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Psicología y literatura en la biopoética de la identidad en la adolescencia
Psychology and literature in the biopoietic of adolescence identity
Revista de Ciencias Sociales (Cr), vol. II, núm. 188, pp. 129-143, 2025
Universidad de Costa Rica

ARTÍCULOS



Recepción: 16 Mayo 2024

Aprobación: 04 Julio 2025

DOI: https://doi.org/10.15517/13fxc927

Resumen: En este texto se expone una comprensión del sujeto biográfico, explicando el campo de lo biográfico en psicología y del concepto de biopoética. Para ello, se realiza un análisis conceptual y una argumentación de los conceptos principales. La investigación se ha llevado a cabo en Costa Rica desde el 2013 hasta la actualidad. Se finaliza con la elaboración de un concepto propio de biopoética que coloca en un lugar fundamental la relación entre biopoética, identidad y subjetivación.

Palabras clave: adolescencia, biografía, identidad, biopoética, lenguaje.

Abstract: This text offers an understanding of the biographical subject, examining the field of the biographical in psychology and introducing of the concept of biopoetics. To this end, a conceptual analysis and argumentation of the main concepts are carried out. The research has been conducted in Costa Rica from 2013 to the present. The text concludes with the development of a concept of biopoetics that places the relationship between biopoetics, identity and subjectivation in a fundamental place.

Keywords: adolescence, biography, identity, biopoetics, language.

1) Introducción

La teorización en torno a las transformaciones invariantes como sello inevitable y esencial del psiquismo, la interacción y el comportamiento humano, deja aún una estela fecunda en el trayecto que todavía siguen esos conceptos. La cuestión de la identidad personal o la persistencia de la continuidad, dentro de contornos sometidos a la plasticidad, sigue siendo uno de los temas relevantes para la psicología del desarrollo en la adolescencia y la juventud.1 En ese campo de investigación (Tapia, 2001, 2019), ya se había planteado la necesidad de comprender las características del sujeto dentro de la psicología como una condición previa, tanto para entender la relación entre identidad y biografía (Tapia, 2015, 2016, 2017), como para entender una conceptualización de la biopoética en el campo biográfico, según la manera en que este último se entiende en la psicología.

La función biopoética como cuestión principal, así como otros aspectos secundarios, han quedado fragmentados o insuficientemente tratados en los trabajos cuyo interés fue conferirle los contornos teóricos y metodológicos adecuados (Tapia, 2019), por lo cual los vacíos aún existentes requieren una profundización específica más allá del solo planteo de su contexto de surgimiento.

En este artículo se pondrá de relieve cómo se entiende al sujeto biográfico o al sujeto reflexivo. Luego resultará indispensable explicar cómo se entiende el campo de lo biográfico en psicología para dar paso, posteriormente, a especificar una comprensión propia del concepto de biopoética. Esta no se entiende claramente sin tomar en consideración los criterios de la biografía y su relación con la identidad personal. En la tercera parte, con el afán de deslindar sus alcances y limitaciones, se tratará de acoger a, y dialogar con, la biopoética, —en todo caso hacer un guiño— a como se ha estado formulando por algunas tendencias de la reflexión propias de la literatura.

2) El sujeto reflexivo

El sujeto de la filosofía reflexiva y hermenéutica (Ricoeur, 1965) facilita el inicio de este análisis de la biopoética (Tapia, 2013), al partir con dos problemas. Uno epistemológico, dado el interés por establecer el significado y alcance de la noción de interpretación. Otro reflexivo —y autoreflexivo— por el interés en dilucidar cuál podría ser una comprensión nueva del sí mismo, del sujeto. Así, ante una teorización sobre el sujeto, los desafíos de la psicología académica de la corriente principal se encuentran mutuamente en la coarticulación de hermenéutica y reflexividad.

Pensar en el conocimiento y la reflexión obliga a una conexión con el lenguaje y con el sí mismo introduciendo simultáneamente la reflexión ética (Thomasset, 1996). Ello es relevante para las ciencias psicológicas pues representa la posibilidad de una mejor comprensión del sujeto de la psicología al acoplarse con la reflexión sobre el sí mismo, es decir, sobre el sujeto. El lenguaje no es solo lengua y semiótica, es también habla y semántica, no queda subsumido en el sistema de la lengua, sino que presenta la característica de abrirse al mundo por la gracia de la referencia (Ricoeur, 1999). El lenguaje representa al mundo, las estructuras pragmático-comunicativas lo convierten en vehículo. El lenguaje es habla y discurso y con él se trata de “decir algo sobre algo a alguien”. Por lo tanto, al lenguaje se le debe reconocer tres dimensiones: la ontológica, con la referencia al mundo; la psicológica, con la relación con uno mismo; y la dimensión moral, en la relación con otro.

El lenguaje posee una habitabilidad en el habla, en los textos y en las obras de la cultura. Existe el lenguaje en los modos de referencia común —o al decir de Frege—, en la correferencia, por lo cual, todo ser en el mundo es un “ser-con”, es un ser junto a quienes se comparte la misma lengua. Aún más, incluso, el lenguaje poético, y el poema, constituye un ejemplo eximio, pues como texto y como obra posee un carácter cultural originario y de ahí una dimensión comunitaria (Ricoeur, 1999). El poema permite el advenimiento de un lazo evidente en la comunidad del habla y como obra de la cultura es mediación lingüística de esa cultura y, de modo añadido y no superfluo, es además una instancia de comprensión de nosotros mismos. Para Ricoeur:

… la función principal de la obra poética, al modificar nuestra visión habitual de las cosas y enseñarnos a ver el mundo de otro modo, consiste también en modificar nuestro modo usual de conocernos a nosotros mismos, en transformarnos a imagen y semejanza del mundo abierto por la palabra poética (1999, p. 57).

