Reseñas
Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo (A. Acosta & U. Brand)
Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo (A. Acosta & U. Brand)
Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, núm. 137, 2018
Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina

| ACOSTA Alberto, BRAND Ulrich. Salidas del laberinto capitalista. Decrecimiento y postextractivismo. 2017. Ecuador. Fundación Rosa Luxemburg. 221 pp.. 978-9942-8539-1-2 |
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Dada la actual profundización de la crisis que atraviesan las sociedades, es difícil pensar un escenario más adecuado para la publicación del libro Salidas del laberinto capitalista −de distribución gratuita− resultado del trabajo colaborativo entre el reconocido economista y político ecuatoriano Alberto Acosta y el politólogo y economista alemán Ulrich Brand.
En los últimos 15 años el dilema de los Estados Latinoamericanos fue encontrarse bajo la conducción de gobiernos progresistas, lo cual posibilitó en los países andinos el resurgimiento de alternativas al desarrollo, pero también significó, para toda la región, la profundización del despojo a la naturaleza. En este contexto, es en el año 2011 que la oficina andina de la Fundación Rosa Luxemburg fundó el Grupo de Trabajo Permanente sobre Alternativas al Desarrollo, cuyas publicaciones y actividades son el resultado de un esfuerzo multidisciplinario en la edificación de nuevos horizontes que den respuesta a la crisis que atraviesa la sociedad actual.
El libro inicia con un diagnóstico del mundo dominado por un capital depredador, el cual ha generado una profunda crisis estructural en un escenario caracterizado por la división entre clases sociales, ricos y pobres, norte y sur. Sociedades atravesadas por una idea de desarrollo utilizada para validar el nivel de crecimiento industrial, tecnológico y de consumo, como objetivo al que deben aspirar los países −y las personas− en el sistema capitalista.
El libro se encuentra compuesto de seis capítulos, en ellos los autores exploran las posibles relaciones que pueden establecerse a partir de vincular las ideas generadas en torno al decrecimiento y al postextractivismo como opciones al desarrollo, en un intento de generar una visión holística sobre las causas y las posibles salidas a la crisis civilizatoria.
En el primer capítulo los autores sientan el diagnóstico desde el cual presentan su propuesta, el cual recorre y atraviesa todos los capítulos. Se destaca el análisis sobre diversos contextos de inestabilidad, en ellos el sistema ha superado sus propias contradicciones a través del aumento del autoritarismo, siendo este un riesgo actual latente. Asimismo, el alarmante alcance sobre los límites físicos que impone nuestro Planeta, cuya denuncia no alcanza para generar un cambio en las políticas de los Estados, dado un escenario de intereses compartidos entre la clase política de los países subdesarrollados con los intereses empresariales de los países imperiales.
Los diferentes campos en los cuales se manifiesta la crisis civilizatoria llevan a la necesidad urgente de visibilizar y relacionar las alternativas que surgen desde diversos ámbitos. Entre los conceptos más importantes los autores reconocen dos: decrecimiento −nacido en Europa− y postextractivismo −proveniente de Latinoamérica.
El contexto histórico en el que nacieron ambas opciones es descripto en el segundo capítulo, siendo ambos conceptos tendencias actuales en la discusión en torno a la construcción de alternativas contra hegemónicas. De aquí surgen las preguntas: ¿Cómo se construye hegemonía en un contexto de ajuste neoliberal? ¿Es posible tal construcción en colaboración sur-norte?
Al definir extractivismo se hace alusión al proceso de "saqueo, acumulación, concentración, devastación colonial y neocolonial, así como al origen del capitalismo moderno" (p. 41). Significa extirpar y amputar recursos naturales −minerales, agrarios, pesqueros, turísticos− del sur global para satisfacer las demandas de los países colonizadores. En las regiones explotadas se generan acciones de desterritorialización, es decir, ausencia del Estado y surgimiento de economías de enclave, en las cuales domina la lógica de las empresas transnacionales que generan tensión social, expulsión de pueblos originarios, contaminación y violencia, lo cual demuestra que en 500 años no cambiaron las relaciones de poder de la economía-mundo.
Los autores describen diversas patologías que conforman el extractivismo, entre ellas la economía financiera y la tecnología como herramientas al servicio de la lógica de dominación, en regiones con una alta y compleja diversidad y abundancia de recursos naturales. Si bien los gobiernos progresistas le han dado un papel más significativo a los movimientos sociales, e incluso se ha plasmado en las Constituciones de Ecuador y Bolivia la cosmovisión andina de Buen Vivir o Sumak kawsay, las condiciones de explotación de la naturaleza no se han modificado, es más, se han profundizado, convirtiendo a toda idea postextractivista avalada desde los gobiernos de la región andina en conceptos vacíos de significado.
