DOSSIER
¿MI VECINO ESTÁ EN ALERTA O ES AMIGO DE LA POLICÍA? UNA MIRADA SOBRE LOS MUNDOS DE LA SEGURIDAD DESDE UN MUNICIPIO PERIURBANO DEL INTERIOR DE FRANCIA
Is my neighbor watching, or is he a police informer? Approaching the social worlds of security from a periurban community in France
¿MI VECINO ESTÁ EN ALERTA O ES AMIGO DE LA POLICÍA? UNA MIRADA SOBRE LOS MUNDOS DE LA SEGURIDAD DESDE UN MUNICIPIO PERIURBANO DEL INTERIOR DE FRANCIA
Avá. Revista de Antropología, vol. 38, pp. 189-208, 2021
Universidad Nacional de Misiones
Recepción: 24 Mayo 2020
Aprobación: 06 Abril 2021
Resumen: Desde mediados de los años 2000, en Francia, municipalidades periurbanas, en conjunto con las fuerzas policiales, organizan redes de vigilancia con el fin de prevenir el delito, incluso allí donde el nivel de delincuencia no solo real sino también percibido es bajo. Estas redes de “Participación Ciudadana” en materia policial se inscriben en el marco tanto del reforzamiento de las políticas de seguridad como del movimiento de modernización participativa de la administración pública. El trabajo de campo realizado en uno de esos municipios permite explorar el funcionamiento de la red de vigilancia y los sentidos que les vecines participantes le dan a su compromiso. Si para algunes se trata de continuar una trayectoria de notabilización a través de su participación activa en el espacio social y político local, para otres volverse “vecino en alerta” es una nueva forma de seguir trabajando junto a las fuerzas de seguridad.
Palabras clave: Participación, Vigilancia, Periurbano, Francia.
Abstract: Since the mid-2000s, suburbian municipalities and police forces have organized neighborhood watch networks to prevent crime, even in areas where the level of real and perceived criminality is low. These police-related “Citizen Participation” networks are at a crossroads between strengthening security policies and the participatory modernization reforms in the public administration. Filedwork in one of these periurban towns allows exploring how a surveillance network is organized and how participant neighbors make sense of their engagement. While some neighbors see participation as a way to reinforce their visibility –through active involvement in the social and political local space-, others consider becoming “vigilant neighbors” to engage with the security forces as workers themselves.
Keywords: Participation, Neighborhood watch, Periurban towns, France.
Introducción
Sobre la ruta departamental que une el municipio periurbano de Pirnay[1] a la capital regional, un cartel oficial indica la existencia de una “red de vigilancia” participativa “en comunicación inmediata con la Gendarmería Nacional”. Se trata del dispositivo de “Participación Ciudadana” oficializado en 2011 por el Ministerio del Interior[2]: una red de vigilancia que les intendentes pueden instaurar localmente en conjunto con las fuerzas policiales nacionales con competencia en su territorio (la Gendarmería Nacional en los municipios rurales y periurbanos y la Policía Nacional en las aglomeraciones de más de 20.000 habitantes[3]). La red recluta vecines voluntaries llamades “referentes” para actuar como intermediaries, reuniendo información transmitida por sus vecines sobre actos o prácticas sospechosas (en especial en lo concerniente a robos dentro de las residencias) y comunicándola a las autoridades públicas. Llamado en un principio, a medidos de los años 2000, “vecinos vigilantes” (voisins vigilants, que se traduce mejor como “vecinos en alerta” retomando los términos que se han utilizado en castellano para dispositivos similares, cf. Vélez, 2018), el instrumento tuvo que cambiar de nombre a raíz de la creación de una plataforma informática privada de vigilancia que depositó en 2012 su marca con ese nombre (www.voisinsvigilants.org). La gente, sin embargo, sigue llamando de esa forma también al dispositivo público, lo que crea confusión y conduce frecuentemente a las autoridades a subrayar las diferencias entre los dos.
En 2019, el número de municipios que habían instaurado el dispositivo alcanzó los 5.600[4], cuando en enero de 2016 eran 2.509 en la zona bajo jurisdicción de la Gendarmería[5], 1.320 en 2014 (1.260 en territorio de la Gendarmería y 60 en territorio de la Policía[6]) y 80 en 2010 (Mathieu, 2010). Se trata principalmente de municipios rurales y periurbanos (por ende bajo jurisdicción policial de la Gendarmería) y eso no es de extrañar ya que el dispositivo fue concebido como particularmente apto para zonas residenciales poco densas, donde las relaciones de interconocimiento facilitarían en teoría la identificación de situaciones de alerta, y al mismo tiempo lo suficientemente acomodadas como para “atraer” a les ladrones. Para les intendentes, el dispositivo tiene como ventaja el hecho de ser una solución gratuita frente a la responsabilidad legal que tienen desde 2007 de asegurar la prevención del delito en sus localidades (Le Goff, 2008). Para las fuerzas policiales, sin embargo, la instauración del dispositivo tiene un costo ya que deben animar las reuniones con los municipios implicados y con les referentes de cada localidad y hacer reportes regulares sobre las cifras locales del delito y las acciones llevadas a cabo luego de cada alerta. Como se trata generalmente de zonas consideradas por la Gendarmería como “tranquilas”, en el sentido de mostrar bajos índices de delincuencia, les oficiales suelen “frenar” el interés que el dispositivo suscita entre intendentes y limitar su implementación a los municipios más importantes bajo su jurisdicción o agruparlos a nivel intercomunal.