La hermenéutica del lenguaje poético conduce directamente al nivel de una auto comprensión de sí mismo, como operación cognitiva de tipo reflexivo por excelencia. No hay, una intuición inmediata del sujeto que lo convierta en obvio para sí mismo. Hay mediaciones simbólicas del lenguaje —porque el lenguaje “dice al ser”—, las cuales conducen al universo extralingüístico de la circularidad de sí (Ricoeur, 1990). La tesis fundamental de Ricoeur en torno al sujeto consiste en reconocer la inexistencia de una posición inmediata del sujeto, siendo necesaria una mediación reflexiva, la cual hace notar la identidad del sujeto dividida en dos figuras diferenciadas e inseparables. Por un lado, la figura de la “mismidad” según la cual un sujeto se desenvuelve en el tiempo, como sí mismo y “semejante” a cualquier otro. Por otro lado, la figura de la “ipseidad”, según la cual el sujeto marca su vocación a la “singularidad”, sin comparación, por la cual el sujeto determina su vocación a una soledad excepcional propia de todo ser humano y diferente para cada cual. Así, pues, con la “ipseidad” se asume el mandato siempre propio y singular, el cual, no obstante, adviene al sujeto desde un otro.

Este desdoblamiento de la identidad pretende abandonar la tensión entre el “cogito exaltado” donde el yo aparece como fundamento originario y el “cogito humillado”, donde el sujeto aparece como resultado de la multiplicidad de un lenguaje, el cual opera interpretando sin decir nada sobre lo real. El sujeto y la identidad del sujeto no tiene la función de fundamento originario ni constituye el lugar de una diseminación. El sujeto no está confinado a la transparencia idealista, ni a la opacidad dramática de un lenguaje en cuya estructura quedaría abandonado. Más bien, el sujeto es la densidad del sí mismo, sin desvanecerse. Es lo que lo altera, una alteridad sin trauma: “el sujeto está estructurado por el deseo de su propia existencia”. Ahí el sujeto adviene entre dos fuerzas: entre la vehemencia ontológica, esto es, el lenguaje diciendo de alguna manera al ser, sin ser esto un juego inmanente y, la fuerza ética de la responsabilidad, la cual no se puede ejercer sin un singular capaz de sostenerla y hacerla valer.

Es en este punto donde aparece la ética de Ricoeur en forma dinámica pues concibe, en coarticulación, tanto el plano de la obligación moral por medio de la norma como el plano ético de la solicitud. La norma del respeto debido a las personas cuyo resultado, no necesariamente libre de conflicto, es la autonomía, la cual aparece imbricada con la solicitud como estructura dialógica y procesual, como parte del objetivo ético cuyo resultado es la estima de sí. La orientación ética consiste en nuestro esfuerzo por existir y en nuestro deseo de ser. Es el fondo constitutivo de la existencia humana. En este contexto, se entiende la solicitud como palabra dirigida a otro, una palabra la cual se inquieta por el otro, es la palabra dirigida a las personas en su singularidad irremplazable, adquiriendo significado en la medida de la existencia de un sujeto capaz de ofrecer la atención dada y motivada por la solicitud. Entre un ser que se dice en el lenguaje y la fuerza de la responsabilidad ética, aparece un sujeto el cual requiere del periplo de la objetivación, el camino más corto de sí mismo a sí mismo. Se trata en realidad un camino de retorno a sí mismo y se trata de un sí mismo incapaz de evitar el afuera, pero sin absorberlo como uno de sus momentos. Así, este movimiento hacia sí mismo es un movimiento hacia sí mismo como otro (Ricoeur, 1990; Tapia, 2001), un sí mismo encumbrado de tinieblas, la figura del “cogito herido”, un sujeto, plantea Ricoeur, ya no reestablecido en su quebranto, si no tan solo reconfortado por la solicitud, la cual desemboca en la estima de sí. El sujeto reflexivo encuentra alivio a su quebranto en la solicitud.

La psicología académica no se reconoce en las figuras ontológico-lingüísticas, éticas o reflexivas por las cuales conduce la filosofía del sujeto reflexivo. Sin duda, no se reconoce en la metáfora del cogito humillado pues como ciencia empírica no se deja atrapar por una estructura abstracta. Tampoco se reconoce en la metáfora del cogito herido pues la psicología académica aparece como un discurso cuyo propósito es optimista, aun cuando corra el riesgo de reproducir la realidad sin transformarla, incluso al tratar de restablecer a su otro, a sus beneficiarios. Sí, se trata de un sujeto determinado por la metáfora del cogito exaltado, pero también se trata de un sujeto fragmentado al cual le viene mal todavía el momento de recomponer sus partes para ofrecer una imagen completa del individuo.

La cuestión de la identidad narrativa apareció como un lugar alternativo para el decir ético-moral del sujeto. Este no es una sustancia invariable, sino un ser capaz de cambios y conversiones. Solamente, el relato describe la acción en el nivel donde la persona puede ser identificada adecuadamente (Ricoeur, 1990), solo el relato permite establecer un lazo entre una acción y el agente de la acción quien puede ser considerado responsable. La constitución de la acción y la constitución del sujeto son recíprocas. El análisis de la imputación moral de una acción no es posible excepto si la acción de un agente se reconoce por medio del relato, como inscribiéndose en la historia de su vida, ahí donde el sujeto se dice según una estructura narrativa. En cuanto existe una interacción entre el relato histórico y el relato de ficción, se está frente a la dialéctica entre la memoria histórica con su representación del pasado (ver Ricoeur, 2000), por un lado, y las variaciones imaginativas reconfigurando nuestra visión del mundo, por otro lado. Ambos tipos de relato contribuyen a forjar sentimientos éticos comunes a una sociedad (emociones políticas), la cual comparte estos relatos bajo la forma de una tradición de la vida buena. La comprensión narrativa de una vida, abierta por la perspectiva sobre el sujeto, como se ha evocado, es el mundo de una vida que se dice, el mundo de la biografía.

Una reflexión sobre la biografía como acontecimiento, no solo como acontecimiento discursivo, sino también como acontecimiento subjetivo, permite entender al sentimiento subjetivo de la identidad ligado al sí mismo. El lazo entre identidad “ídem” e identidad “ipse” o la dialéctica mismidad-diferenciación, es posible en cuanto el sujeto se inscribe en la estructura de la comunicación y el lenguaje, una inscripción la cual sitúa la construcción de la identidad del sujeto en una red de relaciones, ofreciéndole materialidad concreta y una alianza con la experiencia y la vivencia del tiempo. La experiencia del tiempo en el mundo procura articular cuanto ha sido dicho a lo que está por decir y esto no constituye siempre y necesariamente una tarea coherente de autoconocimiento de sí mismo. Tal es la dialéctica de la biografía: abre el mundo de sí mismo a sí mismo, aunque también puede darse en ella un fenómeno de ocultamiento de sí.

