relacionada al cuidado y la salud, a quienes se les llama también “comunidad de profesionales de la salud” (Jovanovski y Jaeger, 2022). Se presentan también agrupaciones por el conocimiento en común que tienen sus integrantes: “comunidades geográficas” (Barrett y Bosse, 2022), nombradas también como “comunidades epistémicas” (Hrabanski y Le Coq, 2022). En todas estas ocasiones, aquello que las personas hacen, saben o ejercen como profesión se convierte en la razón de su vinculación comunitaria. Esto implica que la comunidad sea abierta y su delimitación dependen exclusivamente de la caracterización de la persona investigadora u observadora, quien pone los límites sobre a quiénes o en dónde se constituye esa comunidad.

En esta categoría también aparecen las acciones cotidianas que se realizan dentro de un contexto determinado y que son repetidas por varias personas, sin necesidad de tener un conocimiento o una característica común adicional que las vincule, ejemplo de esto es la “comunidad de quienes comparten automóviles” (Hartl y Hofmann, 2022) o “la participación comunitaria en el uso de biogás para la producción de energía sustentable” (Sari et al., 2022).

En estos casos, compartir un automóvil o utilizar biomasa de ganado vincula a un grupo de personas como comunidad. Como ocurre con las agremiaciones, estas formas de utilización del concepto son etéreas, pues las acciones en sí son las que determinan pertenencia, en ambos casos se cumple el mismo efecto de la sinonimia, se podría cambiar la palabra comunidad por grupo, colectivo o, nuevamente, eliminarla, sin embargo, el sentido y la intención de la expresión no se perderían, pues la comunidad no cuenta con ninguna carga o significado más allá que el de agrupación de personas.

Además de la distinción entre la conformación de una comunidad a través de la agremiación o de la acción cotidiana, es importante señalar que la colaboración y el trabajo colectivo son una parte fundamental de la comunidad. Es decir, no se trata solo de un grupo de individuos que realizan una misma acción, sino que, en el actuar conjunto y la colaboración se establecen vínculos, compartiendo experiencias y conocimientos. En este sentido, la acción de la comunidad puede ser vista como una forma de construir colectivamente una identidad y un propósito común, lo que, a su vez, puede tener un impacto positivo en la sociedad y en la resolución de problemas colectivos.

5. COMUNIDAD COMO CONSTRUCTO ASPIRACIONAL

Esta categoría presentó una faceta particular donde la comunidad se toma como una realidad; se partió de que el grupo que se estudia o se interviene ya está conformado como comunidad, o se presupone que se puede hacer una comunidad. Lo que se busca es entregarle ciertas cualidades que le permitan desarrollar valores que mejoren el bienestar de sus miembros, entendiendo como presupuesto que las comunidades pueden ser transformadas y pueden intervenirse para convertirlas en algo diferente.

Como la intención es la de modificar la realidad de las colectividades, esta categoría presenta una definición y le da cualidades a lo que se entiende como un grupo que ya es comunidad o que quiere convertirse en una, propendiendo porque la realidad de la comunidad se concrete en beneficio de sus miembros. En otras palabras, se busca que un grupo se comporte de una manera, entendiendo que es esta forma de agrupación la que puede hacer algo por el colectivo en beneficio de las personas. La comunidad entonces no aparece como una cualidad, sino como una realidad preexistente o a la que se puede llegar o que se puede mejorar. Esta categoría representa un 9,6% de los artículos encontrados.

Se encontró como primer eje de esta categoría los artículos que plantean que la comunidad se puede construir y que esta construcción depende de factores del relacionamiento de los grupos. En estos se hallaron definiciones conceptuales de esta noción; hablando de arqueología con base comunitaria y sus posibilidades en el involucramiento de la población en las excavaciones y descubrimientos se define la comunidad como “…un grupo social de tamaño variado que comparte características comunes y se percibe como perteneciente a un segmento diferenciado de la sociedad” (Flewellen et al., 2022, p. 148). Esta definición muestra tres características de lo que se entiende, desde esta perspectiva, como comunidad. Lo primero es que se trata de un grupo de tamaño variado; segundo, tiene características comunes y tercero, se percibe a sí misma como perteneciente a un segmento diferenciado. Esto implica que unas comunidades deben cumplir las tres características; así, no todo grupo con característica comunes es comunidad, sino que requiere de una autodeterminación para conformarse como tal.