La “tranquilidad” y bajo nivel de delincuencia (al menos percibido: cf. Sozzo, 2008) de los espacios donde se instaura el dispositivo de vigilancia contrasta ciertamente con la importancia de la delincuencia y de la violencia que existe en otros lugares que son objeto de nuevas políticas de gobierno de la seguridad, y en particular en América Latina (Caldeira, 2001; Kessler, 2011) sobre la cual tratan los otros artículos de este número de Avá. Esta distancia entre la formulación de una política pública de seguridad específica y el bajo nivel de delincuencia interroga sobre el fundamento de la implementación de estos dispositivos. Sugiere, además, cierto grado de autonomía de las políticas de seguridad, es decir de la construcción social y política del problema de la seguridad en el marco de la “cultura del control” (Garland, 2001) que se expande desde los años 1970 a través de las circulación de categorías, saberes, prácticas y tecnologías desde los países anglo-sajones tanto hacia América Latina (Sozzo, 2008) como a Francia (Bonelli, 2010). En Francia, la inseguridad se instaló como problema desde los años 1970, pero marcó muy particularmente el debate político de la elección presidencial de 2007, donde fue elegigo Nicolás Sarkozy (UMP, derecha) tras una campaña con el eje puesto en gran medida sobre ese tema. Y fue durante su presidencia que el dispositivo policial de Participación Ciudadana se forjó e institucionalizó.
En términos de políticas públicas, la Participación Ciudadana policial se inscribe entonces, por un lado, en el ámbito de las políticas de seguridad, pero también, por otro lado, como su nombre lo indica (y a lo cual también hacen hincapié los discursos institucionales), en el movimiento de “modernización participativa” (Bacqué y Sintomer, 2005) de la administración pública con el objetivo de abrirla a les ciudadanes. En el caso de las fuerzas policiales, se trataría de responder a las críticas sobre su “divorcio” con la población, formuladas en continuidad con el movimiento de comumunity policing de los países anglosajones (Mouhanna, 2001).
La construcción del dispositivo a escala nacional no explica sin embargo su apropiación a escala local. ¿Qué sentidos se le atribuye en los municipios donde se implementa efectivamente? ¿Se trata de experiencias de tipo “vigilantista” (Favarel-Garrigues y Gayer, 2016), es decir de prácticas de les ciudadanes de mantenimiento del orden “por mano propia” (aunque estén ligadas a las fuerzas públicas, como Fourchard [2018] muestra que es generalmente el caso)? ¿O se trata más bien de transformar la relación entre la policía y la población local? ¿Quiénes vehiculan los sentidos que informan la implementación local de la Participación Ciudadana policial? En otras palabras, ¿qué grupos se movilizan en la práctica para instaurar el dispositivo y hacerlo funcionar? ¿Qué dice el éxito de su “empresa moral” (en el sentido de Becker, 1963) sobre la posición en el espacio local de estos grupos? ¿Y qué tipo de orden social, es decir, qué sentidos de pertenencia movilizan y a qué grupos criminalizan y dejan fuera de la comunidad vecinal (Rodríguez Alzueta, 2019)?
Para poder dar respuesta a estas preguntas realicé un trabajo de campo de corte etnográfico junto a les vecines que se comprometen como “referentes” de la Participación Ciudadana policial en el municipio de Pirnay y en algunos municipios periurbanos vecinos[7]. Pirnay no se distingue particularmente del resto de los municipios periurbanos de Francia. Se trata de una localidad ordinaria del interior del país de tipo “residencial” (Charmes, 2011) situada a menos de media hora en auto del centro de la capital regional, donde trabaja la mayoría de su población. De pasado agrícola, los loteos residenciales de casas bajas se multiplicaron desde los años 1970, lo que atrajo permanentemente a nuevos pobladores (la mitad de su población actual no vivía en Pirnay hace apenas diez años), en particular a familias con hijes pequeñes. El nivel económico es un poco más elevado que el promedio nacional, siendo la mayoría de les residentes propietaries de sus viviendas y pertenecientes a las clases medias-superiores, según consta en los datos del informe completo de Pirnay realizado por el instituto francés de estadística (INSEE) para el año 2019. Con 2.500 habitantes, Pirnay cuenta con numerosas asociaciones sociales y deportivas que dan ritmo a su vida colectiva. En términos de orientación política, la primera vuelta de las elecciones legislativas nacionales de 2017 muestra una tendencia hacia la centro-derecha, con la primera minoría de votos (40%) para LREM (el partido que llevó a la presidencia a Emmanuel Macron), seguida de lejos por el partido de derecha de los Republicanos y por el Frente nacional, de extrema derecha (15% cada uno), y más lejos todavía por los dos partidos principales de izquierda (9% cada uno). Aunque la delincuencia registrada sea leve, tal como lo recuerdan sistemáticamente les gendarmes en cada reunión de la red de vigilancia, Pirnay fue uno de los municipios pioneros dentro del departamento en organizar una Participación Ciudadana, desde 2014. En el marco de mi investigación, que llevé adelante de forma regular entre 2014 y 2015 y de forma más esporádica hasta 2017, participé como observadora en las reuniones de la red, entrevisté a prácticamente todes les participantes y consulté documentos municipales y de la gendarmería relativos al dispositivo y a las políticas de seguridad a escala local. A Pirnay llegué por medio de la gendarmería en el marco de una investigación más amplia sobre el trabajo policial en zonas rurales y periurbanas y sus usos por parte de les habitantes, para la cual venía observando el trabajo de les gendarmes de las brigadas de la zona.