Un aspecto importante es la difícil relación entre extractivismo y tecnología. En un contexto de discusión de alternativas al capitalismo el lugar de la ciencia es fundamental, dado que la propuesta es reflexionar sobre alternativas que impliquen transiciones, no se aboga por un anti-productivismo como un punto final a la industria o a la tecnología, sino por su reubicación en un lugar de herramienta al servicio de la humanidad.
El capítulo dos termina con una serie de impresiones sobre las dimensiones de la crisis Europea y el modo de vida imperial o status quo, las cuales se basan en observaciones de las medidas políticas y económicas tomadas por diversos actores, tanto gubernamentales como privados, quienes aún sostienen que la salida a la crisis es la profundización de las medidas neoliberales. En este contexto se consolidaron los debates sobre el decrecimiento, sin embargo, el modo de vida imperial y su injustificable fetichismo sobre la mercancía persiste en la idea de generar consumos ilimitados de bienes, desencadenando una serie de fatales consecuencias, que llevan a fijar "una relación entre las prácticas de la vida cotidiana [...] la crisis ecológica, las crecientes brechas sociales y las progresivas tensiones abiertamente imperiales a nivel político internacional, en el marco de una violencia estructural múltiple y cada vez más explosiva" (p. 81). La vida imperial, tanto en el norte como en las clases altas del sur, crea una sensación de normalidad en la cual la crisis medioambiental tiene un lugar en las noticias cotidianas, pero no se cuestionan los privilegios ni las consecuencias que provoca.
En el tercer capítulo, desde la perspectiva de la ecología política y la economía ecológica, se adentran en el decrecimiento. Los límites a los cuales puede llegar el Planeta están demostrados, por ello la necesidad imperiosa de generar ámbitos de vida menos destructivos llevó a diversos intelectuales a proponer el decrecimiento como una opción.
Los autores reconocen que el concepto de decrecimiento aún presenta características poco atractivas para los movimientos sociales. Pero destacan que su fortaleza radica en las críticas fundamentadas a diferentes dimensiones del desarrollo, tales como la competencia y el crecimiento ilimitado.
En este punto se aborda la necesidad de generar nuevas formas de producción y de subjetivación, advirtiendo que para el sur global, copiar el estilo de vida del norte es inviable, por ello es necesario generar redes de cooperación, que permitan pensar una transición al postextractivismo en relación directa con procesos de decrecimiento económico, tales propuestas están atravesadas por la idea de justicia ambiental, es decir, la toma de conciencia de la responsabilidad del norte con la crisis socio ambiental actual. Sin embargo, la perspectiva de decrecimiento no es sinónimo de crisis, más bien: "nos abre horizontes a otras formas de producción y reproducción individual y colectiva [...] es un proceso dirigido hacia formas de producción y de vida diferentes; es decir, sostenibles a nivel social y ecológico" (p. 113-114), en donde se apela principalmente a un cambio de conciencia, de identidad, de subjetividad, de imaginarios sociales.
El cuarto capítulo sugiere que pensar sólo en decrecimiento no es suficiente, puesto que si pensamos en un camino de transición, es necesario construir nuevas racionalidades políticas, que incluyan lo ambiental desde un lugar de respeto y reconocimiento. Los dos últimos capítulos presentan las semejanzas entre decrecimiento y postextractivismo, tales como la crítica al sistema capitalista, la idea de progreso, la decadencia de las instituciones políticas. Allí se puede reconocer de qué manera los dos conceptos tratados se interrelacionan como caras de una misma moneda, se destaca la capacidad de los autores para para generar reflexiones en torno a su uso y utilidad sin caer en dogmatismos.
Actualmente, tanto el Estado como el poder político y económico son espacios de legitimación capitalista, los cuales, ante las disidencias, se vuelven cada vez menos democráticos. En este punto es imprescindible garantizar la persistencia de voces plurales, como primer paso para dar lugar a discusiones en torno a nuevos paradigmas de vida. Sin embargo, los autores no brindan pistas del posible camino que lleven a las alternativas y del lugar de las instituciones en sociedades futuras que deben dejar de destruir para sobrevivir. En definitiva, el gran desafío que enfrentamos como humanidad es pensar y concretar nuevas formas de organización social, en todos sus niveles y dimensiones. Salidas del laberinto capitalista viene a formar parte de las lecturas obligadas para todos aquellos que buscan crear condiciones más justas y humanas de habitar el mundo.