Al hablar de un grupo delimitado por sí mismo, la intervención se focaliza en aquellos ensamblajes que se perciben como comunidad, o que no lo hacen, y esa cualidad se les puede potenciar. En el caso de la investigación citada propiciar elementos que permitan a este grupo fortalecer características o conocimientos que impulsen luchas colectivas que revindiquen o constituyan su herencia cultural e histórica, vinculándolos de otra manera.

Ahora bien, la idea de que la comunidad se puede construir implica que esta requiere de elementos particulares para conformarse. Estos elementos se expresan a partir de valores o cualidades que transforman a un grupo en una comunidad, buscando que esta traiga el mayor beneficio posible a sus integrantes. Se encontraron 203 artículos que planteaban la posibilidad de intervenir un grupo para darle características de comunidad, fortaleciéndolo o creando, en este sentido, la identidad comunitaria, entendida como “un medio para distinguirse de los demás, mantener la continuidad, establecer una autoestima positiva y crear autoeficacia, ya que procede del comportamiento de posicionarse en el entorno” (Mao et al., 2022, p. 775). Esta cualidad concuerda con el tercer elemento enunciado anteriormente, evidenciando que la posibilidad de ser comunidad viene acompañada de la autodeterminación. Esta misma idea se evidenció en los momentos en los que se buscaba construir sentido de comunidad (Guazzini et al., 2022) o empoderamiento comunitario (Avery et al., 2022).

Otras cualidades que se buscan para fortalecer la comunidad desde esta perspectiva son la “resiliencia comunitaria”, la participación comunitaria (Hunter et al., 2022) o la cohesión comunitaria, entendiéndolas como elementos importantes para que los grupos se conformen en comunidad, ya que la participación de sus agentes en objetivos ulteriores se traduce en beneficios para ellos y encontrando que mientras un grupo tenga más de estas cualidades, será más comunidad. En todos los casos se presenta la comunidad como un objetivo deseable que trae consigo grandes potencialidades para el desarrollo.

Adicional a esto, se evidenció también que el desarrollo comunitario no solo es posible en la intervención del colectivo en general, sino que depende de la acción particular de algunos actores dentro de los grupos que posibilitan su crecimiento positivo. Los procesos de intermediación y mediación (Seale et al., 2022), así como de liderazgo (Rivera y Mejía, 2022) son tomados como ejes de creación y transformación, mostrando, una vez más, desde este uso del concepto la posibilidad de la construcción de comunidad.

En concreto, se prioriza la importancia de la comunidad y su desarrollo, por lo cual para este fin parece significativo tener una definición clara de lo que se entiende para poder trabajar en su construcción y fortalecimiento. En esta categoría, esta colectividad se considera algo bueno y deseable, se enfatiza la importancia de trabajar en los grupos para que se conviertan en comunidades. Esto implica establecer relaciones efectivas, promover la cooperación y la participación de todos los miembros, además de fomentar un sentido de pertenencia y compromiso con los objetivos comunes. En resumen, la construcción de comunidades fuertes y saludables se presenta como esencial para el bienestar y el progreso de las personas y la sociedad.

6. COMUNIDADES NO HUMANAS

En esta categoría se incluyó la utilización del concepto al referirse a poblaciones no humanas, esta representó un 8,2% de la muestra, En un primer momento, la comunidad se utiliza para una población general delimitada por accidentes geográficos o ubicaciones específicas, similar a la segunda categoría: “comunidad de peces de un río de una zona montañosa semiárida en Basin-Iran” (Zare-Shahraki et al., 2022), en esta agrupación se agregan todas las especies que influyen en el bioma, incluyendo la acción de los humanos en las interacciones medioambientales.

El mismo concepto se presenta en la especificidad de un organismo o de una especie específica como una “comunidad de artemisas” (Davies et al., 2022). En estos casos las investigaciones están dirigidas a la relación entre actores ambientales y su entorno, con elementos endógenos y exógenos, principalmente, con elementos de prevención o intervención que pueden modificar su contexto, entre los que se incluyen los humanos.

Lo anterior deja claro que comunidad se utiliza en una forma diferente a la habitual dentro de las ciencias sociales —para referirse a grupos humanos— y se expande a una agrupación que ensambla a todos los actores en un ecosistema. No se aleja del estudio del presente artículo, pues, aunque las comunidades que se observan no corresponden a la de homo sapiens, no se pierde de vista su interacción e injerencia en todo el bioma que los incluye.