“Hay que hacer funcionar el dispositivo”
Según el protocolo firmado entre el prefecto (alto funcionario representante del Estado nacional a nivel departamental), el oficial de gendarmería competente en el territorio y el intendente de Pirnay, y de acuerdo con la misión de prevención del delito atribuida a les intendentes municipales por la ley del 5 de marzo de 2007, le incumbe al intendente instaurar y organizar la red de vigilancia dentro del marco del dispositivo de Participación Ciudadana. Al llamado a voluntaries lanzado por la municipalidad de Pirnay respondieron una mujer y ocho hombres, quienes se convirtieron en “referentes” de la red tras el chequeo de sus antecedentes policiales. A cada referente se le atribuyó una zona del municipio cercana a su domicilio donde tuvieron que distribuir folletos informativos presentando el dispositivo y mencionando tanto algunas “buenas prácticas” de prevención del delito como su nombre y número de teléfono para poder ser contactades por les vecines en caso tener que lanzar una alerta o de querer transmitir información a la gendarmería. El rol de referente se limita a esta misión de “sensibilización” y de intermediación: así lo repiten sistemáticamente las autoridades, a la vez para controlar a les referentes y para descartar las críticas que asimilan el dispositivo a una organización de vecines armades (“milicias”) capaces de ejercer violencia en reemplazo de las fuerzas policiales. El municipio confeccionó cédulas de identificación a les referentes y realizó un mapa con el trazado de los sectores de competencia de cada une; impreso en grande y colgado en la oficina del director general de los servicios de la municipalidad, el mapa de la red de vigilancia constituye la única división oficial en barrios de la localidad. Se instalaron, además, carteles en las entradas y en los principales ejes de circulación de Pirnay anunciando la existencia del dispositivo, considerando que podrían tener un efecto disuasivo del delito; asimismo, varias notas sobre la red fueron publicadas en el boletín municipal. Cuando se firmó el protocolo también salió un pequeño artículo en la sección local del diario regional.
La principal actividad de la red de vigilancia son las reuniones organizadas de manera trimestral entre representantes del municipio (por lo general, el director general de los servicios y la viceintendenta), el jefe de la brigada local de gendarmería y les referentes. Estas reuniones constituyen, por un lado, la instancia en la cual la gendarmería da cuenta a representantes de la municipalidad y de la sociedad civil de las estadísticas locales del delito, públicamente pero de forma controlada (la gendarmería evita hacer públicas las estadísticas locales del delito ya que podrían estigmatizar territorios), así como de las medidas que fueron tomadas luego de las alertas que le fueron transmitidas; por otro lado, las reuniones de la red son también el momento de intercambiar y decidir las orientaciones y acciones de la red, bajo supervisión de las autoridades.
De la observación de estas reuniones durante un año, completada con la lectura de las minutas de las reuniones de un año y medio más, surge en primer lugar que la delincuencia en Pirnay es limitada, tanto como el número de alertas lanzadas a la gendarmería en el marco del dispositivo. Como suele repetir el jefe de la brigada, Pirnay es un lugar “tranquilo”: se registra una decena de robos de casas y de robos simples por año y unos veinte robos de autos, cifras tan pequeñas que toda tentativa de análisis estadístico de aumentos o descensos pierde sentido. En cada una de las reuniones a las que asistí, tras el informe de las estadísticas del delito, el jefe de la brigada de gendarmería evocaba las alertas lanzadas en el marco del dispositivo: se trataba generalmente de sospechas sobre ventas o gestiones puerta-a-puerta, pero que todas las veces habían resultado ser verdaderos representantes de compañías. Ahora bien, a pesar del carácter infundado de las sospechas, era la verificación propiamente dicha por parte de la gendarmería que era evaluada como un resultado positivo del funcionamiento de la red. La constancia de la asistencia de les referentes a las reuniones y las acciones de comunicación eran también consideradas como resultados positivos en sí, enunciados como tal en los informes transmitidos al prefecto y de los cuales la intendencia y la gendarmería se mostraban orgullosas. “Hay que hacer funcionar el dispositivo”, repetía en cada reunión el jefe de la brigada de gendarmería, como si el objetivo en sí mismo fuese hacerlo funcionar, más allá de sus resultados y del fundamento verídico de las sospechas y acciones realizadas.