La interacción de elementos formando la experiencia sometida al tiempo ofrece como un resultado la biografía, pues para el individuo el tiempo histórico no puede ser sino experiencia del tiempo, reconocerse en estado de transformación, pese a la permanencia de la autocomprensión de sí mismo; es el fenómeno de la plasticidad invariante. En su expresión social, el tiempo histórico produce para el individuo algo de imperceptible, excepto si las experiencias colectivas hacen surgir la conciencia individual del tiempo histórico como el advenimiento colectivo de experiencias, en las cuales es posible reconocerse con los otros en el trazado de coordenadas bien definidas por la cultura. La biografía se refiere a vidas cuyo acto principal es querer decirse en el tiempo y junto a las vicisitudes no solo de lo justo y lo bueno, no solo las de la obligación de la norma moral y el deseo de ser y existir éticos, sino también se refiere a la vida que se dice en las vicisitudes del ser con otros.

A la psicología le compete la articulación de pensamientos, sentimientos y acciones historiados, con un sentido y una importancia para la vida. Lo psíquico está sometido al tiempo, como variable psicológica y como categoría filosófica. Sentir, pensar y actuar supone experiencias, acontecimientos vividos, conllevan el sesgo subjetivo de lo personal y son únicas e irrepetibles. Al mismo tiempo están sometidas a una perspectiva temporal, a la irreversibilidad del tiempo (Valsiner, 2018), matriz de la cual se desprende la estructura básica de los fenómenos psicológicos. Esta perspectiva de la psicología, claramente biopoética, tiene a la vida como eje. La vida como “Zoé” consiste en la energía vital de los seres orgánicos, mientras la vida como “Bio” es la autobiografía de los seres psíquicos, su vida historiada. Aristóteles había subrayado la copertenencia entre una y la otra (Aristóteles, 2018). El campo de la vida como Bio, sin embargo, no puede desarticularse del campo de la vida como Zoé. La vida, como vida en desarrollo, a lo largo del tiempo, no solamente hacia un pasado posible de evaluar, sino también la vida en perspectiva de futuro, es decir, el relato por contar sobre una vida (Bio), se abre a la posibilidad de articular una estrategia psicosocial capaz de enlazar Zoé y Bio, capaz de entender cómo, ante mi vida (Zoé) amenazada, puedo siempre hacer valer el esfuerzo de autoafirmar una vida (Bio) con futuro, como trayectoria prospectiva, como narración posible de mí mismo, como anhelo de horizonte. Esto significa ejercer sobre ella una función biopoética.

3) El campo biográfico en psicología

Cabe entonces tratar de delimitar en los códigos o referentes de la psicología y sus dispositivos metodológicos, el tipo, el acontecimiento fundamental del campo u orden biográfico, a saber, el relato de vida, como pragmática o contexto de uso. Luego se mencionarán dos perspectivas sobre lo biográfico, las cuales tienen al relato de vida como eje fundamental y facilitan comprender la cuestión de la identidad personal ofreciendo, simultáneamente, una articulación conceptual adecuada para hablar de la intervención biográfica como una modalidad de intervención en la clínica psicológica.

3.1) La narración biográfica como contexto de uso

El análisis de biografías personales a partir del dispositivo de la historia de vida o relato de vida, ya bien conocido en las ciencias sociales (Feixa, 2018), es un dispositivo adecuado para captar la construcción de la identidad personal. La biografía sitúa al individuo en la diacronía, como componente del desarrollo individual e inter-individual. Además, la biografía tiene un carácter narrativo. Esto significa que cuando se solicita a una persona relatar algo de su vida o relatar la historia de su vida, dicho relato posee una estructura narrativa en cuanto se presenta un inicio del relato, una trama y la intriga en la trama, con diferentes actores, voces y acciones, así como el cese del relato.

Si afirmamos al discurso como acontecimiento del lenguaje (Ricoeur, 1986), se muestra la dimensión pragmática del lenguaje, su uso comunicativo en el relacionamiento, en las condiciones del habla, en el sentido dado a la palabra, en la referencia contextual y cultural de la acción comunicativa. Esto sucede en múltiples manifestaciones de los vínculos comunicativos, como en el diálogo, en las narraciones de reminiscencias de reconstrucción sobre sí mismo, así como en los relatos de una historia de vida. La narración biográfica se presenta, así como un contexto de uso. Esto significa que el relato o la narración se usa como micro-contexto de significación, en el cual se construyen escenas de relacionamiento, tomando como material para ello la forma y el contenido de las experiencias vitales. Estas poseen una secuencia biográfica para el individuo, es decir, poseen una historicidad específica en su vida.

Hay dos enfoques que facilitan comprender los relatos biográficos como contexto de uso, los cuales pueden complementarse. Por un lado, el enfoque biográfico (Legrand, 1993 y 2000) y, por otro lado, el razonamiento auto-biográfico (Habermas, 2011b).

3.2) El enfoque biográfico

En la tradición de la sociología clínica, el relato de vida ha sido un medio privilegiado para estudiar trayectorias individuales y sociales. Por esta vía se investiga, al mismo tiempo, la constitución de lo social. La vida de los individuos se despliega entre una historia familiar y sus relaciones sociales, por lo tanto, interesa la forma de su relato, pero más aún su contenido. La sociología clínica (De Gaulejac, 1999) busca desentrañar los nudos de un entramado socio-familiar por medio del relato de vida, el cual se comprende como un dispositivo que se sitúa a medio camino entre el relato de vida de formación, el relato de vida de investigación y la terapia a partir del relato de vida (Breton, 2022). De ahí que se utilice el concepto de novela familiar recuperado de Freud. Con dicho concepto se analiza la brecha existente entre la historia objetiva y el relato subjetivo, permitiendo reflexionar sobre la dinámica de un proceso de transmisión, el cual facilita ocupar una posición social, económica y cultural, en la genealogía y en la historia personal de un sujeto. Así, se concibe que toda la experiencia biográfica de un individuo va a marcar su desarrollo y lo va a constituir como ser psicosocial e histórico. La novela familiar y la trayectoria social quedan así vinculadas.