La importancia de lo anterior se hace evidente cuando se observa, por ejemplo, cómo una “comunidad de castores” ejerce una agencia importante a una agrupación humana aguas abajo (Auster et al., 2022). La interacción y forma de hábitat de un grupo de castores es fundamental al momento de planear, intervenir y gestionar el riesgo de inundaciones de una población humana. La acción de estos animales afecta directamente y de manera positiva la vida de los habitantes de una población, sin saberlo estos se hacen parte de la vida cotidiana de los humanos, de su toma de decisiones, convirtiéndose en un agente activo y fundamental para esa colectividad.

Esta categoría en especial se puede analizar desde la perspectiva de Teoría del Actor Red (TAR), específicamente en la línea de construcción conceptual planteada por el sociólogo Bruno Latour (Latour, 2017; 2008) Aquí se encuentra una relación importante entre las acciones no-humanas y las humanas, evidenciando una interacción simétrica; esto es, ambos tipos de actores tienen un rol central en el estudio de una colectividad, pues la relación entre estos es equivalente para la estabilidad y concreción de espacios de hábitat compartidos. En esta línea, los microbios, las artemisas y los castores son una parte fundamental de lo que el sociólogo llama red de actantes (Latour, 2008), pues no solo están actuando de manera independiente, sino que están determinando las acciones de otros, así como modificando su forma de vivir, por lo que esa forma de interacción en red interdependiente con actores simétricos es lo que en esta categoría se puede llamar comunidad.

7. COMUNIDAD COMO ABSTRACCIÓN ACADÉMICA

Esta incluye los artículos que no se refieren a ninguna comunidad en particular, sino al concepto que los agrupa, refiriéndose a este como una significación, entendiéndolo en una extensión teórica que permita comprender los grupos, ya sea de manera general o de manera específica. Se hallaron 45 artículos en la muestra que comparten dichas características, lo que representó un 1,9% de la muestra. Para su análisis se enfocó en dos formas de utilización del concepto en sí, primero la categorización que se le da a ciertos tipos de comunidades y el segundo los artículos que definen la comunidad en sí.

En los tipos de comunidades desde el campo conceptual se encontró en una situación similar a la que se dio en la primera categoría, esto es, que la comunidad se asume como presupuesto, no se define qué es lo que hace que un individuo sea parte de un grupo o ensamblaje1 que se catalogue como tal, más allá de compartir un elemento común. La diferencia entre estos tipos y los primeros es que desde esta visión amplia de las agrupaciones se trabaja una caracterización acerca de qué tipo de comunidades o ensamblaje estudiado, dándole una carga conceptual a las formas de relacionamiento. Se busca en estas un tipo de interacción o forma de agrupación que pueda ser denominado de una manera particular, con ciertas características y, principalmente, con potencialidades que mejoren la agrupación de manera colectiva.

Lo anterior se demostró en algunos ejemplos: se define que una ciudad y comunidad son sustentables cuando las relaciones urbanas cotidianas cumplen un rango de éxito en 10 indicadores (Bartniczak y Raszkowski, 2022). El uso del concepto es general y similar al de las instituciones de la primera categoría, pero en este caso hay una categorización de la comunidad basada en evidencias e indicadores que pueden determinar si una agrupación es o no sustentable.

Desde la misma línea pero en otro sentido se encontraron también estudios donde esta categorización se da a partir de la percepción de los miembros del grupo que se está analizando, por ejemplo, una “comunidad cultural” (LePeau et al., 2022) se concreta cuando las personas identifican la diferencia como una potencia y no como un problema, donde la distinción entre etnias en un espacio específico se da desde el ámbito del respeto o en el que las discusiones políticas dejan por fuera el tema racial como elemento de definición. En el ejemplo anterior la comunidad tiene una característica, pues se manifiesta desde la autopercepción de las personas miembros y que, aunque se impone desde los modelos de investigación, son ellas quienes definen los criterios de su relacionamiento. Esto es similar al uso metodológico del concepto (base comunitaria, enfocado en la comunidad), pero en estos casos hay una implicación nominal en las formas de denominación de la comunidad.

Por otro lado, se identificaron las definiciones o estudios conceptuales en torno al concepto de comunidad. Todos estos se basaron en los elementos comunes de los grupos a los que cataloga, en abstracto, como una comunidad. Aunque en todos se habla de colectivos asociados en busca de una realidad mejor para sus personas miembros, las distinciones entre grupos y comunidades se diferencian en que los elementos colectivos que se priorizan son distintos y que la conformación de la comunidad depende, específicamente, en lo que estos elementos comunes influyen en los momentos de asociación. Esto sugiere que lo importante de la comunidad no es su forma de agrupación, sino los elementos comunes de sus miembros que, al final, son exógenos a ella.