La lectura de los boletines municipales muestra que este carácter limitado de la delincuencia y de la actividad de la red desde su instauración en 2014 concuerda con la poca importancia que había tenido la problemática de la inseguridad en la política municipal hasta ese entonces. ¿Cómo explicar entonces la instauración del dispositivo de vigilancia en un municipio evidentemente tan “tranquilo”? Uno de los detonantes fue seguramente la llegada de un nuevo equipo municipal luego de las elecciones de 2014 y su voluntad de poner en marcha nuevos instrumentos – un equipo de “derecha” extra-partidaria, íntimamente ligado a la asociación por la rehabilitación de iglesia local, en estado de derrumbe. Pero también otro evento movilizó y acercó la municipalidad a la gendarmería apenas unos meses antes del lanzamiento del dispositivo de Participación Ciudadana: la ocupación de un terreno municipal durante dos semanas por parte de un centenar de caravanas de “población itinerante”, designada generalmente como “rom”. El temor a otra instalación seguía preocupando al intendente y al director general de los servicios de la municipalidad el año de creación de la red de vigilancia, cuando recibieron un nuevo aviso de paso de parte de otra asociación de población itinerante; esa posibilidad suscitaba frecuentemente comentarios alarmistas entre referentes de la red de vigilancia durante todo el período que duró mi trabajo de campo. Ahora bien, aunque la estadía de la comunidad itinerante sea evocada como un momento altamente problemático de la historia reciente de Pirnay, toda causalidad con la organización de la red de vigilancia es explícitamente rechazada por parte de les responsables del municipio y de la gendarmería local. Según estas dos instituciones, la organización de la Participación Ciudadana en Pirnay se explica por cuestiones que sobrepasan tanto la estadía puntual de la población itinerante, como las particularidades del municipio.
Aunque se lo vea en apoyo al intendente de Pirnay, detrás suyo, en las fotos del diario regional cuando este último hizo público su rechazo a una nueva instalación de comunidades itinerantes en el municipio, el director general de los servicios de la municipalidad niega durante nuestra entrevista toda causalidad entre los dos hechos. Al contrario, explica la instauración de la red de vigilancia en Pirnay como el fruto de una “afortunada casualidad” entre la propuesta hecha en ese sentido por la gendarmería y su propia llegada a la municipalidad de Pirnay en proveniencia de Rougey, el primer municipio del departamento en haber instaurado una red de Participación Ciudadana de vigilancia. Su traslado (por razones personales) de Rougey a Pirnay habría sido un elemento clave en la circulación y promoción del dispositivo, que hizo de Pirnay un municipio pionero en la materia.
La iniciativa vino del comandante de la compañía de gendarmería [nivel superior a la brigada]… Así que lo llamé al intendente y le dije: ‘mire, yo ya vi esto en Rougey…’. Creo que [el comandante] había llegado acá más o menos al mismo tiempo que yo, y con las mismas ideas, así que hubo una especie de afortunada casualidad que hizo que se generara la alquimia y que se hiciese todo muy, muy rápido. Íbamos seguros de nosotros mismos: yo ya estaba acostumbrado a manejar la cosa, [el comandante] también…
Pero… ¿no había habido una serie de problemas acá en el municipio hacía poco…?
No…
¿No?
¿Con respecto a la política querés decir? Pero acá hay muy poca… [delincuencia], no se justifica. El tema no es responder a un problema de inseguridad porque en Pirnay claramente no lo hay. Las estadísticas son muy bajas, no pasa gran cosa… Se trata realmente de concientizar a la gente, de evitar la inflación delictiva, pero acá no hay los mismos problemas [que había en Rougey]. En Rougey fue por reacción: cuarenta robos de casas en un año, ¡basta!
El dispositivo circuló a través de actores institucionales que lo habían experimentado ya en otros sitios y que vieron en Pirnay, luego de la estadía de población itinerante, la posibilidad de valorizar esas experiencias. Fue también el caso de la viceintendenta, que trabajó mucho para lograr llevar a cabo la iniciativa. Stéphanie se mudó a Pirnay hace aproximadamente diez años cuando a su marido (ingeniero) lo trasladaron a la capital de la región de Pirnay en proveniencia de la región parisina. Como Stéphanie no encontró trabajo dentro de su profesión de secretaria municipal, se dedicó a participar activamente en la política municipal de su nueva localidad de residencia, donde encontró un espacio en el cual poner en práctica sus saberes y competencias profesionales. Según Stéphanie, la propuesta de la gendarmería de organizar una Participación Ciudadana en Pirnay fue bien acogida por el nuevo equipo municipal dado que justamente tenían programado crear una red local de socorro y ayuda entre vecines. La idea era intentar superar la grieta que existía, y existe todavía según ella, entre personas antiguas y nuevas en la vecindad, y respecto a la cual Stéphanie, como “nueva vecina”, es particularmente sensible habiéndose sentido rechazada por vecines de más antigüedad. La estadía de la comunidad itinerante, criminalizada[8], considerada como “polo negativo” de pertenencia (Althabe, 1985), solidarizó a les vecines unes con otres, según una configuración de tipo established/outsiders (Elias y Scotson, 1965), y contribuyó a crear un sentimiento de pertenencia común sobre la que reposa el proyecto de la red local de vigilancia.
Del lado de la gendarmería, el comandante de la compañía de la cual depende la brigada de Pirnay (quien fue quien me abrió el trabajo de campo) consideró el dispositivo de Participación Ciudadana como un instrumento de modernización participativa de la administración pública, propio a las corrientes reformadoras y modernizadoras de la institución en las cuales se inscribe (Jobard y de Maillard, 2015). Asimismo, el jefe de la brigada de Pirnay, al que acompañé en diversas ocasiones y que se mostró muy atento conmigo como socióloga, parece sentirse a gusto animando dispositivos participativos; según él, el interés principal de la red de vigilancia es el restablecimiento del “lazo social local”, de la vecindad, tomando así distancia con respecto a posiciones más represivas y en particular con respecto a la “problemática de las comunidades itinerantes”. Su posición parece moderada en comparación con los discursos más virulentos de ciertos referentes en contra de la población itinerante, así como contra jóvenes acusades de ser responsables de disturbios menores. La distancia y moderación del representante de la gendarmería con respecto a las posiciones más punitivas que se expresan en la escena de la Participación Ciudadana tranquiliza y reasegura a les miembres de la red que se muestran más reservados con respecto a su misión específica en materia de seguridad.