El enfoque biográfico, en diálogo con las ciencias humanas clínicas (Cornejo et al., 2008; Cornejo, 2006; 2008; Legrand, 1993) se nutre de la sociología clínica y de la psicología social psicoanalítica. Construir una biografía ofreciendo un lugar al trabajo del sujeto implica dejar aparecer los momentos irreductibles de reflexividad y de voluntad, de cuestionamiento de sí mismo, así como de elección y decisión (Legrand, 1993). Esto, no obstante, con la precaución de evitar la absolutización de la dimensión del sujeto, mostrando tal condición en interacción con otras dimensiones, las cuales son para la historia individual polos de delimitación y determinación relativa. Esto significa que no es suficiente conformarse con una visión de una vida como una totalidad cerrada, la cual satisface aparentemente y en la cual puede darse algún grado de auto-complacencia. Los movimientos de cuestionamiento reflexivo son indispensables y refieren a un proceso inacabado, siempre abierto a posibles reconfiguraciones de la historia contada. El enfoque biográfico (Legrand, 1993) supone que el estudio de la vida de las personas, de las experiencias y acontecimientos de sus vidas, constituye un medio privilegiado para entender la estructura (la forma), el contenido y la dinámica de las trayectorias psicosociales. Así pues, el análisis biográfico constituye una vía privilegiada para comprender a la persona en su contexto.

En esta tarea se muestra al relato de vida circunscrito, por lo cual no se solicita “contar una historia” sino contar una historia específica, esto es: “cuénteme su historia de maestra” (ver Legrand, 2000). El tratamiento y montaje trata al relato por medio de una metodología sistemática de análisis de contenido, despeja sus temas organizadores, señala los momentos clave de la historia de vida relatada, articula la recomposición del relato y de los temas que lo sostienen, despliega el relato bajo la forma de una historia dramática la cual pueda leerse como una novela. La interpretación por su parte supone la movilización de conceptos y referentes conceptuales hasta avanzar, de relato en relato, en el ir y venir entre las hipótesis y los materiales concretos, hacia una teoría de conjunto del campo de estudio concernido.

Lo anterior no se desconecta de la diacronía. En efecto, el sujeto humano posee una historia, en un sentido retrospectivo, hacia el pasado, pero también en un sentido prospectivo, hacia el futuro. Está sometido a las vicisitudes del tiempo. Se construyen relatos del sí mismo del pasado en coherencia con el sí mismo actual y futuro, teniendo como un filtro la asociación semántica, según la coherencia del sí mismo actual (Libby y Eibach, 2002). Las acciones del pasado discrepantes con el concepto de sí mismo del presente tienden a recordarse de distinta manera, los recuerdos varían dependiendo de las metas del sí mismo en un momento dado. El ciclo vital, el curso de la vida, depende del tiempo y de la representación del tiempo, depende de una ubicación temporal y espacial, poniendo en escena y haciendo concreto al tiempo. La experiencia cotidiana en el tiempo convierte a los acontecimientos en biografía, esto es, en vida. Los acontecimientos que encadenan nuestra experiencia cotidiana es lo que llamamos nuestra vida, la vida de cualquier individuo y cuando los organizamos en el tiempo, se obtiene nuestra “bio-grafía”, a saber, un registro de los acontecimientos que se enlazan y se convierten en experiencia, los convertimos en nuestra vida. Esto es lo que significa la diacronía en el desarrollo psicológico, esto es lo que implica historiar los acontecimientos de nuestra experiencia, al convertirlos en biografía, en historia personal, en trayectoria vital.

3.3) El razonamiento biográfico

Por otro lado, en la perspectiva del razonamiento biográfico (Habermas, 2011a), la historia de vida se abre al desarrollo del razonamiento biográfico, para lo cual se nutre de la psicología del desarrollo y del psicoanálisis clínico. Mientras en la perspectiva del “enfoque biográfico” (Legrand) se intenta captar el relato de vida completo de una persona, el cual produce una historia o relato de vida, en la perspectiva del razonamiento biográfico (Habermas, 2011b), este concepto se refiere a la actividad de explicar la relevancia biográfica de los recuerdos en un relato de vida corto. En esta perspectiva, se busca una aproximación desde la historia o relato de vida a la memoria y a la individualidad, al enfocar la narración de recuerdos de acontecimientos, no de cualquier acontecimiento cotidiano sino de acontecimientos del pasado, del presente o del futuro cuya relevancia biográfica es clara.

Se marcan así los aspectos del pasado con un significado para una vida y podrían formar parte plenamente de una auto-biografía escrita. Los eventos significativos están contextualizados por la vida, vinculados no solo por un orden cronológico, sino también por argumentos con implicaciones, semejanzas o consecuencias, tanto temáticas como motivacionales. Se trata de una actividad de razonamiento porque: (a) es de naturaleza constructiva e interpretativa; (b) es cognoscitiva y comunicativa; (c) es normativa, en cuanto convoca a la razón y la lógica (Habermas, 2011b). El razonamiento auto-biográfico constituye una adquisición tardía del desarrollo socio-cognoscitivo, pues inicia su desarrollo en la pre-adolescencia y continúa madurando a través de la adolescencia (Habermas y Bluck, 2000).

La historia de vida auto-biográfica representa una matriz biográfica, expresándose en dos formas, por un lado, la narración completa o el relato completo de la historia de vida y, por otro lado, el razonamiento auto-biográfico. En la vida cotidiana, la historia de vida es usualmente expresada en una forma más bien parcial, por medio del razonamiento auto-biográfico. La repetición de este conlleva a la construcción de una estructura de conocimiento rudimentario en la memoria, la cual se relaciona con la vida como un todo (Habermas, 2011b), siendo el aspecto esencial del razonamiento auto-biográfico la coherencia global del relato de vida. En la coherencia, las partes se relacionan entre sí, los acontecimientos a otros acontecimientos y estos al desarrollo individual. Habría cuatro tipos de coherencia relevantes para la historia de vida: la coherencia cultural, la coherencia temporal, la coherencia de causas motivacionales y la coherencia temática (Habermas, 2011b).