En este caso, está el ejemplo de la definición propuesta desde los pensamientos de Confucio y Mencio (Khan et al., 2022); esta construcción filosófica plantea la comunidad como algo de la que todos los seres humanos hacen parte, pues en ella el elemento común es que todos comparten el futuro y que por este motivo tienen que habitar de una manera diferente en el mundo colectivo.

Ahora, en esta definición el elemento común de la comunidad es externo a las personas —el futuro— y propende hacia una serie de características dentro de las maneras en las que se relacionan para lograr una forma de agrupación que pueda denominarse comunidad global; “el concepto de Comunidad de un Futuro Compartido para la Humanidad pretende desarrollar la armonía mediante contratos sociales multilaterales y bilaterales entre naciones, y promover la Regla de Oro garantizando la responsabilidad de las naciones” (Khan et al., 2022, p. 12). La comunidad se presenta como un objetivo teleológico que permite una forma de relacionamiento entre las personas miembros —en este caso del mundo— desde la conciencia plena de un elemento común que parte de que el futuro es compartido y depende de estas formas de relación.

En otras formas de concepto, se encontraron definiciones que no están atadas a reflexiones filosóficas, sino más bien a las necesidades y análisis concretos de ciertos grupos o circunstancias que presentan las personas agrupadas. Por ejemplo, un análisis del concepto de comunidad en los momentos de pandemia (O’Grady et al., 2022) muestra cómo se utiliza esta como un elemento discursivo, haciendo una crítica de cómo esta demarcación reduce el concepto y solo habla de delimitaciones de personas. Ante esto, es importante comprender la comunidad como “una interpretación de la vida colectiva que media entre la soberanía individual, por un lado, y la actividad del Estado, por otro” (2022, p. 39). Esta nueva definición de tensión entre dos realidades hace que se abra la relación de la persona no solo con los tomadores de decisiones, sino también con una serie de actores delimitaos, haciendo de cada grupo una peculiaridad singular que se escapa a las delimitaciones discursivas y exige una caracterización que tenga presente la diversidad y singularidad de cada uno en el contexto del relacionamiento del poder.

Como elemento en común se encontró, además, que se plantea un objetivo, una teleología de comunidad que está en línea con los intereses del grupo, viendo como en todos los casos, es algo positivo, deseable y por lo que es conveniente trabajar para lograr. Esto se evidencia en como la comunidad se usa como parangón en la construcción de una de educación sostenible (Lecusay et al., 2022) o el camino para la excelencia humana (Wolf, 2022). En contraste, en ninguno de los artículos revisados se encontró algún elemento negativo de la comunidad o una sola característica perjudicial. Siempre se planteó como una alternativa deseable y el propósito final para cualquier tipo de asociación. Esta implicación positiva se repite en todas las categorías exploradas y está en línea con los objetivos de estudio e intervención de todos los artículos analizados.

CONCLUSIONES

A partir del análisis de las siete categorías identificadas en esta revisión sistemática, se resumen las conclusiones generales de la conceptualización de comunidad.

La categoría de comunidad como entidad colectiva se definió como un grupo de personas que comparten una cualidad común. Se utilizó en muchos campos, pero se encontró con mayor frecuencia en intervenciones de salud y educación. Asimismo, en la mayoría de los casos se usa de manera abstracta y general, sin detalles específicos sobre lo que constituye una comunidad, quiénes participan o cuáles son las características específicas del grupo. La comunidad como concepto general se maneja como una herramienta de síntesis del lenguaje que se puede presentar de muchas formas diferentes sin especificaciones.

En el caso de la comunidad como delimitación, se conceptualizó como una población específica en modelos de investigación o intervención. La forma más común de delimitación fue a través de la ubicación geográfica o gentilicio, seguido de la conformación de grupos por vía de elementos identitarios. La comunidad se utilizó para delimitar una población específica, pero no se requiere la participación de la comunidad.

La comunidad como criterio metodológico se utilizó como base para la implementación de proyectos o investigaciones. Se destacó el uso de metodologías basadas en la participación como la de base comunitaria de grupos específicos en acciones determinadas. La educación es el campo que más utilizó estas metodologías, con modelos como las comunidades de aprendizaje, de investigación, de conocimiento y de práctica, las cuales buscaban orientar el diseño y la facilitación de aprendizajes significativos a partir de la acción participativa de agentes específicos en los grupos. El concepto se utilizó de forma amplia y diversa, a menudo su uso es el de sinónimo de otros conceptos como barrio, vecindario o grupo.