“Un compromiso más” por el municipio
Buena parte de las personas que se declararon voluntarias para integrar la red de vigilancia de Pirnay no lo hicieron porque se sintieran particularmente preocupadas por el delito, sino más bien como “un compromiso más” dedicado a la vida política o asociativa local. Se trata principalmente de antiguos o actuales miembros del consejo municipal o de otras instituciones locales, todos jubilados, salvo un agricultor, soltero y comprometido tanto en la municipalidad de Pirnay, como consejero municipal, como en instituciones y asociaciones ligadas a la agricultura. Para este grupo de personas, la participación en la red de vigilancia se inscribe en continuidad con otros compromisos en el ámbito local. Para elles, se trata de mantener las iniciativas de la seguridad dentro el ámbito de la ciudadanía y del espacio público local.
Es la postura de Claudine, la única referente mujer de la red de vigilancia de Pirnay. Originaria de una familia de comerciantes de la zona, Claudine es muy activa localmente. Jubilada desde hace unos años, hizo toda su carrera como secretaria del hospital público de la capital regional, ciudad donde vivió sus años de soltera y sus primeros años de casada con su marido (técnico) en departamentos en alquiler (primero en el centro de la ciudad, donde la gente según ella “se la cree mucho”, y luego en un barrio más popular). Hace unos veinticinco años, la pareja accedió a un crédito para comprar su vivienda, pero el dinero prestado les era insuficiente como para poder quedarse en la ciudad, así que compraron una casa en Pirnay. Allí crecieron sus hijes: el menor, que sigue viviendo con elles, trabaja actualmente como empleado del rubro gastronómico, y la mayor es asistente en una veterinaria, está divorciada con tres hijes a cargo e instalada en otra región.
Claudine dice haberse declarado voluntaria para formar parte de la red de vigilancia antes mismo de haber integrado el consejo municipal, donde se encarga de la asistencia social, del comité de fiestas y de todo lo que concierne el río que pasa por Pirnay y las inundaciones, tema que le interesa particularmente ya que su casa está en zona inundable. Antes de tomar estos dos compromisos, Claudine formaba ya parte de otras asociaciones vecinales (la asociación por la rehabilitación de la iglesia, el “trueque” de plantas y la asociación de inundades) y se ocupaba de las personas de tercera edad del vecindario (a quienes llama “abuelitas” y “abuelitos”); participa además como voluntaria en el geriátrico de una localidad vecina. Claudine considera su rol en la red de vigilancia de acuerdo con una postura de cuidado, al punto de considerar que cuando “se pone la gorra de referenta” (término que solo ella declina en femenino) lo hace como una manera más de “ayudar” a sus prójimos. Y todos esos compromisos son, según ella, una continuación de su trabajo de secretaria de hospital, al que considera también como una forma de entrega.
Claudine se siente orgullosa de la reputación que tiene entre sus vecines como alguien que “está implicada en todos lados”, y valora particularmente la posibilidad que le da la red de vigilancia de mantener el contacto con elles. A diferencia de otros referentes que dejan los folletos de información y sensibilización contra el delito en los buzones de correo, Claudine los distribuye en mano, lo que le permite dialogar con les vecines de su barrio, tal como lo hacía cuando distribuía budines a las personas de tercera edad. Ser “referenta” de la Participación Ciudadana le parece algo obvio, natural, dado el rol de cuidado que ya tenía antes en el vecindario:
Si querés, antes mismo de ser referenta… Yo ayudo. Es mi carácter. Los vecinos se van de vacaciones y me dejan las llaves, les recojo el correo, les riego las plantas. Todo eso yo ya lo hacía antes.
¿Y entonces en qué le cambió?
Lo que me cambió es que, en lugar de ocuparme solo de mi vecindario, me ocupo de más personas, es más extendido.
Claudine tuvo la oportunidad de llevar a cabo dos acciones que atribuye a su rol de “referenta”, las dos originadas en pedidos que le hizo gente de su vecindario, pero al menos una de las cuales tuvo de hecho lugar antes de la creación de la red. La primera fue a propósito de un auto estacionado en un pasaje durante varios días y que llevaba una placa de otro departamento: Claudine hizo su propia “investigación” y concluyó que pertenecía al hijo de un vecino, así que no llamó a la gendarmería. La segunda oportunidad tuvo lugar al momento de la estadía de la población itinerante en Pirnay: un vecino la llamó porque temía que se instalaran en un terreno lindero a su domicilio y Claudine llamó entonces por teléfono tanto al intendente como a la gendarmería para transmitirles la inquietud.