La coherencia biográfico-cultural es una estructura de acontecimientos vitales, sobresalientes desde el punto de vista biográfico y se ordenan temporalmente apegados a normas de edad, como una secuencia, siendo la biografía sensible a las características culturales del sujeto. La coherencia de causas motivacionales ofrece un sentido de dirección y propósito en la vida. por lo tanto, los relatos o narraciones de vida pueden variar en el grado en el cual los acontecimientos se suponen causados externamente, o bien, motivados por deseos, metas y valores. La coherencia de causas motivacionales permite un giro que conecta lo que ha sido con lo que deviene de esto, principalmente, en la persona del hablante y en su personalidad, en las vicisitudes subjetivas. Así entonces la coherencia global diferencia a la historia de vida de una mera lista de recuerdos fragmentados y sin conexión, facilita la emergencia de “una vida que se narra” (Ricoeur, 1983, 1985) y abre una comprensión integradora de la persona adolescente a partir de la identidad narrativa (Roberts y Yoon, 2022)

4) Biopoética en el tránsito de la biografía a la subjetivación

Las dos perspectivas antes mencionadas, la del enfoque biográfico y la del razonamiento autobiográfico, abren la posibilidad de comprender la biopoética como una función en el desarrollo de la biografía. ¿Cómo emerge la función biopoética desde la biografía?, ¿cuál es su rol en los procesos identitarios adolescentes, en los cuales el mecanismo psíquico de la subjetivación es un aspecto estratégico?2.

4.1) Biografía y biopoética

Que la biografía sitúe al individuo en la diacronía, convirtiéndose en un componente principal del desarrollo individual e inter-subjetivo, implica entender la narración biográfica como contexto pragmático. El relato se usa como micro-contexto de significación, configurado a partir de la pragmática y la semiótica de la interacción comunicativa. Se construyen escenas relacionales en este, tomando como material para ello la forma y el contenido de las experiencias vitales. Estas experiencias contienen una secuencia biográfica para el individuo, una historicidad específica en su vida; la persona adolescente exhibe la historicidad específica de su vida aun cuando no trascienda dos décadas. Relatar la historia de una vida, implica asumir dicha vida con la posibilidad de expresarse en una estructura narrativa (Ricoeur, 1983) y puede, también, asumir una estructura dramatúrgica de la acción como en un cronotopo.

En la teoría de la novela de Mijaíl Bajtín (1975/1989), el concepto de cronotopo refiere a indicadores espacio-temporales útiles para representar la imagen del ser humano, subrayando tanto la inseparabilidad como la interconexión de las relaciones temporales y espaciales en las obras literarias (Viñas, 2012). Sin embargo, alude también a la yuxtaposición de la dimensión temporal y espacial en textos autobiográficos como se entiende en la antropología social (Feixa y Andrade, 2020; Tapia, 2019). El cronotopo representa en imágenes los acontecimientos, así las señas del tiempo se concretan en determinados sectores del espacio. Para Bajtín (1975/1989), la historia de la novela puede definirse a partir de sus cronotopos y distingue al menos cinco tipos, por ejemplo, el cronotopo del encuentro, según el cual dos personajes se encuentran en un lugar determinado y en un momento determinado y ese encuentro determina el curso de la narración (Viñas, 2012). Pensar el acontecimiento como algo que puede representarse en imágenes, es relevante para la perspectiva del relato biográfico en cuanto facilita identificar cómo el individuo-social, sometido al orden biográfico, usa las metáforas y las imágenes para referirse a los acontecimientos organizadores de su trayectoria vital. El desarrollo cognitivo emergente en la adolescencia implica una primera oportunidad de producir imágenes a partir de los acontecimientos vividos.

Es imposible entender la biopoética sin desagregarla en una poética de la historia del sujeto. Implica situar mi cronotopo en el conjunto de lo social y recuperarlo como una experiencia para sí. Bajo la incidencia del trasfondo biográfico, la biopoética es el arte de componer una vida todavía no realizada, a partir de los criterios que vinculan lo imaginario y la imaginación. La conversión de lo imaginario es el objetivo de la poética, hacer mudanza, trastocar lo imaginario, moviéndose así las ideas sedimentadas o dadas por descontado, sacudiendo las presuposiciones asumidas, dando paso a la reconfiguración del mundo por medio de las metáforas y las tramas narrativas (Ricoeur, 1986). La biopoética traslada al sujeto de lo imaginario al espacio del sujeto de la imaginación, despierta la imaginación sobre sí, la poeisis de sí mismo.

Las metáforas vivas es el lenguaje en estado de emergencia, lo imposible de mostrar por el lenguaje lexicalizado (Abel y Porée, 2007; Ricoeur, 1975/2001), un camino abierto para ser aprovechado por la transformación biográfica operada por la imaginación en el relato biográfico. Que “La imagen no es un residuo de la impresión sino una aurora de la palabra” (Ricoeur, 1975/2001), implica colocar a la biografía no como mero remanente descriptivo del pasado, no como una historia en cuanto fijada en un lugar inaccesible para la memoria, impidiendo el trabajo de la memoria. Más bien, así se rompe o se resitúa el prestigio del hecho. Al imaginar otros hechos, otro mundo, se percibe lo posible y en lo posible lo esencial, otra realidad, otro actuar posible. De tal manera, la referencia puramente descriptiva al mundo queda suspendida al igual que el sujeto demasiado seguro de ser sí mismo. Hay en ello una apertura al libre juego de las posibilidades en un estado de no compromiso inmediato respecto al mundo de la percepción y de la acción, para ensayar nuevas ideas, valores y maneras de ser en el mundo (Ricoeur, 1986). Así la imaginación es una máxima funcional y una instancia de crítica para el relato biográfico, pues en el momento de narrarse a sí mismo, la biografía habita en el relato, para ejercer una función de distanciación provisional de la acción.