En la categoría de comunidad como actor colectivo se utilizó como una forma de delimitar un grupo o colectividad en función de las acciones concretas que realizan las personas, generando una relación entre individuo, acción y colectivo. Se encontraron dos formas de acción: la agremiación técnica, profesional o de conocimiento, y las acciones cotidianas que se realizan dentro de un contexto determinado. En ambos casos la colaboración y el trabajo en equipo fueron fundamentales para la construcción de una identidad y un propósito común. La categoría demuestra la comunidad como un aporte desde la perspectiva de compartir experiencias y trabajar como colectivo con el fin de lograr objetivos comunes, lo que puede tener un impacto positivo en la sociedad y en la resolución de problemas colectivos.

En lo referente a comunidad como constructo aspiracional se enfoca en la idea de que es una realidad preexistente a la que se puede llegar o mejorar. Se define como un grupo social de tamaño variado que comparte características comunes y se percibe a sí mismo como perteneciente a un segmento diferenciado de la sociedad. En los artículos se encontró que la comunidad se puede construir, lo que implica que requiere de elementos particulares para conformarse, como la identidad comunitaria, la resiliencia comunitaria, la participación y la cohesión comunitaria, entre otras.

En el caso de las comunidades no humanas, se refiere a una población general delimitada por accidentes geográficos o ubicaciones específicas, o bien, a organismos particulares como una comunidad de microbios o de una especie particular. Las investigaciones en este campo se enfocan en la relación de estos actores ambientales con su entorno y en su prevención o intervención para modificar su contexto. Se destaca la importancia de comprender la interacción entre los actores no humanos y humanos en un ecosistema.

En la última categoría, la comunidad como abstracción académica se refiere no a una comunidad en particular, sino al concepto en sí desde su categorización o definición. En la categorización de estas, se trabaja en su definición desde las características que se esperan de los ensamblajes dándole un juicio y una taxonominaxión a los tipos de agrupaciones que cumplen una u otra característica. Esto lleva definiciones y estudios conceptuales en torno al concepto de comunidad, los cuales se basan en los elementos comunes de los grupos y en su conformación en forma de teleología y tomando a esta como un referente deseable al que se debe llegar.

Luego de la revisión del uso del concepto de comunidad dentro de los estudios sociales se concluye que este ha sido utilizado profusamente en los estudios académicos en el año 2022. Además, se ha convertido en la base de muchos proyectos de investigación en diferentes disciplinas de las ciencias sociales lo que se traduce en su utilización en ámbitos políticos relacionados con la planeación y ejecución de programas y proyectos dentro de los países y territorios.

Con este estudio se concluye que se ha encontrado una polisemia en el uso del concepto de comunidad, es decir, la existencia de múltiples significados y usos. En algunos casos funciona como un sinónimo grandilocuente a concepciones como grupo o colectivo que a un término en específico que cargue de sentido a las personas, lo que implica que el uso generalizado del concepto puede traer dificultades no solo de comprensión (entender los fenómenos sociales) sino también de acción (su intervención). Esta observación lleva a considerar que este concepto se presenta en un marco tan amplio que, al intentar referirse a algo específico, acaba por no referirse a nada en particular.

El uso indiscriminado del término comunidad puede ocultar la diversidad y complejidad de las relaciones sociales, culturales, económicas y políticas que conforman una realidad social determinada. Por lo tanto, es crucial profundizar en el uso del concepto de comunidad en los estudios académicos para comprender su complejidad y aplicarlo de manera efectiva en la intervención de situaciones sociales complejas.

Este artículo se reduce únicamente a las discusiones académicas en un espacio determinado de tiempo; sin embargo, permite una discusión abierta donde la pregunta “¿qué uso le damos al concepto de comunidad?” se vuelve relevante. Se evidenció una riqueza gramatical y semántica, pero a su vez, muestra que se está utilizando de una forma que se limita a referirse a las colectividades o agrupaciones, y no a la condición ontológica que se produce en estas.

Ahora bien, ¿qué podría aportar desde el punto de vista académico y de la intervención interpretar la comunidad no como una forma de agrupación sino más bien como una forma de existencia?, ¿se podría entender o mejorar de manera más efectiva esta realidad? Se plantea desde este espacio que la comunidad, al igual que lo social (Latour, 2009), no debe ser la respuesta o el punto de llegada, sino más bien la pregunta y el inicio de una discusión que permita develar aquello que es la comunidad.

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Notas

1 Desde la TAR se comprende el ensamblaje cómo un actante colectivo, esto es, una red heterogénea de actores humanos y no humanos que actúan y hacen actuar.
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