El rol de referente aparece así reapropiado por vecines, como en el caso de Claudine, en el marco de prácticas de construcción de respetabilidad y notabilidad locales. Integrar la red de vigilancia puede ser también una forma de mantener contacto y seguir activos en la política municipal para antiguos miembros del consejo municipal que no hayan sido reelegidos. Tal es el caso de Laurent, presidente de la asociación sociocultural de Pirnay y antiguo consejero municipal. Ingeniero informático ya jubilado, casado con una secretaria judicial y vecino de Pirnay desde hace tres décadas, donde vive en una casa de su propiedad, Laurent inscribe su rol de referente de la Participación Ciudadana dentro de una trayectoria densa de compromisos asociativos, sociales y municipales que remontan a su vida estudiantil. En Pirnay, a pesar de su derrota en las últimas elecciones municipales (ligada según él a sus reticencias con respecto al proyecto de rehabilitación de la iglesia), Laurent conserva una buena reputación inclusive entre sus opositores políticos: es descripto como una persona razonable, sensata y seria por las y los otros representantes y agentes municipales que participan en el dispositivo. En efecto, en la escena de la red de vigilancia, tal como se deja ver en las reuniones trimestrales, antiguas y actuales representantes municipales comparten una posición relativamente cercana entre sí, aunque opuesta con respecto a la de otres referentes: estos últimos, todos hombres, exteriores al mundo municipal, se comprometen en la Participación Ciudadana especialmente por el contenido securitario del dispositivo.
Laurent utiliza la entrevista conmigo justamente como una manera de elevar una queja contra ciertos referentes de la Participación Ciudadana que, según él, “observan un comportamiento de tinte securitario” y que solo lograrían estar allí, en esa escena municipal, dada la falta de “selección” democrática de les miembres del dispositivo. Desde su punto de vista, la red de vigilancia no es algo fundamental ya que no habría problemas de inseguridad en Pirnay, y es por eso que tuvo sus dudas sobre si participar o no. El fundamento principal que le encuentra a hacerlo es el de trabajar para facilitar y “hacer más fluido” el acceso a la gendarmería por parte del público, ya que según él “la gente no siempre es bien recibida” en la gendarmería y que esta habría perdido “familiaridad con la población”. Con respecto a su rol de referente, lo ve como un “filtro”: de hecho, Laurent decidió no transmitir a las autoridades ciertas alertas que venían de parte de algunas personas de su vecindario dado que las consideró “de carácter securitario o racista”.
Para este grupo de referentes ligades a la política municipal, el contenido securitario del dispositivo es secundario: lo que prima es la participación en la escena social y política local[9]. No se trata por ende de especializarse en una tarea de vigilancia que podría prevalecer sobre el resto de sus compromisos, sino de “un compromiso más”. Al contrario, aquelles referentes cuyo móvil es específicamente la temática de la seguridad son criticades por miembres de este grupo, no solo por sus discursos represivos, sino también como outsiders del espacio político, social y asociativo local. En cuanto a la ingerencia de la gendarmería como fuerza policial nacional en la escena municipal y al trabajo en conjunto con ella, son aceptades en la medida en que se respeta el dominio de competencia de la fuerza y que no se trata de reemplazarla, sino más bien de sensibilizar a la institución sobre los pedidos y solicitaciones de la población. Este punto de vista no es, sin embargo, compartido por el conjunto de les participantes: para les referentes movilizades por la temática precisamente securitaria de la misión, se trata al contrario de sensibilizar a la población sobre el problema de la seguridad.
Un compromiso por la seguridad
En las reuniones trimestrales de la red a las que asistí, François no dudaba en tomar la palabra para resaltar la importancia de la red de vigilancia y alentar tanto las operaciones para que gane visibilidad como el desarrollo de dispositivos suplementarios de seguridad; también lo hacía para quejarse de la población itinerante y del ruido y los pequeños disturbios atribuídos a jóvenes de la zona. François habla fuerte, seguro de sí mismo, con cierto humor, y genera polémica entre los miembros de la red: durante las entrevistas varies marcaron distancia con respecto a sus dichos, considerándolos “extremisas” o hasta “securitarios y racistas”.
La red de vigilancia constituye el primer compromiso de François en una organización local, sea asociativa o municipal, si bien hace ya veinticinco años que vive en Pirnay, en una casa de su propiedad. Para explicar su participación, François evoca el hecho de haber sido militar: “como militar, mi deber era proteger a la población. Como militar retirado, comparto un espíritu que me acerca al sistema policial o de la gendarmería”, me explicó durante nuestra entrevista. François también recordó su pasado militar en la primera reunión de la red a la que asistí, donde cada une se presentó, como una manera de legitimar su rol y su participación. Su experiencia en el ejército fue sin embargo corta, de apenas unos años, ya que dejó el uniforme de suboficial para ganar más dinero como agente comercial, profesión que ejerció hasta jubilarse. En la red de vigilancia, François se considera no tanto como un intermediario (le dice a sus vecines que llamen directo a la gendarmería, sin pasar por él, en caso de alerta o para aportar alguna información), sino más bien como un predicador de la “buena palabra”, “para concientizar a la gente” sobre el delito. Su actividad concreta en la red consistió sobre todo en asistir a las reuniones y distribuir folletos; François llamó de hecho solo una vez a la gendarmería, luego de que le tocaran el timbre representantes comerciales de los que sospechó. A pesar de la poca demanda que ha tenido, François se siente insatisfecho del funcionamiento de la red al punto de utilizar explícitamente nuestra entrevista como medio de elevar un reclamo al intendente para exigirle más compromiso y “voluntad” en la lucha contra el delito, más iniciativas para darle visibilidad a la red de vigilancia, para concientizar a la población sobre los riesgos de robo en las casas y para hacer instalar cámaras de seguridad en los espacios públicos de Pirnay.