En el orden biográfico, el relato de vida expone los acontecimientos, los toma en carne viva y los desaprisiona de la memoria y de la experiencia, facilitando la distanciación y convirtiendo la poética del relato en lo imaginario de sí mismo, trasladándolo al campo de la imaginación sobre sí mismo. Si la poética se configura como el arte de construir intrigas para extender lo imaginario individual y social (Abel y Porée, 2007), la biopoética con trasfondo biográfico es el arte de construir una trama todavía no existente, todavía no realizada sobre sí mismo y sobre los otros; una imaginación todavía haciéndose que, como en la literatura, contiene una deriva hacia el autoconocimiento (Tornero, 2023).

4.2) Biopoética y giro animal en la literatura

Uno de los mojones inaugurales de la biopoética en la literatura y la crítica literaria se ha dado en la reflexión posthumanista. Dicha reflexión busca trascender los dualismos epistémicos en torno a la vida humana y la vida animal. La reflexión posthumanista implica pensar la vida también como un saber del cuerpo. Se trata del giro animal en la filosofía (Yelin, 2017), el cual ha desembocado en un pensamiento literario de la vida. Ya se trate de narrativas, procedimientos, teoría y crítica, biopoéticas, desplaza esta el centro del análisis de lo humano a lo vital, a la dimensión física y material de la existencia, en la ficción (Yelin, 2019b) y, en la vida (política) (Yelin, 2019a). Posthumanismo implica pensar lo vital, más allá de lo humano.

La biopoética es aquí un pensamiento biopolítico del cuerpo, el cual funciona como crítica. De ahí esta conceptualización densa representa una reconstrucción del concepto de política de la vida o biopolítica según la tradición de Foucault (Yelin, 2020), el cual ha devenido en la biopolítica afirmativa pues afirma la vida (Soto, 2015). Es un concepto para pensar la literatura, la crítica, la vida, la política y sus relaciones (Callieri, 2022), atañe a visibilizar la emergencia de lo viviente en la literatura.

Como sustantivo, la biopoética problematiza la relación de la vida con el lenguaje integrando así elementos discursivos y no discursivos, humanos y no humanos (Yelin, 2019a). En cambio, como adjetivo, supone una práctica creativa cercana al ensayo y a la ficción, encontrándose como se mencionó con procedimientos, teoría y crítica. El anclaje epistémico principal reside en disolver la ruptura entre Bíos y Zoé, a manera de tejer puentes y la vida material quede inserta no solo en el análisis literario sino también en el orden biográfico (Tapia, 2021). Esto es particularmente importante al pensar la adolescencia, especialmente, cuando sus protagonistas, las y los adolescentes, se captan por la metáfora del cogito herido. Un sujeto adolescente cuya herida le sitúa entre Bios y Zoé, entre el sentido y las moléculas, entre su constitución psicosocial y su constitución biológica, entre recuperarse a sí mismo por una elaboración autobiográfica sobre sí mismo o abandonarse a su dinámica psicobiológica.

No obstante, para Yelin hay una intención de concebir la biopoética como un atributo del pensamiento crítico y como un modo de intervención de las ficciones (Yelin, 2018). “Biopoetizar” consiste en pensar en términos de una vida y no en los de la vida, busca experimentar con nuevas formas de vida —la vida animal y su biografización, la zoografía (Yelin, 2020) — para alcanzar nuevos conceptos politicos a través de contrastes, resistencias y conflictos. Una crítica principal de esta biopoética se refiere a que la biografía, quizás como se concibe en la psicología y la sociología, posee la aspiración de ser un proyecto totalizador del deseo humano de ser una persona y ser uno mismo, ser persona sería el objeto de la pulsión biográfica. En este sentido la elaboración biopoética la cual se atribuye aquí a Yelin, declina el dar protagonismo al orden biográfico. Por contraste, en el orden biográfico el individuo deviene un sujeto gracias a la temporalidad e historicidad biográfica, se convierte en un sujeto socializado en una cultura particular dándole esta facticidad su consistencia psicosocial.

El sujeto biográfico es bien capaz de construir una auto-ficción, pero este hecho no cae fuera de la reflexividad de su análisis, sino más bien forma parte de dicho proceso de pensamiento. En consecuencia, al análisis biográfico le interesa la verdad, la propia verdad del sujeto en cuanto es capaz de producir una auto-ficción y con base en esta un auto-engaño. Esta posibilidad accesible para la imaginación biopoética no excluye la de darse el sujeto biográfico su propia verdad, acogerse a la realidad del cogito herido que se supera a sí mismo, acoger la función distanciadora de sí mismo a sí mismo, la cual abre la crítica y auto-crítica a la totalización del sujeto.

4.3) Biopoética, lenguaje y subjetivación

El pasaje biopoético de la biografía hacia la subjetivación obliga a intentar aclarar al menos un tipo de relación de la psicología con el lenguaje. Esto no pasa solo por una relación positiva o ambigua con la psicolingüística o como si la semiótica nunca se hubiese encontrado con la psicología cultural. La especificidad de la biopoética no está relacionada necesariamente con el ejercicio de la palabra o con una lógica de escrituras y marcas en un texto. Más bien adviene por su anclaje en una pragmática lingüístico-comunicativa, la del uso del lenguaje. Es un lugar de síntesis de la gramática, la fonética, la sintaxis y la semántica. Es el encuentro con la semiótica, el cual representa el encuentro con mixturas como la pragma-semántica. Sin embargo, pese a la importancia de la pragmática para configurar lo psíquico como se estudia, por ejemplo, en el campo de la psicología del desarrollo del lenguaje, el análisis de los usos del lenguaje, por sí solo, está lejos de definir los alcances de lo psicológico, principalmente por lo que implica. Por ejemplo, el descubrimiento de la importancia de la prosodia y la musicalidad para la génesis y desarrollo del lenguaje y de la intersubjetividad primaria y secundaria (Trevarthen, 2013, 2009; Schore, 2021).