François no está solo. Otro antiguo militar, referente como él, comparte su punto de vista sobre el funcionamiento de la red, pero de forma más discreta y menos polémica en público. Antiguo colono francés repatriado de Argelia, al igual que François, Serge vive en Pirnay desde hace casi treinta años en la casa que compró con su esposa (empleada de oficina) y que vio crecer a sus tres hijes, todes empleades de cuello blanco. Próximo a cumplir la edad jubilatoria, Serge está desempleado; luego de trabajar en marketing, perdió su empleo hace un par de años. En Pirnay fue parte de la asociación por la rehabilitación de la iglesia, menos por cuestiones de salvaguarda del patrimonio local (como en el caso de Claudine) que por cuestiones religiosas. A la hora de explicar su participación en la red de vigilancia, Serge evoca su compromiso durante más de diez años como oficial de reserva del ejército: “si uno es oficial de reserva del ejército es porque quiere servir al país. Y en la misión de los vecinos en alerta [voisins vigilants] hay algo de eso también”. Según Serge, como “antiguo militar”, su participación en la red de vigilancia le pareció “obvia, evidente”, y está convencido de que François lo vivió igual. Lamenta, sin embargo, desde una postura de corte vigilantista, “perder el tiempo” en las reuniones y que los referentes sean considerades como simples “intermediaries” cuando podrían llevar a cabo más acciones y actividades en el marco del dispositivo. Serge concede, al mismo tiempo, que organizar patrullas o rondas de vecines armades no tendría sentido en Pirnay dados los pocos delitos registrados y dado que, además, en caso de atribuir a les referentes más poderes en materia policial, un número muy reducido estarían, como él, gracias a sus competencias como oficial de reserva del ejército, dispuestes a asumir el compromiso[10]. Por el momento, en el marco del dispositivo, además de asistir a las reuniones y distribuir folletos (en los buzones de correo), Serge llamó un par de veces a la gendarmería y a la municipalidad para informar de la presencia de individuos pertenecientes según él a “comunidades itinerantes” que pasaban puerta-a-puerta ofreciendo servicios. Gente de su barrio lo llamó en varias ocasiones según él por “problemas de vecindario”, pero Serge no remontó la información a la gendarmería, considerando que son temas que no corresponden a su “misión” de referente de la red de vigilancia (es decir, que no ameritan su trabajo).
En Pirnay, el uso de la fuerza está bajo control de las autoridades públicas. Esto no quiere decir, sin embargo, que la organización de la Participación Ciudadana en materia de seguridad no tenga implicaciones políticas. Su existencia habilita la entrada a la escena municipal de personas que guardaban hasta ese entonces distancia o que quedaban fuera, movilizadas e integradas precisamente por la temática de la seguridad. Se trata sobre todo de antiguos miembros de las fuerzas del orden cuyos discursos encuentran en esta ocasión una posibilidad de legitimación dentro del espacio de la política municipal y que hacen así escuchar y atender a sus demandas. Por ejemplo, tras la insistencia de François y de otro referente para instalar una cámara de seguridad en el basural municipal, el intendente terminó por aceptar el pedido, después de haber resistido y dudado largo tiempo.
La integración a la vida municipal de estos “activistas” (Dikenstein, 2020) o “empresarios de moral” (Becker, 1963) de la seguridad, es decir de actores que defienden la causa de la seguridad y se comprometen en la lucha contra la inseguridad, sobrepasa el caso específico de Pirnay. En otro municipio donde hice trabajo de campo también observé la entrada, por este medio, a la vida municipal por parte de un policía jubilado y de dos de sus amigos, que se ponían en el centro de la escena al momento de firmar el protocolo de Participación Ciudadana de su localidad, haciendo chistes sobre las comunidades itinerantes. En otro municipio cercano, entre les referentes de la Participación Ciudadana hay un antiguo militar del ejército y un antiguo gendarme, a quienes entrevisté, los dos jubilados y motivados específicamente por la temática securitaria del dispositivo.
Si la red de vigilancia legitima y oficializa la participación de empresarios o activistas de la seguridad en la escena municipal, en particular de jubilados de las fuerzas policiales y militares, esto no quiere decir que estas personas no jugaran ya antes un rol en ese sentido. Hay elementos que muestran que ya anteriormente ejercían prácticas y roles de vigilancia de manera más informal, manteniendo también relaciones de sociabilidad con las fuerzas policiales locales. Es lo que sugiere el caso de Michel, militar jubilado y referente de la Participación Ciudadana en un municipio vecino a Pirnay, donde se instaló en una antigua casa familiar cuando se jubiló hace ya unos quince años. Desde aquel entonces, Michel fue muy activo en varias asociaciones locales, tanto deportivas como sociales y religiosas, y fue consejero municipal durante un mandato. Desde su punto de vista, ser referente de la red de vigilancia le parece algo de lo más natural, dado que ya ocupaba un rol públicamente reconocido como guardián del orden en su pequeño pueblo, al punto de haber sido especialmente solicitado por el intendente para que participe en la red de vigilancia cuando esta se constituyó: si bien Michel niega haberse ocupado especialmente de cuestiones de seguridad cuando era consejero municipal, me dice enseguida que como “antiguo militar, siempre le interesó saber qué pasaba en el pueblo y poner de vez en cuando los puntos sobre las íes”, en particular a jóvenes de la zona. Las disposiciones y competencias de Michel como militar retirado le aseguran una posición reconocida en materia de mantenimiento del orden a escala local, sea de manera informal, sea de manera formal gracias a la Participación Ciudadana. Además, Michel conserva y mantiene relaciones de sociabilidad con los jefes de la brigada de gendarmería de la que depende su pueblo. Las observaciones hechas durante nuestro trabajo de campo del lado de las brigadas de gendarmería dan cuenta efectivamente de la importancia que les gendarmes le dan a las relaciones con los antiguos militares presentes en su sector para la constitución de sus redes de informantes[11]. La Participación Ciudadana se presenta como una ocasión de oficializar lazos ya existentes entre los actores de la seguridad, en actividad o ya jubilados.
Reflexiones finales
El desarrollo de redes de vigilancia participativas se inscribe en el marco de la “cultura del control”, de la importancia que ha tomado la formulación de la inseguridad como problema y de su inscripción en la agenda política, y esto más allá del grado de realidad o mismo de percepción de la inseguridad a escala local, como lo muestra la instauración de estas redes en los municipios estudiados, considerados “tranquilos”. El desarrollo de estas redes de vecinos en alerta, incluso aquellas organizadas por las autoridades públicas competentes, alimentó al mismo tiempo el espectro del vigilantismo. En Francia, la confusión bajo la etiqueta de “vecinos vigilantes” (voisins vigilants) entre redes privadas y redes originadas en políticas públicas contribuyó seguramente al temor de que el Estado pierda el control del uso legítimo de la violencia. Las autoridades siguen ejerciendo su competencia en la materia en las localidades que han implementado redes de vigilancia y la distopía de “milicias” fuera de control no parece estar llevándose a cabo.
Sin embargo, no debemos por eso pasar por alto otras implicaciones políticas del desarrollo de tales redes de vigilancia, ya que no se trata de simples etiquetas sin efecto alguno. Si bien la seguridad es en Francia competencia del Estado nacional, les intendentes son responsables, desde 2007, de la prevención local del delito; la Participación Ciudadana tiene lugar dentro de esta extensión de la escala nacional a la escala local de las políticas de seguridad e interviene en la renegociación de posiciones, atribuciones y poderes de los actores implicados tanto con respecto al mundo de la política municipal como al mundo de la seguridad. Estas renegociaciones no incumben solo a aquellas instituciones que estructuran ambos mundos (municipios, fuerzas nacionales de seguridad… instituciones entre las cuales el dispositivo circula), sino también a quienes, en los discursos de esas instituciones, son invocades como parte y representantes de la “población”. Ahora bien, la “población” no es una masa informe y neutral, sino que comprende actores diversos entre los cuales algunos están ya ligados o forman ya parte de esos mundos.
La instauración del dispositivo de vigilancia es una forma de apropiación por parte del espacio político local de la misión de prevención del delito. En ciertos casos, la iniciativa puede venir de parte de actores locales (como al origen del dispositivo en Francia en el municipio acomodado de Saint Paul de Vence, donde una vecina norteamericana tomó contacto con la gendarmería local y con una asociación vecinal para poner en marcha el principio de neighborhood watch que conocía de su país de origen). Pero además, también las autoridades nacionales policiales han podido jugar un rol preponderante en la responsabilización de les intendentes con respecto a su misión de prevención del delito y para convencerles del interés de organizar una red de vigilancia local, en particular a partir de la circular del Ministerio del Interior de 2011 que promovió el instrumento de Participación Ciudadana a escala nacional. El argumento de promoción del “lazo social”, que inscribe a la red de vigilancia en los movimientos de “modernización participativa” de la administración pública, ha sido importante para la instauración local del dispositivo por parte de la municipalidad y del espacio político local, presentándola como un compromiso entre el reforzamiento de las políticas de seguridad y la apertura de las fuerzas policiales hacia la comunidad. Los actores que participan en el espacio político local deben entonces tomar posición y evaluar si formar parte o no de la red, más allá de la importancia que le den efectivamente a la temática de la seguridad, como un compromiso más por el municipio o con el horizonte de mantener o enriquecer su notabilidad local.
Por otro lado, la instauración de la red de vigilancia facilita la entrada a la escena municipal de habitantes que antes no participaban en ella, pero que sí formaban parte del mundo de la seguridad, con compromisos más o menos fuertes con las fuerzas del orden, militar o policial. La división entre las fuerzas del orden y la “población” gobernada no constituye en efecto una frontera nítida ya que el mundo de la seguridad comprende actores comprometidos de forma secundaria o marginal, como es el caso de personal de reserva o jubilado de las fuerzas. Es por eso que, en el caso de las redes municipales de vigilancia del interior de Francia, más que un reemplazo del Estado en materia policial por privados y el advenimiento de vigilantismo vecinal, nuestra investigación pone en evidencia una extensión del campo de la seguridad en la política local de los pequeños municipios.
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Notas
Información adicional
*: Una versión anterior de este artículo fue publicada en 2020 en el número 4 “Petits citadins, mauvais citoyens?” de la revista francesa de antropología pública Monde commun.
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