La especificidad y extensión de nuestro concepto de biopoética posee unos trayectos particulares en el territorio voluble del desarrollo psicológico y, por tanto, de su categoría disciplinaria principal: el tiempo. Se distancia del giro animal en la literatura. No es un distanciamiento respecto a la fecundidad de unos objetivos relacionados con las narraciones, procedimientos, teoría y crítica, sino en cuanto nuestra biopoética ofrece un lugar protagónico al proyecto biográfico. Este acto epistémico asume frente al proyecto biográfico, y con todas sus consecuencias, las condiciones posibles para habitar al sujeto biográfico como cogito herido. Se trata de la persona adolescente en condición de quebranto, no accidental, no un quebranto referido a las vicisitudes de las dificultades cotidianas, sino a cómo se posiciona ante ellas.

El proceso de extraer de las sombras a un sujeto herido implica, en la práctica y la teoría, asumir la tarea de superar el debate entre estructuralismo y hermenéutica, entre enfoques formalistas y enfoques funcionales del lenguaje. La consigna “explicar más para comprender mejor” (Ricoeur, 1986), continúa inspirando estas posibilidades, en las cuales no se puede sostener un dualismo epistemológico, pensando en un método explicativo y otro comprensivo. La explicación es un proceso del cual emerge la continuidad y la discontinuidad metodológica. Hay continuidad porque explicar es un acto metódico común a las ciencias naturales y a las ciencias sociales y humanas. Hay discontinuidad porque comprender es un momento no metódico, en el cual se elucida nuestra relación con la realidad. La interpretación es el proceso con el cual se anuda dialécticamente la explicación y la comprensión, la estructura y el contenido, lo cultural y lo biológico, cuando dicha interpretación accede a un momento subjetivo y objetivo, cuando encuentra en los textos discursivos y en la narración el paso a la objetivación.3 Comprender a la persona adolescente en el plano subjetivo no implica renunciar a la explicación de sus acciones y procesos socioemocionales en el plano objetivo.

Aun así, el sentido no queda atrapado en la objetivación. Explicar el proceso adolescente no agota el sentido de sus acciones como autor de su propia vida. En cuanto a la conexión entre biografía e identidad, el contraste con la subjetivación aparece como un mecanismo fundamental para el logro de la identidad personal, en primera instancia en la adolescencia, aunque también a lo largo de la vida. Si la metáfora viva es el camino de la transformación biográfica, la subjetivación es su destino sin cesura definitiva. En la elaboración de Cahn (1998) sobre la adolescencia, la subjetivación es simplemente la apropiación subjetiva de sí mismo. La apropiación de sí puede ser facilitada por los efectos de voluntad impulsada por los componentes del orden biográfico, siendo los principales el relato biográfico y el relato de historia de vida. En este contexto, el del relato, las metáforas abren la trayectoria biográfica hacia la apropiación subjetiva de sí mismo y este proceso deja como una de sus herencias la identidad del sujeto:

Es constatable entonces que construir una identidad se refiere a un punto de cesura de la biografía (como si la biografía fuese vida, -Bíos- poética). Evoca la necesidad de un corte textual, de una pausa, en el camino hacia la subjetivación, en el cual riesgos y oportunidades para el desarrollo se articulan (Tapia, 2001, p.12).

En consecuencia, la biopoética adquiere un sentido pleno y específico en el saber sobre el desarrollo de la identidad personal, la socialización y el desarrollo socio-emocional y afectivo humano. La construcción del concepto de biopoética posee un anclaje en el intento por articular la identidad personal en la adolescencia, a partir de micro-procesos, para alcanzarla como macro-proceso, yendo del macro-desarrollo al micro-desarrollo hasta apocopar al máximo la escala de tiempo (Tapia y Sanabria, 2023). El lenguaje y la comunicación, en la dimensión pragmática del uso, se considera un micro-proceso del desarrollo.

La identidad personal posee un registro aparente y exclusivo en la biografía, pero en un sentido retroactivo, como “retrobiografía”. Sin embargo, para entrar en el registro de la retroactividad biográfica, es necesario plantearse la biografía como tal. Por otro lado, el discurso biográfico puede reconstruirse, metodológicamente, a partir de la interacción comunicativa entre el locutor biográfico y un interlocutor, a la sazón, una persona investigadora. Esto no implica reflejar la interacción comunicativa en una teoría cognitivo-conductual, pues son cuestiones esencialmente distintas (Cf. Linell, 2014) dada la posición del sujeto reflexivo.

Se ha observado cómo es posible captar a partir de la biografía y el análisis del diálogo, no solo los procesos del desarrollo de la identidad personal y la autonomía, sino también las creencias y claro está, los vínculos (Weigand, 2015). Se trata de aspectos en coarticulación con la intención del sujeto reflexivo. Al observar la retroactividad biográfica no solo se hace evidente la coherencia narrativa del discurso biográfico, ni solo las motivaciones capaces de provocar rupturas o transiciones en el desarrollo, sino también la función creadora que habita dentro de la biografía, como un operador biográfico o como motivaciones creadoras.

En esto consiste la biopoética. En la articulación del Bíos —vida— y de la poeisis —como creación de sí—. Consiste en la auto-creación de sí en el trasfondo diacrónico de “mi vida” y en la relación de “mi vida” con una trama social y relacional. La biopoética adquiere su pleno sentido en un contexto biográfico, en el cual, a partir del razonamiento autobiográfico, el acto biopoético ofrece continuidad a la historia personal, al relato de sí, y lanza esto hacia el futuro, hacia lo todavía no existente (Tapia, 2019, p. 346).

El joven o la joven hacia el final de la época adolescente, conoce un proceso en el cual podría verse confrontado con su incapacidad para decidir sobre su proyecto vocacional (en un sentido prospectivo). Puede encontrar en la retroactividad biográfica y en el razonamiento autobiográfico una fuente para su autocomprensión, para articular creativamente opciones con las cuales operar y salir del atasco vocacional provocado, por ejemplo, por una crisis relacional con el padre o la persona sustituta. El acto biopoético opera en la biografía dentro del espectro del desarrollo de la personalidad. Desde la preadolescente cuyo anhelo consiste en evitar decepcionar a su madre, al adolescente en crisis de identidad y autonomía paralizante, hasta el o la adolescente bajo un trastorno de su personalidad o en conflicto neurótico. En lo antes dicho aparecen como figuras de un sujeto herido.

El concepto de biopoética no es un macro-concepto sino una macro-categoría, la cual puede relacionarse con la psicología en un mismo nivel, es decir, el concepto de biopoética no solo está contenido dentro de la psicología del desarrollo, sino también dentro de muchas otras categorías o conceptos relevantes de la disciplina. La relación del lenguaje con la biopoética no es arbitraria. Tampoco es un depósito dentro del cual cabría cualquier discurso psicológico cuyo fin fuese el lenguaje como objeto de análisis. La relación con el lenguaje es específica y delimitada, está circunscrita. Más aún, no puede establecerse una relación privilegiada con el lenguaje, más allá de plantear este como medio por el cual alcanzar, en un contexto biográfico, una determinada función para la biografía, para la narración de esta o para el ejercicio de la memoria en la biografía.

Ya sabemos que Zoé se asocia a la vida biológica y Bíos a la vida como práctica vital la cual da a la persona una biografía. La biopoética dice una relación directa con la vida, con lo que la vida escribe en el sentido de Bíos, pero no tanto de lo que se escribe sobre la vida. Una vida relativamente desprendida de sus condiciones biológicas, no completamente desprendida. Es decir, la biopoética es Bíos, pero no bajo la desconexión de Zoé. La biopoética es andadura por la auto-creación de sí, pero esto no implica un sometimiento a la poesía. Sin duda, la poesía puede facilitar un trabajo sobre el sujeto desde sí y puede también funcionar como una compañía esteticista del saber. De ahí la biopoética no puede estar ajena a una lógica en conexión de conocimiento y experiencia, es decir, una lógica idiográfica en un fondo nomotético (Brinkmann, 2026), la cual es casi la vía exclusiva para construir un dispositivo de cambio con base científica, porque hay una ciencia más allá del positivismo ¿una ciencia poética? (Freeman, 2011; Freeman, 1999).4

Para descubrir la función creadora de la biopoética, se necesita ir a los textos con los cuales se produce un discurso, un sujeto enunciador, por sí mismo, o también al co-narrar con otro ese discurso. Una importante posibilidad para realizarlo consiste en descubrir los subjetivemas en el discurso biográfico.

Ávila y Medina (2012) se preguntan cómo obtener una descripción detallada de las posibilidades de inscripción de la subjetividad en el discurso. Proponen identificar subjetivemas: es lo que inscribe en el discurso, es una huella explícita de lo subjetivo del enunciador, se encuentra en un discurso subjetivo organizado, en el cual el enunciador se revela explícitamente. Las huellas pueden ser afectivas, evaluativas o axiológicas, pueden hallarse como huellas nominales, como adjetivos, adverbios o verbos.

La tarea metodológica, al confrontarse con las biografías de jóvenes, (tanto adolescentes como en la adultez emergente o juventud), o con sus co-narraciones, consiste en identificar, describir e interpretar los niveles de coherencia narrativa, los subjetivemas y las motivaciones causales. Requiere un trabajo meticuloso, cuantitativo y cualitativo, sobre el discurso biográfico, siendo materiales empíricos para tratar como textos; surgen de la retroactividad biográfica o de las interacciones. Sobre el material empírico se opera la interpretación y es de dónde surgen las posibilidades de explicar más para comprender mejor; el marcaje es una operación técnico-metodológica la cual, sin embargo, no alcanza para explicar la metodo-lógica del análisis, pues solo se satisface esta en la conceptualización de la biopoética.

5) Conclusiones

Este artículo ha enfocado cómo se entiende al sujeto biográfico como un sujeto reflexivo. Esto se ha llevado cabo a partir de las características principales que han permitido comprender al sujeto reflexivo.

Se entendió que un campo privilegiado del sujeto reflexivo es el del registro biográfico el cual se ha comprendido, particularmente de cara a los problemas de la identidad personal, para acceder con ello a una comprensión propia del concepto de biopoética. Esta no se entiende claramente sin tomar en consideración los criterios de la biografía y su relación con la identidad personal.

Una comprensión biopoética alternativa en la literatura, inspirada por el concepto de biopolítica de Foucault, se deslinda de una manera clara de la aquí presentada, debido fundamentalmente a que esta última elude renunciar al registro biográfico, pues la consideración del cogito herido, el cual sobrevive gracias a la solicitud, ha conducido a considerar sus diferentes vicisitudes, ninguna de las cuales conduce a olvidar lo biográfico, sino más bien, como exigencia psicológica, a afirmarlo.

Nuestro concepto de biopoética es una apertura desde lo biográfico a la posibilidad de la subjetivación en el desarrollo de la identidad personal. Esto sucede pese a las diferentes vulnerabilidades de una identidad personal construida y a las dificultades o desafíos de la cultura contemporánea para las personas en su devenir subjetivo. Además, este enfoque de lo subjetivo busca anclarse en una construcción del conocimiento psicológico, el cual busca trascender las polaridades que pudiesen estancarlo y desprenderlo del descubrimiento de la novedad.

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Notas

1. Este artículo constituye una formulación nueva a partir de las siguientes fuentes que constituyen trabajos inéditos: Tapia, 2021; 2017; 2015; 2013.
2. En Tapia (2019) hay un desarrollo similar al que se plantea aquí.
3. Es importante cuidar en esta dialéctica la pre-servación del nivel epistémico y así no caiga, al pasar al nivel ontológico, en el ámbito de la posverdad. Esta se refiere a hacer pasar por ver-dades aquello considerado antes como mentiras o a los efectos de la desinformación en políti-ca. Generalmente son efectos con apariencia de verdad cuando no lo son. Un ejemplo de ello es la narrativa establecida por los grandes medios de comunicación en la agresión de Israel sobre Palestina, particularmente, en la masacre y geno-cidio sobre el pueblo de Gaza en 2023-2024.
4. El término “poetic science” que se ha traducido como “ciencia poética” se toma de Freeman, sin estar necesariamente de acuerdo en el tratamien-to que da este autor al término “poética”.

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